ESTUDIO VOLUMEN 11 SEGUNDA PARTE
(1) Hija mía, sólo por quien vive en mi Querer me siento como correspondido por la Creación, por la Re- dención y por la Santificación, - Sus Primeras Palabras claramente delimitan el alcance y el enfoque de Su Revela- ción, que como vemos va dirigida a aquellos que viven en Su Querer. Para poner las cosas en la perspectiva correcta dice que ahora mientras vivimos en la tierra, Él se siente correspondido por los que denominará luego como Sus Tres Reinos, el Reino de la Creación, el Reino de la Redención, y el Reino de la Santificación.
Aunque en los volúmenes superiores, el 20 específicamente, hablará en detalle sobre estos Tres Reinos, conviene que aquí expongamos su significado.
El Reino de la Creación, incluye a toda la Creación inanimada, a todas las generaciones anteriores a Adán, y a nues- tros Primeros Padres, Adán y Eva, así como incluye a toda la línea de creación subsiguiente hasta Su Madre y Jesús. Este Reino de la Creación, existe y existe permanentemente, porque Dios lo tiene como “encapsulado”; lo tiene ence- rrado en una “burbuja” en la que el tiempo se ha detenido para siempre. Por ello, puede decir apropiadamente, que criaturas viviendo en Su Voluntad, conocedoras de estas Verdades que anunciamos, Le han correspondido en el Reino de la Creación.
El Reino de la Redención, Les incluye a Él y a Su Madre Santísima, ambos viviendo en Su Voluntad, y también eterna- mente correspondiendo al Ser Divino como es debido. Este Reino de los Redimidos, expresión con la que el Señor denomina ahora a Su Redención, ahora que se ha cumplido en el tiempo, incluye, por supuesto, a todos aquellos que han aceptado Su Redención, y viven y mueren perteneciendo a este Reino, cuya última residencia es el Cielo. Este
Reino de los Redimidos, Le ha dado mucha y muy agradable correspondencia a Su Amor y Benevolencia, pero no Le ha dado, por desconocimiento, la verdadera correspondencia por Ellos esperada, y que los que viven en Su Voluntad pueden dársela, porque conocen a la perfección los objetivos de este segundo de los Reinos, y porque también están y pertenecen a ese Reino; si no estuvieran en este Reino no podrían haber sido santificados apropiadamente.
El Tercero de los Reinos, el de la Santificación, incluye a Jesús, Su Madre y a Luisa, y después de Luisa, incluye a to- dos aquellos que siguen en los pasos de Luisa, y han vivido y continúan viviendo en Su Voluntad, y que, armados con los Conocimientos sobre lo que debemos hacer para corresponderle verdaderamente, Le correspondemos tal y como Él lo desea. Los que vivimos en este Reino, poco a poco, vamos comprendiendo la Totalidad del Plan Divino, y el lugar que todo va ocupando en esta Concepción Suya, y al conocer todo este Plan Gigantesco, apreciamos mas, y agrade- cemos mas, el que Nos haga participes de todo esto, y de esta manera, Le damos Gloria, y “Él se siente como corres- pondido”.
(2) y me glorifica en el modo como la criatura debe glorificarme, por eso estas almas serán gemas de mi trono – El resultado “final” de toda correspondencia a Su Amor, expresada al cumplir lo que Nos Sugiere que haga- mos, es el de glorificarlo como Él espera ser glorificado por Sus criaturas. Como recompensa a esta correspondencia, porque Dios no puede quedar atrás en Su Correspondencia, dice que estas almas que viven en Su Voluntad “serán gemas en Su Trono”.
Si es importante lo que dice seremos, mas importante aun es el hecho, de que Nuestro Señor ha transferido Su Aten- ción del presente al futuro, conjugando el verbo ser en el futuro, con lo que claramente habla de nuestra condición futura cuando muramos confirmados en la Vida en Su Voluntad. Dicho de otra manera, inmediatamente que mura- mos, estaremos en Su Mismo Trono, y como al morir llevamos con nosotros al Cuerpo de Luz que ha alojado al Ser Divino durante nuestras vidas terrestres, ese Cuerpo de Luz refulgirá en el Cielo como Gema que dará mayor Luz al Trono Celestial.
(3) y tomarán en ellas todos los contentos, la gloria que cada bienaventurado tendrá para sí solo, - Co- mienzan ahora las Revelaciones en forma de promesas, de lo que sucederá, y la calidad de nuestra vida celeste, di- ciendo que tomaremos, o mejor Nos dará, todos los contentos que los demás bienaventurados tienen para sí mismos, en virtud de sus obras y virtudes. Es difícil abrazar lo que dice el Señor, porque nos parece imposible que esto pueda suceder, y esto mismo le pasaba a Luisa constantemente. Cuando oyó esto, Luisa seguramente pensó: cómo puedo yo, Luisa, contener en mí, los mismos contentos que estará experimentando un San Francisco, de un San Luis Gonza- ga, etc., y estamos seguros que todos cuando leemos estas Palabras Suyas pensaremos lo mismo; pero, lo dice el Señor, y es tal y como lo dice.
Más incomprensible aun, pero igualmente cierto porque Él lo afirma, es el que llegaremos a poseer la gloria y los con- tentos de todos los bienaventurados.
(4) estas almas estarán como reinas en torno a mi trono, y todos los bienaventurados les estarán en torno, - Continúa con Su Descripción de nuestra vida futura, diciendo que seremos como Reyes y Reinas “en torno a Su Trono”. No solamente seremos Gemas, sino que seremos Reyes y Reinas, con lo que da la connotación de que seremos superiores en categoría a todos los demás bienaventurados. De nuevo, nada de esto lo dice el Señor por decirlo, sino porque quiere informarnos de la inevitabilidad de lo que va a suceder, y no nos “coja de sorpresa”. En este sentido, estas Revelaciones nos recuerdan un poco a las Revelaciones referentes al final de los tiempos, cuando Nos dice que nos lo informa para que estemos preparados y no nos asustemos por lo que sucederá.
Pero, la Revelación no termina todavía. Dice que estaremos “alrededor” de Su Trono como Gemas, como Reyes, y que los otros Bienaventurados estarán “alrededor” nuestro, así como nosotros estaremos “alrededor” del Trono Divino. Si pudiéramos visualizarlo, y debemos visualizar lo que dice para tratar de entender Su Descripción, habrá en el Cielo un Trono, el Trono Divino, el de las Tres Divinas Personas, Su Voluntad, Su Amor, Jesús mismo, y Su Madre, y alrededor de este Trono, concéntricamente, a todas las almas que hayan vivido en Su Voluntad, y externamente a este Circulo Concéntrico nuestro, habrá otro Circulo concéntrico formado por todos los demás Bienaventurados.
(5) y como los bienaventurados, serán tantos soles que resplandecerán en la Jerusalén Celestial, las almas que habrán vivido en mi Querer resplandecerán en mi mismo Sol, estarán como fundidas con mi Sol, - La situación ahora se complica grandemente, porque el Señor introduce a la Jerusalén Celestial en esta Descrip- ción de nuestro “futuro”. Para entender todo esto, es necesario que los que siguen estas Guías de Estudio lean y re-
lean la Descripción final que hace San Juan de la Jerusalén Celestial en Su Libro Profético del Apocalipsis, empezando en el capítulo 21, versículo 9.
Al mismo tiempo, le indicamos al lector que ya de esto hablábamos un poco en nuestra Descripción 98, basada en el capítulo del 20 de Octubre de 1917, volumen 23. En esa Descripción adelantábamos nuestra especulación de que la Jerusalén Celestial anunciada en el Apocalipsis, sería construida, entre otras cosas y otros portentos insospechados, en el Reino del Fiat Supremo, el Reino de la Santificación en la Divina Voluntad, cuando fuera instaurado en la tierra. Aquí en este volumen, todavía de los primeros, Nuestro Señor parece convalidar un poco esta especulación nuestra.
Si seguimos con nuestra visualización del Cielo, podríamos añadir que en algún momento, solo por Ellos conocido, el Reino del Fiat Supremo quedará instaurado, y Nuestro Señor y Su Madre Santísima vendrán a tomar posesión de este Reino que Ellos Nos traerán, y con Ellos vendrán también todos los que han muerto en Su Voluntad, para acompañarlo en Su Trono. Esto nos parece inevitable; porque una vez que lleguemos al Cielo habiendo sido confirmados en Su Voluntad a la hora de la muerte, si no antes, no podemos concebir que estemos separados de Él, en los momentos de Su Mas Grande Triunfo y Gloria. Así pues, pensamos que todos los que hayan muerto, Santificados en Su Voluntad, resucitarán para poder compartir con el Señor y con todos los demás que estaban todavía vivos en esos momentos, la Labor Grandiosa a ser realizada en este Reino del Fiat Supremo en la tierra.
Pensamos que una de las labores más importantes a ser realizadas en el Reino, será la de construir el Templo/Ciudad denominada en el Apocalipsis como la Jerusalén Celestial. Esta Jerusalén Celestial será como la joya de este Reino. Leyendo el Libro de las Crónicas del Antiguo Testamento, hay un pasaje en el que el Rey David instruye a su hijo Salomón, para que construya el primero de los Templos, “un Templo al Señor, tu Dios”, y de ese pasaje citamos una referencia muy interesante. Dice así, (22,14-17): “Mira hijo, con grandes sacrificios he ido reuniendo para el Tem- plo del Señor, treinta y cuatro mil toneladas de oro, trescientas cuarenta mil toneladas de plata, bronce y hierro en cantidad incalculable; además madera y piedra. Tú añadirás aun más. Dispones también de gran cantidad de arte- sanos: canteros, albañiles, carpinteros y obreros de todas las especialidades. Hay oro, plata, bronce y hierro de so- bra. Pon manos a la obra y que Dios te acompañe”
No podemos menos que pensar que esta Jerusalén Celestial será la culminación de todas las fabricaciones anteriores del Templo destruido dos veces por los enemigos de Dios, pero que ahora perdurará para siempre.
También especulamos, que cuando el Reino del Fiat Supremo termine en la tierra, todo lo que será construido en ese Reino, incluyendo la Jerusalén Celestial, será “transportado” al Cielo a la espera del “fin de los tiempos” anunciado por el Señor y luego por el Apocalipsis. Está profetizado que la Jerusalén Celestial bajara del Cielo, para ser la residencia de Jesús en la tierra, una vez que todos Sus Enemigos, hayan sido puesto como escabeles a Sus Pies.
Ahora bien, uno de los aspectos más interesantes de esta Jerusalén Celestial, es lo revelado por San Juan, de que en esos tiempos de la Jerusalén Celestial, ya no hará falta luz de sol, porque será de día permanente con la presencia de Nuestro Señor entre nosotros, que lo iluminará todo con Su Propia Luz. Dice San Juan en el capítulo 22 comenzando con el versículo 4:
“Verán Su Rostro y llevaran Su Nombre en la frente. Noche ya no habrá, no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de
luz del sol, porque el Señor Dios los alumbrará y reinaran por los siglos de los siglos”.
Aquí el Señor parece confirmar esta Revelación Apocalíptica, y que además de la Luz del Señor, esta Ciudad quedará iluminada por la Luz de los Bienaventurados, y particularmente por la Luz de los que hayan vivido en Su Voluntad, cuyas “luces” se unirán a Su Luz.
(6) y los bienaventurados verán a estas almas dentro de Mí mismo, pues es justo que habiendo vivido en la tierra unidas Conmigo, con mi Querer, no habiendo vivido vida propia, es muy justo que en el Cielo tengan un puesto diferente de todos los demás, y continúen en el Cielo la vida que llevaron en la tierra, - Este párrafo nos recuerda a otro capítulo en el que Luisa describe como ella veía a Nuestra Madre Santísima sumergi- da totalmente, y tomando Su Lugar de Honor en el Ser Supremo. Así también nos verán los demás bienaventurados, nos verán dentro de Jesús Mismo, pues como dice el Señor, es “pues justo que habiendo vivido en la tierra unidas Conmigo, con mi Querer, no habiendo vivido vida propia, es muy justo que en el Cielo tengan un puesto diferente de todos los demás, y continúen en el Cielo la vida que llevaron en la tierra.”
Comentamos de manera particular, una Revelación que ya Nos ha dado en otros capítulos, de que “continuaremos en el Cielo, la vida que llevamos en la tierra:”. Pensamos que a esto se refería Luisa cuando decía que cuando estemos en el Cielo continuaremos desarrollando perfectamente, la vida que imperfectamente llevamos en la tierra. Dicho de otra manera, pensamos que en el Cielo llegaremos a saber con plenitud todo lo que estudiamos en la tierra, ya que entonces no habrá secretos para nosotros, y nuestras “mentes”, por fin, podrán entender perfectamente todo lo que Él se digne enseñarnos de Si Mismo.
(7) todas transformadas en Mí y sumergidas en el océano de mis contentos. – Cuando ya parecía que termi- naban las Revelaciones difíciles de entender, Nuestro Señor habla de que cuando estemos en el Cielo, o sea, que nuestro futuro va a terminar quedando transformadas en Él, y compartiendo Sus Contentos en el océano de ellos. No sabemos ni que explicar en este caso; solo diremos, que pensamos que nuestra identificación con el Señor, el Hom- bre/Dios, será tal que
1) seremos Sus Gemas,
2) seremos Reyes y Reinas, que gravitaremos a Su Alrededor, más cerca de Él que ninguna otra criatura,
3) continuaremos desarrollando las vidas en Su Voluntad que llevamos en la tierra,
4) seremos soles unidos a Su Sol Particular,
5) iluminaremos junto con Él a la Jerusalén Celestial la cual hemos ayudado a construir,
6) y estaremos tan dentro de Él, tan sumergidos en Él, que quedaremos transformados en Él, y gozaremos con Él de Sus Mismos Contentos.
¿Qué más podemos añadir a este “futuro” nuestro?
Resumen del capítulo del 8 de Septiembre de 1916: (Doctrinal) – Página 213 -
Esta mañana después de la comunión, sentí que mi amable Jesús en modo especial me absorbía toda en su Querer, y yo nadaba dentro de Él, ¿pero quién puede decir lo que yo sentía? Yo no tengo palabras para expresarme, y Jesús me dijo:
(A) “Hija mía, por cuanto tiempo el alma está en mi Voluntad, tanto de Vida Divina puede decir que hace en la tierra.
¡Oh, cómo me agrada cuando veo que el alma entra en mi Voluntad para hacer Vida Divina! Mucho me agrada ver a las almas que repiten en mi Voluntad lo que hacía mi Humanidad en Ella. Yo hice la comunión, me recibí a Mí mismo en la Voluntad del Padre, y con esto no sólo reparaba todo, sino que encontrando en la Divina Voluntad la inmensidad, la omnividencia de todo y de todos, por eso Yo abrazaba a todos, me daba en comunión a todos, y viendo que mu- chos no habrían tomado parte en el Sacramento, y al Padre ofendido porque no querían recibir la vida, Yo daba al Padre la satisfacción, la gloria, como si todos hubieran recibido la comunión, dando al Padre por cada uno la satisfac- ción y la gloria de una Vida Divina. También tú recibe la comunión en mi Voluntad, repite lo que hice Yo, y así no sólo repararás todo, sino que me darás a Mí mismo a todos como Yo quería darme a todos, y me darás la gloria como si todos hubieran recibido la comunión. Mi corazón se siente enternecido cuando ve que la criatura no pudiendo darme nada de ella que sea digno de Mí, toma mis cosas, las hace suyas, imita como las hice Yo, y para agradarme me las da, y Yo en mi complacencia le voy repitiendo: Bravo hija mía, has hecho precisamente lo que hacía Yo”.
Luego agregó:
(B) “Los actos en mi Voluntad son los actos más simples, y porque son simples se comunican a todos. La luz del sol, porque es simple, es luz de todo ojo, pero el sol es uno; un acto solo en mi Voluntad, como luz simplísima se difunde en cada corazón, en cada obra, en todos, pero el acto es uno, mi mismo Ser, porque es simplísimo, es un acto solo, pero un acto que contiene todo, no tiene pies pero es el paso de todos, no tiene ojos pero es ojo y luz de todos, da vida a todo, pero sin esfuerzo, sin cansancio, pero da el acto de obrar a todos, entonces, el alma en mi Voluntad se simplifica y junto Conmigo se multiplica en todos, hace bien a todos. ¡Oh, si todos comprendieran el valor inmenso de los actos, aun los más pequeños actos hechos en mi Voluntad, ningún acto dejarían escapar!”
Y analicemos el Bloque (A).
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(1) Hija mía, por cuanto tiempo el alma está en mi Voluntad, tanto de Vida Divina puede decir que hace en la tierra. – Esta afirmación del Señor es muy importante para todos los que vivimos en Su Voluntad. Ya en el capítulo anterior Nos ha hablado de cual será nuestro “futuro”, si perseveramos en esta Vida en Su Voluntad que Nos ha concedido. Ahora quiere hablarnos de cómo debemos prepararnos para poder llegar a ese “futuro” que Nos anun- cia.
De la manera como el Señor habla, siempre da por hecho, que estamos haciendo lo que dice, aunque en realidad no sabíamos con certeza, que en efecto, lo hacíamos, o sea, que desde el primer instante en que Nos concede el Don, estamos viviendo “vida divina”. Ahora que lo sabemos, mas nos embullamos para que esto que Nos anuncia, conti- núe, pero ahora con plena conciencia nuestra de que está sucediendo.
(2) ¡Oh, cómo me agrada cuando veo que el alma entra en mi Voluntad para hacer Vida Divina! - Acumula elogio y contentura ver como entramos en Su Voluntad para hacer Vida Divina. En el párrafo anterior declinamos ha- cerlo, pero ahora es necesario que entendamos mejor lo que significan los dos conceptos anunciados: Uno el “entrar en Su Voluntad”, y el otro, “para hacer Vida Divina”.
Como de costumbre, tratar de explicar estos dos conceptos, es complicado, aunque no lo parece. De hecho, todos sabemos lo que es entrar en un lugar, y todos sabemos lo que es vivir, pero, ¿entendemos realmente lo que es nece- sario entendamos?
Cuando entramos en un lugar, consciente o inconscientemente lo hacemos, para realizar algo, o buscar algo, o encon- trarnos con algo o alguien. Más aun, normalmente, entramos en un lugar con toda libertad, sabiendo que podemos entrar o no. En muchísimos capítulos Nos ha explicado que estamos autorizados y debemos entrar en Su Voluntad para encontrarnos con Él, obrar con Él y como obra Él, asistirle y colaborar con Él en la Labor que quiere realizar, y que siempre ha querido realizar con nosotros. Pero resulta, también inevitablemente, que esa “actividad” de entrar en Su Voluntad, solo puede desarrollarse, si vivimos en Ella, o sea, que entrando en Su Voluntad, vivimos; pero esta acti- vidad en esta vida no es una actividad normal en una vida normal terrena, sino que es Actividad Divina, y por tanto es Vida Divina la que vivimos cuando actuamos.
La enormidad e incomprensibilidad de lo que dice, debiera ser apabullante; es más, los que preparan estas Guías de Estudio piensan, que si de verdad, de verdad comprendiéramos esto que Nos dice hacemos, entonces por fin, enten- deríamos la Grandeza a la que Nos llama.
(3) Mucho me agrada ver a las almas que repiten en mi Voluntad lo que hacía mi Humanidad en Ella. – Comienza con los detalles de esta Vida que dice hacemos. Lo primero que anuncia es que hacemos lo que Su Humani- dad hacía en Su Voluntad, porque también Él vivía en Ella. Esto es lo que significa cuando dice que “repetimos lo que Su Humanidad hacia en Ella”.
Dicho de otra manera, también Él entraba en Su Voluntad para vivir Vida Divina, y también la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, y de hecho, la totalidad del Ser Divino, veía con gran alegría y contento a aquella criatura llamada Jesús, que entraba en Su Voluntad para vivir Vida Divina. Difícil de entender pero absolutamente lógico y deducido de Sus Mismas Palabras.
(4) Yo hice la comunión, me recibí a Mí mismo en la Voluntad del Padre, y con esto no sólo reparaba to- do, sino que encontrando en la Divina Voluntad la inmensidad, la omnividencia de todo y de todos, por eso Yo abrazaba a todos, me daba en comunión a todos, y viendo que muchos no habrían tomado parte en el Sacramento, y al Padre ofendido porque no querían recibir la vida, Yo daba al Padre la satisfacción, la gloria, como si todos hubieran recibido la comunión, dando al Padre por cada uno la satisfacción y la gloria de una Vida Divina. – Habla ahora Jesús de uno de Sus Actos más trascendentes, más importantes de todos los Actos que realizara entre nosotros, y debemos analizar con cuidado cómo lo dice, para que podamos entender esta dualidad de actividad humana: la meramente humana y la Divina. Dice que:
a) “Yo hice la Comunión” - Él preparó o hizo preparar humanamente, y con todo cuidado, la Comunión, o sea, los elementos materiales necesarios a la Eucaristía. Al mismo tiempo, Su Voluntad Bilocada y Obrante en Él
Mismo, o sea, en Jesús, replicaba lo que el Jesús hombre realizaba, y transustanciaba, bilocaba en aquellos elementos materiales a Dios Mismo.
b) “Me recibí a Mi Mismo en la Voluntad del Padre” – Inmediatamente después, dice que, en Su Voluntad, se recibió a Si Mismo. De nuevo, Su Acto humano de comulgar era replicado por Su Voluntad Bilocada y Obrante, y era replicado en esa Misma Voluntad Suprema de la que Su Voluntad Bilocada y Obrante no se separa ja- más, porque Su Voluntad es Una, e Indivisible.
Dice que al hacer esto con Su Voluntad, y haciéndolo en el ámbito de Su Voluntad, Nuestro Señor lograba la universa- lidad de Su Acción, universalidad que abarcaba todos los aspectos: la actividad de todos, porque todos comulgaban como Él comulgaba. Además, reparaba por todos los que no comulgarían, y por los que comulgarían sin las debidas disposiciones, y de esa manera daba al Padre “satisfacción, la gloria, como si todos hubieran recibido la comunión, dando al Padre por cada uno la satisfacción y la gloria de una Vida Divina.”
(5) También tú recibe la comunión en mi Voluntad, repite lo que hice Yo, y así no sólo repararás todo, sino que me darás a Mí mismo a todos como Yo quería darme a todos, y me darás la gloria como si todos hubieran recibido la comunión. – Dice que así como Él hizo, Luisa debe hacer, y ahora debemos hacer cada uno de nosotros. Comprendamos que la Eucaristía trasciende nuestra propia vida, que aunque fue hecha para mí, como si solo yo existiera, también se hizo para todos, como si cada uno de los que existen, fuera el único que existiera. Todos estamos obligados a amarle, a hacer lo que Él desea, pero sabe que no todos lo harán, y Él acepta, en compensación, que algunos de nosotros, lo hagamos por todos, como si todos estuvieran comulgando con cada uno de nosotros. Y esto, y aquí esta lo verdaderamente grandioso de todo este proceso, es que eso de que todos comulguen, no es una manera de hablar, sino que ocurre realmente, porque los que expresamos este deseo de que todos comulguen, lo hacemos en Su Voluntad y con Su Misma Voluntad, como Él lo hacía.
(6) Mi corazón se siente enternecido cuando ve que la criatura no pudiendo darme nada de ella que sea digno de Mí, toma mis cosas, las hace suyas, imita como las hice Yo, y para agradarme me las da, y Yo en mi complacencia le voy repitiendo: Bravo hija mía, has hecho precisamente lo que hacía Yo. – Clara- mente detallada queda, la Recompensa que Nos da. Él se complace con lo que hacemos, y queda deudor nuestro, puesto que nada hace a Dios más deudor del hombre, que cuando un hombre hace lo que Él quiere y Le imita y repite lo mismo que Él hizo.
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Y analicemos ahora el Bloque (B).
(1) Los actos en mi Voluntad son los actos más simples, y porque son simples se comunican a todos. – Todo este Bloque (B) trata del tópico de lo que es simple. La palabra simple tiene muchas acepciones, pero en el sentido en el que la utiliza el Señor, parece querer referirse a algo que no tiene partes o componentes. No debemos confundir la palabra “simple” con la palabra “único” o con la palabra “singular”. Una vez que entendamos y aceptamos la definición de simple, la situación se complica, porque no entendemos a que se refiere cuando dice que “los Actos en Su Voluntad son los actos más simples”.
Para comprender un poco el contexto de Su Afirmación, podemos decir que los Actos en Su Voluntad son simples, porque son producto de una Entidad que no tiene partes o componentes. Ya Nos ha dicho y dirá que Su Voluntad es Luz y es Una, y es Indivisible. También decimos que son simples, porque son producto de una Voluntad Bilocada y Obrante en nosotros, que como es idéntica a la Suya, solo puede producir actos simples, sin partes ni componentes. Son simples también, porque cuando hacemos algo en Su Voluntad lo que hacemos es responder a una Sugerencia y Gracia especificas al acto que Nos pide realizar, y aunque pueda parecernos que el acto lo comienza Él y lo termina- mos nosotros, en realidad, para la Mente Divina es un acto simple Suyo que se completa cuando nosotros lo hacemos.
(2) La luz del sol, porque es simple, es luz de todo ojo, pero el sol es uno; un acto solo en mi Voluntad - Comienza el Señor a darnos la perspectiva Divina de lo que es simplicidad en el acto, que nosotros hemos tratado de anunciar en el párrafo anterior.
Dice que la luz del sol es capaz de llegar a todos, porque también esa luz del sol es un acto simple, “un solo acto de Su Voluntad”. Una vez que el sol comenzó a alumbrar nuestro sistema, ya no ha parado nunca de alumbrarnos. No
hay partes en la luz del sol, no existen continuaciones, es un solo acto que comenzó hace x años y no se ha detenido. Entendamos esto bien. Lo que dice del sol, lo dice de cada uno de nosotros. Nosotros podremos mirar a nuestra exis- tencia como una serie de etapas, infancia, adolescencia, etc., y nuestras vidas como una serie de actos intermitentes, pero para Dios, nuestras vidas individuales, aunque comenzaron en un momento del tiempo dado, como es necesario ocurra con cada criatura, nuestras vidas individuales, repetimos, son un acto simple, porque una vez comenzadas, ya no tienen fin. Somos un Acto de Dios, y un Acto Simple porque no tenemos partes o componentes.
Lo importante de este proceso que llamamos vida humana, no es tanto lo que hacemos, ya que en definitiva sólo ha- cemos lo que Él quiere que hagamos, lo importante es comprender que cuando hacemos Su Voluntad, alineamos nuestro acto de vida simple con el Acto de Vida de Él, que también es simple, y en esta concordancia en la simplicidad podemos llegar a unirnos con Él.
(3) un acto solo en mi Voluntad, como luz simplísima se difunde en cada corazón, en cada obra, en to- dos, pero el acto es uno, - Todo lo que se hace en Su Voluntad es universal; eso ya lo sabemos, pero no sabíamos la razón última por la que esto es así. Lo que Nos sugiere que hagamos, es el producto de Una Voluntad Simple, Indi- visible, y cuando realizamos lo que Nos sugiere, lo que hacemos es completar lo que Él ha iniciado, pero como tam- bién nosotros somos el resultado de un Acto simple de Su Voluntad, lo que hacemos encaja perfectamente con lo que necesitamos encajar para que lleguemos a ser la Unidad con Él, que Él siempre había pensado fuéramos. Un ejemplo quizás ayude.
Nos regalan un rompecabezas que tiene 300 componentes, pero no nos dan una muestra de cómo debe lucir al final cuando lo armemos. El rompecabezas, ¿es uno, o son 300 piezas? En nuestra manera de pensar anterior a estos Escri- tos, hubiéramos dicho que el rompecabezas son 300 piececitas que se convierten en una sola, cuando las 300 piezas se encajan correctamente. Pero, bajo la perspectiva que ahora el Señor Nos da, el rompecabezas siempre ha sido uno, y las 300 piececitas hay que encajarlas correctamente, para que podamos ver el rompecabezas original.
Así pues, nuestras vidas individuales, no son el producto de un actuar sin sentido u orientación, sino que son como el rompecabezas del ejemplo, vidas completas y simples, porque cada vida está diseñada, pensada, y diseñada para que armonice con las otras vidas, y nuestra actuación es necesaria, no para que Él vea el rompecabezas, porque ya lo vio, sino para que nosotros veamos el rompecabezas que Él había concebido.
Dicho todo esto como preámbulo a Su Explicación de la Universalidad de los actos hechos en Su Voluntad, añadamos algo más al preámbulo. Así decimos que siempre fuimos diseñados para vivir en Su Voluntad, y que si dejamos de vivir en Ella, por un corto tiempo, eso nada dice. Con todo esto entendido, decimos ahora, que cada acto hecho en Su Vo- luntad, no solo sirve para que se complete nuestro rompecabezas individual, y podamos vernos como Él ya Nos ha visto desde siempre, sino para que comprendamos que al armar nuestro rompecabezas individual, Él se sirve de nues- tros actos, para que otros también puedan completar sus “rompecabezas de vida”, puesto que nada de lo que hace- mos, lo hacemos para nosotros mismos con exclusividad, sino para que sirva a otros a resolver sus propios rompeca- bezas. Y todo esto, incomprensible en su magnitud, es, a su vez, un Acto Simple.
(4) mi mismo Ser, porque es simplísimo, es un acto solo, pero un acto que contiene todo, - Llegamos al párrafo cumbre de este Bloque extraordinariamente complejo, en el que Nos da Conocimientos sobre la Esencia Divi- na, que en realidad no estamos preparados para recibir, y que si los recibimos, y algo entendemos, es precisamente por esta Capacitación del don de Vivir en Su Voluntad, y la Bilocación del Ser Divino en nosotros, para hacer que en- tendamos.
Todo, absolutamente todo, es un Acto Simple de Su Voluntad, y esto aplica también el Ser Divino. La Existencia Divi- na, es pues un Acto Simplísimo. Esta “redefinición” del Ser Divino como un Acto Simplísimo, implica que todo lo que Dios es, diseña y realiza, es un “Acto Solo”, que está “esperando” el “momento oportuno” para ser develado y com- pletado.
(5) no tiene pies pero es el paso de todos, no tiene ojos pero es ojo y luz de todos, da vida a todo, pero sin esfuerzo, sin cansancio, pero da el acto de obrar a todos, - Siguen las dificultades, pero ya se van enten- diendo mejor. Si todo lo que nosotros podemos llegar a ser, está ya encerrado en ese Acto Simplísimo, que es el Ser Divino, todo lo que hacemos es posible, porque Él lo hace posible. Aunque el Ser Divino no camina ni ve, sin embargo, puede hacer para que nosotros caminemos y veamos; y todo esto dice el Señor, lo logra hacer “sin esfuerzo, sin can- sancio” alguno, porque el “esfuerzo” y el “cansancio” ya lo tuvo, cuando diseñó lo que íbamos a realizar.
(6) entonces, el alma en mi Voluntad se simplifica y junto Conmigo se multiplica en todos, hace bien a todos. - Nuestra unidad con Él, ahora entendemos, solo puede realizarse si comprendemos que hacemos lo mismo que Él hace, y más importante aún, que hemos sido diseñados para esta importante labor de ser una parte integral de la vida de todos los otros. Entendamos que lo que se dice de mí, se dice de cada uno, porque todos contribuimos a que los demás, logren realizar lo que ellos deben realizar.
Aunque incomprensible, aun después de explicado y “medio entendido”, esta es la realidad de la universalidad. No es algo que debemos comprender porque es algo opcional, porque es algo “bonito”, porque Le agradamos actuando a lo universal, no que debemos comprender que la universalidad que Nos pide, es esencial a nuestro ser, porque somos una parte integral de Su Acto Simplísimo, hemos sido diseñados como una parte integral del Ser Divino, y todo para el Ser Divino, es un Acto Solo, un Acto Simplísimo, en el que no hay partes ni componentes, sino un solo acto que se está desenvolviendo, como se desenvuelve, y valga la expresión, una alfombra en el piso.
(7) ¡Oh, si todos comprendieran el valor inmenso de los actos, aun los más pequeños actos hechos en mi Voluntad, ningún acto dejarían escapar! – Como de costumbre, Nuestro Señor se abaja a nosotros para tratar de explicarnos y hacernos comprender, pero entendamos, si ya no hemos entendido, que para Dios no hay actos peque- ños o grandes, sino que son los actos que son, o sea los que están diseñados para que yo haga, y nada es pequeño o grande en esta cadena de actos por hacerse, porque sin los pequeños no se pueden hacer los grandes, y los grandes necesitan ser seguidos por pequeños para que puedan realizarse otros más grandes aun.
El valor de cada acto es inmenso, es incomprensible a nuestra mente, porque no son actos individuales, sino que son parte del rompecabezas de nuestro ejemplo, piececitas que necesitan ser encajadas a las otras piececitas para que todo haga el sentido que ya tiene en Dios. Es lógico que Dios quiera transmitirnos de alguna manera, la importancia que cada uno tiene, y lo mucho que Le estorbamos cuando, ahora que vivimos en Su Voluntad, no comprendemos esta realidad universal que ha tratado de explicarnos.
Resumen del capítulo del 2 de Octubre de 1916: (Doctrinal) – Página 215 –
Esta mañana recibí la comunión como Jesús me había enseñado, esto es, unida con su Humanidad, Divinidad y Volun- tad suya, y Jesús se hizo ver y yo lo besé y lo estreché a mi corazón, y Él devolviéndome el beso y el abrazo, me dijo:
“¡Hija mía, cómo estoy contento de que hayas venido a recibirme unida con mi Humanidad, mi Divinidad y mi Volun- tad! Me has renovado todo el contento que sentí al recibirme en comunión a Mí mismo, y mientras tú me besabas y me abrazabas, estando en ti todo Yo mismo, contenías todas las criaturas, y Yo sentía darme el beso de todas, los abrazos de todas, porque ésta era tu voluntad, igual que fue la mía al recibirme en la comunión: rehacer al Padre por todo el amor de las criaturas; y a pesar de que muchos no lo amarían, el Padre se rehacía en Mí del amor de todas las criaturas, y Yo me rehago en ti del amor de todas las criaturas, y habiendo encontrado en mi Voluntad quien me ama, me repara, etc., a nombre de todas, porque en mi Voluntad no hay cosa que el alma no pueda darme, me siento amar de las criaturas a pesar de que me ofendan, y voy inventando estratagemas de amor en torno a los corazones más duros para convertirlos. Sólo por amor de estas almas que hacen todo en mi Querer, Yo me siento como encadenado y raptado y les concedo los prodigios de las más grandes conversiones”.
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(1) ¡Hija mía, cómo estoy contento de que hayas venido a recibirme unida con mi Humanidad, mi Divini- dad y mi Voluntad! – Jesús Le ha enseñado a Luisa, y a nosotros, como debemos comulgarle, y ahora que Luisa lo hace, Él le hace ver Su Contento de que ella le esté haciendo el caso debido a Su Sugerencia. Esta lección, al parecer sabida intelectualmente, debe convertirse en una parte integral de nuestra vida diaria, o sea, saber que Él se regocija cuando seguimos Sus Sugerencias, particularmente en estas aéreas tan importantes como lo es la Recepción Eucarís- tica frecuente sino diaria.
De nuevo, es una realidad el que cuando Le comulgamos estamos recibiendo a la totalidad de Jesús, pero es realidad que necesitamos creer, y necesitamos comulgarle con el respeto y conciencia de la magnitud de lo que hacemos, y de que lo estamos haciendo, mientras vivimos en Su Voluntad, y todo esto no solo una vez, sino cada vez que comulga- mos. Más aun, debemos hacerlo, sin aspavientos, sin grandilocuencia fervorosa, basta solamente que queramos creer lo que Nos ha dicho. Nuestros actos de fe, sino son actos de nuestra voluntad, no sirven.
La pregunta que necesitamos hacer ahora es la siguiente: ¿a quién se refiere Jesús, cuando dice en este primer párra- fo, “como estoy contento”? ¿Habla como Jesús hombre, o como Jesús Dios? La respuesta debe ser obvia para todos. Habla de Jesús Dios.
(2) Me has renovado todo el contento que sentí al recibirme en comunión a Mí mismo, y mientras tú me besabas y me abrazabas, estando en ti todo Yo mismo, contenías todas las criaturas, y Yo sentía darme el beso de todas, los abrazos de todas, - Nos comunica una verdad, que al mismo tiempo debe servirnos para redoblar nuestro esfuerzo de recibirle correctamente. Dice que también Él, en cuanto Dios, se regocijó y se llenó de contento cuando Jesús en el Cenáculo, comulgó al Jesús, que como Dios había creado, para encerrarse a sí mismo como hombre, y a Si Mismo en cuanto Dios. Al Él comulgar a aquel Jesús creado en ese instante, comulgaba a Dios, y de esa manera, un hombre, y después de Él, los restantes hombres y mujeres de la historia, podrían recibir también a Dios, porque Dios así lo quería. Todo esto, no porque lo “sepamos”, más o menos, o porque lo hayamos discutido ampliamente en las clases, deja de ser una Verdad dificilísima de explicar y de comprender. Talmente parece que ne- cesitamos hablar en jeroglíficos. Una dualidad de Personas en una sola persona, en una comunicación tan estrecha que es incomprensible a nosotros. Una de las personas, Jesús, comunicándose con la otra, el Ser Divino, a través de actos meramente humanos, y haciendo que la Otra, se regocijara con las acciones de la Una. Pero aun esto debemos comprenderlo bien. Como ya sabemos por el volumen 16, no es solamente la Segunda Persona de la Santísima Trini- dad la que está en Jesús, sino que en Él está, totalmente bilocado el Ser Divino, todos Sus Componentes.
De cualquier manera, explicado o no, esto mismo sucede ahora con los que viven en Su Voluntad, y participan de este mismo poder creativo, en cuanto a que podemos hacer todos nuestros actos, actos Divinos, y porque podemos comu- nicárselos al Ser Divino, a través de nuestra Voluntad Bilocada y Obrante, porque Ella misma ha replicado esos actos y los ha hecho perfectamente Divinos.
(3) porque ésta era tu voluntad, igual que fue la mía al recibirme en la comunión: rehacer al Padre por todo el amor de las criaturas; y a pesar de que muchos no lo amarían, el Padre se rehacía en Mí del amor de todas las criaturas, - Enfatiza el Señor que las “cosas” de las que Él habla suceden porque creamos en ellas, sino que suceden porque queremos que sucedan. Igual pasa con Ellos. Las cosas solo suceden cuando el Ser Divino las “quiere”. En este párrafo, habla pues, de uno de los Objetivos que quería conseguir, cuando instituyó la Eucaristía, y se comulgó a Si Mismo. Dice que quería ”rehacer al Padre por todo el Amor de las criaturas, y que las criaturas no Le daban”. Dicho esto, entendamos, que Jesús, en cuanto hombre, podía hacer todo esto, porque vivía en Su Volun- tad, y así ahora Luisa y nosotros podemos hacer eso mismo, porque vivimos en Su Voluntad.
(4) y Yo me rehago en ti del amor de todas las criaturas, (que no Me dan), y habiendo encontrado en mi Voluntad a quien me ama, me repara, etc., a nombre de todas, porque en mi Voluntad no hay cosa que el alma no pueda darme, Me siento amar de las criaturas a pesar de que me ofendan, - La situación se ha complicado, porque el Señor dice, que así como el Padre, recibió de Él, la satisfacción del amor no conseguido, así ahora Él, consigue de Luisa y de nosotros, el Amor no conseguido. ¿Por qué hace esta distinción? Bien pudiera haber dicho, que ahora debemos también nosotros resarcir al Padre por el amor de todos, y sin embargo, no habla del Padre y habla de Sí Mismo. De nuevo, estos enigmas en Su Manera de hablar, son difíciles de descifrar, y nuestra interpreta- ción se basa siempre en lo que ya conocemos.
Cuando Él estaba en la tierra, Su Responsabilidad era la de reconciliar a Dios con el hombre ofensor, y esto lo hizo y plenamente, y sobre-abundantemente; y este Cumplimiento perfecto de Su Responsabilidad fue premiado, con la exal- tación de ese hombre Jesús, a formar parte eternamente del Ser Divino, al que tan bien había servido, y a quien tanta gloria había dado.
Lo que decimos a continuación, lo decimos con gran trepidación de corazón, porque puede ser mal interpretado. Este concepto de que un hombre sea exaltado y llegue a formar parte del Ser Divino, es como todo lo que estudiamos, una cuestión de grados. Ciertamente que los griegos y los romanos en sus creencias religiosas, pensaban que esto era perfectamente posible. Ciertamente que esto pensaban de Hércules, que en la mitología griega, nació hombre, pero al final de su vida terrestre fue exaltado y hecho otro Dios en el Olimpo. Entendamos. Mucho de lo que Dios permite suceda, aun en las creencias religiosas a múltiples dioses, Dios lo permite, porque esas creencias incorrectas pueden llegar a ayudar a esos otros, a creer con más facilidad en estas Creencias nuestras que son las correctas. Y si no, ¿Por qué Nuestra Señora se aparece como una mujer india y en estado de embarazo a los aztecas? Pues porque con esa forma de Aparición, era mucho más fácil que los aztecas se convirtieran, como lo hicieron, porque Nuestra Señora
venia a hacer realidad una profecía en la que ellos creían. Dios se vale de todo, “estratagemas amorosas” las llama, si con eso logra convencernos para que vayamos al lugar que quiere llevarnos.
No nos extraña el saber que cuando muramos y lleguemos al Cielo que hemos alcanzado por Sus Esfuerzos y nuestra adhesión a Él, seremos parte del Ser Divino, veremos a Dios tal cual es, y participaremos de Su Felicidad para siem- pre. No nos extraña cuando el Señor dice que Su Madre es Divina por Gracia Suya, así como Él es Divino por naturale- za. ¿Puede entonces extrañarnos, que la Humanidad de Jesús fuera exaltada a la plenitud Divina, en virtud del cum- plimiento del Contrato que como hombre había hecho con el Ser Divino? No debiera extrañarnos, pero a veces lo pa- rece. ¿Cuántos son los que piensan que el Jesús Resucitado, sigue siendo hombre, y ahora está sentado a la derecha del Padre, y que este Jesús hombre es un Ser independiente del Ser Divino, pero al mismo tiempo es una Parte inte- gral del Ser Divino del que ahora forma parte inseparable, por la Bilocación del Ser Divino en Él y la exaltación total de Su Humanidad? No muchos lo piensan de esta manera, pero debieran, y es precisamente parte de nuestro “curricu- lum” de Enseñanzas en la Divina Voluntad, el que comprendamos esto a la perfección.
(5) y voy inventando estratagemas de amor en torno a los corazones más duros para convertirlos. – Co- mo resultado práctico de esto que hacemos por Él, como Él lo hacía por Su Padre, es que Él ahora se siente motivado, como Su Padre, en su momento, se motivó, y se “inventa” nuevas estratagemas de amor, para convencer y convertir a los corazones más duros.
Lo ha dicho en otros capítulos anteriores, y lo dirá en los capítulos posteriores a este volumen 11. Los que vivimos en Su Voluntad, Le damos ocasión para que Él pueda ejercer Su Misericordia con el resto de los hombres pecadores que no Le aman, y no hacen, por tanto, Su Voluntad. Somos la razón de la existencia de todo, porque en el análisis final que Sus Palabras provocan, todo lo creado se hizo para utilidad de los hombres, pero hombres viviendo en Su Volun- tad, y si todas las generaciones anteriores a Adán, disfrutaban de los Bienes de la Creación, podían disfrutarlos, por- que eventualmente los hombres vivirían en Su Voluntad, y justificarían con su conducta a todas las generaciones ante- riores a ellos. Igualmente, todas las generaciones después de Adán, usufrutuaron de los Bienes, porque eventualmen- te Jesús y Su Madre Santísima vivirían en Su Voluntad, y justificarían para todos, estos Regalos de Su Benevolencia. Y así ahora, todas las generaciones posteriores a Jesús, usufrutuaron de los Bienes Divinos, es porque Luisa y ahora nosotros justificamos todos estos regalos que los demás disfrutaron sin merecerlos.
Ahora que ya estamos terminando con este volumen 11, comprendemos que esta que acabamos de explicar, es la Enseñanza más importante de todas, las que este volumen presenta.
(6) Sólo por amor de estas almas que hacen todo en mi Querer, Yo me siento como encadenado y rapta- do y les concedo los prodigios de las más grandes conversiones. – Existe una hermandad entre Jesús y los que viven en Su Voluntad, que ahora estamos empezando a vislumbrar, y que debemos atesorar. Si vivimos en Su Voluntad como Él vivió, todo se hace posible, porque todo se ha hecho y se hace por nosotros. De nuevo, somos la justificación de Su Actitud para con el resto de nuestros hermanos que desconocen de este regalo de Su Voluntad, y de nosotros dependen las Gracias Extraordinarias de Conversión en estos tiempos tan difíciles.
Resumen del capítulo del 13 de Octubre de 1916: (Doctrinal) – Página 216 -
Estaba haciendo las horas de la Pasión, y el bendito Jesús me dijo:
“Hija mía, en el curso de mi Vida mortal, millones y millones de ángeles cortejaban a mi Humanidad y recogían todo lo que Yo hacía, los pasos, las obras, las palabras y aun los suspiros, las penas, las gotas de sangre, en suma, todo. Eran ángeles destinados a mi custodia, a darme honor, obedientes a todas mis señales, subían y bajaban del Cielo para llevar al Padre todo lo que Yo hacía. Ahora estos ángeles tienen un oficio especial, y conforme el alma hace memoria de mi Vida, de mi Pasión, de mi sangre, de mis llagas, de mis oraciones, se ponen en torno a esta alma y recogen sus palabras, sus oraciones y condolencias que me hacen, las lágrimas, los ofrecimientos, los unen con los míos y los lle- van ante mi Majestad para renovarme la gloria de mi misma Vida, es tanta la complacencia de los ángeles, que reve- rentes están en torno para oír lo que dice el alma y rezan junto con ella, por eso con qué atención y respeto el alma debe hacer estas horas, pensando que los ángeles están pendientes de sus labios, para repetir junto a ella lo que ella dice”.
Luego ha agregado:
“Ante tantas amarguras que las criaturas me dan, estas horas son los pequeños sorbos dulces que las almas me dan,
pero ante tantos sorbos amargos que recibo, son demasiado pocos los dulces, por eso, más difusión, más difusión”.
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Si alguna vez Nuestro Señor hizo una “promoción de ventas” por las Horas de la Pasión, es esta. Tal es la belleza de lo que dice ocurre, cuando un alma lee las Horas de la Pasión, y forma y repite una vez más con palabras lo que Le dic- tara a Luisa. Aunque no hay mucho que analizar, por lo claro que Nos habla, vamos a desmenuzar Sus Palabras como de costumbre, para darles el Realce y el Honor que merecen, y porque las Revelaciones que Nos hace sobre detalles de Su Vida son siempre importantes.
(1) Hija mía, en el curso de mi Vida mortal, millones y millones de ángeles cortejaban a mi Humanidad y recogían todo lo que Yo hacía, los pasos, las obras, las palabras y aun los suspiros, las penas, las gotas de sangre, en suma, todo. - Como siempre, el Señor parece que exagera cuando habla de que “millones y millo- nes de ángeles cortejaban Mi Humanidad”, pero una vez que pensamos cual era la misión de cada uno de esos án- geles, comprendemos que no exageraba en lo más mínimo.
Para el Señor, y ya debiéramos saberlo bien, cada acto involuntario nuestro, como lo es cada respiro, cada latido de corazón, cada pestañazo, etc., es un acto que podemos convertir en voluntario, si decimos que lo hacemos, no porque no nos queda más remedio hacerlo, sino porque Él quiere que lo hagamos, y nosotros queremos lo que Él quiere; entonces, repetimos, son millones los actos que realizamos en el curso de nuestra vida mortal. Más aun, si ahondamos más en esta Noticia, y la aplicamos al Señor, podemos comprender que cada uno de Sus Actos en la tierra, tenía un valor incalculable que nosotros no podemos llegar a comprender, entonces ¿por qué nos extraña que se necesitara un ángel para transportar cada acto que Él realizaba?
La imaginación aquí nos ayuda grandemente. Pudiéramos visualizar la situación diciendo que había una larguísima fila de ángeles, todos ansiosos y todos honrados de que los hubieran escogido para esta Misión tan importante, de reco- ger uno de los actos del Señor. La Misión era tan importante, que aunque un ángel solo, hubiera bastado para esta encomienda de atender al Señor, recoger Sus Actos y llevarlos ante el Trono de la Santísima Trinidad, particularmente del Padre que representaba a la Trinidad en el Contrato de Redención, Dios quiso que muchos ángeles tuvieran este Honor de ser portadores de un acto del Dios Humanado. Honor más grande no se Les podía dar, y estamos seguros, ya que el Señor permite este desatino nuestro, de que muchos ángeles quedaron “disgustados” por no haber podido ellos participar de esta Encomienda sublime.
Como detalle curioso, y que de alguna manera puede ayudarnos a entender esto mejor, debemos consignar que en tiempos de los Reyes de los siglos 16, 17 y 18, particularmente de los Reyes franceses, había literalmente miles de cortesanos que tenían “trabajitos” que hoy nos parecen ridículos, tales como ponerle la zapatilla izquierda en el pie izquierdo del Rey, y otro cortesano que le traía la zapatilla a ese que la ponía, así como otro estaba encargado de hacer las zapatillas. Había cortesanos que ayudaban al Rey a montar su caballo, y, ¿para qué seguir? Había oficios para cada una de las actividades del Rey, y por supuesto, otras tantas para la Reina. Aunque pudiéramos pensar que esto era una vanidad inconcebible por parte de los Reyes, lo cierto es que estas “costumbres”, la inventaron los Reyes, para poder disfrutar de la compañía de esos amigos, y honrar de esta manera, a aquellos que habían demostrado ser amigos del Rey, y con el “trabajito” que les daban, justificaban tenerlos en la Corte, con el gasto enorme que aquello representaba.
(2) Eran ángeles destinados a mi custodia, a darme honor, obedientes a todas mis señales, subían y ba- jaban del Cielo para llevar al Padre todo lo que Yo hacía. – Dice el Señor que estos ángeles estaban “destina- dos a Mi Custodia”. Esta Noticia que Nos da sobre los oficios particulares de los Ángeles, tampoco debe extrañarnos. Sabemos que la particularidad de las Misiones Angélicas es real, y que pudiéramos decir que Sus existencias se justifi- can en virtud de estas Misiones que en algún “instante de tiempo” deben realizar. De estas Misiones especiales sabe- mos algo, porque conocemos bien la Misión del Arcángel Miguel, las de Gabriel, las de Rafael, etc. Así conocemos aho- ra, que millones y millones de ángeles fueron creados para que en el instante de tiempo necesario, vinieran a la tierra “para custodiar a Jesús, darle honor, serle obedientes a todas Sus Señales”.
Lo más importante que hacían, sin embargo, era “llevar al Padre todo lo que Yo hacía”. El Señor vivía en la Divina Voluntad, eso ya lo sabemos por múltiples capítulos, particularmente en este volumen 11, y por lo tanto, todos Sus Actos eran “transportados” al Padre en el Rio de Luz de Su Voluntad que fluía a través de Él, pero, por lo que aquí
dice, esta “transportación” de Sus Actos la hacían los Ángeles también, no porque se necesitara de esos ángeles para hacer esta labor, sino porque de esta manera, Dios honraba a aquellas criaturas angélicas tan amadas por Él, y Les daba una Labor digna de Sus Existencias.
(3) Ahora estos ángeles tienen un oficio especial, y conforme el alma hace memoria de mi Vida, de mi Pasión, de mi sangre, de mis llagas, de mis oraciones, se ponen en torno a esta alma y recogen sus pala- bras, sus oraciones y condolencias que me hacen, las lágrimas, los ofrecimientos, los unen con los míos y los llevan ante mi Majestad para renovarme la gloria de mi misma Vida, - Continua con estas Revelaciones tan intimas y tan bellas diciéndonos, que esos Mismos Ángeles tienen ahora el oficio especial de llevarle a Él, la repeti- ción que hacemos de aquellos actos que Él hacía.
Todo esto que aquí el Señor anuncia ha sido discutido ampliamente en las clases por otros motivos. El Señor ha queri- do utilizar la consignación escrita de Su Vida, de todos Sus Actos, para recibir de nosotros la Gloria que liberamos cuando las leemos, y cada vez que las leemos. Por un lado, siempre hay alguna criatura que renace a esta Vida en Su Voluntad, y comienza a leer las Horas de la Pasión, y comienza a repetir lo que Él dijo, y comienza a entender la mag- nitud de lo que hizo, y de esa manera, Él recibe la Gloria de que una nueva criatura Le conozca, y comparta con Él, Su Labor entre nosotros. Por otro lado, son también muchos los que ya están viviendo en Su Voluntad, y continúan le- yendo estas Horas de la Pasión, no por obligación, sino porque comprenden que siempre entienden un poco más, siempre pueden dar una Gloria renovada, una Bendición más profunda, a un Dios que tanto Les ha amado y Les ama.
Pues bien, debemos saber que cada vez que leemos, cada vez que meditamos, cada vez que nos acordamos de Su Pasión, por cualquier medio y manera en que lo hagamos, hay esos mismos malles, millones de ángeles, recogiendo cada una de nuestras palabras, nuestros pensamientos, nuestros actos de compañía, de compadecimiento, de repara- ción, pero siempre y cuando, libre e informadamente, querramos unir los nuestros a los de Él.
Ya hemos leído en el capítulo del 10 de Agosto de 1916, de este mismo volumen, cómo es que debemos “hacer correr nuestras penas en Su Voluntad para unirnos a las de Él”. Todo lo que hizo Nuestro Señor está siempre “en acto” de hacerse, por lo que esta Labor angélica nunca se ha detenido, y siempre y en todo momento, estos Ángeles portan y vuelven a portar Sus Actos, en esta continua Redención Suya. Lo que sucede nuevo ahora, es que al nosotros entrar en esta Dimensión de Su Voluntad, porque Nos ha concedido vivir en Ella, nuestra actuación que recuerda Su Vida, es digna también de ser transportada por esos mismos Ángeles.
(4) Es tanta la complacencia de los ángeles, que reverentes están en torno para oír lo que dice el alma y rezan junto con ella, por eso con qué atención y respeto el alma debe hacer estas horas, pensando que los ángeles están pendientes de sus labios, para repetir junto a ella lo que ella dice. – El énfasis del Señor está en impartirnos este sentido o sensación de éxtasis en que están todos los ángeles, a la expectativa de nuestros actos relacionados con las Horas de la Pasión. Una de las lecciones más imperecederas de todas las que estamos aprendiendo debe ser esta. Nos recuerda las Palabras proferidas por el Papa, no recordamos su nombre, cuando San Aníbal le presentó el libro de las Horas de la Pasión que acababa de publicar, y ambos empezaron a leerlo. Dice San Aníbal que el Papa Le dijo: “Aníbal, tenemos que arrodillarnos, que está hablando el Señor”. No creemos que esta misma disposición de ánimo sea posible en nosotros, ojalá lo fuera, pero no creemos que el Señor necesite de esta disposición externa, pero si requiere de nosotros “atención y respeto”, como lo requiere de los Ángeles que están a la expectativa de nuestras repeticiones.
(5) Ante tantas amarguras que las criaturas me dan, estas horas son los pequeños sorbos dulces que las almas me dan, pero ante tantos sorbos amargos que recibo, son demasiado pocos los dulces, por eso, más difusión, más difusión. – El Señor se queja de que estos “pequeños sorbos dulces que las almas Me dan” son muy pocos, aun de nosotros mismos que debiéramos saber lo importante que es, el que las leamos diariamente. Mu- cho más, por supuesto, de aquellas almas cristianas que desconocen que estas Horas de la Pasión de Luisa existen. Es obvio que cualquiera puede meditar las Horas de la Pasión, por los medios convencionales que estaban a nuestra dis- posición, pero es necesario reconocer que, tristemente, la lectura y meditación de la Pasión del Señor ha estado rele- gada a la época de la Cuaresma, y como que solo en esa esta época debe recordarse.
Resumen del capítulo del 20 de Octubre de 1916: (Doctrinal) – Página 218 -
Estaba fundiéndome en la Divina Voluntad y me vino el pensamiento de encomendar especialmente a varias personas, y el bendito Jesús me ha dicho:
(A) “Hija mía, la particularización va ya de por sí misma, a pesar de que no se ponga ninguna intención. En el orden de la gracia sucede como en el orden natural: El sol da luz a todos, sin embargo no todos gozan los mismos efectos, pero esto no es por parte del sol, sino por parte de las criaturas; una persona se sirve de la luz del sol para trabajar, para ingeniarse, para aprender, para apreciar las cosas, ésta se hace rica, se constituye y no va mendigando el pan a los demás; otra persona se está ociosa, no quiere ocuparse en nada, la luz del sol la inunda por todos lados, pero para ella es inútil, no quiere hacer nada, ésta es pobre, enfermiza, porque el ocio produce muchos males, físicos y morales, y si siente hambre tiene necesidad de mendigar el pan a los demás. Ahora, de éstas dos, y la causa de su diferente estado, ¿será tal vez el sol? O bien ¿qué a una da más luz y a la otra menos? Ciertamente que no, la única diferencia está en que una se aprovecha en modo especial de la luz y la otra no. Ahora, así en el orden de la gracia, la cual más que luz inunda las almas, y ahora se hace toda voz para llamarlas, voz para instruirlas, para corregirlas, ahora se hace fuego y les quema las cosas de acá abajo, y con sus llamas les pone en fuga a las criaturas los placeres; con sus quemaduras forma los dolores, las cruces para dar al alma la forma de la santidad que quiere de ella; y ahora se hace agua y la purifica, la embellece y la llena toda de gracia; ¿pero quiénes son los que están atentos para recibir todos estos flujos de gracias, quiénes son los que aceptan? ¡Ah, demasiado pocos! Y luego se atreven a decir que a unos doy la gracia para hacerse santos y a otros no, casi como queriendo echarme la culpa, y se contentan con llevar una vida ociosa, como si la luz de la gracia no estuviera para ellos”.
Luego agregó:
(B) “Hija mía, Yo amo tanto a la criatura, que Yo mismo me pongo como centinela de cada corazón para vigilarlo, para defenderlo y trabajar con mis mismas manos su propia santificación. ¿Pero a cuántas amarguras no me sujeto? Unos me rechazan, otros no me atienden y me desprecian, otros se lamentan de mi vigilancia, otros me cierran las puertas en la cara haciendo inútil mi trabajo, y no sólo me pongo Yo a hacerla de centinela, sino que también para esto elijo a las almas que viven en mi Querer, porque encontrándose en todo Yo, las pongo junto Conmigo como se- gundo centinela en cada corazón, y estas segundas centinelas me consuelan, me corresponden por cada uno y me hacen compañía en la soledad a la que me obligan muchos corazones, y me obligan a no dejarlos. ¡Gracia más grande no podría dar a las criaturas, que darles a estas almas que viven de mi Querer, que son el portento de los portentos!”
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Analicemos el Bloque (A).
(1) Hija mía, la particularización va ya de por sí misma, a pesar de que no se ponga ninguna intención. – Jesús Le explica a Luisa, que viviendo en Su Voluntad, el alma al rezar no debe particularizar a nadie, porque no hace falta. ¿Por qué dice esto el Señor? Porque para el Señor, cuando un alma vive en Su Voluntad, Él siempre interpreta que el alma reza universalmente, porque sabe que debe rezar universalmente. Esto ocurre automáticamente, aunque el alma no esté consciente en todo momento, de que esa es la forma en que reza.
Dicho de otra manera. Si por ejemplo, Luisa hubiera querido pedir por alguna gracia o favor para esas personas, no hubiera tenido que mencionarlas a ellas, sino que debía concentrarse en pedir universalmente por esa gracia o favor; y de esta manera, aquellas personas la hubieran recibido. Así pues resulta, que no solo lo reciben esas personas en específico, sino que lo reciben todos los que la necesitan.
En realidad, si pedimos como Jesús Nos instruye, estamos acostumbrándonos a dejar de preocuparnos limitadamente por las personas que nos interesan personalmente, y no por los intereses de Él que siempre son universales. Así era como Él oraba a Su Padre cuando estaba entre nosotros.
(2) En el orden de la gracia sucede como en el orden natural: El sol da luz a todos, sin embargo no todos gozan los mismos efectos, pero esto no es por parte del sol, sino por parte de las criaturas; - La Divina Voluntad es como el sol, que cubre a todos universalmente, nadie queda excluido. Lo que hace posible que se reciban estos Beneficios por todos aquellos a quienes llegan, es la disposición que cada uno tenga para recibirlos y acogerlos; por eso, algunos que están atentos, o sea, en comunicación con Dios, reciben, y otros que están distraídos, o sea, que no están en comunicación con Dios, no reciben. El grado de atención que la criatura tenga respecto de Dios, es la medida en la que recibe los Beneficios que se están esparciendo.
Dicho de otra manera. En la medida que la criatura Le preste atención, así en esa misma medida recibirá esos Benefi- cios universales, esas Gracias, que Él esparce continuamente. La ley de la compensación, funciona a todos los niveles.
Un ejemplo quizás ayude. Un gran rico se asoma al balcón de su casa, y comienza a esparcir monedas de oro a los que estén en la calle. Es lógico concluir que los que están más cerca del balcón, reciben más monedas que los que están lejos, y por ende, distraídos. Los que están cerca de la casa del rico, porque les gusta estar cerca y admiran la casa del rico, tienen más derecho a recibir que los que están alejados del balcón porque no aprecian al rico.
(3) una persona se sirve de la luz del sol para trabajar, para ingeniarse, para aprender, para apreciar las cosas, ésta se hace rica, se constituye y no va mendigando el pan a los demás; otra persona se está ociosa, no quiere ocuparse en nada, la luz del sol la inunda por todos lados, pero para ella es inútil, no quiere hacer nada, ésta es pobre, enfermiza, porque el ocio produce muchos males, físicos y morales, y si siente hambre tiene necesidad de mendigar el pan a los demás. – Una persona trata de buscar a Dios, de seguir Sus Mandamientos, se esfuerza, día a día, por cumplir con sus deberes; esa persona recibe Gracias, día a día, constantemente, porque está atenta y es fiel a lo que Dios quiere de ella, y reconoce y agradece lo que recibe.
La otra persona hace todo lo contrario; no se esfuerza, no va en busca de trabajo o de Dios, no hace las diligencias para trabajar, en fin, como dice Jesús “se está ociosa”. Esto trae como consecuencia un deterioro constante de su salud física y espiritual. Día a día se siente más débil y enfermiza, y acaba por tener que “mendigar el pan a los de- más”; es decir, depender de la ayuda de los demás para poder subsistir.
(4) Ahora, de éstas dos, y la causa de su diferente estado, ¿será tal vez el sol? O bien ¿qué a una da más luz y a la otra menos? Ciertamente que no, la única diferencia está en que una se aprovecha en modo especial de la luz y la otra no. – Ahora aquí, Jesús declara inequívocamente, quien es el culpable de esta situación que puede observarse día a día. ¿Es el sol que es injusto, que alumbra a unas y a otras no? No, no es injusto. El sol da luz a todos por igual, da la misma oportunidad, la única diferencia, es que algunas aprovechan al máximo la luz del sol, y las otras no.
(5) Ahora, así en el orden de la gracia, la cual más que luz inunda las almas, y ahora se hace toda voz para llamarlas, voz para instruirlas, para corregirlas, ahora se hace fuego y les quema las cosas de acá abajo, y con sus llamas les pone en fuga a las criaturas los placeres; con sus quemaduras forma los dolo- res, las cruces para dar al alma la forma de la santidad que quiere de ella; y ahora se hace agua y la pu- rifica, la embellece y la llena toda de gracia; - Lo que sucede en el orden natural, así también sucede en el or- den de la Gracia. No es el primer capítulo en que Nos habla sobre Su Gracia, y como esto que ha creado y con la que Nos manifiesta y transmite Su Infinito Amor, Nos rodea a todos, sin excepción, como lo hace la luz del sol. Multiforme como lo es Su Amor, Su Gracia toma todas las “figuras” y “funciones” posibles, para que la acojamos en nuestras per- sonas, y nos beneficiemos de los Beneficios que porta. Así dice que, a través de esta Gracia, Nos inunda, Nos llama, Nos instruye, Nos corrige, quema nuestras pasiones y deseos terrenos, y ahuyenta nuestros placeres incorrectos, for- ma dolores, y se hace cruz para santificarnos, y agua para purificarnos y embellecernos.
Todo esto que dice ocurre al influjo de Su Gracia, ocurre para todos, pero los que viven en Su Voluntad reciben Su Gracia para embellecer aun más la vida de Su Voluntad que han encerrado en sí mismos.
(6) ¿pero quiénes son los que están atentos para recibir todos estos flujos de gracias, quiénes son los que aceptan? ¡Ah, demasiado pocos! - Una vez que hemos comprendido que Su Gracia, Nos Capacita para vivir ambas vidas, la natural y la sobrenatural en Su Voluntad, también comprendemos que no porque vivimos en Su Volun- tad, vivimos con la plenitud por Él deseada. El Señor dedica capítulos a los varios niveles de santidad que existen en la vida en Su Voluntad, como hay niveles de santidad en la vida natural virtuosa cristiana. Lo que sí es igual para ambas vidas, es que la mayor o menor santidad viene por nuestra apertura a lo que hace posible esta santificación.
En la vida natural virtuosa cristiana Su Gracia se concentra en proveernos los elementos básicos para nuestra salva- ción, en función de Su Palabra Evangélica, los Sacramentos, y la custodia de Nuestra Santa Madre Iglesia con la que Nos incorporamos a Su Redención. De todo esto podemos aprovecharnos al máximo o podemos desperdiciarlo.
En la vida en Su Voluntad, Su Gracia se concentra en proveernos los elementos básicos para que desarrollemos este Cuerpo de Luz que Nos ha entregado, en función de estos Escritos, y la práctica de aquello que hemos aprendido y
con lo que colaboramos a la venida del Reino del Fiat Supremo en la tierra como en el Cielo. De todo esto, también podemos aprovecharlo al máximo, o desperdiciar las oportunidades que Su Gracia Nos brinda.
Dicho todo esto, debemos dejar consignado, muy brevemente, que no porque no aprovechemos todas las oportunida- des de ser mas santos en la vida natural virtuosa cristiana, o en la vida sobrenatural de Su Voluntad, dejamos de ser cristianos, o dejamos de vivir en Su Voluntad.
(7) Y luego se atreven a decir que a unos doy la gracia para hacerse santos y a otros no, casi como que- riendo echarme la culpa, y se contentan con llevar una vida ociosa, como si la luz de la gracia no estu- viera para ellos. – Vuelve a lamentarse Jesús de lo que sucede cuando desaprovechamos la Gracia que Nos rodea, pero esta vez Su Disgusto se concentra en las acusaciones que hacemos, sea consciente o inconscientemente, de que El tiene la culpa de que no seamos más santos, Le acusan de ser parcial a algunos, pero no miran a su interior para descubrir en donde radica la culpa de lo que nos sucede.
El Señor atribuye todo esto a que vivimos ociosamente, o por lo menos, tendemos a la vagancia. Comoquiera que Su Benevolencia Nos da gratuitamente, sin que tengamos que esforzarnos, un porcentaje grandísimo de nuestras necesi- dades, pensamos incorrectamente, que debiéramos recibir más, debiéramos recibir todo lo que necesitamos sin hacer nada, o mejor dicho, con solo pedirlo. Esto no es posible, ni sucederá. Dios no discrimina, pero los Premios y Recom- pensas grandes, tienen que estar reservados para aquellos que quieren trabajar y trabajan para recibirlas. No existe fatalismo; Dios no determina de antemano lo que cada uno va a recibir, sino que todos reciben según trabajan y se esfuerzan por aprovechar lo que a Manos Llenas Nos da diariamente.
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Y analicemos el Bloque (B).
(1) Hija mía, Yo amo tanto a la criatura, que Yo mismo me pongo como centinela de cada corazón para vigilarlo, para defenderlo y trabajar con mis mismas manos su propia santificación. ¿Pero a cuántas amarguras no me sujeto? – Una vez que ha hablado sobre cómo Su Gracia Nos rodea, dice ahora, que también Él está atento a cada uno de nosotros, y, “Nos rodea” de manera tal, que se “pone como centinela de cada corazón”, y Nos vigila, Nos defiende, y trabaja para santificarnos. Dice además, que a cuantas amarguras no está sujeto en esta labor que, por supuesto, hasta ahora todos desconocíamos, y que seguirá siendo desconocida por la mayoría de los cristianos.
(2) Unos me rechazan, otros no me atienden y me desprecian, otros se lamentan de mi vigilancia, otros me cierran las puertas en la cara haciendo inútil mi trabajo, - este párrafo requiere que nos preguntemos: ¿Es necesario que Nuestro Señor realice este trabajo que se ha auto-impuesto de ser centinela de cada alma? Para res- ponder, debemos hablar sobre lo que significa ser centinela. El centinela es necesario cuando existe un enemigo que puede atacar una ciudad, una fortaleza, un reino, y los habitantes no quieren que se les agarre desprevenidos. Así pues, la labor principal de Él como centinela, es la de vigilar y defendernos contra posibles ataques exteriores al hom- bre, fundamentalmente de parte del diablo y sus secuaces, particularmente lo que denominamos el “mundo” exterior con sus tentaciones.
Sabemos que nuestra conciencia moral nos previene cuando nos enfrentamos a una tentación fuerte, para que la re- conozcamos y la rechacemos, pero, ¿será que esta conciencia moral no existe como tal, sino que es un “disfraz” de Nuestro Señor, que es el que Nos está ayudando y realizando esta Labor preventiva? Por lo que parece, Él es en efec- to el que Nos protege, defiende y advierte de posibles ofensas, y que eso de la conciencia era una manera de hablar, porque no sabíamos la verdad.
Pero, no termina ahí Su “Oficio” de centinela, porque dice que Nos ayuda también a santificarnos con “Sus Propias Manos”. La creciente santificación que las almas experimentan en la vida virtuosa cristina, viene a estar ayudada directamente por Él que asume este trabajo personalmente. Ahora entendemos pues, que la santificación, ya sea en la vida virtuosa cristiana o ahora en la vida en Su Voluntad, no es un proceso impersonal, misterioso, sino que como todo lo demás que sucede en nuestras vidas, es un proceso que Él inicia, promueve y en el que participa activamente, paso a paso.
(3) y no sólo me pongo Yo a hacerla de centinela, sino que también para esto elijo a las almas que viven en mi Querer, porque encontrándose en todo Yo, las pongo junto Conmigo como segundo centinela en cada corazón, - Las implicaciones de este párrafo son grandes y extraordinarias, pero perfectamente compatibles con todo lo que Nos ha manifestado en este Volumen 11, sobre el papel que juegan las almas que viven en Su Volun- tad en todo el quehacer humano.
En este párrafo habla de que “Nos elige como segundos centinelas de cada corazón”. Entendamos bien esto. No es ya opcional para nosotros, los que vivimos en Su Voluntad, el abogar, el pedir, el reparar, por nuestros hermanos, sino que debemos visualizarnos ahora como centinelas de todos y cada uno de ellos; debemos estar más atentos que nun- ca a defenderlos y vigilarlos de esos enemigos que constantemente les están alrededor para destruir lo que Dios tra- baja a través de Él Mismo, Sus Ministros y Su Iglesia.
Así pues, nuestra labor es la instruir, ayudar, prever, y santificar a cada uno de nuestros hermanos, en la medida que esto nos es posible.
(4) Y estas segundas centinelas me consuelan, me corresponden por cada uno y me hacen compañía en la soledad a la que me obligan muchos corazones, y me obligan a no dejarlos. – Si alguna vez hemos obser- vado en películas o sido nosotros centinelas, sabemos que rara vez, por no decir nunca, a un centinela se le deja solo en su puesto avanzado, por muchas razones, pero en particular para que pueda dormir mientras el otro monta guar- dia. En esa labor solitaria en la que por lo menos dos centinelas comparten sus labores, surge una camaradería y una unión solida, una amistad profunda, porque ambos centinelas no solo cuidan a otros, sino que se cuidan a sí mismos, y se cuentan historias, se hacen bromas, y se ayudan en toda esta labor bastante difícil e ingrata.
Ese “papel” que el Señor Nos dice tenemos los que vivimos en Su Voluntad, es de extrema importancia para todos nosotros, porque es un trabajo de confianza, es un timbre de honor para nosotros, y regalo especial para los que cui- damos, como leeremos en el próximo párrafo. Observemos que dice, que aunque a veces Él quisiera abandonar el puesto de centinela por los muchos agravios que recibe, los que viven en Su Voluntad y son centinelas como Él, Le hacen cambiar de opinión, y por nosotros, continua la labor ingrata de ser Centinela de cada criatura.
(5) ¡Gracia más grande no podría dar a las criaturas, que darles a estas almas que viven de mí Querer, que son el portento de los portentos! – Dice que Gracia más grande no podría darle a las criaturas, que darnos a nosotros, los que vivimos en Su Voluntad, como centinelas de todos ellos, porque “somos el portento de los porten- tos”. De esta frase inconcebible hablaremos un poco al final del análisis de este Bloque.
Ahora que hemos terminado con el análisis del Bloque (B), debemos detenernos unos momentos adicionales para reflexionar sobre todo esto, y tratar de comprender mejor lo que anuncia.
Si partimos de la premisa de que nada de lo que el Señor dice en estos Escritos lo dice por decir cosas bonitas, o para hacernos sentir bien, entonces, tenemos que concluir que esto que dice sobre el ser centinela de las otras almas que no viven en Su Voluntad, es algo bien serio e importante. Como siempre hace, parece decir que ya sabíamos que es- tábamos haciendo de centinelas, y que Él simplemente está comentando sobre algo conocido; pero la realidad es que no lo sabíamos, y más aun, ni siquiera hubiéramos podido imaginar que Nos había hecho centinelas de los demás.
Pero la pregunta sigue en los labios de cada uno de los lectores, ¿Cómo puedo yo ser centinela? ¿En qué consiste este trabajo? Pensamos, y ofrecemos esto como una interpretación de Sus Palabras.
Cuando comienzo a vivir en Su Voluntad, soy, y tengo entre otras labores, la de ser el “guardián” de mi hermano en la Fe, puesto que tengo que defenderlo, protegerlo, y ayudarlo a su santificación. No es un título honorario, como lo es el de esos Caballeros Católicos que se visten a la antigua y desfilan y cuidan en las Procesiones de las estatuas de Nuestra Señora o de Jesús, sino un titulo que conlleva verdaderas responsabilidades y trabajos. Somos centinelas, porque ahora estamos conscientes de que lo somos, y por tanto, con nuestra intención, y a veces con nuestras accio- nes, debemos realizar la labor que Él hace con nuestros hermanos, según se nos presente la ocasión, o según Nos llegue Su Sugerencia de que lo seamos. Aunque Él es centinela, también Él es, el único que puede proteger realmen- te, al hermano que estamos custodiando, y cuando nosotros damos la “voz de alarma”, Él se responsabiliza más que nunca para cuidar, defender y proteger a ese hermano o hermana en peligro de ser avasallada por el enemigo. Dicho esto entendamos, que Él espera que nosotros seamos también “voz de alarma”. Cierto que esto suena como una in- tercesión mas, pero no lo es. Antes yo podía interceder, y quizás el Señor Me oyera, y quizás no, pero ahora que sé
que soy Centinela de mi hermano o hermana, la situación cambia drásticamente. Ahora dice, que cuando yo intercedo como centinela, Él siempre Me oye, porque al oírnos a nosotros pedir por ese hermano o hermana, Él se oye a Si Mis- mo, y Él siempre se oye a Si Mismo.
Debemos creer con firmeza que esta intercesión nuestra, intercesión de centinela en la Divina Voluntad, siempre va a ser atendida por Él, porque ¿para qué hacernos centinelas, si después va a ignorar nuestras voces de peligro relativos a un hermano o hermana nuestra en peligro?
Dijimos que comentaríamos al final un poco más sobre esto de ser “portento de los portentos”. Un portento es algo que ocurre y que es fuera de lo ordinario, y provoca admiración en los que lo contemplan. Para todas las criaturas angélicas y bienaventuradas, que son las que pueden vernos, revestidos de Luz, con este Cuerpo de Luz que Nos ha sobre-impuesto, somos una ocurrencia portentosa, algo que por mucho que ya han visto en estos años desde la muer- te de Luisa, sigue resultándoles portentoso. Ahora bien, al portento original que constituye el concedernos el Don en préstamo en los primeros momentos de nuestra incorporación a Su Voluntad, suceden portentos adicionales, y esto de ser Centinela de los demás seres humanos, es un portento dentro del portento original.
Resumen del capítulo del 30 de Octubre de 1916: (De diario) – Página 220 -
Estaba lamentándome con mí siempre amable Jesús, que en estos días pasados apenas por unos instantes venía, es más, en cuanto yo advertía su sombra, Él huía. Y el bendito Jesús me ha dicho:
“Hija mía, qué pronto olvidas la causa por la que en estos días no vengo tanto y huyo de ti, no es más que para que los castigos aprieten. Las cosas empeorarán siempre más, ¡ah, el hombre ha llegado a tal perversidad que para rendir- lo no basta con tocarle la piel, sino que parece que me quiere hacer llegar a pulverizarlo! Por eso una nación invadirá a la otra y se herirán, la sangre correrá en los países como agua, es más, en ciertas naciones se harán enemigos de ellos mismos y se destruirán, se matarán, harán cosas de locos. ¡Ah, cuánto me duele el hombre! Yo lo lloro”.
Ante el decir de Jesús he roto en llanto y le rogaba para que perdonara a la pobre Italia, pero Jesús me respondió:
“Italia, Italia, ¡ah, si tú supieras cuánto de mal está preparando! ¡Cuántas conjuras contra mi Iglesia! No le basta con la sangre que está derramando en batalla, sino que está sedienta de más sangre, y quiere la sangre de mis hijos, la sangre de los sacerdotes, se quiere manchar de tales delitos en tal forma que se atraerá la venganza del Cielo y de las demás naciones”.
Yo quedé aterrorizada y temiendo mucho, pero espero que el Señor se aplaque.
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Como de costumbre no hacemos comentarios sobre estos capítulos relacionados con los castigos que sobrevienen a Italia por sus pecados, en virtud de la primera guerra mundial.
Resumen del capítulo del 16 de Noviembre de 1916: (Doctrinal) – Página 221 -
Me estaba lamentando con mi dulce Jesús porque no me amaba como antes, y Él, todo bondad, me ha dicho:
(A) “Hija mía, no amar a quien me ama me es imposible, es más, me siento tan atraído hacia ella, que al más peque- ño acto de amor que me hace, Yo le respondo con amor triplicado y pongo en su corazón una vena divina que le su- ministra ciencia divina, santidad y virtud divina, y por cuanto más el alma me ama, tanto más esta vena divina surge, e irrigando todas las potencias del alma se difunde para bien de las demás criaturas. Esta vena la he puesto en ti, y cuando te falte mi presencia y no oigas mi voz, esta vena suplirá a todo y te será voz para ti y para las demás criatu- ras”.
Otro día estaba, según mi costumbre, fundiéndome toda en la Voluntad del bendito Jesús, y Él me ha dicho:
(B) “Hija mía, por cuanto más te fundes en Mí, tanto más Yo me fundo en ti, así que el alma su paraíso se lo forma en la tierra según se ha llenado de pensamientos santos, de afectos, de deseos, de palabras, de obras, de pasos santos, así va formando su paraíso. A un pensamiento santo de más, a una palabra, corresponderá un contento de más y
tantas variedades de belleza, de contentos y de gloria por cuanto bien de más habrá hecho. ¿Y cuál no será la sorpre- sa del alma cuando rota la cárcel del cuerpo se encuentre en el océano de tantos placeres, felicidad, luz, belleza, por cuanto de bien hizo, aunque haya sido un solo pensamiento?”
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Aunque escrito en el mismo día, por lo que dice Luisa, las Enseñanzas del Señor narradas aquí, ocurrieron en dos oportunidades distintas, y Luisa las separa en dos Bloques.
Comencemos con el análisis del Bloque (A).
(1) Hija mía, no amar a quien me ama me es imposible, es más, me siento tan atraído hacia ella, que al más pequeño acto de amor que me hace, Yo le respondo con amor triplicado y pongo en su corazón una vena divina que le suministra ciencia divina, santidad y virtud divina, - Como de costumbre el Señor define en el medio del párrafo, que cosa es esta de amarle; Sus Palabras nos llevan a concluir que necesitamos expresarle nuestro Amor en una forma física, con besos y caricias, con halagos y actos virtuosos, y todo esto en efecto Le expre- sa nuestro amor, pero no por lo que hacemos en particular, sino porque cada una de esas expresiones de amor, es la respuesta correcta a Su Sugerencia Amorosa de ese instante. Si lo decimos de otra manera quizás se entienda mejor. El que no conoce de estas Verdades Divinas sobre lo que es el Amor, puede pensar que solo Le amamos cuando ha- cemos un acto amoroso, tal como bendecirlo, besarle, abrazarle, etc., pero no lo hacemos cuando, por ejemplo, nos alimentamos, o respiramos, o trabajamos, etc. Como la naturaleza de estos actos mencionados, no es amorosa en sí misma, concluimos que no estamos “amándole”.
Pero, los que estudian activamente estos Escritos saben, que expresamos Amor, Le damos Amor, y nuestros actos son considerados como actos amorosos, siempre y cuando lo que hagamos responda a una Sugerencia Amorosa Suya, porque toda Sugerencia Amorosa Suya es un Acto de Amor Suyo, un Acto de Dios, un Fiat que debe pronunciar para darnos la oportunidad de que Le obedezcamos, y de esa manera podamos completar ese Acto de Amor que Él ha iniciado.
Todo acto Suyo es un Acto de Amor, porque es a través del Amor Divino, que ese Acto formado en la Mente Divina, y hecho realidad por el Amor Divino, llega a nosotros, y podemos acogerlo y realizarlo.
El Amor Divino es el Actor principal del Fiat expresado, y que va a ser comunicado a nosotros. La incomprensible grandeza de una Sugerencia Amorosa, se nos escapa, pero no puede escapársenos, por incomprensión, lo que Dios quiera realizar con nosotros. Dios se comunica con nosotros a través de estas Sugerencias, se digna hablar con noso- tros de lo que Él quiera hablarnos, y es nuestra obligación, escuchar lo que dice y completar Sus Deseos. Entonces, y solo entonces, Le amamos, porque hemos entrado a participar con, y a completar este Fiat Omnipotente que el Amor Divino está ejecutando.
Siempre es importante que Nos diga, cual es nuestra recompensa por haberle obedecido y acogido Su Sugerencia Amorosa. Dice que “pongo en su corazón una vena divina que le suministra ciencia divina, santidad y virtud divi- na”. ¿Habla el Señor alegóricamente? Nunca pensamos que lo hace en estos Escritos, a menos que específicamente Él diga que lo que Nos va a decir ahora es un ejemplo. Así pues, cuando dice que “pone una vena divina en nuestro corazón”, podemos estar seguros de que eso es lo que hace. Pero, seguimos preguntando: ¿hace esto con todas Sus criaturas? No, pensamos que estas Palabras solo aplican a los que viven en Su Voluntad. Diferimos toda explicación adicional al párrafo 2.
(2) Y por cuanto más el alma me ama, tanto más esta vena divina surge, e irrigando todas las potencias del alma se difunde para bien de las demás criaturas. Esta vena la he puesto en ti, y cuando te falte mi presencia y no oigas mi voz, esta vena suplirá a todo y te será voz para ti y para las demás criaturas - Las venas permiten la circulación de la sangre en nuestro cuerpo, y el propósito de esta circulación es llevar a cada célula del cuerpo los nutrientes que necesita para reparar algún daño, o para que esa célula pueda reproducirse, en este proceso de “muerte celular y renovación celular” que el Señor llama “resurgimiento”. Cuando el área a ser irriga- da y alimentada por la sangre, es muy pequeña, las venas se vuelven “capilares”, que son venas diminutas. Si alguna área del cuerpo no recibiera esta sangre, esa sección se “gangrenaría”, o se pondría “necrosa”, y dependiendo del área en sí, la cuestión sería más o menos grave.
Apartándonos de esta lección de medicina, para ver como lo que Nos dice el Señor aplica, ya hemos hablado de que en nuestro Cuerpo de Luz, la sangre que circula es Luz, y esa Sangre de Luz viene formada por los Conocimientos que aprendemos, y los actos que realizamos con esos Conocimientos. Dice ahora Nuestro Señor, que esta sangre puede circular, porque Él crea la red venosa y arterial que es necesaria en el Cuerpo de Luz, y así, utilizando este sistema venoso y arterial, esa Sangre de Luz pueda circular y llevar a todo el Cuerpo de Luz, los nutrientes necesarios para que pueda irse desarrollando.
Claramente, la sangre necesita ser generada de continuo, y el sistema circulatorio necesario para acarrear esa sangre también tiene que ser generado de continuo. Al principio de nuestra Vida en Su Voluntad, somos recién nacidos, y nuestros Cuerpos de Luz son pequeños como los de un bebé, y ciertamente a un bebé no se le puede dar más alimen- to que el que puede tolerar, y por tanto la cantidad de sangre que se necesita y el correspondiente sistema circulato- rio es también “pequeño” relativo al de un adulto. Pero, el bebe, como el infante, como el adolescente, como al adulto y como al viejo, si no se le alimenta apropiadamente, la sangre es insuficiente, y las venas defectuosas, y ese cuerpo se gangrena.
Por último, a diferencia de nuestro cuerpo que no puede resistir una generación de sangre excesiva, nuestro Cuerpo de Luz, no solamente resiste sino que le da la bienvenida a todo exceso de sangre divina, porque ese sistema circula- torio nuestro acoge ese exceso de sangre y lo “difunde para bien de las demás criaturas”.
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Y analicemos ahora el Bloque (B).
(1) Hija mía, por cuanto más te fundes en Mí, tanto más Yo me fundo en ti, así que el alma su paraíso se lo forma en la tierra según se ha llenado de pensamientos santos, de afectos, de deseos, de palabras, de obras, de pasos santos, así va formando su paraíso. – Una vez más, atendamos a lo que dice el Señor, y como lo que dice aplica a los que viven en Su Voluntad, porque comienza diciendo que “por cuanto mas te fundes en Mí, tanto más Yo me fundo en ti”.
Tenemos que recordar una vez más lo dicho en las clases, a saber, que el hecho de que comencemos a vivir en Su Voluntad, no implica que deje de darnos las Sugerencias Amorosas de Acción con las que guía nuestra otra vida, la corporal/espiritual. Nada ha cambiado en ese respecto; lo que cambia es lo que sucede ahora que hemos aceptado vivir en Su Voluntad con nuestra aceptación de Sus continuas Sugerencias Amorosas de Acción.
Dicho de otra manera, y lo pongo en primera persona para que se entienda mejor.
Un instante antes de comenzar a vivir en Su Voluntad, mí acogida a Sus Sugerencias Amorosas, me ayudaban para que Él realizara el Plan que tenía para mí, para que satisficiera mis necesidades corporales y espirituales, mis obliga- ciones para con Él, y para que eventualmente me salvara y fuera al Cielo.
Un instante después de comenzar a vivir en Su Voluntad, todo eso que sucedía antes continúa sucediendo, pero ahora mi acogida a Sus Sugerencias Amorosas, sirven además, para que Él pueda desarrollar otros Planes que siempre ha tenido, y que ahora puede llevar a cabo, con los que viven en Su Voluntad, particularmente, la Venida del Reino del Fiat Supremo a la tierra como ya está en el Cielo. Así pues, en adición a las Sugerencias Amorosas de siempre, ahora Me da nuevas Sugerencias Amorosas para que haga cosas que antes no me había pedido hacer, porque solo las pide a los que viven en Su Voluntad; como por ejemplo, leer diariamente las Horas de la Pasión, las visitas Espirituales al Santísimo Sacramento, los Giros o Paseos en Su Voluntad, etc. Comprendamos: nada de lo que debíamos hacer se ha eliminado, lo que ha sucedido es que se han añadido Nuevas Sugerencias para realizar nuevas labores y tareas.
Ahora que comprendemos lo que quiere de los que viven en Su Voluntad, también comprendemos, que desde el pri- mer instante en que vivimos en Su Voluntad, comenzamos a formar un paraíso en la tierra, porque dice que “el alma, su paraíso se lo forma en la tierra”. El desarrollo de este Cuerpo de Luz que comienza en ese instante, y que even- tualmente, si persevero, también me lo llevo al Cielo, es un desarrollo que yo he conseguido con mi fidelidad, es un desarrollo de “pensamientos santos, de afectos, de deseos, de palabras de obras, de pasos santos”, y este desarrollo dice el Señor hace que Mi Paraíso, Mi Cielo, comience ahora, no cuando muera. Si apartamos la idea de que emocio- nalmente vamos a sentirnos en el Paraíso mientras vivimos, cosa que quizás algunos experimenten, pero la mayoría,
no, ¿puede quedarnos alguna duda de que al preocuparnos por estudiar con asiduidad, con interés, y de practicar con la mejor intención lo que Nos pide hagamos en Su Voluntad, que estamos, de hecho, viviendo ya en el Paraíso?
(2) A un pensamiento santo de más, a una palabra, corresponderá un contento de más y tantas varieda- des de belleza, de contentos y de gloria por cuanto bien de más habrá hecho. – Da un brinco el Señor, y de hablar del presente, salta al futuro, cuando en verdad estemos en el Paraíso prometido, y dice que a cada pensamien- to, cada palabra santa de más, le “corresponderá un contento de mas y tantas variedades de belleza, de contentos y de gloria por cuanto bien de más habrá hecho.”.
Una última observación. Sabiendo lo que ya sabemos sobre la posibilidad de que el Reino del Fiat Supremo tenga Su Sede en el Paraíso Terrenal en el que se encontraba Adán antes del pecado, ¿estará hablando el Señor de que sere- mos más felices, etc., en este Paraíso “intermedio”, o estará hablando del Cielo después de la muerte, con toda su eternidad? Aunque dejamos al lector la interpretación de Sus Palabras, nosotros interpretamos que cuando venga el Reino y se establezca en el Paraíso, Nuestro Señor traerá consigo a todos aquellos que han muerto viviendo en Su Voluntad, y los traerá resucitados para que trabajen y disfruten en este Reino que Le han ayudado a formar. Y, ¿qué sucederá con los que estén vivos, viviendo en Su Voluntad, en estos momentos? Pues pensamos que se unirán a Je- sús y a todos los que vienen del Cielo, pero en esos instantes sufrirán una transformación, quedaran dormidos, para despertarse en esta nueva condición gloriosa con la que morarán en el Reino; para todos los efectos como si hubieran muerto y resucitado encerrados todos dentro de sus cuerpos de luz, que será el “cuerpo” visible.
¿Y cuál no será la sorpresa del alma cuando rota la cárcel del cuerpo se encuentre en el océano de tan- tos placeres, felicidad, luz, belleza, por cuanto de bien hizo, aunque haya sido un solo pensamiento? – Esta última observación del Señor parece invalidar nuestra especulación anterior, por lo que dice “rota la cárcel del cuerpo”. Por otro lado, quizás estemos en lo cierto, porque sabemos que no seremos nosotros mismos, o sea, con estos mismos cuerpos que tenemos, los que estaremos en el Reino del Fiat Supremo, sino que para vivir en este Reino, nuestro Cuerpo de Luz saldrá fuera, y nosotros viviremos subsumidos dentro de ese Cuerpo, y dentro de Nues- tro Jesús Bilocado que saldrá fuera para ser el actor principal del Reino.
Resumen del capítulo del 30 de Noviembre de 1916: (Doctrinal) – Página 223 -
Estaba muy afligida por la privación de mi adorable Jesús y lloraba amargamente, y como estaba haciendo las horas de la Pasión, un pensamiento me atormentaba diciéndome:
“Ve para qué te han servido las reparaciones por los demás, para hacer huir a Jesús”.
Y pensaba otros desatinos, y el bendito Jesús movido a compasión de mis lágrimas me estrechó a su corazón y me dijo:
“Hija mía, tú eres mi aguijón, mi Amor se encuentra en aprietos con tus violencias. Si supieras cuánto sufro al verte sufrir por causa mía, pero la Justicia que se quiere desahogar y tus violencias mismas me obligan a esconderme, y como las cosas empeorarán, por eso se necesita paciencia, y además has de saber que las reparaciones hechas por los demás te han servido muchísimo, porque reparando por los demás tú querías hacer lo que hice Yo, y Yo reparaba por todos y también por ti, pedía perdón por todos, me dolía por las ofensas de todos, como también pedía perdón por ti, y por ti también me dolía. Entonces, al hacer tú lo que hice Yo, vienes a tomar juntas las reparaciones, el per- dón y el dolor que tuve por ti. ¿Y qué te podría servir más, mis reparaciones, mi perdón, mi dolor, o los tuyos? Ade- más, Yo no me dejo vencer nunca en amor, y cuando veo que el alma por amor mío está toda atenta a repararme, a amarme, a pedir perdón por los pecadores, Yo, para ponerme a la par, en modo especial pido perdón por ella, reparo y amo por parte suya, y voy embelleciendo su alma con mi Amor, con mis reparaciones y perdón, por eso continúa reparando y no suscites contrastes entre tú y Yo”.
* * * * * * *
Y comencemos con el análisis de este capítulo.
(1) Hija mía, tú eres mi aguijón, mi Amor se encuentra en aprietos con tus violencias. – Como ya hemos leído, Luisa se lamenta por la ausencia de Jesús y de que al hacer reparaciones por los demás, a través de las Horas de la Pasión, lo que ha conseguido es ahuyentar a Jesús. Y Jesús consolándola Le dice que, al contrario, Él se recuer-
da de ella constantemente, como uno recuerda el aguijón de una abeja cuando nos pica; y pudiera haber dicho, como la espina de la Corona de Espinas que Le atormenta.
El párrafo que sigue es particularmente interesante. Dice que “mi Amor se encuentra en aprietos con tus violencias”.
¿Qué quiere decir el Señor con estas Palabras? Es obvio que el amor, como sentimiento que llegan a tenerse dos per- sonas, en este caso un Matrimonio, se ve afectado por las quejas de uno de los esposos, particularmente cuando, como en este caso, uno de los esposos no puede resolver el motivo de las quejas, y al no poder resolver la queja, el esposo se siente muy disgustado. Aunque ya explicado, Jesús vuelve a explicarle todo esto a Luisa en el párrafo 2. Su explicación “si supieras cuanto sufro al verte sufrir por causa Mía”, es la explicación más perfecta de lo que sucede, porque uno de los Esposos es Dios Mismo, y ambos esposos viven en la Divina Voluntad. Así pues, Nuestro Señor no solo no puede resolver la queja de Luisa de que esté con ella más frecuentemente, sino que tampoco puede escon- derse de ella con efectividad, porque ambos viven en la Divina Voluntad, y están vinculados por el Amor Divino. En realidad, más que a Jesús, a quien Luisa Le hace violencia, es al Amor Divino que se ve forzado por la Justicia Divina, a “desvincularse” de Luisa en apariencia, y por ende, a “desvincularla” de Jesús, también aparentemente, y al que ahora se Le ordena que “revincule” a ambos Esposos, para que Luisa quede complacida, aunque solo sea por unos minutos u horas. Decimos aparentemente, porque esta “desvinculación” es solo sensorial, ya que es imposible desunir realmente a dos seres que viven en la Divina Voluntad, a menos que uno de los dos lo quiera. Más aun, en el caso de Luisa, una vinculación permanente y estable, es esencial para todos los Planes Divinos con todos nosotros.
Reforcemos estos conceptos desde otro Angulo. Cuando en el plano humano, uno de los esposos molesta a otro, casi continuamente, las consecuencias aunque importantes, no pasan del plano humano, ni afectan a otros grandemente. Cuando el esposo afectado es Dios Mismo, las consecuencias son de gran importancia, y Nos afecta a todos. Sabemos que el Señor no escucha las Peticiones que no son para nuestro bien, o sea, cuando “pedimos mal”; pero, ¿es esto siempre cierto? El Señor ya ha hablado de esto, cuando pone el ejemplo de la viuda que molestaba continuamente al juez para que le hiciera justicia, y el juez al fin lo hace, porque teme que la viuda pueda agredirlo. Por este ejemplo, parece ser que el Señor a veces accede a peticiones, que “Le hacen violencia”, sencillamente para quitarse de arriba al peticionario.
¿Es esta, una estratagema amorosa más, de las muchas en el “arsenal” del Señor? Nos parece que esto también es cierto. Y si no, observemos como el Señor, que no se suponía viniera a ver a Luisa en este día, para evitar precisa- mente, que ella Le impidiera a la Justicia Divina castigar, se ve forzado a hacerlo, pero no para quitarse de arriba a Luisa, sino para impedir que las cosas empeoren más de lo que ya están. Y, preguntaran muchos, ¿cómo es posible que empeoren? El Señor mide a la perfección, el grado de frustración de Luisa, y sabe cuando esa frustración puede llevarla a decir palabras de las que Luisa tendrá que arrepentirse, y que pueden llegar a afectarle al Señor en forma inconcebible para nosotros. Así, para evitar males mayores, diría yo, catastróficos, el Señor a veces accede a males menores.
(2) Si supieras cuánto sufro al verte sufrir por causa mía, pero la Justicia que se quiere desahogar y tus violencias mismas me obligan a esconderme, y como las cosas empeorarán, por eso se necesita pacien- cia, - Además de explicarle una vez más, las razones por las que esta situación se hace necesaria, y de esto hablare- mos de inmediato, Jesús Le hace saber cuánto Él sufre, viéndola sufrir a ella por “causa mía”, porque aunque ella no Le vea, Él siempre, siempre, la ve y “sufre porque ella sufre”.
Ahora bien, ya lo ha explicado en otras ocasiones, que el Ser Divino no puede quedar desequilibrado o “descompensa- do” por las acciones humanas, y que llegado a cierto nivel de ofensas, Su Justicia necesita intervenir para restablecer el equilibrio de Honor y Dignidad Divinas que estaban perdiéndose, porque la tolerancia y el disimulo que Dios tiene de nuestras ofensas, no puede llegar nunca a que Le percibamos como indolente, flojo, despreocupado por nuestra suerte, en una palabra: sin control. El Antiguo Testamento tiene frecuentes alusiones a que nuestras ofensas, nuestras injusticias llegan a Sus Oídos, y Le fuerzan a actuar para restablecer en nosotros este “santo temor de Dios” que no puede nunca abandonarnos. Le pide paciencia, porque la situación en estos años es particularmente grave y se ha necesitado de una guerra mundial para resolver esta descompensación, guerra que puede empeorar porque no está haciendo el efecto correctivo que busca.
Como ya lo ha explicado, si Luisa estuviera a Su Lado permanentemente, Le sería muy difícil castigar, porque ella que- rría impedírselo, y en efecto lo lograría. Luisa no está como lo está Su Madre Santísima, en perfecta armonía con Su Hijo, ni lo podrá estar nunca mientras viva, “porque la Obediencia al Confesor y la caridad con tus hermanos te lo impiden”, y podríamos añadir nosotros a este párrafo sin equivocarnos: porque la Obediencia a Mi Madre te lo impi-
de. En las clases, se nos ha preguntado por qué Nuestra Madre Santísima Le dice a Luisa que se ponga siempre del lado nuestro, y que importune a Jesús a este respecto. La respuesta, nos parece ser, que Nuestra Madre quisiera estar siempre del lado nuestro, pero no puede hacerlo, porque Ella juró nunca hacer su voluntad humana, “la ató a los Pies de la Trinidad”, pero también Nuestra Madre Santísima sabe usar de estratagemas amorosas, y lo que Ella ha jurado no hacer nunca, puede sugerírselo a otra criatura para que lo haga. Además, al hacerla Madre de todos nosotros, se Le ha dado permiso para que sea Madre, y esta es una de las Prerrogativas Maternas, la de interceder por Sus Hijos, disminuir nuestras faltas, cuando Él se ve impedido de hacerlo, y esto hasta el punto de aceptar en el Cielo a almas que se condenarían por faltarle el Bautismo, pero a las que Su Madre acoge en Sus Brazos, y los Bautiza con Su San- gre. Leamos la Hora Séptima de la Pasión, para encontrar este texto maravilloso.
(3) y además has de saber que las reparaciones hechas por los demás te han servido muchísimo, porque reparando por los demás tú querías hacer lo que hice Yo, y Yo reparaba por todos y también por ti, pedía perdón por todos, me dolía por las ofensas de todos, como también pedía perdón por ti, y por ti también me dolía. – Jesús Le “hace saber”, el gran valor que tienen estas Reparaciones hechas durante Su Pasión, que Luisa ha documentado tan perfectamente, y que ha estado repitiendo. Así pues, cuando utilizando Sus Reparaciones, Luisa quería reparar por los demás, ella imitaba al Señor, que cuando estuvo en la tierra, reparó por todos, y “pedía perdón por todos”, y en este “todos” estaba incluida Luisa, cuyas ofensas también Le duelen, y cuyas ofensas también nece- sitaban de Su Perdón. Aunque no hemos hablado de todo esto con la debida profundidad cuando explicábamos la “corrida de ensayo”, conviene ahora que entendamos que en la “corrida de ensayo” suceden todas las transgresiones y ofensas humanas, como resultado del ejercicio de cada libertad de voluntad, y que todas estas “desviaciones” de Sus Planes para con cada uno de nosotros, ya fueron contrarrestadas e incorporadas al Diseño Original de Sus Planes, con el propósito de lograr que, en fin de cuentas, Sus Planes prevalecieran, y se instaurara un Reino del Fiat Supremo como en el Cielo en la tierra.
De lo que no habíamos hablado era de la Reparación que todas esas “desviaciones” necesitarían, puesto que cada incumplimiento de Su Voluntad, sea en materia leve o grave, no puede quedar sin la debida reparación. Esta Misión de reparar por aquellas “desviaciones” al Plan que se habían visto ocurriendo en la “corrida de ensayo”, fue una de las muchas Misiones de Jesús, cuando estuvo entre nosotros. Y entendamos esto: como todas las generaciones humanas que Dios había previsto vivirían, hicieron sus respectivas actuaciones en la “corrida de ensayo”, así también Dios sabía lo que habría que reparar, no solo ya contrarrestar.
Es en este sentido de la “corrida de ensayo”, y de la que sabemos por estos Escritos, que podemos llegar a compren- der la Omnividencia Divina en criaturas a las que se les ha dado la capacidad de hacer o no hacer lo que Él sugiere. También podemos comprender mejor esta Revelación del Señor respecto a la Necesidad de que un Hombre/Dios, satisfaga por todos delante de la Divinidad en la figura del Padre, y para que un Hombre/Dios Nos perdone a todos los que han vivido, viven y vivirán, por todas las ofensas que se Les harían, y que ya estaban previstas, en calidad y can- tidad.
Una última observación antes de terminar con este párrafo. Nuestra existencia como “especie de criatura” dependió en que Dios, terminada la “corrida de ensayo”, decidió que nuestra existencia “valía la pena”, a pesar de todos los disgus- tos, desafueros, y ofensas que Le ocasionaríamos. En esta “balanza de justicia”, que eso es lo que en definitiva es la “corrida de ensayo”, entraban en una de las dos balanzas, todas las ofensas, las inconcebibles blasfemias, y profana- ciones de todas clases, pero también en la otra balanza, se encontrarían Jesús, Nuestra Madre Santísima, y tantos y tantos hombres santos y mujeres santas que harían Su Voluntad, viviendo en Su Voluntad, y que Le darían Gloria compensatoria a la falta de Gloria que todas las otras ofensas no Le darían.
(4) Entonces, al hacer tú lo que hice Yo, vienes a tomar juntas las reparaciones, el perdón y el dolor que tuve por ti. ¿Y qué te podría servir más, mis reparaciones, mi perdón, mi dolor, o los tuyos? – Aquí el Se- ñor dirige Su Atención a un aspecto que Luisa no menciona en este capítulo, pero que ha mencionado en capítulos anteriores a este, a saber, que al ella estar ocupándose de otros y doliéndose por otros, no se duele por sí misma, ni se ocupa de sí misma y de su propia salvación. Así pues, claramente Le vuelve a decir que no se preocupe de ella, porque Él ya se ha ocupado de ella, de perdonarle sus ofensas, mucho antes de que las cometiera realmente, porque ya Él sabía que ella las cometería.
(5) Además, Yo no me dejo vencer nunca en amor, y cuando veo que el alma por amor mío está toda atenta a repararme, a amarme, a pedir perdón por los pecadores, Yo, para ponerme a la par, en modo especial pido perdón por ella, reparo y amo por parte suya, y voy embelleciendo su alma con mi Amor,
con mis reparaciones y perdón, por eso continúa reparando y no suscites contrastes entre tú y Yo. – Hay dos noticias o conceptos de gran importancia en este párrafo 5.
La primera noticia viene dada por Su Afirmación de que “Él nunca se deja vencer en Amor”. Entendamos que si Amor recibe Él por nuestro cumplimiento de Sus Sugerencias Amorosas, en este caso la Sugerencia “de que reparemos y pidamos perdón por los pecadores”, entonces Él “responde en especie”, o sea, que Él se siente más motivado a reparar mas por nuestras propias debilidades y transgresiones, a perdonarnos en forma especial, a disimular mas nuestros defectos, y tolerar nuestros propios incumplimientos; y todo esto con un solo fin ahora que hemos renacido a Su Voluntad, la de acelerar el día en que Nos conceda el Don en propiedad. Nada queda sin recompensa, pero la re- compensa es siempre de la misma especie del acto que es recompensado. No esperemos que por reparar y pedir per- dón por nuestros hermanos, eso nos amerite recibir un millón de pesos; esa no es la recompensa que debemos espe- rar de Él, sino la más infinitamente perfecta de hacernos cada vez más santos, y más merecedores de esta Vida en Su Voluntad que poseemos.
La segunda noticia, es de que no luchemos con Él, que no le demos guerra, como se dice vulgarmente, sino que Su Voluntad fluya en nosotros con toda suavidad, “sin contrastes” entre lo que Él quiere de nosotros, y lo que nosotros debemos responder a aquello que quiere; definitivamente debemos querer siempre lo que Él quiere. No le demos, como dice C. S. Lewis, nuestro tiempo y nuestros actos como algo que hacemos porque estamos tributándole a Dios el tiempo y los actos que Nos pide le demos, sino que debemos ver nuestra actuación y el “tiempo” que se Nos ha con- cedido, como algo que es Suyo, y que lo que hacemos, lo hacemos por agradarle, por complacerle, porque Le Ama- mos, como Él Nos ama.
Resumen del capítulo del 5 de Diciembre de 1916: (Doctrinal) – Página 224 –
Estaba haciendo la meditación y según mi costumbre estaba fundiéndome toda en el Querer de mi dulce Jesús. En ese momento, ante mi mente veía una máquina que contenía innumerables fuentes que hacían brotar olas de agua, de luz, de fuego, que elevándose hasta el Cielo se derramaban sobre todas las criaturas; no había criatura que no queda- ra inundada por esas olas, la única diferencia era que algunas entraban dentro y otras quedaban sólo por fuera, y mi siempre amable Jesús me dijo:
“¡Hija mía, la máquina soy Yo! Mi Amor mantiene en movimiento a la máquina y en todos se derrama; sólo que quien quiere recibir estas olas, está vacía y me ama, estas olas entran dentro, los demás quedan tocados para disponerlos a recibir tanto bien, pero las almas que hacen y viven en mi Voluntad están en la misma máquina, y como viven de Mí, pueden disponer para bien de los demás las olas que brotan, y ahora son luz que ilumina, ahora fuego que enciende, agua que purifica. ¡Qué bello es ver a estas almas que viven de mi Querer que salen de dentro de mi máquina como otras tantas pequeñas máquinas, difundiéndose para bien de todos, y luego vuelven en mi máquina y desaparecen de entre las criaturas, y viven de Mí y sólo de Mí!”
* * * * * * *
Y comencemos con el análisis de este capítulo.
(1) ¡Hija mía, la máquina soy Yo! Mi Amor mantiene en movimiento a la máquina y en todos se derrama;
- Jesús Le hace ver a Luisa una maquina que produce innumerables fuentes de agua, que se levantan como surtidores al Cielo para luego desbordarse sobre todas las criaturas. Luisa observa, y esto es importante en toda la exposición del capítulo, que algunas criaturas se quedaban dentro de las olas de agua que las habían inundado, mientras que otras después de ser inundadas se quedaban fuera, como al descubierto.
Jesús Le aclara a Luisa que la “maquina” que quiere producir esas olas, es Él Mismo, pero que el ejecutor, el que hace posible que esas fuentes de agua y esas olas se formen, eleven e inunden a todos, es el Amor Divino, el Hijo Primo- génito de Su Voluntad. Él es el “encargado” de hacer que la maquina, en este caso Jesús, se mueva, y que esa “agua” se derrame sobre todas las criaturas.
Ya sabemos, que El Amor Divino es el ejecutor de toda acción, que el Ser Divino decide hacer. Estas fuentes que pro- ducen olas, y que son derramadas para todos, sin excluir a nadie, son: Gracias o capacitaciones, Bienes tanto espiri- tuales como materiales, Beneficios, Dones, Correcciones, que vienen encerrados dentro de Sus Sugerencias Amorosas.
Todas las criaturas reciben Bienes de Dios diariamente, mediante Sus Sugerencias diarias, para ayudarlas a su exis- tencia; no importa si estas criaturas son buenas o malas, cristianas o no cristianas, todos tienen oportunidad de recibir por igual estos Bienes encerrados en Sus Sugerencias. Como ya decíamos sin embargo, no todas quedan inundadas por estas olas de Amor, sino que muchas las rechazan.
(2) sólo que quien quiere recibir estas olas, está vacía y me ama, estas olas entran dentro, - La persona que está atenta a Sus Sugerencias es aquella que quiere “recibir estas olas”. Esta alma, está atenta, y consistente- mente trata de vaciarse, de todo lo mundano que pudiera impedirle recibir las Sugerencias que Él Le envía; por lo tanto, la ola penetra, “entran dentro”, llena su alma y ella obedece.
(3) los demás quedan tocados para disponerlos a recibir tanto bien, - los que no se esfuerzan con constancia por estar vacios del todo, o no le aman suficientemente, no pierden todo, porque algo van percibiendo poco a poco. Con la perseverancia del Amor Divino, eventualmente, se vaciarán de aquello que les impide estar atentos y escuchar Sus Sugerencias y aprovechar todo lo que esas Sugerencias traen. En otras palabras. Poco a poco, los va “disponien- do a recibir tanto bien”.
(4) pero las almas que hacen y viven en mi Voluntad están en la misma máquina, y como viven de Mí, pueden disponer para bien de los demás las olas que brotan, - Las almas que viven en Su Voluntad, y siguen Sus Sugerencias Amorosas, “están en la misma máquina”, que es Jesús Mismo, viven fundidas en Él, Jesús está bilo- cado en ellas, así que estas almas viven solo de Sus Sugerencias Amorosas, viven solo de Su Voluntad, “viven de Mí”.
Por ejemplo, cuando reparamos por ciertas personas que otros nos han encomendado a nuestras oraciones, y que no son más que Sugerencias, que Él les ha hecho a esos otros que ahora nos piden recemos, y, cuando en efecto, noso- tros rezamos y pedimos, pero no a la manera antigua en que lo hacíamos en que particularizábamos, sino que lo ha- cemos reparando por la especie de ofensa que esas personas puedan haber cometido, Nuestro Señor dice que esa Petición nuestra es acogida y que esta Máquina de Su Amor en la que ahora participamos, genera aquellas Sugeren- cias que son necesarias para que esas personas se arrepientan y puedan pedir perdón por ellas mismas, porque esta “maquina” que es Él Mismo, “hace lo que la criatura quiere”, así como la criatura ha hecho lo que Él quería que hicie- ra. Esta Participación en Su Actividad Creadora respecto de la creación de Sugerencias Amorosas de Acción para con todas las criaturas, es algo que necesitamos creer, y por tanto hacer. Ya nos ha hablado en capítulos anteriores acerca de nuestra participación en la custodia de Sus criaturas, poniéndonos como centinelas de ellas, y ahora Nos dice que formamos parte de esta Máquina de Crear Sugerencias Amorosas de Acción, con las que reparte a todas Sus Criatu- ras, todos los Bienes que quiere compartir con nosotros, y con los que quiere beneficiarnos.
(5) y ahora son luz que ilumina, ahora fuego que enciende, agua que purifica. ¡Qué bello es ver a estas almas que viven de mí Querer que salen de dentro de mi máquina como otras tantas pequeñas máqui- nas, difundiéndose para bien de todos, y luego vuelven en mi máquina y desaparecen de entre las cria- turas, y viven de Mí y sólo de Mí! – Los que vivimos en Su Voluntad, hacemos lo que Él hace, compartimos con Él Su Oficio, y como Él, somos “luz que ilumina”, porque iluminamos a las almas haciéndoles comprender lo que tienen que hacer; somos “fuego que enciende”, porque encendemos en sus almas el vivo deseo de seguir Sus Sugerencias; somos “agua que purifica”, porque al seguir Sus Sugerencias, las criaturas culminarán con la purificación de todo su ser.
Resumiendo. Les hacemos comprender, les damos luz, encendemos el fuego de su entusiasmo, y ayudamos a su purificación, para que sean cada vez más receptivas a las Sugerencias Amorosas del Señor, con las que quiere dirigir sus vidas.
Este “oficio” de participar con Él en el proceso de la creación de Sugerencias Amorosas para nuestros hermanos y hermanas, es muy importante que lo entendamos y lo empecemos a practicar. No es solamente reparar con Él, lo que hacemos, que es muy encomiable, pero no da la explicación de lo que Él quiere. Él quiere que seamos nosotros los que iniciemos, los que movamos la Maquina de Su Amor, para que Él se digne preparar las Sugerencias Amorosas que se necesiten.
Resumen del capítulo del 9 de Diciembre de 1916: (Doctrinal) – Página 225 -
Estaba afligida por la privación de mi dulce Jesús, y si viene, mientras siento que respiro un poco de vida, quedo más afligida al verlo más afligido que yo y que no quiere saber de aplacarse, pues las criaturas lo obligan, le arrancan otros flagelos; pero mientras flagela llora por la suerte del mundo y se oculta dentro de mi corazón, casi para no ver lo que sufre el hombre, parece que no se puede vivir más en estos tristes tiempos, y además parece que se está solo al prin- cipio de ellos.
Entonces mi dulce Jesús, estando yo pensativa por mi dura y triste suerte de deber estar casi continuamente privada de Él, vino y poniéndome un brazo al hombro me ha dicho:
“Hija mía, no acrecientes mis penas con afligirte, son ya demasiadas, Yo no espero esto de ti, es más, quiero que ha- gas tuyas mis penas, mis oraciones y todo Yo mismo, de modo que pueda encontrar en ti otro Yo mismo, en estos tiempos quiero grandes satisfacciones y sólo quien hace suyo a Mí mismo me las puede dar. Y lo que en Mí encontró el Padre, es decir, gloria, complacencia, amor, satisfacción, completas y perfectas, para bien de todos, Yo lo quiero encontrar en estas almas, como otros tantos Jesús que lo hagan a la par de Mí, y estas intenciones las debes repetir en cada hora de la Pasión que hagas, en cada acción, en todo, y si no encuentro mis satisfacciones, ¡ah, para el mun- do será el fin! Los flagelos lloverán a torrentes. ¡Ah hija mía! ¡Ah hija mía!”
Y ha desaparecido.
* * * * * * *
Importante capítulo doctrinal. Analicémoslo.
(1) Hija mía, no acrecientes mis penas con afligirte, son ya demasiadas, Yo no espero esto de ti, - La pri- vación de Jesús es constante pena para Luisa, y aunque en estos tiempos de guerra, Él no se oculta completamente, cuando viene, Luisa Le ve “mas afligido que ella”. En una de esas, Jesús comienza diciéndole estas Palabras: “Hija mía, no acrecientes mis penas con afligirte, son ya demasiadas, Yo no espero esto de ti”. Lo que hace memorable esta “entrada en escena” de Jesús son Sus Palabras finales: “Yo no espero esto de ti”. Todo esto, por supuesto, en el caso de Luisa, y, ¿en el nuestro? Ahora que vivimos en Su Voluntad como Luisa vivía, ¿no nos parece que también nosotros añadimos nuestras pequeñas dificultades y quejas a las muchas que ya tiene? No nos equivoquemos: esta es una queja profunda de Nuestro Señor, porque tampoco Él espera esto de nosotros.
Nos ha concedido el Don más grande y la Prerrogativa más inconcebible, y, ¿seguimos quejándonos de nuestros pro- blemas? En vez de preocuparnos por nuestros problemas, debemos enterrarlos en lo profundo y concentrar toda nues- tra atención a ayudarle en Sus Planes, y esto lo logramos dejando que Su Voluntad fluya a través de nosotros, sin añadir nuestros problemas a los muchos que ya tiene. Particularmente debemos comprender, que las quejas que Le damos los que estamos más allegados a Él, tan allegados que vive bilocado en nosotros, le producen un dolor más agudo, precisamente porque es inesperado.
(2) es más, quiero que hagas tuyas mis penas, mis oraciones y todo Yo mismo, de modo que pueda en- contrar en ti otro Yo mismo, - No solo espera que no acrecentemos Sus Penas, sino que quiere darnos las Suyas, porque hasta en las penas, quiere encontrar en nosotros otro Él. Este Mandato que viene dándoselo a Luisa desde los primeros días del Matrimonio Místico, a saber, “haz tuyas Mis Cosas”, incluye también Sus Penas y Dolores. Enten- damos claramente que no lo hace por mortificarnos, o para purificarnos, o para hacernos mejores, lo que inevitable- mente ocurre cuando hacemos nuestras todas Sus Cosas, sino que lo hace, porque tenemos que llegar a ser verdade- ros “Portadores de Dios”, como lo es Él Mismo.
Este ser “Portadores de Dios” ha sido siempre Su Meta con nosotros; para que pudiéramos serlo con toda efectivi- dad, se ha “inventado” esta manera de hacernos participes de Su Divinidad, concediéndonos el Don de Vivir en Su Voluntad, y actuar como Dios Mismo actúa. Claro está, cuando llegue a hacer a muchos de nosotros, verdaderos “Por- tadores de Dios”, entonces podrá hacer con nosotros un Reino de Su Voluntad en la tierra como en el Cielo.
(3) en estos tiempos quiero grandes satisfacciones y sólo quien hace suyo a Mí mismo me las puede dar.
- La única manera de aliviarle con efectividad Sus Penas es viviendo en Su Voluntad, y haciéndolas nuestras. Así dice ahora que:
a) En estos tiempos – Estos tiempos de qué habla son estos tiempos en los que ha vuelto a concedernos el Don de Vivir en Su Voluntad.
b) Quiero grandes satisfacciones - ¿De qué satisfacciones habla el Señor? La única satisfacción posible en estos tiempos, es ver cómo estamos ayudándole a restablecer el Reino del Fiat Supremo en la tierra como en el Cie- lo. Si esto lo empatamos con el otro Conocimiento que ya Nos ha dado, de que es Él Mismo, cada una de Sus Bilocaciones en nosotros, que junto con cada uno de nosotros, realizará las Labores propias de este Reino una vez quede instaurado, podemos llegar a comprender la necesidad absoluta y la urgencia que tiene de que to- dos seamos “Portadores de Dios” como lo es Él Mismo, “porque solo quien hace suyo a MI Mismo me las puede dar”.
(4) Y lo que en Mí encontró el Padre, es decir, gloria, complacencia, amor, satisfacción, completas y per- fectas, para bien de todos, Yo lo quiero encontrar en estas almas, como otro tanto Jesús que lo hagan a la par de Mí, - Con mayor claridad aun que la que nosotros podemos expresar, Nuestro Señor habla de que todo lo que Su Padre encontró en Él, y en Él está para siempre, eso mismo quiere Él encontrarlo en cada uno de nosotros, “otros tantos Jesús que lo hagan a la par de Mí”. Reflexionemos Sus Palabras una vez más. Dice que quiere que ac- tuemos igual que Él actuaba, y comoquiera que Él está bilocado en cada uno de los que viven en Su Voluntad, resulta que lo que hacemos, lo hacemos a la par de Él, porque Él replica cada uno de nuestros actos, y aunque nuestras cir- cunstancias hacen ligeramente distintos nuestro caminar al de Él, pero eso no importa porque Él también hace Suyo lo nuestro. Su Objetivo final, porque quizás esto aun se nos escapa, es que el Jesús Verdadero, el que vivió entre noso- tros, y está sentado a la Derecha del Padre, ese Jesús llegará a contener en Si Mismo, a todas las acciones de criatu- ras viviendo en Su Voluntad, que obran universalmente, y de esta manera totalmente incomprensible y misteriosa, llegará en efecto a tener recopilado en Si Mismo a todas las criaturas, y entonces podrá venir el Reino del Fiat Supre- mo a la tierra.
(5) y estas intenciones las debes repetir en cada hora de la Pasión que hagas, en cada acción, en todo, y si no encuentro mis satisfacciones, ¡ah, para el mundo será el fin! Los flagelos lloverán a torrentes. ¡Ah hija mía! ¡Ah hija mía! – Nunca como hasta este capítulo Nos ha hecho comprender que la única razón por la que no Nos ha destruido ya; la razón por la que decidió darnos existencia después de la “corrida de ensayo”, es precisa- mente que pudo “ver” que Sus Planes de hacer que un numero suficientemente completo de Sus Criaturas, llegarían a vivir en Su Voluntad, y serían “Portadores de Dios”, se completaran, y de que por tanto, llegaría algún día a encon- trar todas Sus Satisfacciones en ese Grupo de criaturas.
Resumen del capítulo del 14 de Diciembre de 1916: (Doctrinal) – Página 226 -
Estaba ofreciendo mi sueño a Jesús diciéndole:
“Tomo tu sueño y lo hago mío, y durmiendo con tu sueño quiero darte el contento como si otro Jesús durmiera”. Y sin dejarme terminar lo que quería decirle, Él me dijo:
“Ah, sí hija mía, duerme con mi sueño a fin de que mirándote pueda ver mi reflejo en ti, y remirándote pueda encon- trar en ti a todo Yo mismo, y ya que duermes con mi sueño, y a fin de que mirándote tú en Mí, podamos los dos estar de acuerdo en todo. Quiero decirte porqué mi Humanidad se sometió a la debilidad del sueño: Hija mía, la criatura fue hecha por Mí, y como cosa mía la quería tener sobre mi seno, en mis brazos, en continuo reposo, por tanto el alma debía reposarse en mi Voluntad y Santidad, en mi Amor, en mi Belleza, Potencia, Sabiduría, etc., todos estos, actos que constituyen el verdadero reposo, ¡pero qué dolor! La criatura huye de mi seno, y esforzándose por soltarse de mis brazos en los que la tengo abrazada, va en busca de vigilia: Vigilia son las pasiones, el pecado, los apegos, los place- res; vigilia los temores, las ansiedades, las agitaciones, etc., así que por cuanto la lloro y la llamo a reposarse en Mí, no soy escuchado, esta era una ofensa grande, una afrenta a mi Amor, que la criatura ni siquiera considera y no se preocupa en lo más mínimo en reparar. He aquí porqué yo quise dormir, para dar la satisfacción al Padre del reposo que no toman las almas en Él, correspondiéndole por todos, y mientras reposaba impetraba para todos el verdadero reposo, haciéndome Yo vigilante de cada corazón para librarlo de la vigilia de la culpa, y amo tanto este reposo de la criatura en Mí, que no sólo quise dormir, sino que quise caminar para darle reposo a sus pies, obrar para darle reposo a sus manos, latir, amar, para darle el reposo al corazón, en suma, quise hacer todo para hacer que el alma hiciera todo en Mí y tomara reposo, y Yo hiciera todo por ella, siempre y cuando la tuviera al seguro en Mí”.
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Importante capítulo doctrinal en el que el Señor se concentra en un aspecto que no ha discutido mucho antes, posi- blemente nunca discutido que recordemos, sobre dormir y la estrecha relación que guarda el dormir con el reposo. Excepto por los que son muy “científicos”, casi todo el mundo equivale dormir a reposar, pero curiosamente, cuando reposamos en el sueño diario, nuestro cuerpo y nuestra alma, están en una actividad frenética de reparación celular, y reconexión nerviosa que poco tienen que ver con reposar. Así pues, el reposo como lo conocemos, y el reposo de que viene a hablarnos Nuestro Señor en este capítulo, no tienen nada que ver con la inactividad del dormir, sino que tie- nen que ver con la clase de actividad que tiene lugar, aun en el mismo dormir.
Ahondando un poco en todo esto, pero desde el punto de vista que nos aproxime más a lo que el Señor quiere expli- carnos en este capítulo.
Cuando estamos despiertos, nuestra mente “consciente” dirige nuestra actividad corporal y cerebral; actuamos, pen- samos, etc., conscientes de lo que hacemos y porqué lo hacemos. Cuando dormimos, nuestra mente “sub-consciente” dirige nuestra actividad corporal y cerebral, y en su más exacto sentido, nosotros nos dejamos llevar, y no oponemos resistencia alguna a esta nueva actividad de reparación celular y reconexión nerviosa. Dicho de otra manera, cuando dormimos no somos responsables de nuestros “actos” porque no actuamos conscientemente, sino inconscientemente. Independientemente de si Dios se comunica a veces, con algunos de nosotros, a través de los sueños, lo cierto es, que por extravagantes o perversos que sean nuestros sueños, o quizás pesadillas, no tenemos ni se nos imputa, res- ponsabilidad moral alguna por lo que en esos sueños sucede.
Aplicando todo este concepto a lo que el Señor dice en este capítulo, y aunque sea adelantarnos un poco a la explica- ción que sigue, también es cierto que cuando vivimos de Voluntad Divina, cuando seguimos Sus Sugerencias Amoro- sas de Acción, estamos dejando que sea Él nuestra “mente sub-consciente”, que sea Él, el que asuma la dirección de nuestras vidas, y al “dejarnos llevar”, reposamos.
(1) Ah, sí hija mía, duerme con mi sueño a fin de que mirándote pueda ver mi reflejo en ti, y remirándo- te pueda encontrar en ti a todo Yo mismo, y ya que duermes con mi sueño, y a fin de que mirándote tú en Mí, podamos los dos estar de acuerdo en todo, quiero decirte porqué mi Humanidad se sometió a la debilidad del sueño: - El párrafo es muy complejo, y posiblemente no esté bien traducido. Creemos que, indepen- dientemente de cómo está traducido, lo que Nuestro Señor Le comunica a Luisa, es que la unión que existe entre ambos es tal, que esté Luisa despierta o durmiendo, Él se ve en ella, y ella puede y debe verse en Él. Comoquiera que a ella puede parecerle extraño, y lo es, el cómo es esto de que ella puede verse en Jesús estando dormida, Nuestro Señor pasa a explicárselo.
La explicación es difícil de entender, y viene en dos partes y una conclusión.
En la primera parte de la explicación, párrafos 2, 3, y 4, Nuestro Señor anuncia y elabora lo que tratamos de explicar brevemente en el prologo al capítulo, a saber, que descansamos cuando vivimos de Su Voluntad, cuando hacemos lo que Nos sugiere.
La segunda parte de la explicación viene dada en el párrafo 5, y trata de la Reparación que Él realizaba para contra- rrestar esta ofensa prácticamente desconocida por nosotros, cual es la de no vivir de Su Voluntad, no vivir de Sus Sugerencias Amorosas.
La conclusión de la explicación consiste en que ella debe verse reflejada en Jesús como una pequeña niña que se deja conducir por Su Padre, y niña adornada con todos los agasajos y adornos que Su Padre pone en ella, cuando así se deja conducir. Y es en este último punto, en el que el Señor va a martillar en los próximos párrafos. Expliquemos un poco más.
Cuando hacemos lo que Nos sugiere, y nos dejamos llevar por Él, estamos haciendo penetrar en nosotros, todos los Bienes de Belleza, Potencia, Santidad, Sabiduría, que venían encerrados en esas Sugerencias que hemos acogido. Así, a cada instante en que Jesús Nos “mira”, ve menos basura de la antigua que poseíamos, y mas y mas cosas de los tesoros de Él Mismo en Luisa, y cada uno de nosotros. De ser un reflejo Suyo, que eso somos al principio de nuestra vida en Su Voluntad, vamos convirtiéndonos en otro Jesús paulatinamente, sin esfuerzo alguno de nuestra parte, co- mo si estuviéramos durmiendo, porque vamos adquiriendo todo lo de Él, y así no dejamos entrar en nosotros, nada
que no Le pertenece. Esto lo entiende cualquiera, y es nuevamente la explicación del Desplazamiento de lo malo para ser reemplazado por Su Gracia, que ya Nos diera en los volúmenes anteriores a este volumen 11.
Pero no termina ahí la conclusión. Esto que El ve ahora en nosotros, pasa a ser una parte integral de Su Persona. Al mirarnos, nuestra imagen, es absorbida por Él en Si Mismo, pasa a ser una parte integral de Él Mismo, porque en Su Voluntad somos uno con Él, y esta imagen de Luisa y de nosotros, reposando en Él, y absorbiendo de Él a todo lo que Él es, es por un lado inevitable al vivir en Su Voluntad, y por el otro lado, es algo que Él desea suceda con todo Su Ser, como dirá en el próximo párrafo: “Hija mía, la criatura fue hecha por Mí, y como cosa mía la quería tener sobre mi seno…”
(2) Hija mía, la criatura fue hecha por Mí, y como cosa mía la quería tener sobre mi seno, en mis brazos, en continuo reposo, por tanto el alma debía reposarse en mi Voluntad y Santidad, en mi Amor, en mi Belleza, Potencia, Sabiduría, etc., todos estos, actos que constituyen el verdadero reposo, - Como ya ha- bíamos anticipado en nuestro prólogo, y en el párrafo 1, Nuestro Señor ataca de inmediato al concepto de Reposo que quiere darnos a conocer.
Para entender, tenemos que remontarnos a nuestra infancia y niñez. En estos periodos de nuestras vidas, el Señor Nos tiene “sobre Su Seno, en Sus Brazos, en continuo reposo”, porque lo que hacemos cuando somos niños, Él siem- pre lo ve, como si estuviéramos en Su Seno y en Sus Brazos. En un capitulo memorable anterior, en volúmenes ante- riores, Nuestro Señor habla de que Él ha decretado que los infantes y los niños no tienen responsabilidad o culpa por lo que hacen, y por tanto desde “Su Punto de Vista”, el único que vale, los niños están viviendo de Su Voluntad, y en reposo, Él dirige Sus Vidas y los niños, aunque a veces no lo parece por lo travieso que son, actúan siguiendo Sus Sugerencias Amorosas.
Su Predilección por los niños es extraordinaria, y Su Amor por nosotros en cuanto niños, es a veces incomprensible, porque pudiéramos pensar que los niños no hacen nada importante, que hacen naderías, que todo se les va en jugar, y vivir “despreocupados”, y sin embargo, bíblicamente, y ahora en estos Escritos, Él da al periodo de nuestra niñez un valor inconcebible. ¿Por qué? Pues porque es el periodo de nuestras vidas en que más Nos dejamos conducir por Él, mas puede guiarnos, más puede formarnos en lo que después quiere que seamos.
Pensemos y preguntémonos por un momento. ¿Cuándo es que los médicos piensan en ser médicos? Cuando son ni- ños. ¿O acaso no vemos como los futuros médicos empiezan a jugar a ser médicos cuando son todavía unos niños? Decimos más. Decimos que las vocaciones todas, las misiones que luego desarrollaremos en vida, comienzan en la niñez, de eso no debe cabernos la menor duda. El que recordemos o no, los momentos en que esas vocaciones o misiones fueron “descubiertas” por nosotros, eso no importa, ya que posiblemente nadie las recuerda. Lo que sí nece- sitamos comprender es que, en esa niñez, mientras estábamos en Su Seno y en Sus Brazos, es cuando más cerca estábamos de Él, y más podía hablarnos bajito al oído, para expresarnos Sus Deseos para con nuestras vidas; y tam- bién es el tiempo en que más y mejor Le oíamos, también sin percatarnos de que estábamos haciéndolo.
Es también este periodo de la niñez en la que más abiertos estamos a recibir de Él los Bienes que son Sus Atributos y con los que Nos embellecía. En un plano más profundo y escondido, muchas veces hemos pensado, después de haber leído aquel capitulo y ahora este, que es porque en todo momento existen millones de niños que “oyen a Su Creador”, que Nos tolera a todos cuando somos adultos pecadores, porque Nos recuerda siempre como fuimos.
(3) ¡pero qué dolor! La criatura huye de mi seno, y esforzándose por soltarse de mis brazos en los que la tengo abrazada, va en busca de vigilia: Vigilia son las pasiones, el pecado, los apegos, los placeres; vigi- lia los temores, las ansiedades, las agitaciones, etc., - Aunque no habla en función de tiempo transcurrido, pero, ¿cuándo es que la “criatura huye de Su Seno”? Pues, huye cuando deja de ser niño, para volverse adolescente y luego adulto, y luego anciano, y ya no quiere “reposarse en Él”, sino que quiere despertarse del sueño, y entrar en actividad, y “va en busca de vigilia, cuales son las pasiones, el pecado, los apegos…”, etc.
Por si no Nos habíamos dado cuenta, con otras Palabras, y con otras imágenes, en este párrafo y en el siguiente, el Señor vuelve a relatar la parábola del Hijo Prodigo, el hijo díscolo que abandona los Brazos de Su Padre, y quiere des- pertarse a la vigilia de la maldad con la que lo tientan, el demonio, el mundo, y su propia naturaleza concupiscente. Hacemos como el niño que gime y hace violencia física, cuando quiere zafarse de los brazos del padre o la madre, que lo tiene cargado y protegido, para seguir sus propios deseos. Al zafarse de la protección de Dios, huyéndole a Su Vo-
luntad para hacer la suya, va en busca de problemas, porque sigue su propia naturaleza dañada, que la inclina al mal, a las pasiones, al pecado.
(4) así que por cuanto la lloro y la llamo a reposarse en Mí, no soy escuchado, - ¿Entendemos todos? Nos quiere otra vez como niños, pero no como en los textos bíblicos, en los que quiere enfatizar mayormente la inocencia del niño, sino que ahora quiere enfatizar la necesidad absoluta de que “reposemos en Sus Brazos”, y nos dejemos llevar.
Todo esto nos hace recordar lo que sucede en la visión relatada por San Josemaría Escrivá, el Santo de la Vida Ordina- ria, el fundador del Opus Dei, cuando se angustiaba tratando de concretar sus ideas sobre la Misión que él sabía el Señor tenia para él, y cómo en esa visión, el santo se ve rodeado por hombres y mujeres uniformados con sus diver- sas misiones y vocaciones, y ve al Señor, afanado en Sus Labores como carpintero en Nazaret, que Le mira, y Le dice solamente estas Palabras: “¿Has entendido?”
El Señor quiere que Le escuchemos, pero “no soy escuchado”.
(5) esta era una ofensa grande, una afrenta a mi Amor, que la criatura ni siquiera considera y no se preocupa en lo más mínimo en reparar. – Esta era, y siempre ha sido, una ofensa grande, diríamos sin exagerar, que es una ofensa mayor que la misma ofensa del pecado, porque en realidad el pecado, y todo lo malo que puede hacer el hombre, sucede porque “dejamos de escucharle”.
Esto nos lleva a un punto que es de capital importancia en todos estos estudios sobre Su Voluntad que hacemos. Es necesario que entendamos lo que es esta afrenta de que habla, que “la criatura ni siquiera considera, ni se preocupa en lo más mínimo en reparar”. La afrenta es que no acabamos de comprender que hemos sido creados para reposar en Sus Brazos, para cumplir con el Plan que ha trazado para cada uno, y que en este Reposo que es todo actividad, y Actividad Divina, Él llegará a hacer, junto con nosotros, cosas que no quería hacer solo, cosas que quería hacerlas con nosotros, y en Su Compañía. Eso es lo que quería que el Santo Escrivá comprendiera, y que creemos comprendió.
(6) He aquí porqué yo quise dormir, para dar la satisfacción al Padre del reposo que no toman las almas en Él, correspondiéndole por todos, y mientras reposaba impetraba para todos el verdadero reposo, ha- ciéndome Yo vigilante de cada corazón para librarlo de la vigilia de la culpa, - El Señor ahora resume todo lo que Nos ha enseñado en este capítulo, en la forma secuencial, maravillosa, con la que explica. Vamos a capsulizar para entender mejor.
a) El quiso dormir – al dormir dejamos de actuar conscientemente, y eso mismo hacemos cuando vivimos de Su Voluntad, de Sus Sugerencias Amorosas de Acción. Al dormir Él, Él Nos representaba a todos, que no vivimos de la Voluntad de Su Padre, de Su Voluntad.
b) Da satisfacción al Padre del reposo – satisfacer es reparar, es dar a alguien lo que nadie le había dado y se Le debía, en este caso, Le daba al Padre este “dejarse llevar” de Su Padre.
c) Correspondiéndole por todos – hacía lo que no hacemos; y Él, a nombre de todos, lo hacía.
d) Impetraba para todos el verdadero reposo – pedía por nosotros, para que algún día llegáramos a entender es-
ta obligación que todos tenemos de “dejarnos llevar”.
e) Se hacía vigilante de cada corazón – no utiliza el Señor la expresión de “centinela” que ha estado usando en todo este volumen 11, para designarse a Si Mismo, pero el significado es el mismo. Con todos, pero particu- larmente con los que viven en Su Voluntad, Él se hace centinela, se hace vigilante de cada corazón humano, para que comprenda y se “deje llevar”. En este aspecto de vigilante, vemos mucho y más ahora que antes, a Jesús como nuestra “conciencia moral”. Ya lo decíamos en ocasión al capítulo del 20 de Octubre de 1916, de este mismo volumen 11: eso que llamamos conciencia ahora debemos llamarlo Jesús Centinela, Jesús Vigilan- te.
f) Librarlo de la vigilia de la culpa – En su papel de conciencia moral, Nuestro Señor trata de librarnos de la vigi- lia que destruye el reposo. La Vigilia de nuestras pasiones, de nuestros pecados, es totalmente destructiva, y el reposo es lo único que verdaderamente construye y renueva. Es en este sentido en el que el sueno natural
que ocurre en nuestras vidas, es el reparador, el constructor, y el renovador de nuestro cuerpo/espíritu, cuer- po/espíritu que hemos estado destruyendo durante el día con nuestras actividades.
(7) y amo tanto este reposo de la criatura en Mí, que no sólo quise dormir, sino que quise caminar para darle reposo a sus pies, obrar para darle reposo a sus manos, latir, amar, para darle el reposo al corazón,
- Inesperadamente, el Señor extiende ahora el concepto de reposo, a toda nuestra actividad humana, que es también por supuesto fruto de Sus Sugerencias Amorosas de Acción. Si en todo hacemos lo que Él Nos pide que hagamos, en todos y cada uno de los instantes de nuestra existencia, resulta que estamos como cuando éramos niños, totalmente reposando en Su Seno y Brazos. Y Jesús, para lograr que el Padre encontrara una criatura, que estuviera reposando siempre en Su Seno y en Sus Brazos, se volvió niño en ese sentido, y todo lo hizo siempre, como niño que se deja llevar de Su Padre.
(8) En suma, quise hacer todo para hacer que el alma hiciera todo en Mí y tomara reposo, y Yo hiciera todo por ella, siempre y cuando la tuviera al seguro en Mí”. – Este último párrafo, es la perfecta entrada para el próximo capítulo, que hemos subtitulado la “replicación de los Actos”.
Dice el Señor, que Él quiso hacerlo todo, para poner todos los actos humanos en el “Banco de Su Voluntad”, para que no solo Sus Actos, sino el Modo con el que hacía Sus Actos, quedara preservado y “en acto” para siempre; para que no solo el acto, sino el modo de hacerlo, pudiera ser replicado, y la satisfacción que nosotros debíamos dar al Padre y a Él, pudiera ser dada, sin darnos cuenta, hasta ahora que nos damos cuenta.
Ahora bien. Dice que este “hacer todo por ella”, por la criatura, solo sucede cuando la criatura “está al seguro en Él”, o sea, cuando logra que viva en Su Voluntad, y se entere de todo esto, y comience a actuar de acuerdo con lo que ahora sabe.
Resumen del capítulo del 22 de Diciembre de 1916: (Doctrinal) – Página 228 – La replicación de los actos -
Habiendo recibido la comunión estaba uniéndome toda con Jesús y fundiéndome toda en su Querer, y le decía:
“Yo no sé hacer nada ni decir nada, por eso siento la gran necesidad de hacer lo que haces Tú y repetir tus mismas palabras; en tu Querer encuentro presentes y como en acto los actos que Tú mismo hiciste al recibirte Sacramentado, y yo los hago míos y te los repito”.
Y así trataba de entretejerme en todo lo que había hecho Jesús al recibirse Sacramentado, y mientras esto hacía me dijo:
“Hija mía, quien hace mi Voluntad y todo lo que hace lo hace en mi Querer, me obliga a hacer junto con ella lo que ella hace. Así que si recibe la comunión en mi Querer, Yo repito los actos que hice al comulgarme, y renuevo el fruto completo de mi Vida Sacramental; si reza en mi Querer, Yo rezo con ella y renuevo el fruto de mis oraciones; si sufre, si obra, si habla en mi Voluntad, Yo sufro junto y renuevo el fruto de mis penas, obro y hablo junto y renuevo el fruto de mis obras y palabras, y así de todo lo demás”.
* * * * * * *
Analicemos este importante capítulo doctrinal. La lección más importante del capítulo es Su Afirmación de que Él repli- ca todos y cada uno de los actos de una criatura que vive en Su Voluntad. Esto es importante porque necesitábamos confirmación Suya de que en efecto esta replicación está ocurriendo constantemente. Jesús Bilocado en nosotros, y el Ser Divino que Le acompaña en este Cuerpo de Luz que ahora poseemos, replica todos y cada uno de nuestros actos, y produce los mismos efectos.
Aunque no es motivo de este capítulo, en el que la atención de toda esta replicación, es para que comprendamos la Renovación de Sus Propósitos Santificadores y la Renovación de Su Benevolencia y Redención, no debemos olvidar que la replicación de actos en Su Voluntad, sirve en manera preeminente para que se llegue al número de actos nece- sario para que el Reino del Fiat Supremo venga a la tierra.
(1) Hija mía, quien hace mi Voluntad y todo lo que hace lo hace en mí Querer, me obliga a hacer junto con ella lo que ella hace. – Luisa estaba ofreciéndole a Jesús la repetición de Sus Actos en Su Voluntad, y en espe-
cífico, aquel Acto que hizo cuando al instituir el Sacramento de la Eucaristía, se comulgó a Si Mismo; es decir, se reci- bió sacramentado.
Esto mismo que Luisa quiere hacer, Jesús lo replica, lo repite. Atención a esto: dice que “Le obliga a hacer junto con ella, lo que ella hace”. Todo lo que un ser humano Le pide, o quiere hacer, en Su Voluntad, y a través de Su Voluntad Bilocada y Obrante, el Señor lo repite, lo replica. No solo esto, sino que esta Replicación es simultanea, o sea, en el mismo instante en que la criatura lo está pidiendo o haciendo. Una vez que el alma entra en el Ámbito de Su Volun- tad, Jesús está obligado a repetir o replicar lo que esa criatura quiere.
(2) Así que si recibe la comunión en mí Querer, Yo repito los actos que hice al comulgarme, y renuevo el fruto completo de mi Vida Sacramental; - Si la criatura comulga, viviendo en Su Voluntad, Jesús “repite los actos que hice al comulgarme”, porque esa Voluntad Bilocada y Obrante en la criatura, Le obliga a hacerlo. ¿Por qué Le obliga? Jesús Le explica a Luisa en otros capítulos que Él no puede ir en contra de Si Mismo; no puede contradecirse a Si Mismo. Por lo tanto, al replicar el acto de Luisa, Jesús renueva todos los frutos que estaban encerrados en Su Vida Sacramental. Todo lo que Él hizo y consiguió en aquellos momentos, los “renueva”, es decir, vuelven a surgir para Luisa, y para nosotros, los efectos de esos frutos. Esos frutos son encerrados en el Cuerpo de Luz de Luisa, y también en el de nosotros, y es a través de Luisa, y ahora de nosotros, que esos mismos frutos surgen para beneficio del resto de las criaturas.
(3) si reza en mí Querer, Yo rezo con ella y renuevo el fruto de mis oraciones; - Lo que ocurre en la Recep- ción Eucarística ocurre en cualquier acto que la criatura haga en Su Querer, viviendo en Su Querer. Si reza oraciones que conocía anteriormente, o reza lo que ha aprendido a través de estos Escritos, Él también reza, y replica lo que la criatura reza, y todo porque, de nuevo, esa criatura vive en Su Voluntad, en el Mismo Ámbito en el que Él vive. El acto básico de rezar, de comunicarse con Dios, Jesús lo replica, y se replican los frutos que Él ha encerrado en todo acto de rezar, y que por tanto, también Él liberaba, cuando Él rezaba en Su Voluntad, viviendo en Su Voluntad. Los Beneficios, Gracias, o frutos que se derivaban de Su Rezo, no los conocemos completamente, pero debemos tener la seguridad de que se liberan nuevamente para beneficio de todos, porque es Jesús en la tierra, nuevamente, y a través de nosotros, el que reza.
(4) Si sufre, si obra, si habla en mi Voluntad, Yo sufro junto y renuevo el fruto de mis penas, obro y ha- blo junto y renuevo el fruto de mis obras y palabras, y así de todo lo demás. – Continúa el Señor abundando en el concepto. Dice que si la criatura “sufre, obra, habla en Su Voluntad”, que Él “sufre, obra y habla, y renueva el fruto de Sus Obras y Palabras”.
Jesús Le da al acto de cada criatura que vive en Su Voluntad, el mismo valor que Le da a un Acto Suyo. Podemos afirmar, porque Él lo afirma, que Su Voluntad Bilocada y Obrante, bilocada en la criatura y bilocada en Él, hace que Él vuelva a sufrir, vuelva a hablar, vuelva a actuar. La importancia de todo esto, es que al renovar Jesús, en cada día, todos Sus Actos, surgen los frutos, beneficios o bienes que todos necesitamos diariamente. Su Benevolencia se renue- va, Su Redención se renueva, todo lo que Él logró para nosotros, se renueva y se replica a todos por igual. Todo se renueva: lo que sufrió, vuelve a sufrirse, lo que habló se vuelve a hablar, lo que obró se vuelve a hacer, y todo se vuelca para beneficio de los que ahora viven y lo necesitan.
Una última observación. Todo este importantísimo Conocimiento sobre la Recepción Eucarística que debemos hacer pensando en que Jesús, cuando nosotros comulgamos, Él vuelve a comulgarse a Si Mismo, y nosotros recibimos en nuestro Cuerpo de Luz los frutos renovados de Su Comunión, el Señor lo continua en el ultimo capitulo de este volu- men 11, Capitulo del 24 de Febrero de 1917, y que estudiaremos en su momento,
Resumen del capítulo del 30 de Diciembre de 1916: (Doctrinal) – Página 229 – El Sufrimiento en Su Voluntad -
Continuando mi estado, yo pensaba en las penas de mi amable Jesús, y ofrecía mi martirio interior unido a las penas de Jesús, y Él me ha dicho:
“Hija mía, los verdugos pudieron lacerar mi cuerpo, insultarme, pisotearme, etc., pero no pudieron tocar ni mi Volun- tad, ni mi Amor, estos los quise libres a fin de que como dos corrientes pudieran correr, correr sin que ninguno pudie- ra impedirlas, vertiéndome para bien de todos, aun de los mismos enemigos. ¡Oh, cómo triunfaba mi Voluntad, mi Amor en medio de mis enemigos! Ellos me golpeaban con los flagelos y Yo golpeaba sus corazones con mi Amor, y con mi Voluntad los encadenaba; ellos me pinchaban la cabeza con espinas, y mi Amor encendía la luz en sus mentes
para hacerme conocer; ellos me abrían llagas, y mi Amor sanaba las llagas de las almas de ellos; ellos me daban muerte y mi Amor les restituía la vida, tanto, que mientras expiraba sobre la cruz, las llamas de mi Amor, tocando sus corazones los constriñó a postrarse ante Mí y a confesarme por verdadero Dios; nunca fui tan glorioso y triunfador como lo fui en las penas en el curso de mi Vida mortal acá abajo. Ahora hija mía, a mi semejanza doté al alma de libertad en la voluntad y en el amor, de manera que los demás pueden adueñarse del obrar externo de la criatura, pero del obrar interior, de la voluntad y del amor, ¡ninguno, ninguno! Y Yo mismo la quise libre en esto, a fin de que, libremente, no forzada, pudieran correr esta voluntad y este amor hacia Mí, y sumergiéndose en Mí pudiera ofrecerme los actos más nobles y puros que la criatura puede darme, y siendo Yo libre y ella también, podemos verternos mu- tuamente y correr, correr hacia el Cielo para amar y glorificar al Padre, y morar juntos con la Trinidad Sacrosanta, correr hacia la tierra para hacer el bien a todos, correr en los corazones de todos para golpearlos de Amor, y con la Voluntad encadenarlos y hacer de ella una conquista, así que dote más grande no podía dar a la criatura; pero, ¿dón- de la criatura puede hacer desahogo de esta libre voluntad y de este amor? En el sufrir. En el sufrir el amor crece, se engrandece la voluntad y como reina se rige a sí misma, ata mi corazón, y sus penas como corona me circundan, me apiadan y me hago dominar, así que no sé resistir a las penas de un alma amante, y como reina la tengo a mi lado, y es tanto el dominio de esta criatura en las penas, que le hacen adquirir modos nobles, dignos, insinuantes, heroicos, desinteresados, semejantes a mis modos, que las demás criaturas hacen competencia para hacerse dominar por esta alma. Y por cuanto más el alma obra Conmigo, está unida Conmigo, se funde en Mí, tanto más me siento absorbido por el alma, así que conforme piensa, me siento absorber mi pensamiento en su mente; conforme mira, conforme habla, conforme respira, así me siento absorber la mirada, la voz, el respiro, la acción, el paso, el latido, todo me ab- sorbe, y mientras me absorbe hace siempre adquisición de mis modos, de mi semejanza, y Yo voy continuamente mirándome en ella y me encuentro a Mí mismo”.
* * * * * * *
Leyendo este capítulo por primera vez, llegó a nuestra mente la idea de que el Señor disfrutó mucho dictándoselo a Luisa. Ciertamente que es un capitulo que revela Intimidades de Su Persona, que van mucho más allá de la usual comunicación de Conocimientos a la que nos tiene acostumbrados. Es difícil expresar lo que se siente cuando se lee. Trataremos de explicar un poco de que se trata este desbordamiento de sentimiento en Nuestro Señor.
El capitulo viene en dos partes. En la primera parte, de los párrafos del 1 al 9, el Señor revela estas Intimidades de que hablábamos, y con las que podemos obtener resultados sorprendentes; y nada más decimos esperando explicarlo todo en el análisis a continuación. En la segunda parte, que comienza en el párrafo 10, Nuestro Señor Nos enseña el valor que tiene el sufrir “de un alma amante” en Su Voluntad, puesto que solo un alma amante conocedora de este capítulo, puede hacer suyos los Modos con los que Jesús quiere ser amado, y con los que podemos colaborar con Él, con toda efectividad.
(1) Hija mía, los verdugos pudieron lacerar mi cuerpo, insultarme, pisotearme, etc., pero no pudieron tocar ni mi (Libertad de) Voluntad, ni mi Amor, - Siempre es difícil entender cualquier aspecto de la Humanidad de Nuestro Señor, pero más difícil de entender aun, es el que Su Humanidad, como la nuestra, había sido dotada de la misma libertad de voluntad que tenemos cada uno de nosotros. Tenía Libertad de Voluntad para decidir como Dios, y la tenía, en igual medida, para decidir como criatura. Asimismo comprendamos, que una Libertad de Voluntad para actuar es inefectiva, sino está acompañada por el Amor Divino que libremente también, pueda ejecutar aquello que Dios o la criatura han decidido hacer.
(2) estos los quise libres a fin de que como dos corrientes pudieran correr, correr sin que ninguno pudie- ra impedirlas, vertiéndome para bien de todos, aun de los mismos enemigos. – Ya sabemos que nada de lo que hacemos tiene valor, a menos que sea decidido y ejecutado con conocimiento y con libertad. Por eso, aunque lo que sucedió en Su Vida había sido planeado cuidadosamente para que sucediera, y cada aspecto de esa Vida Suya tenía un significado, Él tenía que decidir cada acto, y realizar cada acto, con entera libertad.
Dicho de otra manera. Desde el principio, estos dos “aspectos” del Ser Divino, Su Libertad de Voluntad y el Amor Di- vino como fiel ejecutor de Su Libertad de Voluntad, fueron preservados, de manera tal, que nada ni nadie pudiera impedir que la Labor de Redención, planeada por el Ser Divino, fuera ejecutada perfectamente por Jesús, ya que Je- sús en cuanto hombre poseía la Misma Libertad de Voluntad que Dios mismo tiene, y podía ejecutarla ayudado por el Amor Divino, tal y como Ellos la habían anticipado.
La Redención tenía que ser realizada completamente, y para bien de todos, aun de los mismos enemigos. Los obs- táculos iban a ser muchos, y no necesariamente eran obstáculos que los enemigos le ponían delante, sino que esos obstáculos vendrían, muchas veces, de Sus mismos amigos y seguidores.
(3) ¡Oh, cómo triunfaba mi Voluntad, mi Amor en medio de mis enemigos! – Es innegable la alegría que el Señor manifiesta en este capítulo, particularmente en los primeros 3 párrafos; alegría por la labor realizada en medio de inconcebibles sufrimientos y ofensas, y manifestada ahora a todos nosotros, los que vivimos en Su Voluntad, para que la compartamos con Él. Para el Señor, y así debiera ser en cada uno de nosotros, la alegría de conseguir Sus Ob- jetivos, el de santificarnos en Su Voluntad, y el de Perdonar y Redimirnos a todos, aun a esos mismos enemigos, era superior a todos los contratiempos, insultos y tormentos. Pero, y ahí está la clave de esta Alegría Suya, el Objetivo se conseguía queriéndolo libremente, y queriéndolo libremente a cada instante.
(4) Ellos me golpeaban con los flagelos y Yo golpeaba sus corazones con mi Amor, y con mi Voluntad los encadenaba; ellos me pinchaban la cabeza con espinas, y mi Amor encendía la luz en sus mentes para hacerme conocer; ellos me abrían llagas, y mi Amor sanaba las llagas de las almas de ellos; ellos me da- ban muerte y mi Amor les restituía la vida, tanto, que mientras expiraba sobre la cruz, las llamas de mi Amor, tocando sus corazones los constriñó a postrarse ante Mí y a confesarme por verdadero Dios; - Jesús describe aquí la lucha feroz y encarnizada que desataron Sus enemigos contra Él, en cada aspecto de Su Pasión. Habla de que al golpearle, Él aprovechaba ese acto cruel para repararlo, haciendo el acto contrario que se oponía a la ofensa. Así, los enemigos, con odio Le golpeaban, y Él, libremente, Les devolvía un Acto Bueno y Amoroso, “golpeaba sus corazones con mi Amor”, con lo que contrarrestaba el acto malo, y al hacerlo creaba las condiciones para perdo- nar esa ofensa, y todas las futuras ofensas similares en especie, y este Perdón Suyo quedaba a la espera de arrepen- timiento. Su Acto prevalecía, y de esa manera daba el fruto de Sus Actos a Sus enemigos. Es como cuando en una discusión, el que gana es aquel que tiene la última palabra, porque ha dejado sin habla al contrario.
Sus Actos era siempre basados en los mismos actos humanos que Le hacían sufrir, y eran específicos a la parte de Su Cuerpo o Espíritu que recibían esas ofensas y sufrimientos, porque Su Humanidad, conectada con la nuestra, hacía posible que nuestra humanidad recibiera de la Humanidad de Jesús, el efecto que Él quería recibiéramos en cada par- te de nuestro cuerpo y sentidos. El sufrimiento de las Espinas en Su Cabeza, por ejemplo, está conectado con nuestra cabeza, y recibimos a cambio el bien de aclarar nuestros pensamientos perforados con las espinas de Su Luz.
Aproximémonos a todo esto desde otro punto de vista. Decimos que no creemos haber leído antes, con la precisión que el Señor utiliza en este capítulo y particularmente en este párrafo, como es que cada acto de violencia que desen- cadenaban contra Él, era transformado para reparar la ofensa que se le causaba en aquel momento, y devolver a aquellos que lo hacían la posibilidad de ser Perdonados, y un Perdón especifico a la misma especie de pecado. No sabemos si los que leen esto han entendido a cabalidad el proceso del Perdón Divino que el Señor anuncia en este párrafo, con lo ya dicho, por lo que lo enfatizamos.
Así decimos, que debemos “ver”, como Nuestro Señor, con Su Voluntad, e internamente, agarraba el látigo que Le golpeaba, y tiraba de ese látigo para atraer a Sí Mismo a aquel que Le golpeaba y lo abrazaba y lo encadenaba a Él, y en ese abrazo estrecho ofrecía Su Perdón. Nuestro Señor transforma el acto ofensivo y lo convierte en un acto que repara y, al mismo tiempo, perdona. Es, si se nos permite la comparación, como si el Señor transformara cada latigazo que recibía en una flor, que con la que Él “flagelaba” con Amor a aquel que así Le flagelaba con odio.
De igual manera habla, como Le pinchaban la cabeza con espinas, y esas espinas vegetales las convertía Él, en espi- nas de Luz con las que Él hería las cabezas de aquellos que Le pinchaban.
Le abrían llagas, y Él transformaba esas Llagas Suyas, en medicina que curaba las llagas de las almas que así Le he- rían.
Le daban muerte, y Él transformaba esos actos que Le mataban, en actos de vida, que restituía la vida a aquellos que Le mataban.
Dice por fin, que aquellos que Le humillaron, Él transformó sus humillaciones, y les obligó a ellos, a humillarse delante de Él, y de esa manera Les perdonaba.
Mientras y más variadas son las ofensas que cometemos, más variada y segura es la posibilidad de Su Perdón. Es como si alrededor de cada pecador estuvieran todos esos Actos de Amor Suyos que rodean al pecador, esperando que abrace uno de esos posibles Actos Redentores, y de esa manera, Le dé Su Perdón.
(5) Nunca fui tan glorioso y triunfador como lo fui en las penas en el curso de mi Vida mortal acá abajo. – Las ofensas causan penas, pero, esas penas son ocasión para que Él pueda transformarlas en actos gloriosos, y triunfantes. Atención a esto: Inesperadamente, habla de que las penas son la ocasión que Le permite hacer como hombre, y por tanto recibir como Dios, la más grande gloria y triunfo. De esta manera, comienza el Señor a ahondar más en el tema principal del capítulo, o sea, el valor que tiene el sufrimiento como instrumento o herramienta para darle a Dios Su Gloria y nuestro triunfo, particularmente ahora que nosotros los que vivimos en Su Voluntad, y el Ser Divino vive, bilocado en nosotros. Tenemos que saber aprovechar el sufrimiento pequeño o grande que Nos envía o permite que otros nos den, para convertir ese sufrimiento en motivo de Gloria para Él, puesto que al sufrir nosotros en Su Voluntad, Le damos ocasión para que Él replique nuestro sufrimiento a favor y en ayuda de nuestras hermanos y hermanos, que se encuentran en necesidad continua de Redención. Si esto hemos aprendido hoy, hemos aprendido una inconcebiblemente importante Lección Divina.
(6) Ahora hija mía, a mi semejanza, doté al alma de libertad en la voluntad y en el amor, de manera que los demás pueden adueñarse del obrar externo de la criatura, pero del obrar interior, de la voluntad y del amor, ¡ninguno, ninguno! – El Señor confirma con estas Palabras, algo que los que preparan estas Guías de Estudio han creído y enseñado por años, a saber, que el obrar interno del hombre, no puede ser forzado por Él, y eso lo sabíamos, pero tampoco puede ser forzado por nuestros enemigos, y eso no lo sabíamos con claridad. Todos pue- den influenciar nuestras decisiones, pero nadie puede forzarnos a hacer algo que no querramos hacer.
Cada instante en el que actuamos es libre en sí mismo, y es libre de cualquier influencia externa, y ciertamente de cualquier influencia que pueda surgir por nuestra actuación anterior. Todos pueden influenciarnos, pero ninguno pue- de hacernos obrar. El hecho de que hayamos sido malos y pecadores hasta ahora, en que se me presenta una nueva ocasión de pecar, no quiere decir que mi pasado pecador, fuerza este presente, y que tengo que seguir siendo malo, porque fui malo hasta ahora. Cada instante es libre, y por tanto cada instante ofrece la posibilidad de hacer un acto soberano, irrepetible, y transformador de toda una vida anterior de pecado. Esa es la conversión que Dios Nos ofrece a cada instante en el que estamos en pecado, para que ese instante libremente escogido y hecho bueno, sea capaz de reversar, por sí solo, todo lo malo que hemos hecho anteriormente, con toda libertad. Ahondemos un poco más en esto. Aunque nuestra conversión necesita llegar a ser total, y nuestro arrepentimiento necesita llegar a abarcar a toda nuestra anterior vida pecaminosa en todos sus aspectos, lo cierto es, que el proceso de conversión empieza con el dolor de un pecado o pecados de una misma especie. Esa es la puerta de entrada de la conversión: un pecado que Él envuelve con Su propio Acto Redentor y con ese Acto Suyo abraza al pecador, lo entrega a ese pecador, y con ese Acto Suyo lo convierte.
(7) Y Yo mismo la quise libre en esto, a fin de que, libremente, no forzada, pudieran correr esta voluntad y este amor hacia Mí, y sumergiéndose en Mí pudiera ofrecerme los actos más nobles y puros que la criatura puede darme, - Aunque Su Misma Libertad de Voluntad fue emanada en nosotros, para darnos lo más noble, lo mas Divino, que Dios puede darnos, lo que Ellos querían conseguir dándonos este Supremo Don, era darnos ocasión de que pudiéramos correr hacia Ellos, libremente, nuestros actos, y de esta manera, dar a Dios los actos más nobles y puros posibles, porque esos actos se hacían con la Característica, con el Aspecto Divino más importante de todos. Mas que el Conocimiento de su Existencia y Atributos, lo que Dios quiere que sepamos de Él, en manera pre- eminente, es que son Libres de Decisión, que todo lo que hacen, lo hacen producto de una Decisión ponderada y justa y amorosa.
(8) y siendo Yo libre y ella también, podemos verternos mutuamente y correr, correr hacia el Cielo para amar y glorificar al Padre, y morar juntos con la Trinidad Sacrosanta, correr hacia la tierra para hacer el bien a todos, correr en los corazones de todos para golpearlos de Amor, y con la Voluntad encadenarlos y hacer de ella una conquista, - Estamos llegando al párrafo cumbre de este capítulo, porque no creemos que pueda haber una Verdad Divina más extraordinaria que la que aquí Nos hace saber.
Habla de la esencia del Don de Vivir en Su Voluntad, y lo hace en cinco (5) partes fundamentales. En Su Caracteriza- ción de esta Vida en Su Voluntad, dice que Él y cada uno de nosotros:
a) nos vertemos y corremos juntos al Cielo para amar y Glorificar al Padre, - Cada palabra dicha en este párra- fo tiene un significado especial. Cuando decimos que algo se vierte en otro, se refiere al proceso de fundición, de unión que existen entre dos sustancias similares. Nosotros nos vertemos en Su Voluntad, y en Él Mismo, y “corremos”, porque todo este proceso de vivir en Su Voluntad, es una carrera vertiginosa de acción y logros, y en este proceso de hacer y colaborar con Él en Su Magna Obra de la Venida del Reino del Fiat Supremo a la tierra como en el Cielo, damos el más perfecto Amor, la más perfecta de las correspondencias y agradecimien- tos que podemos darle a Nuestro Padre, el Suyo y el nuestro, y así haciendo Le damos la perfecta Gloria, “por el Padre exigida, pero que no siempre se Le da, por parte de nosotros, Sus criaturas”.
b) y morar juntos, con la Trinidad Sacrosanta – Es integra a esta Vida en Su Voluntad, el que en efecto creamos que estamos morando junto con Jesús, y con la Trinidad Sacrosanta en el Ámbito de Su Voluntad.
c) correr hacia la tierra para hacer el bien a todos, - Con las obras que hacemos en conjunto, yo y Jesús, hace- mos para que corra el bien a la tierra para beneficio de todos. Cada acto que hacemos en Su Voluntad, y que el Ser Divino replica en nuestro Cuerpo de Luz, y en la Voluntad Suprema, es un beneficio que hacemos a to- das las criaturas, que básicamente derivan el Beneficio que tienen de lo que nosotros hacemos, viviendo en Su Voluntad.
d) correr en los corazones de todos para golpearlos de Amor, - Los actos que hacemos que se relacionan con Su Vida, Pasión y Muerte, son actos todos redentores, que “golpean de Amor los corazones de todos”. Esta imagen ya la utilizó en el párrafo 4 para indicar el efecto redentor de Su Acto original cuando era flagelado. Así ahora cuando leemos las Horas de la Pasión y releemos el pasaje de la Flagelación, hacemos que Él repli- que ese acto, y reactive el acto original que está en Su Voluntad, y ese acto eterno vuelva a salir de nuevo a golpear de Amor a todos los que están con pecado de impureza.
e) y con la Voluntad encadenarlos y hacer de ella una conquista, - Y así como lo hiciera en su momento históri- co, así ahora vuelva a encadenar a estos pecadores a Él y a Su Voluntad, e iniciar la salvación y conversión de todos.
(9) Así que dote más grande no podía dar a la criatura; - Y todo esto que sucede puede suceder, porque Él Nos ha dado Su Misma Libertad de Voluntad, que es el “don más grande que podía darle a la criatura”. Recordemos que para Jesús, por ejemplo, el acto de la Encarnación es el acto más grande que hizo, pero no porque el de morir en la Cruz fuera inferior a ese, sino porque si no se hubiera encarnado, no hubiera podido redimirnos. De igual manera, si no hubiera emanado en nosotros, Su Libertad de Voluntad, no hubiera podido concedernos el poder vivir en Su Volun- tad, porque una cosa precede a la otra. Dicho de otra manera. No hubiera podido hacer que viviéramos en Su Volun- tad, si con este Don Divino de Su Libertad de Voluntad, no decidiéramos a lo Divino, y le dijéramos que “Sí, quiero vivir en Tu Voluntad”.
(10) ¿Pero dónde la criatura puede hacer desahogo de esta libre voluntad y de este amor? En el sufrir. – Comienza ahora el Señor la segunda parte de este capítulo. Entendamos que quiere decir con “hacer desahogo de esta libre voluntad”. Hacer desahogo de esta libre voluntad quiere decir que en los actos de sufrimiento que recibi- mos de Él o de otros que Él permite nos ocurran, es cuando mejor y más efectivamente podemos ejercitar nuestra libertad de voluntad, para que el acto resultante sea “más divino” que cualquier otro que pudiéramos hacer con esa misma Libertad de Voluntad que tenemos. La razón es clara y sencilla. Cuando acogemos libremente el sufrimiento, viviendo en Su Voluntad, damos ocasión a Nuestro Señor para que replique la especie de actos más importante, bella y en una palabra, redentores, que esa criatura y Él Mismo, pudieran haber realizado. Pero, no es esta la única explica- ción; nos falta otra parte de la explicación que es igualmente importante. Esta explicación es la que va a comenzar a elaborar en el próximo párrafo 11.
(11) En el sufrir el amor crece, se engrandece la Voluntad y como reina se rige a sí misma, ata mi cora- zón, y sus penas como corona me circundan, me apiadan y me hago dominar, así que no sé resistir a las penas de un alma amante, y como reina la tengo a mi lado; y es tanto el dominio de esta criatura (sobre Mí) en las penas, que le hacen adquirir modos nobles, dignos, insinuantes, heroicos, desinteresados, se- mejantes a mis modos, que las demás criaturas hacen competencia para hacerse dominar por esta alma. Y por cuanto más el alma obra Conmigo, está unida Conmigo, se funde en Mí, tanto más me siento ab- sorbido por el alma; así que conforme piensa, me siento absorber mi pensamiento en su mente; confor- me mira, conforme habla, conforme respira, así me siento absorber la mirada, la voz, el respiro, la ac-
ción, el paso, el latido, todo me absorbe, y mientras me absorbe hace siempre adquisición de mis modos, de mi semejanza, y Yo voy continuamente mirándome en ella, y (en ella) me encuentro a Mí mismo. - Hasta ahora, la atención de todo el capitulo la había recibido uno de los dos Componentes o Características de las que quiere hablarnos en este capítulo, o sea, Su Atención había estado centrada en describir a Su Libertad de Voluntad en nosotros.
Ahora necesita hablarnos con igual profusión, de lo que ocurre con el Amor Divino y con Su Voluntad, que Nos ha formado esta nueva Vida en Su Voluntad, que Nos trae las Sugerencias Amorosas que ese Amor ha preparado bajo las órdenes de la Trinidad Santísima, y que Nos vincula con Él y con toda Su Creación.
Por tanto, examinemos las Palabras del Señor para descubrir lo que sucede cuando un alma sufre, viviendo en Su Voluntad. Así dice Jesús, que en el sufrir, o en el estado de sufrimiento:
El Amor crece – Pudiera muy bien haber dicho Su Gracia, pero este término está como que reservado para la vida cristiana virtuosa. Necesita que comprendamos que en esta Segunda Vida en Su Voluntad, el Amor Divino que está bilocado en esa criatura, crece en función del sufrimiento, porque el Amor Divino da forma y crea a esos actos de sufrimiento que la criatura hace y el Señor replica.
Se engrandece la Voluntad – La Voluntad que se ha bilocado y obra en los que viven en Su Voluntad, va creciendo porque se va alimentando a Sí Misma con estos nuevos actos realizados por la criatura.
Y como Reina se rige a Si Misma, - La Vida de Su Voluntad que se ha formado y reside en la criatura, tiene como Reina a Su Voluntad bilocada y obrante en esa criatura, y conduce a esa criatura, en forma independiente de cómo otras criaturas, también viviendo en Su Voluntad, se están desarrollando, y de la Misma Voluntad Suprema que se engrandece a Si Misma con los Actos continuos que la Trinidad Sacrosanta realiza independiente a nosotros. Aunque el resultado del obrar de cada criatura que vive en Su Voluntad, “va a parar” a la Voluntad Suprema, transportados esos actos por el Rio de Su Voluntad que fluye en cada uno de los que viven en Su Voluntad; sin embargo, eso no quita para que cada criatura se está rigiendo por la Bilocación de Su Voluntad, y se está desarrollando independiente- mente de todas las otras.
ata al Corazón de Jesús - cada sufrimiento ata al Corazón de Jesús es como si dijera, que cada acto de sufrimiento es una cuerda que amarra Su Corazón, o sea, amarra a la Persona del Jesús que está bilocado también en esa criatu- ra.
Le circunda con esas penas sufridas – Dice que esos amarres lo circundan. Imaginemos con estas Palabras Su- yas, cómo cada sufrimiento es una cuerda que lo va envolviendo, que lo va “circundando”, como una araña envuelve a su presa. Nuestra comparación parece irrespetuosa, pero no lo es, por lo que el Señor continua diciendo en los pró- ximos párrafos.
Infunden Piedad en Él por todos nosotros – Nada hay que infunda mas Piedad, Compasión en Él, que el recuer- do de aquellos sufrimientos que tuvo, y la contemplación actual de los actos que nosotros Le damos ocasión de hacer nuevamente, porque los replica.
Se deja dominar – Dice que este enternecimiento que provocan nuestros actos de sufrimiento, y que Él replica, lo debilitan al punto, que se deja dominar de la criatura, y nada puede negarle.
así que no sabe resistir a las penas de un alma (que libremente es) amante, y como Reina la tiene a Su Lado – Es tal y tanto el dominio que tiene sobre Él, esa criatura que sufre viviendo en Su Voluntad, que no sabe resis- tirse a ella, y la hace Reina y la tiene a Su Lado.
Adquiere modos nobles, dignos, insinuantes, heroicos, desinteresados, semejantes a Mis Modos, - Se hace difícil aceptar todo esto que dice, porque inevitablemente pensamos siempre, que el Señor está describiendo a que cada uno de nosotros, está adquiriendo todos estos Modos Divinos al sufrir, y esto no es compatible con la imper- fección que percibimos en nosotros mismos. Sin embargo, el Señor no está hablando estrictamente de nosotros como estamos ahora, sino que está hablando del nosotros que llegaremos a ser eventualmente, si continuamos desarrollan- do, perseverantemente, esta Vida de Su Voluntad que ha encerrado en nosotros. El Señor habla de esta segunda vida, que es ahora nuestra, y cómo esta segunda vida está transformando nuestra primera vida inevitablemente. ¿Qué pue-
de importarle al Señor, nuestro estado imperfecto, momento a momento, cuando Él sabe, y ha visto, y se complace con el final de esta imperfección nuestra?
Las demás criaturas hacen competencia para hacerse dominar por esta alma. – Este párrafo es más difícil de entender que los otros. Pensamos que puede referirse o bien a otros seres humanos como nosotros, o a los anima- les y plantas, o a ambos. No sabemos qué pensar, pero podemos especular que en cuanto a los seres humanos este “dejarse dominar” implica que se sentirán atraídos por nosotros, y siguiendo nuestro ejemplo querrán también vivir en Su Voluntad. En cuanto a los animales y plantas pensamos que este “dejarse dominar” puede resultar en que seamos buenos haciendo crecer plantas y flores, y que los animales no nos mostrarán hostilidad. Y ponemos punto a esta especulación.
Y mientras más el alma obra Conmigo y está unida Conmigo, (más) se funde en Mí, - Volvemos a terreno conocido. Hay un creciente proceso de fusión con Jesús, fusión que se realiza a través de los actos que conjuntamente hacemos. Esta es una fusión de objetivos, de colaboración íntima a todos los niveles, el Redentor y el Santificador.
Me siento absorbido por el alma, - Dice el Señor que se siente absorbido por el alma. Mientras más me fundo yo con Él, mas se siente Él esta atracción a estar junto al alma, y dejarse dominar por ella, ser absorbido en esa alma para hacer juntos lo que Él Mismo sugiere a esa alma.
Así que conforme piensa, me siento absorber mi pensamiento en su mente; - Comienza la relación de qué constituye esta absorción que hacemos de Él. Su Pensamiento pasa a ser nuestro pensamiento cuando en Él pensa- mos; siente Sus propios pensamientos “fluir” a través de esa criatura.
Conforme mira, conforme habla, conforme respira, así me siento absorber la mirada, la voz, el respiro, la acción, el paso, el latido, todo me absorbe - Todo lo que esta criatura hace, Él lo replica, y es como si lo que la criatura habla, Él lo habla; lo que la criatura respira, Él lo respira, etc. No es algo que debiera extrañarnos, puesto que si seguimos todo lo que Nos sugiere, es inevitable que lo que hacemos, Él lo reconozca como Suyo, y que por tanto, cuando replica lo que ha sugerido y nosotros hacemos, se ve a sí mismo hablando, respirando, oyendo, pestañeando, latiéndole el corazón.
Hace siempre adquisición de mis modos, de mi semejanza, - este es un aspecto particularmente importante de Su Sugerencia, que no solamente Nos dice lo que quiere que hagamos, sino el modo como debemos hacerlo. Esto a veces es desconcertante, porque aunque esta Vida en Su Voluntad, estrictamente hablando, es la menos ritualista de todas las vidas religiosas que conocemos, incluyendo la católica, lo cierto es que requiere de nosotros ciertos hábitos de oración y de acción que necesitan ser hechos del Modo como Él quiere se realicen. Decimos estrictamente hablan- do, porque lo que se requiere de nosotros en esta Vida en Su Voluntad viene exclusivamente de los Escritos. Así pues, no debemos ver el asistir a Misa diariamente como un requisito de la Vida en Su Voluntad, sino como un requisito de nuestra vida cristiana, católica, virtuosa, que necesitamos absolutamente continuar, porque la Vida en Su Voluntad, no quita, sino que añade nuevas prácticas y deberes a los que ya teníamos.
Y, mirándome en ella, me encuentro a Mí mismo. - El párrafo final que abarca a todos los anteriores, porque,
¿Qué puede haber de mas importante, de más satisfactorio, que el Señor pueda decir que se encuentra a Si Mismo en nosotros, cuando Él Nos mira?
Resumen del capítulo del 10 de Enero de 1917: (Doctrinal) – Página 231 -
Esta mañana mi amable Jesús me ha dicho:
“Hija mía, la santidad está formada de pequeñas cosas, así que quien desprecia las pequeñas cosas no puede ser san- to, sería como quien desprecia las pequeñas semillas de los granos que unidas forman la masa del grano, y que si no se tuviera cuidado de unirlas faltaría el alimento necesario y cotidiano de la vida humana. Así a quien no cuida de unir juntos tantos pequeños actos, le faltará el alimento a la santidad, y como sin alimento no se puede vivir, así sin el alimento de los pequeños actos faltaría la verdadera forma de la santidad y la masa suficiente para formar la santi- dad”.
* * * * * * *
Por años, los que preparan estas Guías de Estudio, han esperado un capitulo que validara lo que tantas veces hemos expresado sobre la necesidad de hacerlo todo en Su Voluntad, hasta los más pequeños actos, muchos de ellos invo- luntarios, por lo importante que son. No se trata de que este capítulo sea novedoso, porque es capitulo que reafirma lo ya dicho; el Señor Le dedica muchos capítulos a este aspecto, pero en casi ninguno ofrece, como hoy, la explicación ultima de porqué esto es necesario. Su explicación es diáfana y al punto. Comencemos el análisis.
(1) Hija mía, la santidad está formada de pequeñas cosas, así que quien desprecia las pequeñas cosas no puede ser santo, - Como de costumbre, el titular en estilo periodístico. Una idea similar a esta, y prácticamente con las mismas palabras, la ofrece Nuestra Madre del Cielo, en el libro de la Virgen María en el Reino de la Divina Vo- luntad. Muchos de los santos de nuestra Iglesia Católica, han forjado sus santidades de altar en las pequeñas cosas que hacían, como Santa Teresita, San Martin de Porres, etc. Así que, nuevamente, la Afirmación Divina en este caso, convalida esta noción que comparten muchos católicos practicantes.
Dicho esto, sin embargo, ¿qué son estas “pequeñas cosas” de que habla el Señor? Como ya sabemos, las “pequeñas cosas” son actos, muchos de ellos involuntarios, que no tienen una trascendencia mayor, que tienen un propósito específico y limitado, y que pasan desapercibidos, o porque no nos damos cuenta de que los estamos haciendo, o porque, aun dándonos cuenta, los consideramos irrelevantes dentro del diario vivir. Es típico pues, que nos acordemos de una limosna que le dimos a un pobre, porque es acto virtuoso, pero que no nos acordemos, al cabo de un rato, de lo que hicimos diez minutos antes de darle esa limosna al pobre, porque fueron “pequeñas cosas”.
Adelantándonos un tanto a la explicación, debiéramos pensar de inmediato, que esas pequeñas cosas tenían una im- portancia insospechada, puesto que si no hubiéramos realizado esas pequeñas cosas, y realizado bien, no hubiéramos podido salir a la calle para realizar el acto virtuoso. Nada puede hacer un ser humano que no sea secuencial, o sea, todo nuestro actuar está encadenado en una sucesión que, si se “rompe”, ciertos actos futuros que estaban en esa sucesión que hemos “roto” o descontinuado, no llegarán a ser realizados jamás. Siguiendo nuestro ejemplo, si no nos hubiéramos levantado de la cama, aseado, vestido, desayunado, y salido a la calle, no hubiéramos podido encontrar al infeliz que necesitaba nuestro auxilio caritativo. Pensemos un poco. Digamos que yo no hubiera desayunado, y hubie- ra salido a la calle sin desayunar, pues el pobre del ejemplo estaría caminando todavía para “tropezarse” conmigo a la puerta de la casa, y yo no hubiera podido “tropezarme” con él, y darle la limosna que Nuestro Señor, a través de mí, quería darle a ese infeliz.
Así pues, y esto es extremadamente importante, si no vemos el acto caritativo, como la culminación de una serie de actos inconsecuentes y “pequeñas cosas”, una serie de “diocidencias”, con las que Nuestro Señor Nos ha estado sugi- riendo la vida que quiere de nosotros, como parte de nuestro Plan de vida diario, entonces sí que habremos perdido el significado profundo de nuestras existencias, porque habremos perdido la conexión mas intima de Dios con cada uno de nosotros, el “espíritu de continua oración”, que es una conexión de actuación, una conexión ininterrumpida de Sugerencias Amorosas con las que Nos guía.
Estamos llegando al final del volumen 11, y este es uno de los muchos capítulos en los que este vivir de Su Voluntad se explica, una y otra vez, con una urgencia cada vez mayor. No podemos avanzar en santidad, como dirá en el párra- fo 3, si no entendemos perfectamente, la manera, el Modo, con el que el Señor quiere que vivamos, nuestras dos vidas.
(2) sería como quien desprecia las pequeñas semillas de los granos que unidas forman la masa del grano, y que si no se tuviera cuidado de unirlas faltaría el alimento necesario y cotidiano de la vida hu- mana. – El ejemplo que utiliza Nuestro Señor para explicar toda esta necesarísima sucesión de actos, es muy fácil de entender. El pan que comemos diariamente, incluyendo el tan trascendente pan eucarístico, está formado por peque- ños granos de trigo que cuando se unen, con cierta cantidad de agua, forman la masa de la que hacemos el pan. Aunque parezca que cada grano es insignificante, cada grano de trigo tiene que ser formado por la planta, y su creci- miento guiado por Su Voluntad Bilocada en esa planta. La espiga de trigo tiene muchos granos, pero cada uno necesi- ta ser formado individualmente, no se forman por casualidad. Cada grano de trigo es de una complejidad abrumadora en sus características, en sus componentes orgánicos más simples. Si nos tomáramos el trabajo de estudiar cada creación Divina, que son “pequeñas cosas”, quedaríamos abrumados ante la complejidad de esa insignificante criatura.
Hay un detalle en Sus Palabras que necesitamos enfatizar, porque junto a la poca atención que le prestamos a las “cosas pequeñas”, corre una cierta cantidad, mayor o menor, de desprecio por esa cosa pequeña. Y no creamos que este desprecio es cosa que solo tienen gentes sin fe, o religiosidad, o gente malvada; muy por el contrario, corre en
casi todos nosotros, de una forma u otra, y es un defecto que debemos tener en cuenta, y luchar para eliminarlo de nuestras mentes y actuación. Entiéndase claramente que el Señor habla del desprecio que podamos llegar a tener a algo, porque nos parece sin importancia, y este desprecio es irracional desde el punto de vista de la Lógica Suprema, porque todo lo que Dios permite que exista es importante; existe, porque tiene utilidad, y es un Acto de Dios, en el que ha intervenido la totalidad del Ser Divino. Así que cuando despreciamos las “pequeñas cosas”, inevitablemente, despreciamos a Dios.
(3) Así a quien no cuida de unir juntos tantos pequeños actos, le faltará el alimento a la santidad, y co- mo sin alimento no se puede vivir, así sin el alimento de los pequeños actos faltaría la verdadera forma de la santidad y la masa suficiente para formar la santidad. - ¿De qué santidad habla el Señor? De la santidad única que Le interesa en estos “tiempos”, la Santidad que representa esta Vida en Su Voluntad, que por todo lo que ya hemos aprendido, es la santidad máxima a la que podemos aspirar como criatura; entendiendo por santidad, la unión intima y más perfecta posible, de una criatura con Su Creador y Señor.
Lo que en definitiva Nuestro Señor busca con este capítulo, y otros similares a este, es que comprendamos que toda nuestra vida corporal/espiritual ha sido una sucesión de actos, con la que Nos llevaba al momento cumbre, al acto de pedirle vivir en Su Voluntad. Nos ha estado guiando de la mano, no siempre en forma derecha, pero siempre en forma segura, para que llegara a nosotros, y pudiéramos “tropezarnos” con ese momento culmen de nuestra existencia te- rrenal: el momento en el que Nos ofreció el Modo más perfecto de unirnos a Él, ahora y aquí.
Ahora bien. De igual manera que Nos condujo hasta ese momento, ahora continúa guiándonos para que continuemos “formando la santidad” que Nos otorgó como una semilla que necesitaba crecer. Todos nuestros actos, a partir de esa aceptación inicial, contribuyen a esta “formación de santidad” en Su Voluntad, y no podemos desatender nin- guno, ni despreciar ninguno, sino que debemos acoger y realizar todo lo que Su Voluntad Nos sugiere.
Resumen del capítulo del 2 de Febrero de 1917: (Doctrinal) – Página 232 - La Sugerencia Amorosa de Su Pasión -
Encontrándome en mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma, y he encontrado a mi siempre amable Jesús, toda chorreando sangre, con una horrible corona de espinas, y con dificultad me miraba por entre las espinas, y me dijo:
“Hija mía, el mundo se ha desequilibrado porque ha perdido el pensamiento de mi Pasión. En las tinieblas no ha en- contrado la luz de mi Pasión que lo ilumine, que haciéndole conocer mi Amor y cuántas penas me cuestan las almas, pueda reaccionar y amar a quien verdaderamente lo ha amado, y la luz de mi Pasión, guiándolo, lo ponía en guardia de todos los peligros; en la debilidad no ha encontrado la fuerza de mi Pasión que lo sostenga; en la impaciencia no ha encontrado el espejo de mi paciencia que le infunda la calma, resignación, y ante mi paciencia, avergonzándose tenga como un deber dominarse a sí mismo; en las penas no ha encontrado el consuelo de las penas de un Dios, que sosteniendo las suyas le infunda amor al sufrir; en el pecado no ha encontrado mi santidad, que haciéndole frente le infunda odio a la culpa. ¡Ah! en todo ha prevaricado el hombre porque se ha separado en todo de quien podía ayudar- lo, por eso el mundo ha perdido el equilibrio, ha hecho como un niño que no ha querido conocer más a su madre, como un discípulo que desconociendo al maestro no ha querido escuchar más sus enseñanzas ni aprender sus leccio- nes, ¿qué será de este niño y de este discípulo? Serán el dolor de sí mismos y el terror y el dolor de la sociedad. Tal se ha hecho el hombre, terror y dolor, pero dolor sin piedad, ¡ah, el hombre empeora, empeora siempre más y Yo lo lloro con lágrimas de sangre!”
* * * * * * *
(1) Hija mía, el mundo se ha desequilibrado porque ha perdido el pensamiento de mi Pasión. – No es primera vez que Jesús utiliza el término de “equilibrio” o el de “desequilibrio” en la criatura, para definir el estado que ocurre cuando una criatura, total o ocasionalmente, se aparta de Su Pasión, como el “Centro” alrededor del cual, la criatura debe girar para obtener dirección estable y segura. Confirmando con el Diccionario averiguamos que el Dic- cionario define equilibrio como el “estado de un cuerpo, cuando encontradas fuerzas que obran en el, se compensan destruyéndose mutuamente”. Pensamos volver a esta definición una y otra vez, cuando estudiemos los párrafos 2 al 7, y en el resumen que haremos al final del capítulo.
Dicho de otra manera más convencional, la criatura pierde el equilibrio cuando deja de actuar correctamente, a la Luz de Su Pasión, cuando deja de tenerla como guía constante de todo su actuar.
(2) En las tinieblas no ha encontrado la luz de mi Pasión que lo ilumine, que haciéndole conocer mi Amor y cuántas penas me cuestan las almas, pueda reaccionar y amar a quien verdaderamente lo ha amado, - Comienza el Señor a definir el estado de desequilibrio anunciado con 6 desequilibrios, los más importantes para Él, aunque luego en el párrafo 8, el Señor extenderá Su Atención a todos los posibles desequilibrios que pueden acaecerle a un ser humano, llamándonos “prevaricadores”. El adjetivo suena bastante feo, y lo es.
Hemos hablado muchas veces del Bien que viene encerrado en cada acto que hacemos, y que liberamos, cuando si- guiendo Su Sugerencia Amorosa, realizamos el acto. Pues bien, Nuestro Señor se ha propuesto inundarnos con Suge- rencias Amorosas relativas a Su Pasión, porque Él ha encerrado en las múltiples variaciones del “acto” que constituye Su Pasión, a todos los Bienes que nosotros podremos llegar a necesitar para ir al puerto seguro de la Salvación, o de la Santificación en la Divina Voluntad. La Pasión es como una grandiosa pieza orquestal que Nuestro Señor ha com- puesto, y que tiene un solo tema, e infinitas variaciones.
Cuando los nuevos “alumnos” de este Apostolado nos han preguntado, de cuál es la cosa más importante en este Apostolado, siempre, invariablemente, nos referimos a Su Pasión como lo más importante a estudiar, porque, y esta es la gran lección de este capítulo, en Su Pasión está el fundamento de todo lo que el Señor quiere entregarnos con el Don de Vivir en Su Voluntad.
Dicho de otra manera; vivir en Su Voluntad no tiene directamente nada que ver con Su Pasión, pero indirectamente, tiene todo que ver con Su Pasión. Es imposible vivir en Su Voluntad, y pretender que estamos desarrollándola, si es- tamos separados de Su Pasión. Es como muchas veces dice el Señor, Su Pasión es mano sin ser mano, es pie, sin ser el pie.
En este primer desequilibrio habla de que vivimos en tinieblas, y que esas “tinieblas” se verían disipadas si pensára- mos en Su Pasión y la recordáramos frecuentemente, porque Su Pasión es “luz que ilumina”. Entendamos bien esto. No se trata de que tengamos que hacer nosotros algo para que nos ilumine la luz de Su Pasión; la Luz brota de Su Pasión en forma inextinguible, y solo con acercarnos a Ella, por el mero hecho de pensar en Ella, cosa que Nos sugiere ahora directamente, quedamos iluminados por Ella y se Nos aclara el camino a seguir. Esto es casi imposible enten- derlo intelectualmente, pero de seguro afirmamos que es lo que se experimenta.
Siguiendo la manera de pensar que anunciamos en este párrafo, veamos cuales son los Bienes que encierra esta pri- mera “variación” de la sinfonía de Su Pasión. Dice que “haciéndole conocer mi Amor y cuántas penas me cuestan las almas, pueda reaccionar y amar a quien verdaderamente lo ha amado”; y este Bien de hacernos conocer Su Amor, Nuestro Señor lo realiza a través de la Luz que emana de Su Pasión y con la que Nos ilumina.
Decíamos cuando hablábamos de desequilibrio, que las tinieblas en las que vivimos, son la fuerza que pretende sacar- nos de nuestro Centro que debe ser Jesús, y que Su Pasión es la Luz contrarrestante que destruye la fuerza de las tinieblas, y restablece el equilibrio.
Dicho de otra manera más rápida, en esta Luz que nos ilumina, Nos da a conocer Su Amor, de una manera incontro- vertible, de la manera más palpable y directa que es posible concebir. Más aun, al no recibir esta Luz, continuamos en las tinieblas y estamos desequilibrados. En un capitulo que contiene frases Suyas memorables, esta que dice: “para que pueda reaccionar, y volver a equilibrarse, y vuelva a amar a quien verdaderamente la ha amado”, es, ciertamen- te, una de las más memorables.
(3) y la luz de Mi Pasión, guiándolo, lo ponía en guardia de todos los peligros; - No es suficiente que la Luz disipe las tinieblas en las que nos encontramos, sino que es necesario que se convierta en Guía de nuestros pasos futuros. Aunque parece que el Señor habla de la misma “clase” de Luz en los párrafos 2 y 3, lo cierto es que en el párrafo 2, la Luz es disipadora de tinieblas, y en el párrafo 3, la Luz es Faro que guía, que ilumina los mares cuando las tinieblas le impide a los marineros ver el rumbo que necesitan llevar para llegar a puerto seguro. No solo hace falta que Nuestro Señor disipe nuestras tinieblas, es necesario que también Nos guie.
De nuevo, el nuevo Bien contrarrestante que encierra el “acto de Su Pasión”, cuando lo hacemos, es de ser un Faro
que Nos ilumina y Nos guía.
(4) en la debilidad no ha encontrado la fuerza de mi Pasión que lo sostenga; - Necesitamos fuerza para ven- cer nuestra debilidad, y cuando pensamos en Su Pasión, siguiendo Su Sugerencia Amorosa de que lo hagamos, reci- bimos uno de los infinitos Bienes que Él ha encerrado en el “acto de Su Pasión”, cual es la fuerza para vencer nuestra debilidad frente a las asechanzas y peligros en los que nos envuelven nuestros enemigos. Esta fuerza se contrapone a nuestra debilidad y restablece el equilibrio de nuestras vidas.
De nuevo recordamos a todos, que no se trata de hacer nada en especifico respecto de Su Pasión, basta sencillamente el que “pensemos en Su Pasión”, y esto hacemos cuando la leemos, porque dice Jesús en el primero de los párrafos de este capítulo, que “el mundo, nosotros, hemos perdido el pensamiento de Mi Pasión”. No debe extrañarnos, el que el primero de los libros de Luisa publicados por San Aníbal haya sido la Pasión, y que fuera, a través de las Horas de la Pasión, que San Aníbal se unió a Luisa en este Apostolado, y pudo llegar a comprender el Mensaje de Nuestro Señor expresado en los Escritos.
(5) en la impaciencia no ha encontrado el espejo de mi paciencia que le infunda la calma, resignación, y ante mi paciencia, avergonzándose tenga como un deber dominarse a sí mismo; - Nuestro Señor destaca la impaciencia, como una de los más grandes contribuyentes de desequilibrio en nuestras vidas. A veces olvidamos, pero aquí está el Señor para recordárnoslo, que la falta de resignación y calma, debe atribuirse muchas veces a la impa- ciencia. Pensemos un poco.
Cuando ocurren sufrimientos, contrariedades, dificultades que pueden agobiarnos y desequilibrarnos, nos olvidamos frecuentemente que todo eso viene como resultado, mayormente, de la interacción con otras criaturas, que con sus libertades de voluntad nos causan estos problemas. El Señor permite que estas situaciones Nos sucedan por varias razones. La primera, porque al darnos a todos libertad de voluntad para actuar, no puede impedir que otros la mal utilicen para nuestro sufrimiento e incomodidad, directa o indirectamente. La segunda, porque muchas veces estos contratiempos son remedio saludable y correctivo para nuestra actuación incorrecta. La tercera, porque de esa mane- ra siempre misteriosa, Nos asocia a Sus Propios Contratiempos, Sufrimientos, etc., “honor más grande no podía dar- les”, y que otros también Le daban, utilizando mal sus libertades de voluntad.
Volviendo al punto. Aunque el Señor permita que estas cosas sucedan por las razones expuestas, no quiere por eso decir, que, en la “corrida de ensayo”, no hayan preparado acciones positivas que contrarresten esas acciones negati- vas con las que otros nos hacen sufrir, pero estas acciones contrarrestantes toman un poco de tiempo para llevarse a cabo, por lo que hay que tener paciencia, porque de nuevo, Nuestro Señor tiene que lograr Sus Objetivos sin hacernos excesiva violencia, y eso lleva tiempo. Un ejemplo quizás ayude a entender esto.
Perdemos el trabajo, porque otros quieren eliminar nuestro puesto para ahorrar dinero. El Señor no puede, o mejor dicho, no quiere violentar la libertad de voluntad de aquel o aquellos que han decidido despedirnos, y permite que nos despidan, pero al mismo tiempo, inicia una serie de nuevas sugerencias a otros, para que eventualmente me ofrezcan un trabajo igual, o posiblemente mejor que el que tenia. Esto lo simplifica el famoso refrán español: “no hay mal que por bien no venga”. Así pues, la paciencia es necesaria para conseguir lo que el Señor ha preparado para nosotros, y esa paciencia donde más abundantemente se consigue es pensando en la Pasión de Nuestro Señor. Después de todo,
¿no esperó Él 33 años, y con gran paciencia, por ese solo día?
Los que preparan estas Guías de Estudio piensan, con una sonrisa, que cuando agobiamos al Señor con peticiones para que Nos resuelva un problema, Él a veces quisiera contestarnos diciendo: No ves que estoy trabajando en el problema. Ten paciencia que ya estamos llegando.
¿Cuál es el Bien que se obtiene en esta “variación” de la Pasión del Señor? Se consigue paciencia y dominio de sí mis- mo que contrarresta el desequilibrio causado por nuestra impaciencia.
(6) en las penas no ha encontrado el consuelo de las penas de un Dios, que sosteniendo las suyas le in- funda amor al sufrir; - Y, ¿Qué sucede cuando las Penas no se van, no se contrarrestan, cuando con paciencia es- tamos esperando a que el Señor Nos las quite de arriba, pero no se van? Pues entonces, hay que aguantar y resignar- se, y también pensando en la Pasión se recibe el Bien de la resignación, porque Nuestro Señor Nos “infunde amor al sufrir”, viendo como Él amaba el sufrir. Este Bien de “amar el sufrir”, viene encerrado en esta “variación” de Su Pa- sión, y que contrarresta la fuerza de “odiar el sufrir” que muchos de nosotros, por desgracia, tenemos.
De nuevo, queremos enfatizar Sus Palabras “amar el sufrir”. Sabiendo lo que ya sabemos por otros capítulos, sobre el valor que tiene el sufrir, unido al de Él en Su Voluntad, no debemos desperdiciar ninguna oportunidad para aceptarlo, puesto que estas Penas, que Él Replica, se multiplican en beneficios incalculables para las demás criaturas.
(7) en el pecado no ha encontrado mi santidad, que haciéndole frente le infunda odio a la culpa. – ¿Cuál es el Bien de que Nos habla respecto del pecado? En una forma indirecta Nos dice, que es el pecado humano el cau- sante directo de Su Pasión, y que si Le amamos, y comprendemos esto, debemos desarrollar en nosotros este “odio a la culpa”, este odio a aquello que ha causado, que lo ha puesto a Él, en las condiciones infrahumanas de Su Pasión. Entendamos esto bien. No es suficiente no querer hacer algo en contra de Su Voluntad, no es suficiente querer ser buenos, debemos desarrollar en nosotros un “sano odio”, un “sano aborrecimiento” a la culpa del pecado, al pecado en sí, y a aquello que nos ha llevado a pecar; y todo esto lo conseguimos con el solo pensar en Su Pasión. Es inevita- ble, y es la fuerza contrarrestante más fuerte para llegar a “odiar la culpa”, y encontrar la fuerza contrarrestante para rechazar toda tentación.
(8) ¡Ah! en todo ha prevaricado el hombre porque se ha separado en todo de quien podía ayudarlo, por eso el mundo ha perdido el equilibrio, ha hecho como un niño que no ha querido conocer más a su ma- dre, como un discípulo que desconociendo al maestro no ha querido escuchar más sus enseñanzas ni aprender sus lecciones, ¿qué será de este niño y de este discípulo? Serán el dolor de sí mismos y el te- rror y el dolor de la sociedad. – El párrafo cumbre, porque apela ahora a nuestros sentimientos, más que a nues- tro análisis e inteligencia. El hombre prevarica “porque se ha separado en todo, de quien podía ayudarlo”. Este es un párrafo extraordinario y de un impacto grande: Cuando prevaricamos, nos separamos del único que puede ayudarnos de verdad.
Demos un paso atrás. Prevaricar, según el Diccionario es: “actuar injustamente a sabiendas, o por ignorancia inexcu- sable”. Esta es la condición humana del ser humano que se ha separado de Dios, y del cristiano que se ha separado de Jesucristo. Somos como un niño que se separa de las enseñanzas de su madre, y como el discípulo que desconoce a su maestro. Y esto no es una manera de hablar del Señor, como algunos puedan pensar; por el contrario, es una verdad meridiana. Toda la maldad humana descontrolada empieza en la casa cuando todavía estamos sujetos a nues- tros padres, y los desoímos, o cuando estamos en las escuelas y desoímos y nos burlamos de nuestros maestros. To- dos esos que son ahora terror y dolor de la sociedad, fueron niños alguna vez, y desde que eran niños comenzaron a descarriarse; ¿o es que esto se nos ha olvidado?
Pues bien, dice ahora el Señor, si queremos actuar justamente a sabiendas, y no seguir en esta ignorancia inexcusa- ble, pensemos en Su Pasión, y dejaremos de prevaricar.
(9) Tal se ha hecho el hombre, terror y dolor, pero dolor sin piedad, ¡ah, el hombre empeora, empeora siempre más y Yo lo lloro con lágrimas de sangre! – El sufrimiento y dolor no pueden evitarse, pero si puede evitarse un “dolor sin piedad”, pero no para Jesús solamente, sino para el hombre mismo. Este es un dolor que no está mitigado por la resignación, y por la comprensión. Y de esta manera, no pensando en Su Pasión, el “hombre empeora, empeora siempre más”, y Jesús “llora con lagrimas de sangre”.
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No queremos terminar sin dar un gran resumen de los Bienes que conseguimos cuando seguimos Su Sugerencia de que leamos las Horas de la Pasión diariamente, y de que pensemos en Ella frecuentemente.
Luz para disipar las tinieblas
Faro que nos guía y Nos pone en guardia contra los peligros Fuerza que sostenga nuestra debilidad
Paciencia y Calma en medio de nuestras impaciencias Paciencia y Resignación para dominio de sí mismo Consuelo en el sufrir y amor al sufrir
Santidad que infunde el odio a la culpa
Unión profunda al Único Ser que puede ayudarnos de verdad.
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Resumen del capítulo del 24 de Febrero de 1917: (Doctrinal) – Página 234 -
Habiendo recibido la comunión, tenía estrechado a mi corazón a mi dulce Jesús y le decía:
“Vida mía, cuánto quisiera hacer lo que hiciste Tú mismo cuando te recibiste Sacramentado, a fin de que Tú puedas
encontrar en mí tus mismos contentos, tus mismas oraciones, tus reparaciones”. Y mi siempre amable Jesús me ha dicho:
“Hija mía, en este breve giro de la hostia Yo encierro todo, y por esto quise recibirme a Mí mismo, para hacer actos completos que glorificaran al Padre dignamente, porque las criaturas recibían a un Dios, y daba a las criaturas el fruto completo de mi Vida Sacramental, de otra manera habría sido incompleto para la gloria del Padre y para el bien de las criaturas, y por eso en cada hostia están mis oraciones, mis agradecimientos, y todo lo demás que se necesitaba para glorificar al Padre, y lo que la criatura debía hacerme; así que si la criatura falta, Yo en cada hostia continúo mi labor como si por cada alma me recibiera otra vez a Mí mismo, entonces el alma debe transformarse en Mí y hacerse una sola cosa Conmigo, y hacer suya mi Vida, mis oraciones, mis gemidos de amor, mis penas, mis latidos de fuego con los que quisiera hacerlas arder, pero no encuentro quien se deje en poder de mis llamas. Y Yo en la hostia renazco, vivo y muero, y me consumo, pero no encuentro quien se consuma por Mí, y si el alma repite lo que hago Yo, me siento repetir como si otra vez me hubiera recibido a Mí mismo, y encuentro gloria completa, contentos divinos, desahogos de amor a la par de Mí, y doy gracia al alma de consumarse en mi misma consumación”.
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Este capítulo ya lo habíamos estudiado extensamente como el Matiz No. 39, que habíamos titulado el Giro de la Hos- tia Sacramentada en la Divina Voluntad.
Lo que discutimos entonces, lo transferimos a este capítulo para que la explicación y análisis del volumen 11 quede completo.
En este capítulo del 24 de Febrero de 1917, Volumen 11, Jesús responde a un deseo de Luisa y Le da importantes lecciones sobre Sus Acciones consecuentes a la Institución a la Eucaristía, particularmente en este caso, respecto a la necesidad de comulgarse a sí mismo. En dos capítulos anteriores en este mismo Volumen 11, el del 13 de Noviembre de 1915, (Descripción 26 de la Guía de Estudios de los capítulos descriptivos de la Divina Voluntad), y el del 22 de Diciembre de 1916, Jesús comenzó a enunciar todo lo concerniente a este Conocimiento ahora confirmado por Sus Palabras, de que El se comulgó a Si Mismo.
En cada uno de estos capítulos, Jesús anuncia distintos aspectos sobre Su Comunión de Si Mismo. En el del 13 de Noviembre de 1915, dice las principales razones, desde el punto de vista de Decoro y Dignidad Divinas, por las que esto tenía que ocurrir, y así dice:
“Mi Humanidad, a nombre de toda la familia humana tomó el empeño por todos y dio la habitación en Sí misma a cada hostia, y mi Divinidad, que era inseparable de Mí, circundó cada hostia sacramental con honores, alabanzas y bendiciones divinas para hacer digno decoro a mi Majestad, así que cada hostia sacramental fue depositada en Mí y contiene la habitación de mi Humanidad y el cortejo de los honores de mi Divinidad; de otra manera, ¿cómo podía descender en la criatura? Y fue sólo por esto que toleré los sacrilegios, las frialdades, las irreverencias, las ingratitudes, porque habiéndome recibido a Mí mismo puse a salvo mi decoro, los honores, la habitación que se necesitaba a mi misma persona. Si no me hubiera recibido a Mí mismo, Yo no habría podido descender en ella, y a ella le habría falta- do el camino, la puerta, los medios para recibirme…”
“Así es mi costumbre en todas mis obras, las hago una vez para dar vida a todas las demás veces que se repetirán, uniéndolas al primer acto como si fuera un acto solo, así que la potencia, la inmensidad, la Omnividencia de mi Volun- tad me hicieron abrazar todos los siglos, me hicieron presentes todos los comulgantes y todas las hostias sacramenta- les, y me recibí otras tantas veces a Mí mismo, para hacer pasar de Mí a Mí mismo a cada criatura. ¿Quién ha pensado jamás en tanto amor mío, que para descender en los corazones de las criaturas, Yo debía recibirme a Mí mismo para poner a salvo los derechos divinos, y poder dar a ellas no sólo a Mí mismo, sino también los mismos actos que Yo hice al recibirme, para disponerlas y darles casi el derecho de poderme recibir?"
Como vemos, además del Decoro y Dignidad Divinas, si El no se hubiera comulgado a Si Mismo, no tendríamos el permiso necesario para recibir a Dios en nosotros, careceríamos de la autorización necesaria para efectuar un acto que, sencillamente, por la naturaleza de lo Recibido, nos sería imposible hacerlo.
Seguidamente, en el capítulo del 22 de Diciembre de 1916, Jesús manifiesta como cada Hostia Sacramental contiene el fruto completo de Su Vida Sacramental, con lo que manifiesta, que El tenia que comulgarse a sí mismo, para ence- rrar en cada Hostia, todo lo que El hizo, y de esa manera poder transmitirlo a aquellas criaturas que vivan en Su Vo- luntad. Observemos que no habla del católico “normal” que comulga, sino del católico que vive en Su Voluntad. Y así leemos:
“Hija mía, quien hace Mi Voluntad, y todo lo que hace, lo hace en Mi Querer, Me obliga a hacer junto con ella lo que ella hace. así que si recibe la Comunión en Mi Querer, Yo repito los actos que hice al comulgarme, y renuevo el fruto completo de Mi Vida Sacramental; si reza en Mi Querer, Yo rezo con ella y renuevo el fruto de Mis Oraciones; si sufre, si obra, si habla en Mi Voluntad, Yo sufro junto con ella y renuevo el fruto de Mis Penas, obro y hablo junto con ella, y renuevo el fruto de Mis Obras y Palabras, y así de todo lo demás”.
Este concepto, ya de por si extraordinario, lo que significa en realidad es que si El no se hubiera comulgado a Si Mis- mo, esa Comunión no serviría para el desarrollo de la Vida de Su Voluntad Bilocada, concepto que conocemos por el Capitulo sobre los Sacramentos del 5 de Noviembre de 1925, volumen 18, y el del 12 de Mayo de 1905, volumen 6.
Ahora, en este capítulo, Jesús desea que entendamos lo que ocurre en el momento de la Comunión en Su Voluntad, a través de este Giro especialísimo de la Comunión, que El mismo se encarga de enseñarle a Luisa.
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Y comencemos con el análisis. Como vemos, el capitulo comienza con Luisa estrechando a Jesús en su corazón, y diciéndole que quisiera hacer lo que El mismo hiciera cuando, al instituir la Eucaristía, se comulgó a Si Mismo. En la manera en como Luisa se expresa, hay un reconocimiento de su ignorancia, y una súplica para que Jesús le enseñe a hacer lo que El mismo hizo, a comulgar como El se comulgó, para así recibir ella lo mismo que El recibió.
Como ya sabemos, Luisa conocía ya, que Jesús se había comulgado a Si Mismo, pero ahora quería saber lo que El hizo, para hacerlo en otros momentos en los que no está comulgando. Básicamente, Luisa quiere información para poder reflexionar, meditar sobre lo que El hizo, pero eso que llamamos reflexión y meditación, para la criatura que vive en Su Voluntad, se le llama Giro.
Esto que Luisa hace, debe servirnos también de lección para aprender que debemos pedirle ayuda a Jesús para comprender lo que quiere de nosotros, en esta nueva vivencia en Su Voluntad. Si tenemos que pedir querer hacer siempre Su Voluntad, más aun, tenemos que pedir instrucción para vivir en Su Voluntad.
A esta suplica de Luisa, Jesús comienza Su instrucción diciendo: “Hija mía, en este breve giro de la hostia Yo encierro todo”.
Ya estamos acostumbrados a esta manera de hablar, y por tanto, entendemos que en lo que va a decirnos a continuación, radica lo que El expresó cuando se comulgó a Si Mismo, y que eso que El hizo fue una Oración, una Alocución, pero que El decide llamar Giro, breve pero al punto.
Es extraordinario, que ya en 1917, Jesús utilice esta palabra de Giro, para expresar Su Forma de Orar, que como ya sabemos es la forma de orar que quiere de Sus Hijos renacidos en la Divina Voluntad. Van a pasar años todavía, hasta el 1925, volumen 18, en el que expandirá Sus Enseñanzas sobre los Giros en la forma tan completa como lo hace en los volúmenes 17 y 18. Dice además, que en este breve Giro, “lo encierra todo”, con lo que anuncia no solo la totalidad que hiciera en aquel momento, sino la totalidad que alcanzan todos los que ahora, en Su Voluntad, repiten, lo que El nos va a decir que hizo.
Comoquiera que para nosotros, el Conocimiento impartido debe traducirse en una acción correspondiente, hemos preparado un Giro, modelado en Sus Palabras, para que todos los que leen estas Guías de Estudio puedan realizarlos frecuentemente, y así actuar acorde con esta Vida en la Divina Voluntad, vida de acción y práctica de lo que Nos
enseña.
Y continuemos ahora con el análisis de Sus Palabras.
Y por esto quise recibirme a Mí mismo, para hacer actos completos que glorificaran al Padre; - Una nota aclaratoria antes de proseguir con el análisis del párrafo. Sólo se Glorifica a Dios a través de nuestros actos, y el grado de Glorificación depende de la perfección con que se haga el acto. Por eso Jesús, enfatiza la palabra “completo” a lo que El hace. Una vez mencionado esto, repetimos lo dicho anteriormente: nosotros fuera de Su Voluntad, jamás po- dremos hacer nada perfectamente, pero viviendo en Su Voluntad, si podemos, porque es esa Misma Voluntad Suya Bilocada en nosotros, la que se encarga de hacerlo.
Una vez dicho esto, enumeramos los motivos de Sus Acciones:
1) para poder dar al Padre, como Hijo Suyo, la Gloria completa de todos Sus Actos completos, que solo un Dios humanado podía darle.
2) Para preparar así, un patrón de Sus Actos completos que El entregaría a las criaturas que los habrían de reci- bir. Solo de esta manera se podía abrir la vía de comunicación entre Dios y las criaturas, a través de la cual, El podría entregar a todos, los Bienes encerrados en Su Vida Sacramental. Y, ¿Cuáles son esos actos que Jesús menciona? Parte de ellos están mencionados en este capítulo, a saber, Sus oraciones y Sus agradecimientos, el resto de sus acciones no las menciona porque recordemos que está realizando un giro breve, pero debemos tener la seguridad de que fueron todos los actos necesarios para que el proceso de Glorificación a través de Su Vida Sacramental sea completo.
(Quise recibirme a Mi mismo) dignamente, porque las criaturas recibían (en Mi) a un Dios, - Una vez que declara en el primero de los párrafos que debía El, como hombre perfecto, dar Gloria completa a Su Padre, ahora dice, que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad que cohabitaba con Su Humanidad, debía también recibir los Home- najes del hombre perfecto, y solo El, Jesús, podía otorgar a esa Segunda Persona Divina, la dignidad necesaria, por- que recordemos una vez más, que cuando comulgamos recibimos a Dios.
Y (al recibirme a Mi mismo) daba a las criaturas el fruto completo de mi Vida Sacramental, - La tercera de las Justificaciones de porqué tuvo que recibirse a Si Mismo: para poder dar a las criaturas todos los frutos de Su Vida Sacramental que El mismo incorporaba a Su Misma Persona, con el grandioso objetivo de poder pasar esa nueva realidad de Su Persona a todas las criaturas que lo recibirían. Todo esto requiere una explicación que trataremos de enunciar en las próximas líneas. En un principio, todo tiene que ver con el concepto de Orden, con el concepto de diseño Divino.
Cuando nosotros diseñamos una silla para sentarnos, no se nos ocurriría diseñarla sin patas, porque el diseño seria de un objeto que es todo menos silla. En el diseño de algo está envuelto lo esencial que se necesita poner en la cosa diseñada para que cumpla el objetivo buscado. Es necesario que entendamos, a la luz de estos Escritos y de los Con- ceptos que Jesús enumera una y otra vez, que el Sacramento de la Eucaristía, es también el Orden de la Eucaristía, porque así como en el Orden de la Creación, Dios diseñó todo lo necesario para que esa Creación tuviera “sentido de diseño”, así también en el sublime diseño de la Eucaristía, Dios puso todo lo necesario para que la Eucaristía tuviera “sentido de diseño”. En estos escritos hemos comenzado a entender poco a poco, todo lo que El diseñó y que por tanto encerró en el acto Eucarístico, porque si no se encerraba integralmente, en el momento de diseñarlo, lo que ese Acto Eucarístico debería contener, ya después no hubiera sido posible añadirle nada. Además, no es esa la forma co- mo Él dice que actúa, ya que siempre dice que Ellos todo lo hacen perfectamente completo desde el momento de la “arrancada”, en su acto primero.
Una vez dicho esto, y con el Orden de la Eucaristía diseñado perfectamente, con todo los Bienes y Gracias que debía contener, El quiere hacer hincapié, en que en este Orden está envuelta también la creación de Su Presencia Real en ese pedazo de pan y gotas de vino. Esta creación completa, Bienes, Gracias y Su Presencia Real, es lo que Jesús su- cintamente llama en este párrafo, Su Vida Sacramental, que va a quedar encerrada en esa Hostia y en ese Vino, y sobre cuya Hostia pronuncia ahora el Fiat Creador. Una vez pronunciado, este Fiat Creador se actualiza en un Jesús que es creado, renace, vive, muere y resucita; el Jesús Sacramentado, es ahora el vehículo para la entrega de los Bienes y Gracias diseñados y encerrados. Repetimos. Si atendemos a lo que dice, Su Vida Sacramental, una parte integral del diseño del Orden de la Eucaristía, es la que encierra todos los bienes del diseño total e integro, y es a su
vez, la que porta, la que trae a la criatura todos los frutos de esos Bienes que la criatura va a recibir cuando comul- gue.
Sigue la lógica del proceso, porque todavía esto no ha terminado. Ya está diseñada la Eucaristía, están diseñados to- dos los Bienes que va a encerrar, está diseñado el vehículo que encierra y porta esos Bienes y frutos de esos Bienes a la persona que comulga, pero el Diseño, el Orden de la Eucaristía, no tiene todavía realidad, no se ha pronunciado el Fiat que da Vida a aquella Presencia Real que también ha sido creada con el otro Fiat Creador. Es solamente cuando Jesús ejecuta un Acto, que ese acto cobra la vida del Fiat, Vida Divina; todos los Bienes cobran vida, y quedan capaci- tados para liberar los frutos que encierran. Así que en el instante en que se comulgó a Si Mismo, fue en el instante en que todo Su Diseño cobró vida para nosotros, y todos los Bienes se pusieron a nuestra disposición. Y todo esto que hizo con la Primera de las Hostias de Vida Sacramental, lo hizo con todas y cada una de las Hostias que habrían de sacramentarse a partir de ese momento, hasta el final de los tiempos. No puede haber ya nada extraño en esto para nosotros, sino, por el contrario, debe sernos perfectamente lógico, el que El haya tenido que dar Vida y capacitación a todos los Bienes Diseñados y encerrados en cada hostia, comulgándolas una por una.
El Jesús que recibimos en el acto Eucarístico, no es el Mismo Jesús de antes de la institución de la Eucaristía, al con- trario, es un Jesús “aumentado” al máximo posible, porque Su Humanidad encierra ahora, al comulgarse a Si Mismo, todos los Bienes “futuros” que Él mismo había diseñado para todos nosotros en el Orden de la Eucaristía, y que ahora también son parte de Él, y cuyos bienes son liberados al consumir nosotros Su Presencia Real, y cuyos frutos se Nos entregan.
Es muy conveniente a estas alturas, que enumeremos algunos de los Bienes que ha encerrado en esta Vida Sacramen- tal, y que conocemos. La lista completa de esos Bienes es imposible enumerarlas ahora, puesto que los Conocimientos de Su Vida Sacramental están esparcidos a través de todos los volúmenes, y porque solamente en estos volúmenes recibimos confirmación de los Bienes que El quiere conozcamos. Como ya sabemos, muchos de estos Bienes han sido diseñados para aquellas almas que vivan en Su Voluntad, y solo surten efecto cuando esa alma conoce y recibe la Comunión con ese conocimiento intimo del Bien o Bienes que “vienen” en la Comunión que hace. Dicho en otras pala- bras, recibimos los Bienes según las Disposiciones, no morales que esas ya están sobreentendidas, sino según nuestra Disposición de Conocimiento.
Algunos de los Bienes que conocemos ahora son:
1) Para alimento de los seres humanos, ayuda diaria en el esfuerzo de salvación, para combatir con efectividad al maligno, a través de la participación en Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, que aunque por pocos minutos, es suficiente para que esta ayuda sea supremamente efectiva.
2) Para la salvación de las almas y resurrección de sus cuerpos en el día final; y esto para las almas que perseve- ran en una vida virtuosa y cumplidora de Su Voluntad.
3) Para aquellas almas que no solo perseveran, sino que pidan vivir en Su Voluntad, esta Comunión de Jesús le servirá, no solo para salvar su alma, sino como El bien ha dicho ya en otros capítulos, para otorgarle el Don de Vivir en la Divina Voluntad en propiedad; y una vez otorgado, servirse de cada comunión adicional, las mismas ya realizadas por El en su momento en el tiempo, para hacer crecer y desarrollar la Divina Voluntad Bilocada en el alma de la criatura.
De otra manera habría sido incompleto para la gloria del Padre y para el bien de las criaturas, - Si Jesús no se hubiera recibido a Si Mismo en la Comunión, todo hubiera estado incompleto, habría faltado el elemento divino que solo Él podía “traspasarle” a la Hostia, y por tanto el Padre no hubiera podido recibir la Gloria completa que debe existir en todo Orden, ni las criaturas hubieran podido recibir todos los Bienes o Beneficios que El había diseñado en ese Orden de la Eucaristía, y que ya hemos tratado de explicar en las secciones anteriores.
Y por eso en cada hostia están mis oraciones, mis agradecimientos, y todo lo demás que se necesitaba para glorificar al Padre, y lo que la criatura debía hacerme; - Jesús Nos deja saber una parte de lo que El en- cerró en la Primera Hostia y en todas las restantes Hostias que serian comulgadas hasta el final de los tiempos. Aquí Jesús menciona Sus Oraciones, Sus Agradecimientos, y cuando Nos dice: “todo lo demás…”, podemos referirnos al Capitulo del Volumen 1, en el cual Le deja saber a Luisa, la labor comenzada en ese momento, y que todavía conti- núa, y continuará, mientras está presente en el Sacramento, a saber: Expiación, Reparación, Inmolación y Adoración
Perpetua al Padre Celestial. En adición a todo esto, que era lo requerido de El por Su Padre, para poderle dar “permi- so” para establecer el Orden de la Eucaristía, El encerró también en el Orden Eucarístico, todo lo que la criatura debía realizar diariamente, es decir, el cumplimiento de los siete Deberes de Justicia, que se cumplen perfectamente con nuestra comunión, y que de esa manera quedan hechos diariamente, según es necesario se hagan.
así que si la criatura falta, Yo en cada hostia continúo mi labor como si por cada alma me recibiera otra vez a Mí mismo, - Si la criatura no hace lo que se espera de ella, al El haberse comulgado a Si Mismo, El suple en cada comunión por lo que la criatura no hace, y el efecto producido es, que en cada Hostia, independiente de nuestra participación, están encerrado todo los Bienes que El quiso encerrar, y por tanto repite la Glorificación completa al Padre, y la Divinidad completa debida a Él como Dios.
Entonces el alma debe transformarse en Mí y hacerse una sola cosa Conmigo, y hacer suya mi Vida, mis oraciones, mis gemidos de amor, mis penas, mis latidos de fuego con los que quisiera hacerlas arder, - Aquí Jesús cambia el tono de Su Pronunciamiento, y se dirige ahora a aquellas almas que viven en Su Voluntad, y dice que El espera que el alma se transforme en El y “se haga una sola cosa con Él”. Es un fundirse en El, es un entrar en el Orden de la Gracia, en alas del Orden de la Eucaristía, y de esa manera pueda concurrir con El en todo lo que El hizo y sintió en aquel momento sublime de la Primera Comunión. Quiere Jesús que el alma, unida a Él en Su Voluntad, participe plenamente de aquello que El hizo, es decir de que su alma arda en Sus Propios latidos de fuego.
Pero no encuentro quien se deje en poder de mis llamas. – Aunque lo dice en el presente de indicativo, Jesús se refiere al acto eternamente “en presente” de Su Primera Comunión, y como no pudo encontrar en aquel momento, un alma capaz de poder consumirse en Sus Llamas de Amor. Recordemos que para poder llegar a este encuentro con El, se requiere de un alma que posea el Don de Vivir en Su Voluntad, y en aquel momento de la Primera Comunión, no había nadie de la estirpe común, viviendo en Su Voluntad. (Nuestra Madre Santísima es un caso aparte, y aunque vivía perfectamente en la Voluntad de Dios, no es de la “estirpe común”, porque fue concebida sin mancha original).
Y Yo en la hostia renazco, vivo y muero, y me consumo, pero no encuentro quien se consuma por Mí, - Continúa Jesús con la explicación cada vez más profunda de la clase de identificación que El espera de la criatura. No solamente arde de Amor sino que se “consuma en la Hostia”. Repetimos lo dicho anteriormente. En aquel momento de la Primera Eucaristía, El se crea a Si Mismo, y hace que ese nuevo Jesús renazca, encierra en Él toda Su Vida, y así consuma a ese nuevo Jesús en el Amor Eucarístico, hace que ese Jesús muera y eventualmente resucite.
y si el alma repite lo que hago Yo, me siento repetir como si otra vez me hubiera recibido a Mí mismo, y encuentro gloria completa, contentos divinos, desahogos de amor a la par de Mí, - pero ahora la situación ha cambiado totalmente, porque ahora, al concederle a Luisa el Don, y hacerla la promotora del Don para todas las generaciones, a través de los Escritos, con los que Jesús promulga la Ley de la Divina Voluntad, puede El encontrar a un alma capaz de repetir lo que hizo El, y en más de un sentido, Luisa consigue que eternamente, ella esté al lado de Él en el momento de la Primera Comunión. Y esto que concede a Luisa, en grado menor, pero con igual efectividad, lo concede a todos aquellos Hijos espirituales de Luisa, que también piden y se les concede el Don de Vivir en la Divina Voluntad.
Y doy la gracia al alma de consumarse en mi misma consumación. – Nunca podremos entender esto a pleni- tud en esta vida terrena, pero la Gracia de consumarse en El, como El se consumó a Si Mismo, por nuestro Amor, en esa Primera Comunión. Prestemos mucha atención a este último punto, puesto que como ya Nos ha dicho en otra oportunidad, es necesario cuando percibimos y entendemos una Gracia, y en este caso la Gracia especialísima de con- sumarnos en El, que debemos iniciar el eco de nuestra correspondencia a la gracia percibida. Gracias pues debemos darle en cada Comunión que hagamos en Su Voluntad, por esta Gracia tan especial de que nos permita consumarnos en El.
GIRO DE LA HOSTIA SACRAMENTADA EN LA DIVINA VOLUNTAD
Padre Santo, vengo a entrar en el Orden de la Gracia, para fundirme en Tu Querer, y darte en cada Hostia Sacramentada, la Gloria completa, digna de Ti, y exigida por Ti, la Gloria que Jesús encerró en cada una de Ellas al comulgarse a Si Mismo.
Recibe también de mí, tu hija, (o tu hijo), mis oraciones, mis agradecimientos por mí, y por todos aquellos que no lo hacen. Humildemente te pido que los acojas, con el mismo cariño con el que acogiste a los de Tu Hijo Amado, Nuestro Señor.
Quiero ahora, renacer en cada Hostia, vivir, morir y consumarme por Jesús, y en Jesús, porque El Me ha hecho saber que El deseaba ardientemente encontrar, al menos un alma, que en aquellos momentos, se consumara por El, para poder así, consumada en El, darle al Padre la Gloria completa, los contentos Divinos, y los desahogos de Amor que Su Humanidad recibió y que esa alma hubiera también recibido junto con El, si entonces hubiera vivido en Su Voluntad.
Esto que no fue posible antes, ahora es posible para esta hija (o hijo) tuya renacida en Tu Voluntad; y consumada en el Amor de Nuestro Señor, Padre Santo, quiero transformarme en Jesús y fundirme con Él, hacer mía Su Vida, Sus oraciones, Sus gemidos de amor, Sus penas, Sus latidos de fuego con los que quiere hacerme arder, y así agradecerte, por hacerme merecedora de Tus Agradecimientos, y pedirte, con todo mi corazón, que venga pronto, el Reino de Tu Voluntad, como en el Cielo en la tierra.
REFLEXIONES PARA LA HORA DE LA COMUNION
Como una parte esencial de los Conocimientos que hemos derivado del estudio de este Capítulo, conviene que agrupemos los conceptos principales, para que puedan ser utilizadas como elementos de reflexión y ayuda en nuestras próximas Comuniones Eucarísticas, y de esa manera todo quede reenfocado al sentido profundo encerrado en el capitulo.
Es importante, por tanto, reflexionar en los cuatro aspectos fundamentales expuestos por Nuestro Señor, relativos al Gran Diseño Eucarístico, el Orden de la Eucaristía, ya que a través de esa reflexión comprendemos mejor Sus Razones para comulgarse a Si Mismo, por primera vez, y subsiguientemente, en Su Voluntad, para comulgarse tantas veces, por cuantas Hostias serían Sacramentadas hasta el final de los tiempos.
Primera reflexión: En la Primera Hostia Sacramental, y por extensión, en todas las Hostias Sacramentales, El encerró todos los Bienes que pensó eran necesarios para “resolver” los múltiples Objetivos que se necesitarían “resolver” después de Su Partida “oficial” de la tierra. Encerró asimismo todos los Actos Suyos necesarios para que, al darle al Padre Celestial toda la Gloria posible en la Institución Eucarística, se Le “otorgara el Permiso” para Su Institución, y se “garantizara” su permanencia entre nosotros. Pocas veces se reflexiona en cómo, para que una institución humana, sea cual fuere, esté “plantada” sólidamente y tenga continuidad, esa institución debe estar “plantada” en el deseo de darle Gloria a Dios, lo más fundamental y completamente posible. La Divinidad protege todo aquello que los seres humanos diseñamos para Su Mayor Gloria, y se “desentiende” de toda obra humana hecha por otros fines, y al “desentenderse” de ella, está obra humana está condenada a la extinción.
Segunda reflexión: Era necesario que esta Primera Hostia Sacramental fuera dignamente recibida, y por extensión, todas la Hostias Sacramentales, fueran igualmente recibidas con toda la dignidad posible. Una vez que se Le dado la Gloria Requerida al Padre por el Orden Eucarístico, y el Padre ha concurrido y dado permiso y protección al Orden Eucarístico instituido, se hace necesario ahora, por parte de la criatura, que reconozca la Dignidad de lo que sucederá cuando se comulgue. Recibir dignamente a la Hostia Sacramentada, es tener conciencia de que se recibe a Dios, de que el Todo viene a la nada. Conociendo esto mejor que nadie, El necesitaba comulgarse a Si Mismo, para dignamente reconocer, con la mayor de las Divinidades posibles, lo que había instituido.
Tercera reflexión: Nuestra atención debe dirigirse ahora a la Creación de la Presencia Real de Jesús, Dios y Hombre, en la Hostia de Pan, y el Vino de la Vida, en los que se concreta, toma existencia, la Concurrencia, el Permiso, y la creación misma de todos aquellos Bienes que Jesús ha diseñado para ser encerrados en el Orden Eucarístico, y a los que acompañan Sus Propios Actos. Todo esto tiene que tomar realidad en un Vehículo que los Porte a las criaturas, la Hostia y el Vino. No solo Jesús crea Su Presencia Real, se da a Si Mismo una existencia de pocos minutos, sino que crea también todos los Bienes que necesita encerrar en esos Vehículos Sacramentales. Milagro tan extraordinario este, que nuestra mente escasamente puede entenderlo, y que rivaliza en portento milagroso a la entrega del Don de la Divina Voluntad, ya que como sabemos el Bien más importante que ha encerrado en este Orden Eucarístico, es el de darnos, en propiedad, el Don de Vivir en Su Voluntad.
Cuarta reflexión: Por último, reflexionemos ahora en como al comulgarse a Si Mismo, Jesús activaba todos los Bienes y Actos que habían sido encerrados y existían ya en la Hostia y el Vino, pero que no podían cumplir todavía Su Cometido. En el acto de comulgarse a Si Mismo, se completaba la cadena de actos necesarios para que el Orden Eucarístico fuera una Realidad, ya que, al comulgar, activaba y liberaba los Bienes para que realizaran la Labor que a cada uno se le había encomendado, según nuestras disposiciones de Conocimiento. Comoquiera que cada Hostia Sacramental repite todo esto que se realizara en la Primera de las Hostias, Jesús tenía que crear cada una de ellas individualmente para poner en cada Una, la Gloria Completa, la Dignidad del Reconocimiento; debía crear, en cada una, Su Presencia Real y todos los Bienes y Actos que debían ser encerrados, y por último, debía activar cada Hostia comulgándola El mismo, y una vez comulgada, depositar cada Hostia en el Cofre especial que hay en Su Humanidad para estos tesoros, a la espera, en el tiempo, a que cada criatura la comulgara, y pudieran ser liberados para ella, los Bienes que Él siempre había querido recibiéramos.
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Queremos ofrecer otro punto de vista, otras reflexiones que ayuden a comprender, en la medida que esto nos es posible, la importancia que tiene este Misterio de Su Amor.
A cada uno de nosotros se le ha dado un número determinado de actos, una serie de años, si se quiere, en los que esos actos deberán realizarse. Esos actos pudieran clasificarse de muchas maneras, pero para los efectos de esta explicación, los vamos a clasificar en actos de vida corporal, actos de vida espiritual, actos de vida profesional o de nuestro oficio.
Una vez clasificados pudiéramos hablar de mi vida corporal, y definirla diciendo que nací en tal fecha y morí en tal otra, y que fui hijo de fulano y mengana, y padre de zutano o zutana.
Pudiéramos también hablar de mi vida espiritual y diríamos que nací de padres católicos, que fui bautizado en tal fecha, en tal y mas cual iglesia, que recibí una educación religiosa en tal colegio, que hice mi primera comunión en tal día, que me casé en tal otra, y que me dieron los santos oleos al final, y eso define mi vida espiritual.
Asimismo pudiéramos hacer mi biografía profesional, y definir mi vida a través de mi profesión u oficio. No creemos necesario entrar en mayores detalles para establecer el punto de que vivimos muchas “vidas” en el tiempo que se nos ha dado, y que cada una de esas “vidas” ha tenido un propósito especifico.
Esto que decimos de todos nosotros, también lo podemos decir de Nuestro Señor Jesucristo. El también tuvo:
Una “vida” corporal, los 33 años de vida;
Una “vida” espiritual, definida en función de Su Circuncisión, Su presentación en el templo, Su Bar Mitzvah, Su Bautismo; Su graduación rabínica, y otros actos de naturaleza espiritual propios a Su condición judía.
Una “vida” profesional, carpintero y maestro rabínico itinerante, predicando una extraordinaria conducta moral, y
validándola con innumerables milagros;
Una “vida” santificadora, con la que preparaba la futura vida en Su Voluntad que eventualmente Nos concedería nuevamente a través de Luisa.
Una “vida” redentora, misión única para la que se prepara durante toda Su Vida, y que ocurre prácticamente toda en las últimas 24 horas de Su Vida.
Una “vida” de Amor que el Amor Divino Le facilita, para que en dicha vida, todos viviéramos la vida que la Santísima Trinidad había diseñado para cada uno de nosotros; y por último,
Una “vida” sacramental, cuyas características únicas son las que motivan estas últimas consideraciones, y que pasamos a esbozar ahora.
Claro está que pudiéramos decir, que todas estas “vidas” de Nuestro Señor, no son más que matices o maneras de ver
a lo que es esencialmente una sola Vida, pero preferimos este concepto de diferentes vidas, porque está mas acorde
con lo que Él menciona que necesitamos renacer en las aguas bautismales, y de que necesitamos renacer en Su Voluntad, y con lo que dice sobre Su Vida Sacramental.
Cuando primero menciona este concepto, lo hace en la conversación que tiene con Nicodemo, (Juan 3, 1-21), en la Nicodemo le dice a Jesús: “¿cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?”, a lo que el Señor replica diciendo, que “el que no nazca de agua y de Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios”.
Siguiendo pues con nuestra creencia de que debemos ver estos aspectos de Su Vida, como vidas separadas, a diferencia de las otras “vidas” que vivió Nuestro Señor, esta Vida Sacramental iba a desarrollarse en el futuro, o sea, sería vivida por Él, cuando Él ya hubiera muerto; sería una continuación de Su Vida que había que preparar cuidadosamente en el presente, para que Él pudiera tener “a la mano”, y valga la expresión, lo que Él necesitaría en ese futuro, no solo para Sí Mismo, sino para Sus Criaturas, porque en definitiva, para beneficio de esas criaturas Suyas, era que la estaba preparando y quería vivirla.
Esta Vida Sacramental debía “comenzar” a vivirse, con un Jesús adulto, en el momento en que Crucificado y alzado en la Cruz, comienza Sus Tres Horas de Agonía de Muerte en la Cruz, y en ese estado existencial permanecería para siempre, a menos que sea comulgado, que por supuesto, es la razón por la que se le ha dado existencia a esta Vida Sacramental. Como diremos más adelante, en este estado consagrado pero no comulgado, Nuestro Señor está perorando nuestra causa ante el Padre Celestial, “impetrando Misericordia para que Nos perdone”. Volviendo al punto, una vez que Le comulgamos, y en el breve espacio de tiempo que está en nuestras personas, Nuestro Señor termina Su Agonía en la Cruz, y muere cuando las especies quedan consumidas, y una vez muerto, resucita para volver al Cielo. Todo esto, como un motivo adicional de reflexión, nos lleva a decir y a preguntar: Y, ¿Qué sucede con todas estas Vidas Sacramentales, que no pueden desaparecer; todos estos Jesús que han sido creados para que en ellos resida esta Vida Sacramental? Dejamos el punto como interrogante.
Volvemos al tópico original. Aunque preparada, o sea, diseñada en Su presente, esta Vida Sacramental nueva debía estar anclada firmemente en Su Pasado, o sea en Sus otras vidas, tal y como las hemos descrito, puesto que no se trataba de crear a un nuevo Jesús, sino que se trataba de continuar Su existencia entre nosotros; de que continuara realizando las Mismas Labores que ya había estado realizando, más otras obras nuevas que pensaba realizar.
Así que esta Vida Sacramental, no quita nada, sino que añade, y aquello que añade no es para uso presente, sino para uso futuro. Y, ¿qué es lo que añade para uso futuro? Pues añade todas las Gracias, o sea, las capacitaciones necesarias para recibir los Bienes propios a esta Vida y que Nuestro Señor detalla a través de estos Escritos, particularmente en el volumen 1. La lista es interminable, y no la seguimos, porque no es la descripción de esas Gracias y Bienes lo que nos ocupa ahora en esta explicación. Lo que importa es dejar claramente establecido, que creó para esta Vida Sacramental, todo lo que es necesario para conducirlo todo, y conducirnos a todos a Él, si Le dejamos hacer Su Labor de Redención, y para el establecimiento del Reino del Fiat Supremo como en el Cielo en la tierra.
Todos estos Bienes y Gracias había que crearlos pero no podían ser utilizados todavía, y tenían que ser guardados en alguna parte, puestos al seguro, para cuando se necesitaran. Estos Bienes y Gracias que todos recibiríamos en el futuro, no podían quedarse “en el aire”, no podían quedarse en mero diseño, sino que tenían que cobrar realidad, y no fuera de Él, sino en Él Mismo, creados por Él, y guardados por Él en Él Mismo; de otra manera, hubiera existido una “discontinuidad” en Su Existencia, una “ruptura” en el Ser Divino que es imposible e inaceptable.
El acto de comulgarse a Sí Mismo, era pues necesario, para que esas Gracias y Bienes cobraran existencia; en realidad, el acto de Comulgarse a Sí Mismo, es el Fiat Creador. Era también necesario comulgarse, para que esas Gracias y Bienes creados en ese instante, fueran aplicados a Él Mismo, para que fueran una parte indivisible de Su Existencia como hombre, y para que todos esos Bienes y Gracias pudieran ser resguardados y puestos al seguro dentro de Su Misma Humanidad, que ahora contenía, no solo todo lo ya hecho, sino también todo lo que quedaba por hacer. De hecho sabemos que la Vida Sacramental viene a estar representada por el instante en que Jesús es Crucificado y colgado en la Cruz, instante de vida que todavía no había ocurrido cuando instituye la Eucaristía, pero escogido por Él, para que todo, el pasado, el presente, y el futuro de Su Existencia estuviera anclado en el momento más sublime de todos los momentos de Su Vida, el más importante de todos. Y, dirán algunos, ¿cómo sabemos que es el más importante de todos? Porque fue el momento que Él escogió, para que la totalidad del Perdón y Satisfacción Trinitaria, tuvieran lugar y Su Vida cobrara sentido completo.
Pero esto, con ser ya incomprensiblemente extraordinario, no era todo lo que necesitaba hacer. Tenía que también comulgar cada una de las Hostias que cada criatura recibiría en el futuro, porque esas Gracias y Bienes que había creado, necesitaban aplicarse a cada criatura que comulgaría, en el momento en que comulgaría. Todo tiene que ser especifico para que sirva con efectividad al propósito buscado. Ya sabemos que lo hacía también para recibirse decorosa y dignamente, y suplir por nuestras deficiencias, pero eso no explica la verdadera y completa necesidad de porqué tenía que comulgar cada Hostia. Creemos que lo hizo, como acabamos de explicar, para activar en ese momento, y en cada Hostia, la Vida Sacramental Suya que aquella criatura necesitaría en el futuro. Traspasaba a esa Hostia que comulgaba, por decirlo de alguna manera, la “porción” de Gracias y Bienes que esa criatura necesitaría, de la totalidad de Gracias y Bienes que había depositado en Su Humanidad, en el momento de comulgarse a Si Mismo. Creamos pues, que cuando comulgamos, recibimos exactamente lo que necesitamos para ese momento en que comulgamos, porque ya Él ya sabía lo necesitaríamos. Hagamos un ejemplo rápido para que esto se entienda mejor. Si Él “quiere consolar al que quiere ser consolado” recibiéndolo sacramentalmente, Él tenía que crear bienes de consuelo para ese que necesitaba ser consolado, para que los recibiera en aquel día específico que comulgaba, y ese consuelo deber ser único a esa criatura, distinto a cualquier otro consuelo que otra criatura pudiera necesitar.
Aunque el Sacerdote pronuncie las Palabras Consagratorias, y pueda parecernos que es en ese instante en el que Jesús se transustancia en esa Hostia, en realidad, ya esa Hostia fue creada por Él, y esa transubstancian ya ha ocurrido, y esa Hostia ya creada por Él, y con Su Vida Sacramental encerrada en Ella, ya Él la ha comulgado, para de esa manera guardarla en Él, con las Gracias y Bienes necesarios que nosotros necesitaríamos. Las Palabras Consagratorias son pues una “llamada” a Él para que extraiga de dentro de Él y deposite en las manos sacerdotales, las Hostias que ya estaban dentro de Él; que haga como un intercambio entre esas hostias que están en el altar sin consagrar, y las hostias que ya estaban en Él, y que ahora “descienden” a sus manos sacerdotales.
Mientras mas nos adentramos en este Misterio, más comprendemos el porqué de las 33 Visitas Espirituales a Jesús Sacramentado. Observemos que cuando dice que quiere que nos unamos a Él, con Sus Mismas Intenciones, de expiración, reparación, inmolación y adoración perpetua a Su Padre Celestial, nos estamos uniendo a un Jesús que está esperando pacientemente, a que Su Vida Sacramental sea completada por aquellos que Le comulguen, y que mientras tanto, preso como está, crucificado y colgado en la Cruz como está, continúa Su Vida en el Sacramento, realizando perpetuamente lo que hizo en aquel momento, “perorar nuestra causa ante el Padre”, y así también, cuando sea comulgado, realizar la otra labor para la que se había sacramentado.
Esta Vida Sacramental es para Él, Su Vida más importante, puesto que no solamente agrupa a todas Sus Vidas Pasadas, sino que define la Vida “futura”, la que Él necesita vivir para poder realizar lo que queda por hacer. De ahí podemos comprender Su Insistencia de que en esta etapa post-redentora Le veamos como el Jesús Sacramentado, porque viéndolo así, y reconociéndolo así, le damos a entender, Le confirmamos, que estamos unidos a Él en estos nuevos logros cuya Vida Sacramental permite.
FIN DE ESTA GUIA DE ESTUDIOS DEL VOLUMEN 11

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