VOLUMEN 11 ESTUDIO SEGUNDA PARTE

 


En el Bloque (B) de este capítulo, Luisa narra como ella se encontraba en “el mar interminable de la Voluntad de Je- sús”. Enfaticemos que no dice que se encontraba inmersa en el mar de la Voluntad Divina, sino en el mar interminable de la Voluntad de Jesús. Si bien es verdad que Jesús es Dios, y hablar de la Voluntad de Jesús, es sinónimo a hablar de la Voluntad Divina, hay, sin embargo, una diferencia sutil pero real, de que Jesús es un Ente del Ser Divino, uno de los Entes del Circulo Divino, de la Familia Divina, y como tal Ente, Su Función, Su razón de ser y existir, es para conte- ner en Si Mismo, en forma particular y exclusiva a toda la Creación, “todo se Me ha entregado”. Esto nos incluye a todos, tanto las criaturas que hubieran existido como Dios hubiera deseado que existieran y vivieran, rehaciendo nues- tras vidas para lograrlo, como las criaturas que somos ahora, después del pecado de Adán; redimidos sí, pero todavía en la lucha de nuestra Salvación.

 

En estos Escritos, Jesús Nos llama para que venga a hacerlo todo con nosotros, y ahora, particularmente, en los Vo- lúmenes superiores, Jesús Nos llama para que hagamos todo lo que Él hace.

 

Entendiendo esto, Luisa entra en la Persona de Jesús, y hace lo que Jesús hace continuamente por nosotros; lo cual, como ya explicamos en el párrafo anterior, constituye una de las razones fundamentales para que Dios se haya perso- nificado como Jesús, y así como Dios en la Persona de Jesús, abogar continuamente por nosotros, como uno de noso- tros, delante de Ellos Tres Mismos. Dicho de otra manera, ninguno de los Componentes “originales” del Ser Divino, o sea, la Santísima Trinidad, la Voluntad y el Amor Divinos, pueden actuar entre nosotros directamente, por lo que crean otro Componente del Ser Divino, Jesús, Se Bilocan los Tres, Su Voluntad y el Amor Divino en Él, y de esa manera pue- den actuar como “Dios con nosotros” aquí en la tierra, sin dejar de ser Dios. La situación con la Virgen Madre, es simi- lar, en cuanto que también Ella cumple una Función específica entre nosotros, la de ser Madre de Dios, Madre Nues- tra, Reina de la Divina Voluntad, y las otras 20 o más Prerrogativas Divinas que Le han sido otorgadas, pero Su Divini- dad es por Gracia, no por naturaleza. Así pues, estos Dos Entes, identificados completamente con el Ser Divino, una vez realizadas Sus Labores y Funciones entre nosotros, han “regresado” a ocupar Su Puesto dentro del Ser Divino. Difícil de entender, pero cierto.

 

Esta Revelación de esto que Luisa hace, y no creemos que lo hizo solamente en este día que narra, sino que lo hacía frecuentemente, es una de las Revelaciones más importantes para todos nosotros. Lo hacemos, pero a veces no nos damos plena cuenta de ello, cuando, por ejemplo, hacemos las Horas de la Pasión. Al acompañar a Jesús en las Horas de la Pasión, con nuestra intención, hacemos eso mismo que Él hace, reparamos como Él repara, y de esta manera, accesamos esta Participación con la Divinidad que estaba reservada a Jesús con exclusividad, y que ahora Jesús extiende a aquellos de nosotros que vivimos en Su Voluntad. Somos, en más de un sentido, los Refuerzos que Él ne- cesita para que Su Continua Impetración al Ser Divino sea más y más efectiva. Jesús es como el general que ve con gran alivio cuando llegan los refuerzos a la guarnición que defiende, y así hacer más efectiva la defensa. Grandísimo privilegio este, el que podamos participar con Jesús en Su Labor Continua de Reparación. Igualmente pasa con las


Visitas Espirituales al Santísimo Sacramento, en la que Jesús Nos da acceso y participamos en Su Perpetua Inmola- ción, Expiación, Reparación y Adoración a Su Padre Celestial por todo el género humano. Más aun, entendamos, que en cada Verdad Divina que Nos hace saber, Nos da esta Participación en lo que hace el Ser Divino, el “Todo”, siendo nosotros una “nada”; más aun, una “nada” rescatada, pero definitivamente imperfecta.

 

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En el Bloque (C), Jesús explica el porqué es tan importante que Luisa y nosotros entremos a Su Persona, para obrar como Él obra. Dice Jesús que el que “está en Su Voluntad, abrazando todo, rezando y reparando por todos, toma en sí, el Amor que Él tiene por todos”.

 

Cuando Jesús obra en nosotros, estos Actos Suyos de Amor Nos traen, vía las Sugerencias que Nos envía, y acepta- mos, los Bienes que Él quiere darnos. Esto es independiente de si vivimos o no en Su Voluntad. Ahora bien; cuando viviendo en Su Voluntad, y sabiendo la capacidad que Nos da y lo que Nos autoriza hacer, nosotros abrazamos todo, rezamos y reparamos por todos, recibimos en nosotros mismos, Sus Actos de Amor por ellos, y recibimos, por tanto, los Bienes que estaban destinados a esos otros que no han acogido esas Sugerencias con las que Él quería beneficiar- los.

 

Es por todo esto que dice, con Palabras bellísimas, que “el Amor que siento por todas, lo encierra ella sola”. De nue- vo, el Amor que Jesús siente por todos, equivale a decir, los Bienes con los que quiero beneficiar a todos, porque el Amor que Él siente por cada uno, siempre viene expresado en los Bienes con los que Nos beneficia. El Dios que todos los pueblos reconocen y aman, es un Dios Benevolente que provee de todo a todos, y es así como Dios quiere que le veamos.

 

A estas alturas, este concepto del Amor, no debe ya extrañarnos en lo más mínimo, porque es así como todo ser hu- mano maduro y responsable ve al amor en toda relación que tenga con otra persona. Si el amor, tanto físico o espiri- tual, es de un solo lado, o sea, del lado del que ama, y nada produce a favor de aquel que dice amar, sabemos que eso que siente no es amor. El amor platónico, o sea, el amor que jamás llega a completarse, en palabras u obras, es un amor posible desde el punto de vista intelectual, el amor a una idea contemplada, por ejemplo, pero es amor esté- ril, porque todo queda en el que ama y nada produce a favor del sujeto que dice amar.

 

Más importante aún, que esta repetida definición de lo que es el Amor que Dios tiene por nosotros, es la expresión de cuál es la recompensa del que ama en Su Voluntad, como Él ama. Dice que además de recibir lo que los otros hubie- ran recibido, recibimos también un Amor “especial”, porque dice que “y por cuanto la amo, otro tanto Me es querida, otro tanto bella”. Como sucede a menudo, el parrafito es aparentemente sencillo sin serlo. Expresemos todo esto en forma secuencial.

 

Él está constantemente diseñando Actos de Amor, Actos de Beneficios, para cada uno de nosotros, buenos o malos, viviendo o no en Su Voluntad, y constantemente Nos envía esos Actos de Amor, para que acogiéndolos como Él quiere que los acojamos, libre e informadamente, completemos esos Actos de Amor Suyos, y recibamos los Bienes que ve- nían encerrados en ellos. Cuando estos Actos de Amor son rechazados, quedan incompletos, y sabemos que nosotros, viviendo en Su Voluntad, podemos y debemos completarlos. En el mismo instante en que nosotros acogemos por otros, Su Amor se redirige hacia nosotros, Sus Beneficios se redirigen a nosotros. Y de ahí surge la expresión, “Y por cuanto la amo”, o parafraseando pudiéramos decir: “y por cuanto la beneficio”, otro tanto Le somos queridos o queri- das al Señor, otro tanto Nos encuentra más bellos o bellas.

 

Así pues, nuestra recompensa es que el Señor nos encuentra más queridas, más apreciadas, más bellas. Dice al prin- cipio de este volumen, refiriéndose a las oraciones de los Buenos Días y las Buenas Noches, que Luisa compone, bajo Su Inspiración directa, lo siguiente:

 

“Hija mía, estas oraciones han salido del fondo de mi corazón, y quien las rece con la intención de estarse Conmi- go, como está expresado en ellas, Yo lo tendré Conmigo y en Mí haciendo lo que hago Yo, y no sólo los enfervoriza- ré en mi Amor, sino que cada vez que lo haga aumentaré mi amor hacia el alma, admitiéndola a la unión de la vida divina y de mis mismos deseos de salvar a todas las almas”.

 

Pero todavía no termina el Señor de expresar todo lo que quiere expresar en este pequeño Bloque (C). Dice que la

criatura “todo deja atrás de ella”, con lo que implica que la criatura se distancia cada vez mas de su condición natural,


para verse revestida por Su Condición, tema este que va a desarrollar de inmediato en el Bloque (D). Deja atrás su falta de semejanza para adquirir cada vez más Su Semejanza; deja atrás el ámbito humano para adentrarse cada vez más en el Ámbito de Su Voluntad, con lo que necesitará menos y menos que Él tire del hilo de oro con el que la tiene amarrada a Él.

 

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En el Bloque (D) por último, Nuestro Señor implica que el Vivir en Su Voluntad es un proceso, en cuyo proceso, cada día nos adentra mas y mas en Su Voluntad. En realidad, como sabemos, no es el paso del día lo que nos adentra, sino que son los actos que realizamos cada día, siguiendo Sus Sugerencias, los que nos hacen adentrarnos cada vez más en Su Voluntad.

 

Luisa piensa, equivocadamente, que por vencer las tentaciones, y muchas ha tenido ella en su vida, ella merece estar donde está, como alma víctima y como la primera criatura de la estirpe común que vive en Su Voluntad. Piensa tam- bién, equivocadamente, que venciendo las tentaciones entra más adentro en Su Voluntad, es decir, que ganando más merito, más merece estar adentro. Nosotros sabemos ahora, con la perspectiva de tener frente de nosotros todos los Escritos, que lo que Nos hace estar más adentro de Su Voluntad, es el conocimiento que adquirimos de Sus Verdades, y el Amor Divino conseguido en la ejecución de actos que actualizan las Enseñanzas recibidas.

 

Así entendida la situación, debemos comprender que la tentación está tratando de entrar en la puerta de nuestras almas siempre, pero, si estamos tan adentro del Ámbito de Su Voluntad, los “golpes” que da el diablo a la puerta que- riendo entrar, ya no los oímos. Un ejemplo quizás ayude. Nos invitan a una casa muy grande. Si estando cerca de la puerta, alguna otra persona llamara, oiríamos los golpes o el timbre. Si en esas, el dueño de la casa nos invita a que visitemos algunos de los cuartos interiores, dejaremos de oír a cualquiera que esté a la puerta.

 

Ya esto lo hemos discutido en capítulos anteriores de este mismo volumen 11, pero ahora debemos profundizar más en lo ya discutido. Así decimos, que el estado humano es concupiscente por naturaleza; no se ha hecho concupiscente por el pecado de Adán, sino que lo que perdimos fue el estado de vida en Su Voluntad, que Nos cubría, que desvane- cía, como que adormecía, el estado concupiscente natural de la naturaleza humana. Este es un concepto que Nuestro Señor expande ahora, y continuará expandiendo en el capítulo del 18 de Noviembre de 1912, de este mismo volumen, cuatro capítulos delante de este, y que hemos subtitulado el Opio de Su Voluntad.

 

Seguidamente, dice el Señor, que si alguna vez Él permite la tentación en los Hijos e Hijas de Su Voluntad, e inciden- talmente, el leer sobre la tentación, no es más que una tentación que él permite, lo que él busca, es que comparando la basura que es en realidad toda tentación, con la riqueza que ahora poseemos, comprendamos cuan pobre el diablo es en realidad, cuan limitado es su arsenal de tentaciones, y que todo esto provoque nuestra risa, nuestra burla, por- que el diablo cuando oye nuestras burlas, se enfurece mas y deja de atacarnos para evitarse el “disgusto” de oírnos. “el cual no tolera estas burlas y le son más terribles que el mismo infierno, y con todas sus fuerzas las rehúye”.

Dice por último, en su forma retorica habitual, que “probemos salir de Su Voluntad, y veremos cuantos enemigos nos llueven encima”. De nuevo, el concepto de que el estado natural es de concupiscencia, porque, atención a esto, si no fuera naturalmente concupiscente, el diablo no podría atacarlo, y si no nos ataca cuando vivimos en Su Voluntad, es porque estamos protegido y escondidos en Su Voluntad, en cuya Voluntad, el diablo no puede, ni quiere, ni se le permite entrar.

 

Resumen del capítulo del 20 de Diciembre de 1912: (De diario) Pagina 73 -

 

Estos días pasados parecía que mi siempre amable Jesús tenía ganas de hablar de su Santo Querer, venía, decía dos palabras y huía. Recuerdo que en una ocasión me dijo:

 

(A)    “Hija mía, con quien hace mi Voluntad me siento como en deber de darle mis virtudes, mi belleza, mi fortaleza, en

una palabra, todo lo que Yo soy, y si no se lo diera me lo negaría a mismo”.

 

En otra ocasión, leyendo acerca de lo terrible del juicio, y quedando muy entristecida, mi dulce Jesús me dijo:

 

“Hija mía, ¿por qué quieres entristecerme?”


Y yo: “No intento entristecerte a Ti, sino a mí”.

 

Y Él:

 

(B)    “¡Ah!, no lo quieres comprender, que los disgustos, las tristezas y cualquier cosa que pudiera sufrir quien hace mi Voluntad, recaen sobre Mí y las siento como propias, y puedo decir a quien hace mi Voluntad: ‘Las leyes no son para ti, para ti no hay juicios’. Y si quisiera juzgarla sería como uno que quisiera ir contra sí mismo, es más, quien hace mi Voluntad, en vez de ser juzgada entra en el derecho de juzgar a los demás”.

 

Después ha agregado:

 

“La buena voluntad del alma en hacer el bien es una potencia sobre mi corazón, y esta potencia me maneja tanto, que

me obliga a darle lo que quiere”.

 

Después estaba pensando en qué le gustará más al bendito Jesús, el amor o su Voluntad. Y Jesús:

(C)    “Hija mía, sobre todo debe tener la primacía mi Querer. Mira un poco tú misma, tienes un cuerpo, un alma, estás compuesta de inteligencia, de carne, de huesos, de nervios, pero no eres de frío mármol, contienes también un calor, así que el alma, la inteligencia, el cuerpo, la carne, los huesos, los nervios, deben ser mi Voluntad, y el calor que con- tiene, el amor. Mira la llama: el fuego, debe ser Mi Voluntad, y el calor que producen la llama y el fuego, son el amor. Así que en todas las cosas la sustancia, (la esencia, la causa) debe ser mi Voluntad, los efectos el amor; el uno y la otra están tan conectados juntos, que no pueden estar el uno sin la otra, así que por cuanta más sustancia de mi Vo- luntad el alma contiene, tanto más amor produce”.

 

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Un nuevo capítulo de diario con importantes consideraciones doctrinales. Examinemos cada uno de los Bloques, em- pezando con el (A).

 

Hija mía, con quien hace mi Voluntad me siento como en deber de darle mis virtudes, mi belleza, mi for- taleza, en una palabra, todo lo que Yo soy, y si no se lo diera me lo negaría a Mí mismo. – Jesús le comuni- ca a Luisa que para esas almas que viven en Su Voluntad, Él se siente compelido, diríamos obligado, por un Deber de Justicia, “a darles Sus Virtudes, Su Belleza, Su Fortaleza, todo lo que Él es”.

Este concepto de que la Justicia Divina Le impone darle a las criaturas que viven en Su Voluntad todo lo que Él es, requiere una explicación adicional.

 

Recordemos, que en el capitulo anterior Le hablaba a Luisa de darle, como recompensa de que viviendo en Su Volun- tad, quisiera hacer lo que los demás no hacen, todo el amor que Él tiene por todos. Ahora, en adición, de encerrar todo Su Amor en ella, dice Jesús que Le da todo lo que Él es.

 

Le da Sus Virtudes Humanas, y por consiguiente Sus Atributos o Cualidades Divinas personificadas en Sus Virtudes Humanas, y por tanto, necesariamente desplazan las virtudes humanas de Luisa. Esto implica, que cuando Luisa, o nosotros, ahora realiza actos virtuosos, libera para sí misma, los mismos Bienes que Jesús liberaba cuando Él hacía Sus actos virtuosos. Además, como corolario de lo dicho, el resto de las criaturas recibe los mismos frutos que todos recibían, cuando Jesús actuaba.

 

Dicho de otra manera y para terminar este Bloque (A). Cuando actuamos en Su Voluntad, y tenemos la intención de “abrazarlo todo, rezando y reparando por todos”, Él Nos da, no solo todo el amor que tiene por todos, y que esos otros no reciben, sino que Nos da todas Sus Virtudes, y todo lo que Él es.

 

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Y analicemos el Bloque (B).


¡Ah!, no lo quieres comprender, que los disgustos, las tristezas y cualquier cosa que pudiera sufrir quien hacen mi Voluntad, recaen sobre Mí y las siento como propias, - Luisa se queja con temor y tristeza acerca de algo que había leído referente al Juicio final. Jesús la reconforta, y al mismo tiempo la regaña, porque al vivir Luisa en Su Voluntad, todo lo que ella hace o siente, repercuten como por un hilo electico dentro de Jesús, que como sabemos está bilocado en ella. Por esta razón, la tristeza de Luisa, Jesús tiene que sentirla y compartirla.

 

Y puedo decir a quien hace Mi Voluntad (viviendo en Mi Voluntad): ‘Las leyes no son para ti, para ti no hay juicios’. Y si quisiera juzgarla sería como uno que quisiera ir contra sí mismo, – Con lo que ya sabemos sobre lo que significa vivir en Su Voluntad, en este proceso creciente de adentrarnos cada vez más en Ella, no debe extrañarnos lo que Jesús dice. Los que viven en Su Voluntad no necesitan leyes, porque su unificación con lo que Dios desea de ellos, y ellos lo hacen, no proviene de seguir leyes, sino de acoger libre y amorosamente Sus Sugerencias Amorosas. En un sentido estricto, las Sugerencias Amorosas son las leyes de los que viven en Su Voluntad. Por razo- nes similares, el juicio final se hace necesario para juzgar a aquellos que no han vivido con la actitud de querer hacer en todo Su Voluntad. Dice el Señor que juzgar a criaturas que sistemáticamente han vivido de Su Voluntad, en el ám- bito de Su Voluntad, sería como si Él fuera a juzgarse a sí mismo. ¿Cómo juzgar a aquellos que han tratado de colabo- rar consistentemente con Él, y el Espíritu Santo, en la magna obra de la santificación en la Divina Voluntad y la Venida del Reino del Fiat Supremo?

 

Es más, quien hace mi Voluntad, viviendo en Mi Voluntad, en vez de ser juzgada entra en el derecho de juzgar a los demás. - En nuestra Guía de estudios titulada Capítulos Descriptivos de la Divina Voluntad, Octava par- te, Descripción 98, hemos avanzado una especulación sobre el Juicio Final previo al Reino de los Mil Años que se des- cribe en el capítulo 20 del Apocalipsis de San Juan, que se basa en este párrafo. Es la única explicación posible para tratar de interpretar el misterio que representa esta Afirmación del Señor.

 

Es obvio para nosotros, que siendo este vivir en Su Voluntad, la condición original en la que quería ver al ser humano, en la línea de creación comenzada con Adán, toda criatura que ahora, después de Luisa, acepte este invitación, no solo entra en una categoría crecientemente divina en su actuación, sino que como colaborador de Él en todo lo que Él ha planeado para nosotros, nos convertimos también en colaboradores de Él en Su Tarea como Juez de todos. Para ser juez, se necesita un conocimiento profundo de la ley que afecta a todos, y eso lo tenemos porque hemos tenido acceso a las Verdades Divinas encerradas en los escritos. Además, el juez necesita no solo conocer la letra de la Ley, sino el espíritu del la Ley. En este caso, nuestra intimidad con Jesús y las otras Personas que componen el Ser Divino; el hecho de que los Siete están bilocados en nosotros, nos dan esa perspectiva especial necesaria para saber cómo Ellos van a juzgarnos.

 

La buena voluntad del alma en hacer el bien es una potencia sobre mi corazón, y esta potencia me ma- neja tanto, que me obliga a darle lo que quiere. – la Buena Voluntad que la criatura tenga para hacer aquello que Su Sugerencia Amorosa Le indica que haga, es lo que Jesús describe como “hacer el bien”, porque bien recibe la criatura, cuando sigue la Sugerencia de Él. Dice Jesús, que la criatura que así actúa, ejerce sobre Él una fuerza, un poder o “potencia” tal que le maneja, y Le obliga o fuerza a hacer lo que la criatura quiere. El sabe perfectamente, que la criatura que vive en Su Voluntad, no va a pedirle algo que sea incorrecto, y que no sea algo que Él ya no ha expresado claramente quiere que Le pidamos. Mientras más sabemos lo que quiere de nosotros, ¿Cómo podemos ya pedirle algo que sabemos que el Señor no quiere?

 

La expresión “potencia sobre Mi Corazón” lo dice todo. Dice el Diccionario que Potencia es “imperio, dominación”, y también dice que es “de igual a igual, como dos estados soberanos”. Con estos significados comprendemos que la potencia de la voluntad humana de una criatura que coexiste con Su Voluntad bilocada y obrante en ella, igualan a la potencia de la Voluntad Divina en Jesús, “como dos estados soberanos”.

 

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Analicemos ahora el Bloque (C). Luisa se pregunta que le gustará más al Bendito Jesús, Su Voluntad o el Amor. Luisa obviamente piensa en el Amor como sentimiento, y por tanto, para ella quizás el Amor es más importante, porque lo asocia con la Presencia de Jesús en Su Vida, y el hecho de que es Su esposa mística.

 

Hija mía, sobre todo debe tener la primacía mi Querer. – La respuesta de Jesús indica que Su Voluntad tiene la primacía, y sin decirlo, rebate la noción de si a Él le “gusta” más uno que el otro, y la enfoca desde un punto de vista de causalidad: Su Voluntad tiene primacía porque es el progenitor del Amor. Para re-entender todo esto de nuevo,


debemos transcribir, sin nuestro análisis, el capitulo del 12 de Marzo de 1910, volumen 9, que ya estudiamos y co- mentamos. Lo único que haremos será subrayar aquellos conceptos que ayudan a entender esta “primacía” de Su Voluntad sobre el Amor:

 

“Hija mía, mi Voluntad perfecciona el amor, lo modifica, lo restringe, lo engrandece en lo que es más santo y per- fecto. El amor a veces quisiera escapar y devorar todo; mi Voluntad domina al amor y le dice:

 

“Calma, no escapes, pues escapándote te puedes hacer mal, y con querer devorar todo puedes fallar”.

 

Por lo tanto, el amor es puro por cuanto es uniforme a mi Querer, caminan juntos y se besan continuamente con el beso de paz. Otras veces, por estado de ánimo o porque en sus escapadas no ha resultado como él quería, quisiera restringirse y casi indolentemente sentarse; mi Voluntad lo incita y le dice:

 

“Camina, los verdaderos amantes no son negligentes, no están ociosos”.

 

El amor sólo está seguro cuando está encerrado en mi Querer, así que el amor hace apreciar, desear, llegar a la locu- ra, a los excesos; pero mi Voluntad modera, tranquiliza al mismo amor, y nutre de alimento más sólido y divino al alma amante.

 

Así que en el amor puede haber muchas imperfecciones, y también en las cosas santas; en mi Voluntad jamás, todo en Ella es perfecto. Hija mía, esto sucede especialmente en las almas amantes y que han sido favorecidas con mis visitas, con mis besos y caricias, que quedan en poder del amor, y cuando Yo las privo de Mí el amor se adueña de ellas y las hace anhelantes, delirantes, libres, inquietas, impacientes, así que si no fuera por mi Voluntad que las nutre, las aquieta, las calma, las corrobora, el amor les daría la muerte, si bien el amor no es otra cosa que el hijo primogénito de mi Voluntad, pero necesita estar siempre corregido por mi Querer; y Yo la amo tanto como me amo a mí mismo”.

 

Una vez estudiado esto nuevamente, debemos comprender que en este capítulo, Nuestro Señor quiere destacar la dualidad de funciones, o sea, separar la Función que hace Su Voluntad, y la Función que hace el Amor, porque en realidad, no pueden funcionar separadamente.

 

Mira un poco tú misma, tienes un cuerpo, un alma, estás compuesta de inteligencia, de carne, de hue- sos, de nervios, pero no eres de frío mármol, contienes también un calor, así que el alma, la inteligencia, el cuerpo, la carne, los huesos, los nervios, deben ser mi Voluntad, y el calor que contiene, el amor. – Jesús Le propone a Luisa dos ejemplos separados para resaltar esta dualidad de funciones; y cómo resultan ser fun- ciones separadas, en lo que cada una hace y consigue, pero al mismo tiempo son inseparables, en el sentido de que la una nada puede realizar sin la otra.

 

Jesús Le hace saber a Luisa, que la Voluntad Divina le da a la criatura la capacidad de ser lo que es. Le da memoria, inteligencia y voluntad; le da los 5 sentidos y los demás componentes corporales, pero todos ellos están inmóviles, como un mármol frio que no tiene vida. Esa vida la da el Amor, pero esa vida solo puede dársele a algo que esté for- mado.

 

Por lo que Nuestro Señor Nos dice en estos dos ejemplos, pero principalmente en este, es que nuestra idea de que el Amor es el que da la forma a todo lo creado, no es correcta. Su Voluntad es la que le da forma a todo lo creado, se- gún el plan de la Trinidad Sacrosanta para esa cosa que va a crearse, y que la “labor” del Amor es darle a esa forma, vida, o sea, darle la funcionalidad deseada. Así pues, el Amor Divino es el que hace posible que el ser humano viva, que el ser humano funcione.

 

¿Puede el Uno funcionar sin el Otro? Como vemos, esto no es posible. Sin embargo, siempre queda en el misterio, y misterio incomprensible, el porqué esto es así, el porqué Ellos Dos existen, y han existido siempre, y son Dos de los “componentes originales”, por decirlo de alguna manera, del Ser Divino.

 

Mira la llama: el fuego, debe ser Mi Voluntad, y el calor que producen la llama y el fuego, son el amor. Así que en todas las cosas la sustancia, (la esencia, la causa) debe ser mi Voluntad, los efectos el amor; - Jesús utiliza ahora el ejemplo del fuego para indicar que la conexión entre ambos es causal, o sea, uno es la causa y


el otro el efecto. Así como el calor no puede surgir si no lo causa el fuego, así es el Amor, que solo puede surgir si Su Voluntad lo hace surgir.

 

El uno y la otra están tan conectados juntos, que no pueden estar el uno sin la otra, así que por cuanta más sustancia de mi Voluntad el alma contiene, tanto más amor produce. Como decíamos, la explicación de porqué esto es como el Señor Nos hace saber, así igualmente queda en el misterio, el porqué esto es así, y como acostumbra decir Luisa, en este momento ponemos punto.

 

Resumen del capítulo del 22 de Enero de 1913: (Doctrinal) - Pagina 75 - Triple Pasión de Jesús -

 

Estaba pensando en la Pasión de mi siempre amable Jesús, especialmente en lo que sufrió en el huerto, entonces me he encontrado toda sumergida en Jesús y Él me ha dicho:

 

(A)    “Hija mía, mi primera Pasión fue el amor, porque el hombre al pecar, el primer paso que da en el mal es la falta de amor, por lo tanto, faltando el amor se precipita en la culpa; por eso el Amor, para rehacerse en de esta falta de amor de las criaturas, me hizo sufrir más que todos, casi me trituró más que bajo una prensa, me dio tantas muertes por cuantas criaturas reciben la vida.

 

El segundo paso que sucede en la culpa, es defraudar la gloria de Dios, y el Padre para rehacerse de la gloria quitada por las criaturas me hizo sufrir la Pasión del pecado, esto es, que cada culpa me daba una pasión especial; si la pasión fue una, el pecado en cambio me dio tantas pasiones por cuantas culpas se cometerán hasta el fin del mundo; y así se rehízo la gloria del Padre.

 

El tercer efecto que produce la culpa es la debilidad en el hombre, y por eso quise sufrir la Pasión por manos de los judíos, esta es mi tercera Pasión, para rehacer al hombre de la fuerza perdida.

 

Así que con la Pasión del amor, se rehízo y se puso en justo nivel el Amor, con la Pasión del pecado, se rehízo y se puso a nivel la gloria del Padre, con la Pasión de los judíos, se puso a nivel y se rehízo la fuerza de las criaturas. Todo esto lo sufrí en el huerto, fue tal y tanto el sufrimiento, las muertes que sufrí, los espasmos atroces, que habría muer- to de verdad si la Voluntad del Padre hubiera llegado a que Yo muriera”.

 

Después continué meditando cuando mi amable Jesús fue arrojado por los enemigos al torrente Cedrón. El bendito Jesús se hacía ver en un aspecto que movía a piedad, todo bañado con aquellas aguas puercas y me ha dicho:

 

(B)    “Hija mía, al crear el alma la vestí de un manto de luz y de belleza; el pecado quita este manto de luz y de belleza y la cubre con un manto de tinieblas y de fealdad, volviéndola repugnante y nauseante, y Yo para quitar este manto tan nauseabundo que el pecado pone al alma, permití que los judíos me arrojaran en este torrente, donde quedé co- mo recubierto dentro y fuera de Mí, porque estas aguas pútridas me entraron hasta en las orejas, en las narices, en la boca, tanto, que los judíos tenían asco de tocarme. ¡Ah, cuánto me costó el amor de las criaturas, hasta volverme nauseabundo a Mí mismo!”

 

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Las Revelaciones que Nuestro Señor Le da a Luisa, sobre dos de los sucesos ocurridos durante Su Pasión, complemen- tan lo que Luisa escribe en el libro de las Horas de la Pasión, y así deben leerse.

 

A manera de prologo, diremos que Jesús habla de tres pasiones recibidas en el Huerto, y como cada una de estas Pasiones, tenía un propósito especifico. Ahora bien, observemos que utiliza el mismo nombre de pasión para referirse a la totalidad de las 24 Horas, como para referirse a cada una de los acontecimientos en el Huerto. Comoquiera que Jesús siempre dice exactamente lo que quiere decir, debemos concluir, como de costumbre, que no hay nada contra- dictorio, sino que busca o provoca que profundicemos.

 

De nuevo, al usar la misma palabra Pasión para indicar el todo y algunas de las partes, Jesús quiere que entendamos que estos acontecimientos del Huerto, son componentes individuales de un Todo. Así comprendemos, que la Pasión y Muerte de las 24 Horas viene a estar compuesta por numerosísimas pasiones, o “sub-pasiones”, o “mini-pasiones” y numerosísimas muertes individuales, o sub-muertes, o “mini-muertes”. Si alguna de estas “sub-pasiones” estuviera


ausente del total de Su Pasión, con mayúscula, esta Pasión como la conocemos hubiera quedado incompleta. El lector perdonará el uso de sub-pasión y sub-muerte, pero hay que tratar de comprender lo que dice.

 

Analicemos lo que dice en el Bloque (A) relativo al Huerto.

 

(1)    Hija mía, mi primera Pasión fue el amor, porque el hombre al pecar, el primer paso que da en el mal es la falta de amor, por lo tanto, faltando el amor se precipita en la culpa; - Podemos comprender ahora, por lo mucho que hemos discutido este punto en el famoso capitulo de los vacíos de amor que el pecado causa. Aquí Je- sús reafirma lo sabido, que cuando el ser humano decide actuar en contra de lo que Él le sugiere, el acto de Amor queda incompleto, y la criatura no recibe los bienes asociados con ese acto de Amor, y se provoca un vacío de amor en el ser humano, o sea, un espacio vacío que debía estar ocupado por el Amor que venía en la Sugerencia. Ahora bien, si lo no hecho, o lo escogido, contraviene uno de Sus Mandamientos, ya no tiene un espacio vacío de Amor, sino que tiene un espacio lleno de maldad y tinieblas que es necesario vaciar con la Confesión de culpa, para posteriormen- te ser llenada por amor, o en la tierra, con un doble amor que desborda y llena lo que estaba vacío, o en el Purgato- rio.

 

(2)    por eso el Amor, para rehacerse en Mí, de esta falta de amor de las criaturas, me hizo sufrir más que todos, casi me trituró más que bajo una prensa, me dio tantas muertes por cuantas criaturas reciben la vida. – El verbo usado por Jesús de rehacerse significa que Jesús tenía que aceptar a nombre nuestro todos aquellos actos de Amor y recibir en Si Mismo, aquel Amor que había quedado incompleto. Al mismo tiempo, comoquiera que este verbo tiene también connotación de resarcirse, implica que el Amor y la Justicia Divina quedaban aplacados y resarcidos de lo que el ser humano les debía.

 

Este proceso de rehacimiento y resarcimiento, no es un proceso suave, indoloro, sin consecuencias para el que reha- ce. La Justicia Divina no es la justicia humana, aunque en el principio de la civilización humana, en aquellos tiempos que ahora nosotros consideramos tiempos incivilizados o primitivos, la justicia humana tenia las mismas características de la Divina. Aquellos que conocen del código de Hammurabi, el Rey Mesopotámico, saben que este Rey preclaro pen- saba que el Código que estaba instaurando en su vastísimo Reino, lo había recibido directamente de Su Dios. El nom- bre del dios de Hammurabi no es importante, porque todo lo que leemos en estos Escritos sobre la Justicia Divina, nos dice que, para todos los efectos, Hammurabi recibió el Código de Ley de nuestro mismo Dios, el Dios Verdadero.

 

Este código de Ley es el primero que anuncia principios de ley que casi todos los pueblos antiguos conocían como la retribución en la misma especie del pecado; “ojo por ojo, diente por diente”. Sin entrar en múltiples detalles sobre este Código que no es pertinente a este estudio, solo daremos un par de ejemplos, que en la justicia humana actual parecen “salvajes”, pero que como vemos por la explicación de lo que Jesús tenía que soportar, no parecen ser “salva- jes” sino correctos. Una instancia: el que roba, usa la mano para robar, es justo, dice el Código, que pierda la mano con la que ha robado. Otra instancia: si alguien asesina al hijo o hija de otro, es justo que el padre de la victima muer- ta, se resarza exigiendo la muerte de un hijo o hija del culpable. ¿Ilógico, salvaje?

 

Para poder responder esta pregunta, examinemos la justicia humana civilizada que tenemos ahora. Un individuo roba todos sus ahorros a miles de personas, con maniobras fraudulentas, y al descubrirse su crimen, muchos de los desfal- cados cometen suicidios, pierden la razón, se enferman, etc. Y, ¿el culpable? Al culpable le dan unos cuantos años de prisión, le quitan lo que puede, pero no todo lo que tiene, porque ya lo escondió en Suiza o en Gran Caimán, y para colmo lo ponen en una cárcel de profesionales del crimen. No seguimos. En el código de Hammurabi, los derechos de las victimas en la Ley, son igualmente importantes que los deberes de los victimarios que son juzgados.

 

Observemos que el sufrimiento que el Amor Le inflige a Jesús es tal que Le da muerte, porque la retribución que se espera por cada ofensa a la Divinidad es la muerte, en el Código de la Ley de Dios. No hay distinción alguna en la categoría del pecado, Todos los pecados son igualmente ofensivos; obviamente no para la justicia humana, para la que hay muchas clases de ofensa, y tantas clases de castigo.

 

Jesús pues, recibe una sub-muerte o mini-muerte en cada una de estas sub-pasiones o mini-pasiones, o sea, en cada uno de estos mini-juicios que la Justicia Divina realiza con Jesús que nos sustituye. Como dirá en el párrafo 7, estas sub-muertes eran muertes reales de las que Le “resucitaban”, porque todavía Le quedaba mucho por rehacer, reparar, y resarcir antes de Su Muerte final.


(3)    El segundo paso que sucede en la culpa, es defraudar la gloria de Dios, y el Padre para rehacerse de la gloria quitada por las criaturas me hizo sufrir la Pasión del pecado, esto es, que cada culpa me daba una pasión especial; si la pasión fue una, el pecado en cambio me dio tantas pasiones por cuantas cul- pas se cometerán hasta el fin del mundo; y así se rehízo la gloria del Padre. - Al no completarse el acto de Amor, y quedar este espacio “vacío” de amor, o este espacio “lleno” de pecado, el Ser Divino queda sin el reconoci- miento, o sea, sin la Gloria que espera, como cumplimiento de uno de los más importantes deberes de Justicia: el Agradecimiento.

 

Esta defraudación de Gloria, necesitaba ser rehecha, siguiendo este misma Justicia Divina, que Hammurabi, divina- mente inspirado, plasmó en Su Código. En el primer paso que explicamos en el párrafo 2, Jesús resarcía a la Divinidad por el vacío de Amor; ahora Jesús debe rehacer por el pecado que llena el alma de la criatura de tinieblas y fealdad. Todas las mini-muertes que estas sub-pasiones, o pasiones especiales, como las llama Jesús, causaban, Le venían encima por causa del pecado, y también de estas mini-muertes tenía que ser resucitado.

 

(5)   El tercer efecto que produce la culpa es la debilidad en el hombre, y por eso quise sufrir la Pasión por manos de los judíos, esta es mi tercera Pasión, para rehacer al hombre de la fuerza perdida. – Dice el Señor que perdimos la fuerza para seguirle, para completar Sus Sugerencias Amorosas, y este es uno de esos aspec- tos insospechados en nuestra relación con Dios. Estábamos débiles para hacer lo que quiere, y necesitábamos ser fortalecidos, y Él, en cada una de Sus Reparaciones y Resarcimientos, nos infundía Su Misma Fuerza para que pudié- ramos realizar lo que Él quiere de nosotros.

 

Dicho de otra manera. Jesús gana para nosotros la fuerza para convertirnos, la fuerza para rechazar las nuevas tenta- ciones de nuestra naturaleza concupiscente, y las fuerzas para acoger Sus Sugerencias Amorosas con las que Nos guía. Sin esta fuerza, de nada serviría que pagara por nosotros, porque no tendríamos la fuerza para seguirlo, una vez que Nos reconcilia.

 

(6)    Así que con la Pasión del amor, se rehízo y se puso en justo nivel el Amor, con la Pasión del pecado, se rehízo y se puso a nivel la gloria del Padre, con la Pasión de los judíos, se puso a nivel y se rehízo la fuerza de las criaturas. – Jesús resume las Tres Mini-Pasiones para indicar claramente lo que sucedía. Pero esto no es lo importante del párrafo. Lo importante es Su Expresión: “poner al nivel”, que repite tres veces. ¿Qué quiere decir Jesús con esto?

 

Si miramos a un Lago, digamos el Lago Okechobee, que suple de agua potable a la mitad del estado d la Florida, ob- servaríamos, que en la medida que los distintos acueductos extraen el agua que necesitamos, el nivel del lago baja correspondientemente. Si esa agua que extraemos no es repuesta por lluvia, eventualmente el lago quedaría sin agua.

 

Debemos comprender, que con esta alegoría tan extraordinaria, el Señor, que siempre Nos confunde con Su Precisión y las Implicaciones que contiene, dice que nuestro agradecimiento, nuestro reconocimiento a Su Amor, es como la lluvia que repone el “agua” de Sus Beneficios, de Su Gracia. Su Benevolencia individual, restaura “el justo nivel”, El “agua” de Su Gracia y Beneficios, no es ilimitada como podemos llegar tontamente a pensar, sino que si no “llovemos” en el Lago de Dios, esa “agua” se nos acaba, el pozo se seca. Contrariamente, nuestro agradecimiento, nuestro reco- nocimiento, asegura que el nivel de “agua”, de gracias y beneficios Divinos, es el justo y necesario; o sea, que el “agua” está siempre al nivel necesario para que continúe fluyendo hacia nosotros.

 

Ahora que entendemos esta expresión de “poner a nivel”, quizás lleguemos a apreciar desde este nuevo punto de vista, como Nuestro Señor hacia “llover” para restaurar los niveles de Gracias y Beneficios, completando por nosotros, Sus Actos de Amor, como rellenaba el Lago de Su Misericordia que estaba bastante seco, y como rellenaba el Pozo del Agua con la que Nos fortalece para reemprender junto con Él, el camino de la salvación.

 

(7)    Todo esto lo sufrí en el huerto, fue tal y tanto el sufrimiento, las muertes que sufrí, los espasmos atroces, que habría muerto de verdad si la Voluntad del Padre hubiera llegado a (ser) que Yo muriera. – Jesús recapitula sobriamente este Proceso de Sufrimiento, reafirmando que no hubiera salido vivo del Huerto, y que si salió vivo, fue porque Su Padre del Cielo, no había decretado todavía que muriera finalmente, porque “todo se había consumado”.

 

* * * * * * *


Y analicemos ahora lo que dice sobre los sufrimientos experimentados en el Torrente Cedrón.

 

(1)    Hija mía, al crear el alma la vestí de un manto de luz y de belleza; el pecado quita este manto de luz y de belleza y la cubre con un manto de tinieblas y de fealdad, volviéndola repugnante y nauseante, - Nuestro Señor expresa nuevamente este concepto de que al crear a Adán, lo revistió de un manto de Luz y Belleza, Su Divina Voluntad bilocada y obrante en Adán, que lo hacía diferente al resto de los seres humanos que habían sido creados con anterioridad en otras líneas de creación.

 

Confirma que al pecar Adán, perdió esta Vestimenta Real de Su Voluntad, y quedó expuesta la naturaleza que estaba debajo de esa vestimenta; naturaleza de tinieblas y fealdad, que no era tan diferente de la naturaleza humana de las otras criaturas que existían en aquellos momentos históricos, en el área de la Antigua Mesopotamia, en la que pensa- mos se desarrolló la vida de Adán y su descendencia. Todo esto, para todos los efectos, es como si Adán hubiera que- dado vestido con otro manto de fealdad y tinieblas.

 

(2)    Y Yo para quitar este manto tan nauseabundo que el pecado pone al alma, permití que los judíos me arrojaran en este torrente, donde quedé como recubierto dentro y fuera de Mí, porque estas aguas pú- tridas me entraron hasta en las orejas, en las narices, en la boca, tanto, que los judíos tenían asco de tocarme. ¡Ah, cuánto me costó el amor de las criaturas, hasta volverme nauseabundo a Mí mismo! – Nuestro Señor permitió que lo arrojaran a este Torrente Cedrón, que en aquellos instantes históricos era el alcantari- llado de Jerusalén, lugar al que iban a parar todos los desperdicios humanos de aquella gran ciudad.

 

Nuestro Señor se dejó revestir de esta inmundicia, para luego revestirse en Su Resurrección con el Manto de Luz de Su Cuerpo Glorificado.

 

Resumen del Capítulo del 5 de Febrero de 1913: (Doctrinal) - Pagina 77 -

 

Esta mañana, mi siempre amable Jesús ha venido y me ha dicho:

 

(A)    “Hija mía, quien no hace mi Voluntad no tiene razón de vivir en la tierra, la vida se vuelve sin finalidad, sin medio y sin fin. Es propiamente como un árbol que no sabe y no puede producir ningún fruto, o a lo más frutos venenosos, que envenenan siempre más a él mismo, y envenenan a cualquiera que imprudentemente los pudiera comer, este árbol no hace otra cosa que robar las pobres fatigas del agricultor, que con fatiga y sudores está a su alrededor remo- viéndole la tierra. Así el alma que no hace mi Voluntad está en continua actitud de robarme, y los hurtos que me hace los convierte en veneno; así que está a mi alrededor sólo para robarme, me roba la obra de la Creación, la de la Re- dención y la de la Santificación con relación a ella; me roba la luz del sol, el alimento que toma, el aire que respira, el agua que le quita la sed, el fuego que la calienta, la tierra que pisa, porque todo esto es de quien hace mi Voluntad, todo lo que es mío es de ellos; en cambio quien no hace mi Voluntad no tiene ningún derecho, y por eso me siento continuamente robado. Así que quien no hace mi Voluntad se debe tener como extranjero nocivo y fraudulento, y por eso es necesario encadenarlo y arrojarlo en las cárceles más profundas”.

 

Dicho esto ha desaparecido como relámpago. Otro día, al venir me ha dicho:

 

(B)    “Hija mía, ¿quieres saber qué diferencia hay entre mi Voluntad y el Amor? Mi Voluntad es Sol, el amor es fuego. Mi Voluntad como sol no tiene necesidad de alimento, ni crece ni decrece en la luz y en el calor, siempre, siempre igual a sí mismo, siempre purísima su luz. En cambio el fuego que simboliza el amor, tiene necesidad de leña para alimentarse, y si falta la leña llega hasta a apagarse, crece y decrece según la leña que se pone, por lo tanto está sujeto a inestabilidad, y su luz es siempre obscura, mezclada con humo, especialmente si el amor no está regulado por mi Voluntad”.

 

Dicho esto ha desaparecido y me ha quedado en mi mente una luz en la que comprendía que la Voluntad de Dios para el alma es como un sol, porque las acciones que se hacen como queridas por Dios forman una sola cosa con la Volun- tad Divina, y así se forma el sol, la leña que mantiene este sol es la acción humana y todo el propio ser unido a la acción y al Ser Divino, así que el alma se hace leña ella misma, suministrada por la Voluntad Divina, y esta leña no puede faltar, por eso este sol no tiene necesidad de alimento, ni crece ni decrece, es siempre igual a Sí mismo, es purísima su luz, porque toma parte en todo, y el Ser Divino y la leña divina nunca se acaban y no están sujetas a hu- mo. No explico más porque creo que el resto se comprende por sí solo, o sea lo referente al amor.


* * * * * * *

 

Antes de empezar, vamos a definir varios términos que Jesús utiliza en el Bloque (A).

 

Razón = motivo o causa.

 

Fin o Finalidad = objetivo con el que se hace una cosa, o el porqué se hace una cosa. Medio = estilo o modo.

Hija mía, quien no hace mi Voluntad no tiene razón de vivir en la tierra, la vida se vuelve sin finalidad, sin medio y sin fin. – Jesús Le hace saber a Luisa que la criatura que no Le reconoce, y que Le ofende, no tiene “razón”, es decir, motivo o causa para vivir en esta tierra; está demás aquí, se convierte en un estorbo. La vida de esa criatura no sigue la “finalidad” que Dios quería de ella cuando la creó.

 

Los “medios”, el “modo” de actuar de ella, no son los de Su Creador, sino los que ella se inventa o le sugiere el enemigo

 

El fin, de esa criatura, no es el de obedecer y dar gloria a Su Creador, sino que es su propio “fin” o meta humana; su

propia satisfacción espiritual y material, que no incluye a Dios.

 

Es propiamente como un árbol que no sabe y no puede producir ningún fruto, o a lo más frutos veneno- sos, que envenenan siempre más a él mismo, y envenenan a cualquiera que imprudentemente los pudie- ra comer, - No solamente esa criatura ofende a Su Creador, sino que es un peligro para ella misma, y para los que la rodean, porque con sus malas obras y ejemplos daña a otros.

 

Este árbol no hace otra cosa que robar las pobres fatigas del agricultor, que con fatiga y sudores está a su alrededor removiéndole la tierra. Así el alma que no hace mi Voluntad está en continua actitud de robarme, y los hurtos que me hace los convierte en veneno; - esta criatura es como un árbol que hace fatigo- so, y a veces inútil todo el trabajo que Dios, como agricultor, hace por ella, que constantemente Le envía Sus Suge- rencias Amorosas, tratando de ser escuchado, pero no lo logra. Esta imagen del Dios agricultor, fatigado al extremo en su labor diaria, tratando de remover obstáculos, y propiciar buen alimento a su cosecha, es una imagen muy pode- rosa que no debemos olvidar.

 

Por lo tanto esta persona, Le roba constantemente todo a Su Creador: “está en continua actitud de robarme”.

 

Los frutos que produce con sus acciones, al no hacer la Voluntad de Dios y cometer pecados, envenenan su alma, y envenenan a las demás personas, que sufren las consecuencias de sus actos; aunque dichos actos, a veces puedan estar disfrazados o cubiertos por las apariencias de actos buenos o necesarios, y logren engañar a los demás. La reali- dad es que son frutos venenosos.

 

Así que está a mi alrededor sólo para robarme, me roba la obra de la Creación, la de la Redención y la de la Santificación con relación a ella; - ahora comprendemos porqué Jesús dice que esa criatura no tiene “razón de vivir en la tierra”. Es que en realidad, estas vidas son como yerba mala, que no solo es dañina o inútil para ella misma, sino para todos los que la rodean.

 

Debemos hacer una distinción importante. Las Palabras de Jesús pueden llevarnos a pensar que son solo unos cuantos los que así se comportan, o sea, que Jesús habla de los grandes pecadores, pero, nosotros ya debiéramos saber que en cuanto cometemos un solo pecado, nos enemistamos con Él, y Él se ve obligado a apartarse de nosotros, y trabaja “desde fuera” como el agricultor del ejemplo para propiciar la conversión, y la vuelta a la amistad. Ahora bien, desde el mismo momento en que cometemos un solo pecado hasta que nos reconciliamos nuevamente con Él, o sea, duran- te todo el tiempo que permanezcamos en el pecado, todas nuestras obras caen en esta categoría de hurtos, todas están marcadas con el veneno que llevamos dentro. La fealdad del pecado delante a Sus Ojos, no solo está en el acto en sí, sino en las consecuencias que tiene ese pecado en nosotros, mientras no es perdonado por Él en el Sacramento de la Reconciliación.


Así pues, el pecador, Le roba la obra de la creación, de la cual tiene que hacer uso constante, porque ese ladrón todo lo que utiliza y está a su alrededor, inclusive en el momento de, y hasta para, cometer el pecado, es algo creado por Dios. Su misma existencia física y espiritual, es parte de la obra de la Creación, así como lo es, la tierra misma que pisa.

 

Le roba la obra de la Redención porque hace inútil toda la Labor, todo el Sufrimiento, que Jesús realizara aquí en la tierra para redimirlo; ya que no la aprovecha.

 

Por último le roba la obra de la Santificación, porque no puede haber oportunidad, para alguien que no quiera arre- pentirse y conocer a Dios, el que llegue a poseer la Santidad de Su Voluntad. La santificación, o aceptación de esta Vida en Su Voluntad, se hace literalmente imposible.

 

Me roba la luz del sol, el alimento que toma, el aire que respira, el agua que le quita la sed, el fuego que la calienta, la tierra que pisa, porque todo esto es de quien hace mi Voluntad, todo lo que es mío es de ellos; - todo lo que Jesús menciona acerca de Su Creación, y que la criatura que vive en la tierra, en este caso el pecador, no puede dejar de utilizar, Le es robado.

 

Acordémonos que cuando Adán pecó fue expulsado del Paraíso, porque ya no era digno de utilizar, aquello que Dios había creado para él con tanta magnificencia. Adán no tenía razón para vivir en el Paraíso.

 

Ahora aquí, el pecador está en una situación similar; lo único que reprime al Señor de eliminarlo de la faz de la tierra, es Su Gran Misericordia, y está a la espera de que algún día, ese pecador pueda convertirse. La Biblia está llena de relatos de castigos, que Su Divina Justicia, envía a las criaturas.

 

Ahora, desde la venida de Jesús y de Su Madre a la tierra, podríamos decir, que la Divina Justicia, se ha hecho más tolerante; con todo y esto, no podemos pasarnos del límite, vivir ofendiéndolo y no pagar las consecuencias, porque solo el alma justa tiene el derecho de disfrutar de Sus Obras, no el pecador.

 

En cambio quien no hace mi Voluntad no tiene ningún derecho, y por eso me siento continuamente ro- bado. Así que quien no hace mi Voluntad se debe tener como extranjero nocivo y fraudulento, y por eso es necesario encadenarlo y arrojarlo en las cárceles más profundas. – De nuevo, el Señor condena enérgica- mente al pecador, que no tiene derecho alguno a lo que continuamente utiliza. Sus Palabras son desacostumbrada- mente fuertes, y no es necesario comentarlas más.

 

* * * * * * *

 

En la segunda parte de este capítulo, el Bloque (B), Nuestro Señor continúa con las diferencias entre Su Voluntad y el Amor Divino, que como sabemos ha venido anunciando en varios capítulos anteriores.

 

Es importante, sin embargo, destacar de entrada que el Señor quiere hacer relucir las “diferencias” entre Su Voluntad y el Amor, o mejor aún, quiere hacer relucir lo que las distingue, y esto que las distingue tiene que ver con la dinámica que ambas exhiben.

 

Aunque sabemos que jamás podremos llegar a entender perfectamente lo que Nos habla de Su Voluntad y el Amor, tampoco podemos eludir la responsabilidad de entender lo que quiere que entendamos, y esto siempre envuelve un cierto riesgo de interpretar mas allá de lo que Nos dice; aunque también sabemos que Nuestro Señor tiene mil mane- ras para impedir, amablemente, que especulemos incorrectamente sobre lo que Nos dice. Las palabras, los verbos que usaremos para que todos entendamos lo que dice, son limitantes en su sentido estricto, pero son las únicas palabras o verbos que conocemos. Ni siquiera vamos a encerrar estas palabras o verbos entre comillas, como es costumbre hacer en estos casos. Lo importante es tratar de expresar la idea, y nuestras limitaciones deben quedar disimuladas por los lectores, con gran caridad.

 

Así las cosas, decimos que en efecto, hay un elemento de pasividad en Su Voluntad, pasividad en cuanto a que Su Voluntad es Una, es Indivisible, es y está Completa, nada necesita añadir a sí misma para expandirse, nada puede quitársele o hacerla contraer, y de esa manera disminuirla de alguna manera. Aunque todo lo da, y puede darlo, siem- pre queda plena. Dicho de otra manera, no existe manera alguna de perfeccionar algo que ya es perfecto; pudiendo


hacerlo todo, Su Voluntad no tiene ningún interés en actuar, porque nada gana con actuar, ni nada pierde por no actuar.

 

No debe extrañarnos pues, que esta Pasividad choque con el Dinamismo inherente a la Santísima Trinidad, que cons- tantemente piensa y, diseña; que quiere sacar fuera lo que diseñan y quieren hacer, y que solo pueden lograr este hacer con Su Voluntad Omnipotente. La Trinidad Sacrosanta todo lo quiere hacer, y saben que solo con Su Voluntad pueden hacerlo, pero como decíamos Su Voluntad es esencialmente pasiva, es perfecta y no muestra el mismo interés en hacer aquello que Los Tres quieren hacer.

 

De nuevo, así las cosas, comprendamos pues, que esta Pasividad esencial e íntegra de Su Voluntad, necesita ser com- pensada por otro Ente, el Amor Divino, que se contraponga a Su Voluntad, y esté imbuido de una actividad constante, y de esa manera proveer el vehículo, los medios para satisfacer las necesidades constantes de acción que parten de la Santísima Trinidad.

 

Ahora bien, se sigue lógicamente, que este otro Ente, el Amor debe tener la misma capacidad de actuar omnipoten- temente, debe ser para todos los efectos y consideraciones, igual a Su Voluntad, excepto en un esencial Dinamismo, en su actividad, integral a sí mismo, que difiere de la Pasividad también esencial e integra a si misma de Su Voluntad. Esta igualdad, y al mismo tiempo diferencia, solo podía lograrse, si Su Voluntad, generara eternamente a este Ente Divino, el Amor, como un Padre genera a Su Hijo. A través de Su Hijo Primogénito, el Amor, Su Voluntad circunda, desvanece Su Pasividad, y logra de esa manera, mantenerse perfectamente pasiva, y al mismo tiempo proveer el Di- namismo que la Santísima Trinidad requiere de Ella. Cuantas veces un jefe de empresa delega en sus subordinados lo que no quiere hacer, porque estos subordinados no están limitados como lo está el jefe por su status de jefe.

 

Si re-leemos el capitulo del 12 de Marzo de 1910, volumen 9, y que transcribimos en el capítulo del 20 de Diciembre de 1913, unos capítulos anteriores a este, nos percatamos inmediatamente de esta pasividad inherente a Su Voluntad, y a este Dinamismo inherente al Amor Divino, así como la solución que Su Voluntad ha dado al problema eterno que hemos hablado, generando eternamente a Su Hijo Primogénito que es el Amor. Como vemos, Su Voluntad sigue en control del Amor, porque el dinamismo envuelve siempre un tanto de indisciplina, un tanto de alocamiento, que es necesario controlar, dirigir, para que tenga el máximo efecto posible. Muchas veces, el Amor se excede en llevar a cabo, las ordenes que Le vengan de la Santísima Trinidad por el conducto de Su Progenitor, que es la Voluntad Divina. Las órdenes son perfectas, la Voluntad que concurre con lo que la Trinidad quiere es también perfecta, solo el Amor Divino es imperfecto porque a veces se excede, y a veces se retrae en lo ejecutado, más allá de lo que es necesario.

 

Solo nos queda un elemento por discutir, y tiene que ver con discutir un poco más, estas imperfecciones en el Amor; o sea, a veces se excede, y a veces se retrae en Su actuación. En realidad, el Amor no sería jamás imperfecto en su ejecución, si nosotros, los objetos del Amor Divino que podemos resistirle a ese Amor lo que quiere hacer con noso- tros, no nos resistiéramos y cooperáramos plenamente con la labor de Dios a través de ese Amor. El Amor necesita ser alimentado, por aquellos a quienes se Le ha encargado alimentar. Cuando nosotros no cooperamos con Su Obra en nosotros, vía la Sugerencia Amorosa que parte de la Trinidad Sacrosanta, el Amor no se alimenta, porque no recibe lo que trae, se queda corto, y esto lo hace retraerse en su obrar futuro. Cuando nosotros cooperamos excesivamente con Su Labor en nosotros, el Amor puede excederse y hacernos daño, porque consume nuestra vida más allá de lo que se ha diseñado por la Trinidad.

 

Resumiendo. Uno de los aspectos negativos de toda pasividad como resultado de perfección, es el no hacer lo que otros quieren hacer, teniendo esos otros los mismos derechos de querer hacer, como el otro lo tiene de no querer hacer. Dicho de otra manera. La Pasividad de la Divina Voluntad que no quiere hacer porque nada gana con hacer, y nada pierde por no hacer, está eternamente contrapuesta al Dinamismo constante de la Trinidad Sacrosanta, que todo lo quiere hacer, porque no haciendo pierde. Toda esta aparente dificultad, viene a estar eternamente resuelta, y eter- namente compensada por el Amor Divino, que es el elemento complementario y dinámico de esta Dualidad Divina, primero, y de todo el Ser Divino después, que hasta que estudiamos estos Escritos desconocíamos.

 

Solo nos queda releer el Bloque (B) en su totalidad para apreciar lo que el Señor dice, y si fuera posible, sería también importante leer todo lo que ha dicho sobre estas diferencias, en los capítulos anteriores.

 

Hija mía, ¿quieres saber qué diferencia hay entre mi Voluntad y el Amor? Mi Voluntad es Sol, el amor es fuego. Mi Voluntad como sol no tiene necesidad de alimento, ni crece ni decrece en la luz y en el calor, siempre, siempre igual a mismo, siempre purísima su luz. En cambio el fuego que simboliza el amor,


tiene necesidad de leña para alimentarse, y si falta la leña llega hasta a apagarse, crece y decrece según la leña que se pone, por lo tanto está sujeto a inestabilidad, y su luz es siempre obscura, mezclada con humo, especialmente si el amor no está regulado por mi Voluntad.

 

Resumen del Capítulo del 19 de Febrero de 1913: (Doctrinal) - Pagina 80 - El Opio de Su Voluntad en nosotros -

 

Continuando mi habitual estado, y habiendo hecho la Santa Comunión, mi siempre amable Jesús me ha dicho:

 

“Hija mía, mi Voluntad es como el opio al cuerpo. Los pobres pacientes debiendo sufrir una operación, la amputación de una pierna, de un brazo, los adormecen con el opio, con esto no sienten la agudeza del dolor, y después, ya des- piertos, se encuentran con los efectos de la operación hecha; y si no han sufrido tanto, la virtud ha sido solamente del opio. Tal es mi Voluntad, es opio del alma que adormece la inteligencia, el amor propio, la propia estima, todo lo que es humano, y no deja penetrar hasta el fondo un disgusto, la calumnia, el sufrimiento, un estado de penas internas del alma, porque el opio de mi Voluntad la tiene como adormecida, pero con todo y esto se encuentran los mismos efectos y los mismos méritos, es más, ¡oh! cuánto los supera, como si hubiese sentido muy bien aquel sufrimiento, pero con esta diferencia: Que el opio para el cuerpo se compra y no se puede usar frecuentemente, ni todos los días, y si se quisiera abusar quedaría la persona entontecida, especialmente si es de constitución débil; en cambio el opio de mi Voluntad lo doy gratis y se puede tomar en todos los momentos, y por cuanto más frecuentemente lo tome, tanta más luz de razón adquiere, y si es débil adquiere la fortaleza divina”.

 

Después de esto me parecía ver a varias personas a mi alrededor y le he dicho a Jesús: ¿Quiénes son?”

 

Y Jesús: “Son las que te confié desde hace algún tiempo, te las recomiendo, vigila sobre ellas, por esto quiero formar este nudo de unión entre tú y ellas, para tenerlas siempre en torno a Mí”.

 

Y me ha señalado a una en modo especial.

 

Y yo: “¡Ah!, Jesús, ¿has olvidado mi miseria y nulidad, y la necesidad extrema que tengo? ¿Qué haré?”

 

Y Jesús: “Hija mía, tú no harás nada, como nada has hecho jamás. Yo hablaré y haré en ti, y hablaré por medio de tu boca, basta con que me dejes hacerlo tú y que haya buena disposición en ellas, y Yo me prestaré a todo, y aunque te tenga adormecida en mi Voluntad, cuando sea necesario te despertaré y te haré hablarles a ellas, y Yo me deleitaré más en ti oyéndote hablar, ya sea en la vigilia o en el sueño de mi Voluntad”.

 

* * * * * * *

 

En este capítulo, Jesús Le comunica a Luisa que el alma que vive en Su Voluntad, está en un estado de adormecimien- to perenne.

 

No siente ya a lo vivo, es decir con fuerza, todo lo que antes sentía, en otras palabras, “todo lo que es humano”, se adormece, y se hace más tolerable. Sin embargo, a pesar de que no sufre toda la intensidad con la que antes hubiera sentido las potencias humanas y los sentidos, no por eso el merito de sufrirlos disminuye; muy por el contrario, la criatura ha ganado los mismos meritos de sus penas como si las hubiera sufrido con toda su intensidad.

 

Por último, el Señor insiste que el opio de Su Voluntad puede tomarse todos los días, en todos los momentos, puesto que la “frecuencia del uso” no entorpece a la criatura, como la entorpece el uso frecuente del opio de las plantas que se usa en las operaciones quirúrgicas. El Opio de Su Voluntad hace fuerte a la criatura, y tanta más razón adquiere.

 

El intercambio del final del capítulo es un tanto misterioso. Aparentemente hay unas personas para las que el Señor tiene planes específicos, y las va a hacer gravitar alrededor de Luisa, para que Luisa las vigile y las atienda. Luisa ex- presa su inhabilidad para esta labor que Jesús Le encomienda, a lo que Jesús, Le dice que no se preocupe, que Él hará todo, y pondrá en boca de Luisa, las palabras que sean necesarias.

 

Resumen del capítulo del 16 de Marzo de 1913: (Doctrinal) – Pagina 82 – Condiciones Fisiológicas del vivir en Su Vo- luntad -


Escribo pequeñas cositas que el bendito Jesús me ha dicho en todos estos días pasados. Recuerdo que me sentía indi- ferente, fría, pero a pesar de eso hacía lo que es mi costumbre hacer, y pensaba para mí: “¿Quién sabe cuánta gloria de más daba a Nuestro Señor cuando me sentía al contrario de cómo me siento hoy?” Y Jesús bendito me ha dicho:

 

(A)    “Hija mía, cuando el alma reza con fervor es el incienso con humo, en cambio cuando reza fría, pero sin que haya hecho entrar en ella alguna cosa extraña a Mí, es el incienso sin humo; así que el uno o el otro me son agradables, pero más el incienso sin humo, porque el humo da siempre alguna molestia a los ojos”.

 

Sintiéndome igual, el amable Jesús me ha dicho:

 

(B)    “Hija mía, el hielo en mi Voluntad es más ardiente que el fuego. ¿Qué te impresionaría más, ver que el hielo tiene virtud de quemar y de destruir cualquier cosa que lo pueda tocar, o el fuego que convierte las cosas en fuego? Cier- tamente que el hielo. ¡Ah! hija mía, en mi Voluntad las cosas cambian naturaleza, así que el hielo en mi Voluntad tiene virtud de destruir cualquier cosa que no sea digna de mi santidad, y vuelve al alma pura, nítida y santa, tal como me gusta a Mí, no según le gusta a ella. Ésta es la ceguera de las criaturas, y aun de aquellas que se dicen buenas, al sentirse frías, miserables, débiles, oprimidas y demás, y por cuanto más se sienten mal, tanto más se agazapan en su voluntad y se tejen un laberinto para envolverse de más en sus males, en vez de dar un salto a mi Voluntad donde encontrarían el hielo fuego, la miseria riqueza, la debilidad fortaleza, la opresión alegría. Yo con toda intención las hago sentir así de mal, para darles en mi Voluntad lo contrario de los males que tienen, pero las criaturas no querién- dolo entender de una vez para siempre, echan al vacío mis designios sobre ellas. ¡Qué ceguera! ¡Qué ceguera!”

 

Otro día Jesús me dijo:

 

(C)    “Hija mía, mira de qué se nutre quien hace mi Voluntad”.

 

Entonces yo veía un sol que expandía innumerables rayos, tan espléndido, que el nuestro parecía apenas una sombra, y pocas almas sumergidas en esta luz, y estaban con la boca en estos rayos como si fueran pechos para mamar, aje- nas a todas las demás cosas, como si nada hicieran, y mientras parecía que hacían nada, de ellas salía todo el obrar divino. Mi siempre amable Jesús ha agregado:

 

“¿Has visto la felicidad de quien hace mi Voluntad, y cómo sólo de estas almas sale la repetición de mis obras? Así que quien hace mi Voluntad se nutre de luz, o sea de Mí, y mientras hace nada hace todo, por eso puede estar segura que lo que piensa, obra y dice es efecto del alimento que toma, o sea, que todo es fruto de mi Querer”.

 

* * * * * * *

 

Este capítulo ya lo habíamos estudiado con anterioridad, como parte de la Descripción No. 5, que habíamos subtitula- do: Las condiciones fisiológicas en la Divina Voluntad. Repetimos ahora lo que explicáramos en aquella oportunidad.

 

En este primer Bloque (A) de la respuesta a la incomodidad y pensamiento de Luisa, de que se sentía indiferente y fría, o sea, no fervorosa, Jesús equipara la oración, y por extensión, toda obra virtuosa que pudiéramos emprender, con el incienso. La razón es obvia: el incienso no solo es la materia por excelencia del culto, sino que a través de los siglos se ha identificado siempre con toda celebración religiosa, aun las asiáticas. Además, el incienso huele a divino, y se eleva majestuoso y visible a las alturas, a donde ya sabemos van todas nuestras obras: “suben a Mi Presencia y Me dan agrado si son rectas de intención o fastidio, si hechas con una intención viciada”. Aquí Jesús, por tanto, utiliza la misma imagen, y dice que el incienso que produce nuestras oraciones u obras cuando se hacen fervorosas, es un in- cienso agradable pero humoso, y “da alguna molestia a los ojos”.

 

Esto parece casi como que una afirmación increíble de Jesús, porque en realidad, un gran porcentaje de cristianos viven convencidos de que el fervor es necesario, es imprescindible para que nuestras oraciones u obras “valgan “de- lante de Dios. Las consecuencias de esta idea errónea, errónea antes y ahora mucho más después de leer lo dicho por Jesús, es que muchas veces las personas dejan de rezar, o de obrar porque no se sienten “con ganas” de hacerlo. Y eso obviamente, es un error y grande. Según Jesús pues, la oración “fría” es mas acepta a Él, y la razón es sencilla. La acción fervorosa siempre tiene algo nuestro, algo “extraño a Él”. El que reza con fervor y hasta con unción, se regodea en su propia religiosidad, saborea sus palabras y actos como un néctar delicioso. Y todo esto, claro está, Jesús lo acepta con gusto, pero con más gusto cuando rezamos u obramos solo por agradarle a Él, a disgusto si se quiere, pero lo hacemos.


 

En este contexto tenemos que recordar dos situaciones específicas en las que este tópico se ha discutido con toda amplitud.

 

La primera situación la sabemos por el Evangelio, con la parábola de los dos hermanos, a quienes su padre les pide que hagan algo por él. El primero, obsequiosamente, en seguida estuvo de acuerdo, pero no hizo nada de lo que se esperaba de él; el segundo dijo que no, malhumorado, pero al rato, recapacitando realizó la labor que su padre le había encomendado. Jesús, en el texto evangélico, ensalzó al segundo hermano, porque fue el que hizo.

 

La segunda situación la narra C. S. Lewis en una de las cartas de Screwtape, y que transcribimos en su totalidad por- que va a darnos otra visión de este mismo tópico, desarrollado por este gran teólogo cristiano.

 

* * * * * * *

Capítulo 8:

 

¿Así que tú tienes grandes esperanzas de que tu paciente (hombre) se encuentre en una fase de su vida en la cual siente que su ardor religioso (fe) se está muriendo? ¿Nunca nadie te ha hablado acerca de la ley de la ondulación? Yo siempre he pensado que el Colegio de Entrenamiento se había dañado cuando pusieron a Slubgob (nombre cómico que C. S. Lewis le da a los diablos en este libro) como cabeza del Colegio; pero ahora después de ver el trabajo que han hecho contigo, mi querido Wormwood, estoy seguro de que esto es precisamente lo que ha ocurrido.

 

Los humanos, mi querido sobrino, son anfibios, mitad espíritu, mitad animal. La determinación del Enemigo (Dios) de crear un repugnante hibrido (hombre) fue una de las causas por la cual nuestro padre (Satanás) le retiró su apoyo (se rebeló).

 

Como espíritus, estas criaturas pertenecen al mundo eterno, pero como animales que son, también existen en el tiem- po; significando esto, que mientras su parte espiritual, puede ser dirigida hacia una meta eterna, (cielo o infierno) sus cuerpos, pasiones e imaginaciones están en un cambio continuo, porque vivir en el tiempo es cambiar. (En la criatura se entiende cambio, al proceso de nacimiento, crecimiento, envejecimiento y muerte). Lo único que es constante en ellos es la ondulación; la repetida vuelta a un nivel del que salen y al cual, eventualmente, regresan Esto en la práctica significa que están sujetos a altas y bajas, (periodos de exaltación y de depresión) mientras están viviendo en el tiem- po.

 

Si tu observaras a tu paciente cuidadosamente, habrías visto esta ondulación en cada faceta de su vida; su interés por el trabajo, su afecto por los amigos, sus apetitos físicos; todo está sometido a altas y bajas. Mientras el viva en la tierra, alternarán periodos de gran riqueza emocional y vivacidad con periodos de pobreza espiritual, confusión y atur- dimiento. La aridez y aburrimiento por el cual tu paciente está pasando ahora, tú la atribuyes con presunción a tu excelente trabajo; pero, me temo, que estos son simplemente fenómenos naturales que no nos harán ningún benefi- cio a no ser que aprendamos a usarlos correctamente.

 

Para decidir la mejor manera de cómo tienes que actuar, tienes que preguntarte que es lo que el Enemigo hace, como utiliza estos periodos de aridez; y entonces cuando lo hayas averiguado, haz lo opuesto.

 

Ahora bien, quizás te sorprenda el conocer que en Su esfuerzo para obtener posesión permanente de un alma, El se confía más en los periodos de baja, de aridez, que sufren las almas que en los periodos altos, exaltados. Alguno de sus favoritos especiales (santos) han atravesado por estos periodos de aridez (horas negras) de una forma mucho más larga y profunda que las demás criaturas.

 

La razón es esta: para nosotros, los seres humanos son principalmente comida; nuestro objetivo es absorber sus voluntades en las nuestras, el crecimiento de nuestra propia identidad y ego a expensas del de ellos. Pero la obedien- cia que el Enemigo demanda de los hombres es algo completamente distinto. Uno tiene que enfrentarse al hecho real de que todo eso que se habla y que has oído acerca de Su Amor por los hombres, y del hecho de que cuando los hombres Lo obedecen y sirven es cuando adquieren la perfecta libertad, no es como nosotros quisiéramos que fuera, pura propaganda, sino una realidad devastadora. El realmente quiere llenar el universo con un montón de repugnan- tes replicas de El mismo, criaturas cuyas vidas, en una escala de miniatura, serian el equivalente a Su vida; no porque El las haya absorbido, sino porque sus voluntades libremente se unen y se ponen de acuerdo con la Suya. Nosotros queremos ganado que finalmente sean nuestra comida; El quiere siervos que finalmente se conviertan en Sus Hijos.


Nosotros queremos chuparlos, El quiere desbordarse en ellos. Nosotros estamos vacíos y queremos llenarnos con ellos; El está lleno, y se desborda. (El desahogo del Ser Divino del que le habla a Luisa).

 

Nuestro objetivo principal de guerra es formar un mundo en el cual nuestro padre de abajo, ha arrastrado a las otras criaturas dentro de Él; el Enemigo quiere un mundo lleno de seres unidos a Él pero todos distintos entre sí, reteniendo las personalidades con que El las ha dotado.

 

Y por esa razón ocurren los periodos de aridez. Tu muchas veces te habrás asombrado el porqué el enemigo no hace más uso de Su Poder para hacerse sensiblemente presente a las almas humanas aun en la manera más leve o en cualquier lugar en que estas se encuentren. Pero tú ves ahora, que el ser Irresistible y el ser Indisputable son las dos armas, que dada la naturaleza de Su Plan para con ellos, El mismo se ha limitado y no quiere usar. Simplemente, ava- sallar la voluntad humana (cosa que él pudiera hacer fácilmente con Su mera Presencia, por débil y mitigada que fue- ra) sería para El inútil. El no puede arrebatar, avasallar; El solamente se limita a sugerir; porque su innoble idea es “comerse el pastel y conservarlo”. Las criaturas están supuestas a ser una sola cosa con El, pero deben permanecer como son (con su propia identidad); simplemente cancelarlas o asimilarlas no Le sirve. El está preparado para avasa- llarlas un poco al principio. El las acondiciona con comunicaciones de Su Presencia, las cuales aunque ligeras y sutiles, a las criaturas les parecen algo muy grande y que las capacita para vencer fácilmente a las tentaciones, al mismo tiempo les proporciona gran dulzura emocional. Pero nunca El permite que esta situación dure demasiado. Más tarde o más temprano, El se esconde de la experiencia consciente de la criatura, si no en realidad (acordémonos que El le dice a Luisa, que El nunca se retira, se esconde pero no se retira), por lo menos retira su apoyo y aquellos incentivos que Le diera al principio de su conversión. El deja a la criatura sola, que se mantenga en pie por sí sola, en sus propias piernas, para realizar solo con su voluntad humana aquellos deberes y tareas que ahora de repente han perdido todo el atractivo que antes tenían. Es durante esos periodos de baja, de aridez, mucho más que durante los periodos de alta, de exaltación, que la criatura crece para convertirse en la criatura que El quiere que ella sea. Por lo tanto, las oraciones (los sacrificios, las virtudes practicadas, etc.) que se ofrecen en este periodo de aridez son las oraciones (los sacrificios, las virtudes practicadas) que a El más Le agradan.

 

Nosotros podemos arrastrar a nuestros pacientes con tentaciones continuas, porque nosotros solo los queremos como comida, y mientras más interfiramos con ellos, mejor para nosotros. El no puede “tentarlos” a la virtud como nosotros lo hacemos al vicio. El quiere que ellos aprendan a caminar y por tanto tiene que retirar Su Mano de apoyo; y si sola- mente (la criatura) tiene la voluntad real de caminar por sí sola, El se complace grandemente aun con sus caídas.

 

No te engañes, pues, Wormwood. Nuestra causa está en el mayor de los peligros posibles cuando un ser humano, ya sin deseos, pero todavía intentando hacer La Voluntad del Enemigo, mira a su alrededor, a un universo en el cual toda traza de El parece haber desaparecido, se pregunta con angustia el por qué ha sido abandonado, pero… continua obedeciéndole.

 

Pero, por supuesto, estos periodos de baja, de aridez presentan otras oportunidades adicionales que podemos aprove- char. Ya te comentaré y te haré unas cuantas sugerencias en mis cartas futuras.

 

Tu afectuoso tío, Screwtape

* * * * * * *

 

Y analicemos ahora el Bloque (B).

 

Hija mía, el hielo en mi Voluntad es más ardiente que el fuego. ¿Qué te impresionaría más, ver que el hielo tiene virtud de quemar y de destruir cualquier cosa que lo pueda tocar, o el fuego que convierte las cosas en fuego? Ciertamente que el hielo. – Con estas palabras Jesús reanuda la explicación empezada con el incienso sin humo, al decirle que la falta de voluntad humana propia que El ha anunciado en el párrafo anterior, hace nuestras obras frías de fervor, pero hechas por agradarle a Él, entran en Su Voluntad como hielo, pero paradójicamen- te, es un hielo que quema mucho más profundamente que el fuego del acto fervoroso.

 

¡Ah! hija mía, en mi Voluntad las cosas cambian naturaleza, así que el hielo en mi Voluntad tiene virtud de destruir cualquier cosa que no sea digna de mi santidad, y vuelve al alma pura, nítida y santa, tal co-


mo me gusta a Mí, no según le gusta a ella. – Por eso dice, que en Su Voluntad todo queda alterado en Su Natu- raleza, porque para que algo entre en esa Divina Voluntad, tiene que ser a gusto Suyo y no el nuestro. Así que aun las oraciones y actos fervorosos realizados tienen que ser “enfriados” por Su Voluntad para quitar de ellos todo lo que “no sea digno de Su Santidad”.

 

Ésta es la ceguera de las criaturas, y aun de aquellas que se dicen buenas, al sentirse frías, miserables, débiles, oprimidas y demás, y por cuanto más se sienten mal, tanto más se agazapan en su voluntad y se tejen un laberinto para envolverse de más en sus males, en vez de dar un salto a mi Voluntad donde encontrarían el hielo fuego, la miseria riqueza, la debilidad fortaleza, la opresión alegría. – Renueva un tema que antes desarrollara respecto a las tribulaciones, contrariedades y cruces que como Nos dice consistentemen- te, El permite y aun envía para darnos el gran privilegio de asociarnos y compartir Sus Penas. Aquí, Nos dice, que en vez de sentirnos estimulados y mas entusiasmados a actuar en estos estados de frialdad, muchas veces nos acobar- damos, tejemos un laberinto de males, y rechazamos como si fuera malo, aquello que pudiéramos hacer: abalanzar- nos, volcarnos en Su Voluntad, en donde encontraríamos que nuestras obras frías son mas quemantes y fervorosas que las que nosotros hacíamos fervorosamente, que nuestras miserias y disgusto es más bien riqueza, que esta debili- dad que a veces nos embarga es en realidad fortaleza, y que la opresión del diario rezar y actuar sin ganas, El lo con- vierte en alegría.

 

Yo con toda intención las hago sentir así de mal, para darles en mi Voluntad lo contrario de los males que tienen, pero las criaturas no queriéndolo entender de una vez para siempre, echan al vacío mis de- signios sobre ellas. ¡Qué ceguera! ¡Qué ceguera! – Y ya al final del Pronunciamiento, Nos dice, básicamente lo que C. S. Lewis, y muchos otros Padres de la Iglesia, intuitivamente, han descubierto: Que El mismo causa esta frial- dad para que entrando en Su Voluntad, El nos regale los bienes contrarios a los males que tenemos. Y dice que como no queremos entender Sus Designios, en vez de abrazarlos, los rechazamos, “los echamos al vacío”.

 

* * * * * * *

 

Y analicemos ahora el Bloque (C).

 

“¿Has visto la felicidad de quien hace mi Voluntad, y cómo sólo de estas almas sale la repetición de mis obras? Así que quien hace mi Voluntad se nutre de luz, o sea de Mí, y mientras hace nada hace todo, por eso puede estar segura que lo que piensa, obra y dice es efecto del alimento que toma, o sea, que todo es fruto de mi Querer”.

 

En este último comentario de Jesús sobre el tópico de orar y hacer fríamente, Jesús Le muestra como los que Viven en Su Voluntad se nutren del Sol de Su Querer, y en el párrafo clave Nos dice que de esas almas que oran y obran solo por agradarle, sale la repetición de Sus Actos, y aunque parece que no hacen nada, por la frialdad con que lo hacen, hacen todo, y toman todo y son el Fruto de Su Querer.

 

Resumen del capítulo del 21 de Marzo de 1913: (Doctrinal) Pagina 84 El Opio de Su Voluntad en Jesús -

 

Continuando mi habitual estado, estaba diciendo al dulce Jesús que tuviera a bien hacerme participar en sus penas, y Él me ha dicho:

 

(A)    “Hija mía, el opio del alma es mi Voluntad, mi opio es la voluntad del alma abandonada en la mía, unida al puro amor. Este opio que el alma me da tiene la virtud de que las espinas pierdan en Mí la virtud de pinchar, los clavos de perforar, las llagas de dar dolor, todo me calma y adormece, así que si tú me has dado el opio, ¿cómo quieres que te haga parte de mis penas? Si no las tengo para Mí menos para ti”.

 

Y yo:

 

“Ah Jesús, cómo te sabes salir, parece que quieres jugar y para no contentarme te zafas con esas palabras”.

 

Y Él:

 

(B)    “No, no, es verdad, es exactamente así. Tengo necesidad de mucho opio, y te quiero tan abandonada en Mí que no te sienta más a ti misma, así que no reconoceré más quién eres tú, sino que solamente me reconoceré a Mí en ti,


así que te diré que eres mi alma, mi carne, mis huesos. En estos tiempos tengo necesidad de mucho opio, porque si

me despierto, en diluvio haré caer los flagelos”.

 

Y ha desaparecido. Poco después ha regresado y ha agregado:

 

(C)    “Hija mía, muchas veces sucede a las almas lo que sucede en el aire: El aire, por los hedores que exhala la tierra se ensucia y se siente un aire pesado, oprimente y nauseante, de modo que son necesarios los vientos para limpiar el aire, de manera que purificado el aire se respira después un vientecillo finísimo, que se estaría a boca abierta para respirar este aire purificado. Todo esto sucede en las almas, muchas veces la complacencia, la estima propia, el yo y todo lo que es humano ensucian el aire del alma, y Yo me veo obligado a mandarles el viento de la frialdad, el viento de la tentación, de la aridez, de la calumnia, de modo que estos vientos limpian el aire del alma y la purifican, la redu- cen a la nada, y la nada abre la puerta al Todo, a Dios, y el Todo hace soplar tantos vientecillos perfumados, de modo que a boca abierta toma este aire y la deja toda santificada”.

 

* * * * * * *

 

Y analicemos el Bloque (A).

 

(1)    Hija mía, el opio del alma es mi Voluntad, mi opio es la voluntad del alma abandonada en la mía, unida al puro amor. – Como sucede frecuentemente, al parecer hay un juego retorico de expresiones verbales, con las que el Señor quiere que sepamos, primero, que la Divina Voluntad es el opio del alma, y ya esto lo ha explicado extensamente en el capítulo del 19 de Febrero de 1913, de este mismo volumen, pero, en segundo lugar, quiere que sepamos que la voluntad humana, abandonada o rendida en la Suya, es Opio para Él, pero siempre y cuando esta voluntad humana abandonada en Su Voluntad, esté “unida al puro Amor”.

 

¿Qué significa esta última expresión, “unida al puro Amor”, y cómo condiciona todo lo que ocurre? Significa que aun- que el alma estuviera abandonada en Su Voluntad, si ese abandono no resulta por seguir Sus Sugerencias Amorosas lo más fielmente posible, esa voluntad humana no resulta opio para Él.

 

(2)    Este opio que el alma me da tiene la virtud de que las espinas pierdan en Mí la virtud de pinchar, los clavos de perforar, las llagas de dar dolor, todo me calma y adormece, - Cuando un alma que vive en Su Voluntad procede abandonada a vivir solo de Su Voluntad, o sea, de las Sugerencias Amorosas que Le envía constan- temente, como que Le da Jesús una “tranquilidad”, una “seguridad”, de que su lucha por salvarnos y santificarnos en Su Voluntad está siendo victoriosa. Es como que ya no hay que preocuparse por esta alma, porque todo está saliendo de acuerdo al Plan.

 

Esto mismo nos sucede con amigos o familiares con los que hemos llegado a tener gran afinidad; alrededor de ellos, no estamos en guardia, no nos sentimos amenazados, ni anticipamos que en cualquier momento nos van a hacer una “trastada”, y esto nos trae una gran tranquilidad física y espiritual, como que su compañía nos adormece.

 

(3)    así que si tú me has dado el opio, ¿cómo quieres que te haga parte de mis penas? Si no las tengo para menos para ti. – ¿Jesús sin penas? Sabemos que esto es imposible, ¿Cómo puede entonces decir Jesús que no puede hacerle a Luisa parte de Sus Penas, “porque no las tiene para Él”?

 

Para poder responder a esta pregunta, prosigamos usando el mismo ejemplo. Supongamos que asistimos a una reunión con esos amigos con los que tenemos gran afinidad, y estando en la reunión, todos calmados y como ador- mecidos en esta amistad tan estrecha, uno de ellos nos pidiera que le participáramos nuestras penas, a lo que diría- mos: ¿Qué penas quieres que te participe? En este momento no tengo ninguna. Esto mismo dice Jesús. Existe algo en este adormecimiento que Él siente alrededor de Luisa, y de toda alma que hace Su Voluntad, viviendo en Su Voluntad, que Le hace olvidar por unos instantes, por unos minutos, todas las penas. Las penas no han desaparecido, sencilla- mente, no las siente.

 

* * * * * * *

 

Comoquiera que Luisa piensa que Jesús está jugando con ella, Nuestro Señor toma la palabra nuevamente en el Blo- que (B) para confirmar lo que ya Le ha explicado. Así dice:


No, no, es verdad, es exactamente así. Tengo necesidad de mucho opio, y te quiero tan abandonada en Mí que no te sienta más a ti misma, así que no reconoceré más quién eres tú, sino que solamente me reconoceré a Mí en ti, así que te diré que eres mi alma, mi carne, mis huesos. En estos tiempos tengo necesidad de mucho opio, porque si me despierto, en diluvio haré caer los flagelos. – El párrafo que hemos llamado Bloque (B) es complejo. Por un lado anuncia que necesita que Luisa continúe dándole el opio que solo ella es capaz de darle, haciendo Su Voluntad mientras vive en Su Voluntad, porque de otra manera, Jesús se despertaría y haría caer un diluvio de flagelos entre nosotros. La novedad del tema está en la explicación que da de la situación, porque está adormecido por el opio que Luisa le da, no en la situación en sí, ya que en otras oportunidades Le ha dicho a Luisa que las almas víctimas son como pararrayos que detienen la Divina Justicia.

 

Ms importante aun que esto, es lo que dice en el primera parte del párrafo, cuando dice:

 

“y te quiero tan abandonada en que no te sienta más a ti misma, así que no reconoceré más quién eres tú, sino

que solamente me reconoceré a en ti, así que te diré que eres mi alma, mi carne, mis huesos”.

 

Es obvio que Jesús ha regresado al tema de que la Investidura de Su Voluntad oculta a Sus Ojos todos los defectos, más que defectos, oculta a Sus Ojos la naturaleza humana de Luisa, que aunque pudiera estar sin defectos, cosa que sabemos es imposible, sigue siendo una naturaleza humana. A Luisa se le dio la prerrogativa de que su naturaleza humana no fuera concupiscente, o como Jesús dice, no tuviera el fómite de la concupiscencia, pero, ¿a todo el resto de nosotros, que no tenemos esa prerrogativa? Es comprensible que lo único que nos hace tolerablemente imperfec- tos a los Ojos Divinos, es esta Investidura de Su Voluntad, de manera tal que cuando mira a Luisa o a nosotros, ya no nos ve como somos, sino que Él ve a Su Voluntad, Su Vida, y también se ve a Sí Mismo; en esa carne, en esos hue- sos, en esa alma, Jesús se ve a Sí Mismo.

 

* * * * * * *

 

Y analicemos ahora el Bloque (C).

 

Hija mía, muchas veces sucede a las almas lo que sucede en el aire: El aire, por los hedores que exhala la tierra se ensucia y se siente un aire pesado, oprimente y nauseante, de modo que son necesarios los vientos para limpiar el aire, de manera que purificado el aire se respira después un vientecillo finísimo, que se estaría a boca abierta para respirar este aire purificado. Todo esto sucede en las almas, muchas veces la complacencia, la estima propia, el yo y todo lo que es humano ensucian el aire del alma, y Yo me veo obligado a mandarles el viento de la frialdad, el viento de la tentación, de la aridez, de la calum- nia, de modo que estos vientos limpian el aire del alma y la purifican, la reducen a la nada, y la nada abre la puerta al Todo, a Dios, y el Todo hace soplar tantos vientecillos perfumados, de modo que a boca abierta toma este aire y la deja toda santificada.. - Con este ejemplo final, Jesús vuelve al tópico del capítulo anterior del 16 de Marzo de 1913, en el que Le hablaba sobre la frialdad y como esta frialdad es necesaria para disipar todo aquello que las criaturas vamos desarrollando a través del tiempo, con nuestras actitudes fervorosas. No puede ser más grafico Jesús de lo que es. No se trata de una rebelión abierta contra El, de una actitud pecaminosa; se trata de que a medida que vivimos una vida de religiosidad y adhesión a El cada vez más fuerte, es inevitable al parecer, que se introduzca en nuestras almas “la complacencia, la estima propia, el yo y todo lo que es humano”, por lo que El, para restablecer el estado original de nuestra conversión, Nos da una sacudida con estos vientos de “frialdad, tentación, aridez, calumnia”.

 

Si analizamos con cuidado, el proceso de toda conversión, la nuestra, la de otros, esta conversión original solo es posible si el alma se anonada, se ve todo lo indigna que ha sido, y profesa su pesar y repudio a todo aquello que la llevó a ese estado pecaminoso. Es precisamente esta actitud la que Jesús quiere de nosotros siempre, y cuando comenzamos a complacernos en nuestro nuevo estado de gracia, El nos tiene que sacudir para regresarnos al estado propicio, particularmente para regresarnos al estado de gracia en que puede otorgarnos el don de Vivir en Su Divina Voluntad.

 

Una vez más, en el ámbito de la Divina Voluntad solo podemos estar si perdemos nuestra voluntad y estamos tan identificados con El, que El solo se ve a El en nosotros.

 

Resumen del capítulo del 24 de Marzo de 1913: (Doctrinal) –Pagina 86 - Jesús es el Contento de los contentos -


Sentía un cierto descontento por las privaciones de mi siempre amable Jesús, y Él en cuanto ha venido me dijo:

 

(A)    “Hija mía, ¿qué haces? Yo soy el contento de los contentos; estando en ti y sintiendo algunos descontentos vengo a reconocer que eres tú, y por lo tanto no me reconozco solo en ti, porque los descontentos son parte de la naturaleza humana, no de la divina, mientras que mi Voluntad es que lo humano no exista más en ti, sino sólo mi Vida Divina”.

 

Agrego que pensaba entre en la dulce Mamá, y Jesús me ha dicho:

 

“Hija mía, a mi querida Mamá nunca se le escapó el pensamiento de mi Pasión, y a fuerza de repetirla se llenó toda,

toda de Mí. Así sucede al alma, a fuerza de repetir lo que Yo sufrí viene a llenarse de Mí”.

 

* * * * * * *

 

En este capítulo, Jesús continua con sus explicaciones sobre las condiciones fisiológicas en la Divina Voluntad, mani- festándole que en Su Voluntad no existe el descontento, la condición fisiológica de alegría, es la única posible. Si atendemos con cuidado a Sus Palabras comprendemos que el objetivo de permitirnos la entrada en la Divina Voluntad, es siempre el mismo, a veces dicho con otras palabras, y es: que El no Nos reconozca como lo que éramos, sino como lo que nos hemos convertido, Imitadores e Imágenes Suyas, espejos en los que El se mira y se reconoce, criaturas que por Amor y por Agradarle, solo quieren lo que El quiere, que quieren actuar como El actúa, con Sus Intenciones y con Sus Modos.

 

Examinemos Sus Palabras en el Bloque (A), y discutamos otros puntos alternativos que Sus Palabras suscitan.

 

Hija mía, ¿qué haces? Yo soy el contento de los contentos; estando en ti y sintiendo algunos desconten- tos vengo a reconocer que eres tú, - Ya sabemos que en estos capítulos de los primeros volúmenes, antes del 19, Nuestro Señor no utiliza la palabra Bilocación para indicar esta condición de estar hablando con ella desde fuera, y al mismo tiempo estar con ella desde dentro.

 

Sin embargo, es esencial que ya desde ahora tengamos este concepto bien claro. Todo lo que el Ser Divino quiere hacer con nosotros, viviendo en Su Voluntad, solo puede lograrse desde dentro de nosotros. El desarrollo de esta Vida en Su Voluntad que Nos regala, la “transformación de nuestra persona” de meramente humana a Divina por Gracia, solo puede lograrse, porque las varias Bilocaciones, la de Las Tres Divinas Personas, Su Voluntad, la de Jesús, la de Su Madre, y la del Amor, trabajan desde dentro, para “divinizarnos” formando Un Reino de Su Voluntad, un Reino que es particular para cada uno de nosotros.

 

Este Reino usa las Verdades Divinas que vamos conociendo como el “cemento” de este “edificio” del Reino, y los “la- drillos de Sus paredes”, son los actos que realizamos basados en esas Verdades que vamos conociendo. Día a día pues, conociendo y actuando, con la Ayuda de todos Ellos, vamos construyendo este grandioso edificio de Su Reino en nosotros.

 

Entendamos bien. Nosotros contribuimos a la construcción de este Reino; es verdad que no es mucho lo que contri- buimos, pero lo que contribuimos, es esencial a la construcción. Sin nuestra participación, nada puede el Ser Divino hacer, es más, nada quiere hacer. Después de todo, este Reino es para nosotros, para nuestro beneficio, para que podamos participar plenamente de todos los Bienes posibles e imaginables que Dios ha decidido compartir con noso- tros, ahora mientras vivimos, y luego en el Cielo. Comprendamos que esta construcción no termina aquí: la construc- ción de este Reino en nosotros, no se detendrá jamás, porque se seguirá construyendo en el Cielo, con las Verdades que hemos conocido mientras estamos en la tierra.

 

Y por lo tanto no me reconozco solo en ti, porque los descontentos son parte de la naturaleza humana, no de la divina, mientras que mi Voluntad es que lo humano no exista más en ti, sino sólo mi Vida Divi- na. Una vez que hemos anunciado la labor que se está desarrollando dentro de nosotros, debemos comprender que cualquier descontento, cualquiera desviación del estado equilibrado, el estado de paz, que es necesario para que Ellos trabajen dentro de nosotros, perturba esta Labor Divina, la interrumpe, y hasta puede detenerla, si la emoción huma- na, o cualquier falla en seguir Su Voluntad expresada en las Sugerencias Amorosas de acción diarias, es de gran con- secuencia.


Digamos todo esto de otra manera con un ejemplo. Imaginemos que somos dueños de un terreno baldío y queremos usarlo para construir una bella casa. Contratamos un arquitecto maestro, que a su vez sub-contrata mucha de la labor a terceros. Se hacen los planos, se llega a un entendimiento de la casa que queremos construir en nuestro terreno, y finalmente, todos de acuerdo en los detalles, comienza la obra. Al cabo de unos días, nos ocurre un percance, leemos una noticia sobre problemas que ocurren cuando se construye, y nos aparecemos en la obra, y perturbamos a todos los que están trabajando, con nuestras inquietudes sin valor, nuestros temores infundados, nuestras majaderías inex- pertas. Detenemos la obra, porque distraemos a los que estaban concentrados en el trabajo; en vez de ayudar, estor- bamos. En nuestra insensatez, podemos llegar a paralizar la construcción por varios días, o semanas, hasta que nues- tras “dudas” se esclarecen, y todos nos ponemos a trabajar de nuevo.

 

Es esto precisamente lo que conseguimos, cuando intervenimos, con nuestras insensateces: detenemos el proceso de la Construcción del Reino de Su Voluntad en nosotros. Toda emoción humana que no corresponde a una “Emoción” Divina, todo incumplimiento de Su Voluntad, expresado en las Sugerencias, interrumpe el Proceso de la Construcción. Si hasta ahora no habíamos mirado todo esto desde ese punto de vista, acostumbrémonos a mirarlo así. Esto que hemos pedido, este Vivir en Su Voluntad, es un asunto muy serio. Hemos “contratado” la Fuerza Laboral más extraor- dinaria que existe, una Fuerza Laboral Divina que quiere construir un Reino en nosotros, y no la dejamos trabajar, a veces con nuestras tonterías, y con nuestras sinvergüencerías las otras.

 

Si no entendemos esto, oigamos lo que dice el Señor en el último párrafo: “mientras que mi Voluntad es que lo hu- mano no exista más en ti, sino sólo mi Vida Divina”. Le hemos pedido vivir en Su Voluntad, hemos aceptado el Don, y como consecuencia, Nuestro Señor ha decidido, y eso es lo que significa Su Expresión: “es Mi Voluntad”, sacar fuera todo lo que es humano de adentro de nosotros, para reemplazarlo con Su Vida Divina, con este Reino de Su Voluntad en nosotros. Dejémosle pues actuar.

 

Sin embargo, dicho todo esto, el capitulo no termina con estas Palabras. Luisa piensa en Su Madre Santísima, y Jesús comenta algo que parece, a primera vista, como “desconectado” de lo dicho anteriormente. Sin embargo, no está desconectado en lo absoluto.

 

Estas Palabras finales, “así sucede al alma, a fuerza de repetir lo que Yo sufrí, viene a llenarse de Mí”, es la “receta” para impedir que nos entretengamos e interrumpamos el progreso de la Construcción del Reino. Si en efecto, medita- mos asiduamente la Pasión de Nuestro Señor, siempre mantendremos en mente, por quien y con quien estamos ha- ciendo todo esto, y esta es la mejor garantía de que el Edificio del Reino llegará a ser construido correctamente.

 

Digamos todo esto de otra manera. El pensamiento de Nuestra Señora viene a la mente de Luisa, propiciado por Je- sús que quiere añadir este detalle importantísimo. Jesús dice, con palabras altamente significativas porque encierran una gran lección práctica: Si queremos llegar a donde El quiere llevarnos, debemos identificándonos con Su Pasión, porque dice que en esa compenetración y reflexión continuas, el alma “a fuerza de repetir lo que Yo sufrí, viene a llenarse de Mi”. Ya lo sabíamos, pero la repetición ayuda: el camino por excelencia para vivir en la Divina Voluntad, la “autopista”, sigue siendo el Camino de Su Pasión, y la mejor manera de seguir Su Pasión la encontramos en la lec- tura diaria de una de las Horas de la Pasión que Luisa escribiera.

 

Resumen del capítulo del 2 de Abril de 1913: (De diario) Pagina 86 -

 

Estando toda afligida por las privaciones de mi dulce Jesús, Él ha venido por detrás de mis hombros y pasando una mano por delante de mi boca, me ha alejado las sábanas que estaban tan cerca de mí que me impedían respirar li- bremente, y después me ha dicho:

 

(A)    “Hija mía, quien hace mi Voluntad es mi respiro, y conteniendo mi respiro todos los respiros de las criaturas, des- de dentro del alma que hace mi Voluntad suministro el respiro a todos, he aquí porqué te he alejado las sábanas, por- que me sentía también Yo obstaculizada la respiración”.

 

Y yo:

 

“¡Ah! Jesús, ¿qué dices? Yo más bien siento que me has dejado y que has olvidado tantas promesas que me has he-

cho”.


 

“Hija mía, no me digas eso pues me ofendes y me forzase a hacerte probar en verdad lo que significa dejarte”.

 

Después ha agregado con toda dulzura:

 

(B)    “Quien hace mi Voluntad representa a lo vivo el periodo de mi Vida en la tierra, que mientras externamente pare- cía hombre, al mismo tiempo era siempre el Hijo amado de mi querido Padre. Así el alma que hace mi Voluntad, ex- ternamente tiene la piel de la humanidad, pero por dentro se encuentra mi persona, inseparable como Yo en el Amor y en la Voluntad de la Trinidad Sacrosanta, así que la Divinidad dice: Ésta es otra hija que tenemos sobre la tierra, por amor a ella sostengamos la tierra, porque hace en todo nuestras veces”.

 

* * * * * * *

 

Como es nuestra costumbre ya hacerlo, debemos recordar a todos los lectores, que todos estos capítulos van dirigidos a los seres humanos que hacen Su Voluntad, viviendo en Su Voluntad. Queremos evitar siempre que se piense, que haciendo Su Voluntad en la forma tradicional ya sabida, produce los efectos sobrenaturales que el Señor menciona en estos Escritos. Esto se comprende mejor cuando analizamos el Bloque (B).

 

De este tópico ha hablado en otras oportunidades, particularmente cuando Le dijo a Luisa, que Él quería que ella co- miera, porque así se veía “obligado” a dar de comer a los demás, que no necesariamente lo merecen. Aquí el énfasis está en que Él quiere que Luisa respire sin obstáculos, porque de esa manera, desde dentro de la criatura que vive en Su Voluntad, Él da el respiro a todos también sin obstáculos como es Su Deseo. Existe un corolario importantísimo a este concepto, y es el siguiente: Si los que hoy son pecadores, más aun, si los que hoy no viven en Su Voluntad, no comieran, no respiraran, en una palabra, no disfrutaran de lo necesario para subsistir y seguir viviendo, desaparecería la oportunidad de que llegaran a convertirse y a vivir en Su Voluntad.

 

Un análisis rápido del Bloque (B) nos lleva de inmediato a comprender que los que vivimos en Su Voluntad, somos otros Jesús, puesto que como Él dice, los que viven en Su Voluntad mantienen una apariencia humana, pero por den- tro tienen la persona de Jesús, de la misma manera que cuando Él vivía entre nosotros, Él tenía una apariencia huma- na, pero por dentro “era el mismo Hijo Amado de Mi querido Padre”. Así ahora la Divinidad dice: “esa es otro hijo o hija que tenemos en la tierra, y por amor a él o ella, sostengamos la tierra porque hace en todo nuestras veces”.

 

Es necesario que entendamos que en este capítulo, Nuestro Señor Nos deja saber que la labor de los Hijos e Hijas de Su Voluntad no está limitada a una labor de Colaboración con Sus Planes de la Venida del Reino, sino que se extiende a una Labor de sostenimiento y defensa de esta tierra y de esta Civilización en la que nos desenvolvemos. Pensába- mos que estas labores estaban reservadas a las almas víctimas, pero ahora sabemos que también nosotros, los que vivimos en Su Voluntad, participamos activamente en esta labor de sostenimiento y defensa en las que ellas partici- pan. Quisiéramos decir más sobre esto. Nos parece que Nuestro Señor Nos da y asumimos una Labor de Caridad con el prójimo insospechada y desconocida, una Labor de Servicio que es importantísima para con nuestros hermanos y hermanas que no viven en Su Voluntad, porque por la consideración que tiene el Señor con lo poco que hacemos por Él, propiciamos el que los demás reciban lo necesario para su diario vivir, y de esa manera, viviendo, puedan llegar a convertirse los que necesiten ser convertidos, y muchos más reciban este Regalo de Vivir en Su Voluntad.

 

Resumen del capítulo de 10 de Abril de 1913: (Doctrinal) Pagina 87 Las Horas de la Pasión - sus efectos -

 

Esta mañana mi siempre amable Jesús ha venido, y estrechándome a su corazón me ha dicho:

 

“Hija mía, quien piensa siempre en mi Pasión forma en su corazón una fuente, y por cuanto más piensa en ella, tanto más esta fuente se agranda, y como las aguas que brotan son aguas comunes a todos, así esta fuente de mi Pasión que se forma en el corazón sirve para bien del alma, para gloria mía y para bien de las criaturas”.

 

Y yo:

 

“Dime bien mío, ¿qué cosa darás en recompensa a aquellos que harán las horas de la Pasión como me las has

enseñado?”


 

“Hija mía, estas horas no las consideraré como cosas vuestras, sino como hechas por Mí, os daré mis mismos méritos como si Yo estuviera sufriendo en acto mi Pasión y los mismos efectos según las disposiciones de las almas, esto en la tierra, premio mayor no podría darles; luego en el Cielo a estas almas me las pondré de frente, saeteándolas con sae- tas de amor y de contentos por cuantas veces han hecho las horas de mi Pasión, y ellas me saetearán a Mí. ¡Qué dul- ce encanto será esto para todos los bienaventurados!”

 

Después ha agregado:

 

“Mi Amor es fuego, pero no como el fuego material que destruye las cosas y las convierte en cenizas, mi fuego vivifi- ca, perfecciona, y si quema y consume lo hace con todo lo que no es santo, los deseos, los afectos, los pensamientos que no son buenos; esta es la virtud de mi fuego: Quema el mal y da vida al bien; así que si el alma no siente en sí ninguna tendencia al mal, puede estar segura de que está en ella mi fuego, pero si siente en sí fuego y mezcla de mal, hay mucho que dudar que sea mi verdadero fuego”.

 

* * * * * * *

 

Uno de los más bellos capítulos sobre la Pasión del Señor que ya conocíamos porque está incluido en la edición de las Horas de la Pasión, que compilara la Casa de la Divina Voluntad.

 

Las promesas anunciadas por el Señor para aquellos de nosotros que le acompañemos diariamente en Su Pasión, leyendo al menos, uno de los capítulos, son de gran importancia, y lo único que creemos sea necesario hacer en este momento es resumirlas.

 

1)       “Hija mía, quien piensa siempre en mi Pasión forma en su corazón una fuente, y por cuanto más piensa en ella, tanto más esta fuente se agranda, y … sirve para bien del alma, para gloria mía y para bien de las cria- turas”. – En esta primera promesa, Nuestro Señor habla de que el Pensamiento de Su Pasión forma una fuen- te en su corazón, y esa fuente se agranda, en la medida que pensamos en Ella. El Señor habla de “siempre”, y nuestra primera reacción pudiera ser que eso es imposible. Sin embargo, no lo es. Si con nuestra intención declaramos que quisiéramos estar meditando en Su Pasión durante las 24 horas del día, “en las horas en que estoy dedicado a mis deberes y a dormir”, entonces para el Señor es como si estuviéramos realizando esa im- posibilidad física de estar siempre pensando en Su Pasión. Asimismo, declara el Señor, los Beneficios de po- seer esta Fuente de Agua Viva, de Gracia, se extiende a todos, aunque nada de esto sea aparente.

 

2)       “Hija mía, estas horas no las consideraré como cosas vuestras, sino como hechas por Mí, os daré mis mis- mos méritos como si Yo estuviera sufriendo en acto mi Pasión y los mismos efectos según las disposiciones de las almas,… luego en el Cielo a estas almas me las pondré de frente, saeteándolas con saetas de amor y de contentos por cuantas veces han hecho las horas de mi Pasión, y ellas me saetearán a Mí...” Nuevamente Nos repite el Señor, que nada de esto que hacemos, Él lo considera como cosa nuestra, sino como cosa que Él hace. Nuestra labor, como lo dice en muchas otras ocasiones, es “darle ocasión” para que Él reviva Su Pasión a través de nosotros.

 

Entendamos bien: la liberación de los Bienes asociados con Su Pasión, puede siempre realizarse, porque lo que sucedió entonces, está siempre “en acto” de ser realizado, pero no pueden realizarse estos actos por cualquiera; solo pueden ser realizados por Él Mismo. Por eso, cuando a través nuestro, Él repite los Actos ori- ginales, los Bienes Redentores vuelven a liberarse, las Reparaciones rehechas, las Promesas restablecidas. Asimismo, los Meritos que Él obtuvo por aquella actuación que renueva ahora, vuelven a ser ganados por Él, y puede Él regalarnos, nuevamente, esos Meritos para nuestra salvación. Nuestra Salvación, y la de todos queda renovada y garantiza, porque Le damos ocasión de renovar Su Pasión.

 

Entendamos también, que no es suficiente para Él, que esta Renovación de Su Pasión se realice en la Santa Misa, sino que quiere, que los Hijos e Hijas en Su Voluntad, Le den ocasión de renovarla, a través de la lectura diaria de los acontecimientos de Su Pasión que Luisa narra en Su Libro.

 

En la última parte del capítulo, Nuestro Señor Nos dice que Su Amor es fuego, pero no fuego que destruye, sino fuego que destruye lo malo, “todo lo que no es santo”, para dar vida a lo bueno, “da vida al bien”.


Comoquiera que este párrafo final está incluido por el Señor en este capítulo sobre la necesidad de leer y acompañarlo asiduamente en Su Pasión, podemos concluir que esta repetición de Sus Actos de la Pasión, produce este fuego, libera este Fuego, que consume lo malo para dar vida a lo bueno.

 

Resumen del capítulo de 9 de Mayo de 1913: (Doctrinal) Pagina 88 Inseparabilidad de Jesús y Su Madre.

 

Mientras rezaba estaba pensando en el momento cuando Jesús se despidió de la Madre Santísima para ir a sufrir su Pasión, y decía entre mí:

 

“¿Cómo es posible que Jesús se haya podido separar de la querida Mamá, y Ella de Jesús?”

 

Y el bendito Jesús me ha dicho:

 

(A)    “Hija mía, ciertamente que no podía haber separación entre Yo y mi dulce Mamá, la separación fue sólo aparente, Yo y Ella estábamos fundidos juntos, y era tal y tanta la fusión que Yo quedé con Ella, y Ella vino Conmigo, así que se puede decir que hubo una especie de bilocación. Esto sucede también a las almas cuando están unidas verdadera- mente Conmigo, y si rezando hacen entrar en sus almas como vida la oración, sucede una especie de fusión y de bilo- cación, Yo dondequiera que me encuentre las llevo Conmigo y Yo quedo con ellas.

 

(B)    Hija mía, tú no puedes comprender bien lo que fue mi querida Mamá para Mí. Yo, viniendo a la tierra no podía estar sin Cielo, y mi Cielo fue mi Mamá. Entre Yo y Ella pasaba tal electricidad, que ni siquiera un pensamiento hubo en Ella que no lo tomara de mi mente, y este tomar de Mí la palabra, y la voluntad, y el deseo, y la acción, y el paso, en suma, todo, formaba en este Cielo el sol, las estrellas, la luna y todos los gozos posibles que puede darme la cria- tura y que puede ella misma gozar. ¡Oh cómo me deleitaba en este Cielo, cómo me sentía consolado y rehecho de todo! También los besos que me daba mi Mamá encerraban el beso de toda la humanidad y me restituían el beso de todas las criaturas; en todo me sentía a mi dulce Mamá, me la sentía en el respiro, y si era afanoso me lo aliviaba; me la sentía en el corazón, y si estaba amargado me lo endulzaba; en el paso, y si estaba cansado me daba aliento y reposo; ¿y quién puede decirte como me la sentía en la Pasión? En cada flagelo, en cada espina, en cada llaga, en cada gota de mi sangre, en todo me la sentía y me hacía el oficio de mi verdadera Madre. ¡Ah, si las almas me corres- pondieran, si todo tomaran de Mí, cuántos cielos y cuántas madres tendría sobre la tierra!”

 

* * * * * * *

 

Extraordinario capitulo. Siempre que Nuestro Señor habla de Su Madre, sea cual sea la noticia que quiera darnos acer- ca de esta Relación entre Madre e Hijo, lo que siempre impacta es el Afecto y el Cariño extraordinarios que el Señor manifiesta y que quiere conozcamos. Hemos evitado deliberadamente usar la palabra Amor para describir esta Rela- ción, porque lo que el Señor expresa es este concepto de unión total entre dos Personas, que solamente puede des- cribirse en términos de afecto, cariño entre Ambos; para decirlo rápidamente, de inseparabilidad entre ellos Dos. Co- nociendo lo que ya conocemos, el Amor, la Completación de las Sugerencias Amorosas que son los Actos del Amor Divino, nos van llevando a esta unión, a esta inseparabilidad, en la cual nos sentimos “cómodos” como si estuviéramos en el Cielo, y este afecto y el cariño que Dios y Su Madre se tienen, el uno por el otro, por estar en esa relación, es lo que prima y asombra, porque también lo tendrá por nosotros.

 

Dice asimismo en el Bloque (A), que esta inseparabilidad ocurre también, pero comprendemos en un plano infinita- mente menor, entre las almas que viven fundidas con Él, y “si rezando hacen entrar en sus almas como vida la ora- ción.” Dice el Señor, que cuando esto ocurre, “sucede una especie de fusión, de bilocación”, porque ”dondequiera que me encuentre las llevo Conmigo y Yo quedo con ellas”.

 

Por algún tiempo hemos pensado que Jesús utilizaba la palabra Bilocación por primera vez en el volumen 19, pero como vemos, aquí en este capítulo, ya comienza a utilizar este verbo, para describir este fenómeno de poder formar Su Persona dentro de aquellas almas que quieren estar unidas con Él, haciendo vida de la Oración.

 

Entendamos ben, no es cuando oramos, sino que Él se biloca, cuando vivimos una vida en la que la oración es el componente más importante y el objetivo de nuestra existencia. Todo esto nos fuerza, como siempre, a penetrar con toda la profundidad que nos sea posible, en el misterio de la Oración como vida.


Ya sabemos que la Oración es nuestra manera de comunicarnos con el Creador, pero pensábamos que esta comunica- ción, solamente era efectiva, cuando orábamos con palabras más o menos convencionales, y más o menos estructu- radas. Por estos Escritos sabemos que esa Oración, en cualquiera de sus formas, no la iniciamos nosotros, sino que se Nos sugiere. Al mismo tiempo sabemos, que no todo lo que Nos sugiere es rezar, en la manera convencional que co- nocemos, por lo que concluimos, que nuestra vida, vivida en Su Voluntad, siguiendo lo mas perfectamente posible Sus Sugerencias Amorosas, es lo que Él llama “dejar entrar en nuestras almas, como vida, la Oración”.

 

Dicho de otra manera: nuestra Vida en Su Voluntad, es la Oración perfecta que Él busca, siempre que entendamos que eso es lo que Él busca. En la medida en que nuestras vidas se acomoden más y más a Sus Deseos y a Su Plan para con nosotros, más estamos orando, y más estamos unidos a Él, y más Nos utiliza como Sus Colaboradores en la Obra de la Santificación y la Venida del Reino. El proceso es cada vez menos complicado de entender, aunque siempre es complicado y difícil llevarlo a cabo.

 

Antes de terminar con lo que Nos hace saber en este Bloque (A), conviene que registremos en nuestro entendimiento en Su Voluntad, el hecho de que nosotros quedamos bilocados en Él, y que estamos con Él en todo lo que Él hace. Quizás esto lo ha dicho antes, pero solamente ahora ha “registrado” este Conocimiento en los que preparan estas Guías de Estudio. El impacto debe ser grande en todos; Nos da una nueva perspectiva de nuestra Relación con Él y también con Su Madre Santísima y nuestra Madre. Este sentido de lo que es esta relación de inseparabilidad tiene que crecer en nosotros, esta Relación de afecto y cariño para con cada uno de nosotros, ya no debe abandonarnos.

 

El Bloque (B) se hace difícil comentarlo o analizarlo, y no vamos a intentarlo. Francamente, nada podemos añadir o explicar. Solamente diremos que en la medida que cada uno de nosotros, viviendo en Su Voluntad, conocedores de estas Bellezas que Nos manifiesta, respecto de la única criatura con la que ha tenido y continúa teniendo la más per- fecta de las unidades posibles, tratemos de imitar a Su Madre, y Madre Nuestra, más cerca estaremos de Ella y por tanto de Él.

 

Entendamos, que no es imitando a Jesús como logramos esta unión que Él busca con nosotros, es imitando a Su Ma- dre Santísima, imitándola en Su total rendimiento a lo que de Ella se Le pedía, como logramos esta Unidad con Él, que Él tanto busca de nosotros: “si todo tomaran de Mí, cuántos cielos y cuántas madres tendría sobre la tierra”

 

Resumen del capítulo del 21 de Mayo de 1913: (Doctrinal) Pagina 90 La Verdadera Consumación -

 

Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús me ha dicho:

 

“Hija mía, Yo quiero la verdadera consumación en ti, no fantástica sino verdadera, pero en modo simple y factible. Supón que te viniera un pensamiento que no es para Mí, tú debes destruirlo y sustituirlo con el divino, y así habrás hecho la consumación del pensamiento humano y habrás adquirido la vida del pensamiento divino; así también si el ojo quiere mirar alguna cosa que me disgusta o que no se refiere a Mí, y el alma se mortifica, ha consumado el ojo humano y ha adquirido el ojo de la Vida Divina, y así el resto de tu ser. ¡Oh!, Cómo estas nuevas Vidas Divinas me las siento correr en Mí y toman parte en todo mi obrar, amo tanto estas vidas, que por amor de ellas cedo a todo. Estas almas son las primeras delante de Mí, y si las bendigo, a través de ellas vienen bendecidas las demás; son las prime- ras beneficiadas, amadas, y por medio de ellas vienen beneficiadas y amadas las demás”.

 

* * * * * * * Analicemos este importante capítulo sobre el concepto de la Consumación.

(1)    Hija mía, Yo quiero la verdadera consumación en ti, no fantástica sino verdadera, pero en modo sim- ple y factible. - Como dice Luisa, en ocasiones, Nuestro Señor es muy bromista, y esta es una de esas ocasiones en las que bromea con nosotros, diciéndonos que quiere consumación en nosotros que sea “simple y factible”, pero Su Explicación no es simple, aunque una vez que la entendemos es muy factible.

 

Entendamos primero que es consumar. La consumación consiste de dos componentes.

 

El primer componente lo forma una actuación que va dirigida a un objetivo único. Así pues, para hablar de consuma- ción tenemos que hablar en primer lugar, del objetivo hacia el cual una actuación va encaminada. Así, el individuo que actúa pensando frecuentemente en el juego al azar, y llega a habituarse hasta el punto, de que ya todo lo que hace


está dirigido al objetivo de jugar al azar, entonces se puede decir que ese individuo se está consumando en el juego de azar. Todo su obrar se va sumando y cuando muere, a los ojos de sus contemporáneos, esa vida queda definida por el Objetivo que ha perseguido; de manera tal, que lo único que recordamos de ese individuo es que era un juga- dor.

 

Hay personas que no se consuman en nada, porque nada les apasiona lo suficiente como para definir toda su actua- ción. De estos seres humanos habla el Señor, tanto en los textos evangélicos, como en estos Escritos, diciendo que son criaturas tibias, ni frías ni calientes, con las que poco o nada puede lograrse. Dicho de otra manera que puede chocar un poco. A los tibios es más difícil convertirlos que a los apasionados al mal. En más de un sentido, la tarea de la condenación que el diablo realiza queda facilitada por esta falta de entusiasmo o pasión, que hace a la criatura in- sensible a toda Gracia, particularmente la de la Conversión. Esta clase de seres humanos, está fuera de consideración en este capítulo, y ya no volveremos a mencionarla.

 

El segundo componente lo forma la muerte de cualquier ser humano que se ha estado consumando en algo. Ya este componente lo habíamos anticipado en la explicación del primer componente, pero ahora es necesario ponerlo en su perspectiva correcta. Para los efectos de esta explicación, nuestra muerte natural puede sucedernos haciendo algo que no era el objeto de nuestra consumación, o haciendo algo que era el objeto de nuestra consumación. Para enten- der esto mejor, comprendamos que si un ser humano muere cuando se estaba levantando de la cama porque ese día, él iba a jugar al casino, ese acto de levantarse de la cama, indiferente en sí, y sin conexión aparente con el juego, no lo es desde el punto de vista de consumación, puesto que ese acto de levantarse de la cama, estaba subordinado al objetivo principal de vida de ese ser humano. Igual pudiéramos decir de todo acto, subordinado también, que se hace necesario para que el ser humano llegue a la mesa de juego. Así, los respiros, el baño, el desayuno, la visita al banco, el conducir el carro hasta el casino; la miríada de actos necesarios para que en ese día, ese ser humano se consuma en su objetivo, por un día más, todos esos actos se consideran actos que suman y cuentan para el Objetivo deseado. Así pues si la intención del ser humano es jugar en el casino hoy, todo lo que ha hecho y hará hoy, suma a la totalidad de los actos ya realizados, que se consuman a los anteriores actos, con los que se ha perseguido ese objetivo único.

 

Así pues ahora decimos que si la muerte nos sucede cuando estábamos planeando, o haciendo algo que no era el objetivo de nuestra consumación, ya no podemos decir que morimos consumados en nuestro objetivo. Parece chocan- te, pero el Señor es bien especifico en este punto, porque en realidad, la vida humana se nos da para que nos consu- mamos en un objetivo único, cual es la de reunirnos con el Dios que Nos ha creado, o separarnos del Dios que Nos ha creado.

 

Más al punto. Si morimos, y nuestro último acto al morir no es un acto de adhesión a Él, de querer estar con Él para siempre, no nos salvamos, por mucho que hayamos hecho antes, en la dirección de nuestra salvación. Podremos ha- ber vivido nuestra vida consumada en hacer Su Voluntad, cumpliendo Mandamientos y otros Dictados de Nuestra San- ta Madre Iglesia, ser más buenos que nadie, pero si en el último de nuestros actos no seguimos la Sugerencia Amoro- sa final en la que Nos sugiere nos salvemos, de que queramos estar con Él, de nada nos servirá lo que hicimos con anterioridad. Lo contrario es también importante. Así decimos, que si toda nuestra vida ha sido un desastre moral, pero en el último instante, aceptáramos la Sugerencia Amorosa final de conversión, que estamos seguros, a nadie le faltará, entonces toda nuestra vida ha estado consumada a nuestra salvación personal. Nuestra vida queda consuma- da en el último acto que realizamos, en el único objetivo importante, a saber, nuestra salvación.

 

Quizás pudiéramos pensar que esta Sugerencia Amorosa final no le va a llegar a aquellos especialmente santos, o aquellos que están en Gracia de Dios, pero esta es una gran equivocación, porque todos tenemos que expresar nues- tra adhesión final, y esa adhesión final solo puede hacerse respondiendo a una Sugerencia Amorosa Suya, que de seguro Él iniciará. Para Dios, este asunto de nuestra salvación es demasiado importante, para dejarlo a la suerte. Nin- gún acontecimiento humano puede apartarnos o evitar que suceda esta última Sugerencia Amorosa Suya. Tal es así que si la muerte nos sobreviniera cometiendo el más horrible pecado, Él nos dará el tiempo necesario para recibir esta Sugerencia Amorosa en que Nos llamará a la Conversión y arrepentimiento de ese horrendo pecado. Esta Sugerencia pensamos vendrá expresada en una pregunta cuyas palabras inventamos, porque no sabemos cuáles son las que usa- rá con exactitud: ¿“Hijo o Hija mía, quieres estar conmigo para siempre, o quieres estar separada de Mi para siempre?

 

Es en este sentido extraordinario que Nuestro Señor dice que la Unción de los Enfermos cuando es aplicada a un ago- nizante, hace que el acto de la Extrema Unción sea el último de los actos humanos que esa criatura va a realizar; tal es el poder de la Extrema Unción a un agonizante, que sella su vida, y la pone en condiciones de salvación. Resulta equivalente a este último “yo quiero”, con el que esa criatura ha expresado su intención firme de arrepentirse de sus


faltas y pecados, y de querer estar con Él para siempre. Si esta Extrema Unción no se puede realizar, Nuestro Señor se encargará de que tengamos la oportunidad de expresar nuestra adhesión o rechazo de Él, y de esa manera, mori- remos consumados en el más perfecto y grande de los Objetivos humanos: nuestra salvación.

 

Pregunta: ¿es la Vida en Su Voluntad que Nos regala distinta a la Vida virtuosa cristiana? Por supuesto que no. Nues- tro Señor quiere que los que vivimos en Su Voluntad, muramos consumados en esta Vida en Su Voluntad que Nos ha regalado, porque por supuesto, una vida consumada en Su Voluntad es la garantía más perfecta de conseguir el obje- tivo anterior, ahora menor, de salvarnos.

 

(2)    Supón que te viniera un pensamiento que no es para Mí, tú debes destruirlo y sustituirlo con el di- vino, y así habrás hecho la consumación del pensamiento humano y habrás adquirido la vida del pensa- miento divino; así también si el ojo quiere mirar alguna cosa que me disgusta o que no se refiere a Mí, y el alma se mortifica, ha consumado el ojo humano y ha adquirido el ojo de la Vida Divina, y así el resto de tu ser. - Este párrafo debemos leerlo nuevamente, pero sin las dos oraciones gramaticales claves con la que el Señor explica lo que quiere hacernos saber. Vamos a parafrasear el párrafo, eliminándolas.

 

Supón que te viniera un pensamiento que no es para Mí, tú debes destruirlo y sustituirlo con el divino, y (entonces) habrás adquirido la vida del pensamiento divino; así también si el ojo quiere mirar alguna cosa que me disgusta o que no se refiere a Mí, y el alma se mortifica (y no mira), ha adquirido el ojo de la Vida Divina, y así el resto de tu ser.

 

Al leer el párrafo 2, sin las oraciones gramaticales que hablan de la consumación del pensamiento y del ojo, nos per- catamos de inmediato que lo que el Señor dice no es nuevo, sino que ya lo ha discutido ampliamente en muchos otros capítulos. Cuando hacemos un acto en Su Voluntad, en el que hemos escogido no hacer lo que Le disgusta, sino que pensamos y miramos lo que Le gusta, el acto queda divinizado, por haberse realizado conjuntamente con Su Voluntad Bilocada y Obrante en nosotros. Entonces, el acto adquiere las características de una Vida Divina, Vida de Luz, que como dirá en el párrafo 3, Le dan tanta alegría “que por amor de ellas, cedo en todo”.

 

Ahora, introduzcamos nuevamente las oraciones que hablan de que haciendo lo dicho anteriormente, “hacemos la consumación del pensamiento humano”, y “ha consumado al ojo humano”. Observemos que no dice que cuando pensamos lo que Le gusta, estamos consumando nuestro pensamiento, sino que dice que hacemos la consumación del pensamiento humano. ¿Cuál es la diferencia entre las dos expresiones?

 

Si hubiera dicho que estamos consumando nuestro pensamiento, implicaría que este proceso continuo de pensar, y pensar en el Objetivo fundamental de nuestras vidas que es Él, vamos añadiendo actos humanos que se añaden a los anteriores actos agradables a Él, y por eso decimos que nuestros pensamientos se están consumando en Él. Al decir, sin embargo, que hacemos la consumación del acto humano, implica, que es el último de los actos humanos de pen- samiento que vamos a realizar. Pero, ¿Cómo es posible esto? ¿Acaso no seguimos pensando, aun después de este pensamiento? ¿Cómo puede decir el Señor que es el último de los pensamientos de Luisa, o nuestros, ahora que lee- mos lo sucedido con ella?

 

Muy sencillo. El Señor Nos pide que todo pensamiento nuestro, toda mirada nuestra, todo lo que nuestro ser haga, siga Sus Sugerencias Amorosas y Le sea agradable, como si este pensamiento, esta mirada, este acto nuestro, fuera el último acto que realizáramos en nuestra vida natural.

 

Pero, ¿Por qué habla de que es la consumación del pensamiento humano? Así dicho, parece como que excluye los pensamientos de otros Hijos e Hijas en Su Voluntad, que continuarán viviendo después de que yo muera. También esto se entiende fácilmente, cuando comprendemos que Él trabaja con nosotros de uno a uno, para Él nadie más exis- te que cada uno de nosotros, “Nosotros queremos a un alma sola, como queremos a todas las almas juntas”, bellísi- ma frase que utiliza en las Horas de la Pasión, para indicar la individualidad nuestra frente a Él, y cómo cada uno es tan importante, como si fuera el único ser que vive en la tierra.

 

Así resumiendo. Sabíamos que teníamos que consumarnos en algo, y de hecho, la mayoría de nosotros, somos crea- dos con una vocación, que garantiza que nuestras vidas van a consumarse en algo. Si leemos el capitulo del 14 de Julio de 1904, del volumen 6, el mismo Señor habla con toda extensión y claridad de este proceso de consumación. Así dice:


“Hija mía, la vida es una consumación continua: uno la consuma por los placeres, otro por las criaturas, otro por pecar, otros por intereses, algunos por caprichos…Hay tantas clases de consumación. Ahora bien, quien realiza toda esta consumación en Dios, puede decir con toda certeza: Señor, mi vida se ha consumado de amor por Ti, y no solo me he consumado, sino que me he muerto solo por Tu Amor. Por eso, si tú te sientes consumar continuamente por Mi Separación, puedes decir que mueres continuamente en Mi, y padeces muchas muertes por Amor Mío. Y si tu consumas tu ser por Mi, por cuantas consumaciones hay de ti, haces en ti misma otras tantas adquisiciones de lo Divino.”

 

Como vemos, ya el Señor hablaba en el volumen 6 de esta adquisición de lo Divino, que es exactamente lo mismo que hace en este capítulo del volumen 11. Lo que añade nuevo en este capítulo, es que debemos comprender claramente que Él espera que consumando nuestros actos en Su Voluntad, para mayor Gloria Suya, y para la Venida del Reino, los hagamos como si cada uno de esos actos, fuera nuestro último acto en la tierra. ¿Parece imposible? Una vez que sa- bemos que eso es lo que quiere de nosotros, podemos realizarlo con nuestra intención de querer que cada acto nues- tro, que va consumándose a todos los demás actos en esta Vida en Su Voluntad, Él los acepte como si fueran los últi- mos, no solo los últimos nuestros, sino los últimos de todos los seres humanos.

 

(3)    ¡Oh!, Cómo estas nuevas Vidas Divinas me las siento correr en Mí y toman parte en todo mi obrar, amo tanto estas vidas, que por amor de ellas cedo a todo. Estas almas son las primeras delante de Mí, y si las bendigo, a través de ellas vienen bendecidas las demás; son las primeras beneficiadas, amadas, y por medio de ellas vienen beneficiadas y amadas las demás”. - No es posible añadir nada a este párrafo final. Nuestro Señor tiene reservado un lugar muy especial, y unas Bendiciones muy especiales para todos aquellos que viven en Su Voluntad.

 

Resumen del capítulo de 12 de Junio de 1913: (Doctrinal) Página 93 La Santísima Trinidad -

 

Mientras rezaba estaba uniendo mi mente a la de Jesús, mis ojos a los de Jesús, y así de todo lo demás, tratando de hacer lo que hacía Jesús con su mente, con sus ojos, con su boca, con su corazón, y así de todo de todo lo demás, y como parecía que la mente de Jesús, sus ojos, etc., se difundían para bien de todos, así parecía que yo uniéndome y ensimismándome con Jesús me difundía también para bien de todos. Entonces pensaba entre mí:

 

“¿Qué meditación es ésta? ¿Qué oración? ¡Ah, no soy buena para nada, no ni siquiera meditar nada!”

 

Pero mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús me ha dicho:

 

“Hija mía, ¿cómo es que te afliges por esto? En vez de afligirte deberías alegrarte, porque cuando tú meditabas y tan- tas bellas reflexiones surgían en tu mente, tú no hacías otra cosa que tomar de Mí parte de mis cualidades y de mis virtudes; ahora, habiéndote quedado sólo el poder unirte y ensimismarte a Mí, tomas de Mí todo, y no siendo buena para nada, Conmigo eres buena para todo, porque Conmigo quieres el bien de todos, y sólo con el desear, el querer el bien, produce en el alma una fortaleza que la hace crecer y la fija en la Vida Divina. Además, con unirse y ensimismar- se Conmigo, se une con mi mente, y así tantas vidas de pensamientos santos produce en las mentes de las criaturas; conforme se une con mis ojos, así produce en las criaturas tantas vidas de miradas santas; así si se une con mi boca dará vida a las palabras; si se une a mi corazón, a mis deseos, a mis manos, a mis pasos, así a cada latido da rá una vida, vida a los deseos, a las acciones, a los pasos, pero vidas santas, porque conteniendo en Mí la potencia creadora, junto Conmigo el alma crea y hace lo que hago Yo.

 

Ahora, esta unión Conmigo, parte por parte, mente por mente, corazón por corazón, etc., produce en ti, en grado más alto, la Vida de mi Voluntad y de mi Amor, y en esta Voluntad viene formado el Padre, en el Amor el Espíritu Santo, y del obrar, de las palabras, de las obras, de los pensamientos y de todo lo demás que puede salir de esta Voluntad y de este Amor viene formado el Hijo, y he aquí la Trinidad en las almas, así que si debemos obrar, es indiferente obrar en la Trinidad en el Cielo o en la Trinidad de las almas en la tierra. He aquí el por qué voy quitándote todo lo demás, si bien cosas buenas y santas, para poderte dar lo más bueno y lo más santo, que soy Yo mismo, y poder hacer de ti otro Yo mismo, en cuanto a criatura es posible. Creo que no te lamentarás más, ¿no es verdad?”

 

Y yo:

 

“¡Ah, Jesús, Jesús!, yo en cambio siento que me he hecho mala, mala, y el mayor mal es que no encontrar esta

maldad mía, porque encontrándola, al menos haría cuanto puedo para quitarla”.


 

Y Jesús:

 

“Basta, basta, quieres adentrarte demasiado en el pensamiento de ti misma, piensa en y Yo pensaré en tu mal-

dad, ¿has entendido?”

 

* * * * * * *

 

Con este capítulo, Jesús inicia una serie de conocimientos que se relacionan con una labor en Su Voluntad, que puede dejar de impactarnos, hasta el punto de ignorarla, ocupados como estamos en la labor de colaboración con la forma- ción del Reino de Su Voluntad en nosotros, y con Sus Planes de la venida del Reino del Fiat Supremo.

 

Esta labor ignorada tiene que ver con la Labor Providente que instante por instante, Nuestro Señor Jesús necesita realizar para que todas las criaturas subsistan. En este capítulo, y otros que siguen, es necesario ver esta Labor a tra- vés de Sus Palabras. A Él se Le han entregado todas las almas, no solo para redimirlas, sino para proveer por ellas, y esta Providencia incluye nuestra salvación. Comprendamos, que la Labor Redentora que Él ha asumido, es solo una parte, quizás la más importante, pero sigue siendo solo una parte, de esta Labor Providente con la que Nos conduce a Él ahora, y luego en la Eternidad. No es labor pequeña, y por mucho que Él quiera que Su Reino venga a la tierra, Él no puede ni por un instante olvidar, que todos, absolutamente todos, dependemos de Él para todo, el Dios humanado por amor nuestro.

 

Prestemos atención a lo que Luisa dice, que mientras rezaba, unía su mente, sus ojos, toda si misma a Jesús, “tratan- do de hacer lo que hacía Jesús”. Este es un parrafito altamente revelador, porque Luisa estaba en realidad, sin com- prenderlo completamente, uniéndose a esta Labor Providente de Nuestro Señor. ¿Por qué llegamos a esta conclusión? Por las palabras inmediatas de Luisa, que dice, “y como parecía que la mente de Jesús, sus ojos, etc., se difundían para bien de todos, así parecía que yo uniéndome y ensimismándome con Jesús me difundía también para bien de todos”.

 

Al Luisa decir que Jesús se difundía para bien de todos, implícitamente describe a la perfección, con pocas palabras, esta Labor Providente del Señor. Al decir que a ella le parecía, que también ella se difundía para bien de todos, implica que ella, también se unía a Él, en esta Labor Providente, Mas sobre este punto, y más enfatizado por el Señor, léase el capítulo del 20 de Agosto de 1913, de este mismo volumen, dos capítulos más adelante.

 

Luisa comprende bien su labor como alma víctima, la comprende tan bien que no quisiera nunca separarse de esta labor, pero no ha analizado que lo que más le gusta de esta labor, es la interacción directa con Jesús, que esta labor de victima facilita. Nadie más está envuelto en esta relación, y aunque ella sabe que con esta Labor ayuda a las al- mas, evitando castigos, consolando a Jesús, y acompañándolo en Sus Penas, los demás están como lejanos a ella, no siente que esta labor va dirigida a ellos, sino que va dirigida a Su Jesús.

 

Luisa llegará a comprender a la perfección, su labor como promotora de la Vida en Su Voluntad, y la venida del Reino, y eso lo sabemos por la lectura de los volúmenes superiores. Sin embargo, esta Labor Providente, muchas veces se le escapa, porque en esta Labor Providente el foco de su atención, no es Jesús mismo, ni lo que Jesús más ardientemen- te desea, sino que se trata de bregar con el prójimo. El prójimo no siempre ha sido, y por lo que sabemos, nunca lle- gará a serle simpático a Luisa. Desde nuestro punto de vista, mucha guerra le ha hecho el prójimo a Luisa. Aunque se perdonen, los agravios no se olvidan por completo. En muchos capítulos se queja con Jesús de que ella no quiere bregar con el prójimo, porque su fama de santidad entre las gentes, y el mismo mensaje de la Vida en Su Voluntad, según se iba propagando, hacía que mas y mas personas, tanto laicas como religiosos, buscaran su ayuda y consejo. En realidad, lo que la molestaba más, era que todo ese tiempo que dedicaba a otros, era un tiempo menos que tenia para estar con Jesús. Dicho esto, también entendamos que la lección de estos capítulos, Luisa la aprendió bien, por- que su proceder para con el prójimo fue siempre caritativo al extremo, y su labor de evangelización de la Divina Vo- luntad con otros, fue maravillosa, como evidencian casi todas sus cartas.

 

Luisa expresa su frustración, porque le parece que lo que estaba haciendo, no era lo que ella asocia con una buena meditación, por lo que dice:

 

“¿Qué meditación es ésta? ¿Qué oración? ¡Ah, no soy buena para nada, no ni siquiera meditar nada!”


Analicemos ahora la Respuesta del Señor

 

(1)    Hija mía, ¿cómo es que te afliges por esto? En vez de afligirte deberías alegrarte, porque cuando tú meditabas y tantas bellas reflexiones surgían en tu mente, no hacías otra cosa que tomar de Mí, parte de mis cualidades y de mis virtudes; - Varias cosas observamos. En primer lugar, Jesús declara que ella estaba meditando verdaderamente, porque la meditación sobre algo, tiene por finalidad “sacar fuera” nuestro entendimiento del objeto que estábamos meditando, y ciertamente que Luisa ha sacado “muy bellas reflexiones que surgían en su mente”. En su sentido más estricto, cada vez que rumiamos una de las Verdades Divinas que leemos u oímos en estos Escritos, estamos meditando esa Verdad.

 

En segundo lugar, Nuestro Señor confirma, que la labor meditativa de Luisa, tomaba de Él una parte de Sus Cualida- des y Virtudes, para utilizarlas como Él las estaba utilizando.

 

(2)    Ahora, habiéndote quedado sólo el poder unirte y ensimismarte a Mí, tomas de Mí todo, y no siendo buena para nada, Conmigo eres buena para todo, porque Conmigo quieres el bien de todos, y sólo con el desear, el querer el bien, produce en el alma una fortaleza que la hace crecer y la fija en la Vida Divina. – La expresión “habiéndote quedado solo” es un poco confusa, y debemos entenderla, con el siguiente parafraseo de la primera parte del párrafo: “Ahora, que ya no puedes hacer más que unirte y ensimismarte a Mi, tomas de Mi to- do, y como no eres buena para nada por ti sola, Conmigo eres buena para hacerlo todo”.

 

Arreglada la expresión, lo importante que queda es lo que dice el Señor acerca de lo que ella puede hacer ahora. Dice primero, que “ella quiere el bien de todos”, porque Él quiere el bien de todos. Dice, segundo, que unido a Él, el desear, el querer el bien, introduce en el alma de Luisa, la cualidad de la Fortaleza Divina, y en virtud de esa Cualidad Divina, Luisa queda asegurada en la Vida Divina que posee. De nuevo, el concepto de que esta Vida Divina que Nos ha regalado, necesita desarrollarse con nuestros actos, en este caso, el acto de desear, de querer el bien de todos, que no es más que Luisa unirse a Su Labor Providente.

 

(3)    Además, con unirse y ensimismarse Conmigo, se une con mi mente, y así tantas vidas de pensamien- tos santos produce en las mentes de las criaturas; conforme se une con mis ojos, así produce en las cria- turas tantas vidas de miradas santas; así si se une con mi boca dará vida a las palabras; si se une a mi corazón, a mis deseos, a mis manos, a mis pasos, así a cada latido dará una vida, vida a los deseos, a las acciones, a los pasos, pero vidas santas, porque conteniendo en Mí la potencia creadora, junto Conmigo el alma crea y hace lo que hago Yo. – En una primera lectura, y si interpretamos Sus Palabras literalmente, parece que Jesús dice que la criatura que vive en Su Voluntad, unida a Él en esta Labor Providente, crea o da vida a los pen- samientos santos de otros, o sea, como se diría coloquialmente, que la criatura que vive en Su Voluntad, piensa por todos los demás, y por tanto los pensamientos de los otros, son santos. Ya sabemos que esto es una imposibilidad para Él, pensar por nosotros, hablar por nosotros, etc., puesto que haciendo esto violaría nuestra libertad de voluntad; y lo que es imposible para Él, también lo es para los que viven en Su Voluntad. Volvemos pues a entender todo esto, pensando que en Su Labor Providente, Él prepara las Sugerencias Amorosas para que acogiéndolas y haciendo lo que Nos sugiere, pensemos y produzcamos pensamientos santos, palabras santas, etc. Esto mismo, puede hacer Luisa, y cada uno de nosotros que vivimos en Su Voluntad, porque “conteniendo en Mi la potencia creadora, junto Conmigo, el alma (también la posee y) crea y hace lo que hago Yo”.

 

Pensemos un momento más en lo que hemos concluido. Debemos entender que así como Él, en Su Labor Providente, produce las Sugerencias Amorosas que Nos llegan a todos como una lluvia de Actos de Amor, así también nosotros estamos llamados, unidos a Él, ensimismados con Él, a producir Santas Sugerencias Amorosas para todos nuestros hermanos que no viven en Su Voluntad. No solo pues, debemos querer el Bien para los demás, sino que en Su Volun- tad, debemos ser una parte esencial de esta Creación y Distribución universal de Sugerencias Amorosas que produz- can e inunden a la tierra de Santidad Divina, si esas Sugerencias fueran acogidas por nuestros hermanos.

 

(4)    Ahora, esta unión Conmigo, parte por parte, mente por mente, corazón por corazón, etc., produce en ti, en grado más alto, la Vida de mi Voluntad y de mi Amor, - El beneficio que trae para nosotros, los que vivi- mos en Su Voluntad, esta Labor Providente, en la que ahora Nos hace participes, es el beneficio de darnos un grado más alto de Unión o Comunión con Él; o sea, que aumenta la Vida de Su Voluntad que ya poseemos, porque la desa- rrolla aun mas, y en un área, que hasta ahora, o no estábamos conscientes necesitaba desarrollo, o sencillamente, desconocíamos totalmente que era necesario desarrollar. Un ejemplo quizás ayude. Un individuo que persigue desa- rrollarse atléticamente, dedica la mayor parte de su tiempo a desarrollar su torso, cuello y brazos, y tanto le dedica


que puede llegar a tener el torso, el cuello y brazos más poderosos posibles, pero se olvida de sus piernas, y entonces cuando en la competencia, le vemos de cuerpo entero, nos percatamos que sus piernas son palos flacos sin desarro- llo, y toda la belleza de aquel torso atlético, viene al suelo, porque el resto de su cuerpo no corresponde.

 

Igual puede pasarnos a nosotros, en esta Vivencia en Su Voluntad. Podemos llegar a ser maestros del Giro, excelsos en la Pasión, pero como no ayudamos a Jesús en Su Labor Providente, particularmente aquella de querer que todos lleguen a la Verdad de Su Redención, resulta que somos como el atleta de las piernas flacas.

 

Uno de los puntos en que más énfasis hacen los que preparan estas Guías de Estudio en las clases, es que nada de lo que antes estábamos llamados a hacer ha desaparecido, por el contrario, no solo no ha desaparecido, sino que ahora tenemos que seguir haciéndolo, pero con un entendimiento y compromiso más amplio y profundos.

 

(5)    y en esta Voluntad viene formado el Padre, en el Amor el Espíritu Santo, y del obrar, de las palabras, de las obras, de los pensamientos y de todo lo demás que puede salir de esta Voluntad y de este Amor viene formado el Hijo, y he aquí la Trinidad en las almas, - Cuando los que preparan esta Guía de Estudios leyeron este capítulo por primera vez, pensaron, como está sugerido por el sub-titulo La Santísima Trinidad, que el capítulo trataba de alguna Revelación especial y nueva de la Suprema Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. En realidad, no se trata de la Suprema Trinidad, sino de la Trinidad Sacrosanta que está Bilocada en la criatura que vive en Su Voluntad.

 

Insospechadamente, sin que jamás lo hubiéramos adivinado, Nuestro Señor Nos dice, que no viene a hablarnos de la Trinidad Sacrosanta como tal, sino que viene a hablarnos de cómo podemos y debemos desarrollar esta Trinidad Sa- crosanta que se ha bilocado en nosotros, como parte de la Bilocación del Ser Divino que ha ocurrido cuando Nos con- cedieron el Don de Vivir en Su Voluntad.

 

Entendemos pues ahora, que esta Trinidad Sacrosanta Bilocada se desarrolla cuando Nos unimos a la Labor Providen- te de Nuestro Señor Jesucristo.

 

Dice que de esta Vida, y en esta Vida de Su Voluntad, viene formado el Padre, puesto que el Padre está identificado con la Voluntad, el Fiat. Dice que el Espíritu Santo viene a estar formado en esta Vida de Amor, porque el Espíritu Santo está identificado con el Amor Divino, y que el Hijo, viene a estar formado por las obras, palabras, pensamientos que surgen mientras se vive en esta Vida de Su Voluntad y de Su Amor.

 

(6)    así que si debemos obrar, es indiferente obrar en la Trinidad en el Cielo o en la Trinidad de las almas en la tierra. – Pero esta Verdad Divina no ha terminado de expresarse. Dice ahora, que al estar Bilocada en la criatu- ra que vive en Su Voluntad, es indiferente, si la que obra es la Trinidad Sacrosanta Suprema, o la que está bilocada en la criatura que vive en Su Voluntad.

 

(7)    He aquí el por qué voy quitándote todo lo demás, si bien cosas buenas y santas, para poderte dar lo más bueno y lo más santo, que soy Yo mismo, y poder hacer de ti otro Yo mismo, en cuanto a criatura es posible. Creo que no te lamentarás más, ¿no es verdad?” – No puede extrañarnos el que mas y mas vamos perdiendo el gusto por otras actividades buenas y santas, para darnos esta nueva Colaboración con Su labor Providen- te, la Labor que Él se ha atribuido en la Trinidad Sacrosanta, tanto en la Suprema, como ahora, en esta Trinidad que ha Bilocada en nosotros. Quiere hacernos otros Jesús en la acción Providente, y por tanto, así como Le dice a Luisa, así Nos dice a nosotros, que no nos lamentemos mas, sino que nos alegremos de lo que quiere hacer en nosotros.

 

Comoquiera que Luisa continúa lamentándose por su maldad, como si no hubiera oído nada de lo que Le ha dicho, Nuestro Señor Le dice:

 

“Basta, basta, quieres adentrarte demasiado en el pensamiento de ti misma, piensa en y Yo pensaré en tu

maldad, ¿has entendido?”

 

Resumen del capítulo del 24 de Junio de 1913: (Doctrinal) Página 99 -

 

El alma que no apetece el bien, siente como una náusea y un rechazo de dicho bien, y por eso esas almas son el re- chazo de Dios


* * * * * * *

 

Cortísimo capítulo. No estamos seguros de si lo que Luisa escribe, lo dice ella, o lo dice el Señor. Independientemente, es comprensible sin necesidad de mayores comentarios, excepto por lo que dice: Si rechazamos el Bien encerrado en la Sugerencia Amorosa que Nos llega, y este rechazo radica en que no apetecemos hacer lo que Nos sugiere, y de esa manera poder recibir el Bien, entonces, Le rechazamos a Él.

 

Resumen del capítulo del 20 de Agosto de 1913: (Doctrinal) – Página 99 -

 

Mientras rezaba veía en mí a mi siempre amable Jesús y a otras almas en torno a mí, las cuales decían: “Señor, todo has puesto en esta alma”. Y extendiendo sus manos hacia mí me decían:

 

“Ya que Jesús está en ti, y con Él todos los bienes, toma y daños a nosotras”.

 

Yo he quedado confundida, y el bendito Jesús me ha dicho:

 

(A)    “Hija mía, en mi Voluntad están todos los bienes posibles, y el alma que vive en Ella es necesario que esté con confianza obrando junto Conmigo como dueña. Todo esperan las criaturas de esta alma, y si no lo tienen se sienten defraudadas; ¿y cómo puede dar si no está con toda confianza obrando junto Conmigo? Por eso al alma que vive en mi Voluntad le es necesaria la confianza para dar, la simplicidad para comunicarse a todos, con el desinterés de sí para poder vivir toda para Mí y para el prójimo. Tal soy Yo”.

 

Luego ha agregado:

 

(B)    “Hija mía, a quien en verdad hace mi Voluntad le sucede como al árbol injertado, que la fuerza del injerto tiene virtud de hacer destruir la vida del árbol que recibe el injerto, así que no más los frutos, las hojas del primer árbol se ven, sino los del injerto, y si el primer árbol dijera al injerto, “quiero retener para mí al menos una pequeña ramita para poder dar también yo algún fruto para poder hacer conocer a todos que yo existo aún”, el injerto le respondería: “Tú no tienes ya razón de existir, después de que te has sometido a recibir mi injerto la vida será toda mía”. Así el alma que hace mi Voluntad puede decir: “Mi vida ha terminado, no más mis obras saldrán de mí, mis pensamientos, mis palabras, sino las obras, los pensamientos, las palabras de Aquél cuya Voluntad es mi vida”.

 

Así que Yo digo a quien hace mi Querer: “Tú eres vida mía, sangre mía, huesos míos”. Entonces sucede la verdadera, real, Sacramental transformación, no en virtud de las palabras del sacerdote, sino en virtud de mi Voluntad. En cuanto el alma se decide a vivir en mí Querer, mi Voluntad me crea a Mí mismo en el alma, y a medida que mi Querer corre en la voluntad, en las obras, en los pasos del alma, tantas creaciones mías recibe. Sucede propiamente como a un cáliz lleno de partículas consagradas, por cuantas partículas hay, tantos Jesús están, uno en cada partícula. Así el al- ma, en virtud de mi Voluntad me contiene en todo y en cada parte de su ser; quien hace mi Voluntad hace la verda- dera comunión eterna, y comunión con fruto completo”.

 

* * * * * * *

 

(1)    Hija mía, en mi Voluntad están todos los bienes posibles, y el alma que vive en Ella es necesario que esté con confianza obrando junto Conmigo como dueña. – En la Voluntad Suprema están todos los Bienes de los que Dios quiere participemos. Ya sabemos por otros capítulos, que estos Bienes se derivan del Conocimiento de las Verdades Divinas que ha querido revelarnos, y de la práctica de esos Conocimientos, cuando así Él expresa que de- bemos practicarlos con Sus Modos.

 

Ahora bien. El alma que vive en Su Voluntad, tiene una Bilocación de esa Voluntad Suprema que obra en ella, por lo que se puede afirmar, que esa alma encierra en misma, y posee, todos esos Bienes, y no solo posee los Bienes, sino que acompaña a Jesús en su obrar.

 

El Señor es muy cuidadoso con Sus Palabras en este Bloque (A), porque todavía no quiere anunciar la gran Revela- ción que hará en el párrafo 3 del Bloque (B). Mas sobre este punto cuando lleguemos al Bloque (B).

 

Continuamos. Dice Jesús que es necesario, que el alma que vive en Su Voluntad, tenga la confianza de que esto está sucediendo, y la confianza solo puede nacer en nuestros corazones, si creemos lo que Nos dice, por imposible que


pueda parecernos. Esta Fe, que genera la necesaria confianza en Sus Palabras, va desarrollando en nosotros, con creciente fuerza, un sentido de responsabilidad con esta Vivencia que el Ser Divino Nos ha regalado, y con Sus Planes.

 

Dicho de otra manera, este Don de vivir en Su Voluntad, es un gran Regalo, pero al mismo tiempo, exige de nosotros una actuación responsable, que debe crecer al paso que crecen nuestros Conocimientos sobre Sus Planes, y el papel que jugamos nosotros en esos Planes.

 

Enfoquemos ahora todo esto, desde el punto de vista de esta responsabilidad que está creciendo en nosotros. En la visión que narra al comenzar el capítulo, las almas que Luisa ve alrededor de Jesús, le piden que comparta con ellas lo que ella posee: todos los Bienes y al mismo Jesús. Aunque Luisa no describe de que almas se trata, podemos concluir sin equivocación, que aunque ella sólo vea a unas pocas almas, en realidad, son todas las almas, tanto las viadoras, como las purgantes, como las bienaventuradas, las que están pidiendo que Luisa comparta con ellas, de los Bienes que ella ahora posee. Así, que no solo tenemos la responsabilidad de colaboración con los Planes Divinos de la Venida del Reino, sino que también somos responsables de proveer a todos los demás, como Jesús mismo lo hace, en Su Labor Providente, de todos esos Bienes que ahora poseemos.

 

Como vemos, de inmediato, este capítulo continúa con las enseñanzas del capítulo del 12 de Junio de 1913, de este mismo volumen, sobre la Labor Providente que debemos hacer como Él la realiza.

 

(2)    Todo esperan las criaturas de esta alma, y si no lo tienen se sienten defraudadas; ¿y cómo puede dar si no está con toda confianza obrando junto Conmigo? - Entendamos bien. No es en virtud de que Jesús Nos ha redimido, que poseemos y podemos colaborar con Él en Su Labor Providente; sino que es en virtud de que vivimos en Su Voluntad, por lo que podemos estar junto a Él, y podemos realizar con Él, Su Labor Providente. Enten- damos también, que este acompañarlo en Su labor Providente, no es algo opcional, sino que es necesario que lo ha- gamos.

 

Dice claramente el Señor en este párrafo, que todas las criaturas, las viadoras, las purgantes y las bienaventuradas, todo lo esperan de esta alma que vive en Su Voluntad, porque sólo una criatura tal, tiene acceso a los Bienes que todos necesitan, pero que están reservados a los que viven en Su Voluntad. Dice que si nosotros no proveemos de esos Bienes a todas, “ellas se sienten defraudadas”. Este concepto es de gran importancia, y de nuevo, añade a nuestro sentido de responsabilidad con esta Labor Providente. Las purgantes y las bienaventuradas se sienten defrau- dadas, porque todas ellas, ahora que saben lo que representa vivir en Su Voluntad, quisieran haber tenido la oportu- nidad de haber vivido en Su Voluntad, y no la tuvieron. Además, a las purgantes podemos ayudarlas a salir de este Horno de Amor; a las Bienaventuradas, podemos hacerlas participes de las Verdades Divinas que conocemos, y ellas no. Las viadoras necesitan de estos Bienes, porque también ellas quisieran poder vivir en Su Voluntad, y nuestra evangelización puede hacer que esto sea posible.

 

Todas claman, como dice el Señor en los Textos Evangélicos respecto de las almas justas antes de Su Venida a la tierra, que “hubieran querido tener oídos para escuchar lo que ustedes escuchan, y ojos para ver lo que ustedes contemplan, pero no los tuvieron”. Así ahora, estas almas purgantes y bienaventuradas claman porque ellas no pu- dieron vivir en Su Voluntad, aunque lo hubieran querido, y las viadoras, porque quieren tener esa oportunidad como nosotros la tuvimos.

 

Termina Jesús este párrafo, preguntándole a Luisa, que ¿cómo puede ella dar, si no está obrando providentemente junto con Él, con la confianza, con la Fe necesaria de que puede hacerlo? La pregunta es retorica en el caso de Luisa, porque Luisa ve, cree y confía, pero nosotros que no vemos, también tenemos que creer y confiar que esto hacemos, viviendo en Su Voluntad.

 

(3)    Por eso al alma que vive en mi Voluntad le es necesaria la confianza para dar, la simplicidad para comunicarse a todos, con el desinterés de sí para poder vivir toda para Mí y para el prójimo. Tal soy Yo”. – Para poder ejercer esta nueva responsabilidad que conlleva el vivir en Su Voluntad, dice el Señor, que necesitamos cumplir con tres requisitos:

 

a)    El alma debe tener la Fe, y por tanto la confianza, de que Él la ha capacitado para que lo pueda hacer; es de- cir, el alma tiene que confiar que hace junto con Jesús, esta Labor Providente a favor de todos sus hermanos. Ya sabemos, que en definitiva, Él es el que realiza lo que nosotros iniciamos, pero nuestro acto iniciador de esa Providencia es necesario, y es lo que se Nos pide que hagamos.


b)    El alma tiene que ser simple, sencilla, cuando habla o se comunica con los demás, porque no olvidemos que con estas comunicaciones, hablamos bien, bendecimos, a Aquel que provee a través nuestro, al mismo tiempo que transmitimos a otros los Bienes que poseemos.

 

c)     El alma tiene que dejar de pensar en sí misma, en sus necesidades, debe ser desinteresada. Esto implica, co- mo ya sabemos, atención extrema a todo lo que la Voluntad Divina quiere de nosotros, y a través de nosotros, y de nuestra Voluntad Bilocada y Obrante, porque así es Él: todo para la Voluntad de Su Padre, y para el Bien del prójimo.

 

* * * * * * *

 

Y comenzamos ahora con el análisis del Bloque (B), en el que Jesús expande aun más, toda esta Labor Providente que requiere de nosotros.

 

(1)    Hija mía, a quien en verdad hace mi Voluntad le sucede como al árbol injertado, que la fuerza del injerto tiene virtud de hacer destruir la vida del árbol que recibe el injerto, así que no más los frutos, las hojas del primer árbol se ven, sino los del injerto, y si el primer árbol dijera al injerto, “quiero retener para al menos una pequeña ramita para poder dar también yo algún fruto para poder hacer conocer a todos que yo existo aún”, el injerto le respondería: “Tú no tienes ya razón de existir, después de que te has sometido a recibir mi injerto la vida será toda mía”. Así el alma que hace mi Voluntad puede decir: “Mi vida ha terminado, no más mis obras saldrán de mí, mis pensamientos, mis palabras, sino las obras, los pensamientos, las palabras de Aquél cuya Voluntad es mi vida. – Se hace necesario parafrasear lo primero que dice: “Hija mía, a quien en verdad hace Mi Voluntad”, porque aquí no se trata de hacer Su Voluntad en el sen- tido tradicional, sino que implica que el alma que cumple con esta necesidad de realizar, junto con Él, Su Labor Provi- dente, tal y como la ha anunciado, o sea, con confianza de que la está haciendo, con la simplicidad que es necesaria en su comunicación con los demás, y con el desinterés que brota de una comprensión de que ya no debe pensar en sí, sino en esta Labor que Le pide, a esa alma, repetimos, le sucede como al árbol injertado.

 

Y, ¿qué le sucede al árbol injertado? Pues que la fuerza del injerto es tan grande, que destruye lo que el árbol hacía antes, destruye sus funciones, para reemplazarlas por las funciones del injerto. Pero, algo más sucede en todo injerto real. Aunque los frutos del árbol antes del injerto desaparecen después de que el injerto ha tomado fuerza en ese árbol, los frutos que produce ahora el árbol injertado, participan en algo de la condición original del árbol. Así pues podemos preguntar: ¿Qué es lo le queda al árbol después del injerto; en qué participa? Le queda solo la capacidad de alimentar y sostener al injerto, y de esa manera, participa y colabora con aquella nueva fuerza que porta el injerto.

 

En el caso de la criatura, ¿qué sucede cuando recibe el “injerto” de esta nueva Vida en Su Voluntad? Pues que destru- ye todo lo que la criatura tenia de humano, respecto de su voluntad. Esta es la condición esencial, no solo para el otorgamiento del Don, primero en préstamo, y luego en propiedad, sino para que, a partir de ese momento, la Divina Voluntad pueda actuar libremente en esa criatura.

 

Una vez iniciado este proceso de injerto, el árbol del ejemplo, o la criatura de la realidad, no puede regresar a actuar, como actuaba antes, y por tanto lo que produce de si, ya no es lo que producía antes.

 

En el dialogo alegórico que Jesús utiliza para explicar esto, añade un detalle importante que luego repite, a saber, que si acaso, la criatura, como lo haría el injerto, le pidiera alguna vez regresar a actuar como antes, “darse una escapa- da”, Él le respondería, como el injerto le responde al árbol, “Tú no tienes ya razón de existir, después de que te has sometido a recibir mi injerto la vida será toda mía”

 

Conviene que repitamos, en toda Su Fuerza Divina, las Palabras con las que termina el ejemplo, y que caracterizan a la perfección, esta Vida en Su Voluntad que Le hemos pedido, y que envuelve de parte nuestra, una renuncia a nues- tra propia voluntad humana.

 

“Así el alma que hace mi Voluntad puede decir: “Mi vida ha terminado, no más mis obras saldrán de mí, mis pen- samientos, mis palabras, sino las obras, los pensamientos, las palabras de Aquél cuya Voluntad es mi vida”.


(2)    Así que Yo digo a quien hace mi Querer: “Tú eres vida mía, sangre mía, huesos míos”. Entonces su- cede la verdadera, real, Sacramental transformación, no en virtud de las palabras del sacerdote, sino en virtud de mi Voluntad. – En un capítulo sorprendente, por el descubrimiento que renueva acerca de nuestra parti- cipación en Su Labor Providente, Nuestro Señor anuncia ahora una sorpresa aun mayor, sorpresa que viene expresada en dos partes. La primera parte la anuncia en el próximo párrafo 3, y la segunda la anuncia en el párrafo 4.

 

Como es Su Costumbre hacerlo, si leyéramos los párrafos 3 y 4 antes de este párrafo, las cosas se entenderían mejor, porque para explicar este, tenemos que utilizar conocimientos que Nos da en los otros dos párrafos.

 

Lo primero que tenemos que preguntarnos es: ¿qué conexión hay, desconocida hasta ahora, entre la Vida Sacramen- tal de Jesús, y nuestra vida en Su Voluntad? La respuesta es sencilla. Si miramos a la Eucaristía, como la más supre- ma, grandiosa, y vivificante expresión de la Labor Providente de un Dios que Nos ama inconcebiblemente, comenza- mos a comprender, que también nosotros, en Su Voluntad debemos, es necesario, participar también con Él, en esta obra cumbre de Su Providencia.

 

Dicho de otra manera. Cuando Nuestro Señor se da en comunión a cada criatura, en esa Eucaristía se encierra, no solo el Jesús que Él mismo crea en virtud de las palabras sacerdotales, sino que esa Eucaristía también encierra, a cada Jesús que cada uno de nosotros, viviendo en Su Voluntad, creamos porque, con toda Fe y Confianza, queremos colaborar, y es necesario que colaboremos con Él, en este supremo regalo de Su Providencia.

 

Si Él se da a Si Mismo en esa Eucaristía, bilocándose en ese pedazo de pan y poco de vino, para beneficio del que la recibe, así también nosotros debemos dar el Jesús que está encerrado en nosotros, bilocarlo, para beneficio del que la recibe. Pero, ¿cuándo fue que recibimos este Jesús que ahora debemos dar, bilocándolo?

 

La respuesta a esta pregunta, este milagro, insospechado hasta ahora, ocurre, porque han ocurrido en nosotros dos milagros extraordinarios anteriormente; o sea, que el milagro de participar en cada Eucaristía, viene en dos partes, como ya dijimos al principio.

 

(3)    En cuanto el alma se decide a vivir en mí Querer, mi Voluntad me crea a Mí mismo en el alma, - En esta primera parte, el Señor dice que en el mismo instante en que nos decidimos a vivir en Su Querer, el Ser Divino biloca Su Voluntad en nosotros, y la primera labor que esa, recién bilocada Voluntad Obrante hace en nosotros, es la de crear a un Jesús, e introducirlo en nuestra alma. Si estuviéramos leyendo este mismo capítulo en el volumen 23, Jesús diría que lo introduce en “la Esfera de Luz que es Su Voluntad reinante en la criatura que vive en Su Voluntad”.

 

¿Cómo viene este Jesús a nosotros, cómo quiere ser creado en cada uno de los que viven en Su Voluntad? Los que preparan estas Guías de Estudio piensan que es creado como recién nacido, todavía sin desarrollo, porque va a desa- rrollarse en función de nuestro obrar en Su Voluntad. Nada de esto es distinto de cómo la Voluntad Suprema actúa cuando biloca Su Voluntad en nosotros y Nos da un alma humana. Esta alma nuestra, viene a nosotros como “página en blanco”, lista para ser desarrollada en la dirección que nuestra libertad de voluntad la haga llegar, o al supremo bien de nuestra salvación, o al supremo mal de nuestra condenación eterna.

 

Comenzamos a comprender, a tener un atisbo, de la importancia que tiene esta Creación de un Jesús, particular y único en cada uno de nosotros, que Su Voluntad bilocada crea en nosotros. Ahora sabemos como viene a nosotros, pero, ¿cómo se desarrolla este Jesús? Pues en función de las labores que realizamos con Él, en Su Voluntad, y que Nuestro Señor se ha arrogado a Si Mismo, a saber, entre otras, la Labor de Misericordia, la Labor de Justicia, la Labor de Redención, y la Labor de Providencia.

 

Cada capítulo nos trae a una comprensión cada vez más profunda de aquello que Le pidió a Luisa que hiciera en las 33 visitas espirituales al Santísimo Sacramento. Es ahora, al cabo de años de estudio que comenzamos a entender; y lo que ahora entendemos es que nos unimos, no solamente al Jesús Verdadero, al que vivió, murió y resucitó, y ahora está sentado a la derecha de Su Padre, sino que nos unimos al Jesús particular que Su Voluntad ha creado en noso- tros, y al unirnos a Él, Le desarrollamos. Nuestro Jesús hace lo que el Verdadero Jesús hace.

 

Pero ahí no termina lo que sucede. No solamente desarrollamos al Jesús particular que tenemos en nosotros mismos, sino que desarrollamos a todos y cada uno de los Jesús que cada criatura que vive en Su Voluntad posee, y al mismo tiempo, atención a esto, desarrollamos, al mismo Jesús Verdadero que se engrandece aun mas, porque continúa vi-


viendo a través de nosotros; porque “le hemos dado ocasión” de que continúe viviendo, y crezca, a través de noso-

tros.

 

Repetimos. Todos los Jesús bilocados en cada criatura que vive en Su Voluntad, se desarrollan conjuntamente, porque cuando una de Sus Bilocaciones se desarrolla, también se desarrolla el Jesús Verdadero, y forzosamente se desarrollan todas las demás Bilocaciones, en todas las criaturas en las que estén. Todos claman, como clama el Jesús Verdadero, y un Jesús engrandecido por todos los actos de los que viven en Su Voluntad; y todo este Jesús piden el Reino de Su Voluntad en la tierra como en el Cielo.

 

Dijimos en el párrafo 1 del Bloque (A), que Nuestro Señor era muy cuidadoso en cómo iba “dosificando” Su Revela- ción de que La Voluntad Bilocada que obra en nosotros, Le crea en nosotros. Allí decía que Le acompañamos en Su Obrar Providente: el alma que vive en Ella es necesario que esté con confianza obrando junto Conmigo como due- ña.” Ahora sabemos que Le acompañamos, no separado de nosotros, fuera de nosotros, sino que acompañamos al Jesús nuestro, el que está dentro de nosotros. Entendamos bien. Este “estar en nosotros” no es una manera de ha- blar, sino una realidad que debe conmocionarnos y responsabilizarnos aun mas, con aquello que quiere de nosotros.

 

(4)   y a medida que mi Querer corre en la voluntad, en las obras, en los pasos del alma, tantas creaciones mías recibe. – En esta segunda parte, Nuestro Señor habla de que no solamente recibimos un Jesús inicial cuando damos el “Sí, quiero vivir en Tu Voluntad”, sino que en cada acto que realizamos porque queremos acompañarlo en Sus Labores, en este caso, Su Labor Providente, tantos nuevos Jesús son creados por Su Voluntad, y tantos nuevas Bilocaciones de Jesús quedan encerrados en esos actos realizados.

 

En el volumen 23, capítulo del 22 de Diciembre de 1927, Jesús habla de que Él se encierra en cada acto hecho en Su Voluntad, y ahora comprendemos que ese Conocimiento estaba ya encerrado en este volumen 11, y en este capítulo.

 

Para evitar confusión entendamos, que los que viven en Su Voluntad tienen un Jesús que fue creado para ellos, por Su Voluntad Bilocada y Obrante. Los Jesús de que el Señor habla en este párrafo 4, son Jesús que son creados y ence- rrados en cada uno de los actos realizados, en Su Voluntad, por esas criaturas que viven en Su Voluntad. Asimismo entendamos también, que nuestro Jesús se desarrolla en cada acto que realizamos en Su Voluntad.

 

Finalmente ahora estamos preparados para comprender mejor la Afirmación que hace en el párrafo 2; o sea, la cone- xión que existe entre los que viven en Su Voluntad, y la Eucaristía. Vayamos despacio.

 

Cuando yo ahora, armado con este Conocimiento, vaya a la próxima Misa y llegue el momento de la Consagración Eucarística, yo ahora puedo expresar que quiero acompañarlo en esta Eucaristía Providente, y al expresar que lo quie- ro, en Su Voluntad, creo un Jesús que se encierre en mi acto, y yo puedo ahora hacer que ese Jesús que mi acto ha creado, se una al Jesús que ha descendido en virtud del poder sacerdotal, y ahora ambos Jesús bilocados en ese pe- dazo de pan, y poco de vino, se dan en comunión a todos, y de esa manera puedo yo participar también, porque es necesario que lo haga, en Su Labor Providente más importante.

 

Para aquellos que necesitan de unas palabras que acompañen a este Entendimiento que ahora tengo de lo que puede y quiere Él que suceda, se puede decir algo parecido a esto que sigue:

 

Señor Mío, Tu me has hecho saber que Tu Voluntad Bilocada que Obra en mí, crea un Jesús y lo encierra en cada acto que Ella y yo realizamos conjuntamente. Así ahora, en esta Misa que estoy oyendo y en la que participo, quiero que mi Jesús y yo, estemos contigo en esta Eucaristía que el Sacerdote está realizando, porque yo quiero, como Tu quieres, acompañarte y encerrarte en el Acto más extraordinario de Tu Provi- dencia para con todos Tus Hijos, y que así suceda la verdadera, real, Sacramental transformación, no (so- lamente) en virtud de las palabras del sacerdote, sino en virtud de Tu Voluntad que obra en mí.

 

(5)    Sucede propiamente como a un cáliz lleno de partículas consagradas, por cuantas partículas hay, tantos Jesús están, uno en cada partícula. – Separamos este párrafo, porque el Señor continúa Su Analogía de lo que sucede con nosotros, es igual a lo que sucede en el Acto Eucarístico. El sacerdote pronuncia la formula de Consa- gración Eucarístico una vez, pero con esa sola Consagración, se crean tantos Jesús por cuantas hostias estén presen- tes en el altar. Así nosotros, en cada acto que realizamos en Su Voluntad, creamos un Jesús que va encerrado en el acto realizado de querer estar con Él en esa Eucaristía, Su Mas grande Expresión de Su Amor Providente.


(6)    Así el alma, en virtud de mi Voluntad me contiene en todo y en cada parte de su ser; quien hace mi Voluntad hace la verdadera comunión eterna, y comunión con fruto completo. - Por si no lo habíamos en- tendido completamente, la Voluntad Suprema que ha bilocado y obra en nosotros, crea un Jesús en cada acto que realizamos, y de esa manera, consagramos a Jesús y lo encerramos en todos y cada uno de nuestros actos en Su Voluntad. Esta manera de “consagrar a Jesús” abarca la totalidad de nuestras vidas y actos, y de esta manera, insos- pechada hasta ahora, estamos en perpetua Comunión con Él.

 

Regresamos de nuevo a lo que Nos dice en el párrafo 2, a saber, “entonces sucede la verdadera, real, Sacramental transformación, no en virtud de las palabras del sacerdote, sino en virtud de mi Voluntad.”. La verdadera, la real transformación Sacramental ocurre en cada uno de nuestros actos, porque si el objetivo de la Transformación que se realiza en el acto Eucarístico, es la de encerrarlo a Él en ese pedazo de pan, y poco de vino, nosotros, en virtud de Su Voluntad Bilocada y Obrante en nosotros, tenemos el poder de crearlo y encerrarlo en cada acto que hacemos, y esto incluye, como ya hemos dicho, al mismo Acto Eucarístico, por ser un acto más que realizamos en Su Voluntad.

 

Hay una Revelación que necesita ser analizada más completamente.

 

Con todo cuidado y precisión, porque en estos puntos tan importantes, Nuestro Señor es extremadamente preciso, Nuestro Señor Nos dice que “mi Voluntad me crea a Mí mismo en el alma”.

 

La palabra crear puede parecernos extraña, pero a poco que pensemos, nos percatamos de que el “componente ma- terial” de la persona de Jesús, o sea, Su Cuerpo Santísimo, es una creación Suya, como también lo es nuestro cuerpo; es lo que Nos da la forma humana que poseemos.

 

Por el contrario, el alma humana de Jesús, como la nuestra, no son creadas, porque nada que participa del Ser Divino puede ser creado, sino que el alma de Jesús y la nuestra, son Bilocaciones de Su Voluntad, con las que el Ser Divino Nos da la funcionalidad de seres humanos, y junto con esa Alma, esa Bilocación de Su Voluntad, Nos entregan las Tres Potencias, y la Libertad de Voluntad que nos distingue de toda otra cosa creada.

 

Por último, en la Persona de Jesús, hay un tercer componente, componente totalmente Divino, cual es la Unión Hipos- tática de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Esto es lo que sabíamos hasta ahora, pero por lo que Jesús dice en el capítulo del 18 de Julio de 1923, volumen 16, no es la Segunda Persona, la única Persona de la Santísima Trinidad que se encuentra unida hipostáticamente a Su Humanidad, sino que es la totalidad de la Trinidad Suprema la que está unida a Su Humanidad.

 

“Es verdad que se dice que el Verbo quedó concebido, pero mi Padre Celestial y el Espíritu Santo eran inseparables de Mí; es verdad que Yo tuve la parte actuante, pero Ellos la tuvieron concurrente. Imagínate dos reflectores, que uno refleje en el otro el mismo sujeto, estos sujetos son tres, el de en medio toma la parte obrante, sufriente, supli- cante, los otros dos están junto, concurren y son espectadores, así que podría decir que uno de los dos reflectores era la Trinidad Sacrosanta, el otro mi querida Mamá. Ella, en el breve curso de su vida, con vivir siempre en mi Querer me preparó en su virginal seno el pequeño terreno divino donde Yo, Verbo Eterno, debía vestirme de hu- mana carne, porque jamás habría descendido dentro de un terreno humano, y la Trinidad reflejando en Ella quedó concebida. Entonces, aquella misma Trinidad, mientras quedaba en el Cielo, quedaba concebida en el seno de esta noble Reina”.

 

Con estos antecedentes podemos ahora terminar nuestra aclaración. El Acto de Creación del Jesús “original”, el Ver- dadero Jesús, requirió la creación de un cuerpo en el que debían residir un alma humana, y la Trinidad Sacrosanta, con Jesús ejerciendo la parte actuante. Esta misma Creación de Su Persona Total, repetida en cada alma que decide vivir en Su Voluntad, es la que se Nos entrega para que la desarrollemos en nosotros mismos, en los demás que tam- bién viven en Su Voluntad, y para que, de una manera totalmente incomprensible, pero real, desarrollemos también al Mismo Jesús Verdadero que está sentado a la derecha del Padre Celestial. Los misterios se van explicando, pero solo para que sin dejar de ser misteriosos, Nos sirvan para unirnos más, a Un Dios que tanto Nos ama.

 

Resumen del capítulo del 27 de Agosto de 1913: (Doctrinal) – Página 96

 

Encontrándome en mi habitual estado, estaba lamentándome con mi siempre amable Jesús por mi pobre estado pre- sente, y con toda la amargura de mi alma le decía:


“Vida de mi vida, ¿no quieres ya tener compasión de mí? ¿Para qué vivir? No quieres más servirte de mí, todo ha ter- minado, es tal y tanta mi amargura que por el dolor me siento petrificada, pero lo que es más, que mientras yo me estoy toda abandonada en tus brazos, como si ni siquiera diera un pensamiento a mi gran desventura, los demás, y sabes quienes son, me susurran al oído: “Y, ¿cómo? Y, ¿por qué? ¿Entonces has cometido pecados? Te has distraí- do”. Y lo que es peor, mientras me dicen esto, yo siento que no quiero oírlos, pues es como si interrumpieran el sueño que me haces hacer en los brazos de tu Voluntad. ¡Ah! Jesús, tal vez no te has dado cuenta de cuán duro me es este dolor, pues de otra manera vendrías a socorrerme”.

 

Y otras muchas tonterías le decía. Entonces el bendito Jesús me ha dicho:

 

“Hija mía, pobre hija mía, te quieren afligir, ¿no es verdad? ¡Ah, hija mía, hago tanto para tenerte en paz y ellos te quieren turbar! No, no, debes saber que el primero en disgustarse si tú osaras ofenderme sería Yo, y por eso sería el primero en decírtelo, y si nada te digo, no te preocupes. Pero, ¿quieres saber quién es la causa de todo esto? Es el demonio. Él se corroe de rabia y cada vez que hablas de los efectos de mi Voluntad a quien se te acerca, monta en furor, y no pudiendo él acercarse a quien hace mi Voluntad directamente, da la vuelta y va a quien puede acercársete bajo aspecto de bien, para tener al menos el mísero intento de turbar el cielo sereno del alma en la que me deleito morar, por eso desde lejos truena y relampaguea creyendo hacer con esto alguna cosa, pero pobrecito, la fuerza de mi Voluntad rompe sus piernas y hace caer truenos y relámpagos sobre él mismo, y queda más enfurecido que antes. Además, no es cierto como tú dices: ¿A que aprovecha mi estado? Debes saber que en el alma que hace en verdad mi Voluntad, es tal y tanta la virtud de mi Querer, que en el lugar donde esté dicha alma, si Yo me acerco para mandar castigos, encontrando mi Voluntad y mi mismo Amor, no me quiero castigar a Mí mismo en esa alma, es más, por ella quedo herido y sin fuerzas, y en lugar de castigar me voy a arrojar en brazos de esa alma que contiene mi Querer y mi Amor, me reposo y quedo descansando. ¡Ah, si tú supieras en qué aprietos de amor me pones y cuánto sufro cuando te veo mínimamente descontenta o turbada por causa mía, estarías más contenta y los otros dejarían de cau- sarte molestia!”.

 

Y yo:

 

“¿Ves, oh Jesús, cuántos males hago, hasta hacerte sufrir tanto?”

 

Y Jesús inmediatamente:

 

“Hija mía, no te turbes por esto, los sufrimientos que me vienen del amor del alma contienen a la vez grandes gozos, porque el amor verdadero por cuanto lleva sufrimientos, no está jamás separado de gran gozo y de indecibles conten- tos”.

 

* * * * * * *

 

En el capítulo anterior estudiado, Jesús Nos revela sorprendentemente, que una de las primeras labores, sino es la primera que realizó Su Voluntad recién bilocada en nosotros, es la de crear un Jesús, para seguidamente, introducirlo en esa Misma Voluntad Bilocada y Obrante, en la Esfera de Luz de Su Voluntad reinante en nosotros. Este Jesús parti- cular, Nos acompaña ahora siempre, tanto en la Labor Providente, como en cada una de Sus otras Labores; a saber, entre otras, Labor de Misericordia, Labor de Justicia.

 

En este capítulo, dice el Señor significativamente, las siguientes Palabras:

 

“Debes saber que en el alma que hace en verdad mi Voluntad, es tal y tanta la virtud de mi Querer, que en el lugar donde esté dicha alma, si Yo me acerco para mandar castigos, encontrando mi Voluntad y mi mismo Amor, no me quiero castigar a Mí mismo en esa alma, es más, por ella quedo herido y sin fuerzas, y en lugar de castigar me voy a arrojar en brazos de esa alma que contiene mi Querer y mi Amor, me reposo y quedo descansando”.

 

La conclusión que debemos sacar de este capítulo, es la de que el Jesús bilocado y que habita en el alma de Luisa, no quiere tener la más mínima perturbación. Él quiere mantenerse siempre en paz, y por eso Le dice a Luisa: “¡Ah, Hija mía, hago tanto para tenerte en paz, y ellos te quieren turbar!”.

 

Cuando Jesús, el que está sentado a la derecha del Padre, “se acerca”, es decir, cuando Él baja del Cielo, y se encuen-

tra en esa ciudad o pueblo para castigarlo, si Jesús halla una bilocación de Él Mismo, en una o varias almas, que po-


seen Su Voluntad y Su Amor, Él no puede ya castigar a ese pueblo o ciudad; y, si a pesar de todo, tiene que castigar, lo hace en forma aminorada.

 

Jesús menciona esto en varios capítulos, inclusive en este mismo volumen 11, capítulo del 6 de Septiembre de 1913, que se refiere a las Horas de la Pasión.

 

En ese capítulo, Jesús Le recuerda a Luisa, lo sucedido respecto a los castigos, diciéndole: “¿Haz acaso olvidado, que Me he unido contigo, para que las hiciésemos juntos, y como he cambiado los flagelos en Gracias para toda la tie- rra?”

 

En el capítulo del 9 de Diciembre de 1916, en el prologo de las Horas de la Pasión, página 50 de la Edición del Padre Carlos, el Señor dice:

 

“En estos tiempos, quiero grandes satisfacciones, y solo quien Me hace Suyo, a Mi Mismo, Me las puede dar; y lo que en Mí encontró el Padre, Yo lo quiero encontrar en estas almas, como en otros tantos Jesús, que Me den corres- pondencia; y estas intenciones las debe repetir, en cada Hora de la Pasión que haga, en cada acción, en todo. Y si no encuentro Mis Satisfacciones, ¡Ah, para el mundo (todo) se habrá terminado! ¡Los flagelos lloverán a torrentes, ah Hija Mía, ah Hija Mía!”.

 

Resumen del capítulo del 3 de Septiembre de 1913: (Doctrinal) – Página 98

 

Mientras estaba rezando, pero yo no sé explicarme bien, puede ser también una fina soberbia mía, pero yo no pienso nunca en mí misma, en mis grandes miserias, sino siempre en reparar, para consolar a Jesús, por los pecadores, por todos, pero no es que lo piense desde antes, no, sólo basta que me ponga a rezar y me encuentro en ese punto.

 

Ahora, yo estaba pensando en esto, y mi siempre amable Jesús viniendo me ha dicho:

 

“Hija mía, ¿cómo? ¿Te preocupas por esto? Tú debes saber que cuando Yo pongo al alma en mi Voluntad y ella hace estable morada en mi Querer, siendo que mi Voluntad contiene todos los bienes posibles e imaginables, por eso el alma se siente que abunda de todo y se pone en mis mismas condiciones, esto es, que siente necesidad de dar en vez de recibir, siente que ella de nada tiene necesidad, y si algo quiere puede tomar lo que quiere, no pedirlo. Y como mi Voluntad contiene una fuerza irresistible de querer dar, sólo queda contenta cuando da, y mientras da queda más sedienta de dar, ¡y en qué aprietos se encuentra cuando quiere dar y no encuentra a quien dar! Hija, al alma que hace mi Voluntad la pongo en mis mismas condiciones, y le doy parte en mis grandes gozos y amarguras, y todo su obrar está sellado con el desinterés de sí misma. ¡Ah!, sí, quien hace mi Querer es el verdadero sol que da luz y calor a to- dos, y siente la necesidad de dar esta luz y calor; y mientras da a todos, el sol no toma nada de ninguno, porque él es superior a todo y no hay sobre la tierra quien pueda igualarlo en la luz y en el gran fuego que contiene. ¡Ah!, si las criaturas pudieran ver a un alma que hace mi Voluntad, la verían más que sol majestuoso en acto de hacer bien a todos, y lo que es más, descubrirían en este sol a Mí mismo. Así que la señal de que el alma ha llegado a hacer mi Voluntad, es si se siente en condiciones de dar. ¿Has comprendido?”

 

* * * * * * *

 

Continua el Señor con Sus Lecciones sobre la Labor Providente, pero en este capítulo cambia Su enfoque para decirle a Luisa, y a nosotros, que esta Labor Providente Suya que ella y nosotros ahora hacemos nuestra cuando vivimos en Su Voluntad, es de todo punto inevitable, porque Nos pone en las mismas condiciones en las que está Jesús. En un sentido bien especifico, se convierte en un “barómetro” que mide nuestro progreso en esta Vida en Su Voluntad que Nos ha regalado. Si queremos saber cuán dentro estamos, cuánto hemos progresado, dice el Señor, examinemos cuanto tiempo le dedicamos a pensar en nosotros, en nuestros problemas y situaciones, y cuanto tiempo dedicamos a pensar en Sus Planes, y Labores, en este caso, la Labor Providente. Esto claramente lo dice el Señor cuando dice, y extractamos:

 

“Tú debes saber que cuando Yo pongo al alma en mi Voluntad … el alma se siente que abunda de todo y se pone en mis mismas condiciones, esto es, que siente necesidad de dar en vez de recibir, siente que ella de nada tiene necesidad, y si algo quiere puede tomar lo que quiere, no pedirlo… Hija, al alma que hace mi Voluntad la pongo en mis mismas condiciones, y le doy parte en mis grandes gozos y amarguras, y todo su obrar está sellado con el de- sinterés de sí misma.”


 

Resumen del capítulo del 6 de Septiembre de 1913: (Doctrinal) Página 100 Las Horas de la Pasión - continuación -

 

Estaba pensando en las horas de la Pasión escritas, y en que como están sin indulgencias, quien las hace no gana nada, mientras que hay tantas oraciones enriquecidas con tantas indulgencias. Mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús, toda benignidad, me ha dicho:

 

“Hija mía, con las oraciones indulgenciadas se gana alguna cosa, en cambio las horas de mi Pasión, que son mis mis- mas oraciones, mis reparaciones y todo amor, han salido propiamente del fondo de mi corazón. ¿Has acaso olvidado cuántas veces me he unido contigo para hacerlas juntos y he cambiado los flagelos en gracias para toda la tierra? Por eso es tal y tanta mi complacencia, que en lugar de la indulgencia le doy al alma un puñado de amor, que contiene precio incalculable de infinito valor, y además, cuando las cosas son hechas por puro amor, mi Amor encuentra en eso su desahogo, y no es indiferente que la criatura dé alivio y desahogo al Amor de su Creador”.

 

* * * * * * *

 

El valor de las oraciones y actividades indulgenciadas, que Nuestra Santa Madre Iglesia ha establecido a través de los siglos, con el objeto de estimular la devoción y el interés de los fieles por esas prácticas religiosas, no queda disminui- do por lo que Nuestro Señor dice en este capítulo; más bien, lo que el Señor hace es exaltar el valor que tiene la lec- tura, y el consiguiente estudio, reflexión, y práctica, por referencia, de lo que entonces ocurriera.

 

Claramente establece, que la práctica de las oraciones indulgenciadas es una práctica humana, mientras que la prácti- ca de las Horas de la Pasión es una práctica toda Divina. En vez de indulgencias, dice el Señor, “Le doy al alma un punado de Amor, que contiene un precio incalculable de infinito valor”.

 

Añade, y esto es consistente con todo lo que Nos dice Él Mismo, en las Horas, que “Él quiere nuestra compañía”, y

“no es indiferente que la criatura de alivio y desahogo al Amor de Su Creador”.

 

Una observación adicional que ya hemos discutido en las clases. Cuando Jesús habla de que concede un “puñado de amor” a cada criatura que haga las Horas de la Pasión como ya anunciamos, no quiere decir que lo concede posterior al acto de hacer las Horas, sino que ese “puñado de Amor Divino” es el Bien que viene encerrado en el acto de hacer- las. No tenemos ni siquiera una idea del Bien de qué habla, pero Él dice que es de “precio incalculable”, no solo para nuestra salvación, sino para admitirnos cada vez más, en el Ámbito de Su Voluntad. Podríamos decir, y esto lo creen firmemente los que preparamos estas Guías de Estudio, que la práctica asidua de las Horas de la Pasión, son el ca- mino más rápido para llegar a vivir en Su Voluntad permanentemente, porque esta práctica es, para Él, la expresión máxima de nuestra adhesión y fidelidad a Su Persona, y a la totalidad del Ser Divino.

 

Resumen del capítulo del 12 de Septiembre de 1913: (De Diario) - Página 101 - El éxtasis de la Divina Voluntad -

 

Estaba pensando en cómo Jesús bendito ha cambiado las cosas, aún viniendo Él yo no quedo petrificada como antes, sino que en cuanto se va me siento en estado natural; yo no sé que me ha sucedido, pero lo que es más, es que me da fastidio si me viene el pensamiento, o bien que quien tiene autoridad sobre mí quiere conocer mis cosas. Entonces el buen Jesús que me vigila cada pensamiento, y ni siquiera una de estas mis cosas quiere que mi mente olvide, al venir me ha dicho:

 

“Hija mía, ¿quisieras acaso tú que Yo usara cuerdas y cadenas para tenerte atada? En un tiempo eran necesarias, y Yo con todo amor te tenía atada y me hacía el sordo ante cualquier lamento tuyo, recuérdalo. Pero ahora no lo veo ya necesario, hace ya más de dos años que he querido usar contigo cadenas más nobles, como es mi Voluntad, por eso en este tiempo te he hablado siempre de mi Querer y de los efectos sublimes e indescriptibles que mí Querer contiene y que a ninguno hasta ahora he manifestado. Mira cuántos libros quieras y verás que en ninguno encontrarás lo que te he dicho a ti de mi Voluntad. Esto era necesario para disponer tu alma al estado presente en el cual te encuentras; después de haberte tenido siempre conmigo, lo sabía muy bien, que tú no habrías podido soportar el sufrir la falta de mi presencia continua si no la hubiera sustituido con una cosa toda mía, que invadiendo toda tu alma debía tenerte raptada mucho más que como lo haría mi misma presencia, así que mi Voluntad es la que la sustituye para tenerte raptado cada pensamiento tuyo, afecto, deseo, palabra, tanto, que tu lengua habla de mi Voluntad con tal elocuencia y entusiasmo, porque está raptada por mi Querer. Por eso sientes fastidio cuando se te pregunta cómo y porqué Jesús


no viene como antes, porque estás raptada por mi Voluntad, y tu alma sufre cuando te quieren romper el dulce en-

canto de mi Querer”.

 

Y yo: “Jesús, ¿qué dices? Déjame, déjame, vete, son mis maldades las que me han reducido a este estado”.

 

Jesús ha sonreído al oír decirse: “Vete”, y estrechándome más a Él me ha dicho:

 

“No puedo irme, ¿puedo acaso separarme de mi Voluntad? Si tienes mi Voluntad debo estarme siempre contigo, mi

Querer y Yo somos uno solo, no somos dos, pero vayamos a los hechos, dime, ¿cuáles son tus maldades?”

 

Y yo: “Amor mío, no lo sé. mismo lo has dicho, que tu Voluntad me tiene raptada, ¿cómo puedo conocerlas?

 

Y Jesús: “¡Ah! ¿No las conoces?”

 

Y yo: “No puedo conocerlas, porque me tienes siempre arriba y no me das tiempo para pensar en misma, y en el acto en el que quiero pensar en mí, Tú, o me reprendes severamente hasta decirme que debería avergonzarme por hacerlo, o bien amorosamente atrayéndome a Ti con tal fuerza, que haces que me olvide de misma, ¿cómo puedo hacerlo?”

 

Y Jesús: “Si no puedes hacerlo significa que Yo me complazco más en que no lo hagas, manteniendo en ti mi Voluntad en lugar de todo y viéndose quitada alguna cosa de lo suyo, por eso te está encima y te impide pensar en ti misma, sabiendo que donde tiene en todo el lugar mi Querer, maldades no puede haber. Por eso, celoso me mantengo vigi- lante”.

 

Y yo: “Jesús, ¿te burlas de mí?”

 

Y Jesús: “Hija mía, me obligas a hablar para hacerte comprender cómo están las cosas. Escucha, para hacerte llegar a un punto tan noble y divino, Yo he hecho contigo como dos amantes que se aman hasta la locura; jamás habrías tú amado tanto mi Voluntad si no me hubieras conocido, por eso primero te he dado el éxtasis de mi Humanidad, a fin de que conociendo quién soy Yo, tú me amaras, y para atraer todo tu amor he usado contigo muchas estratagemas de amor, y tú las recuerdas, no es necesario que te las enumere. Ahora, después de haberte atraído bien, bien, a amar mi persona, has sido tomada por mi Voluntad, y la amas, y no pudiendo estar sin después de tanto tiempo, como si hubiéramos vivido juntos, era necesario que el éxtasis de mi Voluntad tomara el lugar de mi Humanidad, y todo lo que he hecho antes han sido gracias para disponerte al éxtasis de mi Voluntad, porque cuando Yo dispongo a un alma a vivir en modo más alto en mi Voluntad, estoy obligado a manifestarme para infundir gracias tan grandes”.

 

Y yo sorprendida he dicho: “¡Qué dices, oh Jesús! ¿Cómo, tu Voluntad es éxtasis?”

 

Y Jesús: “¡Sí, verdadero y perfecto éxtasis es mi Querer! Y entonces tú rompes este éxtasis cuando quieres pensar en ti, pero Yo no te dejo vencer. Por lo tanto, los tiempos que exigen grandes castigos vendrán, si bien tú no lo crees, pero creerás y quien te dirige cuando oigan de ellos, por eso es necesario que el éxtasis de mi Humanidad sea inte- rrumpido, pero no del todo, de otra manera tú me atarías por todos lados, así que haré entrar el dulce encanto de mi Querer para hacerte sufrir menos al ver los castigos”.

 

* * * * * * *

 

Interesantísimo capítulo de diario, con importantes noticias doctrinales. Nuestros comentarios serán dirigidos al aspec- to de los dos éxtasis, el éxtasis de Su Humanidad y el éxtasis de Su Voluntad. Comencemos el análisis.

 

Como de costumbre, debemos acudir al Diccionario para buscar la definición de éxtasis. Dice el Diccionario que éxtasis es:

 

1)       Estado del alma enteramente embargada por un sentimiento de admiración y alegría.

 

2)       Estado del alma caracterizado interiormente por una unión mística con Dios mediante la contemplación y el amor, e interiormente por la suspensión mayor o menor de los sentidos.


Lleguemos rápidamente a lo que nos interesa. En la línea de creación de Adán, el estado natural del alma de Adán antes del pecado, era el estado en que Luisa se encuentra ahora; estado en el que Luisa, viviendo en Su Voluntad, no se ocupa de ella para nada y solo se ocupa de las cosas de Dios. Es el mismo estado de paz y de santa indiferencia que hubiéramos gozado todos si Adán no hubiera pecado.

 

La única diferencia entre el estado de Adán antes del pecado, y el de Luisa ahora, es que en Adán no existía ningún recuerdo de cómo era todo antes de ese estado natural de éxtasis permanente en el que se encontraba, y la razón es obvia: no hubieran existido recuerdos de desavenencias con Su Creador, como sí los hay en Luisa. Pero no son estos recuerdos de desavenencia lo que hace que Luisa muestre asombro y disgusto.

 

Si leemos nuevamente como comienza el capítulo, nos damos cuenta de que Luisa afirma que ya no queda petrificada como antes: “aún viniendo Él, yo no quedo petrificada como antes, sino que en cuanto se va me siento en estado natural”.

 

Dicho de otra manera. Ha estado ocurriendo un cambio drástico en la relación de Dios con Luisa, en esta Vida en Su Voluntad. Este cambio no solo lo observa Luisa, sino que también lo observa su sacerdote confesor, que ahora cuando viene a darle la bendición a Luisa, celebrar la Misa y darle la Comunión, ya no la encuentra petrificada como antes. Todo esto requiere una explicación de Nuestro Señor, el único que puede darla.

 

Por lo que dice Jesús, Luisa ha estado en este estado de éxtasis de Su Voluntad desde el año de 1911; pero antes de esto, Luisa vivía en el éxtasis de Su Humanidad. Dicho de otra manera. Luisa ha llegado a este estado de Éxtasis de Su Voluntad indirectamente a través de lo que Jesús llama, el Éxtasis de Su Humanidad. Examinemos un poco toda esta situación.

 

En la definición del Diccionario, el éxtasis viene definido en función de unión mística con Dios, pero sabemos que pu- diéramos quedar extasiados en la contemplación de algo que no sea Dios, siempre y cuando la contemplación de ese otro algo sea lo suficientemente absorbente como para suspender nuestros sentidos y dejarnos ensimismados, “fuera de este mundo”.

 

Dicho esto, sin embargo, lo importante es que veamos que existe un segundo elemento en todo éxtasis. Por estos escritos sabemos, que hay más de un Ente Componente en el Ser Divino. En este caso, como vemos, Jesús discrimina y dice que hay un éxtasis con Él Mismo, y otro éxtasis distinto con Su Voluntad.

 

Dos preguntas vienen de inmediato a nuestra mente. La primera pregunta tiene que ver con lo que sucede en el éxta- sis de Su Humanidad, y la segunda nos hace preguntar por qué era necesario este estado de éxtasis de Su Humani- dad.

 

Contestando a la primera pregunta, sabemos que el éxtasis de Su Humanidad es más fuerte, más intenso, y que no es solo una suspensión de los sentidos, sino que en el éxtasis de Su Humanidad, el Señor rapta al alma de manera tal, que Luisa pierde toda función vital, queda petrificada, y para todos los efectos clínicos, muerta. Aunque esto no lo habíamos comentado antes, por más de 20 años, desde aproximadamente 1889 hasta el año de 1911, Luisa ha sido resucitada diariamente; milagros como el de Lázaro se repetían diariamente por Jesús, en virtud de la bendición que Él Mismo impartía a Luisa a través del sacerdote confesor.

 

Contestando a la segunda pregunta, dice el Señor que este éxtasis de Su Humanidad era necesario para prepararla apropiadamente a experimentar el Éxtasis de Su Voluntad, de manera permanente. En la primera etapa de la vida de Luisa, era necesario que Jesús la instruyera personalmente, y aceleradamente, en las “cosas de Su Voluntad”, como a veces hay que hacerlo con un estudiante al que hay que enseñar mucho y es poco el tiempo que se tiene. Esta casi constante compañía de Jesús, aunque imprescindible para conseguir esta enseñanza rápida, tenía la desventaja de que, una vez terminado el curso intensivo, Luisa no sería capaz de resistir el estar privada de Su Presencia continua. Así dice el Señor:

 

“Hija mía, me obligas a hablar para hacerte comprender cómo están las cosas. Escucha, para hacerte llegar a un punto tan noble y divino, Yo he hecho contigo como dos amantes que se aman hasta la locura; jamás habrías tú amado tanto mi Voluntad si no me hubieras conocido, por eso primero te he dado el éxtasis de mi Humanidad, a fin de que conociendo quién soy Yo, tú me amaras, y para atraer todo tu amor he usado contigo muchas estratage- mas de amor, y tú las recuerdas, no es necesario que te las enumere. -


 

Ahora, después de haberte atraído bien, bien, a amar mi persona, tú has sido tomada por mi Voluntad, y la amas, y no pudiendo estar sin Mí después de tanto tiempo, como si hubiéramos vivido juntos, era necesario que el éxtasis de mi Voluntad tomara el lugar de mi Humanidad, y todo lo que he hecho antes han sido gracias para disponerte al éxtasis de mi Voluntad, porque cuando Yo dispongo a un alma a vivir en modo más alto en mi Voluntad, estoy obligado a manifestarme para infundir gracias tan grandes.”

 

Así pues, ha estado preparando a Luisa por dos años, casi sin que ella se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo, y esto lo lograba comenzando a darle este Éxtasis de Su Voluntad, simultáneamente con el Éxtasis de Su Humanidad, sustituyendo el uno por el otro en forma gradual. Así dice Jesús: ”Pero ahora no lo veo ya necesario, hace ya más de dos años que he querido usar contigo cadenas más nobles, como es mi Voluntad, por eso en este tiempo te he ha- blado siempre de mi Querer y de los efectos sublimes e indescriptibles que mí Querer contiene y que a ninguno hasta ahora he manifestado.”

 

Como vemos, este segundo éxtasis de Sus Voluntad es mas “tranquilo”, menos intenso pero más profundo, porque si Su Plan es que regresemos al estado original en que se encontraba Adán antes del pecado, este estado de “éxtasis de Su Voluntad”, es el natural en el que quiere encontrarnos a todos los que vivimos en Su Voluntad, extasiados de Su Voluntad, en mayor o menor grado, pero extasiados.

 

De esta manera, hacemos como hace el Señor, usamos de Su Misma Lógica circular, terminando como habíamos co- menzado.

 

No podemos en realidad terminar, y aunque Jesús no lo diga, que Su Madre Santísima siempre ha vivido en este Éxta- sis de Su Voluntad, con todos Sus Sentidos embargados por esta Contemplación y este Amor, y esta Comunión perfec- ta con la Voluntad de Su Creador.

 

Resumen del capítulo del 20 de Septiembre de 1913: (Doctrinal) - Página 104 -

 

Estaba pensando en mi estado presente en el que poco o nada sufro, y Jesús rápidamente me ha dicho:

 

“Hija mía, todo lo que sucede en torno y dentro del alma, amarguras, placeres, contrastes, muertes, privaciones, con- tentos y demás, no es más que mi trabajo continuo de hacer cumplir y desarrollar en ellos mi Voluntad, cuando ob- tengo esto, todo está hecho, y por eso todo le da paz, aun el mismo sufrir parece que quiere estar lejos de esta alma, viendo que el Querer Divino es más que él, y que el alma lo tiene en lugar de todo y supera todo; parece que todos le hagan reverencia, y Yo mismo cuando el alma llega a este punto en el que de todo se sirve para hacerme cumplir el trabajo de mi Querer, la dispongo para el Cielo”.

 

* * * * * * *

 

Importante y extremadamente condensado capítulo sobre los elementos básicos de esta Vivencia en Su Voluntad. Esta condensación es necesaria porque todavía estamos en el volumen 11, pero si nos fijamos, vemos en cada línea ele- mentos que luego serán desarrollados con mucha más profundidad y extensión en volúmenes posteriores. Vayamos paso a paso.

 

(1)    Hija mía, todo lo que sucede en torno y dentro del alma, amarguras, placeres, contrastes, muertes, privaciones, contentos y demás, - Aunque no lo hemos desmenuzado mas, este primer párrafo contiene dos noti- cias de importancia.

 

a)       Todo lo que sucede en torno y dentro del alma - Claramente el Señor habla de que todo lo que nos su- cede en torno a nuestra alma, o sea, provocado por otras criaturas que interaccionan con nosotros en nuestra vida diaria, y todo lo que sucede dentro de nuestra alma, o sea, toda Sugerencia Amorosa Suya que viene di- rectamente a nosotros sin intermediarios, es trabajo Suyo. Dicho de otra manera, todos trabajan para que Él consiga Su Propósito con los que viven en Su Voluntad.

 

b)       Amarguras, placeres, contrastes, muertes, privaciones, contentos y demás – Siempre que el Señor da ejemplos de aquello que constituye el todo, debemos fijarnos con cuidado en aquello que ejemplifica Su


afirmación. El concepto de contraste causa extrañeza y provoca una búsqueda inmediata en el Diccionario. La palabra contraste significa “oposición, contraposición, o diferencia notable que existe entre personas o cosas”. Entendido esto, también entendemos rápidamente que los restantes conceptos del ejemplo son contrastes. Las amarguras y los placeres, los entendemos con facilidad, puesto que nuestra vida alterna frecuentemente en estas dos clases de situaciones. Los conceptos de muertes, privaciones, contentos, tampoco nos son extra- ños, y todos, unos mas y otros menos, son estados contrastantes. El “demás” que usa Nuestro Señor parece indicar que todo posee esta misma virtud contrastante, no en sí mismas, sino por la manera en que Nuestro Señor lo dirige todo, y Nos lo “presenta” todo, para que resulte contrastante. De hecho, como dice en el pá- rrafo 2,

 

(2)    (todo) no es más que mi trabajo continuo de hacer cumplir y desarrollar en ellos mi Voluntad. – La extraordinaria enseñanza de este capítulo, no es el hecho de que podamos vivir en Su Voluntad, y que todo lo que sucede El lo causa o lo permite, sino que lo extraordinario de este capítulo es el Énfasis que pone en hacernos saber, que todo sucede por contraste, por oposición de una cosa con la otra. Nuestra “educación” en la Vida en Su Voluntad, está salpicada por continuos contrastes, que resultan inevitables, porque ese es el Modo como Él quiere “educarnos”. Antes podíamos especular que esto era así; ahora, estamos seguros porque Él lo revela específicamente.

 

Observemos que dice “hacer cumplir”, porque nuestra vida en Su Voluntad debe estar atentísima a todo lo que cons- tituye y siempre ha constituido hacer Su Voluntad, tales como los Mandamientos, las Leyes y preceptos de Nuestra Santa Madre Iglesia relativos a la moral y practica, etc. Observemos que también dice “desarrollar en ellos”, porque la Vida en Su Voluntad se desarrolla a través de situaciones contrastantes.

 

Debemos comprender que todo lo que es contrastante causa, como mínimo, perplejidad, y a esta perplejidad se sigue disgusto, consternación a veces, desesperación otras. Después de leer y entender este capítulo, ya nada de esto debe extrañarnos. Como dice el viejo refrán español: “guerra avisada no mata soldado”. Esta es la manera, el modo que el Señor trabaja para “educarnos”, y por tanto dejemos de luchar con los contrastes; abracémoslos como cosa connatu- ral y aprendamos a dejar que pasen a través de nosotros con fluidez, sin resistencia, porque la Promesa implícita de Dios está encerrada en el párrafo 3, y esa Promesa dice que todo pasa, que ninguna situación “educativa” es perma- nente, porque cuando se educa a otro, nada de lo que sucede es un fin en sí mismo, sino que todo lo que sucede es “herramienta educativa”, que desaparece al cabo de un rato, para ser reemplazada por otra herramienta, hasta que el proceso quede concluido.

 

(3)    cuando obtengo esto, todo está hecho, y por eso todo le da paz, - Otra Revelación extraordinaria de este capítulo es que el proceso educativo termina. Hasta ahora pensábamos que la vida es un valle de lágrimas, porque son más las lágrimas que las sonrisas, y que esto no termina mientras vivimos. Esto es incorrecto. Dice el Señor que el proceso educativo termina, si, y atención a esto, nos dejamos educar. Para aquellos que no se dejan educar, tanto en la vida virtuosa como en la vida sobrenatural de Su Voluntad, el proceso no tiene termino, porque Él no ha obtenido lo que busca, y como decía C. S. Lewis, “Él no se detiene hasta conseguir lo que busca”.

 

Por el contrario, si Él “obtiene esto”, o sea, si Él obtiene que cumplamos Su Voluntad y desarrollemos esta Vida en Su Voluntad, entonces, todo aquello que antes era perplejidad, disgusto, consternación, desesperación, o desaparece, o se transmuta en Paz, porque nuestra vida educada, está ahora centrada en Él, que esto es “estar en paz”.

 

(4)      aun el mismo sufrir parece que quiere estar lejos de esta alma, viendo que el Querer Divino es más que él, - Decíamos en el párrafo anterior que otro de lo extraordinario del capítulo, es que es posible que el mismo sufrir, y por extensión, toda situación contrastante, llegue a abandonarnos, llegue a desaparecer, porque todo empe- queñece o desaparece, enfrentada a una vida educada, desarrollada en Divino Querer. La felicidad en esta tierra nues- tra, puede llegar a ser posible, pero solo porque es una felicidad divina que se nos regala mientras todavía vivimos en la tierra, porque vivimos en Su Voluntad; más en el Cielo que en la tierra.

 

(5)    y que el alma lo tiene en lugar de todo y supera todo; - Continua explicando que cuando ponemos nuestra Vida en Su Voluntad, educada por Él, por encima de todo, y en lugar de lodo lo demás, toda situación contrastante desaparece, particularmente el mismo sufrir, porque ya nada necesita ensenarnos, nuestra educación es completa.

 

(6)    parece que todos le hagan reverencia, - El Señor personifica a todas estas situaciones contrastantes, dicién- donos que quieren estar lejos de nosotros, y que nos hacen reverencian. No sabemos si el lector ha comprendido, que en este proceso educativo, cada situación contrastante es “superior” a nosotros, porque cuando se presentan, domi-


nan nuestras vidas, las retuercen, “la letra con dolor entra”; al ser “inferiores” a ellas, nos sojuzgan. Sin embargo, una vez que nos hemos dejado educar, si se presentan, ya no son “superiores” a nosotros, porque ya no nos dominan, ni somos veletas a sus vientos. Nos hacen reverencia, porque ahora nosotros somos superiores a todas estas situaciones que antes nos dominaban, porque reina en nosotros esta Vida en Su Voluntad que Nos ha regalado.

 

(7)    y Yo mismo cuando el alma llega a este punto en el que de todo se sirve para hacerme cumplir el trabajo de mi Querer, la dispongo para el Cielo. – Esta preparación, esta disposición para el Cielo, no debe asus- tarnos, sino por el contrario, debe alegrarnos. ¿Por qué el susto? Porque muchos lectores podrán pensar que mientras más avanzamos en la Vida en Su Voluntad, mas cercarnos estamos a ser llevados al Cielo; pero, ¿qué importancia puede tener esto para nosotros, si de todas maneras, estamos avanzando inexorablemente a este partir al Cielo? Par- tir, partiremos, pero cómo partir es lo importante.

 

Dicho esto, para salir rápidamente de la parte difícil del párrafo, debemos comprender estas palabras significativas, que parecen invalidar lo dicho anteriormente.

 

Dice que cuando el alma llega al punto de que “de todo se sirve para hacerme cumplir el trabajo de Mi Querer”. Comprendamos entonces que las situaciones contrastantes pueden continuar todos los días de nuestras vidas, pero ahora nos servimos de ellas para lograr Su Propósito Educativo. Ya no nos dominan, sino que las dominamos, y las utilizamos para nuestra educación, para darle ocasión de que pueda realizar Su Trabajo de desarrollo de nuestra vida en Su Voluntad.

 

Resumen del capítulo del 21 de Septiembre de 1913: (Doctrinal) – Página 105 -

 

Esta mañana, mi siempre amable Jesús se ha hecho ver con una dulzura y afabilidad indescriptibles, como si me qui- siera decir una cosa para Él muy querida y para mí de gran sorpresa. Entonces, abrazándome y estrechándome a su corazón me ha dicho:

 

“Hija querida mía, todas las cosas que el alma hace en mi Voluntad y junto Conmigo, esto es, oraciones, acciones, pasos, etc., adquieren mis mismas cualidades, la misma vida y el mismo valor. Mira, todo lo que Yo hice en la tierra, oraciones, sufrimientos, obras, están todos en acto y estarán eternamente para bien de quien los quiera. Mi obrar difiere del obrar de las criaturas, pues conteniendo en Mí la potencia creadora, hablo y creo, así como un día hablé y creé el sol, y este sol está siempre lleno de luz y calor, y da siempre luz y calor sin disminuir jamás, como si estuviese en acto de recibir de Mí creación continua. Tal fue mi obrar en la tierra, conteniendo en Mí la potencia creadora, así como el sol está en continuo acto de dar luz, así las oraciones que hice, los pasos, las obras, la sangre derramada, están en continuo acto de rezar, de obrar, de caminar, etc., así que mis oraciones continúan, mis pasos están siempre en acto de correr hacia las almas, y así de todo lo demás, de otra manera, ¿qué gran diferencia habría entonces entre mi obrar y el de mis santos?

 

Ahora, escucha hija mía una cosa muy bella, y aun no comprendida por las criaturas: Todo lo que el alma hace junto Conmigo y en mi Voluntad, tal como son mis cosas así quedan las suyas, y debido a la conexión con mi Voluntad y por el obrar junto Conmigo, participa de mi misma potencia creadora”.

 

Yo he quedado extática y con un gozo tal que no podía contener, y le he dicho: “¿Es posible, oh Jesús todo esto?”

 

Y Él: “Quien no comprende esto puede decir que no me conoce”.

 

Y ha desaparecido. Pero yo no sé decir bien, ni sé explicarme mejor, ¿quién puede decir lo que Jesús me hacía com- prender? Es más, me parece haber dicho disparates.

 

* * * * * * *

 

(1)    Hija querida mía, todas las cosas que el alma hace en mi Voluntad y junto Conmigo, esto es, oracio- nes, acciones, pasos, etc., adquieren mis mismas cualidades, la misma vida y el mismo valor. – Como de costumbre, el Señor anuncia la gran Revelación del capítulo, a saber, que todo lo que hacen los que viven en Su Vo- luntad, y junto con Él, adquieren 1) las mismas cualidades divinas, 2) la misma vida de Su Voluntad, y 3) el mismo valor Divino, que adquirirían si Él las hiciera personalmente. Cuando el Señor dice estas cosas, tan precisa y rotunda-


mente, a los que preparan estas Guías de Estudio, Les parece que Nos dice a todos a los oídos: “En verdad, en ver- dad, Te digo, hijo o hija mía, soy Yo mismo el que las hace”.

 

Estamos en el volumen 11, el volumen en el que el Señor comienza Su explicación detallada de lo que significa vivir en Su Voluntad. Esto que dice en este primer párrafo constituye el meollo de toda la Doctrina de Su Voluntad, y cómo vivir en Ella, que ira desarrollando, poco a poco, en los restantes volúmenes. Si algo tenemos que tener clarísimo en nuestras mentes, es lo que dice en este primer párrafo. Observemos lo que dice al final del capítulo: “Quien no com- prende esto puede decir que no me conoce”.

 

Las implicaciones son extraordinarias. Una de las que el Señor no menciona en este capítulo, pero que debemos re- cordar siempre, es que nuestro mérito personal, el grado de perfeccionamiento espiritual que cualquiera de nosotros pueda alcanzar y tenga cuando actúa en Su Voluntad, para nada influyen en el valor que unos u otros actos tienen frente al Ser Divino. Dicho de otra manera. Tan valiosos son los actos de uno que empieza a vivir en Su Voluntad, y los hace junto con Jesús, como los actos de uno que lleva varios años de aprendizaje y también los realiza junto con Jesús.

 

Otra de las implicaciones extraordinarias es, que debemos acoger Sus Sugerencias amorosas y actuar siempre, inde- pendientemente de nuestro fervor, de nuestras disposiciones imperfectas, de nuestra condición física. Todo esto viene porque Nos hace entender que son los actos hechos en Su Voluntad, y junto con Él lo que cuenta de nosotros, lo que necesita de nosotros para Sus Planes. Dicho de otra manera. Negarle nuestros actos en Su Voluntad, y junto con Él, por escrúpulos, por un sentido falso de nuestro propio valor o e nuestras disposiciones más o menos correctas, no es aceptable. No estamos hablando aquí de actuar en pecado mortal, porque en esas condiciones de enemistad, nada es posible, sino que hablamos del estado de imperfección en el que todos vivimos, más o menos acentuados, y que espe- ramos y sabemos mejora, en la medida que actuamos en Su Voluntad y junto con Él. ¿Cómo podemos no mejorar, actuando en Su Voluntad y junto con Él? Por el contrario, ¿cómo podemos pensar siquiera que vamos a mejorar no actuando en Su Voluntad y desasociados de Él? Dicen los científicos que por tristes que estemos, si forzamos los músculos y las expresiones faciales que acompañan a la sonrisa, nuestra tristeza desaparece.

 

Hemos enfatizado en todo momento, que no es suficiente actuar en Su Voluntad, sino que debemos hacerlo junto con Él. Es incorrecto no tenerlo a Él en nuestra mente cuando actuamos. Ambos elementos son necesarios, pero solo cuando las dos están presentes en nuestra actuación, es cuando nuestra actuación es suficiente para conseguir Sus Objetivos. Por último recordemos que el acto preventivo que debemos hacer por las mañanas de pedirle que nos acompañe en todo lo que hacemos en ese día, o sea, que venga a pensar con nuestra mente, respirar con nuestra respiración, etc., cumple cabalmente con este objetivo.

 

(2)    Mira, todo lo que Yo hice en la tierra, oraciones, sufrimientos, obras, están todos en acto y estarán eternamente para bien de quien los quiera. - No solamente lo que hacemos en Su Voluntad y junto con Él ahora, es lo que Él necesita de nosotros, sino que necesita que repitamos lo que ya Él hizo en la tierra cuando estuvo con nosotros. Todo esto lo dice indirectamente como es Su Costumbre, pero es igualmente necesario suceda para los que vivimos en Su Voluntad.

 

Solo podemos llegar a colaborar con Él como Él quiere, si actuamos en estos dos aspectos. Lo que hacemos como si Él lo hiciera, y lo que hacemos, repitiendo porque ya Él lo hizo, nos sirve para apropiarnos y esparcir para otros, todos los Bienes y Frutos que Su Actuación en la tierra ganó para nosotros. Todo parece una Sugerencia más, cuando dice, que todo lo que Él hizo “está en acto para bien de quien los quiera”, pero, ¿quién puede desdeñar tamaña Sugeren- cia? Para los que viven en Su Voluntad, es inconcebible no querer apropiarnos de los Bienes y esparcir los Frutos que Sus Actos encierran.

 

(3)   Mi obrar difiere del obrar de las criaturas, pues conteniendo en Mí la potencia creadora, hablo y creo, así como un día hablé y creé el sol, y este sol está siempre lleno de luz y calor, y da siempre luz y calor sin disminuir jamás, como si estuviese en acto de recibir de Mí creación continua. – Nuestro Señor declara que Su Actividad como Dios, como Segunda Persona de la Santísima Trinidad, habla, y cuando habla, crea, cualquiera cosa que sea el Objeto de Su Palabra creadora. Esta Actividad Divina es posible, declara Él, en una forma muy sutil, pero extremadamente efectiva, porque Ellos Tres poseen a Su Voluntad como Vida y Ejecutora de todo Su Obrar. La única diferencia, entre Su Obrar como Dios y Su Obrar como Dios humanado en la persona de Jesús. Cuando obra como Dios, la Voluntad Suprema actúa, vía el Amor Divino. Cuando actúa como Jesús, es la Voluntad Suprema biloca- da y obrante en Jesús hombre, la que actúa, vía el Amor Divino.


 

(4)   Tal fue mi obrar en la tierra, conteniendo en la potencia creadora, así como el sol está en continuo acto de dar luz, así las oraciones que hice, los pasos, las obras, la sangre derramada, están en continuo acto de rezar, de obrar, de caminar, etc. - Aunque es innecesario recordarlo, pero lo hace de todas maneras, Nuestro Señor Nos dice que cuando Él actuaba como Jesús, el Dios humanado, Su obrar contenía “la potencia creado- ra”, porque también Él, como hombre, necesitaba vivir en Su Voluntad, para que Sus Actos humanos tuvieran el valor universal que tienen.

 

Esto lo sabemos por otros capítulos en los que Nos dice, que como Él actuaba en Su Voluntad, Su Redención pudo alcanzar a todos, y tener el valor universal que tiene. Dicho de otra manera. Sus actos humanos tienen este valor universal y eterno, porque fueron hechos por un Jesús que vivía en la Divina Voluntad, y poseía la potencia creadora de una Voluntad Bilocada y Obrante en Él, como ahora, está bilocada y obra en cada uno de nosotros.

 

Aunque sea anticiparnos a lo que Nos dirá en el párrafo 6, es esta misma potencia creadora la que Nos concede cuan- do vivimos en Su Voluntad.

 

(5)    así que mis oraciones continúan, mis pasos están siempre en acto de correr hacia las almas, y así de todo lo demás, de otra manera, ¿qué gran diferencia habría entonces entre mi obrar y el de mis santos? – El punto que el Señor quiere destacar, es que la diferencia extraordinaria que existe entre Su Obrar y el de Sus San- tos, es que Sus Santos antes de Luisa, no poseían el Don de vivir en Su Voluntad, como lo tiene Luisa, y ahora noso- tros por extensión de ese Don reintegrado en Luisa. Todo lo que Él hizo está en acto de hacerse continuamente, eter- namente, y todo esto para beneficio de todos, los que viven y los que no viven en Su Voluntad.

 

(6)    Ahora, escucha hija mía una cosa muy bella, y aun no comprendida por las criaturas: Todo lo que el alma hace junto Conmigo y en mi Voluntad, tal como son mis cosas así quedan las suyas, y debido a la conexión con mi Voluntad y por el obrar junto Conmigo, participa de mi misma potencia creadora”. – Remacha, con desacostumbrada precisión en Sus Palabras, precisión que reserva el Señor para los puntos de gran importancia en este Apostolado: Todo lo que se hace en Su Voluntad, por criaturas que viven en Su Voluntad, partici- pa de los mismos efectos Divinos que tenía y tiene el obrar de Jesús, “tal y como son Mis Cosas así quedan las su- yas”, porque todos “participamos de Su Misma Potencia creadora”.

 

Ya lo dijimos anteriormente, y lo repetimos ahora. Si alguien duda, como duda Luisa, de que esto sea posible, dice el Señor: “Quien no comprende esto puede decir que no me conoce”.

 

A nosotros solo nos queda parafrasear lo que dice y así decimos: Quien no crea esto que Nos dice, no comprende nada de esta Vivencia.

 

Resumen del capítulo del 25 de Septiembre de 1913: (Doctrinal) – Página 107 La Santidad -

 

Habiendo dicho al confesor que Jesús me había dicho que la Voluntad de Dios es el centro del alma, y que este centro está en el fondo del alma, que como sol expandiendo sus rayos da luz a la mente, santidad a las acciones, fuerza a los pasos, vida al corazón, potencia a la palabra, a todo; y no sólo esto, sino que este centro de la Voluntad de Dios, mientras nos está dentro para hacer que nunca la podamos dejar, y para estar a nuestra continua disposición y ni siquiera un minuto dejarnos solos ni separados, nos está al frente, a la derecha, a la izquierda, por detrás y por do- quier, y aun en el Cielo será nuestro centro, el confesor decía en cambio que nuestro centro es el Santísimo Sacra- mento.

 

Entonces, al venir el bendito Jesús me ha dicho:

 

“Hija mía, Yo debía hacer de modo que la santidad debía ser fácil y accesible a todos, excepto para quien no la quisie- ra, y en todas las condiciones, en todas las circunstancias y en todos los lugares. Es verdad que el Santísimo Sacra- mento es centro, pero, ¿quién la instituyó? ¿Quién sojuzgó a mi Humanidad a encerrarse en el breve giro de una hos- tia? ¿No fue mi Voluntad? Por lo tanto mi Voluntad tiene siempre la supremacía sobre todo; y además, si el todo está en la Eucaristía, los sacerdotes que me llaman del Cielo en sus manos y que están más que todos en contacto con mi carne sacramental deberían ser los más santos, los más buenos, y en cambio muchos son los más malos. ¡Pobre de Mí, cómo me tratan en el Santísimo Sacramento! Y tantas almas devotas que me reciben, tal vez todos los días, debe- rían ser otras tantas santas si bastara el centro de la Eucaristía, y en cambio, cosa de llorar, están siempre en el mis-


mo punto: Vanidosas, iracundas, escrupulosas, etc., ¡pobre centro del Santísimo Sacramento, cómo quedo deshonra- do! En cambio una madre de familia que hace mi Voluntad y que por sus condiciones, no que no quiera, no puede recibirme todos los días, se ve paciente, caritativa, lleva en sí el perfume de mis virtudes eucarísticas; ¡ah!, ¿es acaso el Sacramento, o mi Voluntad, a la que ella se ha sometido la que la tiene sojuzgada y que suple al Santísimo Sacra- mento? Es más, te digo que los mismos Sacramentos producen sus frutos según las almas están sujetas a mi Volun- tad, y según la conexión que tienen con mi Querer así producen sus efectos, y si conexión con mi Querer no hay, me comulgarán pero quedarán en ayunas; se confesarán, pero quedarán siempre sucias; vendrán a mi presencia Sacra- mental, pero si nuestros quereres no se identifican estaré para ellas como muerto, porque sólo mi Voluntad en el alma que se hace sojuzgar por Ella produce todos los bienes y da vida a los mismos Sacramentos, y quien esto no com- prende, significa que es niño en la religión”.

 

* * * * * * *

 

Este es un capítulo repleto de información importante y es extremadamente consolador, particularmente en lo que dice en el párrafo 1. Por Sus Mismas Palabras en este párrafo 1, este capítulo merece ocupar un lugar de honor entre los capítulos de este volumen que tratan sobre Su Labor Providente; pero todo esto es adelantarnos demasiado. Por ahora, y antes de analizar las Palabras del Señor en este capítulo, debemos examinar un poco los antecedentes de Sus Palabras, o sea, lo que Luisa Le ha dicho al Confesor y lo que el Confesor le ha replicado.

 

Lo que dice Luisa es muy interesante y novedoso, pero hay un detalle del que el lector debe percatarse, y es que Luisa dice que “el Señor le había dicho”, pero esa conversación no ha sido documentada por ella, por lo menos no recordamos ningún capítulo anterior en el que ella hable de esto. Volviendo ahora al tema de importancia. Pero, lo que no documentó antes, lo documenta ahora, así que nada hemos perdido. Dice Luisa que:

 

“La voluntad de Dios es el centro del alma, y este centro está en el fondo del alma”; y añadimos nosotros, por tanto,

la Voluntad de Dios está en el fondo del alma.

 

Con esta alegoría Nuestro Señor quiere llevarle a Luisa y a nosotros la idea fundamental de que lo más importante de nuestras vidas, de nuestra existencia, debiera ser, y ahora afortunadamente es, Su Voluntad. Nuestra alma es lo más importante que tenemos, porque es la Voluntad Bilocada de Dios que Nos da forma y funcionalidad como seres huma- nos; pero ahora, esa Voluntad Bilocada y Obrante, esa nueva Vida de Su Voluntad que ha formado en nosotros, está en el centro mismo y fondo de esa otra Voluntad Bilocada que llamamos alma, la rige, la dirige, la ordena al Plan Ori- ginal, a la labor más importante para la que fuimos creados: la construcción, primero internamente en nosotros, y luego externamente, junto con otros seres humanos en circunstancias similares, del Reino del Fiat Supremo como en el Cielo en la tierra.

 

La alegoría pues, destaca la importancia absoluta de esta Vida en Su Voluntad que Nos regala, hablándole a Luisa de su “posición” central en el alma, y dentro de ella, su “posición” en lo más profundo posible de esa alma; pero el Con- fesor, con la docilidad propia y correcta de su vocación religiosa y su adhesión a lo establecido oficialmente, la contra- dice, y le reafirma a Luisa la posición oficial de la Iglesia respecto de que la Eucaristía, dentro del marco de la Santa Misa, es el Centro y lo más importante de nuestras vidas.

 

Como ya leemos, el Señor no contradice al Confesor, pero si quiere que el Confesor comprenda que eso que él dice, era correcto hasta ahora, que ha decidido restaurarnos esta vida en Su Voluntad que habíamos perdido, y que, por definición, consiste en una nueva Bilocación de Su Voluntad, pero ahora obrante en esa criatura, como obra en Él Mismo, y en Su Madre Santísima. Lo más importante de nuestro ser es aquello que Nos dirige y Nos sostiene en el camino en el que Nos dirige. Años más tarde, en el capítulo del 5 de Diciembre de 1921, volumen 13, Jesús le dice a Luisa lo que ocurrió el día del Desposorio Místico frente a la Santísima Trinidad, en el año de 1889:

 

“Nosotros tomamos el gobierno de tu inteligencia, de tu corazón, de toda tú, y cada cosa que tú hacías era un desahogo de nuestra Voluntad Creadora en ti, eran confirmaciones de que tu querer estaba animado de un Querer Eterno.”

 

Y comencemos ahora el análisis de Sus Palabras.

 

(1)    Hija mía, Yo debía hacer de modo que la santidad debía ser fácil y accesible a todos, excepto para quien no la quisiera, y en todas las condiciones, en todas las circunstancias y en todos los lugares. - De-


cíamos al principio que este es una Noticia muy consoladora para todos, pero que necesita que nosotros, los que vivi- mos en Su Voluntad, y cooperamos ahora con Él en el mismo plano universal que Él opera, que no debemos preocu- parnos excesivamente con la suerte de aquellos que no Le conocen directamente, porque Él se ha encargado, y aquí viene muy al punto, un “Alabado sea el Señor”, de que la santidad que Él quiere de cada uno de los seres humanos es “fácil y accesible a todos”, y dice indirectamente lo mismo cuando dice, que está accesible para todos “excepto para quien no la quisiera”.

 

Quisiéramos que todos entendieran bien este párrafo maravilloso, y lo vamos a parafrasear, porque queremos desta- car el aspecto de universalidad que es tan importante nosotros comprendamos. Así parafraseamos diciendo:

 

Hija mía, Yo debía hacer de modo que la santidad debía ser fácil y accesible a todos, y en todas las con- diciones, en todas las circunstancias y en todos los lugares, excepto para quien no la quisiera.

 

Como Dios Providente, el debía hacer para que esta Santidad estuviera accesible a todos, y accesible fácilmente, y así lo ha hecho. Hay muchas santidades posibles, cada una dependiendo de las condiciones, circunstancias y lugares en los que los seres humanos se encuentren, pero en esas condiciones, circunstancias y lugares en las que se encuen- tren, Él espera que nosotros alcancemos esa Santidad que propicia y está disponible para todos.

 

Al mismo tiempo que esta Afirmación Suya es tan sorprendente, no podemos dejar de reflexionar sobre Su otra Afir- mación de que nadie puede alcanzar la vida eterna, sino se adhiere a Él, si no cree en Él y en Su Labor Redentora y no participe de la Eucaristía.

 

Compatibilizando ambas Afirmaciones podemos decir, que todo ser humano que, sin culpa de su parte, no llegue a conocerlo por las vías ordinarias de la Evangelización, pero viva correctamente, siguiendo su conciencia básica, puede alcanzar la santidad que Él quiere para cada uno de nosotros, porque Él hará que todo ser humano llegue a conocerle milagrosamente en algún momento de su existencia, y de una manera incomprensible para nosotros, participe tam- bién del Banquete Eucarístico.

 

Sin embargo, para el que ha llegado a conocer a Jesús y Su Misión Redentora, el morir salvados, es la meta de santifi- cación, la única meta, y su punto cumbre. No siempre estarán disponibles a todos, los auxilios sacramentales, y la presencia de un sacerdote que nos ayude en el último trance. Más aun, aunque tengamos a mano todos estos auxi- lios, solo sirven para que expresemos a través de esos auxilios, nuestra adhesión y deseo de estar con Él para siem- pre. Sin este deseo de estar con Él para siempre, de poco nos sirve todo lo demás. Entendamos que esta salvación Él la ha hecho posible a todos, y es fácil, porque, de nuevo dicho, solo requiere, en última instancia, que querramos es- tar con Él para siempre, intención y deseo estos que Él propiciará para que se lo podamos expresar, en cualquier con- dición, circunstancia o lugar en la que nos encontremos. Dentro de Su Providencia, Su Misericordia y Perdón para que todos puedan alcanzar esta Salvación ya ganada por Él, ocupan el lugar correcto que Les corresponde.

 

¿No sabemos acaso ya, que toda una vida de “santidad” como la entendemos nosotros, puede perderse en un solo instante de rechazo a Él y a Su Voluntad, que eso es lo que significa un solo pecado mortal? ¿No sabemos también que toda una vida “no santa”, puede en un instante, que Él Mismo propicia, cambiar nuestra “no santidad” en la “san- tidad” correcta, porque expresamos nuestra adhesión a Él?

 

Al mismo tiempo, más universalidad que la expresada en este párrafo, no existe. El Señor es tan prolijo a veces que asusta. Dice que la santidad que conocíamos hasta ahora, la vocación divina de todo ser humano cual es su salvación, está accesible a todos, en todas las condiciones de vida en la que se encuentren: bondad o maldad; en todas las cir- cunstancias: nacidas en Su Verdad y Conocimiento, o desconociendo Su Verdad y Conocimiento; y en todos los luga- res: hasta en el más remoto rincón de la tierra.

 

Ahora, con Luisa, la meta de la Santidad se ha expandido y perfeccionado aun más, y la Santidad no es solamente salvarnos; ahora estriba en abrazar este Don de Vivir en Su Voluntad con todo nuestro corazón. Sin embargo, el Señor sabe que no todos serán llamados o aceptarán vivir en Su Voluntad. En estos últimos tiempos, toda la gama de la Santidad está disponible a todos los seres humanos, por lo que todos están llamados a santificarse en las condiciones, circunstancias y lugares en los que se encuentren.

 

(2)    Es verdad que el Santísimo Sacramento es centro, pero, ¿quién la instituyó? ¿Quién sojuzgó a mi Humanidad a encerrarse en el breve giro de una hostia? ¿No fue mi Voluntad? Una vez introducido el


concepto de santidad que el capítulo requiere, porque de la Santidad se trata todo el capítulo, el Señor entra de lleno a responder la afirmación del Confesor.

 

Como ya dijimos, de inmediato expresa Su Acuerdo de que la Eucaristía es el Centro, y que sin la Eucaristía no hay santidad para aquellos que han sido bautizados y siguen a Cristo, pero de inmediato, redirige nuestra atención, y pre- gunta: ¿Quién es Aquel y Aquella que han hecho posibles que la Eucaristía llegue a ser el Centro? La respuesta afirma que Él y Su Voluntad son los responsables, pero no es una respuesta simple, sino compleja en Su Explicación.

 

Entendamos que Su Explicación envuelve, una vez más, una declaración sobre la “separación de responsabilidades” entre los Componentes del Ser Divino. Destaca que Él lo quiso, diciendo: ¿Quién la instituyó?, o sea, ¿Quién le dio principio? Inmediatamente Nos recuerda que es Su Voluntad la que hizo realidad lo que Él quería hacer. Pero obser- vemos también que no dice en forma sencilla que Su Voluntad fue la que hizo realidad lo que Él quería, sino que “Su Voluntad sojuzgó a Su Humanidad a encerrarse en el breve giro de una Hostia”. Como vemos, la situación se com- plica, y esta “coloración” de Su Explicación trae nuevo Conocimiento que no podemos dejar pasar sin comentarios.

 

Dice el Diccionario que el verbo sojuzgar significa: “sujetar, dominar, mandar con violencia”. En base a esto, tratare- mos de explicar Sus Palabras.

 

La Decisión de las Tres Divinas Personas, la Segunda Persona actuante, y las otras dos concurrentes, de encerrar a la Persona de Jesús, en ese pedazo de pan y poco de vino, y da la orden de ejecución a la Voluntad Suprema, vía el Amor Divino, el Hijo Primogénito de Su Voluntad.

 

Entendamos mejor. En la Persona de Jesús se bilocó la Trinidad Sacrosanta en el momento de Su Concepción en Su Madre Santísima, por lo que podemos afirmar que en Jesús están “encerrados” en forma bilocada, todos los Compo- nentes del Ser Divino. Su Madre Santísima está bilocada en Él, porque Le ha dado Su Humanidad; la Trinidad Sacro- santa está bilocada porque el Señor así lo declara en el capítulo del 18 de Julio de 1923, volumen 16; está bilocada Su Voluntad, porque toda la obra humana del Señor se realiza en la Voluntad Suprema, a través de una Bilocación de Su Voluntad, y el Amor está bilocado porque el Amor es el que Le da forma y funcionalidad a la Humanidad de Jesús. En la Persona de Jesús, pues, está encerrada la Plenitud de la Divinidad.

 

Ahora bien; a la Voluntad Suprema, la ejecutora de toda Decisión Trinitaria, se Le ordena crear, bilocar, a la Persona de Jesús en ese poco de pan y de vino, pero no lo hace suavemente, sino que sojuzga a la Persona de Jesús a que se encierre en esa Hostia y Vino. Por lo que ya hemos explicado, al Bilocar a la Persona de Jesús en ese Pan y Vino, está bilocando a la plenitud del Ser Divino, que a su vez, está bilocado en Jesús.

 

Para entender este concepto final, hay que remontarse un poco atrás, hay que estudiar lo que sucede anteriormente, lo que sucede en el intervalo que va de la decisión de crear, de bilocar a Jesús en el Pan y Vino, al proceso de crea- ción de la Voluntad vía el Amor Divino. Pensamos sea apropiado, construir una posible Conversación que pudiera ha- ber ocurrido en el Circulo Divino entre todos los Participantes.

 

Segunda Persona de la Trinidad: Quiero quedarme entre Mis Hijos y Hermanos. Concurran conmigo.

 

Primera y Tercera Personas: Concurrimos

 

Voluntad Suprema: ¿Se han percatado todos de que para hacer lo que Ustedes Me piden que hagan, Yo, Voluntad Suprema, tengo que sojuzgar a la plenitud del Ser Divino, a todos nosotros que estamos en Jesús, en viles cosas ma- teriales? Debo sojuzgar a lo infinito en el breve espacio de una hostia, y reducir nuestra movilidad al pequeño giro o circulo de la Hostia de Pan; y, ¿saben ustedes que ese encierro puede ser indefinido, mientras existan esas cosas ma- teriales?

 

Todos al unísono: Si, lo sabemos, y estamos dispuestos – sojúzganos a todos, cuando sojuzgues a Jesús en ese Pan y Vino.

 

Al usar el verbo sojuzgar, el Señor abre la puerta a que entendamos que no es solo Él , el que se crea en esa hostia, porque junto con Él, inseparables de Él, también quedan encerrados La Trinidad Sacrosanta, Su Voluntad, el Amor Divino y Su Madre Santísima, que estaban bilocados en Él.


Pero esto no es todo. En la Hostia y en el Cáliz, Jesús está indefenso, y pueden hacer de Él lo que quieren. Este es el Jesús que se inmola para la salvación perpetua de todos. Los que preparan estas Guías de Estudio siempre han pen- sado que el Jesús que se crea y se encierra en las especies sacramentales, es el Jesús que, clavado en la Cruz, fue elevado para adoración de los que Le ama, y para mofa y escarnio de los que Le desprecian. Dice Jesús en otro capí- tulo, que en ese momento había cedido todos Sus Derechos, y que en este último acto libre de Su Persona, se Le en- tregaron todas las almas. Es este el Jesús que es sojuzgado y encerrado en el breve giro de una hostia, maltrecho e indefenso, pero totalmente victorioso en Su Labor Redentora; salvación para muchos y condenación para otros.

 

(3)    Por lo tanto mi Voluntad tiene siempre la supremacía sobre todo; - La afirmación, con toda fuerza, de que Su Voluntad es la que está detrás de todo, y la que tiene la Supremacía sobre todo. Su Voluntad puede y se mani- fiesta de infinitas maneras, pero en todas y cada una de esas manifestaciones, es la primera que necesita ser conside- rada, particularmente ahora, por los que viven en Su Voluntad.

 

(4)    y además, si el todo está en la Eucaristía, los sacerdotes que me llaman del Cielo en sus manos y que están más que todos en contacto con mi carne sacramental deberían ser los más santos, los más bue- nos, y en cambio muchos son los más malos. - Si pensamos solamente en las apariencias, y no lo que está de- trás de las apariencias, podremos concluir como antaño concluían los judíos, que en la apariencia externa está la san- tidad, y lo que es peor, que una santidad nueva, tiene el poder de destruir la antigua santidad. Así era notorio en los judíos, el pensar que lo externo dictaba la santidad; más aun, que lo externo que se practicaba era la santidad misma. De ahí se sigue la discrepancia que aun hoy existe entre las apariencias externas del culto dentro de los judíos, que está divorciado de su comportamiento interno, y aun el externo pero no relativo a su religión. El Señor compara ahora a muchos sacerdotes, que aparentan llevar una vida santa, porque realizan los actos de culto externo, pero no son santos, porque su comportamiento interno es pecaminoso.

 

De nuevo, la santidad es un caminar, un obrar recto en Su Presencia, consciente de Su Presencia, de Su Benevolencia, y este obrar recto no es prerrogativa de ninguna religión, ni de ninguna condición social, o circunstancia accidental, o lugar en el que sucede dicha santidad, porque la única santidad posible es la que está conectada, abierta como en el caso del cristianismo, o escondida, como en el caso de otras religiones y creencias, con el Dios humanado. ¿Qué algu- nos no le conocen? Ya Él se encargará de que Le conozcan, y una vez que Le conozcan y acepten como Su Dios y Redentor, todo estará alineado y en el orden a la santidad que se necesita.

 

(5)    ¡Pobre de Mí, cómo me tratan en el Santísimo Sacramento! Y tantas almas devotas que me reciben, tal vez todos los días, deberían ser otras tantas santas si bastara el centro de la Eucaristía, y en cambio, cosa de llorar, están siempre en el mismo punto: Vanidosas, iracundas, escrupulosas, etc., ¡pobre centro del Santísimo Sacramento, cómo quedo deshonrado! – No tenemos mucho que añadir a lo que dice.

 

(6)    En cambio una madre de familia que hace mi Voluntad y que por sus condiciones, no que no quiera, no puede recibirme todos los días, se ve paciente, caritativa, lleva en sí el perfume de mis virtudes euca- rísticas; ¡ah!, ¿es acaso el Sacramento, o mi Voluntad, a la que ella se ha sometido la que la tiene sojuz- gada y que suple al Santísimo Sacramento? – Párrafo interesantísimo. Dice primero, y claramente, que esa mu- jer del ejemplo quiere, pero no puede. Aunque no lo dice, podemos concluir también, que cuantos hay por ahí que quieren ser santos, pero no pueden porque no saben cómo serlo. En la medida que esta ignorancia de Él es sincera, y no ha llegado a ellos la evangelización, en su afán e intención de ser santos, ya lo son.

 

En segundo lugar establece claramente que esta mujer está caminando correctamente en santidad, porque la santidad ella la entiende correctamente, y la entiende como sumisión a la Voluntad de Dios, aun en esos momentos en que ella quisiera cumplir con lo externo pero no puede.

 

(7)    Es más, te digo que los mismos Sacramentos producen sus frutos según las almas están sujetas a mi Voluntad, y según la conexión que tienen con mi Querer así producen sus efectos, y si conexión con mi Querer no hay, me comulgarán pero quedarán en ayunas; se confesarán, pero quedarán siempre sucias; vendrán a mi presencia Sacramental, pero si nuestros quereres no se identifican estaré para ellas como muerto, porque sólo mi Voluntad en el alma que se hace sojuzgar por Ella produce todos los bienes y da vida a los mismos Sacramentos, y quien esto no comprende, significa que es niño en la religión. – El Se- ñor concentra Su Atención ahora exclusivamente en los Sacramentos que ha instituido, y Nos indica que estos Sacra- mentos tienen efecto de santificación, en la medida en que estamos conectados con Su Voluntad, tanto en la vida virtuosa, como en esta Vida en Su Voluntad. Los Bienes son todos de Su Voluntad, que los encierra en diferentes co-


sas, que tienen un efecto mayor o menor efecto santificador, según esta disposición básica de estar rendido a Su Vo- luntad.

 

Es casi imposible separar este capítulo de aquel otro que estudiaremos pronto, el del 17 de Diciembre de 1914, en el que estas Revelaciones adquieren aun una trascendencia mayor.

 

Resumen del capítulo del 2 de Octubre de 1913: (Doctrinal) - Página 109 El “Te Amo” con Su Voluntad. -

 

Continuando mi habitual estado, el bendito Jesús se hacía ver dentro de mí, pero tan fundido conmigo que veía sus ojos en los míos, su boca en la mía, y así de todo lo demás, y mientras así lo veía me ha dicho:

 

(A)    “Hija mía, mira a quien hace mi Voluntad y como me fundo y me hago una sola cosa con ella, me hago su vida propia, porque mi Voluntad está dentro y fuera del alma, se puede decir que es como el aire que ella respira, que da vida a todo en ella; como luz que hace ver todo y hace comprender todo; calor que calienta, que fecunda y hace cre- cer; corazón que palpita; manos que obran; pie que camina, y cuando la voluntad humana se une a mi Querer, se forma mi Vida en el alma”.

 

Después, habiendo recibido la comunión estaba diciendo a Jesús: “Te amo”. Y Él me ha dicho:

 

(B)     “Hija mía, ¿quieres amarme en verdad? Di: “Jesús, te amo con tu Voluntad”. Y como mi Voluntad llena Cielo y tierra, tu amor me circundará por doquier, y te amo se repercutirá arriba en los Cielos y hasta en lo profundo de los abismos; así si quieres decir te adoro, te bendigo, te alabo, lo dirás unida con mi Voluntad, y llenarás Cielo s y tierra de adoraciones, de bendiciones, de alabanzas, de agradecimientos. En mi Voluntad las cosas son simples, fáciles e inmensas, mi Voluntad es todo, tanto, que mis mismos atributos, ¿qué son? Un acto simple de mi Voluntad, así que si la Justicia, la Bondad, la Sabiduría, la Fortaleza hacen su curso, mi Voluntad los precede, los acompaña, los pone en actitud de obrar, en suma, no se apartan un punto de mi Querer. Por eso quien toma mi Voluntad toma todo, es más, puede decir que su vida ha terminado, terminadas las debilidades, las tentaciones, las pasiones, las miserias, porque en quien hace mi Querer todas las cosas pierden sus derechos, porque mi Querer tiene el primado sobre todo y dere- cho a todo”.

 

* * * * * * *

 

Analicemos el Bloque (A) de este bello capítulo.

 

(1)    Hija mía, mira a quien hace mi Voluntad y como me fundo y me hago una sola cosa con ella, - Jesús Le hace ver a Luisa, cómo, en realidad, Su Voluntad está obrando en ella. Toda la persona de Luisa, sus tres potencias anímicas y sus sentidos, están siendo dominados, poseídos, por la Persona, las Tres Potencias y los Sentidos de Jesús. Aunque Luisa lo ve ahora, no quiere decir que es ahora que ocurre, sino que es ahora que Él le deja ver lo que sucede de continuo. La dirección de la vida de Luisa y la dirección de todos los que le han pedido vivir en Su Voluntad y se les ha concedido el Don en préstamo, está ahora en las Manos Divinas. En los capítulos de volúmenes superiores, el Se- ñor Le hará saber con mas detalles aun, cuan extensa y completa es esta Dominación de todo su ser, que ha expresa- do su intención de rendir su voluntad humana a la Voluntad de Dios en todo, para vivir de Ella y en Ella.

 

En este párrafo que estudiamos, el Señor declara sucintamente, que Él se funde con la criatura que hace Su Voluntad, e implica, viviendo en Su Voluntad, cosa que dirá en el próximo párrafo, “Me hago su vida propia”. Referimos al lec- tor a nuestra Descripción 101 del capítulo del 6 de Abril de 1927, volumen 24, para comprender perfectamente esta primera Afirmación Suya: “Me hago una sola cosa con ella”.

 

(2)    Me hago su vida propia, porque mi Voluntad está dentro y fuera del alma, se puede decir que es co- mo el aire que ella respira, que da vida a todo en ella; - Jesús quiere hacerle saber a Luisa, que Su Voluntad Bilocada en ella, Le da vida a esta Vida en Su Voluntad, tal y como el aire que la rodea, le da vida a toda ella, y a no- sotros, cuando respiramos. En otras oportunidades Le dice, que es como un aire “balsámico”, que cura todas nuestras dolencias espirituales y adormece nuestras pasiones.

 

(3)    Como luz que hace ver todo y hace comprender todo; calor que calienta, que fecunda y hace crecer; corazón que palpita; manos que obran; pie que camina, - En la medida que los que preparan estas Guías de Estudio van desarrollando este capítulo del volumen 11, es inevitable que comprendamos, cuan bien entendemos lo


que dice en el párrafo 2 y el 3, porque estamos estudiando el capítulo del 6 de Abril de 1927, volumen 24, ya mencio- nado.

 

Dicho de otra manera. Si no hubiéramos leído, estudiado y entendido ese otro capítulo del volumen 24, pensaríamos que todo lo que dice en este párrafo, y en el párrafo 2 respecto del aire, de la luz, del calor, del corazón, de las manos y de los pies, son recursos poéticos, nuevas alegorías del Señor. Ahora comprendemos, que está hablándonos sobre lo que sucede en realidad. Si la conexión que existe entre las Dos Voluntades, la que llamamos alma y esta nueva Volun- tad Bilocada Obrante en un Cuerpo Divino de Luz que Nos ha regalado e introducido en nosotros, es una conexión similar a la conexión que existe entre una madre y su feto, estos párrafos, el 2 y el 3 hacen sentido perfecto. La tota- lidad del Ser Divino, bilocado en ese Cuerpo Divino que Nos ha dado, es nuestro aire, porque respiramos el Aire que da vida a nuestros dos cuerpos, el humano que teníamos, y el Divino que ahora también poseemos.

 

Es la Luz de esta nueva Inteligencia Divina la que hace que nuestra inteligencia humana puede entender lo que Nos enseña en estos Escritos cuando los “activamos” leyéndolos; es el Calor de este Cuerpo Divino que se transmite, se Nos pasa, a nuestro cuerpo y le da este Calor Divino tan especial, con el que podemos ahora crecer sanos y fuertes; es el Corazón de este Cuerpo Divino que hace ahora que nuestro corazón humano palpite como debe palpitar; son las Manos de este Cuerpo Divino que obran en nuestras manos, para producir obras dignas de Él; son los Pies de este Cuerpo Divino que hacen que nuestros pies humanos caminen por los caminos que El quiere caminemos.

 

Y, ¿Cómo se transmiten este aire, esta luz, este calor de un Cuerpo al otro? Se transmiten a través de la Sangre de Luz que circula en el Cuerpo Divino, porque como sucede en el proceso del embarazo humano, la sangre de la madre circula en ese pequeño feto y le da la vida de la madre.

 

(4)    Y cuando la voluntad humana se une a mí Querer, se forma mi Vida en el alma. - En el mismo instante en que el ser humano declara su intención de vivir en Su Voluntad, y con su voluntad humana quiere que esto suceda, se forma esta Vida Divina, que ahora sabemos consiste de un Cuerpo Divino que se Nos concede y dentro de ese Cuerpo Divino que ahora nos sirve de soporte y estructura rígida, vienen a nosotros Su Inteligencia, Su Memoria, y Su Voluntad Bilocada y Obrante que ahora viven para siempre con nosotros.

 

* * * * * * *

 

Y analicemos ahora el Bloque (B).

 

(1)    Hija mía, ¿quieres amarme en verdad? Di: “Jesús, te amo con tu Voluntad”. – Aunque el Señor es el que inicia la Sugerencia Amorosa del “Te Amo” que Luisa dice al recibir la Comunión, y ya sabemos que todo lo que hace- mos es responder a una Sugerencia Amorosa de Acción Suya, Él quiere redirigir la Sugerencia que Le hace hoy. Esta- mos seguros de que son muchas, incontables, las veces que Luisa ha respondido a esta Sugerencia Suya de decirle que Le ama, pero hoy, con todos estos Nuevos Conocimientos sobre esta Vida en Su Voluntad que Le está dando, el Señor quiere perfeccionar esta Sugerencia. Expliquemos esto mejor.

 

En el “Te amo” sencillo, el Señor Le sugiere al cuerpo humano de Luisa, a su voluntad humana, a que inicie estas simples palabras. Una vez que Luisa las dice, la Voluntad Bilocada y Obrante en Luisa, encerrada en el Cuerpo Divino de Luz que cohabita con, y replica, el cuerpo humano de Luisa, concurre con la acción iniciada y se producen dos ac- tos, uno humano y uno divino; el humano queda en Luisa, y el Divino, como Acto de Luz, se une al Acto Único de Dios.

 

En el “Te Amo con Tu Voluntad”, el Señor Le sugiere al Cuerpo Divino de Luz que ha formado en Luisa, y a la Volun- tad Bilocada y Obrante encerrada en ese Cuerpo Divino, para que inicie el Acto con el que se pronuncian estas sim- ples palabras. En esta expresión alterna del “Te Amo con Tu Voluntad”, el cuerpo humano de Luisa, y su voluntad humana, concurren con la acción iniciada por el Cuerpo Divino.

 

El Señor dice en un capítulo, que cuando vivimos en Su Voluntad, “la criatura hace lo que Yo quiero, y Yo hago lo que ella quiere”, por lo que independientemente de quien inicia la acción, el otro concurre, y se producen actos simi- lares. Dicho esto, sin embargo, es aparente por este capítulo, que es muy importante para Dios el que comprendamos que, vivimos mas correctamente en Su Voluntad, en la medida en la que dejamos que la iniciativa de nuestras accio- nes venga del Cuerpo de Luz y Su Voluntad Bilocada y Obrante en él, y no de nuestro cuerpo humano, y nuestra vo- luntad humana.


 

Mientras más vivimos de Su Voluntad, mientras más rendidos estamos a Ella, mejor es para nosotros, y mejor puede guiarnos Él en esta nueva Vida que Nos regala.

 

(2)    Y como mi Voluntad llena Cielo y tierra, tu amor me circundará por doquier, y tú te amo se repercuti- rá arriba en los Cielos y hasta en lo profundo de los abismos; así si quieres decir te adoro, te bendigo, te alabo, lo dirás unida con mi Voluntad, y llenarás Cielo s y tierra de adoraciones, de bendiciones, de ala- banzas, de agradecimientos. – Comienza el Señor a explicar porqué es importante que sea Su Voluntad Bilocada en nosotros la que inicie el acto de “Te Amo”, diciendo “Te Amo con Tu Voluntad”. Aunque la importancia plena de este “Te amo”, el Señor no la revela hasta el 26 de Abril de 1928, volumen 24, aquí Nos da un atisbo de su importan- cia como acto iniciado por Su Misma Voluntad en nosotros. Es obvio que nuestra Voluntad Bilocada y Obrante es una con la Voluntad Suprema, porque Su Voluntad es una e indivisible, pero como extensión de la Suprema, nuestra Vo- luntad Bilocada y Obrante es capaz de mover a la Suprema, para que el “te Amo” de Luisa llene “cielos y tierra”, y repercuta por todas partes. El Señor extiende por supuesto, esta misma valía, a cualquiera otra expresión de adhesión y Amor a Él; por lo que cuando Le adoramos, Le bendecimos, Le alabamos, Le agradecemos haciendo que Su Volun- tad en nosotros inicie el acto, Le damos a esos otros actos, el mismo valor de cuando decimos “Te amo con Tu Volun- tad”.

 

(3)    En mi Voluntad las cosas son simples, fáciles e inmensas, mi Voluntad es todo, tanto, que mis mis- mos atributos, ¿qué son? Un acto simple de mi Voluntad. – El Señor continúa con Sus Explicaciones, pero se desvía a otro punto de gran importancia y complicación, en este entendimiento cada vez mayor que quiere darnos sobre Su Divinidad.

 

Dice primero, que en Su Voluntad todo es simple, fácil e inmenso. Tratemos de entender de qué habla.

 

Su Voluntad es simple, porque se “mueve”, se “activa” con una simple palabra: Quiero.

 

Su Voluntad es fácil, de entender y de mover, porque solo se requiere que la intención de moverla, de activarla,

acompañe al “Quiero”.

 

Su Voluntad es inmensa, porque no tiene límites a Su Capacidad de hacer algo, y de encerrar ese algo, en Si Misma.

 

Ahora debemos tratar de comprender el próximo punto del párrafo y de este Pronunciamiento. Dice que Sus Atributos son un “acto simple de Mi Voluntad”. ¿Qué quiere decir el Señor con esto?

 

El “quiero” con el que se inicia toda Acción a ser realizada por la Voluntad Divina es un verbo transitivo que requiere de un objeto para ser expresado correctamente. Si yo dijera: “Quiero” a secas, los que me oyen quedarían en suspen- so esperando saber qué es lo que quiero. De igual manera, cuando Dios quiere algo, ese “querer” necesita ser com- plementado por un objeto. Sus Atributos son el Objeto de Su Quiero. Cuando decimos que Dios es Misericordioso, en realidad no hablamos correctamente, sino que debiéramos decir que Dios quiere hacer Misericordia con alguien, o sea, quiere hacer un Acto Simple de Su Voluntad con cuyo Acto va a perdonar a aquel que Él ha decidido perdonar. ¿Esta- mos complicando las cosas? No, lo que sucede es que esto de tratar de entender a Dios con Sus Mismas Palabras, es complicado de por sí.

 

Y lo que hemos dicho de uno de Sus Atributos, pudiéramos extenderlo a todos Sus Atributos. A un Dios Absoluto no podemos ni siquiera comenzar a entenderlo, pero a un Dios manifestado en Sus Atributos, si podemos comenzar a entenderlo.

 

(4)    así que si la Justicia, la Bondad, la Sabiduría, la Fortaleza hacen su curso, mi Voluntad los precede, los acompaña, los pone en actitud de obrar, en suma, no se apartan un punto de mi Querer. – En Su inimi- table Lenguaje y Sintaxis, el Señor se introduce a Si Mismo, en el “Acto simple de Su Voluntad”, porque ya sabemos que Su Voluntad no quiere nada, si Ellos Tres no lo quieren. Los tres elementos del Proceso que quiere describir, están ahora descritos completamente. La Santísima Trinidad decide ejercer uno de Sus Atributos, y este Acto simple que Ellos Tres inician, se manifiesta a aquel o aquello que es el Objeto de ese Querer de Ellos Tres, y sucede.

 

(5)    Por eso quien toma mi Voluntad toma todo, es más, puede decir que su vida ha terminado, termina- das las debilidades, las tentaciones, las pasiones, las miserias, porque en quien hace mi Querer todas las


cosas pierden sus derechos, porque mi Querer tiene el primado sobre todo y derecho a todo. Nuevamen- te, este párrafo puede entenderse alegóricamente, puesto que la vida humana del que vive en Su Voluntad no ha terminado. Si lo leemos alegóricamente, comprendemos, que al rendir nuestra voluntad humana para tomar la de Él, solo vivimos de lo que Él Nos sugiere, y por tanto podemos decir, como una manera de hablar, que nuestra vida ha terminado, y a su vez han terminado también nuestras debilidades, nuestras pasiones, nuestras miserias, cosas todas que pertenecían a esa vida anterior que ya ha terminado. Si así pensamos de este párrafo estaríamos correctos en nuestra interpretación ¿pero es posible que el párrafo tenga otra interpretación literal, y que esa interpretación literal esté “amarrada” por decirlo de alguna manera, al uso que el Señor Le hace a la expresión: “primacía sobre todo, y derecho a todo”?

Dicho de otra manera. Si interpretamos que nuestra vida humana ha terminado, porque ha quedado subordinada a la Vida Divina que encierra en nosotros, Vida que está representada por un Cuerpo Divino de Luz que encierra una Vo- luntad Bilocada y Obrante, y que la convivencia con esta Vida Divina es capaz de terminar con nuestras debilidades, tentaciones, pasiones, etc., también habríamos interpretado correctamente lo que Nuestro Señor describe en este párrafo.

 

Resumen del capítulo del 18 de Noviembre de 1913: (Doctrinal) – Página 110 -

 

Estaba pensando en mi pobre estado y cómo aun la cruz se ha alejado de mí, y Jesús en mi interior me ha dicho:

 

“Hija mía, cuando dos voluntades están opuestas entre ellas, una forma la cruz de la otra; así es entre Yo y las criatu- ras: Cuando su voluntad está opuesta a la Mía, Yo formo la cruz de ellas y ellas la cruz mía, así que Yo soy el asta larga de la cruz y ellas la corta, que cruzándose forman la cruz. Ahora, cuando la voluntad del alma se une con la Mía, las astas no quedan más cruzadas, sino unidas entre ellas, y por lo tanto la cruz no es más cruz, ¿has entendido? Y además, Yo santifiqué a la cruz, no la cruz a Mí, así que no es la cruz la que santifica, es la resignación a mi Voluntad lo que santifica la cruz; por lo tanto, también la cruz tanto de bien puede obrar por cuanta conexión se tiene con mi Voluntad, no sólo esto, la cruz santifica, crucifica parte de la persona, pero a mi Voluntad no se le escapa nada, santi- fica todo y crucifica los pensamientos, los deseos, la voluntad, los afectos, el corazón, todo, y siendo luz, mi Voluntad hace ver al alma la necesidad de esta santificación y crucifixión completa, de modo que ella misma me incita a querer cumplir el trabajo de mi Voluntad en ella. Así que la cruz y todas las demás virtudes se contentan con tener alguna cosa, y si pueden clavar a la criatura con tres clavos se alegran y cantan victoria; en cambio mi Voluntad, no sabiendo hacer obras incompletas, no se contenta con tres clavos, sino con tantos clavos por cuantos actos de mi Voluntad dispongo sobre la criatura”.

 

* * * * * * *

 

Comencemos el análisis de este capítulo.

 

(1)   Hija mía, cuando dos voluntades están opuestas entre ellas, una forma la cruz de la otra; así es entre Yo y las criaturas: Cuando su voluntad está opuesta a la Mía, Yo formo la cruz de ellas y ellas la cruz mía, así que Yo soy el asta larga de la cruz y ellas la corta, que cruzándose forman la cruz. Ahora, cuan- do la voluntad del alma se une con la Mía, las astas no quedan más cruzadas, sino unidas entre ellas, y por lo tanto la cruz no es más cruz, ¿has entendido? – Lo primero que el Señor discute es el hecho de que, cuando hay oposición entre nosotros y Él, se forma una cruz en la que las dos astas representan dos caminos opues- tos y totalmente divergentes. Si una de dos personas se pone en el asta larga de la cruz y la otra en la corta, y co- mienzan a caminar, sus caminos son totalmente divergentes, y jamás podrán encontrarse, porque están en oposición de 90 grados. Dice también, sin embargo, que cuando nosotros estamos de acuerdo con Él, nuestra asta corta, nues- tra voluntad, se alinea con Su asta larga, Su Voluntad, nuestros caminos se hacen uno, y nos encontramos uno al otro fácilmente.

 

Más aun, dice el Señor, cuando estamos en oposición, la criatura le forma una cruz a Él, y Él le forma una cruz a la criatura. El concepto es difícil pero a la larga entendible.

 

En toda Sugerencia Amorosa de Acción, existen dos cursos de acción. Uno de ellos es el preferido por Dios, y el que quiere que la criatura haga. El otro curso de acción es el opuesto a lo que Dios quiere, y si escogemos hacerlo, pudie- ra suceder que hagamos un acto pecaminoso.


Por tanto, cada vez que escogemos hacer lo opuesto a lo que Dios quiere, dejamos incompleto, sin hacer lo que Dios quería, y siempre se produce en nosotros un “vacío de amor”, que tendremos que satisfacer, o en esta vida, o en el Horno del Purgatorio. Asimismo, pudiera suceder que no solo dejamos incompleta la Sugerencia Amorosa, sino que escogemos hacer algo pecaminoso, con lo que el problema que nos hemos acarreado es doble. Asimismo, entenda- mos que Le damos una Cruz a Dios, potencialmente doble. La primera es la Cruz del acto incompleto, y de esta cruz, el Señor habla ampliamente en el capítulo del 17 de Septiembre de 1927, volumen 23.

 

La segunda de las cruces la produce el acto pecaminoso, y esta cruz es tan penosa para el Señor, que se ve forzado a retirarse de nuestra amistad, y si no nos arrepentimos de lo hecho, podemos condenarnos para siempre.

 

Asimismo entendamos, que cuando nos oponemos a lo que quiere de nosotros, Él forma una cruz para nosotros, y es la cruz del remordimiento, de la inestabilidad en que ponemos a nuestras vidas, la infelicidad que sentimos, y el desa- sosiego que proviene porque perdemos Su Paz, nos alejamos de nuestro centro, para como decíamos al principio to- mar un camino divergente, en el que no podremos volver a encontrarle, a menos que, en Su Infinita Misericordia, decida Él desandar Su Propio Camino para encontrarnos en otra encrucijada. Seguimos siendo Sus Hijos, y sigue ayu- dándonos, porque espera que volvamos a Él, pero no vivamos con la ilusión de que está contento con nosotros.

 

(2)    Y además, Yo santifiqué a la cruz, no la cruz a Mí, así que no es la cruz la que santifica, es la resigna- ción a mi Voluntad lo que santifica la cruz; por lo tanto, también la cruz tanto de bien puede obrar por cuanta conexión se tiene con mi Voluntad, no sólo esto, la cruz santifica, crucifica parte de la persona, pero a mi Voluntad no se le escapa nada, santifica todo y crucifica los pensamientos, los deseos, la vo- luntad, los afectos, el corazón, todo, y siendo luz, mi Voluntad hace ver al alma la necesidad de esta san- tificación y crucifixión completa, de modo que ella misma me incita a querer cumplir el trabajo de mi Voluntad en ella. Así que la cruz y todas las demás virtudes se contentan con tener alguna cosa, y si pueden clavar a la criatura con tres clavos se alegran y cantan victoria; en cambio mi Voluntad, no sa- biendo hacer obras incompletas, no se contenta con tres clavos, sino con tantos clavos por cuantos ac- tos de mi Voluntad dispongo sobre la criatura. – Parece que se nos olvida, por lo que el Señor Le recuerda a Luisa y a nosotros, que la cruz antes de morir Él en ella, era símbolo de maldad, porque en ella se ajusticiaban los criminales. Por lo tanto, no es la resignación a las cruces que nos vienen encima en nuestras vidas lo que nos santifi- ca, a menos que aceptemos que esa cruz es una expresión de Su Voluntad para con nosotros. Lo que en realidad santifica a la persona, es “la resignación a Su Voluntad” expresada de muchas maneras, y particularmente en la muy desagradable cruz.

 

Cuando la cruz es aceptada con resignación, sin rebeldía, aceptada como expresión de la Voluntad Divina, en esos instantes que la sufrimos, santifica a nuestra persona, pero sólo, como dice el Señor, “crucifica parte de la persona, y por tanto, solo santifica una parte de la persona”. Por ejemplo. Una persona tiene a su madre o a su hijo enfermos, y dedica toda su vida a cuidarlo. La resignación a la cruz que esa enfermedad presenta es admirable, y la santifica en la caridad hacia el prójimo, en este caso su familia; pero, a esa misma persona tan dedicada a su familia, se le presentan en ese mismo periodo de su vida, otras sugerencias amorosas que también pudieran considerarse cruces, y no las sigue, y hasta pudiera ser que las rechazara, porque piensa que la entorpecen a cumplir con esa otra cruz de la familia que ha llegado a amar tanto. Quizás no se preocupa de ir a misa pudiendo hacerlo, no atiende a otros deberes de su casa, o de su trabajo innecesariamente, quizás habla mal, y no practica la caridad con otras personas que pudieran necesitarla, etc. Lo importante es entender, que la santificación de esa persona por la obra que hace con su familia, no es completa, ni compensa por lo no hecho; más aun, pudiera estar en pecado grave por su descuido de las otras Sugerencias Amorosas que no sigue, o sigue mal. Como vemos, el problema que el Señor ataca de lleno, es un pro- blema de gran complejidad que puede sucedernos a todos y cada uno.

 

El punto que el Señor quiere hacer, es que solo la “resignación a Su Voluntad” es lo que santifica, y no cualquier cruz en particular que aceptemos; que “resignarse a Su Voluntad” es sencillamente, aceptar y acoger cada Sugerencia Amorosa de acción que Nos presenta, sea agradable o sea desagradable, y de esa manera, desarrolla Él, Su Plan de Vida para cada uno de nosotros. Cada Sugerencia Amorosa de Acción, tiene un propósito múltiple, que no solo nos ayuda a desarrollar nuestras vocaciones, nuestras misiones y estados particulares de vida, nuestras relaciones con los demás, sino que va santificándonos poco a poco, en aquellas partes de nuestra persona que más lo necesitan, para un desarrollo armonioso, seguro y santo de nuestra persona.

 

Un último punto que a estas alturas de nuestros estudios de estos Escritos no debe parecernos tan extraño. Dice el Señor que en cambio mi Voluntad, no sabiendo hacer obras incompletas, no se contenta con tres clavos, sino con


tantos clavos por cuantos actos de mi Voluntad dispongo sobre la criatura”, con lo que implica que todo Su Plan de Vida, caracterizado y definido por las Sugerencias Amorosas de Acción que Nos envía, son una cruz continua, ininte- rrumpida. ¿Cómo entender esto?

 

Recordemos el capítulo que Nos habla de que toda elección que hacemos frente a una Sugerencia Amorosa, implica un sacrificio de nuestra libertad de voluntad, que pudiendo escoger lo contrario a lo que escogemos, escoge lo que Dios quiere, y este sacrificio de nuestra libertad de voluntad es lo más precioso que podemos darle. La Sugerencia en sí misma, puede parecer inconsecuente; pero al reflejar Su Voluntad, ya no lo es, muy por el contrario, en ese instante en que Nos la presenta, es lo más importante de nuestra vida. Si tomamos conciencia y tenemos en cuenta, como Dios lo tiene, que toda Sugerencia Amorosa avanza un paso más Su Plan de Vida para con cada uno, cada Sugerencia no es inconsecuente en lo más mínimo. Todo Él lo ha diseñado para cada uno, con el objeto de que, cada acto hecho, apoyándose en el anterior, nos conduzca a Él, y al mismo tiempo Nos de felicidad, alegría y paz, aun en medio de cualquier sufrimiento.

 

Y ahora, en posesión del entendimiento que este capítulo Nos da sobre la importancia de la Sugerencia Amorosa en nuestras vidas, podremos quizás entender mejor, el próximo capítulo.

 

Resumen del capítulo del 27 de Noviembre de 1913: (Doctrinal) – página 112

 

Mi siempre amable Jesús continúa hablándome de su santísima Voluntad:

 

(A)     “Hija mía, por cuantos actos completos de mi Voluntad hace la criatura, tantas partes de Mí toma en sí, y por cuanto más toma de mi Voluntad, tanta más luz adquiere y dentro de sí forma el sol, y como este sol se ha formado de la luz que toma de mi Voluntad, los rayos de este sol están concatenados con los rayos de mi Sol Divino, así que uno se refleja en el otro, uno saetea al otro y mutuamente se saetean, y mientras esto hacen, el sol que mi Voluntad ha formado en el alma se va engrandeciendo siempre más”.

 

Y yo: “Jesús, siempre estamos aquí, en tu Voluntad, parece que no tienes otra cosa qué decir”.

 

Y Jesús:

 

(B)    “Mi Voluntad es el punto más alto que puede existir en el Cielo y en la tierra, y cuando el alma ha llegado a Ella, ha sojuzgado todo y ha hecho todo, y no le queda más que morar en lo alto de estas alturas, gozárselas y comprender siempre más esta mi Voluntad, aún no bien comprendida ni en el Cielo ni en la tierra. Se necesita tiempo para estar- nos, porque poquísimo has comprendido y mucho te queda por comprender, mi Voluntad es tal, que quien la hace puede decirse dios de la tierra, y como mi Voluntad forma la beatitud del Cielo, así estos dioses que hacen mi Volun- tad forman la beatitud de la tierra y de quienes les están junto, y no hay bien que sobre la tierra exista, que no se deba atribuir a estos dioses de mi Voluntad, o como causa directa o indirecta, pero todo a ellos se debe. Y así como en el Cielo no hay felicidad que de Mí no salga, así en la tierra no hay bien que exista que no venga de ellos”.

 

* * * * * * *

 

No nos sucede a menudo, pero nos sucede, que un capítulo que se empieza y parece fácil, se convierte en un capítulo potente y revelador como pocos. Este es uno de esos capítulos. El Bloque (A) en particular, es una maravilla de con- densación en lo que enseña, pero esa misma condensación de conocimiento, provoca grandes dificultades para llegar a extraer todo el jugo de conocimiento que Nos trae. No podemos dejar de agradecerle al Señor una vez más, el que el Conocimiento que Nos ha dado en otros capítulos, sea el que permite que podamos entender este capítulo, mucho mejor de lo que lo entenderíamos.

 

Antes de comenzar con el análisis, queremos llamar la atención del lector a lo siguiente. Los párrafos 1 al 3 aplican a todos los seres humanos, porque todos, antes de poder vivir en Su Voluntad, tenemos que vivir vidas que siguen los dictados de Su Voluntad, las vidas que Él ha diseñado para cada uno de nosotros. Asimismo, a partir del párrafo 4 al 8, el Señor hace una transición y comienza a hablar exclusivamente de lo que sucede con los que viven en Su Volun- tad. Y comenzamos.

 

(1)    “Hija mía, por cuantos actos completos de mi Voluntad hace la criatura, - La expresión “actos completos de Mi Voluntad” implica que hemos aceptado y acogido todo lo que Nos sucede, momento a momento, día a día. Si


no aceptamos esta Verdad fundamental de Su Relación con nosotros, a saber, que todo lo que Nos sucede, sucede porque Él lo causa, o lo permite, que es lo mismo que si lo causara, no podemos tener la participación especial de Él, que Él quiere tener con nosotros. La presunción que tenemos muchos cristianos y no cristianos, de que Dios no inter- viene en nuestras vidas directamente para guiarla según lo tiene diseñado, o interviene solamente en cosas de impor- tancia, es una presunción absolutamente incorrecta. Si esto no lo aceptamos, no podemos progresar. Esto nos hace recordar a una señora amiga que frecuentemente nos decía, “que a Dios hay que pedirle mucha salud, que lo demás tu misma te lo buscas”

 

Además, al introducir el adjetivo “completo”, Nos da a entender que solo haciendo lo que Él quiere, podemos comple-

tar el acto de Amor que está en el mismo corazón de todo lo que Nos pide que hagamos.

 

De todo esto hemos hablado extensamente en las clases, y muchas de las conclusiones a las que hemos llegado, las hemos documentado en otros capítulos. Aunque no lo parezca, particularmente para aquellos que están desafinados con Su Voluntad, Él Nos da a saber claramente lo que quiere que escojamos en cada Sugerencia Amorosa de Acción. Esto lo sabemos ciertamente en lo más intimo de nuestro corazón, y solo cuando no queremos hacer lo que claramen- te Nos pide que escojamos hacer, es cuando nos inventamos toda esta tontería que llamamos discernimiento. Pedimos discernimiento a terceros, a parientes, a amigos, a religiosos, siempre con la esperanza de que nos aconsejen lo que secretamente queremos hacer, que no es lo que Dios ha sugerido, y así lo hacemos, pero no pensemos por eso que hemos encontrado la solución y nuestra acción es inútil e incompleta ante Sus Ojos, porque Él no va a “cambiar de opinión” en lo que quiere de nosotros. Entendamos esto: se Nos ha dado la libertad de rechazar lo que Nos pide que hagamos, pero no se Nos ha dado la prerrogativa de cambiar el Plan de Vida que tiene para cada uno de nosotros.

 

(2)    tantas partes de Mí toma en sí, - Este es uno de los aspectos que el Señor condensa en esta breve expresión, en este breve Bloque (A), que resulta totalmente enigmático, a menos que entendamos lo siguiente.

 

El Plan de Vida que tiene para con cada uno, tiene aspectos particulares que atañen a cada uno distintamente. Dicho esto, sin embargo, hay un aspecto en el Plan de Vida que es general para todas Sus Criaturas, y es el siguiente: Dios quiere compartir con cada uno de nosotros Su Felicidad, Su Alegría, en fin, todas Sus Cualidades que de una manera u otra se han incorporado en todo lo que ha hecho, hace y hará por nosotros. Mi Plan de Vida está diseñado para que, si lo sigo y hago cabalmente, Él pueda compartir conmigo, todo aquello de Él, que Él ha decidido compartir conmigo. Y lo que digo de mí, lo puedo decir de todas las restantes criaturas. No comparte con cada uno de nosotros, todo lo que Él es, o todo lo que Él ha hecho, hace, y hará, sino que comparte con cada uno de nosotros, la “parte” de Él que Él ha decidido compartir. ¿Un ejemplo? Es muy probable, que muchos de nosotros, que vivimos en Su Voluntad, no llegue- mos a adquirir la Santidad de un San Agustín, o de una Santa Mónica, pero, sin embargo, podemos vivir en Su Volun- tad, Don que a estos dos Santos no se les concedió. ¿Decimos esto para comparar santidades, o pensar que nosotros somos más santos, o ellos dos son más santos? Por supuesto que no. Lo decimos para que el ejemplo impacte con algo que ya sabíamos, pero tiende a olvidarse, a saber, que el Señor Nos conduce a todos por distintos caminos de Santidad, según Sus Designios.

 

Así pues, resumiendo, o volviendo al punto, decimos que cada vez que hacemos lo que Nos sugiere, y lo hacemos en

forma completa, tomamos de Él la partecita del total de Sus “Partes” que Él había decidido, recibiéramos.

 

Dicho de otra manera. En cada acto completo que hacemos, Él Nos da una partecita de lo que Él es, incorporado en lo que hace, para que la poseamos y participemos de lo que Él es y de lo que hace; y, si cumplimos fielmente todo lo que Nos pide en el curso de nuestras vidas, llegaremos a poseer todo lo que de Él, Él había decidido participar con nosotros.

 

(3)    y por cuanto más toma de mi Voluntad, tanta más luz adquiere – El Señor ahora hace una “transición” muy importante en Su Pensamiento y en el Conocimiento que Nos da, porque necesita que entendamos que Él no tiene “partes” como tales; sino que en realidad lo que tomamos de Él, es una extensión de Su Luz, de Su Voluntad que es Él Mismo. Decimos extensión, porque ya sabemos que Su Luz, Su Voluntad es indivisible, es una. Esta ecuali- zación de las “partes que tomamos de Él”, con el concepto ahora “de que adquirimos Luz de Él” es extremadamente importante para que pensemos como adultos en la Religión y no como niños.

 

Así pues, cada vez que completamos Su Acto de Amor encerrado en la Sugerencia Amorosa que Nos envía, adquirimos una extensión de Su Luz que Él quiere compartir con nosotros, y de hecho comparte. Mientras más hacemos, mas partes de Él tomamos, porque más Luz adquirimos.


 

(4)    y dentro de sí forma el sol, - Hasta este párrafo 4, el Señor estaba hablando en términos generales de lo que sucede con todas y cada una de las criaturas humanas que han existido, existen y existirán, porque todos, sepamos esto o no, entendamos esto o no, “marchamos al compas de Su Tambor”. Ahora sin embargo, el Señor vuelve a hacer otra “transición” de gran importancia. Entendamos.

 

En el proceso de acoger, aceptar y completar cada Sugerencia Amorosa que Nos presenta, el día llega en que Nos da la Sugerencia más importante de nuestras vidas, a saber, Nos sugiere que Le pidamos el Don de Vivir en Su Voluntad. Nuestra vida antes de esta Sugerencia, y después de esta Sugerencia es radicalmente distinta. En cuanto aceptamos vivir en Su Voluntad, sabemos que el Espíritu Santo forma en nosotros un Cuerpo Divino de Luz, y como parte de ese Cuerpo de Luz, encierra en una Esfera de Luz, una Extensión de Su Voluntad, una Bilocación de Su Voluntad, para que a partir de ese momento actúe con nosotros, y haga posible esta Vida en Su Voluntad que hemos pedido y aceptado. Esto es lo que significa Sus Palabras al parecer alegóricas, “y dentro forma el Sol”.

 

Hasta el momento que empezamos a vivir en Su Voluntad, nuestra vida era manejada a influjos de Su Gracia, la Mani- festación Sensible de Su Amor, con cuya Gracia Nos guiaba hacia Él. Ahora sustituye a la Gracia, que es una creación Suya más, con Su Propia Voluntad increada. Hablando en forma tradicionalmente cristiana, ya no obramos al influjo de la Gracia, sino que obramos bajo el influjo de Su Misma Voluntad que ha Bilocado en nosotros. Ha tomado ahora las riendas de toda nuestra persona a través del Cuerpo de Luz que ha formado para nosotros.

 

(5)    y como este sol se ha formado de la luz que toma de mi Voluntad, - Reafirma ahora lo que ha comenzado en el párrafo anterior, y de esta misma forma continuará hasta el final, en la más perfecta pero condensada manera de explicar lo que es la Vida en Su Voluntad. Lo único que falta a esta Descripción de tres líneas a lo mas, es declarar el Objetivo Último de porqué es necesaria esta Vida en Su Voluntad, o sea, cómo con esta Vida contribuimos y hace- mos posible la Venida del Reino del Fiat Supremo como en el Cielo en la tierra.

 

En este párrafo comienza a explicar la comunicación perfecta que existe entre el sol que ha formado en nosotros y el Sol que es Su Voluntad. Dice primero que nuestro sol, nuestra Voluntad Bilocada y Obrante, “se ha formado de la Luz que toma de Su Voluntad”. Hemos dicho en múltiples ocasiones que este sol que forma es una extensión del Sol Di- vino de Su Voluntad, y que solo puede ser de esta manera, puesto que la Luz Divina no puede dividirse, puede “esti- rarse” si se quiere decir de esta manera, pero no dividirse.

 

(6)    los rayos de este sol están concatenados con los rayos de mi Sol Divino, - Al hablar de concatenación, o sea, encadenamiento, claramente alude al concepto anunciado de que Su Voluntad fluye en esta otra que ha bilocado en nosotros, sin ninguna dificultad, porque lo único que ha ocurrido es que el “cauce” del Rio de Luz de Su Voluntad, ahora fluye en un pequeño “arroyito” que ha puesto en nosotros.

 

En repetidas ocasiones, tanto Luisa, como Nuestra Madre Santísima, como el Mismo Jesús hablan del Mar de Luz de Su Voluntad. Esta fluidez de Su Voluntad representada por el mar, queremos nosotros ahora anunciarla con otra ima- gen, la de que Su Voluntad es como un Rio de Luz. Dentro de esta imagen, imaginemos que cuando Nos regala Vivir en Su Voluntad, Su Voluntad desvía Su Curso, y ahora fluye a través de nosotros, como un río al que se le ha hecho una zanja, y ahora ese río fluye a través de esa zanja y forma un pequeño arroyo, con cuya agua, irrigamos ahora la tierra de una finca, y luego de irrigar esa tierra, el agua del arroyo se incorpora al río principal. Más aun, el arroyito se nutre de las aguas del río, y ese rio le trae toda clase de minerales y nutrientes que esa tierra va a necesitar, pero cuando el arroyo se une al rio, después de irrigar las tierras, lleva consigo también lo que ha arrastrado de aquello que ha irrigado, con lo que ahora el rio es más rico que antes. No creemos que sean necesario entrar en los detalles de cómo esta imagen aplica a los que vivimos en Su Voluntad. Lo que si importa ahora, es que entendiendo esta imagen podremos entender mejor lo que dirá en los párrafos 3 y siguientes del Bloque (B).

 

(7)    así que uno se refleja en el otro, uno saetea al otro y mutuamente se saetean, - Bellísima expresión que el Señor utiliza con frecuencia para indicar que nuestra Voluntad Bilocada y la Voluntad Suprema están en continua comunicación, pero no es una comunicación estática e infrecuente, sino que es dinámica y constante. Si se quiere un ejemplo podemos decir, y esto es verídico, que cuando los presidentes de Estados Unidos dejan de serlo, siguen reci- biendo todas las comunicaciones que llegan al presidente actual, de manera tal, que aunque ya no gobiernan directa- mente, están al tanto de todo lo que sucede en la misma presidencia que han dejado. De igual manera sucede con nuestra Voluntad Bilocada y Obrante. Aunque no lo sepamos, ni nos demos cuenta, nuestra Voluntad Bilocada está al tanto de todo lo que sucede en el Cielo, porque como decíamos en la imagen del río y el arroyo, Su Voluntad fluye a


través de nosotros. Esto es inevitable, lo que sucede es que como no tiene autoridad para actuar en las decisiones supremas, nuestra voluntad debe contentarse con estar informada. Este es un punto importantísimo, al que el Señor le dedica todo un capítulo, el del 8 de Marzo de 1914, que sigue a este.

 

Desde el punto de vista más práctico, si esto es posible, lo que el Señor describe con este ”saeteamiento”, es, por parte de Él, el proceso de adquirir los Conocimientos sobre las Verdades Divinas que sucede día a día, en esta Vida en Su Voluntad que hemos emprendido, y nuestro “saeteamiento” cuando realizamos los actos que esos Conocimientos nos Sugieren.

 

(8)    y mientras esto hacen, el sol que mi Voluntad ha formado en el alma se va engrandeciendo siempre más. - En este “saeteamiento” continuo, la Voluntad Bilocada y Obrante que ha formado en nosotros, va desarrollán- dose en la manera que Él desea, porque también el desarrollo de ella, es parte de nuestro Plan de Vida. Lo que lee- mos, lo que practicamos de lo que leemos, obedece también a un Plan General de Vida y Desarrollo de nuestra nueva “personalidad”, y así ahora, las Sugerencias Amorosas para nuestra vida natural están acompañadas por otras Suge- rencias Amorosas de Acción para el desarrollo de nuestra vida Divina.

 

* * * * * * *

 

Y continuemos ahora con el análisis del Bloque (B).

 

(1)    Mi Voluntad es el punto más alto que puede existir en el Cielo y en la tierra, y cuando el alma ha lle- gado a Ella, ha sojuzgado todo y ha hecho todo, y no le queda más que morar en lo alto de estas alturas, gozárselas y comprender siempre más esta mi Voluntad, aún no bien comprendida ni en el Cielo ni en la tierra. Jesús no presta mucha atención a lo que Luisa dice, porque tendría que reganarla fuertemente, y continúa esta Descripción condensada de lo que es el Don de Vivir en Su Voluntad, que es el Objetivo de este capítulo.

 

Hasta ahora Nos había dicho que cuando damos el “sí, quiero vivir en Tu Voluntad”, Él forma este Cuerpo Divino de Luz que encierra, entre otros elementos Divinos, a una Esfera de Luz y dentro de Ella encierra a Su Voluntad Bilocada y Obrante, y que siguiendo un proceso continuo de estudios y practica de Conocimientos sobre las Verdades Divinos, esta Vida en Su Voluntad, este “Sol que Su Voluntad ha formado” se va desarrollando poco a poco. Ahora, en este primer párrafo el Señor Nos da a entender lo siguiente que tiene que suceder, y que solo puede suceder si somos fieles, si persistimos en nuestra determinación de querer Vivir en Su Voluntad. Estamos en el volumen 11, y por tanto no habla de que Nos ha otorgado este Don en préstamo, y que para dárnoslo permanentemente, en propiedad, tene- mos que mostrar una fidelidad estable, como lo hará en el volumen 17. Sin embargo, aquí habla de esta fidelidad pero en términos de un viaje en el que llegamos a un destino. Así dice que “cuando el alma ha llegado a Su Voluntad, que es el punto más alto, etc.” Es obvio que está hablando del “viaje” de la vida, pero en este caso, habla del “viaje” de la vida en Su Voluntad. La Salvación solo la conseguimos si persistimos, particularmente si persistimos en el momento final, y aquí la “permanencia” de la Vida en Su Voluntad la conseguimos con nuestra persistencia, particularmente también en el momento final.

 

Dice, y es importante que lo enfaticemos que este “viaje” no es un viaje fácil, que el ser humano necesita sojuzgar todo su ser, ha tenido que rendir siempre su voluntad, y este rendir no siempre ha sido suave, ha tenido que sojuzgar su voluntad a la de Él. Es la segunda vez que el Señor utiliza el verbo sojuzgar en este volumen 11. En el capítulo del 25 de Septiembre de 1913, ya estudiado, decía que Él Mismo había tenido que sojuzgarse en el Milagro Eucarístico a Su Voluntad, y ahora aquí dice que también nosotros tenemos que sojuzgarnos a Su Voluntad, y, añade, “lo hemos hecho todo”, o sea hemos hecho todo lo que Nos ha pedido que hagamos como parte de nuestro Plan de Vida.

 

Resumiendo hasta ahora. El proceso de vivir en Su Voluntad seguido fielmente, día a día, a veces fácilmente, a veces con gran dificultad, nos lleva al punto más alto posible, el de poder vivir en esa Voluntad permanentemente. La pre- gunta obligada es: ¿termina aquí el proceso? ¿Hemos llegado a la meta? Por lo que continua diciendo, puede parecer que sí, porque dice que cuando llegamos a este punto alto, podemos gozar de nuestro logro, pero inmediatamente continúa diciendo que es ahora que empezamos a comprender más Su Voluntad, con lo que implica que el proceso no ha terminado, ni terminará nunca. No termina para Luisa como Le dirá a Luisa en el próximo párrafo, ¿cómo puede entonces terminar para nosotros?

 

Muchas veces hemos dicho en las clases que el vivir “en préstamo” o el vivir “en propiedad” es algo que no significa

un cambio para nosotros. Vivimos en Su Voluntad que es lo importante, y lo que hacemos tiene igual valor, el resto es


un “detalle” que quiere que sepamos, pero que no afecta para nada lo que tenemos que hacer. Como se diría en el ejercito, hemos firmado nuestro enrolamiento de por vida; el que ganemos más o menos galones de mando, no cam- bia en nada lo que tenemos que hacer, ni cómo debemos comportarnos. Dicho de otra manera. En este “ejercito de Su Voluntad”, tanto obedece el soldado como el oficial, y si el Jefe del Ejercito está más o menos contento con noso- tros, eso a nosotros no nos compete, porque Su “contentura” no implica reposo para nosotros. Así el Señor Nos permi- te gozar de lo que vamos adquiriendo, pero no creamos por eso, que ya tenemos que “parar de aprender”.

 

(2)    Se necesita tiempo para estarnos, porque poquísimo has comprendido y mucho te queda por com- prender, - Ya hemos comentado en el párrafo anterior lo que esto significa, pero también Le anuncia a Luisa, que el tiempo de su vida que ha transcurrido no es suficiente para lo que Él quiere enseñarle, y ya sabemos que Luisa vivió 34 años mas de “aprendizaje”.

 

(3)    mi Voluntad es tal, que quien la hace puede decirse dios de la tierra, - Comienza ahora a darnos más “detalles” de lo que ocurre, cuando llegamos a vivir en Su Voluntad en propiedad, y aquí sí que definitivamente, la cosa se pone muy interesante.

 

Es posible que el lector quede tan impresionado con Su Afirmación de que “puede decirse Dios de la tierra”, que ya no quiera estudiar más, el porqué el Señor hace esa Afirmación de Luisa y nosotros.

 

Creemos que lo que quiere que entendamos es, que al llegar a este punto de desarrollo de nuestra vida en Su Volun- tad, nos hemos convertido en el arroyo perfecto, a través del cual, el Señor continúa Su Labor en la tierra, como si Él estuviera de nuevo en la tierra, realizando todo lo que Él hubiera querido realizar; y, entendamos esto bien esto: cuando Él estaba en la tierra, Dios estaba en la tierra.

 

Ya Nos ha dicho en otras ocasiones y en este mismo volumen que Él quiere hacerlo todo con nosotros, y cuando he- mos llegado a vivir en Su Voluntad en propiedad, ya Él no tiene que preocuparse de nosotros, sino que, para todos los efectos, Él vive en nosotros, sin ninguna dificultad, sin ninguna reserva o desconfianza. Su Divinidad, Su Hacer, todo Él, fluye a través de nosotros sin ninguna traba, pero al fluir a través de nosotros, arrastra de nosotros todo lo que somos ahora, todo lo que hemos hecho ahora, y el Verdadero Jesús, el que está sentado a la derecha del Padre, es ahora un Jesús engrandecido por lo que a través de mí, Él ha realizado. Este nuevo status es un status eterno, es como si siempre, los que vivimos en Su Voluntad, hubiéramos estado en este status, porque hemos entrado en un status intemporal, Divino para todos los efectos y consideraciones.

 

(4)    y como mi Voluntad forma la beatitud del Cielo, así estos dioses que hacen mi Voluntad forman la beatitud de la tierra y de quienes les están junto, - El Señor afirma dos puntos, uno de ellos es rápidamente entendible, el otro no tanto.

 

En el primer punto, el entendible, dice, que la Voluntad Suprema forma la beatitud del Cielo, y la nuestra, o sea, las Voluntades Bilocadas y Obrantes, al ser extensiones de esta Voluntad Suprema aquí en la tierra, encerradas en cada uno de los seres humanos que viven en Su Voluntad, necesariamente hacen la beatitud de la tierra, o sea, hacen para que Dios “haga llover sobre todos, y para que el sol salga para todos”. En varias ocasiones Le dice a Luisa, que Él quiere que ella se alimente, porque como Él tiene que alimentarla a ella, nos alimenta a todos. Este concepto de la Providencia Divina en todo lo creado, en consideración a los que viven en Su Voluntad, es un punto ignorado por des- conocido, y aun cuando llegue a ser conocido, difícil de aceptar por aquellos que no vivan en Su Voluntad. Asimismo para que no entre en nosotros ni sombra de envanecimiento, debemos comprender que somos la beatitud de la tierra, porque es Dios mismo el que actúa a través de nosotros, que lo que tenemos de especial lo tenemos, porque Él vive y obra en nosotros y con nosotros, a través de Su Voluntad Bilocada y Obrante.

 

En el segundo punto, el no entendible rápidamente, dice que los que viven en Su Voluntad en la tierra, hacen también la beatitud “de los que están junto”. Si ya sabemos que nada de lo que dice es ocioso, es deber nuestro entender lo qué el Señor quiere decir con esto.

 

Podemos interpretarlo de dos maneras. Podemos pensar que el Señor habla de los que están próximos, o viven pró- ximos, a los que viven en Su Voluntad, o sea, los parientes, amigos, y conocidos del que vive en Su Voluntad. No nos parece sea una interpretación equivocada, puesto que el Señor Le dice a Luisa que todos los que están a su alrededor, o sea, gravitan alrededor de ella, se salvarán; por lo que es posible, que también los que gravitan alrededor de noso-


tros, los que vivimos en Su Voluntad, alcancen también la beatitud de la salvación. Sin embargo, esta interpretación nos parece un tanto estrecha por lo particular. Analicemos esta otra interpretación.

 

Un pequeño preámbulo. En el capítulo del 15 de Marzo de 1912, de este mismo volumen 11, Le dice a Luisa lo si-

guiente. Hemos subrayado a aquellas partes que nos parecen pertinentes al tema de “junto”.

 

“Hija mía, mi Voluntad es la Santidad de las Santidades, así que el alma que hace mi Voluntad, por cuanto fuera pequeña, ignorante, ignorada, deja atrás a todos los demás santos, a pesar de los portentos, de las conversiones estrepitosas, de los milagros que hayan hecho, es más, confrontándolos, las almas que hacen mi Voluntad son reinas, y todas las demás están como a su servicio. El alma que hace mi Voluntad parece que no hace nada, pero hace todo, porque estando en mi Voluntad obran a lo divino, ocultamente y en modo sorprendente, así que son luz que ilumina, son vientos que purifican, son fuego que quema, son milagros que hacen hacer los milagros, y quie- nes los hacen son sólo los canales, porque en ellas es donde reside la potencia para hacerlos, así que son el pie del misionero, la lengua de los predicadores, la fuerza de los débiles, la paciencia de los enfermos, el régimen de los superiores, la obediencia de los súbditos, la tolerancia de los calumniados, la firmeza en los peligros, el heroísmo de los héroes, el valor de los mártires, la santidad de los santos, y así de todo lo demás, porque estando en mi Vo- luntad concurren a todo el bien que puede haber en el Cielo y en la tierra.”

 

Pensamos que la beatitud que forman a “los que están junto” son aquellos otros seres humanos que tienen la misma misión y la misma vocación de los que viven en Su Voluntad, y esto es consistente con nuestra interpretación de que el Reino de Su Voluntad en la tierra como en el Cielo, estará formado por criaturas que, en conjunto, tengan todas las vocaciones, oficios y misiones humanas, para que la Sociedad del Reino del Fiat Supremo esté completa, y los logros de esa Sociedad puedan ser plenos. Así, habrá un Misionero, si no lo hay ya, que viviendo en Su Voluntad ya ha for- mado o formará la beatitud de todos los demás misioneros que hayan vivido, vivan y vivirán. Asimismo habrá un pin- tor, si no lo hay ya, que viviendo en Su Voluntad, forme o formará la beatitud de todos los pintores que hayan vivido, vivan o vivirán. Y así de todas las demás vocaciones, misiones y oficios humanos.

 

(5)    y no hay bien que sobre la tierra exista, que no se deba atribuir a estos dioses de mi Voluntad, o co- mo causa directa o indirecta, pero todo a ellos se debe. El Señor ahora añade, que lo que hacen los que viven en Su Voluntad, no solamente impacta directamente a los que “les están junto”, sino que impacta indirectamente a todos los demás, puesto que todo acto hecho en Su Voluntad, es un acta intrínsecamente universal por divino, y que no puede ser de otra manera. Asimismo, pudiéramos decir que los que viven en Su Voluntad, actúan directamente, puesto que muchas de nuestras peticiones, que sabemos de antemano Dios las quiere, pueden estar dirigidas a una persona en particular. Por ejemplo, cuando oramos por la conversión de un pecador, oramos por ese individuo direc- tamente, pero nuestro acto se expande universalmente, y estamos orando por todos los pecadores en ese mismo momento.

 

(6)    Y así como en el Cielo no hay felicidad que de Mí no salga, así en la tierra no hay bien que exista que no venga de ellos. - Nada podemos añadir a estas Palabras finales del Señor, que recapitulan lo dicho anteriormente en forma inequívoca.

 

Resumen del capítulo del 8 de Marzo de 1914: (Doctrinal) – Página 114 -

 

Aunque parezca que hay un solo capítulo en este día, rápidamente comprendemos que hubieran podido ser 4 capítu- los, puesto que los Conocimientos el Señor se los da en cuatro días separados, pero ella los escribe todos en este día. Con este entendimiento, decimos que el capítulo tiene 4 Bloques, para proseguir con el método que siempre utiliza- mos cuando existen varias clases de Conocimientos en un mismo día.

 

Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús no ha dejado de hablarme continuamente de su Santísima Voluntad; diré lo poco que recuerdo.

 

Entonces, no estando bien, al venir el bendito Jesús me dijo:

 

(A)    “Hija mía, quien está en mi Voluntad, todo lo que Yo hago, el alma puede decir es mío, porque la voluntad del alma está tan fundida con la mía, que lo que hace mi Voluntad hace ella, así que viviendo y muriendo en mi Querer no hay bien que con ella no se lleve, porque no hay bien que mi Voluntad no contenga, y de todos los bienes que hacen las criaturas mi Voluntad es la vida, entonces, muriendo el alma en mi Voluntad se lleva consigo todas las misas que


se celebran, las oraciones y las obras buenas que se hacen, porque todas son frutos de mi Voluntad, y además, todo esto es mucho menos en comparación del obrar mismo de mi Voluntad que el alma se lleva consigo como suyo, basta un instante del obrar de mi Voluntad para sobrepasar todo el obrar de todas las criaturas pasadas, presentes y futu- ras, así que el alma muriendo en mi Voluntad, no hay belleza que la iguale, ni altura, ni riqueza, ni santidad, ni sabidu- ría, ni amor, nada, nada la puede igualar, así que el alma que muere en mi Voluntad, al ingreso que hará en la patria celestial no sólo se abrirán las puertas del Cielo, sino que todo el Cielo se abajará para hacerla entrar en la celestial morada, para hacer honor al obrar de mi Voluntad; qué decirte además, la fiesta, la sorpresa de todos los bienaventu- rados al ver esta alma toda sellada por el obrar de la Voluntad Divina; al ver en esta alma que todo lo ha hecho en mi Querer, que todo lo que ha hecho en vida, cada palabra, cada pensamiento, obra, acción, etc., son tantos soles que la adornan y uno diverso del otro en la luz y en la belleza; al ver en esta alma los tantos ríos divinos que inundarán a todos los bienaventurados, y que no pudiéndolos contener el Cielo correrán también en la tierra para bien de los via- dores.

 

¡Ah!, hija mía, mi Voluntad es el portento de los portentos, es el secreto para encontrar la luz, la santidad, las rique- zas; es el secreto de todos los bienes, y no es conocido, y por lo tanto ni apreciado ni amado. Al menos tú aprécialo y ámalo, y hazlo conocer a cuantos veas dispuestos”.

 

Otro día, estando sufriendo sentía que no podía hacer nada y me sentía oprimida por esto, y Jesús estrechándome toda me dijo:

 

(B)    “Hija mía, no te inquietes, busca solamente el estar abandonada en mi Voluntad, y Yo haré todo por ti, porque es

más un solo instante en mi Voluntad, que todo lo que podrías hacer de bien en toda tu vida”.

 

Recuerdo también que otro día me dijo:

 

(C)    “Hija mía, quien verdaderamente hace mi Voluntad, puede decir que todo lo que se desarrolla en ella, tanto en el alma como en el cuerpo, lo que siente, lo que sufre, puede decir: “Jesús sufre, Jesús está oprimido”. Porque todo lo que las criaturas me hacen me llega hasta en el alma en la cual habito, porque hace mi Voluntad, así que si las frial- dades de las criaturas me llegan, mi Voluntad las siente, y siendo mi Voluntad vida de esa alma, por consecuencia sucede que también el alma las siente, así que en vez de afligirse por estas frialdades como suyas, debe estar en torno a Mí para consolarme y repararme por las frialdades que mandan las criaturas; así si siente distracciones, opre- siones y otras cosas, debe estar en torno a Mí para aliviarme y repararme, no como cosas suyas sino como mías, por eso el alma que vive de mi Voluntad sentirá muy diversas penas, según las ofensas que me hacen las criaturas, pero las sentirá repentinamente y casi de sobresalto, como también sentirá gozos y contentos indescriptibles, y si en las penas debe ocuparse en consolarme y en repararme, en las alegrías y en los contentos debe ocuparse en gozárselos, y entonces mi Voluntad encuentra su compensación, de otra manera quedará contristada y sin poder desarrollar lo que contiene mi Querer”.

 

(D)    Otro día me dijo: “Hija mía, quien hace mi Voluntad, absolutamente no puede ir al purgatorio, porque mi Voluntad purga al alma de todo, y habiéndola tenido en vida tan celosamente custodiada en mi Querer, ¿cómo podré permitir que el fuego del purgatorio la toque? Además, a lo más le podrá faltar algún adorno, y mi Voluntad antes de develarle la Divinidad, la va adornando de todo lo que le falta y luego me develo”.

 

* * * * * * *

Y analicemos ahora el Bloque (A).

 

(1)    Hija mía, quien está en mi Voluntad, todo lo que Yo hago, el alma puede decir es mío, porque la vo- luntad del alma está tan fundida con la mía, que lo que hace mi Voluntad hace ella, - Como ya hemos indi- cado, en este volumen 11, el Señor no describe todavía, el vivir en Su Voluntad, como un proceso en el cual Su Volun- tad, se biloca, se extiende en la criatura, para hacer vida en ella, y obrar con ella. Su lenguaje, por tanto, evita esta abstracción y enfatiza la unidad que hay entre la criatura y Él, y cómo todo lo que Él hace, la criatura puede “decir que es mío”, puede poseerlo en virtud de que ambos, ejecutan sus actos en Su Voluntad, y la una no puede distin- guirse de la otra, porque Su Voluntad es Una. De nuevo, en los volúmenes superiores es cuando se hace más palpable que todo esto no es una manera retorica de hablar, sino que está describiendo exactamente lo que sucede en una criatura que vive en Su Voluntad.


Uno de los aspectos que el Señor quiere comenzar a describir en este capítulo, y en donde más concentraremos tam- bién nuestra atención, es que “lo que Su Voluntad hace”, y debiera haber añadido, porque Él ha decidido Su Volun- tad lo haga, y una vez decidido hecho está. Ahora bien, esto que Él ha decidido se haga, aunque goza de una multipli- cidad infinita, tiene dos enfoques generales, a saber, uno de los enfoques es referente a Su Creación, y el otro de los enfoques es referente a los seres humanos. Cuando se refiere por tanto a que hacemos lo que Su Voluntad hace, se refiere a que participamos de lo que crea ad-extra en Su Creación, como también completamos el acto de Amor de la Sugerencia Amorosa, que también Su Voluntad, vía el Amor Divino, ha creado para nosotros. Dicho de otra manera. Lo que Su Voluntad hace, referente a nosotros, necesita ser completado por nosotros, por tanto puede decirse que hasta que yo no complete Su acto de Amor, haciendo lo que Me pide que haga, Su Voluntad no se ha hecho; mientras que, cuando Yo hago repitiendo lo que Su Voluntad hace en todo el resto de la Creación, mi participación debemos visualizarla como que acompañamos al Ser Divino en una Creación que está completa. Ahora bien, y esto es lo verda- deramente importante, tan importante para Dios es lo que crea completo, el más grande de los universos, por ejem- plo, como lo que crea en cada Acto de Amor con el que Nos guía hacia Él. Para uno y otro Fiat, se requiere el mismo “esfuerzo” de Omnipotencia, para decirlo de alguna manera. Ya sabemos por el capítulo del 17 de Septiembre de 1927, volumen 23, que el Dolor que Él siente, viendo el Dolor que Su Voluntad “padece” por los Actos de Amor que dejamos incompletos es de una magnitud inconcebible a nuestra mente, pero perfectamente real. No parece que aca- bamos de comprender lo que significa que una Voluntad Omnipotente quede incompleta, o sea, un Fiat incompleto, porque eso es lo que sucede, en cada acto que no completamos nosotros, haciendo lo que solo nosotros podemos y debemos hacer.

 

Ahora bien; cuando este punto ha salido a relucir en los capítulos de los volúmenes superiores que estudiamos sepa- radamente en las “Descripciones”, decimos que la acción a veces es sugerida a nuestra vida corporal, y Su Voluntad Bilocada y Obrante en nosotros, concurre con lo que iniciamos nosotros acogiendo Su Sugerencia, y otras veces, la iniciativa va dirigida al Cuerpo Divino de Luz, en donde reside Su Voluntad Bilocada en nosotros, y entonces nosotros concurrimos con Ella. Independientemente de quien inicia la acción, el Acto de Amor se completa, y se producen dos actos idénticos, uno el acto humano, que queda en nosotros, y el otro, el Divino, que se incorpora al Acto Único de Dios en Su Voluntad.

 

(2)    así que viviendo y muriendo en mi Querer no hay bien que con ella no se lleve, porque no hay bien que mi Voluntad no contenga, - Dos conceptos importantes en este párrafo 2. El primero lo expone cuando dice que la criatura “viviendo y muriendo en Mi Querer”, y el segundo lo expone cuando dice no “hay bien que con ella no se lleve”.

El primer concepto parece un juego de palabras que solo se entiende si se parafrasea un poco, y una vez parafrasea- do comprendemos que en esta expresión, viene a quedar definida la segunda Vida a la que renacemos en Su Volun- tad. En realidad, el Señor debiera haber dicho “muriendo y viviendo”, porque solo muriendo a nuestra voluntad huma- na en la manera más continua posible, podemos llegar a vivir en Su Voluntad con toda efectividad y propiedad.

 

El segundo concepto es un poco más difícil, porque utiliza una expresión que implica que nuestra posesión de lo que Él hace en Su Voluntad, no es posesión discreta sino continua. Dicho de otra manera. No poseemos lo que Dios hace individualmente, sino que poseemos todo lo que Él hace en Su Voluntad momento a momento. El Obrar Divino no es un obrar de actos individuales, separados por pausas en las que nada se hace, sino que el Obrar Divino es continuo, fluye sin interrupción, en todos los niveles posibles e imaginables, tanto ad-intra como ad-extra, y genera, continua- mente, nuevas creaciones, y nuevos Bienes.

 

Por tanto, para recibir este Obrar Divino continuo, la criatura necesita contener, y de hecho contiene, una extensión de Su Voluntad, capaz de capturar, de “llevarse”, toda aquella continuidad Suya. Así como todo el Obrar Divino fluye en el Ámbito de Su Voluntad, sin cesar jamás de producir el Bien que la Trinidad Sacrosanta desea crear, así también ese Obrar Divino, y todo el Bien de ese Obrar Divino, ahora fluye en la criatura, “entra” en el Cuerpo Divino de Luz que la criatura tiene encerrado en ella; y a Su Contacto, este Cuerpo Divino de Luz queda alimentado y desarrollado, con todos los “nutrientes de Luz” que recibe, tal y como se desarrolla y crece la Voluntad Suprema que los ha creado.

 

Por ahora, es importante que comprendamos también, que este fluir es también continuo en nosotros, que nada po- demos retener de lo que de Él fluye; nos “alimentamos” a Su Contacto, pero este Flujo se nos “escapa” para continuar su “camino santificador”, y al irse de nosotros, arrastra consigo, “se lleva”, nuestra actuación en Su Voluntad.


De un tiempo a esta parte, este concepto de la Fluidez de Su Voluntad, nosotros lo hemos visualizado como el Fluir de un Rio de Luz que se ha desviado y ha extendido su cauce dentro de nosotros, y nos “baña” con la Luz que trae, y los nutrientes de esa Luz quedan en nosotros y nos desarrollan, y “siguen su camino”, se incorporan nuevamente al rio madre llevando nuestras propias acciones de luz, todo lo que hemos hecho en Su Voluntad, y que también hacemos en forma continua.

 

Dicho todo lo anterior, debemos confesar que esto que decimos es verdad hasta este volumen 11, pero no es total- mente cierto lo que decimos porque ya leímos lo que dice en el volumen 24 al respecto, a saber, que no solo nos nu- trimos de los Bienes que Su Voluntad acarrea, sino que, de hecho, quedan depositados en nosotros los Actos Mismos que crearon lo que Su Voluntad Nos trae. Así Nos dice en el capítulo del 26 de Abril de 1928, volumen 24: “por eso tú te sientes como atraída a seguir mis actos, es su eco materno que resuena en ti, y Yo tomo ocasión para hacer el de- pósito de ellos en el fondo de tu interior, para darte la gracia de hacer reinar mi eterno Fiat en ti”.

 

Estos conceptos son las Revelaciones más importante de este capítulo, y las que el Señor desarrolla ampliamente en los párrafos 4 al 6.

 

(3)    y de todos los bienes que hacen las criaturas mi Voluntad es la vida, - Destacamos este párrafo interme- dio, porque necesita que entendamos que así como Su Voluntad es la vida de todo lo que Él hace, así también es la Vida de todo lo que nosotros hacemos; que no hay distinción alguna, por lo que es posible que todo entre y salga de nosotros, porque somos una extensión de Su Continuo Hacer. Pero la explicación no termina, sino que ahora se ex- pande.

 

(4)    entonces, muriendo el alma en mi Voluntad se lleva consigo todas las misas que se celebran, las ora- ciones y las obras buenas que se hacen, porque todas son frutos de mi Voluntad, - vuelve con el concepto de lo que sucede, pero ahora utiliza ejemplos concretos de lo que se incorpora al Flujo de Su Voluntad, porque en Su Voluntad viene y las trae. Al decir que la criatura, “muriendo en Su Voluntad”, Nos indica que lo que sucede y des- cribe, solo sucede con criaturas que viven en Su Voluntad.

 

El concepto ahora se expande, como ya habíamos indicado, porque en toda la explicación hasta ahora, parecería que habla de lo que sucede entre Él y una criatura que vive en Su Voluntad, pero este no es el caso. El numero de criatu- ras que vive en Su Voluntad, crece y crece exponencialmente, y a través de ellas, Su Voluntad también fluye de conti- nuo.

 

Debemos imaginarnos, y si logramos “ver” esta Red de Luz, Él ha conseguido Su Objetivo de explicarnos un poco, este proceso; es más, ha logrado que entendamos más de esta Vida en Su Voluntad que lo que lograría con cientos de páginas adicionales. Cada criatura que comienza a vivir en Su Voluntad, y recibe este Cuerpo Divino de Luz con Su Voluntad Bilocada y Obrante, comienza a recibir el Flujo de Su Voluntad, y comienza a contribuir con su actuación a este Flujo continuo. De esa criatura, Su Voluntad fluye en la siguiente, y en la siguiente, formándose una red de cria- turas conectadas, a través de las cuales, Su Voluntad, que es Luz, fluye, y “se lleva” lo que cada una hace, y santifica a la siguiente criatura con lo que la anterior realizó, y así sucesivamente.

 

Estamos depositando en nuestra esfera de Luz no solo lo que hacemos, sino todo lo que los demás hacen, y lo que El Ser Divino hace; todo queda depositado en mí, porque todo lo trae el “Rio de Su Voluntad”, y deja todo esto en mí, como un rio deja en un campo que riega, los nutrientes que traía.

 

Este extraordinario concepto, es el ejemplo más perfecto de esta Vinculación que adquirimos con Él, y con las demás criaturas que viven en Su Voluntad. Los que preparan estas Guías de estudio piensan, que esta Vinculación en el Reino del Fiat Supremo como en el Cielo en la tierra, será de tal magnitud y perfección, que todos estaremos participando de lo que todos hacen, y los demás participan de lo que cada uno hace, pero no solo es participación de beneficios, sino que es participación de acción. Dicho de otra manera, todos llegaremos a hacer, sin hacerlo, lo que los demás hacen, y todos gozaremos de ese “no hacer” como si lo estuviéramos haciendo.

 

Resumamos un poco más y demos una nueva perspectiva al proceso. La Red de Luz comienza, cronológicamente con Adán, y queda suspendida, para ser reanudada en Su Madre Santísima, y en esta segunda “conexión”, el Flujo de Su Voluntad hacia Su Madre Santísima regresa a Él, porque no hay otra criatura que pueda recibirlo todavía. En cuanto Jesús nace, este Flujo de Su Voluntad ahora se conecta con Jesús, y por siglos, esto continúa. Ahora Luisa queda in-


corporada a la “Red de Luz”, en la que Su Madre y Jesús ya están; y casi de inmediato comienzan a añadirse los nue-

vos seres humanos que comienzan a vivir en Su Voluntad a través de Luisa.

 

(5)    y además, todo esto es mucho menos en comparación del obrar mismo de mi Voluntad que el alma se lleva consigo como suyo, - el concepto anunciado antes, de que no solo el que vive en Su Voluntad se lleva lo que los demás que viven en Su Voluntad hacen, sino que, más importante aún, “se lleva consigo” lo que Ellos mismos hacen, tanto lo ad-intra como lo ad-extra.

 

(6)    basta un instante del obrar de mi Voluntad para sobrepasar todo el obrar de todas las criaturas pa- sadas, presentes y futuras, - Esto que recibimos de lo que el Ser Divino hace, es de tal trascendencia, que afirma que basta que recibamos lo que Él hace en un instante, para recibir más Bien de Él que todo lo que todos los demás podamos hacer en Su Voluntad, en todas nuestras vidas. Aunque no lo dice, pero tenemos que pensar que el Señor incluye en este Obrar Suyo, todo lo que realiza en los Bienaventurados y los Ángeles, ya que también, a través de ellos, Su Voluntad Fluye y constituye la Vida y la Felicidad eterna de todos los habitantes del Cielo.

 

(7)    así que el alma muriendo en mi Voluntad, no hay belleza que la iguale, ni altura, ni riqueza, ni santi- dad, ni sabiduría, ni amor, nada, nada la puede igualar, así que el alma que muere en mi Voluntad, al ingreso que hará en la patria celestial no sólo se abrirán las puertas del Cielo, sino que todo el Cielo se abajará para hacerla entrar en la celestial morada, para hacer honor al obrar de mi Voluntad; qué decir- te además, la fiesta, la sorpresa de todos los bienaventurados al ver esta alma toda sellada por el obrar de la Voluntad Divina; al ver en esta alma que todo lo ha hecho en mi Querer, que todo lo que ha hecho en vida, cada palabra, cada pensamiento, obra, acción, etc., son tantos soles que la adornan y uno diver- so del otro en la luz y en la belleza; al ver en esta alma los tantos ríos divinos que inundarán a todos los bienaventurados, y que no pudiéndolos contener el Cielo correrán también en la tierra para bien de los viadores. ¡Ah!, hija mía, mi Voluntad es el portento de los portentos, es el secreto para encontrar la luz, la santidad, las riquezas; es el secreto de todos los bienes, y no es conocido, y por lo tanto ni apreciado, ni amado. Al menos tú aprécialo y ámalo, y hazlo conocer a cuantos veas dispuestos.- El Señor juega aquí con la expresión “muriendo en Mi Voluntad”. En la primera parte del párrafo, este “morir en Su Voluntad” implica, el rendimiento total de nuestra voluntad, tan continuamente como podamos, y que como consecuencia y recompensa, esa criatura goza de una belleza, una altura, riqueza, santidad, sabiduría y amor que “nada puede igualar”.

 

En la segunda parte utiliza la expresión para indicar que cuando muramos físicamente, Él Nos concederá el Don de Vivir en Su Voluntad “en propiedad”; Don que con toda probabilidad solo teníamos “en préstamo”. Sabemos por el volumen 18, que el Don en propiedad, el Espíritu Santo solo lo concede, cuando está “seguro” de nuestra fidelidad e a esta Vida que Nos ha regalado, con todo lo que eso implica de persistencia, de atención y de aprecio al estudio y prac- tica de todas estas Verdades que Nos regala. ¡Qué mejor momento para entregarnos la propiedad de este Don, que a la hora de nuestra muerte, cuando ya tiene la seguridad de nuestra total fidelidad!

 

Si no entendemos y aceptamos esta explicación, no tiene mucho sentido lógico lo que dice a continuación respecto a lo que sucede con nuestra entrada en el Cielo a la hora de la muerte. Dice que todo el Cielo “se abajará para hacerla entrar en la Celestial Morada, para hacer honrar al Obrar de Mi Voluntad”.

 

Además de la argumentación expuesta, adelantemos lo que dice en el próximo párrafo, cuando dice: qué decirte además, la fiesta, la sorpresa de todos los bienaventurados al ver esta alma toda sellada por el obrar de la Voluntad Divina;” El concepto de sellar que también explica en los volúmenes superiores, implica la inalterabilidad de aquello que se sella, de que ya todo queda para siempre, como terminó. Quedar sellado en el Obrar de la Voluntad Divina quiere decir, que ha sellado a esa alma en la Vida en Su Voluntad para siempre, y todos en el Cielo sabrán que esto ha hecho Dios con esa alma, y por ello se abajan todos a recibirla.

 

Pero esto no es todo. Dice estas Palabras, un tanto enigmáticas, y que por tanto necesitamos explicar. Dice que todos quedaran sorprendidos, ”al ver en esta alma que todo lo ha hecho en mi Querer, que todo lo que ha hecho en vida, cada palabra, cada pensamiento, obra, acción, etc., son tantos soles que la adornan y uno diver- so del otro en la luz y en la belleza;”. La implicación totalmente sorpresiva es que una vez que confirma en noso- tros el Don de Su Voluntad en propiedad, que todo lo que hemos hecho en nuestras vidas aquí en la tierra, lo hecho antes y lo hecho después de que aceptamos el Don en préstamo queda sin ser santificado en Su Voluntad. Obviamen- te parte de nuestra vida fue vivida sin esta Vida de Su Voluntad, pero el Señor dice que eso no importa, porque Él “mira” y acepta todo, como si siempre hubiéramos vivido en Su Voluntad.


 

Todo esto va a jugar un papel importante en nuestro entendimiento del Bloque (D) de este mismo capítulo.

 

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Y analicemos ahora el Bloque (B).

 

Otro día, estando sufriendo sentía que no podía hacer nada y me sentía oprimida por esto, y Jesús estrechándome toda me dijo:

 

Hija mía, no te inquietes, busca solamente el estar abandonada en mi Voluntad, y Yo haré todo por ti, porque es más un solo instante en mi Voluntad, que todo lo que podrías hacer de bien en toda tu vida. – Aunque pequeño, este párrafo tiene una gran importancia, porque explica un aspecto que no había tocado en el Blo- que (A).

 

El concepto de no hacer algo, es un concepto humano que implica que no estamos haciendo algo de importancia. Muchas veces cuando preguntamos a otros lo que están haciendo, o lo que han estado haciendo en todo el tiempo que no lo habíamos visto, y ellos responden, “no he estado haciendo nada”, lo que en realidad dicen es que lo que han hecho no ha tenido mayor importancia, que ha sido rutinario e involuntario. Claro está, esto en un sentido estricto es falso, porque nadie puede vivir sin hacer algo. Aun en la más perfecta inmovilidad que pudiéramos alcanzar, nues- tra mente está funcionando un cien por ciento, y todas nuestras actividades vitales realizan su función.

 

Esto es lo que Jesús dice en Su respuesta a Luisa, pero añade algo de gran importancia, y esto es lo que hace al Blo- que (B) muy importante, y que ya dijera días antes en el párrafo 6 del Bloque (A), a saber, que basta un solo instan- te de vida en Su Voluntad, que todo lo que de bien podríamos hacer en vidas que no se vivieran en Su Voluntad.

 

Bajo los conceptos estudiados, aun en el reposo absoluto, o en el no hacer algo de importancia, nuestro cuerpo hu- mano y el Cuerpo de Luz que replica todas nuestros actos, voluntarios o involuntarios, están en continuo movimiento y acción de generar actos de Luz que se incorporan al Acto Único, por lo que nada debe inquietarnos de esta aparente inacción.

 

Dice más; dice que Su Obrar Continuo, tanto ad-intra como ad-extra sigue fluyendo a través de nosotros, por lo que nuestra alimentación y desarrollo de Vida en Su Voluntad es continuo.

 

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Y analicemos ahora el Bloque (C).

 

(1)    Hija mía, quien verdaderamente hace mi Voluntad, puede decir que todo lo que se desarrolla en ella, tanto en el alma como en el cuerpo, lo que siente, lo que sufre, puede decir: “Jesús sufre, Jesús está oprimido”. - En este Bloque (C), el Señor Nos da noticias nuevas sobre las cruces que a veces sufrimos, y como debemos interpretar lo que nos sucede día a día. Aunque no lo dice explícitamente, el Señor habla de dos clases de cruces.

 

Dentro de la primera clase, se encuentran las cruces que son propias de los seres humanos. Por ejemplo, el dolor de muelas que padezco y me hace sufrir lo padecen muchos y de hecho, cuando yo lo tengo, se que también lo tienen otros, pero hasta en esto de la cruz, el Amor Divino crea diferencias, puesto que mi dolor de muelas es único en su forma de manifestarse en mí. Estas cruces de enfermedades y eventual muerte, son cruces provocadas por el pecado original. Dentro de esta categoría también se encuentran las cruces que nos ocasionan nuestros pecados, cruces pro- vocadas por la concupiscencia, que es en definitiva la que nos tienta a pecar y a sucumbir a veces. Esto también pro- ducto del pecado original de Adán. Por último, dentro de esta categoría se encuentran también las cruces que nos ocasionan nuestros semejantes, con las que nos hacen sufrir, pero recordemos, que también ellos están sujetos a mi misma concupiscencia que nosotros. De ninguna de estas cruces habla el Señor en este capítulo.

 

Entendido esto, el Señor se concentra en otras cruces; no es que estas otras cruces nos sean totalmente desconoci- das, porque las hemos sufrido de tanto en vez, pero siempre nos sorprenden porque son inesperadas, y al parecer sin causa aparente. Nos explicamos. Nadie se sorprende, por sufrir como resultado de una enfermedad; cierto, no nos


gusta, pero no nos sorprende. Tampoco nos sorprende el que otros nos hagan daño, y si hemos vivido un poco, no nos sorprenden esas cruces que a veces vienen de amigos. Lo que nos sorprende a veces, es encontrarnos, de repen- te, en un estado de ánimo que no concuerda con lo que sucede en nuestro alrededor. Debiéramos sentirnos alegres pero estamos entristecidos, y no sabemos por qué; a veces nos sentirnos tristes cuando todo parece ser satisfactorio, y tampoco sabemos por qué.

Este fenómeno ha sido bien estudiado por el gran teólogo cristiano, C. S. Lewis. Lewis llama “ondulaciones” a estos estados de ánimo que nos pueden provocar cruces, y que nosotros, utilizando ahora su concepto, llamaremos las “cruces de la ondulación”. Expliquemos por donde vamos.

 

Dice C. S. Lewis que el hombre vive sujeto a ondulaciones en cómo se siente, y que estas ondulaciones no son per- manentes. Así, en nuestras vidas alternan periodos de felicidad y periodos de tristeza, periodos de optimismo y perio- dos de pesimismo. Dice también este gran pensador cristiano, que es natural en nosotros el vivir sujetos a estas ondu- laciones, que ninguna ondulación es permanente, y que el Señor se aprovecha de esta manera como Nos ha creado para probarnos, purificarnos y perfeccionarnos.

 

Hasta aquí la explicación de C. S. Lewis que son correctas, pero que solo llegan hasta donde este hermano nuestro conoce. Ahora nosotros vamos a conocer más, por boca del Señor. Anticipando todo lo que va a explicarnos decimos, que estas “cruces de ondulaciones” que experimentamos suceden y nos hacen sufrir, porque el Señor replica en noso- tros, lo que Él siente en un instante dado; comparte con nosotros lo que Él sufre por nuestros pecados, los propios y los ajenos. Por desgracia, no Nos explica cómo se hace esta Distribución de sufrimientos entre nosotros, los que vivi- mos en Su Voluntad. Solo sabemos ahora, que lo que C. S. Lewis llama “ondulaciones”, no son más que Sus Sufri- mientos y Sus Alegrías que Él comparte con nosotros.

 

Digamos además, que aunque el Señor da este Conocimiento, explícitamente, a los que vivimos en Su Voluntad y leemos estos escritos, no por eso quiere decir, que estas “cruces de las ondulaciones” Suyas no se reflejan en todos y cada uno de los seres humanos, vivan o no en Su Voluntad. La pregunta obligada es: ¿Por qué Nos lo dice a nosotros y no a todos? Pues porque solo nosotros, los que vivimos en Su Voluntad, somos capaces de utilizar estas cruces que Él refleja en nosotros, para consolarlo, para repararlo, para llorar con Él, y para reír con Él, porque solo en Su Volun- tad, esta aceptación de las “cruces de las ondulaciones” pueden acompañarlo y consolarlo. En Su Voluntad, todo lo que hacemos llega a Él, porque esta reparación de aceptar un sufrimiento anímico que sentimos porque ÉL lo siente, y Nos lo “pasa” para que suframos con Él, solo tiene efecto, en el mismo plano Divino en el que Él habita.

 

Nuevamente volvemos al concepto ya estudiado del Rio de Su Voluntad que fluye a través de nosotros, y que hemos tratado de explicar en el Bloque (A). Lo traemos a colación, porque es precisamente de este Rio de lo que va a hablar en los próximos párrafos; y ponemos punto hasta que estudiemos los siguientes párrafos del Bloque.

 

(2)    Porque todo lo que las criaturas me hacen me llega hasta en el alma en la cual habito, porque hace mi Voluntad, - y añadimos nosotros, porque vive en Su Voluntad, requisito indispensable para que el pueda habitar en esa criatura, dentro del Cuerpo Divino de Luz que ha formado y encerrado en ella. El Señor está anunciando de inmediato, que todo lo malo o bueno, por supuesto, que las criaturas Le hacen al Jesús resucitado que está sentado a la derecha del Padre, también lo recibe, en cada uno de los Jesús que están bilocados en cada Cuerpo de Luz que reside en cada criatura que vive en Su Voluntad. Lo que le sucede al real, le sucede a cada una de las bilocaciones.

 

(3)    así que si las frialdades de las criaturas me llegan, mi Voluntad las siente, y siendo mi Voluntad vida de esa alma, por consecuencia sucede que también el alma las siente, así que en vez de afligirse por estas frialdades como suyas, debe estar en torno a Mí para consolarme y repararme por las frialdades que mandan las criaturas; - La transmisión de infelicidad y de frialdad, de sufrimiento y disgusto, se transmiten a Jesús vía el Amor Divino despreciado en la sugerencia no hecha, y el consiguiente pecado cometido, y por tanto llega a Él, por la Vía de Su Voluntad, o sea, por el Rio de Su Voluntad que “pasa” por Él, como “pasa” por todos los que viven en Su Voluntad. Entendamos claramente, que el acto no hecho, o mal hecho, no llega a Él, porque nada inco- rrecto puede llegar a Él, pero la ofensa que ese acto ha reflejado, la “incompletación” del acto de amor, si llega a Él, Él la percibe, y Le da sufrimiento y fastidio.

 

(4)    así si siente distracciones, opresiones y otras cosas, debe estar en torno a Mí para aliviarme y repa- rarme, no como cosas suyas sino como mías, - Aquí empieza el Señor a decirnos, que este Conocimiento no es un Conocimiento ocioso, o sea, dado para que sepamos, sino para que sabiendo lo que sucede, hagamos nosotros


nuestra parte para remediar el problema causado. En efecto dice, que cuando nos sentimos distraídos, oprimidos, etc., nos sentimos así, porque en Su Voluntad están estas distracciones, opresiones otras cosas que Él está sufriendo, y como yo estoy en ese mismo Rio de Su Voluntad, también yo las percibo, y Él espera que nosotros hagamos actos en Su Voluntad, que entren en ese Mismo Rio de Su Voluntad, cosa de que cuando Él reciba nuevamente lo que el Rio de Su Voluntad trae, encuentre no solo las ofensas originales, sino que encuentre ahora también la compensación que nuestras reparaciones y nuestros consuelos, Le proporcionan.

 

Una vez que reparamos en Su Voluntad, con la intención de acompañarlo y consolarlo por lo que sufre, nuestros actos entran en el Acto Único de Su Voluntad que fluye y vivifica a todos los que viven en Su Voluntad, y a todo el Ser Di- vino que también se halla sujeto al flujo de este Rio, y compensan por las ofensas eternamente también.

 

(5)    por eso el alma que vive de mi Voluntad sentirá muy diversas penas, según las ofensas que me ha- cen las criaturas, pero las sentirá repentinamente y casi de sobresalto, como también sentirá gozos y contentos indescriptibles, y si en las penas debe ocuparse en consolarme y en repararme, en las alegrías y en los contentos debe ocuparse en gozárselos, - Repite claramente lo dicho y explicado por nosotros. El alma que vive en Su Voluntad siente lo que Él siente, porque todo este dolor que Él recibe fluye en este Rio de Luz, y de esa manera queda compartido con nosotros. Dice que todo el proceso es sorpresivo, como ya habíamos indicado, totalmente inesperado; sin embargo no limita el proceso a lo que Le hace sufrir, sino también a lo que Le hace ser feliz, por lo que nuestros estados de ánimo, nuestras ondulaciones, vienen a ser en realidad, manifestaciones de este proceso Divino del Flujo de Luz en Su Voluntad.

 

(6)    y entonces mi Voluntad encuentra su compensación, de otra manera quedará contristada y sin poder desarrollar lo que contiene mi Querer. – Si no nos aplicamos en aprender esta lección y hacemos lo que Nos pide al respecto, Su Voluntad, todo el Ser Divino quedará contristado, porque no hemos hecho lo que era necesario. Sor- presivamente, ata el desarrollo de nuestra Vida en Su Voluntad, a nuestra participación.

 

Esta última posibilidad debemos tomarla muy en serio. Los que preparan estas Guías de Estudio creen que debemos ser proactivos y no esperar a que Nos envié esta participación en Sus Sufrimientos y en Sus Alegrías sorpresivamente, sino que debemos anticiparnos y declarar nuestra intención y deseo de recibirlas y de prepararnos a esta Recepción. A estos efectos, hemos preparado un Giro que hemos titulado Giro de Compensación con el que queremos reparar anti- cipadamente los Sufrimientos que recibe, alegrarnos anticipadamente con Sus Alegrías.

 

* * * * * * *

 

Y analicemos ahora el Bloque (D).

 

(1)    “Hija mía, quien hace mi Voluntad, absolutamente no puede ir al purgatorio, porque mi Voluntad purga al alma de todo, y habiéndola tenido en vida tan celosamente custodiada en mi Querer, ¿cómo podré permitir que el fuego del purgatorio la toque? - La afirmación del Señor es rotunda y definitiva. El alma que hace Su Voluntad, o sea, no la que cumple Sus Mandamientos solamente, sino la que acoge y completa toda Su- gerencia Amorosa del Señor, y ordena la Completación de cada Sugerencia a Su Objetivo Final que es el de la Venida del Reino del Fiat Supremo en la tierra como en el Cielo, no podrá ir al Purgatorio, y da las razones lógicas por las que no puede ir. En el capítulo del 29 de Abril de 1928, volumen 24, dará otras razones, mas expansivas y simpáticas, de por qué esto no puede suceder.

 

Por ahora dice que Su Voluntad ha purgado a esa alma de toda mancha posible, porque el contacto con esta Vida Divina que llevamos dentro ha ordenado todo nuestro hacer a Él, y porque Su Sangre de Luz ha invadido nuestro cuerpo, nuestros sentimientos, nuestras debilidades, y nos ha fortalecido y regenerado en la perfección más posible, en la que Le es acepta y tolerable.

 

Dice además, que en vida terrestre, ha tenido a esa alma celosamente custodiada; ha necesitado custodiarnos de los ataques externos e internos del enemigo, para que pudiéramos con relativa paz y seguridad desarrollar lo que había puesto dentro de nosotros, Su Propia Vida.

 

En una palabra; si ya ha hecho en vida nuestra, la labor que el Purgatorio está llamado a hacer, ¿es necesaria más purificación que una vida y una muerte ocurrida viviendo en Su Voluntad? Obviamente, Su Respuesta es que no hace falta.


 

(2)    Además, a lo más le podrá faltar algún adorno, y mi Voluntad antes de develarle la Divinidad, la va adornando de todo lo que le falta y luego me develo. – Después de anunciarlo todo en el primer párrafo con toda precisión, sin equívocos, y literariamente terso, este es un párrafo enigmático, al parecer contradictorio en una primera leída, y confuso, por el uso del verbo develar. Tratemos de explicarlo brevemente.

 

En primer lugar, la aparente contradicción se desvanece por el uso que hace de la palabra “adorno”, para indiciar que puede ser que nos falte algo para poder pasar al Cielo. O sea, el hecho de que no tengamos que ir al Purgatorio para purificarnos, llenar los vacios de Amor que pudieran quedar en nosotros, etc., no quiere decir que estemos perfectos, sino que estamos tolerablemente perfectos. Un ejemplo quizás ayude. Dos personas se presentan a un baile suntuoso. La una está vestida normalmente, con sencillez, su cuerpo se ve limpio, su persona pulcra. La otra, no solamente está limpia y pulcra, pero sus vestimentas son muy elegantes, muy adornadas con detalles de lujo, que indican que está más preparada que la otra para entrar en este Baile Suntuoso. Lógico es, que la segunda persona entre directamente al Baile, pero que a la primera la detengan, y le provean de los adornos necesarios para que ella misma no se sienta mal entre todos los otros invitados. Comprendamos esto bien. No podemos entrar al Cielo si no estamos adornados, no tanto por Dios que ya Nos ha “confirmado en Su Gracia”, sino por nosotros mismos que nos sentiríamos muy mal al vernos, limpios sí, pero no adornados como lo están los demás.

 

Hay una Revelación extraordinaria, que hasta ahora, solo hemos leído en las Horas de la Pasión, Hora 16, la Flagela- ción, en la que el Señor dice:

 

“Mírame, Oh Padre, bajo esta tempestad de golpes, todo llagado, pero no basta, quiero formar tantas llagas en mi cuerpo para dar suficientes moradas en el Cielo de Mi Humanidad a todas las almas, en modo de formar en Mí mis- mo su salvación, y después hacerlas pasar al Cielo de la Divinidad..”

 

Si como dice el Señor, no habrá Purgatorio para las almas que vivan y mueran viviendo en Su Voluntad, pero al mismo tiempo dice que a lo mejor necesitaran ser adornadas, el lugar donde necesariamente ocurrirá ese “adornamiento” será en el Cielo de Su Humanidad. No sabemos, porque no nos lo dice, en qué consistirá ese proceso de Adornamien- to, pero podemos especular que la particularidad más importante del Cielo de Su Humanidad, es que estaremos dis- frutando, realmente, de Su Compañía y Presencia, y que en la contemplación de Jesús, de Sus Perfecciones, cara a cara, como hermano nuestro, como Salvador nuestro, quedaremos adornados con Sus Mismas Características y Virtu- des. Pensamos también que Su Inseparable Mama, Nuestra Madre, Nos adornará también con Sus Virtudes y Perfec- ciones en este Cielo de Su Humanidad en el que Ella también se encuentra, ocasionalmente claro está, porque la ma- yor parte del tiempo, se las pasa entre nosotros, tratando de que nos convirtamos y volvamos a Su Hijo.

 

Hasta ahora hemos explicado dos de los aspectos enigmáticos. Falta por tratar de explicar el concepto de develamien- to. Dice el Señor que una vez que Nos ha adornado, Él “luego se devela”. Curiosamente, el verbo develar no está en el Diccionario oficial del la Lengua Española, pero podemos interpretar lo que dice, basado en lo que ya sabemos sobre Su Uso de la palabra “velo” para indicar que nuestros cuerpos son como el velo que oculta nuestra alma, y que Su Cuerpo, Su Humanidad vela a Su Divinidad, es de todos conocida en estos Escritos.

 

Así pues, presumimos e interpretamos que lo que el Señor dice, es que, una vez que Nos ha adornado en el Cielo de Su Humanidad, podremos pasar al Cielo de Su Divinidad. Él Mismo, Su Madre Santísima y Luisa, Nos llevarán de la Mano y nos introducirán al Cielo de Su Divinidad, en cuyo Cielo, ya no como Jesús, sino como el Verbo Eterno, se Nos hará visible, y junto con Él, se nos hará visible, la Trinidad Sacrosanta. Y entonces, finalmente, como dice San Juan, “veremos a Dios tal cual es” para siempre, o como dice C. S. Lewis, podremos “ver la cara de Dios, porque podremos ver nuestras mismas caras”.

 

Resumen del capítulo del 14 de Marzo de 1914: (Doctrinal) - Página 117 - El Contento de Jesús es contentarnos -

 

Hoy estaba fundiéndome toda en Jesús, pero tanto, de sentir a lo vivo y real a todo Jesús en mí, y mientras lo sentía me ha dicho, pero en un modo tan tierno y conmovedor, que mi pobre corazón me lo sentía romper:

 

“Hija mía, me es demasiado duro no contentar a quien hace mi Voluntad. Como tú ves no tengo más manos, ni pies, ni corazón, ni ojos, ni boca, nada me queda; en mi Voluntad que has tomado, de todo te has adueñado, y a Mí nada me queda. He aquí el por qué ante los tantos males que inundan la tierra no llueven los flagelos merecidos, porque me es duro no contentarte, y además cómo lo puedo hacer si no tengo manos, y tú no me las cedes. Si me llegan a


ser absolutamente necesarias, me veré obligado a hacerte un robo, o bien a convencerte, de manera que tú misma me las cedas. ¡Cómo me es duro, cómo me es duro desagradar a quien hace mi Voluntad! Me desagradaría a Mí mis- mo”.

 

Yo he quedado asombrada por este hablar de Jesús, y no sólo eso, sino que en verdad veía que yo tenía las manos, los pies, los ojos de Jesús, y le he dicho: “Jesús, hazme ir ya al Cielo”.

 

Y Él: “Dame otro poco de vida en ti, y después vendrás”.

 

* * * * * * *

 

Con este capítulo el Señor comienza una serie en los que Él discute y explica Su contento en sus dos aspectos, a sa- ber, como El nos contenta y como nosotros podemos contentarle. Este concepto, parece ser al observador casual, como un sentimiento opcional, porque generalmente lo asociamos con los conceptos de alegría y felicidad, pero, en realidad, el concepto de contentar o de que a uno lo contenten, tiene muy poco que ver con el de la alegría o felici- dad. Dice el Diccionario que contentar es “satisfacer las aspiraciones de uno”, y las definiciones complementarias, pudiéramos decir que uno está contento, cuando las aspiraciones que uno tiene han quedado satisfechas, y de que hacemos a alguien sentir contento, cuando hacemos lo que está a nuestro alcance para que ese otro satisfaga sus aspiraciones.

 

Dios quiere satisfacer Sus Aspiraciones, respecto de nosotros, y quiere asimismo, satisfacer las aspiraciones que desde el primer momento de nuestra existencia están presentes en nosotros. Y si no, que le pregunten a un recién nacido que es lo que lo tiene contento, y nos diría, si pudiera, que es tomar la leche de su mamá.

 

En la medida en que vamos estudiando, llegaremos a comprender lo importante que es para Jesús el sentirse conten- to, y como todo esto se traduce en darnos contento. Es un tópico que mientras más lo estudiamos, mas comprende- mos que está en lo más profundo, en la raíz misma de nuestra Relación con Dios en Jesús.

 

Refiriéndonos ahora a este capítulo en particular, el Señor habla de que quiere siempre tener contenta a Luisa, porque “Le es demasiado duro no contentar a quien hace Mi Voluntad”, viviendo en Mi Voluntad. Con esta afirmación, omite sin embargo, dos aspectos importantísimos que nosotros ahora citamos.

 

El primero es que Le es demasiado duro no contentar, porque Luisa Le da contento a Él, o sea, que Luisa satisface, día a día, momento a momento, Sus Aspiraciones para con ella. Ahora nos resulta extraño que no se nos haya ocurri- do hasta ahora, que esto de que una criatura haga Su Voluntad en términos generales, y mucho más en aquellos que viven en Su Voluntad, es lo único que satisface Sus Aspiraciones de cuando decidió crearnos. Sus Expectativas, Sus Aspiraciones, respecto de nuestra creación, han sido siempre las que necesitamos satisfacer. Cuando estas Expectati- vas o Aspiraciones Suyas se satisfacen por una criatura, en este caso Luisa, Le es demasiado duro a Él, no satisfacer plenamente nuestras Expectativas o Aspiraciones; lo necesario y también lo superfluo, y aun aquello que ni siquiera sabíamos eran aspiraciones nuestras.

 

El segundo aspecto por el que Le es duro no contentarnos, es porque no puede olvidársenos, que hay un Jesús bilo- cado en nosotros, y tampoco puede Él no contentar a este Jesús que Luisa lleva dentro; también Le es muy duro no contentarlo. Aunque pueda parecer un juego de palabras, el Jesús Bilocado en Luisa no podrá desarrollarse a la par con Luisa, a menos que las Aspiraciones de Luisa queden satisfechas, y ella esté contenta. De nuevo, el Jesús Original, el Principal, el que vivió, murió y resucitó, y está sentado a la derecha del Padre, es el que está Bilocado, y al Bilocarse se coloca en la misma situación de la criatura en la que se biloca. Este Jesús Bilocado siente y sufre lo mismo que Luisa siente y sufre, y “hermanado en ella”, siente una compasión particularísima con Luisa por esta unión tan intima que tiene con ella. Y todo esto que se habla de Luisa, se habla de cada criatura que vive en Su Voluntad, porque se encuentra en iguales circunstancias.

 

Es de esta situación de la que el Señor continúa hablando en el capítulo. Las manos de Luisa son las manos de Jesús, que “pierde” Sus Manos para poder realizar esta Unión que podemos entrever, pero que solo Él entiende y compren- de. Todo lo de este Jesús que se ha bilocado en Luisa y en nosotros, deja de ser de Él, para ser de Luisa o nuestro.

 

Al mismo tiempo que decimos esto, todo lo que sucede en el Jesús Bilocado es replicado instantáneamente en el Jesús Principal, porque no puede haber una falta de sincronización entre ambos Jesuses.


 

Apliquemos esto ahora a la preocupación perenne de Luisa respecto de los castigos que Su Justicia requiere. Hasta ahora sabíamos, que Jesús muchas veces, a petición de Luisa, o no castigaba, o aminoraba los castigos que de otra manera hubieran sido más severos. Ahora sabemos más claramente, que no solo es la petición de Luisa la que atien- de, sino que está atendiendo mas bien, a la Petición del Jesús Bilocado que ya no puede actuar “desincronizado” con Luisa, porque como vemos, Luisa tiene ahora Sus Manos, tiene ahora Sus Pies, porque “de todo te has adueñado, y a Mí nada me queda”.

 

Dicho de otra manera y más directamente. El Jesús Bilocado no quiere castigar, porque Luisa no quiere castigar, y

¿cómo es posible no contentar al Jesús que está dentro de Luisa, no “satisfacer Sus Aspiraciones, que en este caso es

la de no se castigue?

 

El Señor así Nos enseña. Cuando ya pensábamos que sabíamos algo, cambia nuestra perspectiva, porque todavía no hemos llegado al fondo mismo del Conocimiento que quiere darnos.

 

Dicho todo esto, sin embargo, el Jesús Principal no puede contentar al Jesús Bilocado por las exigencias de Su Justicia, y entonces solo Le quedan dos caminos a seguir, aunque Le cause gran desagrado.

 

En primer lugar, trata de que Luisa comprenda la necesidad de los castigos, como algo necesario para la conversión y salvación de muchos, que de otra manera no se convertirían y salvarían, y en última instancia, porque Dios no puede poner a un lado, Su Derecho de que se Le respete y no se Le ofenda.

 

Seguidamente, Le pide a Luisa que le “preste” y “le ceda” por un ratito, las Manos y los Pies de los que Luisa se ha adueñado, porque sin esas Manos y Pies, que se replican en el Jesús Principal, el Jesús Principal no puede castigar. Si Luisa no entrara en razones, entonces “Me veré obligado a hacerte un robo”, cosa que nunca puede hacerse sin algu- na clase de violencia. Esto ya sabemos es lo que Jesús a veces hace, cuando Luisa no quiere cederle Sus Manos para que castigue, porque se Le oculta, a veces por largo tiempo, con lo que le hace violencia a esta Hija Suya que tanto ama.

 

¡Cómo me es duro, cómo me es duro desagradar a quien hace mi Voluntad! Me desagradaría a Mí mismo”. Con estas Palabras lastimeras, termina el Señor Su argumentación, en la conocida lógica circular que utiliza con mucha frecuencia.

 

Ante todo esto, Luisa queda asombrada, porque ahora que se lo ha dicho, ella ve que en efecto, las Manos, los Pies, los Ojos de Jesús estaban en ella, y lo único que se le ocurre es decirle que se la lleve al Cielo; a lo que Jesús, en una corroboración extraordinaria y lo mas coloquial posible, Le dice: “Dame otro poco de vida en ti, y después vendrás”.

 

Resumen del capítulo del 17 de Marzo de 1914: (Doctrinal) – Página 118 El Contento de Jesús y el Trinitario – conti- nuación -

 

Continuando mi habitual estado, mi amable Jesús continuaba haciéndose ver en toda yo, y que yo poseía todos sus miembros, y se mostraba tan contento, que pareciendo que no podía contener este contento me ha dicho:

 

“Hija mía, quien hace mi Voluntad entra a tomar parte de las acciones “ad intra” de las Divinas Personas; solo para quien hace mi Querer está reservado este privilegio, no sólo de tomar parte en todas nuestras obras “ad extra”, sino que de estas pasa a las obras “ad intra”. He aquí porqué me es duro no contentar a quien vive de mi Querer, porque estando el alma en mi Voluntad, está en lo íntimo de nuestro corazón, de nuestros deseos, de nuestros afectos, de los pensamientos; su latido, su respiro y el nuestro son uno solo, así que son tales y tantos los contentos que nos da, las complacencias, la gloria, el amor, todos de modos y de naturaleza infinitos, nada desemejantes de los nuestros, que así como en nuestro Amor eterno, Uno rapta al Otro, el Uno forma el contento del Otro, tanto, que no pudiendo mu- chas veces contener este Amor y estos contentos salimos en obras “ad extra”, así quedamos raptados y felicitados por esta alma que hace nuestro Querer. Por tanto, ¿cómo dejar descontenta a quien tanto nos contenta? ¿Cómo no amar como nos amamos a Nosotros mismos, no como amamos a las demás criaturas, a quien nos ama con nuestro Amor? Con esta alma no hay velos de secretos entre Nosotros y ella, no hay nuestro y tuyo, sino todo es en común, y lo que Nosotros somos por naturaleza, impecables, santos, etc., al alma la hacemos por gracia, a fin de que ninguna dispari- dad haya entre ella y Nosotros. Y así como Nosotros no pudiendo contener nuestro Amor salimos en obras “ad extra”, así no pudiendo contener el amor de quien hace nuestro Querer, la sacamos fuera de Nosotros y la señalamos ante


los pueblos como nuestra favorita, nuestra amada, y que sólo por ella y por las almas semejantes hacemos descender los bienes sobre la tierra, y que sólo por amor a ellas conservamos la tierra; luego a esa alma la encerramos dentro de Nosotros para gozárnosla, porque así como las Divinas Personas somos inseparables, así se vuelve inseparable quien hace nuestro Querer”.

 

* * * * * * *

 

Antes de comenzar a analizar este importante capítulo, queremos llamar la atención del lector a los párrafos 2, 3 y 4, en los que Nuestro Señor Nos da Revelaciones extraordinarias relativa al “comportamiento” que existe entre las Tres Divinas Personas, y en la naturaleza, oculta hasta ahora, de la Relación de Amor que se tienen. Decimos la naturaleza, pero no es la caracterización correcta de lo que está ocurriendo, sino que quizás debiéramos decir que explica cómo se desarrolla, se ha desarrollado, y continuará desarrollándose esta Relación de Amor entre las Tres Divinas Personas.

 

Y analicemos este importante capítulo.

 

(1)    Hija mía, quien hace mi Voluntad entra a tomar parte de las acciones “ad intra” de las Divinas Perso- nas; solo para quien hace mi Querer está reservado este privilegio, no sólo de tomar parte en todas nuestras obras “ad extra”, sino que de estas pasa a las obras “ad intra”. - Nos ha hablado muchas veces de las Obras Divinas, y como se dividen en obras ad-intra y obras ad-extra, y aunque sabemos que las Obras ad-extra tienen que ver con todo lo que crea, ha creado y creará, poco o nada sabemos de las Obras ad-intra, porque funda- mentalmente no creo que entenderíamos lo que son, aunque el Señor tratara de explicarlas. Lo que si sabemos, es que tienen que ver con la Relación Amorosa que se tienen los Tres.

 

Dicho esto, sin embargo, el Señor Nos dice en este capítulo, que sin que las entendamos, sin que ni siquiera lo supié- ramos hasta ahora que leemos Su Revelación al respecto, tanto Luisa como nosotros, los que vivimos en Su Voluntad, participamos de Su Obrar Ad-intra, y que este Privilegio extraordinario está reservado a nosotros.

 

Ahora bien, ¿Cómo interpretar las Palabras que siguen: “no sólo de tomar parte en todas nuestras obras “ad extra”, sino que de estas pasa a las obras “ad intra”?

 

Obviamente estamos llamados a participar en las Obras ad-extra, y es en este sentido que debemos interpretar Su Deseo de que hagamos Giros en Su Creación, porque de esa manera, ahora entendemos también, estamos partici- pando de Su Quehacer Creador. Pero, ¿cómo es esto de que haciendo lo ad-extra pasamos a lo ad-intra?

 

Este párrafo solo puede entenderse cuando entendemos un poco lo que Dios es, por lo que Dios hace. Dicho aun de otra manera. Su Naturaleza y Su Obrar Interno, tienden a revelarse mejor si atendemos a lo que Dios hace.

 

Recordemos que el énfasis de los conocimientos teológicos tradicionales, relativo a cómo podemos llegar a conocer y amar a Dios verdaderamente, se concentran en el amor al prójimo; es más, el Mismo Señor Nos dice que el Primer Mandamiento ha sido “modificado” permanentemente para incluir al Amor al Prójimo como el otro elemento esencial. Ahora, Nuestro Señor anuncia que solo podemos ser uno con Él, si llegamos a Él a través de Su Creación, que por supuesto, incluye a Jesús Mismo, y a Su Madre Santísima, con lo que no existe contradicción alguna con Sus Palabras anteriores en las que afirma que “Él es el Camino, la Verdad y la Vida”.

 

(2)    He aquí porqué me es duro no contentar a quien vive de mi Querer, porque estando el alma en mi Voluntad, está en lo íntimo de nuestro corazón, de nuestros deseos, de nuestros afectos, de los pensa- mientos; su latido, su respiro y el nuestro son uno solo, - Aunque no lo ha dicho explícitamente en el párrafo 1, el Contento Trinitario comienza con esta “admisión” al Circulo Intimo de la Santísima Trinidad, porque al admitirnos pueden Ellos comenzar a “satisfacer las Aspiraciones” que tienen sobre nosotros.

 

Y, ¿cuáles son esas Aspiraciones Divinas que satisfacemos viviendo en Su Voluntad? Ellos satisfacen Sus Aspiraciones cuando, admitidos a Vivir en Su Voluntad, y viviendo consistentemente de Su Voluntad, Ellos pueden comenzar a sa- tisfacer nuestras aspiraciones; aspiraciones que Ellos Mismos han puesto en nosotros. Todo esto lo ahondará el Señor al máximo posible en el próximo capítulo.

 

Un ejemplo quizás ayude. Un tío nuestro riquísimo que tiene de todo, nos invita a vivir con él en su palacio. Cuando comenzamos a vivir con él, queremos contentarle con algo, pero no sabemos con qué. Vivimos con él, y tratamos de


hacer lo que nos pide, porque la mayor parte de las veces lo que nos pide es muy agradable, y él parece estar conten- to, pero nosotros no sabemos por qué porque nada le hemos dado que reciproque su generosidad, porque nada te- nemos que darle. Un día le preguntamos, ¿tío porque está usted tan contento, si yo no le he dado nada, ni hago nada que le sirva a usted de mucho, porque usted lo tiene todo? A lo que el tío sonriendo dirá, que él está contento porque estamos con él, porque esa siempre había sido su aspiración conmigo, y ahora la ha satisfecho.

 

Dicho esto, quizás entendamos lo que dice, particularmente si leemos ahora de atrás para adelante. Así dice que al admitirnos, estamos en lo más íntimo de “Su Corazón, de Sus Deseos, de Sus Afectos, de Sus Pensamientos”, y en esta relación, nuestros seres, el Ser Divino y el humano, están tan unidos que forman uno solo. Y entonces se pregun- ta: ¿Cómo es duro no contentar a esa criatura que vive de Su Querer, que está tan cerca de todo lo que Son? Hay dos factores en lo que dice que debemos enfatizar:

 

a)       Al nosotros formar Su Contento, Ellos se ven obligados a formar nuestro contento. Muchos de los lectores po- drán decir: y, ¿cuál es nuestro contento”, cuáles son nuestras aspiraciones que Ellos se ven obligados a satis- facer? A esta pregunta solo podemos responder como siempre respondemos diciendo, que nuestro contento viene dado, nuestras aspiraciones son satisfechas, aspiraciones que también Ellos mismos han depositado en nosotros, cuando llegamos a ser parte de Su Familia, cuando llegamos a saber más de Dios, cuando partici- pamos mas de Dios, o sea, de Sus Infinitas Perfecciones y Amor; cuando colaboramos con Él en Sus Planes y Objetivos, y cuando participamos en los Sentimientos Divinos, o sea, cuando intuimos algo de la Belleza Ex- traordinaria, de la Sublimidad de los Sentimientos Divinos; todo por supuesto, en la medida en la que nuestra capacidad como criatura, puede llegar a participar de lo que Dios es, de lo que hace, y de Sus Sentimientos.

 

b)       El segundo factor, aunque anunciado, implica que cada acción nuestra en Su Voluntad, siguiendo Sus Suge- rencias Amorosas, nos hace partícipe de Su Acto de Amor hacia nosotros encerrado en esa Sugerencia, y nos hace partícipe de los Sentimientos Divinos que también han encerrado en esa Sugerencia Amorosa. Este tópi- co de los Sentimientos Divinos que Ellos Nos participan en cada Sugerencia Amorosa de Acción, lo hemos ex- plorado en nuestra Descripción 57, e invitamos al lector a que la estudie.

 

(3)    así que son tales y tantos los contentos que nos da; las complacencias, la gloria, el amor, todos de modos y de naturaleza infinitos, nada desemejantes de los nuestros, - Los contentos que Les damos los defi- ne Jesús rápidamente, a saber, Las complacencias que recibe, porque hacemos, más o menos bien, lo que Nos pide que hagamos. Esto que hacemos Les da Gloria, porque más y más reconocemos Su Paternidad Bondadosa. Le devol- vemos, incrementado, el Amor que Nos envía en cada Sugerencia que acogemos, y todo esto lo hacemos en el Ámbito de Su Voluntad, vía la Voluntad Bilocada y Obrante que ha encerrado en nuestro Cuerpo de Luz.

 

(4)    que así como en nuestro Amor eterno, Uno rapta al Otro, el Uno forma el contento del Otro, tanto, que no pudiendo muchas veces contener este Amor y estos contentos salimos en obras “ad extra”, así quedamos raptados y felicitados por esta alma que hace nuestro Querer. - En el párrafo cumbre de este capítulo, por las Revelaciones sobre lo que constituye la Relación Trinitaria, dice el Señor, que así como cada Uno de Ellos “rapta al otro”, en forma alternada y constante; así como cada Uno de Ellos “forma el contento del Otro”, así la criatura que vive en Su Voluntad, Les rapta y Les contenta, y añade, que Ellos se felicitan entre Sí, por la excelente labor que han realizado en nosotros.

 

Aunque el verbo raptar tiene una connotación desagradable, hay una acepción que dice que rapto es “estado del alma dominada por un sentimiento de admiración y unión mística con Dios”. En esta definición hay un concepto con el que el Señor intenta explicar algo de la Relación Trinitaria. Al decir que el “Uno rapta al Otro” implica que en esta Acción Divina ad-intra, lo que Uno de Ellos inicia, atrae tanto al Otro, o a los Otros Dos, que quisiera absorberlo o absorberlos en ese Uno. Al mismo tiempo, ese “raptar” Uno al Otro, o a los otros Dos, implica que esa acción del Uno satisface perfectamente las Aspiraciones que el Otro, o los Otros Dos, puedan tener. Y, ¿cuáles son las Aspiraciones de las Otras Dos Personas Divinas que la acción de la Una puede llegar a satisfacer perfectamente? Pensamos que la res- puesta está claramente delineada, en que, sea cual fuere la Acción que el Uno inicia, el Otro o los Otros Dos se sien- ten “amados” por el Uno, o sea, sienten que son la Admiración del Uno, sienten que el Uno piensa que los Otros Dos son los Seres mas merecedoras de esa Atención y Halago, que el Uno siente por el Otro, o los otros Dos.

 

Quizás no hemos comprendido aún, pero estamos comprendiendo cada vez más, que nuestro creciente Conocimiento de Ellos y de Nuestro Señor, provoca en nosotros una Admiración cada vez más profunda, un quedarnos constante- mente “boquiabiertos” con lo que llegamos a saber; nos embarga un sentimiento de que el Ser Divino es verdadera-


mente lo más importante, lo mas merecedor de nuestra atención y halago, y de que todos nuestros esfuerzos deben encaminarse a contentarles. Ellos sienten esta Admiración nuestra, sienten que nosotros, con nuestras limitadas ac- ciones, pero con nuestra infinita intención, queremos “raptarles” como Ellos Mismos se raptan entre Sí, como cada Uno de Ellos admira al Otro, o a los otros Dos, y como Nos “raptan” a nosotros, porque admiran la labor que han rea- lizado en nosotros.

 

(5)    Por tanto, ¿cómo dejar descontenta a quien tanto nos contenta? ¿Cómo no amar como nos amamos a Nosotros mismos, no como amamos a las demás criaturas, (sino) a quien nos ama con nuestro Amor? Con esta alma no hay velos de secretos entre Nosotros y ella, no hay nuestro y tuyo, sino todo es en co- mún, - Es difícil explicar este párrafo, para el que Nos ha estado preparando. Si pudiéramos haber visto a Jesús en el momento en que Le decía estas Palabras a Luisa, quedaríamos extasiados. Es tal la profundidad de Sus Sentimientos que nos apabulla.

 

Su retorica, expresada negativamente, es particularmente efectiva: ¿Cómo no contentar a quien tanto Nos contenta?

¿Cómo no amar… a quien Nos ama con nuestro Amor? La conclusión del párrafo es igualmente extraordinaria, porque dice, que como resultado de ese Deseo Trinitario de contentarnos y de amarnos, revelan todos Sus Secretos, y hacen todo en común con nosotros.

 

Este comunidad del Ser Divino con nosotros, “no hay nuestro ni suyo, sino todo es común”, es una expresión que abarca todos los siglos, es eterna, y así, cada uno de los que viven verdaderamente en Su Voluntad, participan de todo lo que este Ser Divino es, y de todo lo que ha hecho, antes de nosotros existir, ahora que existimos, y en el futu- ro, si no en esta tierra, ciertamente en el Cielo.

 

(6)    y lo que Nosotros somos por naturaleza, impecables, santos, etc., al alma la hacemos por gracia, a fin de que ninguna disparidad haya entre ella y Nosotros. – El Señor comienza ahora a dictar las consecuencias de este “no hay nuestro ni suyo, sino todo es en común”, en los párrafos 6 al 8.

 

En este primer párrafo habla de la primera consecuencia, a saber, que Nos hacen por gracia lo que Ellos son por natu- raleza. Este concepto lo hubiéramos aceptado antes, porque Él lo dice, y en esta Revelación como en todas, nuestra Fe en lo que Nos dice es firme, pero hubiera sido una aceptación totalmente ciega. Ahora, ya no es tan ciega, porque conocemos que la Vida en Su Voluntad incluye la formación de un Cuerpo de Luz, todo Divino, que replica el nuestro, y en el que reside Su Voluntad Bilocada y Obrante. Es este “Cuerpo de Luz” al que se refiere, cuando dice que somos por Gracia lo que Ellos son por naturaleza. Cohabita con nosotros, y en la medida en que vivimos y lo desarrollamos con los Conocimientos adquiridos y las Obras practicadas, mas y mas toma las riendas de nuestra vida total, menos disparidad hay entre Ellos y nosotros, más nos “parecemos” a lo que Ellos son por naturaleza.

 

Por supuesto, que en este crecimiento todo Divino que está ocurriendo en ese Cuerpo de Luz, nuestra vida natural, cuerpo y alma, participa y se beneficia, pero siempre en forma limitada, porque la labor principal de nuestro cuerpo natural, es la de iniciar el proceso Divino que está ocurriendo en nuestro interior.

 

(7)    Y así como Nosotros no pudiendo contener nuestro Amor salimos en obras “ad extra”, así no pudien- do contener el amor de quien hace nuestro Querer, la sacamos fuera de Nosotros y la señalamos ante los pueblos como nuestra favorita, nuestra amada, y que sólo por ella y por las almas semejantes hace- mos descender los bienes sobre la tierra, y que sólo por amor a ellas conservamos la tierra; - La segunda consecuencia es la de “sacarnos fuera de Ellos, y mostrarla a todos los pueblos como nuestra favorita”. En el caso de Luisa ya todo esto está ocurriendo. Su Beatificación está muy adelantada, y el Reconocimiento Oficial de la Iglesias, no debe ya demorar mucho. Sabemos, que en la medida en que Su Beatificación avance, así también avanza este Apostolado, con el que el Espíritu Santo va a conducir ahora a la Iglesia por esta nueva dirección complementaria. El Señor Nos está sacando a todos afuera de Sí, y mostrándonos a todos los pueblos, como gente escogida, como gente a seguir. ¿Nos parece difícil? Mas asombrada debe estar Luisa ahora en el Cielo, de lo que ha sucedido ya con esta pobre campesina italiana, y sus “pobres” Escritos, redactados con pluma de cabo y en libretas de colegio.

 

La segunda parte del párrafo 7 es aun más sorprendente, y en un principio la rehuimos, y como que no se la creemos.

¿Es posible, diremos, que por Luisa y por nosotros, “las almas semejantes, Ellos hacen descender los bienes sobre la tierra, y que solo por amor a nosotros la conservan”?


Nuestra no aceptación de lo que Nos dice, tiene mucho que ver con nuestra comprensión de nuestra nulidad, y nuli- dad imperfecta, si es posible darle a la palabra nulidad algún adjetivo. Así, interpretamos la conjunción “por” como indicativa de que los Bienes que hace descender y la conservación de la tierra, lo hace para complacernos, o distin- guirnos, o para que los otros no tengan en grande estima. Lógico es que pensemos así, porque esta parte del párrafo sigue a la otra, en la que dice que Nos señala ante los pueblos, como Sus criaturas favoritas. Sin embargo, no es este el uso que Le da a la conjunción “por”. El “por” quiere decir, “a través de”. Así si parafraseamos el párrafo correcta- mente, veremos que preserva nuestra nulidad imperfecta, y que Nos usa como el vehículo a través del cual, Él benefi- cia al resto de Sus criaturas.

 

Y así como Nosotros no pudiendo contener nuestro Amor salimos en obras “ad extra”, así no pudiendo contener el amor de quien hace nuestro Querer, la sacamos fuera de Nosotros y la señalamos ante los pueblos como nuestra favorita, nuestra amada, y que sólo a través de ella y a través de las almas semejantes hacemos descender los bienes sobre la tierra, y que solo a través del amor a ellas conservamos la tierra.

 

Incidental a este concepto, ahora comprendemos también una frase del Magníficat de Nuestra Madre Santísima, que siempre nos había perturbado, porque no existe criatura más unida a Nuestro Dios que Su Madre, y en esta frase Nuestra Señor aparenta darse alguna importancia, cosa que es incompatible con Su Humildad perfecta.

 

Proclama Mi Alma la Grandeza del Señor, Se alegra Mi Espíritu en Dios, Mi Salvador,

Porque ha mirado la humillación de Su esclava.

 

Desde ahora me felicitaran todas las generaciones, Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por Mí, Su nombre es santo,

Y Su Misericordia llega a Sus fieles,

De generación en generación…

 

De ahora en adelante, cuando leamos el Magníficat pensaremos que Nuestra Señora afirma “que el Poderoso ha he- cho obras grandes a través de Mi”, con cuya Afirmación todos estamos de acuerdo; Afirmación que está en perfecta concordancia con Su Perfecta Humildad.

 

(8)    Luego a esa alma la encerramos dentro de Nosotros para gozárnosla, porque así como las Divinas Personas somos inseparables, así se vuelve inseparable quien hace nuestro Querer”. – La tercera conse- cuencia es que “nos encierra dentro de Ellos para gozar de nuestra compañía”. Este es otro concepto difícil, a menos que lo pongamos en el contexto de nuestro Cuerpo de Luz, y que es este Cuerpo de Luz, el que Ellos encierran en Ellos, para disfrutar junto con nosotros de nuestra compañía, de lo que hacemos, y para continuar felicitándose por la Labor que ha realizado y continúa realizando en nosotros.

 

Resumen del capítulo del 19 de Marzo de 1914: (Doctrinal) Página 120 Continua el Contento de Jesús -

 

Parece que el bendito Jesús tiene ganas de hablar de su Santísimo Querer. Yo me estaba difundiendo en todo el inte- rior de Él, en sus pensamientos, deseos, afectos, en su Voluntad, en su Amor, en todo, y Jesús con una dulzura infini- ta me ha dicho:

 

“¡Oh, si tú supieras el contento que me da quien hace mi Voluntad, tu corazón estallaría de gozo! Mira, a medida que tú te difundías en mis pensamientos, deseos, etc., así formabas el entretenimiento de mis pensamientos, deseos, y mis deseos fundiéndose en los tuyos jugaban juntos; tus afectos unidos a tu voluntad y a tu amor, corriendo y volan- do en mis afectos, en mi Querer y Amor, se besaban juntos, y derramándose como rápidos ríos en el mar inmenso del Eterno, se entretenían con las Divinas Personas, ahora con el Padre, ahora Conmigo, y ahora con el Espíritu Santo, y ahora, no queriendo ceder el tiempo el Uno al Otro, nos entreteníamos los Tres juntos y de ella formábamos nuestro joyel, y este joyel nos es tan querido, que debiendo formar nuestro entretenimiento lo tenemos celosamente “ad in- tra”, en lo íntimo de nuestra Voluntad, y cuando las criaturas nos amargan, nos ofenden, para serenarnos tomamos nuestro joyel y nos entretenemos juntos”.

 

* * * * * * *


Continúa Jesús con la explicación de lo que significa Su Contento con las criaturas que hacen Su Voluntad, viviendo en Su Voluntad.

 

Como ya hemos estudiado en la Descripción 102, del capítulo del 26 de Abril de 1928, volumen 24, contentar es “sa- tisfacer las aspiraciones de otro”, y el que está contento, lo está, porque sus aspiraciones han sido satisfechas. Entre las muchas “Aspiraciones” que Jesús tiene respecto de la línea de creación empezada en Adán, y que poco a poco, están siendo satisfechas por los que viven en Su Voluntad, ya ha anunciado las mas importante, cual es la de utilizar nuestras vidas y nuestros actos para traer un Reino de Su Voluntad a la tierra, como ya lo tiene en el Cielo. Aunque esta es Su Aspiración más importante, no por eso es la única; hay otras aspiraciones que desea y necesita satisfacer, por lo que necesita que las conozcamos.

 

Dicho esto, entendamos también lo que Nos dice en el capítulo del 14 de Marzo, que se le hace difícil no contentarnos a nosotros, o sea “satisfacer nuestras aspiraciones” porque nuestro objetivo principal es el de “satisfacer Sus Aspira- ciones”. Este es un punto de vista que necesitamos recordar una y otra vez en nuestro peregrinar en Su Voluntad, que nuestra “misión” más importante es la de Contentar a Jesús.

 

En el capítulo del 17 de Marzo que precede a este, Nos anuncia que satisfacemos Sus Aspiraciones de ver a criaturas que viven en Su Voluntad, que comparten Sus Secretos, que Les aman con Su Mismo Amor, que obran como Ellos obran, que se han convertido, por Gracia otorgada, en Ellos Mismos.

 

En este capítulo Nos anuncia que satisfacemos Sus Aspiraciones de que seamos el Entretenimiento de las Tres Divinas Personas, el de Jesús, el de Su Madre Santísima, pero este es un Entretenimiento sano, como entre miembros de una misma Familia. No es como el entretenimiento que pudiéramos derivar de alguien al que pagamos para que nos entre- tenga, que en el mejor de los casos, es un entretenimiento artificioso, en el que. El que entretiene, no ha puesto toda su persona, sino que es el entretenimiento de hijos con Padre, y Padre con hijos, en el que él unos y otros han puesto su alma y corazón.

 

Dice el Señor que en este Entretenimiento, los Pensamientos y Deseos Divinos se funden con los de Luisa, y los nues- tros, y “juegan juntos”. Es Entretenimiento en el que los afectos de Luisa, y los nuestros, unidos a nuestra voluntad y a nuestro amor, corren y vuelan en Sus Afectos, para “besarse juntos”. Es Entretenimiento que Les llega como llegan rápidos ríos a un Mar Inmenso, cual es Su Voluntad, pero es un Entretenimiento personalizado, porque van dirigidos unas veces al Padre, otras al Hijo y otras al Espíritu Santo; y pudiéramos añadir nosotros, y a la Virgen Santísima, sea cual fuere la naturaleza del Giro con el que entretenemos a cada una de Ellos. Es entretenimiento tan precioso a Ellos, que Nos guardan a nosotros y a nuestros actos, como se guarda un Joyel que contiene joyas preciosas. ¡Cuántas ve- ces en tiempos difíciles, acudimos a objetos, fotos, y cartas guardadas celosamente, para encontrar en esos objetos, fotos y cartas, un poco de respiro en medio de grandes dificultades! Igual dice el Señor de Ellos Tres. Cuando las cria- turas lo amargan, sacan de lo más profundo de Sus Personas Divinas, a Sus joyeles, para hacerles olvidar las amargu- ras presentes. Todo esto es consistente con lo dicho en el último párrafo del capítulo anterior, en el que Nos dice que Nos tiene a todos encerrados en Él para gozar de nuestra compañía.

 

Resumen del capítulo del 21 de Marzo de 1914: (Doctrinal) página 121 -

 

Jesús continúa: “Hija mía, Yo amo tanto a quien hace mi Voluntad, que no puedo manifestarlo todo, ni todo junto el amor con el que la amo, la gracia con la que la voy enriqueciendo, la belleza con la que la voy embelleciendo, ni todos los bienes con los que la voy llenando; si Yo le manifestase todo junto el alma moriría de alegría, el corazón le estalla- ría, de manera que no podría vivir más sobre la tierra, y de golpe tomaría el vuelo hacia el Cielo; sin embargo Yo siento una irresistible necesidad de hacer conocer lo mucho que la amo, es demasiado duro amar, hacer el bien y no hacerse conocer. Mi corazón me lo siento como romper, y no pudiendo resistir a tanto amor le voy manifestando poco a poco como la amo, y todos los dones con los cuales la voy llenando, y cuando el alma se sentirá llena hasta el bor- de, hasta no poderlos contener más, en una de estas manifestaciones mías desaparecerá de la tierra y desembocará en el seno del Eterno”.

 

Y yo:

 

“Jesús, vida mía, me parece que exageras un poco al manifestarme hasta dónde puede llegar un alma que hace tu

Voluntad”.


Y Jesús, compadeciendo mi ignorancia, sonriendo me ha dicho:

 

“No, no amada mía, no exagero, quien exagera parece que quiere engañar; tu Jesús no sabe engañarte, más bien es nada lo que te he dicho, recibirás mayores sorpresas cuando rota la cárcel de tu cuerpo y nadando en mi seno, abier- tamente te será develado hasta dónde mi Querer te ha hecho llegar”.

 

* * * * * * *

 

Abandona el Señor el tema del contento, para darnos Conocimientos sobre otro nuevo aspecto del Amor Divino. Espe- cíficamente quiere hablarle a Luisa de la “cantidad” de Amor que Le tiene a toda criatura que hace Su Voluntad vi- viendo en Ella. Pudiera parecernos a primera vista, que habla del Amor que Le tiene a Luisa, porque es la primera criatura de la estirpe común que vive en Su Voluntad, pero debemos recordar que estamos ya en 1914, y que en los últimos 25 años, o sea desde 1889, en que a Luisa Le otorga el Don, es muy probable que ya otras criaturas estén viviendo en Su Voluntad, como resultado de su asociación con Luisa, y sus Escritos. Nos referimos específicamente a los confesores de Luisa, a las personas que la atendían, y a otros visitantes que querían saber de ella, atraídos por su fama de santidad creciente. Es este mismo Amor con el que el Señor ama a todos los que hacen Su Voluntad viviendo en Ella.

 

La pregunta obligada es: ¿Por qué Nos ama el Señor tan especialmente? La única respuesta que podemos dar a esta pregunta es: porque estamos colaborando con Él en la cosa más importante para Dios respecto de nosotros, porque estamos colaborando con Él en la Venida del Reino del Fiat Supremo como en el Cielo en la tierra. Pero, podrán pre- guntar muchos, ¿no Nos ama el Señor por nuestro amor al prójimo, traducido en obras caritativas, porque tratamos de ser buenos y vivir en Su Gracia? Por supuesto que el Señor Nos ama por todo esto, pero no con este Amor tan especial que ha reservado desde siempre, por aquellos que lleguen a conocer, apreciar y amar vivir en Su Voluntad.

 

Examinemos ahora la “cantidad” y “calidad” del Amor que Le tiene a Luisa y a todos los que como ella, hacen Su Vo-

luntad, viviendo en Su Voluntad.

 

Lo primero que dice es que “no puedo manifestarlo todo”, y también dice que tampoco “puedo manifestarlo todo junto”, porque “si Yo le manifestase (al alma) todo junto el alma moriría de alegría, el corazón le estallaría, de ma- nera que no podría vivir más sobre la tierra, y de golpe tomaría el vuelo hacia el Cielo”.

 

Dicho esto, sin embargo, aunque no pueda expresar la “cantidad” de Su Amor, si quiere detallar la “calidad” de ese

Amor tan especial, porque “Yo siento una irresistible necesidad de hacer conocer lo mucho que la amo”.

 

Las características de “calidad de Amor” que el Señor enumera son las siguientes:

 

a)       El Amor con el que la amo: Parece una redundancia por parte del Señor, pero no lo es. El concepto de Amar envuelve una atracción irresistible hacia el objeto o persona, que se ama, porque ese objeto o persona encie- rra un atractivo especial para el amante. Esa atracción irresistible, se traduce en obras y palabras, con las que se demuestra esa atracción, y con las que el amante intenta incrementar el atractivo que ese objeto o persona tiene para él. Dicho de otra manera. El amor se demuestra con actos que testimonian ese amor, y sirven para aumentar el amor. Cada vez entendemos mas, que cada manifestación del Señor respecto de Sus Sentimien- tos, de Sus Sufrimientos, Alegrías, Sus Planes para la Venida del Reino, etc., que ha compartido con Luisa a través de los años, y ahora con nosotros, son actos de Amor con los que Él testimonia Su Amor, Su Atracción irresistible hacia Luisa y nosotros, y con los que espera que nuestro amor en correspondencia se incremente, y nuestro atractivo aumente. Da testimonio de este Amor, con cada Sugerencia Amorosa que Nos envía, por- que independientemente de la razón por la que quiere que hagamos algo, la preparación de cada Sugerencia, por insignificante que parezca, envuelve tanto Amor por parte Suya, que jamás podremos la cantidad y cali- dad que cada Sugerencia encierra. Dice tantas veces en estos Escritos, que “Yo amo a un alma sola, como amo a todas las almas juntas”, y esto nos parece exagerado, pero Él nunca Nos ve como cada uno es, sino como El ha planeado que cada uno fuera, y como ve que cada uno, viviendo en Su Voluntad, puede llegar a ser.

 

b)       La Gracia con la que la voy enriqueciendo: La “capacitación”, cada vez más abundante que Luisa recibe de Dios para qué, momento a momento, ella pueda entender cada vez mas y cada vez mejor, lo que quiere y es- pera de ella, y cómo debe “contentarle”, satisfaciendo Sus Aspiraciones respecto de su misión. Esta capacita-


ción, que viene a espaldas de cada Sugerencia, de cada Acto de Amor, es una parte integral de ese Amor es- pecial que tiene por cada criatura que vive en Su Voluntad. No solamente necesita decirnos lo que Nos ama, lo que espera de nosotros como reciprocidad a ese Amor que Nos tiene, sino que tiene que capacitarnos, acto por acto, para que podamos realizar lo que espera de nosotros. Sus Actos de Amor son continuos, pero tam- bién lo son las decisiones que tenemos que hacer para escoger hacer lo que Él quiere. Este “poder de decidir”, esta libertad de Voluntad está siempre vigente, y necesita ser fortalecida también siempre, acto por acto, para que escojamos hacer siempre, lo que Él quiere que hagamos.

 

c)        La belleza con la que la voy embelleciendo: Al Luisa participar mas y mas de los Sentimientos de Jesús y Sus Planes; al Luisa quedar capacitada más y más, para realizar todas y cada una de las Sugerencias Amorosas que Él necesita que haga, Luisa se hace mas y mas bella a los Ojos de Jesús, porque cada vez se parece mas y mas a Él y a Su Madre Santísima en el cumplimiento de la labor que se le ha asignado.

 

d)       ni todos los bienes con los que la voy llenando: Todo esto que Luisa ha estado recibiendo como “herramien- tas” para hacer Su Voluntad, viviendo en Su Voluntad, son también Bienes que recibe del Señor, y se van “acumulando” y “depositando” en esta nueva Vida de Su Voluntad a la que ha renacido, y que está desarro- llando. Luisa, y su Cuerpo de Luz, en el que ha Bilocado Su Voluntad Obrante, es, momento a momento, más capaz de hacer lo que Él quiere, más bello, y más atractivo a Su Amor; en una palabra, “más llena de Él”.

 

No podemos dejar sin mencionar lo que el Señor continua diciendo y que ya hemos leído. Si Luisa supiera de Su Amor hacia ella, “su corazón estallaría”, y de un golpe, su alma, y su Cuerpo de Luz, saldrían disparados como por un resor- te en dirección al Cielo, a la unión eterna con Él. Por último describe, que es precisamente, en alguno de esos Actos de Amor, que Su Atracción al alma será tal, que esa alma “desaparecerá de la tierra, y desembocará en el Seno del Eterno”.

 

Resumen del capítulo del 24 de Marzo de 1914: (Doctrinal) Página 122

 

Continuando habitual estado me lamentaba con Jesús porque no venía aún, y viniendo me ha dicho:

 

“Hija mía, mi Voluntad esconde en Sí a mi misma Humanidad, he aquí porqué hablándote de mi Voluntad, alguna vez te escondo mi Humanidad y te sientes rodeada de luz, oyes la voz y no me ves, porque mi Voluntad la absorbe en Sí, pues ésta tiene sus límites, mientras que mi Voluntad es eterna y sin límites. En efecto, mi Humanidad estando en la tierra no ocupó todos los lugares, todos los tiempos ni todas las circunstancias, y adonde no pudo Ella llegar, suplió y llegó mi Voluntad interminable; y cuando encuentro a las almas que en todo viven de mi Querer, suplen a mi Humani- dad, a los tiempos, a los lugares y a las circunstancias y hasta a los sufrimientos, porque viviendo en ellas mi Querer, Yo me sirvo de ellas como me serví de mi Humanidad. ¿Qué cosa fue mi Humanidad sino un órgano de mi Voluntad? Y tales son quienes hacen mi Voluntad”.

 

* * * * * * *

Y comencemos con el análisis de este capítulo.

 

(1)    Hija mía, mi Voluntad esconde en Sí a mi misma Humanidad, he aquí porqué hablándote de mi Vo- luntad, alguna vez te escondo mi Humanidad y te sientes rodeada de luz, oyes la voz y no me ves, por- que mi Voluntad la absorbe en Sí, pues ésta tiene sus límites, mientras que mi Voluntad es eterna y sin límites. – En varias oportunidades hemos comentado en las clases, que Su Decisión de crear al “hombre”, es una Decisión que precede a todo lo que llamamos Creación. Una vez decidido, y para dar cumplimiento a las ordenes de los Jefes, el Amor preparó una forma y funcionalidad material tales, llamémosle “hombre”, que pudiera realizar, “ad- extra”, lo que Ellos habían decidido también hacer con ese “hombre” que estaba por crearse, y que ahora conocemos como el Reino del Fiat Supremo.

 

Entendamos. La creación de este algo que llamamos “hombre”, está indisolublemente unido a la Creación de un Reino del Fiat Supremo, que ese “hombre” construiría, y en el que ese “hombre” reinaría; todo esto fuera de Ellos Tres, en una realidad separada, pero unida siempre a Ellos Tres en virtud de Su Voluntad, que cohabitaría con ese “hombre”, Voluntad que haría posible y proveería lo necesario para que todo esto sucediera, vía el Amor.

 

La Construcción de este Reino sería paulatina, no instantánea, como sucede cuando Ellos obran normalmente, por lo

que necesitaron crear la dimensión del “tiempo”, dimensión exclusiva al “hombre”, dimensión que El reconocería a


través de la “memoria”, facultad que también crearon y con la que le dotaron. Así, en posesión de una “inteligencia” propia, pero similar en su capacidad y unión con la Inteligencia Divina, capaz de entender las “Instrucciones de Cons- trucción” que Le enviaría el Ser Divino, y de una voluntad propia, pero en todo similar en su capacidad de decisión a la Divina, y de una memoria capaz de comprender la dimensión del tiempo, o sea, de lo ya sucedido, el “hombre” estaba preparado para ejecutar Sus Planes.

 

Esta forma y funcionalidad del “hombre”, que repetimos, no fueron creadas independiente del Reino de Su Voluntad, sino que fueron pensadas y diseñadas con el sólo propósito de construir y luego habitar este Reino de Su Voluntad, Reino en el que Las Tres Divinas Personas pudieran participarle a ese “hombre”, Sus Infinitas Perfecciones, en la me- dida que algo creado fuera de Ellos, pudiera participar de la Divinidad. Al mismo tiempo, que Le participaban, recibi- rían de ese hombre, el reconocimiento, la gloria, el agradecimiento anticipados por Ellos Tres, porque lo “harían” ca- paz de Reconocer, Agradecer, y dar Gloria a Aquellos que así Le favorecían.

 

Claro está, una cosa lleva a la otra. Para que ese “hombre” y ese Reino pudieran lograrse, había que crear los medios también materiales para que ese “hombre” pudiera subsistir y florecer, y pudiera construir el Reino anticipado. Ese Reino tenía que tener un Rey, hombre también, que dirigiera la construcción del Reino, pero no un hombre cualquiera, sino un hombre, que al mismo tiempo fuera Ellos Tres Mismos, para que el Reino resultante, fuera exactamente tal y como Ellos lo habían concebido. Una vez más, comprendieron, que un Rey sin súbditos, una Sociedad con un Jefe pero sin habitantes, no tenía sentido lógico en una Divinidad absolutamente Lógica y consecuente con lo que realiza ad-extra. La sucesión genética, es pues diseñada para que el “hombre” original pudiera replicarse en sucesores, en todo similar al original, que pudieran continuar con la labor realizada por el primero.

 

Entendemos también por estos Escritos, y para completar este panorama bastante esquemático de lo que ha sucedi- do, que el “hombre” original no es el primero en sentido cronológico, sino que el “hombre” original comenzaría Su Existencia cuando las condiciones fueran las “correctas”. Es necesario también entender, que el “hombre” original no es Adán, sino Jesús, y cómo Adán y todo otro “hombre” que ha existido o existirá es una réplica del “hombre” original, Jesús.

 

Muchas generaciones humanas precedieron la creación de Adán, y todavía no hemos alcanzado a leer alguna explica- ción Suya de porqué esto ha sido así. Quizás la encontremos, quizás no. Lo que sí Nos ha revelado es que han pasado 6,000 años de la creación de Adán. Los descubrimientos arqueológicos confirman que han existido hombres que pre datan estos 6,000 años. La misma Luisa en el capítulo del 8 de Febrero de 1924, volumen 16, dice que ella estaba “fundiéndome toda en el Santo Querer Divino, y como al hacer esto, como la más pequeña de todos, me pongo delante de todas las generaciones, aun antes que Adán y Eva fuesen creados, a fin de que antes de que ellos peca- sen yo ya hubiese preparado el acto de reparación a la Divina Majestad, porque en el Querer Divino no hay ni pa- sado ni futuro, sino que todo es presente, y también porque siendo pequeña pudiera acercarme para interceder y hacer mis pequeños actos en su Querer, para poder cubrir todos los actos de las criaturas con su Voluntad Divina, y así poder vincular la voluntad humana separada de la Divina y hacer de ellas una sola.”

 

Comprendamos también, que si ella en ese capítulo del 8 de Febrero de 1924, hubiera estado diciendo una barbari- dad, el Señor la hubiera corregido de inmediato, pero Nuestro Señor no lo hace, por el contrario, confirma que ella debe hacer esto.

 

Los que preparan estas Guías de Estudio interpretan que llegado el momento adecuado, decidió crear a Adán, fuera de la sucesión genética habitual que ya existía, para iniciar con él, una nueva línea de creación, directamente de Sus Manos, y por tanto, similar en todo, al “hombre” Jesús, la plantilla maestra del “hombre”.

 

(2)    En efecto, mi Humanidad estando en la tierra no ocupó todos los lugares, todos los tiempos ni todas las circunstancias, y adonde no pudo Ella llegar, suplió y llegó mi Voluntad interminable; - Dos Conoci- mientos de importancia en este párrafo 2.

 

Primero: Aunque Su Humanidad, después de Su Resurrección, ha sido sublimada hasta equipararla con Su Divinidad, sin embargo, no puede Él evitar que Su Humanidad haya sido creada y que haya vivido entre nosotros, en esa condi- ción de realidad creada, por 33 años. Como realidad creada, estaba Él sujeto también al Plan Divino que la Trinidad Sacrosanta había designado para Él. Más aun, ninguna realidad creada es independiente del Plan que la Santísima Trinidad tiene para con cada uno de esas realidades. Es por esta razón, que consistentemente Jesús dice, que Él ha venido para hacer la Voluntad de Su Padre. Ahora bien, en Su Plan de Vida, hubo muchas cosas que Él no estaba lla-


mado a realizar personalmente, como tampoco tuvo todas las vocaciones y oficios que la colectividad humana debe ejercer en la tierra, en la persecución de este Reino del Fiat Supremo. Por eso es que dice en este párrafo, que no “ocupó todos los lugares”, o sea, no tuvo todas las vocaciones, o cumplió con todos los oficios posibles, como tampo- co pudo quedarse entre nosotros, más allá del tiempo que la Trinidad Sacrosanta había decidido estuviera entre noso- tros.

 

Segundo: Dice sin embargo, que adonde Su Humanidad no pudo llegar, o lo que no pudo hacer, Su Voluntad suplió y llegó. Esto no es nada distinto de lo que dice, también consistentemente, que nosotros podemos hacer viviendo en Su Voluntad. En efecto, con nuestra intención de hacerlo, y haciéndolo en Su Voluntad, nosotros                                                    pode- mos suplir por lo que los demás no hacen, y llegar con nuestras reparaciones, agradecimientos, amor, adoración, etc., a donde no podríamos llegar normalmente, porque nuestra Voluntad Bilocada y Obrante es capaz de hacerlo, como la hacía por Jesús.

 

(3)    y cuando encuentro a las almas que en todo viven de mi Querer, suplen a mi Humanidad, a los tiem- pos, a los lugares y a las circunstancias y hasta a los sufrimientos, porque viviendo en ellas mi Querer, Yo me sirvo de ellas como me serví de mi Humanidad. – Dicho todo esto sin embargo, también dice, que con los que viven en Su Voluntad, a partir de Luisa, Él puede realizar, físicamente, todo aquello que no pudo hacer mien- tras vivía entre nosotros. La importancia de esta afirmación que hace en este volumen 11, en el año de 1914, solo la llegamos a comprender plenamente con lo que dice en el volumen 24, en el capítulo del 6 de Mayo de 1924, y que hemos estudiado en la Descripción 104. No queremos re-introducir aquí lo ya estudiado, pero lo que si diremos es que el Señor está “aprendiendo” con nosotros, y a través de nosotros, nuestros oficios y vocaciones respectivas, y que cuando venga Su Reino a la tierra, este “aprendizaje” será utilizado perfectamente por Él para realizar Sus Planes de construcción de este Reino, y nosotros con Él.

 

(4)    ¿Qué cosa fue mi Humanidad sino un órgano de mi Voluntad? Y tales son quienes hacen mi Volun- tad. – Como de costumbre, la sintaxis del Señor es obscura, por lo que convendría parafrasear lo que dice. Así para- fraseando decimos que:

 

¿Qué cosa fue mi Humanidad sino un órgano de mi Voluntad? Y eso mismo son ahora, los que hacen Mi Voluntad viviendo en Mi Voluntad: Órganos de acción a través de los cuales Nosotros y Nuestra Voluntad realizamos Nuestros Planes.

 

El párrafo así parafraseado se comprende mejor, salta a la vista este deseo Suyo de utilizarnos para realizar junto con nosotros, y a través de nosotros lo que Él no pudo realizar, pero quiere y necesita comenzar a realizarlo con nosotros, los que vivimos en Su Voluntad, como el principio de lo que será la labor del Reino del Fiat Supremo en la tierra como en el Cielo.

 

Resumen del capítulo del 5 de Abril de 1914: (Doctrinal) – Página 123

 

Continuando mi habitual estado, mi adorable Jesús se hacía ver dentro de una inmensidad de luz, y yo nadaba en esa luz, así que me la sentía correr en los oídos, en los ojos, en la boca, en todo, y entonces Jesús me dijo:

 

“Hija mía, quien hace mi Voluntad, si obra, la obra se vuelve luz, si habla, si piensa, si desea, si camina, etc., las pala- bras, los pensamientos, los deseos, los pasos, se cambian todos en luz, pero luz tomada de mi Sol, así que mi Volun- tad atrae con tanta fuerza a quien hace mi Querer, que lo hace girar siempre en torno a esta luz, y a medida que gira, más luz toma, luz que la tiene como raptada en Mí”.

 

* * * * * * *

 

En el estudio de este volumen 11, hemos podido observar la similitud que sus tópicos y Conocimientos tienen con los que Nos da en el volumen 24. Este capítulo no es una excepción. En el capítulo del 26 de Abril de 1928, volumen 24, habla de este concepto de transformación en Luz de todo lo que hacemos en Su Voluntad.

 

Luisa ve a Jesús dentro de una inmensidad de luz, y se veía a ella también nadando en esa misma Luz en la que Jesús estaba inmerso, y esa luz la inundaba toda. Este proceso el Señor lo ha anunciado antes diciendo que el alma que vive en Su Voluntad, es como el pez que nada en el mar. Sabemos que en efecto, el agua del mar circula fuera y dentro del pez; el pez deriva el oxigeno que necesita de la misma agua que circula por sus branquias.


 

El énfasis sigue estando en que todo lo que hacemos, aún lo involuntario, que convertimos en actos voluntarios en nuestro ofrecimiento diario, se “cambian todos en Luz”. Sabemos por otros capítulos, particularmente los del volu- men 24, que nuestro cuerpo de Luz está inmerso en el Rio o Mar de Su Voluntad. Ya hemos expresado el porqué nos gusta más el concepto de Rio que el de Mar, pero repetimos aquí lo esencial del concepto.

 

Cuando el Espíritu Santo Nos concede el Don de Vivir en Su Voluntad, y forma para nosotros un Cuerpo de Luz, en todo similar a nuestro cuerpo natural. Ese Cuerpo de Luz está dotado con una Voluntad Divina Bilocada y Obrante, con una Inteligencia y Memoria todas Divinas, que ahora, en efecto, cohabitan con nuestro cuerpo natural, cuerpo y alma, y replican todos nuestros actos.

 

Esta Voluntad Bilocada y Obrante que ha encerrado en el cuerpo de Luz, no es más que una extensión de la Voluntad Suprema, que solo puede extenderse, pero no dividirse, porque es Una e Indivisible. La Voluntad Suprema, ahora extendida en este Cuerpo de Luz, es afín a la de un rio que, de repente es desviado a una finca para que haga posible su cultivación. El río desviado, fertiliza la tierra de la finca, y cuando luego de fertilizar, la extensión de agua se incor- pora al río nuevamente, arrastra consigo inevitablemente parte de la tierra, de las semillas, de los abonos, etc., de esa finca a la que ha fertilizado. El río ya no es mismo que era antes, ahora contiene todo lo que ha arrastrado de esa finca.

 

Así ahora, Su Voluntad entra en cada uno de los que viven en Su Voluntad, y al entrar en ella, fertiliza a esa criatura, con todo lo que el Rio de Su Voluntad traía, tanto lo hecho por la Divinidad, como lo hecho por las otras que ya Vivian en Su Voluntad, y además Le trae a ese Cuerpo de Luz nuevas Sugerencias Amorosas de Acción en Su Voluntad. En una palabra, este nuevo Cuerpo de Luz es ahora parte integral de ese todo que es Su Voluntad, Una e Indivisible. Eventualmente, cuando el Cuerpo de Luz realiza lo que se Le ha sugerido que haga, los actos de luz resultantes son también “arrastrados” por el Rio de Su Voluntad que “entra y sale” de nosotros, y por tanto se incorporan a todos los actos de Luz anteriormente hechos, tanto ad-intra como ad-extra del Ente Supremo, y que el Señor denomina “el Acto Único de Dios”.

 

Todo “circula” en este Río de Luz de Su Voluntad, que nos vincula a todos los que vivimos en Su Voluntad, con la Vo- luntad Suprema y el Ser Divino. Mientras más actos hacemos en Su Voluntad, más Luz tomamos, porque nuestros actos, y los actos de todos los que viven en Su Voluntad, hacen crecer el Depósito de Luz de la Voluntad Suprema, y en este proceso circulatorio constante, recibimos cada vez más Luz, y más “quedamos raptados en Él”

 

Resumen del capítulo del 10 de Abril de 1914: (Doctrinal) – Página 124 -

 

Esta mañana mi siempre amable Jesús ha venido crucificado y me participaba sus penas, y me ha atraído hacia Él en el mar de su Pasión, tanto, que casi paso a paso la seguía. ¿Pero quién puede decir todo lo que comprendía? Es tanto que no sé por dónde empezar, diré sólo que al verle arrancar la corona de espinas, las espinas mismas obstruían el paso a la sangre y no la dejaban salir del todo, pero al arrancarle la corona de espinas esa sangre ha brotado fuera por aquellas heridas y le chorreaba a grandes ríos sobre el rostro, sobre los cabellos y después descendía por toda la persona de Jesús.

 

Y Jesús:

 

(A)    “Hija, estas espinas que me atraviesan la cabeza, pincharán el orgullo, la soberbia, las llagas más ocultas de las almas para hacerles salir fuera el pus que contienen, y las espinas tintas en mi sangre las sanarán y les restituirán la corona que el pecado les había quitado”.

 

Luego Jesús me hacía pasar a otros momentos de la Pasión, pero yo me sentía traspasar el corazón al verlo sufrir tanto, y Él casi para consolarme continuó hablando de su Santo Querer:

 

(B)    “Hija mía, mi centro sobre la tierra es el alma que hace mi Voluntad. Mira, el sol sobre la tierra expande su luz por todas partes, pero él tiene su centro. Yo en el Cielo soy vida de cada uno de los bienaventurados, pero tengo mi cen- tro, mi trono; así en la tierra me encuentro por todas partes, pero mi centro, el lugar donde erijo mi trono para reinar, mis carismas, mis complacencias, mis triunfos, y mi mismo corazón palpitante, todo Yo mismo, se encuentra todo como en su propio centro en el alma que hace mi Santísima Voluntad. Tan fundida está Conmigo esa alma, que se


hace inseparable de Mí, y toda mi sabiduría y mi potencia no saben encontrar medios cómo separarse mínimamente

de ella”.

 

Después ha continuado:

 

(C)    El amor tiene sus ansias, sus deseos, sus ardores, sus inquietudes; mi Voluntad es reposo perpetuo, ¿y sabes por qué? Porque el amor contiene el principio, el medio y el fin de la obra, por lo tanto para llegar al fin se suscitan las ansias, las inquietudes, y en éstas mucho de humano se mezcla y de imperfecciones, y si no se unen paso a paso mi Voluntad y el amor, pobre Amor, cómo queda deshonrado, aun en las obras más grandes y más santas. En cambio mi Voluntad obra en un acto simple, dando el alma toda la actitud de la obra a mi Voluntad, y mientras mi Voluntad obra el alma reposa, por lo tanto, no obrando el alma sino mi Voluntad en ella, no hay ansias ni inquietudes, y está libre de cualquier imperfección”.

 

* * * * * * *

 

Extraordinario capítulo doctrinal con nuevas e importantes Revelaciones. Analicemos en detalle, empezando con el Bloque (A).

 

Estamos en el año de 1914, y Luisa todavía no ha escrito con todo detalle las Horas de la Pasión. Mucho de lo que leemos en este capítulo, ella lo incorporará en la Hora 17, la Hora de la Coronación de Espinas. Si leemos una y otro, nos percatamos de inmediato de lo que decimos. Todo esto es comprensible. En estos primeros años del Desposorio de la Cruz, Luisa participa de Su Pasión como alma víctima, y es lógico pensar que Nuestro Señor la haya hecho “vivir” con Él Su Pasión para que luego pueda narrarla como lo hace.

 

La importancia de la Coronación de Espinas no puede minimizarse, porque el Señor sufrió esta pena incomprensible- mente dolorosa, para reparar por una de las ofensas mas graves, quizás la más grave de todas, la soberbia que esta- ba y está en el fondo y es la raíz de todo pecado humano, de toda desobediencia grave. Leamos nuevamente lo que el Señor dice al respecto:

 

Hija, estas espinas que me atraviesan la cabeza, pincharán el orgullo, la soberbia, las llagas más ocultas de las al- mas para hacerles salir fuera el pus que contienen, y las espinas tintas en mi sangre las sanarán y les restituirán la corona que el pecado les había quitado.

 

Todo lo que el Señor dice acerca de los Sufrimientos que Le infligieron, es necesario, no tan solo para restablecer la Amistad Divina y re-abrirnos el Cielo, sino para prepararnos dignamente para la Venida de Reino, a cuya construcción estamos llamados a contribuir. Esto se refleja ampliamente en Su expresión “restituirle la Corona que el pecado les había quitado”. La Corona expresa la Dignidad original que tenia Adán, y potencialmente toda su descendencia, de vivir como hijos legítimos de Dios, príncipes todos, conviviendo con Él en Su Voluntad, y actuando en perfecta unión con Su Creador.

 

Luisa no narra, pero si menciona que en esta ocasión, el Señor la llevaba a ver otras escenas de Su Pasión, y esta visión le era a Luisa demasiado dolorosa, por lo que el Señor, para distraerla, continúa con lo que constituye el cora- zón de este importante capítulo doctrinal, y que constituye el Bloque (B).

 

(1)    Hija mía, mi centro sobre la tierra es el alma que hace mi Voluntad. - y añadimos nosotros, viviendo en Su Voluntad. Como de costumbre, anuncia el titular de la Verdad Divina que quiere hacernos conocer. En este concep- to inicial hay dos Conocimientos implícitos.

 

a)       Para que Él pueda tener Su Centro en el alma que vive en Su Voluntad, Él, Jesús, se biloca en esa alma. El Je- sús “original” permanece en el Cielo, y el Jesús bilocado ahora se encuentra en la criatura, en ese Cuerpo de Luz de que hablábamos en el capítulo anterior.

 

b)       De igual manera, y como consecuencia inevitable, como son muchas las almas que vivirán en Su Voluntad a partir de Luisa, también tiene que bilocarse en cada una de esas almas.


Todos estos Jesús Bilocados, tienen que mantener una sincronización perfecta con el Jesús “original”, por lo que el Jesús “original”, tiene necesariamente que “crecer” para mantener el paso de todos los Jesús bilocados en las criatu- ras.

 

(2)    Mira, el sol sobre la tierra expande su luz por todas partes, pero él tiene su centro. Yo en el Cielo soy vida de cada uno de los bienaventurados, pero tengo mi centro, mi trono; - Jesús acude a Su comparación favorita, y dice que el sol se expande por todas partes pero no deja jamás su puesto; permanece siempre en su centro y jamás lo pierde.

 

El sol es una unidad inseparable e indivisible; sus rayos se extienden y dan vida a todo, pero al mismo tiempo, perma- necen unidos al centro. El Señor habla de que también Él tiene un centro, un trono, al lado de Su Padre, pero a su vez, Sus “rayos” son la vida de cada uno de los Bienaventurados. Esta expresión Suya es muy compleja. Nos explica- mos.

 

Para poder entender algo de lo que dice, tenemos que comenzar por el principio. Dice el Señor en uno de esos capítu- los memorables, que toda criatura nace primero en Él, en Jesús, y luego renace en el seno materno. Todos continua- mos estando en Sus Manos; porque entendido o no, todas las criaturas se Le han entregado, y a todas Nos da vida hasta que morimos, y una vez en el Cielo, es también nuestra Vida, y continúa sosteniéndonos y existiendo por toda la eternidad. Y, preguntamos, ¿qué pasa con las almas que se van al infierno? También son Su Responsabilidad, y conti- núa manteniendo sus existencias por toda la eternidad, pero desde lejos, porque Sus “rayos” también dan vida al in- fierno. Todo lo humano es Su Responsabilidad. Nada humano Le es ajeno.

 

(3)    Así en la tierra me encuentro por todas partes, pero mi centro, el lugar donde erijo mi trono para reinar, mis carismas, mis complacencias, mis triunfos, y mi mismo corazón palpitante, todo Yo mismo, se encuentra todo como en su propio centro en el alma que hace mi Santísima Voluntad. – en otro capítulo memorable del volumen 6, Luisa dice que veía como Jesús dirigía todo, se responsabilizaba con todo, desde dentro de ella, y dentro de ella forma Su Centro, el lugar desde donde se extiende por todas partes y da vida a todos. Aquí el Señor confirma que Su Centro está en el alma de la criatura que hace Su Voluntad, viviendo en Su Voluntad.

 

(4)    Tan fundida está Conmigo esa alma, que se hace inseparable de Mí, y toda mi sabiduría y mi poten- cia no saben encontrar medios cómo separarse mínimamente de ella. - No debe entonces extrañarnos el que Su Sabiduría y Potencia no sepan ni puedan separarse de estas criaturas que viven en Su Voluntad, y a través de las cuales, cada Jesús Bilocado dirige y da vida a todas las almas afines a aquella en la que vive como en Su Centro. Di- cho de otra manera y con un ejemplo. El Jesús que se ha bilocado en un pintor que vive en Su Voluntad, extiende Sus Rayos, Su Vida, a todas los demás pintores que existan en esos momentos; todos viven porque ese pintor que vive en Su Voluntad, vive.

 

Era esta la manera en la que hubiera vivido con Adán y su descendencia. Independientemente de la conexión que tienen, los que viven en Su Voluntad con la Voluntad Suprema, vía la Voluntad que ha bilocado y obra en cada criatura que vive en Su Voluntad, está también la conexión de unión que esa criatura tiene con Él personalmente: “tan fundi- da está conmigo”. Ya no es una conexión que permite y autoriza a esa criatura a actuar como Dios actúa, sino que es una conexión que permite y autoriza a esa criatura a ser la verdadera y perfecta imagen del hombre perfecto, Jesús, o la mujer perfecta, María; imagen que siempre ha querido tuviéramos; sintiendo como Él siente, compartiendo con Él Sus Triunfos, y Su Amor por todos.

 

* * * * * * *

 

Y analicemos ahora el Bloque (C). Normalmente desmenuzamos lo que el Señor Nos comunica, pero esta vez, es pre- ferible analizar el tópico en forma global, y sustanciar nuestro análisis con los detalles de Sus Palabras. Las transcribi- mos nuevamente, para tenerlas presente.

 

“El amor tiene sus ansias, sus deseos, sus ardores, sus inquietudes; mi Voluntad es reposo perpetuo, ¿y sabes por qué? Porque el amor contiene el principio, el medio y el fin de la obra, por lo tanto para llegar al fin se suscitan las ansias, las inquietudes, y en éstas mucho de humano se mezcla y de imperfeccio- nes, y si no se unen paso a paso, mi Voluntad y el Amor, pobre Amor, cómo queda deshonrado, aun en las obras más grandes y más santas. En cambio mi Voluntad obra en un acto simple, dando el alma toda


la actitud de la obra a mi Voluntad, y mientras mi Voluntad obra el alma reposa, por lo tanto, no obrando

el alma sino mi Voluntad en ella, no hay ansias ni inquietudes, y está libre de cualquier imperfección”.

 

Y ahora comenzamos.

 

Una vez que la Santísima Trinidad ha decidido crear algo, Le da la orden a Su Voluntad para que lo ejecute, pronuncia el Fiat, y a su vez, la Voluntad Suprema pasa inmediatamente la Orden Trinitaria al Amor, el Hijo Primogénito de la Voluntad, el Cual Le dará forma y funcionalidad a aquello que la Trinidad ha deseado crear. Todo lo que es creado, sin excepción, necesita de este concurso del Amor, porque necesita tomar la forma y funcionalidad necesarias para reali- zar adecuadamente los Deseos Trinitarios. La creación de algo consta pues de dos elementos distintos:

 

a)       el primer elemento consiste de una Orden genérica y simple, que Su Voluntad acepta y ejecuta. No creemos que haya una Orden más simple que la expresada en la palabra Fiat

 

b)       el segundo elemento consiste de las Órdenes específicas y múltiples que el Amor debe preparar para ejecutar, para llevar a cabo el simple Fiat Trinitario.

 

Unos ejemplos específicos ayudan. El marido pide una comida sabrosa para esta noche, y eso lo dice con toda tranqui- lidad, y con un acto simple: Esposa, hazme una comida sabrosa esta noche. La esposa que le oye, sabe lo que esa orden simple y sencilla acarrea una gran cantidad de actos que necesitan hacerse específicamente, para que esa co- mida sabrosa se materialice.

 

Cuando la Santísima Trinidad dio la orden de crear al hombre,”hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”, esa simple orden provocó una multitud incontable de actos específicos que debían ser realizados para que el hombre se materializara, y fuera imagen fiel del Hombre Jesús que ya se había diseñado anteriormente.

 

Más aún, y para terminar con este aspecto generalizado de lo que el Señor describe respecto de Su Voluntad y el Amor. Dice que el Amor, el Ente Divino, contiene en Si Mismo, “el principio, el medio, y el fin de la obra”, o sea, que el Amor tiene la capacidad de iniciar, desarrollar y finalizar todo lo que sea necesario para que la obra se realice.

 

Ahora bien. Toda Sugerencia Amorosa de la Santísima Trinidad con la que Nos guía hacia Ellos, requiere el mismo proceso que hemos descrito. Primero tiene que ser “pensado”, diseñado por Ellos, después tiene que ser decretado, la Orden o Fiat pasada a Su Voluntad, y por último, tiene que ser re-transmitida al Amor para que Le de forma y funcio- nalidad a ese Deseo Trinitario. Hay muchos ejemplos que pudiéramos escoger para explicar esto en detalle. Escojamos uno, la decisión Trinitaria de que nos alimentemos.

 

En primer lugar, desterremos de nuestra mente el concepto de que todo lo humano transcurre automáticamente; muy por el contrario, cada acto humano es diseñado por la Trinidad, y debe ser pensado, diseñado y puesto en ejecución por el Amor. Así, si nos alimentamos 3 veces al día por 365 días al año, por 80 años, cada uno de esos actos de ali- mentación debe ser preparado con el mismo cuidado, desde el primero hasta el último de los días. Nada es automáti- co, todo debe ser “Querido” por Dios y ejecutado por el Amor.

 

Dada pues la Orden, el Fiat, de que yo me alimente hoy, esta mañana, el Amor debe dar cumplimiento detallado a esta Orden genérica. Mucho hay que preparar, como ama de casa hacendosa, para que yo coma hoy por la mañana. Necesitan ocurrir otra gran cantidad de actos complementarios, todos también actos ahora del Amor, que se necesitan dar cumplimiento a la Orden Trinitaria de ahora. En estos momentos, solo el Amor interviene, nadie más. La Trinidad está ocupada en múltiples otras cosas, y la Voluntad Suprema, lo está siguiendo fielmente para cumplir lo que se está decretando, instante por instante. La complejidad del proceso de vida que sucede instante por instante, es sencilla- mente apabullante. Por ejemplo, el trigo del pan que comemos hoy, ha tenido que ser sembrado meses antes, y a su vez, para poder ser sembrado, otra multiplicidad de actos anteriores complementarios tiene que ocurrir. La compleji- dad es tal que ya no es posible describirlo.

 

Así que, repetimos, el Amor tiene que ocuparse de todo, pero al mismo tiempo no Me puede perder de vista a mí, el objeto del Acto Trinitario, el Amor tiene que bregar con mi situación diaria, adaptarse a mi condición de este instante, y resolver lo que puede afectar adversamente a la alimentación que hoy debo recibir. Debemos comprender, por ejemplo, que la alimentación que el Amor debe preparar para mi, está ahora condicionada por mis respuestas anterio- res a la alimentación que el Amor Me ha dado, y que yo he desoído. La complejidad de todo esto es también abruma-


dora. Dice el Señor que en esta labor del Amor, para “llegar al fin, se suscitan las ansias, las inquietudes, y en estas

mucho de humano se mezcla, y de imperfecciones”.

 

Seguimos con nuestro ejemplo. En esta labor de adaptación de lo que debe hacerse ahora, para contrarrestar, conti- nuar e impedir que lo anteriormente rechazado de alimentación, y no dañe la sugerencia de alimentación de hoy, el Amor puede irse en exceso, o quedarse insuficiente, y esta “imperfección” del Amor, el Señor la describe ampliamente en el capítulo del 12 de Marzo de 1910, volumen 9, y que debemos estudiar conjuntamente con este.

 

Aquí el Señor repite lo dicho en ese capítulo, cuando dice que “y si no se unen paso a paso, mi Voluntad y el Amor, pobre Amor, cómo queda deshonrado, aun en las obras más grandes y más santas.”

 

¿Qué sucede sin embargo, cuando momento a momento, acto por acto, seguimos la Sugerencia Amorosa diseñada por la Santísima Trinidad y ejecutada fielmente por el Amor? Que el Plan y la Ejecución se dan la mano, no hay nece- sidad de excesos o insuficiencias, porque todo está medido por la Sabiduría Divina y querido por Su Voluntad.

 

Más aún, dice el Señor, cuando completamos Su Sugerencia Amorosa lo mas perfectamente posible, ya no hay posibi- lidad de que el Amor necesite aumentar o disminuir las Órdenes recibidas, para compensar por nuestra actuación an- terior, “por lo tanto, no obrando el alma, sino (obrando) mi Voluntad en ella, (ya) no hay ansias ni inquietudes, y (el acto) está libre de cualquier imperfección”. Cuando la criatura no lucha ni con Su Voluntad, ni con el Amor, el alma da “toda la actitud de la obra a mi Voluntad, y mientras mi Voluntad obra el alma reposa."

 

Resumen del capítulo del 18 de Mayo de 1914: (Doctrinal) – Página 126 -

 

Sintiéndome oprimida, estaba casi a punto de ser sorprendida por las venenosas olas de la turbación. Mi amable Je- sús, mi centinela fiel, pronto ha corrido a impedir que la turbación entrara en mí, y gritándome ha dicho:

 

“Hija, ¿qué haces? Es tal y tanto el amor y el interés que tengo de mantener al alma en paz, que estoy obligado a hacer milagros para conservar al alma en paz, y quien turba a estas almas quisiera hacerme frente e impedir este milagro mío todo de amor, por tanto te recomiendo que seas equilibrada en todo. Mi Ser está en pleno equilibrio en todo, males veo, los siento, amarguras no me faltan, sin embargo no me desequilibro jamás; mi paz es perenne, mis pensamientos son pacíficos, mis palabras están endulzadas con paz, el latido de mi corazón no es jamás agitado, aun en medio de inmensos gozos o de interminables amarguras, aun el mismo obrar de mis manos en el acto de flagelar corre en la tierra inmerso en olas de paz. Así que si tú no te conservas en paz, estando Yo en tu corazón me siento deshonrado, mi modo y el tuyo no va más de acuerdo, así que me sentiría en ti obstaculizado para desarrollar mis modos en ti, y por lo tanto me harías infeliz. Sólo las almas pacíficas son mis bastones donde me apoyo, y cuando las muchas iniquidades me arrancan los flagelos de las manos, apoyándome en estos bastones hago siempre menos de lo que debería hacer. ¡Ah, jamás sea, si me faltaran estos bastones, faltándome los apoyos reduciría todo a ruinas!”

 

* * * * * * *

 

En los primeros volúmenes de los Escritos, particularmente en el primero, durante las tentaciones diabólicas que dura- ron aproximadamente tres años, el Señor Le expresó muchas veces la necesidad de mantenerse “en paz”, en medio de todas aquellas luchas en las que los demonios trataban de turbarla, de hacerla desesperar, y abandonar la labor emprendida.

 

En aquellos capítulos el Señor estableció claramente dos conceptos adicionales y afines que dan el significado correcto al concepto de Paz que desea de Luisa y de nosotros.

 

El primero de esos conceptos es el de “centrarnos en Él”, que se expresa en una firme intención de querer hacer siempre lo que Él quiere, una “intención no retractada de querer amarle siempre más” como la llama Luisa, aun cuan- do los ataques y las controversias puedan ofuscar, turbar, desordenar nuestro intelecto. El Señor mismo caracteriza este proceso diciendo que estar en paz es estar en la actitud decidida de unirnos a Él, y querer hacer siempre lo que Él quiere de nosotros.


El segundo concepto el Señor lo expresa con estas palabras: “por tanto te recomiendo que seas equilibrada en todo.” El concepto de equilibrio lo discutiremos en detalle más adelante, pero por ahora concentrémonos en el con- cepto de “centrarnos en Él”.

 

Dentro de este primer concepto se hace necesario que discutamos eso que llamamos discernimiento y que Le pedimos Nos dé en los momentos en que debemos decidir cosas de importancia en nuestras vidas.

 

Ya sabemos que en toda decisión de importancia hay dos o más alternativas que pueden perturbarnos, que tienden a desordenarnos. Nuestro intelecto y experiencias anteriores no parecen ayudarnos, y mientras más pensamos, mas nos turbamos por la multiplicidad de consecuencias que cualquiera de esos dos o más cursos de acción pueden acarrear- nos. Queremos que nuestra decisión sea “buena”, sea “correcta”, y para los que creemos, queremos que nuestra deci- sión refleje la Voluntad de Dios.

 

A veces Le pedimos que escoja Él por nosotros, o lo que es lo mismo, que Él cierre todas las otras alternativas, menos una, y por tanto, ya no nos quede más remedio que hacer esa “una”. Por desgracia, esta clase de petición no es muy escuchada, porque básicamente queremos hacer a un lado a nuestra libertad de voluntad, y eso Él no lo hace, ni aun- que se Lo pidamos.

 

A veces Le pedimos que Nos ayude a decidir, y en esta actitud, en esta petición, empezamos a alinearnos con Él, a “centrarnos en Él”. Debiéramos decir más: es imperativo que hagamos esta petición de ayuda, porque haciéndolo, no eludimos nuestra responsabilidad de decidir, pero declaramos nuestra imposibilidad de hacer algo bien sin Su Ayuda. La nada no puede hacer nada sin el Todo. Este anonadamiento es siempre agradable a Dios, siempre Le complace. Pero no hemos terminado todavía con las consecuencias de pedirle Ayuda. Entendamos, que al pedirle Ayuda, esta- mos reclamándole la Responsabilidad que ha asumido de ayudarnos a ir hacia Él, proceso que puede interrumpirse con una decisión incorrecta o pecaminosa. Cada uno de nosotros somos Su Responsabilidad, somos Su “problema”, dicho en lenguaje coloquial, y tiene que ayudarnos a resolverlo.

 

Nunca ha sido este concepto mejor expresado, que en la curación de aquella mujer no judía, si recordamos bien can- nanita. El pasaje está descrito en San Mateo, 15, 22-28. Aquel día, esta mujer se acerca al Señor para que cure a su hija que está atormentada por demonios, y en este pasaje extenso, el Señor en forma totalmente desacostumbrada pero necesaria a lo que iba a suceder, nada responde a esta mujer. Los discípulos quieren que la eche fuera, y Él solo dice: “Yo he sido enviado (a rescatar, a curar, etc.) a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Pero ella no se arredró y persistió en su petición. El Señor entonces Le responde y rechaza con gran fuerza y autoridad, y humillándola Le dice: “No es correcto o justo que quite la comida a mis hijos, para dársela a los perros”, o lo que es lo mismo y diría- mos ahora: no es correcto que yo desperdicie un milagro que debo hacer y pertenece a mis hijos, con una extranjera. Y la mujer, obviamente inspirada por Él Mismo, le responde: “Por favor Señor, mira que hasta los perros tienen que comer, aunque solo sea de las piltrafas que caen de la mesa de sus amos”.

 

Debe ser obvio para todos nosotros, que la mujer ha pedido, se reconoce nada, se reconoce perro, pero le recuerda al Señor Su responsabilidad hasta para con los perros.

 

Obviamente también, el Señor que ha utilizado todo esta situación para darnos esta lección tan trascendente, y que pocos entienden aun hoy, “Le da el pecho” a Su Responsabilidad y cura a aquella jovencita posesionada, ensalzando la Fe de aquella extranjera. Pero, preguntamos nosotros a todos los que leen: ¿Cuál es la Fe de que habla el Señor, y que esa mujer tiene? O dicho mejor aun, ¿en qué ha creído esa mujer que lo ha forzado a Él a actuar? Pues ha creído en que es la Responsabilidad del poderoso en ayudar al que no tiene poder alguno. Ha creído que el Todo es respon- sable de la nada. A esta clase de Fe fuerte, el Señor no puede “zafarle el cuerpo”, ni puede eludirla, tiene que afron- tarla y resolverla.

 

Dicho todo esto, no pidamos discernimiento, pidámosle que asuma la Responsabilidad que tiene con nosotros, y cre- yendo esto con toda firmeza, lo que decidamos, sea lo que sea, sea lo que Él quiere de nosotros.

 

Hay otra manera de expresar este proceso del discernimiento, y que puede parecer confusa, pero como todo, hay que dedicarle un poco de tiempo para pensarla. Podemos decir, que enfrentados a una decisión entre dos o más alternati- vas de acción, si estamos igualmente preparados para hacer cualquiera de las alternativas, y haríamos sin vacilación, la alternativa que Dios querría que escogiéramos, entonces, aquello que escojamos es la Voluntad de Dios.


A estas alturas, un ejemplo quizás ayuda. Supongamos que vamos a un amigo para que nos ayude a tomar una deci- sión y nos aconseje. El amigo nos pregunta después de conocer el problema y las alternativas: Esta primera alternati- va, ¿tu estarías dispuesto a hacerla si Dios viniera en este momento y te dijera que esa es la que Él quiere? A lo que yo respondo: Si, estoy dispuesto. Entonces él me diría. Okay, examinemos la otra alternativa. Si Dios viniera en este momento y te dijera que esta segunda es la alternativa que Él quiere de ti, ¿estarías tu dispuesto a hacerla? A esta pregunta también yo digo que sí. Básicamente he dicho que las dos alternativas me son indiferentes, estaría igualmen- te de acuerdo con las dos. Al decir que me son indiferentes, o sea, como no he expresado preferencia he dejado a un lado a mi voluntad humana, porque en el momento que yo expresara preferencia por alguna, y esto es lo importante, ya estoy decidiendo con mi voluntad lo que quiero hacer.

 

Ahora atendamos a estas observaciones finales. Sea cuales fueren las consecuencias de lo que suceda después que decidamos, porque algo vamos a tener que decidir, tenemos que tener la convicción firme de que lo que va a suceder es lo mejor, o el menor de todos los males posibles, porque al nosotros estar convencidos de que lo que hemos deci- dido es lo que Dios quería, Dios se asegura de que eso que escojamos sea, en efecto, lo que Él quería, y, por tanto, la solución mejor posible al problema confrontado.

 

(1)   Hija, ¿qué haces? Es tal y tanto el amor y el interés que tengo de mantener al alma en paz, que estoy obligado a hacer milagros para conservar al alma en paz, y quien turba a estas almas quisiera hacerme frente e impedir este milagro mío todo de amor, por tanto te recomiendo que seas equilibrada en todo. - Dice el Señor que es tanto su interés de que el alma esté en paz, toda alma, pero particularmente aquellas almas que viven en Su Voluntad, que Él hace cualquier milagro para conservar esa Paz. Rara vez nos turbamos que no sea por alguna decisión difícil que tenemos que hacer. Así que después de todo nuestro preámbulo, el Señor Nos dice que Él trata por todos los medios de realizar milagros que impidan que tengamos que caer en situaciones de difícil decisión, y que sean decisiones que Nos perturben excesivamente. Existe en Sus Palabras una advertencia que va dirigida a aquellos que le causan problemas a Sus Hijos, particularmente los Hijos e Hijas renacidas en Su Voluntad.

 

Pronuncia ahora las siguientes palabras: “por tanto te recomiendo que seas equilibrada en todo”. Como ya habíamos expresado, esta caracterización de la Paz como equilibrio en todo lo que debemos hacer, no es nueva en estos Escri- tos. El concepto del equilibrio, tiene con ver con indiferencia a aquello que se tiene que hacer, o sea, que lo que se tiene que hacer, no se exceda ni de un lado ni del otro. La Paz solo viene a estar alterada por la concupiscencia, nuestras pasiones, etc., que influyen fuertemente para que prefiramos aquello que supone un exceso, o de un lado o del otro. Entendamos bien. La Paz no se pierde en el proceso de decisión, solamente se turba, se desequilibra, pero la perdida de la Paz y el desequilibrio consiguiente, solo ocurren cuando escogemos hacer lo que Él no quiere.

 

(2)    Mi Ser está en pleno equilibrio en todo, males veo, los siento, amarguras no me faltan, sin embargo no me desequilibro jamás; mi paz es perenne, - En los párrafos 2 y 3, el Señor hace una exposición amplísima de la Paz en Él. Dice que Le rodean toda clase de amarguras, de pecados, de ofensas, pero no se desequilibra, “Su Paz es perenne”. Para poder entender esto bien, pensemos en las consecuencias que resultarían si Él perdiera esta Paz que dice posee inalterablemente. Con toda probabilidad, acabaría con todos nosotros. ¿No se lo creemos? Leamos nuevamente lo que dice en el párrafo 6. Además, aunque no fuera una destrucción total, el Señor tiene muchas mane- ras de demostrarnos Su Disgusto con este “desequilibrio” que Le causamos, sin tener que recurrir a esos extremos.

 

(3)    Mis pensamientos son pacíficos, mis palabras están endulzadas con paz, el latido de mi corazón no es jamás agitado, aun en medio de inmensos gozos o de interminables amarguras, aun el mismo obrar de mis manos en el acto de flagelar corre en la tierra inmerso en olas de paz. - Dice que no solamente tolera lo molestoso que Le somos, sino que, si pudiéramos mirar a Su Interior, comprobaríamos que todos Sus Pensamientos son pacíficos, o sea, equilibrados, no castiga mas allá de lo necesario para que escarmentemos y regresemos a la vida moral que quiere de nosotros. Dice que Sus Palabras son mesuradas, y Su Corazón jamás se agita, pase lo que pase. Dice que aun en el castigo, es mesurado, controlado para producir el efecto requerido.

 

(4)    Así que si tú no te conservas en paz, estando Yo en tu corazón me siento deshonrado, mi modo y el tuyo no va más de acuerdo, así que me sentiría en ti obstaculizado para desarrollar mis modos en ti, y por lo tanto me harías infeliz. - Una vez que ha hablado de cómo Él es, pasa a recordarle a Luisa, que Él está bilo- cado en ella, así que al ella no estar en la misma Paz que Él tiene, Él sentiría obstáculos para realizar la obra que quie- re de ella, porque no es solamente hacer lo que Él quiere, sino que Nos recuerda una vez más, que tenemos que ha- cer lo que Él quiere, pero con Sus Modos, no los nuestros. Dice que su infelicidad seria palpable, y esto no es cosa que debamos provocar en un Dios que tanto Nos ama y que tanto Nos beneficia.


 

(5)    Sólo las almas pacíficas son mis bastones donde me apoyo, y cuando las muchas iniquidades me arrancan los flagelos de las manos, apoyándome en estos bastones hago siempre menos de lo que debe- ría hacer. - Inesperadamente, el Señor eleva la categoría, la necesidad de ser pacifico, a la categoría de Bastones donde Se apoya. En los capítulos superiores habla de que los Hijos e Hijas de Su Voluntad son los puntales en donde viene a descansar el Reino del Fiat Supremo. Querramos entenderlo o no, la Advertencia es clara. No podemos vivir en Su Voluntad como Él desea, ser puntales del Reino, si no somos pacíficos, equilibrados, como lo ha estado definiendo, y como Él Mismo es. Esto de ser mas o menos pacifico, será particularmente importante tenerlo en cuenta, en el pró- ximo capítulo.

 

Dice además, interesantemente, que Sus castigos son menores cuando Él se ve rodeado de almas pacificas, que quie- ren lo que Él quiere, que aceptan Su Voluntad, que aceptan Sus Sugerencias sin desequilibrarse, que aceptan todo con santa indiferencia. De todo Le habla extensamente a Luisa en el capítulo del 1 de Noviembre de 1910, volumen 9, y transcribimos porque da final digno a este importantísimo capítulo sobre la Paz, el Equilibrio, el vivir centrado en Él, consumado en Él:

 

“Hija mía, la unidad suprema es cuando el alma llega a tal estrechez de unión con Mi Voluntad, que consume

cualquier sombra de su querer, de manera que no se puede discernir cual es Mi Querer y cuál es el suyo.”

 

“Entonces Mi Querer es la vida de esta alma, de manera que cualquier cosa que dispongo tanto sobre ella como sobre los demás, en todo está contenta, todo le parece conveniente para ella, la muerte, la vida, la cruz, la pobreza, etc., todas las cosas las mira como suyas, y que le sirven para mantener su vida. Llega a tanto, que aun los castigos no la asustan, sino que en todo está contenta del Querer Divino, tanto que le parece que si Yo lo quiero, ella lo quiere, y si ella lo quiere, el Señor lo hace, y Yo hago lo que quiere ella, y ella hace lo que quiero Yo. Este es el úl- timo punto de la Consumación de tu Voluntad en la Mía, que tantas veces Te he pedido, pero que la Obediencia y la Caridad con el prójimo no te han permitido; tanto que muchas veces Yo he cedido ante ti y no he castigado, pero tú no has cedido a Mi, por eso he estado obligado a esconderme de ti para estar libre cuando la Justicia me fuerza, y los hombres llegan a provocarme a que tome el flagelo en Mi Mano para castigar a la gente. Si te tuviera conmigo con Mi Voluntad, en el acto de flagelar, habría disminuido el flagelo, porque no hay potencia mayor en el Cielo y en la tierra que un alma en todo y por todo esté consumada en Mi Voluntad; esta alma llega a debilitarme y Me desarma como le place. Esta es la unidad suprema.”

 

(6)   ¡Ah, jamás sea, si me faltaran estos bastones, faltándome los apoyos reduciría todo a ruinas! – Somos Su Apoyo, la Razón última de porqué ha sostenido nuestra existencia por tantos siglos. De esto no debe quedarnos duda alguna. Por amor a los Hijos e Hijas de Su Voluntad, que Le están ayudando a realizar Sus Planes, está soste- niéndolo todo, pero tampoco podemos pensar que Él “acepta” nuestra ayuda sin condiciones. Muy por el contrario, tenemos que elevarnos a Sus Necesidades, no Él rebajarse a las nuestras.

 

Resumen del capítulo del 29 de Junio de 1914: (Doctrinal) – Página 127 La explicación del ad-intra -

 

Habiendo leído personas autorizadas lo que está escrito el 17 de marzo, esto es, que quien hace la Voluntad de Dios entra a participar de las acciones “ad entra” de las Divinas Personas, etc., han dicho que la cosa no estaba bien, y que la criatura no entra en esto. Yo he quedado pensativa, pero calmada y convencida de que Jesús haría conocer la ver- dad.

 

Después, encontrándome en mi habitual estado, ante mi mente he visto un mar interminable, y dentro de este mar muchos objetos, algunos pequeños, algunos más grandes, algunos quedaban en la superficie del mar y quedaban sólo mojados, otros iban más al fondo y quedaban impregnados de agua por dentro y por fuera, y otros iban tan abajo que quedaban perdidos en el mar. Ahora, mientras esto veía, ha venido mi siempre amable Jesús y me ha dicho:

 

“Querida hija mía, ¿has visto? El mar simboliza mi inmensidad, y los objetos diferentes en el tamaño, las almas que viven en mi Voluntad; los diferentes modos de estar en Ella, quién en la superficie, quién más adentro, y quién perdi- do en Mí, son según vivan en mi Querer, quién imperfecto, quién más perfecto, y quién llega a tanto de perderse del todo en mi Querer. Ahora hija mía, mi “ad intra” que te dije es propiamente esto, que ahora te tengo junto Conmigo, con mi Humanidad, y tú tomas parte en mis penas, en las obras y en las alegrías de mi Humanidad; y ahora, atrayén- dote dentro de Mí, te hago perderte en mi Divinidad, ¿cuántas veces no te he hecho nadar en Mí, y te he tenido tan dentro de que no podías ver otra cosa más que a Mí dentro y fuera de ti? Ahora, teniéndote en has tomado


parte en los gozos, en el amor y en todo lo demás, siempre según tu pequeña capacidad, y si bien nuestras obras “ad intra” son eternas, también las criaturas gozan de los efectos de esas obras en su vida según sea su amor. Ahora,

¿qué maravilla si la voluntad del alma es una con la mía, poniéndola dentro de Mí y haciéndose indisoluble, siempre, hasta en tanto que no se aparte de mi Voluntad, he dicho que toma parte en las obras “ad intra”? Y además, por el modo como está desarrollado el tema en conjunto, si hubieran querido conocer la verdad, habrían podido muy bien conocer el significado de mi “ad intra”, porque la verdad es luz a la mente, y con la luz las cosas se ven tal cual son, en cambio si no se quiere conocer la verdad, la mente queda ciega y las cosas no se ven como son, por lo tanto susci- tan dudas y dificultades y permanecen más ciegos que antes. Y además mi Ser está siempre en acto, no tiene ni prin- cipio ni fin, soy viejo y nuevo, por lo tanto nuestras obras “ad intra” han estado, están y estarán, y siempre en acto, por lo tanto el alma con la unión íntima con nuestra Voluntad, está ya dentro de Nosotros, y por tanto admira, con- templa, ama, goza, y por eso toma parte en nuestro Amor, en nuestros gozos y en todo lo demás. ¿Por qué entonces ha sido un desatino el que Yo haya dicho que quien hace mi Voluntad toma parte en las acciones “ad intra”?

 

Ahora, mientras Jesús decía esto, en mi mente me ha venido una semejanza: Un hombre que desposa a una mujer, de éstos nacen los hijos, éstos son ricos, virtuosos y tan buenos, que harían feliz a quien pudiera vivir con ellos. Aho- ra, una persona atraída por la bondad de estos esposos quiere vivir junto con ellos, y ¿no viene a tomar parte en las riquezas, en la felicidad de ellos, y con vivir junto no se sentirá infundir sus virtudes? Si esto se puede hacer humana- mente, mucho más con nuestro amable Jesús.

 

* * * * * * *

 

Analicemos este capítulo. Como ya hemos leído, Luisa comenta que “personas autorizadas” al leer lo que escribió en el capítulo del 17 de Marzo de 1914, han mostrado su inconformidad con lo dicho, a saber, que el que vive en Su Volun- tad participa de las obras ad-intra de la Divinidad. Esas personas autorizadas con toda probabilidad eran el confesor de Luisa y algún otro sacerdote, y quizás hasta el mismo Obispo.

 

Repetimos ahora lo que Luisa escribiera: “Hija mía, quien hace mi Voluntad entra a tomar parte de las acciones “ad intra” de las Divinas Personas; solo para quien hace mi Querer está reservado este privilegio, no sólo de tomar par- te en todas nuestras obras “ad extra”, sino que de estas pasa a las obras “ad intra”

 

Para responder a estas alegaciones, Nuestro Señor prepara a Luisa con la visión de un mar interminable, y dentro de ese mar flotaban muchos objetos, algunos pequeños, otros grandes, algunos quedaban en la superficie y otros se hundían. Estando en esa visión, el Señor comienza Su Explicación.

 

(1)    Querida hija mía, ¿has visto? El mar simboliza mi inmensidad, y los objetos diferentes en el tamaño, las almas que viven en mi Voluntad; - La explicación del Señor es directa y sin rodeos.

 

El Mar representa Su Inmensidad, Su Voluntad, infinita e interminable, y los objetos representan las almas que viven en Su Voluntad, y cómo esas almas tienen diferentes tamaños.

 

(2)    Los diferentes modos de estar en Ella, quién en la superficie, quién más adentro, y quién perdido en Mí, son según vivan en mi Querer, quién imperfecto, quién más perfecto, y quién llega a tanto de per- derse del todo en mi Querer. – Aunque no los conecta explícitamente con Su Explicación, los tamaños tienen que ver con el grado de perfección con el que esa criatura viva en Su Voluntad. Se sigue pues, que a mayor perfección, más tamaño en ese Mar, y una localización más cerca de la superficie o más adentro en las profundidades del Mar.

 

La pregunta que inmediatamente viene a la mente es: ¿Qué determina la localización de las almas en ese Mar, unas más en la superficie y otras más adentro? El Señor explica que esa localización depende del grado de perfección que esa alma haya alcanzado.

 

Ahora bien, ¿qué quiere decir Nuestro Señor con vivir más o menos perfectamente en Su Voluntad? La respuesta que muchos tendrían, a saber, que todo depende de cuán bien cumplimos Su Voluntad, no es una respuesta incorrecta, y nunca lo es, pero en este caso, cumplir Su Voluntad no quiere decir vivir y actuar cristianamente, sino que significa, conocer más y más de Su Voluntad a través del Estudio de los Escritos, y actuar cada vez mas y mas, siguiendo lo que Nos pide que hagamos con lo que estudiamos en estos Escritos. El menor o mayor grado en que conozcamos, apre- ciemos y amemos lo que Nos hace saber en estos Escritos, es el menor o mayor grado de perfección con el que vivi-


mos en Su Voluntad. Nuestra vida cristiana sigue a esta menor o mayor perfección, porque ¿quién puede vivir menos cristianamente después de conocer, apreciar y amar lo que el Señor quiere sepamos de Su Voluntad?

 

La otra pregunta obligada y que Jesús no responde explícitamente es, ¿Por qué los diferentes tamaños de los objetos, o sea, de las almas? La única respuesta que se le ocurre a los que preparan estas Guías de Estudio, es que al actuar en Su Voluntad, los cuerpos de Luz que esos seres humanos poseen se van desarrollando, unos más, otros menos, con lo que van aprendiendo de las Verdades Divinas encerradas en estos Escritos, y con los actos por ellos realizados para practicar esas Verdades conocidas. Así pues, su “desarrollo” determina su tamaño, crecimiento, y “peso”. Mien- tras más estudian y hacen, mas “pesan”, por lo que mientras más peso tienen, más se hunden en el Mar de Su Volun- tad.

 

Examinemos todo esto desde un punto de vista alterno, más afín con lo que ya sabíamos.

 

La posición o localización que tenían esas almas que Luisa veía, y la posición o localización que nosotros todos ahora tenemos en ese Mar de Su Voluntad, tiene que ver directamente, con la manera más o menos perfecta con la que respondemos a Sus Sugerencias Amorosas, que ahora también están dirigidas a desarrollar esta Vida Sobrenatural en Su Voluntad.

 

Las almas que viviendo en Su Voluntad, siguen Sus Sugerencias, pero quizás no del todo perfectamente, son las que estaban y están en la superficie de ese Mar de Su Voluntad. Por ejemplo, si Dios Nos sugiere que hagamos, y nosotros no hacemos todas, descuidan muchas, y otras no completan, esas inevitablemente se mantienen en la superficie, o sea, no están tan cerca de Él relativo a otras almas que se han hundido.

 

Las almas que están “más adentro” seguían y seguimos mejor Sus Sugerencias, o sea, somos frecuentes en el segui- miento y Completación de esas Sugerencias; están y estamos más atentas al Plan que Tiene para con ellas, y con nosotros.

 

Las almas que Jesús describe diciendo “y quién llega a tanto de perderse del todo en mi Querer”, son almas como la de Luisa, que están en un proceso de consumación; pocas son las Sugerencias Amorosas que no cumplen, pocas son ya sus “rebeldías” a los Planes Divinos para con ellas, viven, como dice Luisa en otros capítulos, “sumergidas en un Mar de Luz”, la voluntad humana se pierde en la Divina.

 

Dicho todo esto, y para terminar con este párrafo 2. Hay un grande Conocimiento implicado, oculto, en lo que dice, y que puede escapársenos. Ese conocimiento implícito lo queremos expresar diciendo: ¿No es extraordinario el que el Señor diga que es posible vivir en Su Voluntad imperfectamente? ¿No es extraordinario y grandemente consolador para todos, el que podamos vivir imperfectamente en Su Voluntad, o sea, que el Ser Divino no nos echa fuera de esta Vida en Su Voluntad, porque vivimos imperfectamente en Ella? Y atención a esto, esto incluye nuestras dos vidas in- separables, la vida natural, la vida cristiana de desarrollo de las virtudes, y la vida sobrenatural en Su Voluntad.

 

Es en efecto extraordinario, casi inconcebible, el que Ellos permitan esto, pero prestemos atención: Este estado de imperfección es tolerado siempre y cuando, Ellos vean que tenemos interés en hacernos más perfectos, tanto en nuestra vida cristiana virtuosa, como en nuestra Vida sobrenatural en Su Voluntad. Ya sabemos lo que tenemos que hacer para perfeccionar nuestra vida natural cristiana en las virtudes, y también sabemos ya, lo que tenemos que hacer para perfeccionar nuestra vida sobrenatural en Su Voluntad.

 

La condición de imperfección es tolerada con extrema Paciencia Divina, pero tiene límites. No podemos esperar que Ellos toleren indefinidamente a un alma que está acumulando grandes Conocimientos con estos Escritos, pero sigue descuidando lo que debe hacer para que su vida natural sea más perfecta, a través del cumplimiento de los Manda- mientos, la práctica de los Sacramentos y las obras virtuosas. Contrariamente, cada vez es más virtuosa, más perfecta en su vida natural, pero descuida los estudios de estos Escritos, muchas veces en deferencia a las prácticas de vida virtuosa cristiana.

 

Ya sabemos que la perfección nunca es absoluta, porque ninguna criatura de la estirpe común puede llegar a ser per- fecta, ni en su vida natural ni esta sobrenatural de Su Voluntad, y que la misma cantidad y calidad de Conocimientos sobre Su Voluntad que podamos llegar a adquirir depende de muchos factores, principalmente el tiempo que Nos que- de para estudiar y actuar. Pero, si dentro de ese tiempo que se Nos ha concedido por Ellos, nuestra actitud es la de


aprovechar el tiempo lo mejor posible, entonces habremos llegado al estado de perfección que estábamos llamados a conseguir.

 

(3)    Ahora hija mía, mi “ad intra” que te dije es propiamente esto, que ahora te tengo junto Conmigo, con mi Humanidad, y tú tomas parte en mis penas, en las obras y en las alegrías de mi Humanidad; y ahora, atrayéndote dentro de Mí, te hago perderte en mi Divinidad, ¿cuántas veces no te he hecho nadar en Mí, y te he tenido tan dentro de Mí que tú no podías ver otra cosa más que a dentro y fuera de ti? - La explicación de que quiere decir el Señor cuando dice “ad-intra” se hace ahora necesaria. La explicación del Señor viene por partes.

 

a)       ahora te tengo junto Conmigo, con mi Humanidad esta primera explicación de lo que es ad-intra, es más profunda de lo que a primera vista parece. La razón es que estamos tan acostumbrados a oír, por las ense- ñanzas de San Pablo, de que Nos revestimos de Cristo, de que estamos recapitulados en Cristo, etc., que este Conocimiento puede llegar a perder su significado de profundidad abismal. Sabemos que al vivir en Su Volun- tad, Jesús está bilocado en nosotros, vive en nosotros, en el Cuerpo de Luz que ha formado y constituye nuestra vida sobrenatural en Su Voluntad, pero a veces, se nos olvida, que esta convivencia con Él, con Jesús, con el Hombre-Dios en el que está encerrada la plenitud del Ser Divino, significa que convivimos con todos los Miembros del Ser Divino, a saber, la Santísima Trinidad, la Voluntad, el Amor y Su Madre Santísima. Es obvio que al decir esto, Jesús quiere recordarle a Luisa todo esto, porque no se puede estar más ad-intra del Ser Di- vino que cuando se convive con Jesús.

 

b)       y tú tomas parte en mis penas, en las obras y en las alegrías de mi Humanidad - Pero la expresión encerrada en la subdivisión a) no es suficientemente explicativa, y lo que dice ahora en esta letra b) es de grandísima importancia para todos. Cuando experimentamos todos y cada uno de los Sentimientos de Jesús, caracteriza- dos aquí como las penas, obras y alegrías que Él experimentaba como hombre, estamos participando de los Sentimientos de Dios, que en nada pueden ser diferentes a los Suyos, porque Él es Dios. ¿Qué cosa puede haber más ad-intra que experimentar lo que experimenta Dios? Luisa habla muchas veces acerca de este te- ma, cuando ella sufría lo que Él hubiera sufrido si no la tuviera a ella de alma víctima. En otras ocasiones ella narra como Jesús Le manifestaba Sus Alegrías llevándola al Cielo, y la hacía sentir las delicias de la Patria Ce- lestial. Aun en otras, Le hablaba de Sus Experiencias con Su Madre Santísima, y la transportaba para verles juntos.

 

c)        atrayéndote dentro de Mí, te hago perderte en mi Divinidad Aunque la unión hipostática del Verbo con Su Humanidad, que ahora sabemos, no es solamente la Segunda Persona la que está unidad a Sui Humanidad, sino todos los “Miembros” del Ser Divino, los que están unidos a la humanidad de Jesús, hace que experimen- tando Su Humanidad, experimentamos a Dios, también quiere el Señor que Luisa comprenda que hay cosas que Dios hace sin valerse de Su Humanidad para hacerlas, porque son “cosas” que Dios hace en las que el ser humano no está envuelto, y que por supuesto desconocemos. Por lo que aquí dice el Señor, es muy probable que a Luisa se le haya dado a conocer de algunos de esos otros “detalles” de la Vida Divina no relacionados con nosotros.

 

Dicho esto, sin embargo, sabemos que Luisa ha podido ver a las Tres Divinas Personas, tanto como Tres Pe- queños” niños”, y también como adultos en los Desposorios Místicos. Ella ha “visto” la Luz de Su Voluntad, y ha estado inmersa en Ella. Ella ha estado en el Cielo y ha compartido con los Ángeles y Bienaventurados la Vi- da Celestial. Todo esto es ad-intra también.

 

Por último Le dice, que ella ha estado tan unida a Él, que ya ella no veía nada fuera de ella, sino que todo lo veía en Él y a través de Él. ¿Puede haber una participación mayor de lo ad-intra de la Divinidad?

 

(4)    Ahora, teniéndote en Mí tú has tomado parte en los gozos, en el amor y en todo lo demás, siempre según tu pequeña capacidad, y si bien nuestras obras “ad intra” son eternas, también las criaturas go- zan de los efectos de esas obras en su vida según sea su amor. – Veámoslo o no, todos estamos participando de lo mismo que participaba Luisa, según sea nuestra capacidad, o sea, según sea nuestro desarrollo en Su Voluntad, porque en la medida que vamos absorbiendo los Conocimientos sobre las Verdades Divinas, vamos participando mas y mas del obrar ad-intra con este Jesús que se ha bilocado en cada uno de nosotros, cuando recibimos el Don de Vivir en Su Voluntad.


(5)    Ahora, ¿qué maravilla si la voluntad del alma es una con la mía, poniéndola dentro de y haciéndo- se indisoluble, siempre, hasta en tanto que no se aparte de mi Voluntad, he dicho que toma parte en las obras “ad intra”? – Vamos a parafrasear un poco el párrafo. Así decimos que:

 

Ahora, ¿Cómo pueden maravillarse los que te conocen y leen estos Escritos, que la voluntad del alma sea una con la mía, poniéndola dentro de y haciéndola indisoluble siempre, hasta en tanto que no se aparte de mi Voluntad, el que Te haya dicho que esa alma toma parte en las obras “ad intra”?

 

No se hace necesario comentar mucho mas después del parafraseo. La situación es obvia, particularmente cuando entendemos que el que Vive en Su Voluntad vive totalmente en ella, que no hay nada que Dios pueda excluir en esa participación. Esto es así, a menos que el alma llegara a rechazar esta Vida que ella había aceptado. Por tanto, mien- tras se viva en Ella, No hay limitaciones en esta Vida, y ciertamente no hay otras clasificaciones o elites excepto las dichas: el mayor o menor Conocimiento que de Su Voluntad tengamos es lo único que nos diferencia a los unos de los otros. La capacidad de vida es la misma, los logros en ella, son los distintos.

 

(6)    Y además, por el modo como está desarrollado el tema en conjunto, si hubieran querido conocer la verdad, habrían podido muy bien conocer el significado de mi “ad intra”, porque la verdad es luz a la mente, y con la luz las cosas se ven tal cual son, en cambio si no se quiere conocer la verdad, la mente queda ciega y las cosas no se ven como son, por lo tanto suscitan dudas y dificultades y permanecen más ciegos que antes. – El Señor critica a las “personas autorizadas” expresando que no han querido conocer la Verdad de la afirmación relacionada con el ad-intra y que ellos cuestionan. Ellos ya saben de la Unidad que Luisa tiene con Él. Dice que si se hubieran acercado a Sus Palabras con el deseo de saber la verdad, la Verdad hubiera resplande- cido en ellos, sin necesidad de esta explicación que ahora Jesús se ve obligado a hacer. Más aun, cuando esa buena disposición no existe, no solo no se llega a conocer la verdad, sino que se queda uno más ciego que antes, y menos dispuesto está Él de enseñarles más.

 

Esto es normal hasta en las mismas relaciones humanas. ¿Cómo puedo yo decir que algo que oigo está incorrecto o falso, sencillamente porque yo no lo entiendo? A lo más, debiera yo indagar más, antes que decir que algo es falso. Si esas “personas autorizadas” Le hubieran dicho a Luisa que Le pidiera una mayor explicación al Señor de lo que signifi- caban Sus Palabras, el Señor no se hubiera disgustado con ellas.

 

(7)    Y además mi Ser está siempre en acto, no tiene ni principio ni fin, soy viejo y nuevo, por lo tanto nuestras obras “ad intra” han estado, están y estarán, y siempre en acto, por lo tanto el alma con la unión íntima con nuestra Voluntad, está ya dentro de Nosotros, y por tanto admira, contempla, ama, goza, y por eso toma parte en nuestro Amor, en nuestros gozos y en todo lo demás. – Nuevamente el énfa- sis en la imposibilidad de “ocultarle” nada de lo que está ad-intra de la Divinidad, porque tanto Ellos, Su Ser Divino, como los que han sido admitidos a vivir en Su Voluntad, están sumergidos en Su Misma Voluntad, que es Una y es Indivisible. Si esta Voluntad Suya contiene todo lo que Ellos han hecho, ¿cómo pueden Ellos no hacernos participe de lo que se hace ad-intra?

 

¿Por qué entonces ha sido un desatino el que Yo haya dicho que quien hace mi Voluntad toma parte en las acciones “ad intra”? - El Señor muestra Su Sorpresa, y contrariedad, de que sean tan ciegos, no porque no entiendan, porque a todos nos pasa algo o mucho de esto cuando leemos estos Escritos, sino por nuestro atrevimiento de decir que porque yo no entiendo algo, Dios dice desatinos. El disgusto que sintió el día en que esas personas cues- tionaron Sus Palabras, debe haber sido el mismo que sintió, cuando los Sacerdotes, escribas y fariseos, cuestionaban lo que decía, y peor aún, quien Él era, como falso.

 

Resumen del Capítulo del 10 de Agosto de 1914: (De diario) Página 130 -

 

Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús saliéndose de la costumbre que tiene conmigo en este periodo de mi vida, que si viene es por poco y como de escapada, y casi con la total cesación de los sufrimientos que al venir me comunicaba; sólo su Santo Querer es lo que me suple por todo. Ahora, esta mañana ha venido y ha permanecido conmigo varias horas, pero en un estado que hacía llorar hasta las piedras; todo Él se dolía y en todas las partes de su Santísima Humanidad quería ser confortado, parecía que si no fuera así, al mundo lo reduciría a es- combros; parecía que no quería irse para no ver los estragos y los graves espectáculos del mundo, que casi lo obliga- ban a mandar peores flagelos. Entonces yo lo he estrechado, y queriéndole aliviar me fundía en su inteligencia, para poder encontrarme en todas las inteligencias de las criaturas, y así dar a cada pensamiento malo mi pensamiento


bueno, para reparar y aliviar todos los pensamientos ofendidos de Jesús; así me fundía en sus deseos, para poderme encontrar en todos los deseos malos de las criaturas, para poner mi deseo bueno para aliviar los deseos ofendidos de Jesús; y así de todo lo demás. Luego, después que le he aliviado parte por parte, como si se hubiera repuesto me ha dejado.

 

* * * * * * *

 

La Primera Guerra Mundial comenzó el 28 de Junio de 1914, este capítulo está fechado 10 de Agosto de 1914, 49 días después de comenzado estos terribles acontecimientos. El estado de Jesús era lamentable; Luisa dice que su estado hacia llorar hasta las piedras. En esos primeros días de combate, las pérdidas de vidas, la maldad volcada y sin piedad alguna, la ambición de algunos que arrastraban a muchos a la muerte. A instancias de Jesús que la guiaba, Luisa se entrega a una serie de reparaciones que ella dedicaba a cada parte del Cuerpo de Jesús que ella sentía dolorido de manera especial. Así alivia a Su Inteligencia, reara por los pensamientos malos de muchos, se fundía en Sus Deseos, etc., Ya sabemos que Jesús quiere actos específicos de reparación, no generalizados, y es esta lección que debemos aprender.

 

Resumen del Capítulo del 25 de Septiembre de 1914: (Doctrinal) Página 131 -

 

Estaba ofreciendo mis pobres oraciones al bendito Jesús, y pensaba entre mí a quién sería mejor que Jesús bendito las aplicara. Entonces Él benignamente me ha dicho:

 

“Hija mía, las oraciones hechas junto Conmigo y con mi misma Voluntad, pueden darse a todos, sin excluir a ninguno, y todos tienen su parte y sus efectos como si fueran ofrecidas para uno solo, pero actúan según las disposiciones de las criaturas, como la Comunión o mi Pasión, para todos y cada uno Yo las doy, pero los efectos son según las disposi- ciones de ellos, y si los reciben diez, no es menor el fruto que si los reciben cinco. Tal es la oración hecha junto Con- migo y con mi Voluntad”.

 

* * * * * * *

 

Interesante capítulo sobre la universalidad de la Oración cuando se hace en Su Voluntad. Debemos estudiar con todo detalle posible esta manera de rezar en Su Voluntad, porque constituye una de las diferencias más profundas, signifi- cativas y necesarias, entre nuestra manera de rezar anterior, y la manera en que debemos rezar y rezamos en esta nueva Vida en Su Voluntad.

 

La manera que Nuestro Señor y Dios entiende la “universalidad”, y la practicaba mientras estaba entre nosotros, y

que, por tanto, es la manera que espera la entendamos y practiquemos, consiste de dos facetas distintas:

 

La primera faceta de esta universalidad existe, cuando, viviendo en Su Voluntad y junto con Jesús, yo pido algo, y Dios oye a todos los demás seres humanos, a través de mí, como si todos estuviéramos, en efecto, pidiendo lo mismo que pido yo.

 

La segunda faceta de la universalidad sucede, en esa misma petición, cuando yo, al que Dios oye como si todos reza- ran y pidieran, rezo y pido por algo o alguien específicamente, y yo, (todos), extiendo, (extendemos) esa oración y petición mía (nuestra) a todos aquellos otros seres humanos que estén en circunstancias similares de aquel o aquella por la que yo, (todos), he (hemos) rezado y pedido.

 

Estudiemos ahora la respuesta de Jesús con todo cuidado, para descubrir ambas facetas.

 

(1)    Hija mía, las oraciones hechas junto Conmigo y con mi misma Voluntad, - La primera característica es de que debemos tener conciencia de que la hacemos junto con el Jesús que tenemos bilocado dentro, y con Su Misma Voluntad, que también está bilocada en nosotros.

 

(2)    pueden darse a todos, sin excluir a ninguno, - Es típico del Señor el decirnos la consecuencia de lo que ha- cemos, pero rara vez dice que Nos invita a hacer lo que dice que hacemos, y que Nos autoriza para hacer lo que Nos dice sucede. La invitación a hacer y la autorización de hacer están siempre implicadas, pero comprendamos que esa invitación y autorización son necesarísimas para nuestra tranquilidad de que lo estamos haciendo bien, y para que en efecto suceda lo que dice sucede.


 

En términos prácticos, ¿qué quiere decir todo esto? Sencillamente, que no podemos pasar a otros este Conocimiento para que lo hagan, si primero no viven en Su Voluntad. Los que no viven en Su Voluntad podrán decir que oran uni- versalmente, pero no ocurre lo que dicen, porque Les falta la invitación y la autorización para hacerlo, y esas solo se dan a los que viven en Su Voluntad. De igual manera, que no podemos pedir el don para otros, porque solo se da, si es uno el que lo pide para sí mismo, así tampoco podemos orar universalmente si no vivimos en Su Voluntad.

 

(3)    Y todos tienen su parte y sus efectos como si fueran ofrecidas para uno solo, - Atendamos a lo que dice con cuidado.

 

a)       Dice que todos los otros seres humanos tienen su parte en nuestra oración, como si cada uno de ellos estuvie- ra rezando como yo rezo y en el momento en que rezo. Para los que preparan estas Guías de Estudio este es un punto importante, y que debemos “practicar” hacer. Debiéramos “sentirnos rodeados” de todos nuestros hermanos en el momento que rezamos.

 

b)       Dice que los efectos pedidos en nuestra oración, Él los acoge, los acepta, y actúa sobre ellos, para que esos efectos sucedan, como si todos estuviéramos rezando y pidiendo lo mismo.

 

Nuestra Santa Madre Iglesia entiende perfectamente este concepto de universalidad y el Poder que tiene ante Dios la Oración Universal, y por eso insiste que los sacerdotes, religiosos y religiosas de toda clase recen la Liturgia de las Horas en las horas y tiempos prescritos. Cuando así hacen, puede La Iglesia decir con propiedad, que la Iglesia Uni- versalmente reza. Una de las razones por la que se permite ahora, que los laicos también las recen y a las horas pres- critas, es para que la Oración Universal de la Iglesia sea más “universal”, pero obviamente ni aun así esto lo consiguen en la medida en la que Nuestro Señor la anuncia aquí; y atención a esto, ocurre en cualquier momento que recemos y por cualquiera razón por la que recemos.

 

(4)    Pero actúan según las disposiciones de las criaturas, - Aquí el Señor cautelosamente dice que los efectos buscados no siempre se consiguen y depende en mucho de las disposiciones de la criatura o criaturas objeto de nues- tra petición. Entendamos esto. Siempre que rezamos en Su Voluntad y pedimos por ejemplo por la conversión de un alma, es como si todos Le estuviéramos pidiendo esa conversión, y Él acoge, acepta y actúa sobre esa Petición de Conversión, pero el efecto buscado por nosotros no siempre lo conseguimos, por la falta de disposición de la criatura objeto de nuestra oración a la conversión pedida.

 

(5)    Como la Comunión o mi Pasión, para todos y cada uno Yo las doy, pero los efectos son según las dis- posiciones de ellos, - Expone el Señor Sus Ejemplos más importantes diciendo, que Nos da a todos, y a cada uno, Su Pasión y Su Persona en Comunión, pero los efectos que se consiguen dependen de la disposición individual.

 

(7)    Y si los reciben diez, no es menor el fruto que si los reciben cinco. - Los efectos, o por decirlo ya con lenguaje de otros capítulos, los frutos que se derivan reviviendo Su Pasión, como dirá en el próximo capítulo, y los que se recibe comulgando, no disminuyen por la cantidad de personas que los reciban, sino que todos reciben los mismos frutos, más o menos completos según las disposiciones individuales.

 

(8)    Tal es la oración hecha junta Conmigo y con mi Voluntad. - En un ejemplo clásico de lógica circular, Nues- tro Señor termina Su Argumentación como la empezara, y casi que con idénticas palabras.

 

Unas últimas observaciones. Como explicábamos al principio del capítulo, hay dos situaciones a considerar en este concepto de universalidad en Su Voluntad.

 

La primera es la que el Señor ha expuesto aquí con tanta claridad: uno reza como si todos rezaran, y la oración se acepta como si todos la estuvieran haciendo.

 

La segunda es la de que cuando rezamos, rezamos por uno, pero hacemos nuestra oración extensa a todas las amas criaturas con necesidades similares a la primera, o sea, queremos que nuestra oración se extienda para beneficio de todos aquellos que tienen el mismo problema que el que tiene la criatura objeto de nuestra oración.

 

Un ejemplo más completo quizás sirva. Si mi tía Juana se enferma y yo quisiera pedirle, en Su Voluntad, por la cura- ción de la tía Juana, debo pensar que todas las demás criaturas, Jesús incluido y en primer lugar, se están uniendo


conmigo para rezar por Juana, y que esa oración universal Él la acoge, acepta como dicha por todos, y actúa sobre ella.

 

Ahora bien, para que mi oración tenga toda la universalidad que Él busca de mí, o sea, las dos características de uni- versalidad buscadas, yo debo pensar que no solo rezo por mi tía Juana, sino por todas las otras criaturas que en esos momentos necesitan de esos mismos auxilios míos, y por las que yo pediría, si las conociera y supiera de sus necesi- dades.

 

A veces sucede que la tía se cura, y se curan muchas otras, cosa que yo nunca sabré, a veces se curan otras y no la tía Juana, y a veces no se cura nadie, dependiendo de “sus disposiciones” que es materia larga y tendida y para otras discusiones.

 

Resumen del capítulo de Octubre de 1914: (Doctrinal) Página 132 Te prometo un alma -

 

Estaba escribiendo las horas de la Pasión y pensaba entre mí:

 

Cuántos sacrificios para escribir estas benditas horas de la Pasión, especialmente por tener que poner en el papel cier-

tos actos internos que sólo entre yo y Jesús han pasado, ¿cuál será la recompensa que Él me dará por esto?”

 

Y Jesús haciéndome oír su voz tierna y dulce me ha dicho:

 

“Hija mía, en recompensa por haber escrito las horas de mi Pasión, por cada palabra que has escrito te daré un beso,

un alma”.

 

Y yo: “Amor mío, esto a mí, y a aquellos que las harán, ¿qué les darás?”

 

Y Jesús:

 

“Si las hacen junto Conmigo y con mi misma Voluntad, por cada palabra que reciten les daré también un alma, porque toda la mayor o menor eficacia de estas horas de mi Pasión está en la mayor o menor unión que tienen Conmigo, y haciéndolas con mi Voluntad, la criatura se esconde en mi Querer, y actuando mi Querer puedo hacer todos los bienes que quiero, aun por medio de una sola palabra, y esto cada vez que las hagan”.

 

En otra ocasión estaba lamentándome con Jesús, porque después de tantos sacrificios para escribir las horas de la Pasión, eran muy pocas las almas que las hacían, y entonces Él me dijo:

 

“Hija mía, no te lamentes, aunque fuera sólo una deberías estar contenta, ¿no habría sufrido Yo toda mi Pasión aun- que se debiera salvar una sola alma? Así también tú, jamás se debe omitir el bien porque sean pocos los que lo apro- vechen, todo el mal es para quien no lo aprovecha, y así como mi Pasión hizo adquirir el mérito a mi Humanidad como si todos se salvaran, a pesar de que no todos se salvan, porque mi Voluntad era la de salvarlos a todos, entonces merecí según lo que Yo quería, no según el provecho que las criaturas harían; así tú, según que tu voluntad se haya ensimismado con mi Voluntad, de querer y de hacer el bien a todos, así serás recompensada, todo el mal es de aque- llos que pudiendo no las hacen, estas horas son las más preciosas de todas, pues no son otra cosa que repetir lo que Yo hice en el curso de mi Vida mortal, y lo que continúo en el Santísimo Sacramento. Cuando escucho estas horas de mi Pasión, escucho mi misma voz, mis mismas oraciones, veo mi Voluntad en esa alma, la cual es de querer el bien de todos y de reparar por todos, y Yo me siento transportado a morar en ella para poder hacer en ella lo que hace ella misma. ¡Oh, cuánto quisiera que aunque fuera una sola por región hiciera estas horas de mi Pasión!, me oiría a Mí mismo en cada lugar, y mi Justicia en estos tiempos tan grandemente indignada, quedaría en parte aplacada”.

 

Agrego que un día estaba haciendo la hora cuando la Mamá Celestial dio sepultura a Jesús, y yo la seguía para hacerle compañía en su amarga desolación para compadecerla. No tenía la costumbre de hacer esta hora siempre, sólo algu- nas veces, y estaba indecisa si debía hacerla o no, y Jesús bendito, todo amor y como si me lo rogara me ha dicho:

 

“Hija mía, no quiero que la descuides, la harás por amor mío en honor de mi Mamá. Debes saber que cada vez que tú la haces, mi Mamá se siente como si estuviera en persona en la tierra y repetir su vida, y por lo tanto recibe Ella la gloria y el amor que me dio a Mí en la tierra, y Yo siento como si estuviera de nuevo mi Mamá en la tierra, sus ternu- ras maternas, su amor y toda la gloria que Ella me dio, por eso te tendré en consideración de madre”.


 

Entonces, abrazándome, oía que me decía quedo, quedo: “Mamá mía, mamá”. Y me sugería lo que hizo y sufrió en

esta hora la dulce Mamá, y yo la seguía. Desde ese día en adelante no la he descuidado, ayudada por su gracia. Resumen del capítulo del 29 de Octubre de 1914: (Doctrinal) – Página 135 -

Estaba lamentándome con Jesús bendito por sus privaciones y mi pobre corazón oprimido deliraba, y desatinando he dicho:

 

“Amor mío, cómo, ¿has olvidado que sin Ti no ni puedo estar? O Contigo en la tierra o Contigo en el Cielo, ¿acaso quieres que te lo recuerde? ¿Quieres estar en silencio, dormir, enojado? Está bien, siempre y cuando estés conmigo, pero siento que me has puesto fuera de tu corazón. ¡Ah! ¿Has tenido corazón para hacerlo?”

 

Pero mientras decía estos y otros desatinos, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me dijo:

 

“Hija mía, cálmate, estoy aquí, y diciéndome que te he puesto fuera de mi corazón es un insulto que me haces, pues te tengo en el fondo de mi corazón, y tan estrechada, que todo mi Ser corre en ti y el tuyo en Mí, por lo tanto se aten- ta a que de este Ser mío que corre en ti nada te escape, y que cada acto tuyo esté unido con mi Voluntad, porque mi Voluntad contiene actos completos, basta un solo acto de mi Voluntad para crear miles de mundos, y todos perfectos y completos, no tengo necesidad de actos subsiguientes, uno solo me basta por todos. Entonces tú, haciendo el acto más simple unido con mi Voluntad, me darás un acto completo de amor, de alabanza, de reparación, de todo, en su- ma, todo encerrarás en este acto, es más, me encerrarás también a Mí mismo y me darás a Mí a Mí mismo. ¡Ah! sí, sólo estos actos unidos con mi Voluntad me pueden estar enfrente, porque para un Ser perfecto que no sabe hacer actos incompletos, se necesitan actos completos y perfectos para darle honor y complacencia, y la criatura sólo en mi Voluntad encontrará estos actos completos y perfectos; fuera de mi Voluntad, por cuan buenos fuesen sus actos, se- rán siempre imperfectos e incompletos, porque la criatura tiene necesidad de actos subsiguientes para completar y perfeccionar una obra, si acaso lo logra; por lo tanto, a todo lo que la criatura hace fuera de mi Voluntad Yo lo veo como una nada. Por eso mi Voluntad sea tu vida, tu régimen, tu todo, y así, encerrando mi Voluntad tú estarás en Mí y Yo en ti, y te cuidarás muy bien de no decir otra vez que te he puesto fuera de mi corazón”.

 

* * * * * * *

 

(1)    Hija mía, cálmate, estoy aquí, y diciéndome que te he puesto fuera de mi corazón es un insulto que me haces, pues te tengo en el fondo de mi corazón, y tan estrechada, que todo mi Ser corre en ti y el tuyo en Mí, - Luisa no ha recibido las visitas de Jesús en varios días, y concluye que la ha abandonado, que la ha puesto fuera de Su Corazón. Luisa no ha superado todavía esta etapa de su vida en la que Sus Privaciones son fre- cuentes, y por tanto se desespera. En este sentido la memoria de Luisa es muy corta, porque a estas alturas debiera saber que Jesús no la abandona, pero cada uno es como es, y hay cosas que son imposibles de resolver.

 

Nada de esto le quita, la fuerte reprimenda del Señor, que Le dice que sus palabras Le insultan al pensar que la ha abandonado, y una vez más la reasegura que la tiene en el fondo de Su Corazón y que “todo Su Ser corre en ella, y el de ella en Él”. El grado de unión que estas palabras implican es de carácter indisoluble, por lo que aunque Luisa no Le vea, Él está siempre dentro de ella. Nos explicamos un poco más.

 

Ella vive en Su Voluntad, y lo que sabemos de este Don y de esta Vida es que una vez otorgado, ya Él no lo retira, solamente la criatura puede rechazarlo, si así lo quisiera, porque la libertad de voluntad emanada en nosotros jamás la perdemos, y por tanto, existe la posibilidad de que querramos rechazar este Don tan santo. Por tanto, si Luisa nunca rechaza este Don, Él no puede tampoco rechazarla; la reprende y nos reprende, la corrige en su actuación y nos corri- ge a nosotros, pero ya no Nos abandona.

 

Ya sabemos que este Don y esta Vida consisten en que el Espíritu Santo forma una Vida de Su Voluntad, que nosotros caracterizamos como un Cuerpo de Luz, y ese Cuerpo de Luz es bilocado en nuestro ser humano, y queda revestido en nuestra naturaleza humana, y en ese Cuerpo de Luz viene bilocada o extendida Su Voluntad Obrante, junto con todas las otras facultades y potencias anímicas Divinas necesarias para que ese Cuerpo de Luz se desarrolle apropia- damente. En ese Cuerpo de Luz también quedan bilocados: el Amor Divino, la Santísima Trinidad, Jesús y Su Madre Santísima. En nuestra persona reside ahora también la plenitud del Ser Divino que va a desarrollarse, a través de la recepción de nuevos Conocimientos sobre las Verdades Divinas, y a través de una actuación que utiliza esos Conoci-


mientos, y de esa manera, colabora con esos actos a la Venida del Reino del Fiat Supremo en la tierra como en el Cielo.

 

Dicho desde otro ángulo. Sabemos que al Jesús estar Bilocado en ese Cuerpo de Luz que cohabita con nosotros en unión perfecta, y aunque solo fuera Jesús el que estuviere Bilocado en cada uno de nosotros, ya estaría en nosotros también la plenitud del Ser Divino. Esto lo decimos, porque es posible que algunos de los que lean estas Guías de Estudio, se resistan a la idea de que “existan” los Protagonistas Divinis mencionados, y de que todos esos Protagonis- tas del Ser Divino, están también Bilocados en nosotros, en nuestro Cuerpo de luz, cuando recibimos el Don.

 

Dicho todo esto, si nos concretamos y avanzamos lógicamente del punto A al punto Z, y obviamos todos los pasos intermedios de explicación, podemos afirmar que vivir en Su Voluntad es, igual a, convivir con la plenitud del Ser Di- vino, como vivía Jesús, pero con una diferencia importantísima, y es esta: La Plenitud del Ser Divino en Jesús es pro- pia de Su Naturaleza como Segunda Persona de la Trinidad, mientras que en nosotros esa Plenitud es Plenitud partici- patoria; es por Gracia Suya que Nos es concedida.

 

Esta cohabitación con el Ser Divino resulta así por dos razones fundamentales. La primera razón tiene que ver con Su Amor hacia el hombre, esa Creación Suya de la que se ha enamorado, por decirlo de alguna manera, creación que quiere sea participe de todo lo Divino, La segunda razón tiene que ver con Sus Planes de un Reino del Fiat Supremo en la tierra, como ya lo tiene en el Cielo, Reino en el que Él pueda desarrollar, junto con unos seres humanos seme- jantes en todo a Él, “maravillas y portentos jamás vistos ni escuchados”, para que todos, particularmente Su Santí- sima Madre, puedan disfrutarlos.

 

(2)    Por lo tanto se atenta a que de este Ser mío que corre en ti nada te escape, y que cada acto tuyo esté unido con mi Voluntad, porque mi Voluntad contiene actos completos, - Quiere hacerle ver a Luisa que en vez de quejarse tanto de si la visita o no, debiera fijarse más, “se atenta”, en hacer lo que quiere de ella, que cumpla con Sus Sugerencias Amorosas, y que estas sean hechas en Su Voluntad, con Sus Mismos Modos Divinos.

 

Aquí la situación empieza a complicarse, porque introduce el concepto de actos completos, o sea, que el Modo Divino es el de hacer, siempre, actos completos. El concepto de Completación de la Sugerencia Amorosa, ya lo ha anunciado anteriormente, y ya ha caracterizado este adjetivo de completo diciendo, que cuando realizamos lo que Él Nos Sugiere que hagamos, completamos el Acto de Amor “del Acto incesante de Su Voluntad”, que había encerrado en esa Su- gerencia. Esa Completación también implica por tanto perfección en el acto realizado.

 

Aunque con esto anticipamos lo que debemos decir en los otros párrafos, y aunque ya lo hemos dicho anteriormente, decimos ahora, que nuestro cuerpo natural, nuestra condición de ser humano, es imperfecta por naturaleza, precisa- mente, porque nuestra naturaleza humana, nuestro cuerpo natural fue diseñado y por tanto, creado para que coexis- tiera con un Cuerpo Divino de Luz, que complementando a la naturaleza humana, la haría perfecta, como haría perfec- tos los actos humanos realizados por el cuerpo natural, pero replicados perfecta y completamente por el Cuerpo de Luz.

 

La única diferencia, pero diferencia trascendente, entre Adán y su línea de creación, y las otras líneas de creación humanas anteriores a Adán, es que Adán fue creado para vivir en Su Voluntad, o sea, para coexistir con esta segunda Naturaleza toda Divina.

 

Dicho de otra manera. La perfección que muchas veces buscamos, “sed perfectos como Mi Padre y Yo somos perfec- tos”, sólo puede alcanzarse viviendo en este estado especialísimo que Él llama vivir en Su Voluntad. Fuera de este estado de convivencia con el Ser Divino, el ser humano no puede ser nunca perfecto, ni hacer nada perfectamente, ni hacer nada “completo”.

 

Nuestra actual concupiscencia no es un castigo como tal, o sea, no Nos dio concupiscencia, esa ya la teníamos, sino que el castigo consistió en que Dios retiró de Adán, y de toda su descendencia, esta segunda naturaleza toda divina, del Cuerpo de Luz, que contenía a todos los Protagonistas del Ser Divino. Era esta convivencia con la Divinidad en un Cuerpo de Luz, la que hacía perfecta y completa a nuestra naturaleza humana. Nuestra concupiscencia, las enferme- dades, las pasiones descontroladas, la misma muerte en la que terminamos, por tanto, no son castigos, sino que son nuestra condición natural, condición que se mantenía a raya y bajo control, por la Naturaleza Divina que cohabitaba con Adán y Eva, y hubiera cohabitado con nosotros, si Adán no hubiera pecado. Sin esta Naturaleza Divina regalada,


la línea de creación de Adán, es otra línea de creación humana más, sujeta a las mismas imperfecciones que las ante- riores líneas de creación tenían.

 

(3)    Basta un solo acto de mi Voluntad para crear miles de mundos, y todos perfectos y completos, no tengo necesidad de actos subsiguientes, uno solo me basta por todos. - Cualquiera que sea el Acto de Su Voluntad que Dios quiera realizar en cualquier momento dado, cuando se pronuncia el Fiat Creador, eso que Dios quiere hacer, queda hecho, perfecta y completamente. Para que algo sea hecho pues, perfecta y completamente, y como un solo acto, se requiere de un número de factores antecedentes, a saber:

 

a)       Un planeamiento o diseño, también perfecto y completo, de lo que se quiere hacer, o lo que es lo mismo, que nada de lo que es necesario para que ese acto resulte perfecto y completo, quede sin ser planeado o diseña- do.

 

b)       Que existan los recursos que son necesarios al acto que se quiere realizar. De nada vale que un arquitecto tenga unos planos perfectos y completos de un edificio, si después no se tiene acceso a los materiales de construcción requeridos.

 

c)        Que el que va a ejecutar el acto tenga la potencia, la habilidad necesaria para hacer realidad lo que se había planeado en forma perfecta y completa.

 

Todas estas condiciones solo quedan satisfechas en Dios, por lo que sólo Él es capaz de hacer obras perfectas y com- pletas. Pero atención a esto, aunque cada acto de Su Voluntad que Dios ordena se haga, se hace completa y perfec- tamente de un solo golpe, sin necesitar de varios actos para hacerlo, no tengo necesidad de actos subsiguientes, uno solo me basta por todos.”

 

Todo esto no quiere decir que Dios ha hecho todo lo que existe con un solo acto de Su Voluntad, aunque una vez que se han realizado, todos esos actos se incorporan y forman parte del Acto Único de Su Voluntad. Varias cosas vienen a la mente que refuerzan este atrevimiento en lo dicho.

 

Recordamos que en un capítulo anterior, Nuestro Señor dice que antes de crear nuestro universo, se requería crear el espacio físico en donde colocarlo. Sabemos por el Génesis que la creación de los seres humanos, y particularmente la línea de creación de Adán, fue realizada después de haber preparado el lugar adecuado para que la creación humana pudiera subsistir, porque, ¿cómo puede subsistir una criatura humana en el vacío?

 

Concretemos lo dicho hasta ahora. Para Dios no hay “tiempo”, por lo que puede parecer que todo lo que Él ha deter- minado exista, ha sido hecho existir de un golpe; sin embargo, no es así: todo se ha realizado en una secuencia lógi- ca, porque lógicamente hablando, y Dios es la Suprema Lógica, todo necesita ser realizado ordenadamente al fin per- seguido.

 

Aunque no existe límite alguno al Poder Absoluto de Dios, existe pues una “limitación” a ese Poder, y es la de que todo necesita ser realizado, ordenado a un Fin que Él Mismo se ha trazado; pero una vez que lo pensamos, compren- demos, que esa “limitación” no es limitación alguna, sino que es condición necesarísima para la Perfección Absoluta que es Dios, porque ejercer un Poder Absoluto caóticamente, estaría en total conflicto con el Concepto de un Dios equilibrado, en perfecto Control de todas Sus Cualidades, y no a merced de una de ellas en particular.

 

Así llegamos a la conclusión de la que la Perfección y Completación Divinas de todo lo que hace, son posibles dentro de un marco de perfecto y completo Equilibrio de todas Sus Facultades, o Cualidades, o Prerrogativas, o Atributos. Más que Omnipotente, más que Misericordioso, más que Benevolente, Dios es Equilibrio y Orden, y este tema de Su Equilibrio, y el rol que Su Justicia juega como Guardián de ese Equilibrio, trasciende todo lo que Nos dice en los Escri- tos y todas las Enseñanzas que quiere darnos.

 

(4)     Entonces tú, haciendo el acto más simple unido con mi Voluntad, me darás un acto completo de amor, de alabanza, de reparación, de todo, en suma, todo encerrarás en este acto, es más, me encerra- rás también a Mí mismo y me darás a Mí a Mí mismo. - Todo lo dicho hasta ahora, ha estado preparando el terreno, para lo que dice en este párrafo 4. Su importancia como enseñanza no puede ser mayor.


Así dice y decimos, que lo que la criatura que vive en Su Voluntad, y actuando unida a Su Voluntad, puede realizar y ofrecer a Su Creador, goza, contiene, posee, todas las características de un Acto Divino, a saber, es un Acto Completo y Perfecto de Amor. Podemos y debemos entender, que como Acto Divino que es, no importa lo simple que el acto sea, Le damos no solo Amor, sino Alabanza, Reparación, y así pudiéramos añadir, todos y cada uno de los Deberes de Justicia que todos debemos darle instante por instante, día por día. Además, nuestro estado de vida en Su Voluntad, Nos autoriza a hacer ese acto extensivo a todos nuestros hermanos, como si todos lo estuvieran haciendo. Al decir: “Me darás un acto completo”, implica permiso y capacidad para hacerlo como Él Mismo actúa, y sabemos que Él solo puede actuar en manera universal.

 

Dice además en esta Suprema Enseñanza de este párrafo 4, que podemos y debemos encerrarlo a Él Mismo en nues- tro acto, y que debemos darle a Él, a Él Mismo. Este concepto lo elaborará mucho más en el capítulo sobre el Prodi- gioso secreto del “Te Amo”, el capítulo del 26 de Abril de 1928, volumen 24. Nada de esto debe extrañarnos. Dios está encerrado en cada Acto de Su Voluntad, y necesita mantenerse encerrado, en cada Acto de Su Voluntad, para que ese Acto pueda existir eternamente, o por lo menos todo lo “eternamente” que Él decida continúe existiendo. Entendamos claramente, que si Él se “retirara” de ese Acto, o lo que es lo mismo, si Él decidiera “retirar” a Su Voluntad de ese acto, ese Acto desaparecería, como si nunca hubiera existido. Así como en el momento de creación, decidió que Su Voluntad fuera vida de ese Acto, así también, en cualquier “momento” puede Él decidir que Su Voluntad no sea ya mas vida de ese Acto, y en ese mismo instante, ese Acto desaparecería.

 

Al decir, pues, que podemos y debemos encerrarlo a Él en ese acto, está diciéndonos que solo encerrándolo a Él en el Acto, puede ese acto ser eterno, puede ser incorporado a los otros Actos de Su Voluntad, que constituyen el Acto Único de Dios.

 

Hay muchas perspectivas en este párrafo 4. Hemos tocado brevemente el concepto de que hasta el acto más simple, siempre que sea Acto que Él sugiere hagamos, goza de todas estas características del Acto Divino, pero no hemos dicho explícitamente, que por otro lado, no existe límites a lo que podemos realizar si Nos lo sugiere. No hemos ha- blado de la Dignidad inherente al Acto de Amor Divino que Él sugiere, Él mismo lo hará en el próximo párrafo, pero debemos tenerlo siempre en mente, porque nada de lo que Él sugiere puede ser indigno de Dios. Tampoco hemos hablado en detalle de que un Acto Divino puede Él multiplicarlo infinitamente, y cambiar la intención nuestra por otra u otras que Él necesite más en esos momentos. Ciertamente que Nos ha mandado pedirle, porque nada ocurre res- pecto de nosotros, si no se lo pedimos, pero aunque no necesariamente utilizará lo que hacemos con nuestro propósi- to, Él tiene muchos otros propósitos para los que solo actúa, si nosotros actuamos.

 

(5)    ¡Ah! sí, sólo estos actos unidos con mi Voluntad me pueden estar enfrente, porque para un Ser per- fecto que no sabe hacer actos incompletos, se necesitan actos completos y perfectos para darle honor y complacencia, y la criatura sólo en mi Voluntad encontrará estos actos completos y perfectos; - Para que los actos humanos puedan ser admitidos a Su Presencia, ”Me puedan estar enfrente”, necesitan tener la Dignidad y Honor necesarios y suficientes, y eso solo puede lograrse haciéndolos en Su Voluntad. En el capítulo del 6 de Agosto de 1928, volumen 24, capítulo que extiende los conceptos que explica en este capítulo que nos ocupa, el Señor elabo- ra aun más esta idea de acto completo. En este, lo que Le interesa es que comprendamos, una vez más, que solo lo que Él hace, y lo que pueden hacer otros en los cuales Él delega Su Mismo Obrar, es lo que puede llegar enfrente a Él, a Ellos Tres, porque esos Actos son Actos completos.

 

(6)    fuera de mi Voluntad, por cuan buenos fuesen sus actos, serán siempre imperfectos e incompletos, porque la criatura tiene necesidad de actos subsiguientes para completar y perfeccionar una obra, si acaso lo logra; - No hay duda alguna de que podemos obrar siguiendo Sus Sugerencias Amorosas, en una vida nor- mal, fuera de Su Voluntad, pero la inherente imperfección humana, nunca puede darles el grado de Completación, y por tanto de perfección, que puede darle una criatura que los hace, viviendo en Su Voluntad.

 

Nuestro Señor, vuelve a ocupar Su atención al concepto inicial de que cuando Él actúa, no se necesita realizar ningún acto adicional para que, lo que hizo, quede completo. Podemos realizarlos completos, viviendo en Su Voluntad, pero solo esto es posible, porque el acto que nosotros iniciamos, y atención a esto, no lo completamos nosotros, sino que lo completa Su Misma Voluntad que ha Bilocado en el cuerpo de Luz que ahora cohabita con nosotros.

 

Los actos que Adán realizaba antes y después de su pecado, eran los mismos actos humanos, pero antes del pecado,

esos actos eran completados por la Voluntad Bilocada y Obrante en su “cuerpo de luz”, mientras que después del pe-


cado, habiéndole retirado de sí, ese “cuerpo de luz” y Su Voluntad, ya sus actos no eran completados por Su Misma

Voluntad, y quedaban “cortos” en su ejecución.

 

Este concepto de Completación del acto, tiene mucho que ver con la eficiencia y efectividad del acto que se realiza, y a su vez, esta eficiencia y efectividad tienen todo que ver con los resultados que se obtienen. Lo habíamos dicho an- tes, pero con distintas palabras, cuando dijimos en nuestra explicación del párrafo 3, que todo necesita ser realizado ordenadamente al fin perseguido. Si todos los actos humanos del que vive en Su Voluntad, están ordenados al fin perseguido de la Venida del Reino, lógico es que todos los actos humanos de las criaturas que vivan en Su Voluntad, sean eficientes y efectivos para alcanzar el fin perseguido.

 

Todas las respiraciones, los latidos de corazón, los alimentos que Adán ingería, por ejemplo, eran perfectamente efi- cientes para el cuerpo natural de Adán, y preservaban perfecta y completamente, la “salud” inicial que su cuerpo tenía desde su creación; eran actos perfecta y completamente efectivos para cumplir con el fin de permitirle a Adán realizar otras obras de mayor importancia, obras que estaba llamado a realizar en el Reino, y que solo podrían realizarse si su cuerpo natural, cuerpo y alma, estaban perfectos y completos. Su inteligencia natural cuando analizaba, analizaba a la perfección, porque su análisis era exhaustivo, era eficiente y efectivo a extraer el máximo de lo que estaba analizando.

 

Dicho esto comprendamos que así como existen diferentes grados en la manera en la que vivimos en Su Voluntad, unos más adentro que otros, así también el grado de eficiencia y efectividad de los actos que cada uno realiza.

 

Aunque la salud que Luisa poseía era toda Gracia Suya, pudiéramos decir que esa Gracia Suya de que Luisa tuviera una salud perfecta, inconcebible humanamente hablando en una criatura que vivía permanentemente en cama, sin hacer ninguna clase de ejercicio físico, el Señor la realizaba, a través de los mismos actos perfectos y completos de Luisa en Su Voluntad, que eran totalmente eficientes y efectivos para preservar su salud.

 

Nosotros no lo veremos, pero estamos seguros de que en la medida en que los Escritos se abran paso, y más y más seres humanos vivan en Su Voluntad, particularmente desde una edad más temprana, esos seres humanos experi- mentarán un grado mayor de salud física y mental que nadie podrá explicar, a menos que se acepten y se crean estos conceptos de que sus actos involuntarios, respirar, alimentarse, dormir, etc., y los voluntarios como pensar, imaginar, razonar etc., son totalmente eficientes y efectivos para preservar su salud original, y promover un crecimiento perfec- to y completo de esa criatura, acorde al Plan original.

 

(7)    Por lo tanto, a todo lo que la criatura hace fuera de mi Voluntad Yo lo veo como una nada. – Lo que se hace fuera de Su Voluntad, no tiene una Vida Divina, concepto que elabora con todo detalle y profundidad en el capí- tulo mencionado del 6 de Agosto de 1928, volumen 24, y lo que no es Divino, es nada, es algo que puede o no existir, es algo que solo se preserva en calidad de testigo de actuación, y que se necesita para el juicio personal de esa criatu- ra, pero nada más. Si no es perfecto y completo, el acto humano Él lo ve “como una nada”, porque es intrínsecamen- te producto de un ser contingente, como diría Santo Tomas de Aquino, un ser que puede o no existir, y que en algún “momento” no existió, y que por tanto no ha contribuido nada al Acto Único de Su Voluntad.

 

(8)    Por eso mi Voluntad sea tu vida, tu régimen, tu todo, y así, encerrando mi Voluntad tú estarás en Mí y Yo en ti, y te cuidarás muy bien de no decir otra vez que te he puesto fuera de mi corazón. – Empezó lamentándose de que Luisa lo insultaba porque pensaba que no la tenía en Su Corazón, y termina diciéndola que es- pera que ese insulto no se repita más, porque es incorrecto, es mentira, y la mentira no es tolerable para Él en alguien que viva en Su Voluntad.

 

La verdad es una: Luisa y todos los que vivimos en Su Voluntad, siempre estaremos en Él, y Él en nosotros; seremos vida de Él, porque enriquecemos Su Vida que nunca termina, con nuestros actos, pobres en su inicio, pero grandes, perfectos y completos cuando se terminan, y Él enriquece la nuestra con Sus Verdades, Su Amor y todas Sus Cualida- des Divinas.

 

Resumen del 4 de Noviembre de 1914: (Doctrinal) – Página 136 –Importancia de revivir Su Pasión a través de las Horas.

 

Estaba haciendo las horas de la Pasión, y Jesús complaciéndose me ha dicho:

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