VOLUMEN 11 ESTUDIO SEGUNDA PARTE
En el Bloque (B) de este
capítulo, Luisa narra como ella se encontraba en “el mar interminable de la
Voluntad de Je- sús”. Enfaticemos que no
dice que se encontraba inmersa en el
mar de la Voluntad Divina, sino en el mar interminable de la Voluntad de
Jesús. Si bien es verdad que Jesús es Dios, y hablar de la Voluntad de Jesús,
es sinónimo a hablar de la Voluntad Divina, hay, sin embargo, una diferencia sutil pero real, de que Jesús es un Ente
del Ser Divino, uno de los Entes del Circulo Divino, de la
Familia Divina, y como tal Ente, Su Función,
Su razón de ser y existir, es para conte- ner en Si Mismo, en forma particular
y exclusiva a toda la Creación, “todo se Me ha entregado”. Esto
nos incluye a todos, tanto las criaturas que hubieran existido como Dios hubiera deseado que existieran y vivieran, rehaciendo nues- tras vidas para lograrlo, como las criaturas que somos
ahora, después del pecado de Adán; redimidos sí, pero todavía en la lucha de
nuestra Salvación.
En estos
Escritos, Jesús Nos llama para que venga a hacerlo todo con nosotros, y ahora,
particularmente, en los Vo- lúmenes superiores, Jesús Nos llama para que
hagamos todo lo que Él hace.
Entendiendo
esto, Luisa entra en la Persona de Jesús, y hace lo que Jesús hace
continuamente por nosotros; lo cual, como ya explicamos en el párrafo anterior, constituye una de las razones fundamentales para que Dios se haya perso- nificado como Jesús, y así como Dios en la Persona de Jesús, abogar continuamente por nosotros, como uno de noso- tros, delante de Ellos
Tres Mismos. Dicho de otra manera, ninguno de los Componentes “originales” del
Ser Divino, o sea, la Santísima Trinidad, la Voluntad
y el Amor Divinos, pueden actuar entre nosotros
directamente, por lo que crean
otro Componente del Ser Divino,
Jesús, Se Bilocan los Tres, Su Voluntad y el Amor Divino en Él, y
de esa manera pue- den actuar
como “Dios con nosotros” aquí en la
tierra, sin dejar de ser Dios. La
situación con la Virgen Madre, es simi-
lar, en cuanto que también Ella cumple una Función específica entre nosotros,
la de ser Madre de Dios, Madre Nues- tra, Reina de la Divina Voluntad, y las
otras 20 o más Prerrogativas Divinas que
Le han sido otorgadas, pero Su
Divini- dad es por Gracia, no por naturaleza. Así pues, estos Dos Entes,
identificados completamente con el Ser Divino, una vez realizadas Sus Labores y
Funciones entre nosotros, han “regresado” a ocupar Su Puesto dentro del Ser
Divino. Difícil de entender, pero cierto.
Esta Revelación
de esto que Luisa hace, y no creemos que lo hizo solamente en este día que
narra, sino que lo hacía frecuentemente, es una de las Revelaciones más
importantes para todos nosotros. Lo hacemos, pero a veces no nos damos plena
cuenta de ello, cuando, por ejemplo, hacemos las Horas de la Pasión. Al
acompañar a Jesús en las Horas de la Pasión, con nuestra intención, hacemos eso
mismo que Él hace, reparamos como Él repara, y de esta manera, accesamos
esta Participación con la Divinidad
que estaba reservada a Jesús con exclusividad, y que ahora Jesús extiende
a aquellos de nosotros que vivimos en Su Voluntad. Somos, en más de un
sentido, los Refuerzos que Él ne- cesita para que Su Continua Impetración al
Ser Divino sea más y más efectiva. Jesús es como el general que ve con gran
alivio cuando llegan los refuerzos a la guarnición que defiende, y así hacer
más efectiva la defensa. Grandísimo privilegio
este, el que podamos participar
con Jesús en Su Labor Continua de Reparación. Igualmente
pasa con las
Visitas
Espirituales al Santísimo Sacramento, en la que Jesús Nos da acceso y
participamos en Su Perpetua Inmola- ción, Expiación, Reparación y Adoración a
Su Padre Celestial por todo el género humano. Más aun, entendamos, que en cada
Verdad Divina que Nos hace saber, Nos da esta Participación en lo que hace el
Ser Divino, el “Todo”, siendo nosotros una “nada”; más aun, una “nada”
rescatada, pero definitivamente imperfecta.
* * * * * *
En el Bloque
(C), Jesús explica el porqué es tan
importante que Luisa y nosotros entremos a Su Persona, para obrar como Él obra.
Dice Jesús que el que “está en Su Voluntad, abrazando todo, rezando y
reparando por todos, toma en sí, el Amor que Él tiene por todos”.
Cuando Jesús
obra en nosotros, estos Actos Suyos de Amor Nos traen, vía las Sugerencias que
Nos envía, y acepta- mos, los Bienes que Él quiere darnos. Esto es
independiente de si vivimos o no en Su Voluntad. Ahora bien; cuando viviendo en
Su Voluntad, y sabiendo la capacidad que Nos da y lo que Nos autoriza hacer,
nosotros abrazamos todo, rezamos y reparamos por todos, recibimos en nosotros
mismos, Sus Actos de Amor por ellos, y recibimos, por tanto, los Bienes que
estaban destinados a esos otros que no han acogido esas Sugerencias con las que
Él quería beneficiar- los.
Es por todo esto que dice, con Palabras bellísimas, que “el Amor que siento por todas, lo encierra ella sola”. De nue- vo, el Amor que Jesús siente por
todos, equivale a decir, los Bienes con los que quiero beneficiar a todos,
porque el Amor que Él siente por cada uno, siempre viene expresado en los
Bienes con los que Nos beneficia. El Dios que todos los pueblos reconocen y
aman, es un Dios Benevolente que provee de todo a todos, y es así como Dios
quiere que le veamos.
A estas
alturas, este concepto del Amor, no debe ya extrañarnos en lo más mínimo,
porque es así como todo ser hu- mano maduro y responsable ve al amor en toda
relación que tenga con otra persona. Si el amor, tanto físico o espiri- tual,
es de un solo lado, o sea, del lado del que ama, y nada produce a favor de
aquel que dice amar, sabemos que eso que siente no es amor. El amor platónico,
o sea, el amor que jamás llega a completarse, en palabras u obras, es un amor
posible desde el punto de vista intelectual, el amor a una idea contemplada,
por ejemplo, pero es amor esté- ril,
porque todo queda en el que ama y nada produce a favor del sujeto que dice
amar.
Más importante aún, que esta repetida definición de lo que es el Amor que
Dios tiene por nosotros, es la expresión de cuál es la recompensa del que ama
en Su Voluntad, como Él ama. Dice que además de recibir lo que los otros hubie-
ran recibido, recibimos también un Amor “especial”, porque dice que “y
por cuanto la amo, otro tanto Me es querida, otro tanto bella”. Como
sucede a menudo, el parrafito es aparentemente sencillo sin serlo. Expresemos
todo esto en forma secuencial.
Él está constantemente diseñando Actos de Amor, Actos de Beneficios, para
cada uno de nosotros, buenos o malos, viviendo
o no en Su Voluntad, y constantemente
Nos envía esos Actos de Amor,
para que acogiéndolos como Él quiere
que los acojamos, libre e informadamente, completemos esos Actos de Amor Suyos,
y recibamos los Bienes que ve- nían encerrados en ellos. Cuando estos Actos de
Amor son rechazados, quedan incompletos, y sabemos que nosotros, viviendo en Su
Voluntad, podemos y debemos completarlos. En el mismo instante en que nosotros
acogemos por otros, Su Amor se redirige hacia nosotros, Sus Beneficios se
redirigen a nosotros. Y de ahí surge la expresión, “Y por cuanto la
amo”, o parafraseando pudiéramos decir: “y por cuanto la beneficio”,
otro tanto Le somos queridos o queri- das al Señor, otro tanto Nos encuentra
más bellos o bellas.
Así pues,
nuestra recompensa es que el Señor nos encuentra más queridas, más apreciadas,
más bellas. Dice al prin- cipio de este volumen, refiriéndose a las oraciones
de los Buenos Días y las Buenas Noches, que Luisa compone, bajo Su Inspiración
directa, lo siguiente:
“Hija mía, estas oraciones han
salido del fondo de mi corazón, y quien las rece con la intención de estarse
Conmi- go, como está expresado en ellas, Yo lo tendré Conmigo y en Mí haciendo lo que hago Yo, y
no sólo los enfervoriza-
ré en mi Amor, sino que cada vez que lo haga aumentaré mi amor hacia el
alma, admitiéndola a la unión de la
vida divina y de mis mismos deseos de salvar a todas las almas”.
Pero todavía no termina el Señor de expresar
todo lo que quiere expresar en este pequeño Bloque (C). Dice que la
criatura “todo deja atrás de ella”, con lo que implica que la criatura
se distancia cada vez mas de
su condición natural,
para verse
revestida por Su Condición, tema este que va a desarrollar de inmediato en el
Bloque (D). Deja atrás su falta de
semejanza para adquirir cada vez más Su Semejanza; deja atrás el ámbito humano
para adentrarse cada vez más en el Ámbito de Su Voluntad, con lo que necesitará
menos y menos que Él tire del hilo de oro con el que la tiene amarrada a Él.
* * * * * * *
En el Bloque (D) por último, Nuestro Señor implica
que el Vivir en Su Voluntad es un proceso, en cuyo proceso, cada
día nos adentra mas y mas en Su Voluntad. En realidad, como sabemos, no es el paso
del día lo que nos adentra, sino que son los actos que realizamos
cada día, siguiendo Sus Sugerencias, los que nos hacen adentrarnos cada vez más en Su Voluntad.
Luisa piensa,
equivocadamente, que por vencer las tentaciones, y muchas ha tenido ella en su
vida, ella merece estar donde está, como alma víctima y como la primera
criatura de la estirpe común que vive en Su Voluntad. Piensa tam- bién, equivocadamente, que venciendo las tentaciones
entra más adentro en Su Voluntad, es decir, que ganando más merito, más merece
estar adentro. Nosotros sabemos ahora, con la perspectiva de tener frente de
nosotros todos los Escritos, que lo que
Nos hace estar más adentro de Su Voluntad, es el conocimiento que
adquirimos de Sus Verdades, y el Amor Divino conseguido en la ejecución de
actos que actualizan las Enseñanzas recibidas.
Así entendida
la situación, debemos comprender que la tentación está tratando de entrar en la
puerta de nuestras almas siempre, pero,
si estamos tan adentro del Ámbito de Su Voluntad, los “golpes” que da el diablo a
la puerta que- riendo entrar, ya no los oímos. Un ejemplo quizás ayude. Nos
invitan a una casa muy grande. Si estando cerca de la puerta, alguna otra
persona llamara, oiríamos los golpes o el timbre. Si en esas, el dueño de la
casa nos invita a que visitemos algunos de los cuartos interiores, dejaremos de
oír a cualquiera que esté a la puerta.
Ya esto lo
hemos discutido en capítulos anteriores de este mismo volumen 11, pero ahora
debemos profundizar más en lo ya discutido. Así decimos, que el
estado humano es concupiscente por naturaleza; no se ha hecho
concupiscente por el pecado de Adán, sino que lo que perdimos fue el estado de
vida en Su Voluntad, que Nos cubría, que desvane- cía, como que adormecía, el
estado concupiscente natural de la naturaleza humana. Este es un concepto que
Nuestro Señor expande ahora, y continuará expandiendo en el
capítulo del 18 de Noviembre de 1912, de este mismo volumen,
cuatro capítulos delante de este, y que hemos subtitulado el Opio de Su
Voluntad.
Seguidamente, dice el Señor, que si alguna vez Él permite la tentación en
los Hijos e Hijas de Su Voluntad, e inciden- talmente, el leer sobre la
tentación, no es más que una tentación que él permite, lo que él busca, es que
comparando la basura que es en realidad toda tentación, con la riqueza que
ahora poseemos, comprendamos cuan pobre el diablo es en realidad, cuan limitado
es su arsenal de tentaciones, y que todo esto provoque nuestra risa, nuestra
burla, por- que el diablo cuando oye nuestras burlas, se enfurece mas y deja de
atacarnos para evitarse el “disgusto” de oírnos.
“el
cual no tolera estas burlas y le son más terribles que el mismo infierno, y con
todas sus fuerzas las rehúye”.
Dice por último, en su forma retorica habitual, que “probemos salir
de Su Voluntad, y veremos cuantos enemigos nos
llueven encima”. De nuevo, el concepto de que el estado natural es
de concupiscencia, porque, atención a
esto, si no fuera naturalmente concupiscente, el diablo no podría atacarlo,
y si no nos ataca cuando
vivimos en Su Voluntad,
es porque estamos protegido y escondidos en Su Voluntad, en cuya Voluntad, el
diablo no puede, ni quiere, ni se le permite entrar.
Resumen del capítulo del 20 de Diciembre de 1912: (De diario) – Pagina 73 -
Estos días pasados parecía que mi
siempre amable Jesús tenía ganas de hablar de su Santo Querer, venía, decía dos
palabras y huía. Recuerdo que en una ocasión me dijo:
(A) “Hija mía, con quien hace mi Voluntad me siento como en deber de darle
mis virtudes, mi belleza, mi fortaleza, en
una palabra, todo lo que Yo soy, y si no se lo diera me lo negaría
a Mí mismo”.
En otra ocasión, leyendo
acerca de lo terrible del juicio, y quedando muy entristecida, mi dulce Jesús
me dijo:
“Hija mía, ¿por qué quieres entristecerme?”
Y yo: “No intento entristecerte a Ti, sino a mí”.
Y Él:
(B) “¡Ah!, no lo quieres
comprender, que los disgustos, las tristezas y cualquier cosa que pudiera
sufrir quien hace mi Voluntad, recaen sobre Mí y las siento como propias, y
puedo decir a quien hace mi Voluntad: ‘Las
leyes no son para ti, para ti no hay juicios’. Y si quisiera juzgarla sería
como uno que quisiera ir contra sí mismo, es más, quien hace mi Voluntad, en
vez de ser juzgada entra en el derecho de juzgar a los demás”.
Después ha agregado:
“La buena voluntad
del alma en hacer el bien es una
potencia sobre mi corazón, y esta potencia
me maneja tanto,
que
me obliga a darle lo que quiere”.
Después estaba
pensando en qué le gustará
más al bendito Jesús, el amor o su Voluntad. Y Jesús:
(C)
“Hija mía, sobre todo debe tener la primacía mi Querer. Mira un poco tú
misma, tienes un cuerpo, un alma, estás compuesta de inteligencia, de carne, de
huesos, de nervios, pero no eres de frío mármol, contienes también un calor,
así que el alma, la inteligencia, el cuerpo, la carne, los huesos, los nervios,
deben ser mi Voluntad, y el calor que con- tiene, el amor. Mira la llama: el
fuego, debe ser Mi Voluntad, y el calor que producen la llama y el fuego, son
el amor. Así que en todas las cosas la sustancia, (la esencia, la causa) debe
ser mi Voluntad, los efectos el amor; el uno y la otra están tan conectados
juntos, que no pueden estar el uno sin la otra, así que por cuanta más
sustancia de mi Vo- luntad el alma contiene, tanto más amor produce”.
* * * * * * *
Un nuevo capítulo de diario con
importantes consideraciones doctrinales. Examinemos cada uno de los Bloques,
em- pezando con el (A).
Hija mía, con quien hace mi Voluntad
me siento como en deber de darle mis virtudes, mi belleza, mi for- taleza, en
una palabra, todo lo que Yo soy, y si no se
lo diera me lo negaría a Mí
mismo. – Jesús le comuni- ca a Luisa que para esas almas
que viven en Su Voluntad, Él se siente compelido, diríamos obligado, por un
Deber de Justicia, “a darles Sus Virtudes, Su Belleza, Su Fortaleza,
todo lo que Él es”.
Este concepto de que la Justicia
Divina Le impone darle a las criaturas
que viven en Su Voluntad
todo lo que Él es, requiere una explicación adicional.
Recordemos, que
en el capitulo anterior Le hablaba a Luisa de darle, como recompensa de que
viviendo en Su Volun- tad, quisiera hacer lo que los demás no hacen, todo el
amor que Él tiene por todos. Ahora, en adición,
de encerrar todo Su Amor en ella, dice Jesús que Le da todo lo que Él es.
Le da Sus
Virtudes Humanas, y por consiguiente Sus Atributos o Cualidades Divinas
personificadas en Sus Virtudes Humanas, y por tanto, necesariamente desplazan
las virtudes humanas de Luisa. Esto implica, que cuando Luisa, o nosotros,
ahora realiza actos virtuosos, libera para sí misma, los mismos Bienes que
Jesús liberaba cuando Él hacía Sus
actos virtuosos. Además, como corolario de lo dicho, el resto de las criaturas
recibe los mismos frutos que todos recibían, cuando Jesús actuaba.
Dicho de otra manera y para terminar este Bloque (A). Cuando actuamos en Su Voluntad, y tenemos la intención de “abrazarlo
todo, rezando y reparando por todos”, Él Nos da, no solo todo el
amor que tiene por todos, y que esos otros no reciben, sino que Nos da todas
Sus Virtudes, y todo lo que Él es.
* * * * * * *
Y analicemos el Bloque (B).
¡Ah!, no lo quieres comprender, que los disgustos, las tristezas y
cualquier cosa que pudiera sufrir quien hacen mi Voluntad, recaen sobre Mí y
las siento como propias, - Luisa se queja con temor y tristeza acerca de algo que había leído referente al Juicio final. Jesús la
reconforta, y al mismo tiempo la regaña, porque al vivir Luisa en Su Voluntad,
todo lo que ella hace o siente, repercuten como por un hilo electico dentro de
Jesús, que como sabemos está bilocado en ella. Por esta razón, la tristeza de
Luisa, Jesús tiene que sentirla y compartirla.
Y puedo decir a quien hace Mi Voluntad
(viviendo en Mi Voluntad): ‘Las leyes no son para ti, para ti no hay juicios’. Y si quisiera juzgarla sería como uno que quisiera ir
contra sí mismo, – Con lo que ya sabemos sobre lo que significa
vivir en Su Voluntad, en este proceso creciente de adentrarnos cada vez más en
Ella, no debe extrañarnos lo que
Jesús dice. Los que viven en Su Voluntad no
necesitan leyes, porque su
unificación con lo que Dios desea de ellos, y ellos lo
hacen, no proviene de seguir leyes, sino de acoger libre y amorosamente Sus
Sugerencias Amorosas. En un sentido estricto, las Sugerencias Amorosas son las
leyes de los que viven en Su Voluntad. Por razo- nes similares, el juicio final
se hace necesario para juzgar a aquellos que no han vivido con la actitud de
querer hacer en todo Su Voluntad. Dice el Señor que juzgar a criaturas que
sistemáticamente han vivido de Su Voluntad, en el ám- bito de Su Voluntad, sería como si Él fuera a
juzgarse a sí mismo.
¿Cómo juzgar a aquellos que han tratado
de colabo- rar
consistentemente con Él, y el
Espíritu Santo, en la magna obra de
la santificación en la Divina Voluntad y la Venida del Reino
del Fiat Supremo?
Es más, quien hace mi Voluntad, viviendo en Mi Voluntad, en vez de ser
juzgada entra en el derecho de juzgar a los demás. - En nuestra Guía de estudios
titulada Capítulos Descriptivos de la Divina Voluntad, Octava par- te,
Descripción 98, hemos avanzado una especulación sobre el Juicio Final previo al
Reino de los Mil Años que se des- cribe en el capítulo 20 del Apocalipsis de
San Juan, que se basa en este párrafo. Es la única explicación posible para
tratar de interpretar el misterio que representa esta Afirmación del Señor.
Es obvio
para nosotros, que siendo
este vivir en Su Voluntad, la condición original en la que quería ver al ser humano, en la línea de creación
comenzada con Adán, toda criatura que ahora, después de Luisa, acepte este
invitación, no solo entra en una
categoría crecientemente divina en su actuación, sino que como colaborador de
Él en todo lo que Él ha planeado para nosotros, nos convertimos también en
colaboradores de Él en Su Tarea como Juez de todos. Para ser juez, se necesita un conocimiento profundo de la ley
que afecta a todos, y eso lo tenemos porque hemos tenido acceso a las Verdades
Divinas encerradas en los escritos. Además, el juez necesita no solo conocer la
letra de la Ley, sino el espíritu del la Ley. En este caso, nuestra intimidad
con Jesús y las otras Personas que componen el Ser Divino; el hecho de que los
Siete están bilocados en nosotros, nos dan esa perspectiva especial necesaria
para saber cómo Ellos van a juzgarnos.
La buena voluntad del alma en hacer
el bien es una potencia sobre mi corazón, y esta potencia me ma- neja tanto,
que me obliga a darle lo que quiere. – la Buena Voluntad que la criatura
tenga para hacer aquello que Su Sugerencia Amorosa Le indica que haga, es lo
que Jesús describe como “hacer el bien”, porque bien recibe la
criatura, cuando sigue la Sugerencia de Él. Dice Jesús, que la criatura que así
actúa, ejerce sobre Él una fuerza, un poder o “potencia” tal que le maneja, y
Le obliga o fuerza a hacer lo que la criatura quiere. El sabe perfectamente, que la criatura que vive en Su Voluntad,
no va a pedirle algo que sea incorrecto, y que no sea algo que Él ya no ha
expresado claramente quiere que Le pidamos. Mientras más sabemos lo que quiere
de nosotros, ¿Cómo podemos ya pedirle algo que sabemos que el Señor no quiere?
La expresión
“potencia sobre Mi Corazón” lo dice todo. Dice el Diccionario que Potencia es
“imperio, dominación”, y también dice que es “de igual a igual, como dos
estados soberanos”. Con estos significados comprendemos que la potencia de la
voluntad humana de una criatura que coexiste con Su Voluntad bilocada y obrante
en ella, igualan a la potencia de la Voluntad Divina en Jesús, “como dos estados
soberanos”.
* * * * * * *
Analicemos
ahora el Bloque (C). Luisa se
pregunta que le gustará más al Bendito Jesús, Su Voluntad o el Amor. Luisa
obviamente piensa en el Amor como sentimiento, y por tanto, para ella quizás el
Amor es más importante, porque lo asocia con la Presencia de Jesús en Su Vida,
y el hecho de que es Su esposa mística.
Hija mía, sobre todo debe tener la primacía
mi Querer. – La respuesta de Jesús indica que Su Voluntad tiene la
primacía, y sin decirlo, rebate la noción de si a Él le “gusta” más uno que el
otro, y la enfoca desde un punto de vista de
causalidad: Su Voluntad
tiene primacía porque es el progenitor del Amor. Para re-entender todo esto de nuevo,
debemos
transcribir, sin nuestro análisis, el capitulo del 12 de Marzo de 1910, volumen
9, que ya estudiamos y co- mentamos. Lo único que haremos será subrayar
aquellos conceptos que ayudan a entender esta “primacía” de Su Voluntad sobre
el Amor:
“Hija mía, mi
Voluntad perfecciona el amor, lo modifica, lo restringe, lo engrandece en lo
que es más santo y per- fecto. El amor a veces quisiera escapar y devorar todo;
mi Voluntad domina al amor y le dice:
“Calma, no escapes, pues escapándote te puedes hacer mal, y con querer
devorar todo puedes
fallar”.
Por
lo tanto, el amor es puro por cuanto es uniforme a mi Querer, caminan juntos y
se besan continuamente con el beso de paz. Otras veces, por estado de ánimo o
porque en sus escapadas no ha resultado como él quería, quisiera restringirse y
casi indolentemente sentarse; mi Voluntad lo incita y le dice:
“Camina, los verdaderos amantes
no son negligentes, no están ociosos”.
El
amor sólo está seguro cuando está encerrado en mi Querer, así que el
amor hace apreciar, desear, llegar a la locu- ra, a los excesos; pero mi
Voluntad modera, tranquiliza al mismo amor, y nutre de alimento más sólido y
divino al alma amante.
Así
que en el amor puede haber
muchas imperfecciones, y también en las cosas santas; en mi Voluntad jamás, todo en Ella es
perfecto. Hija mía, esto sucede especialmente en las almas amantes y que
han sido favorecidas con mis visitas, con mis besos y caricias, que quedan en
poder del amor, y cuando Yo las privo de Mí el amor se adueña de ellas y las
hace anhelantes, delirantes, libres, inquietas, impacientes, así que si no fuera
por mi Voluntad que las nutre, las aquieta, las calma, las corrobora, el amor
les daría la muerte, si bien el amor no es otra cosa que el hijo primogénito
de mi Voluntad, pero necesita estar siempre corregido por mi Querer; y Yo
la amo tanto como me amo a mí mismo”.
Una vez
estudiado esto nuevamente, debemos comprender que en este capítulo, Nuestro
Señor quiere destacar la dualidad de funciones, o sea, separar la Función que
hace Su Voluntad, y la Función que hace el Amor, porque en realidad, no pueden
funcionar separadamente.
Mira un poco tú misma, tienes un cuerpo, un alma, estás compuesta de
inteligencia, de carne, de hue- sos, de
nervios, pero no eres de frío mármol,
contienes también un calor, así que
el alma, la inteligencia, el cuerpo,
la carne, los huesos, los nervios, deben ser mi Voluntad, y el calor que
contiene, el amor. – Jesús Le propone a Luisa dos ejemplos separados para resaltar esta
dualidad de funciones; y cómo resultan ser fun- ciones separadas, en lo que
cada una hace y consigue, pero al mismo tiempo son inseparables, en el
sentido de que la una nada puede realizar sin la otra.
Jesús Le hace
saber a Luisa, que la Voluntad Divina le da a la criatura la capacidad de ser
lo que es. Le da memoria, inteligencia y voluntad; le da los 5 sentidos y los
demás componentes corporales, pero todos ellos están inmóviles, como un mármol
frio que no tiene vida. Esa vida la da el Amor, pero esa vida solo puede
dársele a algo que esté for- mado.
Por lo que
Nuestro Señor Nos dice en estos dos ejemplos, pero principalmente en este, es
que nuestra idea de que el Amor es el que da la forma a todo lo creado, no es
correcta. Su Voluntad es la que le da forma a todo lo creado, se- gún el plan
de la Trinidad Sacrosanta para esa cosa que va a crearse, y que la “labor” del
Amor es darle a esa forma, vida, o sea, darle la funcionalidad deseada. Así
pues, el Amor Divino es el que hace posible que el ser humano viva, que el ser
humano funcione.
¿Puede el Uno
funcionar sin el Otro? Como vemos, esto no es posible. Sin embargo, siempre
queda en el misterio, y misterio incomprensible, el porqué esto es así, el
porqué Ellos Dos existen, y han existido siempre, y son Dos de los “componentes
originales”, por decirlo de alguna manera, del Ser Divino.
Mira la llama: el fuego, debe ser Mi Voluntad, y el calor que producen
la llama y el fuego, son el amor. Así que en todas las
cosas la sustancia, (la esencia,
la causa) debe ser
mi Voluntad, los efectos el amor;
- Jesús
utiliza ahora el ejemplo del fuego para indicar que la conexión entre ambos es causal, o sea, uno es la causa y
el otro el
efecto. Así como el calor no puede surgir si no lo causa el fuego, así es el
Amor, que solo puede surgir si Su Voluntad lo hace surgir.
El uno y la otra están tan conectados juntos, que no pueden estar el
uno sin la otra, así que por cuanta más sustancia de mi Voluntad el alma
contiene, tanto más amor produce. – Como decíamos, la
explicación de porqué esto es como el Señor Nos hace saber, así igualmente
queda en el misterio, el porqué esto es así, y como acostumbra decir Luisa, en
este momento ponemos punto.
Resumen del capítulo del 22 de Enero de 1913: (Doctrinal) - Pagina 75 - Triple Pasión
de Jesús -
Estaba pensando
en la Pasión de mi siempre amable Jesús, especialmente en lo que sufrió en el
huerto, entonces me he encontrado toda sumergida en Jesús y Él me ha dicho:
(A) “Hija mía, mi primera Pasión
fue el amor, porque el hombre al pecar, el primer paso que da en el mal es la falta de amor, por lo tanto,
faltando el amor se
precipita en la culpa; por eso
el Amor, para rehacerse en Mí de esta falta de
amor de las criaturas, me hizo sufrir más que todos, casi me trituró más que
bajo una prensa, me dio tantas muertes por cuantas criaturas reciben la vida.
El segundo paso
que sucede en la culpa, es defraudar la gloria de Dios, y el Padre para
rehacerse de la gloria quitada por las criaturas me hizo sufrir la Pasión del pecado, esto es, que cada culpa me daba una pasión especial;
si la pasión fue una, el pecado en cambio
me dio tantas pasiones por cuantas
culpas se cometerán hasta el fin del mundo;
y así se rehízo la gloria del
Padre.
El tercer
efecto que produce la culpa es la debilidad en el hombre, y por eso quise
sufrir la Pasión por manos de los judíos, esta es mi tercera Pasión, para
rehacer al hombre de la fuerza perdida.
Así que con la
Pasión del amor, se rehízo y se puso en justo nivel el Amor, con la Pasión del
pecado, se rehízo y se puso a nivel la gloria del Padre, con la Pasión de los
judíos, se puso a nivel y se rehízo la fuerza de las criaturas. Todo esto lo
sufrí en el huerto, fue tal y tanto el sufrimiento, las muertes que sufrí, los
espasmos atroces, que habría muer- to de verdad si la Voluntad del Padre
hubiera llegado a que Yo muriera”.
Después
continué meditando cuando mi amable Jesús fue arrojado por los enemigos al
torrente Cedrón. El bendito Jesús se hacía ver en un aspecto que movía a
piedad, todo bañado con aquellas aguas puercas y me ha dicho:
(B) “Hija mía, al crear el alma la vestí de un manto
de luz y de belleza; el pecado quita este manto de luz y de belleza y la cubre con un
manto de tinieblas y de fealdad, volviéndola repugnante y nauseante, y Yo para
quitar este manto tan nauseabundo que el pecado pone al alma, permití que los
judíos me arrojaran en este torrente, donde quedé co- mo recubierto dentro y fuera
de Mí, porque estas aguas pútridas
me entraron hasta en las orejas, en las narices,
en la boca, tanto, que los
judíos tenían asco de tocarme. ¡Ah, cuánto me costó el amor de las criaturas,
hasta volverme nauseabundo a Mí mismo!”
* * * * * * *
Las Revelaciones que Nuestro Señor Le da a Luisa, sobre
dos de los sucesos
ocurridos durante Su Pasión, complemen- tan lo que Luisa escribe en el
libro de las Horas de la Pasión, y así deben leerse.
A manera de
prologo, diremos que Jesús habla de tres pasiones recibidas en el Huerto, y
como cada una de estas Pasiones, tenía un propósito especifico. Ahora bien,
observemos que utiliza el mismo nombre de pasión para referirse a la totalidad de las 24 Horas, como para
referirse a cada una de los acontecimientos en el Huerto. Comoquiera que Jesús
siempre dice exactamente lo que quiere decir, debemos concluir, como de
costumbre, que no hay nada contra- dictorio, sino que busca o provoca que
profundicemos.
De nuevo, al
usar la misma palabra Pasión para indicar el todo y algunas de las partes,
Jesús quiere que entendamos que estos acontecimientos del Huerto, son componentes
individuales de un Todo. Así comprendemos, que la Pasión y Muerte de las 24
Horas viene a estar compuesta por numerosísimas pasiones, o “sub-pasiones”,
o “mini-pasiones” y numerosísimas muertes individuales, o sub-muertes, o “mini-muertes”. Si alguna de estas “sub-pasiones” estuviera
ausente del
total de Su Pasión, con mayúscula, esta Pasión como la conocemos hubiera
quedado incompleta. El lector perdonará el uso de sub-pasión y sub-muerte, pero
hay que tratar de comprender lo que dice.
Analicemos lo que dice en el Bloque (A) relativo al Huerto.
(1) Hija mía, mi primera Pasión fue el amor, porque el hombre al pecar, el
primer paso que da en el mal es la falta de
amor, por lo tanto, faltando
el amor se precipita en la culpa; - Podemos comprender ahora, por lo mucho que hemos discutido este punto en el famoso
capitulo de los vacíos de amor que el pecado causa. Aquí Je- sús reafirma lo
sabido, que cuando el ser humano decide actuar en contra de lo que Él le
sugiere, el acto de Amor queda incompleto, y la criatura no recibe los bienes
asociados con ese acto de Amor, y se
provoca un vacío de amor en el ser humano, o sea, un espacio vacío que debía
estar ocupado por el Amor que venía en la Sugerencia. Ahora bien, si lo no hecho, o lo escogido,
contraviene uno de Sus Mandamientos, ya no tiene un espacio vacío de
Amor, sino que tiene un espacio
lleno de maldad y tinieblas
que es necesario vaciar con la Confesión de culpa,
para posteriormen- te ser
llenada por amor, o en la tierra, con un doble amor que desborda y llena lo que
estaba vacío, o en el Purgato- rio.
(2) por eso el Amor, para rehacerse en Mí, de esta falta de amor de las criaturas, me hizo sufrir más que
todos, casi me trituró más que bajo una prensa, me dio tantas muertes por
cuantas criaturas reciben la vida. – El verbo usado por Jesús de rehacerse
significa que Jesús tenía que aceptar a nombre nuestro todos aquellos actos de
Amor y recibir en Si Mismo, aquel Amor que había quedado incompleto. Al mismo
tiempo, comoquiera que este verbo tiene también connotación de resarcirse,
implica que el Amor y la Justicia Divina quedaban aplacados y resarcidos de lo
que el ser humano les debía.
Este proceso de
rehacimiento y resarcimiento, no es un proceso suave, indoloro, sin
consecuencias para el que reha- ce. La Justicia Divina no es la justicia
humana, aunque en el principio de la civilización humana, en aquellos tiempos
que ahora nosotros consideramos tiempos
incivilizados o primitivos, la justicia humana tenia las mismas características
de la Divina. Aquellos que conocen
del código de Hammurabi, el Rey Mesopotámico, saben que este Rey preclaro
pen- saba que el Código que estaba instaurando en su vastísimo Reino, lo
había recibido directamente de Su Dios. El nom- bre del dios de Hammurabi no es importante, porque todo lo que leemos
en estos Escritos sobre la Justicia
Divina, nos dice que, para todos los efectos, Hammurabi recibió el
Código de Ley de nuestro mismo Dios, el Dios Verdadero.
Este código de
Ley es el primero que anuncia principios de ley que casi todos los pueblos
antiguos conocían como la retribución en la misma especie del pecado; “ojo por
ojo, diente por diente”. Sin entrar en múltiples
detalles sobre este Código que no es
pertinente a este estudio, solo daremos un par de ejemplos, que en la justicia
humana actual parecen “salvajes”, pero que como vemos por la explicación de lo que Jesús tenía que soportar, no parecen
ser “salva- jes” sino
correctos. Una instancia: el que roba, usa la mano para robar, es justo, dice
el Código, que pierda la mano con la que ha
robado. Otra instancia: si alguien asesina al hijo o hija de otro, es
justo que el padre de la victima muer- ta, se resarza exigiendo la muerte de un hijo o hija del
culpable. ¿Ilógico, salvaje?
Para poder
responder esta pregunta, examinemos la justicia humana civilizada que tenemos
ahora. Un individuo roba todos sus ahorros a miles de personas, con maniobras
fraudulentas, y al descubrirse su crimen, muchos de los desfal- cados cometen
suicidios, pierden la razón, se enferman, etc. Y, ¿el culpable? Al culpable le
dan unos cuantos años de prisión, le quitan lo que puede, pero no todo lo que
tiene, porque ya lo escondió en Suiza o en Gran Caimán, y para colmo lo ponen
en una cárcel de profesionales del crimen. No seguimos. En el código de
Hammurabi, los derechos de las victimas en la Ley, son igualmente importantes
que los deberes de los victimarios que son juzgados.
Observemos que
el sufrimiento que el Amor Le inflige a Jesús es tal que Le da muerte, porque
la retribución que se espera por cada ofensa a la Divinidad es la muerte, en el
Código de la Ley de Dios. No hay distinción alguna en la categoría del pecado,
Todos los pecados son igualmente ofensivos; obviamente no para la justicia
humana, para la que hay muchas clases
de ofensa, y tantas clases de castigo.
Jesús pues,
recibe una sub-muerte o mini-muerte en cada una de estas sub-pasiones o
mini-pasiones, o sea, en cada uno de estos mini-juicios que la Justicia Divina
realiza con Jesús que nos sustituye. Como dirá en el párrafo 7, estas
sub-muertes eran muertes
reales de las que
Le “resucitaban”, porque
todavía Le quedaba mucho por rehacer, reparar, y resarcir antes de Su Muerte final.
(3) El segundo paso que sucede en la culpa, es defraudar la gloria de Dios,
y el Padre para rehacerse de la gloria quitada por las criaturas me hizo sufrir
la Pasión del pecado, esto es, que cada culpa me daba una pasión especial; si
la pasión fue una, el pecado en cambio me dio tantas pasiones por cuantas cul-
pas se cometerán hasta el fin del mundo; y así se rehízo la gloria del Padre. -
Al no
completarse el acto de Amor, y quedar este espacio “vacío” de amor, o este
espacio “lleno” de pecado, el Ser Divino queda sin el reconoci- miento, o sea,
sin la Gloria que espera, como cumplimiento de uno de los más importantes
deberes de Justicia: el Agradecimiento.
Esta
defraudación de Gloria, necesitaba ser rehecha, siguiendo este misma Justicia
Divina, que Hammurabi, divina- mente inspirado, plasmó en Su Código. En el primer paso que
explicamos en el párrafo 2, Jesús resarcía a la Divinidad por el vacío de
Amor; ahora Jesús debe rehacer por el pecado que llena el alma de la criatura
de tinieblas y fealdad. Todas las mini-muertes que estas sub-pasiones, o
pasiones especiales, como las llama Jesús, causaban, Le venían encima por causa
del pecado, y también de estas mini-muertes tenía que ser resucitado.
(5) El tercer efecto que produce la culpa es la debilidad
en el hombre, y por eso
quise sufrir la Pasión por manos de los judíos, esta es mi
tercera Pasión, para rehacer al hombre de la fuerza perdida. – Dice el Señor que perdimos
la fuerza para seguirle, para completar Sus Sugerencias Amorosas, y este es uno
de esos aspec- tos insospechados en nuestra relación con Dios. Estábamos
débiles para hacer lo que quiere, y necesitábamos ser fortalecidos, y Él, en
cada una de Sus Reparaciones y Resarcimientos, nos infundía Su Misma Fuerza
para que pudié- ramos realizar lo que Él quiere de nosotros.
Dicho de otra
manera. Jesús gana para nosotros la fuerza para convertirnos, la fuerza para
rechazar las nuevas tenta- ciones de nuestra naturaleza concupiscente, y las
fuerzas para acoger Sus Sugerencias Amorosas con las que Nos guía. Sin
esta fuerza, de nada serviría
que pagara por nosotros, porque no tendríamos la fuerza para seguirlo, una
vez que Nos reconcilia.
(6)
Así que con
la Pasión del amor, se rehízo y se puso en justo nivel el Amor, con la Pasión
del pecado, se rehízo y se puso a nivel la gloria del Padre, con la Pasión de
los judíos, se puso a nivel y se rehízo la fuerza de las criaturas. – Jesús resume las Tres Mini-Pasiones
para indicar claramente lo que sucedía. Pero esto no es lo importante del párrafo. Lo importante es Su
Expresión: “poner al nivel”, que
repite tres veces.
¿Qué quiere decir Jesús con
esto?
Si miramos a un
Lago, digamos el Lago Okechobee, que suple de agua potable a la mitad del
estado d la Florida, ob- servaríamos, que en la medida que los distintos
acueductos extraen el agua que necesitamos, el nivel del lago baja
correspondientemente. Si esa agua que extraemos no es repuesta
por lluvia, eventualmente el lago quedaría
sin agua.
Debemos comprender, que con esta alegoría tan extraordinaria, el Señor,
que siempre Nos confunde con Su Precisión y las Implicaciones que contiene,
dice que nuestro agradecimiento, nuestro reconocimiento a Su Amor, es como la
lluvia que repone el “agua” de Sus Beneficios, de Su Gracia. Su Benevolencia
individual, restaura “el justo nivel”, El
“agua” de Su Gracia y Beneficios, no es ilimitada como podemos llegar tontamente a pensar, sino que
si no “llovemos” en el Lago de Dios, esa “agua” se nos acaba, el pozo se seca.
Contrariamente, nuestro agradecimiento, nuestro reco- nocimiento, asegura que
el nivel de “agua”, de gracias y beneficios Divinos, es el justo y necesario; o
sea, que el “agua” está siempre al nivel necesario para que continúe fluyendo
hacia nosotros.
Ahora que
entendemos esta expresión de “poner a nivel”, quizás lleguemos a apreciar desde
este nuevo punto de vista, como Nuestro Señor hacia “llover” para restaurar los
niveles de Gracias y Beneficios, completando por nosotros, Sus Actos de Amor,
como rellenaba el Lago de Su Misericordia que estaba bastante
seco, y como rellenaba el Pozo del
Agua con la que Nos fortalece para reemprender junto con Él, el camino de la
salvación.
(7) Todo esto lo sufrí en el huerto, fue tal y tanto el sufrimiento, las
muertes que sufrí, los espasmos atroces, que habría muerto de verdad si la
Voluntad del Padre hubiera llegado a (ser) que Yo muriera. – Jesús recapitula sobriamente
este Proceso de Sufrimiento, reafirmando que no hubiera salido vivo del Huerto,
y que si salió vivo, fue porque Su Padre del Cielo, no había decretado todavía
que muriera finalmente, porque “todo se había consumado”.
* * * * * * *
Y analicemos ahora lo que dice sobre los sufrimientos experimentados en el Torrente Cedrón.
(1) Hija mía, al crear el alma la vestí de un manto de luz y de belleza; el
pecado quita este manto de luz y de
belleza y la cubre con un manto de tinieblas y de fealdad, volviéndola
repugnante y nauseante, - Nuestro Señor expresa
nuevamente este concepto
de que al crear a Adán,
lo revistió de un manto
de Luz y Belleza,
Su Divina Voluntad bilocada y obrante en Adán, que lo hacía diferente al
resto de los seres humanos que habían sido creados con anterioridad en otras
líneas de creación.
Confirma que al
pecar Adán, perdió esta Vestimenta Real de Su Voluntad, y quedó expuesta la
naturaleza que estaba debajo de esa vestimenta; naturaleza de tinieblas y
fealdad, que no era tan diferente de la naturaleza humana de las otras
criaturas que existían en aquellos momentos históricos, en el área de la
Antigua Mesopotamia, en la que pensa- mos se
desarrolló la vida de Adán y su descendencia.
Todo esto, para todos los efectos, es como si Adán hubiera
que- dado vestido con otro manto de fealdad y tinieblas.
(2) Y Yo para quitar este manto tan nauseabundo que el pecado pone al alma,
permití que los judíos me arrojaran en este torrente, donde quedé como
recubierto dentro y fuera de Mí, porque estas aguas pú- tridas me entraron
hasta en las orejas, en las narices, en la boca, tanto, que los judíos tenían
asco de tocarme. ¡Ah, cuánto me costó el amor de las criaturas, hasta volverme
nauseabundo a Mí mismo! – Nuestro Señor permitió que lo arrojaran a este Torrente Cedrón, que en
aquellos instantes históricos era el alcantari- llado de Jerusalén, lugar al
que iban a parar todos los desperdicios humanos de aquella gran ciudad.
Nuestro Señor
se dejó revestir de esta inmundicia, para luego revestirse en Su Resurrección con el Manto de Luz de Su Cuerpo Glorificado.
Resumen del Capítulo del 5 de Febrero de 1913: (Doctrinal) - Pagina 77 -
Esta mañana, mi siempre
amable Jesús ha venido y me ha dicho:
(A)
“Hija mía, quien no hace mi Voluntad no tiene razón de vivir en la
tierra, la vida se vuelve sin finalidad, sin medio y sin fin. Es propiamente como un árbol que no sabe y no puede
producir ningún fruto, o a lo más frutos venenosos, que envenenan siempre más a
él mismo, y envenenan a cualquiera que imprudentemente los pudiera comer, este
árbol no hace otra cosa que robar
las pobres fatigas del
agricultor, que con fatiga y
sudores está a su alrededor remo- viéndole la tierra. Así el alma que no hace mi Voluntad está
en continua actitud de robarme, y
los hurtos que me hace los convierte en veneno; así que está a mi alrededor
sólo para robarme, me roba la obra de la Creación, la de la Re- dención y la de
la Santificación con relación a ella; me roba la luz del sol, el alimento que
toma, el aire que respira, el agua que le quita la sed, el fuego que la
calienta, la tierra que pisa, porque todo esto es de quien hace mi Voluntad,
todo lo que es mío es de ellos; en cambio quien no hace mi Voluntad no tiene
ningún derecho, y por eso me siento continuamente robado. Así que quien no hace
mi Voluntad se debe tener como extranjero nocivo y fraudulento, y por eso es
necesario encadenarlo y arrojarlo en las cárceles más profundas”.
Dicho esto ha desaparecido como relámpago. Otro día, al venir me ha dicho:
(B) “Hija mía, ¿quieres saber
qué diferencia hay entre mi Voluntad y el Amor? Mi Voluntad es Sol, el amor es fuego. Mi Voluntad como sol no
tiene necesidad de alimento, ni crece ni decrece en la luz y en el calor,
siempre, siempre igual a sí mismo,
siempre purísima su luz. En cambio el fuego que simboliza el amor, tiene
necesidad de leña para alimentarse, y si falta la leña llega hasta a apagarse,
crece y decrece según la leña que se pone, por lo tanto está sujeto a inestabilidad, y su luz es siempre
obscura, mezclada con humo, especialmente si el amor no está regulado por mi Voluntad”.
Dicho esto ha desaparecido y me ha quedado en mi mente una luz en la que comprendía que la Voluntad
de Dios para el alma es como
un sol, porque las acciones que se hacen como queridas por Dios forman una sola
cosa con la Volun- tad Divina, y así se forma el sol, la leña que mantiene este
sol es la acción humana y todo el propio ser unido a la acción y al Ser Divino,
así que el alma se hace leña ella misma, suministrada por la Voluntad Divina, y
esta leña no puede faltar, por eso este sol no tiene necesidad de alimento, ni
crece ni decrece, es siempre igual a Sí mismo, es purísima su luz, porque toma
parte en todo, y el Ser Divino y la leña divina nunca se acaban y no están
sujetas a hu- mo. No explico más porque creo que el resto se comprende por sí
solo, o sea lo referente al amor.
* * * * * *
*
Antes de empezar, vamos a definir
varios términos que Jesús utiliza
en el Bloque (A).
Razón = motivo o causa.
Fin o Finalidad = objetivo
con el que se hace una cosa, o el porqué se hace una cosa.
Medio = estilo o modo.
Hija mía, quien no hace mi Voluntad no tiene razón de vivir en la
tierra, la vida se vuelve sin finalidad, sin medio y sin fin. – Jesús Le hace saber a Luisa
que la criatura que no Le reconoce, y que Le ofende, no tiene “razón”, es decir,
motivo o causa para vivir en esta tierra; está demás aquí, se convierte en un estorbo. La vida de esa criatura no sigue la
“finalidad” que Dios quería de ella cuando la creó.
Los “medios”,
el “modo” de actuar de ella, no son los de Su Creador, sino los que ella se
inventa o le sugiere el enemigo
El fin, de esa criatura,
no es el de obedecer
y dar gloria a Su Creador, sino que es su propio “fin” o meta humana; su
propia
satisfacción espiritual y material, que no incluye
a Dios.
Es propiamente como un árbol que no sabe y no puede producir ningún
fruto, o a lo más frutos veneno- sos, que envenenan siempre más a él mismo, y
envenenan a cualquiera que imprudentemente los pudie-
ra comer, - No solamente esa criatura ofende a Su Creador, sino que es
un peligro para ella misma, y para
los que la rodean, porque con sus
malas obras y ejemplos daña a otros.
Este árbol no hace otra cosa que robar las pobres fatigas del
agricultor, que con fatiga y sudores está a su alrededor removiéndole la
tierra. Así el alma que no hace mi Voluntad está en continua actitud de
robarme, y los hurtos que me hace los convierte en veneno; - esta criatura es como un
árbol que hace fatigo- so, y a veces inútil todo el trabajo que Dios, como
agricultor, hace por ella, que constantemente Le envía Sus Suge- rencias
Amorosas, tratando de ser escuchado, pero no lo logra. Esta imagen del Dios
agricultor, fatigado al extremo en su labor diaria, tratando de remover obstáculos, y propiciar buen alimento a su cosecha, es una
imagen muy pode- rosa que no debemos
olvidar.
Por lo tanto esta persona, Le roba constantemente todo a Su Creador: “está en continua
actitud de robarme”.
Los frutos que
produce con sus acciones, al no hacer la Voluntad de Dios y cometer pecados,
envenenan su alma, y envenenan a las demás personas, que sufren las
consecuencias de sus actos; aunque dichos actos, a veces puedan estar
disfrazados o cubiertos por las apariencias de actos buenos o necesarios, y logren engañar a
los demás. La reali- dad es que son frutos venenosos.
Así que está a
mi alrededor sólo para robarme,
me roba la obra de la Creación, la de la Redención y la de la
Santificación con relación a ella; - ahora comprendemos porqué Jesús dice que esa
criatura no tiene “razón de vivir en la tierra”. Es que en realidad, estas
vidas son como yerba mala, que no solo es dañina
o inútil para ella misma,
sino para todos los que la rodean.
Debemos hacer
una distinción importante. Las Palabras de Jesús
pueden llevarnos a pensar que son solo unos cuantos los que así se comportan, o sea,
que Jesús habla de los grandes pecadores, pero, nosotros ya debiéramos saber
que en cuanto cometemos un solo pecado, nos enemistamos con Él, y Él se ve
obligado a apartarse de nosotros, y trabaja “desde fuera” como el agricultor
del ejemplo para propiciar la conversión, y la vuelta a la amistad. Ahora bien,
desde el mismo momento en que
cometemos un solo pecado hasta que nos reconciliamos nuevamente con Él, o sea,
duran- te todo el tiempo que permanezcamos en el pecado, todas nuestras obras
caen en esta categoría de hurtos, todas están marcadas con el veneno que
llevamos dentro. La fealdad del pecado delante a Sus Ojos, no solo está en el
acto en sí, sino en las consecuencias que tiene ese pecado en nosotros, mientras no es perdonado por Él
en el Sacramento de la Reconciliación.
Así pues, el
pecador, Le roba la obra de la creación, de la cual tiene que hacer uso constante,
porque ese ladrón todo lo que utiliza
y está a su alrededor, inclusive en el momento de, y hasta para, cometer el
pecado, es algo creado por Dios. Su misma existencia física y espiritual, es
parte de la obra de la Creación, así como lo es, la tierra misma que pisa.
Le roba la obra
de la Redención porque hace inútil toda la Labor, todo el Sufrimiento, que
Jesús realizara aquí en la tierra para redimirlo; ya que no la aprovecha.
Por último le
roba la obra de la Santificación, porque no puede haber oportunidad, para
alguien que no quiera arre- pentirse y conocer a Dios, el que llegue a poseer
la Santidad de Su Voluntad. La santificación, o aceptación de esta Vida en Su
Voluntad, se hace literalmente imposible.
Me roba la luz del sol, el alimento que toma, el aire que respira, el
agua que le quita la sed, el fuego que la calienta, la tierra que pisa, porque
todo esto es de quien hace mi Voluntad, todo lo que es mío es de ellos; - todo lo que Jesús menciona
acerca de Su Creación, y que la criatura que vive en la tierra, en este caso el
pecador, no puede dejar de utilizar, Le es robado.
Acordémonos que
cuando Adán pecó fue expulsado del Paraíso, porque ya no era digno de utilizar,
aquello que Dios había creado para él con tanta magnificencia. Adán no tenía
razón para vivir en el Paraíso.
Ahora aquí, el
pecador está en una situación similar; lo único que reprime al Señor de eliminarlo de la faz de la tierra, es Su
Gran Misericordia, y está a la espera de que algún día, ese pecador pueda
convertirse. La Biblia está llena de relatos de castigos, que Su Divina
Justicia, envía a las criaturas.
Ahora, desde la
venida de Jesús y de Su Madre a la tierra, podríamos decir, que la Divina
Justicia, se ha hecho más tolerante; con todo y esto, no podemos pasarnos del
límite, vivir ofendiéndolo y no pagar las consecuencias, porque solo el alma
justa tiene el derecho de disfrutar de Sus Obras, no el pecador.
En cambio quien no hace mi Voluntad no tiene ningún derecho, y por eso
me siento continuamente ro- bado. Así que quien no hace mi Voluntad se debe
tener como extranjero nocivo y fraudulento, y por eso es necesario encadenarlo
y arrojarlo en las cárceles más profundas. – De nuevo, el Señor condena enérgica- mente al
pecador, que no tiene derecho alguno a lo que continuamente utiliza. Sus
Palabras son desacostumbrada- mente fuertes, y no es necesario comentarlas más.
* * * * * * *
En la segunda parte de este capítulo, el
Bloque (B), Nuestro Señor continúa
con las diferencias entre Su
Voluntad y el Amor Divino, que como
sabemos ha venido anunciando en varios capítulos anteriores.
Es importante,
sin embargo, destacar de entrada que el
Señor quiere hacer relucir las “diferencias” entre Su Voluntad y el Amor, o mejor
aún, quiere hacer relucir lo que las distingue, y esto que las distingue tiene
que ver con la dinámica que ambas exhiben.
Aunque sabemos
que jamás podremos llegar a entender perfectamente lo que Nos habla de Su
Voluntad y el Amor, tampoco podemos eludir la responsabilidad de entender lo
que quiere que entendamos, y esto siempre envuelve un cierto riesgo de
interpretar mas allá de lo que Nos dice; aunque también sabemos que Nuestro
Señor tiene mil mane- ras para
impedir, amablemente, que especulemos incorrectamente sobre lo que Nos dice.
Las palabras, los verbos que usaremos para que todos entendamos lo que dice, son
limitantes en su sentido
estricto, pero son las únicas palabras o verbos que conocemos. Ni siquiera vamos a encerrar estas palabras o verbos
entre comillas, como es costumbre hacer en estos casos. Lo importante es tratar de expresar la
idea, y nuestras limitaciones deben quedar disimuladas por los lectores, con
gran caridad.
Así las cosas,
decimos que en efecto, hay un elemento de pasividad en Su Voluntad,
pasividad en cuanto a que Su Voluntad es Una, es Indivisible, es y está
Completa, nada necesita añadir a sí misma para expandirse, nada puede
quitársele o hacerla contraer, y de esa manera
disminuirla de alguna manera. Aunque todo lo da, y puede
darlo, siem- pre queda plena. Dicho de
otra manera, no existe manera alguna de perfeccionar algo que ya es perfecto; pudiendo
hacerlo todo,
Su Voluntad no tiene ningún interés en actuar, porque nada gana con actuar, ni
nada pierde por no actuar.
No debe
extrañarnos pues, que esta Pasividad choque con el Dinamismo inherente a la
Santísima Trinidad, que cons- tantemente piensa y, diseña; que quiere sacar
fuera lo que diseñan y quieren hacer, y que solo pueden lograr este hacer con
Su Voluntad Omnipotente. La Trinidad Sacrosanta todo lo quiere hacer, y saben
que solo con Su Voluntad pueden hacerlo, pero como decíamos Su Voluntad es esencialmente pasiva, es perfecta
y no muestra el mismo interés en hacer aquello que Los Tres
quieren hacer.
De nuevo, así las cosas, comprendamos pues,
que esta Pasividad esencial e íntegra de Su Voluntad, necesita ser com- pensada por otro Ente, el Amor Divino, que se
contraponga a Su Voluntad, y esté imbuido de una actividad constante, y de esa manera proveer el vehículo, los
medios para satisfacer las necesidades constantes de acción que parten de
la Santísima Trinidad.
Ahora bien, se
sigue lógicamente, que este otro Ente, el Amor debe tener la misma capacidad de
actuar omnipoten- temente, debe ser para todos los efectos y consideraciones,
igual a Su Voluntad, excepto en un esencial Dinamismo, en su actividad,
integral a sí mismo, que difiere de
la Pasividad también esencial e integra a si misma de Su Voluntad. Esta igualdad, y al mismo tiempo diferencia, solo
podía lograrse, si Su Voluntad, generara eternamente a este Ente Divino, el
Amor, como un Padre genera a Su Hijo. A través de Su Hijo Primogénito, el Amor,
Su Voluntad circunda, desvanece Su Pasividad, y logra de esa manera, mantenerse
perfectamente pasiva, y al mismo tiempo proveer el Di- namismo que la Santísima
Trinidad requiere de Ella. Cuantas veces un jefe de empresa delega en sus
subordinados lo que no quiere hacer, porque estos subordinados no están
limitados como lo está el jefe por su status de jefe.
Si re-leemos el
capitulo del 12 de Marzo de 1910, volumen 9, y que transcribimos en el capítulo del 20 de Diciembre de 1913, unos capítulos
anteriores a este, nos percatamos inmediatamente de esta pasividad inherente a Su Voluntad, y a este Dinamismo inherente al
Amor Divino, así como la solución que Su Voluntad ha dado al problema eterno
que hemos hablado, generando eternamente a Su Hijo Primogénito que es el Amor.
Como vemos, Su Voluntad sigue en control del Amor, porque el dinamismo envuelve
siempre un tanto de indisciplina, un tanto de alocamiento, que es necesario controlar,
dirigir, para que tenga el máximo efecto posible. Muchas veces, el Amor se
excede en llevar a cabo, las ordenes
que Le vengan de la Santísima
Trinidad por el conducto de Su Progenitor, que es la Voluntad Divina. Las
órdenes son perfectas, la Voluntad que concurre con lo que la Trinidad quiere
es también perfecta, solo el Amor Divino es imperfecto porque a veces se
excede, y a veces se retrae en lo ejecutado, más allá de lo que es necesario.
Solo nos queda un elemento
por discutir, y tiene que
ver con discutir un poco más, estas imperfecciones en el Amor; o
sea, a veces se excede, y a veces se retrae en Su actuación. En realidad, el
Amor no sería jamás imperfecto en su ejecución, si nosotros, los objetos del
Amor Divino que podemos resistirle a ese Amor lo que quiere hacer con noso-
tros, no nos resistiéramos y cooperáramos plenamente con la labor de Dios a
través de ese Amor. El Amor necesita ser alimentado, por aquellos a quienes se
Le ha encargado alimentar. Cuando nosotros no cooperamos con Su Obra en nosotros, vía la
Sugerencia Amorosa que parte de la Trinidad
Sacrosanta, el Amor no se alimenta, porque no recibe lo
que trae, se queda corto, y esto lo hace retraerse en su obrar futuro. Cuando
nosotros cooperamos excesivamente con Su Labor en nosotros, el Amor puede
excederse y hacernos daño, porque consume nuestra vida más allá de lo que se ha diseñado por la Trinidad.
Resumiendo. Uno
de los aspectos negativos de toda pasividad como resultado de perfección, es el
no hacer lo que otros quieren hacer, teniendo esos otros los mismos derechos de
querer hacer, como el otro lo tiene de no querer hacer. Dicho de otra manera.
La Pasividad de la Divina Voluntad que no quiere hacer porque nada gana con
hacer, y nada pierde por no hacer, está eternamente contrapuesta al Dinamismo constante
de la Trinidad Sacrosanta, que todo
lo quiere hacer, porque no haciendo pierde. Toda esta aparente dificultad,
viene a estar eternamente resuelta, y eter- namente compensada por el
Amor Divino, que es el elemento complementario y dinámico de esta Dualidad
Divina, primero, y de todo el Ser Divino después, que hasta que
estudiamos estos Escritos desconocíamos.
Solo nos queda releer el Bloque
(B) en su totalidad para apreciar
lo que el Señor dice, y si fuera posible, sería también
importante leer todo lo que ha dicho sobre estas diferencias, en los capítulos
anteriores.
Hija mía, ¿quieres saber qué
diferencia hay entre mi Voluntad y el Amor? Mi Voluntad es Sol, el amor es
fuego. Mi Voluntad como sol no tiene necesidad de alimento, ni crece ni decrece
en la luz y en el calor, siempre, siempre igual a sí mismo, siempre purísima su luz. En cambio el fuego que simboliza el amor,
tiene necesidad de leña para alimentarse, y si falta la leña
llega hasta a apagarse, crece y decrece según la leña que se pone, por lo tanto está sujeto a
inestabilidad, y su luz es siempre obscura, mezclada con humo, especialmente si
el amor no está regulado por mi Voluntad.
Resumen del Capítulo del 19 de Febrero de 1913: (Doctrinal) - Pagina 80 - El Opio de Su Voluntad en nosotros -
Continuando mi habitual estado,
y habiendo hecho la Santa Comunión, mi siempre amable Jesús me ha dicho:
“Hija mía, mi
Voluntad es como el opio al cuerpo. Los pobres pacientes debiendo sufrir una
operación, la amputación de una pierna, de un brazo, los adormecen con el opio,
con esto no sienten la agudeza del dolor, y después, ya des- piertos, se encuentran con los efectos de la operación hecha; y si no
han sufrido tanto, la virtud
ha sido solamente del opio. Tal es
mi Voluntad, es opio del alma que adormece la inteligencia, el amor propio, la
propia estima, todo lo que es
humano, y no deja penetrar hasta el fondo
un disgusto, la calumnia, el sufrimiento, un estado de penas internas del alma, porque el opio de mi Voluntad la
tiene como adormecida, pero con todo y esto se encuentran los mismos efectos y
los mismos méritos, es más, ¡oh! cuánto los supera, como si hubiese sentido muy
bien aquel sufrimiento, pero con esta diferencia: Que el opio para el cuerpo se
compra y no se puede usar frecuentemente, ni todos los días, y si se quisiera abusar quedaría la
persona entontecida, especialmente si es de constitución débil; en cambio el opio de
mi Voluntad lo doy gratis y se puede tomar en todos los momentos, y por cuanto
más frecuentemente lo tome, tanta más luz de razón adquiere, y si es débil
adquiere la fortaleza divina”.
Después de esto me parecía ver a varias
personas a mi alrededor y le he dicho a Jesús: ¿Quiénes son?”
Y Jesús: “Son
las que te confié desde hace algún tiempo, te las recomiendo, vigila sobre
ellas, por esto quiero formar este nudo de unión entre tú y ellas, para
tenerlas siempre en torno a Mí”.
Y me ha señalado
a una en modo especial.
Y yo: “¡Ah!, Jesús, ¿has olvidado
mi miseria y nulidad, y la necesidad extrema que tengo? ¿Qué haré?”
Y Jesús: “Hija
mía, tú no harás nada, como nada has hecho jamás. Yo hablaré y haré en ti, y
hablaré por medio de tu boca, basta con que me dejes hacerlo tú y que haya
buena disposición en ellas, y Yo me prestaré a todo, y aunque te tenga
adormecida en mi Voluntad, cuando sea necesario te despertaré y te haré
hablarles a ellas, y Yo me deleitaré más en ti oyéndote hablar, ya sea en la
vigilia o en el sueño de mi Voluntad”.
* * * * * * *
En este capítulo, Jesús Le comunica a Luisa que el alma que vive en Su Voluntad, está en un estado
de adormecimien- to perenne.
No siente ya a
lo vivo, es decir con fuerza, todo lo que antes sentía, en otras palabras,
“todo lo que es humano”, se adormece, y se hace más tolerable. Sin embargo, a
pesar de que no sufre toda la intensidad con la que antes hubiera sentido las
potencias humanas y los sentidos, no por eso el merito de sufrirlos disminuye;
muy por el contrario, la criatura ha ganado los mismos meritos de sus penas
como si las hubiera sufrido con toda su intensidad.
Por último, el Señor insiste que el opio de Su Voluntad puede tomarse
todos los días, en todos los momentos, puesto que la “frecuencia del uso” no
entorpece a la criatura, como la entorpece el uso frecuente del opio de las plantas que se usa en las
operaciones quirúrgicas. El Opio de Su Voluntad hace fuerte a la criatura, y
tanta más razón adquiere.
El intercambio
del final del capítulo es un tanto misterioso. Aparentemente hay unas personas
para las que el Señor tiene planes específicos, y las va a hacer gravitar
alrededor de Luisa, para que Luisa las vigile y las atienda. Luisa ex- presa su
inhabilidad para esta labor que Jesús Le encomienda, a lo que Jesús, Le dice
que no se preocupe, que Él hará todo,
y pondrá en boca de Luisa, las palabras que sean necesarias.
Resumen del
capítulo del 16 de Marzo de 1913: (Doctrinal) – Pagina 82 – Condiciones
Fisiológicas del vivir en Su Vo- luntad -
Escribo
pequeñas cositas que el bendito Jesús me ha dicho en todos
estos días pasados. Recuerdo
que me sentía indi- ferente, fría, pero a pesar de eso hacía lo que es mi
costumbre hacer, y pensaba para mí: “¿Quién sabe cuánta gloria de más daba a
Nuestro Señor cuando me sentía al contrario de cómo me siento hoy?” Y Jesús
bendito me ha dicho:
(A) “Hija mía, cuando el alma
reza con fervor es el incienso con
humo, en cambio cuando reza fría, pero sin que haya hecho entrar en ella alguna cosa extraña a
Mí, es el incienso sin humo; así que el uno o el otro me son agradables, pero
más el incienso sin humo, porque el humo da siempre alguna molestia a los
ojos”.
Sintiéndome igual,
el amable Jesús me ha dicho:
(B) “Hija mía, el hielo en mi
Voluntad es más ardiente que el fuego. ¿Qué te impresionaría más, ver que el
hielo tiene virtud de quemar y de destruir cualquier cosa que lo pueda tocar, o
el fuego que convierte las cosas en fuego? Cier- tamente que el hielo. ¡Ah! hija
mía, en mi Voluntad las cosas
cambian naturaleza, así que el
hielo en mi Voluntad tiene virtud de destruir cualquier cosa
que no sea digna de mi santidad, y vuelve al alma pura, nítida y santa, tal
como me gusta a Mí, no según le gusta a ella. Ésta es la ceguera de las
criaturas, y aun de aquellas que se dicen buenas, al sentirse frías,
miserables, débiles, oprimidas y demás, y por cuanto más se sienten mal, tanto
más se agazapan en su voluntad y se tejen un laberinto para envolverse de más
en sus males, en vez de dar un salto a mi Voluntad donde encontrarían el hielo
fuego, la miseria riqueza, la debilidad fortaleza, la opresión alegría. Yo con toda
intención las hago sentir así de mal, para darles en mi Voluntad lo contrario
de los males que tienen, pero las criaturas no querién- dolo entender de una
vez para siempre, echan al vacío mis designios sobre ellas. ¡Qué ceguera! ¡Qué
ceguera!”
Otro día Jesús me dijo:
(C)
“Hija mía, mira de qué se nutre quien hace mi Voluntad”.
Entonces yo
veía un sol que expandía
innumerables rayos, tan espléndido, que el nuestro parecía apenas una sombra,
y pocas almas sumergidas en esta luz, y estaban con la boca en estos rayos como
si fueran pechos para mamar, aje- nas a todas las demás cosas, como si nada
hicieran, y mientras parecía que hacían nada, de ellas salía todo el obrar
divino. Mi siempre amable Jesús ha agregado:
“¿Has visto
la felicidad de quien hace mi
Voluntad, y cómo sólo de
estas almas sale la repetición de mis obras? Así que quien hace
mi Voluntad se nutre de luz, o sea de Mí, y mientras hace nada hace todo, por eso
puede estar segura que lo que piensa, obra y dice es efecto del alimento
que toma, o sea, que todo es fruto de mi Querer”.
* * * * * * *
Este capítulo
ya lo habíamos estudiado con anterioridad, como parte de la Descripción No. 5,
que habíamos subtitula- do: Las condiciones fisiológicas en la Divina
Voluntad. Repetimos ahora lo que explicáramos en aquella oportunidad.
En este primer Bloque (A) de la
respuesta a la incomodidad y pensamiento de Luisa, de que se sentía indiferente
y fría, o sea, no fervorosa, Jesús equipara la oración, y por extensión, toda
obra virtuosa que pudiéramos emprender, con el incienso. La razón es obvia: el
incienso no solo es la materia por excelencia del culto, sino que a través de
los siglos se ha identificado siempre con toda celebración religiosa, aun las asiáticas.
Además, el incienso huele a divino,
y se eleva majestuoso y visible a las alturas, a donde ya sabemos van todas nuestras obras:
“suben a Mi Presencia y Me dan agrado si son rectas de intención
o fastidio, si hechas con una intención viciada”. Aquí Jesús, por tanto,
utiliza la misma imagen, y dice que el incienso que produce nuestras oraciones
u obras cuando se hacen fervorosas, es un in- cienso agradable pero humoso, y “da
alguna molestia a los ojos”.
Esto parece
casi como que una afirmación increíble de Jesús, porque en realidad, un gran
porcentaje de cristianos viven convencidos de que el fervor es necesario, es
imprescindible para que nuestras oraciones u obras “valgan “de- lante de Dios. Las consecuencias de esta idea errónea, errónea antes y ahora mucho más después
de leer lo dicho por Jesús, es que
muchas veces las personas dejan de rezar, o de obrar porque no se sienten “con
ganas” de hacerlo. Y eso obviamente, es un error y grande. Según Jesús pues, la oración “fría” es mas acepta a Él, y la razón es sencilla. La acción fervorosa siempre tiene algo nuestro, algo “extraño a Él”. El que reza con fervor y
hasta con unción,
se regodea en su propia
religiosidad, saborea sus palabras y actos como un néctar delicioso. Y todo
esto, claro está, Jesús lo acepta con gusto, pero con más gusto cuando rezamos
u obramos solo por agradarle a Él, a disgusto si se quiere, pero lo hacemos.
En este
contexto tenemos que recordar dos situaciones específicas en las que este
tópico se ha discutido con toda amplitud.
La primera
situación la sabemos por el Evangelio, con la parábola de los dos hermanos, a
quienes su padre les pide que hagan
algo por él. El primero, obsequiosamente, en seguida estuvo de acuerdo, pero no
hizo nada de lo que se esperaba de él; el segundo dijo que no, malhumorado,
pero al rato, recapacitando realizó la labor que su padre le había encomendado.
Jesús, en el texto evangélico, ensalzó al segundo hermano, porque fue el que
hizo.
La segunda
situación la narra C. S. Lewis en una de las cartas de Screwtape, y que
transcribimos en su totalidad por- que va a darnos otra visión de este mismo
tópico, desarrollado por este gran teólogo cristiano.
* * * * * * *
Capítulo 8:
¿Así que tú
tienes grandes esperanzas de que tu
paciente (hombre) se encuentre en una fase de su vida en la cual siente que su
ardor religioso (fe) se está muriendo? ¿Nunca nadie te ha hablado acerca de la
ley de la ondulación? Yo siempre he pensado que el Colegio de Entrenamiento se había dañado cuando pusieron a Slubgob
(nombre cómico que C. S. Lewis le da a los diablos en este libro) como cabeza del Colegio; pero ahora
después de ver el trabajo que han hecho contigo, mi querido Wormwood, estoy
seguro de que esto es precisamente lo que ha ocurrido.
Los humanos, mi
querido sobrino, son anfibios, mitad espíritu, mitad animal. La determinación
del Enemigo (Dios) de crear un repugnante
hibrido (hombre) fue una de las
causas por la cual nuestro padre
(Satanás) le retiró su apoyo (se rebeló).
Como espíritus, estas criaturas pertenecen al mundo eterno, pero
como animales que son, también existen
en el tiem- po; significando
esto, que mientras su parte espiritual, puede ser dirigida hacia una meta
eterna, (cielo o infierno) sus cuerpos, pasiones e imaginaciones están en un
cambio continuo, porque vivir en el tiempo es cambiar. (En la criatura
se entiende cambio, al proceso de nacimiento, crecimiento, envejecimiento y
muerte). Lo único que es constante en ellos es la ondulación; la repetida vuelta a un nivel del que
salen y al cual,
eventualmente, regresan
Esto en la práctica significa
que están sujetos a altas y bajas, (periodos de exaltación y de depresión)
mientras están viviendo en el tiem- po.
Si tu observaras a tu paciente
cuidadosamente, habrías visto
esta ondulación en cada
faceta de su vida; su interés por el trabajo, su afecto por los amigos, sus apetitos físicos;
todo está sometido a altas y bajas. Mientras el viva en la tierra, alternarán
periodos de gran riqueza emocional y vivacidad con periodos de pobreza
espiritual, confusión y atur- dimiento. La aridez y aburrimiento por el cual tu
paciente está pasando ahora, tú la atribuyes con presunción a tu excelente
trabajo; pero, me temo, que estos son simplemente fenómenos naturales que no
nos harán ningún benefi- cio a no ser que aprendamos a usarlos correctamente.
Para decidir la
mejor manera de cómo tienes que
actuar, tienes que preguntarte que es lo que el Enemigo hace, como utiliza estos periodos de aridez; y
entonces cuando lo hayas averiguado, haz lo opuesto.
Ahora bien,
quizás te sorprenda el conocer que en Su esfuerzo para obtener posesión
permanente de un alma, El se confía más en los periodos de baja, de aridez, que
sufren las almas que en los periodos altos, exaltados. Alguno de sus favoritos especiales (santos) han
atravesado por estos periodos de aridez (horas negras) de una forma mucho más larga y profunda que las demás
criaturas.
La razón es
esta: para nosotros, los seres humanos son principalmente comida; nuestro
objetivo es absorber sus voluntades
en las nuestras, el crecimiento de nuestra propia identidad y ego a expensas
del de ellos. Pero la obedien- cia que el Enemigo demanda de los hombres es
algo completamente distinto. Uno tiene que enfrentarse al hecho real de que
todo eso que se habla y que has oído acerca de Su Amor por los hombres, y del
hecho de que cuando los hombres Lo obedecen y sirven es cuando adquieren la
perfecta libertad, no es como nosotros quisiéramos que fuera, pura propaganda,
sino una realidad devastadora. El realmente quiere llenar el universo con un
montón de repugnan- tes replicas de El mismo, criaturas cuyas vidas, en una escala de miniatura,
serian el equivalente a Su vida; no porque
El las haya absorbido, sino porque sus voluntades libremente se unen y se ponen
de acuerdo con la Suya. Nosotros queremos ganado que finalmente sean nuestra comida; El quiere siervos que finalmente se conviertan en Sus Hijos.
Nosotros
queremos chuparlos, El quiere desbordarse en ellos. Nosotros estamos vacíos y
queremos llenarnos con ellos; El está
lleno, y se desborda. (El desahogo del Ser Divino del que le habla a Luisa).
Nuestro
objetivo principal de guerra es formar un mundo en el cual nuestro padre de
abajo, ha arrastrado a las otras criaturas dentro de Él; el Enemigo quiere un mundo lleno de seres unidos a Él pero todos
distintos entre sí, reteniendo
las personalidades con que El las ha dotado.
Y por esa razón
ocurren los periodos de aridez. Tu muchas veces te habrás asombrado el porqué
el enemigo no hace más uso de Su Poder para hacerse sensiblemente presente a
las almas humanas aun en la manera más leve o en cualquier lugar en que estas
se encuentren. Pero tú ves ahora, que el ser Irresistible y el ser Indisputable
son las dos armas, que dada la
naturaleza de Su Plan para con
ellos, El mismo se ha
limitado y no quiere usar.
Simplemente, ava- sallar la
voluntad humana (cosa que él pudiera hacer fácilmente con Su mera Presencia,
por débil y mitigada que fue- ra) sería para El inútil. El no puede
arrebatar, avasallar; El solamente se limita a sugerir; porque su innoble idea
es “comerse el pastel y conservarlo”. Las criaturas están supuestas a ser una
sola cosa con El, pero deben permanecer como son (con su propia identidad);
simplemente cancelarlas o asimilarlas no Le sirve. El está preparado para
avasa- llarlas un poco al principio. El las acondiciona con comunicaciones de
Su Presencia, las cuales aunque ligeras y sutiles, a las criaturas les parecen
algo muy grande y que las capacita para vencer fácilmente a las tentaciones, al
mismo tiempo les proporciona gran dulzura emocional. Pero nunca El permite que esta situación dure demasiado. Más tarde
o más temprano, El se esconde
de la experiencia consciente de la criatura, si no en realidad (acordémonos que El le dice
a Luisa, que El nunca se retira, se esconde pero no se retira), por lo menos
retira su apoyo y aquellos incentivos que Le diera al principio de su
conversión. El deja a la criatura sola, que se mantenga en pie por sí sola, en
sus propias piernas, para realizar solo con su voluntad humana aquellos
deberes y tareas que ahora de repente han perdido todo el atractivo que
antes tenían. Es durante esos periodos de baja, de aridez, mucho más que
durante los periodos de alta, de exaltación, que la criatura crece para
convertirse en la criatura que El quiere que ella sea. Por lo tanto, las
oraciones (los sacrificios, las virtudes practicadas, etc.) que se ofrecen en
este periodo de aridez son las oraciones (los sacrificios, las virtudes
practicadas) que a El más Le agradan.
Nosotros
podemos arrastrar a nuestros pacientes con tentaciones continuas, porque
nosotros solo los queremos como comida, y mientras más interfiramos con ellos,
mejor para nosotros. El no puede “tentarlos” a la virtud como nosotros lo
hacemos al vicio. El quiere que ellos aprendan a caminar y por tanto tiene que
retirar Su Mano de apoyo; y si sola- mente (la criatura) tiene la voluntad real
de caminar por sí sola, El se complace grandemente aun con sus caídas.
No te engañes, pues, Wormwood. Nuestra causa
está en el mayor de los peligros posibles cuando un ser humano, ya sin deseos,
pero todavía intentando hacer La Voluntad del Enemigo, mira a su alrededor, a
un universo en el cual toda traza de El parece haber desaparecido, se pregunta con angustia el por qué ha
sido abandonado, pero… continua obedeciéndole.
Pero, por supuesto, estos periodos de baja, de aridez presentan
otras oportunidades adicionales que podemos aprove- char. Ya te comentaré y te haré
unas cuantas sugerencias en mis cartas futuras.
Tu afectuoso
tío, Screwtape
* * * * * *
*
Y analicemos ahora el Bloque
(B).
Hija mía, el hielo en mi Voluntad es más ardiente que el fuego. ¿Qué te
impresionaría más, ver que el hielo tiene virtud de
quemar y de destruir
cualquier cosa que lo
pueda tocar, o el fuego que convierte
las cosas en fuego? Ciertamente que el hielo. – Con estas palabras Jesús
reanuda la explicación empezada con el incienso sin humo, al decirle que la
falta de voluntad humana propia que El ha anunciado en el párrafo anterior,
hace nuestras obras frías
de fervor, pero hechas por agradarle a Él, entran
en Su Voluntad como hielo, pero paradójicamen-
te, es un hielo que quema mucho más profundamente que el fuego del acto
fervoroso.
¡Ah! hija mía, en mi Voluntad
las cosas cambian naturaleza, así que el hielo en mi Voluntad tiene virtud de
destruir cualquier cosa que no sea digna de mi santidad, y vuelve al alma pura,
nítida y santa, tal co-
mo me gusta a Mí, no según le gusta a ella. – Por eso dice,
que en Su Voluntad todo queda
alterado en Su Natu- raleza, porque para que algo entre en esa
Divina Voluntad, tiene que ser a
gusto Suyo y no el nuestro.
Así que aun las oraciones y actos fervorosos realizados tienen que ser “enfriados” por Su Voluntad
para quitar de ellos
todo lo que “no
sea digno de Su Santidad”.
Ésta es la ceguera de las criaturas, y aun de aquellas que se dicen buenas,
al sentirse frías, miserables, débiles, oprimidas y demás, y por cuanto
más se sienten mal, tanto más se agazapan
en su voluntad y se tejen un laberinto para envolverse de
más en sus males, en vez de dar un salto a mi Voluntad donde encontrarían el hielo
fuego, la miseria riqueza, la debilidad fortaleza, la opresión alegría. – Renueva un tema que antes
desarrollara respecto a las tribulaciones, contrariedades y cruces que como Nos
dice consistentemen- te, El permite y aun envía para darnos el gran privilegio
de asociarnos y compartir Sus Penas. Aquí, Nos dice, que en vez de sentirnos
estimulados y mas entusiasmados a actuar en estos estados de frialdad, muchas
veces nos acobar- damos, tejemos un laberinto de males, y rechazamos como si
fuera malo, aquello que pudiéramos hacer: abalanzar- nos, volcarnos en Su
Voluntad, en donde encontraríamos que nuestras obras frías son mas quemantes y
fervorosas que las que nosotros hacíamos
fervorosamente, que nuestras miserias
y disgusto es más bien riqueza,
que esta debili- dad que a veces nos embarga es en realidad fortaleza, y
que la opresión del diario rezar y actuar sin ganas, El lo con- vierte en
alegría.
Yo con toda intención las hago sentir así de mal, para darles en mi
Voluntad lo contrario de los males que tienen, pero las criaturas no
queriéndolo entender de una vez para siempre, echan al vacío mis de- signios
sobre ellas. ¡Qué ceguera! ¡Qué ceguera! – Y ya al final del Pronunciamiento, Nos
dice, básicamente lo que C. S. Lewis, y muchos otros Padres de la Iglesia,
intuitivamente, han descubierto: Que El mismo causa esta frial- dad para que
entrando en Su Voluntad, El nos regale los bienes contrarios a los males que
tenemos. Y dice que como no queremos entender Sus Designios, en vez de
abrazarlos, los rechazamos, “los echamos al vacío”.
* * * * * * *
Y analicemos ahora el Bloque
(C).
“¿Has visto la felicidad de
quien hace mi Voluntad, y cómo sólo de estas almas sale la repetición de mis
obras? Así que quien hace mi Voluntad se nutre de luz, o sea de Mí, y mientras
hace nada hace todo, por eso puede estar segura que lo que piensa, obra y dice
es efecto del alimento que toma, o sea, que
todo es fruto de mi Querer”.
En este último comentario de Jesús sobre el tópico de orar
y hacer fríamente, Jesús
Le muestra como los que Viven en Su Voluntad se nutren del Sol de Su
Querer, y en el párrafo clave Nos dice que de esas almas que oran y obran solo por agradarle, sale la
repetición de Sus Actos, y aunque parece que no hacen nada, por la frialdad con
que lo hacen, hacen todo, y toman todo y son el Fruto de Su Querer.
Resumen del capítulo del 21 de Marzo de 1913: (Doctrinal) – Pagina 84 – El Opio de Su Voluntad
en Jesús -
Continuando mi habitual estado,
estaba diciendo al dulce Jesús que tuviera a bien hacerme participar en sus
penas, y Él me ha dicho:
(A) “Hija mía, el opio del alma
es mi Voluntad, mi opio es la voluntad del alma abandonada en la mía, unida al
puro amor. Este opio que el alma me da tiene la virtud de que las espinas
pierdan en Mí la virtud de pinchar, los clavos de perforar, las llagas de dar
dolor, todo me calma y adormece, así que si tú me has dado el opio, ¿cómo
quieres que te haga parte de mis penas? Si no las tengo para Mí menos para ti”.
Y yo:
“Ah Jesús, cómo te sabes salir, parece que quieres jugar y para no contentarme te zafas con esas palabras”.
Y
Él:
(B) “No, no, es verdad, es
exactamente así. Tengo necesidad de mucho opio, y te quiero tan abandonada en
Mí que no te sienta más a ti misma, así que no reconoceré más quién eres tú,
sino que solamente me reconoceré a Mí en ti,
así que te diré que eres mi alma, mi carne, mis huesos. En estos tiempos tengo necesidad
de mucho opio, porque si
me despierto, en diluvio
haré caer los flagelos”.
Y ha desaparecido. Poco después ha regresado y ha agregado:
(C) “Hija mía, muchas veces
sucede a las almas lo que sucede en el aire: El aire, por los hedores que
exhala la tierra se ensucia y se
siente un aire pesado, oprimente y nauseante, de modo que son necesarios los
vientos para limpiar el aire, de manera que purificado el aire se respira
después un vientecillo finísimo, que se estaría a boca abierta para respirar
este aire purificado. Todo esto sucede en las almas, muchas veces la
complacencia, la estima propia, el yo y todo lo que es humano ensucian el aire
del alma, y Yo me veo obligado a mandarles el viento de la frialdad, el viento
de la tentación, de la aridez, de la
calumnia, de modo que estos vientos
limpian el aire del alma y la
purifican, la redu- cen a la nada, y la nada abre la
puerta al Todo, a Dios, y el
Todo hace soplar tantos vientecillos
perfumados, de modo que a boca abierta toma este aire y la deja toda
santificada”.
* * * * * * *
Y analicemos el Bloque
(A).
(1)
Hija mía, el
opio del alma es mi Voluntad, mi opio es la voluntad del alma abandonada en la
mía, unida al puro amor. – Como sucede frecuentemente, al parecer hay un juego
retorico de expresiones verbales, con las que el Señor quiere que sepamos,
primero, que la Divina Voluntad es el opio del alma, y ya esto lo ha explicado
extensamente en el capítulo del 19 de Febrero de 1913, de este mismo volumen,
pero, en segundo lugar, quiere que sepamos que la voluntad humana, abandonada o
rendida en la Suya, es Opio para Él, pero siempre y cuando esta voluntad
humana abandonada en Su Voluntad, esté “unida al puro Amor”.
¿Qué significa esta última expresión, “unida al puro Amor”, y cómo condiciona todo lo que ocurre?
Significa que aun- que el alma
estuviera abandonada en Su Voluntad, si
ese abandono no resulta por seguir Sus Sugerencias Amorosas lo más fielmente posible, esa
voluntad humana no resulta opio para Él.
(2) Este opio que el alma me da tiene la virtud de que las espinas pierdan
en Mí la virtud de pinchar, los clavos de perforar, las llagas de dar dolor,
todo me calma y adormece, - Cuando un alma que vive en Su Voluntad procede
abandonada a vivir solo de Su Voluntad, o sea, de las Sugerencias Amorosas que
Le envía constan- temente, como que Le da Jesús una “tranquilidad”, una
“seguridad”, de que su lucha por salvarnos y santificarnos en Su Voluntad está
siendo victoriosa. Es como que ya no hay que preocuparse por esta alma, porque
todo está saliendo de acuerdo al Plan.
Esto mismo nos
sucede con amigos o familiares con los que hemos llegado a tener gran afinidad;
alrededor de ellos, no estamos en guardia, no nos sentimos amenazados, ni
anticipamos que en cualquier momento nos van a hacer una “trastada”, y esto nos
trae una gran tranquilidad física y espiritual, como que su compañía nos
adormece.
(3)
así que si
tú me has dado el opio, ¿cómo quieres que te haga parte de mis penas? Si no las
tengo para Mí menos para ti. – ¿Jesús sin penas?
Sabemos que esto es imposible, ¿Cómo puede entonces decir Jesús que no puede hacerle a Luisa parte de Sus
Penas, “porque
no las tiene para Él”?
Para poder
responder a esta pregunta, prosigamos usando el mismo ejemplo. Supongamos que
asistimos a una reunión con esos amigos con los que tenemos gran afinidad, y
estando en la reunión, todos calmados y como ador- mecidos en esta amistad tan
estrecha, uno de ellos nos pidiera que le participáramos nuestras penas, a lo
que diría- mos: ¿Qué penas quieres que
te participe? En este momento no tengo ninguna. Esto mismo
dice Jesús. Existe algo en
este adormecimiento que Él siente
alrededor de Luisa,
y de toda alma que hace Su Voluntad, viviendo
en Su Voluntad, que Le hace
olvidar por unos instantes, por unos minutos, todas las penas. Las penas no han
desaparecido, sencilla- mente, no las siente.
* * * * * * *
Comoquiera que
Luisa piensa que Jesús está jugando con ella, Nuestro Señor toma la palabra
nuevamente en el Blo- que (B) para
confirmar lo que ya Le ha explicado. Así dice:
No, no, es verdad, es exactamente así. Tengo necesidad de mucho opio, y
te quiero tan abandonada en Mí que no te sienta más a ti misma, así que no
reconoceré más quién eres tú, sino que solamente me reconoceré a Mí en ti, así
que te diré que eres mi alma, mi carne, mis huesos. En estos tiempos tengo
necesidad de mucho opio, porque si
me despierto, en diluvio haré caer los flagelos. – El párrafo que hemos llamado
Bloque (B) es complejo. Por un lado anuncia que necesita que Luisa
continúe dándole el opio que solo ella es capaz de darle, haciendo Su
Voluntad mientras vive en Su Voluntad, porque de otra manera, Jesús se
despertaría y haría caer un diluvio de flagelos entre nosotros. La novedad del
tema está en la explicación que da de la situación, porque está adormecido por
el opio que Luisa le da, no en la situación en sí, ya que en otras
oportunidades Le ha dicho a Luisa que las almas víctimas son como pararrayos que
detienen la Divina Justicia.
Ms importante aun que esto,
es lo que dice en el primera
parte del párrafo,
cuando dice:
“y te quiero tan abandonada en Mí que no te sienta más a ti misma, así que no reconoceré más quién eres tú, sino
que solamente
me reconoceré a Mí en ti, así que te diré que eres mi alma, mi carne, mis huesos”.
Es obvio que
Jesús ha regresado al tema de que la Investidura de Su Voluntad oculta a Sus
Ojos todos los defectos, más que defectos, oculta a Sus Ojos la naturaleza
humana de Luisa, que aunque pudiera estar sin defectos, cosa que sabemos es
imposible, sigue siendo una naturaleza humana. A Luisa se le dio la
prerrogativa de que su naturaleza humana no fuera concupiscente, o como Jesús
dice, no tuviera el fómite de la concupiscencia, pero, ¿a todo el resto de
nosotros, que no tenemos esa prerrogativa? Es comprensible que lo único que nos
hace tolerablemente imperfec- tos a los Ojos Divinos, es esta Investidura de Su Voluntad,
de manera tal que cuando mira a Luisa o a
nosotros, ya no nos ve como somos,
sino que Él ve a Su Voluntad, Su Vida, y también se ve a Sí Mismo; en esa
carne, en esos hue- sos, en esa alma, Jesús se ve a Sí Mismo.
* * * * * * *
Y analicemos ahora el Bloque
(C).
Hija mía, muchas veces sucede a las almas lo que sucede en el aire: El
aire, por los hedores que exhala la
tierra se ensucia y se siente un aire pesado, oprimente y nauseante, de modo
que son necesarios los vientos para limpiar el aire, de manera que purificado
el aire se respira después un vientecillo finísimo, que se estaría a boca
abierta para respirar este aire purificado. Todo esto sucede en las almas,
muchas veces la complacencia, la estima propia, el yo y todo lo que es humano
ensucian el aire del alma, y Yo me
veo obligado a mandarles el viento de la frialdad, el viento de la tentación,
de la aridez, de la calum- nia, de modo que estos vientos limpian el aire del
alma y la purifican, la reducen a la nada, y la nada abre la puerta al Todo,
a Dios, y el Todo hace soplar tantos vientecillos perfumados, de modo que a boca abierta toma este aire y la deja toda santificada.. - Con este ejemplo final, Jesús vuelve al tópico del capítulo
anterior del 16 de Marzo
de 1913, en el que Le hablaba sobre la frialdad y como esta frialdad es necesaria para disipar todo aquello que las criaturas vamos desarrollando a
través del tiempo, con nuestras actitudes fervorosas. No puede ser más grafico
Jesús de lo que es. No se trata de una rebelión abierta contra El, de una
actitud pecaminosa; se trata de que a medida que vivimos una vida de
religiosidad y adhesión a El cada vez más fuerte, es inevitable al parecer, que
se introduzca en nuestras almas
“la complacencia, la estima propia,
el yo y todo lo que es humano”, por lo que
El, para restablecer el estado original de nuestra conversión, Nos da una
sacudida con estos vientos de “frialdad, tentación, aridez, calumnia”.
Si analizamos
con cuidado, el proceso de toda conversión, la nuestra, la de otros, esta
conversión original solo es posible si el alma se anonada, se ve todo lo
indigna que ha sido, y profesa su pesar y repudio a todo aquello que la llevó a
ese estado pecaminoso. Es precisamente esta actitud la que Jesús quiere de
nosotros siempre, y cuando comenzamos a complacernos en nuestro nuevo estado de
gracia, El nos tiene que sacudir para regresarnos al estado propicio,
particularmente para regresarnos al estado de gracia en que puede otorgarnos el
don de Vivir en Su Divina Voluntad.
Una vez más,
en el ámbito de la Divina Voluntad solo podemos estar si perdemos nuestra
voluntad y estamos tan identificados con El, que El solo se ve a El en
nosotros.
Resumen del capítulo del 24 de Marzo de 1913: (Doctrinal) –Pagina 86 - Jesús es el Contento
de los contentos -
Sentía un cierto descontento por las privaciones de mi siempre
amable Jesús, y Él en cuanto ha venido me dijo:
(A) “Hija mía, ¿qué haces? Yo soy
el contento de los contentos; estando
en ti y sintiendo algunos
descontentos vengo a reconocer
que eres tú, y por lo tanto no me reconozco solo en ti, porque
los descontentos son parte de la naturaleza humana, no de la divina,
mientras que mi Voluntad es que lo humano no exista más en ti, sino sólo mi
Vida Divina”.
Agrego que pensaba entre mí en la dulce Mamá, y Jesús me ha dicho:
“Hija mía, a mi querida Mamá nunca se le escapó el pensamiento de mi Pasión, y a fuerza de repetirla se llenó toda,
toda de Mí. Así sucede
al alma, a fuerza de repetir lo que Yo sufrí viene a llenarse
de Mí”.
* * * * * * *
En este
capítulo, Jesús continua con sus explicaciones sobre las condiciones
fisiológicas en la Divina Voluntad, mani- festándole que en Su Voluntad no
existe el descontento, la condición fisiológica de alegría, es la única
posible. Si atendemos con cuidado
a Sus Palabras comprendemos que el objetivo
de permitirnos la entrada en la
Divina Voluntad, es siempre el
mismo, a veces dicho con otras palabras, y es: que El no Nos reconozca como
lo que éramos, sino como lo que nos hemos convertido,
Imitadores e Imágenes Suyas, espejos en los
que El se mira y se reconoce, criaturas que por Amor y por Agradarle,
solo quieren lo que El quiere, que quieren actuar como El actúa, con Sus
Intenciones y con Sus Modos.
Examinemos Sus Palabras en el Bloque
(A), y discutamos otros puntos alternativos que Sus Palabras
suscitan.
Hija mía, ¿qué haces? Yo soy el contento de los contentos; estando en
ti y sintiendo algunos desconten- tos vengo a
reconocer que eres tú, - Ya sabemos que en estos capítulos de
los primeros volúmenes, antes
del 19, Nuestro Señor no utiliza la palabra Bilocación para indicar esta
condición de estar hablando con ella desde fuera, y al mismo tiempo estar con
ella desde dentro.
Sin embargo, es
esencial que ya desde ahora tengamos este concepto bien claro. Todo lo que
el Ser Divino quiere hacer con nosotros, viviendo en Su Voluntad, solo
puede lograrse desde dentro de
nosotros. El desarrollo de esta
Vida en Su Voluntad que Nos regala, la “transformación de nuestra persona” de
meramente humana a Divina por Gracia, solo puede lograrse,
porque las varias
Bilocaciones, la de Las Tres Divinas Personas, Su Voluntad, la de
Jesús, la de Su Madre, y la del
Amor, trabajan desde dentro, para “divinizarnos” formando Un Reino de Su
Voluntad, un Reino que es particular para cada uno de nosotros.
Este Reino usa
las Verdades Divinas que vamos conociendo como el “cemento” de este “edificio”
del Reino, y los “la- drillos de Sus paredes”, son los actos que realizamos
basados en esas Verdades que vamos conociendo. Día a día pues, conociendo y actuando, con la Ayuda de todos Ellos, vamos construyendo
este grandioso edificio de Su Reino en nosotros.
Entendamos
bien. Nosotros contribuimos a la construcción de este Reino; es verdad que no
es mucho lo que contri- buimos, pero lo que contribuimos, es esencial a la
construcción. Sin nuestra participación, nada puede el Ser Divino hacer, es
más, nada quiere hacer. Después de todo, este Reino es para nosotros, para
nuestro beneficio, para que podamos participar plenamente de todos los Bienes
posibles e imaginables que Dios ha decidido compartir con noso- tros, ahora
mientras vivimos, y luego en el Cielo. Comprendamos que esta construcción no
termina aquí: la construc- ción de este Reino en nosotros, no se detendrá
jamás, porque se seguirá construyendo en el Cielo, con las Verdades que hemos
conocido mientras estamos en la tierra.
Y por lo tanto no me reconozco solo en ti, porque los descontentos son
parte de la naturaleza humana, no de la divina, mientras que mi Voluntad es que
lo humano no exista más en ti, sino sólo mi Vida Divi- na. – Una vez que
hemos anunciado la labor
que se está desarrollando dentro de nosotros, debemos comprender que cualquier descontento, cualquiera desviación del estado
equilibrado, el estado de paz, que es necesario para que Ellos trabajen dentro
de nosotros, perturba esta Labor Divina, la interrumpe, y hasta puede
detenerla, si la emoción huma- na, o cualquier falla en seguir Su Voluntad
expresada en las Sugerencias Amorosas de acción diarias, es de gran con- secuencia.
Digamos todo
esto de otra manera con un ejemplo. Imaginemos que somos dueños de un terreno
baldío y queremos usarlo para construir una bella casa. Contratamos un
arquitecto maestro, que a su vez sub-contrata mucha de la labor a
terceros. Se hacen los planos, se llega a un entendimiento de la casa que
queremos construir en nuestro terreno, y finalmente, todos de acuerdo en los
detalles, comienza la obra. Al cabo de unos días, nos ocurre un percance,
leemos una noticia sobre problemas que ocurren cuando se construye, y nos
aparecemos en la obra, y perturbamos a todos los que están trabajando, con
nuestras inquietudes sin valor, nuestros temores infundados, nuestras
majaderías inex- pertas. Detenemos la obra, porque distraemos a los que estaban
concentrados en el trabajo; en vez de ayudar, estor- bamos. En nuestra
insensatez, podemos llegar a paralizar la construcción por varios días, o
semanas, hasta que nues- tras “dudas” se esclarecen, y todos nos ponemos a
trabajar de nuevo.
Es esto
precisamente lo que conseguimos, cuando intervenimos, con nuestras
insensateces: detenemos el proceso de la Construcción del Reino de Su Voluntad
en nosotros. Toda emoción humana que no corresponde a una “Emoción” Divina,
todo incumplimiento de Su Voluntad, expresado en las Sugerencias, interrumpe el
Proceso de la Construcción. Si hasta ahora no habíamos mirado todo esto desde
ese punto de vista, acostumbrémonos a mirarlo así. Esto que hemos pedido, este
Vivir en Su Voluntad, es un asunto muy serio. Hemos “contratado” la Fuerza
Laboral más extraor- dinaria que existe, una Fuerza Laboral Divina que quiere
construir un Reino en nosotros, y no la dejamos trabajar, a veces con nuestras
tonterías, y con nuestras sinvergüencerías las otras.
Si no
entendemos esto, oigamos lo que dice el Señor en el último párrafo: “mientras que
mi Voluntad es que lo hu- mano no exista más en ti, sino sólo mi Vida Divina”. Le hemos pedido vivir en Su Voluntad, hemos aceptado el Don, y
como consecuencia, Nuestro Señor ha decidido, y eso es lo que significa Su
Expresión: “es Mi Voluntad”, sacar fuera todo
lo que es humano de adentro de nosotros, para reemplazarlo con Su Vida
Divina, con este Reino de Su Voluntad en nosotros. Dejémosle pues actuar.
Sin embargo,
dicho todo esto, el capitulo no termina con estas Palabras. Luisa piensa en Su
Madre Santísima, y Jesús comenta algo que parece, a primera vista, como
“desconectado” de lo dicho anteriormente. Sin embargo, no está desconectado en
lo absoluto.
Estas Palabras finales, “así sucede al alma, a fuerza
de repetir lo que Yo sufrí, viene a llenarse de Mí”, es la “receta”
para impedir que nos entretengamos e interrumpamos el progreso de la
Construcción del Reino. Si en efecto, medita- mos asiduamente la Pasión de
Nuestro Señor, siempre mantendremos en mente, por quien y con quien estamos ha-
ciendo todo esto, y esta es la mejor garantía de que el Edificio del Reino
llegará a ser construido correctamente.
Digamos todo esto de otra manera. El pensamiento de Nuestra Señora viene a
la mente de Luisa, propiciado por Je-
sús que quiere añadir este detalle importantísimo. Jesús dice, con palabras
altamente significativas porque encierran una gran lección práctica: Si
queremos llegar a donde El quiere llevarnos, debemos identificándonos con Su
Pasión, porque dice que en esa compenetración y reflexión continuas, el alma “a
fuerza de repetir lo que Yo sufrí, viene a llenarse de Mi”. Ya lo
sabíamos, pero la repetición ayuda: el camino por excelencia para vivir en la Divina Voluntad, la “autopista”, sigue
siendo el Camino de Su Pasión, y la mejor manera de seguir Su Pasión la
encontramos en la lec- tura diaria de una de las Horas de la Pasión que Luisa
escribiera.
Resumen del capítulo del 2 de Abril de 1913: (De diario) – Pagina 86 -
Estando toda
afligida por las privaciones de mi dulce Jesús, Él ha venido por detrás de mis
hombros y pasando una mano por delante de mi boca, me ha alejado las sábanas
que estaban tan cerca de mí que me impedían respirar li- bremente, y después me
ha dicho:
(A) “Hija mía, quien hace mi
Voluntad es mi respiro, y conteniendo mi respiro todos los respiros de las
criaturas, des- de dentro del alma que hace mi Voluntad suministro el respiro a
todos, he aquí porqué te he alejado las sábanas, por- que me sentía también Yo
obstaculizada la respiración”.
Y yo:
“¡Ah! Jesús, ¿qué dices? Yo más bien siento que me has dejado y que has olvidado tantas promesas que me has he-
cho”.
“Hija mía, no me digas eso pues me ofendes y me forzase
a hacerte probar
en verdad lo que significa dejarte”.
Después ha agregado con toda dulzura:
(B) “Quien hace mi Voluntad
representa a lo vivo el periodo de mi Vida en la tierra, que mientras
externamente pare- cía hombre, al mismo tiempo era siempre el Hijo amado de mi
querido Padre. Así el alma que hace mi Voluntad, ex- ternamente tiene la piel
de la humanidad, pero por dentro se
encuentra mi persona, inseparable como Yo en el Amor y en la Voluntad de la Trinidad Sacrosanta, así que
la Divinidad dice: Ésta es otra hija que tenemos sobre la tierra, por amor a ella sostengamos la tierra, porque hace en todo
nuestras veces”.
* * * * * * *
Como es nuestra
costumbre ya hacerlo, debemos recordar
a todos los lectores, que todos
estos capítulos van dirigidos
a los seres humanos que hacen Su Voluntad, viviendo en Su Voluntad. Queremos
evitar siempre que se piense, que haciendo Su Voluntad en la forma tradicional
ya sabida, produce los efectos sobrenaturales que el Señor menciona en estos
Escritos. Esto se comprende mejor cuando analizamos el Bloque (B).
De este tópico
ha hablado en otras oportunidades, particularmente cuando Le dijo a Luisa, que
Él quería que ella co- miera, porque así se veía “obligado” a dar de comer a
los demás, que no necesariamente lo merecen. Aquí el énfasis está en que Él
quiere que Luisa respire sin obstáculos, porque de esa manera, desde dentro de
la criatura que vive en Su Voluntad, Él da el respiro a todos también sin
obstáculos como es Su Deseo. Existe un corolario importantísimo a este
concepto, y es el siguiente: Si los que hoy son pecadores, más aun, si los que
hoy no viven en Su Voluntad, no comieran, no respiraran, en una palabra, no
disfrutaran de lo necesario para subsistir y seguir viviendo, desaparecería la
oportunidad de que llegaran a convertirse y a vivir en Su Voluntad.
Un
análisis rápido del Bloque (B) nos
lleva de inmediato a comprender que los que vivimos en Su Voluntad, somos otros
Jesús, puesto que como Él dice, los que viven en Su Voluntad mantienen una
apariencia humana, pero por den- tro tienen la persona de Jesús, de la misma
manera que cuando Él vivía entre nosotros, Él
tenía una apariencia huma- na, pero por dentro “era el mismo Hijo Amado de Mi
querido Padre”. Así ahora la Divinidad dice: “esa es otro hijo
o hija que tenemos en la tierra, y por amor a él o ella, sostengamos la
tierra porque hace en todo nuestras veces”.
Es necesario
que entendamos que en este capítulo, Nuestro Señor Nos deja saber que la labor
de los Hijos e Hijas de Su Voluntad no está limitada a una labor de
Colaboración con Sus Planes de la Venida del Reino, sino que se extiende a una
Labor de sostenimiento y defensa de esta tierra y de esta Civilización
en la que nos desenvolvemos. Pensába- mos que estas labores estaban reservadas
a las almas víctimas, pero ahora sabemos que también nosotros, los que vivimos
en Su Voluntad, participamos activamente en esta labor de sostenimiento y
defensa en las que ellas partici- pan. Quisiéramos decir más sobre esto. Nos
parece que Nuestro Señor Nos da y asumimos una Labor de Caridad con el prójimo
insospechada y desconocida, una Labor de Servicio que es importantísima para
con nuestros hermanos y hermanas que no viven en Su Voluntad, porque por la
consideración que tiene el Señor con lo poco que hacemos por Él, propiciamos el
que los demás reciban lo necesario para su diario vivir, y de esa manera,
viviendo, puedan llegar a convertirse los que necesiten ser convertidos, y
muchos más reciban este Regalo de Vivir en Su Voluntad.
Resumen del capítulo de 10 de Abril de 1913: (Doctrinal) – Pagina 87 – Las Horas de la Pasión
- sus efectos -
Esta mañana
mi siempre amable Jesús ha venido, y estrechándome a su corazón
me ha dicho:
“Hija mía,
quien piensa siempre en mi Pasión forma en su corazón una fuente, y por cuanto
más piensa en ella, tanto más esta fuente se agranda, y como las aguas que
brotan son aguas comunes a todos, así esta fuente de mi Pasión que se forma en
el corazón sirve para bien del alma, para gloria mía y para bien de las
criaturas”.
Y yo:
“Dime bien mío, ¿qué cosa darás en recompensa a aquellos que harán las horas de la Pasión
como Tú me las has
enseñado?”
“Hija mía,
estas horas no las consideraré como cosas vuestras, sino como hechas por Mí, os
daré mis mismos méritos como si Yo estuviera sufriendo en acto mi
Pasión y los mismos efectos según
las disposiciones de las almas,
esto en la tierra, premio mayor no podría darles;
luego en el Cielo a estas almas me las pondré de frente, saeteándolas con sae-
tas de amor y de contentos por cuantas veces han hecho las horas de mi Pasión,
y ellas me saetearán a Mí. ¡Qué dul- ce encanto será esto para todos los
bienaventurados!”
Después ha agregado:
“Mi Amor es
fuego, pero no como el fuego material que destruye las cosas y las convierte en
cenizas, mi fuego vivifi- ca, perfecciona, y si quema y consume lo hace con
todo lo que no es santo, los deseos, los afectos, los pensamientos que no son
buenos; esta es la virtud de mi fuego: Quema el mal y da vida al bien; así que
si el alma no siente en sí ninguna tendencia al mal, puede estar segura de que está en ella mi fuego, pero si
siente en sí fuego y mezcla de mal,
hay mucho que dudar que sea mi verdadero fuego”.
* * * * * * *
Uno de los más
bellos capítulos sobre la Pasión del Señor que ya conocíamos porque está
incluido en la edición de las Horas de la Pasión, que compilara la Casa de la
Divina Voluntad.
Las promesas
anunciadas por el Señor para aquellos de nosotros que le acompañemos
diariamente en Su Pasión, leyendo al menos, uno de los capítulos, son de gran
importancia, y lo único que creemos sea necesario hacer en este momento es
resumirlas.
1)
“Hija mía, quien piensa siempre en mi Pasión forma
en su corazón una fuente, y por cuanto más piensa en ella, tanto más esta
fuente se agranda, y … sirve para bien del alma, para gloria mía y para bien de
las cria- turas”. – En esta primera promesa, Nuestro Señor habla de que el
Pensamiento de Su Pasión forma una fuen- te en su corazón, y esa
fuente se agranda, en la medida que pensamos en Ella. El Señor
habla de “siempre”, y nuestra primera reacción pudiera ser
que eso es imposible. Sin embargo, no lo es. Si con nuestra intención
declaramos que quisiéramos estar meditando en Su Pasión durante las 24 horas
del día, “en las horas en que estoy dedicado a mis deberes y a dormir”,
entonces para el Señor es como si estuviéramos realizando esa im- posibilidad
física de estar siempre pensando en Su Pasión. Asimismo, declara el Señor, los
Beneficios de po- seer esta Fuente de Agua Viva, de Gracia, se extiende a
todos, aunque nada de esto sea aparente.
2)
“Hija mía,
estas horas no las consideraré como cosas vuestras, sino como hechas por Mí, os
daré mis mis- mos méritos como si Yo estuviera sufriendo en acto mi Pasión y
los mismos efectos según las disposiciones de las almas,… luego en el Cielo a
estas almas me las pondré de frente, saeteándolas con saetas de amor y de
contentos por cuantas veces han hecho las horas de mi Pasión, y ellas me
saetearán a Mí...” Nuevamente
Nos repite el Señor, que nada de esto que hacemos,
Él lo considera como cosa nuestra,
sino como cosa que Él hace.
Nuestra labor, como lo dice en muchas otras ocasiones, es “darle ocasión” para que Él reviva Su Pasión a través de nosotros.
Entendamos
bien: la liberación de los Bienes asociados con Su Pasión, puede siempre
realizarse, porque lo que sucedió
entonces, está siempre “en acto” de ser realizado, pero no pueden realizarse
estos actos por cualquiera; solo pueden ser realizados por Él Mismo. Por
eso, cuando a través nuestro, Él repite los Actos ori- ginales, los
Bienes Redentores vuelven a liberarse, las Reparaciones rehechas, las Promesas
restablecidas. Asimismo, los Meritos
que Él obtuvo por aquella
actuación que renueva ahora, vuelven
a ser ganados por Él, y puede Él regalarnos, nuevamente, esos Meritos para nuestra salvación. Nuestra Salvación, y la de todos queda
renovada y garantiza, porque Le damos ocasión de renovar Su Pasión.
Entendamos
también, que no es suficiente para Él, que esta Renovación de Su Pasión se
realice en la Santa Misa, sino que quiere, que los Hijos
e Hijas en Su Voluntad,
Le den ocasión de renovarla, a través de la lectura diaria de los acontecimientos de
Su Pasión que Luisa narra en Su Libro.
En la última parte del capítulo, Nuestro
Señor Nos dice que Su Amor es fuego, pero no fuego que destruye,
sino fuego que destruye lo malo, “todo
lo que no es santo”, para dar vida a lo bueno, “da vida al bien”.
Comoquiera que este párrafo
final está incluido
por el Señor en este capítulo sobre
la necesidad de leer y acompañarlo asiduamente en Su Pasión,
podemos concluir que esta repetición de Sus Actos de
la Pasión, produce este fuego, libera este Fuego, que consume lo malo
para dar vida a lo bueno.
Resumen del capítulo de 9 de Mayo de 1913: (Doctrinal) – Pagina 88 – Inseparabilidad de Jesús y Su Madre.
Mientras rezaba
estaba pensando en el momento cuando Jesús se despidió de la Madre Santísima
para ir a sufrir su Pasión, y decía entre mí:
“¿Cómo es posible que Jesús se haya podido separar de la querida Mamá, y Ella de Jesús?”
Y el bendito Jesús me ha dicho:
(A) “Hija mía, ciertamente que
no podía haber separación entre Yo y mi dulce Mamá, la separación fue sólo aparente, Yo y Ella estábamos fundidos
juntos, y era tal y tanta la fusión que Yo quedé con Ella, y Ella vino Conmigo,
así que se puede decir que hubo una especie de bilocación. Esto sucede también
a las almas cuando están unidas verdadera- mente Conmigo, y si rezando
hacen entrar en sus almas
como vida la oración, sucede
una especie de fusión y de bilo-
cación, Yo dondequiera que me encuentre las llevo Conmigo y Yo quedo con ellas.
(B) Hija mía, tú no puedes
comprender bien lo que fue mi querida Mamá para Mí. Yo, viniendo a la tierra no
podía estar sin Cielo, y mi Cielo fue mi Mamá. Entre Yo y Ella pasaba tal
electricidad, que ni siquiera un pensamiento hubo en Ella que no lo tomara de mi mente, y este tomar de Mí la
palabra, y la voluntad, y el deseo, y la acción, y el paso, en suma, todo,
formaba en este Cielo el sol, las estrellas, la luna y todos los gozos posibles
que puede darme la cria- tura y que puede ella misma gozar. ¡Oh cómo me
deleitaba en este Cielo, cómo me sentía consolado y rehecho de todo! También
los besos que me daba mi Mamá encerraban el beso de toda la humanidad y me
restituían el beso de todas las criaturas; en
todo me sentía a mi dulce Mamá, me la sentía en el respiro, y si era afanoso me
lo aliviaba; me la sentía en el corazón, y si estaba amargado me lo endulzaba;
en el paso, y si estaba cansado me daba aliento y reposo; ¿y quién puede
decirte como me la sentía en la Pasión? En cada flagelo, en cada espina, en
cada llaga, en cada gota de mi sangre, en
todo me la sentía y me hacía el
oficio de mi verdadera Madre. ¡Ah, si las almas me corres- pondieran, si todo
tomaran de Mí, cuántos cielos y cuántas madres tendría sobre la tierra!”
* * * * * * *
Extraordinario capitulo. Siempre que Nuestro
Señor habla de Su Madre, sea cual sea la noticia
que quiera darnos acer- ca de
esta Relación entre Madre e Hijo, lo que siempre impacta es el Afecto y el
Cariño extraordinarios que el Señor manifiesta y que quiere conozcamos. Hemos
evitado deliberadamente usar la palabra Amor para describir esta Rela- ción,
porque lo que el Señor expresa es este concepto de unión total entre dos
Personas, que solamente puede des- cribirse en términos de afecto, cariño entre
Ambos; para decirlo rápidamente, de inseparabilidad entre ellos Dos. Co-
nociendo lo que ya conocemos, el Amor, la Completación de las Sugerencias
Amorosas que son los Actos del Amor Divino, nos van llevando a esta unión,
a esta inseparabilidad, en la cual
nos sentimos “cómodos” como si estuviéramos
en el Cielo, y este afecto y el cariño que Dios y Su Madre se tienen, el uno
por el otro, por estar en esa relación, es lo que prima y asombra, porque
también lo tendrá por nosotros.
Dice
asimismo en el Bloque (A), que esta
inseparabilidad ocurre también, pero comprendemos en un plano infinita- mente
menor, entre las almas que viven fundidas con Él, y “si rezando hacen entrar en sus
almas como vida la ora- ción.” Dice el Señor, que cuando esto
ocurre, “sucede
una especie de fusión, de bilocación”, porque ”dondequiera que me encuentre las
llevo Conmigo y Yo quedo con ellas”.
Por algún tiempo
hemos pensado que Jesús utilizaba la palabra Bilocación por primera vez en el
volumen 19, pero como vemos, aquí en este capítulo, ya comienza a utilizar este
verbo, para describir este fenómeno de poder formar Su Persona dentro de
aquellas almas que quieren estar unidas con Él, haciendo vida de la Oración.
Entendamos ben,
no es cuando oramos, sino que Él se biloca, cuando vivimos una vida en la que
la oración es el componente más importante y el objetivo de nuestra existencia.
Todo esto nos fuerza, como siempre, a penetrar con toda la profundidad que nos
sea posible, en el misterio de la Oración como vida.
Ya sabemos que la Oración es nuestra manera de comunicarnos con el Creador,
pero pensábamos que esta comunica- ción, solamente era efectiva,
cuando orábamos con palabras más o menos convencionales, y más o menos
estructu- radas. Por estos Escritos
sabemos que esa Oración, en cualquiera de sus formas, no la iniciamos nosotros, sino que se Nos sugiere. Al mismo tiempo
sabemos, que no todo lo que Nos sugiere es rezar, en la manera convencional que
co- nocemos, por lo que concluimos, que nuestra vida, vivida en Su Voluntad, siguiendo lo mas perfectamente posible Sus Sugerencias
Amorosas, es lo que Él llama “dejar entrar en nuestras
almas, como vida, la Oración”.
Dicho de otra
manera: nuestra Vida en Su Voluntad, es la Oración
perfecta que Él busca, siempre que entendamos que eso es lo que Él busca. En la
medida en que nuestras vidas se acomoden más y más a Sus Deseos y a Su Plan
para con nosotros, más estamos orando, y más estamos unidos a Él, y más Nos
utiliza como Sus Colaboradores en la Obra de
la Santificación y la Venida del Reino. El proceso
es cada vez menos complicado de entender, aunque
siempre es complicado y difícil llevarlo a cabo.
Antes de terminar con lo que Nos hace saber en
este Bloque (A), conviene que
registremos en nuestro entendimiento
en Su Voluntad, el hecho de que nosotros quedamos bilocados en Él, y que
estamos con Él en todo lo que Él hace. Quizás esto lo ha dicho antes, pero
solamente ahora ha “registrado” este Conocimiento en los que preparan estas
Guías de Estudio. El impacto debe ser grande en todos; Nos da una nueva
perspectiva de nuestra Relación con Él y también con Su Madre Santísima y nuestra Madre. Este
sentido de lo que es esta relación de inseparabilidad tiene que crecer en
nosotros, esta Relación de afecto y cariño para con cada uno de nosotros, ya no
debe abandonarnos.
El Bloque (B) se hace difícil comentarlo o
analizarlo, y no vamos a intentarlo. Francamente, nada podemos añadir o
explicar. Solamente diremos que en la medida que cada uno de nosotros, viviendo
en Su Voluntad, conocedores de estas Bellezas que Nos manifiesta, respecto de
la única criatura con la que ha tenido y continúa teniendo la más per- fecta de
las unidades posibles, tratemos de imitar a Su Madre, y Madre Nuestra, más
cerca estaremos de Ella y por tanto de Él.
Entendamos,
que no es imitando a Jesús como logramos esta unión que Él busca con nosotros,
es imitando a Su Ma- dre Santísima, imitándola en Su total
rendimiento a lo que de Ella se Le pedía, como logramos esta Unidad
con Él, que Él tanto busca de nosotros: “si todo tomaran de Mí, cuántos
cielos y cuántas madres tendría sobre la tierra”
Resumen del capítulo del 21 de Mayo de 1913: (Doctrinal) – Pagina 90 – La Verdadera Consumación -
Encontrándome en mi habitual
estado, mi siempre
amable Jesús me ha dicho:
“Hija mía, Yo
quiero la verdadera consumación en ti, no fantástica sino verdadera, pero en
modo simple y factible. Supón que te viniera un pensamiento que no es para Mí,
tú debes destruirlo y sustituirlo con el divino, y así habrás hecho la
consumación del pensamiento humano y habrás adquirido la vida del pensamiento
divino; así también si el ojo quiere mirar alguna cosa que me disgusta o que no
se refiere a Mí, y el alma se mortifica, ha consumado el ojo humano y ha
adquirido el ojo de la Vida Divina, y así el resto de tu ser. ¡Oh!, Cómo estas
nuevas Vidas Divinas me las siento correr en Mí y toman parte en todo mi obrar,
amo tanto estas vidas, que por amor de ellas cedo a todo. Estas almas son las
primeras delante de Mí, y si las bendigo, a través de ellas vienen bendecidas
las demás; son las prime- ras beneficiadas, amadas, y por medio de ellas vienen
beneficiadas y amadas las demás”.
* * * * * * * Analicemos este importante capítulo
sobre el concepto
de la Consumación.
(1)
Hija mía, Yo quiero la verdadera consumación en ti, no
fantástica sino verdadera,
pero en modo sim- ple y factible. - Como dice Luisa, en ocasiones,
Nuestro Señor es muy bromista, y esta es una de esas ocasiones en las que
bromea con nosotros, diciéndonos que quiere consumación en nosotros que sea “simple y
factible”, pero Su Explicación no es simple, aunque una vez que la
entendemos es muy factible.
Entendamos primero
que es consumar. La consumación consiste de dos componentes.
El primer
componente lo forma una actuación que va dirigida a un objetivo único.
Así pues, para hablar de consuma- ción tenemos que hablar en primer lugar,
del objetivo hacia el cual una actuación
va encaminada. Así, el
individuo que actúa pensando
frecuentemente en el juego al
azar, y llega a habituarse hasta el
punto, de que ya todo lo que hace
está dirigido
al objetivo de jugar al azar, entonces se puede decir que ese individuo se está
consumando en el juego de azar. Todo su obrar se va sumando y cuando muere, a
los ojos de sus contemporáneos, esa vida queda definida por el Objetivo que ha
perseguido; de manera tal, que lo único que recordamos de ese individuo es que
era un juga- dor.
Hay personas que
no se consuman en nada, porque nada les apasiona lo suficiente como para
definir toda su actua- ción. De estos seres humanos habla el Señor,
tanto en los textos evangélicos, como en estos Escritos, diciendo que son
criaturas tibias, ni frías ni calientes, con las que poco o nada puede
lograrse. Dicho de otra manera que puede chocar un poco. A los tibios es más
difícil convertirlos que a los apasionados al mal. En más de un sentido, la
tarea de la condenación que el diablo realiza queda facilitada por esta falta
de entusiasmo o pasión, que hace a la criatura in- sensible a toda Gracia,
particularmente la de la Conversión. Esta clase de seres humanos, está fuera de
consideración en este capítulo, y ya no volveremos a mencionarla.
El segundo
componente lo forma la muerte de cualquier ser humano que se ha estado
consumando en algo. Ya este componente lo habíamos anticipado en la
explicación del primer componente, pero ahora es necesario ponerlo en su
perspectiva correcta. Para los efectos de esta explicación, nuestra muerte
natural puede sucedernos haciendo
algo que no era el objeto de nuestra consumación, o haciendo algo que era el
objeto de nuestra consumación. Para
enten- der esto mejor, comprendamos que si un ser humano muere cuando se estaba levantando de la cama porque
ese día, él iba a jugar al casino,
ese acto de levantarse de la cama, indiferente en sí, y sin conexión aparente
con el juego, no lo es desde el punto de vista de consumación, puesto que ese
acto de levantarse de la cama, estaba subordinado al objetivo principal de vida
de ese ser humano. Igual pudiéramos decir de todo acto, subordinado también,
que se hace necesario para que el ser humano llegue a la mesa de juego. Así, los respiros, el baño, el desayuno, la visita al banco, el conducir el carro
hasta el casino; la miríada de actos necesarios para que en ese día, ese ser humano se consuma en su
objetivo, por un día más, todos esos actos se consideran actos que suman y cuentan
para el Objetivo deseado. Así pues si la intención
del ser humano es jugar
en el casino hoy, todo lo
que ha hecho y hará hoy, suma a la totalidad de los actos ya realizados, que
se consuman a los anteriores actos, con los que se ha perseguido ese objetivo
único.
Así pues ahora
decimos que si la muerte nos sucede cuando estábamos planeando, o haciendo algo
que no era el objetivo de nuestra consumación, ya no podemos decir que
morimos consumados en nuestro
objetivo. Parece chocan- te,
pero el Señor es bien especifico en este punto, porque en realidad, la vida
humana se nos da para que nos consu- mamos en
un objetivo único, cual es
la de reunirnos con el Dios que Nos ha creado, o separarnos del Dios
que Nos ha creado.
Más al punto.
Si morimos, y nuestro último acto al morir no es un acto de adhesión a Él, de
querer estar con Él para siempre, no nos salvamos, por mucho que hayamos hecho
antes, en la dirección de nuestra salvación. Podremos ha- ber vivido nuestra vida consumada en hacer Su Voluntad,
cumpliendo Mandamientos y otros
Dictados de Nuestra San- ta Madre
Iglesia, ser más buenos que nadie, pero si en el último de nuestros actos no
seguimos la Sugerencia Amoro- sa final en la que Nos sugiere nos salvemos, de
que queramos estar con Él, de nada nos servirá lo que hicimos con anterioridad.
Lo contrario es también importante. Así decimos, que si toda nuestra vida ha
sido un desastre moral, pero en el último instante, aceptáramos la Sugerencia
Amorosa final de conversión, que estamos seguros, a nadie le faltará, entonces
toda nuestra vida ha estado consumada a nuestra salvación personal. Nuestra
vida queda consuma- da en el último acto que realizamos, en el único objetivo
importante, a saber, nuestra salvación.
Quizás
pudiéramos pensar que esta Sugerencia Amorosa final no le va a llegar a
aquellos especialmente santos, o aquellos que están en Gracia de Dios, pero
esta es una gran equivocación, porque todos tenemos que expresar nues- tra
adhesión final, y esa adhesión final solo puede hacerse respondiendo a una
Sugerencia Amorosa Suya, que de seguro Él iniciará. Para Dios, este asunto de
nuestra salvación es demasiado importante, para dejarlo a la suerte. Nin- gún
acontecimiento humano puede apartarnos o evitar que suceda esta última
Sugerencia Amorosa Suya. Tal es así que si la
muerte nos sobreviniera cometiendo
el más horrible pecado, Él nos dará el tiempo necesario para recibir
esta Sugerencia Amorosa en que Nos llamará a la Conversión y arrepentimiento de
ese horrendo pecado. Esta Sugerencia pensamos vendrá expresada en una pregunta cuyas palabras inventamos, porque no sabemos cuáles son las que usa- rá con exactitud: ¿“Hijo o Hija mía, quieres estar
conmigo para siempre, o quieres
estar separada de Mi para siempre?
Es en este
sentido extraordinario que Nuestro Señor dice que la Unción de los Enfermos
cuando es aplicada a un ago- nizante, hace que el acto de la Extrema Unción sea el último de los actos humanos
que esa criatura va a realizar; tal es el poder de la Extrema Unción a un
agonizante, que sella su vida, y la pone en condiciones de salvación. Resulta
equivalente a este último “yo quiero”, con el que esa criatura ha expresado su
intención firme de arrepentirse de sus
faltas y
pecados, y de querer estar con Él para siempre. Si esta Extrema Unción
no se puede realizar, Nuestro Señor se
encargará de que tengamos la oportunidad de expresar nuestra adhesión o rechazo
de Él, y de esa manera, mori- remos consumados en el más perfecto y grande de
los Objetivos humanos: nuestra salvación.
Pregunta: ¿es
la Vida en Su Voluntad que Nos regala distinta a la Vida virtuosa cristiana?
Por supuesto que no. Nues- tro Señor quiere que los que vivimos en Su Voluntad,
muramos consumados en esta Vida en Su Voluntad que Nos ha regalado, porque por
supuesto, una vida consumada en Su Voluntad es la garantía más perfecta de
conseguir el obje- tivo anterior, ahora menor, de salvarnos.
(2) Supón que te viniera un pensamiento que no es para Mí, tú debes
destruirlo y sustituirlo con el di- vino, y así habrás hecho la consumación del
pensamiento humano y habrás adquirido la vida del pensa- miento divino; así
también si el ojo quiere mirar alguna cosa que me disgusta o que no se refiere
a Mí, y el alma se mortifica, ha consumado el ojo humano y ha adquirido el ojo
de la Vida Divina, y así el resto de tu ser. - Este párrafo debemos leerlo
nuevamente, pero sin las dos oraciones gramaticales claves con la que el Señor
explica lo que quiere hacernos saber. Vamos a parafrasear el párrafo,
eliminándolas.
Supón que te viniera un
pensamiento que no es para Mí, tú debes destruirlo y sustituirlo con el divino,
y (entonces) habrás adquirido la vida del pensamiento divino; así también si el
ojo quiere mirar alguna cosa que me disgusta o que no se refiere a Mí, y el
alma se mortifica (y no mira), ha
adquirido el ojo de la Vida Divina, y así el resto de tu ser.
Al leer el párrafo 2, sin las oraciones gramaticales que hablan de la
consumación del pensamiento y del ojo, nos per- catamos de inmediato que lo que el Señor
dice no es nuevo, sino que ya lo ha discutido ampliamente en muchos otros capítulos. Cuando hacemos un acto en
Su Voluntad, en el que hemos escogido no hacer lo que Le disgusta, sino que
pensamos y miramos lo que Le gusta, el acto queda divinizado, por haberse
realizado conjuntamente con Su Voluntad Bilocada y Obrante en nosotros.
Entonces, el acto adquiere las características de una Vida Divina, Vida de Luz,
que como dirá en el párrafo 3, Le dan tanta alegría “que por amor de
ellas, cedo en todo”.
Ahora,
introduzcamos nuevamente las oraciones que hablan de que haciendo lo dicho
anteriormente, “hacemos la consumación del pensamiento humano”, y “ha consumado
al ojo humano”. Observemos
que no dice que cuando pensamos lo que Le gusta, estamos consumando nuestro
pensamiento, sino que dice que hacemos la consumación del pensamiento humano. ¿Cuál es la diferencia entre las dos
expresiones?
Si hubiera
dicho que estamos consumando nuestro pensamiento, implicaría que este proceso
continuo de pensar, y pensar en el Objetivo fundamental de nuestras vidas que
es Él, vamos añadiendo actos humanos que se añaden a los anteriores actos
agradables a Él, y por eso decimos que nuestros pensamientos se están
consumando en Él. Al decir, sin embargo, que hacemos la consumación del acto
humano, implica, que es el último de los actos humanos de pen- samiento que
vamos a realizar. Pero, ¿Cómo es posible esto? ¿Acaso no seguimos pensando, aun
después de este pensamiento? ¿Cómo puede decir el Señor que es el último de los
pensamientos de Luisa, o nuestros, ahora que lee- mos lo sucedido con ella?
Muy sencillo. El Señor Nos
pide que todo pensamiento nuestro, toda mirada nuestra, todo lo que nuestro ser
haga, siga Sus Sugerencias Amorosas y Le sea agradable, como si este
pensamiento, esta mirada, este acto nuestro, fuera el último acto que
realizáramos en nuestra vida natural.
Pero, ¿Por qué habla de que es la consumación del pensamiento humano? Así
dicho, parece como que excluye los pensamientos de otros Hijos e Hijas en Su
Voluntad, que continuarán viviendo después de que yo muera. También esto se entiende
fácilmente, cuando comprendemos que Él trabaja con nosotros de uno a uno,
para Él nadie más exis- te que cada uno de nosotros, “Nosotros
queremos a un alma sola, como queremos a todas las almas juntas”,
bellísi- ma frase que utiliza en las Horas de la Pasión, para indicar la
individualidad nuestra frente a Él, y cómo cada uno es tan importante, como si
fuera el único ser que vive en la tierra.
Así resumiendo.
Sabíamos que teníamos que consumarnos en algo, y de hecho, la mayoría de
nosotros, somos crea- dos con una vocación, que garantiza que nuestras vidas
van a consumarse en algo. Si leemos el capitulo del 14 de Julio de 1904, del
volumen 6, el mismo Señor habla con toda extensión y claridad de este proceso
de consumación. Así dice:
“Hija mía, la vida es una
consumación continua: uno la consuma por los placeres, otro por las criaturas,
otro por pecar, otros por intereses, algunos por caprichos…Hay tantas clases de
consumación. Ahora bien, quien realiza toda
esta consumación en Dios, puede decir con toda certeza: Señor, mi vida se ha consumado de amor por Ti, y no solo me he consumado, sino que me he muerto
solo por Tu Amor. Por eso, si tú te
sientes consumar continuamente por Mi Separación, puedes
decir que mueres continuamente en Mi, y padeces muchas muertes por Amor Mío. Y
si tu consumas tu ser por Mi, por cuantas consumaciones hay de ti, haces en ti
misma otras tantas adquisiciones de lo Divino.”
Como vemos,
ya el Señor hablaba en el
volumen 6 de esta adquisición de lo Divino, que es exactamente
lo mismo que hace en este capítulo del volumen 11. Lo que añade nuevo en
este capítulo, es que debemos comprender claramente que Él espera que consumando nuestros
actos en Su Voluntad, para mayor Gloria Suya, y para la Venida del Reino,
los hagamos como si cada uno de esos actos, fuera nuestro último acto en la
tierra. ¿Parece imposible? Una vez que sa- bemos que eso es lo que quiere de
nosotros, podemos realizarlo con nuestra intención de querer que cada acto
nues- tro, que va consumándose a todos los demás actos en esta Vida en Su
Voluntad, Él los acepte como si fueran los últi- mos, no solo los últimos
nuestros, sino los últimos de todos los seres humanos.
(3)
¡Oh!, Cómo estas nuevas
Vidas Divinas me las siento correr en Mí y toman parte en todo mi obrar, amo
tanto estas vidas, que por amor de ellas cedo a todo. Estas almas son las
primeras delante de Mí, y si las bendigo, a través de ellas vienen bendecidas
las demás; son las primeras beneficiadas, amadas, y por medio de ellas vienen
beneficiadas y amadas las demás”. - No es posible añadir nada a este párrafo final. Nuestro Señor
tiene reservado un lugar muy especial, y unas Bendiciones muy especiales para
todos aquellos que viven en Su Voluntad.
Resumen del capítulo de 12 de Junio de 1913: (Doctrinal) – Página 93 – La Santísima Trinidad
-
Mientras rezaba
estaba uniendo mi mente a la de Jesús, mis ojos a los de Jesús, y así de todo
lo demás, tratando de hacer lo que hacía Jesús con su mente, con sus ojos, con
su boca, con su corazón, y así de todo de todo lo demás, y como parecía que la
mente de Jesús, sus ojos, etc., se difundían para bien de todos, así parecía
que yo uniéndome y ensimismándome con Jesús me difundía también para bien de
todos. Entonces pensaba entre mí:
“¿Qué meditación
es ésta? ¿Qué oración?
¡Ah, no soy buena para nada, no sé ni siquiera meditar nada!”
Pero mientras
esto pensaba, mi siempre amable
Jesús me ha dicho:
“Hija mía,
¿cómo es que te afliges por esto? En vez de afligirte deberías alegrarte, porque cuando tú meditabas y tan- tas
bellas reflexiones surgían en tu mente, tú no hacías otra cosa que tomar de Mí
parte de mis cualidades y de mis virtudes; ahora, habiéndote quedado sólo el
poder unirte y ensimismarte a Mí, tomas de Mí todo, y no siendo buena para nada, Conmigo eres buena para todo, porque
Conmigo quieres el bien de todos, y sólo con el desear,
el querer el bien, produce en el alma una fortaleza que la hace crecer
y la fija en la Vida Divina.
Además, con unirse
y ensimismar- se Conmigo, se
une con mi mente, y así tantas vidas de pensamientos santos produce en las
mentes de las criaturas; conforme se une con mis ojos, así produce en las
criaturas tantas vidas de miradas santas; así si se une con mi boca dará vida a las palabras; si se une a mi
corazón, a mis deseos, a mis manos, a mis pasos, así a cada latido da rá una vida, vida a los deseos, a las
acciones, a los pasos, pero vidas santas, porque conteniendo en Mí la potencia
creadora, junto Conmigo el alma crea y hace lo que hago Yo.
Ahora, esta unión Conmigo,
parte por parte,
mente por mente,
corazón por corazón,
etc., produce en ti, en grado más alto, la Vida de mi Voluntad y de mi
Amor, y en esta Voluntad viene formado el Padre, en el Amor el Espíritu Santo,
y del obrar, de las palabras, de las obras, de los pensamientos y de todo lo
demás que puede salir de esta
Voluntad y de este Amor viene formado
el Hijo, y he aquí la Trinidad en las almas, así que si debemos obrar, es
indiferente obrar en la Trinidad en el Cielo o en la Trinidad de las almas en
la tierra. He aquí el por qué voy quitándote todo lo demás, si bien cosas buenas y santas, para
poderte dar lo más bueno y lo más santo, que soy Yo mismo, y poder hacer de ti
otro Yo mismo, en cuanto a criatura es posible. Creo que no te lamentarás más,
¿no es verdad?”
Y yo:
“¡Ah, Jesús,
Jesús!, yo en cambio siento
que me he hecho mala,
mala, y el mayor mal es que no sé encontrar esta
maldad
mía, porque encontrándola, al menos haría cuanto
puedo para quitarla”.
Y Jesús:
“Basta, basta, tú quieres adentrarte demasiado
en el pensamiento de ti misma, piensa en Mí y Yo pensaré en tu mal-
dad, ¿has entendido?”
* * * * * * *
Con este
capítulo, Jesús inicia una serie de conocimientos que se relacionan con una
labor en Su Voluntad, que puede dejar de impactarnos, hasta el punto de
ignorarla, ocupados como estamos en la labor de colaboración con la forma- ción
del Reino de Su Voluntad en nosotros, y con Sus Planes de la venida del Reino
del Fiat Supremo.
Esta labor
ignorada tiene que ver con la Labor Providente que instante por
instante, Nuestro Señor Jesús necesita realizar para que todas las criaturas
subsistan. En este capítulo, y otros que siguen, es necesario ver esta Labor a
tra- vés de Sus Palabras. A Él se Le han entregado todas las almas, no solo
para redimirlas, sino para proveer por ellas, y esta Providencia incluye
nuestra salvación. Comprendamos, que la Labor Redentora que Él ha asumido, es
solo una parte, quizás la más
importante, pero sigue siendo
solo una parte, de esta Labor Providente con la que Nos conduce a Él ahora, y luego en
la Eternidad. No es labor pequeña, y por mucho que Él quiera que Su Reino venga
a la tierra, Él no puede ni por un instante olvidar, que todos, absolutamente
todos, dependemos de Él para todo, el Dios humanado por amor nuestro.
Prestemos atención
a lo que Luisa dice, que mientras rezaba,
unía su mente, sus ojos, toda si misma a
Jesús, “tratan- do de hacer
lo que hacía Jesús”. Este es un parrafito altamente
revelador, porque Luisa estaba en realidad, sin com- prenderlo completamente,
uniéndose a esta Labor Providente de Nuestro Señor. ¿Por qué llegamos a esta
conclusión? Por las palabras inmediatas de Luisa, que dice, “y como parecía
que la mente de Jesús, sus ojos,
etc., se difundían para bien de todos, así parecía que yo uniéndome
y ensimismándome con Jesús me difundía también
para bien de todos”.
Al Luisa decir
que Jesús se difundía para bien de todos, implícitamente describe a la
perfección, con pocas palabras, esta Labor Providente del Señor. Al decir
que a ella le parecía, que también
ella se difundía para bien de todos,
implica que ella, también
se unía a Él, en esta Labor Providente, Mas sobre este punto, y más enfatizado por el Señor, léase el
capítulo del 20 de Agosto de 1913, de este mismo volumen, dos capítulos más
adelante.
Luisa comprende
bien su labor como alma víctima, la comprende tan bien que no quisiera nunca
separarse de esta labor, pero no ha analizado que lo que más le gusta de esta
labor, es la interacción directa con Jesús, que esta labor de victima facilita.
Nadie más está envuelto en esta relación, y aunque ella sabe que con esta Labor
ayuda a las al- mas, evitando castigos, consolando a Jesús, y acompañándolo en
Sus Penas, los demás están como lejanos a ella, no siente que esta labor va
dirigida a ellos, sino que va dirigida a Su Jesús.
Luisa llegará a
comprender a la perfección, su labor como promotora de la Vida en Su Voluntad,
y la venida del Reino, y eso lo sabemos por la lectura de los volúmenes
superiores. Sin embargo, esta Labor Providente, muchas veces se le escapa, porque
en esta Labor Providente el foco
de su atención, no es Jesús
mismo, ni lo que Jesús más ardientemen- te
desea, sino que se trata de bregar con el prójimo. El prójimo no siempre ha
sido, y por lo que sabemos, nunca lle- gará a serle simpático a Luisa. Desde nuestro punto de vista, mucha guerra le ha hecho el prójimo a Luisa. Aunque se perdonen,
los agravios no se olvidan por completo. En muchos capítulos se queja con Jesús
de que ella no quiere bregar con el prójimo, porque su fama de santidad entre
las gentes, y el mismo mensaje de la Vida en Su Voluntad, según se iba
propagando, hacía que mas y mas personas, tanto laicas como religiosos,
buscaran su ayuda y consejo. En realidad, lo que la molestaba más, era que todo
ese tiempo que dedicaba a otros, era un tiempo menos que tenia para estar con
Jesús. Dicho esto, también entendamos que la lección de estos capítulos, Luisa
la aprendió bien, por- que su proceder para con el prójimo fue siempre
caritativo al extremo, y su labor de evangelización de la Divina Vo- luntad con
otros, fue maravillosa, como evidencian casi todas sus cartas.
Luisa expresa
su frustración, porque le parece que lo que estaba haciendo, no era lo que ella
asocia con una buena meditación, por lo que dice:
“¿Qué meditación es ésta? ¿Qué oración? ¡Ah, no soy buena para nada, no sé ni siquiera meditar nada!”
Analicemos ahora la Respuesta del Señor
(1)
Hija mía,
¿cómo es que te afliges por esto? En vez de afligirte deberías alegrarte,
porque cuando tú meditabas y tantas bellas reflexiones surgían en tu mente, tú no hacías
otra cosa que tomar de Mí, parte de mis cualidades y de mis
virtudes; - Varias cosas observamos. En primer lugar, Jesús declara que
ella estaba meditando verdaderamente, porque la meditación sobre algo, tiene
por finalidad “sacar fuera” nuestro entendimiento del objeto que estábamos
meditando, y ciertamente que Luisa ha sacado “muy bellas reflexiones que
surgían en su mente”. En su sentido
más estricto, cada vez que rumiamos una de
las Verdades Divinas que leemos
u oímos en estos
Escritos, estamos meditando esa Verdad.
En segundo
lugar, Nuestro Señor confirma, que la labor meditativa de Luisa, tomaba de Él
una parte de Sus Cualida- des y Virtudes, para utilizarlas como Él las estaba
utilizando.
(2) Ahora,
habiéndote quedado sólo el poder unirte y ensimismarte a Mí, tomas de Mí todo,
y no siendo buena para nada, Conmigo eres buena para todo, porque Conmigo quieres el bien de todos, y sólo con el desear, el querer el bien, produce
en el alma una fortaleza
que la hace crecer y la fija en la Vida Divina. – La expresión “habiéndote
quedado solo” es un poco confusa, y
debemos entenderla, con el siguiente parafraseo de la primera parte del párrafo: “Ahora, que ya no puedes hacer más que unirte y
ensimismarte a Mi, tomas de Mi to- do, y como no eres buena para nada por ti sola,
Conmigo eres buena para hacerlo todo”.
Arreglada la expresión, lo
importante que queda es lo que dice el Señor acerca de lo que ella puede hacer ahora. Dice primero, que “ella
quiere el bien de todos”, porque
Él quiere el bien de todos. Dice, segundo, que unido a Él, el desear, el querer
el bien, introduce en el alma de Luisa, la cualidad de la Fortaleza Divina, y
en virtud de esa Cualidad Divina, Luisa queda asegurada en la Vida Divina que
posee. De nuevo, el concepto de que esta Vida Divina que Nos ha regalado, necesita desarrollarse con
nuestros actos, en este caso, el acto de desear, de querer el bien de todos,
que no es más que Luisa unirse a Su Labor Providente.
(3) Además, con unirse
y ensimismarse Conmigo,
se une con mi mente, y así tantas vidas de
pensamien- tos santos produce
en las mentes de las criaturas; conforme
se une con mis ojos,
así produce en las cria- turas tantas vidas de miradas
santas; así si se une con mi boca dará vida a las palabras; si se une a mi
corazón, a mis deseos, a mis manos, a mis pasos, así a cada latido dará una
vida, vida a los deseos, a las acciones, a los pasos, pero vidas santas, porque
conteniendo en Mí la potencia creadora, junto Conmigo el alma crea y hace lo que hago Yo.
– En una primera lectura,
y si interpretamos Sus
Palabras literalmente, parece que Jesús dice que la criatura que
vive en Su Voluntad, unida a Él en esta Labor Providente, crea o da vida a los
pen- samientos santos de otros, o sea, como se diría coloquialmente, que la
criatura que vive en Su Voluntad, piensa por todos los demás, y por tanto los
pensamientos de los otros, son santos. Ya sabemos que esto es una imposibilidad
para Él, pensar por nosotros, hablar por nosotros, etc., puesto que haciendo esto violaría nuestra
libertad de voluntad; y lo que
es imposible para Él, también lo es para los que viven en Su Voluntad. Volvemos
pues a entender todo esto, pensando que en Su Labor Providente, Él prepara las
Sugerencias Amorosas para que acogiéndolas y haciendo lo que Nos sugiere,
pensemos y produzcamos pensamientos santos, palabras santas, etc. Esto mismo,
puede hacer Luisa, y cada uno de nosotros que vivimos en Su Voluntad, porque “conteniendo en Mi la potencia creadora, junto Conmigo, el alma (también la posee y)
crea y hace lo que hago Yo”.
Pensemos un
momento más en lo que hemos concluido. Debemos entender que así como Él, en Su
Labor Providente, produce las Sugerencias Amorosas que Nos llegan a todos como
una lluvia de Actos de Amor, así también nosotros estamos llamados, unidos a
Él, ensimismados con Él, a producir Santas Sugerencias Amorosas para todos
nuestros hermanos que no viven en Su Voluntad. No solo pues, debemos querer el
Bien para los demás, sino que en Su Volun- tad, debemos ser una parte esencial
de esta Creación y Distribución universal de Sugerencias Amorosas que produz-
can e inunden a la tierra de Santidad Divina, si esas Sugerencias fueran
acogidas por nuestros hermanos.
(4) Ahora, esta unión Conmigo,
parte por parte, mente por mente, corazón por corazón, etc., produce en
ti, en grado más alto, la Vida de mi Voluntad y de mi Amor, - El beneficio que trae para
nosotros, los que vivi- mos en Su Voluntad, esta Labor Providente, en la que
ahora Nos hace participes, es el beneficio de darnos un grado más alto de Unión
o Comunión con Él; o sea, que aumenta la Vida de Su Voluntad que ya poseemos,
porque la desa- rrolla aun mas, y en un área, que hasta ahora, o no estábamos
conscientes necesitaba desarrollo, o sencillamente, desconocíamos totalmente
que era necesario desarrollar. Un ejemplo quizás ayude. Un individuo que
persigue desa- rrollarse atléticamente, dedica la mayor parte de su tiempo a desarrollar su torso, cuello y brazos, y tanto le dedica
que puede
llegar a tener el torso, el cuello y brazos más poderosos posibles,
pero se olvida de sus piernas, y
entonces cuando en la competencia, le vemos de cuerpo entero, nos percatamos que sus piernas son palos flacos sin
desarro- llo, y toda la belleza de aquel torso atlético, viene al suelo, porque
el resto de su cuerpo no corresponde.
Igual puede
pasarnos a nosotros, en esta Vivencia en Su Voluntad. Podemos llegar a ser
maestros del Giro, excelsos en la Pasión, pero como no ayudamos a Jesús en Su
Labor Providente, particularmente aquella de querer que todos lleguen a la
Verdad de Su Redención, resulta que somos como el atleta de las piernas flacas.
Uno de los
puntos en que más énfasis hacen los que preparan estas Guías de Estudio en las
clases, es que nada de lo que antes estábamos llamados a hacer ha desaparecido,
por el contrario, no solo no ha desaparecido, sino que ahora tenemos que seguir
haciéndolo, pero con un entendimiento y compromiso más amplio y profundos.
(5)
y en esta Voluntad viene
formado el Padre, en el Amor el Espíritu Santo, y del obrar, de las palabras,
de las obras, de los pensamientos y de todo lo demás que puede salir de esta
Voluntad y de este Amor viene formado el Hijo, y he aquí la Trinidad en las
almas, - Cuando
los que preparan esta Guía de Estudios leyeron este capítulo por primera vez,
pensaron, como está sugerido por el sub-titulo La Santísima Trinidad, que el
capítulo trataba de alguna Revelación especial
y nueva de la Suprema Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. En realidad, no se trata de la
Suprema Trinidad, sino de la Trinidad Sacrosanta que está Bilocada en la
criatura que vive en Su Voluntad.
Insospechadamente,
sin que jamás lo hubiéramos adivinado, Nuestro Señor Nos dice, que no viene a
hablarnos de la Trinidad Sacrosanta como tal, sino que viene a hablarnos de
cómo podemos y debemos desarrollar esta Trinidad Sa- crosanta que se ha
bilocado en nosotros, como parte de la Bilocación del Ser Divino que ha
ocurrido cuando Nos con- cedieron el Don de Vivir en Su Voluntad.
Entendemos pues
ahora, que esta Trinidad Sacrosanta Bilocada se desarrolla cuando Nos unimos a
la Labor Providen- te de Nuestro Señor Jesucristo.
Dice que de
esta Vida, y en esta Vida de Su Voluntad, viene formado el Padre, puesto que el
Padre está identificado con la Voluntad, el Fiat. Dice que el Espíritu Santo
viene a estar formado en esta Vida de Amor, porque el Espíritu Santo está
identificado con el Amor Divino, y que el Hijo, viene a estar formado por las
obras, palabras, pensamientos que surgen mientras se vive en esta Vida de Su
Voluntad y de Su Amor.
(6) así que si debemos obrar, es indiferente obrar en la Trinidad en el Cielo o en la Trinidad de las almas
en la tierra. – Pero esta Verdad
Divina no ha terminado de expresarse. Dice ahora, que al estar
Bilocada en la criatu-
ra que vive en Su Voluntad, es indiferente, si la que obra es
la Trinidad Sacrosanta Suprema, o la que está bilocada
en la criatura que vive en Su Voluntad.
(7) He aquí el por qué voy quitándote todo lo demás, si bien cosas buenas y
santas, para poderte dar lo más bueno y lo
más santo, que soy Yo
mismo, y poder hacer de ti otro Yo mismo, en
cuanto a criatura es posible. Creo que no te
lamentarás más, ¿no es verdad?” – No puede extrañarnos el que mas y mas vamos
perdiendo el gusto por otras actividades buenas
y santas, para darnos esta nueva Colaboración con Su labor Providen-
te, la Labor que Él se ha atribuido en la Trinidad Sacrosanta, tanto en la
Suprema, como ahora, en esta Trinidad que ha Bilocada en nosotros. Quiere
hacernos otros Jesús en la acción Providente, y por tanto, así como Le dice a
Luisa, así Nos dice a nosotros, que no nos lamentemos mas, sino que nos
alegremos de lo que quiere hacer en nosotros.
Comoquiera que
Luisa continúa lamentándose por su maldad, como si no hubiera oído nada de lo
que Le ha dicho, Nuestro Señor Le dice:
“Basta, basta, tú quieres adentrarte demasiado
en el pensamiento de ti misma, piensa en Mí y Yo pensaré en tu
maldad, ¿has entendido?”
Resumen del capítulo del 24 de Junio de 1913: (Doctrinal) – Página 99 -
El alma que no apetece el bien,
siente como una náusea y un rechazo de
dicho bien, y por eso esas almas son el re- chazo de Dios
* * * * * *
*
Cortísimo capítulo. No estamos seguros
de si lo que Luisa
escribe, lo dice ella, o lo dice el Señor.
Independientemente, es comprensible sin necesidad de mayores
comentarios, excepto por lo que dice: Si rechazamos el Bien encerrado en la
Sugerencia Amorosa que Nos llega, y
este rechazo radica en que no apetecemos hacer lo que Nos
sugiere, y de esa manera poder
recibir el Bien, entonces, Le rechazamos a Él.
Resumen del capítulo del 20 de Agosto de 1913: (Doctrinal) – Página 99 -
Mientras rezaba
veía en mí a mi siempre amable Jesús y a otras almas en torno a mí, las cuales
decían: “Señor, todo has puesto en esta alma”. Y extendiendo sus manos hacia mí
me decían:
“Ya que Jesús está en ti, y con Él todos los bienes, toma y daños a nosotras”.
Yo he quedado confundida, y el bendito
Jesús me ha dicho:
(A) “Hija mía, en mi Voluntad
están todos los bienes posibles, y el alma que vive en Ella es necesario que
esté con confianza obrando junto Conmigo como dueña. Todo esperan las criaturas
de esta alma, y si no lo tienen se sienten defraudadas; ¿y cómo puede dar si no
está con toda confianza obrando junto Conmigo? Por eso al alma que vive en mi Voluntad le es necesaria la confianza
para dar, la simplicidad para
comunicarse a todos, con el desinterés de sí
para poder vivir toda para Mí y para el prójimo. Tal soy Yo”.
Luego ha agregado:
(B) “Hija mía, a quien en verdad
hace mi Voluntad le sucede como al árbol injertado, que la fuerza del injerto
tiene virtud de hacer destruir la vida del árbol que recibe el injerto, así que
no más los frutos, las hojas del primer árbol se ven, sino los del injerto, y
si el primer árbol dijera al injerto, “quiero retener para mí al menos una
pequeña ramita para poder dar también yo algún fruto para poder hacer conocer a
todos que yo existo aún”, el injerto le respondería: “Tú no tienes ya razón de
existir, después de que te has sometido a recibir mi injerto la vida será toda
mía”. Así el alma que hace mi Voluntad puede decir: “Mi vida ha terminado, no
más mis obras saldrán de mí, mis pensamientos, mis palabras, sino las obras,
los pensamientos, las palabras de Aquél cuya Voluntad es mi vida”.
Así que Yo digo
a quien hace mi Querer: “Tú eres vida mía, sangre mía, huesos míos”. Entonces
sucede la verdadera, real, Sacramental
transformación, no en virtud de las palabras
del sacerdote, sino en virtud
de mi Voluntad. En cuanto el alma se
decide a vivir en mí Querer, mi Voluntad me crea a Mí mismo en el alma, y a
medida que mi Querer corre en la voluntad, en las obras, en los pasos del alma,
tantas creaciones mías recibe. Sucede propiamente como a un cáliz lleno de partículas consagradas, por
cuantas partículas hay, tantos Jesús están, uno en cada partícula. Así el al-
ma, en virtud de mi Voluntad me contiene en todo y en cada parte de su ser;
quien hace mi Voluntad hace la verda- dera comunión eterna, y comunión con
fruto completo”.
* * * * * * *
(1) Hija mía, en mi Voluntad están todos los bienes posibles, y el alma que
vive en Ella es necesario que esté con confianza obrando junto Conmigo como
dueña. – En
la Voluntad Suprema están todos los Bienes de los que Dios quiere
participemos. Ya sabemos por otros capítulos, que estos Bienes se derivan
del Conocimiento de las Verdades Divinas que ha querido
revelarnos, y de la práctica de esos Conocimientos, cuando así Él expresa que
de- bemos practicarlos con Sus Modos.
Ahora bien. El
alma que vive en Su Voluntad, tiene una Bilocación de esa Voluntad Suprema que
obra en ella, por lo que se puede afirmar, que esa
alma encierra en sí misma,
y posee, todos
esos Bienes, y no solo posee los Bienes, sino que acompaña a Jesús en su obrar.
El Señor es muy
cuidadoso con Sus Palabras en este Bloque (A),
porque todavía no quiere anunciar la gran Revela- ción que hará en el párrafo 3
del Bloque (B). Mas sobre este punto
cuando lleguemos al Bloque (B).
Continuamos.
Dice Jesús que es necesario, que el alma que vive en Su Voluntad, tenga
la confianza de que esto está sucediendo, y la confianza solo puede nacer en nuestros
corazones, si creemos
lo que Nos dice, por imposible que
pueda
parecernos. Esta Fe, que genera la necesaria confianza en Sus Palabras, va
desarrollando en nosotros, con creciente fuerza, un sentido de responsabilidad con esta Vivencia
que el Ser Divino Nos ha regalado, y con Sus Planes.
Dicho de otra
manera, este Don de vivir en Su Voluntad, es un gran Regalo, pero al mismo
tiempo, exige de nosotros una actuación responsable, que debe crecer al paso
que crecen nuestros Conocimientos sobre Sus Planes, y el papel que jugamos
nosotros en esos Planes.
Enfoquemos
ahora todo esto, desde el punto de vista de esta responsabilidad que está
creciendo en nosotros. En la visión que
narra al comenzar el capítulo, las almas
que Luisa ve alrededor de Jesús, le
piden que comparta con ellas
lo que ella posee: todos los Bienes y al mismo Jesús. Aunque Luisa no
describe de que almas se trata, podemos concluir sin equivocación, que aunque
ella sólo vea a unas pocas almas, en realidad, son todas las almas,
tanto las viadoras, como las purgantes, como las bienaventuradas, las que están
pidiendo que Luisa comparta con ellas, de los Bienes que ella ahora posee. Así, que no solo tenemos la
responsabilidad de colaboración con los Planes Divinos de la Venida del Reino,
sino que también somos responsables de proveer a todos los demás, como Jesús
mismo lo hace, en Su Labor Providente, de todos esos Bienes que ahora poseemos.
Como vemos, de
inmediato, este capítulo continúa con las enseñanzas del capítulo del 12 de
Junio de 1913, de este mismo volumen, sobre la Labor Providente que debemos
hacer como Él la realiza.
(2) Todo esperan las criaturas de esta alma, y si no lo tienen se sienten
defraudadas; ¿y cómo puede dar si no
está con toda confianza obrando junto Conmigo? - Entendamos bien. No es en
virtud de que Jesús Nos ha redimido, que poseemos y podemos colaborar con Él en
Su Labor Providente; sino que es en virtud de que vivimos en Su Voluntad, por
lo que podemos estar junto a Él, y podemos realizar con Él, Su Labor
Providente. Enten- damos también, que este acompañarlo en Su labor Providente,
no es algo opcional, sino que es necesario que lo ha- gamos.
Dice claramente el Señor en este párrafo, que todas las criaturas, las
viadoras, las purgantes y las bienaventuradas, todo lo esperan de esta alma que
vive en Su Voluntad, porque sólo una criatura tal, tiene acceso a los Bienes
que todos necesitan, pero que están reservados a los que viven en Su
Voluntad. Dice que si nosotros no proveemos de esos Bienes a todas, “ellas
se sienten defraudadas”. Este concepto es de gran importancia, y de
nuevo, añade a nuestro sentido de responsabilidad con esta Labor Providente.
Las purgantes y las bienaventuradas se sienten defrau- dadas, porque todas
ellas, ahora que saben lo que representa vivir en Su Voluntad, quisieran haber
tenido la oportu- nidad de haber vivido en Su Voluntad, y no la tuvieron.
Además, a las purgantes podemos ayudarlas a salir de este Horno de Amor; a las
Bienaventuradas, podemos hacerlas participes de las Verdades Divinas que
conocemos, y ellas no. Las viadoras necesitan de estos Bienes, porque también
ellas quisieran poder vivir en Su Voluntad, y nuestra evangelización puede
hacer que esto sea posible.
Todas
claman, como dice el Señor en los Textos Evangélicos respecto de las almas
justas antes de Su Venida a la tierra, que “hubieran querido tener oídos para
escuchar lo que ustedes escuchan, y ojos para ver lo que ustedes contemplan,
pero no los tuvieron”. Así ahora, estas almas purgantes y bienaventuradas
claman porque ellas no pu- dieron vivir en Su Voluntad, aunque lo hubieran
querido, y las viadoras, porque quieren tener esa oportunidad como nosotros la
tuvimos.
Termina Jesús
este párrafo, preguntándole a Luisa, que ¿cómo puede ella dar, si no está
obrando providentemente junto con Él, con la confianza, con la Fe necesaria de
que puede hacerlo? La pregunta es retorica en el caso de Luisa, porque Luisa
ve, cree y confía, pero nosotros que no vemos, también tenemos que creer y
confiar que esto hacemos, viviendo en Su Voluntad.
(3) Por eso al alma que vive en mi Voluntad le es necesaria la confianza
para dar, la simplicidad para comunicarse a todos, con el desinterés de sí para
poder vivir toda para Mí y
para el prójimo. Tal soy Yo”. – Para poder ejercer esta nueva responsabilidad que
conlleva el vivir en Su Voluntad, dice el Señor, que necesitamos cumplir
con tres requisitos:
a)
El alma debe tener la Fe, y por tanto la confianza, de que Él la ha capacitado
para que lo pueda hacer; es de- cir, el alma tiene que confiar que hace junto
con Jesús, esta Labor Providente a favor de todos sus hermanos. Ya sabemos, que
en definitiva, Él es el que realiza lo que nosotros iniciamos, pero nuestro
acto iniciador de esa Providencia es necesario, y es lo que se
Nos pide que hagamos.
b)
El alma tiene que ser simple, sencilla, cuando habla o se comunica
con los demás, porque no olvidemos que con estas comunicaciones, hablamos bien, bendecimos, a Aquel que provee
a través nuestro, al mismo tiempo
que transmitimos a otros los Bienes que poseemos.
c)
El alma tiene que dejar de pensar en sí misma, en sus necesidades, debe
ser desinteresada. Esto implica, co- mo
ya sabemos, atención
extrema a todo lo que la Voluntad
Divina quiere de nosotros, y a través
de nosotros, y de nuestra Voluntad Bilocada y Obrante, porque así es Él:
todo para la Voluntad de Su Padre, y para el Bien del prójimo.
* * * * * * *
Y comenzamos
ahora con el análisis del Bloque (B),
en el que Jesús expande aun más, toda esta Labor Providente que requiere de nosotros.
(1)
Hija mía, a
quien en verdad hace mi Voluntad le sucede como al árbol injertado, que la
fuerza del injerto tiene virtud de hacer destruir la vida del árbol que recibe
el injerto, así que no más los frutos, las hojas del primer árbol se ven, sino
los del injerto, y si el primer árbol dijera al injerto, “quiero retener para mí al menos una pequeña
ramita para poder dar también
yo algún fruto
para poder hacer conocer a todos que yo existo aún”, el injerto le
respondería: “Tú no tienes ya razón de existir, después de que te has sometido
a recibir mi injerto la vida será toda mía”. Así el alma que hace mi Voluntad
puede decir: “Mi vida ha terminado, no más mis obras saldrán de mí, mis
pensamientos, mis palabras, sino las obras, los pensamientos, las palabras
de Aquél cuya Voluntad
es mi vida. – Se hace necesario parafrasear lo primero que dice: “Hija mía, a
quien en verdad hace Mi Voluntad”, porque aquí no se trata de hacer
Su Voluntad en el sen- tido tradicional, sino que implica que el alma que
cumple con esta necesidad de realizar, junto con Él, Su Labor Provi- dente, tal
y como la ha anunciado, o sea, con confianza de que la está haciendo, con la
simplicidad que es necesaria en su comunicación con los demás,
y con el desinterés que brota de una comprensión de que ya no debe pensar
en sí, sino en esta Labor que
Le pide, a esa alma, repetimos, le sucede como al árbol injertado.
Y, ¿qué le
sucede al árbol injertado? Pues que la fuerza del injerto es tan grande, que
destruye lo que el árbol hacía antes, destruye sus funciones, para
reemplazarlas por las funciones del injerto. Pero, algo más sucede en todo
injerto real. Aunque los frutos del árbol antes del injerto desaparecen después
de que el injerto ha tomado fuerza en ese árbol, los frutos que produce ahora
el árbol injertado, participan en algo de la condición original del árbol. Así
pues podemos preguntar: ¿Qué es lo le queda al árbol después del injerto; en
qué participa? Le queda solo la capacidad de alimentar y sostener al
injerto, y de esa manera, participa y colabora con aquella nueva fuerza que
porta el injerto.
En el caso
de la criatura, ¿qué sucede cuando recibe el “injerto” de esta nueva
Vida en Su Voluntad? Pues que destru- ye todo lo que la criatura tenia de
humano, respecto de su voluntad. Esta es la condición esencial, no solo
para el otorgamiento del Don, primero en préstamo, y luego en propiedad, sino
para que, a partir de ese momento, la Divina Voluntad pueda actuar libremente
en esa criatura.
Una vez
iniciado este proceso de injerto, el árbol del ejemplo, o la criatura de la
realidad, no puede regresar a actuar, como actuaba antes, y por tanto lo que
produce de si, ya no es lo que producía antes.
En el dialogo alegórico que Jesús utiliza para explicar esto,
añade un detalle importante
que luego repite, a saber,
que si acaso, la criatura, como lo haría el injerto, le pidiera alguna
vez regresar a actuar como antes, “darse una escapa- da”, Él le respondería,
como el injerto le responde al árbol, “Tú no tienes ya razón de existir,
después de que te has sometido a recibir mi injerto la vida será toda mía”
Conviene que
repitamos, en toda Su Fuerza Divina, las Palabras con las que termina el
ejemplo, y que caracterizan a la
perfección, esta Vida en Su Voluntad que Le hemos pedido, y que envuelve de
parte nuestra, una renuncia a nues- tra propia voluntad humana.
“Así el alma que hace mi
Voluntad puede decir: “Mi vida ha terminado, no más mis obras saldrán de mí,
mis pen- samientos, mis palabras, sino las obras, los pensamientos, las
palabras de Aquél cuya Voluntad es mi vida”.
(2) Así que Yo digo a quien hace mi Querer: “Tú eres vida mía, sangre mía,
huesos míos”. Entonces su- cede la verdadera, real, Sacramental transformación,
no en virtud de las palabras del sacerdote, sino en virtud de mi Voluntad. – En un capítulo sorprendente,
por el descubrimiento que renueva acerca de nuestra parti- cipación en Su Labor
Providente, Nuestro Señor anuncia
ahora una sorpresa
aun mayor, sorpresa
que viene expresada en dos partes. La primera parte la anuncia en el
próximo párrafo 3, y la segunda la anuncia en el párrafo 4.
Como es Su
Costumbre hacerlo, si leyéramos los párrafos
3 y 4 antes de este párrafo, las cosas se entenderían mejor,
porque para explicar este, tenemos que utilizar conocimientos que Nos da en los
otros dos párrafos.
Lo primero que
tenemos que preguntarnos es: ¿qué conexión hay, desconocida hasta ahora, entre
la Vida Sacramen- tal de Jesús, y nuestra vida en Su Voluntad? La respuesta es
sencilla. Si miramos a la Eucaristía, como la más supre- ma, grandiosa, y vivificante
expresión de la Labor Providente de un Dios que Nos ama inconcebiblemente,
comenza- mos a comprender, que también nosotros, en Su Voluntad debemos, es
necesario, participar también con Él, en
esta obra cumbre de Su Providencia.
Dicho de otra
manera. Cuando Nuestro Señor se da en comunión a cada criatura, en esa
Eucaristía se encierra, no solo el
Jesús que Él mismo crea en virtud de las palabras sacerdotales, sino que esa
Eucaristía también encierra, a cada Jesús que cada uno de nosotros, viviendo en
Su Voluntad, creamos porque, con toda Fe y Confianza, queremos colaborar, y es necesario que colaboremos con Él, en
este supremo regalo de Su Providencia.
Si Él se da
a Si Mismo en esa Eucaristía, bilocándose en ese pedazo de pan y poco de vino,
para beneficio del que la recibe, así también nosotros debemos dar el Jesús
que está encerrado en
nosotros, bilocarlo, para beneficio del que la recibe.
Pero, ¿cuándo fue que recibimos este Jesús que ahora debemos dar, bilocándolo?
La respuesta a
esta pregunta, este milagro, insospechado hasta ahora, ocurre, porque han
ocurrido en nosotros dos milagros extraordinarios anteriormente; o sea, que el
milagro de participar en cada Eucaristía, viene en dos partes, como ya dijimos
al principio.
(3) En cuanto el alma se decide a vivir en mí Querer, mi Voluntad me crea a
Mí mismo en el alma, - En esta primera parte, el
Señor dice que en el mismo instante en que nos decidimos a vivir en Su Querer,
el Ser Divino biloca Su Voluntad en nosotros, y la primera labor que
esa, recién bilocada Voluntad Obrante hace en nosotros, es la de
crear a un Jesús, e introducirlo en nuestra alma. Si estuviéramos leyendo
este mismo capítulo en el volumen 23, Jesús diría que lo introduce en “la
Esfera de Luz que es Su Voluntad reinante en la criatura que vive en Su
Voluntad”.
¿Cómo viene
este Jesús a nosotros, cómo quiere ser creado en cada uno de los que viven en
Su Voluntad? Los que preparan estas Guías de Estudio piensan que es creado como
recién nacido, todavía sin desarrollo, porque va a desa- rrollarse en función
de nuestro obrar en Su Voluntad. Nada de esto es distinto de cómo la Voluntad
Suprema actúa cuando biloca Su Voluntad en nosotros y Nos da un alma humana.
Esta alma nuestra, viene a nosotros como “página en blanco”, lista para ser desarrollada
en la dirección que nuestra libertad de voluntad la haga llegar, o al supremo
bien de nuestra salvación, o al supremo mal de nuestra condenación eterna.
Comenzamos a
comprender, a tener un atisbo, de la importancia que tiene esta Creación de un
Jesús, particular y único en cada uno de nosotros, que Su Voluntad bilocada
crea en nosotros. Ahora sabemos como viene a nosotros, pero, ¿cómo se
desarrolla este Jesús? Pues en función de las labores que realizamos con Él, en
Su Voluntad, y que Nuestro Señor se ha arrogado a Si Mismo, a saber, entre
otras, la Labor de Misericordia, la Labor de Justicia, la Labor de Redención, y
la Labor de Providencia.
Cada capítulo
nos trae a una comprensión cada vez más
profunda de aquello que Le pidió a
Luisa que hiciera en las 33 visitas
espirituales al Santísimo Sacramento. Es ahora, al cabo de años de estudio que
comenzamos a entender; y lo que ahora entendemos es que nos unimos, no solamente al Jesús Verdadero, al que vivió, murió y resucitó, y ahora está sentado
a la derecha de Su Padre, sino que nos unimos al Jesús particular que Su
Voluntad ha creado en noso- tros, y al unirnos a Él, Le desarrollamos. Nuestro
Jesús hace lo que el Verdadero Jesús hace.
Pero ahí no
termina lo que sucede. No solamente desarrollamos al Jesús particular que
tenemos en nosotros mismos, sino que desarrollamos a todos y cada uno de los
Jesús que cada criatura que vive en Su Voluntad posee, y al mismo tiempo, atención
a esto, desarrollamos, al mismo Jesús Verdadero
que se engrandece aun mas, porque continúa vi-
viendo a través de nosotros;
porque “le hemos dado ocasión” de que continúe viviendo,
y crezca, a través de noso-
tros.
Repetimos. Todos los Jesús bilocados en
cada criatura que vive en Su Voluntad, se desarrollan conjuntamente, porque cuando una de
Sus Bilocaciones se desarrolla, también se desarrolla el Jesús Verdadero, y forzosamente se desarrollan
todas las demás Bilocaciones, en todas las criaturas en las que estén. Todos
claman, como clama el Jesús Verdadero, y
un Jesús engrandecido por todos los actos de los que viven en Su Voluntad; y
todo este Jesús piden el Reino de Su Voluntad en la tierra como en el Cielo.
Dijimos en el párrafo 1 del Bloque (A),
que Nuestro Señor era muy cuidadoso en cómo iba “dosificando” Su Revela- ción
de que La Voluntad Bilocada que obra en nosotros, Le crea en nosotros. Allí
decía que Le acompañamos en Su Obrar Providente: “el
alma que vive en Ella es necesario que esté con confianza obrando junto Conmigo
como due- ña.” Ahora sabemos que Le acompañamos, no separado de
nosotros, fuera de nosotros, sino que acompañamos al Jesús nuestro, el que está
dentro de nosotros. Entendamos bien. Este “estar en nosotros” no es una manera
de ha- blar, sino una realidad que debe conmocionarnos y responsabilizarnos aun
mas, con aquello que quiere de nosotros.
(4) y a medida que mi Querer
corre en la voluntad, en las
obras, en los pasos del alma, tantas
creaciones mías recibe. – En esta segunda parte, Nuestro Señor habla de que no
solamente recibimos un Jesús inicial cuando damos el “Sí, quiero vivir en Tu
Voluntad”, sino que en cada acto que realizamos porque queremos acompañarlo en
Sus Labores, en este caso, Su Labor Providente, tantos nuevos Jesús son creados
por Su Voluntad, y tantos nuevas Bilocaciones de Jesús quedan encerrados en
esos actos realizados.
En el volumen
23, capítulo del 22 de Diciembre de 1927, Jesús habla de que Él se encierra en
cada acto hecho en Su Voluntad, y ahora comprendemos que ese Conocimiento
estaba ya encerrado en este volumen 11, y en este capítulo.
Para evitar
confusión entendamos, que los que viven en Su Voluntad
tienen un Jesús
que fue creado para ellos,
por Su Voluntad Bilocada y Obrante. Los Jesús de que el Señor habla en
este párrafo 4, son Jesús que son creados y ence- rrados en cada uno de los
actos realizados, en Su Voluntad, por esas criaturas que viven en Su Voluntad.
Asimismo entendamos también, que nuestro Jesús se desarrolla en cada acto que
realizamos en Su Voluntad.
Finalmente
ahora estamos preparados para comprender mejor la Afirmación que hace en el
párrafo 2; o sea, la cone- xión que existe entre los que viven en Su Voluntad,
y la Eucaristía. Vayamos despacio.
Cuando yo
ahora, armado con este Conocimiento, vaya a la próxima Misa y llegue el momento
de la Consagración Eucarística, yo ahora puedo expresar que quiero acompañarlo
en esta Eucaristía Providente, y al expresar que lo quie- ro, en Su Voluntad, creo un Jesús que se encierre en
mi acto, y yo puedo ahora hacer que ese Jesús que mi acto ha creado, se una al
Jesús que ha descendido en virtud del poder sacerdotal, y ahora ambos Jesús
bilocados en ese pe- dazo de pan, y poco de vino, se dan en comunión a
todos, y de esa manera puedo yo participar también, porque es necesario
que lo haga, en Su Labor Providente más importante.
Para aquellos que necesitan de
unas palabras que acompañen a este Entendimiento que ahora tengo de lo que
puede y quiere Él que suceda, se puede decir algo parecido a esto que sigue:
Señor Mío, Tu me has hecho
saber que Tu Voluntad Bilocada que Obra en mí, crea un Jesús y lo encierra en cada acto que Ella y yo realizamos conjuntamente. Así ahora,
en esta Misa que estoy
oyendo y en la que participo, quiero que mi Jesús y yo,
estemos contigo en esta Eucaristía que el Sacerdote está realizando, porque yo
quiero, como Tu quieres, acompañarte y encerrarte en el Acto más extraordinario
de Tu Provi- dencia para con todos Tus Hijos, y que así suceda la verdadera,
real, Sacramental transformación, no (so- lamente) en virtud de las palabras
del sacerdote, sino en virtud de Tu Voluntad que obra en mí.
(5) Sucede propiamente como a un cáliz lleno de partículas consagradas, por
cuantas partículas hay, tantos Jesús están,
uno en cada partícula. – Separamos este párrafo,
porque el Señor
continúa Su Analogía
de lo que sucede con
nosotros, es igual a lo que sucede en el Acto Eucarístico. El sacerdote
pronuncia la formula de Consa- gración Eucarístico una vez, pero con esa sola
Consagración, se crean tantos Jesús por cuantas hostias estén presen- tes en el
altar. Así nosotros, en cada acto que realizamos en Su Voluntad, creamos un
Jesús que va encerrado en el acto realizado de querer estar con Él en esa
Eucaristía, Su Mas grande Expresión de Su Amor Providente.
(6) Así el alma, en virtud de mi Voluntad me contiene en todo y en cada
parte de su ser; quien hace mi Voluntad hace la verdadera comunión eterna, y
comunión con fruto completo. - Por si no lo habíamos en- tendido completamente,
la Voluntad Suprema que ha bilocado y obra en nosotros, crea un Jesús en cada
acto que realizamos, y de esa manera, consagramos a Jesús y lo encerramos en
todos y cada uno de nuestros actos en Su Voluntad. Esta manera de “consagrar a
Jesús” abarca la totalidad de nuestras vidas y actos, y de esta manera, insos-
pechada hasta ahora, estamos en perpetua Comunión con Él.
Regresamos
de nuevo a lo que Nos dice en el párrafo 2, a saber, “entonces sucede la verdadera, real, Sacramental
transformación, no en virtud de las palabras del sacerdote, sino en virtud de
mi Voluntad.”. La verdadera, la real transformación Sacramental ocurre
en cada uno de nuestros actos, porque si el objetivo de la Transformación que
se realiza en el acto Eucarístico, es la de encerrarlo a Él en ese pedazo de
pan, y poco de vino, nosotros, en virtud de Su Voluntad Bilocada y Obrante en
nosotros, tenemos el poder de crearlo y encerrarlo en cada acto que hacemos, y
esto incluye, como ya hemos dicho, al mismo Acto Eucarístico, por ser un acto
más que realizamos en Su Voluntad.
Hay una Revelación que necesita ser analizada más completamente.
Con todo
cuidado y precisión, porque en estos puntos tan importantes, Nuestro Señor es
extremadamente preciso, Nuestro Señor Nos dice que “mi Voluntad me crea a Mí mismo en
el alma”.
La palabra
crear puede parecernos extraña, pero a poco que pensemos, nos percatamos de que
el “componente ma- terial” de la
persona de Jesús, o sea, Su Cuerpo Santísimo, es una creación Suya, como también lo es nuestro cuerpo; es lo que Nos da la forma humana
que poseemos.
Por el
contrario, el alma humana de Jesús, como la nuestra, no son creadas, porque
nada que participa del Ser Divino puede ser creado, sino que el alma de Jesús y
la nuestra, son Bilocaciones de Su Voluntad, con las que el Ser Divino Nos da
la funcionalidad de seres humanos, y junto con esa Alma, esa Bilocación de Su
Voluntad, Nos entregan las Tres
Potencias, y la Libertad de Voluntad que nos distingue de toda otra cosa
creada.
Por último,
en la Persona de Jesús,
hay un tercer componente,
componente totalmente Divino, cual es la Unión Hipos- tática de la Segunda Persona de la
Santísima Trinidad. Esto es lo que sabíamos hasta ahora, pero por lo que Jesús dice en el capítulo del 18 de Julio de
1923, volumen 16, no es la Segunda
Persona, la única Persona de la Santísima Trinidad que se encuentra unida hipostáticamente
a Su Humanidad, sino que es la totalidad de la Trinidad Suprema la que está
unida a Su Humanidad.
“Es verdad que se dice que el Verbo quedó concebido, pero mi Padre Celestial y el Espíritu
Santo eran inseparables de Mí; es verdad que Yo
tuve la parte actuante, pero Ellos la tuvieron concurrente. Imagínate dos reflectores, que uno refleje
en el otro el mismo sujeto, estos sujetos son tres, el de en medio toma la
parte obrante, sufriente, supli- cante, los otros dos están junto, concurren y
son espectadores, así que podría decir que uno de los dos reflectores era la Trinidad Sacrosanta, el otro mi
querida Mamá. Ella, en el breve curso
de su vida, con vivir siempre en mi Querer me preparó en su virginal seno el
pequeño terreno divino donde Yo, Verbo Eterno, debía vestirme de hu- mana
carne, porque jamás habría descendido dentro de un terreno humano, y la
Trinidad reflejando en Ella quedó concebida.
Entonces, aquella misma
Trinidad, mientras quedaba en el
Cielo, quedaba concebida en el seno de esta noble Reina”.
Con estos
antecedentes podemos ahora terminar nuestra aclaración. El Acto de Creación del
Jesús “original”, el Ver- dadero Jesús, requirió la creación de un cuerpo en el
que debían residir un alma humana, y la Trinidad Sacrosanta, con Jesús ejerciendo la parte actuante.
Esta misma Creación de Su Persona Total, repetida en cada alma que decide vivir
en Su Voluntad, es la que se Nos entrega para que la desarrollemos en nosotros
mismos, en los demás que tam- bién viven en Su Voluntad,
y para que, de una manera totalmente
incomprensible, pero real, desarrollemos también al Mismo
Jesús Verdadero que está sentado a la derecha del Padre Celestial. Los
misterios se van explicando, pero solo para que sin dejar de ser misteriosos,
Nos sirvan para unirnos más, a Un Dios que tanto Nos ama.
Resumen del capítulo del 27 de Agosto de 1913: (Doctrinal) – Página 96 –
Encontrándome en mi habitual
estado, estaba lamentándome con mi siempre amable Jesús por mi pobre estado
pre- sente, y con toda la amargura de mi alma le decía:
“Vida de mi vida, ¿no quieres ya tener compasión de mí? ¿Para qué vivir? No quieres más servirte de mí, todo ha ter- minado, es tal y tanta mi amargura que por el dolor me siento petrificada, pero lo que es más, que mientras
yo me estoy toda abandonada en tus brazos,
como si ni siquiera diera un pensamiento a mi gran desventura, los demás, y Tú sabes quienes son, me susurran al oído: “Y, ¿cómo? Y, ¿por qué? ¿Entonces has cometido pecados? Te has distraí-
do”. Y lo que es peor, mientras me dicen esto, yo siento que no quiero oírlos, pues es como si interrumpieran el sueño que Tú me haces hacer en los brazos de tu Voluntad. ¡Ah! Jesús, tal vez no te has dado cuenta
de cuán duro me es este
dolor, pues de otra manera vendrías a socorrerme”.
Y otras muchas tonterías
le decía. Entonces
el bendito Jesús me ha dicho:
“Hija mía,
pobre hija mía, te quieren afligir, ¿no es verdad? ¡Ah, hija mía, hago tanto
para tenerte en paz y ellos te quieren turbar! No, no, debes saber que el
primero en disgustarse si tú osaras ofenderme sería Yo, y por eso sería el
primero en decírtelo, y si nada te digo, no te preocupes. Pero, ¿quieres saber
quién es la causa de todo esto? Es el demonio. Él se corroe de rabia y cada vez
que hablas de los efectos de mi Voluntad a quien se te acerca, monta en furor,
y no pudiendo él acercarse a quien hace mi Voluntad directamente, da la vuelta
y va a quien puede acercársete bajo aspecto de bien, para tener al menos el
mísero intento de turbar el cielo sereno del alma en la que me deleito morar,
por eso desde lejos truena y relampaguea creyendo hacer con esto alguna cosa,
pero pobrecito, la fuerza de mi
Voluntad rompe sus piernas y hace caer truenos y relámpagos sobre él mismo, y
queda más enfurecido que antes. Además, no es cierto como tú
dices: ¿A que aprovecha mi
estado? Debes saber que en el alma que hace en verdad mi Voluntad, es tal y tanta la
virtud de mi Querer, que en el lugar donde esté dicha alma, si Yo me acerco
para mandar castigos, encontrando mi Voluntad y mi mismo Amor, no me quiero
castigar a Mí mismo en esa alma, es más, por ella quedo herido y sin fuerzas, y en lugar de castigar me
voy a arrojar en brazos de esa alma
que contiene mi Querer y mi Amor, me
reposo y quedo descansando. ¡Ah, si tú supieras en qué aprietos de amor me
pones y cuánto sufro cuando te veo mínimamente descontenta o turbada por causa
mía, estarías más contenta y los otros dejarían de cau- sarte molestia!”.
Y yo:
“¿Ves, oh Jesús, cuántos males hago, hasta hacerte sufrir tanto?”
Y Jesús inmediatamente:
“Hija mía, no
te turbes por esto, los sufrimientos que me vienen del amor del alma contienen
a la vez grandes gozos, porque el amor verdadero por cuanto lleva sufrimientos, no está jamás separado de gran gozo y de indecibles conten- tos”.
* * * * * * *
En el capítulo
anterior estudiado, Jesús Nos revela sorprendentemente, que una de las primeras
labores, sino es la primera que realizó Su Voluntad recién bilocada en
nosotros, es la de crear un Jesús, para seguidamente, introducirlo en esa Misma
Voluntad Bilocada y Obrante, en la Esfera de Luz de Su Voluntad reinante en
nosotros. Este Jesús parti- cular, Nos acompaña ahora siempre, tanto en la
Labor Providente, como en cada una de Sus otras Labores; a saber, entre otras,
Labor de Misericordia, Labor de Justicia.
En este capítulo, dice el Señor significativamente, las siguientes Palabras:
“Debes saber que en el alma que
hace en verdad mi Voluntad, es tal y tanta la virtud de mi Querer, que en el lugar donde esté dicha alma, si Yo me
acerco para mandar castigos, encontrando mi Voluntad y mi mismo Amor, no me
quiero castigar a Mí mismo en esa
alma, es más, por ella quedo
herido y sin fuerzas, y en lugar
de castigar me voy a arrojar
en brazos de esa alma que contiene mi Querer y mi Amor, me reposo y quedo
descansando”.
La
conclusión que debemos sacar de este capítulo, es la de que el Jesús bilocado y
que habita en el alma de Luisa, no quiere tener la más mínima perturbación. Él
quiere mantenerse siempre en paz, y por eso Le dice a Luisa: “¡Ah, Hija mía,
hago tanto para tenerte en paz, y ellos te quieren turbar!”.
Cuando Jesús,
el que está sentado a la derecha
del Padre, “se acerca”, es decir, cuando Él baja del Cielo,
y se encuen-
tra en esa ciudad o pueblo para castigarlo, si Jesús halla una bilocación de Él Mismo, en una o varias almas, que po-
seen Su Voluntad y Su Amor, Él no
puede ya castigar a ese pueblo o ciudad; y, si a pesar de todo, tiene que
castigar, lo hace en forma aminorada.
Jesús menciona esto en varios
capítulos, inclusive en este mismo volumen 11, capítulo del 6 de Septiembre de
1913, que se refiere a las Horas de la Pasión.
En
ese capítulo, Jesús Le recuerda a Luisa, lo sucedido respecto a los castigos,
diciéndole: “¿Haz acaso olvidado, que Me he unido contigo,
para que las hiciésemos juntos, y como he cambiado los flagelos en Gracias para
toda la tie- rra?”
En el capítulo del 9 de
Diciembre de 1916, en el prologo de las Horas de la Pasión, página 50 de la Edición del Padre Carlos,
el Señor dice:
“En estos tiempos, quiero
grandes satisfacciones, y solo quien Me hace Suyo, a Mi Mismo, Me las puede
dar; y lo que en Mí encontró el Padre, Yo lo quiero encontrar en estas almas,
como en otros tantos Jesús, que Me den corres- pondencia; y estas
intenciones las debe repetir, en
cada Hora de la Pasión que haga, en
cada acción, en todo. Y
si no encuentro Mis Satisfacciones, ¡Ah, para el mundo (todo) se habrá
terminado! ¡Los flagelos lloverán a torrentes, ah Hija Mía, ah Hija Mía!”.
Resumen del capítulo del 3 de Septiembre de 1913: (Doctrinal) – Página 98 –
Mientras estaba
rezando, pero yo no sé explicarme bien, puede ser también una fina soberbia
mía, pero yo no pienso nunca en mí misma, en mis grandes miserias, sino siempre
en reparar, para consolar a Jesús, por los pecadores, por todos, pero no es que
lo piense desde antes, no, sólo basta que me ponga a rezar y me encuentro en
ese punto.
Ahora, yo estaba pensando
en esto, y mi siempre
amable Jesús viniendo
me ha dicho:
“Hija mía,
¿cómo? ¿Te preocupas por esto? Tú debes saber que cuando Yo pongo al alma en mi
Voluntad y ella hace estable morada
en mi Querer, siendo que mi Voluntad contiene todos los bienes posibles e
imaginables, por eso el alma se siente que abunda de todo y se pone en mis mismas condiciones, esto es, que siente necesidad de dar en vez de recibir, siente que ella de nada
tiene necesidad, y si algo quiere puede tomar lo que quiere, no pedirlo. Y como
mi Voluntad contiene una fuerza irresistible de querer dar, sólo queda contenta
cuando da, y mientras da queda más sedienta de dar, ¡y en qué
aprietos se encuentra cuando quiere
dar y no encuentra a quien dar! Hija, al alma que hace
mi Voluntad la pongo en mis mismas condiciones, y le doy parte en mis grandes
gozos y amarguras, y todo su obrar está sellado con el desinterés de sí misma.
¡Ah!, sí, quien hace mi Querer es el verdadero sol que da luz y calor a to-
dos, y siente la necesidad de dar esta luz y calor; y mientras
da a todos, el sol no toma nada de ninguno, porque él es superior a todo y no hay
sobre la tierra quien pueda igualarlo en la luz y en el gran fuego que
contiene. ¡Ah!, si las criaturas pudieran ver a un alma que hace mi Voluntad,
la verían más que sol majestuoso en acto de hacer bien a todos, y lo que es
más, descubrirían en este sol a Mí mismo. Así que la señal de que el alma ha
llegado a hacer mi Voluntad, es si se siente en condiciones de dar. ¿Has
comprendido?”
* * * * * * *
Continua el
Señor con Sus Lecciones sobre la Labor Providente, pero en este capítulo cambia Su enfoque para decirle a Luisa, y a nosotros, que esta Labor
Providente Suya que ella y nosotros ahora hacemos nuestra cuando vivimos en Su
Voluntad, es de todo punto inevitable, porque Nos pone en las mismas
condiciones en las que está Jesús. En un sentido bien especifico, se convierte
en un “barómetro” que mide nuestro progreso en esta Vida en Su Voluntad que Nos
ha regalado. Si queremos saber cuán dentro estamos, cuánto hemos progresado,
dice el Señor, examinemos cuanto tiempo le dedicamos a pensar en nosotros, en
nuestros problemas y situaciones, y cuanto tiempo dedicamos a pensar en Sus
Planes, y Labores, en este caso, la Labor Providente. Esto claramente lo dice
el Señor cuando dice, y extractamos:
“Tú debes saber que cuando Yo
pongo al alma en mi Voluntad … el alma
se siente que abunda de todo y se pone en mis mismas condiciones, esto es, que siente
necesidad de dar en vez de recibir, siente que ella de nada tiene
necesidad, y si algo quiere
puede tomar lo que quiere,
no pedirlo… Hija, al alma que hace mi Voluntad
la pongo en mis mismas condiciones, y le doy parte
en mis grandes gozos y amarguras, y todo su obrar está sellado con el de-
sinterés de sí misma.”
Resumen del capítulo del 6 de Septiembre de 1913: (Doctrinal) – Página 100 – Las Horas de la Pasión
- continuación -
Estaba pensando
en las horas de la Pasión escritas, y en que como están sin indulgencias, quien
las hace no gana nada, mientras que hay tantas oraciones enriquecidas con
tantas indulgencias. Mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús, toda
benignidad, me ha dicho:
“Hija mía, con
las oraciones indulgenciadas se gana alguna cosa, en cambio las horas de mi
Pasión, que son mis mis- mas oraciones, mis reparaciones y todo amor, han
salido propiamente del fondo de mi corazón. ¿Has acaso olvidado cuántas veces
me he unido contigo para hacerlas juntos y he cambiado los flagelos en gracias
para toda la tierra? Por eso es tal y tanta mi complacencia, que en lugar de la
indulgencia le doy al alma un puñado de amor, que contiene precio incalculable
de infinito valor, y además,
cuando las cosas son hechas por puro amor, mi Amor encuentra en eso
su desahogo, y no es indiferente que la criatura dé alivio y desahogo al Amor
de su Creador”.
* * * * * * *
El valor de las
oraciones y actividades indulgenciadas, que Nuestra Santa Madre Iglesia ha
establecido a través de los siglos, con el objeto de estimular la devoción y el
interés de los fieles por esas prácticas religiosas, no queda disminui- do por
lo que Nuestro Señor dice en este capítulo; más bien, lo que el Señor hace es exaltar
el valor que tiene la lec- tura, y el consiguiente estudio, reflexión, y
práctica, por referencia, de lo que entonces ocurriera.
Claramente
establece, que la práctica de las oraciones indulgenciadas es una práctica
humana, mientras que la prácti- ca de las Horas de la Pasión es una práctica
toda Divina. En vez de indulgencias, dice el Señor, “Le doy al alma un punado de Amor,
que contiene un precio incalculable de infinito valor”.
Añade, y esto es consistente con todo lo que Nos dice Él Mismo, en las Horas,
que “Él quiere nuestra
compañía”, y
“no es indiferente que la criatura
de alivio y desahogo al Amor de Su Creador”.
Una observación
adicional que ya hemos discutido en las clases. Cuando Jesús habla de que
concede un “puñado de amor” a cada criatura que haga las Horas de la Pasión
como ya anunciamos, no quiere decir que lo concede posterior al acto de hacer
las Horas, sino que ese “puñado de
Amor Divino” es el Bien que viene encerrado en el acto de hacer- las. No
tenemos ni siquiera una idea del Bien de qué habla, pero Él dice que es de
“precio incalculable”, no solo para nuestra salvación, sino para admitirnos
cada vez más, en el Ámbito de Su Voluntad. Podríamos decir, y esto lo creen
firmemente los que preparamos estas Guías de Estudio, que la práctica asidua de
las Horas de la Pasión, son el ca- mino más rápido para llegar a vivir en Su
Voluntad permanentemente, porque esta práctica es, para Él, la expresión máxima
de nuestra adhesión y fidelidad a Su Persona, y a la totalidad del Ser Divino.
Resumen del capítulo del 12 de Septiembre de 1913: (De Diario)
- Página 101 - El éxtasis de la Divina
Voluntad -
Estaba pensando
en cómo Jesús bendito ha cambiado las cosas, aún viniendo Él yo no quedo
petrificada como antes, sino que en cuanto se va me siento en estado natural;
yo no sé que me ha sucedido, pero lo que es más, es que me da fastidio si me
viene el pensamiento, o bien que quien tiene autoridad sobre mí quiere conocer
mis cosas. Entonces el buen Jesús que me vigila cada pensamiento, y ni siquiera
una de estas mis cosas quiere que mi mente olvide, al venir me ha dicho:
“Hija mía, ¿quisieras acaso tú
que Yo usara cuerdas y cadenas para tenerte atada?
En un tiempo eran necesarias, y Yo con todo amor te
tenía atada y me hacía el sordo ante cualquier lamento tuyo, recuérdalo. Pero
ahora no lo veo ya necesario, hace ya más de dos años que he querido usar
contigo cadenas más nobles, como es mi Voluntad, por eso en este tiempo te he hablado siempre de mi
Querer y de los efectos sublimes e indescriptibles que mí Querer contiene y que a ninguno hasta ahora he
manifestado. Mira cuántos libros
quieras y verás que en ninguno encontrarás lo que te he dicho a ti de mi Voluntad. Esto era necesario para
disponer tu alma al estado presente en el cual te encuentras; después de
haberte tenido siempre conmigo, lo sabía muy bien, que tú no habrías podido
soportar el sufrir la falta de mi presencia continua si no la hubiera
sustituido con una cosa toda mía, que invadiendo toda tu alma debía tenerte
raptada mucho más que como lo haría mi misma presencia, así que mi Voluntad es
la que la sustituye para tenerte raptado cada pensamiento tuyo, afecto, deseo,
palabra, tanto, que tu lengua habla de mi Voluntad con tal elocuencia y entusiasmo, porque
está raptada por mi Querer.
Por eso sientes
fastidio cuando se te pregunta
cómo y porqué Jesús
no viene como antes, porque estás raptada por mi Voluntad, y tu alma sufre cuando te quieren romper el dulce en-
canto de mi Querer”.
Y yo: “Jesús, ¿qué dices? Déjame, déjame, vete, son mis maldades las que me han reducido a este estado”.
Jesús ha sonreído al oír decirse:
“Vete”, y estrechándome más a Él me ha dicho:
“No puedo irme, ¿puedo
acaso separarme de mi Voluntad?
Si tú tienes mi Voluntad
debo estarme siempre
contigo, mi
Querer y Yo somos
uno solo, no somos dos, pero vayamos
a los hechos, dime, ¿cuáles
son tus maldades?”
Y yo: “Amor mío, no lo sé. Tú mismo lo has dicho, que tu Voluntad me tiene raptada, ¿cómo puedo conocerlas? “
Y Jesús: “¡Ah! ¿No las conoces?”
Y yo: “No puedo conocerlas, porque Tú me tienes siempre
arriba y no me das tiempo para pensar en mí misma, y en el acto en el que quiero pensar en mí, Tú, o me reprendes severamente hasta decirme que debería avergonzarme por
hacerlo, o bien amorosamente atrayéndome a Ti con tal fuerza, que haces que me olvide de mí misma, ¿cómo puedo
hacerlo?”
Y Jesús:
“Si no puedes hacerlo significa que Yo me complazco más en que no
lo hagas, manteniendo en ti
mi Voluntad en lugar de todo y
viéndose quitada alguna cosa de lo suyo, por eso te está encima y te impide
pensar en ti misma, sabiendo que donde tiene en todo el lugar mi Querer,
maldades no puede haber. Por eso, celoso me mantengo vigi- lante”.
Y yo: “Jesús,
¿te burlas de mí?”
Y Jesús: “Hija
mía, me obligas a hablar para hacerte comprender cómo
están las cosas. Escucha,
para hacerte llegar a un punto tan noble y divino, Yo he hecho contigo
como dos amantes que se aman hasta la locura; jamás habrías tú amado tanto mi
Voluntad si no me hubieras conocido,
por eso primero te he dado el éxtasis de mi Humanidad, a fin de que conociendo quién soy Yo, tú me
amaras, y para atraer todo tu amor he usado contigo muchas estratagemas de amor, y tú las recuerdas, no es
necesario que te las enumere. Ahora, después de haberte atraído bien, bien, a amar mi persona,
tú has sido tomada por mi Voluntad,
y la amas, y no pudiendo
estar sin Mí después de tanto tiempo, como si hubiéramos vivido juntos,
era necesario que el éxtasis de mi Voluntad tomara el lugar de mi Humanidad, y
todo lo que he hecho antes han sido gracias para disponerte al éxtasis de mi
Voluntad, porque cuando Yo dispongo a un alma a vivir en modo más alto en mi
Voluntad, estoy obligado a manifestarme para infundir gracias tan grandes”.
Y yo sorprendida he dicho: “¡Qué dices, oh Jesús! ¿Cómo, tu Voluntad es éxtasis?”
Y Jesús: “¡Sí,
verdadero y perfecto éxtasis es mi Querer! Y entonces tú rompes este éxtasis
cuando quieres pensar en ti, pero Yo no te dejo vencer. Por lo tanto, los
tiempos que exigen grandes castigos vendrán, si bien tú no lo crees, pero
creerás tú y quien te dirige cuando oigan de ellos, por eso
es necesario que el éxtasis de mi Humanidad sea inte- rrumpido, pero
no del todo, de otra manera tú me atarías por todos lados, así que haré entrar
el dulce encanto de mi Querer para hacerte sufrir menos al ver los castigos”.
* * * * * * *
Interesantísimo
capítulo de diario, con importantes
noticias doctrinales. Nuestros comentarios serán dirigidos al aspec- to de los dos éxtasis, el éxtasis de Su Humanidad y el
éxtasis de Su Voluntad. Comencemos el análisis.
Como de costumbre, debemos
acudir al Diccionario para buscar la definición de éxtasis. Dice el Diccionario
que éxtasis es:
1)
Estado del alma enteramente embargada por un sentimiento de admiración y alegría.
2)
Estado del alma caracterizado interiormente por una unión mística con
Dios mediante la contemplación y el amor,
e interiormente por la suspensión mayor o menor de los sentidos.
Lleguemos
rápidamente a lo que nos interesa. En la línea de creación de Adán, el estado
natural del alma de Adán antes del pecado, era el estado en que Luisa se
encuentra ahora; estado en el que Luisa, viviendo en Su Voluntad, no se
ocupa de ella para nada y solo se ocupa de las cosas de Dios. Es el mismo
estado de paz y de santa indiferencia que hubiéramos gozado todos si Adán no
hubiera pecado.
La única
diferencia entre el estado de Adán antes del pecado, y el de Luisa ahora, es
que en Adán no existía ningún
recuerdo de cómo era todo antes de ese estado natural de éxtasis permanente en
el que se encontraba, y la razón es obvia: no hubieran existido recuerdos de
desavenencias con Su Creador, como sí los hay en Luisa. Pero no son estos
recuerdos de desavenencia lo que hace que Luisa muestre asombro y disgusto.
Si leemos nuevamente como comienza el capítulo, nos damos cuenta de
que Luisa afirma que ya no queda petrificada como antes: “aún viniendo Él, yo no quedo petrificada como antes, sino que en cuanto
se va me siento en estado
natural”.
Dicho de otra
manera. Ha estado ocurriendo un cambio drástico en la relación de Dios con
Luisa, en esta Vida en Su Voluntad. Este cambio
no solo lo observa Luisa, sino que también lo observa su sacerdote confesor, que ahora cuando viene a darle la bendición a Luisa, celebrar la
Misa y darle la Comunión, ya no la encuentra petrificada como antes. Todo esto
requiere una explicación de Nuestro Señor, el único que puede darla.
Por lo que dice
Jesús, Luisa ha estado en este estado de éxtasis de Su Voluntad desde el año de
1911; pero antes de esto, Luisa vivía en el éxtasis de Su Humanidad. Dicho de
otra manera. Luisa ha llegado a este estado de
Éxtasis de Su Voluntad
indirectamente a través de lo que Jesús llama, el Éxtasis de Su Humanidad.
Examinemos un poco toda esta situación.
En la
definición del Diccionario, el éxtasis viene definido en función de unión
mística con Dios, pero sabemos que pu- diéramos quedar extasiados en la
contemplación de algo que no sea Dios, siempre y cuando la contemplación de ese
otro algo sea lo suficientemente absorbente como para suspender nuestros sentidos
y dejarnos ensimismados, “fuera de este mundo”.
Dicho esto, sin
embargo, lo importante es que veamos que existe un segundo elemento en todo
éxtasis. Por estos escritos sabemos, que hay más de un Ente Componente en el
Ser Divino. En este caso, como vemos, Jesús discrimina y dice que hay un
éxtasis con Él Mismo, y otro éxtasis distinto con Su Voluntad.
Dos preguntas vienen de inmediato a
nuestra mente. La primera pregunta tiene que ver con lo que sucede en el
éxta- sis de Su Humanidad, y la segunda nos hace preguntar por qué era
necesario este estado de éxtasis de Su Humani- dad.
Contestando a la primera pregunta, sabemos que el éxtasis de Su Humanidad es más fuerte,
más intenso, y que no es solo una suspensión de los sentidos,
sino que en el éxtasis de Su Humanidad, el Señor rapta al alma de manera tal,
que Luisa pierde toda función vital, queda petrificada, y para todos los
efectos clínicos, muerta. Aunque esto no lo habíamos comentado antes, por más
de 20 años, desde aproximadamente 1889 hasta el año de 1911, Luisa ha sido
resucitada diariamente; milagros como el de Lázaro se repetían diariamente por
Jesús, en virtud de la bendición que Él
Mismo impartía a Luisa a través del sacerdote confesor.
Contestando a
la segunda pregunta, dice el Señor que este éxtasis de Su Humanidad era
necesario para prepararla apropiadamente a experimentar el Éxtasis de Su
Voluntad, de manera permanente. En la primera etapa de la vida de Luisa, era
necesario que Jesús la instruyera personalmente, y aceleradamente, en las “cosas
de Su Voluntad”, como a veces hay que hacerlo con un estudiante al que hay que
enseñar mucho y es poco el tiempo que se tiene. Esta casi constante compañía de
Jesús, aunque imprescindible para conseguir esta enseñanza rápida, tenía la
desventaja de que, una vez terminado el curso intensivo, Luisa no sería capaz
de resistir el estar privada de Su Presencia continua. Así dice el Señor:
“Hija mía, me obligas a hablar
para hacerte comprender cómo están las cosas. Escucha, para hacerte llegar a un
punto tan noble y divino, Yo he hecho contigo como dos amantes que se aman
hasta la locura; jamás habrías tú amado tanto mi Voluntad si no me hubieras
conocido, por eso primero te he dado el éxtasis de mi Humanidad, a fin de que conociendo quién soy Yo, tú me
amaras, y para atraer todo tu amor he usado contigo muchas estratage- mas de
amor, y tú las recuerdas, no es necesario que te las enumere. -
Ahora,
después de haberte atraído bien, bien, a amar
mi persona, tú has sido tomada por mi Voluntad, y la amas, y no pudiendo
estar sin Mí después de tanto tiempo, como si hubiéramos vivido juntos, era
necesario que el éxtasis de mi Voluntad tomara
el lugar de mi Humanidad, y todo lo que he hecho antes han sido gracias para
disponerte al éxtasis de mi Voluntad, porque cuando Yo dispongo a un alma a
vivir en modo más alto en mi Voluntad, estoy obligado a manifestarme para
infundir gracias tan grandes.”
Así
pues, ha estado preparando a Luisa por dos años, casi sin que ella se diera
cuenta de lo que estaba ocurriendo, y esto lo lograba comenzando a darle este
Éxtasis de Su Voluntad, simultáneamente con el Éxtasis de Su Humanidad,
sustituyendo el uno por el otro en forma gradual. Así dice Jesús: ”Pero ahora no
lo veo ya necesario, hace ya más de dos años que he querido usar contigo
cadenas más nobles, como es mi Voluntad, por eso en este tiempo te he ha- blado
siempre de mi Querer y de los efectos sublimes e indescriptibles que mí Querer
contiene y que a ninguno hasta ahora he manifestado.”
Como vemos,
este segundo éxtasis de Sus Voluntad es mas “tranquilo”, menos intenso pero más
profundo, porque si Su Plan es que regresemos al estado original en que se encontraba Adán antes del pecado, este estado de “éxtasis de
Su Voluntad”, es el natural en el que quiere encontrarnos a todos los que
vivimos en Su Voluntad, extasiados de Su Voluntad, en mayor o menor grado, pero
extasiados.
De esta manera,
hacemos como hace el Señor, usamos de Su Misma Lógica circular, terminando como
habíamos co- menzado.
No podemos
en realidad terminar, y aunque
Jesús no lo diga, que Su
Madre Santísima siempre ha vivido en este Éxta- sis de Su Voluntad, con todos Sus Sentidos embargados por esta
Contemplación y este Amor, y esta
Comunión perfec- ta con la Voluntad
de Su Creador.
Resumen del capítulo del 20 de Septiembre de 1913: (Doctrinal) - Página 104 -
Estaba pensando
en mi estado presente en el que poco o nada sufro, y Jesús rápidamente me ha dicho:
“Hija mía, todo
lo que sucede en torno y dentro del alma, amarguras, placeres, contrastes,
muertes, privaciones, con- tentos y demás, no es más que mi trabajo continuo de
hacer cumplir y desarrollar en ellos mi Voluntad, cuando ob- tengo esto, todo
está hecho, y por eso todo le da
paz, aun el mismo sufrir parece que
quiere estar lejos de esta alma, viendo que el Querer Divino es más que él, y que el alma lo tiene en lugar
de todo y supera todo; parece que todos le hagan reverencia, y Yo mismo
cuando el alma llega a este punto en el que de todo se sirve para hacerme
cumplir el trabajo de mi Querer, la dispongo para el Cielo”.
* * * * * * *
Importante y extremadamente condensado capítulo sobre los elementos básicos
de esta Vivencia
en Su Voluntad. Esta
condensación es necesaria porque todavía estamos en el volumen 11, pero si nos
fijamos, vemos en cada línea ele- mentos que luego serán desarrollados con
mucha más profundidad y extensión en volúmenes posteriores. Vayamos paso a
paso.
(1) Hija mía, todo lo que sucede en torno y dentro del alma, amarguras,
placeres, contrastes, muertes, privaciones, contentos y demás, - Aunque no lo hemos
desmenuzado mas, este primer párrafo contiene dos noti- cias de importancia.
a) Todo lo que sucede en torno y dentro del alma - Claramente el Señor habla de
que todo lo que nos su- cede en torno a nuestra alma, o sea,
provocado por otras criaturas que interaccionan con nosotros
en nuestra vida diaria, y todo lo que sucede dentro de nuestra alma,
o sea, toda Sugerencia Amorosa Suya que viene di- rectamente a nosotros sin
intermediarios, es trabajo Suyo. Dicho de otra manera, todos trabajan para que Él consiga Su Propósito con los
que viven en Su Voluntad.
b) Amarguras, placeres, contrastes, muertes, privaciones, contentos y
demás – Siempre
que el Señor da ejemplos de aquello que constituye el todo, debemos fijarnos con cuidado en aquello que ejemplifica Su
afirmación. El
concepto de contraste causa extrañeza y provoca una búsqueda inmediata en el
Diccionario. La palabra contraste significa “oposición, contraposición, o
diferencia notable que existe entre personas o cosas”. Entendido esto, también
entendemos rápidamente que los restantes conceptos del ejemplo son contrastes. Las amarguras y los placeres, los
entendemos con facilidad, puesto que nuestra vida alterna frecuentemente en
estas dos clases de situaciones. Los conceptos de muertes, privaciones,
contentos, tampoco nos son extra- ños, y todos, unos mas y otros menos, son
estados contrastantes. El “demás” que usa Nuestro Señor parece indicar que todo
posee esta misma virtud contrastante, no en sí mismas, sino por la manera en
que Nuestro Señor lo dirige todo, y Nos lo “presenta” todo, para que resulte
contrastante. De hecho, como dice en el pá- rrafo 2,
(2) (todo) no es más que mi trabajo continuo de hacer cumplir y desarrollar
en ellos mi Voluntad. – La extraordinaria enseñanza de este capítulo, no es el hecho de que
podamos vivir en Su Voluntad, y que todo lo que sucede El lo causa o lo
permite, sino que lo extraordinario de este capítulo es el Énfasis que pone en
hacernos saber, que todo sucede por contraste, por oposición de una cosa con la
otra. Nuestra “educación” en la Vida en Su Voluntad, está salpicada por
continuos contrastes, que resultan inevitables, porque ese es el Modo como Él
quiere “educarnos”. Antes podíamos especular que esto era así; ahora,
estamos seguros porque Él lo revela específicamente.
Observemos que dice “hacer cumplir”,
porque nuestra vida en Su Voluntad debe estar atentísima a todo lo que cons-
tituye y siempre ha constituido hacer Su Voluntad, tales como los Mandamientos,
las Leyes y preceptos de Nuestra Santa Madre Iglesia relativos a la moral y practica, etc. Observemos que también
dice “desarrollar
en ellos”, porque la Vida en Su Voluntad se desarrolla a través de
situaciones contrastantes.
Debemos
comprender que todo lo que es contrastante causa, como mínimo, perplejidad, y a
esta perplejidad se sigue disgusto, consternación a veces, desesperación otras.
Después de leer y entender este capítulo, ya nada de esto debe extrañarnos.
Como dice el viejo refrán español: “guerra avisada no mata soldado”. Esta es la
manera, el modo que el Señor trabaja para “educarnos”, y por tanto dejemos de
luchar con los contrastes; abracémoslos como cosa connatu- ral y aprendamos a
dejar que pasen a través de nosotros con fluidez, sin resistencia, porque la
Promesa implícita de Dios está encerrada en el párrafo 3, y esa Promesa dice
que todo pasa, que ninguna situación “educativa” es perma- nente, porque cuando
se educa a otro, nada de lo que sucede es un fin en sí mismo, sino que todo lo
que sucede es “herramienta educativa”, que desaparece al cabo de un rato, para
ser reemplazada por otra herramienta, hasta que el proceso quede concluido.
(3) cuando obtengo esto, todo está hecho, y por eso todo le da paz, - Otra Revelación
extraordinaria de este capítulo es que el proceso educativo termina. Hasta
ahora pensábamos que la vida es un
valle de lágrimas, porque son más las lágrimas
que las sonrisas, y que
esto no termina mientras vivimos.
Esto es incorrecto. Dice el Señor que el
proceso educativo termina, si, y atención a esto, nos dejamos educar.
Para aquellos que no se dejan educar, tanto en la vida virtuosa como en la vida sobrenatural de Su Voluntad,
el proceso no tiene
termino, porque Él no ha obtenido lo que busca, y como decía C. S. Lewis,
“Él no se detiene hasta conseguir lo que busca”.
Por el
contrario, si Él “obtiene esto”, o sea, si Él obtiene que cumplamos Su Voluntad
y desarrollemos esta Vida en Su Voluntad, entonces, todo aquello que antes era
perplejidad, disgusto, consternación, desesperación, o desaparece, o se
transmuta en Paz, porque nuestra vida educada, está ahora centrada en Él, que
esto es “estar en paz”.
(4) aun el mismo sufrir parece que quiere estar lejos de esta alma, viendo
que el Querer Divino es más que él, - Decíamos en el párrafo anterior que otro de lo
extraordinario del capítulo, es que es posible que el mismo sufrir, y por
extensión, toda situación contrastante, llegue a abandonarnos, llegue a
desaparecer, porque todo empe- queñece o desaparece, enfrentada a una vida educada,
desarrollada en Divino
Querer. La felicidad en esta tierra nues-
tra, puede llegar a ser posible, pero solo porque es una felicidad divina que
se nos regala mientras todavía vivimos en
la tierra, porque vivimos en Su Voluntad; más en el Cielo que en la tierra.
(5) y que el alma lo tiene en lugar de todo y supera todo; - Continua explicando que
cuando ponemos nuestra Vida en Su Voluntad, educada por Él, por encima de todo,
y en lugar de lodo lo demás, toda situación contrastante desaparece,
particularmente el mismo sufrir, porque ya nada necesita ensenarnos, nuestra
educación es completa.
(6) parece que todos le hagan reverencia, - El Señor personifica a todas
estas situaciones contrastantes, dicién- donos
que quieren estar lejos de nosotros, y que nos hacen reverencian. No sabemos si el lector ha comprendido, que en este
proceso educativo, cada situación contrastante es “superior” a nosotros, porque
cuando se presentan, domi-
nan nuestras vidas, las retuercen, “la
letra con dolor entra”; al ser “inferiores” a ellas,
nos sojuzgan. Sin embargo,
una vez que nos hemos dejado educar, si se presentan, ya no son
“superiores” a nosotros, porque ya no nos dominan, ni somos veletas a sus vientos. Nos hacen reverencia, porque ahora nosotros somos superiores a todas estas
situaciones que antes nos dominaban, porque reina en nosotros esta Vida en Su
Voluntad que Nos ha regalado.
(7) y Yo mismo cuando el alma llega a este punto en el que de todo se sirve
para hacerme cumplir el trabajo de mi Querer, la dispongo para el
Cielo. – Esta preparación, esta disposición para el Cielo,
no debe asus- tarnos, sino por el contrario, debe
alegrarnos. ¿Por qué el susto? Porque muchos lectores podrán pensar que
mientras más avanzamos en la Vida en Su Voluntad, mas cercarnos estamos a ser
llevados al Cielo; pero, ¿qué importancia puede tener esto para nosotros, si de
todas maneras, estamos avanzando inexorablemente a este partir al Cielo? Par-
tir, partiremos, pero cómo partir es lo importante.
Dicho esto,
para salir rápidamente de la parte difícil del párrafo, debemos comprender estas
palabras significativas, que parecen invalidar lo dicho anteriormente.
Dice que cuando
el alma llega al punto de que “de todo se sirve para hacerme
cumplir el trabajo de Mi Querer”. Comprendamos entonces que las
situaciones contrastantes pueden continuar todos los días de nuestras vidas,
pero ahora nos servimos de ellas para lograr Su Propósito Educativo. Ya no nos
dominan, sino que las dominamos, y las utilizamos para nuestra educación, para darle ocasión de que pueda realizar Su Trabajo de desarrollo de nuestra
vida en Su Voluntad.
Resumen del capítulo del 21 de Septiembre de 1913: (Doctrinal) – Página 105 -
Esta mañana, mi
siempre amable Jesús se ha hecho ver con una dulzura y afabilidad
indescriptibles, como si me qui- siera decir una cosa para Él muy querida y
para mí de gran sorpresa. Entonces, abrazándome y estrechándome a su corazón me
ha dicho:
“Hija querida
mía, todas las cosas que el alma hace en mi Voluntad y junto Conmigo, esto es,
oraciones, acciones, pasos, etc., adquieren mis mismas cualidades, la misma
vida y el mismo valor. Mira, todo lo que Yo hice en la tierra, oraciones,
sufrimientos, obras, están todos en acto y estarán eternamente para bien de
quien los quiera. Mi obrar difiere del obrar de las criaturas, pues conteniendo
en Mí la potencia creadora, hablo y creo, así como un día hablé y creé el sol,
y este sol está siempre lleno de luz y calor, y da siempre luz y calor sin
disminuir jamás, como si estuviese en acto de recibir de Mí creación continua.
Tal fue mi obrar en la tierra, conteniendo en Mí la potencia creadora, así como
el sol está en continuo acto de dar luz, así las oraciones que hice, los pasos,
las obras, la sangre derramada, están en
continuo acto de rezar, de obrar, de caminar, etc., así
que mis oraciones continúan, mis pasos están siempre en acto de correr hacia las almas, y así de todo lo
demás, de otra manera, ¿qué gran diferencia habría entonces entre mi obrar y el
de mis santos?
Ahora, escucha
hija mía una cosa muy bella, y aun no comprendida por las criaturas: Todo lo
que el alma hace junto Conmigo y en mi Voluntad, tal como son mis
cosas así quedan las suyas,
y debido a la
conexión con mi Voluntad y por
el obrar junto Conmigo, participa de mi misma potencia creadora”.
Yo he quedado extática
y con un gozo tal que no podía contener, y le he dicho: “¿Es posible, oh Jesús
todo esto?”
Y Él: “Quien no comprende esto puede decir que no me conoce”.
Y ha
desaparecido. Pero yo no sé decir bien, ni sé explicarme mejor, ¿quién puede
decir lo que Jesús me hacía com- prender? Es más, me parece haber dicho
disparates.
* * * * * * *
(1) Hija querida mía, todas las cosas que el alma hace en mi Voluntad y
junto Conmigo, esto es, oracio- nes, acciones, pasos, etc., adquieren mis
mismas cualidades, la misma vida y el mismo valor. – Como de costumbre, el
Señor anuncia la gran Revelación del capítulo, a saber, que todo lo que hacen
los que viven en Su Vo- luntad, y junto con Él, adquieren 1) las mismas
cualidades divinas, 2) la misma vida de Su Voluntad, y 3) el mismo valor
Divino, que adquirirían si Él las hiciera personalmente. Cuando el Señor
dice estas cosas, tan precisa y rotunda-
mente, a los
que preparan estas Guías de Estudio, Les parece que Nos dice a todos a los
oídos: “En verdad, en ver- dad, Te digo, hijo o hija mía, soy Yo mismo el que
las hace”.
Estamos en el volumen 11, el volumen
en el que el Señor comienza
Su explicación detallada de lo que significa vivir en
Su Voluntad. Esto que dice en este primer párrafo constituye el meollo de
toda la Doctrina de Su Voluntad, y cómo vivir en Ella, que ira
desarrollando, poco a poco, en los restantes volúmenes. Si algo tenemos que
tener clarísimo en nuestras mentes, es lo que dice en este primer párrafo.
Observemos lo que dice al final del capítulo: “Quien no com-
prende esto puede decir que no me conoce”.
Las
implicaciones son extraordinarias. Una de las que el Señor no menciona en este
capítulo, pero que debemos re- cordar siempre, es que nuestro mérito personal,
el grado de perfeccionamiento espiritual que cualquiera de nosotros pueda
alcanzar y tenga cuando actúa en Su Voluntad, para nada influyen en el valor
que unos u otros actos tienen frente al Ser Divino. Dicho de otra manera. Tan valiosos son los actos
de uno que empieza a vivir en Su Voluntad, y
los hace junto con Jesús, como los actos de uno que lleva varios años de
aprendizaje y también los realiza junto con Jesús.
Otra de las
implicaciones extraordinarias es, que debemos acoger Sus Sugerencias
amorosas y actuar siempre, inde- pendientemente de nuestro fervor, de nuestras
disposiciones imperfectas, de nuestra condición física. Todo esto viene porque
Nos hace entender que son los actos hechos en Su Voluntad, y junto con Él lo
que cuenta de nosotros, lo que necesita de nosotros para Sus Planes. Dicho de
otra manera. Negarle nuestros actos en Su Voluntad, y junto con Él, por escrúpulos, por un sentido falso de nuestro
propio valor o e nuestras disposiciones más o menos correctas, no es aceptable.
No estamos hablando aquí de actuar en pecado mortal, porque en esas condiciones
de enemistad, nada es posible, sino que hablamos del estado de imperfección en el que todos
vivimos, más o menos acentuados, y que espe- ramos y sabemos mejora, en la
medida que actuamos en Su Voluntad y junto con Él. ¿Cómo podemos no mejorar,
actuando en Su Voluntad y junto con Él? Por el contrario, ¿cómo podemos pensar
siquiera que vamos a mejorar no actuando en Su Voluntad y desasociados de Él?
Dicen los científicos que por tristes que estemos, si forzamos los músculos y
las expresiones faciales que acompañan a la sonrisa, nuestra tristeza
desaparece.
Hemos enfatizado en todo momento, que no
es suficiente actuar en Su Voluntad,
sino que debemos hacerlo junto con
Él. Es incorrecto no tenerlo a Él en nuestra mente cuando actuamos. Ambos
elementos son necesarios, pero solo cuando las dos están presentes en nuestra
actuación, es cuando nuestra actuación es suficiente para conseguir Sus
Objetivos. Por último recordemos que el acto preventivo que debemos hacer por
las mañanas de pedirle que nos acompañe en todo lo que hacemos en ese día, o
sea, que venga a pensar con nuestra mente, respirar con nuestra respiración,
etc., cumple cabalmente con este objetivo.
(2) Mira, todo lo que Yo hice en la tierra, oraciones, sufrimientos, obras,
están todos en acto y estarán eternamente para bien de
quien los quiera. - No solamente lo que hacemos en Su Voluntad
y junto con Él ahora, es lo que Él necesita de nosotros,
sino que necesita que repitamos lo que ya Él hizo en la tierra cuando
estuvo con nosotros. Todo esto lo dice indirectamente como es Su Costumbre,
pero es igualmente necesario suceda para los que vivimos en Su Voluntad.
Solo podemos llegar
a colaborar con Él
como Él quiere, si actuamos en estos dos aspectos. Lo que
hacemos como si Él lo hiciera, y lo
que hacemos, repitiendo porque ya Él lo hizo, nos sirve para apropiarnos y
esparcir para otros, todos los Bienes
y Frutos que Su Actuación en la tierra ganó para nosotros. Todo parece una
Sugerencia más, cuando dice, que todo lo que Él hizo “está en acto
para bien de quien los quiera”,
pero, ¿quién puede desdeñar tamaña Sugeren- cia? Para los que viven en
Su Voluntad, es inconcebible no querer apropiarnos de los Bienes y esparcir los
Frutos que Sus Actos encierran.
(3) Mi obrar difiere del obrar de las criaturas, pues conteniendo en Mí
la potencia creadora, hablo y creo, así como un
día hablé y creé el sol, y este sol está siempre lleno de luz y calor, y da
siempre luz y calor sin disminuir jamás, como si estuviese en acto de recibir
de Mí creación continua. – Nuestro Señor declara que Su Actividad como Dios, como Segunda Persona
de la Santísima Trinidad, habla, y cuando habla, crea, cualquiera cosa que sea
el Objeto de Su Palabra creadora. Esta Actividad Divina es posible, declara Él,
en una forma muy sutil, pero extremadamente efectiva, porque Ellos Tres poseen
a Su Voluntad como Vida y Ejecutora de todo Su Obrar. La única diferencia,
entre Su Obrar como Dios y Su Obrar como Dios humanado en la persona de Jesús.
Cuando obra como Dios, la Voluntad Suprema actúa, vía el Amor Divino. Cuando
actúa como Jesús, es la Voluntad Suprema biloca- da y obrante en Jesús hombre,
la que actúa, vía el Amor Divino.
(4)
Tal fue mi obrar en la tierra, conteniendo en Mí la potencia creadora, así como el sol está en continuo acto de dar luz, así las
oraciones que hice, los pasos, las obras, la sangre derramada, están en
continuo acto de rezar, de obrar, de caminar, etc. - Aunque es
innecesario recordarlo, pero lo hace de todas maneras, Nuestro Señor Nos dice que cuando Él actuaba
como Jesús, el Dios humanado,
Su obrar contenía “la potencia creado- ra”, porque
también Él, como hombre, necesitaba vivir en Su Voluntad, para que Sus Actos
humanos tuvieran el valor universal que tienen.
Esto lo sabemos
por otros capítulos en los que Nos dice, que como Él actuaba en Su Voluntad, Su
Redención pudo alcanzar a todos, y tener el valor universal que tiene. Dicho de
otra manera. Sus actos humanos tienen este valor universal y eterno, porque
fueron hechos por un Jesús que vivía en la Divina Voluntad, y poseía la potencia
creadora de una Voluntad Bilocada y Obrante en Él, como ahora, está bilocada y
obra en cada uno de nosotros.
Aunque sea
anticiparnos a lo que Nos
dirá en el párrafo 6, es
esta misma potencia creadora la que Nos concede cuan- do vivimos en Su Voluntad.
(5) así que mis oraciones continúan, mis pasos están siempre en acto de
correr hacia las almas, y así de todo lo demás, de otra manera, ¿qué gran
diferencia habría entonces entre mi obrar y el de mis santos? – El punto que
el Señor quiere destacar, es que la diferencia extraordinaria que
existe entre Su Obrar y el de Sus San- tos, es que Sus Santos antes de Luisa, no poseían el Don
de vivir en Su Voluntad, como lo tiene Luisa, y ahora noso- tros por extensión
de ese Don reintegrado en Luisa. Todo lo que Él hizo está en acto de hacerse
continuamente, eter- namente, y todo esto para beneficio de todos, los que
viven y los que no viven en Su Voluntad.
(6)
Ahora,
escucha hija mía una cosa muy bella, y aun no comprendida por las criaturas:
Todo lo que el alma hace junto Conmigo y en mi Voluntad, tal como son mis cosas
así quedan las suyas, y debido a la conexión con mi Voluntad y por el obrar
junto Conmigo, participa de mi misma potencia creadora”. – Remacha, con
desacostumbrada precisión en Sus Palabras, precisión que reserva el Señor para
los puntos de gran importancia en este Apostolado: Todo lo que se hace en Su
Voluntad, por criaturas que viven en Su Voluntad, partici- pa de los mismos
efectos Divinos que tenía y tiene el obrar de Jesús, “tal y como son
Mis Cosas así quedan las su- yas”, porque todos “participamos
de Su Misma Potencia creadora”.
Ya
lo dijimos anteriormente, y lo repetimos ahora. Si alguien duda, como duda
Luisa, de que esto sea posible, dice el Señor: “Quien no comprende esto puede
decir que no me conoce”.
A nosotros solo
nos queda parafrasear lo que dice y así decimos: Quien no crea esto que Nos dice, no comprende nada de esta Vivencia.
Resumen del capítulo del 25 de Septiembre de 1913: (Doctrinal) – Página 107 – La Santidad
-
Habiendo dicho al confesor que Jesús me había dicho que la Voluntad de Dios es
el centro del alma, y que este
centro está en el fondo del alma, que como
sol expandiendo sus rayos da luz
a la mente, santidad a las acciones, fuerza a los pasos, vida al corazón, potencia a la
palabra, a todo; y no sólo esto, sino que este centro de la Voluntad de Dios,
mientras nos está dentro para hacer que nunca la podamos dejar, y para estar a
nuestra continua disposición y ni siquiera un minuto dejarnos solos ni
separados, nos está al frente, a la derecha, a la izquierda, por detrás y por
do- quier, y aun en el Cielo será nuestro centro, el confesor decía en cambio
que nuestro centro es el Santísimo Sacra- mento.
Entonces, al venir el bendito Jesús
me ha dicho:
“Hija mía, Yo debía
hacer de modo que la santidad debía ser fácil y accesible a todos, excepto para quien no la quisie- ra, y en todas las condiciones, en todas las
circunstancias y en todos los lugares. Es verdad que el Santísimo Sacra- mento
es centro, pero, ¿quién la instituyó? ¿Quién sojuzgó a mi Humanidad a
encerrarse en el breve giro de una hos- tia? ¿No fue mi Voluntad? Por lo tanto
mi Voluntad tiene siempre la supremacía sobre todo; y además, si el todo está
en la Eucaristía, los sacerdotes que me llaman del Cielo en sus manos y que
están más que todos en contacto con mi carne sacramental deberían ser los más
santos, los más buenos, y en cambio
muchos son los más malos. ¡Pobre de Mí, cómo me tratan en el Santísimo
Sacramento! Y tantas almas devotas que me reciben,
tal vez todos los días, debe- rían ser otras tantas santas si bastara el centro
de la Eucaristía, y en cambio, cosa de llorar, están siempre en el mis-
mo punto:
Vanidosas, iracundas, escrupulosas, etc., ¡pobre centro del Santísimo
Sacramento, cómo quedo deshonra- do! En cambio una madre de familia que hace mi
Voluntad y que por sus condiciones, no que no quiera, no puede recibirme todos
los días, se ve paciente, caritativa, lleva en sí el perfume de mis virtudes
eucarísticas; ¡ah!, ¿es acaso el Sacramento, o mi Voluntad, a la que ella se ha
sometido la que la tiene sojuzgada y que suple al Santísimo Sacra- mento? Es
más, te digo que los mismos Sacramentos producen sus frutos según las almas
están sujetas a mi Volun- tad, y según la conexión que tienen con mi Querer así
producen sus efectos, y si conexión con mi Querer no hay, me comulgarán pero
quedarán en ayunas; se confesarán, pero quedarán siempre sucias; vendrán a mi
presencia Sacra- mental, pero si nuestros quereres no se identifican estaré para ellas como muerto, porque
sólo mi Voluntad en el alma que se hace sojuzgar por Ella
produce todos los bienes y da vida a los mismos Sacramentos, y quien esto no
com- prende, significa que es niño en la religión”.
* * * * * * *
Este es un
capítulo repleto de información importante y es extremadamente consolador,
particularmente en lo que dice en el
párrafo 1. Por Sus Mismas Palabras en este párrafo 1, este capítulo merece
ocupar un lugar de honor entre los capítulos de este volumen que tratan sobre
Su Labor Providente; pero todo esto es adelantarnos demasiado. Por ahora, y antes de analizar las Palabras del Señor en este capítulo,
debemos examinar un poco los antecedentes de Sus
Palabras, o sea, lo que Luisa Le ha dicho al Confesor y lo que el Confesor le
ha replicado.
Lo que dice Luisa es muy interesante y novedoso, pero hay un detalle del
que el lector debe percatarse, y es que Luisa
dice que “el Señor le había dicho”,
pero esa conversación no ha sido documentada por ella, por lo menos no
recordamos ningún capítulo anterior en el que ella hable de esto. Volviendo
ahora al tema de importancia. Pero, lo que
no documentó antes, lo documenta ahora, así que nada hemos perdido. Dice Luisa
que:
“La voluntad de Dios es el centro del alma, y este centro
está en el fondo del alma”; y añadimos nosotros, por tanto,
la Voluntad de Dios está en el fondo del alma.
Con esta
alegoría Nuestro Señor quiere llevarle a Luisa y a nosotros la idea fundamental
de que lo más importante de nuestras vidas, de nuestra existencia, debiera ser,
y ahora afortunadamente es, Su Voluntad. Nuestra alma es lo más importante que
tenemos, porque es la Voluntad Bilocada de Dios que Nos da forma y funcionalidad como seres huma-
nos; pero ahora, esa Voluntad Bilocada y Obrante, esa nueva Vida de Su Voluntad
que ha formado en nosotros, está en el centro mismo y fondo de esa otra
Voluntad Bilocada que llamamos alma, la rige, la dirige, la ordena al Plan
Ori- ginal, a la labor más importante para la que fuimos creados: la
construcción, primero internamente en
nosotros, y luego externamente, junto con otros seres humanos en
circunstancias similares, del Reino del Fiat Supremo como en el Cielo en la tierra.
La alegoría
pues, destaca la importancia absoluta de esta Vida en Su Voluntad que Nos
regala, hablándole a Luisa de su “posición” central en el alma, y dentro de
ella, su “posición” en lo más profundo posible de esa alma; pero el Con- fesor,
con la docilidad propia y correcta de su vocación religiosa y su adhesión a lo
establecido oficialmente, la contra- dice, y le reafirma a Luisa la posición
oficial de la Iglesia respecto de que la Eucaristía, dentro del marco de la
Santa Misa, es el Centro y lo más importante de nuestras vidas.
Como ya leemos,
el Señor no contradice al Confesor, pero si quiere que el Confesor comprenda
que eso que él dice, era correcto hasta ahora, que ha decidido restaurarnos
esta vida en Su Voluntad que habíamos perdido, y que, por definición, consiste
en una nueva Bilocación de Su Voluntad, pero ahora obrante en esa criatura,
como obra en Él Mismo, y en Su Madre Santísima. Lo más importante de
nuestro ser es aquello que Nos dirige y Nos sostiene en el camino en el que Nos
dirige. Años más tarde, en el capítulo del 5 de Diciembre de 1921, volumen 13,
Jesús le dice a Luisa lo que ocurrió el día del Desposorio Místico frente a la
Santísima Trinidad, en el año de 1889:
“Nosotros tomamos el gobierno
de tu inteligencia, de tu corazón, de toda tú, y cada cosa que tú hacías era un
desahogo de nuestra Voluntad Creadora en ti, eran confirmaciones de que tu
querer estaba animado de un Querer Eterno.”
Y comencemos ahora el análisis
de Sus Palabras.
(1)
Hija mía, Yo debía hacer de modo que la santidad debía ser fácil y accesible a todos, excepto para quien
no la quisiera, y en todas las condiciones, en todas las circunstancias y en
todos los lugares. - De-
cíamos al principio que este es una Noticia muy consoladora para todos,
pero que necesita que nosotros, los que vivi- mos en Su Voluntad, y cooperamos
ahora con Él en el mismo plano universal que Él opera, que no debemos preocu-
parnos excesivamente con la suerte de aquellos que no Le conocen directamente,
porque Él se ha encargado, y aquí viene muy al punto,
un “Alabado sea el Señor”, de que la santidad que Él quiere
de cada uno de los seres humanos es “fácil
y accesible a todos”, y dice indirectamente lo mismo cuando dice,
que está accesible para todos “excepto para quien no la
quisiera”.
Quisiéramos que
todos entendieran bien este párrafo maravilloso, y lo vamos a parafrasear,
porque queremos desta- car el aspecto de universalidad que es tan importante
nosotros comprendamos. Así parafraseamos diciendo:
Hija mía, Yo debía hacer de
modo que la santidad debía ser fácil y accesible a todos, y en todas las
con- diciones, en todas las circunstancias y en todos los lugares,
excepto para quien no la quisiera.
Como Dios
Providente, el debía hacer para que esta Santidad estuviera accesible a todos,
y accesible fácilmente, y así lo ha hecho. Hay muchas santidades posibles, cada
una dependiendo de las condiciones, circunstancias y lugares en los que los
seres humanos se encuentren, pero en esas condiciones, circunstancias y lugares
en las que se encuen- tren, Él espera que nosotros alcancemos esa Santidad que
propicia y está disponible para todos.
Al mismo tiempo
que esta Afirmación Suya es tan sorprendente, no podemos dejar de reflexionar
sobre Su otra Afir- mación de que nadie puede alcanzar la vida eterna, sino se
adhiere a Él, si no cree en Él y en Su Labor Redentora y no participe de la Eucaristía.
Compatibilizando
ambas Afirmaciones podemos decir, que todo ser humano que, sin culpa de su
parte, no llegue a conocerlo por las vías ordinarias de la Evangelización, pero
viva correctamente, siguiendo su conciencia básica, puede alcanzar la santidad
que Él quiere para cada uno de nosotros, porque Él hará que todo ser humano
llegue a conocerle milagrosamente en algún momento de su existencia, y de una
manera incomprensible para nosotros, participe tam- bién del Banquete
Eucarístico.
Sin embargo,
para el que ha llegado a conocer a Jesús y Su Misión Redentora, el morir salvados, es la meta de santifi- cación, la única
meta, y su punto cumbre. No siempre estarán disponibles a todos, los auxilios
sacramentales, y la presencia de un sacerdote que nos ayude en el último trance.
Más aun, aunque tengamos a mano todos estos auxi- lios, solo sirven para que
expresemos a través de esos auxilios, nuestra adhesión y deseo de estar con Él
para siem- pre. Sin este deseo de estar con Él para siempre, de poco nos sirve
todo lo demás. Entendamos que esta
salvación Él la ha hecho posible a todos, y es fácil, porque, de nuevo dicho,
solo requiere, en última instancia, que querramos es- tar con Él para
siempre, intención y deseo estos que Él propiciará para que se lo podamos expresar, en cualquier con-
dición, circunstancia o lugar en la que nos encontremos. Dentro de Su
Providencia, Su Misericordia y Perdón para que todos puedan alcanzar esta
Salvación ya ganada por Él, ocupan el lugar correcto que Les corresponde.
¿No sabemos
acaso ya, que toda una vida de “santidad” como la entendemos nosotros, puede
perderse en un solo instante de rechazo a Él y a Su Voluntad, que eso es lo que
significa un solo pecado mortal? ¿No sabemos también que toda una vida “no santa”, puede en un instante, que Él Mismo
propicia, cambiar nuestra “no santidad” en la “san- tidad” correcta, porque
expresamos nuestra adhesión a Él?
Al mismo
tiempo, más universalidad que la expresada en este párrafo, no existe. El Señor
es tan prolijo a veces que asusta. Dice
que la santidad que conocíamos hasta ahora,
la vocación divina de todo
ser humano cual es su salvación, está accesible a todos, en todas las condiciones
de vida en la que se encuentren: bondad o maldad; en todas las cir- cunstancias:
nacidas en Su Verdad y Conocimiento, o desconociendo Su Verdad y Conocimiento;
y en todos los luga- res: hasta en el más remoto rincón de la
tierra.
Ahora, con
Luisa, la meta de la Santidad se ha expandido y perfeccionado aun más, y la
Santidad no es solamente salvarnos; ahora
estriba en abrazar este Don de Vivir en Su Voluntad
con todo nuestro
corazón. Sin embargo,
el Señor sabe que no todos
serán llamados o aceptarán vivir en Su Voluntad. En estos últimos tiempos, toda
la gama de la Santidad está disponible a todos los seres humanos, por
lo que todos están llamados a
santificarse en las condiciones, circunstancias y lugares en los que se
encuentren.
(2)
Es verdad que el Santísimo
Sacramento es centro,
pero, ¿quién la instituyó? ¿Quién sojuzgó a mi
Humanidad a encerrarse en el breve giro de una hostia? ¿No fue mi Voluntad? – Una vez introducido el
concepto de
santidad que el capítulo requiere, porque de la Santidad se trata todo el capítulo, el Señor entra de lleno a responder la afirmación del Confesor.
Como ya
dijimos, de inmediato expresa Su Acuerdo de que la Eucaristía es el Centro, y
que sin la Eucaristía no hay santidad para aquellos que han sido bautizados y
siguen a Cristo, pero de inmediato, redirige nuestra atención, y pre- gunta:
¿Quién es Aquel y Aquella que han hecho posibles que la Eucaristía llegue a ser
el Centro? La respuesta afirma que Él y Su Voluntad son los responsables, pero
no es una respuesta simple, sino compleja en Su Explicación.
Entendamos que Su Explicación envuelve, una vez más, una declaración sobre
la “separación de responsabilidades” entre los Componentes del Ser Divino.
Destaca que Él lo quiso, diciendo: ¿Quién la instituyó?, o sea, ¿Quién le dio
principio? Inmediatamente Nos recuerda que es Su Voluntad la que hizo realidad
lo que Él quería hacer. Pero obser- vemos también que no dice en forma sencilla
que Su Voluntad fue la que hizo realidad lo que Él quería, sino que “Su
Voluntad sojuzgó a Su Humanidad a encerrarse en el breve giro de una Hostia”.
Como vemos, la situación se com- plica, y esta “coloración” de Su Explicación
trae nuevo Conocimiento que no podemos dejar pasar sin comentarios.
Dice el
Diccionario que el verbo sojuzgar significa: “sujetar, dominar, mandar con
violencia”. En base a esto, tratare- mos de explicar Sus Palabras.
La Decisión de
las Tres Divinas Personas, la Segunda Persona actuante, y las otras dos
concurrentes, de encerrar a la Persona de Jesús, en ese pedazo de pan y poco de
vino, y da la orden de ejecución a la Voluntad Suprema, vía el Amor Divino, el
Hijo Primogénito de Su Voluntad.
Entendamos
mejor. En la Persona de Jesús se bilocó la Trinidad Sacrosanta en el momento de
Su Concepción en Su Madre Santísima, por lo que podemos afirmar que en Jesús
están “encerrados” en forma bilocada, todos los Compo- nentes del Ser Divino.
Su Madre Santísima está bilocada en Él, porque Le ha dado Su Humanidad; la
Trinidad Sacro- santa está bilocada porque el Señor así lo declara en el
capítulo del 18 de Julio de 1923,
volumen 16; está bilocada Su Voluntad, porque toda la obra humana del Señor
se realiza en la Voluntad Suprema, a través de una Bilocación de Su Voluntad, y
el Amor está bilocado porque el Amor es el que Le da forma y funcionalidad a la
Humanidad de Jesús. En la Persona de Jesús, pues, está encerrada la Plenitud de
la Divinidad.
Ahora bien; a
la Voluntad Suprema, la ejecutora de toda Decisión Trinitaria, se Le ordena
crear, bilocar, a la Persona de Jesús en ese poco
de pan y de vino, pero no
lo hace suavemente, sino que sojuzga a la Persona de Jesús a que se encierre en esa Hostia y Vino.
Por lo que ya hemos explicado, al Bilocar a la Persona de Jesús en ese Pan y
Vino, está bilocando a la plenitud del Ser Divino, que a su vez, está bilocado
en Jesús.
Para entender
este concepto final, hay que remontarse un poco atrás, hay que estudiar lo que
sucede anteriormente, lo que sucede en el intervalo que va de la decisión de
crear, de bilocar a Jesús en el Pan y Vino, al proceso de crea- ción de la
Voluntad vía el Amor Divino. Pensamos sea apropiado, construir una posible
Conversación que pudiera ha- ber ocurrido en el Circulo Divino entre todos los
Participantes.
Segunda Persona
de la Trinidad: Quiero quedarme
entre Mis Hijos
y Hermanos. Concurran
conmigo.
Primera y Tercera Personas: Concurrimos
Voluntad
Suprema: ¿Se han percatado todos de que para hacer lo que Ustedes Me piden
que hagan, Yo, Voluntad Suprema, tengo que sojuzgar a la plenitud del Ser
Divino, a todos nosotros que estamos en Jesús, en viles cosas ma- teriales?
Debo sojuzgar a lo infinito en el breve espacio de una hostia, y reducir
nuestra movilidad al pequeño giro o circulo de la Hostia de Pan; y, ¿saben
ustedes que ese encierro puede ser indefinido, mientras existan esas cosas ma-
teriales?
Todos al
unísono: Si, lo sabemos, y estamos dispuestos – sojúzganos a todos, cuando sojuzgues
a Jesús en ese Pan y Vino.
Al usar el
verbo sojuzgar, el Señor abre la puerta a que entendamos que no es solo Él , el
que se crea en esa hostia, porque junto con Él, inseparables de Él, también
quedan encerrados La Trinidad Sacrosanta, Su Voluntad, el Amor Divino y Su
Madre Santísima, que estaban bilocados en Él.
Pero esto no es
todo. En la Hostia y en el Cáliz, Jesús está indefenso, y pueden hacer de Él lo
que quieren. Este es el Jesús que se inmola para la salvación perpetua de
todos. Los que preparan estas Guías de Estudio siempre han pen- sado que el
Jesús que se crea y se encierra en las especies sacramentales, es el Jesús que,
clavado en la Cruz, fue elevado para adoración de los que Le ama, y para mofa y
escarnio de los que Le desprecian. Dice Jesús en otro capí- tulo, que en ese
momento había cedido todos Sus Derechos, y que en este último acto libre de Su
Persona, se Le en- tregaron todas las almas. Es este el Jesús que es sojuzgado
y encerrado en el breve giro de una hostia, maltrecho e indefenso, pero
totalmente victorioso en Su Labor Redentora; salvación para muchos y
condenación para otros.
(3) Por lo tanto mi Voluntad tiene siempre la supremacía sobre todo; - La afirmación, con toda fuerza, de que Su Voluntad es la que está
detrás de todo, y la que
tiene la Supremacía sobre todo. Su Voluntad puede y se mani-
fiesta de infinitas maneras, pero en todas
y cada una de esas manifestaciones, es la primera que necesita ser conside-
rada, particularmente ahora, por los que viven en Su Voluntad.
(4) y además, si el todo está en
la Eucaristía, los sacerdotes que me llaman del Cielo en sus manos
y que están más que todos en
contacto con mi carne sacramental deberían ser los más santos, los más bue-
nos, y en cambio muchos son los más malos. - Si pensamos solamente en las apariencias, y
no lo que está de- trás de las apariencias, podremos concluir como antaño
concluían los judíos, que en la apariencia externa está la san- tidad, y lo que
es peor, que una santidad nueva, tiene el poder de destruir la antigua
santidad. Así era notorio en los judíos, el
pensar que lo externo dictaba la
santidad; más aun, que lo externo que se practicaba era la santidad misma.
De ahí se sigue la discrepancia que aun hoy existe entre las apariencias
externas del culto dentro de los judíos, que está divorciado de su
comportamiento interno, y aun el
externo pero no relativo a su religión. El
Señor compara ahora a muchos sacerdotes, que aparentan llevar una vida santa,
porque realizan los actos de culto externo, pero no son santos, porque su
comportamiento interno es pecaminoso.
De nuevo,
la santidad es un caminar,
un obrar recto en Su Presencia, consciente de Su Presencia, de Su Benevolencia, y este obrar recto no es
prerrogativa de ninguna religión, ni de ninguna condición social, o
circunstancia accidental, o lugar en el que sucede dicha santidad, porque la
única santidad posible es la que está conectada, abierta como en el caso del
cristianismo, o escondida, como en el caso de otras religiones y creencias, con
el Dios humanado. ¿Qué algu- nos no le conocen? Ya Él se encargará de que Le
conozcan, y una vez que Le conozcan y acepten como Su Dios y Redentor, todo
estará alineado y en el orden a la santidad que se necesita.
(5)
¡Pobre de Mí, cómo me tratan en el Santísimo
Sacramento! Y tantas almas devotas que me reciben, tal vez todos los días,
deberían ser otras tantas santas si bastara el centro de la Eucaristía, y en
cambio, cosa de llorar, están siempre en el mismo punto: Vanidosas, iracundas,
escrupulosas, etc., ¡pobre centro del Santísimo Sacramento, cómo quedo
deshonrado! – No
tenemos mucho que añadir a lo que dice.
(6) En cambio una madre de familia que hace mi Voluntad y que por sus
condiciones, no que no quiera, no puede recibirme todos los días, se ve paciente, caritativa, lleva en sí el perfume de mis virtudes
euca- rísticas; ¡ah!, ¿es acaso el Sacramento, o mi Voluntad, a la que ella se
ha sometido la que la tiene sojuz- gada y que suple al Santísimo Sacramento? – Párrafo interesantísimo.
Dice primero, y claramente, que esa mu- jer del ejemplo quiere, pero no puede.
Aunque no lo dice, podemos concluir también, que cuantos hay por ahí que
quieren ser santos, pero no pueden porque no saben cómo serlo. En la medida que
esta ignorancia de Él es sincera, y
no ha llegado a ellos la evangelización, en su afán e intención de ser santos,
ya lo son.
En segundo
lugar establece claramente que esta mujer
está caminando correctamente en santidad, porque
la santidad ella la entiende correctamente, y la entiende como
sumisión a la Voluntad de Dios, aun en
esos momentos en que ella quisiera cumplir con lo externo
pero no puede.
(7) Es más, te digo que los mismos Sacramentos producen sus frutos según
las almas están sujetas a mi Voluntad, y según la conexión que tienen con mi
Querer así producen sus efectos, y si conexión con mi Querer no hay, me
comulgarán pero quedarán en ayunas; se confesarán, pero quedarán siempre
sucias; vendrán a mi presencia Sacramental, pero si nuestros quereres no se
identifican estaré para ellas como muerto, porque sólo mi Voluntad en el alma
que se hace sojuzgar por Ella produce todos los bienes y da vida a los mismos
Sacramentos, y quien esto no comprende, significa que es niño en la religión. –
El Se- ñor
concentra Su Atención ahora exclusivamente en los Sacramentos que ha instituido,
y Nos indica que estos Sacra- mentos tienen efecto de santificación, en la
medida en que estamos conectados con Su Voluntad, tanto en la vida virtuosa,
como en esta Vida en Su Voluntad. Los Bienes son todos de Su Voluntad, que los
encierra en diferentes co-
sas, que tienen un efecto mayor
o menor efecto santificador, según esta disposición básica de estar rendido a
Su Vo- luntad.
Es casi
imposible separar este capítulo de aquel otro que estudiaremos pronto, el del
17 de Diciembre de 1914, en el que estas Revelaciones adquieren aun una
trascendencia mayor.
Resumen del capítulo del 2 de Octubre de 1913: (Doctrinal) - Página 109 – El “Te Amo” con Su Voluntad. -
Continuando mi habitual estado, el
bendito Jesús se hacía ver dentro de mí, pero tan fundido conmigo que veía sus ojos en los míos, su boca en la mía, y así de todo lo demás, y
mientras así lo veía me ha dicho:
(A) “Hija mía, mira a quien hace
mi Voluntad y como me fundo y me hago una sola cosa con ella, me hago su vida
propia, porque mi Voluntad está dentro y fuera del alma, se puede decir que es
como el aire que ella respira, que da vida a todo en ella; como luz que hace
ver todo y hace comprender todo; calor que calienta, que fecunda y hace cre-
cer; corazón que palpita; manos que obran; pie que camina, y cuando la voluntad
humana se une a mi Querer, se forma mi Vida en el alma”.
Después, habiendo recibido la comunión estaba diciendo a Jesús: “Te amo”. Y Él me ha dicho:
(B) “Hija mía, ¿quieres amarme
en verdad? Di: “Jesús, te amo con tu Voluntad”. Y como mi Voluntad llena Cielo
y tierra, tu amor me circundará por doquier, y tú te amo
se repercutirá arriba en los Cielos y
hasta en lo profundo de los
abismos; así si quieres decir te adoro, te bendigo, te alabo, lo dirás unida
con mi Voluntad, y llenarás Cielo s y
tierra de adoraciones, de bendiciones, de alabanzas, de agradecimientos. En mi
Voluntad las cosas son simples, fáciles e inmensas, mi Voluntad es todo, tanto,
que mis mismos atributos, ¿qué son? Un acto simple de mi Voluntad, así que si la
Justicia, la Bondad, la Sabiduría, la Fortaleza hacen su curso, mi Voluntad los
precede, los acompaña, los pone en actitud de obrar, en suma, no se apartan un
punto de mi Querer. Por eso quien toma mi Voluntad toma todo, es más, puede
decir que su vida ha terminado, terminadas las debilidades, las tentaciones,
las pasiones, las miserias, porque en quien hace mi Querer todas las cosas
pierden sus derechos, porque mi Querer tiene el primado sobre todo y dere- cho
a todo”.
* * * * * * *
Analicemos el Bloque (A) de
este bello capítulo.
(1) Hija mía, mira a quien hace mi Voluntad y como me fundo y me hago una
sola cosa con ella, - Jesús Le hace ver a Luisa,
cómo, en realidad, Su Voluntad está obrando en ella. Toda la persona de Luisa, sus tres potencias anímicas y sus sentidos, están siendo dominados, poseídos,
por la Persona, las Tres Potencias y los Sentidos de Jesús. Aunque Luisa
lo ve ahora, no quiere
decir que es ahora que ocurre, sino que es ahora
que Él le deja ver lo que sucede
de continuo. La dirección de la vida de Luisa y la dirección de todos los que le
han pedido vivir en Su Voluntad
y se les ha concedido el Don en
préstamo, está ahora en las Manos Divinas. En los capítulos de volúmenes
superiores, el Se- ñor Le hará saber con mas
detalles aun, cuan extensa y completa es esta Dominación de
todo su ser, que ha expresa- do su intención de rendir su voluntad humana a
la Voluntad de Dios en todo, para vivir de Ella y en Ella.
En este párrafo que estudiamos, el Señor declara sucintamente,
que Él se funde con la
criatura que hace Su Voluntad, e implica, viviendo en Su Voluntad, cosa que
dirá en el próximo párrafo, “Me hago su vida propia”.
Referimos al lec- tor a nuestra Descripción 101 del capítulo del 6 de Abril de
1927, volumen 24, para comprender perfectamente esta primera Afirmación Suya: “Me
hago una sola cosa con ella”.
(2) Me hago su vida propia, porque mi Voluntad está dentro y fuera del
alma, se puede decir que es co- mo el aire que ella respira, que da vida a todo
en ella; - Jesús
quiere hacerle saber a Luisa, que Su Voluntad Bilocada en ella, Le da vida a
esta Vida en Su Voluntad, tal y como el aire que la rodea, le da vida a toda
ella, y a no- sotros, cuando respiramos. En otras oportunidades Le dice, que es
como un aire “balsámico”, que cura todas nuestras dolencias espirituales y
adormece nuestras pasiones.
(3) Como luz que hace ver todo y hace comprender todo; calor que calienta,
que fecunda y hace crecer; corazón que palpita; manos que obran; pie que
camina, - En
la medida que los que preparan estas Guías de Estudio van desarrollando este capítulo del volumen 11, es inevitable que comprendamos, cuan bien entendemos lo
que dice en el párrafo 2 y el 3, porque estamos estudiando el capítulo del 6 de Abril de 1927, volumen 24, ya mencio- nado.
Dicho de otra
manera. Si no hubiéramos leído, estudiado y entendido ese otro capítulo del
volumen 24, pensaríamos que todo lo que dice en este párrafo, y en el
párrafo 2 respecto del aire, de la
luz, del calor, del corazón, de las
manos y de los pies, son recursos poéticos,
nuevas alegorías del Señor. Ahora comprendemos, que está hablándonos sobre lo que sucede
en realidad. Si la conexión que existe entre las Dos Voluntades, la que llamamos alma y esta nueva
Volun- tad Bilocada Obrante en un Cuerpo Divino de Luz que Nos ha regalado e
introducido en nosotros, es una conexión similar a la conexión que existe entre
una madre y su feto, estos párrafos,
el 2 y el 3 hacen sentido perfecto. La tota- lidad del Ser Divino, bilocado en
ese Cuerpo Divino que Nos ha dado, es nuestro aire, porque respiramos el Aire que da vida a nuestros dos cuerpos, el
humano que teníamos, y el Divino que ahora también poseemos.
Es la Luz de
esta nueva Inteligencia Divina la que hace que nuestra inteligencia humana
puede entender lo que Nos enseña en estos Escritos cuando los “activamos”
leyéndolos; es el Calor de este Cuerpo Divino que se transmite, se Nos pasa, a
nuestro cuerpo y le da este Calor Divino tan especial, con el que podemos ahora
crecer sanos y fuertes; es el Corazón
de este Cuerpo Divino que hace ahora que nuestro corazón humano palpite como
debe palpitar; son las Manos de este Cuerpo Divino que obran en nuestras manos,
para producir obras dignas de Él; son los Pies de este Cuerpo Divino que hacen
que nuestros pies humanos caminen por los caminos que El quiere caminemos.
Y, ¿Cómo se
transmiten este aire, esta luz, este calor de un Cuerpo al otro? Se transmiten a través de la Sangre de
Luz que circula en el Cuerpo Divino, porque como sucede en el proceso
del embarazo humano, la sangre de la madre circula en ese pequeño feto y le da
la vida de la madre.
(4)
Y cuando la voluntad humana
se une a mí Querer, se forma mi Vida en el alma. - En el mismo instante en que
el ser humano declara su intención de vivir en Su Voluntad, y con su voluntad humana
quiere que esto suceda, se forma esta Vida Divina, que
ahora sabemos consiste de un Cuerpo Divino que se Nos concede y dentro de ese
Cuerpo Divino que ahora nos sirve de soporte y estructura rígida, vienen a
nosotros Su Inteligencia, Su Memoria, y Su Voluntad Bilocada y Obrante que
ahora viven para siempre con nosotros.
* * * * * * *
Y analicemos ahora el Bloque
(B).
(1) Hija mía, ¿quieres amarme en verdad?
Di: “Jesús, te amo con tu Voluntad”. – Aunque el Señor es el que
inicia la Sugerencia Amorosa del “Te Amo” que Luisa dice al recibir la
Comunión, y ya sabemos que todo lo que hace- mos es responder a una Sugerencia
Amorosa de Acción Suya, Él quiere redirigir la Sugerencia que Le hace hoy.
Esta- mos seguros de que son muchas, incontables, las veces que Luisa ha
respondido a esta Sugerencia Suya de decirle que Le ama, pero hoy, con todos
estos Nuevos Conocimientos sobre esta Vida en Su Voluntad que Le está dando, el
Señor quiere perfeccionar esta Sugerencia. Expliquemos esto mejor.
En el “Te amo”
sencillo, el Señor Le sugiere al cuerpo humano de Luisa, a su voluntad
humana, a que inicie estas simples palabras. Una vez que Luisa las
dice, la Voluntad Bilocada y Obrante en Luisa, encerrada en el Cuerpo Divino de
Luz que cohabita con, y replica, el cuerpo humano de Luisa, concurre con
la acción iniciada y se producen dos ac- tos, uno humano y uno divino; el
humano queda en Luisa, y el Divino, como Acto de Luz, se une al Acto Único de Dios.
En el “Te Amo
con Tu Voluntad”, el Señor Le sugiere al Cuerpo Divino de Luz que ha formado en
Luisa, y a la Volun- tad Bilocada y Obrante encerrada en ese Cuerpo Divino, para
que inicie el Acto con el que se
pronuncian estas sim- ples palabras. En esta expresión alterna del “Te Amo con
Tu Voluntad”, el cuerpo humano de Luisa, y su voluntad humana, concurren con la acción
iniciada por el Cuerpo Divino.
El Señor dice en un capítulo, que cuando vivimos en Su Voluntad, “la
criatura hace lo que Yo quiero, y Yo hago lo
que ella quiere”, por lo que independientemente de quien inicia la
acción, el otro concurre, y se producen actos simi- lares. Dicho esto, sin embargo, es aparente
por este capítulo, que es muy importante para Dios el que
comprendamos que, vivimos mas correctamente en Su Voluntad, en la medida en la
que dejamos que la iniciativa de nuestras accio- nes venga del Cuerpo de Luz y
Su Voluntad Bilocada y Obrante en él, y no de nuestro cuerpo humano, y nuestra
vo- luntad humana.
Mientras más vivimos de Su
Voluntad, mientras más rendidos estamos a Ella, mejor es para nosotros, y mejor
puede guiarnos Él en esta nueva Vida que Nos regala.
(2) Y como mi Voluntad llena
Cielo y tierra, tu amor me circundará por doquier, y tú
te amo se repercuti- rá
arriba en los Cielos y hasta en lo profundo de los abismos; así si quieres
decir te adoro, te bendigo, te alabo, lo dirás unida con mi Voluntad, y
llenarás Cielo s y tierra de adoraciones, de bendiciones, de ala- banzas, de
agradecimientos. – Comienza el Señor a explicar porqué es importante que sea Su Voluntad
Bilocada en nosotros la que inicie el acto de “Te Amo”, diciendo “Te Amo con Tu
Voluntad”. Aunque la importancia
plena de este “Te amo”, el Señor no la revela hasta el 26 de Abril de 1928,
volumen 24, aquí Nos da un atisbo de su importan- cia como acto iniciado por Su
Misma Voluntad en nosotros. Es obvio que nuestra Voluntad Bilocada y Obrante es
una con la Voluntad Suprema, porque Su Voluntad es una e indivisible, pero como
extensión de la Suprema, nuestra Vo- luntad Bilocada y Obrante es capaz de
mover a la Suprema, para que el “te Amo” de Luisa llene “cielos y tierra”, y
repercuta por todas partes. El Señor extiende por supuesto, esta misma valía, a cualquiera otra expresión de adhesión y Amor a Él; por lo que
cuando Le adoramos, Le bendecimos, Le alabamos, Le agradecemos haciendo que Su
Volun- tad en nosotros inicie el
acto, Le damos a esos
otros actos, el mismo valor de cuando decimos “Te amo
con Tu Volun- tad”.
(3) En mi Voluntad las cosas son simples, fáciles e inmensas, mi Voluntad
es todo, tanto, que mis mis- mos atributos, ¿qué son? Un acto simple de mi
Voluntad. –
El Señor continúa con Sus Explicaciones, pero se desvía a otro punto de gran
importancia y complicación, en este entendimiento cada vez mayor que quiere
darnos sobre Su Divinidad.
Dice primero, que en Su Voluntad
todo es simple, fácil e inmenso. Tratemos
de entender de qué habla.
Su Voluntad es simple,
porque se “mueve”,
se “activa” con una simple
palabra: Quiero.
Su Voluntad es fácil,
de entender y de mover,
porque solo se requiere que la intención de moverla, de activarla,
acompañe al “Quiero”.
Su Voluntad
es inmensa, porque
no tiene límites
a Su Capacidad de hacer
algo, y de encerrar ese algo, en Si Misma.
Ahora debemos
tratar de comprender el próximo punto del párrafo y de este Pronunciamiento.
Dice que Sus Atributos son un “acto simple de Mi Voluntad”. ¿Qué quiere decir
el Señor con esto?
El “quiero” con
el que se inicia toda Acción a ser realizada por la Voluntad Divina es un verbo
transitivo que requiere de un objeto
para ser expresado correctamente. Si
yo dijera: “Quiero” a secas, los que
me oyen quedarían en suspen- so
esperando saber qué es lo que quiero. De igual manera, cuando Dios quiere algo,
ese “querer” necesita ser com- plementado por un objeto. Sus Atributos son el
Objeto de Su Quiero. Cuando decimos que Dios es Misericordioso, en realidad no hablamos correctamente, sino que debiéramos decir que Dios quiere
hacer Misericordia con alguien, o sea,
quiere hacer un Acto Simple de Su Voluntad con cuyo Acto va a perdonar a aquel
que Él ha decidido perdonar. ¿Esta- mos complicando las cosas? No, lo que
sucede es que esto de tratar de entender a Dios con Sus Mismas Palabras, es
complicado de por sí.
Y lo que hemos
dicho de uno de Sus Atributos, pudiéramos extenderlo a todos Sus Atributos. A
un Dios Absoluto no podemos ni siquiera comenzar a entenderlo, pero a un Dios
manifestado en Sus Atributos, si podemos comenzar a entenderlo.
(4) así que si la Justicia, la Bondad, la Sabiduría, la Fortaleza hacen su
curso, mi Voluntad los precede, los acompaña, los pone
en actitud de obrar, en suma, no se
apartan un punto de mi Querer. –
En Su inimi-
table Lenguaje y Sintaxis, el Señor se introduce a Si Mismo, en el “Acto simple
de Su Voluntad”, porque ya sabemos que Su Voluntad
no quiere nada, si Ellos
Tres no lo quieren. Los tres elementos del Proceso que quiere describir, están ahora descritos completamente. La Santísima Trinidad
decide ejercer uno de Sus Atributos, y este Acto simple que Ellos Tres inician,
se manifiesta a aquel o aquello que es el Objeto de ese Querer de Ellos Tres, y
sucede.
(5)
Por eso quien toma mi Voluntad toma todo, es
más, puede decir que su vida ha terminado, termina- das las debilidades, las tentaciones, las pasiones, las miserias, porque en quien hace mi Querer
todas las
cosas pierden sus derechos, porque
mi Querer tiene el primado
sobre todo y derecho a todo.
– Nuevamen- te, este párrafo
puede entenderse alegóricamente, puesto que la vida humana del que vive en Su
Voluntad no ha terminado. Si lo leemos alegóricamente, comprendemos, que al
rendir nuestra voluntad humana para tomar la de Él, solo vivimos de lo que Él
Nos sugiere, y por tanto podemos decir, como una manera de hablar, que nuestra
vida ha terminado, y a su vez han terminado también nuestras debilidades,
nuestras pasiones, nuestras miserias, cosas todas que pertenecían a esa vida
anterior que ya ha terminado. Si así pensamos de este párrafo estaríamos
correctos en nuestra interpretación ¿pero es posible que el párrafo tenga otra
interpretación literal, y que esa interpretación literal esté “amarrada” por
decirlo de alguna manera, al uso que el Señor Le hace a la expresión: “primacía
sobre todo, y derecho a todo”?
Dicho de otra
manera. Si interpretamos que nuestra vida humana ha terminado, porque ha
quedado subordinada a la Vida Divina que encierra en nosotros, Vida que está
representada por un Cuerpo Divino de Luz que encierra una Vo- luntad Bilocada y
Obrante, y que la convivencia con esta Vida Divina es capaz de terminar con
nuestras debilidades, tentaciones, pasiones, etc., también habríamos
interpretado correctamente lo que Nuestro Señor describe en este párrafo.
Resumen del capítulo del 18 de Noviembre de 1913: (Doctrinal) – Página 110 -
Estaba pensando
en mi pobre estado y cómo aun la cruz se ha alejado de mí, y Jesús en mi interior
me ha dicho:
“Hija mía,
cuando dos voluntades están opuestas entre ellas, una forma la cruz de la otra;
así es entre Yo y las criatu- ras: Cuando su voluntad está
opuesta a la Mía, Yo formo la cruz de ellas y ellas la cruz mía, así que Yo soy
el asta larga de la cruz y ellas la corta, que cruzándose forman la
cruz. Ahora, cuando la voluntad del alma se une con la Mía, las astas no quedan más cruzadas,
sino unidas entre ellas, y por lo tanto la cruz no es más cruz, ¿has entendido?
Y además, Yo santifiqué a la cruz, no la cruz a Mí, así que no es la cruz la
que santifica, es la resignación a mi Voluntad lo que santifica la cruz; por lo
tanto, también la cruz tanto de bien puede obrar por cuanta conexión se tiene
con mi Voluntad, no sólo esto, la cruz santifica, crucifica parte de la
persona, pero a mi Voluntad no se le escapa nada, santi- fica todo y crucifica
los pensamientos, los deseos, la voluntad, los afectos, el corazón, todo, y
siendo luz, mi Voluntad hace ver al alma la necesidad de esta santificación y
crucifixión completa, de modo que ella misma me incita a querer cumplir el
trabajo de mi Voluntad en ella. Así que la cruz y todas las demás virtudes se
contentan con tener alguna cosa, y si
pueden clavar a la criatura con tres clavos se alegran y cantan victoria; en cambio mi Voluntad,
no sabiendo hacer obras incompletas, no se contenta con tres clavos, sino con
tantos clavos por cuantos actos de mi Voluntad dispongo sobre la criatura”.
* * * * * * *
Comencemos el análisis de este capítulo.
(1) Hija mía, cuando
dos voluntades están opuestas entre ellas, una forma la cruz de la otra; así es entre Yo y las criaturas: Cuando su
voluntad está opuesta a la Mía, Yo formo la cruz de ellas y ellas la cruz mía, así que Yo soy el asta larga de la
cruz y ellas la corta, que cruzándose forman la cruz. Ahora, cuan- do la
voluntad del alma se une con la Mía, las astas no quedan más cruzadas, sino
unidas entre ellas, y por lo tanto la cruz no es más cruz, ¿has entendido? – Lo primero que el Señor
discute es el hecho de que, cuando hay oposición entre nosotros y Él, se forma
una cruz en la que las dos astas representan dos caminos opues- tos y
totalmente divergentes. Si una de dos personas se pone en el asta larga de la
cruz y la otra en la corta, y co- mienzan a caminar, sus caminos son totalmente
divergentes, y jamás podrán encontrarse, porque están en oposición de 90
grados. Dice también, sin embargo, que cuando nosotros estamos de acuerdo con
Él, nuestra asta corta, nues- tra voluntad, se alinea con Su asta larga, Su Voluntad, nuestros
caminos se hacen uno, y nos encontramos uno al otro fácilmente.
Más aun, dice
el Señor, cuando estamos en oposición, la criatura le forma una cruz a Él, y Él
le forma una cruz a la criatura. El concepto es difícil pero a la larga entendible.
En toda
Sugerencia Amorosa de Acción, existen dos cursos de acción. Uno de ellos es el
preferido por Dios, y el que quiere que la criatura haga. El otro curso de
acción es el opuesto a lo que Dios quiere, y si escogemos hacerlo, pudie- ra
suceder que hagamos un acto pecaminoso.
Por tanto, cada
vez que escogemos hacer lo opuesto a lo que Dios quiere, dejamos incompleto,
sin hacer lo que Dios quería, y siempre se produce en nosotros un “vacío
de amor”, que tendremos que satisfacer, o en esta vida, o en el Horno del
Purgatorio. Asimismo, pudiera suceder que no solo dejamos incompleta la
Sugerencia Amorosa, sino que escogemos hacer algo pecaminoso, con lo que el
problema que nos hemos acarreado es doble. Asimismo, entenda- mos que Le damos
una Cruz a Dios, potencialmente doble. La primera es la Cruz del acto
incompleto, y de esta cruz, el Señor
habla ampliamente en el capítulo del 17 de Septiembre de 1927, volumen 23.
La segunda de
las cruces la produce el acto pecaminoso, y esta cruz es tan penosa para el
Señor, que se ve forzado a retirarse de nuestra amistad, y si no nos
arrepentimos de lo hecho, podemos condenarnos para siempre.
Asimismo
entendamos, que cuando nos oponemos a lo que quiere de nosotros, Él forma una
cruz para nosotros, y es la cruz del remordimiento, de la inestabilidad en que
ponemos a nuestras vidas, la infelicidad que sentimos, y el desa- sosiego que
proviene porque perdemos Su Paz, nos alejamos de nuestro centro, para como
decíamos al principio to- mar un camino divergente, en el que no podremos
volver a encontrarle, a menos que, en Su Infinita Misericordia, decida Él
desandar Su Propio Camino para encontrarnos en otra encrucijada. Seguimos
siendo Sus Hijos, y sigue ayu- dándonos, porque espera que volvamos a Él, pero
no vivamos con la ilusión de que está contento con nosotros.
(2) Y además, Yo santifiqué a la cruz, no la cruz
a Mí, así que no es la cruz la que santifica, es la resigna- ción a mi Voluntad lo que
santifica la cruz; por lo tanto, también la cruz tanto de bien puede obrar por
cuanta conexión se tiene con mi Voluntad, no sólo esto, la cruz santifica,
crucifica parte de la persona, pero a mi Voluntad no se le escapa nada,
santifica todo y crucifica los pensamientos, los deseos, la vo- luntad, los afectos,
el corazón, todo, y siendo
luz, mi Voluntad
hace ver al alma la necesidad de esta san- tificación y crucifixión completa,
de modo que ella misma me incita a querer cumplir el trabajo de mi Voluntad en
ella. Así que la cruz y todas las demás virtudes se contentan con tener alguna
cosa, y si pueden clavar a la criatura con tres clavos se alegran y cantan
victoria; en cambio mi Voluntad, no sa- biendo hacer obras incompletas, no se
contenta con tres clavos, sino con tantos clavos por cuantos ac- tos de mi
Voluntad dispongo sobre la criatura. – Parece que se nos olvida, por lo que el Señor Le
recuerda a Luisa y a nosotros, que la cruz antes de morir Él en ella, era
símbolo de maldad, porque en ella se ajusticiaban los criminales. Por lo tanto,
no es la resignación a las cruces que nos vienen encima en nuestras vidas lo que nos santifi- ca, a menos que aceptemos
que esa cruz es una expresión de Su Voluntad para con nosotros. Lo que en
realidad santifica a la persona, es “la resignación
a Su Voluntad” expresada de muchas
maneras, y particularmente en la muy desagradable cruz.
Cuando la cruz es aceptada con resignación, sin rebeldía, aceptada como
expresión de la Voluntad Divina, en esos instantes que la sufrimos, santifica a
nuestra persona, pero sólo, como dice el Señor, “crucifica parte
de la persona, y por tanto, solo
santifica una parte de la persona”. Por ejemplo. Una persona tiene a su madre o
a su hijo enfermos, y dedica toda su vida a
cuidarlo. La resignación a la cruz que esa enfermedad presenta es admirable, y
la santifica en la caridad hacia el prójimo, en este caso su
familia; pero, a esa misma persona tan dedicada a su familia,
se le presentan en ese mismo
periodo de su vida, otras sugerencias amorosas que también pudieran
considerarse cruces, y no las sigue, y hasta pudiera ser que las rechazara, porque
piensa que la entorpecen a cumplir con esa
otra cruz de la familia que ha llegado a amar tanto.
Quizás no se preocupa de ir a misa pudiendo hacerlo, no atiende a otros deberes
de su casa, o de su trabajo innecesariamente, quizás habla mal, y no practica
la caridad con otras personas que pudieran necesitarla, etc. Lo importante es
entender, que la santificación de esa persona por la obra que hace con su
familia, no es completa, ni compensa
por lo no hecho; más aun, pudiera estar en pecado grave por su descuido de las
otras Sugerencias Amorosas que no sigue, o sigue mal. Como vemos, el problema
que el Señor ataca de lleno, es un pro- blema de gran complejidad que puede
sucedernos a todos y cada uno.
El punto que el
Señor quiere hacer, es que solo la “resignación
a Su Voluntad” es lo que santifica, y no cualquier cruz en
particular que aceptemos; que “resignarse a Su Voluntad” es sencillamente,
aceptar y acoger cada Sugerencia Amorosa de acción que Nos presenta, sea
agradable o sea desagradable, y de esa manera, desarrolla Él, Su Plan de Vida
para cada uno de nosotros. Cada Sugerencia Amorosa de Acción, tiene un
propósito múltiple, que no solo nos ayuda a desarrollar nuestras vocaciones,
nuestras misiones y estados particulares de vida, nuestras relaciones con los
demás, sino que va santificándonos poco a poco, en aquellas
partes de nuestra persona
que más lo necesitan, para un
desarrollo armonioso, seguro y santo de nuestra persona.
Un último
punto que a estas alturas de nuestros estudios de estos Escritos no debe
parecernos tan extraño. Dice el Señor que “en cambio mi
Voluntad, no sabiendo hacer obras incompletas, no se contenta con tres
clavos, sino con
tantos clavos
por cuantos actos de mi Voluntad dispongo sobre la criatura”, con lo que implica que todo Su Plan de Vida,
caracterizado y definido por las Sugerencias Amorosas de Acción que Nos envía,
son una cruz continua, ininte- rrumpida. ¿Cómo entender esto?
Recordemos el
capítulo que Nos habla de que toda elección que hacemos frente a una Sugerencia
Amorosa, implica un sacrificio de
nuestra libertad de voluntad, que pudiendo escoger lo contrario a lo que
escogemos, escoge lo que Dios quiere, y este sacrificio de nuestra libertad de
voluntad es lo más precioso que podemos darle. La Sugerencia en sí misma,
puede parecer inconsecuente; pero al reflejar
Su Voluntad, ya no lo es, muy por el contrario, en ese instante en que Nos la presenta, es lo más
importante de nuestra vida. Si tomamos conciencia y tenemos en cuenta, como Dios lo tiene, que toda Sugerencia
Amorosa avanza un paso más Su Plan de Vida
para con cada uno, cada Sugerencia no es
inconsecuente en lo más mínimo. Todo Él lo ha diseñado para cada uno, con
el objeto de que, cada acto hecho, apoyándose en el anterior, nos
conduzca a Él, y al mismo tiempo Nos de felicidad, alegría y paz, aun en medio
de cualquier sufrimiento.
Y ahora, en
posesión del entendimiento que este capítulo Nos da sobre la importancia de la
Sugerencia Amorosa en nuestras vidas, podremos quizás entender mejor, el
próximo capítulo.
Resumen del capítulo del 27 de Noviembre de 1913: (Doctrinal) – página 112 –
Mi siempre amable Jesús continúa hablándome de su santísima Voluntad:
(A) “Hija mía, por cuantos actos
completos de mi Voluntad hace la criatura, tantas partes de Mí toma en sí, y
por cuanto más toma de mi Voluntad, tanta más luz adquiere y dentro de sí forma
el sol, y como este sol se ha formado de la luz que toma de mi Voluntad, los
rayos de este sol están concatenados con los rayos de mi Sol Divino, así que
uno se refleja en el otro, uno saetea al otro y mutuamente se saetean, y
mientras esto hacen, el sol que mi Voluntad ha formado en el alma se va
engrandeciendo siempre más”.
Y yo: “Jesús, siempre estamos aquí, en tu Voluntad, parece que no tienes otra cosa qué decir”.
Y Jesús:
(B) “Mi Voluntad es el punto más
alto que puede existir en el Cielo y en la tierra, y cuando el alma ha llegado
a Ella, ha sojuzgado todo y ha hecho todo,
y no le queda más que morar en lo alto de estas alturas,
gozárselas y comprender siempre más esta mi Voluntad,
aún no bien comprendida ni en el Cielo ni en la tierra. Se necesita tiempo para
estar- nos, porque poquísimo has comprendido y mucho te queda por comprender,
mi Voluntad es tal, que quien la hace puede decirse dios de la tierra, y como
mi Voluntad forma la beatitud del Cielo, así estos dioses que hacen mi Volun-
tad forman la beatitud de la tierra y de quienes les están junto, y no hay bien
que sobre la tierra exista, que no se deba atribuir a estos dioses de mi
Voluntad, o como causa directa o
indirecta, pero todo a ellos se debe. Y así como en el Cielo no hay felicidad que de Mí no salga, así en la
tierra no hay bien que exista que no venga de ellos”.
* * * * * * *
No nos sucede
a menudo, pero nos sucede, que un capítulo que
se empieza y parece fácil, se convierte en un capítulo
potente y revelador como pocos. Este es uno de esos capítulos. El Bloque (A) en particular, es una maravilla de
con- densación en lo que enseña, pero esa misma condensación de conocimiento,
provoca grandes dificultades para llegar a
extraer todo el jugo de conocimiento que Nos trae. No podemos dejar de
agradecerle al Señor una vez más, el que el Conocimiento que Nos ha dado en
otros capítulos, sea el que permite que podamos entender este capítulo, mucho
mejor de lo que lo entenderíamos.
Antes de
comenzar con el análisis, queremos llamar la atención del lector a lo
siguiente. Los párrafos 1 al 3 aplican a todos los seres humanos, porque todos,
antes de poder vivir en Su Voluntad, tenemos que vivir vidas que siguen los
dictados de Su Voluntad, las vidas que Él ha diseñado para cada uno de
nosotros. Asimismo, a partir del párrafo 4 al
8, el Señor hace una transición y comienza a hablar exclusivamente de lo
que sucede con los que viven en Su Volun- tad. Y comenzamos.
(1)
“Hija mía,
por cuantos actos completos de mi
Voluntad hace la criatura, - La expresión “actos completos
de Mi Voluntad” implica que
hemos aceptado y acogido todo lo que Nos sucede, momento a momento, día a día.
Si
no aceptamos
esta Verdad fundamental de Su Relación con nosotros, a saber, que todo lo que
Nos sucede, sucede porque Él lo causa, o lo permite, que es lo mismo que si lo
causara, no podemos tener la participación especial de Él, que Él quiere tener
con nosotros. La presunción que tenemos muchos cristianos y no cristianos, de
que Dios no inter- viene en nuestras vidas directamente para guiarla según lo
tiene diseñado, o interviene solamente en cosas de impor- tancia, es una
presunción absolutamente incorrecta. Si esto no lo aceptamos, no podemos
progresar. Esto nos hace recordar a una señora amiga que frecuentemente nos
decía, “que a Dios hay que pedirle mucha salud, que lo demás tu misma te lo
buscas”
Además, al introducir el adjetivo
“completo”, Nos da a entender
que solo haciendo
lo que Él quiere, podemos comple-
tar el acto de Amor que está en el mismo corazón
de todo lo que Nos pide que
hagamos.
De todo esto
hemos hablado extensamente en las clases, y muchas de las conclusiones a las
que hemos llegado, las hemos documentado en otros capítulos. Aunque no lo
parezca, particularmente para aquellos que están desafinados con Su Voluntad,
Él Nos da a saber claramente lo que quiere que escojamos en cada Sugerencia
Amorosa de Acción. Esto lo sabemos ciertamente en lo más intimo de nuestro corazón, y solo cuando no queremos hacer lo que claramen- te Nos pide que escojamos hacer, es cuando
nos inventamos toda esta tontería
que llamamos discernimiento. Pedimos discernimiento a terceros, a parientes, a amigos, a
religiosos, siempre con la esperanza de que nos aconsejen lo que secretamente
queremos hacer, que no es lo que Dios ha sugerido, y así lo hacemos, pero no
pensemos por eso que hemos encontrado la solución y nuestra acción es inútil e
incompleta ante Sus Ojos, porque Él no va a “cambiar de opinión” en lo que
quiere de nosotros. Entendamos esto: se Nos ha dado la libertad de rechazar lo
que Nos pide que hagamos, pero no se Nos ha dado la prerrogativa de cambiar el
Plan de Vida que tiene para cada uno de nosotros.
(2) tantas partes de Mí toma en
sí, - Este
es uno de los aspectos que el Señor
condensa en esta breve expresión, en este breve Bloque (A), que resulta totalmente enigmático, a menos que entendamos lo
siguiente.
El Plan de Vida que tiene para con cada uno, tiene aspectos particulares
que atañen a cada uno distintamente. Dicho esto, sin embargo, hay un aspecto en
el Plan de Vida que es general para todas Sus Criaturas, y es el
siguiente: Dios quiere compartir con cada
uno de nosotros Su Felicidad, Su Alegría, en fin, todas
Sus Cualidades que de
una manera u otra se han incorporado en todo lo que ha hecho, hace y
hará por nosotros. Mi Plan de Vida está diseñado para que, si lo sigo y hago cabalmente, Él pueda
compartir conmigo, todo aquello de Él, que Él ha decidido compartir conmigo. Y lo que digo de mí, lo puedo decir de todas
las restantes criaturas. No comparte con cada uno de nosotros, todo lo que Él es, o todo lo que Él
ha hecho, hace, y hará,
sino que comparte
con cada uno de nosotros,
la “parte”
de Él que Él ha decidido compartir. ¿Un ejemplo? Es muy
probable, que muchos de nosotros, que vivimos en Su Voluntad, no llegue- mos a
adquirir la Santidad de un San Agustín, o de una Santa Mónica, pero, sin
embargo, podemos vivir en Su Volun- tad, Don que a estos dos Santos no se les concedió.
¿Decimos esto para comparar santidades, o pensar que nosotros somos más santos,
o ellos dos son más santos? Por supuesto que no. Lo decimos para que el ejemplo
impacte con algo que ya sabíamos, pero tiende a olvidarse, a saber, que el
Señor Nos conduce a todos por distintos caminos de Santidad, según Sus
Designios.
Así pues, resumiendo, o volviendo al punto, decimos que cada vez que hacemos lo que Nos sugiere, y lo hacemos en
forma completa, tomamos
de Él la partecita del total de Sus “Partes”
que Él había decidido, recibiéramos.
Dicho de otra manera.
En cada acto completo que hacemos, Él Nos da una
partecita de lo que Él es, incorporado en lo que hace, para
que la poseamos y participemos de lo que Él es y de lo que hace; y, si
cumplimos fielmente todo lo que Nos
pide en el curso de nuestras vidas, llegaremos a poseer todo lo que de Él, Él
había decidido participar con nosotros.
(3) y por cuanto más toma de mi Voluntad, tanta más luz adquiere – El Señor ahora hace una
“transición” muy importante en Su Pensamiento y en el Conocimiento que Nos da,
porque necesita que entendamos que Él
no tiene “partes” como tales; sino que en realidad lo que tomamos de Él, es una
extensión de Su Luz, de Su Voluntad que
es Él Mismo. Decimos extensión, porque ya sabemos que Su Luz, Su Voluntad es
indivisible, es una. Esta ecuali- zación de las “partes que tomamos de Él”, con
el concepto ahora “de que adquirimos Luz de Él” es extremadamente importante
para que pensemos como adultos en la Religión y no como niños.
Así pues, cada vez que completamos Su Acto de Amor encerrado en la Sugerencia Amorosa que Nos envía, adquirimos
una extensión de Su Luz que Él quiere compartir con nosotros, y de hecho
comparte. Mientras más hacemos, mas partes de Él tomamos, porque más Luz
adquirimos.
(4) y dentro de sí forma el sol, - Hasta este párrafo 4, el Señor estaba hablando en
términos generales de lo que sucede con todas y cada una de las criaturas
humanas que han existido, existen y existirán, porque todos, sepamos esto o no, entendamos esto o no, “marchamos
al compas de Su Tambor”. Ahora sin embargo, el Señor
vuelve a hacer otra “transición” de gran importancia. Entendamos.
En el proceso de acoger, aceptar y completar cada Sugerencia Amorosa que
Nos presenta, el día llega en que Nos da la Sugerencia más importante de
nuestras vidas, a saber, Nos sugiere que Le pidamos el Don de Vivir en Su Voluntad. Nuestra
vida antes de esta Sugerencia, y después de esta Sugerencia es radicalmente
distinta. En cuanto aceptamos vivir en Su Voluntad, sabemos que el Espíritu
Santo forma en nosotros un Cuerpo Divino de Luz, y como parte de ese Cuerpo de Luz,
encierra en una Esfera de
Luz, una Extensión de Su Voluntad, una Bilocación de Su Voluntad, para que
a partir de ese momento actúe con nosotros, y haga posible esta Vida en Su
Voluntad que hemos pedido y aceptado. Esto es lo que significa Sus Palabras al
parecer alegóricas, “y dentro forma el Sol”.
Hasta el
momento que empezamos a vivir en Su Voluntad, nuestra
vida era manejada a influjos de Su
Gracia, la Mani- festación Sensible
de Su Amor, con cuya Gracia Nos guiaba hacia Él. Ahora sustituye a la Gracia,
que es una creación Suya más, con Su Propia
Voluntad increada. Hablando
en forma tradicionalmente cristiana, ya no obramos al influjo de la Gracia, sino que obramos bajo el
influjo de Su Misma Voluntad que ha Bilocado en nosotros. Ha tomado ahora las
riendas de toda nuestra persona a través del Cuerpo de Luz que ha formado para
nosotros.
(5) y como este sol se
ha formado de la luz que toma de mi Voluntad, - Reafirma ahora lo que ha
comenzado en el párrafo anterior, y de esta misma forma continuará hasta el
final, en la más perfecta pero condensada manera de explicar lo que es la Vida en Su Voluntad. Lo único que falta
a esta Descripción de tres líneas a lo mas, es declarar el Objetivo Último de
porqué es necesaria esta Vida en Su Voluntad, o sea, cómo con esta Vida
contribuimos y hace- mos posible la Venida del Reino del Fiat Supremo como en
el Cielo en la tierra.
En este párrafo comienza a explicar la
comunicación perfecta que existe
entre el sol que ha formado en nosotros y el Sol que es Su Voluntad. Dice primero que nuestro sol,
nuestra Voluntad Bilocada y Obrante, “se ha formado de la Luz que toma de Su
Voluntad”. Hemos dicho en múltiples ocasiones que este sol que forma es una
extensión del Sol Di- vino de Su Voluntad, y que solo puede ser de esta manera,
puesto que la Luz Divina no puede dividirse, puede “esti- rarse” si se quiere
decir de esta manera, pero no dividirse.
(6)
los rayos de este sol están
concatenados con los rayos de mi Sol Divino, - Al hablar de concatenación,
o sea, encadenamiento, claramente alude al concepto anunciado de que Su
Voluntad fluye en esta otra que ha bilocado en nosotros, sin ninguna
dificultad, porque lo único que ha ocurrido es que el “cauce” del Rio de Luz de
Su Voluntad, ahora fluye en un pequeño “arroyito” que ha puesto en nosotros.
En repetidas
ocasiones, tanto Luisa, como Nuestra Madre Santísima, como el Mismo Jesús
hablan del Mar de Luz de Su Voluntad.
Esta fluidez de Su Voluntad representada por el mar, queremos nosotros ahora
anunciarla con otra ima- gen, la de que Su Voluntad es como un Rio de Luz.
Dentro de esta imagen, imaginemos que cuando Nos regala Vivir en Su Voluntad,
Su Voluntad desvía Su Curso, y ahora fluye a través de nosotros, como un río al
que se le ha hecho una zanja, y ahora ese río fluye a través de esa zanja y
forma un pequeño arroyo, con cuya agua, irrigamos ahora la tierra de una finca, y luego de irrigar esa tierra, el agua del arroyo se incorpora al río
principal. Más aun, el arroyito se nutre de las aguas del
río, y ese rio le trae toda clase de minerales y nutrientes que esa tierra va a
necesitar, pero cuando el arroyo se une al rio,
después de irrigar las tierras, lleva consigo también
lo que ha arrastrado de aquello que ha irrigado, con lo que ahora el rio
es más rico que antes. No creemos que sean necesario entrar en los detalles de
cómo esta imagen aplica a los que vivimos en Su Voluntad. Lo que si importa
ahora, es que entendiendo esta imagen podremos entender mejor lo que dirá en
los párrafos 3 y siguientes del Bloque (B).
(7) así que uno se refleja en el otro, uno saetea al otro y mutuamente se saetean, - Bellísima expresión que el Señor utiliza con frecuencia para
indicar que nuestra Voluntad Bilocada y la Voluntad Suprema están en continua
comunicación, pero no es una comunicación estática e infrecuente, sino que es
dinámica y constante. Si se quiere un ejemplo podemos decir, y esto es
verídico, que cuando los presidentes de Estados Unidos dejan de serlo, siguen
reci- biendo todas las comunicaciones que llegan al presidente actual, de
manera tal, que aunque ya no gobiernan directa- mente, están al tanto de todo
lo que sucede en la misma presidencia que han dejado. De igual manera sucede
con nuestra Voluntad Bilocada y Obrante. Aunque no lo sepamos, ni nos demos
cuenta, nuestra Voluntad Bilocada está al tanto de todo lo que sucede en el
Cielo, porque como decíamos en la
imagen del río y el arroyo, Su
Voluntad fluye a
través de
nosotros. Esto es inevitable, lo que sucede es que como no tiene autoridad para
actuar en las decisiones supremas, nuestra voluntad debe contentarse con estar
informada. Este es un punto importantísimo, al que el Señor le dedica todo un capítulo, el del 8 de
Marzo de 1914, que sigue a este.
Desde el punto
de vista más práctico, si esto es posible, lo que el Señor describe con este
”saeteamiento”, es, por parte de Él, el
proceso de adquirir los Conocimientos
sobre las Verdades Divinas que sucede día a día, en esta Vida en Su Voluntad que hemos
emprendido, y nuestro “saeteamiento” cuando realizamos los actos que esos
Conocimientos nos Sugieren.
(8) y mientras esto hacen, el sol que mi Voluntad ha formado en el alma se
va engrandeciendo siempre más. - En este “saeteamiento” continuo, la Voluntad
Bilocada y Obrante que ha formado en nosotros, va desarrollán- dose en la
manera que Él desea, porque también el desarrollo de ella, es parte de nuestro
Plan de Vida. Lo que lee- mos, lo que practicamos de lo que leemos, obedece
también a un Plan General de Vida y Desarrollo de nuestra nueva “personalidad”,
y así ahora, las Sugerencias Amorosas para nuestra vida natural están
acompañadas por otras Suge- rencias Amorosas de Acción para el desarrollo de
nuestra vida Divina.
* * * * * * *
Y continuemos ahora con el análisis del Bloque (B).
(1) Mi Voluntad es el punto más alto que puede existir en el Cielo y en la
tierra, y cuando el alma ha lle- gado a Ella, ha sojuzgado todo y ha hecho todo, y no
le queda más que morar en lo alto de estas alturas,
gozárselas y comprender siempre más esta mi Voluntad, aún no bien comprendida
ni en el Cielo ni en la tierra. Jesús no presta mucha atención a lo que Luisa dice,
porque tendría que reganarla fuertemente, y continúa esta Descripción condensada de lo que es el Don de Vivir en Su
Voluntad, que es el Objetivo de este capítulo.
Hasta ahora Nos
había dicho que cuando damos el “sí, quiero vivir en Tu Voluntad”, Él forma
este Cuerpo Divino de Luz que encierra, entre otros elementos Divinos, a una
Esfera de Luz y dentro de Ella encierra a Su Voluntad Bilocada y Obrante, y que
siguiendo un proceso continuo de estudios y practica de Conocimientos sobre las
Verdades Divinos, esta Vida en Su Voluntad, este “Sol que Su Voluntad ha
formado” se va desarrollando poco a poco. Ahora, en este primer párrafo el
Señor Nos da a entender lo siguiente que tiene que suceder, y que solo puede
suceder si somos fieles, si persistimos en nuestra determinación de querer
Vivir en Su Voluntad. Estamos en el volumen 11, y por tanto no habla de que Nos
ha otorgado este Don en préstamo, y que para dárnoslo permanentemente, en
propiedad, tene- mos que mostrar
una fidelidad estable,
como lo hará en el volumen 17. Sin embargo,
aquí habla de esta fidelidad pero en términos de un viaje en el que
llegamos a un destino. Así dice que “cuando el alma ha llegado a Su Voluntad, que es el punto más alto, etc.”
Es obvio que está hablando del “viaje” de la vida, pero en este caso, habla del
“viaje” de la vida en Su Voluntad. La Salvación solo la conseguimos si persistimos,
particularmente si persistimos en el momento final, y aquí la “permanencia” de
la Vida en Su Voluntad la conseguimos con nuestra persistencia, particularmente
también en el momento final.
Dice, y es
importante que lo enfaticemos que este “viaje” no es un viaje fácil, que el ser
humano necesita sojuzgar todo su ser, ha tenido que rendir siempre su voluntad, y este
rendir no siempre ha sido suave, ha tenido que sojuzgar su
voluntad a la de Él. Es la segunda vez que el Señor utiliza el verbo sojuzgar
en este volumen 11. En el capítulo del 25 de Septiembre de 1913, ya estudiado,
decía que Él Mismo había tenido que sojuzgarse en el Milagro Eucarístico a Su
Voluntad, y ahora aquí dice que también nosotros tenemos que sojuzgarnos a Su
Voluntad, y, añade, “lo hemos hecho todo”, o sea hemos hecho todo lo que Nos ha
pedido que hagamos como parte de nuestro Plan de Vida.
Resumiendo
hasta ahora. El proceso de vivir en Su Voluntad seguido fielmente, día a día, a
veces fácilmente, a veces con gran dificultad, nos lleva al punto más alto
posible, el de poder vivir en esa Voluntad permanentemente. La pre- gunta
obligada es: ¿termina aquí el proceso? ¿Hemos llegado a la meta? Por lo que
continua diciendo, puede parecer que sí, porque dice que cuando llegamos a este
punto alto, podemos gozar de nuestro logro, pero inmediatamente continúa
diciendo que es ahora que empezamos a comprender más Su Voluntad, con lo que implica que el proceso no ha
terminado, ni terminará nunca. No termina para Luisa como Le dirá a Luisa en el
próximo párrafo, ¿cómo puede entonces terminar para nosotros?
Muchas veces hemos dicho en las clases que el vivir “en préstamo”
o el vivir “en propiedad” es algo que no significa
un cambio
para nosotros. Vivimos
en Su Voluntad que es lo importante, y lo que hacemos tiene igual
valor, el resto es
un “detalle”
que quiere que sepamos, pero que no afecta para nada lo que tenemos que hacer.
Como se diría en el ejercito, hemos firmado nuestro enrolamiento de por vida;
el que ganemos más o menos galones de mando, no cam- bia en nada lo que tenemos
que hacer, ni cómo debemos comportarnos. Dicho de otra manera. En este
“ejercito de Su Voluntad”, tanto
obedece el soldado como el oficial, y si el Jefe del Ejercito está más o menos
contento con noso- tros, eso a nosotros no nos compete,
porque Su “contentura” no implica reposo para nosotros. Así el Señor
Nos permi- te gozar de lo que vamos
adquiriendo, pero no creamos por eso, que ya tenemos que “parar de aprender”.
(2) Se necesita tiempo para estarnos, porque poquísimo has comprendido y
mucho te queda por com- prender, - Ya hemos comentado en el párrafo anterior lo que
esto significa, pero también Le anuncia a Luisa, que el tiempo de su vida que
ha transcurrido no es suficiente para lo que Él quiere enseñarle, y ya sabemos
que Luisa vivió 34 años mas de “aprendizaje”.
(3) mi Voluntad es tal, que quien la hace puede decirse dios de la tierra,
- Comienza
ahora a darnos más “detalles” de lo que ocurre, cuando llegamos a vivir en Su
Voluntad en propiedad, y aquí sí que definitivamente, la cosa se pone muy
interesante.
Es posible que el lector quede tan impresionado con Su Afirmación de que “puede
decirse Dios de la tierra”, que ya no quiera estudiar más, el porqué
el Señor hace esa Afirmación de Luisa y nosotros.
Creemos que lo
que quiere que entendamos es, que al llegar a este punto de desarrollo de
nuestra vida en Su Volun- tad, nos hemos convertido en el arroyo perfecto, a
través del cual, el Señor continúa Su Labor en la tierra, como si Él estuviera
de nuevo en la tierra, realizando todo lo que Él hubiera querido realizar; y,
entendamos esto bien esto: cuando Él estaba en la tierra, Dios estaba en la
tierra.
Ya Nos ha dicho
en otras ocasiones y en este mismo volumen que Él quiere hacerlo todo con
nosotros, y cuando he- mos llegado a
vivir en Su Voluntad en propiedad,
ya Él no tiene que preocuparse de
nosotros, sino que, para todos los efectos, Él vive en
nosotros, sin ninguna dificultad, sin ninguna reserva o desconfianza. Su
Divinidad, Su Hacer, todo Él, fluye a través de nosotros sin ninguna traba,
pero al fluir a través de nosotros, arrastra de nosotros todo lo que somos
ahora, todo lo que hemos hecho ahora, y el Verdadero Jesús, el que está sentado
a la derecha del Padre, es ahora un Jesús engrandecido por lo que a través de
mí, Él ha realizado. Este nuevo status es un status eterno, es como si siempre,
los que vivimos en Su Voluntad, hubiéramos estado en este status, porque hemos
entrado en un status intemporal, Divino para todos los efectos y
consideraciones.
(4) y como mi Voluntad forma la beatitud del Cielo, así estos dioses que
hacen mi Voluntad forman la beatitud de la tierra y de quienes les están junto,
- El Señor
afirma dos puntos, uno de ellos es rápidamente entendible, el otro no tanto.
En el primer
punto, el entendible, dice, que la Voluntad Suprema forma la beatitud del
Cielo, y la nuestra, o sea, las Voluntades Bilocadas y Obrantes, al ser
extensiones de esta Voluntad Suprema aquí en la tierra, encerradas en cada uno
de los seres humanos que viven en Su
Voluntad, necesariamente hacen la
beatitud de la tierra, o sea, hacen
para que Dios “haga llover sobre todos, y para que el sol salga para todos”. En
varias ocasiones Le dice a Luisa, que Él quiere que ella se alimente, porque
como Él tiene que alimentarla a ella, nos alimenta a todos. Este concepto de la
Providencia Divina en todo lo creado, en consideración a los que viven en Su
Voluntad, es un punto ignorado por des- conocido, y aun cuando llegue a ser
conocido, difícil de aceptar por aquellos que no vivan en Su Voluntad. Asimismo
para que no entre en nosotros
ni sombra de envanecimiento, debemos comprender que somos la beatitud de la tierra, porque es Dios mismo el que actúa a través de nosotros, que lo que tenemos de especial lo tenemos, porque Él vive y obra en nosotros y con
nosotros, a través de Su Voluntad Bilocada y Obrante.
En el segundo punto,
el no entendible rápidamente, dice
que los que viven en Su Voluntad en la tierra, hacen también la beatitud “de los que están
junto”. Si ya sabemos que nada de lo que dice es ocioso, es deber
nuestro entender lo qué el Señor quiere decir con esto.
Podemos
interpretarlo de dos maneras. Podemos pensar que el Señor habla de los que
están próximos, o viven pró- ximos, a los que viven en Su Voluntad, o sea, los
parientes, amigos, y conocidos del que vive en Su Voluntad. No nos parece sea una
interpretación equivocada, puesto
que el Señor Le dice a
Luisa que todos los que están a
su alrededor, o sea, gravitan
alrededor de ella, se salvarán; por lo que es posible, que también los que
gravitan alrededor de noso-
tros, los que vivimos en Su
Voluntad, alcancen también la beatitud de la salvación. Sin embargo, esta
interpretación nos parece un tanto estrecha por lo particular. Analicemos esta
otra interpretación.
Un pequeño preámbulo. En el capítulo
del 15 de Marzo de 1912, de este mismo volumen 11, Le dice a Luisa lo si-
guiente. Hemos subrayado a aquellas partes que nos parecen pertinentes al tema de “junto”.
“Hija mía, mi Voluntad es la
Santidad de las Santidades, así que el alma que hace mi Voluntad, por cuanto
fuera pequeña, ignorante, ignorada, deja atrás a todos los demás santos, a
pesar de los portentos, de las conversiones estrepitosas, de los milagros que
hayan hecho, es más, confrontándolos, las almas que hacen mi Voluntad son
reinas, y todas las demás están como a su servicio. El alma que hace mi
Voluntad parece que no hace nada, pero hace todo, porque estando en mi Voluntad
obran a lo divino, ocultamente y en modo
sorprendente, así que son luz que ilumina, son vientos que purifican, son fuego
que quema, son milagros que hacen hacer los milagros, y quie- nes los
hacen son sólo los canales, porque en ellas es donde reside la potencia para
hacerlos, así que son el pie del misionero, la lengua de los
predicadores, la fuerza de los débiles, la paciencia de los enfermos, el
régimen de los superiores, la obediencia de los súbditos, la tolerancia
de los calumniados, la firmeza en los peligros, el heroísmo de los
héroes, el valor de los mártires, la santidad de los santos, y así de todo lo
demás, porque estando en mi Vo- luntad concurren a todo el bien que
puede haber en el Cielo y en la tierra.”
Pensamos que la
beatitud que forman a “los que están junto” son
aquellos otros seres humanos que tienen la misma misión y la misma vocación de
los que viven en Su Voluntad, y esto es consistente con nuestra interpretación
de que el Reino de Su Voluntad en la
tierra como en el Cielo, estará formado por criaturas que, en conjunto, tengan
todas las vocaciones, oficios y misiones humanas, para que la Sociedad del
Reino del Fiat Supremo esté completa, y los logros de esa Sociedad puedan ser
plenos. Así, habrá un Misionero, si no lo hay ya, que viviendo en Su Voluntad
ya ha for- mado o formará la beatitud de todos los demás misioneros que hayan
vivido, vivan y vivirán. Asimismo habrá un pin- tor, si no lo hay ya, que
viviendo en Su Voluntad, forme o formará la beatitud de todos los pintores que
hayan vivido, vivan o vivirán. Y así de todas las demás vocaciones, misiones y
oficios humanos.
(5) y no hay bien que sobre la tierra exista, que no se deba atribuir a
estos dioses de mi Voluntad, o co- mo causa directa
o indirecta, pero todo a ellos se debe.
– El Señor ahora añade, que lo que hacen los que
viven en Su Voluntad, no solamente impacta directamente a los que “les
están junto”, sino que impacta indirectamente a todos los demás, puesto que
todo acto hecho en Su Voluntad, es un acta intrínsecamente universal por
divino, y que no puede ser de otra manera. Asimismo, pudiéramos decir que los que
viven en Su Voluntad, actúan directamente, puesto que muchas de nuestras
peticiones, que sabemos de antemano Dios las quiere, pueden estar dirigidas a
una persona en particular. Por ejemplo, cuando oramos por la conversión de un
pecador, oramos por ese individuo direc- tamente, pero nuestro acto se expande
universalmente, y estamos orando por todos los pecadores en ese mismo momento.
(6) Y así como en el Cielo no
hay felicidad que de Mí no salga, así
en la tierra no hay bien que exista que no venga de ellos.
- Nada podemos añadir
a estas Palabras
finales del Señor, que recapitulan lo dicho anteriormente en forma inequívoca.
Resumen del capítulo del 8 de Marzo de 1914: (Doctrinal) – Página 114 -
Aunque parezca
que hay un solo capítulo en este día, rápidamente comprendemos que hubieran
podido ser 4 capítu- los, puesto que los Conocimientos el Señor se los da en
cuatro días separados, pero ella los escribe todos en este día. Con este
entendimiento, decimos que el capítulo tiene 4 Bloques, para proseguir con el método
que siempre utiliza- mos cuando existen varias clases de Conocimientos en un
mismo día.
Continuando mi
habitual estado, mi siempre amable Jesús no ha dejado de hablarme continuamente
de su Santísima Voluntad; diré lo poco que recuerdo.
Entonces, no estando bien,
al venir el bendito Jesús
me dijo:
(A) “Hija mía, quien está en mi
Voluntad, todo lo que Yo hago, el alma puede decir es mío, porque la voluntad
del alma está tan fundida con la mía, que lo
que hace mi Voluntad hace
ella, así que viviendo y muriendo
en mi Querer no hay bien que con ella no se lleve, porque no hay bien que mi
Voluntad no contenga, y de todos los bienes que hacen las criaturas mi Voluntad
es la vida, entonces, muriendo el alma en mi Voluntad se lleva consigo todas
las misas que
se celebran,
las oraciones y las obras buenas que se hacen, porque todas son frutos de mi
Voluntad, y además, todo esto es mucho menos en comparación del obrar mismo de
mi Voluntad que el alma se lleva consigo como suyo, basta un instante del obrar
de mi Voluntad para sobrepasar todo el obrar de todas las criaturas pasadas,
presentes y futu- ras, así que el
alma muriendo en mi
Voluntad, no hay belleza que la iguale,
ni altura, ni riqueza, ni santidad, ni sabidu-
ría, ni amor, nada, nada la puede igualar, así que el alma que muere en mi
Voluntad, al ingreso que hará en la patria celestial no sólo se abrirán las
puertas del Cielo, sino que todo el Cielo se abajará para hacerla entrar en la
celestial morada, para hacer honor
al obrar de mi Voluntad; qué decirte además,
la fiesta, la sorpresa de
todos los bienaventu- rados al ver
esta alma toda sellada por el obrar de la Voluntad Divina; al ver en esta alma
que todo lo ha hecho en mi Querer, que
todo lo que ha hecho en vida, cada palabra, cada pensamiento, obra,
acción, etc., son tantos
soles que la adornan y uno
diverso del otro en la luz y en la belleza; al ver en esta alma los tantos ríos
divinos que inundarán a todos los bienaventurados, y que no pudiéndolos
contener el Cielo correrán también en la tierra para bien de los via- dores.
¡Ah!, hija mía,
mi Voluntad es el portento de los portentos, es el secreto para encontrar la
luz, la santidad, las rique- zas; es el secreto de todos los bienes, y no es
conocido, y por lo tanto ni apreciado ni amado. Al menos tú aprécialo y ámalo,
y hazlo conocer a cuantos veas dispuestos”.
Otro día,
estando sufriendo sentía que no podía hacer nada y me sentía oprimida por esto,
y Jesús estrechándome toda me dijo:
(B) “Hija mía, no te
inquietes, busca solamente el
estar abandonada en mi Voluntad, y Yo haré todo por ti,
porque es
más un solo instante en mi Voluntad,
que todo lo que podrías
hacer de bien en toda tu vida”.
Recuerdo también
que otro día me dijo:
(C) “Hija mía, quien
verdaderamente hace mi Voluntad, puede decir que todo lo que se desarrolla en
ella, tanto en el alma como en el cuerpo, lo que siente, lo que sufre, puede
decir: “Jesús sufre, Jesús está oprimido”. Porque todo lo que las criaturas me
hacen me llega hasta en el alma en la cual habito, porque hace mi Voluntad, así
que si las frial- dades de las criaturas me llegan, mi Voluntad las siente, y
siendo mi Voluntad vida de esa alma, por consecuencia sucede que también el
alma las siente, así que en vez de afligirse por estas frialdades como suyas,
debe estar en torno a Mí para
consolarme y repararme por las frialdades que mandan las criaturas; así si
siente distracciones, opre- siones y otras cosas, debe estar en torno a Mí para
aliviarme y repararme, no como cosas suyas sino como mías, por eso el alma que
vive de mi Voluntad sentirá muy diversas penas, según las ofensas que me hacen
las criaturas, pero las sentirá repentinamente y casi de sobresalto, como
también sentirá gozos y contentos indescriptibles, y si en las penas debe
ocuparse en consolarme y en repararme,
en las alegrías y en los contentos debe ocuparse en gozárselos, y entonces mi Voluntad encuentra su
compensación, de otra manera quedará contristada y sin poder desarrollar lo que contiene mi Querer”.
(D) Otro día me dijo:
“Hija mía, quien hace mi Voluntad, absolutamente no puede ir al purgatorio, porque mi
Voluntad purga al alma de todo, y habiéndola tenido en vida tan celosamente
custodiada en mi Querer, ¿cómo podré permitir que el fuego del purgatorio la
toque? Además, a lo más le podrá faltar algún adorno, y
mi Voluntad antes de
develarle la Divinidad, la va adornando de todo lo que le falta y luego me
develo”.
* * * * * * *
Y analicemos ahora el Bloque
(A).
(1)
Hija mía,
quien está en mi Voluntad, todo lo que Yo hago, el alma puede decir es mío,
porque la vo- luntad del alma está tan fundida con la mía, que lo que hace mi
Voluntad hace ella, - Como ya hemos indi- cado, en este volumen 11, el Señor no describe todavía, el
vivir en Su Voluntad, como un proceso en el
cual Su Volun- tad, se biloca, se
extiende en la criatura, para hacer vida en ella, y obrar con ella. Su
lenguaje, por tanto, evita esta abstracción y enfatiza la unidad que hay entre
la criatura y Él, y cómo todo lo que Él hace, la criatura puede “decir que es mío”, puede
poseerlo en virtud de que ambos, ejecutan sus actos en Su Voluntad, y la una no
puede distin- guirse de la otra, porque
Su Voluntad es Una. De nuevo, en los
volúmenes superiores es cuando
se hace más palpable que todo esto
no es una manera retorica de hablar, sino que está describiendo exactamente lo
que sucede en una criatura que vive en Su Voluntad.
Uno de los
aspectos que el Señor quiere comenzar a describir en este capítulo, y en donde
más concentraremos tam- bién nuestra atención, es que “lo que Su
Voluntad hace”, y debiera haber añadido, porque Él ha decidido Su
Volun- tad lo haga, y una vez decidido hecho está.
Ahora bien, esto que Él ha decidido se haga, aunque goza de una multipli- cidad
infinita, tiene dos enfoques generales, a saber, uno de los enfoques es
referente a Su Creación, y el otro de los enfoques es referente a los seres
humanos. Cuando se refiere por tanto a que hacemos lo que Su Voluntad hace, se
refiere a que participamos de lo que crea ad-extra en Su Creación, como también
completamos el acto de Amor de la Sugerencia Amorosa, que también Su Voluntad,
vía el Amor Divino, ha creado para nosotros. Dicho de otra manera. Lo que Su Voluntad hace, referente a
nosotros, necesita ser completado por nosotros, por tanto puede decirse que
hasta que yo no complete Su acto de
Amor, haciendo lo que Me pide que
haga, Su Voluntad no se ha
hecho; mientras que, cuando Yo hago repitiendo lo que Su Voluntad hace en todo
el resto de la Creación, mi participación debemos visualizarla como que
acompañamos al Ser Divino en una Creación que está completa. Ahora bien, y esto
es lo verda- deramente importante, tan importante para Dios es lo que crea
completo, el más grande de los universos, por ejem- plo, como lo que crea en
cada Acto de Amor con el que Nos guía hacia Él. Para uno y otro Fiat, se
requiere el mismo “esfuerzo” de Omnipotencia, para decirlo de alguna manera. Ya
sabemos por el capítulo del 17 de Septiembre de 1927, volumen 23, que el Dolor
que Él siente, viendo el Dolor que Su Voluntad “padece” por los Actos de Amor
que dejamos incompletos es de una magnitud inconcebible a nuestra mente, pero
perfectamente real. No parece que aca- bamos de comprender lo que significa que
una Voluntad Omnipotente quede incompleta, o sea, un Fiat incompleto, porque
eso es lo que sucede, en cada acto que no completamos nosotros, haciendo lo que
solo nosotros podemos y debemos hacer.
Ahora bien;
cuando este punto ha salido a relucir en los capítulos de los volúmenes
superiores que estudiamos sepa- radamente en las “Descripciones”, decimos que
la acción a veces es sugerida a nuestra vida corporal, y Su Voluntad Bilocada y
Obrante en nosotros, concurre con lo que iniciamos nosotros acogiendo Su
Sugerencia, y otras veces, la iniciativa va dirigida al Cuerpo Divino de Luz,
en donde reside Su Voluntad Bilocada en nosotros, y entonces nosotros
concurrimos con Ella. Independientemente de quien inicia la acción, el Acto de
Amor se completa, y se producen dos actos idénticos, uno el acto
humano, que queda en nosotros, y el otro, el Divino, que se incorpora al Acto
Único de Dios en Su Voluntad.
(2)
así que
viviendo y muriendo en mi Querer no hay bien que con ella no se lleve, porque
no hay bien que mi Voluntad no contenga, - Dos conceptos importantes en
este párrafo 2. El primero lo expone cuando dice que la criatura “viviendo y
muriendo en Mi Querer”, y el
segundo lo expone cuando dice no “hay bien que con ella no se lleve”.
El primer
concepto parece un juego de palabras que solo se entiende si se parafrasea un
poco, y una vez parafrasea- do comprendemos que en esta expresión, viene a
quedar definida la segunda Vida a la que renacemos en Su Volun- tad. En realidad, el Señor
debiera haber dicho “muriendo y viviendo”, porque solo muriendo a nuestra voluntad huma- na en la manera más continua posible, podemos llegar a
vivir en Su Voluntad con toda efectividad y propiedad.
El segundo
concepto es un poco más difícil, porque utiliza una expresión que implica que
nuestra posesión de lo que Él hace en
Su Voluntad, no es posesión discreta sino continua. Dicho de otra
manera. No poseemos lo que Dios hace individualmente, sino que poseemos todo lo
que Él hace en Su Voluntad momento a momento. El Obrar Divino no es un obrar de
actos individuales, separados por pausas en las que nada se hace, sino que el
Obrar Divino es continuo, fluye sin interrupción, en todos los niveles posibles
e imaginables, tanto ad-intra como ad-extra, y genera, continua- mente,
nuevas creaciones, y nuevos Bienes.
Por tanto, para
recibir este Obrar Divino continuo, la criatura necesita contener, y de hecho
contiene, una extensión de Su
Voluntad, capaz de capturar, de “llevarse”, toda aquella continuidad Suya. Así
como todo el Obrar Divino fluye en el Ámbito de Su Voluntad, sin cesar jamás de
producir el Bien que la Trinidad Sacrosanta desea crear, así también ese Obrar
Divino, y todo el Bien de ese Obrar Divino, ahora
fluye en la criatura, “entra” en el Cuerpo
Divino de Luz que la criatura tiene encerrado en ella; y a Su Contacto, este
Cuerpo Divino de Luz queda alimentado y desarrollado, con todos los “nutrientes
de Luz” que recibe, tal y como se desarrolla y crece la Voluntad Suprema que
los ha creado.
Por ahora, es
importante que comprendamos también, que este fluir es también continuo en
nosotros, que nada po- demos retener de lo que de Él fluye;
nos “alimentamos” a Su Contacto, pero este Flujo se nos “escapa” para continuar su “camino santificador”, y al irse de nosotros,
arrastra consigo, “se lleva”, nuestra actuación en Su Voluntad.
De un tiempo a esta parte, este concepto de la Fluidez de Su Voluntad, nosotros lo hemos visualizado
como el Fluir de un Rio de Luz que se ha desviado y ha extendido su cauce
dentro de nosotros, y nos “baña” con la Luz que trae, y los nutrientes de esa
Luz quedan en nosotros y nos desarrollan, y “siguen su camino”, se incorporan nuevamente
al rio madre llevando nuestras propias acciones de luz, todo lo que hemos hecho
en Su Voluntad, y que también hacemos en
forma continua.
Dicho
todo lo anterior, debemos confesar que esto que decimos es verdad hasta este
volumen 11, pero no es total- mente cierto lo que decimos porque ya leímos lo
que dice en el volumen 24 al respecto, a saber, que no solo nos nu- trimos de
los Bienes que Su Voluntad acarrea, sino que, de hecho, quedan depositados en
nosotros los Actos Mismos que crearon lo que Su Voluntad Nos trae. Así Nos dice
en el capítulo del 26 de Abril de 1928, volumen 24: “por eso tú te sientes como atraída
a seguir mis actos, es su eco materno que resuena en ti, y Yo tomo ocasión
para hacer el de- pósito de ellos en el fondo de tu interior, para
darte la gracia de hacer reinar mi eterno Fiat en ti”.
Estos conceptos
son las Revelaciones más importante de este capítulo, y las que el Señor
desarrolla ampliamente en los párrafos 4 al 6.
(3) y de todos los bienes que hacen las criaturas mi Voluntad es la vida, -
Destacamos
este párrafo interme- dio, porque necesita que entendamos que así como Su
Voluntad es la vida de todo lo que Él hace, así también es la Vida de todo lo
que nosotros hacemos; que no hay distinción alguna, por lo que es posible que
todo entre y salga de nosotros, porque somos una extensión de Su Continuo
Hacer. Pero la explicación no termina, sino que ahora se ex- pande.
(4)
entonces,
muriendo el alma en mi Voluntad
se lleva consigo todas las misas
que se celebran, las ora- ciones y las obras buenas que se hacen, porque
todas son frutos de mi Voluntad, - vuelve con
el concepto de lo que sucede, pero ahora utiliza ejemplos concretos de lo que
se incorpora al Flujo de Su Voluntad, porque en Su Voluntad viene y las trae.
Al decir que la criatura, “muriendo en Su Voluntad”, Nos indica
que lo que sucede y des- cribe, solo sucede con criaturas que viven en Su
Voluntad.
El concepto
ahora se expande, como ya habíamos indicado, porque en toda la explicación
hasta ahora, parecería que habla de lo que sucede entre Él y una
criatura que vive en Su Voluntad, pero este no es el caso. El numero de
criatu- ras que vive en Su Voluntad, crece y crece exponencialmente, y a través
de ellas, Su Voluntad también fluye de conti- nuo.
Debemos imaginarnos, y si logramos
“ver” esta Red de
Luz, Él ha conseguido Su Objetivo de explicarnos un poco, este proceso; es más, ha logrado que
entendamos más de esta Vida en Su Voluntad que lo que lograría con cientos de
páginas adicionales. Cada criatura que comienza a vivir en Su Voluntad, y
recibe este Cuerpo Divino de Luz con Su Voluntad Bilocada y Obrante, comienza a
recibir el Flujo de Su Voluntad, y comienza a contribuir con su actuación a
este Flujo continuo. De esa criatura, Su Voluntad fluye en la siguiente, y en la
siguiente, formándose una red de cria- turas conectadas, a través de las
cuales, Su Voluntad, que es Luz, fluye, y “se lleva” lo que cada una hace, y
santifica a la siguiente criatura con lo que la anterior realizó, y así
sucesivamente.
Estamos
depositando en nuestra esfera de Luz no solo lo que hacemos, sino todo lo que
los demás hacen, y lo que El Ser Divino hace; todo queda depositado en mí,
porque todo lo trae el “Rio de Su Voluntad”, y deja todo esto en mí, como un
rio deja en un campo que riega, los nutrientes que traía.
Este
extraordinario concepto, es el ejemplo más perfecto de esta Vinculación que
adquirimos con Él, y con las demás criaturas
que viven en Su Voluntad.
Los que preparan estas Guías de estudio
piensan, que esta Vinculación en el
Reino del Fiat Supremo como en el Cielo en la tierra, será de tal magnitud y perfección, que todos estaremos participando de lo
que todos hacen, y los demás participan de lo que cada uno hace, pero no solo
es participación de beneficios, sino que es participación de acción. Dicho de
otra manera, todos llegaremos a hacer, sin hacerlo, lo que los demás hacen, y todos gozaremos de ese “no hacer” como
si lo estuviéramos haciendo.
Resumamos un
poco más y demos una nueva perspectiva al proceso. La Red de Luz comienza,
cronológicamente con Adán, y queda suspendida, para ser reanudada en Su Madre
Santísima, y en esta segunda “conexión”, el Flujo de Su Voluntad hacia Su Madre
Santísima regresa a Él, porque no hay otra criatura que pueda recibirlo
todavía. En cuanto Jesús nace, este Flujo de Su Voluntad ahora se conecta con
Jesús, y por siglos, esto continúa. Ahora Luisa queda in-
corporada a la “Red de Luz”, en la que Su Madre y Jesús
ya están; y casi de inmediato comienzan a añadirse los nue-
vos seres humanos que comienzan a vivir en Su Voluntad
a través de Luisa.
(5)
y además,
todo esto es mucho menos en comparación del obrar mismo de mi Voluntad que el
alma se lleva consigo como suyo, - el concepto
anunciado antes, de que no solo el que vive en Su Voluntad se lleva lo que los demás que viven en Su Voluntad
hacen, sino que, más importante aún, “se lleva consigo” lo que Ellos mismos hacen, tanto lo ad-intra como lo
ad-extra.
(6) basta un instante del obrar de mi Voluntad para sobrepasar todo el
obrar de todas las criaturas pa- sadas, presentes y futuras, - Esto que recibimos de lo que
el Ser Divino hace, es de tal trascendencia, que afirma que basta que recibamos
lo que Él hace en un instante, para recibir más Bien de Él que todo lo que
todos los demás podamos hacer en Su Voluntad, en todas nuestras vidas. Aunque
no lo dice, pero tenemos que pensar que el Señor incluye en este Obrar Suyo,
todo lo que realiza en los Bienaventurados y los Ángeles, ya que también, a
través de ellos, Su Voluntad Fluye y constituye la Vida y la Felicidad eterna
de todos los habitantes del Cielo.
(7) así
que el alma muriendo en mi Voluntad, no hay belleza que la iguale, ni altura,
ni riqueza, ni santi- dad, ni sabiduría, ni amor, nada, nada la puede igualar,
así que el alma que muere en mi Voluntad, al ingreso que hará en la patria
celestial no sólo se abrirán las puertas del Cielo, sino que todo el Cielo se
abajará para hacerla entrar en la celestial morada, para hacer honor al obrar
de mi Voluntad; qué decir- te además, la fiesta, la sorpresa de todos los
bienaventurados al ver esta alma toda sellada por el obrar de la Voluntad
Divina; al ver en esta alma que todo lo ha hecho en mi Querer, que todo lo que
ha hecho en vida, cada palabra, cada pensamiento,
obra, acción, etc., son tantos soles que la adornan
y uno diver- so del otro en
la luz y en la belleza; al ver en esta alma los tantos ríos divinos que
inundarán a todos los bienaventurados, y que no pudiéndolos contener el Cielo
correrán también en la tierra para bien de los viadores. ¡Ah!, hija mía, mi Voluntad
es el portento de los portentos, es el secreto para encontrar la luz, la
santidad, las riquezas; es el secreto de todos los bienes, y no es conocido, y
por lo tanto ni apreciado, ni amado. Al menos tú aprécialo y ámalo, y hazlo
conocer a cuantos veas dispuestos.- El Señor juega aquí con la expresión “muriendo en Mi Voluntad”. En la primera parte del párrafo, este “morir en Su Voluntad”
implica, el rendimiento total
de nuestra voluntad, tan continuamente como podamos, y que como consecuencia y
recompensa, esa criatura goza de una belleza, una altura, riqueza, santidad,
sabiduría y amor que “nada
puede igualar”.
En la segunda
parte utiliza la expresión para indicar que cuando muramos físicamente, Él Nos
concederá el Don de Vivir en Su Voluntad “en propiedad”; Don que con
toda probabilidad solo teníamos “en préstamo”.
Sabemos por el volumen 18, que el
Don en propiedad, el Espíritu Santo solo lo concede, cuando está “seguro” de nuestra fidelidad e a esta Vida que Nos ha
regalado, con todo lo que eso implica
de persistencia, de atención y de aprecio
al estudio y prac-
tica de todas estas Verdades que Nos regala. ¡Qué mejor momento para
entregarnos la propiedad de este Don, que a la hora de nuestra muerte, cuando
ya tiene la seguridad de nuestra total fidelidad!
Si no
entendemos y aceptamos esta explicación, no tiene mucho sentido lógico lo que
dice a continuación respecto a lo que
sucede con nuestra entrada en el Cielo a la hora de la muerte. Dice que todo el
Cielo “se
abajará para hacerla entrar en la Celestial Morada, para hacer honrar al
Obrar de Mi Voluntad”.
Además
de la argumentación expuesta, adelantemos lo que dice en el próximo párrafo,
cuando dice: “qué decirte además, la fiesta, la
sorpresa de todos los bienaventurados al ver
esta alma toda sellada por el obrar de la Voluntad Divina;” El concepto de sellar que también
explica en los volúmenes superiores, implica la inalterabilidad de aquello que
se sella, de que ya todo queda para siempre, como terminó. Quedar sellado en el
Obrar de la Voluntad Divina quiere decir, que ha sellado a esa alma en la Vida
en Su Voluntad para siempre, y todos en el Cielo sabrán que esto ha hecho Dios con esa alma, y por ello se
abajan todos a recibirla.
Pero esto no es todo. Dice
estas Palabras, un tanto enigmáticas, y que por tanto necesitamos explicar.
Dice que todos quedaran sorprendidos, ”al
ver en esta alma que todo lo ha hecho en mi Querer, que todo lo que ha hecho en vida, cada
palabra, cada pensamiento, obra, acción, etc., son tantos soles que la adornan
y uno diver- so del otro en
la luz y en la belleza;”. La implicación totalmente sorpresiva es que una
vez que confirma en noso- tros el Don de Su Voluntad en propiedad, que todo lo
que hemos hecho en nuestras vidas aquí en la tierra, lo hecho antes y lo hecho
después de que aceptamos el Don en préstamo queda sin ser santificado en Su
Voluntad. Obviamen- te parte de nuestra vida fue vivida sin esta Vida de Su
Voluntad, pero el Señor dice que eso no importa, porque Él “mira” y acepta
todo, como si siempre hubiéramos vivido en Su Voluntad.
Todo esto va a jugar un papel importante en nuestro entendimiento del Bloque (D) de
este mismo capítulo.
* * * * * * *
Y analicemos ahora el Bloque (B).
Otro día, estando sufriendo
sentía que no podía hacer nada y me sentía oprimida por esto, y Jesús estrechándome toda me dijo:
Hija mía, no te inquietes, busca solamente el estar abandonada en mi
Voluntad, y Yo haré todo por ti, porque es más un solo instante en mi Voluntad, que todo lo que podrías hacer
de bien en toda tu vida. – Aunque pequeño, este párrafo tiene una gran
importancia, porque explica un aspecto que no había tocado en el Blo- que (A).
El concepto de
no hacer algo, es un concepto humano que implica que no estamos haciendo algo
de importancia. Muchas veces cuando preguntamos a otros lo que están haciendo,
o lo que han estado haciendo en todo el tiempo que no lo habíamos visto, y
ellos responden, “no he estado haciendo
nada”, lo que en realidad dicen es que lo que han hecho no ha tenido mayor
importancia, que ha sido rutinario
e involuntario. Claro está, esto en un sentido estricto es falso, porque nadie puede
vivir sin hacer algo. Aun en la más perfecta inmovilidad que pudiéramos
alcanzar, nues- tra mente está funcionando un cien por ciento, y todas nuestras
actividades vitales realizan su función.
Esto es lo que
Jesús dice en Su respuesta a Luisa, pero añade algo de gran importancia, y esto
es lo que hace al Blo- que (B) muy
importante, y que ya dijera días antes en el párrafo 6 del Bloque (A), a saber, que basta un solo instan-
te de vida en Su Voluntad, que todo lo que de bien podríamos hacer en vidas que
no se vivieran en Su Voluntad.
Bajo los
conceptos estudiados, aun en el reposo absoluto, o en el no hacer algo de
importancia, nuestro cuerpo hu- mano y el Cuerpo de Luz
que replica todas nuestros actos,
voluntarios o involuntarios, están
en continuo movimiento y acción de generar actos de Luz que se incorporan al Acto
Único, por lo que nada debe inquietarnos de esta aparente inacción.
Dice más; dice
que Su Obrar Continuo, tanto ad-intra como ad-extra sigue fluyendo a través de
nosotros, por lo que nuestra alimentación y desarrollo de Vida en Su Voluntad
es continuo.
* * * * * * *
Y analicemos ahora el Bloque
(C).
(1) Hija mía, quien verdaderamente hace mi Voluntad, puede decir que todo lo que se desarrolla
en ella, tanto en el alma como en el cuerpo, lo que siente, lo que sufre, puede
decir: “Jesús sufre, Jesús está oprimido”. - En este Bloque (C), el Señor Nos da noticias nuevas sobre las cruces que a veces
sufrimos, y como debemos interpretar lo que nos sucede día a día. Aunque no lo
dice explícitamente, el Señor habla de dos clases de cruces.
Dentro de la
primera clase, se encuentran las cruces que son propias de los seres humanos.
Por ejemplo, el dolor de muelas que padezco y me hace sufrir lo padecen muchos
y de hecho, cuando yo lo tengo, se que también lo tienen otros, pero hasta en
esto de la cruz, el Amor Divino crea diferencias, puesto que mi dolor de muelas
es único en su forma de manifestarse en mí. Estas cruces de enfermedades y
eventual muerte, son cruces provocadas por el pecado original. Dentro de esta
categoría también se encuentran las cruces que nos ocasionan nuestros pecados,
cruces pro- vocadas por la concupiscencia, que es en definitiva la que nos
tienta a pecar y a sucumbir a veces. Esto también pro- ducto del pecado
original de Adán. Por último, dentro de esta categoría se encuentran también
las cruces que nos ocasionan nuestros semejantes, con las que nos hacen sufrir,
pero recordemos, que también ellos están sujetos a mi misma concupiscencia que
nosotros. De ninguna de estas cruces habla el Señor en este capítulo.
Entendido esto,
el Señor se concentra en otras cruces; no es que estas otras cruces nos sean
totalmente desconoci- das, porque las hemos sufrido de tanto en vez, pero
siempre nos sorprenden porque son inesperadas, y al parecer sin causa aparente.
Nos explicamos. Nadie se sorprende, por sufrir como resultado de una enfermedad; cierto, no nos
gusta, pero no
nos sorprende. Tampoco nos sorprende el que otros nos hagan daño, y si hemos
vivido un poco, no nos sorprenden esas cruces que a veces vienen de amigos. Lo
que nos sorprende a veces, es encontrarnos, de repen- te, en un
estado de ánimo que no concuerda con lo que sucede en nuestro alrededor.
Debiéramos sentirnos alegres pero estamos entristecidos, y no sabemos por qué;
a veces nos sentirnos tristes cuando todo parece ser satisfactorio, y tampoco
sabemos por qué.
Este fenómeno
ha sido bien estudiado por el gran teólogo cristiano, C. S. Lewis. Lewis llama
“ondulaciones” a estos estados de ánimo que nos pueden provocar cruces, y que
nosotros, utilizando ahora su concepto, llamaremos las “cruces de la
ondulación”. Expliquemos por donde vamos.
Dice C. S.
Lewis que el hombre vive sujeto a ondulaciones en cómo se siente, y que estas
ondulaciones no son per- manentes. Así, en nuestras vidas alternan periodos de
felicidad y periodos de tristeza, periodos de optimismo y perio- dos de pesimismo. Dice también este gran pensador cristiano, que es natural
en nosotros el vivir sujetos
a estas ondu- laciones, que ninguna ondulación es
permanente, y que el Señor se aprovecha de esta manera como Nos ha creado para
probarnos, purificarnos y perfeccionarnos.
Hasta aquí la
explicación de C. S. Lewis que son correctas, pero que solo llegan hasta donde
este hermano nuestro conoce. Ahora nosotros vamos a conocer más, por boca del
Señor. Anticipando todo lo que va a explicarnos decimos, que estas “cruces de
ondulaciones” que experimentamos suceden
y nos hacen sufrir, porque el Señor
replica en noso- tros, lo que Él
siente en un instante dado; comparte con nosotros lo que Él sufre por nuestros
pecados, los propios y los ajenos. Por desgracia, no Nos explica cómo se hace
esta Distribución de sufrimientos entre nosotros, los que vivi- mos en Su
Voluntad. Solo sabemos ahora, que lo que C. S. Lewis llama “ondulaciones”, no
son más que Sus Sufri- mientos y Sus Alegrías que Él comparte con nosotros.
Digamos además,
que aunque el Señor da este Conocimiento, explícitamente, a los que vivimos en
Su Voluntad y leemos estos escritos, no por eso quiere decir, que estas “cruces
de las ondulaciones” Suyas no se reflejan en todos y cada uno de los seres
humanos, vivan o no en Su Voluntad. La pregunta obligada es: ¿Por qué Nos lo
dice a nosotros y no a todos? Pues porque solo nosotros, los que vivimos en Su
Voluntad, somos capaces de utilizar estas cruces que Él refleja en nosotros,
para consolarlo, para repararlo, para llorar con Él, y para reír con Él, porque
solo en Su Volun- tad, esta aceptación de las “cruces de las ondulaciones”
pueden acompañarlo y consolarlo. En Su Voluntad, todo lo que hacemos
llega a Él, porque
esta reparación de aceptar un sufrimiento anímico que sentimos porque ÉL lo
siente, y Nos lo “pasa” para que suframos
con Él, solo tiene efecto, en el mismo plano Divino en el que Él habita.
Nuevamente
volvemos al concepto ya estudiado del Rio de Su Voluntad que fluye a través de
nosotros, y que hemos tratado de explicar en
el Bloque (A). Lo traemos a colación, porque es precisamente de este Rio de lo que va a hablar en los
próximos párrafos; y ponemos punto hasta que estudiemos los siguientes párrafos
del Bloque.
(2) Porque todo lo que las criaturas me hacen me llega hasta en el alma en
la cual habito, porque hace mi Voluntad, - y añadimos nosotros, porque
vive en Su Voluntad, requisito indispensable para que el pueda habitar en esa
criatura, dentro del Cuerpo Divino de Luz que ha formado y encerrado en ella.
El Señor está anunciando de inmediato, que todo lo malo o bueno, por supuesto,
que las criaturas Le hacen al Jesús resucitado que está sentado a la derecha
del Padre, también lo recibe, en cada uno de los Jesús que están bilocados en
cada Cuerpo de Luz que reside en cada criatura que vive en Su Voluntad. Lo que le
sucede al real, le sucede a cada una de las bilocaciones.
(3)
así que si las frialdades de
las criaturas me llegan, mi Voluntad las siente, y siendo mi Voluntad vida de
esa alma, por consecuencia sucede que también el alma las siente, así que en
vez de afligirse por estas frialdades como suyas, debe estar en torno a Mí para
consolarme y repararme por las frialdades que mandan las criaturas; - La transmisión de
infelicidad y de frialdad, de sufrimiento y disgusto, se transmiten a Jesús vía
el Amor Divino despreciado en la sugerencia no hecha, y el consiguiente pecado
cometido, y por tanto llega a Él, por
la Vía de Su Voluntad, o sea, por el Rio de Su Voluntad que “pasa” por Él, como
“pasa” por todos los que viven en Su Voluntad. Entendamos claramente, que el acto
no hecho, o mal hecho, no llega a Él, porque nada inco- rrecto puede llegar a Él, pero la ofensa que ese acto ha reflejado, la “incompletación” del acto de amor, si llega a Él, Él la percibe, y Le da sufrimiento y
fastidio.
(4) así si siente distracciones, opresiones y otras cosas, debe estar en
torno a Mí para aliviarme y repa- rarme, no como cosas suyas sino como mías, - Aquí empieza el Señor a
decirnos, que este Conocimiento no es un Conocimiento ocioso,
o sea, dado para que sepamos, sino para que sabiendo lo que sucede,
hagamos nosotros
nuestra parte
para remediar el problema causado.
En efecto dice, que cuando
nos sentimos distraídos, oprimidos, etc., nos sentimos así, porque en Su Voluntad están
estas distracciones, opresiones otras cosas que Él está sufriendo, y como yo
estoy en ese mismo Rio de Su Voluntad, también yo las percibo, y Él espera que
nosotros hagamos actos en Su Voluntad,
que entren en ese Mismo Rio de Su Voluntad, cosa de que cuando Él reciba nuevamente lo que el Rio de Su Voluntad trae, encuentre
no solo las ofensas originales, sino que encuentre ahora también la
compensación que nuestras reparaciones y nuestros consuelos, Le
proporcionan.
Una vez que
reparamos en Su Voluntad, con la intención de acompañarlo y consolarlo por lo que sufre, nuestros actos entran en el Acto
Único de Su Voluntad que fluye y vivifica a todos los que viven en Su Voluntad,
y a todo el Ser Di- vino que también se halla sujeto al flujo de este Rio, y
compensan por las ofensas eternamente también.
(5) por eso el alma que vive de mi Voluntad sentirá muy diversas penas,
según las ofensas que me ha- cen las criaturas, pero las sentirá repentinamente
y casi de sobresalto, como también sentirá gozos y contentos indescriptibles, y si
en las penas debe ocuparse en consolarme y en repararme, en las alegrías y en los contentos debe
ocuparse en gozárselos, - Repite claramente lo dicho y explicado por nosotros. El alma que vive
en Su Voluntad siente lo que Él siente, porque todo este dolor que Él recibe
fluye en este Rio de Luz, y de esa
manera queda compartido con nosotros. Dice que todo el proceso es sorpresivo,
como ya habíamos indicado, totalmente inesperado; sin embargo no limita el
proceso a lo que Le hace sufrir, sino también a lo que Le hace ser feliz, por
lo que nuestros estados de ánimo, nuestras ondulaciones, vienen a ser en
realidad, manifestaciones de este proceso Divino del Flujo de Luz en Su
Voluntad.
(6) y entonces mi Voluntad encuentra su compensación, de otra manera quedará contristada y sin poder
desarrollar lo que contiene mi Querer. – Si no nos aplicamos en aprender esta lección
y hacemos lo que Nos pide al respecto, Su Voluntad, todo el
Ser Divino quedará contristado, porque no hemos hecho lo que era necesario.
Sor- presivamente, ata el desarrollo de nuestra Vida en Su Voluntad, a nuestra
participación.
Esta última
posibilidad debemos tomarla muy en serio. Los que preparan estas Guías de
Estudio creen que debemos ser proactivos y no esperar a que Nos envié esta
participación en Sus Sufrimientos y en Sus Alegrías sorpresivamente,
sino que debemos anticiparnos y declarar nuestra
intención y deseo de recibirlas
y de prepararnos a esta Recepción. A estos efectos, hemos
preparado un Giro que hemos titulado Giro de Compensación con el
que queremos reparar anti- cipadamente
los Sufrimientos que recibe, alegrarnos anticipadamente con Sus Alegrías.
* * * * * * *
Y analicemos ahora el Bloque
(D).
(1) “Hija mía, quien hace mi Voluntad, absolutamente no puede ir al
purgatorio, porque mi Voluntad purga al alma de todo, y habiéndola tenido en
vida tan celosamente custodiada en mi Querer, ¿cómo podré permitir que el fuego
del purgatorio la toque? - La afirmación del Señor es rotunda y definitiva. El alma que hace Su
Voluntad, o sea, no la que cumple Sus Mandamientos solamente, sino la que acoge
y completa toda Su- gerencia Amorosa del Señor, y ordena la Completación de
cada Sugerencia a Su Objetivo Final que es el de la Venida del Reino del Fiat Supremo en la tierra como en el Cielo, no podrá ir al Purgatorio, y da
las razones lógicas por las que no puede ir. En el capítulo del 29 de
Abril de 1928, volumen 24, dará otras razones, mas expansivas y simpáticas, de
por qué esto no puede suceder.
Por ahora dice
que Su Voluntad ha purgado a esa alma de toda mancha posible, porque el contacto
con esta Vida Divina que llevamos dentro ha ordenado todo nuestro hacer a Él, y
porque Su Sangre de Luz ha invadido nuestro cuerpo, nuestros sentimientos,
nuestras debilidades, y nos ha fortalecido y regenerado en la perfección más
posible, en la que Le es acepta y tolerable.
Dice además,
que en vida terrestre, ha tenido a esa alma celosamente custodiada; ha
necesitado custodiarnos de los ataques externos e internos del enemigo, para
que pudiéramos con relativa paz y seguridad desarrollar lo que había puesto
dentro de nosotros, Su Propia Vida.
En una palabra;
si ya ha hecho en vida nuestra, la labor que el Purgatorio está llamado a
hacer, ¿es necesaria más purificación que una vida y una muerte ocurrida
viviendo en Su Voluntad? Obviamente, Su Respuesta es que no hace falta.
(2) Además, a lo más le podrá faltar algún adorno, y mi Voluntad antes de
develarle la Divinidad, la va adornando de todo lo que le falta y luego me
develo. – Después
de anunciarlo todo en el primer párrafo con toda precisión, sin equívocos, y
literariamente terso, este es un párrafo enigmático, al parecer contradictorio
en una primera leída, y confuso, por el uso del verbo develar. Tratemos de
explicarlo brevemente.
En primer lugar, la aparente
contradicción se desvanece por el uso que hace de la palabra
“adorno”, para indiciar que puede ser que nos falte algo para poder pasar al Cielo. O
sea, el hecho de que no tengamos que ir al Purgatorio para purificarnos, llenar
los vacios de Amor que pudieran quedar en nosotros, etc., no quiere decir que
estemos perfectos, sino que estamos tolerablemente perfectos. Un ejemplo quizás
ayude. Dos personas
se presentan a un baile suntuoso.
La una está vestida normalmente, con sencillez, su cuerpo se ve limpio, su
persona pulcra. La otra, no solamente está limpia y pulcra, pero sus
vestimentas son muy elegantes, muy adornadas con detalles de lujo, que indican
que está más preparada que la otra para entrar en este Baile Suntuoso. Lógico
es, que la segunda persona entre directamente al Baile, pero que a la primera
la detengan, y le provean de los adornos necesarios para que ella misma no se
sienta mal entre todos los otros invitados. Comprendamos esto bien. No podemos
entrar al Cielo si no estamos adornados, no
tanto por Dios que ya Nos ha “confirmado en Su Gracia”, sino por nosotros
mismos que nos sentiríamos muy mal al vernos, limpios sí, pero no adornados
como lo están los demás.
Hay una
Revelación extraordinaria, que hasta ahora, solo hemos leído en las Horas de la
Pasión, Hora 16, la Flagela- ción, en la que el Señor dice:
“Mírame, Oh Padre, bajo esta tempestad
de golpes, todo llagado, pero no basta, quiero formar tantas llagas en mi cuerpo
para dar suficientes moradas en el Cielo
de Mi Humanidad a todas las almas, en modo de formar en Mí mis- mo
su salvación, y después hacerlas pasar al Cielo de la Divinidad..”
Si como dice el Señor,
no habrá Purgatorio para las almas
que vivan y mueran
viviendo en Su Voluntad,
pero al mismo tiempo dice que a lo mejor
necesitaran ser adornadas, el lugar donde necesariamente ocurrirá ese
“adornamiento” será en el Cielo de Su Humanidad. No sabemos, porque no nos lo
dice, en qué consistirá ese proceso de Adornamien- to, pero podemos especular
que la particularidad más importante del Cielo de Su Humanidad, es que estaremos
dis- frutando, realmente, de Su Compañía y Presencia, y que en la contemplación
de Jesús, de Sus Perfecciones, cara a cara, como hermano nuestro, como Salvador
nuestro, quedaremos adornados con Sus Mismas Características y Virtu- des.
Pensamos también que Su Inseparable Mama, Nuestra Madre, Nos adornará también
con Sus Virtudes y Perfec- ciones en este Cielo de Su Humanidad en el que Ella
también se encuentra, ocasionalmente claro está, porque la ma- yor parte del
tiempo, se las pasa entre nosotros, tratando de que nos convirtamos y volvamos
a Su Hijo.
Hasta ahora
hemos explicado dos de los aspectos enigmáticos. Falta por tratar de explicar
el concepto de develamien- to. Dice el Señor que una vez que Nos ha adornado, Él “luego se devela”. Curiosamente, el verbo develar
no está en el
Diccionario oficial del la Lengua Española, pero podemos interpretar lo que
dice, basado en lo que ya sabemos sobre Su Uso de la palabra “velo” para
indicar que nuestros cuerpos son como el velo que oculta nuestra alma, y que Su
Cuerpo, Su Humanidad vela a Su Divinidad, es de todos conocida en estos
Escritos.
Así pues, presumimos e interpretamos que lo que el Señor dice, es que, una
vez que Nos ha adornado en el Cielo de Su Humanidad, podremos pasar al Cielo de
Su Divinidad. Él Mismo, Su Madre Santísima y Luisa, Nos llevarán de la Mano y
nos introducirán al Cielo de Su Divinidad, en cuyo Cielo, ya no como Jesús,
sino como el Verbo Eterno, se Nos hará visible, y junto con Él, se nos hará
visible, la Trinidad Sacrosanta. Y entonces, finalmente, como dice San Juan, “veremos
a Dios tal cual es” para
siempre, o como dice C. S. Lewis,
podremos “ver la cara de Dios, porque podremos ver nuestras mismas caras”.
Resumen del capítulo del 14 de Marzo de 1914: (Doctrinal) - Página 117 - El Contento de Jesús es contentarnos -
Hoy estaba
fundiéndome toda en Jesús, pero tanto, de sentir a lo vivo y real a todo Jesús
en mí, y mientras lo sentía me ha dicho, pero en un modo tan tierno y
conmovedor, que mi pobre corazón me lo sentía romper:
“Hija mía, me
es demasiado duro no contentar a quien hace mi Voluntad. Como tú ves no tengo
más manos, ni pies, ni corazón, ni
ojos, ni boca, nada me queda; en mi Voluntad que has tomado, de todo te has
adueñado, y a Mí nada me queda. He aquí el por qué ante los tantos males que
inundan la tierra no llueven los flagelos merecidos, porque me es duro no contentarte, y además cómo lo puedo hacer si no tengo manos, y
tú no me las cedes. Si me llegan a
ser
absolutamente necesarias, me veré obligado a hacerte un robo, o bien a
convencerte, de manera que tú misma me
las cedas. ¡Cómo me es duro, cómo me es duro desagradar a quien hace mi
Voluntad! Me desagradaría a Mí mis- mo”.
Yo he quedado asombrada por este hablar de Jesús, y no sólo eso, sino que
en verdad veía que yo tenía las manos, los pies, los ojos de Jesús, y le he
dicho: “Jesús, hazme ir ya al Cielo”.
Y Él: “Dame otro poco de vida en ti, y después vendrás”.
* * * * * * *
Con este
capítulo el Señor comienza una serie en los que Él discute y explica Su contento
en sus dos aspectos, a sa- ber, como El nos contenta y como nosotros podemos
contentarle. Este concepto, parece ser al observador casual, como un
sentimiento opcional, porque generalmente lo asociamos con los conceptos de
alegría y felicidad, pero, en realidad, el concepto de contentar o de que a uno
lo contenten, tiene muy poco que ver con el de la alegría o felici- dad. Dice
el Diccionario que contentar es “satisfacer las aspiraciones de uno”, y las
definiciones complementarias, pudiéramos decir que uno está contento, cuando
las aspiraciones que uno tiene han quedado satisfechas, y de que hacemos a
alguien sentir contento, cuando hacemos lo que está a nuestro alcance para que
ese otro satisfaga sus aspiraciones.
Dios quiere satisfacer Sus Aspiraciones, respecto
de nosotros, y quiere asimismo, satisfacer las aspiraciones
que desde el primer momento de
nuestra existencia están presentes en nosotros. Y si no, que le pregunten a un
recién nacido que es lo que lo tiene contento, y nos diría, si pudiera, que es
tomar la leche de su mamá.
En la medida en
que vamos estudiando, llegaremos a comprender lo importante que es para Jesús
el sentirse conten- to, y como todo esto se traduce en darnos contento. Es un
tópico que mientras más lo estudiamos, mas comprende- mos que está en lo más
profundo, en la raíz misma de nuestra Relación con Dios en Jesús.
Refiriéndonos ahora a este capítulo en particular, el Señor habla de
que quiere siempre tener contenta
a Luisa, porque “Le es demasiado duro no
contentar a quien hace Mi Voluntad”, viviendo en Mi Voluntad. Con esta afirmación, omite sin embargo, dos aspectos
importantísimos que nosotros ahora citamos.
El primero es
que Le es demasiado duro no contentar, porque Luisa Le da contento a Él, o sea,
que Luisa satisface, día a día,
momento a momento, Sus Aspiraciones para con ella. Ahora nos resulta extraño
que no se nos haya ocurri- do hasta ahora, que esto de que una criatura haga Su
Voluntad en términos generales, y mucho más en aquellos que viven en Su
Voluntad, es lo único que satisface Sus Aspiraciones de cuando decidió
crearnos. Sus Expectativas, Sus Aspiraciones, respecto de nuestra creación, han
sido siempre las que necesitamos satisfacer. Cuando estas Expectati- vas o
Aspiraciones Suyas se satisfacen por una criatura, en este caso Luisa, Le es
demasiado duro a Él, no satisfacer plenamente nuestras Expectativas o
Aspiraciones; lo necesario y también lo superfluo, y aun aquello que ni
siquiera sabíamos eran aspiraciones nuestras.
El segundo
aspecto por el que Le es duro no contentarnos, es porque no puede olvidársenos,
que hay un Jesús bilo- cado en nosotros, y tampoco puede Él no contentar a este
Jesús que Luisa lleva dentro; también Le es muy duro no contentarlo. Aunque
pueda parecer un juego de palabras, el Jesús Bilocado en Luisa no podrá
desarrollarse a la par con Luisa,
a menos que las Aspiraciones de Luisa queden
satisfechas, y ella esté contenta.
De nuevo, el Jesús
Original, el Principal, el que vivió, murió y resucitó, y está sentado a la derecha
del Padre, es el que está Bilocado, y al Bilocarse se coloca en la misma situación
de la criatura en la que se biloca. Este Jesús Bilocado siente y sufre lo mismo
que Luisa siente y sufre, y “hermanado en ella”, siente una compasión
particularísima con Luisa por esta unión tan intima que tiene con ella. Y todo
esto que se habla de Luisa, se habla de cada criatura que vive en Su Voluntad,
porque se encuentra en iguales circunstancias.
Es de esta
situación de la que el Señor continúa hablando en el capítulo. Las manos de
Luisa son las manos de Jesús, que “pierde” Sus Manos para poder realizar esta
Unión que podemos entrever, pero que solo Él entiende y compren- de. Todo lo de
este Jesús que se ha bilocado en Luisa y en nosotros, deja de ser de Él, para
ser de Luisa o nuestro.
Al mismo tiempo que decimos esto,
todo lo que sucede
en el Jesús Bilocado es replicado instantáneamente en el Jesús Principal, porque no puede haber una falta de sincronización entre ambos
Jesuses.
Apliquemos esto ahora a la preocupación perenne de Luisa respecto de los
castigos que Su Justicia requiere. Hasta ahora sabíamos, que Jesús muchas
veces, a petición de Luisa, o no castigaba, o aminoraba los castigos que de
otra manera hubieran sido más severos. Ahora sabemos más claramente, que no solo
es la petición de Luisa la que atien- de, sino que está atendiendo mas bien, a
la Petición del Jesús Bilocado que ya no puede actuar “desincronizado” con
Luisa, porque como vemos, Luisa tiene ahora Sus Manos, tiene ahora Sus Pies,
porque “de
todo te has adueñado, y a Mí nada me queda”.
Dicho de otra manera y más directamente. El Jesús Bilocado
no quiere castigar,
porque Luisa no quiere castigar,
y
¿cómo es posible no contentar al Jesús
que está dentro de Luisa, no “satisfacer Sus Aspiraciones, que en este caso es
la de no se
castigue?
El Señor así Nos enseña. Cuando
ya pensábamos que sabíamos algo, cambia nuestra perspectiva, porque todavía no
hemos llegado al fondo mismo del Conocimiento que quiere darnos.
Dicho todo esto, sin embargo, el Jesús Principal no puede contentar al Jesús Bilocado
por las exigencias de Su Justicia, y entonces solo Le quedan dos
caminos a seguir, aunque Le cause gran desagrado.
En primer
lugar, trata de que Luisa comprenda la necesidad de los castigos, como algo
necesario para la conversión y salvación de muchos, que de otra manera no se
convertirían y salvarían, y en última instancia, porque Dios no puede poner a
un lado, Su Derecho de que se Le respete y no se Le ofenda.
Seguidamente,
Le pide a Luisa que le “preste” y “le ceda” por un
ratito, las Manos y los Pies de los que Luisa se ha adueñado, porque sin esas
Manos y Pies, que se replican en el Jesús Principal, el Jesús Principal no
puede castigar. Si Luisa no entrara en razones, entonces “Me veré obligado a
hacerte un robo”, cosa que nunca puede hacerse sin algu- na clase de violencia.
Esto ya sabemos es lo que Jesús a veces hace, cuando Luisa no quiere cederle
Sus Manos para que castigue, porque se Le oculta, a veces por largo tiempo, con
lo que le hace violencia a esta Hija Suya que tanto ama.
¡Cómo
me es duro, cómo me es duro desagradar a quien hace mi Voluntad! Me
desagradaría a Mí mismo”. Con estas
Palabras lastimeras, termina el Señor Su argumentación, en la conocida lógica
circular que utiliza con mucha frecuencia.
Ante todo esto,
Luisa queda asombrada, porque ahora que se lo ha dicho, ella ve que en efecto,
las Manos, los Pies, los Ojos de Jesús estaban
en ella, y lo único que se le ocurre es decirle que se la lleve al
Cielo; a lo que Jesús, en una corroboración extraordinaria y lo
mas coloquial posible, Le dice: “Dame otro poco de vida en ti, y después
vendrás”.
Resumen del capítulo del 17 de Marzo
de 1914: (Doctrinal) – Página 118 – El Contento de Jesús y el Trinitario – conti-
nuación -
Continuando mi
habitual estado, mi amable Jesús continuaba haciéndose ver en toda yo, y que yo
poseía todos sus miembros, y se mostraba tan contento, que pareciendo que no
podía contener este contento me ha dicho:
“Hija mía,
quien hace mi Voluntad entra a tomar parte de las acciones “ad intra” de las
Divinas Personas; solo para quien hace mi Querer está reservado este
privilegio, no sólo de tomar parte en todas nuestras obras “ad extra”, sino que
de estas pasa a las obras “ad intra”. He aquí porqué me es duro no contentar a
quien vive de mi Querer, porque estando el alma en mi Voluntad, está en lo
íntimo de nuestro corazón, de nuestros deseos, de nuestros
afectos, de los pensamientos; su
latido, su respiro y el nuestro son uno solo, así que son tales y tantos los
contentos que nos da, las complacencias, la gloria, el amor, todos de modos y
de naturaleza infinitos, nada desemejantes de los nuestros, que así como en
nuestro Amor eterno, Uno rapta al Otro, el Uno forma el contento del Otro,
tanto, que no pudiendo mu- chas veces contener este Amor y estos contentos salimos en obras “ad extra”, así quedamos raptados y felicitados por esta alma que hace nuestro Querer. Por tanto,
¿cómo dejar descontenta a quien tanto nos contenta? ¿Cómo no amar como nos
amamos a Nosotros mismos, no como amamos a las demás criaturas, a quien nos ama
con nuestro Amor? Con esta alma no hay velos de secretos entre Nosotros y ella,
no hay nuestro y tuyo, sino todo es en común, y lo que Nosotros somos por
naturaleza, impecables, santos, etc., al alma la hacemos por gracia, a fin de
que ninguna dispari- dad haya entre ella y Nosotros. Y así como Nosotros no
pudiendo contener nuestro Amor salimos en obras “ad extra”, así no pudiendo contener
el amor de quien hace nuestro Querer, la sacamos fuera de Nosotros y la señalamos
ante
los pueblos
como nuestra favorita, nuestra amada, y que sólo por ella y por las almas
semejantes hacemos descender los bienes sobre la tierra,
y que sólo por amor
a ellas conservamos la tierra; luego a esa alma la
encerramos dentro de Nosotros para
gozárnosla, porque así como las Divinas Personas somos inseparables, así se
vuelve inseparable quien hace nuestro Querer”.
* * * * * * *
Antes de
comenzar a analizar este importante capítulo, queremos llamar la atención del
lector a los párrafos 2, 3 y 4, en los que Nuestro Señor Nos da Revelaciones
extraordinarias relativa al “comportamiento” que existe entre las Tres Divinas Personas, y en la naturaleza, oculta hasta ahora,
de la Relación de Amor que se tienen. Decimos la naturaleza, pero no es la caracterización
correcta de lo que está ocurriendo, sino que quizás debiéramos decir que
explica cómo se desarrolla, se ha
desarrollado, y continuará desarrollándose esta Relación de Amor entre las Tres
Divinas Personas.
Y analicemos este importante capítulo.
(1) Hija mía, quien hace mi Voluntad entra
a tomar parte de las acciones “ad intra” de las
Divinas Perso- nas; solo para quien
hace mi Querer está reservado este privilegio, no sólo de tomar parte en todas
nuestras obras “ad extra”, sino que de estas pasa a las obras “ad intra”. - Nos ha hablado muchas veces de las Obras Divinas, y
como se dividen en obras ad-intra y obras ad-extra, y aunque sabemos que las
Obras ad-extra tienen que ver con todo lo que crea, ha creado y creará, poco o
nada sabemos de las Obras ad-intra, porque funda- mentalmente no creo que
entenderíamos lo que son, aunque el Señor tratara de explicarlas. Lo que si
sabemos, es que tienen que ver con la
Relación Amorosa que se tienen los Tres.
Dicho esto, sin
embargo, el Señor Nos dice en este capítulo, que sin que las entendamos, sin
que ni siquiera lo supié- ramos hasta ahora que leemos Su Revelación al
respecto, tanto Luisa como nosotros, los que vivimos en Su Voluntad,
participamos de Su Obrar Ad-intra, y que este Privilegio extraordinario está
reservado a nosotros.
Ahora bien,
¿Cómo interpretar las Palabras que siguen: “no sólo de tomar parte en todas
nuestras obras “ad extra”, sino que de estas pasa a las obras “ad intra”?
Obviamente
estamos llamados a participar en las Obras ad-extra, y es en este sentido que
debemos interpretar Su Deseo de que hagamos Giros en Su Creación, porque de esa
manera, ahora entendemos también, estamos partici- pando de Su Quehacer
Creador. Pero, ¿cómo es esto de que haciendo lo ad-extra pasamos a lo ad-intra?
Este párrafo
solo puede entenderse cuando entendemos un poco lo que Dios es, por lo que Dios
hace. Dicho aun de otra manera. Su Naturaleza y Su Obrar Interno, tienden a
revelarse mejor si atendemos a lo que Dios hace.
Recordemos que el énfasis de los conocimientos teológicos tradicionales,
relativo a cómo podemos llegar a conocer y amar a Dios verdaderamente, se
concentran en el amor al prójimo; es más, el Mismo Señor Nos dice que el Primer
Mandamiento ha sido “modificado” permanentemente para incluir al Amor al
Prójimo como el otro elemento esencial. Ahora, Nuestro Señor anuncia que solo
podemos ser uno con Él, si llegamos a Él a través de Su Creación, que por
supuesto, incluye a Jesús Mismo, y a Su Madre Santísima, con lo que no existe
contradicción alguna con Sus Palabras anteriores en las que afirma que “Él
es el Camino, la Verdad y la Vida”.
(2) He aquí porqué me es duro no contentar a quien vive de mi Querer,
porque estando el alma en mi Voluntad, está en lo íntimo de nuestro corazón, de
nuestros deseos, de nuestros afectos, de los pensa- mientos; su latido, su respiro y el nuestro son uno solo, - Aunque no lo ha
dicho explícitamente en el párrafo
1, el Contento Trinitario comienza con esta “admisión” al Circulo Intimo
de la Santísima Trinidad, porque al admitirnos pueden Ellos comenzar a
“satisfacer las Aspiraciones” que tienen sobre nosotros.
Y, ¿cuáles son
esas Aspiraciones Divinas que satisfacemos viviendo en Su Voluntad? Ellos
satisfacen Sus Aspiraciones cuando, admitidos a Vivir en Su Voluntad, y
viviendo consistentemente de Su Voluntad, Ellos pueden comenzar a sa-
tisfacer nuestras aspiraciones; aspiraciones que Ellos Mismos han puesto en
nosotros. Todo esto lo ahondará el Señor al máximo posible en el próximo
capítulo.
Un ejemplo
quizás ayude. Un tío nuestro riquísimo que tiene de todo, nos invita a vivir
con él en su palacio. Cuando comenzamos a vivir con él, queremos contentarle con algo, pero no sabemos con qué. Vivimos con él, y tratamos de
hacer lo que nos pide, porque la mayor
parte de las veces lo que
nos pide es muy agradable, y él parece estar conten-
to, pero nosotros no sabemos por qué porque nada le hemos dado que reciproque
su generosidad, porque nada te- nemos que
darle. Un día le preguntamos, ¿tío porque está usted tan contento, si yo no le he dado nada, ni hago nada que le
sirva a usted de mucho, porque usted lo tiene
todo? A lo que el tío sonriendo
dirá, que él está contento porque
estamos con él, porque esa siempre había sido su aspiración conmigo, y ahora la
ha satisfecho.
Dicho esto,
quizás entendamos lo que dice, particularmente si leemos ahora de atrás para
adelante. Así dice que al admitirnos, estamos en lo más íntimo de “Su Corazón, de
Sus Deseos, de Sus Afectos, de Sus Pensamientos”, y en esta
relación, nuestros seres,
el Ser Divino y el humano, están tan unidos
que forman uno solo. Y entonces se pregun-
ta: ¿Cómo es duro no contentar a esa criatura
que vive de Su Querer,
que está tan cerca de todo lo que Son? Hay dos factores en lo que dice que debemos
enfatizar:
a)
Al nosotros formar Su Contento, Ellos se ven obligados a formar nuestro
contento. Muchos de los lectores po- drán decir: y, ¿cuál es nuestro contento”,
cuáles son nuestras aspiraciones que Ellos se ven obligados a satis- facer? A
esta pregunta solo podemos responder como siempre respondemos diciendo, que
nuestro contento viene dado, nuestras aspiraciones son satisfechas,
aspiraciones que también Ellos mismos han depositado en nosotros, cuando
llegamos a ser parte de Su Familia, cuando llegamos a saber más de Dios, cuando
partici- pamos mas de Dios, o sea, de Sus Infinitas Perfecciones y Amor; cuando
colaboramos con Él en Sus Planes y Objetivos, y cuando participamos en los
Sentimientos Divinos, o sea, cuando intuimos algo de la Belleza Ex-
traordinaria, de la Sublimidad de los Sentimientos Divinos; todo por supuesto,
en la medida en la que nuestra capacidad como criatura, puede llegar a
participar de lo que Dios es, de lo que hace, y de Sus Sentimientos.
b)
El segundo factor, aunque anunciado, implica que cada acción nuestra en
Su Voluntad, siguiendo Sus Suge- rencias Amorosas, nos hace partícipe de Su
Acto de Amor hacia nosotros encerrado en esa Sugerencia, y nos hace partícipe
de los Sentimientos Divinos que también han encerrado en esa Sugerencia
Amorosa. Este tópi- co de los Sentimientos Divinos que Ellos Nos participan en
cada Sugerencia Amorosa de Acción, lo hemos ex- plorado en nuestra Descripción
57, e invitamos al lector a que la estudie.
(3) así que son tales y tantos los contentos que nos da; las complacencias,
la gloria, el amor, todos de modos y de naturaleza infinitos, nada desemejantes
de los nuestros, - Los contentos que Les damos los
defi- ne Jesús rápidamente, a saber, Las complacencias que recibe, porque
hacemos, más o menos bien, lo que Nos pide que hagamos. Esto que hacemos Les da
Gloria, porque más y más reconocemos Su Paternidad Bondadosa. Le devol- vemos, incrementado, el Amor que Nos envía en cada Sugerencia que acogemos, y todo esto lo hacemos en el Ámbito de Su Voluntad, vía la Voluntad
Bilocada y Obrante que ha encerrado en nuestro Cuerpo de Luz.
(4)
que así como
en nuestro Amor eterno, Uno rapta al Otro, el Uno forma el contento del Otro,
tanto, que no pudiendo muchas veces contener este Amor y estos contentos
salimos en obras “ad extra”, así quedamos raptados y felicitados por esta alma
que hace nuestro Querer. - En el párrafo cumbre de este capítulo, por las
Revelaciones sobre lo que constituye la Relación Trinitaria, dice el Señor, que
así como cada Uno de Ellos “rapta al otro”, en forma
alternada y constante; así como cada
Uno de Ellos “forma el
contento del Otro”, así la
criatura que vive en Su Voluntad, Les rapta y Les contenta, y añade, que Ellos
se felicitan entre Sí, por la excelente labor que han realizado en nosotros.
Aunque el verbo raptar tiene una connotación desagradable, hay una
acepción que dice que rapto es “estado del alma dominada por un sentimiento
de admiración y unión mística con Dios”. En esta definición hay un concepto
con el que el Señor intenta explicar algo de la Relación Trinitaria. Al decir
que el “Uno
rapta al Otro” implica que en esta Acción Divina ad-intra, lo que Uno de Ellos inicia, atrae
tanto al Otro, o a
los Otros Dos, que quisiera absorberlo o absorberlos
en ese Uno. Al mismo tiempo, ese “raptar” Uno al Otro, o a los otros Dos,
implica que esa acción del Uno satisface perfectamente las Aspiraciones que el
Otro, o los Otros Dos, puedan tener.
Y, ¿cuáles son las Aspiraciones de las Otras Dos Personas Divinas que la acción
de la Una puede llegar a satisfacer perfectamente? Pensamos que la res- puesta
está claramente delineada, en que, sea cual fuere la Acción que el Uno inicia,
el Otro o los Otros Dos se sien- ten “amados” por el Uno, o sea, sienten que
son la Admiración del Uno, sienten que el Uno piensa que los Otros Dos son
los Seres mas merecedoras de esa Atención y Halago, que el Uno siente por el
Otro, o los otros Dos.
Quizás no hemos
comprendido aún, pero estamos comprendiendo cada vez más, que nuestro creciente
Conocimiento de Ellos y de Nuestro Señor, provoca en nosotros una Admiración
cada vez más profunda, un quedarnos constante- mente “boquiabiertos” con lo que llegamos a
saber; nos embarga un sentimiento de que el Ser Divino es
verdadera-
mente lo más
importante, lo mas merecedor de nuestra atención y halago, y de que todos
nuestros esfuerzos deben encaminarse a contentarles. Ellos sienten esta
Admiración nuestra, sienten que nosotros, con nuestras limitadas ac- ciones,
pero con nuestra infinita intención, queremos “raptarles” como Ellos Mismos se
raptan entre Sí, como cada Uno de
Ellos admira al Otro, o a los otros Dos, y como Nos “raptan” a nosotros, porque
admiran la labor que han rea- lizado en nosotros.
(5) Por tanto, ¿cómo dejar descontenta a quien tanto nos contenta? ¿Cómo no
amar como nos amamos a Nosotros mismos, no como amamos a las demás criaturas,
(sino) a quien nos ama con nuestro Amor? Con esta alma no hay velos de secretos
entre Nosotros y ella, no hay nuestro y tuyo, sino todo es en co- mún, - Es difícil explicar este
párrafo, para el que Nos ha estado preparando. Si pudiéramos haber visto a
Jesús en el momento en que Le decía estas Palabras a Luisa, quedaríamos
extasiados. Es tal la profundidad de Sus Sentimientos que nos apabulla.
Su retorica, expresada
negativamente, es particularmente efectiva: ¿Cómo no contentar a quien tanto Nos contenta?
¿Cómo no amar…
a quien Nos ama con nuestro Amor? La conclusión del párrafo es igualmente
extraordinaria, porque dice, que como resultado de ese Deseo Trinitario de
contentarnos y de amarnos, revelan todos Sus Secretos, y hacen todo en común
con nosotros.
Este comunidad del Ser Divino con nosotros, “no hay nuestro
ni suyo, sino todo es común”, es una expresión que abarca todos los
siglos, es eterna, y así, cada uno de los que viven verdaderamente en Su Voluntad,
participan de todo lo que este Ser
Divino es, y de todo lo que ha hecho, antes de nosotros existir, ahora que existimos, y en el futu- ro, si no en esta tierra, ciertamente en el Cielo.
(6)
y lo que
Nosotros somos por naturaleza, impecables, santos, etc., al alma la hacemos por
gracia, a fin de que ninguna
disparidad haya entre ella y Nosotros.
– El Señor comienza ahora
a dictar las consecuencias
de este “no
hay nuestro ni suyo, sino todo es en común”, en los párrafos 6 al 8.
En este primer párrafo
habla de la primera
consecuencia, a saber,
que Nos hacen por gracia
lo que Ellos son por natu- raleza. Este concepto lo hubiéramos
aceptado antes, porque Él lo dice, y en esta Revelación como en todas, nuestra Fe en lo que Nos dice es firme, pero
hubiera sido una aceptación totalmente ciega. Ahora, ya no es tan ciega, porque
conocemos que la Vida en Su Voluntad incluye la formación de un Cuerpo de Luz, todo Divino, que replica el
nuestro, y en el que reside Su
Voluntad Bilocada y Obrante. Es este “Cuerpo de Luz” al que se refiere, cuando
dice que somos por Gracia lo que Ellos son por naturaleza. Cohabita con
nosotros, y en la medida en que vivimos
y lo desarrollamos con los Conocimientos adquiridos y las Obras practicadas,
mas y mas toma las riendas de nuestra vida total, menos disparidad hay entre
Ellos y nosotros, más nos “parecemos” a lo que Ellos son por naturaleza.
Por supuesto,
que en este crecimiento todo Divino que está ocurriendo en ese Cuerpo de Luz,
nuestra vida natural, cuerpo y alma, participa y se beneficia, pero siempre en
forma limitada, porque la labor principal de nuestro cuerpo natural, es la de
iniciar el proceso Divino que está ocurriendo en nuestro interior.
(7)
Y así como Nosotros no pudiendo contener
nuestro Amor salimos en obras “ad
extra”, así no pudien- do contener
el amor de quien hace nuestro Querer, la sacamos fuera de Nosotros y la
señalamos ante los pueblos como
nuestra favorita, nuestra amada, y que sólo por ella y por las almas semejantes
hace- mos descender los bienes sobre la tierra, y que sólo por amor a ellas
conservamos la tierra; - La segunda consecuencia es la de “sacarnos fuera
de Ellos, y mostrarla a todos los pueblos como nuestra favorita”. En el caso de Luisa
ya todo esto está
ocurriendo. Su Beatificación está muy adelantada, y el Reconocimiento Oficial
de la Iglesias, no debe ya demorar mucho. Sabemos, que en la medida en
que Su Beatificación avance, así también avanza este Apostolado, con el que el
Espíritu Santo va a conducir ahora a la Iglesia por esta nueva dirección complementaria.
El Señor Nos está sacando a todos afuera de Sí, y mostrándonos a todos los
pueblos, como gente escogida, como gente a seguir. ¿Nos parece difícil? Mas
asombrada debe estar Luisa ahora en el Cielo, de lo que ha sucedido ya con esta
pobre campesina italiana, y sus “pobres” Escritos, redactados con pluma de cabo
y en libretas de colegio.
La segunda parte del párrafo
7 es aun más sorprendente, y en un principio la rehuimos, y como que no se la creemos.
¿Es
posible, diremos, que por Luisa y por nosotros, “las almas
semejantes, Ellos hacen descender los bienes sobre la tierra, y que solo por
amor a nosotros la conservan”?
Nuestra no
aceptación de lo que Nos dice, tiene mucho que ver con nuestra comprensión de
nuestra nulidad, y nuli- dad imperfecta, si es posible darle a la palabra
nulidad algún adjetivo. Así, interpretamos la conjunción “por” como indicativa
de que los Bienes que hace descender y la conservación de la tierra, lo hace
para complacernos, o distin- guirnos, o para que los otros no tengan en grande
estima. Lógico es que pensemos así, porque esta parte del párrafo sigue a la
otra, en la que dice que Nos señala ante los pueblos, como Sus criaturas
favoritas. Sin embargo, no es este el uso que Le da a la conjunción “por”. El
“por” quiere decir, “a través de”. Así si parafraseamos el párrafo correcta-
mente, veremos que preserva nuestra nulidad imperfecta, y que Nos usa como el
vehículo a través del cual, Él benefi- cia al resto de Sus criaturas.
Y así como Nosotros no pudiendo
contener nuestro Amor salimos en obras “ad extra”, así no pudiendo contener el
amor de quien hace nuestro Querer, la sacamos fuera de Nosotros y la señalamos
ante los pueblos como nuestra favorita, nuestra amada, y que sólo a través de ella
y a través de las almas semejantes hacemos
descender los bienes sobre la tierra, y que solo a través del amor a ellas conservamos la
tierra.
Incidental a
este concepto, ahora comprendemos también una frase del Magníficat de Nuestra
Madre Santísima, que siempre nos había perturbado, porque no existe criatura
más unida a Nuestro Dios que Su Madre, y en esta frase Nuestra Señor aparenta
darse alguna importancia, cosa que es incompatible con Su Humildad perfecta.
Proclama Mi Alma la Grandeza del Señor, Se alegra
Mi Espíritu en Dios, Mi Salvador,
Porque ha mirado
la humillación de Su esclava.
Desde ahora me felicitaran todas las generaciones,
Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por
Mí, Su nombre es santo,
Y Su Misericordia llega
a Sus fieles,
De generación en generación…
De ahora en
adelante, cuando leamos el Magníficat pensaremos que Nuestra Señora afirma “que
el Poderoso ha he- cho obras grandes a través de Mi”, con cuya
Afirmación todos estamos de acuerdo; Afirmación que está en perfecta
concordancia con Su Perfecta Humildad.
(8) Luego a esa alma la encerramos dentro de Nosotros para gozárnosla,
porque así como las Divinas Personas somos inseparables, así se vuelve
inseparable quien hace nuestro Querer”. – La tercera conse- cuencia es que “nos
encierra dentro de Ellos para gozar de nuestra compañía”. Este es otro concepto
difícil, a menos que lo pongamos en el contexto de nuestro Cuerpo de Luz, y que
es este Cuerpo de Luz, el que Ellos encierran en Ellos, para disfrutar junto
con nosotros de nuestra compañía, de lo que hacemos, y para continuar
felicitándose por la Labor que ha realizado y continúa realizando en nosotros.
Resumen del capítulo del 19 de Marzo de 1914: (Doctrinal) – Página 120 – Continua
el Contento de Jesús -
Parece que el
bendito Jesús tiene ganas de hablar de su Santísimo Querer. Yo me estaba
difundiendo en todo el inte- rior de Él, en sus pensamientos, deseos, afectos,
en su Voluntad, en su Amor, en todo, y Jesús con una dulzura infini- ta me ha
dicho:
“¡Oh, si tú
supieras el contento que me da quien hace mi Voluntad, tu corazón estallaría de
gozo! Mira, a medida que tú te difundías en mis pensamientos, deseos, etc., así
formabas el entretenimiento de mis pensamientos, deseos, y mis deseos fundiéndose en los tuyos
jugaban juntos; tus afectos unidos a tu voluntad y a tu amor, corriendo y
volan- do en mis afectos, en mi Querer y Amor, se besaban juntos, y derramándose
como rápidos ríos en el mar inmenso del Eterno, se entretenían con las Divinas Personas, ahora con
el Padre, ahora Conmigo, y ahora con el Espíritu Santo, y ahora, no queriendo
ceder el tiempo el Uno al Otro, nos entreteníamos los Tres juntos y de ella formábamos nuestro joyel,
y este joyel nos es tan querido, que debiendo formar nuestro entretenimiento lo
tenemos celosamente “ad in- tra”, en lo íntimo de nuestra Voluntad, y cuando
las criaturas nos amargan, nos ofenden, para serenarnos tomamos nuestro joyel y
nos entretenemos juntos”.
* * * * * * *
Continúa Jesús
con la explicación de lo que significa Su Contento con las criaturas que hacen Su Voluntad, viviendo en Su Voluntad.
Como ya hemos
estudiado en la Descripción 102, del capítulo del 26 de Abril de 1928, volumen
24, contentar es “sa- tisfacer las aspiraciones de otro”, y el que está
contento, lo está, porque sus aspiraciones han sido satisfechas. Entre las
muchas “Aspiraciones” que Jesús tiene respecto de la línea de creación empezada
en Adán, y que poco a poco, están siendo satisfechas por los que viven en Su
Voluntad, ya ha anunciado las mas importante, cual es la de utilizar nuestras
vidas y nuestros actos para traer un Reino de Su Voluntad a la tierra, como ya
lo tiene en el Cielo. Aunque esta es Su Aspiración más importante, no por eso
es la única; hay otras aspiraciones que desea y necesita satisfacer, por lo que
necesita que las conozcamos.
Dicho esto,
entendamos también lo que Nos dice en el capítulo del 14
de Marzo, que se le hace difícil
no contentarnos a nosotros, o sea “satisfacer nuestras aspiraciones” porque
nuestro objetivo principal es el de “satisfacer Sus Aspira- ciones”. Este es
un punto de vista que necesitamos recordar una y otra
vez en nuestro peregrinar en Su Voluntad,
que nuestra “misión” más importante es la de Contentar a Jesús.
En el capítulo
del 17 de Marzo que precede a este,
Nos anuncia que satisfacemos Sus Aspiraciones de ver a criaturas que viven en
Su Voluntad, que comparten Sus Secretos, que Les aman con Su Mismo Amor, que
obran como Ellos obran, que se han convertido, por Gracia otorgada, en Ellos
Mismos.
En este
capítulo Nos anuncia que satisfacemos Sus Aspiraciones de que seamos el
Entretenimiento de las Tres Divinas Personas, el de Jesús, el de Su Madre
Santísima, pero este es un Entretenimiento sano, como entre miembros de una
misma Familia. No es como el
entretenimiento que pudiéramos derivar de alguien al que
pagamos para que nos entre- tenga,
que en el mejor de los casos, es un entretenimiento artificioso, en el que. El
que entretiene, no ha puesto toda su
persona, sino que es el entretenimiento de hijos con Padre, y Padre con hijos,
en el que él unos y otros han puesto su alma y corazón.
Dice el Señor
que en este Entretenimiento, los Pensamientos y Deseos Divinos se funden con
los de Luisa, y los nues- tros, y “juegan juntos”. Es Entretenimiento en el que
los afectos de Luisa, y los nuestros, unidos a nuestra voluntad y a nuestro amor, corren y vuelan en Sus
Afectos, para “besarse juntos”. Es Entretenimiento que Les llega como llegan
rápidos ríos a un Mar Inmenso, cual es Su Voluntad, pero es un Entretenimiento
personalizado, porque van dirigidos unas veces al Padre, otras al Hijo y otras
al Espíritu Santo; y pudiéramos añadir nosotros, y a la Virgen Santísima, sea
cual fuere la naturaleza del Giro con el
que entretenemos a cada una de
Ellos. Es entretenimiento tan precioso
a Ellos, que Nos guardan a nosotros y a nuestros actos, como se guarda
un Joyel que contiene joyas preciosas. ¡Cuántas ve- ces en tiempos difíciles,
acudimos a objetos, fotos, y cartas guardadas celosamente, para encontrar en
esos objetos, fotos y cartas, un
poco de respiro en medio de grandes dificultades! Igual dice el Señor de Ellos Tres. Cuando
las cria- turas lo amargan, sacan de lo más
profundo de Sus Personas Divinas, a
Sus joyeles, para hacerles olvidar
las amargu- ras presentes. Todo esto
es consistente con lo dicho en el último párrafo del capítulo anterior, en el
que Nos dice que Nos tiene a todos encerrados en Él para gozar de nuestra
compañía.
Resumen del capítulo del 21 de Marzo de 1914: (Doctrinal) – página 121 -
Jesús continúa:
“Hija mía, Yo amo tanto a quien hace mi Voluntad, que no puedo manifestarlo
todo, ni todo junto el amor con el
que la amo, la gracia con la que la voy enriqueciendo, la
belleza con la que la voy embelleciendo, ni todos los bienes con los que la voy llenando; si Yo le
manifestase todo junto el alma moriría de alegría, el corazón le estalla- ría,
de manera que no podría vivir más sobre la tierra, y de golpe tomaría el vuelo
hacia el Cielo; sin embargo Yo siento
una irresistible necesidad de hacer conocer lo mucho que la amo, es demasiado
duro amar, hacer el bien y no hacerse conocer. Mi corazón me lo siento como
romper, y no pudiendo resistir a tanto amor le voy manifestando poco a poco
como la amo, y todos los dones con los cuales la voy llenando, y cuando el alma
se sentirá llena hasta el bor- de, hasta no poderlos contener más, en una de
estas manifestaciones mías desaparecerá de la tierra y desembocará en el seno
del Eterno”.
Y yo:
“Jesús, vida mía, me parece que exageras un poco al manifestarme hasta dónde puede llegar un alma que hace tu
Voluntad”.
Y Jesús, compadeciendo mi ignorancia, sonriendo me ha dicho:
“No, no amada
mía, no exagero, quien exagera parece que quiere engañar; tu Jesús no sabe
engañarte, más bien es nada lo que te he dicho, recibirás mayores sorpresas
cuando rota la cárcel de tu cuerpo y nadando en mi seno, abier- tamente te será
develado hasta dónde mi Querer te ha hecho llegar”.
* * * * * * *
Abandona el
Señor el tema del contento, para darnos Conocimientos sobre otro nuevo aspecto
del Amor Divino. Espe- cíficamente quiere hablarle a Luisa de la “cantidad” de
Amor que Le tiene a toda criatura que hace Su Voluntad vi- viendo en Ella.
Pudiera parecernos a primera vista, que habla del Amor que Le tiene a Luisa,
porque es la primera criatura de la estirpe común que vive en Su Voluntad, pero
debemos recordar que estamos ya en 1914, y que en los últimos 25 años, o sea
desde 1889, en que a Luisa Le otorga el Don, es muy probable que ya otras
criaturas estén viviendo en Su Voluntad, como resultado de su asociación con
Luisa, y sus Escritos. Nos referimos específicamente a los confesores de Luisa,
a las personas que la atendían, y a otros visitantes que querían saber de ella,
atraídos por su fama de santidad creciente. Es este mismo Amor con el que el
Señor ama a todos los que hacen Su Voluntad viviendo en Ella.
La pregunta
obligada es: ¿Por qué Nos ama el Señor tan especialmente? La única respuesta
que podemos dar a esta pregunta es: porque estamos colaborando con Él en la
cosa más importante para Dios respecto de nosotros, porque estamos colaborando
con Él en la Venida del Reino del Fiat Supremo como en el Cielo en la tierra.
Pero, podrán pre- guntar muchos, ¿no Nos ama el Señor por nuestro amor al
prójimo, traducido en obras caritativas, porque tratamos de ser buenos y vivir en Su Gracia? Por supuesto que el Señor
Nos ama por todo esto, pero no con este Amor tan especial que ha reservado
desde siempre, por aquellos que lleguen a conocer, apreciar y amar vivir en Su
Voluntad.
Examinemos ahora la “cantidad” y “calidad” del Amor que Le tiene a Luisa y a todos los que como ella, hacen Su Vo-
luntad, viviendo en Su Voluntad.
Lo
primero que dice es que “no puedo manifestarlo todo”, y también
dice que tampoco “puedo manifestarlo todo junto”, porque “si Yo le
manifestase (al alma) todo junto el alma moriría de alegría, el corazón le
estallaría, de ma- nera que no podría vivir más sobre la tierra, y de golpe
tomaría el vuelo hacia el Cielo”.
Dicho esto, sin embargo, aunque no pueda expresar la “cantidad” de Su Amor, si quiere detallar la “calidad” de ese
Amor tan especial, porque “Yo siento una irresistible necesidad de hacer conocer lo mucho que la amo”.
Las características de “calidad de Amor” que el Señor enumera son las siguientes:
a)
El Amor con el que la amo: Parece una
redundancia por parte del Señor, pero no lo es. El concepto de Amar envuelve
una atracción irresistible hacia el objeto o persona, que se ama, porque ese
objeto o persona encie- rra un atractivo especial para el amante. Esa atracción irresistible, se traduce en obras y palabras, con las que se demuestra
esa atracción, y con las que el amante intenta
incrementar el atractivo que ese objeto
o persona tiene para él.
Dicho de otra manera. El amor se demuestra con actos que testimonian ese amor,
y sirven para aumentar el amor. Cada vez entendemos mas, que cada manifestación
del Señor respecto de Sus Sentimien- tos, de Sus Sufrimientos, Alegrías, Sus
Planes para la Venida del Reino, etc., que ha compartido con Luisa a través de
los años, y ahora con nosotros, son actos de Amor con los que Él testimonia Su
Amor, Su Atracción irresistible hacia Luisa y nosotros, y con los que espera
que nuestro amor en correspondencia se incremente, y nuestro atractivo aumente. Da testimonio de este Amor, con
cada Sugerencia Amorosa que Nos envía, por- que independientemente de la razón
por la que quiere que hagamos algo, la preparación de cada Sugerencia, por
insignificante que parezca, envuelve tanto Amor por parte Suya, que jamás
podremos la cantidad y cali- dad que cada Sugerencia encierra. Dice tantas veces
en estos Escritos, que “Yo amo a un alma sola, como amo a todas las almas
juntas”, y esto nos parece exagerado, pero Él nunca Nos ve como cada
uno es, sino como El ha planeado que cada uno fuera, y como ve que cada uno,
viviendo en Su Voluntad, puede llegar a ser.
b)
La Gracia con la que la voy enriqueciendo: La
“capacitación”, cada vez más abundante que Luisa recibe de Dios para qué, momento a momento, ella pueda entender cada vez mas y cada vez mejor, lo que quiere y es- pera de ella, y cómo debe
“contentarle”, satisfaciendo Sus Aspiraciones respecto de su misión. Esta
capacita-
ción, que
viene a espaldas de cada Sugerencia, de cada Acto de Amor, es una parte
integral de ese Amor es- pecial que tiene por cada criatura que vive en Su
Voluntad. No solamente necesita decirnos lo que Nos ama, lo que espera de nosotros como reciprocidad a ese Amor que Nos
tiene, sino que tiene que capacitarnos, acto por acto, para que podamos
realizar lo que espera de nosotros. Sus Actos de Amor son continuos, pero tam-
bién lo son las decisiones que tenemos que hacer para escoger hacer lo que Él quiere. Este “poder
de decidir”, esta libertad de
Voluntad está siempre vigente, y necesita ser fortalecida también siempre,
acto por acto, para que escojamos hacer siempre, lo que Él
quiere que hagamos.
c)
La
belleza con la que la voy embelleciendo: Al Luisa
participar mas y mas de
los Sentimientos de Jesús y Sus
Planes; al Luisa quedar capacitada más y más, para realizar todas y cada una de
las Sugerencias Amorosas que Él necesita que haga, Luisa se hace mas y mas
bella a los Ojos de Jesús, porque cada vez se parece mas y mas a Él y a Su Madre Santísima en el cumplimiento de la labor
que se le ha asignado.
d)
ni
todos los bienes con los que la voy llenando:
Todo esto que
Luisa ha estado recibiendo como “herramien- tas” para hacer Su Voluntad,
viviendo en Su Voluntad, son también Bienes que recibe del Señor, y se van
“acumulando” y “depositando” en esta nueva Vida de Su Voluntad a la que ha
renacido, y que está desarro- llando. Luisa, y su Cuerpo de Luz, en el que ha
Bilocado Su Voluntad Obrante, es, momento a momento, más capaz de hacer lo que
Él quiere, más bello, y más atractivo a Su Amor; en una palabra, “más llena de
Él”.
No podemos dejar sin mencionar lo que el Señor continua diciendo y que ya hemos leído. Si Luisa supiera de Su Amor hacia
ella, “su corazón estallaría”, y de
un golpe, su alma, y su Cuerpo de
Luz, saldrían disparados como por un resor- te en dirección al Cielo, a
la unión eterna con Él. Por último
describe, que es precisamente, en alguno de esos Actos de Amor, que Su Atracción al alma será tal, que esa alma “desaparecerá
de la tierra, y desembocará en el Seno del Eterno”.
Resumen del capítulo del 24 de Marzo de 1914: (Doctrinal) – Página 122 –
Continuando mí habitual estado
me lamentaba con Jesús porque
no venía aún, y viniendo
me ha dicho:
“Hija mía, mi
Voluntad esconde en Sí a mi misma Humanidad, he aquí porqué hablándote de mi
Voluntad, alguna vez te escondo mi Humanidad y te sientes rodeada de luz, oyes
la voz y no me ves, porque mi Voluntad la absorbe en Sí, pues ésta tiene sus
límites, mientras que mi Voluntad es eterna y sin límites. En efecto, mi
Humanidad estando en la tierra no ocupó todos los lugares, todos los tiempos ni
todas las circunstancias, y adonde no pudo Ella llegar, suplió y llegó mi
Voluntad interminable; y cuando encuentro a las almas que en todo viven de mi
Querer, suplen a mi Humani- dad, a los tiempos, a los lugares y a las
circunstancias y hasta a los sufrimientos, porque viviendo en ellas mi Querer,
Yo me sirvo de ellas como me serví de mi Humanidad. ¿Qué cosa fue mi Humanidad
sino un órgano
de mi Voluntad? Y tales son
quienes hacen mi Voluntad”.
* * * * * * *
Y comencemos con el análisis
de este capítulo.
(1) Hija mía, mi Voluntad esconde en Sí a mi misma Humanidad, he aquí
porqué hablándote de mi Vo- luntad, alguna vez te escondo mi Humanidad y te
sientes rodeada de luz, oyes la voz y no me ves, por- que mi Voluntad la
absorbe en Sí, pues ésta tiene sus límites, mientras que mi Voluntad es eterna
y sin límites. – En varias oportunidades hemos comentado en las clases, que Su Decisión
de crear al “hombre”, es una Decisión que precede a todo lo que llamamos
Creación. Una vez decidido, y para dar cumplimiento a las ordenes de los Jefes, el Amor preparó una forma y
funcionalidad material tales, llamémosle “hombre”, que pudiera realizar, “ad-
extra”, lo que Ellos habían decidido también hacer con ese “hombre” que estaba
por crearse, y que ahora conocemos como el Reino del Fiat Supremo.
Entendamos. La
creación de este algo que llamamos “hombre”, está indisolublemente unido a la Creación
de un Reino del Fiat Supremo, que ese “hombre” construiría, y
en el que ese “hombre” reinaría; todo esto fuera de Ellos Tres, en una realidad
separada, pero unida siempre a Ellos Tres en virtud de Su Voluntad, que
cohabitaría con ese “hombre”, Voluntad que haría posible y proveería lo
necesario para que todo esto sucediera, vía el Amor.
La Construcción de este Reino sería paulatina, no instantánea, como sucede cuando Ellos obran normalmente, por lo
que necesitaron crear la dimensión
del “tiempo”, dimensión
exclusiva al “hombre”,
dimensión que El reconocería a
través de la
“memoria”, facultad que también crearon y con la que le dotaron. Así, en
posesión de una “inteligencia” propia, pero similar en su capacidad y unión con
la Inteligencia Divina, capaz de entender las “Instrucciones de Cons- trucción” que Le
enviaría el Ser Divino, y de
una voluntad propia, pero en todo similar
en su capacidad de decisión
a la Divina, y de
una memoria capaz de comprender la dimensión
del tiempo, o sea, de
lo ya sucedido, el “hombre” estaba
preparado para ejecutar Sus Planes.
Esta forma y
funcionalidad del “hombre”, que repetimos, no fueron creadas independiente del
Reino de Su Voluntad, sino que fueron pensadas y diseñadas con el sólo
propósito de construir y luego habitar este Reino de Su Voluntad, Reino en el
que Las Tres Divinas Personas pudieran participarle a ese “hombre”, Sus
Infinitas Perfecciones, en la me- dida que algo creado fuera de Ellos, pudiera
participar de la Divinidad. Al mismo tiempo, que Le participaban, recibi- rían
de ese hombre, el reconocimiento, la gloria, el agradecimiento anticipados por
Ellos Tres, porque lo “harían” ca- paz de Reconocer, Agradecer, y dar Gloria a
Aquellos que así Le favorecían.
Claro está, una
cosa lleva a la otra. Para que ese “hombre” y ese Reino pudieran lograrse,
había que crear los medios también materiales para que ese “hombre” pudiera
subsistir y florecer, y pudiera construir el Reino anticipado. Ese Reino tenía que tener un
Rey, hombre también,
que dirigiera la construcción del Reino, pero no un hombre cualquiera, sino un hombre, que al
mismo tiempo fuera Ellos Tres Mismos, para que el Reino resultante, fuera
exactamente tal y como Ellos lo habían concebido. Una vez más, comprendieron,
que un Rey sin súbditos, una Sociedad con un Jefe pero sin habitantes, no tenía sentido lógico en una Divinidad
absolutamente Lógica y consecuente con lo que realiza ad-extra. La sucesión
genética, es pues diseñada para que el “hombre” original pudiera replicarse en
sucesores, en todo similar al original, que pudieran
continuar con la labor realizada por el primero.
Entendemos
también por estos Escritos, y para completar este panorama bastante esquemático
de lo que ha sucedi- do, que el “hombre” original no es el primero en sentido
cronológico, sino que el “hombre” original comenzaría Su Existencia cuando las
condiciones fueran las “correctas”. Es necesario también entender, que el
“hombre” original no es Adán, sino Jesús, y cómo Adán y todo otro “hombre” que ha
existido o existirá es una
réplica del “hombre” original, Jesús.
Muchas
generaciones humanas precedieron la creación de Adán, y todavía no hemos
alcanzado a leer alguna explica- ción Suya de porqué esto ha sido así. Quizás la encontremos, quizás no. Lo que sí
Nos ha revelado es que han pasado 6,000 años de la creación de Adán.
Los descubrimientos arqueológicos confirman que han existido hombres que pre
datan estos 6,000 años. La misma Luisa en el capítulo del 8 de Febrero de 1924,
volumen 16, dice que ella estaba “fundiéndome toda en el Santo Querer Divino, y
como al hacer esto, como la más pequeña de todos, me pongo delante de
todas las generaciones, aun antes que Adán y Eva fuesen creados, a fin de que antes de que ellos peca- sen
yo ya hubiese preparado el acto de reparación a la Divina Majestad, porque
en el Querer Divino no hay ni pa- sado ni futuro, sino que todo es presente, y
también porque siendo pequeña pudiera acercarme para interceder y hacer mis pequeños actos en su Querer, para poder cubrir todos los actos de las criaturas con su Voluntad Divina, y así poder vincular la voluntad
humana separada de la Divina y hacer de ellas una sola.”
Comprendamos
también, que si ella en ese capítulo del 8 de Febrero de 1924, hubiera estado
diciendo una barbari- dad, el Señor la hubiera corregido de inmediato, pero
Nuestro Señor no lo hace, por el contrario, confirma que ella debe hacer esto.
Los que
preparan estas Guías de Estudio interpretan que llegado el momento adecuado,
decidió crear a Adán, fuera de la
sucesión genética habitual que ya existía, para iniciar con él, una nueva línea
de creación, directamente de Sus Manos, y por tanto, similar en todo, al
“hombre” Jesús, la plantilla maestra del “hombre”.
(2) En efecto, mi Humanidad estando en la tierra no ocupó todos los
lugares, todos los tiempos ni todas las circunstancias, y adonde no pudo Ella
llegar, suplió y llegó mi Voluntad interminable; - Dos Conoci- mientos de
importancia en este párrafo 2.
Primero: Aunque Su Humanidad, después de Su Resurrección, ha sido
sublimada hasta equipararla con Su Divinidad, sin embargo, no puede Él evitar
que Su Humanidad haya sido creada y que haya vivido entre nosotros, en esa
condi- ción de realidad creada, por 33 años. Como realidad creada, estaba Él
sujeto también al Plan Divino que la Trinidad Sacrosanta había designado para
Él. Más aun, ninguna realidad creada es independiente del Plan que la Santísima
Trinidad tiene para con cada uno de esas realidades. Es por esta razón, que
consistentemente Jesús dice, que Él ha venido para hacer la Voluntad de Su
Padre. Ahora bien, en Su Plan de Vida, hubo muchas cosas que Él no estaba lla-
mado a realizar personalmente, como tampoco tuvo todas las vocaciones y
oficios que la colectividad humana debe ejercer en la tierra, en la persecución
de este Reino del Fiat Supremo. Por eso es que dice en este párrafo, que no “ocupó
todos los lugares”, o sea, no tuvo todas las vocaciones, o cumplió
con todos los oficios posibles, como tampo- co pudo quedarse entre nosotros, más allá del tiempo que
la Trinidad Sacrosanta había decidido estuviera entre noso- tros.
Segundo:
Dice sin embargo, que adonde Su Humanidad no pudo llegar, o lo que no pudo
hacer, Su Voluntad suplió y llegó. Esto no es nada distinto de lo que dice,
también consistentemente, que nosotros podemos hacer viviendo en Su Voluntad.
En efecto, con nuestra intención de hacerlo, y haciéndolo en Su Voluntad,
nosotros pode- mos
suplir por lo que los demás no
hacen, y llegar con nuestras
reparaciones, agradecimientos, amor, adoración,
etc., a donde no podríamos llegar normalmente, porque nuestra Voluntad Bilocada
y Obrante es capaz de hacerlo, como la hacía por Jesús.
(3) y cuando encuentro a las almas que en todo viven de mi Querer, suplen a
mi Humanidad, a los tiem- pos, a los lugares y a las circunstancias y hasta a
los sufrimientos, porque viviendo en ellas mi Querer, Yo me sirvo de ellas como
me serví de mi Humanidad. – Dicho todo esto sin embargo, también dice, que con
los que viven en Su Voluntad, a partir de Luisa, Él puede realizar,
físicamente, todo aquello que no pudo hacer mien- tras vivía entre nosotros. La
importancia de esta afirmación que hace en este volumen 11, en el año de 1914,
solo la llegamos a comprender plenamente con lo que dice en el volumen 24, en
el capítulo del 6 de Mayo de 1924, y que hemos
estudiado en la Descripción 104. No
queremos re-introducir aquí lo ya estudiado, pero lo que si diremos es que el Señor está “aprendiendo” con
nosotros, y a través de nosotros, nuestros oficios y vocaciones respectivas, y
que cuando venga Su Reino a la tierra, este “aprendizaje” será utilizado
perfectamente por Él para realizar Sus Planes de construcción de este Reino, y
nosotros con Él.
(4) ¿Qué cosa fue mi Humanidad sino un órgano de mi Voluntad? Y tales son
quienes hacen mi Volun- tad. – Como de costumbre, la sintaxis del Señor es
obscura, por lo que convendría parafrasear lo que dice. Así para- fraseando
decimos que:
¿Qué cosa fue mi Humanidad sino
un órgano de mi Voluntad? Y eso mismo son ahora, los que hacen Mi Voluntad viviendo
en Mi Voluntad: Órganos de acción a través
de los cuales Nosotros y Nuestra
Voluntad realizamos Nuestros Planes.
El párrafo así
parafraseado se comprende mejor, salta a la vista este deseo Suyo de
utilizarnos para realizar junto con nosotros, y a través de nosotros lo que Él
no pudo realizar, pero quiere y necesita comenzar a realizarlo con nosotros,
los que vivimos en Su Voluntad, como el principio de lo que será la labor del
Reino del Fiat Supremo en la tierra como en el Cielo.
Resumen del capítulo del 5 de Abril de 1914: (Doctrinal) – Página 123 –
Continuando mi
habitual estado, mi adorable Jesús se hacía ver dentro de una inmensidad de
luz, y yo nadaba en esa luz, así que me la sentía correr en los oídos, en los
ojos, en la boca, en todo, y entonces Jesús me dijo:
“Hija mía, quien hace mi Voluntad, si obra, la obra se vuelve luz, si habla, si piensa, si desea, si camina, etc., las pala-
bras, los pensamientos, los deseos, los pasos, se cambian todos en luz, pero
luz tomada de mi Sol, así que mi Volun- tad atrae con tanta fuerza a quien hace
mi Querer, que lo hace girar siempre
en torno a esta luz, y a medida que gira, más luz toma, luz que
la tiene como raptada en Mí”.
* * * * * * *
En el estudio
de este volumen 11, hemos podido observar la similitud que sus tópicos y
Conocimientos tienen con los que Nos da en el volumen 24. Este capítulo no es
una excepción. En el capítulo del 26 de Abril de 1928, volumen 24, habla de
este concepto de transformación en Luz de todo lo que hacemos en Su Voluntad.
Luisa ve a Jesús dentro de una inmensidad de luz, y se veía a ella también nadando
en esa misma Luz en la que Jesús
estaba inmerso, y esa luz la
inundaba toda. Este proceso el Señor lo ha anunciado antes diciendo que el alma que vive en Su Voluntad, es como el pez que
nada en el mar. Sabemos que en efecto, el agua del mar circula fuera y dentro del pez; el pez deriva el oxigeno que
necesita de la misma agua que circula por sus branquias.
El énfasis sigue estando en que todo lo que hacemos, aún lo involuntario,
que convertimos en actos voluntarios en nuestro ofrecimiento diario, se “cambian
todos en Luz”. Sabemos por otros capítulos, particularmente los del
volu- men 24, que nuestro cuerpo de Luz está inmerso en el Rio o Mar de Su
Voluntad. Ya hemos expresado el porqué nos gusta más el concepto de Rio que el
de Mar, pero repetimos aquí lo esencial del concepto.
Cuando el
Espíritu Santo Nos concede el Don de Vivir en Su Voluntad, y forma para
nosotros un Cuerpo de Luz, en todo similar a nuestro cuerpo
natural. Ese Cuerpo
de Luz está dotado con una Voluntad
Divina Bilocada y Obrante, con una Inteligencia y Memoria todas
Divinas, que ahora, en efecto, cohabitan
con nuestro cuerpo natural, cuerpo y alma, y replican todos nuestros actos.
Esta Voluntad
Bilocada y Obrante que ha encerrado en el cuerpo de Luz, no es más que una
extensión de la Voluntad Suprema, que solo puede extenderse, pero no dividirse,
porque es Una e Indivisible. La Voluntad Suprema, ahora extendida en este Cuerpo de Luz, es afín a la de un rio que, de repente es desviado
a una finca para que haga posible su cultivación. El río desviado, fertiliza la
tierra de la finca, y cuando luego de fertilizar, la extensión de agua se
incor- pora al río nuevamente, arrastra consigo inevitablemente parte
de la tierra, de las semillas, de los abonos,
etc., de esa finca a la que ha fertilizado. El río
ya no es mismo que era antes, ahora
contiene todo lo que ha arrastrado de esa finca.
Así ahora, Su
Voluntad entra en cada uno de los que viven en Su Voluntad, y al entrar en
ella, fertiliza a esa criatura, con todo lo que el Rio de Su Voluntad traía,
tanto lo hecho por la Divinidad, como lo hecho por las otras que ya Vivian en
Su Voluntad, y además Le trae a ese Cuerpo de Luz nuevas Sugerencias Amorosas
de Acción en Su Voluntad. En una palabra, este nuevo Cuerpo de Luz es ahora
parte integral de ese todo que es Su Voluntad, Una e Indivisible.
Eventualmente, cuando el Cuerpo de Luz realiza lo que se Le ha sugerido que
haga, los actos de luz resultantes son también “arrastrados” por el Rio de Su
Voluntad que “entra y sale” de nosotros, y por tanto se incorporan a todos los
actos de Luz anteriormente hechos, tanto
ad-intra como ad-extra del Ente
Supremo, y que el Señor denomina “el Acto Único de Dios”.
Todo “circula” en este Río de Luz de Su Voluntad, que nos vincula a todos
los que vivimos en Su Voluntad, con la Vo- luntad Suprema y el Ser Divino.
Mientras más actos hacemos en Su Voluntad, más Luz tomamos, porque nuestros
actos, y los actos de todos los que viven en Su Voluntad, hacen crecer el
Depósito de Luz de la Voluntad Suprema, y en este proceso circulatorio
constante, recibimos cada vez más Luz, y más “quedamos
raptados en Él”
Resumen del capítulo del 10 de Abril de 1914: (Doctrinal) – Página 124 -
Esta mañana mi
siempre amable Jesús ha venido crucificado y me participaba sus penas, y me ha
atraído hacia Él en el mar de su Pasión,
tanto, que casi paso a
paso la seguía. ¿Pero quién puede decir todo lo que comprendía? Es tanto que no sé
por dónde empezar, diré sólo que al verle arrancar la corona de espinas, las
espinas mismas obstruían el paso a la sangre y no la dejaban salir del todo,
pero al arrancarle la corona de espinas esa sangre ha brotado fuera por aquellas heridas y le chorreaba a
grandes ríos sobre el rostro, sobre los cabellos y después descendía por toda
la persona de Jesús.
Y Jesús:
(A) “Hija, estas espinas que me
atraviesan la cabeza, pincharán el orgullo, la soberbia, las llagas más ocultas
de las almas para hacerles salir fuera el pus que contienen, y las espinas
tintas en mi sangre las sanarán y les restituirán la corona que el pecado les
había quitado”.
Luego Jesús me
hacía pasar a otros momentos de la Pasión, pero yo me sentía traspasar el corazón
al verlo sufrir tanto, y Él casi para consolarme continuó hablando de su Santo
Querer:
(B) “Hija mía, mi centro sobre la tierra es el
alma que hace mi Voluntad. Mira, el sol
sobre la tierra expande su luz por todas partes, pero él tiene su
centro. Yo en el Cielo soy vida de cada uno de los bienaventurados, pero tengo
mi cen- tro, mi trono; así en la tierra me encuentro por todas partes, pero mi centro, el lugar donde erijo mi
trono para reinar, mis carismas, mis complacencias, mis triunfos, y mi mismo corazón
palpitante, todo Yo mismo, se encuentra todo como en su propio centro en el alma que hace mi Santísima
Voluntad. Tan fundida está Conmigo esa alma, que se
hace inseparable de Mí, y toda mi sabiduría y mi potencia no saben encontrar medios cómo separarse
mínimamente
de ella”.
Después ha continuado:
(C) El amor tiene sus ansias,
sus deseos, sus ardores, sus inquietudes; mi Voluntad es reposo perpetuo, ¿y
sabes por qué? Porque el amor contiene el principio, el medio y el fin de la
obra, por lo tanto para llegar al fin se suscitan las ansias, las inquietudes,
y en éstas mucho de humano se mezcla y de imperfecciones, y si no se unen paso
a paso mi Voluntad y el amor, pobre Amor, cómo queda deshonrado, aun en las
obras más grandes y más santas. En cambio
mi Voluntad obra en un acto simple, dando el alma toda la actitud de la obra a
mi Voluntad, y mientras mi Voluntad obra el alma reposa, por lo tanto, no obrando el alma sino mi Voluntad en ella, no hay ansias ni inquietudes, y está libre de cualquier imperfección”.
* * * * * * *
Extraordinario capítulo
doctrinal con nuevas
e importantes Revelaciones. Analicemos en detalle,
empezando con el Bloque (A).
Estamos en el
año de 1914, y Luisa todavía no ha escrito con todo detalle las Horas de la
Pasión. Mucho de lo que leemos en este capítulo, ella lo incorporará en la Hora
17, la Hora de la Coronación de Espinas. Si leemos una y otro, nos percatamos
de inmediato de lo que decimos. Todo esto es comprensible. En estos primeros
años del Desposorio de la Cruz, Luisa participa de Su Pasión como alma víctima, y es lógico
pensar que Nuestro Señor la haya hecho
“vivir” con Él Su Pasión para que luego pueda narrarla como lo hace.
La importancia
de la Coronación de Espinas no puede minimizarse, porque el Señor sufrió esta pena
incomprensible- mente dolorosa, para reparar por una de las ofensas mas graves,
quizás la más grave de todas, la soberbia que esta- ba y está en el
fondo y es la raíz de todo pecado
humano, de toda desobediencia
grave. Leamos nuevamente lo que el
Señor dice al respecto:
Hija, estas espinas que me
atraviesan la cabeza, pincharán el orgullo, la soberbia, las llagas más ocultas
de las al- mas para hacerles salir fuera el pus que contienen, y las espinas
tintas en mi sangre las sanarán y les restituirán la corona que el pecado les
había quitado.
Todo lo que el Señor dice acerca de los Sufrimientos que Le infligieron,
es necesario, no tan solo para restablecer la Amistad Divina y re-abrirnos el
Cielo, sino para prepararnos dignamente para la Venida de Reino, a cuya
construcción estamos llamados a contribuir. Esto se refleja ampliamente en Su
expresión “restituirle
la Corona que el pecado les había quitado”. La Corona expresa la
Dignidad original que tenia Adán, y potencialmente toda su descendencia, de
vivir como hijos legítimos de Dios, príncipes todos, conviviendo con Él en Su
Voluntad, y actuando en perfecta unión con Su Creador.
Luisa no narra,
pero si menciona que en esta ocasión, el Señor la llevaba a ver otras escenas
de Su Pasión, y esta visión le era a Luisa demasiado dolorosa, por lo que el
Señor, para distraerla, continúa con lo que constituye el cora- zón de este
importante capítulo doctrinal, y que constituye el Bloque (B).
(1) Hija mía, mi centro sobre la tierra es el alma que hace mi Voluntad. - y añadimos nosotros, viviendo en Su Voluntad.
Como de costumbre, anuncia el titular
de la Verdad Divina que quiere
hacernos conocer. En este concep- to inicial hay dos Conocimientos
implícitos.
a) Para que Él pueda tener Su Centro en
el alma que vive en Su Voluntad, Él, Jesús, se biloca en esa
alma. El Je- sús “original” permanece en el Cielo, y el Jesús bilocado
ahora se encuentra en la criatura, en ese Cuerpo de Luz de que hablábamos en el
capítulo anterior.
b) De igual manera, y como
consecuencia inevitable, como son muchas las almas que vivirán en Su Voluntad a
partir de Luisa, también tiene que bilocarse en cada una de esas almas.
Todos estos
Jesús Bilocados, tienen que mantener una sincronización perfecta con el Jesús
“original”, por lo que el Jesús “original”, tiene necesariamente que “crecer”
para mantener el paso de todos los Jesús bilocados en las criatu- ras.
(2) Mira, el sol sobre la tierra expande su luz por todas partes, pero él tiene su centro. Yo en
el Cielo soy vida de cada uno de los
bienaventurados, pero tengo mi centro, mi trono; - Jesús acude a Su comparación
favorita, y dice que el sol se expande
por todas partes
pero no deja jamás su puesto; permanece siempre en su centro y jamás lo pierde.
El sol es una
unidad inseparable e indivisible; sus
rayos se extienden y dan vida a todo, pero al mismo tiempo, perma- necen unidos al centro. El Señor
habla de que también Él tiene un centro, un trono, al lado de Su Padre, pero a
su vez, Sus “rayos” son la vida de
cada uno de los Bienaventurados. Esta expresión Suya es muy compleja. Nos
explica- mos.
Para poder
entender algo de lo que dice, tenemos que
comenzar por el principio. Dice el Señor en uno de esos capítu- los
memorables, que toda criatura nace primero en Él, en Jesús, y luego renace en
el seno materno. Todos continua- mos estando en Sus Manos; porque entendido o
no, todas las criaturas se Le han entregado, y a todas Nos da vida hasta que morimos, y una
vez en el Cielo, es también
nuestra Vida, y continúa sosteniéndonos y existiendo por toda la
eternidad. Y, preguntamos, ¿qué pasa con las almas que se van al infierno?
También son Su Responsabilidad, y conti- núa manteniendo sus existencias por
toda la eternidad, pero desde lejos, porque Sus “rayos” también dan vida al in-
fierno. Todo lo humano es Su Responsabilidad. Nada humano Le es ajeno.
(3) Así en la tierra me encuentro por todas partes, pero mi centro, el
lugar donde erijo mi trono para reinar, mis carismas, mis complacencias, mis
triunfos, y mi mismo corazón palpitante, todo Yo mismo, se encuentra todo como en su propio centro en el alma que hace mi Santísima Voluntad. – en otro capítulo
memorable del volumen 6, Luisa dice que veía como Jesús dirigía todo,
se responsabilizaba con todo, desde dentro de ella, y dentro de ella forma Su
Centro, el lugar desde donde se extiende por todas partes y da vida a todos.
Aquí el Señor confirma que Su Centro está en el alma de la criatura que hace Su
Voluntad, viviendo en Su Voluntad.
(4) Tan fundida está Conmigo esa alma, que se hace inseparable de Mí, y
toda mi sabiduría y mi poten- cia no saben
encontrar medios cómo separarse
mínimamente de ella. - No debe entonces extrañarnos
el que Su Sabiduría y Potencia no sepan ni puedan separarse de estas criaturas
que viven en Su Voluntad, y a través de las cuales, cada Jesús Bilocado
dirige y da vida a todas las almas afines a aquella en la que vive como en Su
Centro. Di- cho de otra manera y con un ejemplo. El Jesús que se ha
bilocado en un pintor que vive en Su Voluntad, extiende Sus Rayos, Su Vida, a
todas los demás pintores que existan en esos momentos; todos viven porque ese
pintor que vive en Su Voluntad, vive.
Era esta la manera en la que hubiera vivido con Adán y su descendencia.
Independientemente de la conexión que tienen,
los que viven en Su Voluntad con la Voluntad Suprema, vía la Voluntad
que ha bilocado y obra en cada criatura
que vive en Su Voluntad, está también la conexión de unión que esa criatura
tiene con Él personalmente: “tan fundi- da está conmigo”.
Ya no es una conexión que permite y autoriza a esa criatura a actuar como Dios
actúa, sino que es una conexión que permite y autoriza
a esa criatura a ser la
verdadera y perfecta
imagen del hombre
perfecto, Jesús, o la mujer perfecta, María; imagen que
siempre ha querido tuviéramos; sintiendo como Él siente, compartiendo con Él
Sus Triunfos, y Su Amor por todos.
* * * * * * *
Y analicemos
ahora el Bloque (C). Normalmente
desmenuzamos lo que el Señor Nos comunica, pero esta vez, es pre- ferible
analizar el tópico en forma global, y sustanciar nuestro análisis con los
detalles de Sus Palabras. Las transcribi- mos nuevamente, para tenerlas
presente.
“El amor tiene sus ansias, sus deseos, sus ardores, sus inquietudes; mi
Voluntad es reposo perpetuo, ¿y sabes por qué?
Porque el amor contiene el principio, el medio y el fin de la
obra, por lo tanto para llegar al fin se suscitan las ansias, las
inquietudes, y en éstas mucho de humano se mezcla y de imperfeccio- nes, y si
no se unen paso a paso, mi Voluntad y el Amor, pobre Amor, cómo queda deshonrado, aun en las obras más grandes
y más santas. En cambio mi Voluntad obra en un acto simple, dando el alma toda
la actitud de la obra a mi Voluntad, y mientras mi Voluntad obra el alma reposa, por lo tanto,
no obrando
el alma sino mi Voluntad
en ella, no hay ansias
ni inquietudes, y está libre de cualquier imperfección”.
Y ahora
comenzamos.
Una vez que la
Santísima Trinidad ha decidido crear algo, Le da la orden a Su Voluntad
para que lo ejecute, pronuncia el
Fiat, y a su vez, la Voluntad Suprema pasa inmediatamente la Orden Trinitaria
al Amor, el Hijo Primogénito de la Voluntad,
el Cual Le dará
forma y funcionalidad a aquello
que la Trinidad ha deseado
crear. Todo lo que es creado, sin excepción, necesita de este concurso
del Amor, porque necesita tomar la forma y funcionalidad necesarias para reali-
zar adecuadamente los Deseos Trinitarios. La creación de algo consta pues de
dos elementos distintos:
a) el primer elemento consiste
de una Orden genérica y simple, que Su Voluntad acepta y ejecuta. No creemos
que haya una Orden más simple que la expresada en la palabra Fiat
b) el segundo elemento
consiste de las Órdenes específicas y múltiples que el Amor debe preparar para
ejecutar, para llevar a cabo el simple Fiat Trinitario.
Unos ejemplos
específicos ayudan. El marido pide una
comida sabrosa para esta noche,
y eso lo dice con toda tranqui- lidad, y con un acto simple:
Esposa, hazme una comida sabrosa esta noche. La esposa que le oye, sabe lo que
esa orden simple y sencilla acarrea una gran cantidad de actos que necesitan
hacerse específicamente, para que esa co- mida sabrosa se materialice.
Cuando la
Santísima Trinidad dio la orden de crear al hombre,”hagamos al hombre a nuestra
imagen y semejanza”, esa simple orden provocó una multitud incontable de actos
específicos que debían ser realizados para que el hombre se materializara, y
fuera imagen fiel del Hombre Jesús que ya se había diseñado anteriormente.
Más aún, y para terminar con este aspecto generalizado de lo que el Señor
describe respecto de Su Voluntad y el Amor.
Dice que el Amor, el Ente
Divino, contiene en Si Mismo, “el principio, el
medio, y el fin de la obra”, o sea, que
el Amor tiene la capacidad de iniciar, desarrollar y finalizar todo lo que sea
necesario para que la obra se realice.
Ahora bien.
Toda Sugerencia Amorosa de la Santísima Trinidad con la que Nos guía hacia
Ellos, requiere el mismo proceso que hemos descrito. Primero
tiene que ser “pensado”, diseñado por Ellos,
después tiene que ser decretado, la
Orden o Fiat pasada a Su Voluntad, y por último, tiene que ser re-transmitida
al Amor para que Le de forma y funcio- nalidad
a ese Deseo Trinitario. Hay muchos ejemplos que pudiéramos escoger para explicar esto en detalle.
Escojamos uno, la decisión Trinitaria de que nos alimentemos.
En primer lugar, desterremos de nuestra mente el concepto de que todo lo humano transcurre automáticamente; muy por el contrario, cada acto humano
es diseñado por la Trinidad, y debe ser pensado, diseñado y puesto en ejecución
por el Amor. Así, si nos alimentamos 3 veces al día por 365 días al año, por 80
años, cada uno de esos actos de ali- mentación debe ser preparado con el mismo
cuidado, desde el primero hasta el último de los días. Nada es automáti- co,
todo debe ser “Querido” por Dios y ejecutado por el Amor.
Dada pues la Orden,
el Fiat, de que yo me alimente hoy, esta mañana, el Amor debe dar cumplimiento detallado a esta Orden
genérica. Mucho hay que preparar, como ama de casa hacendosa, para que yo coma
hoy por la mañana. Necesitan ocurrir
otra gran cantidad de actos complementarios, todos también actos ahora del
Amor, que se necesitan dar
cumplimiento a la Orden Trinitaria de ahora. En estos momentos, solo el Amor
interviene, nadie más. La Trinidad está ocupada en múltiples otras cosas, y la
Voluntad Suprema, lo está siguiendo fielmente para cumplir lo que se está
decretando, instante por instante. La complejidad del proceso de vida que
sucede instante por instante, es sencilla- mente apabullante. Por ejemplo, el
trigo del pan que comemos hoy, ha tenido que ser sembrado meses antes, y a su
vez, para poder ser sembrado, otra multiplicidad de actos anteriores
complementarios tiene que ocurrir. La compleji- dad es tal que ya no es posible
describirlo.
Así que,
repetimos, el Amor tiene que ocuparse de todo, pero al mismo tiempo no Me puede
perder de vista a mí, el objeto del Acto Trinitario, el Amor tiene que bregar
con mi situación diaria, adaptarse a mi condición de este instante, y resolver
lo que puede afectar adversamente a la alimentación que hoy debo recibir.
Debemos comprender, por ejemplo, que
la alimentación que el Amor debe
preparar para mi, está ahora condicionada por mis respuestas anterio-
res a la alimentación que el Amor
Me ha dado, y que yo he desoído. La complejidad de todo esto es también abruma-
dora. Dice el Señor que en esta labor del Amor, para “llegar al fin, se suscitan las ansias,
las inquietudes, y en estas
mucho de humano se mezcla, y de imperfecciones”.
Seguimos con
nuestro ejemplo. En esta labor de adaptación de lo que debe hacerse ahora, para
contrarrestar, conti- nuar e impedir que lo anteriormente rechazado de
alimentación, y no dañe la sugerencia de alimentación de hoy, el Amor puede
irse en exceso, o quedarse insuficiente, y esta
“imperfección” del Amor, el Señor la describe ampliamente en el capítulo
del 12 de Marzo de 1910, volumen 9, y que debemos estudiar conjuntamente con
este.
Aquí el
Señor repite lo dicho en ese capítulo, cuando dice que “y si no se
unen paso a paso, mi Voluntad y el Amor, pobre Amor, cómo queda deshonrado, aun
en las obras más grandes y más santas.”
¿Qué sucede sin
embargo, cuando momento a momento, acto por acto, seguimos la Sugerencia
Amorosa diseñada por la Santísima
Trinidad y ejecutada fielmente por el Amor? Que el Plan y la Ejecución se dan
la mano, no hay nece- sidad de excesos o insuficiencias, porque todo está
medido por la Sabiduría Divina y querido por Su Voluntad.
Más
aún, dice el Señor, cuando completamos Su Sugerencia Amorosa lo mas
perfectamente posible, ya no hay posibi- lidad de que el Amor necesite aumentar
o disminuir las Órdenes recibidas, para compensar por nuestra actuación an-
terior, “por
lo tanto, no obrando el alma, sino (obrando) mi Voluntad en ella, (ya) no hay
ansias ni inquietudes, y (el acto)
está libre de cualquier imperfección”. Cuando la
criatura no lucha ni con Su Voluntad, ni con el Amor, el alma da “toda la
actitud de la obra a mi Voluntad, y mientras mi Voluntad obra el alma
reposa."
Resumen del capítulo del 18 de Mayo de 1914: (Doctrinal) – Página 126 -
Sintiéndome
oprimida, estaba casi a punto de ser sorprendida por las venenosas olas de la
turbación. Mi amable Je- sús, mi centinela fiel, pronto ha corrido a impedir
que la turbación entrara en mí, y gritándome ha dicho:
“Hija, ¿qué
haces? Es tal y tanto el amor y el interés que tengo de mantener al alma en
paz, que estoy obligado a hacer milagros para conservar al alma en paz, y quien
turba a estas almas quisiera hacerme frente e impedir este milagro mío todo de
amor, por tanto te recomiendo que seas equilibrada en todo. Mi Ser está en
pleno equilibrio en todo, males veo, los siento, amarguras no me faltan, sin
embargo no me desequilibro jamás; mi paz es perenne, mis pensamientos son
pacíficos, mis palabras están endulzadas con paz, el latido de mi corazón no es
jamás agitado, aun en medio de inmensos gozos o de interminables amarguras, aun
el mismo obrar de mis manos en el acto de flagelar corre en la tierra inmerso
en olas de paz. Así que si tú no te conservas en paz, estando Yo en tu corazón
me siento deshonrado, mi modo y el tuyo no va más de acuerdo, así que me
sentiría en ti obstaculizado para desarrollar mis modos en ti, y por lo tanto
me harías infeliz. Sólo las almas pacíficas son mis bastones donde me apoyo, y
cuando las muchas iniquidades me arrancan los flagelos de las manos, apoyándome en estos bastones hago siempre menos de lo que debería hacer. ¡Ah, jamás sea, si me faltaran estos
bastones, faltándome los apoyos reduciría todo a ruinas!”
* * * * * * *
En los primeros
volúmenes de los Escritos, particularmente en el primero,
durante las tentaciones diabólicas que dura- ron aproximadamente tres años, el Señor Le expresó muchas veces la necesidad de mantenerse “en
paz”, en medio de todas aquellas luchas en las que los demonios trataban de
turbarla, de hacerla desesperar, y abandonar la labor emprendida.
En aquellos capítulos el Señor estableció claramente dos conceptos adicionales y afines que dan
el significado correcto al concepto de Paz que desea de
Luisa y de nosotros.
El primero de
esos conceptos es el de “centrarnos en Él”, que se expresa en una firme
intención de querer hacer siempre lo que Él quiere, una “intención no
retractada de querer amarle siempre más” como la llama Luisa, aun cuan- do los
ataques y las controversias puedan ofuscar, turbar, desordenar nuestro
intelecto. El Señor mismo caracteriza este proceso diciendo que estar en paz es estar en la actitud
decidida de unirnos a Él, y querer
hacer siempre lo que Él quiere de
nosotros.
El segundo concepto el Señor
lo expresa con estas palabras: “por
tanto te recomiendo que seas equilibrada en todo.” El concepto de
equilibrio lo discutiremos en detalle más adelante, pero por ahora
concentrémonos en el con- cepto de “centrarnos en Él”.
Dentro de este primer
concepto se hace necesario que discutamos eso que llamamos discernimiento y que Le pedimos
Nos dé en los momentos en que debemos decidir cosas de importancia en nuestras
vidas.
Ya sabemos que
en toda decisión de importancia hay dos o más alternativas que pueden
perturbarnos, que tienden a desordenarnos. Nuestro
intelecto y experiencias anteriores no parecen ayudarnos, y mientras más pensamos, mas nos
turbamos por la multiplicidad de consecuencias que cualquiera de esos dos o más
cursos de acción pueden acarrear- nos. Queremos que nuestra
decisión sea “buena”, sea
“correcta”, y para los que creemos,
queremos que nuestra deci- sión refleje la Voluntad de
Dios.
A veces Le pedimos que escoja Él por nosotros,
o lo que es lo mismo, que Él cierre todas las otras alternativas, menos una, y por tanto, ya no nos quede más remedio que hacer
esa “una”. Por desgracia, esta clase de petición no es muy escuchada, porque básicamente queremos hacer a un
lado a nuestra libertad de voluntad, y eso Él
no lo hace, ni aun- que se Lo
pidamos.
A veces Le
pedimos que Nos ayude a decidir, y en esta actitud, en esta petición, empezamos
a alinearnos con Él, a “centrarnos en Él”. Debiéramos decir más: es imperativo
que hagamos esta petición de ayuda, porque haciéndolo, no eludimos nuestra
responsabilidad de decidir, pero declaramos nuestra imposibilidad de hacer algo
bien sin Su Ayuda. La nada no puede hacer nada sin el Todo. Este anonadamiento
es siempre agradable a Dios, siempre Le complace. Pero no hemos terminado
todavía con las consecuencias de pedirle Ayuda. Entendamos, que al pedirle
Ayuda, esta- mos reclamándole la Responsabilidad que ha asumido de
ayudarnos a ir hacia Él, proceso que puede interrumpirse con una decisión incorrecta o
pecaminosa. Cada uno de nosotros somos Su Responsabilidad, somos Su
“problema”, dicho en lenguaje coloquial, y tiene que ayudarnos a resolverlo.
Nunca ha sido
este concepto mejor expresado, que en la curación de aquella mujer no judía, si
recordamos bien can- nanita. El pasaje está descrito en San Mateo, 15, 22-28.
Aquel día, esta mujer se acerca al Señor para que cure a su hija que está
atormentada por demonios, y en este pasaje extenso, el Señor en forma
totalmente desacostumbrada pero necesaria a lo que iba a suceder, nada responde
a esta mujer. Los discípulos quieren que la eche fuera, y Él solo dice: “Yo he
sido enviado (a rescatar, a curar, etc.) a las ovejas perdidas de la casa de
Israel”. Pero ella no se arredró y persistió en su petición. El Señor entonces
Le responde y rechaza con gran fuerza y autoridad, y humillándola Le dice: “No
es correcto o justo que quite la comida a mis hijos, para dársela a los
perros”, o lo que es lo mismo y diría- mos ahora: no es correcto que yo
desperdicie un milagro que debo hacer y pertenece a mis hijos, con una
extranjera. Y la mujer, obviamente inspirada por Él Mismo, le responde: “Por
favor Señor, mira que hasta los perros tienen que comer, aunque solo sea de las
piltrafas que caen de la mesa de sus amos”.
Debe ser obvio para todos nosotros, que la mujer ha
pedido, se reconoce
nada, se reconoce
perro, pero le recuerda
al Señor Su responsabilidad hasta para con los perros.
Obviamente
también, el Señor que ha utilizado todo esta situación para darnos esta lección
tan trascendente, y que pocos entienden aun hoy, “Le da el pecho” a Su Responsabilidad y cura a aquella
jovencita posesionada, ensalzando la Fe de aquella extranjera. Pero, preguntamos nosotros a todos
los que leen: ¿Cuál es la Fe de que habla el Señor, y que esa mujer tiene? O
dicho mejor aun, ¿en qué ha creído esa mujer que lo ha forzado a Él a actuar? Pues
ha creído en que es la Responsabilidad del poderoso en ayudar al que no tiene
poder alguno. Ha creído que el Todo es respon- sable de la nada. A esta clase
de Fe fuerte, el Señor no puede “zafarle el cuerpo”, ni puede eludirla, tiene
que afron- tarla y resolverla.
Dicho todo
esto, no pidamos discernimiento, pidámosle que asuma la Responsabilidad que
tiene con nosotros, y cre- yendo esto con toda firmeza, lo que decidamos, sea
lo que sea, sea lo que Él quiere de nosotros.
Hay otra manera de expresar este proceso del
discernimiento, y que puede parecer
confusa, pero como todo, hay que dedicarle un poco de tiempo para
pensarla. Podemos decir, que enfrentados a una decisión entre dos o más
alternati- vas de acción, si estamos igualmente preparados para hacer
cualquiera de las alternativas, y haríamos sin
vacilación, la alternativa que Dios querría que escogiéramos, entonces,
aquello que escojamos es la Voluntad de Dios.
A estas
alturas, un ejemplo quizás ayuda. Supongamos que vamos a un amigo para que nos ayude
a tomar una deci- sión y nos aconseje. El amigo nos pregunta después de conocer
el problema y las alternativas: Esta primera alternati- va, ¿tu estarías
dispuesto a hacerla si Dios viniera en este momento y te dijera que esa es la
que Él quiere? A lo que yo respondo: Si, estoy dispuesto. Entonces él me diría.
Okay, examinemos la otra alternativa. Si Dios viniera en este momento y te
dijera que esta segunda es la alternativa que Él quiere de ti, ¿estarías tu
dispuesto a hacerla? A esta pregunta también yo digo
que sí. Básicamente he dicho que las dos alternativas me son indiferentes, estaría igualmen- te
de acuerdo con las dos. Al decir que me son indiferentes, o sea, como no he
expresado preferencia he dejado a un lado a mi voluntad humana, porque en el
momento que yo expresara preferencia por alguna, y esto es lo importante, ya
estoy decidiendo con mi voluntad lo que quiero hacer.
Ahora atendamos
a estas observaciones finales. Sea cuales fueren las consecuencias de lo que
suceda después que decidamos, porque algo vamos a tener que decidir, tenemos
que tener la convicción firme de que lo que va a suceder
es lo mejor, o el menor de todos los males posibles, porque al nosotros estar
convencidos de que lo que hemos deci- dido es
lo que Dios quería, Dios se
asegura de que eso que escojamos sea, en efecto, lo que Él quería, y, por tanto, la solución mejor posible al problema
confrontado.
(1)
Hija, ¿qué haces? Es tal y
tanto el amor y el interés que tengo de mantener al alma en paz, que estoy
obligado a hacer milagros para conservar al alma en paz, y quien turba a estas
almas quisiera hacerme frente e impedir este milagro mío todo de amor,
por tanto te recomiendo que seas equilibrada en todo. - Dice el Señor que es tanto
su interés de que el alma esté en paz, toda alma, pero particularmente aquellas
almas que viven en Su Voluntad, que Él hace cualquier milagro para conservar
esa Paz. Rara vez nos turbamos que no sea por alguna decisión difícil que
tenemos que hacer. Así que después de todo nuestro preámbulo, el Señor Nos dice
que Él trata por todos
los medios de realizar
milagros que impidan
que tengamos que caer en situaciones de difícil decisión, y que sean decisiones que Nos perturben
excesivamente. Existe en Sus Palabras una advertencia que va dirigida a aquellos
que le causan problemas a Sus Hijos, particularmente los Hijos e Hijas
renacidas en Su Voluntad.
Pronuncia ahora
las siguientes palabras: “por tanto te recomiendo que seas equilibrada
en todo”. Como ya habíamos expresado, esta
caracterización de la Paz como equilibrio en todo lo que debemos hacer, no es
nueva en estos Escri- tos. El concepto del equilibrio, tiene con ver con
indiferencia a aquello que se tiene que hacer, o sea, que lo que se tiene que
hacer, no se exceda ni de un lado ni
del otro. La Paz solo viene a estar alterada por la concupiscencia, nuestras
pasiones, etc., que influyen fuertemente para que prefiramos aquello que supone
un exceso, o de un lado o del otro. Entendamos bien. La Paz no se pierde en el
proceso de decisión, solamente se turba, se desequilibra, pero la perdida de la
Paz y el desequilibrio consiguiente, solo ocurren cuando escogemos hacer lo que
Él no quiere.
(2) Mi Ser está en pleno equilibrio en todo, males veo, los siento,
amarguras no me faltan, sin embargo no me desequilibro jamás; mi paz es
perenne, - En los párrafos 2 y 3, el
Señor hace una exposición amplísima de la Paz en Él. Dice que Le rodean toda
clase de amarguras, de pecados, de ofensas, pero no se desequilibra, “Su Paz es perenne”. Para poder entender esto
bien, pensemos en las consecuencias que resultarían si Él perdiera esta Paz que dice posee inalterablemente. Con toda probabilidad, acabaría con todos nosotros. ¿No se lo creemos? Leamos nuevamente lo que dice en el párrafo 6. Además, aunque
no fuera una destrucción total, el
Señor tiene muchas mane- ras de
demostrarnos Su Disgusto con este “desequilibrio” que Le causamos, sin tener
que recurrir a esos extremos.
(3) Mis pensamientos son pacíficos, mis palabras están endulzadas con paz,
el latido de mi corazón no es jamás
agitado, aun en medio de inmensos gozos o de interminables amarguras, aun el
mismo obrar de mis manos en el acto
de flagelar corre en la tierra inmerso
en olas de paz. - Dice que no solamente tolera lo molestoso que Le somos,
sino que, si pudiéramos mirar a Su Interior, comprobaríamos que todos Sus Pensamientos son pacíficos, o sea,
equilibrados, no castiga mas allá de lo necesario para que
escarmentemos y regresemos a la vida
moral que quiere de nosotros. Dice que Sus Palabras son mesuradas, y Su Corazón
jamás se agita, pase lo que pase. Dice que aun en el castigo, es mesurado,
controlado para producir el efecto requerido.
(4) Así que si tú no te conservas en paz, estando Yo en tu corazón me
siento deshonrado, mi modo y el tuyo no va más de acuerdo, así que me sentiría
en ti obstaculizado para desarrollar mis modos en ti, y por lo tanto me harías
infeliz. - Una vez que ha hablado de cómo Él es,
pasa a recordarle a Luisa, que Él
está bilo- cado en ella, así que
al ella no estar en la misma
Paz que Él tiene, Él sentiría obstáculos para realizar la
obra que quie- re de ella, porque no
es solamente hacer lo que Él quiere, sino que Nos recuerda una vez más, que
tenemos que ha- cer lo que Él quiere,
pero con Sus Modos,
no los nuestros. Dice que su infelicidad seria palpable, y esto no es cosa que debamos provocar en un Dios que tanto
Nos ama y que tanto Nos beneficia.
(5) Sólo las almas pacíficas son mis bastones donde me apoyo, y cuando las
muchas iniquidades me arrancan los
flagelos de las manos,
apoyándome en estos bastones hago siempre
menos de lo que debe- ría hacer. - Inesperadamente, el Señor
eleva la categoría, la necesidad de ser pacifico, a la categoría de Bastones
donde Se apoya. En los capítulos superiores habla de que los Hijos e Hijas de
Su Voluntad son los puntales en donde viene a descansar
el Reino del Fiat Supremo. Querramos entenderlo o no, la Advertencia es clara. No podemos vivir en
Su Voluntad como Él desea, ser puntales del Reino, si no somos pacíficos,
equilibrados, como lo ha estado definiendo, y como Él Mismo es. Esto de ser mas
o menos pacifico, será particularmente importante tenerlo en cuenta, en el pró-
ximo capítulo.
Dice además,
interesantemente, que Sus castigos son menores cuando Él se ve rodeado de almas
pacificas, que quie- ren lo que Él quiere,
que aceptan Su Voluntad, que aceptan Sus Sugerencias sin desequilibrarse, que aceptan todo con
santa indiferencia. De todo Le habla extensamente a Luisa en el capítulo del 1
de Noviembre de 1910, volumen 9, y transcribimos porque da final digno a este
importantísimo capítulo sobre la Paz, el Equilibrio, el vivir centrado en Él,
consumado en Él:
“Hija mía, la unidad
suprema es cuando
el alma llega a tal estrechez de unión con Mi Voluntad,
que consume
cualquier sombra
de su querer, de manera
que no se puede discernir cual es Mi Querer y cuál es el suyo.”
“Entonces Mi Querer es la vida de esta alma, de
manera que cualquier cosa que dispongo tanto sobre ella como sobre los demás,
en todo está contenta, todo le parece conveniente para ella, la muerte, la
vida, la cruz, la pobreza, etc., todas las cosas las mira como suyas, y que le
sirven para mantener su vida. Llega a tanto, que aun los castigos no la
asustan, sino que en todo está contenta del Querer Divino, tanto que le parece
que si Yo lo quiero, ella lo quiere, y si ella lo quiere, el Señor lo hace, y
Yo hago lo que quiere ella, y ella hace lo que quiero Yo. Este es el úl- timo
punto de la Consumación de tu Voluntad en la Mía, que tantas veces Te he
pedido, pero que la Obediencia y la Caridad con el prójimo no te han permitido;
tanto que muchas veces Yo he cedido ante ti y no he castigado, pero tú no has
cedido a Mi, por eso he estado obligado a esconderme de ti para estar
libre cuando la Justicia me fuerza,
y los hombres llegan a provocarme a que tome el flagelo en Mi Mano para
castigar a la gente. Si te tuviera conmigo con Mi Voluntad, en el acto de
flagelar, habría disminuido el flagelo, porque no hay potencia mayor en el
Cielo y en la tierra que un alma en todo y por todo esté consumada en Mi
Voluntad; esta alma llega a debilitarme y Me desarma como le place. Esta es la
unidad suprema.”
(6) ¡Ah, jamás sea, si me faltaran estos bastones, faltándome los apoyos reduciría todo a ruinas! – Somos Su Apoyo, la Razón
última de porqué ha sostenido nuestra existencia por tantos siglos. De esto no
debe quedarnos duda alguna. Por amor a los Hijos e Hijas de Su Voluntad, que Le
están ayudando a realizar Sus Planes, está soste- niéndolo todo, pero tampoco
podemos pensar que Él “acepta” nuestra ayuda sin condiciones. Muy por el
contrario, tenemos que elevarnos a Sus Necesidades, no Él rebajarse a las
nuestras.
Resumen del capítulo del 29 de Junio de 1914: (Doctrinal) – Página 127 – La explicación del ad-intra -
Habiendo leído
personas autorizadas lo que está escrito el 17 de marzo, esto es, que quien
hace la Voluntad de Dios entra a participar de las acciones “ad entra” de
las Divinas Personas, etc., han dicho que la cosa no estaba bien, y que la criatura no entra en esto. Yo he
quedado pensativa, pero calmada y convencida de que Jesús haría conocer la ver-
dad.
Después,
encontrándome en mi habitual estado, ante mi mente he visto un mar
interminable, y dentro de este mar muchos objetos, algunos
pequeños, algunos más grandes, algunos
quedaban en la superficie del mar y quedaban
sólo mojados, otros iban más al fondo
y quedaban impregnados de agua por dentro y por
fuera, y otros iban tan abajo que quedaban perdidos en el mar. Ahora, mientras esto veía, ha
venido mi siempre amable Jesús y me ha dicho:
“Querida hija mía,
¿has visto? El mar simboliza mi inmensidad, y los objetos diferentes en el
tamaño, las almas que viven en mi Voluntad; los diferentes modos de estar en
Ella, quién en la superficie, quién más adentro, y quién perdi- do en Mí, son
según vivan en mi Querer, quién imperfecto, quién más perfecto, y quién llega a
tanto de perderse del todo en mi Querer. Ahora hija mía, mi “ad intra” que te
dije es propiamente esto, que ahora te tengo junto Conmigo, con mi Humanidad, y
tú tomas parte en mis penas, en las obras y en las alegrías de mi Humanidad; y
ahora, atrayén- dote dentro de Mí, te hago perderte en mi Divinidad, ¿cuántas
veces no te he hecho nadar en Mí, y te he tenido tan dentro de Mí que tú no podías ver otra cosa más que a
Mí dentro y fuera de ti? Ahora, teniéndote en Mí tú has tomado
parte en los
gozos, en el amor y en todo lo demás, siempre según tu pequeña capacidad, y si
bien nuestras obras “ad intra” son eternas,
también las criaturas
gozan de los efectos de esas obras en su vida según sea su amor. Ahora,
¿qué maravilla
si la voluntad del alma es una con la mía, poniéndola dentro de Mí y haciéndose
indisoluble, siempre, hasta en tanto que no se aparte de mi Voluntad, he dicho
que toma parte en las obras “ad intra”? Y además, por el modo como está desarrollado
el tema en conjunto, si hubieran querido conocer la verdad, habrían podido muy
bien conocer el significado de mi “ad intra”, porque la verdad es luz a la
mente, y con la luz las cosas se ven tal cual son, en cambio si no se quiere
conocer la verdad, la mente
queda ciega y las cosas no
se ven como son, por lo tanto susci- tan dudas y dificultades y
permanecen más ciegos que antes. Y además mi Ser está siempre en acto, no tiene
ni prin- cipio ni fin, soy viejo y nuevo, por lo tanto nuestras obras “ad
intra” han estado, están y estarán, y siempre en acto, por lo tanto el alma con
la unión íntima con nuestra Voluntad, está ya dentro de Nosotros, y por tanto
admira, con- templa, ama, goza, y por eso toma parte en nuestro Amor, en
nuestros gozos y en todo lo demás. ¿Por qué entonces ha sido un desatino el que
Yo haya dicho que quien hace mi Voluntad toma parte en las acciones “ad intra”?
Ahora, mientras
Jesús decía esto, en mi mente me ha venido una semejanza: Un hombre que desposa
a una mujer, de éstos nacen los
hijos, éstos son ricos, virtuosos y tan buenos, que harían feliz a quien
pudiera vivir con ellos. Aho- ra, una persona atraída por la bondad de estos
esposos quiere vivir junto con ellos, y ¿no viene a tomar parte en las
riquezas, en la felicidad de ellos, y con vivir junto no se sentirá infundir
sus virtudes? Si esto se puede hacer humana- mente, mucho más con nuestro
amable Jesús.
* * * * * * *
Analicemos este capítulo. Como ya
hemos leído, Luisa comenta que “personas
autorizadas” al leer lo
que escribió en el
capítulo del 17 de Marzo de 1914, han mostrado su inconformidad con lo dicho, a
saber, que el que vive en Su Volun- tad participa de las obras ad-intra de la
Divinidad. Esas personas autorizadas con toda probabilidad eran el confesor de Luisa y algún otro sacerdote, y quizás
hasta el mismo Obispo.
Repetimos ahora lo que
Luisa escribiera: “Hija
mía, quien hace mi Voluntad entra a tomar parte de las acciones “ad intra” de
las Divinas Personas; solo para quien hace mi
Querer está reservado este
privilegio, no sólo de tomar par- te en todas nuestras obras “ad extra”, sino
que de estas pasa a las obras “ad intra”
Para responder
a estas alegaciones, Nuestro Señor prepara a Luisa con la visión de un mar
interminable, y dentro de ese mar flotaban muchos objetos, algunos pequeños,
otros grandes, algunos quedaban en la superficie y otros se hundían. Estando en
esa visión, el Señor comienza Su Explicación.
(1) Querida hija mía, ¿has visto? El mar simboliza mi inmensidad, y los
objetos diferentes en el tamaño, las almas que viven en mi Voluntad; - La explicación del Señor es directa y sin rodeos.
El Mar
representa Su Inmensidad, Su Voluntad, infinita e interminable, y los objetos
representan las almas que viven en Su Voluntad, y cómo esas almas tienen diferentes
tamaños.
(2) Los diferentes modos de estar en Ella, quién en la superficie, quién
más adentro, y quién perdido en Mí, son según vivan en mi Querer, quién
imperfecto, quién más perfecto, y quién llega a tanto de per- derse del todo en
mi Querer. – Aunque
no los conecta explícitamente con Su Explicación, los tamaños tienen que ver
con el grado de perfección con el que esa criatura viva en Su Voluntad. Se
sigue pues, que a mayor perfección, más tamaño en ese Mar, y una localización
más cerca de la superficie o más adentro en las profundidades del Mar.
La pregunta que
inmediatamente viene a la mente es: ¿Qué determina la localización de las almas
en ese Mar, unas más en la superficie y otras más adentro? El Señor explica que
esa localización depende del grado de perfección que esa alma haya alcanzado.
Ahora bien,
¿qué quiere decir Nuestro Señor con vivir más o menos perfectamente en Su
Voluntad? La respuesta que muchos tendrían, a saber, que todo depende de cuán
bien cumplimos Su Voluntad, no es una respuesta incorrecta, y nunca lo es, pero
en este caso, cumplir Su Voluntad no quiere decir vivir y actuar
cristianamente, sino que significa, conocer más y más de Su Voluntad
a través del Estudio de los
Escritos, y actuar cada vez mas y mas, siguiendo lo que Nos pide que hagamos con lo que
estudiamos en estos Escritos. El menor o mayor grado en que conozcamos, apre-
ciemos y amemos lo que Nos hace saber en estos Escritos, es el menor o mayor
grado de perfección con el que vivi-
mos en Su
Voluntad. Nuestra vida cristiana sigue a esta menor o mayor perfección, porque
¿quién puede vivir menos cristianamente después de conocer, apreciar y amar lo
que el Señor quiere sepamos de Su Voluntad?
La otra
pregunta obligada y que Jesús no responde explícitamente es, ¿Por qué los
diferentes tamaños de los objetos, o sea, de las almas? La única respuesta que
se le ocurre a los que preparan estas Guías de Estudio, es que al actuar en Su
Voluntad, los cuerpos de Luz que esos seres humanos poseen se van desarrollando, unos más, otros
menos, con lo que van aprendiendo de las Verdades Divinas encerradas en estos
Escritos, y con los actos por ellos realizados para practicar esas Verdades
conocidas. Así pues, su “desarrollo” determina su tamaño, crecimiento, y “peso”.
Mien- tras más estudian y hacen, mas “pesan”, por lo que mientras más
peso tienen, más se hunden en el Mar de Su Volun- tad.
Examinemos todo esto desde un punto
de vista alterno,
más afín con lo que ya sabíamos.
La posición o
localización que tenían esas almas que Luisa veía, y la posición o localización
que nosotros todos ahora tenemos en ese Mar de Su Voluntad, tiene que ver
directamente, con la manera más o menos perfecta con la que respondemos a Sus
Sugerencias Amorosas, que ahora también están dirigidas a desarrollar esta Vida
Sobrenatural en Su Voluntad.
Las almas que
viviendo en Su Voluntad, siguen Sus Sugerencias, pero quizás no del todo
perfectamente, son las que estaban y están en la superficie de ese
Mar de Su Voluntad. Por ejemplo, si Dios
Nos sugiere que hagamos, y nosotros
no hacemos todas, descuidan muchas, y otras no completan, esas inevitablemente
se mantienen en la superficie, o sea, no están tan cerca de Él relativo a otras
almas que se han hundido.
Las almas que
están “más adentro” seguían y seguimos mejor Sus Sugerencias, o sea, somos
frecuentes en el segui- miento y Completación de esas Sugerencias; están y
estamos más atentas al Plan que Tiene para con ellas, y con nosotros.
Las
almas que Jesús describe diciendo “y quién llega a tanto de perderse del todo en mi
Querer”, son almas como la de Luisa, que están en un proceso de
consumación; pocas son las Sugerencias Amorosas que no cumplen, pocas son ya
sus “rebeldías” a los Planes Divinos para con ellas, viven, como dice Luisa en
otros capítulos, “sumergidas en un Mar de Luz”, la voluntad
humana se pierde en la Divina.
Dicho todo
esto, y para terminar con este párrafo 2. Hay un grande Conocimiento implicado,
oculto, en lo que dice, y que puede escapársenos. Ese conocimiento implícito lo
queremos expresar diciendo: ¿No es extraordinario el que el Señor diga que es
posible vivir en Su Voluntad imperfectamente? ¿No es extraordinario y
grandemente consolador para todos, el que podamos vivir imperfectamente en Su
Voluntad, o sea, que el Ser Divino no nos echa fuera de esta Vida en Su
Voluntad, porque vivimos imperfectamente en Ella? Y atención a esto, esto
incluye nuestras dos vidas in- separables, la vida natural, la vida cristiana
de desarrollo de las virtudes, y la vida sobrenatural en Su Voluntad.
Es en efecto
extraordinario, casi inconcebible, el que Ellos permitan esto, pero prestemos
atención: Este estado de imperfección es tolerado siempre y cuando, Ellos vean
que tenemos interés en hacernos más perfectos, tanto en nuestra vida cristiana
virtuosa, como en nuestra Vida sobrenatural en Su Voluntad. Ya sabemos lo que
tenemos que hacer para perfeccionar nuestra vida natural cristiana en las
virtudes, y también sabemos ya, lo que tenemos que hacer para perfeccionar
nuestra vida sobrenatural en Su Voluntad.
La condición de
imperfección es tolerada con extrema Paciencia Divina, pero tiene límites. No
podemos esperar que Ellos toleren indefinidamente a un alma que está acumulando
grandes Conocimientos con estos Escritos, pero sigue descuidando lo que debe
hacer para que su vida natural sea más perfecta, a través del cumplimiento de
los Manda- mientos, la práctica de
los Sacramentos y las obras
virtuosas. Contrariamente, cada vez
es más virtuosa, más perfecta en su vida natural, pero
descuida los estudios de estos Escritos, muchas veces en deferencia a las
prácticas de vida virtuosa cristiana.
Ya sabemos que
la perfección nunca es absoluta, porque ninguna criatura de la estirpe común
puede llegar a ser per- fecta, ni en su vida natural ni esta sobrenatural de Su
Voluntad, y que la misma cantidad y calidad de Conocimientos sobre Su Voluntad que podamos llegar a adquirir depende de muchos
factores, principalmente el tiempo
que Nos que- de para estudiar y actuar.
Pero, si dentro de ese tiempo que se Nos ha concedido
por Ellos, nuestra actitud es la de
aprovechar el tiempo lo mejor
posible, entonces habremos llegado al estado de perfección que estábamos
llamados a conseguir.
(3) Ahora hija mía, mi “ad intra” que te dije es propiamente esto, que
ahora te tengo junto Conmigo, con mi
Humanidad, y tú tomas parte en mis penas, en las obras y en las alegrías de mi
Humanidad; y ahora, atrayéndote
dentro de Mí, te hago perderte en mi Divinidad, ¿cuántas veces no te he hecho nadar en
Mí, y te he tenido tan dentro de Mí que tú no podías ver otra cosa más
que a Mí dentro y fuera
de ti? - La explicación de que quiere decir el Señor cuando dice “ad-intra” se
hace ahora necesaria. La explicación del Señor viene por partes.
a) ahora te tengo junto Conmigo,
con mi Humanidad – esta primera explicación de
lo que es ad-intra, es más profunda de lo que a primera vista parece. La razón
es que estamos tan acostumbrados a oír, por las ense- ñanzas de San Pablo, de que Nos revestimos de
Cristo, de que estamos recapitulados en Cristo, etc., que este Conocimiento puede llegar a
perder su significado de profundidad abismal. Sabemos que al vivir en Su Volun-
tad, Jesús está bilocado en nosotros, vive en nosotros, en el Cuerpo de Luz que
ha formado y constituye nuestra vida sobrenatural en Su Voluntad, pero a veces,
se nos olvida, que esta convivencia con Él, con Jesús, con el
Hombre-Dios en el que está encerrada
la plenitud del Ser Divino, significa
que convivimos con todos los Miembros del Ser Divino, a saber, la
Santísima Trinidad, la Voluntad, el Amor y Su Madre Santísima. Es obvio que al
decir esto, Jesús quiere recordarle a Luisa todo esto, porque no se puede estar más ad-intra
del Ser Di- vino que cuando se convive con Jesús.
b) y tú tomas parte en mis penas, en las obras y en las alegrías de mi Humanidad - Pero la expresión encerrada en la subdivisión a) no es
suficientemente explicativa, y lo que dice ahora en esta letra b) es de
grandísima importancia para todos. Cuando experimentamos todos y cada uno de
los Sentimientos de Jesús, caracteriza- dos aquí como las penas, obras y
alegrías que Él experimentaba como hombre, estamos participando de los
Sentimientos de Dios, que en nada pueden ser diferentes a los Suyos, porque Él
es Dios. ¿Qué cosa puede haber más ad-intra que experimentar lo que experimenta
Dios? Luisa habla muchas veces acerca de este te- ma, cuando ella sufría lo que
Él hubiera sufrido si no la tuviera a ella de alma víctima. En otras ocasiones
ella narra como Jesús Le manifestaba Sus Alegrías llevándola al Cielo, y la
hacía sentir las delicias de la Patria Ce- lestial. Aun en otras, Le hablaba de
Sus Experiencias con Su Madre Santísima, y la transportaba para verles juntos.
c)
atrayéndote
dentro de Mí, te hago perderte en mi
Divinidad – Aunque la unión hipostática
del Verbo con Su Humanidad, que ahora sabemos, no es solamente la Segunda
Persona la que está unidad a Sui Humanidad, sino todos los “Miembros” del Ser Divino, los que están unidos a la humanidad de Jesús, hace que
experimen- tando Su Humanidad, experimentamos a Dios, también quiere el Señor
que Luisa comprenda que hay cosas que Dios hace sin valerse de Su Humanidad
para hacerlas, porque son “cosas”
que Dios hace en las que el ser humano no está envuelto, y que
por supuesto desconocemos. Por lo que aquí dice el Señor, es muy probable que a
Luisa se le haya dado a conocer de algunos de esos otros “detalles” de la Vida
Divina no relacionados con nosotros.
Dicho esto,
sin embargo, sabemos que Luisa ha podido ver a las Tres Divinas Personas, tanto
como Tres Pe- queños” niños”, y también como adultos en los Desposorios
Místicos. Ella ha “visto” la Luz de Su Voluntad, y ha estado inmersa en Ella. Ella ha estado en el Cielo y ha compartido con los Ángeles y Bienaventurados la
Vi- da Celestial. Todo esto es ad-intra también.
Por último Le dice, que
ella ha estado tan unida a Él, que ya ella no veía nada fuera de ella, sino que todo lo veía en Él
y a través de Él. ¿Puede haber una participación mayor de lo ad-intra de la
Divinidad?
(4) Ahora, teniéndote en Mí tú has tomado parte en los gozos, en el amor y
en todo lo demás, siempre según tu pequeña capacidad, y si bien nuestras obras
“ad intra” son eternas, también las criaturas go- zan de los efectos de esas
obras en su vida según sea su amor. – Veámoslo o no, todos estamos participando de lo mismo
que participaba Luisa, según sea nuestra capacidad, o sea, según sea nuestro
desarrollo en Su Voluntad, porque en la medida
que vamos absorbiendo los Conocimientos sobre las Verdades
Divinas, vamos participando mas y mas del obrar
ad-intra con este Jesús que se ha bilocado en cada uno de nosotros, cuando
recibimos el Don de Vivir en Su
Voluntad.
(5)
Ahora, ¿qué maravilla si la
voluntad del alma es una con la mía, poniéndola dentro de Mí y haciéndo- se indisoluble, siempre, hasta
en tanto que no se aparte de mi Voluntad, he dicho que toma parte en las obras
“ad intra”? – Vamos
a parafrasear un poco el párrafo. Así decimos que:
Ahora, ¿Cómo pueden maravillarse los que te conocen y leen estos Escritos, que la voluntad
del alma sea una con la
mía, poniéndola dentro de Mí y haciéndola indisoluble siempre, hasta en tanto
que no se aparte de mi Voluntad,
el que Te haya dicho que esa alma toma parte en las obras “ad intra”?
No se hace
necesario comentar mucho mas después del parafraseo. La situación es obvia,
particularmente cuando entendemos que el que Vive en Su Voluntad vive
totalmente en ella, que no hay nada que Dios pueda excluir en esa
participación. Esto es así, a menos que el alma llegara a rechazar esta Vida
que ella había aceptado. Por tanto, mien- tras se viva en Ella, No hay
limitaciones en esta Vida, y ciertamente no hay otras clasificaciones o elites
excepto las dichas: el mayor o menor
Conocimiento que de Su Voluntad
tengamos es lo único que nos
diferencia a los unos de los otros.
La capacidad de vida es la misma, los logros en ella, son los distintos.
(6) Y además, por el modo como está desarrollado el tema en conjunto, si
hubieran querido conocer la verdad, habrían podido muy bien conocer el
significado de mi “ad intra”, porque la verdad es luz a la mente, y con la luz
las cosas se ven tal cual son, en cambio si no se quiere conocer la verdad, la
mente queda ciega y las cosas no se ven como son, por lo tanto suscitan dudas y
dificultades y permanecen más ciegos que antes. – El Señor critica a las
“personas autorizadas” expresando que no han querido conocer la Verdad de la afirmación relacionada con el ad-intra y que ellos cuestionan. Ellos ya
saben de la Unidad que Luisa tiene con Él. Dice
que si se hubieran acercado a Sus Palabras con el deseo
de saber la verdad, la Verdad hubiera resplande- cido en ellos, sin
necesidad de esta explicación que ahora Jesús se ve obligado a hacer. Más aun,
cuando esa buena disposición no existe, no solo no se llega a conocer la
verdad, sino que se queda uno más ciego que antes, y menos dispuesto está Él de
enseñarles más.
Esto es normal
hasta en las mismas relaciones humanas. ¿Cómo puedo yo decir que algo que oigo
está incorrecto o falso, sencillamente porque yo no lo entiendo? A lo más, debiera yo indagar más, antes que
decir que algo es falso. Si esas “personas autorizadas” Le hubieran dicho a
Luisa que Le pidiera una mayor explicación al
Señor de lo que signifi- caban Sus Palabras, el Señor no se hubiera disgustado
con ellas.
(7)
Y además mi Ser está siempre
en acto, no tiene ni principio ni fin, soy viejo y nuevo, por lo tanto nuestras
obras “ad intra” han estado, están y estarán, y siempre en acto, por lo tanto
el alma con la unión íntima con nuestra Voluntad, está ya dentro de Nosotros, y
por tanto admira, contempla, ama, goza, y por eso toma parte en nuestro Amor,
en nuestros gozos y en todo lo demás. – Nuevamente el énfa- sis en la imposibilidad de
“ocultarle” nada de lo que está ad-intra de la Divinidad, porque tanto Ellos,
Su Ser Divino, como los que han sido admitidos a vivir en Su Voluntad, están
sumergidos en Su Misma Voluntad, que es Una y es Indivisible. Si esta Voluntad
Suya contiene todo lo que Ellos han hecho, ¿cómo
pueden Ellos no hacernos participe de lo que se hace ad-intra?
¿Por qué entonces ha sido un desatino el que Yo haya dicho que quien
hace mi Voluntad toma parte en las acciones “ad intra”? - El Señor muestra Su
Sorpresa, y contrariedad, de que sean tan ciegos, no porque no entiendan, porque
a todos nos pasa algo o mucho de esto
cuando leemos estos
Escritos, sino por nuestro atrevimiento de decir que porque yo no
entiendo algo, Dios dice desatinos. El
disgusto que sintió el día en que esas
personas cues- tionaron Sus
Palabras, debe haber sido el mismo que sintió, cuando los Sacerdotes, escribas
y fariseos, cuestionaban lo que decía, y peor aún, quien Él era, como falso.
Resumen del Capítulo del 10 de Agosto de 1914: (De diario) – Página 130 -
Encontrándome
en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús saliéndose de la costumbre que
tiene conmigo en este periodo de mi
vida, que si viene es por poco y como de escapada, y casi con la total cesación
de los sufrimientos que al venir me comunicaba; sólo su Santo Querer es lo que
me suple por todo. Ahora, esta mañana ha venido y ha permanecido conmigo varias
horas, pero en un estado que hacía llorar hasta las piedras; todo Él se dolía y en todas las partes de
su Santísima Humanidad quería ser confortado, parecía que si no fuera así, al
mundo lo reduciría a es- combros; parecía que no quería irse para no ver los
estragos y los graves espectáculos del mundo, que casi lo obliga- ban a mandar
peores flagelos. Entonces yo lo he
estrechado, y queriéndole aliviar me fundía en su inteligencia, para poder encontrarme en todas las inteligencias de las criaturas, y así dar a cada pensamiento malo mi pensamiento
bueno, para
reparar y aliviar todos los pensamientos ofendidos de Jesús; así me fundía en
sus deseos, para poderme encontrar en todos los deseos malos de las criaturas,
para poner mi deseo bueno para aliviar los deseos ofendidos de Jesús; y así de
todo lo demás. Luego, después que le he aliviado parte por parte, como si se
hubiera repuesto me ha dejado.
* * * * * * *
La Primera
Guerra Mundial comenzó el 28 de Junio de
1914, este capítulo está fechado 10 de Agosto de 1914, 49 días después de comenzado estos terribles acontecimientos.
El estado de Jesús era lamentable; Luisa dice que su estado hacia llorar hasta
las piedras. En esos primeros días de combate, las pérdidas de vidas, la maldad volcada y sin piedad alguna, la ambición de algunos que
arrastraban a muchos a la muerte. A instancias de Jesús que la guiaba, Luisa se
entrega a una serie de reparaciones que ella dedicaba a cada parte del Cuerpo
de Jesús que ella sentía dolorido de manera especial. Así alivia a Su
Inteligencia, reara por los pensamientos malos de muchos, se fundía en Sus
Deseos, etc., Ya sabemos que Jesús quiere actos específicos de reparación, no
generalizados, y es esta lección que debemos aprender.
Resumen del Capítulo del 25 de Septiembre de 1914: (Doctrinal) – Página 131 -
Estaba
ofreciendo mis pobres oraciones al bendito Jesús, y pensaba entre mí a quién
sería mejor que Jesús bendito las
aplicara. Entonces Él benignamente me ha dicho:
“Hija mía, las
oraciones hechas junto Conmigo y con mi misma Voluntad, pueden darse a todos,
sin excluir a ninguno, y todos tienen su parte y sus efectos como si fueran
ofrecidas para uno solo, pero actúan según las disposiciones de las criaturas, como la Comunión o mi Pasión,
para todos y cada
uno Yo las doy, pero los efectos son según las disposi-
ciones de ellos, y si los reciben diez, no es menor el fruto que si los reciben
cinco. Tal es la oración hecha junto Con- migo y con mi Voluntad”.
* * * * * * *
Interesante
capítulo sobre la universalidad de la Oración cuando se hace en Su Voluntad.
Debemos estudiar con todo detalle posible esta manera de rezar en Su Voluntad,
porque constituye una de las diferencias más profundas, signifi- cativas y
necesarias, entre nuestra manera de rezar anterior, y la manera en que debemos
rezar y rezamos en esta nueva Vida en Su Voluntad.
La manera que Nuestro Señor y Dios entiende
la “universalidad”, y la practicaba
mientras estaba entre nosotros, y
que, por tanto, es la manera
que espera la entendamos y practiquemos, consiste
de dos facetas distintas:
La primera
faceta de esta universalidad existe, cuando, viviendo en Su Voluntad y
junto con Jesús, yo pido algo, y Dios oye a todos los demás
seres humanos, a través de mí,
como si todos estuviéramos, en efecto, pidiendo
lo mismo que pido yo.
La segunda
faceta de la universalidad sucede, en esa misma petición, cuando yo, al
que Dios oye como si todos reza- ran y pidieran, rezo y pido por algo o alguien
específicamente, y yo, (todos), extiendo, (extendemos) esa oración y petición
mía (nuestra) a todos aquellos otros seres humanos que estén en circunstancias
similares de aquel o aquella por la que yo, (todos), he (hemos) rezado y
pedido.
Estudiemos ahora la respuesta
de Jesús con todo cuidado,
para descubrir ambas facetas.
(1) Hija mía, las oraciones hechas junto Conmigo
y con mi misma Voluntad, - La primera
característica es de que debemos tener conciencia de que la
hacemos junto con el Jesús que tenemos bilocado dentro, y con Su Misma
Voluntad, que también está bilocada en nosotros.
(2) pueden darse a todos, sin excluir a ninguno, - Es típico del Señor el
decirnos la consecuencia de lo que ha- cemos, pero rara vez dice que Nos invita
a hacer lo que dice que hacemos, y que Nos autoriza para hacer lo que Nos dice
sucede. La invitación a hacer y la autorización de hacer están siempre
implicadas, pero comprendamos que esa invitación y autorización son
necesarísimas para nuestra tranquilidad de que lo estamos haciendo bien, y
para que en efecto suceda lo que dice sucede.
En términos
prácticos, ¿qué quiere decir todo esto? Sencillamente, que no podemos pasar a
otros este Conocimiento para que lo hagan, si primero no viven en Su Voluntad.
Los que no viven en Su Voluntad podrán decir que oran uni- versalmente, pero no
ocurre lo que dicen, porque Les falta la invitación y la autorización para
hacerlo, y esas solo se dan a los que viven en Su Voluntad. De igual manera,
que no podemos pedir el don para otros, porque solo se da, si es uno el que lo
pide para sí mismo, así tampoco podemos orar universalmente si no vivimos en Su
Voluntad.
(3) Y todos tienen su parte y sus efectos como si fueran ofrecidas para uno
solo, - Atendamos
a lo que dice con cuidado.
a) Dice que todos los otros seres humanos
tienen su parte en nuestra
oración, como si cada uno de ellos estuvie- ra rezando como yo rezo y en el
momento en que rezo. Para los que preparan estas Guías de Estudio este es un
punto importante, y que debemos “practicar” hacer. Debiéramos “sentirnos
rodeados” de todos nuestros hermanos en el momento que rezamos.
b) Dice que los efectos pedidos
en nuestra oración, Él los acoge, los acepta, y actúa sobre ellos, para que
esos efectos sucedan, como si todos estuviéramos rezando y pidiendo lo mismo.
Nuestra Santa
Madre Iglesia entiende perfectamente este concepto de universalidad y el Poder
que tiene ante Dios la Oración Universal, y por eso insiste que los sacerdotes,
religiosos y religiosas de toda clase recen la Liturgia de las Horas en las
horas y tiempos prescritos. Cuando así hacen, puede La Iglesia decir con propiedad,
que la Iglesia Uni- versalmente reza. Una de las razones por la que se permite
ahora, que los laicos también las recen y a las horas pres- critas, es para que la Oración
Universal de la Iglesia sea más “universal”, pero obviamente ni
aun así esto lo consiguen en la medida en la que
Nuestro Señor la anuncia aquí; y atención a esto, ocurre en cualquier momento que
recemos y por cualquiera razón por la que recemos.
(4) Pero actúan según las disposiciones de las criaturas, - Aquí el Señor cautelosamente
dice que los efectos buscados no siempre
se consiguen y depende en mucho de las
disposiciones de la criatura o criaturas objeto de nues- tra
petición. Entendamos esto. Siempre que rezamos en Su Voluntad y pedimos por
ejemplo por la conversión de un alma, es como si todos Le estuviéramos pidiendo
esa conversión, y Él acoge, acepta y actúa sobre esa Petición de Conversión,
pero el efecto buscado por nosotros no siempre lo conseguimos, por la falta de
disposición de la criatura objeto de nuestra oración a la conversión pedida.
(5) Como la Comunión o mi Pasión, para todos y cada uno Yo las doy, pero
los efectos son según las dis-
posiciones de ellos, - Expone el Señor Sus Ejemplos más importantes diciendo, que Nos da a todos,
y a cada uno, Su Pasión y Su Persona en Comunión, pero los efectos que se
consiguen dependen de la disposición individual.
(7) Y si los reciben diez, no es menor el fruto que si los reciben cinco. - Los efectos, o por decirlo ya con lenguaje de otros capítulos, los frutos que se derivan reviviendo Su Pasión, como dirá en el próximo capítulo, y los que se recibe comulgando, no disminuyen
por la cantidad de personas que los reciban, sino que todos reciben los mismos
frutos, más o menos completos según las disposiciones individuales.
(8) Tal es la oración hecha junta Conmigo y con mi Voluntad. - En un ejemplo clásico de
lógica circular, Nues- tro Señor termina Su Argumentación como la empezara, y
casi que con idénticas palabras.
Unas últimas
observaciones. Como explicábamos al principio del capítulo, hay dos situaciones
a considerar en este concepto de universalidad en Su Voluntad.
La primera es
la que el Señor ha expuesto aquí con tanta claridad: uno reza como si todos
rezaran, y la oración se acepta como si todos la estuvieran haciendo.
La segunda es la
de que cuando rezamos, rezamos por uno, pero hacemos nuestra oración extensa a
todas las amas criaturas con necesidades similares a la primera, o sea,
queremos que nuestra oración se extienda para beneficio de todos aquellos que
tienen el mismo problema que el que tiene la criatura objeto de nuestra
oración.
Un ejemplo más
completo quizás sirva. Si mi tía Juana se enferma y yo quisiera pedirle, en Su
Voluntad, por la cura- ción de la tía Juana, debo pensar que todas las demás criaturas, Jesús incluido y en primer lugar, se están uniendo
conmigo para
rezar por Juana, y que esa oración universal Él la acoge, acepta como dicha por
todos, y actúa sobre ella.
Ahora bien,
para que mi oración tenga toda la universalidad que Él busca de mí, o sea, las
dos características de uni- versalidad buscadas, yo debo pensar que no solo
rezo por mi tía Juana, sino por todas las otras criaturas que en esos momentos
necesitan de esos mismos auxilios míos, y por las que yo pediría, si las
conociera y supiera de sus necesi- dades.
A veces sucede
que la tía se cura, y se curan muchas otras, cosa que yo nunca sabré, a veces
se curan otras y no la tía Juana, y a veces no se cura nadie, dependiendo de
“sus disposiciones” que es materia larga y tendida y para otras discusiones.
Resumen del capítulo de Octubre de 1914: (Doctrinal) – Página 132 – Te prometo un alma -
Estaba escribiendo las horas de la Pasión y pensaba entre
mí:
Cuántos sacrificios para escribir estas benditas horas de la Pasión, especialmente por tener que poner
en el papel cier-
tos actos internos que sólo entre yo y Jesús han pasado, ¿cuál será la recompensa que Él me dará por esto?”
Y Jesús haciéndome oír su voz tierna y dulce me ha dicho:
“Hija mía, en recompensa por haber
escrito las horas de mi Pasión, por cada
palabra que has escrito te daré
un beso,
un alma”.
Y yo: “Amor mío, esto a mí, y a aquellos que las harán, ¿qué les darás?”
Y
Jesús:
“Si las hacen
junto Conmigo y con mi misma Voluntad, por cada palabra que
reciten les daré también un alma,
porque toda la mayor o menor eficacia de estas horas de mi Pasión está
en la mayor o menor unión que tienen Conmigo, y haciéndolas con mi Voluntad, la criatura
se esconde en mi Querer, y actuando mi Querer puedo hacer todos
los bienes que quiero, aun por
medio de una sola palabra, y esto cada vez que las hagan”.
En otra ocasión
estaba lamentándome con Jesús, porque después de tantos sacrificios para
escribir las horas de la Pasión, eran muy pocas las almas que las hacían, y
entonces Él me dijo:
“Hija mía, no
te lamentes, aunque fuera sólo una deberías estar contenta, ¿no habría sufrido
Yo toda mi Pasión aun- que se debiera salvar una sola alma? Así también tú,
jamás se debe omitir el bien porque sean pocos los que lo apro- vechen, todo el
mal es para quien no lo aprovecha,
y así como mi Pasión hizo adquirir
el mérito a mi Humanidad como si todos se salvaran, a pesar de que no todos se salvan,
porque mi Voluntad era la de salvarlos a todos, entonces merecí según lo que Yo
quería, no según el provecho que las criaturas harían; así tú, según que tu
voluntad se haya ensimismado con mi Voluntad, de querer y de hacer el bien a
todos, así serás recompensada, todo el mal es de aque- llos que pudiendo no las
hacen, estas horas son las más preciosas de todas, pues no son otra cosa que
repetir lo que Yo hice en el curso de mi Vida mortal, y lo que continúo en el
Santísimo Sacramento. Cuando escucho estas horas de mi Pasión, escucho
mi misma voz, mis mismas oraciones, veo mi Voluntad en esa alma, la cual es de querer
el bien de todos y de reparar por
todos, y Yo me siento transportado a morar en ella para poder hacer en ella lo
que hace ella misma. ¡Oh, cuánto quisiera que aunque fuera una sola por región
hiciera estas horas de mi Pasión!, me oiría a Mí mismo en cada lugar, y mi
Justicia en estos tiempos tan grandemente indignada, quedaría en parte
aplacada”.
Agrego que un
día estaba haciendo
la hora cuando la Mamá
Celestial dio sepultura a Jesús, y yo la seguía para hacerle compañía
en su amarga desolación para compadecerla. No tenía la costumbre de hacer esta
hora siempre, sólo algu- nas veces, y estaba indecisa si debía hacerla o no, y
Jesús bendito, todo amor y como si me lo rogara me ha dicho:
“Hija mía, no quiero que la descuides, la harás por amor mío en honor de mi Mamá. Debes saber
que cada vez que tú la haces, mi Mamá se siente como si estuviera en persona en
la tierra y repetir su vida, y por lo tanto recibe Ella la gloria y el amor que
me dio a Mí en la tierra, y Yo siento como si estuviera de nuevo mi Mamá en la
tierra, sus ternu- ras maternas, su amor y toda la gloria que Ella me dio, por
eso te tendré en consideración de madre”.
Entonces, abrazándome, oía que me decía quedo, quedo: “Mamá mía, mamá”. Y me sugería lo que hizo y sufrió en
esta hora la dulce Mamá, y yo la seguía.
Desde ese día en adelante no la he descuidado, ayudada
por su gracia. Resumen del capítulo del 29 de Octubre de 1914:
(Doctrinal) – Página 135 -
Estaba lamentándome con Jesús bendito por sus privaciones y mi pobre
corazón oprimido deliraba, y desatinando he dicho:
“Amor mío, cómo, ¿has olvidado que sin Ti no sé ni puedo estar? O Contigo en la tierra
o Contigo en el Cielo,
¿acaso quieres que te lo recuerde? ¿Quieres estar en silencio, dormir, enojado? Está bien, siempre y cuando estés conmigo,
pero siento que me has puesto fuera de tu corazón.
¡Ah! ¿Has tenido corazón para hacerlo?”
Pero mientras
decía estos y otros desatinos, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior
me dijo:
“Hija mía,
cálmate, estoy aquí, y diciéndome que te he puesto fuera de mi corazón es un
insulto que me haces, pues te tengo en el fondo
de mi corazón, y tan estrechada,
que todo mi Ser corre en ti y el tuyo en Mí, por
lo tanto se aten- ta a que de
este Ser mío que corre en ti nada te escape, y que cada acto tuyo esté unido
con mi Voluntad, porque mi Voluntad contiene actos completos, basta un solo
acto de mi Voluntad para crear miles de mundos, y todos perfectos y completos, no tengo necesidad de actos
subsiguientes, uno solo me basta por todos. Entonces tú, haciendo el acto más
simple unido con mi Voluntad, me darás un acto completo de amor, de alabanza,
de reparación, de todo, en su- ma, todo encerrarás en este acto, es más, me
encerrarás también a Mí mismo y me darás a Mí a Mí mismo. ¡Ah! sí, sólo estos
actos unidos con mi Voluntad me pueden estar enfrente, porque para un Ser
perfecto que no sabe hacer actos incompletos, se necesitan actos completos y
perfectos para darle honor y complacencia, y la criatura sólo en mi Voluntad
encontrará estos actos completos y perfectos; fuera de mi Voluntad, por cuan
buenos fuesen sus actos, se- rán siempre imperfectos e incompletos, porque la
criatura tiene necesidad de actos subsiguientes para completar y perfeccionar
una obra, si acaso lo logra; por lo tanto, a todo lo que la criatura hace fuera
de mi Voluntad Yo lo veo como una nada. Por eso mi Voluntad sea tu vida, tu
régimen, tu todo, y así, encerrando mi Voluntad tú estarás en Mí y Yo en ti, y te cuidarás muy bien de no
decir otra vez que te he puesto fuera de mi corazón”.
* * * * * * *
(1) Hija mía, cálmate, estoy aquí, y diciéndome que te he puesto fuera de
mi corazón es un insulto que me haces, pues te tengo en el fondo de mi corazón,
y tan estrechada, que todo mi Ser
corre en ti y el tuyo en Mí, - Luisa no ha recibido las visitas de Jesús en
varios días, y concluye que la ha abandonado, que la ha puesto fuera de Su
Corazón. Luisa no ha superado todavía esta etapa de su vida en la que Sus
Privaciones son fre- cuentes, y por tanto se desespera. En este sentido la
memoria de Luisa es muy corta, porque a estas alturas debiera saber que Jesús
no la abandona, pero cada uno es como es, y hay cosas que son imposibles de
resolver.
Nada de esto le quita, la fuerte reprimenda del Señor, que Le dice que sus
palabras Le insultan al pensar que la ha abandonado, y una vez más la reasegura
que la tiene en el fondo de Su Corazón
y que “todo Su Ser corre
en ella, y el
de ella en Él”. El grado de unión que estas palabras
implican es de carácter indisoluble, por lo que aunque Luisa no Le vea, Él está siempre
dentro de ella. Nos explicamos un poco más.
Ella vive en Su
Voluntad, y lo que sabemos de este Don y de esta Vida es que una vez otorgado,
ya Él no lo retira, solamente la criatura puede rechazarlo, si así lo quisiera, porque la libertad de voluntad emanada
en nosotros jamás
la perdemos, y por tanto, existe la posibilidad de que querramos
rechazar este Don tan santo. Por tanto, si Luisa nunca rechaza este Don, Él no
puede tampoco rechazarla; la reprende y nos reprende, la corrige en su
actuación y nos corri- ge a nosotros, pero ya no Nos abandona.
Ya sabemos que este Don y esta Vida consisten en que el Espíritu Santo forma una Vida de Su Voluntad,
que nosotros caracterizamos como un Cuerpo de Luz, y ese Cuerpo de Luz es
bilocado en nuestro ser humano, y queda revestido en nuestra naturaleza humana, y en ese Cuerpo de Luz viene
bilocada o extendida Su Voluntad Obrante, junto con todas las otras facultades
y potencias anímicas Divinas necesarias para que ese Cuerpo de Luz se
desarrolle apropia- damente. En ese Cuerpo de Luz también quedan bilocados: el
Amor Divino, la Santísima Trinidad, Jesús y Su Madre Santísima. En nuestra
persona reside ahora también la plenitud del Ser Divino que va a desarrollarse,
a través de la recepción de nuevos
Conocimientos sobre las Verdades
Divinas, y a través de una actuación
que utiliza esos Conoci-
mientos, y de
esa manera, colabora con esos actos a la Venida del Reino del Fiat Supremo en
la tierra como en el Cielo.
Dicho desde
otro ángulo. Sabemos que al Jesús estar Bilocado en ese Cuerpo de Luz que
cohabita con nosotros en unión perfecta, y aunque solo fuera Jesús el que
estuviere Bilocado en cada uno de nosotros, ya estaría en nosotros también la
plenitud del Ser Divino. Esto lo decimos, porque es posible que algunos de los
que lean estas Guías de Estudio, se resistan a la idea de que “existan” los
Protagonistas Divinis mencionados, y de que todos esos Protagonis- tas del Ser
Divino, están también Bilocados en nosotros, en nuestro Cuerpo de luz, cuando
recibimos el Don.
Dicho todo
esto, si nos concretamos y avanzamos lógicamente del punto A al punto Z, y
obviamos todos los pasos intermedios de explicación, podemos afirmar que vivir
en Su Voluntad es, igual a, convivir con la plenitud del Ser Di- vino, como
vivía Jesús, pero con una diferencia importantísima, y es esta: La Plenitud del
Ser Divino en Jesús es pro- pia de Su Naturaleza como Segunda Persona
de la Trinidad, mientras que en nosotros esa Plenitud es Plenitud partici-
patoria; es por Gracia Suya que Nos es concedida.
Esta cohabitación con el Ser Divino resulta así por dos razones
fundamentales. La primera razón tiene que ver con Su Amor hacia el hombre, esa
Creación Suya de la que se ha enamorado, por decirlo de alguna manera, creación
que quiere sea participe de todo lo Divino, La segunda razón tiene que ver con
Sus Planes de un Reino del Fiat Supremo en
la tierra, como ya lo tiene en el Cielo, Reino en el que Él pueda desarrollar,
junto con unos seres humanos seme- jantes en todo a Él, “maravillas y
portentos jamás vistos ni escuchados”, para que todos,
particularmente Su Santí- sima Madre, puedan disfrutarlos.
(2)
Por lo tanto
se atenta a que de este Ser mío que corre en ti nada te escape, y que cada acto
tuyo esté unido con mi Voluntad,
porque mi Voluntad contiene actos completos, - Quiere
hacerle ver a Luisa que en vez de quejarse tanto de si la visita o no, debiera
fijarse más, “se atenta”, en hacer lo que quiere de ella,
que cumpla con Sus Sugerencias Amorosas, y que estas sean hechas en Su
Voluntad, con Sus Mismos Modos Divinos.
Aquí la situación empieza a complicarse, porque introduce el concepto de
actos completos, o sea, que el Modo Divino es el de hacer, siempre,
actos completos. El concepto de Completación de la Sugerencia Amorosa, ya lo ha
anunciado anteriormente, y ya ha caracterizado este adjetivo de completo diciendo, que cuando realizamos lo que
Él Nos Sugiere que hagamos, completamos
el Acto de Amor “del Acto incesante de Su Voluntad”,
que había encerrado en esa Su- gerencia. Esa Completación también implica por
tanto perfección en el acto realizado.
Aunque con esto
anticipamos lo que debemos decir en los otros párrafos, y aunque ya lo hemos
dicho anteriormente, decimos ahora, que nuestro cuerpo natural, nuestra
condición de ser humano, es imperfecta por naturaleza, precisa- mente, porque
nuestra naturaleza humana, nuestro cuerpo natural fue diseñado y por tanto,
creado para que coexis- tiera con un Cuerpo Divino
de Luz, que complementando a la naturaleza humana, la haría
perfecta, como haría
perfec- tos los actos humanos realizados por el cuerpo natural, pero replicados perfecta y completamente por
el Cuerpo de Luz.
La única
diferencia, pero diferencia trascendente, entre Adán y su línea de creación, y
las otras líneas de creación humanas anteriores a Adán, es que Adán fue creado
para vivir en Su Voluntad, o sea, para coexistir con esta segunda Naturaleza
toda Divina.
Dicho de otra manera. La perfección que
muchas veces buscamos, “sed perfectos como Mi Padre y
Yo somos perfec- tos”, sólo puede alcanzarse viviendo en este estado
especialísimo que Él llama vivir en Su Voluntad. Fuera de este estado de
convivencia con el Ser Divino, el ser humano no puede ser nunca perfecto, ni
hacer nada perfectamente, ni hacer nada “completo”.
Nuestra actual
concupiscencia no es un castigo como tal, o sea, no Nos dio concupiscencia, esa
ya la teníamos, sino que el castigo consistió en que Dios retiró de Adán, y de
toda su descendencia, esta segunda naturaleza toda divina, del Cuerpo de Luz,
que contenía a todos los Protagonistas del Ser Divino. Era esta convivencia con
la Divinidad en un Cuerpo de Luz, la que hacía perfecta y completa a nuestra
naturaleza humana. Nuestra concupiscencia, las enferme- dades, las pasiones
descontroladas, la misma muerte en la que terminamos, por tanto, no son castigos, sino que son nuestra condición
natural, condición que se mantenía a raya y bajo control, por la Naturaleza
Divina que cohabitaba con Adán y Eva, y hubiera cohabitado con nosotros, si
Adán no hubiera pecado. Sin esta Naturaleza Divina regalada,
la línea de creación de Adán, es
otra línea de creación humana más, sujeta a las mismas imperfecciones que las
ante- riores líneas de creación tenían.
(3) Basta un solo acto de mi Voluntad para crear miles de mundos, y todos
perfectos y completos, no tengo necesidad de actos subsiguientes, uno solo me
basta por todos. - Cualquiera que sea el Acto de Su Voluntad que Dios quiera realizar en
cualquier momento dado, cuando se pronuncia el Fiat Creador, eso que Dios
quiere hacer, queda hecho, perfecta y completamente. Para que algo sea hecho
pues, perfecta y completamente, y como un solo acto, se requiere
de un número de factores antecedentes, a saber:
a) Un planeamiento o diseño, también perfecto y completo, de
lo que se quiere hacer, o lo que es
lo mismo, que nada de lo que es necesario para que ese acto resulte perfecto y
completo, quede sin ser planeado o diseña- do.
b) Que existan los recursos que
son necesarios al acto que se quiere realizar. De nada vale que un arquitecto
tenga unos planos perfectos y completos de un edificio, si después no se tiene
acceso a los materiales de construcción requeridos.
c)
Que el que va a ejecutar el acto tenga la potencia, la habilidad
necesaria para hacer realidad lo que se había planeado en forma perfecta y
completa.
Todas estas condiciones solo quedan satisfechas en Dios, por lo que sólo
Él es capaz de hacer obras perfectas y com- pletas. Pero atención a esto,
aunque cada acto de Su Voluntad que Dios ordena se haga, se hace
completa y perfec- tamente de un solo golpe, sin necesitar de varios actos para
hacerlo, “no tengo necesidad de actos
subsiguientes, uno solo me basta por
todos.”
Todo esto no
quiere decir que Dios ha hecho todo lo que existe con un solo acto de Su
Voluntad, aunque una vez que se han realizado, todos esos actos se incorporan y
forman parte del Acto Único de Su Voluntad. Varias cosas vienen a la mente que
refuerzan este atrevimiento en lo dicho.
Recordamos que
en un capítulo anterior, Nuestro Señor dice que antes de crear nuestro
universo, se requería crear el espacio físico en donde colocarlo. Sabemos por
el Génesis que la creación de los seres humanos, y particularmente la línea de
creación de Adán, fue realizada después de haber preparado el lugar adecuado
para que la creación humana pudiera subsistir, porque, ¿cómo puede subsistir
una criatura humana en el vacío?
Concretemos lo
dicho hasta ahora. Para Dios no hay “tiempo”, por lo que puede parecer que todo
lo que Él ha deter- minado exista, ha sido hecho existir de un golpe; sin
embargo, no es así: todo se ha realizado en una secuencia lógi- ca, porque
lógicamente hablando, y Dios es la Suprema Lógica, todo necesita ser
realizado ordenadamente al fin per- seguido.
Aunque no
existe límite alguno al Poder Absoluto de Dios, existe pues una “limitación” a
ese Poder, y es la de que todo
necesita ser realizado, ordenado a un Fin que Él Mismo se ha trazado; pero una
vez que lo pensamos, compren- demos, que esa “limitación” no es limitación
alguna, sino que es condición necesarísima para la Perfección Absoluta que es
Dios, porque ejercer un Poder Absoluto caóticamente, estaría en total conflicto
con el Concepto de un Dios equilibrado, en perfecto Control de todas Sus
Cualidades, y no a merced de una de ellas en particular.
Así llegamos a
la conclusión de la que la Perfección y Completación Divinas de todo lo que
hace, son posibles dentro de un marco de perfecto y completo Equilibrio
de todas Sus Facultades, o Cualidades, o Prerrogativas, o Atributos. Más que Omnipotente, más que
Misericordioso, más que Benevolente, Dios es Equilibrio y Orden, y este tema de
Su Equilibrio, y el rol que Su Justicia juega como Guardián de ese Equilibrio,
trasciende todo lo que Nos dice en los Escri- tos y todas las Enseñanzas que
quiere darnos.
(4) Entonces tú, haciendo el acto más simple unido con mi Voluntad, me
darás un acto completo de amor, de alabanza, de reparación, de todo, en suma,
todo encerrarás en este acto, es más, me encerra- rás también a Mí mismo y me
darás a Mí a Mí mismo. - Todo lo dicho hasta ahora, ha estado preparando el terreno, para lo
que dice en este párrafo 4. Su importancia como enseñanza no puede ser mayor.
Así dice y
decimos, que lo que la criatura que vive en Su Voluntad, y actuando unida a Su
Voluntad, puede realizar y ofrecer a Su Creador, goza, contiene, posee,
todas las características de un Acto Divino, a saber, es un Acto Completo y
Perfecto de Amor. Podemos y debemos entender, que como Acto Divino que es, no
importa lo simple que el acto sea, Le damos no solo Amor, sino Alabanza,
Reparación, y así pudiéramos añadir, todos y cada uno de los Deberes de
Justicia que todos debemos darle instante por instante, día por día. Además,
nuestro estado de vida en Su Voluntad, Nos autoriza a hacer ese acto extensivo
a todos nuestros hermanos, como si todos lo estuvieran haciendo. Al decir: “Me
darás un acto completo”, implica permiso y capacidad para hacerlo como Él Mismo actúa, y sabemos que Él solo puede
actuar en manera universal.
Dice además en esta Suprema
Enseñanza de este párrafo
4, que podemos y debemos encerrarlo a Él Mismo en nues-
tro acto, y que debemos darle a Él, a Él Mismo. Este concepto lo
elaborará mucho más en el capítulo sobre el Prodi- gioso secreto del “Te Amo”, el capítulo del 26 de Abril de 1928, volumen
24. Nada de esto debe extrañarnos. Dios está encerrado en cada
Acto de Su Voluntad, y necesita mantenerse encerrado, en cada Acto de Su Voluntad, para que ese Acto
pueda existir eternamente, o por lo menos todo lo “eternamente” que Él decida
continúe existiendo. Entendamos claramente, que si Él se “retirara” de ese
Acto, o lo que es lo mismo, si Él decidiera “retirar” a Su Voluntad de ese acto, ese Acto desaparecería, como si
nunca hubiera existido. Así como en el momento de creación, decidió que Su
Voluntad fuera vida de ese Acto, así también, en cualquier “momento” puede Él decidir que Su Voluntad no sea ya mas
vida de ese Acto, y en ese mismo instante, ese Acto desaparecería.
Al decir, pues,
que podemos y debemos encerrarlo a Él en ese acto, está diciéndonos que solo
encerrándolo a Él en el Acto, puede ese acto ser eterno, puede ser incorporado
a los otros Actos de Su Voluntad, que constituyen el Acto Único de Dios.
Hay muchas
perspectivas en este párrafo 4. Hemos tocado brevemente el concepto de que
hasta el acto más simple, siempre que sea Acto que Él sugiere hagamos, goza de
todas estas características del Acto Divino, pero no hemos dicho
explícitamente, que por otro lado, no existe límites a lo que podemos realizar
si Nos lo sugiere. No hemos ha- blado de la Dignidad inherente al Acto de Amor
Divino que Él sugiere, Él mismo lo hará en el próximo párrafo, pero debemos
tenerlo siempre en mente, porque nada de lo que Él sugiere puede ser indigno de
Dios. Tampoco hemos hablado en detalle de que un Acto Divino puede Él
multiplicarlo infinitamente, y cambiar la intención nuestra por otra u otras que Él necesite más en esos
momentos. Ciertamente que Nos ha mandado pedirle, porque nada ocurre res- pecto
de nosotros, si no se lo pedimos, pero aunque no necesariamente utilizará lo
que hacemos con nuestro propósi- to, Él tiene muchos otros propósitos para los
que solo actúa, si nosotros actuamos.
(5)
¡Ah! sí,
sólo estos actos unidos con mi Voluntad me pueden estar enfrente, porque para
un Ser per- fecto que no sabe hacer actos incompletos, se necesitan actos
completos y perfectos para darle honor y complacencia, y la criatura sólo en mi
Voluntad encontrará estos actos completos y perfectos; - Para que los
actos humanos puedan ser admitidos a Su Presencia, ”Me puedan estar enfrente”, necesitan
tener la Dignidad y Honor necesarios y suficientes, y eso solo puede lograrse
haciéndolos en Su Voluntad. En el capítulo del 6 de Agosto de 1928, volumen 24,
capítulo que extiende los conceptos que
explica en este capítulo que nos ocupa, el Señor elabo- ra aun más esta idea de
acto completo. En este, lo que Le interesa es que comprendamos, una vez más,
que solo lo que Él hace, y lo que pueden
hacer otros en los cuales Él delega Su Mismo Obrar, es lo
que puede llegar enfrente a Él,
a Ellos Tres, porque esos Actos son Actos completos.
(6) fuera de mi Voluntad, por cuan buenos fuesen sus actos, serán siempre
imperfectos e incompletos, porque la criatura tiene necesidad de actos
subsiguientes para completar y perfeccionar una obra, si acaso lo logra; - No hay duda alguna de que
podemos obrar siguiendo Sus Sugerencias Amorosas, en una vida nor- mal, fuera
de Su Voluntad, pero la inherente imperfección humana, nunca puede darles el
grado de Completación, y por tanto de perfección, que puede darle una criatura
que los hace, viviendo en Su Voluntad.
Nuestro Señor,
vuelve a ocupar Su atención al concepto inicial de que cuando Él actúa, no se
necesita realizar ningún acto adicional para que, lo que hizo, quede completo.
Podemos realizarlos completos, viviendo en Su Voluntad, pero solo esto es
posible, porque el acto que nosotros iniciamos, y atención a esto, no lo
completamos nosotros, sino que lo completa
Su Misma Voluntad que ha Bilocado en el cuerpo de Luz que ahora cohabita con
nosotros.
Los actos que Adán realizaba
antes y después de su pecado, eran los mismos actos humanos,
pero antes del pecado,
esos actos eran completados por la Voluntad Bilocada y Obrante en su “cuerpo de luz”, mientras que después del pe-
cado, habiéndole retirado
de sí, ese “cuerpo de luz” y Su Voluntad,
ya sus actos no eran completados por Su Misma
Voluntad, y quedaban “cortos”
en su ejecución.
Este concepto
de Completación del acto, tiene mucho que
ver con la eficiencia y efectividad del acto que se realiza, y a su vez, esta eficiencia y efectividad
tienen todo que ver con los resultados que se obtienen. Lo habíamos dicho an-
tes, pero con distintas palabras, cuando dijimos en nuestra explicación del
párrafo 3, que todo necesita ser realizado ordenadamente al fin
perseguido. Si todos los actos humanos del que vive en Su Voluntad, están
ordenados al fin perseguido de la Venida del Reino, lógico es que todos los
actos humanos de las criaturas que vivan en Su Voluntad, sean eficientes y
efectivos para alcanzar el fin perseguido.
Todas las
respiraciones, los latidos de corazón, los alimentos que Adán ingería, por
ejemplo, eran perfectamente efi- cientes para
el cuerpo natural de Adán, y preservaban perfecta y completamente, la “salud” inicial que su
cuerpo tenía desde su creación; eran
actos perfecta y completamente efectivos para cumplir con el fin de permitirle
a Adán realizar otras obras de mayor importancia, obras que estaba llamado a
realizar en el Reino, y que solo podrían realizarse si su cuerpo natural,
cuerpo y alma, estaban
perfectos y completos. Su inteligencia natural cuando analizaba, analizaba a la perfección, porque
su análisis era exhaustivo, era eficiente y efectivo a extraer el máximo de lo que estaba analizando.
Dicho esto
comprendamos que así como existen diferentes grados en la manera en la que
vivimos en Su Voluntad, unos más adentro que otros, así también el grado de
eficiencia y efectividad de los actos que cada uno realiza.
Aunque la salud
que Luisa poseía era toda Gracia Suya, pudiéramos decir que esa Gracia Suya de
que Luisa tuviera una salud perfecta, inconcebible humanamente hablando en una
criatura que vivía permanentemente en cama, sin hacer ninguna clase de
ejercicio físico, el Señor la realizaba, a través de los mismos actos perfectos
y completos de Luisa en Su Voluntad, que eran totalmente eficientes y efectivos
para preservar su salud.
Nosotros no lo
veremos, pero estamos seguros de que en la medida en que los Escritos se abran
paso, y más y más seres humanos vivan en Su Voluntad, particularmente desde una
edad más temprana, esos seres humanos experi- mentarán un grado mayor de salud física y mental que nadie podrá
explicar, a menos que se acepten y se crean
estos conceptos de que sus actos involuntarios, respirar, alimentarse,
dormir, etc., y los voluntarios como pensar, imaginar, razonar etc., son
totalmente eficientes y efectivos para preservar su salud original, y promover
un crecimiento perfec- to y completo de esa criatura, acorde al Plan original.
(7) Por lo
tanto, a todo lo que la
criatura hace fuera de mi Voluntad Yo lo veo como
una nada. – Lo que se hace fuera de Su Voluntad, no tiene una Vida
Divina, concepto que elabora con todo detalle y profundidad en el capí- tulo
mencionado del 6 de Agosto de 1928,
volumen 24, y lo que no es Divino, es nada, es algo
que puede o no existir, es algo que solo se preserva
en calidad de testigo de actuación, y que
se necesita para el juicio
personal de esa criatu-
ra, pero nada más. Si no es perfecto y completo, el acto humano
Él lo ve “como una nada”, porque es intrínsecamen-
te producto de un ser contingente, como diría Santo Tomas de Aquino, un ser que
puede o no existir, y que en algún “momento” no existió, y que por tanto no ha
contribuido nada al Acto Único de Su Voluntad.
(8) Por eso mi Voluntad sea tu vida, tu régimen, tu todo, y así, encerrando
mi Voluntad tú estarás en Mí y Yo en ti, y te cuidarás muy bien de no decir
otra vez que te he puesto fuera de mi corazón. – Empezó lamentándose de que
Luisa lo insultaba porque pensaba que no la tenía en Su Corazón, y termina
diciéndola que es- pera que ese insulto
no se repita más, porque es incorrecto, es mentira, y la mentira
no es tolerable para Él en alguien que viva en Su Voluntad.
La verdad es
una: Luisa y todos los que vivimos en Su Voluntad, siempre estaremos en Él, y
Él en nosotros; seremos vida de Él, porque enriquecemos Su Vida que nunca
termina, con nuestros actos, pobres en su inicio, pero grandes, perfectos y
completos cuando se terminan, y Él enriquece la nuestra con Sus Verdades, Su
Amor y todas Sus Cualida- des Divinas.
Resumen del
4 de Noviembre de 1914: (Doctrinal) – Página 136 –Importancia de revivir Su
Pasión a través de las Horas.
Estaba haciendo las horas de la Pasión, y Jesús complaciéndose me ha dicho:
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