VOLUMEN 11 ESTUDIO TERCERA PARTE VOLUMEN DECIMO PRIMERO DEL LIBRO DE LUISA PICARRETA
“Hija mía, si
tú supieras la gran complacencia que siento al verte repetir estas horas de mi
Pasión, y siempre repetir- las, y de nuevo
repetirlas, quedarías feliz. Es verdad que mis santos han meditado mi Pasión y han comprendido cuán- to sufrí y se han
deshecho en lágrimas de compasión, tanto, de sentirse consumar de amor por mis
penas, pero no lo han hecho así de continuo y siempre repetido con este orden,
así que puedo decir que tú eres la primera que me da este gusto tan grande y
especial, y al ir desmenuzando en ti hora por hora mi Vida y lo que sufrí, Yo me
siento tan atraído, que hora por hora te voy dando el alimento y como contigo
el mismo alimento, y hago junto contigo lo que haces tú. Debes saber que te
recompensaré abundantemente con nueva luz y nuevas gracias, y aun después de tu
muerte, cada vez que sean hechas por las almas en la tierra estas horas de mi
Pasión, Yo en el Cielo te cubriré siem- pre de nueva luz y gloria”.
* * * * * * *
Jesús le hacer
ver a luisa, que el ejercicio de las Horas de la Pasión Le da “gran
complacencia”. La definición de com- placencia es de gran importancia. Dice el
Diccionario que complacer es “hacer uno algo que otro quiera, y puede serle
útil o agradable”. También dice que complacencia es “satisfacción plena y
contento que resulta de alguna cosa”.
Como vemos, el
verbo complacer implica algo que uno hace por otro, y también implica algo que
otro hace por uno. Complacemos a alguien, o nos complace alguien, con algo que
hacemos o que hacen por nosotros.
Así al Señor
decir que verla repetir las Horas de la Pasión Le da gran complacencia, porque lo que hace Luisa Le
da una gran satisfacción, Le es sumamente agradable; al mismo tiempo, Él
complace a Luisa, haciendo que en el mismo acto de repetirlas, Ella reciba la
misma Felicidad que Él recibe.
Jesús destaca
las grandes diferencias que existen entre Luisa y los
Santos que han meditado Su Pasión anteriormente, y que han comprendido Sus
Sufrimientos, hasta consumarse de Amor por Él. Vamos a enumerar las grandes
diferen- cias que existen.
1)
“pero
no lo han hecho así, de continuo” - La meditación de las Horas
de la Pasión, Luisa las hacía diariamen- te, aun antes de haberlas escrito.
Precisamente las escribe a instancias de su confesor extraordinario, San Aníbal
María de Francia, para beneficio de
todos nosotros, que siguiendo el ejemplo de Luisa, también las
me- ditamos diariamente. Aun mas, aunque pueda parecer que meditar diariamente
no es lo mismo que meditar de
continuo, recordemos que en Su Voluntad, nosotros podemos tener la intención de estar rezando las Horas
de la Pasión todo el día, sin
interrupción, y Él acepta esta nuestra intención amorosa, como dice Luisa, como si en efecto lo estuviéramos haciendo de
continuo.
Por si esto
fuera poco, recordemos también que al vivir en Su Voluntad, un acto de
meditación diaria está siempre en acto de repetirse continuamente, por lo que
pudiéramos decir que cuando completamos nuestro primer ciclo de lectura de las
24 Horas de la Pasión, la meditación de las 24 Horas está ahora permanente y
continuamente en frente de Él, dándole “gran complacencia”.
2)
“y siempre repetido en ese orden” - El orden
en todo lo que se hace, es siempre de gran importancia para Jesús. Nótese que
el libro de las Horas de la Pasión comienza con la Despedida a Su Madre
Santísima, y ter- mina con Nuestra Señora sepultando a Su Hijo; cosa que no ha
hecho ningún otro libro o devoción anteriores a este.
3)
así que puedo decir que tú eres la primera que me
da este gusto tan grande y especial, - Luisa es
la primera santa que ha hecho estas Horas de la Pasión en forma continua, y en
el orden que a Él Le agrada, o sea, em- pezando y terminándolas con Su Madre
Santísima como la otra persona principal en este Proceso.
4)
y al ir desmenuzando en ti hora por hora mi Vida – El Señor se ha tomado un trabajo
grande en ir “desme- nuzando en ella”,
todas y cada una de las horas
de esas 24 horas
ultimas. Ningún suceso ha quedado sin des- cripción, no solo los sucesos que conocíamos por la
Tradición Apostólica y de los Primeros Padres
de la Iglesia, sino sucesos nuevos y desconocidos, como por ejemplo,
lo sucedido en el caminar del Huerto a Jerusalén a lo largo del Torrente
Cedrón. Aun dentro de los mismos sucesos que ya conocíamos, Nuestro Señor ha
revelado detalles totalmente desconocidos por todos.
5)
y lo que sufrí,
- A pesar de que estamos seguros,
Luisa no hubiera querido escribir con el detalle mencionado, todo lo que Nuestro Señor
sufrió, lo cierto es que lo
escribió, para nuestra edificación, para que conociéndolos comprendamos con
mayor perfección, la Labor Redentora de Nuestro Señor, que es una Labor toda de
sufri- miento y dolor. Ningún dolor humano, ningún sufrimiento Le fue extraño
al Señor, y debemos todos abrazar este Sufrimiento Suyo, como Su Herencia más
preciosa, más fecunda y más salvífica.
6)
Yo me siento tan atraído, que hora por hora te voy
dando el alimento y como contigo el mismo alimento, y hago junto contigo lo que
haces tú. – Este párrafo es totalmente incomprensible para personas
extrañas a nuestra Fe Cristiana, para personas, como nuestros hermanos
separados, y aun para muchos católicos que de buen corazón y con buena
intención, rehúyen abrazar el Sufrimiento de Nuestro Señor, como lo más
precioso que tenemos, para concentrarse en los aspectos “positivos” de Su Vida,
como el Seráfico Maestro del Sermón de la Montana, el Jesús de los Milagros
todo Compasión y Misericordia, como
el Jesús resucitado que de esta manera confirma Su redención. Sus Sufrimientos
son nuestro alimento, alimento que Nos da hora por hora, y que al nosotros
tomarlo, también lo vuelve a tomar Él, y hace con nosotros lo mismo que
hacemos. Nuestro Cuerpo de Luz crece se desarrolla con la Sangre de Luz
generada por estos Sufrimientos, y el Jesús Bilocado en nosotros, también crece
y se desarrolla reviviendo Su Pasión
en nosotros, y alimentados con la Misma San- gre de Luz que nos alimenta.
7)
Debes saber que te recompensaré abundantemente con
nueva luz y nuevas gracias, y aun después de tu muerte, cada vez que sean hechas por las almas en la tierra
estas horas de mi Pasión,
Yo en el Cielo te cubri-
ré siempre de nueva luz y gloria. –
Extraordinaria recompensa que Le promete a Luisa, y a todos nosotros, si
hacemos lo que hacía Luisa, porque como descendientes espirituales de Luisa
participamos de todas las Pro- mesas que el Señor hace en estos Escritos.
Resumen del capítulo del 6 de Noviembre de 1914: (Doctrinal) – Página 137 –
Continuando las acostumbradas horas de la Pasión, mi amable Jesús
me ha dicho:
(A) “Hija mía, el mundo está en
continuo acto de renovar mi Pasión, y como mi inmensidad envuelve a todos, dentro y fuera de las criaturas, por eso estoy obligado por su contacto
a recibir clavos,
espinas, flagelos, desprecios, escupita- jos y todo lo demás que sufrí en la Pasión, y aun más.
Ahora, quien hace estas horas de mi Pasión, a su contacto me siento sacar los
clavos, romper las espinas, endulzar las llagas, quitar los salivazos, me
siento cambiar en bien el mal que me hacen los demás, y Yo, sintiendo que su
contacto no me hace mal, sino bien, me apoyo siempre más sobre ella”.
Después de esto, volviendo el bendito Jesús a hablar
de estas horas de la Pasión ha dicho:
(B) “Hija mía,
has de saber que con hacer estas horas, el alma toma mis pensamientos y los
hace suyos, mis repara- ciones, las
oraciones, los deseos, los afectos y aun mis más íntimas
fibras y las hace suyas, y
elevándose entre el Cielo
y la tierra hace mi mismo oficio, y como corredentora dice junto Conmigo: “Eco ego mitte me”, quiero repararte por todos,
responderte por todos e implorar el bien para todos”.
* * * * * * *
Este es un
capítulo complementario del anterior, porque revela otro de los Objetivos que
perseguía Nuestro Señor cuando diseñó esta Tragedia incomparable y totalmente
incomprensible a cualquier mente humana que desconozca esos Objetivos. Y
analicemos el Bloque (A).
(1) Hija mía, el mundo está en continuo acto de renovar mi Pasión, y como
mi inmensidad envuelve a todos, dentro y fuera de las criaturas, por eso estoy
obligado por su contacto a recibir clavos, espinas, flagelos, desprecios, escupitajos y todo lo demás que sufrí en la Pasión, y aun más. - Dice Jesús que todo
el mundo vive “empeñado” en renovar las causas por las que tuvo que redimirnos,
y como Su Inmensidad nos envuelve a
todos, y este “empeño” de ofenderle, lo sigue afectando en Su Humanidad, porque
recordemos: sigue vivo entre nosotros, Él se ve obligado a renovar Su Pasión
continuamente.
Este es uno de los Conocimientos centrales de las Verdades Divinas
encerradas en estos Escritos. La Redención huma- na no ha terminado, ni terminará hasta que la Santísima Trinidad
decida terminar con el tiempo
humano, como lo
conocemos.
Esto choca directamente con las creencias de nuestros hermanos separados, que
creen que la Redención ya ha terminado, y que nada mas tiene Él que hacer, o
que decir, porque ya todo está hecho. Aunque en un cierto sentido, Nuestro
Señor ya no tiene necesidad de volver a hacer lo que hizo, porque, como
sabemos, lo que hizo está siempre en acto de hacerse, y esto valida la creencia
protestante, lo cierto es que lo que motivó Su Redención, sigue sucediendo
todos los días, y en todos los lugares: “si continua es la ofensa, continua
tiene que ser también la Repara- ción”.
Dice al
respecto Nuestro Señor, que aunque en Su Voluntad, Su Pasión está “en acto” de
hacerse, El decidió en Su Momento, que Él iba a dar vida nuevamente a Sus
Intenciones Originales de la Pasión, a saber: “Reparación, Inmola- ción,
Expiación y Adoración perpetua a Su Padre Celestial”, y que esa Vida Renovada
de Sus Intenciones tendría lugar a través de Su Permanencia entre nosotros como
Jesús Sacramentado.
Así pues, el Señor
sigue renovando en la Eucaristía Sus Intenciones originales, porque continuamente está en contacto con la miseria humana que
continúa, y que motivó Sus Intenciones originales.
(2) Ahora, quien hace estas horas de mi Pasión, a su contacto me siento
sacar los clavos, romper las espinas, endulzar las llagas, quitar los
salivazos, me siento cambiar en bien el mal que me hacen los demás, y Yo,
sintiendo que su contacto no me hace mal, sino bien, me apoyo siempre más sobre
ella. – Habla
ahora de otro de los Objetivos
expresados en estos dos capítulos. Dice que cuando nosotros compartimos Sus
Sufrimientos, se los quitamos a Él de arriba, Él queda aliviado porque nosotros
sufrimos por Él. Observemos que no habla de Luisa solamente, sino que habla de todo aquel que hace estas Horas de Mi Pasión. Aunque nosotros no expe- rimentemos en carne
propia Sus Sufrimientos, pero estamos dispuestos a
sufrirlos si Él así lo quisiera,
y nos ayudara a resistirlos, lo
cierto es que nuestra intención declarada, Le alivia grandemente, y se apoya en
cada uno de nosotros que así Le acompañamos, para resistir mejor esta avalancha
pecaminosa diaria.
* * * * * * *
Y continuemos con el análisis
del Bloque (B), en
el que continua con Su Declaración de Sus Objetivos.
Hija mía, has de saber que con hacer estas horas, el
alma toma mis pensamientos y los hace suyos, mis reparaciones, las oraciones,
los deseos, los afectos y aun mis más íntimas fibras y las hace suyas, y ele-
vándose entre el Cielo y la tierra hace mi mismo oficio, y como corredentora
dice junto Conmigo: “Eco ego mitte me”, quiero repararte por todos, responderte por todos e implorar el bien para
todos”. - Si el lector que sigue estas Guías de Estudio, no ha leído ya
en otros volúmenes superiores, que en nosotros, los que vivi- mos en Su
Voluntad, también reside la plenitud del Ser Divino, como residía en Él, Él
como Dios, y nosotros como criaturas, esta caracterización que hace de nosotros
como Corredentores, va a resultarle muy chocante, y hasta impo- sible de creer.
Para nosotros
los que ya hemos leído y nos hemos “acostumbrados” a este Conocimiento de que
en efecto actuamos como Dios actúa, porque así Él lo quiere, entonces nada
puede extrañarnos de que seamos Corredentores como lo es Nuestra Madre
Santísima, como lo es Luisa, y como lo somos ahora nosotros. El titulo de
corredentor viene porque tenemos la actitud de ser Corredentores, a saber,
tenemos la intención de serlo, y tenemos la capacidad de serlo, y todo esto
seriamos y haríamos, si Él Nos lo sugiriera.
Ahora bien, y atención a esto. Para que esta corredención sea todo lo
efectiva que Él quiere y necesita sea, debemos prestar atención a la Formula
expresada en Sus Palabras: “Eco ego mitte me”.
Hemos tratado de encontrar una tra- ducción a esta Formula Suya, pero no hemos
podido. No sabemos si la formula está expresada en latín, aunque nos inclinamos
mas a pensar que está en italiano. Pensamos que su traducción más apropiada por
lo que Él mismo conti- nua diciendo es esta: “he aquí (eco) que Yo (ego) hago
contigo (mitte me), como haces Tú”. Tú quieres reparar, yo quiero reparar; Tú
quieres implorar el Bien por todos, yo quiero implorar por el Bien de todos,
etc.
Resumen del capítulo del 20 de Noviembre de 1914: (De Diario) – página 138 -
Me sentía muy
afligida por las privaciones de Jesús bendito, mucho más por los flagelos que
actualmente están llo- viendo sobre la tierra, y que Jesús hace tantos años,
tantas veces me había dicho. Me parece que en los tantos que me ha tenido en
cama, dividíamos juntos el peso del mundo, sufríamos y trabajábamos juntos en
provecho de todas las criaturas. Me parece que el estado de víctima en el que
el amable Jesús me había puesto, concatenaba juntas en-
tre yo y Él a
todas las criaturas, no había cosa que Jesús hiciera o castigo que debiera
mandar, que no me lo hiciera saber, y yo hacía tanto ante Él, que o disminuía
el castigo o lo suprimía. Oh, cómo me aflige el pensamiento de que Jesús se
haya retirado en Sí todo el peso de las criaturas, y que a mí como indigna de
trabajar junto con Él me haya dejado a un lado. Pero otras aflicciones aún,
porque Jesús en sus escapadas que hace, continúa diciéndome que las guerras y
los flagelos que ahora caen son nada aún, mientras que parece que son
demasiado, y otras naciones se pondrán en guerra, y no sólo, sino que con el
tiempo desatarán guerras contra la Iglesia, atacarán personas sagradas y las
matarán. ¡Cuántas Iglesias serán profanadas!
Yo, en verdad,
he omitido por cerca de dos años escribir acerca de los castigos que Jesús
frecuentemente me ha ma- nifestado, en parte porque son cosas repetidas, y en
parte porque escribir acerca de los castigos me hace tanto mal que no puedo continuar; pero Jesús, una tarde mientras
escribía lo que me había dicho sobre su Santísima
Voluntad, y habiendo pasado
por alto lo que me había dicho de los castigos, reprochándomelo dulcemente me
dijo:
“¿Por qué no has escrito todo?”
Y yo: “Amor mío, no me parecía
necesario, además, Tú sabes cuánto sufro”.
Y Jesús:
“Hija mía, si no
fuera necesario no te lo diría, además, estando tu estado de víctima unido con
los eventos que mi providencia dispone sobre las criaturas, y viéndose en tus
escritos este entrelazamiento entre tú y Yo y las criaturas,
y entre tus sufrimientos para impedir los flagelos, ahora viéndose este vacío
la cosa parecerá discordante e incompleta, y
Yo cosas discordantes e incompletas no sé hacer”.
Y yo, encogiéndome de hombros he dicho: “Me es demasiado duro hacerlo, y además, ¿quién se recordará de todo?”
Y Jesús sonriendo agregó:
“¿Y si después de tu muerte
te doy una pena de fuego en las manos en el Purgatorio, qué dirás?”
Esta es la
causa por la que me he decidido a escribir sobre los castigos, espero que Jesús
perdone mi omisión, y pro- meto ser atenta en el futuro.
Ahora, regreso
a decir que estando muy afligida, Jesús al venir,
para animarme me tomó entre
sus brazos y me dijo:
“Hija mía,
anímate, quien hace mi Voluntad jamás queda sin mi compañía, más bien está
junto Conmigo en las obras que hago, en mis deseos, en mi Amor, en todo, y por
doquier está junto Conmigo. Además puedo decir que como quiero todo para Mí,
afectos, deseos, etc., de todas las criaturas, no teniéndolos, Yo estoy en
actitud en torno a las criaturas para hacer adquisición de ellos; ahora,
encontrando en quien hace mi Voluntad el cumplimiento de mis de- seos, mi deseo
se reposa en ella, mi Amor toma reposo en su amor, y así de todo lo demás”.
Luego ha agregado:
“Te he dado dos
cosas grandísimas, que se puede decir que formaban mi misma Vida; mi Vida
estuvo encerrada en estos dos puntos: Voluntad Divina y Amor. Y esta Voluntad
desenvolvió en Mí mi Vida y cumplió mi Pasión. No quiero otra cosa de ti, que
mi Voluntad sea tu vida, tu regla, y que ninguna cosa, sea pequeña o grande,
escape de Ella, y esta Voluntad desarrollará en ti mi Pasión, y por cuanto más
estrechada a mi Voluntad estés, tanto más sentirás en ti mi Pasión. Si haces
correr en ti como vida a mi Voluntad, Ella hará correr en ti mi Pasión, así que
la sentirás correr en cada uno de tus pensamientos, en tu boca sentirás
impregnada la lengua y tu palabra saldrá caliente de mi sangre y elocuentemente
hablarás de mis penas; tu corazón estará lleno de mis penas, y en cada latido
que hará, a todo tu ser llevará la marca de mi Pasión, y Yo te iré siempre
repitiendo: “He aquí mi Vida, he aquí mi Vida”. Y me deleitaré en darte
sorpresas, narrándote ahora una pena y ahora otra, aún no conocida ni
comprendida por ti. ¿No estás conten- ta?”
* * * * * * *
Este es un capítulo de diario que toca varios puntos de interés. En primer
lugar describe Luisa un intercambio con el Señor sobre la necesidad de
escribirlo todo, particularmente, los castigos que están sucediendo. Luisa es
todavía alma víctima, Él la relevará
de esta misión el 2 de Marzo
de 1921, por lo que el Señor dice que es necesario que ella escriba sobre los
castigos, porque son parte de su vida diaria, que no porque esté activamente
siendo víctima, por eso ha dejado de serlo, por lo que “ahora viéndose
este vacío (de los castigos) la cosa parecerá discordante e incompleta, y Yo
cosas discordantes e incompletas no sé hacer”. Toda esta situación
termina cuando, simpáticamente, el Señor Le dice que no se queje después cuando Le envíe una pena parcial de
Purgatorio sobre aquellas manos que se negaron a escribir lo que Él quería.
En
la continuación del capítulo, Nuestro Señor vuelve a hablar de Su Pasión como
lo ha hecho en los dos capítulos
anteriores que hemos comentado. Lo que dice para atar a Su Pasión con la Vida
vivida de Su Voluntad y en Su Volun- tad es muy interesante. Dice que si
estamos cada vez mas inmersos en
este estado especial de Vivir en Su Voluntad y hacemos las Horas de la Pasión,
ocurre que Su Voluntad “hará correr en ti mi Pasión, así que la sentirás
correr en cada uno de tus pensamientos, en tu boca sentirás impregnada la
lengua y tu palabra saldrá caliente
de mi sangre y elocuentemente hablarás
de mis penas; tu corazón
estará lleno de mis penas,
y en cada latido que hará, a todo tu ser
llevará la marca de mi Pasión, y Yo te iré siempre repitiendo: “He aquí mi
Vida, he aquí mi Vida”. Y me deleitaré en
darte sorpresas, narrándote ahora una pena y ahora otra, aún no conocida ni
comprendida por ti. ¿No estás con- tenta?”
Lo que el Señor
ha descrito es un fenómeno que pudiéramos llamar un círculo de acción
auto-alimentado. Mientras más vivimos de Su Voluntad y de lo que Él quiere, y
parte de lo que quiere es la lectura asidua, diaria, de Su Pasión, más y mejor
vivimos en Su Voluntad, y más y mejor “entenderemos” Su Pasión, que en este
caso se traduce en una mayor participación en Sus Sufrimientos, en Sus Penas,
en Su Vida en esas 24 Horas. Todo nuestro ser participará cada vez más y mejor
de los Bienes y Gracias encerrados en esos Sucesos; mas Vida de Jesús
recibiremos y mas se desarrollará en nosotros este Jesús Bilocado que
necesitamos desarrollar cada vez mas; mas y mas entenderemos lo que sucedió, y
por tanto mas y mas sacaremos provecho de lo que Él Hizo.
Resumen del capítulo del 17 de Diciembre de 1914: (Doctrinal) - Página 141 -
Continuando mi
habitual estado y estando muy afligida por las privaciones de Jesús, después de
mucho esperarlo ha venido, haciéndose ver en todo mi pobre ser, y yo, me
parecía como si fuera la vestidura de Jesús, y rompiendo su silencio me dijo:
“Hija mía,
también tú puedes formar hostias y consagrarlas. ¿Ves la vestidura que me cubre
en el Sacramento? Son los accidentes
del pan con los cuales es formada la hostia, la Vida que existe en esta hostia
es mi cuerpo, mi sangre y mi Divinidad, la actitud que contiene esta Vida es mi
Suprema Voluntad, y esta Voluntad desarrolla el amor, la repara- ción, la
inmolación y todo lo demás que hago en el Sacramento, el cual no se separa ni
un punto de mi Querer; no hay cosa
que salga de Mí de la cual mi Querer no vaya delante. Y he aquí cómo también tú
puedes formar la hostia: La hostia es
material y hechura del todo humana; también tú tienes un cuerpo material y una
voluntad humana, este cuerpo tuyo y este tu voluntad, si los mantienes puros,
rectos, alejados de cualquier sombra de pecado, son los acci- dentes, los velos
para poderme consagrar y vivir escondido en ti. Pero esto no basta, sería como
en la hostia sin la consagración, por eso se necesita mi Vida; mi Vida está
compuesta de santidad, de amor, de sabiduría, de potencia, etc., pero el motor
de todo es mi Voluntad, por eso después de que has preparado la hostia, debes
hacer morir tu voluntad en esa
hostia, la debes cocer bien, bien, para hacer que
no renazca más, y debes hacer entrar en todo tu ser a mi
Voluntad, y Ésta, que contiene toda mi Vida, formará la verdadera y perfecta
consagración. Así que no tendrá más vida el pensamiento humano, sino el
pensamiento de mi Querer, y esta consagración creará mi sabiduría en tu mente,
no más vida de lo humano, la debilidad, la inconstancia, porque mi Voluntad
formará la consagración de la Vida Divina,
de la fortaleza, de la
firmeza y de todo lo que Yo soy.
Entonces, cada vez que hagas
correr tu voluntad en la mía, en tus deseos y en todo lo que
eres y puedes hacer, Yo renovaré la consagración, y como en hostia viviente, no muerta como son las hostias sin Mí, Yo
continuaré mi Vida en ti. Pero esto no es todo, en las hostias consagradas, en
los copones, en los sagrarios, todo está muerto, mudo, no hay sensiblemente un
latido, un ímpetu de amor que pueda responder a tanto amor mío. Si no fuera porque espero a los corazones
para darme a ellos, Yo sería bien infeliz,
quedaría defraudada en mi Amor y sin finalidad mi Vida Sacramental; y si esto
lo tolero en los tabernáculos, no lo toleraré en las hostias vivientes. A la
vida le es necesaria la nutrición, y Yo en el Sacramento quiero ser alimentado,
pero quiero ser nutrido y alimentado con mi mismo alimento, esto es, el alma
hará suya mi Voluntad, mi Amor, mis oraciones, las reparaciones, los
sacrificios, y me los dará a Mí como cosas suyas, y Yo me nutriré. El alma se
unirá Conmigo, escuchará atenta para oír lo que estoy haciendo para hacerlo
junto Conmigo, y conforme repita mis mismos
actos me dará su alimento,
y Yo por ello seré feliz, y sólo en estas hostias vivientes encontraré la compensación de la
soledad, del ayuno y de lo que sufro en los tabernáculos”.
* * * * * *
En este
capítulo, el Señor desarrolla varios Conocimientos sobre la Eucaristía y la
Vida en Su Voluntad, que conviene destacar.
Primero., En
los párrafos 1 y 2 describe lo que sucede en la Eucaristía, respecto de la
conversión de los accidentes de pan y vino, en Su Cuerpo y Sangre Santísimas,
Su Alma y Divinidad a través de la Consagración.
Segundo. En los
párrafos 3 al 8 inclusive, describe lo que sucede en nuestras personas,
respecto de la conversión de los accidentes de nuestro ser, o sea, nuestro
cuerpo, sangre, alma en función de nuestras facultades y potencias anímicas, en
Su Cuerpo y Sangre Santísimas, Su Alma y Divinidad a través de la Consagración.
Aunque pueda parecer que habla de lo mismo que sucede en la Eucaristía de pan y
vino, que necesita hacerse cada vez que comulgamos, el énfasis está aquí en la primera
“consagración” que ocurre
cuando recibimos el Don de Vivir en Su Voluntad,
por prime- ra vez, que como
ya hemos conocido ocurre cuando por primera vez “tomamos en serio” esto de Su
Voluntad que ha querido revelarnos a través de Luisa.
Tercero. En los
párrafos 9 hasta el final. Describe lo que sucede en nuestras personas, ya
consagradas permanente- mente por la Vida de Su Voluntad que ahora cohabita con
nosotros, y en cuyo proceso, nosotros somos el “Anfitrión Eucarístico” de este
Cuerpo de Luz que se nos ha entregado.
Destaca pues, la
semejanza que existe entre la Eucaristía normal, en la que el pan y vino son
los accidentes que se consagran en virtud del poder sacerdotal, con la
Eucaristía en Su Voluntad, en la que nuestra persona es el accidente que se
consagra en virtud de nuestra aceptación inicial con el primer “encuentro” que
tengamos con esta Vida en Su Voluntad que describe en estos Escritos.
Al mismo tiempo
destaca, la diferencia que existe entre la Eucaristía normal, en la que Su
Estancia en esos accidentes de pan y vino es transitoria, y esta “Eucaristía”
extraordinaria, en la que Su Estancia en los accidentes de nuestra per- sona es
permanente, y significativamente, necesita alimentarse para poder renovarse, y
crecer.
Con estos antecedentes, comencemos el análisis del capítulo.
(1) Hija mía, también tú puedes formar hostias y consagrarlas. ¿Ves la
vestidura que me cubre en el Sacramento? Son los accidentes del pan con los
cuales es formada la hostia, la Vida que existe en esta hostia es mi cuerpo, mi
sangre y mi Divinidad, la actitud que contiene esta Vida es mi Suprema Volun-
tad, - La
primera afirmación de Nuestro Señor anuncia el tema a desarrollar en este
extraordinario capítulo sobre la Eucaristía y la Vida en Su Voluntad. Le dice a
Luisa que también ella puede formar Hostias y consagrarlas. Casi pudié- ramos
ver la cara de Luisa, toda sorprendida, confusa, boquiabierta, ante esta
afirmación de Su Jesús. Es un “titular de
periódico” perfecto: intriga, choca, y al mismo tiempo, invita a seguir leyendo
para descubrir como el “periodista” ha llegado a esta conclusión.
Dicho esto, sin embargo,
para los que hemos estado estudiando asiduamente estos Escritos de Nuestro Señor,
el “titu- lar” nos parece
perfectamente consistente con lo que Nos ha explicado hasta ahora de esta Vida
en Su Voluntad que cohabita en nosotros, los que vivimos en Su Voluntad, en un
Cuerpo de Luz.
Jesús comienza
a describir lo que los ojos humanos ven al contemplar la Hostia. Se refiere, en
primer lugar, a la parte física que vemos y de la cual está formada: una
partícula de pan. Así pues, lo primero que Nos fuerza a reflexionar, es que
alguien, una persona encargada o un negocio, prepara y forma las Hostias con
harina de trigo horneada sin
levadura, en recordatorio del Paso del Señor en Egipto, y también para que el
pan resultante quede estrecho, y sea más fácil entregarlo a los fieles. Por si
nos habíamos percatado antes, el Señor Nos dice que el Amor Divino, ya está
“formando” su futuro Cuerpo, todavía sin vida; así como El Amor Divino, en su
momento, creó el cuerpo de Adán, sin vida hasta que Dios exhaló en él Su
Aliento, y así como el
Amor Divino crea primero, un “cuerpo”
con “forma y funcio- nalidad”
a todo lo que eventualmente tendrá vida.
Ya Nos ha dicho
con anterioridad, que antes de crear algo, particularmente algo que va a
contener vida, y por tanto va a poder
obrar, se necesita crear el espacio en donde poner esa vida.
Así pues, esta
partícula de pan “cubre”, “oculta” a
un “Cuerpo” de Jesús al que está por
dársele Vida; es decir, y repe- timos, porque esta es una
de las grandes Revelaciones de este capítulo: el Amor Divino ya ha formado, en
cada Hos- tia, un Cuerpo y Sangre de Jesús, pero falta
infundirle a ese “cuerpo”, un alma humana, sin la cual nada
humano vive, y una Vida Divina, Su
Misma Voluntad, la cual da Vida a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad,
o mejor aún, a la Divinidad Trinitaria. En esta Relación incomprensible a la
mente creada, entre la Voluntad Suprema y la Santísima Trinidad, relación en la
que ambas existen, y no puede existir la una sin la otra; en esa relación
“simbiótica” repeti- mos, no hay precedencia alguna. Ambos Entes existen
e interaccionan simultáneamente. Si la Voluntad Suprema es la Vida de la
Santísima Trinidad, a su vez, la Santísima Trinidad posee y controla a la
Voluntad, y otorga esa Misma Vida que sólo Ellos poseen en derecho, a aquellos
o aquellas a quienes Ellos quieran otorgársela.
Pero no hemos
terminado. El Señor enfatiza, que la actitud de esta Vida Divina que se
encierra en esos accidentes materiales, es la actitud de Su Voluntad Suprema.
Dice el
Diccionario que actitud es “la disposición de ánimo de alguna manera
manifestada”. Dicho de otra manera, y afín con lo que
el Señor dice, Su Disposición de Ánimo de esta Vida Divina que Él
encierra en la Eucaristía, es la misma
Disposición de Ánimo que tiene la Voluntad Suprema. Este es un concepto
bastante complejo del que hay que hablar de varias maneras y con varios
ejemplos para llegar a entenderlo.
No debemos
confundir el concepto
de actitud con el concepto
de intención.
Yo puedo tener
la intención de hacer el bien al prójimo, por ejemplo, pero esa intención se
traduce en una acción u obra inmediata que Dios me ha sugerido en ese
momento, pero pasado ese momento, la intención puede desvanecer- se, y necesita ser renovada, sugerencia por
sugerencia.
Por el
contrario, si mi actitud es la de hacer el bien al prójimo, porque quiero tener
esa actitud y la acojo, entonces, esa actitud condiciona todas mis
intenciones respecto del prójimo, y el bien de mi obrar hacia el prójimo,
fluye de mí, ininterrumpidamente, y de esta manera mi actitud es manifestada a
ese prójimo.
La Actitud de
Nuestro Señor cuando vino a la tierra era una Actitud Redentora, y se
manifestaba en Su acogida inme- diata y Ejecución consistente en todo lo que
pensaba, en todo lo que decía, en todo lo que hacía.
La actitud de
Luisa cuando se le anuncia su rol como alma víctima, es una actitud de
aceptación que se manifiesta en su acogida
inmediata y ejecución consistente a toda participación que Nuestro Señor quiera
darle de Sus Sufrimientos.
La actitud de
Luisa cuando se le anuncia su rol como cabeza de misión del Apostolado de la
Divina Voluntad, es una actitud de
aceptación que se manifiesta en su acogida inmediata y ejecución consistente a escribir todo lo que Nuestro
Señor Le comunica, y que está reflejado en estos Escritos.
Así pues,
para que pueda existir actitud respecto a algo en un ser, sea el ser humano
o Divino, se necesita una formu-
lación clara del propósito para el que se pide actitud, y una acogida inmediata
de ese ser a ese propósito, seguida
por una ejecución consistente que vaya enfocada a satisfacer el propósito en
cuestión.
La Vida Divina
que Dios da a la Eucaristía, tiene varios propósitos, que Nuestro Señor ha ido
develándonos poco a poco, a través
de los Escritos y ese Jesús
bilocado, al que ahora se
Le da esta Vida, tiene una actitud
de aceptación de estos múltiples propósitos, que se manifiesta en Su
Acogida inmediata y Ejecución consistente de todos esos propósi- tos según se
requiera.
Hay dos
capítulos del volumen 4, que debemos extractar ahora para que comprendamos la
Actitud de Su Vida Sacra- mental de la que Nos habla ahora, respecto de algunos
de los Propósitos que se persiguen “sacramentándolo”.
En el Volumen 4, el 12 de Marzo de 1903, Nuestro Señor Le dice a Luisa, y extractamos:
“Hija mía, lo mismo sucedió cuando
en el consistorio de la Sacrosanta Trinidad se decretó el misterio de la Encarna- ción para salvar al género humano,
y Yo unido a Su Voluntad acepté
y me ofrecí víctima por el hombre; todo fue
unión entre las Tres
Divinas Personas y todo fue planeado juntos, pero cuando me puse a la obra
llegó un momento, especialmente cuando me encontré en el ambiente de las penas,
de los oprobios, cargado de todas las maldades de las criaturas, que me quedé
solo y abandonado por todos, hasta
por mi amado Padre; y no sólo esto, sino que así, cargado de todas las
penas como estaba, debía forzar al Omnipotente que aceptara y que me hiciera
continuar mi sacrificio por la salvación de todo el género humano, presente,
pasado y futuro. Y esto lo obtuve. El
sacrificio dura aún, el esfuerzo es continuo, si bien es esfuerzo todo
de amor, ¿y quieres saber dónde y
cómo? En el sacramento de la Eucaristía. En la Eucaristía el sacrificio es continuo,
es perpetua la presión que hago al Padre para que use de Misericordia con las
criaturas y con las almas para obtener su amor, y me encuentro en continuo
conflicto de morir continuamente, si bien todas son muertes
de amor. Entonces, ¿no estás contenta
de que te haga partícipe de los períodos
de mi misma vida?”
Asimismo, en el volumen
4 - 3 de Julio de 1902, Nuestro Señor Le
dice a Luisa y extractamos:
“Hija mía, cada período
de mi Vida debe recibir
del hombre distintos
y especiales actos y grados de imitación, de amor,
de reparación y más. Pero el período de mi Vida Eucarística, como es
toda vida de escondimiento, de transfor- mación y de continua consumación,
tanto que puedo decir que mi amor, después que ha llegado al exceso y aun ha-
berse consumado, no pudo encontrar, en mi infinita sabiduría, otras señales
externas de demostración de amor para el hombre. Y así como la encarnación, la
vida, pasión y muerte de cruz obtienen amor, alabanza, agradecimiento, imita-
ción, así la vida sacramental obtiene del hombre un amor extático, amor de
dispersión en Mí, amor de perfecta consu- mación, y consumándose el alma
en mi misma vida sacramental, puede decir que hace ante la Divinidad los mismos
oficios que continuamente estoy haciendo
Yo ante Dios por amor de los hombres.
Y esta consumación hará que el alma desemboque a la vida eterna”.
(2) y esta Voluntad desarrolla el amor, la reparación, la inmolación y todo
lo demás que hago en el Sa- cramento, el cual no se separa ni un punto de mi
Querer; no hay cosa que salga de Mí de la cual mi Que- rer no vaya delante. – Una vez que hemos
comprendido lo que significa “la actitud que contiene este Vida”, com-
prendemos también que Jesús, cumpla con todos los propósitos, los que
conocíamos, y los que Nos ha ido revelando en estos Escritos, y los cumpla
consistentemente, y como estos propósitos fueron y siguen siendo la expiación,
repa- ración, inmolación y adoración como ya se lo dijera a Luisa desde muy
joven cuando la enseñó a realizar las 33 Visi- tas.
Un aspecto
interesante de esta Vida Sacramental que Nos anuncia un tanto escondidamente,
es que esta Vida tiene unos propósitos bien definidos, no sujetos a variación
alguna, puesto que no son una vida nueva, sino que es la Vida Sacramental que
repite su Vida, particularmente, cuando crucificado y alzado en la Cruz vive
las tres Horas Finales de 12 a las 3 de la tarde.
Es también interesante como anuncia, que es Decisión de Ellos Tres, y por
tanto es Decisión de Su Voluntad, el que todo se haga de acuerdo con lo ya
ocurrido. La decisión inicial de instituir el Sacramento de la Eucaristía, se
renueva constantemente en cada Misa Eucarística, y se renueva
con los mismos propósitos con los que se instituyó. Para aque- llos que pudieran llegar a pensar, porque así somos,
que la Misa y la Eucaristía son ya una rutina, esto que dice el Señor debe despertarlos abruptamente. Todo esto el Señor lo anuncia diciendo
que “Su Vida Sacramental no se sepa- ra ni un punto de mi Querer; no hay cosa que salga de Mí de la cual mi Querer no vaya delante.”. Su Querer
no solo lo controla todo, sino
que se adelanta a todo aquello que controla y que ha diseñado.
(3) Y he aquí cómo también tú puedes formar la hostia: La hostia es
material y hechura del todo huma- na; también tú tienes
un cuerpo material y una voluntad
humana, este cuerpo tuyo y
esta tu voluntad, si los mantienes puros, rectos, alejados
de cualquier sombra de pecado, son los accidentes, los velos para poderme
consagrar y vivir escondido en ti. – Jesús hace una comparación entre una Hostia de pan
Consagrada en la que está Su Persona total, con la actitud requerida, y la
Hostia del cuerpo de una criatura que vive en Su Volun- tad, en la que también
está Su Persona total, con la misma actitud requerida. Lo único que cambia de
una a otra, son dos aspectos importantes que debemos destacar, y que por
extraño que parezcan, son consistentes con todo lo que estamos estudiando. En
todo lo que sigue, la Persona de Jesús quiere decir la totalidad de Jesús: Su
Cuerpo, Sangre, Alma, Divinidad y Obras.
Primero. La Persona de Jesús
transubstanciada, o mejor aún, bilocada en la Hostia, no está sujeta a
crecimiento alguno. Ha sido creado para cumplir con unos Propósitos específicos,
una “agenda” como se diría
hoy, y una vez cum- plidos, esa Persona pensamos “regresa” a la Voluntad
Suprema en la que vive eternamente. Incidentalmente decimos
que no hemos
leído, todavía en los Escritos, lo que sucede con estos miles y miles de Jesús
que fueron creados para encerrarlos en esas Hostias. Quizás algún día Se digne
decirnos algo al respecto.
Por el
contrario, la Persona de Jesús que se biloca en la criatura que ha pedido vivir
en Su Voluntad, está sujeta a crecimiento, y crecimiento continuo a partir del
momento en que es creada y bilocada. Los propósitos de la Vida Sa- cramental originales permanecen, pero a estos se añaden ahora otros propósitos no directamente relacionados con las Tres últimas
Horas de Agonía en la Cruz, sino que se expanden para permitir que Jesús viva
una vida nuestra, y en la que Jesús realice lo
que durante Su Vida entre nosotros no
pudo realizar. Este es el sentido último que debemos com- prender tiene Su Afirmación de que Él quiere vivir a
través de nosotros. Jesús no fue escritor, pero es escritor en Lui- sa, y el Jesús que es Escritor es el Jesús que está bilocado en Luisa, pero,
como ese Jesús bilocado
en Luisa, no puede
estar “desincronizado” con el Jesús original, el que está sentado a la derecha de Dios Padre, resulta que el Jesús origi- nal es ahora escritor también. Y
así pudiéramos hablar de todas y cada una de las profesiones de las criaturas
que vivirán en Su Voluntad, y que Le permitirán a Jesús ser Uno en todos.
Segundo. En la confección de la
Hostia por la persona encargada o negocio se requiere que sea la adecuada,
utili- zando el mejor trigo y agua, en un ambiente de limpieza y sin
contaminación. Dice el derecho Canónico “que
el pan sea de trigo y agua sin otro
elemento añadido; que sea ácimo, es decir, no fermentado, (C. 926), hecho
recientemente, de manera que no haya peligro de corrupción (c. 924). Asimismo
dice que “el vino sea natural, puro de uva
y no co- rrompido. Debe ser vino y no jugo de uva, (C. 924). Asimismo se permite que “al vino se le añadan unas gotas de agua (c. 924).” El añadir agua al vino era
la práctica universal entre los judíos y seguramente así lo hizo Nuestro Señor
Jesu- cristo, y así también lo hacen todos los sacerdotes en persona de
Cristo.
Resumiendo decimos,
que el “Cuerpo de Jesús” y la “Sangre de Jesús”
todavía en forma de Hostia y Vino, son
lo más
adecuadamente puro y natural
posibles que podemos
confeccionar para Él.
Por el contrario, “nuestro cuerpo material y una
voluntad humana”, no es necesariamente todo lo adecuadamente puro y
natural que se necesita para que Él Biloque Su Persona en nosotros. De hecho,
pudiéramos afirmar que no todos los que comienzan a vivir en Su Voluntad, están
en las condiciones de pureza y naturalidad que se exigen del pan y el vino que
van a ser consagrados sacramentalmente, y que se exigen de la criatura que va a
recibirle, a saber, que esté en Gracias de Dios y sin pecados graves.
Para muchos de
los que empiezan a estudiar estos Escritos, y para que lean esto sin
conocimiento previo, la situación descrita pudiera parecer contradictoria,
errada a punto de herética. ¿Cómo puede Nuestro Señor, la Pureza y Perfec- ción
Sumas, Venir a una criatura y Bilocarse en ella, cuando esta criatura comienza
a vivir en Su Voluntad, si esa cria- tura no está adecuadamente pura para
recibirle?
La respuesta, por extraña que parezca, es que Nuestro Señor no exige
que la Consagración que ocurre cuando co- menzamos a vivir en Su Voluntad, o
sea, cuando introduce en nuestra persona, la Vida de Su Voluntad que ha forma-
do para cada uno, en la forma
de un Cuerpo de Luz en el cual va encerrado Su Voluntad Bilocada
y Obrante, no exige,
repetimos, que se haga en las mismas condiciones de perfección, que se exigen
en la recepción sacramental. Dicho esto, sin embargo, no es posible que esta
situación inadecuada persista por mucho tiempo. La Labor interna que esta
Vida en Su Voluntad va a comenzar a realizar en esa criatura, si esa
criatura se deja dominar por Ella, hará que esa criatura se transforme y comience a vivir en las condiciones de pureza requeridas, o como dice el Señor en este párra- fo: “si los mantienes puros, rectos,
alejados de cualquier sombra de pecado, son los accidentes, los velos para po-
derme consagrar y vivir escondido en ti.”. Podremos empezar
inadecuados, pero no podemos permanecer inadecua- dos por mucho tiempo. Su
Voluntad y Él Mismo se encargan de arreglar el interior de “nuestra choza”,
para que sea “digna habitación real”.
(4) Pero esto no basta, sería como en la hostia sin la consagración, por
eso se necesita mi Vida; - Co- mienza el Señor Su Explicación sobre el proceso de cómo nuestro
cuerpo material y voluntad humana, pueden ser consagrados, y dice que para que
podamos ser consagrados, se necesita Su Vida. De nuevo, aunque parezca extraño,
todo puede servirle de materia de consagración, porque el “anfitrión” de Su
Vida, puede ser o hacerse tolerablemente adecuado, pero nada son, en
definitiva, si no contienen Su Vida.
(5)
mi Vida está compuesta de santidad, de amor, de
sabiduría, de potencia, etc., pero el motor de todo es mi Voluntad, por eso después de que has preparado
la hostia, debes hacer morir tu voluntad
en esa
hostia, la debes cocer bien, bien, para
hacer que no renazca más, - Dos informaciones en el párrafo. En la primera
Nos reafirma que aunque El es el todo de la Perfección, de la Santidad, del Amor,
de la Sabiduría, etc., todo eso sería estático,
sin Vida, porque ninguna de Sus Perfecciones tiene Vida; lo único
que Le da Vida es Su Voluntad, es el Motor que hace posible que todas
Sus Perfecciones puedan ser ejercitadas y vistas por Ellos Mismos. El Párrafo
es tan extraordinario que aturde; pero al mismo tiempo es completamente lógico
lo que dice sucede. En más de una ocasión, el
Señor Nos presenta con un cuadro “imposible”, que es
un recurso retorico
más, para hacernos comprender la importancia que tiene algo que Nos
quiere decir. En este caso, llega hasta el extremo de decir que Ellos Tres no
serían capaces de hacer nada, a pesar de que tienen la capacidad de
hacerlo todo, si Su Voluntad no Les diera la Vida que les permite hacerlo
todo. Claro está, esta situación es totalmente hipotética, porque
siempre dice cuando habla de esta manera, “lo que no puede
ser”. En este caso, ni siquiera dice eso, sino que prosigue.
En la segunda
parte del párrafo, Nuestro Señor Le pide a Luisa y a nosotros, que debemos
hacer morir nuestra volun- tad humana, que es parte del exterior de esta Nueva
Hostia que somos nosotros consagrados en Su Voluntad. Hacer morir nuestra
voluntad humana significa, como ya sabemos, el no ser nosotros los iniciadores
de nuestras acciones; más bien, responder siempre a Sus Sugerencias Amorosas de
Acción, esto es, hacerlo todo porque Él lo quiere, aun aquello que es
“involuntario”.
Para los que empiezan
estos Estudios, y por tanto,
esta Vida en Su Voluntad,
este es un punto
complicado siempre. Lo involuntario, como el respirar,
debemos ofrecerlo como si pudiéramos controlar y respirar, o no respirar, y
decir que respiramos porque Jesús quiere que yo respire. Lo voluntario debemos
hacerlo respondiendo a Sus Sugerencias Amo- rosas de Acción, con las que Nos
guía para que realicemos el Plan de Vida que tiene para cada uno de nosotros.
¿Por qué Nos
pide esto el Señor con tanto interés? Sencillamente, porque no puede haber dos
voluntades moviendo y dirigiendo nuestra vida. Ya Él ha introducido Su Vida, Su
Voluntad en el Cuerpo de Luz que ahora
poseemos, y que va a empezar a guiar nuestras dos vidas, y esta es la Única
Voluntad que debe ahora regirnos y dominarnos.
(6) y debes hacer entrar en todo tu ser a mi Voluntad, y Ésta, que contiene toda mi Vida, formará la ver-
dadera y perfecta consagración. – Un Conocimiento implicado más, entre los muchos de
este capítulo, lo encon- tramos en este párrafo. La situación que implica en
este párrafo es complicada, y trataremos de explicarla lo mejor posible.
A diferencia de
la Hostia y el Vino, que no tienen
vida, y nunca la tendrán porque la funcionalidad del pan y del vino no requiere que tengan vida, nosotros,
como seres humanos, sí tenemos vida, y la tenemos cuando llega a nosotros
esta nueva Vida en Su Voluntad que Quiere regalarnos y Nos ha regalado.
Ahora bien, este Regalo trae consigo una Vida infinitamente superior a la que
teníamos, como que es la Propia Vida Divina, la que Le da Su “Funcionalidad” al
Ser Divino. Como ya habíamos intimado en el párrafo anterior, no podemos tener
dos existencias, dos vidas y por tanto dos obrares distintos. Uno de esas dos
existencias, vidas, y obra, tiene que subsumirse a la otra, y debe
subsu- mirse libremente, conscientes nosotros y consciente Él, del sacrificio
que se Nos pide realicemos. Su Voluntad, Ellos Mismos, no nos pueden obligar a
rendirla y hacerla morir para que Su Voluntad y Su Vida sean las que entren y
per- manecen en nosotros. Este rendimiento es todo nuestro.
Sin decirlo, el
Señor Nos dice, que la situación de una criatura que viva en Su Voluntad, y con
su vida humana interfi- riendo con la Vida Divina, es una situación
insostenible, y que puede tolerarse, por algún tiempo, mientras esa vida humana
va siendo sometida, “sin prisas pero sin tregua”, a la Voluntad Divina que
ahora quiere y necesita dominar- nos.
(7) Así que no tendrá más vida el pensamiento humano, sino el pensamiento
de mi Querer, - Esto parece un ejemplo de lo que quiere decir someterse a Su Voluntad,
pero, ¿si el pensamiento humano es, en su mayor parte involuntario, como puedo
yo darle vida o no darle vida? De nuevo, como ya explicamos, lo que quiere es
que some- tamos nuestro pensamiento al de Su
Querer, al de Él,
y cuando es voluntario debemos pensar como el Señor piensa,
y pensar que lo que pensamos es lo que Él quiere que yo piense; y, por otro lado, hacer un acto
de ofrecimiento de todo aquello que
pensamos involuntariamente, como si también esto involuntario fuera voluntario.
(8) y esta consagración creará mi sabiduría en tu mente, no más vida de lo
humano, la debilidad, la in- constancia, porque mi Voluntad formará la
consagración de la Vida Divina, de la fortaleza, de la firmeza y de todo lo que
Yo soy. – Podemos tener la seguridad
de que en el instante en que esta Consagración se realiza, Él “crea Su Sabiduría en nuestra mente”,
y empieza a dirigir nuestro
ser por caminos
sabios, inteligentes, fuertes,
constantes.
Esto no se realiza en un momento, porque el proceso es un proceso de
rendimiento por parte nuestra, y de reafirmación por parte de Él, que empieza a
realizarse acto por acto. Esto es lo que explicará con inusitada fuerza en el
capítulo del 6 de Agosto de 1928, volumen 24.
(9) Entonces, cada vez que hagas correr tu voluntad en la mía, en tus
deseos y en todo lo que eres y puedes hacer, Yo renovaré la consagración, y
como en hostia viviente, no muerta como son las hostias sin Mí, Yo
continuaré mi Vida en ti. - Con este párrafo 9, Nuestro Señor comienza Su Explicación de lo que sucede después de que Nos ha consagrado en Su Voluntad. Dice, que cada vez que hagamos correr nuestra
voluntad en la de Él, o sea, en
la medida en que hacemos lo que Nos pide, Él renovará esta Consagración.
Ya lo hemos dicho en las clases: Nuestra Consagración en Su Voluntad, solo ocurre una vez; lo
que nos toca ahora a nosotros es dejar
que Él la renueve, acto por acto, y de esta manera, Él pueda continuar Su Vida
en cada uno de nosotros, los que vivimos en Su Voluntad. Somos Hostias
Vivientes, porque a diferencia de lo que sucede con las Hostias de Pan, una vez
que Nos consagra en Su Voluntad, Él, y todo el Pleno del Ser Divino permanece
en nosotros, dándonos continua Vida.
(10)
Pero esto no
es todo, en las hostias consagradas, en los copones, en los sagrarios, todo
está muer- to, mudo, no hay sensiblemente un latido, un ímpetu de amor que
pueda responder a tanto amor mío. Si
no fuera porque espero a los corazones para darme a ellos, Yo sería bien
infeliz, (Yo) quedaría defrau- dado en mi Amor y sin finalidad mi Vida
Sacramental; - Dice, preparándonos para el próximo párrafo 11, que
existe otra diferencia grande entre las Hostias de Pan y las Hostias de
nuestras personas consagradas en Su Voluntad. Dice que la materia de las
Hostias Sacramentales es materia sin vida, que no puede corresponder a “tanto Amor
Mío”, y que si no fuera porque hay seres humanos buenos que
quieren corresponder a este Amor, recibiéndolo en comunión, “El sería bien infeliz, y quedaría defraudado en Su Amor, y sin
finalidad Su Vida Sacramental” . Implica
con esto, también, que está infeliz la mayor parte del tiempo, o sea,
todo el tiempo en el que está ahí, esperando en Su Actitud Sacramental, para
poder realizar Sus Propósitos como Jesús Sacramentado, y que no puede realizar
mien- tras no lo recibimos.
(11) y si esto lo tolero en los tabernáculos, no lo toleraré en las hostias
vivientes. – Claramente
dice, que esta “situación de infelicidad” que experimenta en el Sacramento,
situación provocada porque no puede realizar Sus Propósitos como Jesús
Sacramentado, no es una situación que va a tolerar en los que ha consagrado en
Su Voluntad, como Hostias Vivientes. Como decíamos, Él está trabajando, para
que esas situaciones de infelicidad, inevitables al principio de nuestra Vida
en Su Voluntad, sean cada vez mas infrecuentes; y también Nos dice, que si Él
no logra esto de nosotros, Él no Nos saca fuera la Vida de Su Voluntad que Nos
ha entregado, eso no lo hará nunca, pero sí hará para que nosotros mismos la
vayamos olvidando, y seamos nosotros mismos los que nos saldremos fuera, porque
dejará de interesarnos.
(12) A la vida le es necesaria la nutrición, y Yo en el Sacramento quiero
ser alimentado, pero quiero ser nutrido y alimentado con mi mismo alimento,
esto es, el alma hará suya mi Voluntad, mi Amor, mis ora- ciones, las
reparaciones, los sacrificios, y me los dará a Mí como cosas suyas, y Yo me
nutriré. – Continua
Su Explicación de lo que sucede, a partir de la Primera Consagración. Dice que
El necesita alimentarse, porque Él está vivo en nosotros, y también está vivo y
presente el Pleno del Ser Divino. Después de esta Revelación dice, que sola-
mente podemos alimentarlo, si Le damos Su Mismo Alimento, que es, obviamente,
Él Mismo, y lo que hace, y ha he- cho, y por extensión hará, a través de nosotros, o de otros consagrados también. Sin embargo,
aun esto de devolverle lo que es de Él, Él quiere lo hagamos, como si
lo que devolvemos fuera nuestro
y queremos, la formula de la voluntad, darle
lo que es nuestro.
Este es uno de
los puntos más importantes y al mismo tiempo, mas intrigante de todo lo que Nos
enseña acerca de cómo vivir en Su Voluntad. Tenemos que hacer nuestro todo lo
que Nos sugiere que hagamos, tenemos que comple- tar Su Acto de Amor encerrado
en la Sugerencia, pero recordemos cual es la Sugerencia, y dice así:
Fulano, quiero
que te alimentes con todas Mis Obras, para fortalecerte, para renovarte en este
Regalo que Te he da- do, pero luego quiero que Me las devuelvas, endosadas y
aumentadas con tus mismos actos de correspondencia y de amor, para que esas
Obras Mías, así mejoradas por ti, Me sirvan de alimento y pueda Yo continuar
desarrollándome, como es necesario que suceda.
(13)
El alma se unirá Conmigo, escuchará atenta para
oír lo que estoy haciendo para hacerlo junto Con- migo, y conforme repita mis
mismos actos me dará su alimento, y Yo por ello seré feliz, y sólo en estas
hostias vivientes encontraré la compensación de la soledad,
del ayuno y de lo que sufro en los taber-
náculos”. – Recapitula el Señor y añade,
como sucede frecuentemente. Da “reglas de conducta
adicionales” a las ya
dadas. Dice que quiere:
a) Que el alma se una conmigo. - De nuevo, tenemos
que querer unirnos
a Él; nuestra comunicación con Él debe
ser continua.
b) Escuchemos atentamente a lo
que Él hace para hacerlo junto con el Señor. La Lectura de las Horas de la Pa-
sión, la Lectura de la Vida de Nuestro Señora en la Divina Voluntad, las Visitas
al Santísimo, los Paseos, y todo
lo que Nos pide hagamos según vamos leyendo los Escritos, son estas
cosas que el Señor “está”
haciendo, es- tán “en acto” de hacerse, y debemos seguirlas. Asimismo, todo lo
que Nos ha instruido hagamos para
mostrar nuestra adhesión a Su Redención, son obras hechas por Él, y en acto de
hacerse, y que nosotros repetimos. Incidentalmente pocas personas piensan de
esta manera, y en realidad no debemos culparlas, porque tampo- co nosotros
conocíamos el porqué hacemos lo que hacemos, y que estábamos repitiendo la Obra
del Señor.
c)
Que lo alimentamos repitiendo Sus Actos.
d) Que, como resultado, Le hagamos feliz.
e) Que Le compensemos por “la soledad
y el ayuno de Amor”,
Sacramentado, que sufre en los tabernáculos.
Resumen del capítulo del 21 de Diciembre de 1914: (De Diario) – Página 144 –
Estaba en mi habitual
estado, y el bendito Jesús viniendo todo afligido me ha dicho:
“Hija mía, no
puedo más con el mundo,
consuélame tú por todos, hazme
palpitar en tu corazón, a fin de que sintiendo por medio de tu corazón los
latidos de todos, los pecados no me lleguen directos, sino indirectos por medio
de tu co- razón, de otra manera mi Justicia hará salir todos los castigos que no han salido nunca”.
Y en el acto de
decir esto ha ensimismado su corazón al mío y me hizo sentir su latido, pero
quién puede decir lo que se sentía, los pecados como saetas herían aquel
corazón, y mientras yo tomaba parte, Jesús tenía alivio. Luego, sin- tiéndome
toda fundida en Él, parecía que yo encerraba su inteligencia, sus manos, sus
pies, y así todo lo demás, y yo tomaba parte en recibir todas las ofensas de
cada uno de los sentidos de las criaturas, ¿pero quién puede decir cómo sucedía
esto?
Luego Jesús agregó:
“Tener compañía
en las penas es el más grande alivio para Mí, he aquí porqué mi Padre Divino
después de la Encar- nación no fue tan inexorable, sino más benigno, porque las
ofensas no las recibía directas, sino indirectas, esto es, a través de mi Humanidad, la cual le hacía
continuas reparaciones. Así Yo
voy buscando almas que se pongan entre Mí
y las criaturas, de otra manera reduciría el mundo a ruinas”.
* * * * * * *
El énfasis de
este capítulo “de diario”, está en la palabra “consuelo”. Ya estamos
familiarizados con esta petición de Jesús, particularmente cuando leemos las
Horas de la Pasión, y llegamos a comprender como Luisa y ahora nosotros, Le
consolamos con nuestra participación y compañía.
Dicho esto, sin embargo, aquí el
Señor amplia este concepto de
“consuelo” que quiere recibir diciéndonos, que
Luisa y cada uno de nosotros que vivimos en Su Voluntad, podemos consolarle más
efectivamente, si con nuestra intención hacemos que Su Corazón, palpite dentro
del nuestro, y así en efecto le sirvamos como interferencia, como un “filtro”,
para que los pecados de los demás no Le lleguen directamente, “sino
indirectos por medio de tu corazón”. Dice además, que haciendo esto
impide Luisa y nosotros, que Su Justicia no haga salir “todos los
castigos que no han sa- lido nunca”.
Observemos como, una vez más, Nuestro
Señor enfatiza que esta manera
particular de consolarlo, que ahora debe ser
la normal para nosotros, necesita ser querida, que no puede ocurrir por
el mero hecho de leer el capítulo, sino que de ahora en adelante tenemos que
querer consolarlo encerrando, o como Luisa dice, “ensimismar” Su Corazón en
el nuestro.
En este punto
tenemos que detenernos un momento. La traducción de la Librería Fiat dice que
“Jesús juntó Su Cora- zón al de Luisa”. Esta traducción no es consistente con
lo que sigue. La traducción de Acuña que usamos como base
para nuestros
comentarios, dice que ha “ensimismado su corazón al mío”. Cuando Jesús Le dice
a Luisa “hazme palpi- tar en tu corazón”, que es afín a ambas traducciones,
implica que Su Corazón quiere palpitar dentro del corazón de Luisa, por
lo que comprendemos que el verbo ensimismar es el correcto; es más, casi que se
pudiera utilizar el verbo “subsumir”, que es más correcto aún que el verbo
“ensimismar”, porque la intención del Señor es de que Su Corazón se sume al
nuestro pero debajo del nuestro, que es como en realidad puede nuestro corazón
ser un escudo, un filtro, para que los pecados no lleguen a Él directamente.
Luisa ve, en “tiempo real” como se dice ahora, que cuando ella interponía su corazón entre los pecados y el Corazón
de Jesús, “Jesús tenía alivio”.
Pero
esto no es todo. Dice Luisa que en la medida que ella se fundía con Jesús, y
encerraba dentro de ella, o sea, ensimismaba o subsumía dentro de ella, a toda
la Persona de Jesús, Sus Manos, Sus Pies, Sus Sentidos, “y así todo lo demás, y yo tomaba parte en recibir todas las ofensas de cada uno de los sentidos de las criaturas”.
Dice que ella
misma no podía explicar como sucedía esto, y nosotros tampoco por supuesto. Lo
importante es, que es necesario querer ensimismar o subsumir a Jesús en nosotros. Ya está bilocado
en nosotros, viviendo
en Su Voluntad, y de
hecho, ya estamos interponiendo nuestras personas y escudándole o filtrando a
través nuestro, las ofensas de los demás, pero el Señor quiere que tengamos
conciencia y querramos que esto suceda con toda efectividad.
Pero
el capítulo no termina todavía. Falta que el Señor Mismo Nos dé la razón última
por la que necesita que nosotros entendamos y querramos hacer esto con toda
nuestra intención. Dice que “mi Padre Divino después de la Encarna- ción no
fue tan inexorable, sino más benigno, porque las ofensas no las recibía
directas, sino indirectas, esto es, a través de mi Humanidad, la cual le hacía
continuas reparaciones.”
Así ahora continúa diciendo, que Le es necesario continuar haciéndolo a
través de nosotros, porque solo los que viven pueden querer hacer lo que Él
quiere, y por tanto de hecho, sea Él Mismo viviendo en nosotros, y a través de
noso- tros, los que se pongan entre Él, Dios Mismo, y las criaturas, porque “de
otra manera reduciría el mundo a ruinas”.
No podemos terminar este capítulo, al parecer “sencillo”, porque las
Enseñanzas que el Señor Nos da a veces se en- cierran en palabras o verbos que
nos parecen conocidos. Si algo hemos aprendido los que preparan estas Guías de
Estudio es, que hay que estar muy sensibilizados a toda expresión que pueda
parecernos extraña. Debemos decir que Él Nos sensibiliza a que prestemos atención
especial al uso que hace de ciertas expresiones. En este caso, ha dicho, que “después
de la Encarnación, el Padre Divino no fue tan inexorable, sino más
benigno”. Oír esta palabra inexo- rable y correr al Diccionario fue
todo uno. En efecto, dice el Diccionario que ser inexorable es “no dejarse
vencer por los ruegos”. Con todo esto el Señor implica abiertamente, que antes
de Su Encarnación y vida entre nosotros, Su Pa- dre, y en este caso, el Ser
Divino, no Nos oía, pero después de Su Encarnación, era más benigno, o sea,
estaba más predispuesto a escucharnos.
Resumiendo esto
último, porque es muy importante. Declara Jesús que al Él venir a la tierra,
como Redentor, interpo- nía Sus ruegos, Sus oraciones y Sus actos hechos en Su
Voluntad, para que el Padre no recibiera las ofensas directa- mente como las
recibía antes. Así ahora quiere hacer, pero a través de Luisa, y con cada uno
de los que vivan en Su Voluntad, la persona de Jesús bilocada en el Cuerpo de
Luz que cada uno posee, continúa con esta Labor de interpo- sición entre Dios y
los seres humanos. De esta manera, en este Conocimiento insospechado,
comprendemos que Je- sús cambió, y continúa cambiando, la inexorabilidad de Su Padre,
y de la Justicia Divina, en
benignidad, y consiguió, y continúa consiguiendo, que se “oyera” al hombre, y
se restableciera la Comunicación tan necesaria para la Redención y la Venida del Reino.
Resumen del capítulo del 8 de Febrero de 1915: (De Diario)
– Página 145 -
Este es un interesante capítulo de diario
con mucha información. Detectamos en el capítulo varias
partes, y así las
analizaremos.
* * * * * * *
Me la pasó frigidísima por los modos que mi siempre
amable Jesús tiene conmigo, pero resignada a su Santísimo
Que- rer. Si me lamento con Jesús por sus privaciones y por su silencio,
Él me dice:
“No es tiempo
de poner atención a esto, estas son niñerías y de almas muy débiles que ponen
atención a sí mismas y no a Mí, que piensan en lo que sienten y no lo que les
conviene hacer, estas almas apestan a humano y no puedo fiarme de ellas. De ti
no espero esto, quiero el heroísmo de las almas que olvidándose de sí mismas
ponen atención sólo a Mí, y unidas
Conmigo se ocupan de la salvación de
mis hijos, porque el demonio usa de
todas sus astucias para arrancarlos de mis brazos. Quiero
que te adaptes a los tiempos, ahora dolorosos, ahora luctuosos y ahora
trágicos, y junto Conmigo reces y llores por la ceguera de las criaturas; tu
vida debe desaparecer haciendo entrar en ti toda mi Vida. Haciéndolo así,
sentiré en ti el perfume de mi Divinidad, me fiaré de ti en estos tiempos tan
tristes, que sin em- bargo no son más que los preludios de los castigos, ¿qué
será cuando las cosas avancen más? ¡Pobres hijos, pobres hijos!”
Y
parece que Jesús sufre tanto que se queda sin palabras y se oculta más adentro
de mi corazón, de modo que desa- parece del todo. Y cuando cansada de mi estado
doloroso renuevo los lamentos, lo llamo y le digo: “Jesús, ¿no sabes las tragedias que están sucediendo? ¿Cómo
es posible que tu piadoso
corazón pueda soportar
tales estragos en tus
hijos?”
Y parece
que Él apenas se mueve en mi
interior, como si no se quisiera hacer sentir, y siento dentro de mi respiro otro respiro afanoso, como si estuviera en agonía, es el respiro
de Jesús, porque advierto que es dulce, pero mientras me consuela toda me
hace sentir penas mortales, porque
en aquel respiro
siento el respiro
de todos, especialmente los de tantas vidas
muriendo y que Jesús sufre con ellos el estertor de la agonía.
Otras veces parece que se duele
tanto, que manda tristes lamentos,
de mover a piedad los corazones más duros.
* * * * * * * *
Tal parece como
que Jesús no “tiene tiempo” como se diría normalmente para “contemplar” a
Luisa. Este coloquialis- mo cubano que posiblemente no existe en muchas
naciones hispanas significa que a veces una persona cuando está muy ocupada en
asuntos importantes, no tiene tiempo para oírle a otra sus asuntos o quejas
menos importantes. El Señor sigue sorprendiéndonos en estos Escritos cuando
actúa con la familiaridad de un esposo, cuya esposa no com- prende
perfectamente las dificultades que él está afrontando, y quiere desviar su
atención a problemas de menor monta. Todo tiene importancia, pero no todo tiene
la misma prioridad en un momento dado.
Lo
interesante de este intercambio es que Jesús no descarta lo que Luisa le dice
sobre sus privaciones y silencio sin mayores explicaciones, sino que hace que
ella conozca cual es la situación que requiere ahora toda Su atención, y para la que Él quisiera ella Le ayudara.
Así Le dice: “De ti no espero esto, quiero el heroísmo de las
almas que olvi- dándose de sí mismas ponen atención sólo a Mí, y unidas Conmigo
se ocupan de la salvación de mis hijos, porque el demonio usa de todas sus
astucias para arrancarlos de mis brazos.”. Implica de inmediato que
Luisa tiene que adaptarse a la situación de guerra que ha comenzado en Europa,
y que va escalando cada vez más con la consiguien- te pérdida de almas a las
que es necesario rescatar.
Y así Jesús continua
diciendo: “Quiero
que te adaptes a los tiempos, ahora dolorosos, ahora luctuosos y ahora trági-
cos, y junto Conmigo reces y llores por la ceguera de las criaturas; tu vida
debe desaparecer haciendo entrar en ti toda mi Vida.”
¿Existe aquí
una lección práctica para todos nosotros? Parece que sí, y grande. Los que
preparan estas Guías de Estu- dio piensan que pueden suceder situaciones en las
que muchas almas humanas peligran y puedan condenarse eter- namente, y es
necesario que nosotros nos unamos al Señor para ayudarle a Él y a Su Madre Santísima
a salvarlas. Estas situaciones son aquellas en las que tragedias causadas por
las fuerzas naturales o tragedias causadas por el hombre con las guerras
y el terrorismo, hacen necesarias una colaboración nuestra
más enfocada a estos Objetivos. El Señor claramente Nos sugiere en este
capítulo, a través de Luisa, a que Le pidamos que redoble Sus Esfuerzos para
convertir a estas almas, a las que se les ha acabado el tiempo abruptamente, y
nos olvidemos momentáneamente de otros Objetivos Suyos, para concentrarnos en
ayudarle a esta Labor de Rescate de almas en peligro de perderse, por- que esta
labor tiene ahora prioridad.
* * * * * * * Ahora, continuando con mis lamentos, esta mañana al venir me ha dicho:
“Hija mía, la
unión de nuestros quereres es tanta, que no se distingue cuál sea el querer del
Uno y cual el del Otro; y esta unión de Voluntad, que forma toda la perfección
de las Tres Divinas Personas, porque
como somos uniformes en la Voluntad, esta uniformidad lleva uniformidad de
santidad, de sabiduría, de belleza, de potencia, de amor y de todo lo demás de
nuestro Ser, así que nos vemos como en un espejo recíprocamente Uno en el Otro,
y es tanta nuestra complacencia al mirarnos, que nos vuelve plenamente felices.
Entonces Uno refleja en el Otro, y cada cualidad de nuestro Ser, como tantos
mares inmensos diferentes en sus gozos, uno descarga en el otro, por eso, si
alguna cosa fuera disímil entre Nosotros, nuestro Ser no podría ser ni perfecto
ni plenamente feliz. Ahora, al crear al hombre in- fundimos en él nuestra
imagen y semejanza para poder arrollar al hombre en nuestra felicidad, y
reflejarnos y hacer- nos felices en él, pero el hombre rompió el primer
anillo de conjunción, de voluntad entre él y el Creador, y por lo tanto
perdió la verdadera felicidad, es más, cayeron sobre él todos los males, por
eso ni podemos reflejarnos en él ni hacernos felices, sólo en el alma que hace
en todo nuestro Querer lo hacemos y gozamos el fruto completo de la Creación;
porque aun en aquellos que tienen alguna virtud, que rezan, que frecuentan los
Sacramentos, pero si no son uniformes a nuestro Querer no podemos reflejarnos en ellos, porque
como está separada la voluntad de ellos de la
nuestra, todas las cosas están desordenadas y revueltas. ¡Ah, hija mía, sólo
nuestra Voluntad es acepta, porque reordena, hace feliz y lleva consigo todos los bienes! Por eso siempre y en todo
haz mi Voluntad, no pongas atención a
otra cosa”.
* * * * * * *
Esta sección
del capítulo es de extremada importancia doctrinal, en el sentido que añade
nuevos detalles sobre la Relación de las Tres Divinas Personas con la Voluntad
Suprema. Y analizamos con cuidado.
(1) Hija mía, la unión de nuestros quereres es tanta, que
no se distingue cuál sea el querer del Uno y cual el del Otro; - Comienza a
sorprendernos con esta Revelación que es tremenda. Al decir “la unión de
nuestros quereres”, el Señor implica que cada una de las Tres Divinas
Personas tiene su propia Voluntad, pero como sabemos que Su Voluntad es Una, lo
que sucede es que el Señor está asignando otro significado a la expresión “nuestro que-
rer”. En efecto, lo que el Señor dice es que cada una de las Tres
Divinas Personas, tiene su propia “personalidad”, su propia libertad
de Voluntad. No hay
uniformidad en lo que
cada una quiere hacer, pero sí hay unidad
y uniformidad en lo que eventualmente se hace. Todo
esto viene perfectamente al caso de Su Relación con las criaturas. Nos da Su
Misma Libertad de Voluntad, por la que podemos querer o no lo mismo que Él
quiere, y por eso debe sugerirnos y no mandarnos lo que Su Libertad de Voluntad
quiere. Nosotros podemos diferir de lo que Él quiere, y argumentar con Él si fuese necesario, pero si al final de
esta “discusión” hacemos lo que Él Nos ha sugerido, entonces también Él puede
decir de nosotros, que “la unión de nuestros quereres es tanta, que no se
distingue cual sea el querer del Uno y el querer del otro.”
(2) Y esta unión de Voluntad, que forma toda la perfección de las Tres
Divinas Personas, porque como somos uniformes en la Voluntad, - Nuestro Señor asigna la
Perfección Divina a la perfección final que los Tres “alcanzan” cuando son
Uno en la decisión final de aquello que se ha discutido hacer. Entendamos
que hay discusión entre Ellos Tres, y Nuestro Señor quiere que sepamos que hay
discusión entre Ellos Tres. Es absolutamente ilógico pensar que Tres Personas
puedan tener su propia personalidad, sus propios objetivos, y que se pueda
llegar a una decisión final sin que haya discusión previa. Es también ilógico
pensar que se puede iniciar una “discusión”, a menos que uno de Ellos proponga
a los otros Dos, el tema a ser discutido. Sin embargo, también el Señor quiere
que sepa- mos que esta es una “discusión de Amor” porque no se discute para
disentir y para que el objetivo de Uno prime so- bre el de los otros Dos, sino que
se discute para conseguir la
Perfección en aquello que Uno de Ellos Tres ha propues- to.
Así pues, para
llegar a una unidad en la ejecución se hace necesaria que exista una Concesión
del Derecho que cada uno tiene a perseguir su propio objetivo, y también se
hace necesaria una aportación efectiva de elementos que ayu- den a conseguir el
fin propuesto por el Otro.
(3) Esta uniformidad lleva uniformidad de santidad, de sabiduría, de
belleza, de potencia, de amor y de todo lo
demás de nuestro Ser, así que
nos vemos como en un espejo recíprocamente Uno en el Otro, y es
tanta nuestra complacencia al mirarnos, que nos vuelve plenamente felices. - En la Sanísima Trinidad, el
proceso que hemos descrito con tanta dificultad en el párrafo 2, pudiéramos
pensar que es un proceso tan rápido que pudiera parecer que no existe tal
proceso de discusión y de consenso. Además, como la Acción Divina es continua,
ininterrumpida, puede quizás también parecer que, para los Tres, no existe “tiempo” para otra cosa que para
propo- ner, decidir y actuar. Sin embargo, en cuanto eliminamos el factor tiempo de la Actuación Divina,
resulta que existe
todo el
“tiempo” imaginable para lo que Ellos quieren realizar. A diferencia de
nosotros, criaturas en las que prima el tiempo, en Ellos, no hay “prisa” alguna
en nada de lo que hacen.
Cada Proceso Divino descrito con nuestras pobres palabras, es tan
admirable, tan incomprensible en Su Belleza, que cada Acto que se decide
hacer y que resulta de esa Discusión y Decisión es absolutamente perfecto. Si
se nos permi- tiera ver este Proceso, y quizás algún día El permitirá que
lleguemos a verlo, quedaríamos extasiados, porque no es solamente el resultado
final el que es perfecto, sino que el Proceso Mismo, en su totalidad, es perfecto,
porque en todo “momento” del Proceso
no dejan de observar en Ellos Mismos la perfección de Sus Individualidades. Lo
que Nuestro Señor describe del
Proceso, es que Le da, a cada Uno
de Ellos, una Complacencia tal, la palabra perfecta para entenderle, que “los vuelve plenamente
felices”.
Un par de
ejemplos quizás ayuden. La esposa ha estado deseando un regalo por mucho
tiempo, regalo inalcanzable por su costo.
El esposo consigue
un dinero, suficiente para hacer realidad el deseo de la esposa,
y compra el regalo, lo manda envolver en papel de regalo precioso, bellísimo, y se
lo presenta a la esposa en el día de su cumpleaños, por ejemplo. La esposa
recibe el regalo, y para los efectos del ejemplo diremos que la esposa no es
impulsiva, de esas que rompen la
envoltura rápidamente para saber lo que le regalan, sino que se toma su tiempo
para no destruir la envoltura y saborear la anticipación de lo desconocido, de
lo que se llegará a poseer en unos instantes más.
Este regalo no
empezó el día del cumpleaños, sino que es un regalo producto de un proceso que
ha llevado meses, quizás años en completarse, y es un proceso en el que tanto
el esposo como la esposa han contemplado amorosa y complacida mente, en el
otro, lo que ha estado sucediendo en los participantes mientras el proceso se
desenvolvía.
El médico
que recuerda todos los detalles del día
de su graduación como médico,
puede saborear todos y cada
uno de los detalles del proceso que
ha culminado en esta graduación. Nada le impide detenerse en cada detalle, nada
impide su deleite, su complacencia, pudiéramos exagerar y decir que puede
pasarse el resto de su vida contemplando lo que hizo para llegar a ser médico.
(4)
Entonces Uno
refleja en el Otro, y cada cualidad de nuestro Ser, como tantos mares inmensos dife-
rentes en sus gozos, uno descarga en el otro, por eso, si alguna cosa fuera
disímil entre Nosotros, nues- tro Ser no podría ser ni perfecto ni plenamente
feliz. – Aunque Sus Personalidades sean distintas, la “composi- ción”
de Sus Seres, la Naturaleza Divina, para decirlo correctamente, no puede ser
distinta entre Ellos, porque enton- ces uno sería más o menos perfecto relativo
al otro, y la perfección no admite grados de disimilitud. Ya sabemos por el capítulo del 3 de Diciembre de 1900,
volumen 4, en el que anuncia de qué está formada la Naturaleza Divina: “de amor
purísimo, simplísimo y comunicativo”.
El concepto de
“descargar el uno en el otro” es particularmente efectivo para explicar el
inevitable proceso de discu- sión y unificación que sucede; el proceso en el
que se comparten las “ideas” entre Ellos Mismos, y se unifican esas “ideas”.
Esta Comunicatividad que está en la Misma Naturaleza Divina, en Su Misma
Esencia, es la Misma Comunicati- vidad con la que se relaciona con cada una de
Sus Criaturas Inteligentes, en un fluir constante de Belleza, de Poten- cia, de
Sabiduría, y así de todo lo demás, si Le dejamos que esa “descarga” continua de
Su Ser, ocurra en nosotros. De la
similitud del Proceso que ocurre entre los Tres, y que ahora ocurre en nosotros,
si Le dejamos hacer, es de lo que va a hablarle a Luisa en el resto de este
Bloque.
(5) Ahora, al crear al hombre infundimos en él nuestra imagen y semejanza
para poder arrollar al hom- bre en nuestra felicidad, y reflejarnos y hacernos
felices en él, - El Señor describe en este párrafo 5, lo que hemos tratado de anticipar
en nuestra explicación del párrafo anterior.
Digámoslo de otra manera, que sería consistente con lo que
hemos estado aprendiendo. Al crear a Adán, La Santísima Trinidad ha
incorporado al hombre, al Proceso Divino descrito, pero, por ahora, constreñido
en el tiempo, para luego hacerlo pleno e igual al de Ellos en la eternidad,
cuando ya no estemos constreñidos por el tiempo. Es como, si se quiere
visualizar así, que hay en un inmenso campo de juegos, Tres Niños que están
estrechados de la mano en un círculo, y están cantando, jugando, haciendo
cosas, pero siempre unidos de la mano, sin separarse, mirándose mu- tuamente.
De repente, viene otro niño y se le abre espacio para que una sus manos a las
manos de uno de los Otros Tres, y queda de esa manera incorporado al Circulo de
Juego. Esta es quizás, una descripción audaz pero consistente con lo que el
Señor dice en este párrafo, porque quiere “arrollarnos en Su Felicidad”, y
quiere “reflejarse en nosotros, y hacernos
felices en Él”, y decimos nosotros, que eso
solo puede hacerse si quedamos
incorporados al Mismo Circulo,
en el que Ellos descargan Su Felicidad, el Uno en el Otro, y reflejan el Uno en
el Otro, sus infinitas Perfecciones.
(6) pero el hombre rompió el primer anillo
de conjunción, de voluntad entre él y
el Creador, y por lo tan- to perdió
la verdadera felicidad, es más, cayeron sobre él todos los males, por eso ni
podemos reflejar- nos en él ni hacernos felices, sólo en el alma que hace en
todo nuestro Querer lo hacemos y gozamos el fruto completo de la
Creación; porque aun en aquellos que tienen alguna virtud, que rezan, que
frecuen- tan los Sacramentos, pero si no son
uniformes a nuestro Querer no podemos reflejarnos en ellos, porque como está separada la voluntad de ellos de la nuestra, todas las cosas están desordenadas y revueltas.
– El párrafo
es largo, pero enfocado
hacia una sola conclusión. Al no vivir en Su Voluntad después
del pecado original, la
familia humana, con notables excepciones, ya no está uniformada, unida a Su Querer,
porque está separada del Circu-
lo Trinitario al que se la había admitido. Entendamos que solo se puede estar
uniformado o unido a Su Querer si se está incorporado al Circulo Trinitario en
el Ámbito de Su Voluntad. Solo en ese Circulo pueden Ellos compartir Sus
Perfecciones, descargar el Uno en el Otro, todo lo que Son, y lo que quieren
hacer.
Aunque hemos utilizado Su expresión “pero si no son uniformes
a Nuestro Querer”,
en el sentido más obvio de unidad, debemos entender también, y esto
puede ayudar a algunos a entender mejor todo esto, podemos decir que cuando
vivimos en Su Voluntad Nos revisten de un “uniforme”, el Uniforme de Su
Voluntad, que ahora llevamos por dentro, como un Cuerpo de Luz, pero que
eventualmente ese Uniforme saldrá fuera, en el Reino. Si no vivimos en Su
Volun- tad carecemos de este Uniforme.
(7) ¡Ah, hija mía, sólo nuestra Voluntad es acepta, porque reordena, hace
feliz y lleva consigo todos los bienes! Por eso siempre y en todo haz mi
Voluntad, no pongas atención a otra cosa”. – Como ya ha expre- sado en otros capítulos, no
es suficiente hacer Su Voluntad, sino que hay que hacerla en el “lugar
correcto”, y ese Lugar Correcto es Su Misma Voluntad, al que solo se puede
llegar ahora, desde Luisa, porque Ellos han abierto las puertas para que
podamos entrar nuevamente.
Si alguna vez
hablamos de que significa vivir en Su Voluntad, debemos recordar que el
“secreto” no está en vivir ha- ciendo Su Voluntad,
sino vivir haciendo
Su Voluntad, en el Ámbito
de Su Voluntad, a cuyo Ámbito solo podemos entrar si se lo pedimos, en las
condiciones que todos conocemos y que no es necesario volver a mencionar.
* * * * * * *
Y yo:
“Amor mío y vida mía, ¿cómo puedo uniformarme a tu Voluntad, a los tantos flagelos que estás mandando? Se necesi-
ta demasiado para decir “Fiat”, y además, ¿cuántas
veces me has dicho que si yo
hacía tu Querer, Tú habrías hecho el mío? Y ahora, cómo has
cambiado”.
Y Jesús:
“No soy Yo quien ha cambiado,
es que ha llegado a tanto la criatura que se ha hecho insoportable. Acércate y chupa
de mi boca las ofensas que las criaturas
me envían, y si tú puedes tragarlas, Yo suspenderé los castigos”.
Entonces me he
acercado a su boca y con avidez chupaba, pero con sumo dolor mío me esforzaba
por tragarlo y no podía, me sofocaba, volvía a hacer nuevos esfuerzos y no lo
lograba, entonces Jesús con voz tierna y sollozando me ha dicho:
“¿Has visto?
No puedes pasarlo,
arrójalo a tierra
y caerá sobre
las criaturas”.
Entonces yo lo he arrojado,
y también Jesús lo arrojaba
de su boca sobre la tierra diciendo:
“¡Es nada aún, es nada
aún!
Y ha
desaparecido.
Resumen del capítulo del 6 de Marzo de 1915: (De diario)
– Página 147 -
Estando en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús vino por poco, y
como el confesor no estaba bien de
salud, y habiéndose interrumpido mi
estado, no como una vez cuando volvía en
mí por la llamada por la obediencia,
por eso le he dicho a Jesús:
“¿Qué quieres que haga? ¿Debo permanecer, o bien tratar de volver en mí cuando
me sienta libre?”
Y Jesús:
“Hija mía, ¿quieres
acaso tú que actúe como antes, que no sólo te ordenaba
estar firme, sino que te
ataba en tal modo que no podías
volver en ti sino sólo con la obediencia? Si lo hiciera así ahora, mi Amor se encontraría
en estrecheces y mi Justicia encontraría un obstáculo para desahogarse
plenamente sobre las criaturas, y tú podrías de- cirme: “Como me tienes atada
como víctima de sufrimiento por amor tuyo y por las criaturas, así yo te ato,
en modo de detener a tu Justicia
para que no se desahogue sobre las criaturas”. Así que las guerras, los preparativos que están haciendo otras
naciones para ponerse en guerra terminarían todas en un juego. ¡No lo puedo, no
lo puedo! A lo más, si quieres estar tú o te quiere tener el confesor, si así
lo hacen tendré alguna consideración por Corato, le evitaré al- guna cosa, pero
mientras tanto las cosas van avanzando más y mi Justicia quiere que no estés
más en este estado, para poder de inmediato mandar otros flagelos y hacer
entrar a otras naciones en guerra y humillar la soberbia de las criaturas,
porque donde creen que habrá victorias encontrarán derrotas. ¡Ah, mi amor lo
llora, pero mi Justicia exige su
satisfacción! Hija mía, paciencia”.
Y habiendo
dicho esto ha desaparecido. ¿Pero quién
puede decir cómo quedé? Me
sentía morir, porque si salgo por mí
sola de mi estado, podría pensar que yo habría sido la causa de hacer aumentar
los flagelos, y por lo tanto de hacer entrar a otras naciones en guerra,
especialmente a Italia. ¡Qué dolor, qué pena! Sentía todo el peso de la
suspensión de mi estado por parte de Jesús y pensaba entre mí: “Quien sabe, tal
vez Jesús no permite que el confesor esté bien para poner en guerra a Italia”.
Cuántas dudas y temores, y habiendo salido por mí misma de mi estado, he pasado una jornada de lágrimas y de intensa
amargura.
* * * * * * *
Interesante
capítulo de diario, en el que Luisa revela detalles adicionales sobre su estado
habitual, y la relación con el confesor que había evolucionado bastante en
todos estos años.
Brevemente
diremos que al principio, cuando Luisa caía en su “estado habitual”, o sea,
cuando, de noche, su alma salía del
cuerpo para estar con Jesús, en lo que Jesús dispusiera hacer en esa noche. Su
cuerpo quedaba como muer- to, en un estado catatónico, de extrema rigidez. Para
salir de ese estado, Luisa necesitaba del Sacerdote-Confesor de turno para que,
con la Bendición sacerdotal, su alma regresara al cuerpo y ella volviera a la
vida.
Con los años
parece que Luisa ya no necesitaba que Jesús la ordenara fuera de su cuerpo,
sino que ella misma, por Don del
Señor podía salir de su cuerpo y regresar a él, sin necesidad estricta de la
presencia y bendición sacerdotales.
Aparentemente
Luisa no utilizaba mucho esta autorización y consciente de los Deseos de Jesús,
esperaba con obe- diencia, que el Confesor acudiera a despertarla. Ahora que el
Confesor está enfermo, ella debate el punto con ella misma, y Jesús no la ayuda
en su decisión, sino que la deja a su elección. Los detalles de esta disyuntiva
Luisa los explica en el último de los párrafos, y al final decide salirse de su
estado por sí misma, con lo que facilita la labor de la Justicia Divina que
necesita castigar utilizando la primera guerra mundial para este propósito.
Resumen del capítulo del 7 de Marzo de 1915: (de diario) – Página 151 –
El pensamiento
de los flagelos y de que yo los pudiera fomentar por salirme por mí de mi
estado, me traspasaba el corazón. El confesor continuaba sin estar bien, y yo
rezaba y lloraba, y no sabía decidirme. El bendito Jesús venía como relámpago y huía y me dejaba
libre. Finalmente, movido
a compasión vino y compadeciéndome y acariciándome me
dijo:
“Hija mía, tu constancia me vence. El amor y la oración me atan y
casi me hacen guerra, por eso he venido a entrete- nerme un poco contigo, no
pudiendo resistir más; pobre hija, no llores, heme aquí todo para ti,
paciencia, ánimo, no te abatas. Si tú
supieras cuánto sufro, pero la ingratitud de las criaturas a esto me obliga,
los pecados enormes, la incredulidad, el querer casi desafiarme, y todo esto es
lo menos, si te dijera de la parte religiosa, ¡cuántos sacrilegios!
¡Cuántas rebeliones! ¡Cuántos que se fingen hijos míos
y son mis más encarnizados enemigos! Estos fingidos hijos son usurpadores, interesados, incrédulos, sus corazones son
cloacas de vicios, y estos hijos serán los primeros en desatar la guerra contra
la Iglesia y buscarán matar a su propia Madre, ¡oh, cuántos están ya listos
para desatarla! Por ahora la guerra es entre gobiernos, naciones, pero dentro
de poco harán guerra a la Iglesia, y sus más grandes enemigos serán sus propios
hijos. Mi corazón está lacerado por el dolor, pero a pesar de esto tolero que
pase esta borrasca y que la faz de la tierra, las iglesias, sean lavadas por la
sangre de aquellos mismos que la han ensuciado y contamina- do. También tú
únete con mi dolor, reza y ten paciencia mientras ves pasar esta borrasca”.
¿Pero quién puede decir mi
dolor? Me sentía más muerta
que viva. Sea siempre bendito Jesús
y sea hecho siempre su Santo Querer.
Resumen del capítulo del 3 de Abril de 1915: (De diario)
– Página 153 -
Mi siempre
amable Jesús continúa viniendo de vez en cuando, pero sin cambiar su actitud de
amenazas y de flagelos, y si tarda en venir, viene con un aspecto que da
piedad, cansado, desfallecido, me atrae hacia Él y me transforma en Él, luego
entra en mí y se transforma en mí, quiere que yo bese una por una sus llagas,
que las adore y repare. Y después de que se ha hecho aliviar su Santísima
Humanidad me dice:
“Hija mía, hija mía, es necesario que venga a ti de vez en cuando a tomar reposo, a hacerme aliviar, a desahogarme,
de otra manera
al mundo lo haría devorar
por el fuego”.
Y sin darme
tiempo para decirle nada huye. Ahora, esta mañana encontrándome en mi habitual
estado y tardando Él en venir, pensaba entre mí: “¿Que habría sido de mí en
estas privaciones de mi dulce Jesús si no fuera por el Santo Querer Divino?
¿Quién me habría dado vida, fuerza, ayuda? ¡Oh Santo Querer Divino, en Ti me
encierro, en Ti me abandono, en Ti reposo! ¡Ah, todos me huyen, también el
sufrir, y también el mismo Jesús que parecía que no sabía estar sin mí! Sólo Tú
no me huyes, ¡oh Querer Santo, te ruego que cuando veas que mis débiles fuerzas
no pueden más, muéstrame a mi dulce Jesús que se esconde de mí y que Tú
posees!” ¡Oh Querer Santo, te adoro, te beso, te agradezco, pero no seas cruel conmigo!”
Y mientras así pensaba
y rezaba, me he
sentido investir por una
luz purísima, y el Querer Santo develándome a Jesús me ha dicho:
“Hija mía, el alma sin mi Voluntad habría sido como la tierra si no hubiera tenido ni
cielo, ni estrellas, ni sol, ni
luna; la tierra por sí misma no es
otra cosa que precipicios, montañas, aguas, tinieblas, si la tierra no tuviera
un cielo, un sol encima de ella para alumbrar al hombre el camino para hacerle
conocer los diversos peligros que la tierra contiene, el hombre iría al
encuentro, ahora de precipitarse, ahora de
ahogarse, etc., pero el
cielo le está encima, especialmente el sol, el cual en su mudo lenguaje dice al hombre: “Mira, yo no
tengo ojos, ni manos, ni pies, sin embargo soy la luz de tu ojo, la acción de
tu mano, el paso de tu pie, y cuando debo iluminar otras regiones, te dejo el
centelleo de las es- trellas y la claridad de la luna para continuar mi oficio.
Ahora, habiendo dado al hombre un cielo para bien de la natu- raleza, también
al alma, siendo ésta más noble, le he dado el cielo de mi Voluntad, porque
también el alma contiene precipicios, alturas
y barrancos, cuales son las pasiones, las virtudes, las tendencias y otras cosas.
Ahora, si el alma se quita de
debajo del cielo de mi Voluntad, no hará otra cosa que precipitarse de culpa en
culpa, las pasiones la ahoga- rán y las alturas de las virtudes se cambiarán en
abismos. Así que como en la tierra sin el cielo estaría todo en desor- den e
infecundo, así el alma sin mi Voluntad”.
Resumen del capítulo del 24 de Abril de 1915: (Doctrinal) – Página 155 - Nuestra
presencia en todo -
Llegamos ahora
a estudiar dos capítulos de extrema importancia doctrinal, porque Nuestro Señor
habla con una preci- sión extraordinaria sobre nuestro “status” Divino, status
que Nos da el vivir en Su Voluntad. Estudiemos con todo cui- dado, primero
este, y luego el capítulo que sigue.
Encontrándome
en mi habitual estado, estaba pensando cuánto sufrió el bendito Jesús al ser
coronado de espinas, y Jesús haciéndose ver me ha dicho:
(1) “Hija mía, los dolores que
sufrí son incomprensibles a mente creada; pero mucho más dolorosos que aquellas
es- pinas se clavaban en mi mente todos los pensamientos malos de las
criaturas, de modo que de todos estos pensa- mientos de las criaturas ninguno
se me escapaba, todos los sentía en Mí, así que no sólo sentía las espinas,
sino tam- bién el horror de las culpas que aquellas espinas clavaban en Mí”.
Entonces, traté
de ver al amable Jesús, y veía su
santísima cabeza circundada como por una corona de espinas que le salían de
dentro. Todos los pensamientos de las criaturas estaban en Jesús, y de Jesús
pasaban a ellas y de ellas a Jesús y en Él quedaban como concatenados juntos.
¡Oh, cómo sufría Jesús! Después ha agregado:
(2) “Hija mía, sólo las almas
que viven en mi Voluntad pueden darme verdaderas reparaciones y endulzarme
espinas tan punzantes, porque viviendo en mi Voluntad, mi Voluntad se encuentra
en todas partes, y ellas encontrándose en
Mí y en todos, descienden en las criaturas
y suben a Mí y me traen todas las reparaciones y me endulzan,
y hacen
cambiar en las mentes
las tinieblas en luz”.
* * * * * * *
Importante
capítulo doctrinal que nos da Conocimientos ya conocidos, y uno que es nuevo,
ciertamente que antes el Señor no lo había articulado tan precisamente, sobre el valor y la eficacia de las
reparaciones de los Hijos e Hijas de Su Voluntad.
Lo conocido: El Señor precisa la naturaleza del dolor que Le
proporcionan nuestros pecados, en este caso en particu- lar, los malos
pensamientos que tenemos, sea cual fuere la causa o motivo. Dice que en todo
dolor que Le causamos hay dos aspectos a considerar. Primero, el aspecto espiritual
que conlleva la mala intención de tener un mal pensa- miento, y cómo esa
intención genera la ofensa, y en adición, forma la espina que llega a
Jesús y se clava en Su Cabe- za; y segundo, el aspecto físico que conlleva el
que ese mal pensamiento ahora en forma de espina, se clava en Su Cabeza y Le da
“un
dolor incomprensible a las mentes humanas”.
Dice además,
que solo las almas que viven en Su Voluntad son capaces de darle verdaderas
reparaciones, tanto en el aspecto espiritual como en el aspecto físico del mal
pensamiento.
Y llegamos a
lo no conocido: Ahora, el Señor en las últimas dos líneas del párrafo 2,
Nos dice la noticia nueva de este capítulo. Sabíamos que podemos reparar por
las ofensas que Le hacen, haciendo el acto contrario a aquel que ocasio- na la
ofensa, pero lo que no sabíamos, con la precisión con la que el Señor
la dice en este capítulo, es lo que nosotros podemos hacer, y aquí
empezamos a enumerar:
a)
Nos encontramos en Él y en todas las criaturas. Al
vivir en Su Voluntad, aunque estamos en nosotros mismos, también estamos en
todas las demás criaturas; es decir, estamos dentro de cada una de ellas.
No se trata de querer entrar en las demás criaturas, se trata de que ya estamos
dentro de ellas, como el aire está en una habitación, en virtud del Don que Nos
ha concedido. Visualicémonos dentro de cada criatura, en la compren- sión de
que estamos presentes en todo lo que esa criatura, y todas las criaturas,
hacen. El Señor quiere que entendamos que
el primer paso para una reparación efectiva de la ofensa, en este
caso, del mal pensamiento, empieza
con nuestra visualización del momento en que ese mal pensamiento ocurre,
porque estando en Su Voluntad, estamos en todo y en todos, y podemos “descender en
la criatura”, porque, para el Señor, nos ba- jamos de nuestra altura y
posición excelsas para observar y mancharnos al estar presentes, en la ofensa
que se está perpetrando, en el momento en que se está perpetrando.
b) Una vez que el mal
pensamiento ocurre, debemos salirnos fuera de esa criatura para “subir a Él”,
regresarnos a la condición de vida en la que Él está, y entonces presentar
nuestra reparación, en el mismo instante en que
llega el mal pensamiento, de forma tal que esa ofensa y nuestra reparación
entran en Él al mismo tiempo, y “Le endulzan”.
c)
En virtud de esa reparación que Le ha endulzado el dolor de la ofensa y
el dolor de la espina en la que esa ofensa se
había convertido, Nuestro Señor “cambia las mentes enfermas la tiniebla
de esa ofensa y la convier-
te en Luz”. Para que la reparación sea efectiva, es necesario dice el Señor,
que la ofensa se repare, pero que también el
ofensor quede cambiado, y en su mente ya no haya más tinieblas sino Luz. Esta nueva
manera de vernos, como “instrumentos” en este proceso silencioso de conversión,
todo Suyo, y todo como prerrogativa de los que viven
en Su Voluntad, es algo que debemos
tomar muy en serio, y aplicarnos a hacerlo con toda di- ligencia. ¿Es esta una manera de orar?
Por supuesto que sí, pero es una manera de orar distinta, porque aho- ra
sabemos lo que podemos realizar, si lo hacemos en la manera descrita por el Señor. Por supuesto, que adi- cionalmente, todas
estas Reparaciones son también actos hechos en Su Voluntad que cuentan para la
venida del Reino.
Todo lo que dice el Señor puede interpretarse simbólicamente, “una
manera de hablar”, o puede interpretarse como que ocurre exactamente
como Él dice que ocurre, lo que pasa es que no lo vemos.
Nosotros, los que preparamos estas Guías de Estudio, siempre
pensamos y creemos
que no hay nada simbólico en Sus Palabras. A
estas alturas de los tiempos, en los que la Urgencia Divina es grande para que
suceda lo que se ha decre-
tado que suceda
desde siempre, ya no puede hablarnos simbólicamente, así se Les hablaba antes a
los niños espiri- tuales, pero así no se le habla ahora a Sus Colaboradores en
la más importante de todas las Empresas Divinas.
Si pensamos y
creemos que todo esto es simbólico, nada ocurre, y Él necesita que las cosas
ocurran tal y como Él necesita que ocurran, para que Le sirvan en Sus Planes de
la venida del Reino.
Si nosotros, viviendo en Su Voluntad,
queremos algo, eso que queremos es lo que Él quiere, porque Nos está
diciendo que lo quiere, y por tanto Él hace lo que nosotros queremos. Él hace
posible que nosotros vivamos dentro de cada criatura, y hace posible que
nosotros estemos presentes en el momento de la ofensa, y hace posible que
nosotros subamos a Él con nuestra reparación y hace posible que esta reparación
llegue a Él, al mismo tiempo que llega la ofensa, y de esa manera se nulifica
la ofensa. ¿Qué nos enteramos ahora? Pues si ahora empezamos a hacerlo como Él
dice, resulta que siempre lo hemos hecho de esta manera, y siempre Le hemos
endulzado las ofensas de los malos pensamientos en la manera descrita.
Resumen del capítulo del 2 de Mayo de 1915: (Doctrinal) – Página 156 -
Mis días son
siempre más amargos. Esta mañana mi dulce Jesús ha venido en un estado tan
sufriente que no se pue- de expresar, al verlo tan sufriente, yo a cualquier
costo habría querido darle un alivio, pero no sabiendo qué hacer me lo he estrechado al corazón y acercándome a su boca, con la mía buscaba
extraer parte de sus amarguras
internas,
¿pero qué? Por cuanta
fuerza hacía al chupar
no salía nada, volvía a intentarlo con más esfuerzos, pero todo era inútil,
Jesús lloraba, yo lloraba al ver que en nada podía aliviar sus penas. ¡Qué
suplicio cruel! Jesús lloraba porque quería hacer salir todo, pero su Justicia
lo impedía, yo lloraba al verlo
llorar y porque no podía ayudarlo; son penas que faltan las palabras para expresarlas. Y
Jesús sollozando me ha dicho:
“Hija mía, los
pecados arrancan de mis manos los flagelos, las guerras, Yo estoy obligado a
permitirlas, pero al mismo tiempo lloro y sufro con la criatura”.
Yo me sentía morir por el dolor, y Jesús queriéndome distraer ha agregado:
(A) “Hija mía, no te abatas, también
esto está en mi Voluntad, porque únicamente las almas que viven en mi Volun-
tad son las que pueden hacer frente a mi Justicia, sólo aquellas que viven de
mi Querer tienen libre el acceso para entrar a participar en los decretos
divinos, y abogar en favor de sus hermanos. Quienes habitan en mi Voluntad son los que poseen todos los frutos de mi
Humanidad, porque mi Humanidad tenía sus límites, mientras que mi Voluntad no tiene
límites, y mi Humanidad vivía en mi Voluntad, cubierta por Ella, por dentro y fuera. Ahora, las almas que
viven en mi Voluntad son las más inmediatas a mi Humanidad, y haciéndola de
ellas, porque a ellas se las he dado, pueden presentarse investidas de Ella,
como otro Yo mismo delante de la Divinidad y desarmar la Justicia Divina e
impetrar rescritos de perdón para las pervertidas criaturas. Ellas, viviendo en
mi Voluntad viven en Mí, y como Yo vivo en todos, también ellas viven en todos
y en pro de todos. Viven libres en el aire como soles, y sus oraciones, sus ac-
tos, las reparaciones y todo lo que hacen son como rayos que descienden de
ellas en pro de todos”.
* * * * * * *
Como ya
habíamos anunciado al principio del capítulo del 24 de Abril de 1915, el
capítulo anterior a este, Nuestro Señor continúa hablando sobre las
prerrogativas que tienen los Hijos e Hijas de Su Voluntad. No vamos a hablar de
lo que Luisa expone al principio del capítulo. Nada tenemos que comentar sobre
la situación. Comenzamos pues a anali- zar el Bloque (A).
(1) Hija mía, no te abatas, también esto está en mi Voluntad, - En un tono “fatalista”,
Nuestro Señor Le anun- cia a Luisa, que
todo, hasta esto, que es
tan desagradable para Él, tiene que suceder, y así
se haga realidad lo que ya ha sucedido en la “corrida de ensayo”. De otra
manera dicho. No se puede evitar que el mal suceda, porque así lo quieren
criaturas a las que ha dotado de libertad de voluntad, pero tampoco puede
evitarse que Él y ahora nosotros actuemos, también con entera libertad de
voluntad, de la manera en que tenemos que actuar, para contrarrestar la maldad
generada. Todo esto ya se hizo en la “corrida de ensayo”, pero ahora
necesita hacerse de verdad. De este papel de Colaboración única y distinta
a los Hijos e Hijas de Su Voluntad, es de lo que quiere hablar en este capítulo
con toda extensión y claridad, y que, como todos recordaran, empezó a describir
en el capítulo anterior.
(2)
porque
únicamente las almas que viven en mi Voluntad son las que pueden hacer frente a
mi Justi- cia, - En una primera leída, pensábamos que el Señor decía que
también los Hijos e Hijas de Su Voluntad son almas victimas, porque dice que “son las que
pueden hacer frente a Mi Justicia”; pero esa no es la definición de
alma vícti- ma. Es verdad que el alma victima desarma la Justicia Divina porque
asume en sí misma, los castigos que de otra manera caerían sobre el resto de
nosotros. Más aun, hay otra labor que el alma victima realiza, y es la de
aliviar a Jesús por las ofensas que se Le hacen, y esa labor tampoco la
realizan los que viven en Su Voluntad. Por lo que el Señor dirá extensamente en
el resto del capítulo, los que viven en Su Voluntad pueden hacerle frente a Su
Justicia, porque su misión, su labor, es la de ser los abogados defensores de
la familia humana, colaborando con Nuestro Se- ñor en esa labor tan importante,
y parafraseamos, porque si continua es la ofensa, continua tiene que ser la
abogacía defensora.
Los que viven en Su Voluntad, dice el Señor literalmente hablando, que son
los únicos que tienen el permiso “legal” para defender, perorar dice el Señor,
delante del Tribunal Divino; son los únicos
que “pueden hacer frente
a Mi Justi- cia”, de la misma manera que solo los abogados
acreditados por sus estudios, son los que pueden “comparecer” de- lante de la
justicia humana para acusar o defender a los ciudadanos. Dicho de otra manera,
y aunque pueda doler a muchos esto que decimos, porque han creído hasta ahora
que eran intercesores, la Justicia Divina no reconoce otra acreditación para
interceder y perorar la causa humana, que la de vivir en Su Voluntad. En
realidad, solo Jesús tiene este Privilegio, y Su Madre es la principal Abogada,
por delegación, porque ha vivido siempre en Su Voluntad. Dicho esto, sin
embargo, en estos dos capítulos, Nuestro Señor claramente declara que este
Privilegio de la Abogacía en favor de toda la familia humana, también ha sido
delegado, y lo tienen, los que viven en Su Voluntad.
(3) sólo aquellas que viven de mi Querer tienen libre el acceso para entrar
a participar en los decretos divinos, - Tanto en la tierra, como en el Cielo, los Decretos
son necesarios para comunicar a los súbditos los deseos de los Gobernantes y Reyes.
Al mismo tiempo, no hay duda
de que todo gobernante o rey,
consulta con los miembros de su
gobierno o corte aquello que quiere decretar; es más, Les hace saber lo que
piensa hacer, aun antes de que se los diga a los demás. Si miramos a las
Revelaciones sobre las Verdades Divinas en esta luz, comprendemos de inme-
diato, que Dios Nos da acceso a Sus Planes, a Sus Decretos, a través de estas Verdades
Divinas que Nos manifiesta, y que pide nuestra Colaboración en su
implementación.
(4) y abogar en favor de sus hermanos. – lo que ya habíamos anunciado en el párrafo 1,
solo aquellos que viven en Su Voluntad
pueden y deben
abogar a favor de sus hermanos. Como ya
estudiamos en un capítulo del volumen 24, sobre los Derechos que Dios Nos da de participar en el
Reino de Su Voluntad que está por llegar a la tierra, compren- demos que todo
derecho que Nos da y que ahora podemos reclamar, se convierte también en una
obligación por par- te nuestra. Así pues, tenemos
el derecho de abogar por nuestros hermanos, y también estamos
obligados a hacerlo,
si bien es una obligación de amor.
Dicho esto,
comprendamos que en esta abogacía no debemos, como hacen los abogados en los
juzgados humanos, excusar la conducta de nuestros hermanos, o disminuir su
culpa, para elicitar la simpatía del juez o jurado, sino que debemos abogar
reparando lo que ellos han hecho con nuestras
propias acciones contrarias y satisfactorias. Este es el derecho que se Nos da, y la obligación
que se Nos exige. Nosotros no podemos “adivinar” la responsabilidad moral que cada uno de nosotros tiene delante de
Dios; eso es asunto Suyo solamente.
(5) Quienes habitan en mi Voluntad son los que poseen todos los frutos de
mi Humanidad, porque mi Humanidad tenía sus límites, mientras que mi Voluntad
no tiene límites, y mi Humanidad vivía en mi Voluntad, cubierta por Ella, por
dentro y fuera. – Como de costumbre, ahora que
ha anunciado lo que podemos y debemos hacer, pasa a explicarnos en que se basan
este Derecho y Obligación.
Dice que “los
que habitan en Su Voluntad, poseen todos los frutos de Su Humanidad’. Ahora
bien, aun Su Humanidad Santísima tenia limites, por lo que, como ya ha dicho
antes, pero Su Humanidad viviendo en Su Voluntad, no tenia límite alguno. Como
ya ha ocurrido antes, este Conocimiento sobre la limitación de Su Humanidad, y
como esa limita- ción quedaba eliminada viviendo en Su Voluntad, nos resulta
difícil de entender y apreciar. Estamos tan acostumbra- dos a pensar en Jesús
como Dios que se Nos olvida que al hacerse hombre, limitaba Su Persona total a
las mismas limitaciones que tenemos el resto de nosotros. Al mismo tiempo, creaba
en Si Mismo, las condiciones para dejar inoperantes esas limitaciones, y esta
condición que eliminaba todo límite, es que también Su Humanidad vivía en Su
Voluntad. Todo lo que el Señor hizo
y consiguió, está en Su Voluntad en acto de hacerse siempre,
por lo que los frutos de esa Labor Suya entre nosotros,
está disponible a todos aquellos a los que permite vivan como Él vivió.
(6)
Ahora, las almas que viven
en mi Voluntad son las más inmediatas a mi Humanidad, - Continua dicien- do cosas
que, si se enteran, seguramente molestará a aquellos que han vivido todas sus
vidas, en la convicción de su propia santidad y cercanía al Señor. ¿Quiere
decir esto que no están cercanos al Señor porque no lo saben? Por su- puesto
que no. Las Palabras del Señor son muy precisas. Habla de que los viven en Su
Voluntad, son las “almas más inmediatas a Su Humanidad”. El acceso de los que
no viven en Su Voluntad, es un acceso por imitación
de vida, y en la imitación siempre hay limitaciones. El acceso de los que
viven en Su Voluntad, no es un acceso por imitación, sino un acceso inmediato,
por concesión, que no requiere en un sentido estricto, de “medio” alguno para conseguirlo.
Ya esto lo
hemos hablado en numerosas ocasiones. Este acceso, entre otros no mencionados,
a la participación en las Verdades Divinas, a abogar por nuestros hermanos, a
llegar a poseer los Frutos de Su Humanidad, es
inevitable una vez que Nos concede el Don de Vivir en Su
Voluntad. No llegamos a alcanzar todo lo dicho, al cabo de un tiempo, al cabo
de una vida de abnegación y entrega, como sucede con la vida virtuosa, sino que
lo alcanzamos todo, desde el primer momento en que Nos concede el Don, y
empezamos a vivir en Su Voluntad.
También hemos
hablado extensamente, como una situación de disparidad entre nuestra vida
natural, y esta vida so- brenatural, no puede existir indefinidamente, y como
nuestra vida natural, debe irse alineando a la vida sobrenatural, para llegar a
actuar y a vivir consistente al Don que se Nos ha concedido, pero de nuevo
enfatizamos: tan completa- mente vive en Su Voluntad el que empieza, como el
que lleva años viviendo en Ella, y tan completamente el que em- pieza, es capaz
de recibir las Verdades Divinas, abogar por los hermanos y poseer los frutos de
la Humanidad del Se- ñor, como las recibe el que ya vive por años en Su
Voluntad.
(7) y haciéndola de ellas, porque a ellas se las he dado, pueden
presentarse investidas de Ella, como otro
Yo mismo delante de la Divinidad y desarmar la Justicia Divina e impetrar
rescritos de perdón para las pervertidas criaturas. – reafirma el Señor, que al
concedernos el Don, al hacer que Mi Humanidad sea de estas criaturas que ahora
viven en Mi Voluntad, “porque a ellas se las he dado”, podemos investirnos de
Su Humanidad y hacer Sus Mismos oficios.
Como vemos, con
estas palabras: “porque a ellas se las he dado”, Nuestro Señor no pone
condición alguna a esta entrega. Sencillamente, Nos da Su Humanidad como parte
integral del “paquete” completo del Don de Vivir en Su Voluntad. Y es que no
acabamos de entender, que para que Él pueda realizar los Planes que tiene para
la venida del Reino, tiene que hacer que muchos de nosotros, criaturas
imperfectas en nuestro origen, seamos como Él, y lo sea- mos por Gracia Suya;
decreta que actuemos como Él, y, por tanto, lo que hacemos cuenta.
Lo interesante de todo esto es, que no
puede conseguirlo de otra manera. Si espera a que “merezcamos” ser como Él, y actuar como Él, se puede
literalmente, “morir esperando” que eso suceda. No podremos jamás actuar como
Él pue- de actuar, porque jamás podremos ser como Él, a menos que Él decida,
soberanamente, que de ahora en adelante estamos actuando como Él. Este “juego”
es de Él, y Él pone las Reglas. Por
eso, Nos inviste de Él, y entonces Él Nos ve, y todos nos ven como si fuéramos Él.
El ser humano que vive dentro de esa vestidura “desaparece”, y solo se Le ve a
Él. Por supuesto, que la labor interna de convertir al ser humano en algo
tolerablemente merecedor de la Vesti- dura exterior que Le han dado, es una
labor importantísima y que no puede Él dejar de hacer, y realiza simultánea-
mente, pero por de pronto, ya Él está consiguiendo lo que quiere de nosotros.
(8)
Ellas, viviendo en mi
Voluntad viven en Mí, y como Yo vivo en todos, también ellas viven en todos y
en pro de todos. – Aprieta aun más el concepto de identidad que Nos hace adquirir con Él.
No debe, ni puede que- darnos la más mínima duda de que estamos en Él, dentro
de Él, y por fuera de Él, como una vestidura que Él Mismo Nos pone. Aprieta aun mas, por si fuera posible, el concepto de que comoquiera que vivimos en Él, y Él vive en todos, por tanto, como un silogismo
lógico mas, todo inescapable, también nosotros vivimos en todos y para
beneficio de todos. El círculo lógico empezado en el capítulo anterior de que
somos instrumentos de conversión y al mismo tiempo de reparación se cierra en
este párrafo. Nuestra responsabilidad queda completamente delimitada, y nuestra
labor completamente expuesta.
(9)
Viven libres
en el aire como soles, y sus oraciones, sus actos, las reparaciones y todo lo
que hacen son como rayos que descienden de ellas en pro de todos – Completa
nuestra situación que ya había declarado en el capítulo anterior cuando decía
que “y
ellas encontrándose en Mí y en todos, descienden en las criaturas…”
La situación total que Sus Palabras Nos dan en estos
dos capítulos es tan grande, tan responsable, que nuestra prime- ra reacción es la de
incredulidad, y ciertamente de inmerecimiento, pero, una vez que esta primera
reacción pasa, lo único que nos queda hacer es cooperar con esta nueva
obligación que Nos otorga.
Vivimos en las
alturas de Su Voluntad, las máximas alturas posibles, vivimos con Él, en una
comunidad de objetivos, y de responsabilidad que acompañan la dignidad con la que Nos inviste.
Nos hace como Él, Nos da todo lo que es de Él; Nos hace Uno con Él en lo que necesita continuar
realizando, y de esa manera somos instrumentos de reparación perfecta, de
conversión total en nuestros hermanos, porque estamos dentro de ellos
convirtiéndolos, y al mismo tiem- po, estamos colaborando en la Venida del
Reino.
Sumarizando:
Vivimos en las
alturas de Su Voluntad y estamos colaborando con Él de dos maneras importantes.
Primero colabora- mos con Sus Planes de la venida
del Reino. Segundo, abogamos por nuestros
hermanos, y los defendemos de la Justi- cia Divina, porque tenemos el
derecho de abogar o perorar por todos y cada uno de ellos.
Al mismo tiempo
entendemos que necesitamos descender para ocuparnos de nuestros hermanos, y
esto debemos hacerlo de dos maneras distintas. Primera, debemos reparar las
ofensas que se realizan haciendo actos de reparación al mismo tiempo que se
realizan las ofensas, y presentar esas reparaciones junto con las ofensas para
endulzarlas. Segundo, debemos ser instrumentos de conversión, porque al estar
dentro de nuestros hermanos, podemos introducir luz donde hay tinieblas.
Resumen del capítulo del 18 de Mayo de 1915: (De Diario) – Página 158 –
Continuando mi
pobre estado, mi pobre naturaleza me la sentía sucumbir. Me encuentro en estado
de violencia conti- nua, quiero hacer violencia a mi amable Jesús, y Él para no
hacerse violentar más, se esconde, y después, cuando ve que no estoy en acto de
hacerle violencia por su ocultamiento, de improviso se hace ver y rompe en
llanto por lo que está sufriendo y sufrirá la mísera humanidad. Otras veces,
con un acento conmovedor y casi suplicante me dice:
“Hija, no me violentes,
ya mi estado es violento por sí solo por causa de los graves males que sufren y sufrirán las
criaturas, pero debo dar los derechos
a la Justicia”.
Y mientras dice
esto llora, y yo lloro junto con Él, y muchas veces parece que transformándose
todo en mí, llora por medio de mis ojos, por eso, en mi mente pasan todas las tragedias, las carnes humanas
mutiladas, los ríos de sangre, los pueblos destruidos, las iglesias profanadas
que Jesús me ha hecho ver desde hace tantos años. Mi pobre corazón está
lacerado por el dolor, ahora me lo siento contorsionar por los espasmos, ahora
helar, y mientras sufro esto, oigo la voz de Jesús que dice:
“¡Cómo me duele, cómo me duele!”
Y se pone a llorar,
¿pero quién puede decirlo todo?
Ahora, estando
en este estado, mi dulce Jesús para calmar de alguna manera
mis temores me dijo:
(A) “Hija mía, ánimo, es cierto que
grande será la tragedia, pero has de saber que tendré cuidado de las almas y de
los lugares donde haya almas que vivan en mi Querer. Así como los reyes de la
tierra tienen sus cortes, sus gabinetes donde están al seguro en medio de los
peligros y de los enemigos más fieros, porque es tanta la fuerza que tienen,
que los mismos enemigos mientras destruyen otros puntos, aquel punto no lo
miran por temor de ser derrotados, así también Yo, Rey del Cielo, tengo mis
gabinetes, mis cortes sobre la tierra, y son las almas que viven de mi Querer
donde Yo vivo en ellas, y la corte del Cielo está concentrada en torno a ellas,
y la fuerza de mi Voluntad las tienen al seguro, volviendo inofensivas las
balas y rechazando hacia atrás a los enemigos más fieros. Hija mía, los mismos
bie- naventurados, ¿por qué están al seguro y son plenamente felices cuando ven
que las criaturas sufren y la tierra está en llamas? Precisamente porque viven
del todo en mi Voluntad. Entonces has de saber que Yo pongo en las mismas
condiciones de los bienaventurados a las almas que en la tierra viven del todo
de mi Querer, por eso vive en mi Que- rer y no temas de nada, más bien quiero
que no sólo vivas en mi Voluntad, sino que vivas también en medio de tus
hermanos, entre Yo y ellos en estos tiempos de carnicería humana y me tendrás
estrechado en ti y defendido de las ofensas que me mandan las criaturas, y
haciéndote don de mi Humanidad y de cuanto sufrí, mientras me tendrás
defendido, darás a tus hermanos mi sangre, mis llagas, las espinas, mis
méritos, para su salvación”.
* * * * * *
*
En todo momento los seres humanos, la
humanidad, está convulsionada por guerras, ya
totales ya parciales, por cata-
clismos y fenómenos naturales que amenazan nuestra destrucción. Ya sabemos que
esto no ocurre por casualidad, o porque, al ser fuerzas “naturales” están fuera
del Divino Control. Luisa está en un estado de angustia total, porque en su
identificación con Jesús, ella puede ver lo que Él ve, y comprende la
destrucción que está sucediendo como resul- tado de esta primera guerra
mundial.
Hay dos
Revelaciones importantes, y una Sugerencia Amorosa inescapable en este Bloque (A), que necesitan ser re- saltadas
para nuestro consuelo.
La primera Revelación, y extractamos: “Hija mía, ánimo, es cierto que grande será la tragedia, pero has de saber que
tendré cuidado
de las almas y de los lugares
donde haya almas
que vivan en mi Querer.”
La segunda
Revelación, y extractamos: Yo, Rey del Cielo, tengo mis gabinetes, mis cortes
sobre la tierra, y son las almas que viven de mi Querer donde Yo vivo en ellas,
y la corte del Cielo está concentrada en torno a ellas, y la fuerza de mi Voluntad
las tienen al seguro, volviendo
inofensivas las balas y rechazando hacia atrás a los enemigos más fieros.
La Sugerencia Amorosa, y extractamos: “por eso
vive en mi Querer y no temas de nada, más bien quiero que no sólo vivas en mi Voluntad, sino que vivas
también en medio de tus hermanos, entre Yo y ellos en estos tiempos de car-
nicería humana y me tendrás estrechado en ti y defendido de las ofensas
que me mandan las criaturas, y haciéndote don de mi
Humanidad y de cuanto sufrí, mientras me tendrás defendido, darás a tus
hermanos mi sangre, mis lla- gas, las espinas, mis méritos, para su salvación”.
Resumen del capítulo del 25 de Mayo de 1915: (De diario) – Página 159 -
Encontrándome en mi habitual
estado, mi siempre
amable Jesús, en cuanto se ha hecho ver me ha dicho:
“Hija mía, el
flagelo es grande, pero a pesar de esto los pueblos no se estremecen, más bien
permanecen casi indife- rentes, como
si debieran asistir a la
representación de una escena trágica y no a una realidad; en lugar de venir todos humillados a mis
pies a llorar y a implorar piedad, perdón, están más bien atentos a oír lo que
sucede. ¡Ah, hija mía, qué grande es la perfidia humana! Mira como son obedientes
a los gobiernos; sacerdotes, seglares, no pretenden nada, no rehúsan ningún
sacrificio y deben
estar dispuestos a dar la
propia vida; ah, sólo para Mí no hay obediencia ni
sacrificios, y si alguna cosa hacen, son más las pretensiones y los intereses,
y esto porque los gobiernos usan la fuer- za, pero Yo uso el amor; para las
criaturas este amor es desconocido y ante él se están indiferentes, como si Yo
no mereciera nada de ellas”.
Pero mientras
esto decía ha roto en llanto, ¡qué dolor tan cruel ver llorar a Jesús! Luego
continuó:
“Pero la sangre y el fuego purificarán todo y harán que el hombre se arrepienta, pero mientras más se tarde
en volver,
tanta más sangre correrá
y será tal la carnicería, que el hombre
jamás lo hubiera
pensado”.
Y mientras esto
decía me hacía ver esta carnicería humana. Qué dolor vivir en estos tiempos,
pero sea siempre hecho el Querer Divino.
* * * * * * *
Otro capítulo
de diario que narra la situación mundial
de aquel año de
1915. El Señor dice algo
que queremos resaltar, y
extractamos: “pero a pesar de esto los pueblos no se
estremecen, más bien permanecen casi indiferentes, como si debieran asistir a
la representación de una escena trágica y no a una realidad; en lugar de venir
todos humillados a mis pies a llorar y a implorar piedad, perdón, están más
bien atentos a oír lo que sucede.”
Esto que dice el Señor no debe parecernos tan raro. En nuestros tiempos,
podemos ver la guerra en tiempo real, por- que los reporteros están en el
frente de batalla para mostrarnos las atrocidades que suceden, casi que
instante por instante. Hemos oído a muchos comentaristas decir que la mayoría
de las personas que ven estas escenas, quedan indiferentes, porque
como dice el Señor, ven estas escenas
“como la representación de una escena
trágica, y no a una
realidad”. Desgraciadamente, ya ni la realidad nos conmueve, y talmente parece
que solo nos conmueven
las desgra- cias cuando las sufrimos
directamente.
Resumen del capítulo de 6 de Junio de 1915: (Doctrinal) – Página 162 -
Encontrándome en mi habitual estado,
mi siempre amable Jesús mientras se mantiene oculto,
me quiere toda atenta a Él y para abogar continuamente por mis hermanos, y mientras
rezaba y lloraba por la salvación de los pobres comba- tientes, queriéndome
estrechar con Jesús para suplicarle de tal manera que ninguno de ellos se
perdiera, llegaba a decirle desatinos, y Jesús, si bien afligido, parecía que
gozaba por mis insistencias y como que cedía a lo que yo le pedía, pero un pensamiento ha volado en mi mente:
“Que yo debería pensar
más bien en mi propia
salvación”.
Y Jesús me ha dicho:
“Hija mía,
mientras pensabas en ti has producido una sensación humana, y mi Voluntad toda
Divina la ha notado. En mi Voluntad todo se resuelve en amor para Mí y para el
prójimo, no hay cosas propias, porque conteniendo sólo mi Voluntad, el alma
contiene para sí todos los bienes posibles, y si los contiene, ¿por qué
pedírmelos? ¿No es justo más bien que se ocupe en rezar por quien no tiene? Ah,
sí supieras por qué desgracias pasará la mísera humanidad, serías más activa en
mi Voluntad en favor de ella”.
Y mientras
esto decía me hacía oír todos los males que están maquinando los masones en contra de la humanidad.
* * * * * * *
Analicemos brevemente este capítulo.
(1) Hija mía, mientras
pensabas en ti has producido una sensación humana,
y mi Voluntad toda Divina la ha
notado. – La interacción que existe
entre nuestro cuerpo natural y el Cuerpo de
Luz la discutimos ampliamente en los volúmenes superiores,
particularmente en las Descripciones 100 en adelante. Sin embargo, debemos
comprender que el Señor dice algo aquí que Nos ayuda a confirmar aun mas este
proceso interactivo.
Dice el Señor,
que al ella producir una sensación humana en su cuerpo natural, en este caso,
el pensamiento de que ella debía ocuparse de su propia salvación, Su Voluntad
toda Divina la ha notado. La acción del cuerpo natural ha quedado
inmediatamente reflejada en el Cuerpo de Luz, y la Voluntad Bilocada y Obrante
en Luisa, y por supuesto, también ha hecho su “impacto” en Nuestro Señor
Bilocado, porque también Él habita en ese Cuerpo de Luz.
(2) En mi Voluntad todo se resuelve en amor para Mí y para el prójimo, no
hay cosas propias, porque conteniendo sólo mi Voluntad, el alma contiene para
sí todos los bienes posibles, y si los contiene, ¿por qué pedírmelos? - Otro párrafo extremadamente
interesante porque confirma a su vez, y con Sus Propias Palabras, que en la
medida en que más y más nos adentramos en esta vida en Su Voluntad que ahora
poseemos y vivimos, menos debemos ocuparnos de nosotros mismos, y más debemos
ocuparnos de Él, de Sus Planes, y de nuestro próji- mo.
El Señor es
enfático cuando dice: “¿para qué pedirle lo que ya tenemos?” Dicho esto, sin
embargo, muchos no ven esto como una realidad, y por tanto, actúan con dudas y
temores sobre su situación personal, tanto en el plano natu- ral como en el plano divino.
No es primera vez que esta situación sucede con Luisa, por lo que no debemos asustarnos
si nos pasa a nosotros. Pero, debemos superar la situación con un acto de Fe
renovado, en que si nosotros nos ocu- pamos del Señor, de Su Reino y de Su
Justicia, Él se ocupa de nosotros.
(3) ¿No es justo más bien que se ocupe en rezar por quien no tiene? – Destacamos este párrafo del
Señor, porque en adición a ocuparnos de los demás, y no de nosotros mismos, debemos
estar imbuidos de este espíritu com- pasivo, y lamentarnos de que nuestro
prójimo no sepa de
este Regalo de Su Voluntad,
ya que si también ellos
lo acep- taran, estarían en
iguales circunstancias que las nuestras, sin necesidad de nada, porque lo
tendrían todo.
(4) Ah, sí supieras por qué desgracias pasará la mísera humanidad, serías
más activa en mi Voluntad en favor de ella. – Nuestra Vida en Su Voluntad,
verdaderamente vivida porque cada vez entendemos más y más, cuá- les son
nuestros derechos y obligaciones en Ella, debe tener como meta principal Sus
Planes, que incluye no solo la Venida del Reino, sino en solicitar del Señor
“activamente”, la Conversión y Salvación de nuestros hermanos.
Unas últimas
observaciones pertinentes. Uno de los Conocimientos más necesarios para que
vivamos verdaderamente en Su Voluntad, es saber distinguir entre lo que
queremos y lo que necesitamos. Cuando el Señor dice que al vivir en Su Voluntad, “poseemos todos los Bienes posibles”,
lo que en realidad quiere decir es que “poseemos todos los Bienes posibles que necesitamos.”
Cuando
empezamos en esta Vida en Su Voluntad, empezamos con la impresión de que, según
nos enteramos, vamos recibiendo los Conocimientos sobre las Verdades Divinas que
quiere sepamos y practiquemos. Sabemos sin embargo, que esto no es lo que sucede. Según
vamos leyendo y enterándonos por los Escritos, vamos descubriendo
en nosotros mismos, lo que ya se Nos
había dado. Dicho de otra manera; todos los Conocimientos que necesitamos para
vivir en Su Voluntad, se Nos entregan en el momento en que Nos concede esta
Vida en Su Voluntad, por lo que el estudio de los Escritos lo que hace es
“descubrirnos” aquello que ya poseíamos.
Todo esto en lo
que aplica a esta nueva Vida en Su Voluntad. Pero, y ¿qué de nuestra vida
natural que también tiene necesidades corporales y espirituales? Este problema debemos
“atacarlo” pensando que el Señor se ocupa de nuestras necesidades, cuando tiene
que ocuparse de ellas, ni antes, ni después. Ahora bien, este ocuparse de
nosotros, gene- ralmente se resuelve, facilitando que obtengamos aquello que
necesitamos en el momento apropiado.
El capítulo
termina con unas observaciones de Luisa sobre el papel activo de la masonería
en la primera guerra mun- dial, y su abierta lucha contra la Iglesia Católica.
El lector puede indagar por su cuenta el papel de la masonería en nuestras
desgracias.
Resumen del capítulo del 17 de Junio de 1915: (Doctrinal) – Página 163 – Unidad en el propósito
-
Encontrándome en mi habitual
estado, estaba lamentándome con Jesús diciéndole:
“Vida mía Jesús,
todo ha terminado, no me queda nada, sino a lo más tus
visitas como de relámpago,
tu sombra.
Y Jesús interrumpiendo mi hablar me dijo:
“Hija mía, todo
debe terminar en mi Voluntad, y cuando el alma ha llegado a esto, ha hecho
todo, y si hubiera hecho mucho y no lo hubiera encerrado en mi Voluntad, se
puede decir que habría hecho nada, porque de todo lo que ter- mina en mi
Voluntad Yo tengo cuenta, pues sólo en Ella está como empeñada mi misma Vida, y
es justo que como cosa mía Yo tenga cuenta hasta de las más pequeñas cosas y
aun de las mismas naderías, porque en cada pequeño acto que la criatura hace
unida con mi Voluntad, siento que primero lo toma de Mí y luego obra, así que
en el más pequeño acto va encerrada toda mi Santidad, mi Potencia, Sabiduría,
Amor y todo lo que soy, por eso siento en ese acto hecho unido con mi Voluntad
repetir mi Vida, mis obras, mi palabra, mi pensamiento y todo lo demás.
Entonces, si tus cosas
han terminado en mi Voluntad, ¿qué puedes querer de más? Todas las cosas tienen
un solo punto
final: El sol tiene un solo
punto, que su luz invada toda la tierra; el agricultor siembra, palea, trabaja
la tierra, sufre frío y ca- lor, pero todo eso no es su punto final, no, sino
su punto es el de recoger los frutos para hacer de ellos su alimento; y así de
tantas otras cosas, que son muchas, pero que se resuelven dentro de un solo
punto, y éste es la vida del hom- bre. Así el alma todo lo debe hacer terminar
en el punto solo de mi Voluntad, y Ésta constituirá su vida, y Yo de ella haré
mi alimento”.
Después ha agregado:
“Yo y tú en
estos tristes tiempos pasaremos un periodo demasiado doloroso, las cosas
empeorarán más, pero debes saber que si te quito mi cruz de madera, te doy la
cruz de mi Voluntad, que no tiene altura ni anchura, sino que es interminable, cruz más noble no podría
darte, no es de
madera sino de luz, y en esta luz, quemante
más que cualquier fuego,
sufriremos juntos en cada criatura, en sus agonías y torturas, y buscaremos ser
vida de todas”.
* * * * * * *
Analicemos el capítulo.
(1)
Hija mía, todo debe terminar en mi Voluntad, y
cuando el alma ha llegado a esto, ha hecho todo, y si hubiera hecho mucho y no
lo hubiera encerrado en mi Voluntad, se puede decir que habría hecho nada,
porque de todo lo que termina
en mi Voluntad Yo tengo cuenta, - El Señor “juega” con el verbo “terminar”,
que Luisa utiliza de una manera,
y el Señor de otra.
Luisa dice que
todo ha terminado, en el sentido de que ya nada mas tiene o puede hacer. Ya
conocemos que, sin querer serlo, Luisa es melodramática. Claro está, el Señor
nada tiene en cuenta de estos melodramas de Luisa, como tampoco los tiene de
nosotros. Su Amor justifica siempre nuestras tonterías. Curiosamente sin
embargo, utiliza esta expresión melodramática de Luisa para darnos un
importante conocimiento doctrinal. Dice que debemos comprender primero, y querer después, que “todo debe terminar
en Mi Voluntad”, en el sentido de que, ahora que vivimos en Su Voluntad, todo lo que hacemos, lo hacemos porque Él lo
quiere, y haciéndolo, todo desemboca en Su Voluntad, y no “puede irse” a
otra parte. Cuando vivimos en Su Voluntad, todos nuestros actos, como dirá
en los próximos párra- fos, tienen su principio en Él, son replicados por Su
Voluntad Bilocada en nosotros, y terminan, como actos Suyos repetidos, en la
Voluntad Suprema.
Ahora bien,
cuando empezamos esta Vida en Su Voluntad, muchos de estos Conocimientos no se
han actualizado con las lecturas de los Escritos, por lo que cuando actuamos,
todavía no “sabemos” lo que ocurre con nuestras acciones. Con este fin, el
Señor prepara estos capítulos “repetitivos” para muchos, pero necesarios a
todos, para que todos los que viven en Su Voluntad, estén “en la misma página”
como se dice ahora, o sea, estemos todos con el mismo nivel de conocimiento básico.
(2) Pues sólo en Ella está como empeñada mi misma Vida, y
es justo que como cosa mía Yo tenga cuen- ta hasta de las más pequeñas cosas y
aun de las mismas naderías, porque en cada pequeño acto que la criatura hace
unida con mi Voluntad, siento que primero lo toma de Mí y luego obra, - En este
párrafo el Señor confirma que todo acto hecho en Su Voluntad, Él lo ha
sugerido, porque “primero lo toma de Mí, y luego obra”. Confirma a
su vez, que nada de lo que hacemos es sin importancia, porque todo lo que Él
sugiere en esta Vida en Su Voluntad,
tiene un propósito, unos subordinados a otros, y todos subordinados al
propósito final de adelantar Sus Planes para la Venida del Reino.
(3) así que en el más pequeño acto va encerrada toda mi
Santidad, mi Potencia, Sabiduría, Amor y todo lo que soy, por eso siento en ese
acto hecho unido con mi Voluntad repetir mi Vida, mis obras, mi pala- bra, mi
pensamiento y todo lo demás. - Es muy curioso esto que dice el
Señor. Ha dicho que todo lo que hace- mos “lo toma de Mí, y luego obra”, y ahora
dice que en todo acto, hasta en el más pequeño, va “encerrada toda Su Santidad, Su
Potencia, Su Sabiduría, Amor y todo lo que es”. ¿Cómo así?
En Su calidad de hombre y Dios, ha vivido y vive, ha hecho y hace todo lo que
es humano, y todo lo que es Divino. Nada que podamos hacer Le es ajeno, y por
eso dice que “siento en ese acto hecho unido con
mi Voluntad repetir mi Vida, mis obras, mi palabra, mi pensa- miento y todo lo
demás”. Su Voluntad
Bilocada y Obrante se encarga de la realización repetida de los actos que son necesarios.
(4) Entonces, si tus cosas han terminado en mi Voluntad, ¿qué puedes querer
de más? - Destacamos este párrafo,
porque hay en él un sentido de totalidad de propósito, de culminación de
propósito, que necesitamos apren- der y martillar profundamente en nuestras
mentes. No cavilemos demasiado sobre lo que hacemos. Tenemos todo los bienes
que necesitamos, y por tanto, ¿para qué pedirle lo que ya tenemos? Hacemos lo
que hace o ha hecho nuestro Maestro y Señor, y con los Objetivos que Él
persigue, ¿qué podemos querer hacer, que sea mejor que lo que de Él tomamos, y
que ya Él ha hecho? Dejemos que fluya a través de nosotros Su Voluntad,
sabiendo que tenemos todo lo que nos hace falta, y que hacemos lo que Él ha
hecho y que quiere que repitamos.
(5) Todas las cosas tienen un solo punto final: El sol tiene un solo punto, que su luz invada toda la
tierra; el agricultor siembra, palea, trabaja la tierra, sufre frío y
calor, pero todo eso no es su punto final, no, sino su punto es el de recoger
los frutos para hacer de ellos su alimento; - El Señor escoge palabras
bellísi- mas para explicar lo que sucede cuando se persigue un propósito, en
este caso, Divino. Todo nuestro obrar, como el del agricultor del ejemplo, solo
tiene sentido en función del Objetivo perseguido. Nada mas tiene importancia; y
aun- que todo es necesario, nada tiene importancia excepto el punto final.
Todos sabemos
lo que dice el Señor. Todos los que han vivido Su Cristianismo profundamente
saben que lo único que importa es la meta final, pero lo que no sabían ellos,
con la claridad que ahora nosotros la sabemos, es que la meta que ellos
perseguían con tanto afán, no era la Meta con mayúscula, sino que era la Meta
que Dios Les dejaba saber, porque todavía no quería revelar cuál era la
verdadera Meta.
Así como estas almas
anteriores a nosotros,
sacrificaban todo para conseguir sus
“metas”, a saber, su salvación indivi- dual, y la de los hermanos y hermanas a los que sus
vidas impactaban, así ahora nosotros, los que vivimos en Su Vo- luntad, debemos
sacrificarlo todo para conseguir la Meta con mayúscula, la Venida del Reino del
Fiat Supremo como en el Cielo en la tierra.
(6) Y así de tantas otras cosas, que son muchas, pero que se resuelven
dentro de un solo punto, y éste (punto) es la vida del hombre. – En la medida que hemos
estudiado y analizado este capítulo, más y más cuenta nos damos, de la
profundidad de la Sabiduría que Nos imparte. ¿Cuál es la vida del hombre? Hacer
muchas cosas, pero siempre pensando y dándose cuenta de que todas se resuelven
en un solo Objetivo, objetivo que cambia según los conocimientos que el hombre
tenga, pero siempre con un solo objetivo en mente.
(7)
Así el alma
todo lo debe hacer terminar en el punto solo de mi Voluntad, y Ésta constituirá
su vida, y Yo de ella haré mi alimento. – Si obramos con un Objetivo,
en nuestro caso el de la Venida del Reino, el Señor puede utilizar nuestras
Vidas como Alimento, porque todos los que vivimos en Su Voluntad, estamos
logrando que Él instaure Su Reino en la tierra, y en ese sentido “alimentamos”
Su Meta. Al mismo tiempo, que Le damos alimento, esto que hacemos define correctamente nuestras vidas, “constituye
nuestras vidas”, porque no puede haber titulo mas honroso para los
Hijos e Hijas de Su Voluntad, que el que Él pueda decir de nosotros, que hemos
sido pilares Suyos en la construcción del Reino; y este Reino, ha sido, por
tanto, ”el
punto solo de Su Voluntad” hacia el cual hemos hecho desembocar toda nuestras
actividades.
Dice Luisa que el Señor agregó
lo que sigue:
Yo y tú en estos tristes tiempos pasaremos un periodo demasiado
doloroso, las cosas empeorarán más, pero debes saber que si te quito mi cruz de
madera, te doy la cruz de mi Voluntad, que no tiene altura ni
anchura, sino que es interminable, cruz más noble no podría darte, no es de
madera sino de luz, y en esta luz, quemante más que cualquier fuego, sufriremos juntos en cada criatura, en sus
agonías y tortu- ras, y buscaremos ser vida de todas – El cambio de Cruz de Madera
por Cruz de Su
Voluntad, indica precisamente un cambio en el Objetivo
perseguido por Él a través de Luisa. Como ya sabemos, Luisa vivió como alma
victima por muchos años, con esta singularidad de objetivo, la de
ayudar y consolar al Señor por las ofensas
recibidas, para evitar o disminuir los castigos merecidos, y en general ayudar
en la conversión de los pueblos. El Objetivo va cambiando, y el cambio se lo anuncia en este capítulo.
Todavía, no va a tomar todo su efecto, hasta el año de 1921, pero el cambio de
objetivo ya se ha iniciado.
Resumen del capítulo del 9 de Julio de 1915: (Doctrinal) – Página 165 -
Encontrándome en mi habitual
estado, me sentía muy mal
y mi siempre amable Jesús,
moviéndose a compasión de mi pobre estado, vino por poco tiempo y besándome me ha
dicho:
“Pobre hija,
pero no temas, no te dejo ni puedo dejarte, porque quien hace mi Voluntad es mi
imán que obra poten- temente sobre Mí, y me atrae hacia sí con tal violencia,
que no puedo resistir. Demasiado se necesita para separarme de quien hace mi
Voluntad, debería separarme de Mí mismo, lo que no es posible”.
Después ha agregado:
“Hija, quien
hace de verdad mi Voluntad es puesto en las mismas condiciones en las que fue
puesta mi Humanidad. Yo era Hombre y
Dios, como Dios contenía en Mí todas las felicidades, bienaventuranzas,
bellezas y todos los bienes que poseo. Mi Humanidad por una parte tomaba parte
de mi Divinidad, y por lo tanto era bienaventurada, feliz, su visión beatífica
no se le separaba jamás; por otro lado, habiendo mi Humanidad tomado sobre Ella
la satisfacción de las criaturas ante la Divina Justicia, era atormentada por
la vista clara de todas las culpas, y debiendo tomarlas sobre Ella para
satisfacerlas, sentía lo horrible de cada pecado con su tormento especial, por
lo tanto, al mismo tiempo sen- tía alegría y dolor, sentía amor por parte de mi
Divinidad, frialdad por parte de las criaturas; santidad por una parte, pecado
por la otra, no había cosa que me escapara, ni aun la más mínima de las que las
criaturas hacían. Ahora, mi Humanidad no es capaz ya de sufrir, por eso en quien hace mi Voluntad Yo vivo en ella, y ella me sirve de humanidad, por eso el alma siente por una parte amor, paz,
firmeza en el bien, fortaleza y demás; y por la otra parte frialdad, molestias,
cansancio, etc. Entonces, si el alma se está del todo en mi Voluntad y toma
todas esas cosas no como co- sas suyas, sino como cosas que sufro Yo, no se abatirá,
sino me compadecerá y tendrá como un honor que la haga
participar de mis penas, porque ella no es otra cosa que
un velo que me cubre, y no sentirá más
que las molestias de
las espinas,
del hielo, pero es en Mí, en mi corazón
en quien serán
clavadas”.
* * * * * * *
Jesús consuela
a Luisa confirmándole lo que tantas veces Le ha dicho,
a saber, que Él no puede separarse de ella, que Le es
imposible, porque al vivir Luisa en Su Voluntad, y ser Su Voluntad Su propia
Vida, Jesús no puede separarse de Su Vida.
Luego, el Señor continúa
diciendo:
(1) Hija, quien hace de verdad mi Voluntad es puesto en las mismas
condiciones en las que fue puesta mi Humanidad. – Con toda deliberación, Nuestro Señor utiliza las Palabras que ha usado siempre, pero más directas que cuando decía antes: “quien
hace la Voluntad de Mi Padre”, para decir ahora: “quien hace Mi Voluntad”.
Estas Pa- labras Suyas requieren un poco de explicación adicional, que
comenzamos ahora y terminaremos en el párrafo 4.
Rápidamente diremos que aunque los Tres actúan como Uno, sin embargo, cada
una de las Divinas Personas se arro- ga trabajos específicos, por lo menos
relativos a nosotros, los seres humanos. Así pues, cuando dice que hagamos la
Voluntad de Su Padre se refiere a lo que es necesario para nuestra Salvación.
Uno de Sus Objetivos al venir a la tierra fue precisamente hacer perfectamente
la Voluntad de Su Padre que se había arrogado la labor de crear a Adán y a todo este universo
nuestro. Al fallar Adán, a quien directamente ofende es a Su Padre, y es
a Su Padre, particularmen-
te, a quien ofendemos con nuestros pecados. Cuando ahora dice que “quien
hace de verdad Mi Voluntad”, se refie- re a Su Labor como el
Arquitecto Creador del Reino del Fiat Supremo como en el Cielo en la tierra, y
es Voluntad Su- ya, o sea, es Intención particular Suya, el que este Reino
venga a la tierra. Por eso dice, que quien quiere de veras, como Yo quiero, que
venga Mi Reino a la tierra, es el que hace Mi Voluntad.
Pero esto no es todo,
añade el concepto de
“verdadero”. ¿Qué quiere decir el
Señor con este “de verdad”? Ha hablado en el capítulo anterior de que
el Objetivo es el punto solo al que debe tender nuestro hacer, y en este caso,
el Objeti- vo de la Venida del Reino, el nuevo “punto solo”, solo puede
ser logrado por criaturas que vivan en Su Voluntad, por- que son estas, las
únicas que pueden hacer “de verdad” Su Voluntad de que venga el Reino.
Digamos todo
esto de otra manera. El que llega a estudiar estos Escritos, o los que conocen
poco de estos Escritos, vienen con una idea distinta de lo que es hacer Su
Voluntad, a la que ahora van adquiriendo, y aunque en efecto la hayan estado
haciendo hasta ese momento, no comprendían que no es solo hacer Su Voluntad,
sino que es necesario hacerla en el Marco correcto, en el Ámbito correcto, en
la que debe hacerse.
Al hacer alusión a que a los que viven en Su Voluntad, el Espíritu Santo, “los
pone en las mismas condiciones en las que fue puesta Mi Humanidad”, el Señor hace referencia al hecho de que al Él vivir en Su Voluntad, podía de verdad hacer la
Voluntad Divina, y así ahora nosotros, viviendo en Su Voluntad, también podemos
hacer Su Voluntad de ver- dad, porque perseguimos Su Mismo Objetivo.
Digamos todo esto más abruptamente. Nuestra
Salvación individual ha dejado de ser el Objetivo, la salvación de nues-
tros hermanos a través de nosotros, ha dejado de ser nuestro
Objetivo; nuestro Objetivo
ahora es la Venida
del Reino, e insospechada, pero
ciertamente, al abandonar nuestros objeticos anteriores, resulta que de verdad
conseguimos se realicen, o mejor aún, que Él los realice.
Hacer de verdad
Su Voluntad implica pues, que viviendo en Su Voluntad, sin importar el grado de
profundización que tengamos en Ella, es tener muy presentes cual es el Objetivo
que Él persigue. Los que hace poco viven en Su Volun- tad, pero tiene este
Objetivo en mente, y siguen todas las Sugerencia Amorosas Suyas que les
conducen a la realiza- ción de este Objetivo, hacen de verdad Su Voluntad, y la
hacen igualmente bien, como la hacen los que llevan ya mu- cho tiempo viviendo
en Ella, y siguiendo Sus Sugerencias Amorosas de Acción.
Triste es
decirlo, pero también debemos consignar, que en la opinión de los que preparan
estas Guías de Estudio, que cuando este Objetivo se obscurece, y se dejan de
cumplir las Sugerencias Amorosas de que estudiemos y practique- mos mas para
que ese Objetivo sea cada vez más claro, Él hará para que estas almas abandonen
este Apostolado por sí mismas, y regresen a su estado anterior de “hacer Su
Voluntad”, con el Objetivo que para esas almas tiene.
Dicho todo
esto, en los próximos párrafos, Nuestro Señor Nos habla de las condiciones,
derechos y deberes, en las que estaba
Su Humanidad en la tierra, y como espera que nosotros comprendamos que también
nosotros estamos en iguales condiciones.
(2) Yo era Hombre y Dios, como Dios contenía en Mí todas las felicidades,
bienaventuranzas, bellezas y todos los bienes que poseo. Mi Humanidad por una
parte tomaba parte de mi Divinidad, y por lo tanto era bienaventurada, feliz, su visión beatífica no se le separaba
jamás; - Algo conocemos de la
Unión Hipostá- tica, por algunos de
los Padres de la Iglesia, particularmente San Atanasio y San Irineo, que fueron
los más importan- tes defensores de este Conocimiento de vital importancia para
todos nosotros. Dicho esto, sin embargo, entender completamente la Unión
Hipostática nos resulta imposible. Aquí el Señor destaca dos de Sus
Características más im- portantes, a saber:
1)
Jesús contenía en Él, la plenitud del Ser Divino, o en
Sus Palabras, contenía todas las Felicidades, Bienaventu- ranzas, Bellezas, y
todos los demás Bienes, posibles e imaginables. Esta cohabitación con la
Divinidad hacía que Su Humanidad participara, “tomaba parte” de Su
Divinidad, y de todos esos Bienes que Su Divinidad po- see.
2)
Dice significativamente que “la
Visión Beatifica no se separaba jamás de Su Humanidad”, o sea, que las li-
mitaciones propias de un cuerpo humano, no podían afectarlo. La Divinidad hacia
que la Humanidad de Jesús fuera feliz, exenta de sufrimientos. En el Ámbito de
Su Voluntad, no pueden existir ni sufrimientos, ni infelici- dades, y si las
sufrió, y continúa sufriéndolas, es porque omnipotentemente hace lo necesario
para sentir su- frimiento e infelicidad. Más aun, y esto el Señor lo dice pocas
veces en los Escritos, Él no tenía necesidad real de alimentarse, de dormir,
nunca estaba cansado, y si mostraba estas características humanas lo hacía para
como dice, “evitar el escándalo” que hubiera resultado de un súper-hombre en
medio de aquella sociedad en la que vivía.
(3) por otro lado, habiendo mi
Humanidad tomado sobre Ella la satisfacción de las criaturas ante la Divi- na Justicia, era
atormentada por la vista clara de todas las culpas, y debiendo tomarlas sobre
Ella para satisfacerlas, sentía lo horrible de cada pecado con su tormento
especial, por lo tanto, al mismo tiempo sentía
alegría y dolor,
sentía amor por parte de mi Divinidad, frialdad por parte de las criaturas; santidad por una parte, pecado por la
otra, no había cosa que me escapara, ni aun la más mínima de las que las
criaturas hacían. - En este párrafo,
comienza Jesús a explicar la
“ambivalencia” que estaba siempre
presente en Su Persona. Nosotros,
los que vivimos en Su Voluntad, y estamos aprendiendo de Él estas Intimidades
Suyas, tenemos que empezar a comprender que aunque esta “ambivalencia” es muy real, Jesús es Jesús, y que debemos pensar
en Él como una Persona que trasciende a ambas, a Su Humanidad y a Su Divinidad,
porque solo un ser humano como la que Él llegó a ser, podía alcanzar, en Si
Mismo, todos los Objetivos buscados; a
saber, la Redención del hombre, obje- tivo secundario según Jesús, y la
Santificación de ese mismo hombre en Su Voluntad, el primero de Sus Objetivos
al encarnarse.
Mireya, una de
las señoras participantes en nuestro grupo de estudio, sugirió que lo que
anunciamos en el párrafo anterior, y que discutimos en la clase, parecía como
que Jesús era una “sinergia” de dos elementos principales, Dios y Hombre, y que
el resultado, Jesús, acorde con la definición de sinergia, es más que la suma
de las dos partes.
“Una sinergia (del griego
συνεργία, «cooperación») es el resultado
de la acción conjunta de dos
o más causas, pero
caracterizado por tener un efecto superior
al que resulta de la simple suma de dichas
causas”
Aunque Jesús
puede considerársele como un “efecto” sinergético, los que preparan esta Guía
de Estudio piensan que la relación de Hombre y Dios que sucede en Jesús, es más
bien el resultado de una Relación Simbiótica, porque en la relación simbiótica
hay un mucho de dependencia de un elemento en el otro, y viceversa, aunque también
existe una relación o efecto sinergético.
En la medida en
que esto es posible, debemos también nosotros aprender sobre esta relación,
porque ayuda mucho a entender lo que narraremos en el párrafo 4.
Por un lado
debemos comprender y sentir que estamos en posesión de todos los Bienes
posibles que necesitamos, en la medida en la que esto es posible a nuestra
imperfección; que como Jesús, tomamos parte de Su Divinidad, y de la Visión Beatifica,
por incompleta que pueda parecernos, porque ¿qué es la Visión Beatifica sino la contemplación de lo
que Dios es, de
cómo Actúa, de lo que quiere de nosotros, y de cómo Nos ama? Igual que pasaba
con Él, que crecía en “amor, gracia y sabiduría”, así también nosotros vamos
creciendo en “amor, gracia y sabiduría”, con cada nuevo Conocimiento que
adquirimos, con cada nueva obra que hacemos siguiendo Sus Sugerencias Amorosas.
Cada día que pasa, podemos llegar a parecernos más y más a Su Imagen y
Semejanza; más y más a la imagen de un ser humano merecedor de construir y vivir
en ese Reino de Su Voluntad en la tierra, que Él ha pensado hacer desde siempre
Por otro lado,
debemos comprender y sentir mas y mas los problemas que acarrea el tratar de
conseguir Sus Objeti- vos, y debemos acompañarle en Su Dolor, compartir con Él,
el tormento de las culpas humanas, con sus tormentos especiales, unos más
afectantes que los otros, y ayudarle a satisfacer por todas esas ofensas,
repitiendo con toda comprensión las diversas satisfacciones que Su Infinita
Sabiduría había diseñado. No es tarea fácil la que Nos pide, que de verdad lleguemos a ser como Él,
porque solo con seres como Él, puede Él llegar a ver realizado Sus Objetivos al
crearnos.
No era así como
hubiera querido hacerlo. La parte del Dolor, de la satisfacción por ofensas, no
era parte del Plan Ori- ginal, pero ahora que ha sucedido lo que sucedió, lo
que tenemos es el nuevo Plan, y ya no hay otro.
(4) Ahora, mi Humanidad no es capaz ya de sufrir, por eso en quien hace mi
Voluntad Yo vivo en ella, y ella me sirve de humanidad, por eso el alma siente por una parte amor, paz, firmeza
en el bien, fortaleza y demás; y por la otra parte frialdad, molestias,
cansancio, etc. - Los conceptos expresados en este párrafo 4 son conocidos ya por
capítulos anteriores, pero debemos comprenderlos ahora, bajo esta nueva
comprensión. No se trata ya solamente de vivir a través de nosotros para que Él
consiga Sus Objetivos, sino que Sus Objetivos no pueden alcanzarse sin nosotros’ más aun
necesitan ser alcanzados con unos nosotros que sean semejantes a Él en todo, y
que llegan a ser semejantes a Él, por la acción directa de Su Persona en
nosotros. Un ejemplo quizás nos ayude a enten- der todo esto.
Empezando con
la época del Renacimiento, muchos de los grandes Maestros, pintores,
escultores, etc., abrumados por las
“comisiones” de nuevas obras que recibían de los gobernantes, de la
aristocracia, de la gente rica, llegaron a comprender que les era imposible
cumplir con esas “comisiones”, a menos que desarrollaran muchos discípulos
capa- ces de pintar o esculpir como ellos lo hacían, y así tomaran sobre sí
mismos, la mayor parte de la labor que la “comi- sión” requería, y los
Maestros, por su parte, se reservaban la labor de diseñar la obra y realizar
aquella parte del tra- bajo que solo ellos podían realizar, como las caras, las
figuras más importantes, etc. Así pues, la obra terminada se decía que era del
“estudio de XXX’, y todos los que la habían “comisionado” entendían que no toda
la obra era del Maestro, sino solo la parte más importante y significativa.
Hay dos
preguntas obligadas por este ejemplo. La primera es la siguiente: ¿se sentían
aquellos discípulos disminuidos porque el éxito de su labor artística se
midiera por el grado de semejanza que tenía con la obra del mismo Maestro,
hasta el punto de que nadie podía decir que lo que se veía no era del Maestro?
Por supuesto que no.
La segunda
pregunta obligada es la siguiente. ¿No se sentían incómodos, disminuidos,
explotados, algunos de estos artistas porque su identidad era la del mismo
Maestro? Por supuesto que sí, para perseguir sus propias “carreras”, y llegar a
ser más grandes que el Maestro, pero al hacerlo, aquellos rebeldes a aquella
causa, perdían lo que habían alcanzado, sin llegar a ganar por sí mismos,
aquello que pensaban habían perdido.
La similitud de
nuestro ejemplo con la Realidad que nos ocupa, llega aquí a su fin, porque los
aspectos más importan- tes que se buscaba con el ejemplo ya lo hemos
conseguido. La Labor que Dios se propuso hacer con esta Creación Suya del
hombre, que empieza con Adán, no es labor que quería hacer solo. Podemos
explicarla, sin ser irrespetuosos ni excesivamente audaces, que Dios quería
hacer un experimento distinto que podía “salirle mal”, hasta inconcebible-
mente disgustante, pero que de “salirle bien”, Le daría satisfacciones Nuevas y
totalmente distintas a las ya consegui- das.
(5) Entonces, si el alma se está del todo en mi Voluntad y toma todas esas
cosas no como cosas suyas, sino como cosas que sufro Yo, no se abatirá, sino me
compadecerá y tendrá como un honor que la haga participar de mis penas, porque
ella no es otra cosa que un velo que me cubre, y no sentirá más que las
molestias de las espinas, del hielo, pero es en Mí, en mi corazón en quien
serán clavadas”. – Así pues, si estamos unidos a Él en Su Objetivo, viviendo en Su
Voluntad, debemos comprender que todo lo que Nos sucede, vie- ne dirigido a Él
en realidad, y por tanto, no debemos sufrir personalmente, no debemos dejar que
estas situaciones nos abatan, sino que debemos comprender que todos estos problemas van dirigidos a Él, como cabeza nuestra en el
Reino del Fiat
Supremo. Por supuesto que también nosotros sufrimos, porque somos los que
recibimos el primer im- pacto del sufrimiento, de la ofensa, etc., pero
estaremos alentados y consolados por el hecho de que el Señor las comparte con
nosotros, es más, toma sobre Sí Mismo el peso mayor de la ofensa: El las recibe
completamente, y no- sotros solo recibimos algunos de los efectos molestosos
del problema.
Resumen del capítulo del 25 de Julio de 1915: (Doctrinal) – Página 167 -
Continuando mi
habitual estado me lamentaba con Jesús por sus acostumbradas privaciones, y Él
siempre
benigno me compadecía diciéndome:
“Hija mía, sé valiente,
seme fiel en estos tiempos de tragedias
y carnicerías horrendas, y de amarguras
intensas para
mi corazón”.
Y casi sollozando ha agregado:
“Hija mía, en
estos tiempos Yo me siento como un desventurado: Me siento desventurado con el
herido sobre el cam- po de batalla, desventurado por el que muere en su propia
sangre abandonado por todos, desventurado con el pobre que siente el peso del
hambre, siento la desventura de tantas madres que les sangra el corazón por sus
hijos en la guerra, ¡ah, todas las desventuras pesan sobre mi corazón y por
ellas quedo traspasado! Y de frente a todas estas desventuras veo a la Divina
Justicia que quiere hacer salir en campo el divino furor contra las criaturas,
desgraciada- mente rebeldes e ingratas, y además, ¿quién te puede decir cuán
desventurado soy en el amor? ¡Ah, las criaturas no me aman, y a tanto amor mío
soy correspondido con repetidas ofensas!
Hija mía, en
tantas desventuras mías, en vez de consolar quiero consuelo, quiero las almas
que me aman en torno a Mí, que me hagan fiel compañía, y todas sus penas me las
den a Mí para alivio de mis desventuras y para implorar gracia a los pobres
desventurados, y según me sean fieles las almas en estos tiempos de flagelos y
de desventuras, cuando la Divina Justicia se haya aplacado, recompensaré a las
almas que me han sido fieles y han tomado parte en mis desventuras”.
* * * * * * *
Estamos en los
primeros meses de la Primera guerra mundial, los meses de mayor crueldad, en
los que todavía se está jugando a la
guerra, pero ya se experimentan las primeras realidades de las atrocidades que
se están cometien- do. Los muertos se apilan en los campos de batalla, los
hospitales se van llenando, los médicos y enfermeras no dan abasto para
remediar en algo la situación, y el Señor sufre por todo esto, que nosotros
mismos estamos haciendo que suceda. Eso fue entonces, eso es ahora.
Todos los capítulos que siguen, hasta el
del 14 de Agosto de 1915,
reflejan esta realidad de la
guerra en toda su mag- nitud, y nos es difícil comentar
porque, ¿qué podemos añadir? Sin embargo, aun en medio de estos capítulos en
los que la guerra y la Justicia Divina tienen un papel predominante, Nuestro
Señor continúa con Lecciones y Conocimien- tos sobre Su Voluntad, que debemos
extractar y estudiar.
Y, preguntarán los lectores,
¿cuál es la Lección de Su Voluntad que el Señor quiere darnos en este
capítulo? Pues sen- cillamente
quiere que, comprendiendo verdaderamente la situación que describe, tomemos la
acción correcta, respec- to de cualquier calamidad que suceda.
Examinemos todo
esto con cuidado; primero, desde el punto de vista convencional, o sea, el
punto de vista que te- níamos antes de conocer esta Vida en Su Voluntad a la
que renacemos.
El punto de
vista convencional dice que debemos rezar y pedir para que los horrores de esta
guerra, o los de otra calamidad grande cualquiera objeto de nuestra oración, se
acaben; que los que sufren dejen de sufrir, que los que están muriendo dejen de
morir, que los que mueren se salven, que se restablezca la paz entre los
combatientes; en fin, rezamos y pedimos para que lo que está sucediendo
termine, sus efectos mínimos, y se restablezca la armonía que existía anteriormente.
Dicho esto, leamos de nuevo lo que el Señor dice, y preguntamos: ¿Dice Él,
o ruega Él por lo mismo que nosotros creemos
debemos rezar y pedir? Nos parece que no. Dice, de entrada,
que Él se siente “desventurado”. ¿Por qué el
Señor utiliza la palabra “desventura” para indicar Su “estado de ánimo”? De todas las posibles palabras,
¿por qué usa
ésta?
Una persona
desventurada, dice el Diccionario, es una persona sin felicidad, y más aun,
implica que esta infelicidad o desventura es producto de una situación sobre la
que no tiene control. En un curioso juego de palabras, y de utiliza- ción de
palabras, el Diccionario dice que
hay otra palabra afín, que es la
palabra “aventura”, que se ha
formado de las palabras “a la ventura”, o sea, que cuando nos lanzamos a una
“aventura”, todos entendemos que nos estamos co- rriendo un cierto riesgo,
porque el resultado es incierto, y esta incertidumbre provoca siempre ansiedad
y preocupa- ción, e infelicidad o desventura. Nuestro Dios ha corrido y
continuará corriendo una aventura con nosotros, y esta aventura Le salió “mal” con Adán, y continúa
saliéndole “mal” con cada
uno de nosotros. Y, de nuevo,
preguntarán los lectores, ¿Cuál es la
aventura que está corriendo Nuestro Señor con nosotros? Pues muy fácil. La
aventura es: ¿Estas criaturas mías, harán o no harán Mi Voluntad?
El fallo de
esta Aventura provoca desventura, y es desventura que no puede ser eliminada
eliminando la causa de la desventura, sino que solo puede ser “resuelta”
cubriendo con acciones contrarias, con reparaciones, los efectos de nuestras
acciones. Dicho de otra manera. Normalmente, no nos elimina a nosotros que
obramos mal, que somos la causa de que su aventura
haya salido mal, sino que elimina o resuelve los efectos de
nuestras acciones con reparacio- nes
efectivas.
Todo esto que
estamos describiendo, esta imposibilidad que Él mismo se ha impuesto, de
resolver el problema hu- mano de raíz, culmina en el capítulo del 14 de Agosto
de 1915, que ya leeremos con todo cuidado en su momento.
Ahora bien. Una vez que ha declarado Su Desventura por lo que sucede, ¿Qué Nos pide el Señor?
Dice que:
1)
“Hija mía, en tantas desventuras mías, en
vez de consolar quiero consuelo,
2)
quiero las almas que me aman en torno a Mí, que me hagan fiel compañía,
3)
y todas sus penas me las den a Mí para alivio de mis desventuras y para implorar
gracia a los pobres des-
venturados, “
Y
finalmente dice que “según me sean fieles las almas en estos tiempos
de flagelos y de desventuras, cuando la Di- vina Justicia se haya aplacado,
recompensaré a las almas que me han sido fieles y han tomado parte en mis
desven- turas”.
Resumiendo:
Nuestro Señor quiere oraciones de consuelo por Su Desventura, y con eso no solo
lo consolamos por las desventuras que otros Le están causando en ese momento,
sino por las desventuras que nosotros Le hemos causado en algún momento de
nuestras vidas. Quiere oraciones cuyo único interés sea el de hacerle compañía
en estos mo- mentos en que se siente desventurado, y por ultimo quiere le
ofrezcamos nuestras penas para reparar, para cubrir las penas que sus “otras”
desventuras Le están causando en esos momentos, y que imploremos gracias de
conversión para esos otros hermanos que tanto la necesitan.
Si una cosa
aprendemos en esta Vida en Su Voluntad, es que a Su Justicia nadie puede
detenerla, cuando, como dice Él, “sale en campo” a hacer Su Labor. Que Dios Nos perdone, por lo que decimos, pero
parece que es como un toro de lidia cuando sale al ruedo, que lo
único que le queda a todos los participantes, es “torearlo”, porque está en el
ruedo y de ese ruedo en el que entró, ya no hay quien lo saque.
Resumen del capítulo del 28 de Julio de 1915: (Doctrinal) – Página 168 -
Repetía mis lamentos con Jesús diciéndole:
“¿Cómo me has dejado?
Me prometiste que todos los días, al menos una vez vendrías, y hoy ha pasado la mañana, el día está terminando y aún no vienes. Jesús, que desgarro es tu privación, que muerte continua, pero a pesar de todo estoy abandonada del todo en tu Voluntad, es más, te ofrezco esta tu privación como Tú me enseñas, para dar la salvación a tantas otras almas por cuantos instantes
estoy privada de Ti Las penas que sufro mientras
estoy privada de Ti, las pongo como corona
en torno a tu corazón,
para impedir que las ofensas
de las criaturas entren en tu cora-
zón, y para impedirte a Ti que condenes a alguna alma al infierno. Pero con todo esto, ¡oh! mi Jesús,
la naturaleza me la siento trastornar, e incesantemente te llamo, te busco, te suspiro.”
Mientras estaba
en esto, mi amable Jesús me ha puesto sus brazos alrededor de mi cuello, y
estrechándome me ha dicho:
“Hija mía, dime ¿qué deseas, qué quieres hacer,
qué amas?”
Y yo:
“Te deseo a Ti, y que todas las almas se salven; quiero hacer tu Voluntad y te amo a Ti solamente”.
Y Él:
“Así que deseas lo
que quiero Yo, con esto me tienes en tu propio
puño, y Yo a ti, ni tú puedes desunirte de Mí, ni Yo
de ti. ¿Cómo dices
entonces que te he dejado?”
Luego ha agregado con acento tierno:
(A) “Hija mía, quien hace mi Voluntad
está tan fundido Conmigo, que su corazón y el mío forman uno solo, y como todas las almas que se salvan se salvan por medio de este corazón, y conforme se forma el latido
así toman el vuelo a la salvación saliendo
de la boca de este corazón, así
que daré al alma el mérito de aquellas almas salvadas, porque ha querido ella junto
Conmigo la salvación de aquellas almas y por haberme servido de ella como vida
de mi propio cora- zón”.
* * * * * * *
Es obvio que
Luisa aprende las lecciones rápidamente, pero no las aprende necesariamente
completas. Dice que ella quiere ofrecer sus penas “para impedir que las ofensas
de las criaturas entren en tu corazón”, lo cual es en línea con
lo que el Señor quiere, pero de inmediato dice que también las ofrece “para impedirte a Ti que condenes a alguna alma al
infierno.”, y ya eso no es correcto, porque el Señor no condena a nadie,
sino que nos condenamos nosotros mismos con nuestras acciones pecaminosas graves
y no arrepentidas.
Dicho
esto, sin embargo, Luisa continua pidiéndole algo, que “redondea” aquello que
Le pide, y Nos pide, que haga- mos en estos tiempos de desventura. Dice Luisa: “Te deseo a Ti, y que todas las almas se salven; quiero hacer tu Vo- luntad y te amo a Ti solamente”.
A todo esto Jesús responde
de inmediato: “Así que deseas
lo que quiero Yo, con esto me tienes en tu propio
puño, y Yo a ti,”
Así pues a la lista de 3 “cosas” que debíamos pedirle en estos tiempos de
desventura, debemos añadir esta cuarta “cosa”, a saber, que “todas las almas se salven”.
Dicho todo
esto, llegamos ahora al último párrafo de este importante capítulo doctrinal
que es de una belleza extraor- dinaria, de una trascendencia única porque, como
veremos, asocia indisolublemente a los que viven en Su Voluntad, con la tan
súper importante tarea de salvar almas, con lo que repite aquello de que: “sin
que al parecer hacemos na- da, lo hacemos todo”.
(1) Hija mía, quien hace mi Voluntad está tan fundido Conmigo, que su
corazón y el mío forman uno solo, - Es necesario establecer las “bases” de esta
Revelación tan grandiosa. Como siempre hemos dicho, en el Len- guaje de Nuestro
Señor, Su Corazón representa a Su Persona Total, pudiéramos decir sin temor a
equivocarnos que Nuestro Señor visualiza Su Corazón como el Centro de todo,
literalmente todo. En ese Corazón, está el “resto” del Ser Divino que aunque
está fuera de Él, también reside plenamente bilocado en Él; en ese Corazón está
toda la Creación; están todas las almas, las que están por nacer y las que han
nacido; en ese Corazón está el Cielo de Su Humanidad, con todas las almas que
se han salvado y se salvan; también están todas las que se han condenado al
infierno, y se siguen condenando, porque el infierno, relegado a un lugar bien
obscuro también se encuentra en Él; y por último, también está el Purgatorio,
con todas las almas que eventualmente estarán con Él.
(2)
y como todas
las almas que se salvan, se salvan por medio de este corazón, - Una vez que
entendemos el rol de Su Corazón en la Actividad de Jesús, entendemos también
que todas las almas que deciden salvarse, porque se adhieren a Él, se
acogen a Su Redención, y mueren “confirmadas en Su Gracia”, se salvan
por medio de Jesús, porque Él las acoge en Su Corazón y las salva. Ahora bien,
aunque nos adelantamos, recordemos que Nos ha dicho, que nuestro corazón es uno
con el Suyo, y por tanto estamos presentes en la acción salvífica de Su
Corazón.
(3)
y conforme
se forma el latido así toman el vuelo a la salvación; - esta visualización
de que en cada latido del Corazón de Jesús, se están salvando almas, es una
imagen imperecedera; pero es más bella aun, si llegamos a ver, cómo miles y miles de seres humanos
que mueren, “toman el vuelo a la salvación”. El Señor lo
va a explicar mejor en el próximo párrafo, porque todo el que comprende la
labor que realiza el corazón bombeando la sangre hu- mana, puede apreciar
cabalmente el proceso. El milagro del corazón humano tiene un punto solo, como
ya el Señor Nos ha explicado
en otros capítulos, y ese punto solo es la contracción del ventrículo izquierdo, la apertura de la válvu- la aortica, y la expulsión de la
sangre oxigenada a través de la arteria aorta a todo el cuerpo.
(4)
saliendo de
la boca de este corazón, - Nuestro Señor identifica esta contracción del
ventrículo izquierdo y la expulsión de la sangre con estas palabras: “saliendo de la
boca de este corazón”, porque así como la vida humana sale literalmente por
la “boca del corazón” que es el ventrículo izquierdo, así del ventrículo izquierdo
del Corazón de Jesús, salen a la vida eterna las almas que se salvan.
(5) así que daré al alma el mérito
de aquellas almas salvadas, - Dice que Nos da a todos los que vivimos en Su
Voluntad el mérito de aquellas almas salvadas; es decir, de haber contribuido a
que esas almas se salven. Para nosotros, este es el párrafo
cumbre de estas 4 o 5 líneas. La Promesa del Señor es tan inconcebible
como inesperada.
¿Podemos estar preocupados por nuestra salvación personal después de esto?
En nuestra vida en Su Voluntad, aun antes de saberlo, pero ahora más que lo
sabemos, hemos estado y continuaremos salvando almas, y por tanto, tam- bién sin saberlo,
hemos estado salvando la nuestra continuamente; o es que se nos ha olvidado
la promesa del Señor: “Aquel que salva un
alma, salva la suya”.
El Señor
Nos ha estado regalando, sin que lo supiéramos, nuestra
misma salvación porque
hemos aceptado vivir
en Su Voluntad, y todo el que
vive en Su Voluntad, une también, inevitablemente, su corazón al de Jesús. Nos
regala nues- tra salvación de la manera más bella posible, por el mero hecho de
aceptar ser sus colaboradores en la
Magna Obra de la Venida del Reino.
(6) porque ha querido ella junto Conmigo la salvación de aquellas almas, - Termina el Señor diciéndonos que hemos querido la salvación de aquellas
almas. Como de costumbre, habla como si hubiéramos querido y hubié- ramos estado
salvando almas desde
el primer instante en que comenzamos a vivir en Su Voluntad, pero hasta hoy que
leemos este capítulo no lo sabíamos; y es que para Jesús, ahora que lo sabemos,
resulta que siempre lo hemos sabi- do, y por tanto, siempre las hemos estado
salvando.
(7) Y por haberme servido de ella como vida de mi propio corazón. – el único mérito que tenemos en todo el
proceso, y que tampoco sabíamos estábamos adquiriendo, es el mérito de haberle
prestado a Jesús nuestra propia vida, nuestro propio corazón, para que Su
Corazón a través del nuestro, y en unión al nuestro, pudiera realizar esta Labor de Salvación.
Resumen del capítulo
del 12 de Agosto de 1915: (De diario)
– Página 170 –
Encontrándome en mi habitual
estado, mi siempre
amable Jesús ha venido por poco tiempo
diciéndome:
“Hija mía, qué
duros son los pueblos. El flagelo de la guerra no basta, la miseria no es en
dosis suficiente para rendir- los, así que quieren ser tocados en su propia
piel, de otra manera no se llega a hacerlos reaccionar. ¿No ves como triunfa la
religión sobre el campo de batalla? ¿Y por qué? Porque son tocados en su propia
piel, he aquí la necesidad de que no haya pueblo que no sea tomado en la red,
quién de un modo, quién de otro, pero casi todos quedarán ex- puestos a ser
tocados en su propia piel. Yo no quiero hacerlo, pero su dureza me obliga”.
Y al decir esto
Jesús lloraba, yo lloraba junto con Él y le pedía que hiciera que los pueblos
se rindieran sin derrama- miento de sangre y que todos se salvaran. Y Jesús:
“Hija mía, en
la unión de nuestros quereres quedará todo encerrado, tu voluntad correrá junto
con la mía e impetrará gracia suficiente para salvar a las almas, tu amor
correrá en el mío, y tus deseos, tu latido, correrá en el mío y pedirá con un latido
eterno almas. Todo esto formará una
red en torno a ti y a Mí, y quedaremos como entretejidos dentro, y
esto servirá como baluarte de defensa, que mientras me defenderá a Mí, quedarás
también tú defendida de cualquier peligro. Cómo me es dulce sentir en mi latido
un latido de criatura que dice en el mío: “¡Almas, almas!” Me siento como
encadenado y vencido, y cedo”.
* * * * * * *
En este
capítulo, el Señor abunda en el anterior, particularmente en lo que representa
la unión de los Quereres, el Suyo y el de Luisa, y el nuestro, y como esa
unión, cada vez más fuerte, consolida el trabajo de salvar almas. Este trabajo
de salvar almas, de que debemos ayudarle a salvar almas ya lo conocíamos antes
de vivir en Su Voluntad, pero la
diferencia entre antes y ahora es muy sencilla. Antes contribuíamos a la
salvación de los demás, con nuestro ejemplo, nuestras buenas obras virtuosas,
nuestra evangelización, y debemos pensar que de verdad ayudábamos. Ahora, las
salvamos y con mayor efectividad, pero no por lo que hacemos, sino en virtud de
que estamos unidos con Él en Su Voluntad,
y aunque sea Él el que las salva,
Él Nos da la meritos como
si nosotros las salváramos. Y
todo esto, simplemente, porque nos hemos unidos a Él, en la Vida en Su
Voluntad.
Esta
unión “formará
una red en torno a ti y a Mí, y quedaremos como entretejidos dentro, y esto
servirá como ba- luarte de defensa, que mientras me defenderá a Mí, quedarás
también tú defendida de cualquier peligro.” Más interesante aun, es que
al unirnos así con Él, Él siente en cada latido de Su Corazón, a nuestro
corazón que le dice: “Almas, almas”, y este constante murmullo
nuestro, “Le
encadena y Le vence”.
Resumen del capítulo del 14 de Agosto de 1915: (Doctrinal) – Página 171 -
Continuando mi
habitual estado, Jesús ha venido, y estaba tan cansado y extenuado, que Él
mismo me ha llamado a besar sus llagas y secarle la sangre que por todas partes
de su Santísima Humanidad le escurría.
Después de haber repasado
todos sus miembros haciendo varias adoraciones y reparaciones, mi dulce Jesús aliviado y apoyándose en mí me ha dicho:
“Hija mía, mi
Pasión, mis llagas, mi sangre, todo lo que hice y sufrí, está todo en medio a
las almas en continuo acto, como si ahora mismo obrara y sufriera, y me sirven
como puntales para apoyarme y como puntales para que se apo- yen las almas para no
caer en la culpa y salvarse. Ahora,
en estos tiempos
de flagelos Yo estoy
como una persona que vive en el aire, que le falta el piso
bajo los pies y entre continuos choques, la Justicia me golpea desde el Cielo,
las criaturas con la culpa desde
la tierra. Ahora,
por cuanto más el alma se está
en torno a Mí
besándome las llagas, repa- rándome,
ofreciendo mi sangre, en un palabra, rehaciendo ella lo que Yo hice en el curso
de mi Vida y Pasión, tantos otros puntales forma para poderme apoyar y no
dejarme caer, y más se ensancha el círculo donde las almas encuen- tran el apoyo
para no caer en la culpa y salvarse. No te canses hija mía de estar en torno a Mí, y
de repetir, y volver a repetir tu recorrido por mis
llagas, Yo mismo te suministraré los pensamientos, los afectos, las palabras,
para darte el campo de estarte en torno a Mí. Seme fiel, los tiempos apremian,
la Justicia quiere desplegar su furor, las criaturas la irritan, es necesario
que se multipliquen más los puntales, así que no falles en esta obra”.
* * * * * * *
(1) Hija mía, mi Pasión, mis llagas, mi sangre, todo lo que hice y sufrí, está todo en medio a las almas en
continuo acto, como si ahora mismo obrara y sufriera, - Destacamos este primer
párrafo que sirve de funda- mento a todo el capítulo. Este Conocimiento de que
Su Pasión está en acto de ser realizada continuamente, es un Conocimiento que
conocíamos, pero que en este volumen 11, lo reafirma con gran precisión y
autoridad.
(2) y me sirven como puntales para apoyarme y como puntales para que se
apoyen las almas para no caer en la culpa y salvarse. – Nos da un Conocimiento muy
interesante. Dice que al estar Su Pasión en acto conti- nuo de realizarse, Le
da también un apoyo continuo para continuar realizando la labor Redentora
realizada en el tiem- po, pero igualmente necesaria ahora. Este Conocimiento,
que por conocido ya no le damos importancia, es algo que muchos cristianos,
particularmente nuestros hermanos separados no pueden entender. Para ellos, la
Redención ya ha sido hecha y terminada; para nosotros, según dice el Señor, la
Redención está en acto de ser realizada siempre, y nunca quedará completa hasta
el fin de los tiempos, porque es necesario que se continúe haciendo siempre,
para que alcance a todos y se actualice en cada uno, y a cada instante, la
Redención ya ganada.
Pero esto no es todo. Para aquellos que ya ha llegado la Salvación, también es necesario
que esta Pasión continúe
llegando, porque Su Pasión provee a todos “puntales en los que apoyarse para
no caer en la culpa y salvarse”.
(3) Ahora, en estos tiempos de flagelos Yo estoy como una persona que vive
en el aire, que le falta el piso bajo los pies y entre continuos choques, la
Justicia me golpea desde el Cielo, las criaturas con la culpa desde la tierra. Una de las consecuencias, totalmente insospechada, y
de nuevo, difícil de aceptar para mu- chos, es que Jesús se ve a Sí Mismo como que
“zarandeado” de un lado para otro; recibe golpes de la Justicia Divina que,
desde el Cielo, percibe a Jesús como un obstáculo para restablecer el
equilibrio perdido, y trata de removerlo. Y recibe golpes de las criaturas, que
continuamente Le ofenden, y muchos si pudieran, volverían a matarlo. Toda esta
situación es particularmente aguda en lo que el Señor llama “tiempo de
flagelos”, o sea, tiempo en el que una guerra generalizada, provoca grandes
castigos, grandes flagelos en la humanidad.
(4) Ahora, por cuanto más el alma se está en torno a Mí besándome las
llagas, reparándome, ofreciendo mi sangre, en un palabra, rehaciendo ella lo
que Yo hice en el curso de mi Vida y Pasión, tantos otros puntales forma para
poderme apoyar y no dejarme caer, y más se ensancha el círculo donde las almas
encuentran el apoyo para no caer en la culpa y salvarse. - Impresionante descripción de
lo que está sucedien- do con nosotros, los que vivimos en Su Voluntad y
conocemos de estas Intimidades del Señor. Comprendamos que antes de Luisa,
Nuestro Señor estaba solo, sufriendo el embate, el zarandeo de la Justicia
Divina y los pecadores, sin ayuda alguna, sin apoyo alguno, por lo que Su Dolor
y Sufrimiento era muchísimo mayor. Cierto es, que ha habido muchos santos y
santas que han estado a Su Lado, acompañándolo, pero como Nos dice, una y otra
vez, la ayuda de estos es insuficiente, porque al no haber vivido en Su
Voluntad, no podían ayudarle de verdad.
(5) No te canses hija mía de estar en torno a Mí, y de repetir, y volver a
repetir tu recorrido por mis lla- gas, - No podemos cansarnos de acompañarle en la
Pasión diariamente, porque este problema que resolvemos acompañándolo no Le da
tregua, no lo abandona nunca, y solo nosotros podemos ayudarle con toda
efectividad.
(6) Yo mismo te suministraré los pensamientos, los afectos, las palabras, para darte el campo de estarte en torno a Mí. - Nuestra reacción en este
estudio, meditación y reparaciones diarias, será muy diversa; alternará entre
periodos de gran tristeza, otros de gran devoción, otros quizás de
indiferencia, pero en todo estará Su Mano, que
provocará en nosotros lo que Él quiera provocar en esos momentos para darnos a
cada uno “el campo de estarte en torno a Mí”. Lo importante es hacerlo, no como
nos sentimos haciéndolo, porque eso es lo que interesa.
(7) Seme fiel, los tiempos apremian, la Justicia quiere desplegar su furor,
las criaturas la irritan, es ne- cesario que se multipliquen más los puntales, así que no falles en esta obra. – No es necesario añadir nada a este Apremio del Señor. No debe quedarnos la menor duda de lo
necesario que es, acompañarlo todos los días, en esta Pasión Suya, porque “los
tiempos apremian”, y la Venida del Reino se hace mas inminente.
Resumen del capítulo
del 24 de Agosto de 1915: (Doctrinal) - Página 172 - La Imagen y Semejanza con Jesús
-
Continuando mi habitual estado,
en cuanto vino mi siempre
amable Jesús yo le he dado un beso diciéndole:
“Mi Jesús, si me fuera posible
quisiera darte el beso de todas las criaturas, así contentaría a tu amor trayéndolas todas a
Ti”.
Y Jesús:
(A) “Hija mía, si quieres darme
el beso de todos, bésame en mi Voluntad, porque mi Voluntad conteniendo la
virtud creadora, contiene la potencia de multiplicar un acto en tantos actos por cuantos se quieran, y así me darás el conten- to como si todos me besaran, y tú
tendrás el mérito como si por todos me hubieras hecho besar, y todas las
criaturas tendrán sus efectos según sus propias disposiciones.
Un acto en mi
Voluntad contiene todos los bienes posibles e imaginables. Una imagen la
encontrarás en la luz del sol: La luz
es una, pero esta luz se multiplica en todas las miradas de las criaturas; la
luz es siempre una y un solo acto, pero no todas las miradas de las criaturas
gozan la misma luz, algunos, de vista débil tienen necesidad de ponerse la mano
sobre los ojos para no sentirse cegar por la luz; otros, ciegos, no la gozan en
nada, pero esto no por defecto de la luz, sino por defecto de la vista de las
criaturas. Así hija mía, si tú deseas amarme por todos, si lo haces en mi Vo-
luntad, tu amor correrá en Ella, y llenando de mi Voluntad el Cielo y la tierra
me sentiré repetir tú te amo en el Cielo, en torno a Mí, dentro de Mí, en la
tierra, y en todos los puntos se multiplicará por cuantos actos puede hacer mi
Vo- luntad. Por lo tanto puedes darme la satisfacción del amor de todos, porque
la criatura es limitada y finita, en cambio mi Voluntad es inmensa e infinita.
(B) ¿Cómo se pueden explicar
aquellas palabras dichas por Mí al crear al hombre: “Hagamos al hombre a
nuestra imagen y semejanza?” ¿Pero cómo la criatura, tan inhábil podía
asemejarme y ser mi imagen? Sólo en mi Voluntad podía llegar a esto, porque haciéndola suya viene a obrar a lo
divino, y con la repetición de
estos actos divinos viene a
asemejarse a Mí, a volverse mi perfecta imagen. Sucede como al niño que con
repetir los actos que ve en el maestro, se asemeja al maestro. Así que la única
cosa que hace asemejarse a la criatura a Mí, es mi Voluntad, por eso tengo
tanto interés en que la criatura, haciéndola suya, cumpla la verdadera
finalidad por la cual ha sido creada”.
* * * * * * *
Este capítulo
Nos trae dos Conocimientos de gran importancia, y de los que hemos hablado con
frecuencia en las cla- ses. Es la primera vez, cronológicamente hablando, que
el Señor los discute, y por tanto Nos sirven de confirmación a lo que ya hemos
anunciado.
El
primero de los Conocimientos viene anunciado cuando dice: “porque mi
Voluntad conteniendo la virtud creadora, contiene la potencia de multiplicar un
acto en tantos actos por cuantos se quieran”.
El segundo de los
Conocimientos viene anunciado cuando dice: “¿Pero cómo la criatura, tan inhábil podía
asemejar- me y ser mi imagen? Sólo en mi Voluntad podía llegar a esto, porque
haciéndola suya viene a obrar a lo divino, y con la repetición de estos actos
divinos viene a asemejarse a Mí, a volverse mi perfecta imagen.”
Pero, estudiemos el capítulo con el cuidado
habitual, empezando con el Bloque (A).
(1)
Hija mía, si quieres darme el beso de todos,
bésame en mi Voluntad, porque mi Voluntad contenien- do la virtud creadora, contiene la potencia de multiplicar un acto en tantos
actos por cuantos
se quieran,
- Solamente Luisa, viviendo en Su
Voluntad, y ahora nosotros, puede lograr que suceda lo que el Señor describe
tan preciosamente, porque así está decretado que suceda.
Si Luisa dice,
o nosotros, que quieren que sea su intención que las criaturas todas besen al
Señor, eso mismo ocurre. Luisa ha expresado duda, o más bien desconocimiento,
de que puede hacerlo, y el Señor obviamente aquí Le dice, que en efecto ocurre lo que ella ha
querido.
Sin
embargo, no solo Le dice que ocurre, sino que el Señor Le explica como sucede
esta maravilla. Dice el Señor que la
Divina Voluntad “contiene la potencia de multiplicar un acto
en tantos actos, por cuantos
se quieran”. Ante la peti-
ción o
intención de Luisa, de que su beso original Le sea también dado por el resto de
los millones de criaturas que existen, como ella lo pide en Su Voluntad,
viviendo en Ella, Su Voluntad accede a la petición, y como puede hacerlo, Su Voluntad multiplica el acto original de
Luisa, en este caso el beso, y Jesús recibe el beso de Luisa mas el beso
de todas las criaturas que existen en ese momento.
Resumiendo un
poco. Para que suceda lo que el Señor dice sucede, tienen que estar presentes
los siguientes elemen- tos: a) Una criatura que viva en Su Voluntad, b)
esa criatura debe conocer que está autorizada y capacitada para ha- cer
un acto de carácter universal, c) esa criatura debe querer, debe tener la
intención, de hacer universal, el acto que se propone hacer.
Las primeras
dos condiciones se satisfacen con toda rapidez, puesto que este Conocimiento de
que la criatura vive en Su Voluntad, desde
el primer momento
en que declara interés en conocer
sobre Su Voluntad, es de los primeros cono- cimientos que se Le imparten a
todos los que asisten a las clases. Además de esto, a todos se les imparte lo
más rápi- damente posible, este Conocimiento de que estamos autorizados y
capacitados para hacer actos universales. Nos quedaba por saber, y ahora
sabemos en este capítulo, que el Señor tiene gran urgencia de que
querramos tener la intención de multiplicar al infinito, nuestros actos en Su
Voluntad.
(2)
y así me
darás el contento como si todos me besaran, - La urgencia
que el Señor tiene de que aproveche- mos esta Prerrogativa que Nos da, al vivir
en Su Voluntad, por múltiples razones, que explica en numerosos capítulos. Aquí
la razón que Nos da, es la de que Le “damos contento”, y ya
sabemos por otros capítulos y por la misma defini- ción de “contento”, que con
este acto universal, “satisfacemos todos Sus Deseos”, y esto provoca una
grande, Divina Felicidad.
(3) y tú tendrás el mérito como si por todos me hubieras hecho besar, - Como recompensa, Luisa y nosotros,
recibe el “merito” o premio, al hacer posible que, efectivamente, todas las
criaturas Le estén besando en el mismo instante en que Luisa, y nosotros, Le
besa; y todo esto, de nuevo, porque hemos querido que así suceda.
No pensemos con temor, con dudas, o como dice el Señor, “como
una manera de hablar”, sino que debemos creer con fe profunda, con
“la intima persuasión de la verdad” de que esto está ocurriendo, y de que Nos
están dando el merito de lo que está ocurriendo.
(4) y todas las criaturas tendrán sus efectos según sus
propias disposiciones. - Pero la
situación no ha ter- minado aun. Dice el Señor que además de todo lo que ya ha explicado, lo que
Luisa ha hecho, y Su Voluntad ha repe- tido por cuantas criaturas existen,
tiene otro efecto importantísimo, y es la de dar a cada criatura, que Le ha
besado, los Bienes que ellas hubieran recibido, si ellas, en verdad, Le
hubieran besado por ellas mismas. Como ya sabemos, todo acto que hacemos libera
Bienes, físicos, espirituales y sobrenaturales, propios del acto, y que
pertenecen a la criatura que los hace. Pues, aquí dice el Señor, aunque todas
las criaturas reciben Bienes, porque Él
considera que todas Le han besado, no todas reciben el máximo de los beneficios
de ese acto, y que todo depende de la condición espiritual de cada una de las
criaturas, o sea, “de sus propias disposiciones”.
Pero esto no es
en realidad todo. Cada acto iniciado por Luisa en Su Voluntad, además de
todos los efectos ya expli- cados, tiene
un efecto importantísimo que aplica a todos por igual: cada acto “arranca” del Señor un llamado a la con- versión para todas las criaturas; algunas
sentirán este llamado a conversión con más fuerza que otras, pero todos lo
recibimos porque todos necesitamos de este constante reclamo a convertirnos
al Señor. En alguno de nosotros, este reclamo a conversión nos llevará a sentir más amor hacia Él, las almas de los más tibios mejorarán y así reaccionen y se
enfervoricen más. A los no convertidos, les llegarán noticias de Dios, y
sentirán más inclinación y atención a escu- char lo que está disponible para
ellos en las iglesias, por la radio y televisión.
Este es un
punto difícil de entender, porque muchos pueden pensar que las criaturas que
están en Gracia de Dios, y viven consistentemente en Su Gracia, no necesitan de
conversión como tal. Lo que se nos olvida de continuo es que este estado de
Gracia no está garantizado por Dios, no se nos ha entregado en perpetuidad, no
podemos “dormirnos en los laureles”, porque constantemente también, estamos
siendo asediado por fuerzas muy superiores a las del hom- bre “dejado a su
suerte”, fuerzas que persiguen nuestra caída y destrucción. A cada instante de
nuestras vidas, lite- ralmente hablando, se hace necesario que ocurra esta
renovación de conversión, este deseo de estar y vivir con Él, y esto solo se
logra, si Él Mismo, también constantemente, Nos envía Gracias de Conversión que
solidifiquen, instante por instante, nuestro estado de Gracia. Es difícil
explicar lo que sucede en una mente humana, pero los que viven en Su Voluntad
saben, que en sus mentes
alternan pensamientos y sentimientos que van de lo más sublime contem-
plando la
Belleza de estos Escritos, a lo más básico, aquello que los antiguos llamaban
el santo temor de Dios, y que ya no nos abandona, porque todo este edificio grandioso
que busca construir en nosotros, tiene que estar anclado continuamente sobre
roca solida.
Digamos todo
esto de otra manera. No es difícil entender como las criaturas que viven consistentemente
en Gracia de Dios, pueden recibir estos Bienes que generan un acto hecho por
otra criatura en Su Voluntad, pero la pregunta obli- gada, sin embargo, es: ¿qué Bienes
puede percibir una criatura que vive
en pecado mortal,
y que por tanto está en las peores disposiciones espirituales
posibles?
Contestándola
rápidamente podemos decir que esa criatura y otras en estado similar, reciben, al
menos, el Bien, la Gracia de Su Conversión. Así pues resulta que la
universalidad de nuestra acción, logra Gracias de Conversión para criaturas que de otra manera no podrían
recibirla, y todo, claro está, porque la Generosidad de Nuestro Señor no pue- de dejar sin recompensa a nuestra acción que se
ha hecho universal por haber sido hecha en Su Voluntad. Para re- dondear el
concepto, entendamos también, que estas Gracias de Conversión dispensadas a las
criaturas antes de Lui- sa, han sido dispensadas anticipadamente, como “ventas
al crédito”, porque eventualmente el Señor sabía que ha- brían almas que
viviendo en Su Voluntad harían actos universales, que Él aprovecharía para dar dichas
Gracias de Conversión a los que las necesitaban.
(5) Un acto en mi Voluntad
contiene todos los bienes posibles e imaginables. – Jesús Le dice a Luisa que un
acto hecho en Su Voluntad, como lo es este acto de querer que todas las
criaturas besen a Jesús, contiene en sí mis- mo, no solo los Bienes propios a ese acto de
besar, sino que contiene todos los Bienes
que Dios contiene en Si Mismo. Su Voluntad, que es la vida de
Dios Mismo, cuando quiere dar, da todo lo que Ella contiene, no raciona nada,
porque aunque todo lo de, nada pierde, porque es fuente inagotable de todos los
Bienes.
Más aun, recordemos que en el volumen 19, en el capítulo de la “indivisibilidad de la Luz del Divino Querer”, Jesús Nos da un Conocimiento extraordinario.
Cada acto realizado en Su Voluntad, sea por Él, o sea por Luisa y nosotros, es
un Sol de Luz nuevo que se añade a la ya existente Luz de la Voluntad Suprema.
Esta Luz que generamos, vuela hacia la Divina Voluntad para unirse a Ella, y
con esto logra que Su Luz se vuelva más brillante, más compacta, más intensa.
(6)
Una imagen
la encontrarás en la luz del sol: La luz es una, pero esta luz se multiplica en
todas las miradas de las criaturas; - En el
párrafo anterior enfatizaba la intensidad de la Luz, y la totalidad de Bienes
que esa Luz de Su Voluntad
contiene, y ahora enfatiza que esta Luz de Su Voluntad
es “una”,
como “una” es la Luz del Sol que Nos alumbra, pero que como la del
sol, Su Luz se multiplica, se extiende, para que todas la vean.
(7) la luz es siempre una y un solo acto, pero no todas las miradas de las
criaturas gozan la misma luz; algunos, de vista débil tienen necesidad de
ponerse la mano sobre los ojos para no sentirse cegar por la luz; otros,
ciegos, no la gozan en nada, pero esto no por defecto de la luz, sino por defecto
de la vista de las criaturas. - Vuelve el Señor a explicar
el concepto de las disposiciones de las criaturas relativas a los actos de Luz
que realizamos en Su Voluntad y que benefician a todos. De nuevo, parte de la
Premisa de que la Luz de Su Vo- luntad es Una, y que esa Luz se extiende en el
acto realizado en Su Voluntad, y en esto no hay excepciones. Sin em- bargo, sí hay problemas en los que reciben esa
Luz. Todo depende de las “disposiciones”, o sea, del estado en que las criaturas se encuentren espiritualmente al momento de
recibir los Bienes asociados al acto, en este caso, el Beso a Jesús.
Hay algunos
que tienen la “vista débil”, y no “ven” los beneficios que ese acto Les trae,
y se tapan los ojos para no ver
lo que no quieren aprovechar. Nos recuerda esto a la parábola del Sembrador, ya
que ahora como en la parábola, la semilla que Jesús el Sembrador quiere hacer
fructificar en nosotros, cae en tierra estéril. Estas son las criaturas que son
inconstantes siguiendo Sus Sugerencias Amorosas.
Hay otros que están “ciegos
y no la gozan en nada”. Estas son las almas completamente rebeldes a toda Sugerencia
Amorosa
del Señor; son ciegos que no quieren
ver a Dios.
(9) Así hija mía, si tú deseas amarme por todos, si lo haces en mi
Voluntad, tu amor correrá en Ella, y llenando de mi Voluntad el Cielo y la tierra me sentiré repetir tú te amo
en el Cielo, en torno a Mí, dentro de Mí, en la tierra, y en todos
los puntos se multiplicará por cuantos actos puede hacer mi Voluntad. – El Señor desarrolla
el concepto del Acto de querer amarle, de querer besarle, hecho en Su Voluntad, diciendo que así
Luisa y nosotros lo queremos,
ese Acto se propaga por todo aquello que contiene Su Voluntad, que por
supuesto, es todo lo que existe, y se repite por cada cosa creada, porque
en cada cosa creada está Su Voluntad.
Volvemos al
concepto del río, y cómo un acto hecho en cualquiera punto de ese rio, es
transmitido de inmediato a todos los demás puntos del rio. Sabemos que todo lo
creado contiene una Bilocación de Su Voluntad que capacita a esa cosa creada
para ser lo que es. Sin que detalles físicos dañen nuestro ejemplo, podemos
afirmar que todo lo que entra en ese rio, permanece en ese rio para siempre, y
actúa en ese rio para siempre. Sabemos que Su Voluntad es Una, que es
Indivisible, y que por tanto, aunque las cosas estén a grandes distancias,
distancias a veces inconmensu- rables, todas están unidas por Su Voluntad y en
el ámbito de Su Voluntad, y todas reaccionan a cualquier acción que se haga
dentro de esa Voluntad que a todos
anima ¿Qué extraño puede pues parecernos que un acto hecho por Luisa o
nosotros, en Su Voluntad, no expanda su acción, y “reverbere por
repetición”; “mueva” toda esta Inmensidad de Su Voluntad, y que Él la “perciba”
de inmediato?
Nada pues escapa a esta
repetición, y como Jesús está vinculado a todo lo creado, Jesús siente repetirse
alrededor de Él, el Beso de Luisa, “en
todos los puntos se multiplicará”, porque Él está dentro y fuera de
ella.
(10) Por lo tanto puedes darme la satisfacción del amor de todos, porque la
criatura es limitada y finita, en cambio mi Voluntad es inmensa e infinita. - En todo este capítulo hemos diferido la explicación
de un Cono- cimiento que no está explícitamente explicado por Jesús, pero que
está implicado en Su Explicación de
lo que ocurre en Su Voluntad, cuando se actúa en Su Voluntad. Lo que está
implicado, es que es posible actuar en otro ámbito que no es el de Su
Voluntad. Pero, ¿es posible actuar “fuera de Su Voluntad”? ¿No es esto
imposible? Por lo que el Señor implica en la explicación de este capítulo, y de
otros capítulos similares en que discute este mismo tema de la univer- salidad
del acto hecho en Su Voluntad, es posible actuar fuera del ámbito de Su
Voluntad; no solamente posible, sino que resulta necesario que así
suceda para evitar que ocurran cosas
que puedan perturbar el
equilibrio inherente al Ser Divino.
Todo esto es,
más extraño aun, de lo que es normalmente extraño y difícil de entender, pero a
lo que vamos acos- tumbrándonos poco a poco. Todo radica en la confusión que
siempre provoca el término Voluntad, cuando se aplica indistintamente al Ente
Divino que ejecuta lo que la Trinidad quiere, al Ámbito en el cual “viven” las
Tres Divinas Per- sonas, y el Ámbito en el cual Ellos Tres actúan. Tratemos de
explicarlo.
Empezamos con
una pregunta: ¿Qué dice el Señor Nos da, cuando nos invita y nos concede el Don
de Vivir en Su Voluntad? Respondemos:
Nos da una Bilocación de Su
Voluntad para que obre en nosotros, pero más
importante aún, para que
ahora nosotros quedemos incorporados al Ámbito de Su Voluntad en virtud de esa
Bilocación que ha forma- do para nosotros. Si esto es así, eso quiere decir,
que nuestro estado normal es el de estar “fuera” de este Ámbito de Su Voluntad
en el que el Ser Divino habita, y que solo “entramos” en Su Ámbito, Nos
“incorpora” a ese Ámbito, cuan- do Nos entrega esta Bilocación de Su Voluntad. ¿Hasta ahora bien?
Si nuestra interpretación es verdadera, y no creemos puede
ser de otra manera, dado que lo único que distingue a los seres humanos
normales de los que viven en Su Voluntad, es Su Voluntad Bilocada y Obrante en
estos últimos, se sigue por lógica inescapable, que existe más de un Ámbito de
Su Voluntad.
Uno es, por supuesto, el Ámbito Increado, el
Real, Su Ámbito, en el que solamente habitan
las Tres Divinas Personas,
Su Voluntad y el Amor como Entes
Activos, y otro “ámbito” aquel
en el que habitan todas
las demás criaturas creadas.
En los primeros volúmenes de estos Escritos, el Señor siempre habla de que
en “un
exceso de Amor pusieron fuera” todo lo creado, y habla también de
que antes de crear esto que iban a poner fuera, crearon el espacio en el que
iban a colocar aquello que querían
crear.
Examinemos
ahora otro aspecto necesario a la explicación. Poner fuera algo que se quiere
crear, no es un acto aisla- do, que
se hace una vez y ya; sino que es un acto que necesita
ser hecho continuamente, o por decirlo mejor, es acto que no se deja de hacer
ya mas, porque
en el momento en que se deja de hacer,
o se quisiera dejar de hacer, aquello que se estaba haciendo
desaparecería. El concepto puede entenderse fácilmente con ejemplos normales.
Si por ejem- plo, apretamos el botón de nuestra linterna “creamos” luz, y esa
luz desaparece si dejamos de mantener apretado el botón que la “creara”.
Entendido esto,
entendamos que la Divina Voluntad, se mueve a realizar este Acto de Creación
continuo, a instancias, bajo la dirección si se quiere, de la Santísima
Trinidad que la controla. Esta creación continua se realiza por medio de
múltiples Bilocaciones de Su Voluntad, que dan forma y funcionalidad, y por
tanto “vida” a aquello en lo que se han Bilocado. Estas Bilocaciones de Su
Voluntad obran en cada criatura, pero solamente obran para que suceda lo que
tiene que suceder, y esa cosa sea única, distinguible de todas las
demás, y funcionalmente capaz de realizar su “mi- sión” dentro del diseño
general en el que se la ha colocado. En términos modernos, cada Voluntad
bilocada está “pro- gramada” para realizar una sola labor, y nada hace esa Bilocación
que no sea lo que está programada a hacer.
Así que ahora
tenemos los siguientes elementos en juego. Hemos establecido, por lógica, que
existen dos Ámbitos de Su Voluntad,
uno el Increado, el Real,
el que siempre ha existido y existirá, y el otro creado, y creado específicamente para poner fuera algo
que ellos quieren que exista, y que
va a existir por todo el “tiempo” que ellos lo deseen. La “co- nexión” entre
uno y otro ámbito viene dada por Bilocaciones de Su Voluntad, Bilocaciones que
se “extienden” para formar esta otra “realidad”, este otro “ámbito”. Una de
estas Bilocaciones, la más elemental de todas, mantiene en la existencia al
espacio mismo en el que van a ser colocadas todas las demás cosas, y las otras
Bilocaciones, millones y millones de ellas, son los agentes de creación, que
continuamente mantienen funcionando todo lo que se ha “puesto fuera”, de
acuerdo con un Plan de Creación pre-establecido por la Santísima Trinidad.
Ahora empieza
lo verdaderamente interesante del proceso. Todos estos millones de
Bilocaciones, de “extensiones” de Su Voluntad, son uni-direccionales, van de
Ellos, del Ser Divino, de Su Voluntad, hacia aquello creado, pero no tienen
“regreso”, no son bi-direccionales. El punto necesita explicarse de muchas maneras
hasta que se entienda. La Trinidad
ordena y la Bilocación realiza, pero lo que se hace como resultado de esa
orden, no “regresa” a la Trinidad, se man- tiene dentro del ámbito creado, y
fuera del Ámbito de la Voluntad Suprema. Cada cosa da servicio a todo lo demás creado y es servida por las otras;
como diríamos en términos modernos, es un sistema ecológico cerrado, que se
sos- tiene a sí mismo, dentro
de los parámetros de creación que
están inherentes a ese sistema ecológico. Siguiendo nues-
tro ejemplo anterior: todo lo creado es la luz que produce la linterna, Su Voluntad
es la batería que produce la luz, y el
dedo que aprieta el “botón” de la linterna es la Santísima Trinidad. En
términos bíblicos, ¿Cuándo ocurrirá el fin de los tiempos? Cuando la Santísima
Trinidad va a dejar de apretar el “botón” de la linterna.
Seguimos porque
no hemos terminado. Como “parte” de ese ámbito separado, y la “parte” más
importante de ese ámbito separado, el ser humano es creado. No estamos hablando
de Adán todavía, estamos hablando del ser humano creado antes de Adán, que como
parte de este sistema ecológico creado por Dios, tenía también funciones
especificas que realizar y realizaba, utilizando esta Bilocación de Su Voluntad
que le animaba, y que llamamos alma. Su labor, como la labor de todas las otras
criaturas dentro de nuestro sistema ecológico, era uni-direccional y contenida
inter- namente en el sistema. Actuaba inteligentemente y con libertad, era
capaz de análisis y decisión subsiguientes, tenía todas las características que
tenemos ahora; en fin, para todos los efectos prácticos externos, este ser
humano previo a Adán, era como nosotros somos ahora. Es una idea errónea, y
pensamos diabólica, el pensar que este ser humano anterior a Adán, era un
“salvaje”, irracional, que escasamente pensaba, como se le dibuja y se le hace
creer a todos. Muy por el contrario, mas y mas comprendemos modernamente, que
estos seres “pre-históricos”, a Adán y a toda cronología humana normal,
funcionaban igual que nosotros funcionamos ahora; seres sociales, con
civilizaciones defi- nidas, claro está, primitivas respecto de la nuestra,
porque al ser las primeras civilizaciones, no habían tenido la fortu- na de
contar con civilizaciones anteriores como las tenemos nosotros ahora, que nos
aprovechamos y aprendemos de los errores pasados, y capitalizamos en los
triunfos anteriores.
Decimos ahora
que en algún “momento” de la existencia de este sistema ecológico creado, la
Trinidad Sacrosanta decidió crear un ser humano, igual al anterior, pero, al
mismo tiempo, distinto al anterior ser humano que había crea- do. Iba a ser
igual en cuanto a que funcionaría dentro de un sistema ecológico, pero
distinto, porque en adición al alma, a la Voluntad Bilocada uni-direccional que
le daría, y con la que ese ser humano iba a ser
hombre, iba a darle una Bilocación de Su Voluntad bi-direccional, que haría que sus actos “regresaran” y se
incorporaran al Ámbito In- creado. Iba a darle una Bilocación especial de Su
Voluntad que Le permitiera a ese nuevo hombre, Adán, hacer sus actos, como
si en verdad estuviera en al Ámbito de la Voluntad Increada, como lo están
Ellos Tres. Esa Voluntad Bilo- cada bi-direccional,
Le permitiría a Adán actuar en los dos Ámbitos simultáneamente, en virtud
de las Dos Bilocacio- nes de Su Voluntad que poseería, la Una para actuar en nuestro
sistema ecológico, y la Otra,
para actuar en el Ámbito
Increado de Su Voluntad, de manera que
actuando como si fuera Dios, añadiera nuevos actos, a este Ámbito
Increado Suyo.
Pero seguimos
porque no hemos terminado. Nos preguntamos: estos actos nuevos que Ellos
querían que Adán hiciera y se añadieran a la Voluntad
Suprema, ¿tenían algún propósito específico? Definitivamente lo tenían. Esta nueva capa-
cidad de actuar
en el Ámbito Increado de Su Voluntad como Ellos actúan, tenía el propósito
especifico de que creára- mos un Reino
de Su Voluntad en la tierra,
parecido al Reino de Su Voluntad
que poseen en el Cielo, término que ahora debemos traducir como un Reino de
Su Voluntad que Ellos tienen en el Ámbito de Su Voluntad Increada, en donde
Ellos habitan.
Incidentalmente,
de este Reino no hablamos ahora mucho, excepto que sabemos que además de Ellos
Tres, este Reino tiene criaturas, los espíritus angélicos que Les acompañan y
ejecutan Sus Deseos, y son otro punto de enlace con nuestro sistema ecológico, etc.,
y dejamos los detalles sobre la
labor angélica, para otra ocasión y en otros
capítu- los, según Él quiera hacérnoslos saber.
Volviendo al Reino que quería hacer entre nosotros,
interés Suyo que sabemos nunca ha abandonado.
Aunque tenía a
Su Disposición nuestro sistema ecológico, el planeta tierra, en el que había
hecho habitar al hombre anterior a Adán, parece como que este sistema anterior
no servía completamente para Sus Planes. Hubiera podido haber hecho desaparecer
a todos los demás hombres anteriores, haber hecho desaparecer a todas esas
civilizaciones, y haber dejado a Adán, verdaderamente solo en el sistema
ecológico que había diseñado. Es
obvio que esto no lo hizo, y no sabemos por qué, y francamente no necesitamos
saber el porqué, pero sospechamos que era necesario sostenerlo, en previsión de
que Adán Le fallara como Le falló.
Lo que si
sabemos, es que “creó” otro sistema ecológico nuevo, un segundo
sistema ecológico, en este
mismo planeta tierra, que
llamó Paraíso. Este Paraíso replicaba a nuestro sistema ecológico, pero tenía
importantes diferencias.
En primer lugar, era un sistema
totalmente independiente del otro;
tal es así, que nadie
ha podido encontrar el Paraíso después que Adán fue expulsado de él. No había pues,
comunicación alguna entre el Paraíso, y el resto del planeta. Estaba en el
planeta tierra, pero totalmente
separado de Él. Todo lo que Adán realizaría en este Paraíso quedaría des-
conocido por los otros habitantes del planeta. Más aun, si hubieran conocido lo
que se iba a realizar en este “mundo” paralelo, las obras que se realizarían, y
los logros que se alcanzarían, los demás habitantes del planeta, las hubieran
considerado como obras de súper-hombres, porque hubieran sido obras y logros
animados por Su Voluntad Suprema, con el propósito único de que Dios “viera” y
“habitara” en un Reino que Ellos Tres estaban “ayudando” a construir, porque
querían “verlo” y querían “habitarlo”. ¿Por qué? ¿Qué encanto tan especial
encerraba y encierra este Reino a ser construido por nosotros y Ellos? Eso no
lo sabemos, y posiblemente solo lo sabremos cuando lleguemos al Cielo. Pero nos
adelantamos a la narración. Eso sí, como curiosidad, nos preguntamos: Si Adán
no hubiera fallado, ¿habría Dios sostenido el antiguo sistema ecológico, o lo
hubiera hecho desaparecer para dejar solamente al Paraíso como el nuevo y
mejorado sistema ecológico entre nosotros? No sabemos nada de todo esto, y
dejamos toda especulación a un lado.
Una segunda
diferencia importante. Las características de habitabilidad de este Paraíso
eran al parecer
distintas. Por lo que sabemos, y por lo que sabemos
proféticamente de lo que sucederá al final de los tiempos, Adán era
vegetariano, pero distinto a como sucede ahora, las plantas, los frutos que
existían en ese Paraíso, eran perfectamente capaces de sostener su vida en
perfecta salud, y sin enfermedades, o serian capaces de curarle de cualquier
enfermedad, a él y a sus descendientes.
Una tercera
diferencia importante. Aunque Adán, Eva y sus descendientes, vivirían en
sociedad, cada uno de los habi- tantes de este Reino dedicaría su “vida” a
desarrollar al máximo las habilidades y capacidades con las que había sido
dotado, y desarrollado conjuntamente con Su Voluntad Bilocada Obrante,
Bi-direccional como la llamamos para los efectos de esta explicación. En más de
un sentido, estaría “solo”, aislado de los demás, pero acompañado siempre de la
Voluntad Bilocada y Obrante con la que actuaba. Los actos de estas criaturas
privilegiadas no solo se incorporarían al Ámbito de Su Voluntad
increada, con todos los efectos que
ahora no es el momento de
discutir, sino que eran Actos que activamente contribuían a la
creación del Reino que Dios esperaba crear con ellos. Aunque cada habitante del
Reino, trabajaría aisladamente, los resultados de su labor quedarían
íntimamente conectados con los resultados que producirían los otros habitantes
del Reino, para lograr el resultado final esperado. Esta interpretación surge
por las Palabras del Señor que afirma que los Hijos de Su Voluntad no
necesitarán de nada ni de nadie para vivir en este Reino, lo que nos lleva a
interpretar que su labor será solitaria, puesto que nadie más podrá
“ayudarles”, pero al mis- mo tiempo tienen a Su Voluntad Bilocada y Obrante que
los guiará por el camino correcto.
Así pues,
existen dos ámbitos de Su Voluntad, y el propósito de la Santísima Trinidad era
que la línea de creación em- pezada con Adán, viviera en ambos ámbitos,
simultáneamente, para que sus actos, individuales en su inicio,
pero
universales en
su alcance, dieran Gloria a Dios, y contribuyeran con mas Luz a la expansión de
Luz de Su Voluntad. Asimismo esos actos, iban a crear en el otro ámbito creado por Su Voluntad, en este sistema
ecológico especial lla- mado Paraíso, un Reino de Su Voluntad parecido al que
existe en el Ámbito de Su Voluntad Suprema, Reino que Ellos visitarían y
contribuirían a construir también como hombres, en la persona de Jesús.
* * * * * * *
Y analicemos ahora el extraordinario Bloque (B).
(1)
Cómo se
pueden explicar aquellas palabras dichas por Mí al crear al hombre: “Hagamos al
hombre a nuestra imagen y semejanza” – De improviso, y sin previo aviso,
como sucede frecuentemente en los capítulos doctrinales, Nuestro Señor comienza
a darnos un Nuevo Conocimiento sobre alguna Verdad Divina de gran importan-
cia. En este caso, quiere discutir la tan conocida Expresión de que “Nos ha hecho a
Nuestra Imagen y Semejanza”.
Dicho en el
primero de los textos bíblicos, el Génesis, casi todos los cristianos crecen en
la fe pensando que Nos pare- cemos y somos
imagen de Dios, de la Santísima Trinidad, porque cuando se dice en
el Génesis, todavía
Jesús no había nacido, y Moisés aunque conocía de
un Mesías Redentor, no le había puesto la cara de Jesús a ese Mesías. Así las
cosas, si armados con estos nuevos Conocimientos, particularmente este de la intemporalidad de Dios, comprendemos que cuando Dios inspira a
Moisés el Texto del Génesis, la Santísima Trinidad sí que Le había puesto cara
al Mesías, y por tanto, la imagen y semejanza que tenemos es a Jesús, el cual
personifica la totalidad del Ser Divino.
De una manera u
otra nos parecemos a Jesús; nos parecemos en algo, al hombre perfecto, si no
fuera así dejaríamos de ser humanos
si no nos pareciéramos, porque
Jesús es el primero en el
Diseño Divino del hombre, sin importar
en lo más mínimo, el que haya
nacido después del hombre. Todos los hombres nos parecemos a Jesús, tanto el
hombre anterior a Adán, como el mismo Adán, como cada uno de nosotros. ¿Y las
mujeres? Todas se parecen a Su Madre Santísima, que también precede a toda
mujer, porque es diseñada a la par que es diseñado Su Hijo. El todo de la
situación está en el Diseño que antecede todo, el Diseño en el cual se decide
por Ellos Tres, la creación de todo esto que somos y nos sirve.
(2)
¿Pero cómo la criatura, tan
inhábil podía asemejarme y ser mi imagen? Sólo en mi Voluntad podía llegar a
esto, - Aunque
comprendemos ahora que todos nos parecemos en algo a Jesús, ya que por malvados
que seamos, tenemos un alma que Él vino a redimir y reclamar para Sí, la
plenitud de esa semejanza, dice el Señor, solo puede alcanzarse viviendo en Su
Voluntad, porque solo cuando vivimos en Su Voluntad se Nos concede, esa Dimen-
sión Divina que está encerrada en Jesús o en
Su Madre Santísima, y sin cuya dimensión Divina, nuestro parecido esta- ría fundamentalmente incompleto. Digámoslo de otra
manera. ¿Cuáles son los
“componentes” de la Persona
de Jesús? Pues, cuerpo, alma y
Divinidad. Las dos primeras las tenemos siempre, porque aunque puedan estar
temporalmente imperfectas y hasta pecaminosas, existe el potencial de que
puedan ser perfeccionadas y santificadas con una vida virtuosa ejemplar, como
ha sucedido con muchos santos. Pero, ¿y la Dimensión Divina? Esa no la tenemos
viviendo una vida virtuosa santa, pero ahora dice Jesús, que si podemos llegar
a poseer esa Dimensión Divina viviendo en Su Voluntad, con lo que adquirimos lo
que Nos faltaba para una semejanza total, y por tanto una imagen completa.
Ahora bien, esta Dimensión Divina que se Nos da al concedernos el Don, es una Dimensión “recién nacida” a la que Le
falta desarrollo. Por eso dice el Señor, que solo cuando recibimos Su Voluntad
y la “hacemos suya”, como dirá en el próximo párrafo, podemos llegar a una semejanza
más completa.
(3) porque haciéndola suya viene a obrar a lo divino, y con la repetición
de estos actos divinos viene a asemejarse a
Mí, a volverse mi perfecta imagen. – No es que nuestro cuerpo natural se vaya pareciendo a Él en Su
figura de hombre, empezando
por ¿Cómo puede una
mujer parecerse a un hombre?,
sino que al apropiarnos de Su
Voluntad, viviendo en Su Voluntad, podemos obrar como Él, y por extensión Su
Madre, repitiendo los actos que Él y Ella ya han hecho, y entonces, en esa
repetición de actos, nos asemejamos a Él o a Ella, y podemos volvernos Su
perfecta imagen.
Son varias pues
las condiciones necesarias para que esta semejanza y eventual imagen llegue a
adquirirse. El proceso de parecernos a Él o a Ella, de ser Su Imagen, es un
proceso que dura toda nuestra vida, sea
la meramente virtuosa, o esa misma vida virtuosa hecha en Su Voluntad. Este
Pronunciamiento que creemos dirá en nuestro juicio personal de que comparecemos delante de Él, semejándonos más o menos a Él o a Su Madre Santísima, Él es el único que
puede hacerlo, y lo hará,
y será seguramente, o el más
grande de los elogios,
o la más terrible de las
desaprobaciones y condenas que pueda hacernos.
(4)
Sucede como al niño que con
repetir los actos que ve en el maestro, se asemeja
al maestro. – Aunque el ejemplo pueda parecer sencillo e
inconsecuente, es el ejemplo perfecto, porque claro está, delante de Él y de Su
Madre Santísima, somos como unos niños o niñas en la escuela, siempre
aprendiendo y poniendo en práctica aquello que aprendemos, y cómo en
definitiva, esto que aprendemos y repetimos, es lo que Nos hace parecernos a
Ellos, y lo que eventualmente nos salva o condena.
(5)
Así que la
única cosa que hace asemejarse a la criatura a Mí, es mi Voluntad, por eso
tengo tanto interés en que la criatura, haciéndola suya, cumpla la verdadera
finalidad por la cual ha sido creada - No puede cabernos duda alguna a
quien tenemos que parecernos, y cómo la mayor semejanza posible se logra
viviendo en Su Voluntad y “haciéndola nuestra”, o sea,
poniendo en práctica aquello que aprendemos en esta Vida en Su Vo- luntad. Y, comoquiera que nada puede quedar
sin que exprese el objetivo final de este interés Suyo de que Nos pa- rezcamos
o a Él o a su Madre Santísima, recordemos el Padre Nuestro, y cómo en ese Padre
Nuestro Nos habla de que esa es la finalidad para la que fuimos
creados, para llegar a vivir en el Reino de Su Voluntad aquí en la tierra co-
mo se vive en el Cielo.
Resumen del capítulo del 27 de Agosto de 1915: (Doctrinal) – Página 174 -
Estaba fundiéndome
en la Santísima Voluntad de Jesús bendito, y mientras esto hacía me he
encontrado en Jesús y me ha dicho:
“Hija mía,
cuando una alma se funde en mi Voluntad sucede como con dos recipientes llenos
de diferentes líquidos, que uno se vierte en el otro, y uno queda lleno de lo
que contenía el otro, y éste de lo que contenía el primero. Así la criatura
queda llena de Mí y Yo de ella, y como mi Voluntad contiene santidad, belleza,
potencia, amor, etc., así el alma, llenándose de Mí, fundiéndose y abandonándose
en mi Voluntad, viene a llenarse de mi Santidad, de mi Amor, de mi Belleza,
etc., en el modo más perfecto que a criatura es dado, y Yo me siento lleno de
ella, y encontrando en ella mi Santidad, mi Belleza, mi Amor, etc., las miro
como si fueran cosas suyas, y me agrada tanto que me enamoro de tal manera, que
la tengo celosamente custodiada en lo más íntimo de Mí, y la voy continuamente
enriqueciendo y embelleciendo con mis atributos divinos, para así poder siempre
más complacerme y enamorarme”.
* * * * * * *
Hija mía, cuando una alma se funde en mi
Voluntad sucede como con dos recipientes llenos de diferen- tes líquidos, que
uno se vierte en el otro, y uno queda lleno de lo que contenía el otro, y éste
de lo que contenía el primero. – Maravillosa condensación o síntesis
de todo este Conocimiento sobre la Vida en Su Voluntad. Dice que
cuando un ser humano vive en Su Voluntad, necesita como que “fundirse” en ese
Querer Divino. Jesús pone como ejemplo, el intercambio de dos recipientes llenos de diferentes líquidos, que se vierten
el uno en el otro,
y utiliza este ejemplo para
ilustrar lo que ocurre cuando un alma que vive en Su Voluntad comienza a vivir
en Su Voluntad, y se “funde” en Ella.
Leamos cuidadosamente y observemos que dice que tanto un recipiente, una de las voluntades, como el otro recipiente,
la otra voluntad, quedan llenos de lo que contenía el otro. No es, entendamos
claramente, que nuestro recipiente,
nuestra voluntad humana, se vierte en Su Voluntad, sino que Su Recipiente, Su
Voluntad se vierte en la nuestra, en nuestra persona. Ya sabíamos que al entrar
en Su Voluntad entrábamos en el “Rio” de Su Voluntad, y que ese “Río” Nos
inunda, y nuestros actos se incorporan al “Río”, y también lo “inundamos”. Este
es un Conocimiento totalmente sorprendente, particularmente a estas alturas del
volumen 11.
Así la criatura queda llena de Mí y Yo de ella, y como mi Voluntad
contiene santidad, belleza, potencia, amor, etc., así el alma, llenándose de Mí, fundiéndose y abandonándose en mi Voluntad, viene a llenarse de
mi Santidad, de mi Amor, de mi Belleza, etc., en el modo más perfecto que a
criatura es dado, y Yo me siento
lleno de ella, - Comienza ahora Sus Comentarios sobre como esto del ejemplo ocurre en
nosotros. Aun- que el tiempo que demora verter el líquido de un segundo
recipiente en el primero, y el del segundo recipiente en el primero, es corto,
este proceso en nosotros, viviendo en Su Voluntad, demora todas nuestras vidas.
Nunca cesamos de activamente llenar
nuestro “recipiente” del “liquido” de Su Voluntad, ni nunca cesamos de verter
nuestro “liquido”, nuestros actos en Su Voluntad.
Pero, ya Él ha
hablado dos veces de “fundirse” en Su Voluntad, pero ¿qué significa en realidad
este “fundirse” en Su Voluntad, y cuando sucede? En su sentido literal, algo se
funde, pasa de un estado sólido a uno liquido, en virtud de una reacción química,
o por la acción de un
calor intenso que derrite o funde el cuerpo solido. En definitiva
se trata de que cuando se funde algo, ese algo pierde su forma original, pero
no pierde su contenido. Cuando nos fundimos, per- demos nuestra forma original,
y ¿cuál forma adoptamos? Pues la de Él, por supuesto.
Una vez explicado esta parte, preguntamos nuevamente: y ¿cuando
ocurre esta fundición? Pues ocurre en el momento especifico en el que por primera
vez el alma que oye acerca de estos Conocimientos sobre Su Voluntad, y los
acepta, sin conocerlos mucho, pero al menos con curiosidad que mueve a querer
oír más. Dicho de otra manera. La “fundi- ción” comienza cuando por primera vez
nos enteramos de este Conocimiento sobre la Vida en Su Voluntad, porque oímos o
leemos algo acerca de Ella, y queremos aceptar lo que quiere darnos.
Proseguimos. Si
aceptamos lo que Nos ofrece, por incompleto y rudimentario que sea nuestro Conocimiento
de lo que Nos ofrece, en ese mismo instante, Su Voluntad se biloca en nosotros,
y comienza a actuar en nosotros, porque solo así, es posible que nuevos
Conocimientos sobre Su Voluntad puedan llegar a nosotros y ser entendido por
nosotros.
Pero no hemos
terminado. Algún tiempo después, la cantidad de tiempo no es importante, el
alma que ha mostrado esa curiosidad y ha comenzado este proceso de fundirse en
Su Voluntad, necesita dar, libre e informadamente, un “Sí quiero vivir
en Tu Voluntad”, con lo que se consolida la intención original, y se formaliza la entrega del Don de Vivir en Su Voluntad “en préstamo”. Este “Sí,
quiero”
y encontrando en ella mi Santidad, mi Belleza, mi Amor, etc., las miro
como si fueran cosas suyas, y me agrada tanto que me enamoro de tal manera, que
la tengo celosamente custodiada en lo más íntimo de Mí, y la voy continuamente
enriqueciendo y embelleciendo con mis atributos divinos, para así poder siempre
más complacerme y enamorarme. – La semejanza con Jesús provoca en Él un
sentimiento de protec- ción, de custodia, con el propósito de evitar que esa
alma pierda esa semejanza, y para que en la sucesiva aproxima- ción a Su
Semejanza, Él pueda embellecer a esa criatura con mas “Atributos Divinos”, y de
esa manera pueda Él sen- tirse mas y mas enamorado de esa criatura que se
parece a Él.
Resumen del capítulo del 20 de Septiembre de 1915: (De Diario) – Página 175 -
Continuando mi
habitual estado, mi amable Jesús se
hacía ver con los flagelos en las manos, que tocaba y golpeaba a las criaturas,
y parecía que los castigos se iban haciendo cada vez mayores; y entre tantas
cosas parecía que se esta- ba urdiendo una conjura contra la Iglesia, y
nombraban a Roma. El bendito Jesús estaba afligido y como cubierto por un manto
negro y me ha dicho:
“Hija mía, los flagelos
harán resurgir los pueblos, pero serán tantos,
que todos los pueblos serán recubiertos de dolor
y de luto, y siendo las criaturas mis miembros, por eso estoy cubierto por un manto negro por causa de ellas”.
Yo me consternaba toda y le suplicaba que se aplacara, y Él para consolarme me ha dicho:
(A) “Hija mía, el Fiat debe ser el
dulce nudo que ate todos tus actos, así que mi
Voluntad y la tuya formarán el nudo, y
has de saber que cada pensamiento, palabra, acto, anudado con mi Voluntad, son
otros tantos canales de comuni- cación que se abren entre Yo y la criatura; si todos tus actos son
anudados con mi Voluntad, ningún canal de comuni- cación divina estará cerrado
entre Yo y tú”.
* * * * * * *
Con este
capítulo, Nuestro Señor inicia una serie de capítulos que discuten el concepto
de las Sugerencias Amorosas de Acción con las que guía nuestras vidas. Muchas
veces ha hablado de esto, pero en estos capítulos, Su Pedagogía alcanza niveles
más extraordinarios aun de los niveles a los que Nos tiene acostumbrado. La
simbología que usa es muy variada, y el concepto es discutido tanto desde el
punto de vista de lo que debemos hacer para desarrollar nues- tras vidas
“externas” en Su Voluntad, siguiendo nuestras vocaciones o misiones, estudiando estos Escritos
y practican- do lo que Nos pide hagamos para colaborar con la Venida del Reino;
así como lo que debemos hacer para desarrollar nuestras vidas “internas” en Su
Voluntad siguiéndole a Él en Su Vida entre nosotros, no solo la que sabíamos
por los Textos Bíblicos, sino Su Vida entre nosotros con el detalle con que Nos
la describe en estos Escritos, particularmente en el Libro de las Horas de la
Pasión.
Mas sobre todo
esto, según vayamos desarrollando los diversos capítulos. Por ahora diremos que
esta nueva “clasifi- cación” de la vida en Su Voluntad, en “externa” e
“interna”, que Sus Palabras provocan, sirven para resolver dudas a los que
preparan estas Guías de Estudio, de porqué alterna frecuentemente, entre lo que
es necesario que sepamos y hagamos sobre las Verdades Divinas, y lo que es
necesario sepamos y repitamos de lo que Él hacía personalmente.
Aunque hemos
clasificado a algunos de los capítulos como “de diario”, en realidad las
consideraciones doctrinales en- vueltas, hacen “doctrinales” a todos los
capítulos. Estudiemos para empezar, el párrafo que hemos marcado como Bloque (A).
Como ya hemos
anunciado, leamos entendiendo
que el Bloque describe con Palabras nuevas,
pero igual significado, el proceso de la aceptación de toda Sugerencia Amorosa que Nos
viene de Dios en esta Vida en Su Voluntad.
En este capítulo, Nuestro
Señor discute como la Sugerencia va moldeando nuestra
vida “externa” en Su Voluntad.
(1) Hija mía, el Fiat debe ser el dulce nudo que ate todos tus actos, - El Fiat, Mi Voluntad, lo que
Nosotros queremos de ti, se expresa y
debe constituir para ti, y para todos los que viven en Mi Voluntad, como una suave suge- rencia con
la que queremos anudarte a nosotros. Más aun, cada Sugerencia debe ser un nuevo
nudo entre tú y noso- tros.
(2) así que mi Voluntad y la tuya formarán el nudo, - esta nueva manera de ver el
proceso de la iniciación de la Sugerencia Amorosa por parte Suya, y aceptación por parte nuestra, debe verse como que nuestra
voluntad humana y la Divina están formando un nudo que se
cierra cuando aceptamos Su Sugerencia. Todo se relaciona, por supuesto, con el
hecho de que Luisa se resiste a aceptar ver a Jesús envuelto en un manto negro,
y aplicando flagelos de casti- go para todas las naciones y las gentes
envueltas en este gigantesco crimen de la primera guerra mundial. La Suge-
rencia es clara: Luisa, únete conmigo en Mi Dolor, porque tengo que castigar a
las criaturas que están perpetrando estos horrores, pero Luisa, no quiere aceptarla, mas aun quiere
iniciar su propia sugerencia, con una petición
salida de su voluntad humana,
con la que Le pide que se aplaque.
(3) y has de saber que cada pensamiento, palabra, acto, anudado con mí
Voluntad, son otros tantos ca- nales de comunicación que se abren entre Yo y la
criatura; - Este
párrafo 3 es el párrafo de la gran enseñanza
de este capítulo. Dice Jesús que cada Sugerencia Suya que aceptamos es un canal
de comunicación que se abre, e
implica lo contrario, a saber, que cada Sugerencia Suya que rechaza Luisa o nosotros,
es un canal de comunicación que se cierra. Por desgracia, es más importante lo
que no dice que lo que dice.
Un canal de
comunicación que se cierra podemos entenderlo claramente en una relación humana
entre dos amigos, y una vez entendido a ese nivel, nos será posible entenderlo
relativo a Dios y nosotros. Pudiéramos haber utilizado el ejemplo entre
esposos, pero entre amigos es más fácil la explicación.
¿Qué sucede
cuando un amigo sugiere algo de lo que quiere hablar o hacer, y el otro amigo
rechaza dicha sugeren- cia?
El primero de
los efectos que suceden, es que el amigo que sugiere y al que se rechaza queda
disgustado. Aquí no se trata de la magnitud del disgusto, pero sí de que queda
disgustado.
El segundo de
los efectos que suceden, es un tanto más sutil, pero todos lo entenderemos de
inmediato. Lo que el primer amigo ha sugerido era obviamente importante para él. Si es muy importante, el amigo que sugirió va a sugerir- lo nuevamente, esto es inevitable, pero ya existe
entre ambos amigos,
la memoria del primer rechazo.
La presentación de una nueva sugerencia se hace más difícil, porque
existe la posibilidad de otro nuevo rechazo; hay pues que “rom- perse más la
cabeza” para presentar la misma sugerencia con un nuevo “ropaje” de palabras,
quizás con más recom- pensas para el amigo si esta vez la acepta. Cualquier
nuevo rechazo hace más y más difícil la presentación de una nueva sugerencia
para hacer lo mismo que se quería hacer en la primera, y esta situación puede
culminar en que eventualmente eso que el primer amigo quería hablar o hacer, ya
no se vuelve a mencionar, con lo que se cierra ese canal de comunicación entre
ambos.
El tercero de
los efectos, y el más desastroso, es que la amistad se debilita, y tanto más
se debilita por cuantos cana- les de comunicación se vayan cerrando de
igual manera.
El cuarto de
los efectos, es que cuando el primer amigo quiera hablar o hacer algo que ha
sido rechazado consisten- temente por el segundo amigo, el primer amigo lo hará
solo, o con otro amigo más consecuente, y el segundo amigo perderá la
oportunidad y posiblemente la recompensa que estaba asociada con lo que el
primer amigo quería hacer.
(4) Si todos tus actos son anudados con mi Voluntad, ningún canal de comunicación divina estará cerra- do
entre Yo y tú. – Una vez dado el ejemplo en el párrafo
3, comprendemos que el Señor
está llegando al cuarto de los
estados que detallamos. Son incontables las veces que el Señor Le ha presentado
a Luisa la necesidad de castigar, y la
necesidad que Él tiene, de que criaturas que
vivan en Su Voluntad, Le acompañen en todo lo que hace, y también son incontables las veces en las que ella se ha
opuesto, como ahora.
Esto no es
opcional en ella, y ciertamente tampoco lo es en nosotros. No podemos negarnos
a lo que el Señor Nos pide que hagamos, particularmente en este punto de los
castigos que se hacen necesarios, para sacudir a la humani- dad de su
complacencia en el crimen y en el desorden en que vivimos. No esperemos que
venga a decírnoslo perso- nalmente como lo hacía con Luisa, pero lo hace igual
que con ella.
Volviendo al
punto. Cada vez que ella se opone, a Jesús Le es más y más difícil presentarle
la nueva sugerencia de que acepte los
castigos, y Le acompañe en esta actividad. El punto llega hasta un capítulo en el
volumen 12, año de 1921, en el que Jesús sencillamente ya no va a sugerirle más
que acepte y lo acompañe en los castigos que necesa- riamente necesita
propinar. Deja de hablarle de todo esto, y cierra un canal de comunicación
entre Luisa y Él, y casti- gará sin Luisa, y por tanto, deja a Luisa sola,
rumiando Su Privación, Privación que ahora comprendemos ella misma provoca.
No podemos
terminar el capítulo sin hablar de la Sugerencia Amorosa con las Palabras de
Nuestra Señora, que en el Libro de la Virgen María en el Reino de la Divina
Voluntad, Nos habla con gran belleza y elocuencia, sobre qué es la Sugerencia
Amorosa. Y extractamos del día 23, día que Nuestra Señora Le dedica a narrar lo acontecido con los Reyes Magos, lo siguiente:
“… Por esto sentía
la necesidad de hacer conocer
a mi Hijo.
Ahora hija mía bendita, la Divinidad, que no sabe
negar nada a quien la ama, hace
surgir bajo el cielo azul una nueva
estrella más bella y luminosa, y con su luz va en busca de adoradores para
decir con su mudo centellear a todo el mundo:
“Ha nacido Aquél que ha venido a
salvaros, vengan a adorarlo y a conocerlo como vuestro Salvador.” Pero, oh ingratitud humana, entre tantos, sólo tres
personajes pusieron atención, y sin tener en cuenta los sacrificios se pusieron
en camino para seguir la estrella. Y así como una estrella
guiaba en el camino a sus personas, así mis oracio- nes, mi amor, mis suspiros, mis gracias,
-porque quería hacer conocer al celestial niño, el esperado
de todos los siglos,-
como tantas estrellas descendían en sus corazones, iluminaban sus mentes,
guiaban su interior, de modo que sentían que sin conocerlo todavía, amaban a
Aquél que buscaban, y aceleraban el paso para llegar y ver a Aquél que tanto amaban.
Hija mía queridísima, mi corazón de Madre se
regocijaba por la fidelidad, correspondencia y sacrificio de estos reyes magos,
por venir a conocer y adorar a mi Hijo. Pero no te puedo esconder un secreto
doloroso mío, entre tantos, ape- nas tres, y en la historia de los siglos,
cuántas veces no se me repite este dolor e ingratitud humana; yo y mi Hijo no
hacemos otra cosa que hacer surgir estrellas, una más bella que la otra para
llamar: alguna a conocer a su Creador, otra a la santidad, otra a
resurgir del pecado, quién al heroísmo de un sacrificio, ¿pero quieres saber tú
cuáles son estas estrellas? Un
encuentro doloroso es una estrella, una verdad que se conoce es una estrella,
un amor no corres- pondido por otras criaturas es una estrella, un
revés, una pena, un desengaño, una fortuna inesperada, son tantas es- trellas
que hacen luz en las mentes de las criaturas, que acariciándolas quieren
hacerlas encontrar al celestial infante, que sufre de amor, y aterido por el
frío quiere un refugio
en sus corazones para hacerse conocer y amar. Pero, ay de Mí, yo que lo tengo en mis brazos espero
en vano que las estrellas me traigan a las criaturas para ponerlo en sus
corazo- nes, y mi maternidad viene restringida, obstaculizada; y mientras soy
Madre de Jesús, me es impedido hacer de Madre a todos, porque no están a mi
alrededor, no buscan a Jesús; las estrella se esconden y ellas quedan en la
Jerusalén del mundo, sin Jesús. ¡Qué dolor hija mía, qué dolor! Se requiere
correspondencia, fidelidad, sacrificio para seguir las estrellas, y si surge el
Sol de la Divina Voluntad en el
alma, qué atención no se requiere,
de otra manera se queda en la
oscuridad del querer humano…”
Resumen del capítulo del 2 de Octubre de 1915: (De Diario)
– Página 176 -
Después de
haber sufrido mucho por las privaciones de mi siempre amable Jesús, Él vino por
poco, pero tan sufriente que aterrorizaba. Yo me hice el ánimo y me acerqué a su boca y habiéndolo besado me puse a chupar,
quién sabe, tal vez lograra
aliviarlo extrayéndole parte de sus amarguras. Con mi sorpresa, lo que otras veces
no había podido hacer, he tenido éxito en extraerle un poco de amargura, pero
Jesús estaba tan sufriente que parecía que no lo advertía, pero después que hice esto, como si se
estremeciera me ha mirado y me ha dicho:
“Hija mía, no
puedo más, no puedo más, la criatura ha llegado al colmo y me llena de tal
amargura, que mi Justicia estaba a punto de
decretar la destrucción general, pero tú has llegado
a extraerme un poco de amargura, así mi Justi- cia
podrá esperar aún, pero los castigos
se acrecentarán más. ¡Ah, el
hombre me incita, me dispone a llenarlo y
casi a saturarlo de dolores y de castigos, de otra manera no se convertirá!
Entonces yo me
apresuré a pedirle que se aplacase, y Él con un acento conmovedor me ha dicho:
“¡Ah hija mía, ah hija mía!” Y ha desaparecido.
* * * * * * *
Un breve comentario, porque
este capítulo viene
a espaldas del anterior, y lo refuerza.
Hay una
Sugerencia Amorosa en la manera en que Jesús se presenta ante Luisa, “tan sufriente que aterrorizaba”. Una de las
lecciones más importantes de esta serie, es que muchas veces la Sugerencia
Amorosa de Acción viene tan disfrazada que no parece Sugerencia. Luisa responde tratando de consolar a Jesús por lo que
sufre, como resultado de la situación
catastrófica provocada por la guerra, y en su respuesta, parece haber aprendido
la lección; sin embar- go, cuando el Señor, a su vez, responde al consuelo de
Luisa, con una nueva Sugerencia que subrayamos, ya ella no Le “sigue”, sino que
trata de “aplacarle”. Observemos lo que dice el Señor: “Hija mía, no
puedo más, no puedo más, la criatura ha llegado al colmo y me llena de tal
amargura, que mi Justicia estaba a punto de decretar la destrucción general, pero tú has llegado
a extraerme un poco de amargura, así mi Justicia
podrá esperar aún, pero los castigos se acrecentarán más.”
Jesús comienza a sugerirle que lo acompañe en lo que está sucediendo, “pues los castigos se
acrecentarán aun mas”;
pero ella rechaza esa Sugerencia. ¿Cuál es el comentario que Nuestro Señor hace
en este caso? “Ah Hija mía, Ah Hija mía”. Como que Jesús se “da por vencido” porque Luisa no Le
comprende, no Le “sigue”; el mismo comentario que nosotros haríamos en nuestro
ejemplo con el amigo que no nos “sigue”: Ah Fulano, Ah Fulano.
Resumen del capítulo del 25 de Octubre de 1915: (De Diario)
– Página 177 -
Continuando mi
habitual estado entre privaciones y amarguras, estaba pensando en la Pasión de
mi amable Jesús, y Él me iba
repitiendo:
“Vida mía, vida mía. Mamá mía, mamá mía”.
Yo sorprendida le de dicho:
“¿Qué quiere decir
esto?”
Y Jesús:
“Hija mía,
conforme siento repetir en ti mis pensamientos, mis palabras, amar con mi amor,
querer con mi Voluntad, desear con mis deseos y todo lo demás, así siento
correr mi Vida en ti y repetir los mismos actos míos, y por eso es tanta mi
complacencia que voy repitiendo: “Vida mía, vida mía”. Y cuando pienso en lo
que sufrió mi querida Mamá que quería tomar todas mis penas para sufrirlas Ella
en lugar mío, y como tú buscas imitarla pidiéndome sufrir tú las penas que las
criaturas me dan, voy repitiendo: “Mamá mía, mamá mía”. En tantas amarguras de
mi corazón por los tantos miembros lacerados que siento en mi Humanidad de
tantas criaturas, mi único alivio es sentir repetir mi Vida, así siento los
miembros de las criaturas consolidarse en Mí”.
* * * * * * *
Luisa se
encuentra meditando, “rumiando” la Pasión de Jesús, y observemos como Jesús, a
medida que lo hace, Le repite las Palabras: “Vida mía, vida mía. Mamá mía, mamá mía”. ¿Qué significa todo esto? Antes de empezar
a explicar
lo que sucede, conviene que declaremos que en este capítulo y en el que sigue, Nuestro Señor expande el concepto
de la vida “interna” en Su Voluntad.
Ya habíamos
declarado anteriormente que ahora empezamos a comprender más claramente, que
muchas veces Sus Sugerencias Amorosas
de acción están tan escondidas,
que no parecen Sugerencias, o por lo menos decimos, que son Sugerencias
que se expresan una sola vez, en algún capítulo, sin fanfarria, sin
grandilocuencia, con la suavidad que caracteriza a Nuestro Señor en todo lo que
Nos dice; son Sugerencias permanentes que ya no es necesario repetir, porque
están vigentes siempre. Gracias a Dios que las hemos leído, y que nos
preocupamos todos las conozcan.
Esta de la
meditación de Su Pasión, es una de esas Sugerencias Permanentes, y al mismo
tiempo, son Sugerencias dirigidas a desarrollar nuestra vida “interna” en Su
Voluntad, puesto que el desarrollo que se consigue no es visible, pero es
seguramente, el que más necesitamos para vivir una Vida en Su Voluntad, como
Ellos la desean.
Una vez dicho
esto, repetimos: ¿Qué significan Sus Palabras? Así decimos que como
Luisa tiene Su Voluntad
y a Jesús, bilocados en ella, cuando ella piensa en Su Pasión, como
Jesús está “en vivo”, “en acto”, resulta que Él Mismo está repitiendo Su Pasión
a través de Luisa. Dicho
de otra manera: se hacen realidad los pensamientos de Luisa, y vuelve a estar “en vivo” todo lo ocurrido en la Pasión. Es por
Jesús que repite al unisonó con Luisa, Sus Palabras: “vida mía”, porque es Su
Vida la que “sucede” cuando Luisa la medita. Dicho aun de otra manera. Su Vida
vuelve a vivirse, pero ahora ya no es Su Vida exactamente como fue, sino que es
Su Vida, “coloreada”, “influenciada” por mis propios de- seos de revivirla
junto con Él. ¿Es extraño pues, que al revivir Su Vida, yo desarrolle esta Vida
“interna” de Su Volun- tad que llevo en mí?
Pero no hemos
terminado con nuestra explicación de Sus Palabras. Cuando todo esto sucede,
Luisa y nosotros, nos ponemos en el plano en el que estaba la Santísima Virgen,
que sufría junto con Su Hijo, las penas que Le daban, y Le dan; y Luisa, que
como alma victima también realiza estos mismos deberes. Es por esto, que Jesús
en homenaje a Su Madre y a Luisa que ahora toma esas funciones, va repitiendo
las mismas palabras que decía, cuando solo Su Madre Le consolaba: “Mamá mía”.
Esta
“repetición” de Su Vida, no solo desarrolla nuestra vida “interna” en Su
Voluntad, sino que consolida a través de nosotros lo que estaba roto,
vuelve a reunir en Si Mismo, pero en mí, lo que antes se había perdido, la
amistad entre Dios y las criaturas. Resumiendo: Al corresponder a Su Sugerencia
permanente de que meditemos Su Pasión,
a) repetimos Su Vida
b) Le recordamos la continua
labor de Su Madre Santísima
c)
Le alivia de Sus amarguras
d) Consolida a todas las criaturas en Él,
e) Desarrolla la vida “interna”
de Su Voluntad en cada uno de nosotros.
Resumen del capítulo del 28 de Octubre de 1915: (Doctrinal) – Página 178 -
Esta mañana,
mi siempre amable Jesús al venir me ha dicho:
“Hija mía, mi
Vida sobre la tierra no fue otra cosa que semilla sembrada, donde mis hijos
cosecharán siempre que se estén en el terreno donde he sembrado esta semilla, y
según su actitud de cosechar, mi semilla reproducirá su fruto. Ahora, esta
semilla son mis obras, palabras, pensamientos, también mis
respiros, etc., entonces si el alma
las cosecha todas, haciéndolas suyas, se enriquecerá de tal manera que podrá
comprar el reino de los Cielos, pero si no, esta se- milla le servirá de
condena”.
* * * * * * *
Continúa
la simbología que empezara en esta serie, para ahondar
no ya en Su Pasión,
sino en toda Su Vida y en la
Predicación Evangélica. En este capítulo, debemos
comprender que el Señor Nos da una Sugerencia “permanente”
para que
meditemos, rumiemos todo lo otro que constituye el Mensaje Evangélico que Nos
trajo. Analicemos Sus Pa- labras cuidadosamente.
(1) Hija mía, mi Vida sobre la tierra
no fue otra cosa que semilla sembrada, - Como vemos declara
que pasó Su Vida en la tierra
sembrando semillas de Conocimientos, de buenos ejemplos, de situaciones a ser
imitadas, porque toda Su Vida es una Sugerencia de Acción para cada uno de
nosotros.
(2)
Donde mis
hijos cosecharán siempre que se estén en el terreno donde he sembrado esta
semilla, - y podemos, y debemos cosechar estas semillas que están
continuamente fructificando; pero entendámoslo bien, solo podemos cosechar si
entramos en el campo, en el terreno en que ha sembrado esas Semillas. Puede
parecer que no hace falta que diga esto, pero son tantos y tantos los que predican
cristianismo, pero al margen de lo que Su Iglesia, la Depositaria de Su Verdad,
ha declarado ser el terreno propicio. Ya San Pablo lo decía con su elocuencia
habitual, y parafraseamos: si alguien os predica otro Evangelio que el que yo
os predico, sea hombre o ángel, no lo creáis. Así pues, entendamos que “el terreno en
donde se ha sembrado esta semilla”, lo constituye los 4 Evangelios,
los Hechos de los Apóstoles, las Cartas de San Pedro, San Pablo, San Juan, San
Santiago, San Judas, y el Apocalipsis.
Quizás muchos
piensen al leer estas palabras nuestras, que igual sucede con los Escritos de
Luisa, pero a esos deci- mos que los Escritos están cada vez mas convalidados
por Nuestra Santa Madre Iglesia, en el proceso de beatificación que se sigue en
la Santa Sede. Aun así, sabemos, que esta convalidación no implica que sea
necesario creer en estos Escritos, como estamos
obligados a creer en lo que
se denomina la Revelación Publica. No lo
veremos, pero día llegará en que
estos Escritos de Luisa se abrirán paso entre todas las naciones, como una
parte integral de la Revelación Pu- blica que todo cristiano debe “cosechar”.
(3) Y según su actitud de cosechar, mi semilla reproducirá su fruto. – Nuevamente, en todo lo que
el Señor dice, siempre antepone la necesidad de nuestras intenciones o
disposiciones para que aquello que cosechemos pro- duzca el necesario fruto.
Cada ínstate de Su Vida es una invitación a la imitación y a la repetición, y
dependiendo de cuan “disponibles” estemos a completar esta Sugerencia, así será
el fruto a recoger.
(4) Ahora, esta semilla son mis obras, palabras, pensamientos, también mis
respiros, etc., - Cada vez se entiende mas y mas, el porqué Jesús insiste en que hagamos
todos porque Él quiere hacerlo con nosotros, y a través de nosotros; y esto que
quiere es todo, inclusive Sus Actos involuntarios, que por supuesto, Él hacía
voluntarios, de la misma manera en que quiere lo hagamos ahora nosotros, o sea,
declarando que los hacía para cumplir con la Volun- tad de Su Padre.
(5) Entonces si el alma las cosecha todas, haciéndolas suyas, - Si todo lo que Él hacía,
voluntario o involunta- rio convertido en voluntario, pudiéramos llegar a
imitarlo y repetirlo, o lo es que es lo mismo, si todo lo Suyo lo hace- mos
nuestro, entonces “cosechamos” todas “Sus Semillas”.
(6) Se enriquecerá de tal manera que podrá comprar el reino de los Cielos,
- Nuestro
Señor habla de esta manera, porque el efecto principal de imitar Su Vida en la
manera descrita, es la de ganar la Salvación que compró para nosotros. Entendamos
esto claramente. No ganamos la Salvación por cumplir los Mandamientos e ignorar
todas Sus otras Enseñanzas, en particular las de nuestra actuación con el
prójimo. Lo que nos salva es seguirle a Él en
todo, que por supuesto incluye los Mandamientos de la Ley de Dios
promulgados para Su Pueblo, porque Él no vino a abro- gar sino a complementar
lo ya establecido.
(7) Pero si no, esta semilla le servirá de condena. – Es obvio, pues, que ignorar
Su Vida, Sus Semillas sembra- das, es condena segura; más aun, que no suceda
nunca, que lleguemos a saber cuáles semillas sembradas no hemos cosechado en
nuestras vidas.
Resumen del capítulo del 1 de Noviembre de 1915: (De Diario) – Página 179 -
Esta mañana mi dulce Jesús no me
ha hecho esperar mucho, ha venido, pero afanado, inquieto, y arrojándose en mis
brazos me ha dicho:
(A)
“Hija mía, dame reposo, hazme desahogar en amor. Si la Justicia quiere
su desahogo puede desahogarse con
todas las criaturas, mi Amor en cambio puede desahogarse solamente con quien me
ama, con quien está herido por mi
mismo Amor, y delirando va buscando desahogo en mi Amor, pidiéndome más amor,
y si mi Amor no encontrase
una criatura que me hiciera desahogar, mi Justicia se encendería mayormente
y daría el último golpe para destruir
a
las pobres criaturas”.
Y mientras esto decía
me besaba, volvía a besarme
y me decía:
“Te amo, pero con amor eterno; te amo, pero con amor inmenso; te amo, pero con un amor incomprensible para ti;
te amo, pero con un amor que jamás tendrá límites
ni fin; te amo con un amor que nunca me podrás
igualar”.
¿Pero quién
puede decir todos los títulos que Jesús decía del amor con que me ama? Y a cada
modo de los que decía esperaba mi respuesta, yo, no sabiendo qué decirle, ni
teniendo movimiento suficiente para poderlo igualar le he di- cho:
(B) “Vida mía, Tú sabes que no tengo nada y que todo lo que hago lo tomo de Ti, y luego lo dejo en Ti de nuevo para hacer
que mis cosas,
estando en Ti, tengan continua
actitud y vida en Ti, y yo permanezco siempre
nada, por eso tomo
tu amor y lo hago mío y te digo: “Te amo con amor eterno, inmenso,
con un amor que no tiene límites
ni fin y que es igual al tuyo”.
Y lo besaba y lo volvía a besar, y a medida que repetía “te amo”,
Jesús se aquietaba y tomaba reposo y ha desapare-
cido. Después,
volviendo, hacía ver su Santísima Humanidad magullada, herida,
desgarrada, dislocada, toda sangre.
Yo ante eso he quedado horrorizada y Jesús me ha dicho:
(C) “Hija mía, mira, tengo en Mí a todos los pobres heridos que están bajo las balas y sufro junto con ellos, y quiero
que también
tú tomes parte en estas
penas para su salvación”.
Y Jesús,
transformándose en mí, me hacía sentir ahora agonizante, ahora doliente, en
suma, sentía lo que sentía Je- sús.
* * * * * * *
De todo este capítulo
de diario queremos
destacar tres aspectos
importantes, empezando con el Bloque (A).
Hija mía, dame reposo, hazme
desahogar en amor. Si la Justicia quiere su desahogo puede desahogarse con
todas las criaturas, mi Amor en cambio puede desahogarse solamente con quien me
ama, con quien está herido por mi mismo Amor, y delirando va buscando desahogo
en mi Amor, pidiéndome más amor, y si
mi Amor no encontrase una criatura que me hiciera desahogar, mi Justicia se
encendería mayor- mente y daría el
último golpe para destruir a las pobres
criaturas. – Dos
conceptos en este párrafo que nece- sitamos enfatizar.
El primero
tiene que ver con la singularización que hace del Amor, no del sentimiento de
amor, sino del Amor como Ente Divino, como “componente” esencial e integral al
Ser Divino, que tiene “su campo de acción”, como lo tienen las Tres Divinas
Personas, Su Voluntad, Jesús, Su Madre Santísima, y en este caso también, la
Justicia Divina, que no hemos incluido en el conjunto, pero que quizás
debiéramos hacerlo de ahora en adelante, porque es el que protege y garantiza la Dignidad y Decoro que son necesarias al Ser Divino,
del que es parte y al que está encargado
de proteger.
La Pedagogía
que el Señor imparte sobre
el Amor y Su “funcionamiento” es totalmente fascinante.
Lo primero que Nos dice es que el Amor necesita desahogarse, “salir fuera”
de donde está, que es de la criatura a la que ha “invadido”, en este caso, y en
primerísimo lugar del Mismo Jesús. Es como si Nos dijera, que el Amor siempre
está rondando fuera para invadir a una criatura
que esté receptiva a su acción invasora,
o sea, que le deje entrar. Una vez
que entra, sin embargo, busca salir para invadir a otra criatura, pero esa otra, a su vez, solo puede
ser invadida, a menos que
previamente no haya estado “herida por el Mismo Amor”.
La situación es menos complicada de lo que parece, si pensamos primero, en el
Acto de nuestra creación, como un acto en el que Dios Nos infunde Su Amor, y
pensamos en segundo lugar, en la Sugerencia Amorosa como la herramienta con la
que quedamos heridos, subsi- guientemente, por el Mismo Amor. Así pues, el
proceso de amor que parece no tener comienzo, en realidad comienza con nuestra
creación, y continúa con los miles de Sugerencias Amorosas con las que Nos guía
en nuestras vidas.
Así pues, todo
comienza con Jesús, la criatura bien amada, en la que El Padre tiene todas Sus
Complacencias. Esta criatura, excelsa por encima de toda otra criatura, es
invadida por el Amor que es el ejecutor de Su Creación, y de Jesús sale fuera, para invadir a toda otra criatura que Ellos diseñan y va a salir
a la existencia. En esta “invasión”, toda criatura queda vinculada a Jesús.
El Señor
termina Su Explicación de este Bloque diciendo que si Su Amor no encontrara una
nueva criatura a la que invadir, como que se interrumpiría este Proceso
Maravilloso, y Su Justicia, no encontrando razón alguna para “dejar- nos”
existir, Nos destruiría.
El segundo
concepto de este capítulo que es necesario destacar está representado por las
palabras de Luisa, que hemos identificado como Bloque (B).
Vida mía, Tú sabes que no tengo nada y que todo lo que hago lo tomo de Ti, y luego lo dejo en Ti de nue- vo para hacer que mis cosas, estando en Ti, tengan continua actitud y vida en Ti, y yo permanezco siem- pre
nada, por eso tomo tu amor y lo hago
mío y te digo: “Te amo con
amor eterno, inmenso, con un amor que no tiene límites ni fin y que es
igual al tuyo. – Luisa ha comprendido a la perfección esta “acción
invasora” del Amor, que, como ya explicamos, está representada por la Sugerencia
Amorosa de Acción que Dios, que Jesús inicia, para con Luisa y cada uno de
nosotros. Cada Sugerencia Amorosa, repetimos, es una “acción invasora” del Amor
que sale fuera de la criatura amada para invadir a la criatura que ha sido
previamente herida por el mismo Amor en el acto de su creación como criatura.
Cada vez que aceptamos
una Sugerencia Amorosa
de Dios, tomamos de Él, y Le
regresamos a Él ese mismo Amor que Nos
ha invadido, correspondiendo a lo que Nos ha pedido. Ahora
bien, como eso que
devolvemos es acto hecho en Su
Voluntad, queda en Él, “estando en Ti, tiene continua actitud y
vida en Ti”.
Luisa y
nosotros permanecemos “siempre en nada”, pero nuestra
correspondencia ha sido hecha con Su Mismo Amor, y ese Amor correspondido es, necesaria e inevitablemente, “un
amor que no tiene límites ni fin, y que es igual al Tuyo”.
Por último,
comentemos brevemente el Bloque (C).
Nunca como hasta ahora que leemos este capítulo, habíamos comprendido como el
Señor se hace solidario con los problemas que nosotros mismos causamos, y como
utiliza estos desastres que nosotros mismos causamos para tratar de salvarnos.
La guerra la
hemos comenzado nosotros; de los que van a caer a balazos, en este caso, por
acción de esa guerra, también somos nosotros los responsables, y sin embargo,
es Jesús el que “mete” en Si Mismo y como que abraza a todos los que van a caer
muertos o heridos por las balas, y sufre con ellos, y trabaja para
convertirlos, y quiere la compañía de Luisa, y la nuestra, en esta
importantísima labor de salvación de sus almas.
Resumen del capítulo del 4 de Noviembre de 1915: (de diario)
– Página 181 –
Encontrándome en mi habitual
estado me encontraba fuera de mí misma junto con la Reina Mamá, y le pedía que
se interpusiera ante Jesús para hacer cesar el flagelo de la guerra, le decía:
“Mamá mía, piedad de tantas pobres víctimas, ¿no ves cuánta sangre, cuántos miembros destrozados, cuántos gemi-
dos y lágrimas? Eres la Mamá de Jesús, pero también nuestra, por lo tanto te corresponde a Ti pacificar a tus hijos”.
Y mientras le rogaba, Ella
lloraba, pero a pesar de que lloraba parecía inflexible. Yo lloraba también y
continuaba ro- gando por la paz, y mi querida Mamá me ha dicho:
“Hija mía, la tierra no está aún purificada, los pueblos se mantienen endurecidos; y además, si el flagelo
termina,
¿quién salvará a los sacerdotes? ¿Quién los convertirá? La vestidura que en muchos cubre sus vidas es tan deplorable,
que los mismos seglares tienen repugnancia de acercárseles. Recemos, recemos”.
* * * * * * *
Luisa trata de detener los
flagelos infligidos por Jesús a las criaturas, rengándole a la Reina Mamá que
interceda ante Su Hijo, para que suspenda los castigos.
Isa apela a los
Sentimientos Maternales de la Virgen, que sufre y siente por todos Sus Hijos, y
Le pide que como Ma- dre Pacificadora, que es una de las Prerrogativas otorgadas por Dios, ponga
la paz entre todos Sus Hijos,
y que vuelva a reinar la amistad entre Dios y Sus criaturas, por
medio de esta intercesión.
Luisa recibe la
respuesta de la Santísima Virgen. A diferencia de Luisa, Su Respuesta indica
cómo Nuestra Señora acepta o se conforma con la Voluntad de Su Hijo. El
Sufrimiento de la Virgen es inmenso, así como lo es también el Sufrimiento de
Su Hijo, pero ambos saben, que los flagelos, los castigos, son el único medio
de hacer entrar en razo- nes a las criaturas.
La “purificación” tan necesaria “de la tierra” que la Virgen menciona, significa, que solo
puede ser purificada a base de derramamiento de sangre. Solo cuando el
ser humano “siente su humanidad tan desecha” es cuando reacciona y se convierte.
Tristemente, la
Virgen Santísima se refiere a los sacerdotes, indicando que, desgraciadamente,
ellos son los que más necesitan de estos flagelos, para que se conviertan.
Habla
de que las “vestiduras que cubren sus vidas es deplorable”. Si
interpretamos esto correctamente, la palabra “deplorable” significa
“lamentable, infeliz, casi sin remedio”; por lo que podemos decir que cuando
Dios los mira, los ve cubiertos de
pecados, y “los mismos seglares tienen repugnancia de
acercárseles”, y la Misma Justicia Divina se siente motivada a castigarlos.
La última recomendación de la Virgen, en realidad Su Sugerencia, es que “recen juntas”, y que
tenga resignación y conformidad con la Voluntad de Su Hijo.
Resumen del capítulo del 11 de Noviembre de 1915: (Doctrinal) – Página 182 -
Esta mañana
sentía tal compasión por las ofensas que Jesús recibe, y por tantas pobres
criaturas que tienen la des- ventura de ofenderlo, que quisiera afrontar
cualquier pena con tal de impedir la culpa, y rezaba y reparaba de cora- zón.
Mientras estaba
en esto, el bendito Jesús ha venido y parecía que tenía las mismas heridas de
mi corazón, pero ¡oh!, cuánto más grandes, y me ha dicho:
(A) “Hija mía, mi Divinidad al
hacer salir a la criatura quedó como herida por mi mismo Amor por amor a ella,
y esta herida me hizo descender del Cielo a la tierra y llorar y derramar mi
sangre, y hacer todo lo que hice. Ahora, el alma que vive en mi Voluntad siente a lo vivo esta herida mía como si fuera de ella, y llora
y reza y quisiera sufrir todo para
poner a salvo a la pobre criatura, y para que esta mi herida de amor no sea
recrudecida por las ofensas de las criatu- ras. ¡Ah! hija mía, estas lágrimas, oraciones, penas, reparaciones,
endulzan mi herida y descienden en mi pecho como fúlgidas gemas, que me glorío
de tenerlas sobre mi pecho para mostrarlas a mi Padre para inclinarlo a piedad
de las criaturas. Así que entre ellas y Yo desciende y asciende una vena divina
que les va consumando la sangre humana, y por cuanto más toman parte en mi
herida, en mi misma Vida, tanto más esta
vena divina se agranda, se agranda
tan- to de volverse ellas otros tantos Cristos, y Yo voy repitiendo al Padre:
“Yo estoy en el Cielo, pero hay otros Cristos sobre la tierra que están heridos
con mi misma herida, que lloran como Yo, que sufren, que rezan, etc., por lo
tanto debemos derramar sobre la tierra nuestras misericordias”. Ah sí, sólo
estas almas que viven en mi Querer, que toman parte en mi herida, me asemejan
en la tierra y me asemejarán en el Cielo con el tomar parte en la misma gloria
de mi Humanidad”.
* * * * * *
*
(1) Hija mía, mi Divinidad al hacer salir a la criatura, quedó como herida
por mi mismo Amor por amor a ella, - La Humanidad de Jesús, fue el primer ser humano que
fue creado por el Amor Divino; pero no debemos visua- lizar esa Creación como
la creación simple de un ser humano como nosotros, sino que Su Humanidad fue
creada para ser el Recipiente de Su Divinidad, en toda Su Plenitud incomprensible;
fue creada para que Dios habitara en una cria- tura con la que realizaría Sus Planes. Esta afirmación no debe extrañar a los lectores,
ya que está fundamentada en lo que
hemos aprendido de los capítulos en volúmenes superiores, particularmente el
capítulo del 31 de Marzo de 1929, volumen 25.
Esta realidad separada que se crea, la Humanidad de Jesús, va a poseer Su
Misma Libertad de Voluntad para decidir, libertad que una vez concedida es irrevocable. Intrínseca a esta Libertad de Voluntad, o sea, esta
capacidad de decidir hacer o no hacer
algo, que va a dársele a todo
hombre en el primer hombre que es Jesús, está la posibilidad de que lo que ese hombre
decida no hacer, pueda causar incertidumbre, sorpresa, contrariedad al Ser
Divino; más aun, puede llegar a causarle “dolor” al Ser Divino. Entendamos bien esto. En Jesús, como hombre, está encerrada esta posibilidad. Él siente en Sí mismo esta posibilidad con la que vive, “y queda
herido”. No creamos
que era una expresión
retorica o piadosa, su
frecuente declaración de que Él había venido a hacer la Voluntad de Su Padre, y
de que en efecto, estaba haciendo la Voluntad de Su Padre, o sea, que estaba
decidiendo hacer, momento a momento, lo que Su Padre quería de Él.
Si ya entendemos esto, debemos también entender que en este primer acto
intemporal de creación, que precede a todo acto de creación de los demás seres
humanos, y en todas las subsiguientes creaciones, una por una, sin excep- ción,
la Divinidad, o sea, el Ser Divino, queda, en el acto de crearla, “como
herido por Su Mismo Amor”, porque es Jesús Mismo, encerrando en Él a
la plenitud del Ser Divino, el que siente esta posibilidad de no hacer, y queda
herido Él, y queda “como herido” también el Ser Divino que cohabita con Él, por
la probabilidad de un rechazo por parte de esa criatura que se “empezaba” con
Él.
Dicho de otra manera. Esta realidad separada que se crea, la de un hombre con libertad
de voluntad como la de Ellos, tiene, a diferencia de toda otra cosa creada, el
potencial de darle un gran dolor, una gran “herida”, si esa criatura decidiera
rechazarle, rechazar todos los Derechos sobre ella, que como Creador tiene.
En capítulos
anteriores, el Señor menciona que el Amor Divino hirió a Su Humanidad. Quiere
esto decir, que, en cada sucesiva creación después de la Suya, Su Humanidad quedó marcada, lastimada, tal como una madre queda
marcada, herida, al dar a luz: queda
herida en sus entrañas, por esta posibilidad de que cada hijo Suyo, pueda decidir lo contra- rio de lo que Él quiere para ese
Hijo o Hija Suya.
Esta alegoría
de la madre, no debe extrañarnos, porque ya Jesús declara en el volumen 4,
capítulo del 17 de Febrero de 1901, confirma Su Pre-existencia, y dice lo
siguiente:
“Hija mía, el hombre primero
nace en Mi, y de Mi obtiene la impronta de la Divinidad; y al salir de
Mi para rena- cer en el seno materno, Le ordeno que camine
un pequeño trecho de vía; y al término
de aquel trecho, haciendo
que El me encuentre, lo recibo de nuevo en Mi, y lo hago vivir
eternamente conmigo. ¡Mira cuan noble es el hombre! De donde viene y adonde va, y cuál es su destino. Pues bien,
¿Cuál debería ser la santidad de este hombre por salir de un Dios tan santo?
Pero el hombre, al recorrer la vía para venir otra vez a Mi, destruye en si lo
que ha recibido de Divino, se
corrompe de modo que cuando lo encuentro para recibirlo en Mi, ya
no lo reconozco, ya no encuentro en el, la Impronta Divina, no encuentro nada de Mi en
él, y al no reconocerlo, Mi Justicia lo condena a andar
erran- te por el camino de la perdición”.
(2)
Y esta herida me hizo
descender del Cielo a la tierra y llorar y derramar mi sangre, y hacer todo lo que hice. - En el
párrafo 1, Nuestro Señor habla de la
herida que es “introducida” en Él, en el
Acto de Creación de Su Humanidad;
herida potencial que podría causarle gran dolor si se manifestara. Ahora, en
este párrafo habla de cómo esa herida, se hizo real, en el momento de la
desobediencia de Adán. Si se nos permite un ejemplo, quizás podamos explicar
mejor la situación. Supongamos que un ser humano nace con un aneurisma en una
de sus arterias principa- les, y sin saberlo, está herido de muerte porque el aneurisma
puede “reventar” en cualquier momento de su existencia y matarlo.
Si entendemos esto,
tratemos de visualizar el momento en que Adán,
decide hacer lo que se le ha prohibido hacer.
En aquel momento,
infinitamente trágico, la Humanidad de Jesús, capaz de quedar herida, queda herida para siempre,
“Y esta herida me hizo descender del Cielo a la tierra
y llorar y derramar mi sangre”.
Nuestra perspectiva
respecto de la desobediencia de Adán, que hasta ahora pensábamos y con razón,
que era una ofensa a la Divinidad, y que como tal debía
y fue castigada, nuestra perspectiva,
repetimos, debe cambiar
radicalmen- te, porque no fue una mera ofensa
espiritual, sino que actualizó una herida
potencial, un “aneurisma” que se esperaba
pudiera reventar y reventó en la Humanidad de Jesús. Como ya dijimos, Nuestro
Señor queda herido para siempre, como ha quedado la humanidad de cada uno de
nosotros, también herida para siempre.
El riesgo de
“perdida” con el experimento era pues muy grande, pero el riesgo de la
“ganancia” que se esperaba tam- bién era incalculable. Entendamos que sin
esta Libertad de Voluntad que querían regalarle al hombre, nada de lo que Ellos
querían hacer podía realizarse, porque este es un Reino todo Divino, al que
solo podían pertenecer, hombres y mujeres actuando como Dios actúa, y en
estrecha colaboración con Jesús.
Como hemos hecho en oportunidades
anteriores, redactemos esta situación empezando por el final, para que com-
prendamos lo que era necesario que el Ser Divino hiciera, para poder
llegar al final deseado.
a) El Ser Divino decide
establecer un Reino Suyo en una Realidad Separada de la Realidad Divina, en la
que ya tiene un Reino que disfruta con los seres angélicos.
b) En este nuevo Reino la
Santísima Trinidad no quiere estar sola, quiere la compañía de seres, a las que
va a dotar con Sus Cualidades Divinas, y particularmente quiere que posean la
misma Libertad de Voluntad Divina que Ellos tienen. Con estas dotes, el ser
humano puede ahora comenzar la construcción de este Reino que Ellos desean.
Aunque los detalles de este Reino se desconocen, si sabemos que será un Reino
jamás visto, en el que Jesús, la Plenitud del Ser Divino construirá este Reino,
como ser humano, con nuestra cooperación.
c)
La Divinidad regala a todos los seres humanos Su Libertad de Voluntad,
y la encierra en un Cuerpo de Luz, en el que además Biloca Su Voluntad, para
que custodie a esa preciosísima Libertad de Voluntad que Le conce- de.
d) Así dotado, el ser humano
necesita ser “probado”, para determinar si entiende a cabalidad los Dones que
se Le han otorgado, y si los aprecia en todo su valor, y así quedar confirmado
en el Poder Divino que se Le ha concedido.
e) Adán es “probado” y decide
hacer lo contrario de lo que se Le ha sugerido. Se actualiza la herida que la
Divi- nidad había anticipado y estaba presente en Jesús.
(3)
Ahora, el
alma que vive en mi Voluntad siente a lo vivo esta herida mía como si fuera de
ella, - Nues- tro Señor es bien especifico en Su manera de hablar.
Dice que el alma que vive en Su Voluntad, “siente”, presente de indicativo, y
este sentir en presente, es ya permanente. Todo Conocimiento que Nos da en
estos Escritos trae consigo esta característica de estar presente para siempre
en nuestro ser, porque se ha incorporado a nuestro Cuerpo de Luz, pero este
Conocimiento de hoy, de que “sentimos a lo vivo esta herida Mía como si fuera
suya”, es particularmente tremenda. Ya sabemos por otros capítulos
que hemos sido concebidos en Jesús desde el primer instante de Su Con- cepción en Su Madre Santísima, pero ahora sabemos
que nuestra “intimidad” con Él data de mucho antes de eso;
data desde que Él fue diseñado y creado como el primero de los hombres,
como el Primogénito, título que tantas veces Le hemos adscrito, pero que ahora,
por fin, entendemos.
(4)
Y llora y
reza y quisiera sufrir todo para poner a salvo a la pobre criatura, - Y porque
entendemos esta Herida Suya, comprendemos también la necesidad de “curar” esta
herida, porque podemos ayudarle a curarla, no a hacerla desaparecer, porque ya
jamás podrá desaparecer. Y en esta lucha que representa curar esta herida que
se ha abierto en Su Humanidad, y por extensión en Su Divinidad, “lloramos y
rezamos con Él, y quisiéramos sufrir con Él todo, para poner a salvo a la pobre
criatura”.
(5) Y para que esta mi herida de amor no sea recrudecida por las ofensas
de las criaturas. – No solo quiere nuestro
sentir en presente de lo sucedido en el “pasado”, sino que quiere nuestra ayuda para impedir que la “herida
de amor” se agrande y se recrudezca en dolor para Él.
(6)
¡Ah! hija mía, estas lágrimas, oraciones,
penas, reparaciones, endulzan mi herida y descienden en mi pecho como
fúlgidas gemas, que me glorío de tenerlas sobre mi pecho para mostrarlas a mi
Padre para inclinarlo a piedad de las criaturas. - En el
proceso nunca terminado de nuestra salvación, el Señor quiere que Le
acompañemos en todo lo que Él
hace, cosa que ya sabíamos,
pero lo que no sabíamos, es que en esta compañía efec- tiva que Le hacemos en lo que Él hace, Él se gloría de
nosotros, se gloría de haber conseguido “aliados” capaces de ayudarle, porque
en la Sugerencia que Nos hace, una y otra vez en estos Escritos, de que Le
ayudemos en Su Labor Redentora, decidimos ayudarle. Dice que todos nosotros,
los que vivimos en Su Voluntad, estamos en Su Pecho como “fulgidas
gemas”, y que se las muestra a Su Padre, y puede hacerle más fuerza
aun, en el proceso de nuestra salva- ción.
(7) Así que entre ellas y Yo desciende y asciende una vena divina que les
va consumando la sangre hu- mana, - En estos párrafos finales, de un capítulo
inesperadamente importante, el Señor Nos habla de que en este proceso que ha
descrito con tanta prolijidad sobre Su Herida de Amor, se forma entre Él y cada
uno de nosotros, co- mo una “Vena Divina”, una “extensión” de Su Sistema
Circulatorio, que se conecta con nuestras personas, y que com- prendemos se
“conecta” en nosotros, en nuestro cuerpo de Luz. Por capítulos superiores,
sabemos que la sangre de luz que circula en el Cuerpo de Luz, interacciona con
la nuestra, y como en la sangre humana normal, nos trae los nutrientes que
nutren al Cuerpo de Luz y van desarrollándolo. Aquí el Señor discute que este
nuevo sistema circulato- rio que hay en nuestro Cuerpo de Luz, tiene una vena
especial, que va reemplazando nuestra sangre humana con Su Sangre humana.
Veamos ahora lo que dice en el próximo párrafo.
(8) Y por cuanto más toman
parte en mi herida, en mi misma
Vida, tanto más esta vena divina se agran- da, - Y dice que en la medida en
que decidimos “sentir Su Herida”, y cooperar en Su Curación, más se agranda
esta Vena, mas Sangre Divina Nos trae.
Dicho de otra
manera. Su intimidad con nosotros en esta Vida en Su Voluntad, nuestro
crecimiento en la parte “inter- na” de
esta Vida en Su Voluntad, se va realizando en función de una conexión directa
con Su Sangre Santísima, vía una Vena Divina, que Nos “trae” y le “lleva”, todo
lo necesario para la curación de esta herida permanente de Amor que ha
provocado nuestra continua rebeldía a Sus Sugerencias de Amor.
(9) Se agranda tanto de volverse ellas otros tantos Cristos, y Yo voy
repitiendo al Padre: “Yo estoy en el Cielo, pero hay otros Cristos sobre la
tierra que están heridos con mi misma herida, que lloran como Yo, que sufren,
que rezan, etc., - este “crecimiento” del sistema circulatorio de nuestro cuerpo de Luz,
que debemos atribuir con exclusividad al desarrollo de la parte “interna” de
nuestra Vida en Su Voluntad, crecimiento que solo se logra en una Intimidad
creciente con Él personalmente, Nos va convirtiendo, dice el Señor, en otros
Cristos. El Señor deliberadamente usa Su Designación como Cristo, como el
Ungido, como el Salvador, para que comprendamos que Nos estamos convirtiendo en
otros Salvadores auxiliares, en otros Co-redentores, como lo fue y es Su Madre,
en Su Voluntad. No hay que asustarse, eso es lo que implica, y eso es lo que
dice. En vez de asustarnos, pensado que esta- mos entreteniendo un pensamiento
herético, debemos acoger todo esto, con el mismo sentido de “temor de Dios”, con el que debemos acoger todas estas
Revelaciones. Quiere nuestra cooperación, pero cooperación informada. No nos la
dice para que nos engrandezcamos, sino para que lo engrandezcamos a Él en
presencia de Su Padre.
(10) Por lo tanto debemos derramar sobre la tierra nuestras misericordias. –
La
Efectividad de la Misericor- dia permanente de Dios con nosotros, Sus
Criaturas, no depende de nuestras oraciones para que tenga Misericordia de nosotros, sino que depende, una vez más
Nos lo dice, de la Intimidad que llegan a conseguir con Él, los que viven en Su
Voluntad. Y, ¿Por qué? Porque solo Jesucristo puede salvarnos, y solo los que
viven en Su Voluntad, están ca- pacitados para ser nuevos Cristos sobre la
tierra.
(11) Ah sí, sólo estas almas que viven en mi Querer, que toman parte en mi
herida, me asemejan en la tierra y me asemejarán en el Cielo con el tomar parte
en la misma gloria de mi Humanidad. – mas y mas refuerzo a lo dicho en los párrafos 9 y
10. Las criaturas que viven en Su Voluntad, y toman parte en esta herida per-
manente con la que Nuestro Señor vive, de necesidad se vuelven otros Cristos, en la medida en que cada una de esas criaturas sea capaz
de sentir esta Herida Suya, y por tanto, es también inevitable que por amor a
ellas, se derramen continuamente Sus Misericordias, y sean las más perfectas
imágenes de Nuestro Señor en el Cielo, y se les vea parti- cipando como Él, de
la Gloria especial reservada para Jesús en el Cielo.
Resumen del capítulo del 13 de Noviembre de 1915: (Doctrinal) – Página 183 -
Después de
haber recibido la Santa Comunión, pensaba para mí cómo debía ofrecerla para
complacer a Jesús; y Él, siempre benigno, me dijo:
“Hija mía, si
quieres agradarme, ofrécela como la ofreció mi misma Humanidad. Yo, antes de
darme en comunión a los demás, me comulgué a Mí mismo, y quise
hacer esto para dar al Padre la
gloria completa de todas las Comuniones de las criaturas, para
encerrar en Mí todas las reparaciones de todos
los sacrilegios, de todas las ofensas que habría de recibir en el Sacramento. Mi Humanidad, encerrando la
Voluntad Divina, encerraba todas las reparaciones de todos los tiempos, y recibiéndome
a Mí mismo, me recibía dignamente; y como todas las obras de las
criaturas fueron divini- zadas por mi Humanidad, así
también quise sellar con mi comunión las comuniones de las criaturas; de otra
manera,
¿cómo podía la
criatura recibir a un Dios? Fue mi Humanidad la que abrió esta puerta a las
criaturas y les mereció recibirme a Mí mismo. Ahora tú hija mía, recíbela en mi
Voluntad, únete a mi Humanidad y así encerrarás todo y Yo encontraré en ti las
reparaciones de todos, la retribución de todo y mi complacencia, más bien
encontraré otra vez a Mí mismo en ti”
* * * * * * *
(1) Hija mía, si quieres agradarme, ofrécela como la ofreció mi misma
Humanidad. –
Jesús Le ofrece a Lui- sa la respuesta a su pregunta de cómo debe ofrecer la
Comunión para complacerle. Jesús Le enseña a Luisa Sus Mo- dos Divinos, los que
Él utilizó cuando estaba en la tierra, para complacer a Su Divinidad en la
primera de todas las Comuniones.
Todo lo que
sigue en el capítulo Nos muestra que Jesús no quiere que Luisa se esfuerce en
“inventarse” oraciones complicadas, o que repita oraciones hechas por otros.
Estos recursos pueden servir a las almas que no conocen acerca de Su Voluntad, y limitadas en Sus
Conocimientos. Para Luisa, y para nosotros los que vivimos en Su Voluntad,
Nues- tro Señor no quiere estos caminos devocionales propios de la Santidad de
las Virtudes.
Toda Santidad
tiene que fundamentarse, necesariamente, en una imitación de Su Vida. Esto no
ha cambiado en lo más mínimo,
por lo que en ese sentido,
tanto los que persiguen y viven en la santidad
de las virtudes, así la llamamos,
como los que persiguen y viven en la santidad de una vida vivida en Su
Voluntad, van por el camino correcto imitán- dole. La diferencia entre una
vida y la otra radica en el grado de profundidad en los Conocimientos que
llegamos a adquirir de Su Vida y de la Divinidad de la que Jesús es un
Componente integral.
Los
Conocimientos que adquirimos en estos Escritos de Luisa, directamente revelados
por Él, tanto en lo relativo a Su Vida entre nosotros, como en las Verdades
Divinas, no los había revelado anteriormente, por lo que no podíamos imi- tar
lo que desconocíamos. Más aun, no solo conocemos, sino que conocemos
exactamente cómo debemos imitarle; por tanto, toda otra interpretación de cómo
imitarle, por santa que sea, y provenga de quien provenga, no puede compararse
a lo que aquí expresa, ni puede por tanto seguirse. Esta es, sin lugar a dudas,
la dificultad mayor para muchos que comienzan estos Estudios y a vivir esta
Vida en Su Voluntad; el tener que abandonar sus prácticas virtuo- sas
anteriores, para concentrar su atención a aprender cosas nuevas de Él, y modos
de obrar distintos, los Modos Divinos que en estos Escritos se aprenden.
Así pues,
nuestra labor de santificación personal debe concentrarse ahora, en conocer lo
que Él hacía, cómo lo hacía, y por qué lo hacía, y repetirlo de la
mejor manera posible.
Esto de repetir
lo que Él hacía es de suprema importancia. Para repetir hay que conocer. ¿Cabe
alguna duda en el lector, que cuando leyó hace unos minutos el texto
de este capítulo, repetía
lo mismo que el Señor hacía? Así pues, en el mismo instante en que leemos un capítulo, ya estamos
repitiendo lo que Él hacía. Ahora bien, no es suficiente el acto mecánico de
leer. Si esta lectura la hacemos como el que está leyendo una novela o un
cuento, sin tener la más mínima intención de hacer nuestro, tanto intelectual
como afectivamente, aquello que leemos, no estamos realmente repitiendo lo que
leemos. Proseguimos. Si hemos hecho nuestro lo que hemos repetido leyendo, y
ahora lo “rumia- mos”, y seguidamente lo practicamos, seguimos repitiendo no
solo con nuestro intelecto, sino con nuestra voluntad, aquello que hemos
repetido. Es así como se forma y se consolida la Santidad de la Vida en Su
Voluntad que Él busca en Luisa y en nosotros.
Pero no ha
terminado esta comparación entre la Santidad de las Virtudes, y la Santidad en
Su Voluntad; para termi- narla debemos hablar sobre los Objetivos que
cada una de estas Santidades persigue.
El objetivo
buscado por la Santidad de las Virtudes, es, ciertamente, complacerle,
expresarle nuestro amor, nuestro agradecimiento por los Beneficios que Nos ha
concedido, y de esta manera conseguir nuestra salvación final y una mayor
recompensa en términos de felicidad eterna cuando lleguemos al Cielo.
El Objetivo
buscado por la Santidad en Su Voluntad, es todo eso ciertamente, pero llegado a
cierto punto en nuestra compenetración con estos Escritos, comprendemos que
nuestro objetivo debe excluirnos completamente de la ecua- ción, para pensar y
buscar activamente Sus Objetivos de la Venida del Reino del Fiat Supremo a la
tierra.
(2)
Yo, antes de darme en
comunión a los demás, me comulgué a Mí mismo, - Un nuevo Conocimiento que
sospechábamos, y Él ahora confirma: Jesús se comulgó a Si Mismo. ¿Además de
gran “noticia”, en que otro sentido tiene esto gran importancia? Todo lo que el
Señor decide hacer en beneficio de Sus criaturas, tiene que hacerlo Él primero,
tiene que ser recibido por Su Humanidad en Su Humanidad, para luego
“entregarlo” a Sus criaturas; hacerlo repetible. En este caso se trata de la
Comunión, en otros habla de que Él necesitaba hacer todo el catalogo de las
acciones humanas para divinizarlas haciéndolas.
Como sabemos,
no solo Nos dice lo que hizo, sino que en los próximos párrafos Nos dará
detalles sobre el porqué lo hizo.
(3)
Y quise hacer esto para
dar al Padre la gloria completa de todas las Comuniones de las criaturas, - En este párrafo 3 comienza a detallar las razones. Dice
en ese primer párrafo, que al comulgarse a Si Mismo, daba al Padre “la gloria
completa”. El entendimiento
completo de lo que la Eucaristía es, la multiplicidad de Objetivos que buscaba,
bilocándose en ese Pan y Vino solo Él los sabe, solo Él los entiende.
Entendamos que aquí no se trata sola- mente de darle Gloria a Su Padre en este
Acto, tan sublime, sino que esto mismo sucede en cada acto que realizaba. Él es el único ser humano que puede darle
a Su Padre la Gloria esperada en cada especie de acto humano, porque Él es el
que ha diseñado cada especie de acto, y sabe cuál es el reconocimiento
especial que cada acto humano debe darle a Su Creador.
Más aún, Solo
Él, como hombre, puede darle al Padre, representativo en este caso de la
Divinidad, la gloria completa que encierra cada acto humano, porque solo Él,
entiende a cabalidad lo que, un ser humano viviendo en Su Voluntad, puede
llegar a ser.
(4) para encerrar en Mí todas las reparaciones de todos los sacrilegios, de
todas las ofensas que habría de recibir en el Sacramento. – En este párrafo 4, Nuestro
Señor da una dimensión adicional del Acto Eucarístico, que podemos comprender
de cada uno de los actos humanos que somos capaces de realizar. Así decimos que
todo acto en el “catalogo” de los actos humanos, tiene un aspecto positivo, o
sea, el beneficio que se pretende dar a las criaturas, y que va a ser liberado
cuando se realice, siguiendo la Sugerencia Divina, y un aspecto negativo, o
sea, un perjuicio que recibe la criatura cuando lo realiza, siguiendo su propia
voluntad.
El Acto
Eucarístico cuando se realiza con las debidas disposiciones, Nos da incontables
beneficios; cuando se realiza sin
esas disposiciones, o con intenciones malvadas, diabólicas, resulta en una
ofensa, y la mayoría de las veces en un sacrilegio.
En el párrafo 3, el Señor habla de
la parte positiva que da Gloria al Padre, y
en este párrafo 4, habla de la parte nega- tiva del Acto
Eucarístico que ofende al Padre y necesita ser reparado. Las dos son labores de
Luisa, y nuestras tam- bién.
(5)
Mi
Humanidad, encerrando la Voluntad Divina, encerraba todas las reparaciones de
todos los tiem- pos, y recibiéndome a Mí mismo, me recibía dignamente; - Por segunda
vez en este volumen 11, Nuestro Se- ñor afirma que vivía en Su Voluntad. En el
primero de los capítulos que declara esto explícitamente, el capítulo del 2 de Mayo de 1915, dice: “Quienes
habitan en mi Voluntad son los que poseen todos los frutos de mi Humanidad,
porque mi Humanidad tenía sus límites, mientras que mi Voluntad no tiene
límites, y mi Humanidad vivía en mi Voluntad, cubierta por Ella, por
dentro y fuera.”
En este
capítulo indica que Su Voluntad estaba encerrada en Su Humanidad, la
característica más importante y extra- ordinaria de esta Vida en Su Voluntad
que Nos regala. Una vez que poseemos Su Voluntad, Bilocada y Obrante en
nosotros, poseemos todo lo que Su Voluntad posee, o sea, todo. Así pues, dice
Jesús, que Su Humanidad encerraba todas las reparaciones de todos los tiempos,
y al reparar por todos, y por cada ofensa o sacrilegio, cubría con Su Dig-
nidad todas y cada una de aquellas ofensas.
(6)
Y como todas las obras de
las criaturas fueron divinizadas por mi Humanidad, así también quise se- llar
con mi comunión las comuniones de las criaturas; de otra manera, ¿cómo podía la
criatura recibir a un Dios? – Si podemos comulgar, es porque Dios hecho hombre,
comulgó. Si podemos caminar, es porque Dios he- cho hombre caminó. Si podemos
alimentarnos, es porque Dios hecho hombre, se alimentó. Todo lo que podamos
hacer, lo podemos porque Él lo hizo primero. Comoquiera que este punto es
siempre difícil de entender, comprenda- mos que no se trata de hacerlo
primero en el tiempo, sino de hacerlo
primero en el Diseño del hombre, en el
diseño
de los actos
que el hombre sería capaz de realizar. Un ejemplo quizás ayude. Cuando una
matrimonio se muda a su nueva casa, es posible
afirmar que antes que ellos vivieran en esa
casa, y para que de hecho esa casa
fuera habitable, el arquitecto de la casa tuvo que “vivirla”, tuvo que
“habitarla” él intelectualmente; de hecho, conoce
la casa íntima- mente, mucho más que sus futuros dueños.
(7) Fue mi Humanidad la que abrió esta puerta
a las criaturas y les mereció recibirme a Mí mismo. Ahora tú hija mía, recíbela en mi
Voluntad, únete a mi Humanidad y así encerrarás todo y Yo encontraré en ti las
reparaciones de todos, la retribución de todo y mi complacencia, más bien
encontraré otra vez a Mí mismo en ti. – El párrafo que cierra este extraordinario capítulo
sobre la Eucaristía. Como de costumbre, termina exhortando a Luisa, y a cada uno de nosotros que leemos estas páginas, para que comulguemos como Él, porque Nos ha autorizado para que lo
hagamos, y así podrá Él decir, que hay otro Jesús, en cada uno de nosotros.
Quizás debié- ramos decir más apropiadamente, porque Él encuentra al Jesús que
ha bilocado en nosotros, haciendo junto con no- sotros, lo mismo que Él hizo.
* * * * * * *
Resumiendo todo
lo importante de este capítulo. Si quiere que Luisa y nosotros comulguemos como
se comulgó Él Mismo, entonces tenemos que repetir en nuestras comuniones lo
mismo que Él hacía.
Debemos
comulgar pensando en todos los Objetivos de la Eucaristía, y aunque no los conocemos
todos, podemos tener la intención de querer conocerlos todos, y de esa manera
dar nosotros también, Gloria completa al Padre Celes- tial. Debemos querer
reparar por todas las ofensas y sacrilegios que en los momentos en que nosotros
comulgamos, estén sucediendo en todas las Eucaristías que se
reciben; debemos recibir en nosotros dignamente a Jesús Mismo que viene a nosotros, y con Su Dignidad
debemos cubrir las ofensas de todos los tiempos. Debemos querer retribuir al
Señor por todo lo que todos Le debemos, y tratar de complacerlo en todas y cada
una de las Eucaristías que en ese momento se reciban.
Resumen del capítulo del 21 de Noviembre de 1915: (De Diario) – Página 184 -
Encontrándome
en mi habitual estado, en cuanto vi a mi siempre amable Jesús le pedí que por
piedad cambiara los decretos de la Divina Justicia, y le dije:
“Jesús mío, no más, mi pobre corazón
se deshace al oír tantas tragedias; Jesús, basta, son tus queridas imágenes, tus
amados hijos que gimen, lloran, se duelen bajo el peso de medios casi infernales”.
Y Él:
“¡Ah hija mía,
sin embargo todo lo que de terrible sucede ahora, no es más que el esbozo del
proyecto! ¿No ves qué amplio giro estoy trazando? ¿Qué será cuando ejecute el
proyecto? En muchos lugares se dirá: “Aquí estaba tal ciu- dad, tales
edificios”. Habrá lugares totalmente destruidos, el tiempo apremia, el hombre
ha llegado hasta a obligarme para que lo castigue, ha querido casi desafiarme,
incitarme, y Yo he tenido paciencia, pero todos los tiempos llegan. No me han querido
conocer por vía de amor y de misericordia; me conocerán entonces por vía de
justicia. Por tanto, ánimo, no te abatas tan pronto”.
* * * * * * *
Como es nuestra
costumbre, no nos parece adecuado comentar sobre estos capítulos en los que el
Señor habla sobre los castigos que la humanidad Le arranca de las manos,
particularmente en medio de la primera guerra mundial, por lo que seguimos al próximo.
Resumen del capítulo del 10 de Diciembre de 1915: (De diario) - Página 185 - Los Tres Puntos
esenciales de Su Vida.
Me sentía
frigidísima porque mi dulce Jesús, mi vida, mi todo, no se hacía ver. Yo me
lamentaba, si me fuera posible quisiera ensordecer con mis lamentos al Cielo y
a la tierra para moverlo a compasión de mi pobre estado. ¡Qué gran desventura,
conocerlo, amarlo y quedar privada de Él! ¿Se puede dar desventura mayor?
Pero mientras
me lamentaba, el bendito Jesús haciéndose ver en mi interior, me ha dicho con un aspecto severo:
“Hija mía, no
me tientes. Te lo he dicho todo para hacerte estar tranquila, te he dicho que
cuando me abstengo de venir es porque debo apretar en los castigos, pues esto
lo exige mi Justicia; y te he explicado también las razones. Primero no me
creías que era para castigar por lo que Yo no venía como de costumbre, porque
no oías que en el mundo sucedían grandes castigos; ahora sí lo oyes, y a pesar
de esto dudas aún, ¿no es esto tentarme?”
Yo temblaba al
ver y al oír a Jesús tan severo, y para tranquilizarme ha cambiado su aspecto y
toda benignidad agre- gó:
(A) “Hija mía, ánimo, Yo no te dejo,
sino estoy dentro de ti, si bien no siempre me ves; y tú únete siempre Conmigo,
si rezas tu oración corra en la mía y hazla tuya, así todo lo que hice con mis
oraciones, la gloria que di al Padre, el bien que impetré a todos, lo harás también
tú; si obras, haz que tu acto corra en el mío, y éste hazlo tuyo, así tendrás en tu
poder todo el bien que hizo mi Humanidad, que santificó y divinizó todo; si
sufres, tu sufrir corra en el mío, y éste hazlo tuyo, y así tendrás en tu poder
todo el bien que hice en la Redención. Con esto tomarás los tres puntos
esenciales de mi Vida, y a medida que lo hagas, saldrán de ti mares inmensos de
gracia que se derramarán para bien de todos, y Yo veré tu vida no como tuya,
sino como mía”.
* * * * * * *
Luisa se queja
por la ausencia de Jesús, y se lamentaba en alta voz para conseguir ser oída en
el Cielo o en la tierra, en donde esté Jesús, y de esa manera moverlo a compasión para que la visite. Al fin Jesús se aparece, y Sus Palabras
toman un giro imprevisto, y son bien severas.
Habla de que lo que ella hace es “tentarle”. Conocemos lo que es
tenta- ción. Dice el Diccionario que tentar es probar a uno, hacer
examen de su constancia o fortaleza. En una primera leída no parece haber
relación entre lo que está sucediendo y como en todo este proceso Luisa puede
tentar al Señor. Ex- pongamos la situación nuevamente.
Jesús Le ha
dicho a Luisa que cuando no lo ve es porque está castigando. En todos estos
años anteriores se lo ha dicho, y en todos estos
años, Luisa no se Lo ha
creído completamente, por mucho
que Él se lo aseguraba. ¿Por qué no Le creía Luisa? Porque cuando Luisa
volvía de su estado habitual catatónico, y recuperaba por unas horas sus senti-
dos, nadie le informaba de que Dios estuviera castigando, ni siquiera su
confesor. Ahora que estamos en una guerra mundial, todas las personas que la
rodean hablan de los castigos y de los desastres de la guerra, todavía ella no
cree que Él no viene para poder castigar
libremente. Ella duda de Su Palabra tanto cuando no veía los castigos, como ahora que los
ve, está poniendo a prueba la veracidad de Sus Palabras.
Dicho todo esto, sin embargo, las consideraciones doctrinales en este capítulo
de diario son sumamente
importantes. Con esto queremos
decir, que aunque
ostensiblemente el capítulo trata,
como ocurre en otros capítulos similares, de la necesidad de los castigos como instrumento de conversión
de los pueblos que desafían al Señor, Nuestro Señor aprovecha la ocasión para
darnos una importante información doctrinal que hemos identificado en el titulo
como los Tres puntos esenciales de Su Vida.
Cuando los
destaquemos, nos percataremos de que ya esto lo sabíamos, pero no es lo mismo
saberlo porque lo ex- traemos de lo que hacía mientras estuvo entre nosotros,
pero es de extrema importancia, el que sepamos por boca del Mismo Jesús, cuáles eran los puntales de Su Vida, lo que Él
consideraba era lo esencial de Su Vida entre nosotros, y por tanto lo esencial
de Su Labor Redentora.
Observemos de entrada que eso que
constituía los Puntos Esenciales de Su Vida, son los mismos que deben
constituir nuestros puntos en la vida en Su Voluntad. Y empezamos con el
análisis de Sus Palabras en el Bloque (A).
(1) Hija mía, ánimo, Yo no te dejo, sino estoy dentro de ti, si bien no
siempre me ves; - Jesús Le renueva este Conocimiento dado anteriormente de que Él está
bilocado dentro de ella, aunque no Le vea o Le sienta senso- rialmente; y junto con Él
está la Voluntad Suprema Bilocada y Obrante,
en este Cuerpo de Luz
que cohabita con Luisa.
Este
Conocimiento titular es necesario para que lo que va a decirle en los próximos
párrafos tenga sentido. Lo que Le dice a Luisa es de tanta importancia práctica
que no podemos vivir en Su Voluntad, en la práctica, si no asimilamos estos conceptos
que Nos da el Señor.
El Conocimiento
profundo de este primer párrafo es, que no vivimos nosotros aquí en la tierra,
y Él, Dios en el Cielo, que no es un Dios lejano al que hay alcanzar, hacia el
que hay que tender, al que vamos acercándonos por purifica- ción espiritual,
sino que, en virtud del Don concedido, Dios está con nosotros, inevitablemente,
en nuestro interior. Más aun, si se nos permite la audacia, no es un Dios de todos, sino es un Dios mío particular, que
actúa conmigo, que crece junto conmigo. Es con este Jesús, este Dios bilocado
en mí, con el que convivo, al que tengo que atender, al que tengo que amar, al que tengo que seguir porque todo me lo
sugiere. Este Jesús no está conmigo por Gracia, ni el Espíritu Santo mora en mí
por Gracia, sino que ambos están en mí real y verdaderamente, porque es así
como siem- pre Ellos “visualizaron” que debería vivir el hombre, y es así como
yo vivo ahora.
(2)
y tú únete siempre Conmigo, si rezas tu oración corra
en la mía y hazla tuya, así todo lo
que hice con mis oraciones, la gloria
que di al Padre, el bien que impetré a todos, lo harás también tú; - Si esto que
hemos expresado en el párrafo anterior lo entendemos, también ahora
entenderemos lo que Él quiere de Luisa y de nosotros, porque aunque está describiendo
lo que Él Mismo llama “los tres puntos esenciales de Mi Vida”, en reali-
dad está describiendo los tres mismos puntos que deben ser esenciales en la
vida de Luisa y ahora en la nuestra.
En primer lugar, no quiere que Luisa rece como antes,
y como rezan las demás criaturas.
Las almas
buenas, virtuosas, dirigen a Dios sus oraciones, oraciones que salen de lo
profundo de sus almas, con fe, enfervorizadas,
con gran amor hacia Su Creador, pero inevitablemente,
estas oraciones salen
de ellas para partir hacia
Dios, y aunque a veces rezamos por otros, nuestra preocupación principal somos
nosotros. Dios, desde el Cielo la escucha y la criatura, en la tierra, las
hace. La imagen de los devotos arrodillados frente a un Crucifijo, o delante
del Santísimo Sacramento, es la prueba de esta realidad que hasta ahora no
cuestionábamos, ni podíamos concebir de otra manera. No hablamos aquí de la
necesidad del culto externo, de las oraciones como parte de nuestra vida ecle-
sial, sino de la práctica de la oración privada. Todo esto, implica el Señor,
está muy bien para el que no conoce y por tanto no vive en Mi Voluntad, porque
de la manera antigua que rezábamos, actualizábamos nuestra redención.
Entender al
Señor es siempre difícil, aun en estas 6 o 7 líneas aparentemente sencillas.
Antes de empezar tenemos que explorar
algo que debiera ser evidente. ¿Qué hace este Jesús bilocado en mí; en que
“ocupa Su tiempo”? Aunque la respuesta es una: hace todo desde dentro de mí, y
ya esta respuesta de por sí, “se las trae”, lo importante es que sepamos es que
nunca Él ha dejado de “vivir” en
medio de nosotros, garantizando constantemente, con Su Presencia y Acciones, nuestra Salvación, y ahora,
nuestra santificación en Su Voluntad, porque continuamente hace lo que
hacía mientras estaba con nosotros, o sea, los tres puntos esenciales de Su
Vida terrena.
¿Desde donde
hace continuamente lo que antes hizo? Externamente, y hasta Luisa, lo hacía
como Jesús Sacramenta- do. Hasta Luisa, no eran nuestras oraciones las que
convertían a otros, las que impetraban misericordia y compasión para nosotros, siempre ha sido Él, el principal actor de
este drama continuado de nuestra salvación. Ahora con Luisa, y
en esta vida en Su Voluntad, Él continua esta labor de redención continua, pero
ya no solamente como Jesús Sacra- mentado, sino como el Jesús Bilocado en
nosotros, porque ahora nosotros somos Sus Hostias Vivas.
Así pues, lo
primero que tenemos que comprender, es que el Jesús que está bilocado en mí,
está continuamente re- zando, actuando y sufriendo, igual que el Jesús
Sacramentado, está rezando, actuando y sufriendo, e igual que el Jesús Real, el
que está sentado a la derecha del Padre, está rezando actuando y sufriendo para
garantizar nuestra Redención.
Digamos
todo esto de otra manera.
El Señor Nos brinda un “manual de instrucciones”. Aunque el primero de los Tres
puntos en este Manual es el de que recemos, uniéndonos a Él, lo que se dice aplica a los restantes
dos puntos. Tres preguntas
deben suscitarse en nuestras mentes inmediatamente.
La primera
pregunta es: ¿Cuál es este Él, al que Él quiere nos unamos, al Jesús del
Cielo, o al Jesús que está bilocado en mí? A estas
alturas de nuestros estudios, la respuesta debe ser obvia: al que está
bilocado en Mí; a Mi Jesús “parti- cular”.
La segunda
pregunta es: ¿Por qué quiere que nos unamos a Él? Porque una de las labores
de los Hijos e Hijas de Su Voluntad, es
la de hacer lo mismo que Él hace
ahora, que debe añadirse
a lo que Él hizo mientras vivió
entre nosotros, que como ya sabemos, es muy importante para desarrollar
la parte interna de nuestra vida en Su Voluntad.
La tercera
pregunta es: ¿qué es lo que Nuestro Señor “particular” hace ahora? Lo mismo que hago Yo, y lo que yo hago
ahora, Él lo inicia, y una vez que yo lo hago, Él lo replica en el Cuerpo de
Luz en el que Él Y Su Voluntad Biloca- da residen. Comprendamos que lo que
Luisa comienza a hacer, y lo que hacemos ahora cada uno de nosotros, en Su
Voluntad, es de extrema importancia, porque contribuye a la venida del Reino, a
la Glorificación continua del Padre Celestial,
a la santificación en Su
Voluntad de otros hermanos y
hermanas nuestras, y a la continua salvación de nues- tros hermanos. No es suficiente
para Su Plan con nosotros, el que Él haga las cosas por Su cuenta, cosa que puede
hacer con extrema facilidad, sino que es “necesario” que Él las haga, pero
iniciadas por nosotros, con plena libertad.
Una vez entendida esta primera parte, dice que nuestra oración hecha junto
con Él, “debe
correr junto con la de Él”. De nuevo, Él reza continuamente, y Sus
Oraciones todas “desembocan” en el “río de Su Voluntad” que fluye a través de
Él, y ahora de nosotros; “río” al que Nos ha incorporado al darnos el Don de
Vivir en Su Voluntad. Quiere que vi- sualicemos nuestras oraciones hechas junto
con Nuestro Jesús Bilocado, incorporándose, “corriendo” con las de Él, y
llegando a la Presencia de la Divinidad, para beneficio de todos.
La última
instrucción en este primer punto, y en los otros dos, es que hagamos nuestra Su
Oración. La expresión del Señor parece difícil de entender, pero en
realidad no lo es. La comprendemos de inmediato con un ejemplo. Un
amigo tiene un problema y lo cuenta a dos de sus amigos. El primero ofrece
palabras de simpatía, pero nada en concreto que resuelva el problema, o por lo menos
lo aminore considerablemente. El segundo, no solo escucha el problema, sino que ofrece consejos
prácticos, y se compromete personalmente a resolver o ayudar a resolver la situación.
¿Quién hizo suyo el problema del amigo? Obviamente el segundo.
Así quiere el
Señor que actuemos. Tiene en Sus Manos graves problemas que atender y resolver,
y son pocos los que hacen suyo el problema del Señor. Los Hijos
e Hijas en Su Voluntad están llamados a ser de los que ayudan a resolver el problema, y particularmente a colaborar con Él en
la venida del Reino.
Si todo esto hacemos, Sus Oraciones y ahora
las nuestras, dieron y dan Gloria
al Padre, e impetran para todos
el Bien, como Él lo impetraba y lo impetra.
(3) si obras, haz que tu acto corra en el mío, y éste hazlo tuyo, así
tendrás en tu poder todo el bien que hizo mi Humanidad, que santificó y
divinizó todo; - No necesitamos ser tan prolijos en la explicación de este párrafo 3,
puesto que todas las condicionales antes expuestas aplican a cada uno de los
Tres Puntos esenciales de Su Vida.
Lo único que queremos explicar un tanto, es que este obrar del que Jesús
habla, es todo obrar que no sea rezar y sufrir. Visto de esta manera,
comprendemos, que toda nuestra vida, es un continuo obrar, y debemos unirnos a
Él, para que nuestro obrar “corra” junto con Su Obrar, y podremos “santificar
y divinizar todo”, y hacer que todo nues- tro obrar contribuya, como
el Suyo, a la venida del Reino.
(4) si sufres, tu sufrir corra en el mío, y éste hazlo tuyo, y así tendrás
en tu poder todo el bien que hice en la Redención. – Cuando sufrimos, unidos a
Él, y unimos nuestros sufrimientos a los de Él, los incorporamos al “Rio de Su
Voluntad”, y logramos contribuir a Su Redención.
(5)
Con esto tomarás
los tres puntos esenciales de mi Vida,
y a medida que lo hagas, saldrán de ti mares inmensos de gracia que se derramarán para bien de
todos, y Yo veré tu vida no como tuya, sino como mía. – Aunque el
párrafo recapitula, también añade; en este caso, dice que “en la medida
que lo hagas”, Él verá nuestra vida como ve Su Misma Vida, en este proceso
post-redentor.
Resumen del capítulo del 12 de Enero de 1916: (De diario) – Página 186 -
Estaba
lamentándome con Jesús bendito de sus acostumbradas privaciones, y lloraba
amargamente, y mi adorable Jesús ha
venido, pero en un estado
doloroso, y me hacía
ver cómo las cosas irán empeorando siempre
más, y esto me hacía llorar
aún más, y Jesús me ha dicho:
“Hija mía, tú
lloras por los tiempos presentes, pero Yo lloro por los futuros. ¡Oh! en qué
laberinto se encontrarán las naciones, tanto que una formará el terror y la muerte de la otra, y no sabrán
reaccionar por ellas mismas, harán
cosas de locos, de ciegos, hasta
actuar contra ellas
mismas. Este es el laberinto
en el que se encuentra la pobre Italia,
¿cuántos golpes recibirá? Recuerda
que hace años te dije que merecía
el castigo, que la haría invadir por naciones
extranjeras, y
esta es la trama que le están tejiendo. Cómo quedará humillada y aniquilada.
Demasiado ingrata me ha sido. Mis naciones predilectas: Italia y Francia, son
aquellas que más me han desconocido, se han dado la mano para ofenderme; justo
castigo, se darán la mano en quedar humilladas, pero serán también ellas las que más harán la gue- rra a mi
Iglesia. ¡Ah hija mía!, casi todas las
naciones se han unido en ofenderme, han conjurado contra Mí. ¿Qué mal les he
hecho? Así que casi todas merecen el castigo”.
¿Pero quién
puede decir el dolor
de Jesús, el estado de violencia en el que se encontraba y mi espanto,
mi miedo? Y decía a mi Jesús:
¿Cómo puedo vivir entre tantas
tragedias? O haces
que yo sea la víctima
y perdonas a los pueblos,
o bien llévame
Contigo”.
* * * * * * *
Otro capítulo
de diario relativo a los castigos que el Señor está infligiendo en todas las
naciones permitiendo la prime- ra guerra mundial. Sin comentarios adicionales.
Resumen del capítulo del 28 de Enero de 1916: (De diario) – Página 188 -
Me sentía
oprimida y pensaba entre mí: “Todo ha terminado, estado
de víctima, sufrimientos, Jesús, todo”. Con el agregado de que el confesor no estaba bien y por eso tal vez me tocaría estar sin la comunión. Sentía
todo el peso de la suspensión de víctima por parte de
Jesús, y por parte de la obediencia no tenía ninguna orden, ni en favor ni en
contra, y esto aumentaba mi aflicción recordando que en marzo del año pasado no
estando bien el confesor y encon- trándome en
las mismas condiciones, Jesús me había dicho que si
yo, o quien me guía me
hubiera tenido en el estado de víctima, habría protegido a Corato, y por eso
ahora surgen nuevos temores de que yo pueda ser la causa de algún grave mal aun para Corato. ¿Pero
quién puede decir todas mis aprehensiones y amarguras? Eran tantas que me
sentía petrificar.
Ahora, el bendito Jesús teniendo compasión de mí, se hizo ver en mi interior
y parecía que tenía una mano apoyada en
la frente, todo afligido, tanto que yo no me sentía con valor de llamarlo y en
voz baja le dije: “Jesús, Jesús”.
Y Él me ha mirado, pero, ¡oh! Cómo era triste
su mirada, y me dijo:
Hija mía,
¡cuánto sufro! Si tú supieras las penas de quien te ama no harías otra cosa que
llorar. Sufro también por ti, porque no viniendo
frecuentemente, mi Amor está reprimido
y no me desahogo, y al ver que tampoco tú te desahogas porque no me ves, y viéndote
sufrir Yo sufro más. ¡Ah! hija mía, el amor reprimido es la más grande amargura
y lo que más tortura a un pobre corazón. Pero si tú sufriendo te estás
tranquila, Yo no sufro tanto, en cambio si te afliges y te afanas
en tu sufrir, Yo enloquezco y deliro, y me veo
obligado a venir para desahogarme y hacerte a ti desahogar, porque mis penas y las tuyas
son hermanas; y además, tu estado de víctima no ha terminado, mis obras son
eternas, y si bien las suspendo, no es sin causa justa, pero no es que las haga
terminar, y además Yo veo las cosas en la vo- luntad y por lo tanto tú eres tal
como eras, porque tu voluntad no ha cambiado, y faltándote las penas no eres tú
quien recibe daño, sino más bien las criaturas porque no reciben los efectos de
tus penas, esto es, la supresión de los castigos. Sucede como con las criaturas
que ocupan oficios públicos, puestos de gobierno por un tiempo dado, y que
después de retirarse tienen su paga de por vida a pesar de que no ocupen ya
aquellos puestos. ¿Y Yo debería ser menos que las criaturas? ¡Ah, no! Si a los gobernantes y a los
administradores les dan pensiones de por vida, Yo las doy “in eterno”; por lo tanto no debes preocuparte por las pausas
que hago. Y además, ¿de qué temes? ¿Has olvidado cuánto
te amo? Quien te guía será previsor, conociendo todas las cosas como están y
como han ido, y Yo tendré cui- dado de Corato. Y a ti te tendré estrechada en
mis brazos en cualquier cosa que pueda suceder”.
* * * * * * *
(1) Hija mía, ¡cuánto sufro! Si tú supieras las penas de quien te ama no
harías otra cosa que llorar. – En estos tres primeros párrafos del capítulo,
Nuestro Señor disecciona para Luisa y nosotros, Su Sufrimiento en su rela- ción
de siempre con Luisa, pero particularmente ahora que este sufrimiento es más
agudo que de costumbre, por la necesidad continua que tiene de castigar, y
permitir las muchas atrocidades que el diablo incita a realizar a los partici-
pantes de esta guerra mundial.
Lo primero que
el Señor quiere destacar, es que Él sufre porque tiene penas ocultas, cuyos
detalles Luisa ni nosotros sabemos, pero que si las conociéramos sufriríamos y
lloraríamos como Él. ¿Cuál es la naturaleza de estas penas ocul- tas? Aquí
podemos ser muy obvias o muy escondidas. Primero hablemos de lo obvio, y
después tratemos de explicar lo
escondido.
Si hablamos lo
obvio decimos que la naturaleza de esas penas, es que son mayores que las
normales. Desde nuestro punto de vista, cuantitativamente hablando, si vemos un
crimen solamente, pensamos que debemos sufrir menos que cuando vemos mil
crímenes. Un crimencito aquí o allá, ya no nos impacta, pero una matanza en la
guerra de cientos de personas, ya eso es otra cosa, ya es materia para sufrir.
Así pues concluiríamos leyendo en
este primer párrafo, que Nuestro Señor sufre más porque son muchos los que mueren,
o porque son muchos los que quedan sin casa, o están hambrientos. Una vez
así explicado, ¿qué hay de incorrecto en esta apreciación obvia? Lo que está incorrecto es
asumir que el Señor, Dios Nuestro, piensa
en grupos, y no en individuos. Si muere uno, si uno tiene
hambre, si uno no tiene casa, Su
Pena es de una
naturaleza tan infinita, como lo es la pena de
mil que mueren,
o mil que tienen
hambre, o mil que no tienen casa.
Entonces,
si las “cantidades” no cuentan,
¿Qué es lo que cuenta,
que es lo escondido en la Pena del Señor, que si la
supiéramos “no haríamos otra cosa que llorar”?
La naturaleza
escondida de Su Pena, está en que cuando castiga, y mientras
castiga, Él no puede “amar” a esa criatu- ra, no puede interaccionar
con esa criatura, Su Plan de Vida para con ella, está en suspenso, todos Sus
Actos de Amor, a los que esa criatura
hubiera respondido, no se están completando, y el daño personal mas el daño
universal resultantes, puede ser incalculable. Hay una anécdota
atribuida a Santa Teresa de Calcuta,
en la que le preguntaban a la santa, que si Dios Nos amaba tanto, porque no hacía para
que se descubriera la cura del cáncer; a lo que la santa replicó que el Señor
ya nos había mandado la cura tres veces, en criaturas que no habían nacido por
haber sido abor- tadas.
Todo lo cual
nos trae al concepto de Amor, no como un mero sentimiento, sino como la Acción
Divina con la que Nos beneficia. El Amor es beneficio, el Amor es servicio, no
sentimiento, y aunque el sentimiento puede resultar inevitable en nuestra
relación con Él, y de Él con nosotros, no es ese “amor” el que Él busca y
quiere de nosotros; lo que busca en nosotros, es el “amor” de la
correspondencia, el “amor” que surge cuando completamos Su Acto de Amor, o sea,
cuando hacemos, momento a momento, lo que Él quiere.
(2)
Sufro
también por ti, porque no viniendo frecuentemente, mi Amor está reprimido y no
me desaho- go, - Una vez que ha expresado el
Sufrimiento que los otros Le causan, expresa el sufrimiento que Le causa Luisa, y a
poco que nos fijemos, nos damos cuenta, de que este sufrimiento por ella, tiene
las mismas razones obvias y las mis- mas razones escondidas que hemos expuesto
en el párrafo 1, con variaciones por supuesto. Lo obvio es que sufre porque ve
los sufrimientos de Luisa, no puede estar con ella como Le gustaría. Lo
escondido, porque mientras se Le esconde, No le puede enseñar lo necesario; se
demora en realizar Sus Planes de que Luisa sepa lo más rápidamente posible lo
que necesita saber para que se conozca Su Voluntad, y Sus Planes de la Venida
del Reino: “Mi Amor está reprimido y no Me desahogo”.
Quizás no
entendemos, pero debiéramos entender, que aunque el Señor tiene todo el tiempo
del mundo en Sus Ma- nos, eso no quiere decir que no tiene urgencia en lo que
quiere realizar. No le es lo mismo
que las cosas se hagan mil años antes, o mil años después, por supuesto que no.
Una vez que ha decidido restablecer el Reino con Luisa, Su Urgencia es
agobiante, y nos la hace sentir a todos, y cuando no puede conseguir que Sus
Planes se adelanten, sufre como sufrimos todos en iguales circunstancias.
(3)
Y al ver que
tampoco tú te desahogas porque no me ves, y viéndote sufrir Yo sufro más. – Este es un
párrafo un tanto más difícil de entender, por Su Expresión: “tampoco tú te desahogas”. ¿Qué
quiere decir el Señor con esto? Lo obvio es pensar nuevamente en el sentimiento
de Amor que no puede corresponderse físicamente con la persona amada,
que no puede desahogarse viéndolo, sufriendo con Él, besándole y abrazándole como ocurre en otras
circunstancias. Si queremos un ejemplo rápido de esto, leamos rápidamente lo
que dice en el capítulo del 2 de Marzo de 1915, tres o cuatro capítulos más
adelante, que leeremos pronto.
Lo escondido de lo que significa este “tampoco tú te desahogas”,
está en que el sufrimiento de la Privación del Señor es tal, que desplaza,
elimina de la mente de Luisa, toda otra
consideración relativa a lo que Le ha estado enseñando,
ya no “rumia”
lo aprendido, ya no recuerda lo aprendido. ¿No ocurría así cuando nos íbamos de
vacaciones en el ve- rano, y se nos olvidaba todo lo que habíamos aprendido en
el grado? En estos periodos de privación, que a veces, duraban días,
particularmente en esta etapa de la primera guerra mundial, Luisa se “toma
vacaciones” de lo que ha estado aprendiendo; nada le interesa, nada recuerda,
solo tiene mente para sufrir por Su Privación; y Nuestro Señor, Su Jesús, sufre
porque ve este sufrimiento en ella, conoce lo abrumante que es este sufrimiento
que Luisa padece, cómo que no hay sufrimiento mayor según Él Mismo, y no
“puede” eliminarlo, o aminorarlo, como quisiera.
(4) ¡Ah! hija
mía, el amor reprimido es la más
grande amargura y lo
que más tortura a un pobre corazón. – Esto que
dice el Señor, en términos generales, aplica a dos seres que se aman o debieran
amarse, y ese amor se ve reprimido por circunstancias. Nuestro Señor Nos ama
pero muchas veces no Le dejamos amarnos. Quiere beneficiar- nos directamente, y
rechazamos Su Benevolencia; sin embargo no pensamos un momento en cómo Nos
beneficia indirectamente, y nunca Le agradecemos usurpando esos bienes de los
que nos apoderamos. Su Amor viene a estar frecuentemente “reprimido” por
nuestra falta de cooperación. Por mucho que quiera, Dios no puede forzar este
Amor de Beneficio y de Servicio en nosotros, aun el mismo Amor sensorial
expresado en abrazos, besos y caricias, y esta es la “más grande
tortura a un pobre corazón”. Si alguna cosa debemos entender claramente, es la
naturaleza de esta Relación Amorosa que Dios quiere tener con cada uno de
nosotros, porque de entenderla depende todo.
(5)
Pero si tú
sufriendo te estás tranquila, Yo no sufro tanto, en cambio si te afliges y te
afanas en tu sufrir, Yo enloquezco y deliro, y me veo obligado a venir para
desahogarme y hacerte a ti desahogar, porque mis penas y las tuyas son
hermanas; - Como de costumbre examinemos el último de los parrafitos de
este párrafo 5, el que dice “porque Mis Penas y las tuyas son hermanas”, ya que
esta situación descrita, es la que explica cómo el Señor reacciona ante los
sufrimientos de Luisa por Su Privación. Si Luisa se tranquiliza, Él se
tranquili- za, si Luisa se aflige y se afana, Él delira junto con ella.
(6) y además, tu estado de víctima
no ha terminado, mis obras
son eternas, y si bien las suspendo, no es sin causa justa, pero no es que las haga terminar, - Todavía no hemos llegado al
año de 1921, en que Jesús suspende a Luisa permanentemente como alma víctima,
por lo que esta suspensión que sucede ahora, es solo tempo- ral, y debido a
circunstancias excepcionales que la Justicia Divina necesita resolver.
Toda esta situación la utiliza el Señor para darnos un grandioso Conocimiento que anuncia en el próximo
párrafo.
(7) y además Yo veo las cosas en la voluntad y por lo tanto tú eres tal como eras, - Este párrafo anuncia un grande Conocimiento sobre la
relación que tiene con nosotros, mientras vivimos en Su Voluntad. En el plano
más ob- vio, parece hablar del estado de victima que ha suspendido, y
por tanto nada sucede de lo que sucedería si Luisa es- tuviera realmente
actuando como víctima. Le dice a Luisa que, no obstante esto, Él la ve siempre
actuando como víc- tima, porque lo que Luisa ha hecho, libre e informadamente,
en Su Voluntad, esa actuación está siempre presente delante de Él.
Ahora bien, en
el plano oculto, en el plano que nos interesa a todos, está encerrada la gran
Enseñanza que quiere darnos, que a la vez, debe servirnos de un gran consuelo.
La explicación de todo esto es un poco larga.
Lo primero que debemos comprender es que lo que dijimos antes sobre la
actuación de Luisa, y como su actuación, sus actos, están siempre delante de
Él, en acto de hacerse, no es correcto. Es correcto en su sentido estricto,
pero no es correcto aplicarlo a este capítulo. El Señor no habla de lo que Luisa ha hecho, sino de
lo que Luisa ha sido: “tú eres tal como eras”. Si comprendemos esto,
comprendemos también que nos enfrentamos a un concepto totalmente nue- vo,
nunca antes mencionado por el Señor en los Escritos.
Una pequeña
desviación antes de explicar Su Expresión. Esta es la primera de las desviaciones que haremos.
En muchas
oportunidades anteriores, los participantes de las clases han expresado la
dificultad que tienen para recor- dar todas las Enseñanzas de Nuestro Señor,
todos estos Conocimientos, y lo que quiere que hagamos con ellos. Es verdad que
algunos no se nos “olvidan” fácilmente, y pensamos que Él no deja que” nos
olvidemos” fácilmente de hacerlos. Otros, como que se nos olvidan. A veces
cuando hemos hecho clases de repaso, algunos de esos Conoci- mientos se
recuerdan, y nos parece imposible que se nos hayan olvidado. Nada de esto es
tan importante, como ese “sentimiento” de que no lo estamos haciendo bien, de
que debiéramos recordarnos de todo, practicar continuamente todo lo que
aprendemos. A poco que reflexionamos nos damos cuenta de que esto es
materialmente imposible. Nin-
guna mente normal es capaz de
hacerlo. Lo que si nos queda como un consuelo, es que lo hemos aprendido, y que
si hemos seguido nuestro propio consejo, hemos
practicado, por lo menos una vez, aquello que aprendimos.
Otra pequeña
desviación, la segunda,
antes de acometer
la explicación completa.
Cada segundo,
cada minuto, cada hora, cada uno escoja la medida de tiempo que más le guste,
nuestra persona está “cambiando”, y está cambiando a todos los niveles
posibles, el espiritual, y el corporal. Muchas veces los cambios que se están
suscitando en nosotros, vienen de afuera de nosotros, otros vienen de dentro. A
cada medida de tiempo, somos una persona distinta a la anterior, mas sin
embargo, no tan totalmente distinta como para que los demás no nos reconozcan,
pero más importante aún, no tan totalmente distinta, como para que nosotros
mismos no nos reco- nozcamos. Después de mucha reflexión, los que preparan
estas Guías de Estudio piensan, que esta es la función mas vitalmente
importante de la memoria humana, la de mantener la continuidad de nuestra
realidad existencial, tanto en lo que está sucediendo internamente, como
lo que está sucediendo externamente, particularmente lo que nos está sucediendo
respecto de nuestra relación con Dios. ¿Quién garantiza, y cómo se
garantiza esta continuidad de nuestra persona frente a los interminables
cambios que están ocurriendo en ella, simultáneamente? Pues, pensamos, que la
memoria es la que lo garantiza, y utiliza para
hacerlo, un almacenaje incesante de todo lo que hemos hecho, para que en todo momento sepamos lo que somos en función de lo
que hemos sido.
Más que recordar, la función de la memoria,
es guardar. Pensemos
un momento. No siempre
recordamos todo, eso ya
lo establecimos en la primera “desviación” que
hicimos, pero ciertamente que eso
que aprendimos está guardado, y la
prueba la tenemos de que en cualquier momento que volvamos a visitar aquel
Conocimiento, recordamos todos los detalles que parecían haberse olvidado.
Otra pequeña desviación, la tercera. Nuestro Señor se expresa en este
párrafo con una precisión extrema, pero al mismo tiempo ambivalente. Dice que “y además Yo veo
las cosas en la voluntad”. No dice en tu voluntad, dice en la
voluntad, con lo que implica
que no habla de la voluntad
que Luisa posee,
sino que habla de
la voluntad en general, la voluntad como una de las potencias
anímicas, la potencia anímica encargada de encerrar toda nuestra actuación hu-
mana, o como dice el Señor, en el capítulo del 24 de Julio de 1923, volumen 16,
“tu
voluntad es la depositaria de todo tu obrar”.
Dijimos que el
Señor era preciso pero ambivalente, porque además de referirse a la voluntad,
como la potencia aními- ca que todos tenemos, se está refiriendo también a Su
Voluntad, la segunda Voluntad que ahora tenemos en el Cuer- po de Luz que
cohabita con nosotros, en la que también se
están encerrando todos
nuestros actos, ahora que vivimos en Su Voluntad, y que es por tanto, la
segunda “depositaria de todo nuestro obrar en Su Voluntad”.
Recapitulando
un poco lo dicho en esta tercera desviación. La memoria es la que guarda las
cosas, y según el Señor, que “inventó” todo esto, no se guardan en el cerebro
humano, como piensan todos los científicos, sino que se guar- dan en la
voluntad, la humana o la divina, según sea el caso. El Señor no ha empezado a
explorar todas las ramifica- ciones de la voluntad, como lo hará, por ejemplo,
en el volumen 25, capítulo del 31 de Marzo de 1929, pero aquí Nos asegura, tangencialmente al parecer, que una de sus funciones más importantes,
es la guardar todo lo que es necesa- rio para garantizar nuestra
continuidad existencial, continuidad que desemboca inevitablemente en la
muerte.
Y comenzamos ahora con la explicación, de la que nos habíamos
desviado.
Para explicar todo esto, parafrasearemos el párrafo extraordinario del Señor y que repetimos: “y además Yo veo las
cosas en la voluntad
y por lo tanto tú eres tal como eras,”
lo siguiente:
Mira Luisa, Yo
no te veo como estás ahora, en este momento especifico, como si este fuera el
primer momento de tu existencia, sino que Yo te veo, como tú has sido hasta
ahora, la suma total de todo lo que tú has sido hasta ahora, veo todo lo que has hecho, todo lo que has
aprendido, porque todo Yo he dispuesto que se guarde en tu voluntad, y es tus
dos voluntades las que estoy mirando, o sea, tu alma, y Mi Voluntad Bilocada y
Obrante en ti. Aunque tú no te recuerdes de todo, Yo “recuerdo” todo y conozco
que tu eres el resultado de todo lo que has sido anteriormente.
Ahora tenemos
por boca del Señor, la seguridad de que aunque se nos haya olvidado lo que
hemos estudiado en es- tos Escritos, lo hemos estudiado, y esos actos de
estudio, están guardados en nuestras voluntades, y Él que todo lo ve, lo ve, y Nos ve no como podamos ser
ahora, sino que Nos ve como hemos sido, y ve el proceso por el que hemos
llegado a ser lo que somos ahora. Que no haya preocupación pues, todo está como
debe ser.
Dicho todo
esto, no ha terminado la lección, que no hemos querido anticipar para ir al
compas de Su Misma Explica- ción, que continua en el próximo párrafo.
(8)
porque tu
voluntad no ha cambiado, - este concepto complementario al anterior, condiciona lo
dicho en el párrafo anterior. A estas alturas es necesario introducir un
Conocimiento que el Señor anuncia en el capítulo mencio- nado del 31 de Marzo
de 1929, volumen 25, que dice: “Así que el
querer humano tiene la potencia de volverse feliz o infeliz, santo o pecador,
sano o enfermo.”
Con estos dos
Conocimientos, el anunciado en este párrafo 8, y el anunciado en el párrafo del
capítulo del volumen 25, podemos
entender lo que nos faltaba.
Lo primero que
debemos entender es que el uso de la palabra voluntad en este párrafo, no tiene
que ver con la po- tencia anímica de que hablara en el párrafo 7. Aquí la
palabra “voluntad” significa la libertad de voluntad que Nos ha regalado, lo
que más nos asemeja al Ser Divino. Así que leemos diciendo: “porque tu libertad
de voluntad no ha cam- biado”; es decir, tu
libertad de voluntad no ha decidido
algo que cambie
tu estado anterior, o sea, lo que eras, y por lo
tanto, tú Luisa, continuas siendo lo que eras.
Si tu, utilizando tu libertad de voluntad, Luisa, hubieras decidido algo que hubiera hecho a tu querer humano, o
sea a tu voluntad humana “volverse” distinta de lo que era, entonces, si
tendrías responsabilidad de lo que
sucede ahora, porque hubieras cambiado lo que eras, y por tanto lo que estas sien- do.
Dicho de otra manera. Luisa, tu voluntad humana es feliz, santa, sana, y
por tanto, tu Jesús te ve como un ser hu- mano feliz, santo, y sano, y así
continuas siendo delante de Mis Ojos, sin importar lo que esté sucediendo
ahora,, porque no has decidida nada que la vuelva de su estado actual. Por otro
lado, si tu libertad de voluntad hubiera deci- dido algo, que tu voluntad
humana hubiera concurrido realizando, y eso que se había decidido realizar
hubiera vuelto a tu voluntad humana de sana a enferma, de feliz a infeliz, de
santa a pecadora, entonces, ya Yo no te vería como eras, sino como has
transformado a tu voluntad, como “la has vuelto”.
(9) y faltándote las penas no eres tú quien recibe
daño, sino más bien las criaturas porque
no reciben los efectos de tus penas, esto es, la supresión de los castigos. – Sin perder un paso, el Señor retorna
a la situación que ha motivado toda este nuevo Conocimiento, para
continuar hablando sobre la situación de Luisa en particular, resultante de la
necesidad de suspenderla de alma víctima.
(10)
Sucede como con las criaturas que ocupan oficios
públicos, puestos de gobierno por un tiempo da- do, y que después de retirarse tienen su paga de por vida a pesar de que no ocupen ya aquellos puestos.
¿Y Yo debería ser menos que las criaturas?
¡Ah, no! Si a los gobernantes y a
los administradores les dan pensiones
de por vida, Yo las doy “in eterno”; por lo tanto no debes preocuparte por las
pausas que ha- go. – No es necesario ahondar mucho en el ejemplo perfecto del Señor, excepto
por lo siguiente:
Pensemos por un
momento en el Presidente de Estados Unidos cuando pierde las elecciones y se
convierte en ex pre- sidente. Para todos los efectos prácticos, y más aun que
estos, el ex-presidente goza de todos los privilegios, rango y prebendas
económicas que tenía cuando era presidente. Todo menos la autoridad ejecutiva
del nuevo presidente, o sea, que el ex-presidente sigue siendo lo que era, y lo
continuará siendo hasta que muera.
(11) Y además, ¿de qué temes? ¿Has olvidado cuánto te amo? Quien te guía
será previsor, conociendo todas las cosas como están y como han ido, y Yo
tendré cuidado de Corato. Y a ti te tendré estrechada en mis brazos en cualquier cosa que pueda suceder. – termina el Señor con
palabras de consuelo para Luisa y para su situación.
Resumen del capítulo del 30 de Enero de 1916: (Doctrinal) – Página 190 -
Estaba
fundiéndome toda en mi siempre amable Jesús, y mientras esto hacía, Jesús
viniendo se fundía todo en mí, y me dijo:
“Hija mía,
cuando el alma vive del todo en mi Voluntad, si piensa, sus pensamientos se
reflejan en mi mente en el Cielo; si desea,
si habla, si ama, todo se refleja en Mí y todo lo que Yo hago se refleja en ella.
Sucede como cuando el sol se refleja
en un espejo, se ve en éste otro sol, todo semejante al sol del cielo, pero con
la diferencia que el sol en
el cielo está
fijo y está siempre en su lugar, en cambio en el espejo es pasajero. Mi
Voluntad cristaliza al alma, y todo su obrar se refleja en Mí y Yo, herido,
raptado por estos reflejos le envío toda mi luz, de modo de formar en ella otro
sol, así que parece un sol en el
cielo y otro sol en la tierra. ¡Qué encanto, qué
armonía entre ellos! ¿Cuántos bienes no se derraman en favor de todos? Pero si
el alma no está fija en mi Querer, puede suceder como al sol que se forma en el
espejo, donde es un sol pasajero y luego el espejo queda en la oscuridad, y el
sol del cielo queda solo”.
* * * * * * *
Entender lo que
significa el verbo “cristalizar”, es clave en este capítulo. Así dice el
Diccionario que cristalizar es “to- mar ciertas sustancias la forma
cristalina”, y también dice que
cristalizar es “tomar forma clara y precisa, perdiendo su indeterminación las
ideas, los sentimientos o los deseos de
una persona o colectividad”.
Muchas veces
hemos hablado del proceso de transformación que va ocurriendo en nosotros, sin
comprenderlo muy bien, casi sin sentirlo, cuando vivimos en Su Voluntad. No es
cosa que suceda en un instante, o en un día, o en un periodo de tiempo, nada
hay en esta vida en Su Voluntad que parezca ser fuera de lo común, como quizás
pensamos debiera serlo dada la naturaleza de la relación en la que hemos
entrado con el Señor. Quizás por eso, muchos dudan al principio, de que en verdad estemos viviendo
en Ella, así de
ordinario parece todo. Parece como que el Señor lo que quiere
es que vivamos en Su Voluntad, momento a momento, día por día, en un flujo
continuo como lo es la vida na- tural con la que también vivimos y que ya
conocemos.
Con estas ideas en mente, comencemos el análisis de este revelador
capítulo.
(1)
Hija mía,
cuando el alma vive del todo en mi Voluntad, si piensa, sus pensamientos se
reflejan en mi mente en el Cielo; si desea, si habla, si ama, todo se refleja
en Mí y todo lo que Yo hago se refleja en ella.
– Nuestro Señor comienza a darnos atisbos del proceso, con Sus Palabras: “cuando el alma vive del todo
en Mi Voluntad”. Pensamos que el lector debe captar que Sus Palabras
anuncian, que hay un sentido de proceso y proceso importantísimo con este: “vivir del
todo”. Hacia esto tiende ahora todo, particularmente esta vida en
Su Voluntad; pero no hemos llegado, y quizás estemos toda nuestra vida natural
tratando de llegar a “vivir del todo” en Su Volun- tad; pero, no porque no vivamos
del todo, quiere decir que no vivimos. Todo
está en proceso de lograrse. Así, hoy que
vivo más del todo en Su Voluntad de lo que vivía ayer, puedo hacer llegar mas y
mas pensamientos míos que los que pude hacer llegar ayer; mas y mas deseos,
palabras, etc. Sea uno o sean mil, o sean diez mil, lo cierto es que todo acto que realizamos en el proceso de
vivir cada vez más del todo en Su Voluntad, son actos que llegan a Él y se “reflejan en Su Mente en
el Cielo”. Es un proceso
todo glorioso, que aunque no lo diga explícitamente, es un Proceso que Nuestro Señor está
disfrutando inmensamente, y Proceso que se multiplica, porque está ocurriendo
con cada uno de nosotros.
Pero claro está, no está aquí toda la explicación en este párrafo 1. Dice
el Señor, que en la medida en que mas y mas de
nuestros actos en Su Voluntad
se reflejan en Él, mas y mas, y atención
a esto, “se refleja
lo que Él hace en ella”, o sea, en cada uno de nosotros. Nuestro
Cuerpo de Luz refleja ahora al Dios total, al Dios Humanado. Lo que el Señor no
dice es que es este “reflejarse Él, y lo que Él hace en nosotros”, es la razón,
la fuente inagotable de donde surge nuestra transformación interna
(2) Sucede como cuando el sol se refleja en un espejo, se ve en éste otro
sol, todo semejante al sol del cielo, pero con la diferencia que el sol en el
cielo está fijo y está siempre en su lugar, en cambio en el espejo es pasajero.
– En este párrafo Nuestro
Señor del proceso
que ha descrito pero en su sentido
final. Nos expli- camos más.
El ejemplo no da la sensación de continuidad creciente que daba el párrafo 1,
porque como ejemplo, y tomado literalmente, o el sol se refleja en un espejo o
no se refleja, no hay medias tintas en este proceso; mas sin embargo, en
nuestro proceso de reflejarnos en Él, sí existen medias tintas, o sea, vamos,
paulatinamente, reflejándo- nos cada vez más en el Señor y Él en nosotros.
Lo que sí logra
Nuestro Señor con el ejemplo, es que comprendamos que nosotros podemos
interrumpir el proceso, como el espejo pudiera interrumpir el proceso de
reflejarse en el sol, si se moviera de su lugar, o alguien lo moviera de su lugar. La posibilidad de que el
proceso de reflejarse el sol en el espejo, puede quedar totalmente
interrumpido, está siempre latente y este temor de que pueda suceder no
debe nunca abandonarnos.
(3) Mi Voluntad cristaliza al alma, y todo su obrar se refleja en Mí y Yo,
herido, raptado por estos refle- jos le envío toda mi luz,
de modo de formar en ella otro sol,
- La naturaleza exacta
del Proceso que el Señor
ha
empezado
a describir metafóricamente, ahora adquiere caracteres mas “científicos”, más exactos, porque
el Señor usa
la precisión
del verbo cristalizar, que definimos al principio de este capítulo.
Nuestra persona interior, simbolizada por Nuestro Señor diciendo: ”el
alma”, se va “cristalizando” por la Acción de Su Voluntad bilocada y Obrante
que reside en el Cuerpo de Luz, que cohabita ahora con nuestra persona
interior, con nuestra “alma” para usar términos más familiares como lo hace el
Señor. Esta cristalización, o sea, este tomar forma cristalina, forma limpia y
eficaz capaz de reflejar la Luz interior que ahora poseemos, y que viene también
de Nuestro Señor por todo lo que Él hace; este proceso cristalizador,
repetimos, si lo pudiéramos ver, caeríamos de rodillas agra- decidos de lo que
sucede. Pero no es eso todo lo que está sucediendo. En el proceso de
cristalizar nuestra persona interior, nuestra alma, “va tomando forma
clara y precisa, perdemos la indeterminación inherente a nuestra natura- leza
humana” para adquirir la claridad, precisión, y determinación toda
Divinas.
Dice el Señor,
y repite pero ahora con precisión, que al Él ver este proceso de cristalización
que está ocurriendo, que- da herido, se motiva, para enviarnos toda Su Luz, que
ahora es posible se refleje adecuadamente en nosotros, y for- ma en nosotros otro Sol, ya no pasajero, sino permanente. Otra manera bellísima de describir el momento en que Nos otorgará el Don de Vivir en Su Voluntad permanentemente.
(4)
Así que parece un sol en el cielo y otro sol en la tierra.
¡Qué encanto, qué armonía
entre ellos! ¿Cuán- tos bienes no se derraman en favor
de todos? – La
presencia de dos soles, en el caso de Luisa, y ahora el po- tencial de miles de
soles en la tierra, si perseveramos en esta Vida en Su Voluntad, con esta
perseverancia cristaliza- dora de la que Nos habla, es ciertamente un
espectáculo que Él disfruta preciosamente, y beneficioso para todos los demás
seres humanos.
(5) Pero si el alma no está fija en mí Querer, puede suceder como al sol
que se forma en el espejo, don- de es un sol pasajero y luego el espejo queda
en la oscuridad, y el sol del cielo queda solo. – Termina ad- virtiéndonos de
la posibilidad de perder esta cristalización con la cual nos convertimos en
sol, porque no hemos sido “fieles y atentos”, y hemos descuidado o abandonado
esta Vida en Su Voluntad que Nos ha regalado.
Resumen del capítulo del 5 de Febrero de 1916: (De diario) – Página 191 –
Continúo mis
días muy afligida, especialmente por las amenazas casi continuas por parte de
Jesús que los flagelos se harán mayores. Esta noche, he quedado aterrorizada,
pues me encontré fuera de mí misma y encontré a mi afligido Jesús; yo me sentía
renacer a nueva vida al verlo, ¿pero qué? En cuanto me dispuse a consolarlo
varias personas me lo arrebataron y lo redujeron a pedazos. ¡Qué dolor! ¡Qué
horror! Yo me eché por tierra cerca de uno de esos peda- zos, y una voz del
Cielo ha resonado en aquel lugar:
“Firmeza, ánimo
a los pocos buenos, no se separen en nada, no descuiden nada, serán expuestos a
grandes pruebas por Dios y por los hombres. Sólo la fidelidad no los dejará
titubear y serán salvos. La tierra será cubierta por flagelos jamás vistos, las
criaturas querrán deshacer al Creador y querrán tener un dios por su propia
cuenta, y satisfacer sus caprichos a costo de cualquier carnicería, y con todo
esto, no logrando su intento llegarán a las más bajas bestialida- des. Todo
será terror y pavor”.
Después de esto
me he encontrado en mí misma, yo temblaba, el pensamiento de cómo habían
reducido a mi Jesús me daba muerte, y a cualquier costo habría querido
verlo, al menos por un instante para saber qué había sido de Él. Y Jesús, siempre bueno, vino y yo me
tranquilicé. Sea siempre bendito.
* * * * * * *
Otro capítulo
relacionado con los castigos que el Señor está infligiendo o permitiendo suceda
en el desarrollo de la primera guerra mundial. Como de costumbre, no
comentamos.
Resumen del capítulo del 2 de Marzo de 1916: (Doctrinal) – Página 192 -
Continúo mis días amarguísimos, Jesús bendito viene muy poco,
y si me lamento, o me responde con un sollozo,
o bien me dice:
“Hija mía, tú sabes que no vengo frecuentemente porque los castigos
se van haciendo más severos,
entonces, ¿por
qué te
lamentas?”
Pero yo llegué a un punto en que no podía más y rompí en llanto, y Jesús para tranquilizarme y reforzarme ha venido, y casi toda la noche la pasé con Jesús; ahora me besaba,
me acariciaba, me sostenía, ahora se
arrojaba en mis brazos
para tomar reposo, ahora me hacía ver el terror de las gentes, quién huía de un
punto y quién de otro. Recuerdo que me dijo:
“Hija mía, lo
que Yo contengo en la potencia, el alma lo contiene en la voluntad, así que
todo el bien que verdadera- mente quiere hacer, Yo lo veo como si en realidad
el alma lo hubiera hecho. Yo tengo Querer y Poder, si quiero pue- do, en cambio
el alma muchas cosas no las puede, y el querer suple al poder, y así se va
asemejando a Mí, y Yo voy enriqueciendo al alma con todos aquellos méritos que
contiene su buena voluntad y que quiere hacer su voluntad”.
Luego agregó:
“Hija mía,
cuando el alma se da toda a Mí, Yo establezco en ella mi morada, muchas veces
me place cerrar todo y estarme a oscuras, otras veces me place dormir, y al
alma la pongo como centinela a fin de que no deje venir a nadie a molestarme e
interrumpir mi sueño, y si es necesario debe afrontar ella las molestias y
responder por Mí. Otras ve- ces me place abrir todo y hacer entrar los vientos,
las frialdades de las criaturas, los dardos de las culpas que me mandan, y tantas otras cosas, y el alma debe estar contenta de todo, debe dejarme hacer
lo que quiero, es más, debe
hacer suyas mis cosas, y si no soy libre de hacer lo que quiero, sería un
infeliz en ese corazón si debiera estar atento en hacerle sentir cuánto
gozo, y ocultar,
a pesar mío, cuánto sufro,
así que, ¿dónde estaría
mi libertad? ¡Ah! Todo está en mi Voluntad, y si el alma toma
Ésta, toma toda la sustancia de mi Ser
y me encierra a todo Yo en ella, y conforme va obrando el bien, teniendo en
ella la sustancia de mi Vida, hace salir ese bien de Mí mismo, y saliendo de
Mí, como rayo de luz corre para bien de todas las criaturas”.
* * * * * * *
Este es un
importante capítulo sobre la Voluntad, y la Libertad de Voluntad, que hasta
estos Escritos nosotros cono- cíamos solamente como el libre albedrio. Aunque
el Señor Le dedica al tópico uno de Sus más importantes capítulos en todos los Escritos, el del 9 de Agosto
de 1925, volumen 18, ya en este volumen 11, en este capítulo en el que pa- rece
comienza Su enseñanza al respecto.
En el
Conocimiento que teníamos antes sobre el tópico, no pensábamos mucho en esta
separación entre libertad de voluntad y la voluntad misma; de hecho estimábamos
el libre albedrio como algo que poseemos pero sin entender claramente todas las
ramificaciones que poseerlo conlleva. Y de la voluntad humana, ¿qué sabíamos?
No mucho tam- poco, excepto que tenemos
una potencia del alma llamada voluntad, y que nos permite
hacer lo que hacemos. Y de la Voluntad de Dios, ¿qué sabíamos? Pues
que tenemos que hacerla, y eso concentrado en los Diez Mandamientos, y lo que
Nuestra Santa Madre Iglesia también nos manda.
Sabíamos de la
intención de hacer algo que se forma en nuestras mentes, y la llamábamos
tentación, y comprendía- mos que esa tentación no es más que una sugerencia
diabólica para hacer el mal, así como la intención de hacer algo bueno,
virtuoso, la veíamos y correctamente, como una Sugerencia Divina para hacer el
bien. Sabíamos que cometía- mos un pecado cuando cedíamos a la tentación, y que
realizábamos una obra virtuosa, cuando rechazábamos la ten- tación, o cuando
hacíamos lo que Dios Nos sugería.
Los más
conocedores de nosotros, sabíamos que la intención querida, aunque no fuese
nunca llevada a la práctica, constituía pecado, pero, extrañamente, no
pensábamos que una Sugerencia buena no realizada, es ya también una obra buena.
Eso de tener la intención de hacer una obra de caridad, pero no llegar a
hacerla, no contaba para nada.
Verdaderamente, que nuestras ideas al respecto
eran incompletas, y a veces
ilógicas sin percatarnos de ello.
El Señor viene
a aclararnos todo esto, pero por ahora, lo hace con palabras muy sencillas pero
un tanto imprecisas, que mas adelante en el volumen 18, ya no usará. En nuestra
explicación de este capítulo, nosotros vamos a usar los Conocimientos que hemos
ya adquirido en la lectura de los volúmenes superiores, para poder explicar
bien Sus Pala- bras en este.
(1) Hija mía, lo que Yo contengo en la potencia, el alma lo contiene en la
voluntad, así que todo el bien que verdaderamente quiere hacer, Yo lo veo como
si en realidad el alma lo hubiera hecho. – El primer aspecto que el Señor “ataca” en Su
Argumentación, es uno de los más importantes, a saber, la separación entre la
libertad de voluntad o libre albedrio, y la voluntad misma.
Su expresión:
lo que la criatura “verdaderamente quiere hacer”,
implica los siguientes pasos lógicos. Primero, que se le ha presentado a la
criatura la sugerencia de hacer algo; segundo que la criatura ha examinado
aquello que se le sugiere, y ha examinado los dos o más caminos de acción que
surgen de eso que se le ha sugerido, y tercero, la deci- sión de hacer o seguir
uno de esos caminos de acción. Ahora bien, ¿por qué el Señor dice
“verdaderamente? Pues porque no se quiere algo verdaderamente, a menos que uno,
conscientemente, con palabras o con el pensamiento, diga: “quiero hacer esto”.
Ese “quiero”, es lo que constituye el “verdaderamente” de que el Señor habla, y
como ya hemos dicho es la fórmula de la voluntad.
Explicado esto,
observemos lo que dice el Señor inmediatamente después. Dice que Él ve esta
intención de verdade- ramente hacer, como si ya eso estuviera hecho. Habla
indistintamente, de lo bueno o de lo
malo, que puede resultar de aquello que verdaderamente se quiere hacer.
Una vez
explicado lo que este párrafo 1 nos enseña sobre la voluntad humana que quiere
hacer, examinemos ahora brevemente, lo que Nos enseña respecto de la libertad
de voluntad, o libre albedrio.
Sus
Palabras al respecto, son precisas, pero enigmáticas. Dice que “lo que Yo
contengo en la Potencia”. ¿Qué quiere decir esto? Si lo que dice es preciso, y
siempre lo es, dice que hay algo que Él contiene como Dios, y que está
en Su Poder, o sea, algo que Él puede utilizar, y solo Él puede utilizar. Dice
también que ese mismo algo, lo contiene tam- bién la criatura en lo que llamamos
voluntad, porque, obviamente, Él ha puesto
ese algo ahí. Y, ¿Qué cosa es ese
algo que Él contiene en Si Mismo, y que también nosotros contenemos en
eso que llamamos voluntad? Pues es la libertad de Voluntad o Libre
Albedrio. En el capítulo del
volumen 18 mencionado, el Señor
dice que “al crear al hombre,
no fue solo Mi Voluntad, sino
una emanación que salió de nuestro Seno, una parte de Nosotros Mismos que
infundimos en él, y por eso lo creamos libre de voluntad…”
La palabra
potencia siempre se aplica a la “latencia” de una acción. Así cuando yo digo,
yo puedo o no, hacer esto o aquello, lo que en realidad digo, es que yo tengo
en mi mismo, la capacidad de hacer o no hacer, y esta capacidad está latente en
mi, a la espera de salir fuera y hacerse realidad en mi decisión. Dios es el
único que tiene esa Poten- cia, esa Capacidad, de hacer salir fuera de Sí
Mismo, una cosa u otra, una decisión u otra, y claramente Nos dice, que Nos ha
emanado esa misma Potencia o Capacidad. No es algo inherente a nuestra
naturaleza, es un Regalo Suyo, con
el que Nos da la más grande y perfecta de las Semejanzas; no es algo que
Él pueda crear en nosotros, solo puede extender o emanar ese algo en
nosotros, y eso es lo que ha hecho.
Así que todo este párrafo 1, se relaciona con la Libertad
de Voluntad o el libre
albedrio, aunque no lo parecía.
(2) Yo tengo Querer y Poder, si quiero, puedo, - Una vez establecido el
concepto de la libertad de Voluntad, como la capacidad de hacer o no hacer,
y que esa Capacidad está en Él, siempre
ha estado y siempre estará, dice que en Él también está el Poder de
hacer lo que ha decidido hacer, que viene a estar representado en este caso por
la Palabra Poder o Fiat. Sin embargo, la gran
enseñanza, que ya Nos ha dado, pero que constantemente debe
repetir, es que Él “tiene” o Él ”contiene” este Querer, esta Libertad de
Voluntad, y este Poder, esta capacidad de hacer realidad fuera de Él, de Ellos,
aquello que han decidido hacer. No dice que Yo soy este Querer y este Poder,
sino que Yo tengo o contengo este Querer y Poder, porque de esta manera
establece que la Divina Voluntad, es un Ente Separado que Ellos poseen, que
contienen, que Les da Vida Divina.
Su Expresión: “si quiero, puedo”, es
ahora una Definición del Ser Divino mucho más completa que la simple declara-
ción de Su Existencia, puesto que el Existir sin el Querer y el
Poder, no implica a un Dios completo. Así ahora la defini- ción completa del Ser Divino es:
Yo soy el que existo, y todo lo que Yo quiero hacer, lo puedo hacer”.
(3) En cambio el alma muchas cosas no las puede, y el querer suple al
poder, - Ya
hemos expresado en oportunidades anteriores, que estos Escritos son la Ley, la
Guía de Conducta de los que viven en Su Voluntad, y que aunque las Enseñanzas pueden
aplicarle a todos los cristianos, cuando así queremos
entenderlas, nos metemos
en
dificultades.
De hecho, si por ejemplo, una persona se tropezara con este volumen, y lo
abriera en este capítulo, y empezara a leerlo,
inmediatamente pensaría que Luisa dice cosas incorrectas, porque
el querer de la persona no suple lo
que le falta a la ejecución; es más, ni siquiera puede entender lo que el Señor
dice, y por tanto, estos son libros incorrectos y de los que hay que apartarse.
Dice el Señor
que “el
querer hacer, suple por el poder”, y añadimos nosotros, “si se vive
en Su Voluntad”. Ya sabe- mos que con nuestra intención podemos hacer cualquier
cosa; que nuestra imaginación puede concebir hacer cual- quier cosa que se nos
ocurra, pero que cuando tratamos de llevar eso imaginado a la práctica,
siempre nos quedamos cortos. Pocas
veces podemos realizar perfectamente aquello que hemos decidido hacer
perfectamente. Dice el Señor, sin embargo, una y otra vez, que los que viven en
Su Voluntad, sí pueden realizar perfectamente aquello que han decidido hacer,
porque Su Voluntad Bilocada y Obrante suple por mí, y replica perfectamente en
el Cuerpo de Luz, aquello que yo he iniciado y quiero hacer. No ocurre así con
los que no viven en Su Voluntad, que solo pueden hacer, lo que su capacidad
física y espiritual les deje hacer.
(4) Y así se va asemejando a Mí, - De nuevo, comprendemos que solo los que viven en Su Voluntad
son los que se
asemejan al Señor, y por supuesto, se asemejan a Dios, porque solo los que
viven en Su Voluntad viven ahora, como Él vivía cuando estuvo entre nosotros,
esto es, en la Divina Voluntad.
(5)
y Yo voy
enriqueciendo al alma con todos aquellos méritos que contiene su buena voluntad
y que quiere hacer su voluntad. – Introduce el Señor una nueva manera
de referirse a la libertad de voluntad que ha emanado en nosotros, la llama:
“buena voluntad”. Esta expresión empieza
ahora a surgir en los Escritos, para referir-
se a aquellos de nosotros, que consistentemente decidimos hacer lo que Él Nos
sugiere continuamente.
(6) Hija mía, cuando el alma se da toda a Mí, Yo establezco en ella mi
morada, - De
muchas y variadas ma- neras, algunas poéticas y evocadoras y otras precisas y
sin adorno, Nuestro Señor describe el estado que resulta en nosotros, o sea,
como quedamos, desde el momento en que Nos otorga el Don de Vivir en Su
Voluntad.
Antes de
comenzar estos párrafos alegóricos tenemos que comprender una vez más, uno de
los aspectos más impor- tantes de vivir en Su Voluntad. La Vida y Propósitos de
Nuestro Señor no han disminuido, ni cambiado, ni cesado. Decimos propósitos,
porque ya sabemos por otros capítulos, que hay un Propósito Primario y varios
secundarios.
La Vida del
Señor se asemeja a la de un Tren que ha salido de la estación de origen, y está
recorriendo una vía que solo terminará, cuando llegue a la estación del Fin de
los tiempos. En ese caminar va a hacer algunas “paradas”, “pa- radas” que
corresponden a los Propósitos buscados; una de esas “paradas” siendo, la más
importante de todas, el Propósito Primario, cual es la Estación del Reino del
Fiat Supremo como en el Cielo en la tierra. A nosotros Nos pide que nos
“montemos” en este Tren, que nos hagamos una parte integral de Su Tren, que
vivamos en este Tren con Él, y que por extensión, Él vivirá también con
nosotros en el Tren. Quiere que unamos nuestras labores a la de Él, así como Él
va a compartir Sus labores con nosotros.
Tanto este
capítulo, como el que sigue, describen algunas de estas labores que nosotros
hacemos y Él hace, porque ahora que lo sabemos, en realidad lo que hacemos es
seguirle en lo que Él hace.
Esta alegoría
que utiliza ahora, ya la ha utilizado antes. El concepto de morada, o de
residencia, es particularmente evocativo de la unidad con Él
que adquirimos, porque
así como nuestra
persona es nuestra
morada, nuestro hogar,
así ahora nuestra persona, es
Su Morada y Su Hogar. Generalmente hablando, nuestra morada, es nuestro lugar
predilec- to para estar;
cuando la abandonamos por un
rato, añoramos volver a
ella. Ya sabemos por otros capítulos, que Nues- tro Señor siempre nos concibió para ser Su
Morada en esta realidad separada en la que vivimos, y tuvo que abando- nar “mi
morada”, porque básicamente, Le echamos fuera, pero ahora quiere nuevamente
volver a morar en su lugar predilecto. Para entender todo esto, referimos al
lector a la Descripción 111.
(7) Muchas veces me place cerrar todo y estarme a oscuras, - Nuestro Señor comienza a
hablar de lo que to- dos hacemos y nos place hacerlo cuando estamos en nuestra
morada, y de lo que también a Él le place hacer cuando está en Su Morada, que
somos nosotros. Toda esta analogía, la continúa el Señor en el próximo
capítulo.
Dice aquí, que
a veces Le place cerrar puertas y ventanas y estarse a oscuras, lejos de todo y
de todos. Esto por su- puesto, es difícil de entender, particularmente si pensamos en el Verdadero Jesús, el que está
en el Cielo, sentado a la
derecha de Su Padre. ¿Cómo puede Él quedarse a oscuras, Él que es la Luz del
Mundo? Claro está, nosotros sabemos
que este Jesús
del que Él habla, es el Bilocado en nosotros. Pero, una vez dicho, no es esto
lo importante de Su afir- mación. Si
a nosotros nos gusta a veces cerrar todo y estarnos a oscuras, ¿por qué lo
hacemos? Creemos que nos gusta, porque de vez en cuando, necesitamos aislarnos
del ruido externo, de las malas influencias, de los peligros, para quedarnos
resguardados en el único lugar que consideramos seguro.
Eso mismo Le
sucede al Señor; de vez en cuando quiere refugiarse en nosotros, y como
nosotros lo hacemos, para aislarse del ruido externo, de las ofensas de todos,
de los pecados que Le asedian como perros rabiosos, para estarse en un lugar
seguro.
Por otro lado,
pensarán algunos, cuando el Señor dice que quiere estarse a
oscuras, ¿no hablará el Señor de la
oscuri- dad espiritual que a veces pudiera embargarnos, como resultado de que
Él quiere estar a oscuras? Los que preparan estas Guías de estudio piensan, que
la cohabitación del Cuerpo de Luz, de Su Voluntad Bilocada y Obrante en noso-
tros, y Su Misma Bilocación, impiden este “recurso” espiritual que ha utilizado
con otros grandes santos de la historia, a los que quería perfeccionar. Con los
que viven en Su Voluntad, este “recurso” no Le hace falta; es más, es ilógico
que contrarreste la Luz de estos Escritos, de Sus Verdades que Nos está
revelando, con una oscuridad espiritual que no Nos ayudaría en nada. Estamos en
un plano de colaboración intima y profunda, y es en función de esta colabora-
ción, que debemos comprender lo que Nos dice.
(8) otras veces me place dormir, y al alma la pongo como centinela a fin de
que no deje venir a nadie a molestarme e interrumpir mi sueño, y si es
necesario debe afrontar ella las molestias y responder por Mí. - Párrafo complicado, porque nos parece tiene
dos interpretaciones igualmente validas.
En la primera
interpretación, la más obvia, el Señor parece decir que las almas que viven en
Su Voluntad, necesitan defenderlo de las incredulidades, de los desprecios, de las blasfemias, que otros puedan proferir e interrumpir su tran- quilidad y “sueño”, y que esta
defensa debe ser más intensa y dedicada que la de los demás cristianos, que no
viven en Su Voluntad. Siempre que el Señor dice que “descansa” o se “adormece”
en estos Escritos, hace referencia a que ha terminado con alguna labor de
importancia, que no necesariamente explica a Luisa; y esta es una explicación
tam- bién de porque dice esto mismo en este capítulo.
La segunda
interpretación, es la más escondida pero nos parece
es la más correcta en este caso, es la siguiente.
Nosotros
dormimos en nuestra morada, y también el Señor Bilocado en Mi, quiere descansar
junto conmigo, de nues- tras mutuas tareas. A veces, sin embargo, en medio de
nuestra actividad, el Señor quiere dormir, y Nos pone como centinelas de Su
Sueño. ¿Existen en nosotros
situaciones parecidas, en las que queremos descansar y Le pedimos a
Él que sea nuestro centinela? Sí existen; en realidad, pudiéramos decir, que
toda nuestra vida, ahora que vivimos en Su Voluntad, es un vivir de Su Voluntad, y en este sentido
profundo, nuestra vida ahora fluye como si estuviéramos “dormidos”, en la
“santa indiferencia” en la que quiere que vivamos. Es imposible pensar, cómo
podemos vivir en este “abandono” que quiere que vivamos, y hacia el que debemos
tender cada día más, sin Su Protección continua, la pro- tección de un
centinela que cuida este “Sueño”.
Digamos esto de
otra manera. Cuando nosotros Le pedimos algo que Él quiere, y ya Nos ha dicho
que Le pidamos, Nuestro Señor se duerme y nosotros vigilamos Su Sueño, y Él se
deja llevar y hace lo que nosotros Le pedimos. Alter- nativamente, cuando Él Nos pide algo que quiere hagamos
en esta nueva Vida en Su Voluntad,
y lo hacemos sin cues- tionar, nosotros nos dejamos llevar y
nos adormecemos, y Él Nos
ayuda a realizar lo que Nos ha pedido,
y vigila nues- tra situación indefensa.
(9)
Otras veces me place abrir
todo y hacer entrar los vientos, las frialdades de las criaturas, los dardos de
las culpas que me mandan, y tantas otras cosas,
- Así como a nosotros, nos envían vientos,
frialdades y dar- dos de culpa que
nos contrarían, nos mortifican, nos hacen sufrir, y Él está con nosotros
recibiendo eso mismo que Nos envían, porque nosotros los recibimos y acogemos,
así también Él recibe de todas las otras almas, vientos, frial- dades y dardos
de culpa que Le envían, y que Él deja que Le lleguen y Le atormenten, y que
espera que nosotros los recibamos y acogemos como los recibe y acoge Él.
Este es,
definitivamente, un Conocimiento de Su Actividad que es un poco difícil de
entender, pero que pronto enten- demos. Cuando vivió entre nosotros, se dejó
ofender, se dejó contrariar, y ahora, ¿por qué las cosas van a ser distin- tas?
Si miramos Su Vida, como un antes y después de Su Resurrección, lo que dice
ahora no tiene sentido, porque como piensan algunos,
a Jesús Resucitado ya nada Le afecta. Sin embargo, esta visualización de Nuestro Señor es
miope, porque no estamos mirando a Su Vida correctamente. Los que vivimos
en Su Voluntad debemos entender, y sabemos ahora, que Su Vida y Propósitos no
han cambiado para nada. Su Tren hace “paradas”, pero es el Mismo Tren. Lo que sufrió antes, lo sigue
sufriendo ahora, o como dice en el capítulo memorable del 31 de Marzo de 1929,
volumen 25, Él “cambia de modo y aspecto”, pero es el
Mismo Jesús.
(10) y el alma debe estar contenta
de todo, debe dejarme hacer lo que
quiero, es más, debe hacer suyas mis
cosas, - Dos aspectos distintos en este párrafo
10, que ya ha estado
expresando antes en los ejemplos que diera en los párrafos 7, 8 y 9.
El primero y
grande Conocimiento que Nos ha estado dando en este capítulo, es de que Él
sigue actuando, a veces sufriendo, a veces descansando, a veces a oscuras, a
veces en la luz, “pretty much”, como dicen los norteamericanos, como cuando
vivía entre nosotros.
El segundo Conocimiento, que viene ahora y sigue al primero, es que ahora
que está Bilocado en nosotros, debemos dejarle hacer, hacer conciencia de que
está sucediendo, que no debemos impedir para nada, esta imprescindible Ac-
tuación Suya. Al Bilocarse en nosotros, necesita involucrarnos y comprometernos
con Él, en lo mismo que Él hace, porque esto es inevitable. Más aún,
debemos incorporar a nuestra vida, este sentido nuevo de que lo que Nos sucede
ahora no necesariamente nos está sucediendo a nosotros, sino que, muchas veces,
lo que sucede viene dirigido a Él, y que nosotros, “de carambola”, estamos
recibiendo el mismo impacto que Él. Si aceptamos esto y acogemos todo con la contentura de saber que ayudamos a
Jesús, dejándonos llevar, entonces
efectivamente “hacemos nuestras Sus Cosas”.
Un ejemplo ciertamente ayuda.
Cuando solteros, vivíamos
una vida totalmente distinta
a la que ahora vamos a vivir de
casados, y esto por dos razones que quizás no nos habíamos percatado.
Primero:
la nueva persona que convive con nosotros, vive con nosotros. La mera presencia
del cónyuge, sin que haga nada, lo cambia todo. ¿No creemos esto? Digamos que
vamos a vivir en la misma casa en la que yo vivía antes, y entramos. Yo
acostumbro a quitarme los zapatos, y la camisa, y tirarlos dondequiera, y ella,
sin hablar una palabra, sin moverse
de su sitio, desaprueba mi acción. Su mera presencia me fuerza a cambiar.
Segundo:
la nueva persona que convive con nosotros, tiene también libertad para actuar
como la tengo yo, y de he- cho va a empezar a actuar inevitablemente, y yo debo
incorporar lo que ella hace, como si yo lo hiciera, porque si no, las consecuencias serían muy desagradables para mí y para el cónyuge, que comenzaría a sentirse
infeliz, como dirá el Señor en el
próximo párrafo.
(11) y si no soy libre de hacer lo que quiero, sería un infeliz en ese
corazón si debiera estar atento en hacerle sentir cuánto gozo, y ocultar, a
pesar mío, cuánto sufro, - Continua el Señor desarrollando el argu- mento de lo que sucede por Su
Bilocación en nosotros. El hecho de que Él se biloque en nosotros, y se
subordine a nosotros, no por eso,
Él ha dejado de ser libre
de hacer lo que quiere. Seguimos
con el ejemplo del nuevo matrimonio. No podemos esperar que
nuestra nueva esposa deje de actuar libremente, y deje de desear hacer lo que
siempre ha hecho. Ya sabemos que si la forzáramos a no hacer lo que siempre ha
hecho, esa esposa pronto sería muy infeliz. Como el ejemplo tiene sus límites
no hablamos aquí de las concesiones que ambos deben hacer a sus libertades de
acción, para que el matrimonio funcione. Pero prosigamos con el ejemplo. Si en
esta nueva armonía que hemos con- seguido con nuestras
concesiones y las de ella, nosotros decidimos ocultar parte de nuestras vidas
a nuestra esposa, o ella
ocultarme parte de las suyas, inmediatamente lo sabríamos, porque vivimos
juntos, y nos volveríamos igualmente infelices, porque nos hemos
comprometido a compartirlo todo, y no lo hacemos.
(12) así que, ¿dónde estaría mi libertad? – Nada de lo que dice el Señor
en este capítulo sorpresivo Nos sor- prende, pero debiera. Esta forma de
hablarnos es dura, pero solo es dura, porque
no habíamos comprendido clara- mente, que
la Vida en Su Voluntad, es una Vida matrimonial, que como la vida
matrimonial terrena es indisoluble, que hay que “pechar” con ella, porque es
vida en la que deben convivir dos libertades de voluntad igualmente poderosas
pero armonizadas a un Objetivo Primario, y a muchos Objetivos Secundarios.
(13)
¡Ah! Todo está en mi Voluntad, y si el alma toma Ésta, toma toda la sustancia de mi Ser y me encie- rra a
todo Yo en ella, - No nos ofusquemos por Sus Palabras. “Si el alma
toma Ésta”, o sea, si el alma toma Mi Voluntad y la quiere para sí como
una esposa quiere aquello que es de Su Esposo, entonces esa alma, toma “toda la
sustancia de Mi Ser”, y Me encierra a Mi, y encierra a Mi Voluntad en ella.
(14)
y conforme
va obrando el bien, teniendo en ella la sustancia de mi Vida, hace salir ese
bien de Mí mismo, y saliendo de Mí, como rayo de luz corre para bien de todas
las criaturas. – Y una vez comprendida que nuestra relación en Su
Voluntad, es una relación de vida matrimonial, comprendemos que habiendo
encerrado en nosotros al esposo, que en honor a la armonía conyugal, se subordina a mí, lo que sale ahora de mí, es el conjunto de ambos, pero como mi cónyuge es Dios, lo que sale de
nosotros, es “como rayo de luz que corre para bien de todos”.
Resumen del capítulo del 1 de Abril de 1916: (Doctrinal) – Página 195 -
Esta mañana,
mi dulce Jesús se hacía ver en mi corazón,
y su latido latía en el mío. Yo lo he mirado
y Él me dijo:
“Hija mía,
quien verdaderamente me ama y en todo hace mi Querer, su latido y el mío son
uno solo, así que Yo los llamo latidos míos, y como tales los quiero en torno y
aun dentro del latido de mi corazón, todos dedicados a conso- larme, a endulzar
todos mis latidos dolorosos, y su latido en el mío formará dulce armonía que me
repetirá toda mi Vida, me hablará de las almas obligándome a salvarlas. Pero,
hija mía, para hacer eco a mi latido, ¡qué desapego se necesita, debe ser más
vida de Cielo que de tierra, más Divina que humana! Basta sólo una sombra, una
pequeña cosa para hacer que el alma
no sienta la fuerza, las armonías, la santidad de mi latido, y por lo tanto no
haga eco al mío, no armonice junto Conmigo, y Yo me veo obligado a quedarme
solo en mis dolores o en mis gozos, y estos dolo- res los tengo por las almas
que, quién sabe cuánto me prometían, pero a la hora de llevarlas a cabo he
quedado de- fraudado de sus promesas”.
* * * * * * *
(1) Hija mía, quien verdaderamente me ama y en todo hace mi Querer, su latido
y el mío son uno solo, -
Como observamos de inmediato, este capítulo continúa
con las enseñanzas del anterior que ya analizamos.
Jesús describe
al alma que verdaderamente Le ama, como una criatura que hace siempre, siempre,
Su Voluntad. Esto es lo que es amarle verdaderamente; no es amarlo de palabra, sino
con los hechos, siguiendo Sus Sugerencias Amo- rosas.
Inmediatamente
declara, que el alma que se
encuentra en esas condiciones, está tan fundida con Él, tan
unida, que el latido del corazón de
esa criatura, y el de Él Mismo, en el Cuerpo de Luz, es uno solo.
Dicho de otra
manera, y siguiendo el tono de nuestra explicación anterior. El Corazón de
Jesús late, porque el nuestro late, porque en definitiva, las dos
razones por las que se biloca en nosotros son:
a) para replicar nuestros actos,
y al replicarlos, los incorpora al Acto Único de Su Voluntad.
b)
para que nosotros repliquemos Sus Actos, los que
continua haciendo de continuo, y que ahora hace desde dentro de nosotros, con
los que colaboramos con Sus Planes, y al mismo tiempo, “cristaliza
nuestra volun- tad”, la transforma.
(2)
así que Yo los llamo latidos
míos, y como tales los quiero en torno
y aun dentro del latido de mi cora-
zón, todos dedicados a
consolarme, a endulzar todos mis
latidos dolorosos, - Consecuente con todo lo
expli- cado, por tanto, el Señor considera a los latidos del corazón del alma
que Le ama verdaderamente, y vive en Su Vo- luntad, como los Suyos propios, y
con esos latidos, como si fueran Suyos, Él puede consolarse, y endulzar Sus
propios latidos dolorosos. Él atrae
nuestros latidos a Su alrededor, se
deleita con ellos, y penetrando en
Su Mismo Corazón, Le consuelan de las ofensas recibidas, Le defienden, Le hacen
descansar.
(3)
y su latido
en el mío formará dulce armonía que me repetirá toda mi Vida, me hablará de las
almas obligándome a salvarlas. - el latido del corazón de esa alma
que vive en Su Voluntad, unido a Su Latido, es el que hace posible la “dulce armonía”
que se consigue cuando el alma acoge Sus Sugerencias Amorosas de Acción.
Este latido unificado es el marcapasos de esta Vida renacida en Su Voluntad. El
alma repite Sus Actos, y realiza nuevos Actos que el Señor asume como propios.
El Señor particularmente destaca una de nuestras labores, que aunque sub-
sumida a la labor principal de colaborar a la Venida del Reino, sigue siendo de
las más importantes, porque es de las más importantes para Él Mismo, cual es la
de “obligar
al Señor” a salvar almas.
No es necesario
que se lo digamos con tantas palabras, porque Nuestro Señor utiliza todos
nuestros actos y las inten- ciones con las que los hacemos, para Sus Propios
Fines, por lo que no es tan importante el que lo anunciemos especí- ficamente. Lo que si conviene que sepamos, y sepamos bien,
es que solo actuando en Su Voluntad, podemos con todo derecho, obligarle a que salve almas.
Observemos claramente como Nos dice, que solo por hablarle de las almas, Le
obligamos a salvarlas. Entre esposos es normal el que una esposa o el esposo
mencione algo que quisiera del otro, seguido
de las palabras: “pero no tienes porque
hacerlo”, o “si puedes hacerlo”, o “sería bueno”.
Para el otro cónyuge, el
solo hablar de algo, es lo mismo que pedirlo, y así lo interpreta, y así
hace lo imposible por hacerlo.
(4) Pero, hija mía, para hacer eco a mi latido, ¡qué desapego se necesita, debe ser
más vida de Cielo que de tierra, más
Divina que humana! – Esta intimidad de que habla el Señor es difícil de conseguir, y más bien que- da como
meta a alcanzar. Tantas veces, cuando Nos habla, lo que declara es el ideal que
quisiera alcanzar pero que rara vez alcanza. No por difícil, quiere dejar de
decirnos cuál es la meta a la que aspira. No dejamos de vivir en Su Voluntad
porque no la alcancemos; lo que sí sucede es que no vivimos en Ella tan
perfectamente como Él quisiera.
Una y otra vez,
debemos recordar, en este párrafo 4 y en el que sigue, que no es requisito
indispensable para vivir en Su Voluntad, el que estemos en un estado de
perfección y de gracia espiritual merecedores de este Honor que Nos hace,
aunque no podemos permanecer viviendo en Su Voluntad, si indefinidamente
posponemos todos los esfuerzos que sean necesarios para que todos los
componentes de nuestra vida, estén en armonía con este Don tan grande,
particularmente el estado de gracia que conseguimos en el Sacramento de la
Reconciliación, y Eucaristía frecuente sino
diaria. El Señor es muy paciente a este respecto, pero no infinitamente
paciente.
¿Cómo es esto
posible? Porque a veces se nos olvida, que el Objetivo Primario de concedernos
vivir en Su Voluntad, es el de
colaborar con Él a la venida del Reino del Fiat Supremo, y esa colaboración se
realiza con actos libres e infor- mados, viviendo
en Su Voluntad. Incidental a este Objetivo primario,
están todos los otros que ahora son secundarios, entre los cuales está nuestra
santificación y perfeccionamientos espirituales. No por ser secundarios son sin
importan- cia, pero la necesidad de que estos Objetivos secundarios se cumplan,
queda subordinada al Objetivo Primario. En todo esto, juega un papel muy
importante, la Urgencia Divina para que este Reino se haga realidad, y esta
Urgencia obliga a una tolerancia aun mayor con los que expresan querer vivir en
Su Voluntad, que la tolerancia que Su Infinita Misericordia tendría con
nosotros y nuestras debilidades.
(5)
Basta sólo
una sombra, una pequeña cosa para hacer que el alma no sienta la fuerza, las
armonías, la santidad de mi latido, y
por lo tanto no haga eco al mío, no armonice junto Conmigo, - Como
decíamos, parece que habla de que cuando
algo sucede que desarmoniza con Sus Deseos,
para que ocurra un desastre absoluto.
Eso es lo primero que viene a nuestra mente, pero afortunadamente no es ese
desastre el que ocurre. Cuantas veces uno de los cónyuges desarmoniza con el
otro, no responde a las necesidades del otro, y sus respectivos corazones laten
disparejamente. ¿Quiere eso decir que el cónyuge ofendido abandona al otro, lo
descarta? Por supuesto que no, pero al mismo tiempo es inevitable como dirá el
Señor en el párrafo 6, que Él se sienta y “quede defraudado en las promesas
que Le hicimos”.
(6) y Yo me veo obligado a quedarme solo en mis dolores o en mis gozos, y
estos dolores los tengo por las almas que, quién sabe cuánto me prometían, pero
a la hora de llevarlas a cabo he quedado defrau- dado de sus promesas. - No importa cuáles sean las promesas que Le hicimos,
sean pequeñas o grandes, Nuestro Señor queda siempre decepcionado por nuestro
incumplimiento.
Resumen del capítulo del 15 de Abril de 1916: (Doctrinal) – Página 196 -
Por las
continuas privaciones de mi dulce Jesús vivo muriendo. Esta mañana me encontré
toda en Jesús, como si na- dara en la inmensidad de mi Sumo Bien. Luego veía en
mí y veía a Jesús en mí, y sentía que todo el Ser de Jesús hablaba: Los pies,
las manos, el corazón, la boca, en suma todo eran voces, no sólo esto, sino la
maravilla era que estas voces se hacían inmensas, se multiplicaban por cada
criatura, los pies de Jesús hablaban a los pies y a cada paso de criatura, las manos a las obras, los ojos a las miradas,
los pensamientos a cada pensamiento. ¡Qué armonías entre Creador y criatura!
¡Qué encantadora vista! ¡Qué amor! Pero, ay de mí, todas estas armonías eran
destrozadas por las ingratitudes y por los pecados, el amor era correspondido
con las ofensas.
Y Jesús
todo afligido me dijo:
“Hija mía, Yo
soy el Verbo, es decir la Palabra, y es tanto el amor hacia la criatura, que me
multiplico en tantas voces por cuantos actos, pensamientos, afectos, deseos,
etc., hace cada criatura, para recibir de ellas la correspondencia de sus actos
hechos por amor mío. Doy amor y quiero amor, pero recibo ofensas; doy vida, y
si pudieran me darían muerte; pero a pesar de todo Yo continúo mi oficio
amoroso.
Ahora, has de
saber que quien vive unido Conmigo y de mi Querer, también el alma, nadando en
mi inmensidad es toda voz junto Conmigo, así que si camina, sus pies hablan al
pecador; sus pensamientos son voces a las mentes, y así de todo lo demás; y solamente en estas almas Yo encuentro
como una recompensa en la obra de la Creación, y al ver que no pueden nada por sí solas para corresponder a mi Amor y mantener las armonías entre Yo
y ellas, entran en mi Querer y se hacen dueñas, y obran a
lo divino, mi Amor entonces encuentra su desahogo, y las amo más que a todas
las demás criaturas”.
* * * * * * *
Es aparente que en el día de hoy, Nuestro Señor
quiere manifestarse como la Sabiduría, como
la Voz, como la Palabra de Dios.
Dice Luisa que, inmersa en Jesús, en Jesús todo eran Voces; hablaba con todos
los Miembros de Su Santísi- mo Cuerpo, a todas y cada una de las criaturas.
Dice, con tristeza, que también las armonías de estas Voces dirigidas a cada criatura, eran rotas en algunas de ellas, por los pecados y ofensas. A todo esto Jesús añade, el Pronunciamien- to Doctrinal que vamos
a analizar seguidamente.
(1) Hija mía, Yo soy el Verbo, es decir la Palabra, - Aunque esta primera
Afirmación del Señor ya nos es conoci- da, sabemos que el Señor en estos
Escritos, siempre dicta capítulos que llevan en sí mismos, el Conocimiento
comple- to sobre el tema a desarrollar, por aquello de que sería posible que el
lector no necesariamente conociera todo
lo necesario para comprenderlo. Así dice en este primer párrafo que Él es la
Palabra, en cuanto a que Él se ha designa- do, y los otros Dos han concurrido
con Su “auto-designación”, como el “intermediario” entre el Ser Divino y los
seres inteligentes y libres que han creado.
Jesús es “intermediario” en cuanto que Nos
habla, como ser humano que es, y Nos hace saber lo que
está en la Mente Divina, y
que necesitamos conocer. En el texto Evangélico dice, y parafraseamos, que Él
habla de lo que ha oído ha- blar a Su Padre. Es verdad, que en el pasado el
Espíritu Santo se comunicaba con nosotros, o como dice Nuestro Cre- do “hablaba
por los Profetas”. Sin embargo, desde Su Venida a la tierra como Redentor, Él
ha asumido la labor de “hablarnos” directamente. Sin decirlo explícitamente,
Nos da una razón más, y razón poderosa, por la que quería ha- cerse hombre como
nosotros, para poder comunicarse directamente con nosotros.
(2)
y es tanto
el amor hacia la criatura, que me multiplico en tantas voces por cuantos actos,
pensa- mientos, afectos, deseos, etc., hace cada criatura, para recibir de
ellas la correspondencia de sus actos hechos por amor mío. – El concepto
de “multiplicarse
en tantas voces por cuantos actos, etc., hace la criatura”, es el
proceso natural que ya conocemos de completar Sus Sugerencias Amorosas, y cómo,
al completarlas por compla- cerlo, por rendir nuestra voluntad a la de Él, Él
recibe de nosotros el Mismo Amor que Nos ha dado.
Dicho esto, que ya sabíamos por otros capítulos, ¿qué nuevo significado
encierra el Señor en este capítulo? Para en- tender esto, tenemos que dedicarle
un poco de tiempo y análisis a Sus Palabras: “multiplico en
tantas voces”. Su explicación completa viene dada en el párrafo 5,
pero por ahora decimos lo siguiente. La Palabra que se pronuncia necesita
convertirse en Voz, en sonido, para poder ser percibida. El efecto completo
de la comunicación entre
Dios y el ser humano, es recibido
por el ser humano en la Palabra, hablada o escrita. Aunque sabemos que hay
otras maneras de comunicación entre Dios y nosotros, mas intuitivas, más
directas, lo cierto es que la Palabra es Su Medio de comu- nicación preferido.
Pudiéramos
decir más; pudiéramos decir que cada palabra que percibimos de otro, es un
vínculo mayor de unión, entre los dos interlocutores. Dicho de otra
manera. La mayor o menor unión con Dios, viene dada en definitiva, por la
cantidad mayor o menor de Palabras, que de la Palabra oímos, recibimos y acogemos
en nosotros mismos, porque en cada Palabra Suya recibimos Vida Divina. Esto
aplica a todos los niveles posibles, pero es particularmente cierto en aquellos que vivimos en Su Voluntad,
y recibimos, a través de los Escritos
de Luisa, Palabras llenas
de Vida Divina, con las que Dios Nos “amarra” a Sí.
Una y otra vez,
Nuestro Señor enfatiza el Conocimiento como la manera única de vivir en Su
Voluntad, y ahora enten- demos más porqué.
Tenemos que comprender
que las Verdades Divinas que están encerradas en un Conocimiento,
vienen arropadas en Palabras, y
cada Palabra es una Vida Divina que entra en nosotros y Nos vincula con Su Amor, con
la totalidad del Ser Divino.
(3)
Doy amor y quiero
amor, pero recibo ofensas; doy vida, y si pudieran
me darían muerte;
pero a pesar de todo Yo continúo mi oficio amoroso. - Reflexiona el Señor, y lo hace como
si estuviera hablándose a Si Mis- mo, y no a
nosotros, y dice que a pesar de que
devolvemos ofensas a Su Amor,
y muerte a Su Vida, o sea, que recha- zamos las Voces que quiere
darnos, Él continúa con “Su Oficio Amoroso”. Nada de
esto debe extrañarnos. Nosotros nos cansamos de hacer algo, porque solo miramos
el momento en que vivimos, pero Nuestro Señor está con nosotros por la duración
de nuestra vida, y no ve este momento solamente, sino que todos los momentos de
nuestra vida, son momentos en los que Él puede dar y recibir, amor por amor,
vida por vida.
(4) Ahora, has de saber que quien vive unido Conmigo y de mi Querer,
también el alma, nadando en mi inmensidad es toda voz junto Conmigo, - Una vez anunciado el
preámbulo de la Enseñanza que viene a transmi- tirle a Luisa y a nosotros,
comienza con Su Enseñanza propiamente. En cuanto comenzamos esta Vida en Su
Voluntad que Nos concede, también nosotros somos, “nadando en Su Inmensidad”,
Voces como lo es Él Mismo. Pero, no nos quedemos arrobados en la Belleza del Conocimiento que Nos da, sino que comprendamos lo
que quiere que sepamos, a saber, que también nosotros, con todos nuestros
miembros, unidos a los de Él, somos Voces
con las que Le
damos a conocer, y somos Voces que
en nuestras palabras y actuación, transmitimos la Vida Divina que habíamos
recibido al oír, recibir y acoger Sus Palabras y Actos en nosotros. No habla
aquí el Señor de que somos Voces cuando evangeli- zamos este Apostolado, que
eso sería la conclusión normal, sino que habla de que somos Voces, con toda
nuestra actuación, porque en definitiva, lo que estamos llamados a “pasar a
otros” es la Vida Divina que hemos recibido con Sus Palabras y Actos en
estos Escritos, y en esta Vida en Su Voluntad que ahora compartimos con Él.
(5) así que si camina, sus pies hablan al pecador; sus pensamientos son
voces a las mentes, y así de to- do lo demás; - Como ya dijimos
anteriormente, es aquí que el Señor explica lo que quiere entendamos en este
Pro- nunciamiento.
El concepto de
la Palabra, y de la Voz que arropa esa Palabra, es la de llevar a la criatura
la Vida Divina que Dios ha encerrado en cada
una de esas Palabras. Releamos
lo que Nos dice en
el capítulo del 22 de Febrero de 1929, volumen 25, y que
estudiamos bajo la Descripción 110. Viviendo en Su Voluntad, cada una de
nuestras acciones, se convierte en un vehículo, que como la Palabra, transmite
a otros la Vida Divina que hemos encerrado en nosotros, y que ahora “pasamos” adelante. ¿Difícil de entender? Por
supuesto, pero más aun pensamos,
es difícil de aceptar, porque de nue- vo, entremezclamos nuestra
condición imperfecta, y pensamos que de nosotros, criaturas imperfectas, no
puede salir nada que ayude a otros, también pecadores, a salir de su condición
desastrosa. Entendamos de una vez por todas, que nuestra Colaboración con Él, es ahora total, y que no viene limitada a colaborar para la venida
del Reino, sino que somos el medio de Redención, de
conversión, más efectivo posible. ¿Queremos ser instrumentos de conversión para
otros? Vivamos lo más perfectamente posible en Su Voluntad, y seremos los
más auténticos y profundos instrumentos de Conversión. Dijimos que
tenemos que vivir lo mas perfectamente posible en Su Voluntad, pero eso no
quiere decir que tenemos que ser cada vez más perfectos nosotros, sino que lo
que significa es que tenemos que saber más, y practicar más y mejor, los
Conocimientos que constituyen esta Vida, porque de esa manera, es que llegamos
a poseer las Vidas Divinas que “pasamos” adelante, y que son las que convierten
a otros. Se nos quedaba por decir, que inci- dentalmente, mientras más oímos,
recibimos y acogemos en nosotros estas Vidas Divinas, más y más nos perfeccio-
namos, sin quererlo.
(6) y solamente en estas almas Yo encuentro como una recompensa en la obra
de la Creación, - Los tres párrafos que ahora comienzan son complicados. Vamos a tratar
de explicarlos independientemente, pero al final, te- nemos que entenderlos en
su conjunto.
Dice que en
estas almas, que viven en Su Voluntad, y comprenden ahora, un aspecto
más de sus roles de colabora- ción, Él encuentra una recompensa a Su Obra de la
Creación. La implicación es que hasta ahora que Luisa comienza a vivir en Su
Voluntad, y luego nosotros, Él no había recibido la recompensa buscada a Su
Esfuerzo y a Su Labor como creador. Comprendamos esto. Si hay dos personas
buenas, virtuosas, amadas por Él, y una de ellas sabe solamente de Su Redención, y la otra sabe acerca de
esta Santificación en Su Voluntad, ¿cuál de esas dos personas Le recom- pensa a
Él más por lo que ha hecho? Es obvio que Le recompensa más aquella que sabe más
de Sus Planes Origina- les.
Dice el
Diccionario que recompensar es “retribuir o remunerar un servicio”, y también
“compensar por un daño he- cho”, y también dice que es “premiar un beneficio,
favor, virtud o merito”. Pudiéramos decir, basados en estas defini- ciones, que
1)
Le retribuimos al Señor por el servicio de habernos creado, viviendo en
Su Voluntad, para ser “portadores de Nuestro Creador”, para ser Voces que
portan las Vidas Divinas de todas y cada una de las Verdades Divinas que
aprendemos;
2)
Le compensamos por el daño hecho por Adán, y todo el daño subsiguiente que todos hemos contribuido a darle;
3)
y por último, Le premiamos, Le agradecemos en Su Voluntad, por todos
los Beneficios, favores, virtud y meri- to que nuestras acciones puedan
alcanzar en Su Voluntad.
(7) y al ver que no pueden nada por sí solas para corresponder a mi Amor y mantener
las armonías entre Yo y
ellas, entran en mi Querer y se hacen dueñas, y obran a lo divino, - En este entendimiento nuevo
que estamos adquiriendo, comprendemos cada vez más y mejor, que nada podemos
hacer por nosotros mismos, que no podemos iniciar nada para corresponder a Su
Amor, que podemos y debemos hacerlo, completando Sus Sugerencias Amorosas con
las que Nos guía, y que solo así podemos contribuir a esta Armonía Universal
que Él con tanto afán, busca restablecer, y a la que nosotros ahora
contribuimos a restablecer. Por eso, armados con todos estos Conoci- mientos,
entramos en Su Querer, y Nos hacemos dueños y dueñas de Sus Planes, de Sus
Objetivos, y obramos tal y como obra Él, particularmente en esta Labor de
“Repartición” universal de las Vidas Divinas que ahora poseemos y que podemos “pasar” a otros.
(8) mi Amor entonces encuentra su desahogo, y las amo más que a todas las
demás criaturas. – Y dice por último el Señor, que al fin encuentra en donde desahogar Su
Amor, o lo que es lo mismo, encuentra a criaturas que siguen Sus Sugerencias
Amorosas y las cumplen, que estudian y adquieren Conocimientos sobre Su
Voluntad y el Reino que está por venir con nuestros esfuerzos, y empiezan a
obrar tal y como Él Mismo actúa. No es de extrañar pues, que ame a los que
viven en Su Voluntad más que lo que ama a todas las demás criaturas.
Resumen del capítulo del 21 de Abril de 1916: (De diario) – Página 197 -
Continúan mis
días amarguísimos, temo que Jesús algún día no venga ni siquiera por un
instante, y en mi dolor voy repitiendo:
“Jesús, no me lo hagas; que no quieres hablar, está bien; no quieres hacerme
sufrir, me resigno; no quieres hacerme
don de tus carismas,
“Fiat”; pero que no debas venir, esto no, Tú sabes que me costaría la vida y la misma naturaleza
sin Ti hasta la noche,
se disolvería”.
Y mientras
esto decía, el bendito Jesús acrecentando mis amarguras, se hizo ver diciéndome:
“Has de saber
que si no vengo un poco a desahogarme contigo, el mundo estaría por recibir el
último golpe de des- trucción y de toda clase de flagelos”.
¡Qué espanto!
Entonces quedé aterrada
y petrificada por el dolor.
Por tanto continuaba rezando y decía:
“Jesús mío, cada momento de tu privación
te pide que en las almas sea creada una nueva Vida de Ti, y esta gracia me la debes dar, sólo con este pacto acepto tu privación.
No es una cosa de nada que me privo, sino de Ti, bien inmenso,
infinito, eterno, el precio es inmenso, por eso hagamos
el pacto”.
Y Jesús puso su
brazo en mi cuello como aceptando; y mirándolo, pero ay de mí, qué vista tan
dolorosa, estaba cir- cundado de espinas, no sólo la cabeza sino toda su
Santísima Humanidad, tanto, que abrazándolo me picaban, pero a cualquier costo
yo quería entrar en Jesús, y Él todo bondad rasgó esa vestidura de espinas en
la parte del corazón y me puso dentro, y yo veía la Divinidad de Jesús, y si
bien era una sola cosa con su Humanidad, aunque la Humanidad quedaba
desgarrada, la Divinidad permanecía intangible. Y Jesús me ha dicho:
“Hija mía, ¿has
visto qué vestido tan doloroso me han hecho las criaturas, y cómo estas espinas
están encarnadas en mi Humanidad? Estas espinas han cerrado la puerta a la Divinidad, al
haber circundado toda mi Humanidad de la cual, sólo salía mi Divinidad en
beneficio de las criaturas. Ahora es necesario que tire parte de estas espinas
y las vierta sobre las criaturas, y corriendo por medio de las espinas la luz
de mi Divinidad, pueda poner a salvo sus almas, por esto es necesario que la
tierra sea inundada de castigos, de terremotos, carestías, guerras, etc., para
que se rompa esta vestidura de espinas que las criaturas me han puesto, y así
la luz de la Divinidad, penetrando en sus almas, las pueda desengañar y haga
surgir tiempos mejores”.
* * * * * * *
Unos breves comentarios sobre este capítulo que nos da una descripción tan
vivida del estado que se encuentra Su Bilocación en Luisa. Dice que hemos
rodeado a Su Humanidad con una vestidura de espinas, que como coraza impide que
Su Divinidad salga fuera a favor de las criaturas. La alegoría es
extraordinaria. Quiere que entendamos que la Misericordia Divina no puede salir
fuera, en tanto y cuanto, la Vestidura de Espinas que Le formamos con nuestras
culpas. Habla con precisión extrema, para que no Le mal interpretemos, que solo
una “inundación” de castigos, tales como terremotos, carestías, guerras, etc., logra que
“se rompa esta vestidura
de espinas”, para que por la brecha que esos castigos causan, pueda Su
Divinidad derramarse en Misericordia sobre nosotros, nos desengañemos del mal
que intentamos hacer y hacemos, y haga surgir “tiempos mejores
para todos”.
Entendamos mas,
y claro está lo que decimos ahora, lo decimos plenamente conscientes de que
esta conclusión, no todo el que la lee va a estar de acuerdo. Por lo que el
Señor dice, sólo los castigos son los que permiten que Su Mise- ricordia
se vuelque sobre nosotros, y Él reanude Sus Esfuerzos Redentores. No son
nuestras oraciones, no son nues- tras peticiones, sacrificios, y demás actos
bien intencionados con los que pedimos que las criaturas se conviertan y dejen
de ofenderle, las que logran las conversiones que observamos. La segunda
conclusión impopular a la que llega- mos, es que no debemos pedirle que quite
los castigos, ahora que entendemos la importancia y necesidad que estos juegan en la
Conversión individual y colectiva. Debemos eso si pedirle, que nos
ayude a sobrellevar estas etapas difíci- les, y que en la medida que
pueda, acorte la duración de los mismos.
Resumen del capítulo del 23 de Abril de 1916: (Doctrinal) – Página 199 -
Continuando mi
habitual estado, mi adorable Jesús se hacía ver todo circundado de luz que le
salía de dentro de su Santísima Humanidad, que lo embellecía en modo tal de
formar una vista encantadora y raptora, yo quedé sorprendi- da y Jesús me dijo:
“Hija mía, cada
pena que sufrí, cada gota de sangre, cada llaga, oración, palabra, acción, paso, etc., produjo una luz en mi
Humanidad capaz de embellecerme en modo tal, de tener raptados a todos los
bienaventurados. Ahora, el alma a cada pensamiento de mi Pasión, a cada condolencia, a cada reparación, etc., que hace, no hace otra cosa que
tomar luz de mi Humanidad y embellecerse a mi semejanza, así que un
pensamiento de más de mi Pasión, será una luz de más que le llevará un gozo
eterno”.
* * * * * * *
Así como en el
capítulo del 15 de Abril anteriormente estudiado, nuestras acciones son Voces
que llevan Vidas Divinas por cada Palabra que acogemos en nuestro Cuerpo de
Luz, así ahora Nos dice que cada pensamientos sobre Su Pa- sión, cada condolencia, cada compasión
expresada, cada reparación que unimos a las Suyas, es una Luz
que tomamos de Su Humanidad,
y Nos embellecemos con Su Semejanza, y que esparcimos a nuestros hermanos, y es
Luz que lle- vamos con nosotros al Cielo para nuestro gozo eterno.
Resumen del capítulo del 3 de Mayo de 1916: (Doctrinal) – Página 200 -
Mientras estaba
rezando, mi amable Jesús se puso junto, y oía que también Él rezaba y yo me
puse a oírlo, entonces me dijo:
“Hija mía, reza,
pero reza como rezo Yo, es decir, vuélcate toda en mi Voluntad,
y en Ella encontrarás a Dios
y a todas las criaturas, y
haciendo tuyas todas las cosas de las criaturas, las darás a Dios como si fuera
una sola criatura, por- que el Querer Divino es el dueño de todas, y pondrás a
los pies de la Divinidad los actos buenos para darle honor, y los malos para
repararlos con la santidad, potencia e inmensidad de la Divina Voluntad a la
que nada escapa. Esta fue
la Vida de mi
Humanidad en la tierra, por cuan Santa era mi Humanidad, tenía necesidad de
este Divino Querer para dar completa satisfacción al Padre, y redimir a las
generaciones humanas, porque sólo en este Divino Querer Yo en- contraba todas
las generaciones pasadas, presentes y futuras, y todos sus actos, pensamientos,
palabras, etc., como en acto. Y en este Santo Querer, sin que nada me escapara,
Yo tomaba todos los pensamientos en mi mente, y por cada uno en particular Yo
me presentaba ante la Majestad Suprema y los reparaba, y en esta misma Voluntad
des- cendía en cada mente de criatura, dándole el bien que había impetrado para
su inteligencia; en mis miradas tomaba todos los ojos de las criaturas; en mi
voz sus palabras; en mis movimientos los suyos; en mis manos sus obras; en mi
corazón los afectos, los deseos; en
mis pies los pasos; y haciéndolos como míos, en este Divino Querer mi Humanidad satisfacía al Padre y
Yo ponía a salvo a las pobres criaturas, y el Padre Divino quedaba satisfecho,
no podía rechazar- me siendo el Santo Querer Él mismo, ¿se habría rechazado Él
mismo? Ciertamente que no; mucho más que en estos actos encontraba santidad
perfecta, belleza inalcanzable y raptora, amor sumo, actos inmensos y eternos,
potencia invencible. Esta fue toda la Vida de mi Humanidad en la tierra, desde
el primer instante de mi concepción hasta el último respiro, para continuarla
luego en el Cielo y en el Santísimo Sacramento. Ahora, ¿por qué no puedes
hacerlo también tú? Para quien me ama todo es posible, unida Conmigo en mi
Voluntad, toma y lleva ante la Majestad Divina en tus pensamientos, los pensamientos de todos; en tus ojos, las miradas de todos; en tus palabras, en los movimien-
tos, en los afectos, en los deseos, todos los de tus hermanos para repararlos,
para impetrar para ellos luz, gracia, amor. En mi Querer te encontrarás en Mí y
en todos, harás mi Vida, rezarás como Yo, y el Padre Divino por esto que- dará
contento y todo el Cielo te dirá: “¿Quién nos llama en la tierra? ¿Quién es
quién quiere encerrar este Santo Que- rer en sí, encerrando a todos nosotros
juntos?” ¿Y cuánto bien no puede obtener la tierra haciendo descender el Cielo
a la tierra?”
* * * * * * *
Este capítulo
ya lo habíamos estudiado en el año 2007, y nuestro análisis
forma parte de las Notas
Descriptivas de la Divina
Voluntad, Matiz 35, que titulamos: Orar en la Divina Voluntad junto
con Jesús. De
ese estudio que hici- mos
tomamos los comentarios que ahora incluimos en su lugar correspondiente. Y
comenzamos.
Este es un
Pronunciamiento que contiene una gran cantidad de información nueva, completa,
y muchas veces sor- prendente, de cómo la Divinidad de Jesús actuaba unida y a
través de Su Humanidad. Cuando analicemos a continua- ción el Pronunciamiento
en su totalidad vamos a destacar como la Naturaleza dual de Jesús actuaba.
Trataremos de hacerlo con el mínimo de confusión posible. Además, el Pronunciamiento en su totalidad está escrito de un solo golpe, con puntuación mínima, y eso contribuye un poco a la
dificultad en abarcar todos los conocimientos que Nos comuni- ca. Empecemos.
Hija mía, reza, pero reza como rezo
Yo, es decir, vuélcate toda en mi Voluntad, - Como siempre, Jesús co-
mienza anunciando el tema del Pronunciamiento: Luisa debe rezar como rezaba El,
y nos da el Modo como Lo hacía diciendo: “Vuélcate toda en Mi Voluntad”.
La palabra volcarse connota una fuerza de la que carece la palabra: En- tra; o sea, Jesús no Le dice: “Entra en Mi Voluntad”, como lo dice en muchas otras ocasiones, sino que
Le dice: “Vuél- cate toda”. La
definición de la palabra volcarse, nos da esa connotación de urgencia, y así
dice el Diccionario que vol- carse es: “torcer o trastornar una cosa hacia un
lado o totalmente, de modo que caiga o se vierta lo contenido en ella”.
Jesús, en efecto,
Le dice a Luisa que su voluntad humana debe torcerse, trastornarse totalmente hacia Su Volun- tad, de modo que todo lo que
contiene su voluntad humana, se vierta en Su Voluntad.
Y en Ella encontrarás a Dios y a todas las criaturas, y haciendo tuyas
todas las cosas de las criaturas,
las darás a Dios como si fuera
una sola criatura, porque el Querer Divino es el dueño de todas,
- Tres
elemen- tos conocidos ya para el que Vive en la Divina Voluntad, pero bien
delineados esta vez por Jesús:
1)
en la Divina Voluntad encontrarás a Dios, y quien dice a
Dios dice a la Santísima Trinidad, y a todas las Criatu-
ras, a toda la realidad creada por Dios a través de la Santísima Trinidad.
2)
Cuando encuentres a todas las criaturas, hazlas tuyas, abrázalas a
todas, no excluyas nada de ellas, acéptalas en ti, como si lo que todas esas
criaturas hacen y han hecho, y harán, lo hubieras hecho tu.
3)
Y ahora que son tuyas, devuélveselas al Padre, como si todas las criaturas
fueran una sola, porque haciendo esto no solo le devuelves al Querer Divino lo
que es en realidad Suyo, sino que has añadido algo nuevo a ese conjunto creado
por El: has añadido tu propio abrazo, tu propia buena
intención, y en esa añadidura has “me- jorado” a todos delante de Él.
Y pondrás a los pies de la Divinidad los actos buenos para darle honor, y los malos para repararlos con la
santidad, potencia e inmensidad de la Divina Voluntad a la que nada escapa. - Y así dice Jesús, que en
este acto nuestro de hacer nuestro y devolver lo que todos hacen, lo hacemos
con la conciencia completa de que estamos ofreciendo actos buenos, con los
que aumentamos, por así decirlo, Su Honor y Gloria, y que también estamos
ofre- ciendo los actos malos, reconociéndolos como malos, pero con la
intención, si pudiéramos, de hacerlos buenos y de esa manera reparar el mal
que esos actos contienen.
Esta fue la Vida de mi Humanidad en la tierra, por cuan Santa era mi
Humanidad, tenía necesidad de este
Divino Querer para dar completa satisfacción al Padre, y redimir a las
generaciones humanas, - En este párrafo extraordinario, que describe perfectamente Su Vida y
Misión, Jesús declara lo siguiente:
1)
Esta fue toda Su Vida en la tierra. Nadie adivinaba el constante,
ininterrumpido hacer de Jesús en esta labor que Le encomienda ahora a
Luisa. El Evangelio nos narra que frecuentemente pasaba las noches orando,
y nos habla de las muchas oportunidades en que oraba. Lo que no nos dicen los
Evangelios, es cuál era el con- tenido de Su Oración, y que Su oración era
frecuente. Ahora sabemos el contenido de Su Oración: divinizar lo bueno,
reparar y hacer bueno lo malo; y también sabemos la frecuencia de Su Oración:
toda Su Vida.
2)
Dice que Su Humanidad era Santa, era la más perfecta, la más en
control, la más ordenada a la Voluntad de Dios, de todas las humanidades creadas,
y que aun así, necesitaba
de Su Divinidad para dar
la completa repa- ración a Su Padre
y así redimir a todas las Generaciones humanas. O sea, un hombre perfecto no era suficien- te,
tenía que ser un hombre perfecto, animado, dirigido por la Divinidad, si se
quería redimir al hombre. Dios no podía redimir al hombre, tenía que ser un
hombre animado por Dios, el que realizara esta labor de Reden- ción.
Porque sólo en este Divino
Querer Yo encontraba todas las
generaciones pasadas, presentes y futuras, y todos sus actos, pensamientos,
palabras, etc., como en acto. – Y así como Le ha dicho a Luisa que se vuelque en
Su Divina Voluntad para esta labor, así dice que Su Humanidad también entraba
en el Divino Querer para encon- trarlo todo, como en acto. Jesús utiliza mucho
esta expresión en estos escritos, y quizás ya lo hayamos explicado an- tes,
pero, no está de más el que se explique de nuevo brevemente. Lo más importante
que debemos comprender de este concepto, no es el hecho de que todo lo creado
existe, sino que sigue existiendo porque todo tiene un propósito, una razón de
ser. Nos explicamos mejor.
Una vez que el
Fiat se pronuncia y crea algo, este algo se incorpora a lo que llamamos la Realidad Creada, y ocupa su lugar
en el Esquema de todo lo que Su Sabiduría Infinita ha concebido para ese algo
creado. Nada está de más o de menos: está no solo porque Dios quiere que esté,
pero quizás más importante aún, y que casi siempre pasa desaper- cibido, está
porque ese algo que El quiere tiene un papel o rol importante que jugar. Es
como el que ensambla un rompecabezas. Si el rompecabezas pudiera pensar, no
tendría conciencia de para qué sirve esa pequeña piececita azulita de cielo que el
individuo tiene en la mano. Entendía
cuando el individuo tenía en su mano la pieza que contenía
la cúpula del edificio del Empire State, pero esa piececita pequeñita y sin
importancia azulita, ¿para qué sirve? Si todo lo que Dios hace no estuviera
siempre “en acto”, no estuviera siempre existiendo, implicaría que algo de lo
creado era superfluo, innecesario, creado por capricho, y que por tanto podía
descartarse como se descarta algo inservible. Aun- que algo de lo hecho se haya
torcido por la voluntad humana, su propósito al hacerlo, permanece, y permanece
para siempre; lo único que queda por hacer,
lo único que se puede hacer,
es pedir perdón
por haberlo torcido, y enseguida,
rehacerlo bien. La labor de Nuestro Señor, en Su Humanidad fue precisamente
esta, pero para ello tenía que poder encontrar todo, en existencia, en acto, y
en el propósito original.
Y en este Santo Querer, sin que nada me escapara, Yo tomaba todos los
pensamientos en mi mente, y por cada uno en particular Yo me presentaba ante la
Majestad Suprema y los reparaba, - y ahora Jesús pasa a explicarle a Luisa, el concepto de “en acto” con
palabras interesantísimas. Usa el
concepto de que “nada se me
escapara”, y para que no se Le escapara, tenía que estar presente, y así al
recoger los actos mal hechos, los bien hechos
a medias, y los bien hechos de tres cuartos, porque nada estaba o está
“bien hecho”, Jesús reparaba por
cada uno de ellos, enfrente de la Majestad Divinidad. El Hombre perfecto,
reparando por los hombres imperfectos.
Y en esta misma Voluntad
descendía en cada mente de criatura, dándole el bien que había impetrado para
su inteligencia; en mis miradas tomaba todos los ojos de las criaturas; en mi
voz sus palabras; en mis movimientos los suyos; en mis manos sus obras; en mi
corazón los afectos, los deseos; en mis pies
los pasos; y haciéndolos como míos, en este Divino Querer mi Humanidad
satisfacía al Padre y Yo ponía a
salvo a las pobres criaturas, - Y ahora, sorprendentemente explica, como esa
reparación no era solo para des- agraviar a la Majestad Divina, sino que una
vez rehecho por El, a través de esta Oración Suya Reparadora, le
devolvía el Bien encerrado en aquel acto original mal hecho por el hombre, para
que el hombre recibiera todo el beneficio que aquel acto encerraba. Y así dice,
hacia con todos y cada uno de los actos, y Nos devolvía el bien que no habíamos
liberado al hacer aquello mal.
Y el Padre Divino quedaba
satisfecho, no podía rechazarme siendo el Santo Querer Él mismo, ¿se habría
rechazado Él mismo? Ciertamente que no; mucho más que en estos actos encontraba
santidad perfecta, belleza inalcanzable y raptora, amor sumo, actos inmensos y
eternos, potencia invencible. – Ahora Jesús vuelve Su Atención a
Su Padre Celestial, el Receptor final de toda Su Labor mientras vivió en la
tierra: Dice que Su Padre se sentía satisfecho, utilizando una palabra al
parecer conocida pero mal usada, porque cuando la oímos pen- samos en la
persona que ha comido bien, o se siente bien y completa. Pero, la palabra, en
su sentido correcto se apli- ca a una deuda. Y así dice el Diccionario que
satisfacer es “pagar enteramente lo que se debe”, y también “hacer una obra que
merezca el perdón de la pena debida”. Cuánto sentido pues, tiene ahora esta
expresión de Jesús de que “El Padre Divino
quedaba satisfecho”. Y prosigue
haciéndose equivalente El mismo a la obra que merecía el perdón de la pena debida.
Y dice que no solamente era imposible
rechazarlo a Él, por ser Dios
también y Su Hijo, sino que ¿cómo se podía rechazar Su Obra de Reparación
y de Rehacimiento tan perfectas?
Esta fue toda la Vida de mi Humanidad en la tierra, desde el primer
instante de mi concepción hasta el último respiro, para continuarla luego en el
Cielo y en el Santísimo Sacramento. – De nuevo, con la Lógica circular acostumbrada Nos
reafirma de que esta fue Su Vida en la tierra, y añade dos cosas muy
importantes:
1)
Dice que esta Labor Suya continúa en el Cielo, porque
como afirma en otro capítulo: “si
continua es la ofensa, continua tiene que ser también la reparación”. Y
también, que El continúa Su Vida en la tierra a través de las almas victimas.
2)
En lo referente al Santísimo Sacramento, continúa con el tema
recurrente que ya comenzara a explicarle a Luisa y a nosotros, desde el volumen
1, en ocasión de pedirnos, que hagamos 33 visitas espirituales diarias al
Santísimo Sacramento con “Mis Mismas Intenciones, de expiación, inmolación,
reparación y adoración perpe- tua a Nuestro Padre Celestial”. Asimismo, en el
volumen 4, un par de años más tarde, el
12 de Marzo de 1903, Le dirá a Luisa
que La Eucaristía fue instituida, en forma principalísima, porque “Allí el
sacrificio es con- tinuo, es perpetua la presión que hago al Padre para que use de Misericordia
con las criaturas y con las almas, para obtener su Amor, y me
encuentro en continuo conflicto de morir continuamente, si bien todos están
muertos de amor”.
Ahora, ¿por qué no puedes hacerlo también tú? Para quien me ama todo es
posible, unida Conmigo en mi Voluntad, toma y lleva ante la Majestad Divina en
tus pensamientos, los pensamientos de todos; en tus ojos, las miradas de todos;
en tus palabras, en los movimientos, en los afectos, en los deseos, todos los
de tus hermanos para repararlos, para impetrar para ellos luz, gracia, amor. – Al principio de este Pro-
nunciamiento Le da la recomendación inicial: Luisa, reza, pero reza como rezo
Yo. Jesús ahora vuelve Su Atención para
recomendarle, una vez más, que haga esto que El hacía. Como ya hemos dicho
verbalmente en algunas de las reuniones, Nuestro Señor enfatiza siempre no
tanto el orar por nuestros hermanos, sino orar para reparar lo malo que hacen nuestros hermanos, con
todos los cinco sentidos y sus tres potencias anímicas. Aquí no hace excepción a esto: el énfasis
está en reparar y una vez que se ha reparado, en ese orden, impetrar para ellos
luz, gracias, amor, y con- versión o reconciliación efectivas.
En mi Querer te encontrarás en Mí y en todos, harás mi Vida, rezarás como Yo, y el Padre Divino por esto
quedará contento y todo
el Cielo te dirá: “¿Quién nos llama en la
tierra? ¿Quién es quién quiere encerrar este Santo Querer en sí, encerrando a
todos nosotros juntos?” – Al volcarse en el Divino Querer Jesús conti- núa con más y más
noticias sorprendentes. Al final del párrafo Nos dice que toda la corte celestial
se maravilla de la criatura que quiere
encerrar su voluntad
en la de ellos, porque
como Jesús, vive en la Divina Voluntad
y tiene la potes-
tad de encerrar a todos
los bienaventurados en su voluntad, al mismo tiempo
que encierra su voluntad en
la de Jesús. En otras palabras, la
Corte Celestial vive en la Divina Voluntad, y Luisa por don de Dios, también
vive en ella, y ade- más, ella encierra toda la vida de ellos que están en
Jesús, en ella misma.
¿Y cuánto bien no puede obtener la tierra
haciendo descender el Cielo a la tierra?” -
Como siempre hace cuando termina un Pronunciamiento en el que Le pide a Luisa y
a nosotros, una Actividad específica en Su Voluntad, que hay una recompensa a esta fatiga de Luisa y
nuestra. Habla de hacer
descender el Cielo a la Tierra, quizás
una de las primeras alusiones, un poco velada pero no menos cierta, a la
venida del Reino de Su Voluntad a la tierra, que como sabemos es el Objetivo
Final de todas estas Revelaciones: que Venga el Reino de la Divina Voluntad a
la tierra, sicut in celo et in terra.
Resumen del capítulo del 25 de Mayo de 1916: (Doctrinal) – Página 202 -
Continuando mi
habitual estado, estaba toda afligida, especialmente porque en días pasados el
bendito Jesús me hizo ver cómo soldados extranjeros invadían Italia y la gran
carnicería que causaban en nuestros soldados, los ríos de san- gre, de los
cuales Jesús mismo tenía horror. Mi pobre corazón me lo sentía despedazar por
el dolor y le decía a Jesús:
“Salva a mis hermanos, tus imágenes, desde dentro de ese lago de sangre y no permitas que ninguna alma caiga al
infierno”.
Y viendo que la
Divina Justicia encenderá más su furor contra las pobres criaturas, yo me
sentía morir, y Jesús casi para distraerme de estas escenas tan desgarradoras
me ha dicho:
“Hija mía, es
tanto el amor con que amo a las almas, que en cuanto el alma se decide a darse
a Mí, Yo la circundo de abundante gracia, la acaricio, la conmuevo, la hago
recogida, la doto de gracias sensibles, de fervores, de inspiracio- nes, de necesidades del corazón, y entonces
el alma viéndose tan agraciada comienza
a amarme, hace como
un fondo de oraciones en su corazón,
de prácticas piadosas y se decide a ejercitarse en las virtudes. Todo esto
forma un prado florido en el alma, pero mi Amor no queda contento con las solas
flores, sino que quiere frutos y por eso comienza a hacer caer las flores, es
decir, la despoja del amor sensible, del fervor y de todo lo demás para hacer
nacer los frutos. Si el alma es fiel, continúa sus prácticas piadosas, sus virtudes,
no toma gusto de ninguna otra cosa humana, si no piensa en sí sino sólo en Mí,
confía en Mí, con esto pondrá el sabor a los frutos; con la fidelidad hará
madurar los fru- tos, y con su valentía, tolerancia y tranquilidad los hará
crecer y serán frutos abundantes, y Yo, el Celestial Agricultor cosecharé estos
frutos y haré de ellos mi alimento, y plantaré otro huerto más bello y más
florido en el que nacerán frutos heroicos, que
arrancarán de mi corazón gracias inauditas. Pero si es infiel, desconfiada, se agita, toma gusto de las cosas humanas, etc., los frutos serán
acerbos, insípidos, amargos, sucios y servirán para amargarme y hacerme retirar
del alma”.
* * * * * *
Se hace difícil comprender como uno de los Pronunciamientos más bellos que
la Divina Voluntad ha dictado y el Señor ha dirigido en estos Escritos, pudiera
ser escrito en momentos de gran carnicería, observando las cuales, hasta nues-
tro Mismo Señor “tenía horror”. Sin embargo, así es. Quizás, como dice Luisa, lo hace
para distraer a Luisa, y a noso-
tros, de los efectos de esta guerra.
Y comenzamos con el análisis
de Su Pronunciamiento.
(1)
Hija mía, es
tanto el amor con que amo a las
almas, que en cuanto el alma se
decide a darse a Mí, Yo la circundo de abundante gracia, la acaricio, la conmuevo, la hago recogida,
la doto de gracias sensibles,
de fervores, de inspiraciones, de necesidades del corazón, y entonces el alma
viéndose tan agraciada comienza a amarme, hace como un fondo de oraciones en su
corazón, de prácticas piadosas y se decide a ejercitarse en las virtudes. – Hemos decidido dejar intacto el
párrafo 1 para poder apreciarlo en su justo valor. En efecto, el Señor quiere
describir el Proceso que utiliza con todas las almas, una vez que se “deciden darse
a Mí”.
Antes de que el
alma acepte ser convertida, y esto no lo dice en este capítulo, pero sí lo dice
en otros, ya Él la ha es- tado rodeando con Su Gracia, sugiriéndole conversión
y arrepentimiento; y es en respuesta a esta invitación inicial, que el Señor
dice que el alma se decide darse a Él. En cuanto el alma acepta esta Invitación
inicial, Jesús puede co- menzar a trabajar con esa alma en este proceso de
conversión que durará toda la vida, porque este proceso nunca termina
realmente. Puede que adopte otros nombres, pero nunca cambia su esencia, puesto
que el alma debe rendir- se continuamente a la Acción Divina que no cesa de
Sugerirle el curso de acción con el que la lleva a Él.
Observemos las características de este proceso
de conversión que se inicia.
Dice que
a)
La circunda de abundante Gracia – La Gracia Divina es capacitación
para que la criatura pueda responder a la
Sugerencia amorosa de acción que se Le presenta.
b) La acaricia – como padre y esposo que acaricia a la amada
c)
La conmueve
– el corazón de esa criatura
se ha ido endureciendo en el pecado,
y es necesario resquebrajarlo.
d) La hago recogida – el alma de esta criatura debe refugiarse en el Señor, que Le abre lugar para albergarla.
e)
La doto de gracias sensibles - es necesario que esa alma sepa que
ha sido aceptada y acogida en el Señor; tiene que sentir que Su Amor por
nosotros no es una ilusión, que no son palabras vanas y sin sentido.
f)
(la doto) de fervores – el fervor, ese atractivo por las cosas Divinas, es
necesarísimo en esta primera etapa que el Señor describe.
g)
(la doto) de inspiraciones - El alma se siente en presencia de la
Sabiduría Divina que Le inspira pensamientos nobles, aspiraciones a la
felicidad eterna que se Le promete.
h)
De necesidades del corazón – El alma
que ha estado en pecado, ha perdido sensibilidad por necesidades de amor de las
que ella misma se ha privado. El corazón de la criatura necesita de Dios,
necesita del fuego del que se ha desprendido.
Y dice el Señor, que el alma que recibe este “tratamiento de Amor”,
responde amándole inevitablemente, comienza a construir un castillo de
oraciones y practicas piadosas, que surgen desde el fondo de su corazón y
asciende a Él. Fi- nalmente dice el Señor, que el alma comienza a “ejercitarse
en las virtudes”, o sea, comienza el largo proceso de “habituarse
a obrar el Bien”, que se Le ha comenzado a sugerir.
(2) Todo esto forma un prado florido en el alma, pero mi Amor no queda
contento con las solas flores, sino que quiere frutos y por eso comienza a
hacer caer las flores, es decir, la despoja del amor sensible, del fervor y de
todo lo demás para hacer nacer los frutos. – Dice Jesús, que el alma en este estado
descrito, luce como un “campo florido” para Él, en el que Él puede seguir
actuando y mejorándola para que dé frutos. En el plano puramente físico, este
proceso que ocurre en los árboles frutales que transforman sus flores en
frutos, delante de nuestros ojos, es
un proceso que siempre fascina a todo el que lo observa, sino que también lo es para el Señor
en el plano espiritual.
Esta analogía
que el Señor declara en este capítulo, es particularmente interesante, porque para lograrlo, y que se nos
permita la expresión que sigue, la planta “cierra” sus ojos al exterior para
reconcentrar toda su atención a la transfor- mación de la flor en fruto. Es
como si la planta se aburriera de verse bella, para animarse en su utilidad y
propósito ultimo. Pierde una belleza aparente para ganar una belleza más
realista y provechosa. Todo esto sucede al alma, por- que en definitiva lo que
el Señor necesita de nosotros, son almas útiles para Sus Objetivos, o
Redentores o Santifica- dores, según el llamado que haga al alma, y el alma
responda.
Dice el Señor, que “Mi
Amor no queda contento con las solas flores, sino que quiere frutos”.
La flor es bella y aun- que alimenta al espíritu, no es un alimento que pueda
traspasar a otros, la vida que esa planta tiene, pero el fruto sí puede. Mirado
desde esto punto, insospechado para muchos, quizás para todos, la obra virtuosa
es obra de frutos, y no de flores; es un traspaso no de la belleza del alma
virtuosa, sino un traspaso de la utilidad que esa alma tiene y que yo puedo ahora utilizar. Esto también
quiere Nuestro Señor, quiere nuestro alimento utilitario, el alimento que
responde no a la belleza del fervor sino a la belleza de la utilidad de
colaboración que nuestra vida puede darle. Dicho de otra manera, Nuestro Señor
quiere colaboración útil a todos los niveles, cualquiera que fuere el nivel en
que nos encontremos. Si vivimos una vida cristiana normal, quiere nuestra
actividad virtuosa, con la que puede continuar Su Labor benefactora entre
nosotros; si vivimos en Su Voluntad, quiere nuestros actos en Su Voluntad, para
construir Su Reino. Y, ¿Qué decir de aquellos que viven enfervorizados pensando
que este idilio amoroso puede perdurar? Pues el Señor dice que no perdura, por
lo que no debemos preocuparnos, Su Amor se encarga de “despojarla del
amor sen- sible, del fervor, de todo lo demás, para hacer nacer los frutos”.
Una de las consecuencias más interesantes de esta Revelación del Señor, es que
el estado natural del hombre no es el de vivir en éxtasis, sino el de vivir
trabajando con
las mangas
remangadas, siendo útil a Él y a los demás. Dicho esto, comprendamos también,
porque la analogía es total, que Su Amor no produce frutos de la nada, sino que
lo produce si hay flores.
Digamos todo
esto de otra manera. En el proceso de transformación Dios pone a prueba al
alma, Le quita los gustos, los fervores por las cosas santas, le remueve el
“amor sensible” y observa, si en esas condiciones, permanece fiel. Esta fidelidad en la prueba a la que se le
somete, es la fuerza que cosecha frutos.
(3) Si el alma es fiel, continúa sus prácticas piadosas, sus virtudes, no
toma gusto de ninguna otra cosa humana, si no piensa en sí sino sólo en Mí,
confía en Mí, con esto pondrá el sabor a los frutos; con la fidelidad hará
madurar los frutos, y con su valentía, tolerancia y tranquilidad los hará crecer y serán fru-
tos abundantes, - En Su estilo inimitable, el Señor describe el proceso de transformación
de flor a frutos, en tres fases simultaneas.
a) La primera fase tiene que
ver con la practica consistente de aquello que antes hacía enfervorizada, pero
que ahora ha perdido todo el lustre y la belleza de la flor del fervor.
b) En la segunda fase el alma
debe olvidarse de todo, y pensar solo en Él, o sea debe olvidarse de lo que
antes era necesario para sentir al Señor en el alma, y concentrarse en Él y
pensar en Él, con exclusividad, con la confianza de que este estado al que la
está conduciendo es el estado que Él quiere para esa alma.
c)
En la tercera fase, el alma con toda valentía, debe enfrentarse a este
estado de sequedad emocional, relativo al estado anterior de exuberancia; debe
ser tolerante consigo misma para que pueda resistir este nuevo esta- do
emocional, y vivir tranquila sabiendo que es en este estado, en el que Dios
puede producir en ella, los fru- tos utilitarios que Él necesita de ella.
(4) y Yo, el Celestial Agricultor cosecharé estos frutos y haré de ellos mi
alimento, - Todo el proceso que ha
estado describiendo, es un proceso que culmina en este párrafo. Es obvio que el
Señor no puede “alimentarse” de flores sino de frutos, aunque nuevamente
exponemos, no pueden darse los frutos, si las flores no existen. Lo que siempre
resulta extraño, y debe resultarlo aun para los que ya sabemos mas, es que el
Señor necesita alimentarse, porque es obvio también que Nuestro Señor no
necesita de ningún alimento. Dicho esto, comprendamos, que en esta nueva
comprensión que Nos trae en estos Escritos, Su relación con nosotros, se hace
necesario que respondamos a Sus Sugerencias Amorosas siempre, porque de esa
manera, Le devolvemos el Amor que Nos envía, y en esa corres- pondencia Nuestro
Señor queda alimentado por los frutos de nuestros actos.
(5)
y plantaré otro huerto más
bello y más florido en el que nacerán frutos heroicos, que arrancarán de mi
corazón gracias inauditas. - ¿Habla aquí el Señor de que cuando ve nuestra
cooperación en esta labor de fruc- tificación que ha descrito, entonces Nos da
el premio de la Vida en Su Voluntad? No necesariamente. Por todo lo que ya
sabemos, la Vida en Su Voluntad que Nos concede, no sigue a ningún otro proceso
anterior de vida, sino que pue- de llegar a nosotros en forma inesperada, aun
en medio de un estado pecaminoso habitual. Por otro lado, es difícil que un alma en estado pecaminoso se
exponga a recibir la Sugerencia Amorosa que la conduzca a querer participar de estos Conocimientos, pero sucede. Los
que preparan estas Guías de Estudio han visto
que esto en efecto sucede. Lo más normal, sin embargo, es que en efecto, esta
Vida en Su Voluntad que quiere darnos, sea el resultado subsi- guiente a una
vida fructífera en virtudes, y que al entrar a vivir en Su Voluntad, Nuestro
Señor puede extraer de ella, “frutos
heroicos que arrancarán de Su Corazón gracias inauditas”.
(6)
Pero si es
infiel, desconfiada, se agita, toma gusto de las cosas humanas, etc., los
frutos serán acer- bos, insípidos, amargos, sucios y servirán para amargarme y
hacerme retirar del alma. – Aunque está ter- minando con Su Explicación quiere que comprendamos bien, cuales son los elementos que contribuyen a una excelen- te fructificación, y cómo si
esos elementos faltan, los frutos se consiguen pero son “insípidos,
amargos y sucios, y sirven mas para amargarle que para satisfacerle”.
a) La confianza en Él, le da sabor a nuestros frutos;
la desconfianza les roba sabor.
b) La fidelidad madura y dulcifica esos frutos; la infidelidad los deja verdes
y amargos al paladar.
c)
La valentía, tolerancia y tranquilidad en nuestro proceder diario hace
prolífica nuestra cosecha; nuestra cobar- día, intolerancia e impaciencia, hace
nuestra cosecha pobre y raquítica, y forma frutos ensuciados e indignos de ser
comidos.
¿Puede acaso extrañarnos que amarguemos a Nuestro Señor,
y que Él se vea forzado a retirarse de nuestra alma? Resumen del capítulo del 4 de
Junio de 1916: (De diario) – Página 203 -
Esta mañana mi
siempre amable Jesús ha venido, yo me lo estreché al corazón, y Él me dio un
beso; pero mientras me besaba sentí correr de su boca a la mía un líquido
amarguísimo. Yo quedé maravillada al ver que sin pedírselo, el dulce Jesús derramaba sus amarguras en mí, mientras que otras veces se lo había tanto pedido y no me lo había con- cedido. Entonces, cuando me llené de aquel líquido
amarguísimo, Jesús continuó
derramándolo y caía hacia fuera,
caía por tierra y continuaba derramándolo, haciendo en torno a mí y a Él
un lago de aquel líquido amarguísimo. Y como si con esto se hubiera aliviado un
poco me ha dicho:
“Hija, ¿has
visto cuántas amarguras me dan las criaturas? Son tantas, que no pudiéndolas
contener he querido derra- marlas en ti, pero ni siquiera tú has podido contenerlas, y por eso han caído por tierra y se derramarán sobre los pue- blos”.
Y mientras esto
decía, señalaba varios puntos y pueblos que debían ser golpeados por las
invasiones de gentes ex- tranjeras, unos huían, otros quedaban al desnudo, en
ayunas, otros quedaban dispersos, quien muerto, por doquier había horror y
espanto. Jesús mismo quería retirar la mirada de tantas tragedias, y yo,
espantada y aterrorizada, que- ría impedir que Jesús hiciera todo esto, pero
parecía irremovible, y entonces me dijo:
“Hija mía, son las mismas amarguras de ellos
las que la Divina Justicia derrama
sobre los pueblos. He querido primero derramarlas en ti para evitarlas
en algunos lugares para contentarte, pero todo lo demás lo he derramado sobre
ellos, mi Justicia necesita su satisfacción”.
Y yo: “Amor mío y vida mía, yo no entiendo de Justicia; si te pido es misericordia, apelo a tu amor, a tus llagas,
a tu sangre; además, son siempre tus hijos, tus queridas
imágenes. Pobres hermanos míos, ¿cómo harán? ¿En qué apuros
serán puestos? Me dices para contentarme que has derramado en mí tus amarguras, pero son demasiado pocos los lugares que
proteges”.
Y Él: “Más bien es demasiado, y es porque te amo, de otra manera no habría evitado nada. Además, ¿no has visto tú
misma
que no podías contener más?”
Y yo rompiendo en llanto agregué: “Sin embargo me dices
que me amas, pero, ¿dónde
está todo esto que me amas?
El
verdadero amor sabe contentar en todo a la persona amada, entonces, ¿por qué no me ensanchas más para poder contener más amarguras y evitárselas a mis hermanos?”
Jesús ha llorado junto conmigo y ha desaparecido.
* * * * * * *
Otro extenso capítulo de diario relativo
a la necesidad de los castigos, la renuencia de Luisa a aceptarlos, y la interac- ción del Señor con Luisa en todo
este permanente desacuerdo.
Resumen del capítulo del 15 de Junio de 1916: (Doctrinal) – Página 206 -
Continuando mi habitual estado, mi
siempre amable Jesús ha venido, me ha transformado toda en Él y luego me ha dicho:
(A) “Hija, derrámate en mi
Querer para hacerme reparaciones completas, mi Amor siente la irresistible
necesidad, ante tantas ofensas de las criaturas, de que al menos haya una, que
interponiéndose entre Yo y ellas me dé repara- ciones completas, amor por
todas, y arrebate de Mí gracias para todas, y esto lo puedes hacer sólo en mi
Querer, donde me encontrarás a Mí y a todas las criaturas. ¡Oh! Con qué ansias estoy esperando que entres en mi Querer
para poder encontrar
en ti las complacencias y las reparaciones de todas, pues sólo en mi Querer encontrarás todas
las cosas en acto,
porque Yo soy motor, actor y espectador de todo”.
(B)
Y mientras esto decía me he fundido en su Querer, ¿pero quién puede
decir lo que veía? Me encontraba en con- tacto
con cada pensamiento de criatura, cuya vida de cada
pensamiento venía de Dios, y yo en su Querer
me multipli- caba en cada pensamiento, y con la santidad de su Querer reparaba
todo, tenía un gracias por todos, un amor por todos, y así me multiplicaba en
las miradas, en las palabras y en todo lo demás, ¿pero quién puede decir cómo suce- día todo esto? A mí me
faltan las palabras, tal vez las mismas lenguas angélicas serían balbucientes,
por eso pongo punto.
Y
así toda la noche me la pasé con Jesús
en su Querer. Después sentí a la Reina Mamá junto a mí y me dijo:
“Hija mía, reza”.
Y yo: “Mamá mía, recemos juntas,
pues por mí sola yo no sé rezar”.
Y Ella ha agregado:
(C) “Las oraciones
más potentes sobre el corazón de mi Hijo y que más lo enternecen, es cuando la criatura se reviste
con todo lo que Él mismo obró y sufrió,
habiendo dado todo eso como don a la criatura.
Por tanto hija mía, reviste
tu cabeza con las espinas de Jesús, adorna
tus ojos con sus lágrimas, impregna tu lengua
con su amargura, reviste tu alma con su sangre, adórnate con sus llagas, traspasa tus manos y pies con sus clavos, y como otro Cristo preséntate
ante su Divina Majestad.
Este espectáculo lo conmoverá, de manera que no sabrá rehusar nada al alma revestida con sus mismas divisas, pero, ¡oh, cuán poco saben las criaturas servirse de los dones que mi Hijo les ha dado! Estas eran mis oraciones en la tierra,
y éstas lo son aún en el Cielo”.
Entonces juntas
nos hemos revestido con las divisas de Jesús, y juntas nos hemos presentado
ante el trono divino, cosa que conmovía a todos, los ángeles nos querían ver y
quedaban sorprendidos. Yo agradecí a la Mamá y me en- contré en mí misma.
* * * * * * *
Y comencemos el
análisis de este importante capítulo doctrinal en el que el Señor describe con
gran concisión, este proceso de Sus Reparaciones en Su Voluntad, Su carácter
universal, y cómo Luisa y nosotros, podemos participar en él.
Jesús llega a
visitar a Luisa, pero hoy distinto a otras ocasiones de visitas, lo primero que
hace es transformarla en Él, y así transformada, Le habla. Comprendamos que al
transformarla en Él, Luisa deja de ser Luisa por unos breves mi- nutos, para ser
Jesús, pero sin dejar
de ser Luisa. Es necesario que esto sea así, para que ella entienda
el proceso que va a suceder después de lo que ahora
va a comunicarle, y que Luisa describe en el párrafo/bloque (B).
(1) Hija, derrámate en mi Querer para hacerme reparaciones completas, - Es inmediatamente obvio que
para poder hacer reparaciones completas, como las hacía Él, que es el único que
puede hacerlas completas, tenemos que ser como Él, o que Él Nos transforme en
Él, y que debemos hacerlas en Su Querer, en Su Voluntad, pero no tam- poco de cualquiera
manera, sino que debemos “derramarnos” en Su Querer. Todo esto hay que
analizarlo por partes.
Lo primero que
salta a la vista es este “proceso” brevemente analizado a través del cual,
Jesús transforma a Luisa en Si Mismo. ¿Es este proceso que describe único a
este capítulo como pudiéramos pensar, o es este proceso el que siempre ocurre
cuando queremos obrar como Él obraba?
Dicho de otra
manera. Cuando en Su Voluntad reparamos, rezamos, obramos, etc., ¿somos
nosotros solos los que obramos? ¿No será que en todas y cada una de estas
ocasiones, Él Nos transforma en Él, sin dejar de ser nosotros, para que podamos
en efecto realizar aquello que Nos ha sugerido hagamos?
Creemos que siempre sucede así, pero que en este día del 15 de
Junio de 1916, Él aprovecha para
revelarle, a ella y a nosotros, lo que siempre sucede. Como
ha ocurrido ya en otras ocasiones, Él le deja saber la intimidad de lo que ocu-
rre, porque ha llegado el día en que ella puede entender todo esto mejor.
Y ahora hablemos de cómo y dónde
quiere se hagan estas Reparaciones “completas”. El “donde” ya lo sabíamos: hay
que hacerlas en Su Querer, en Su Voluntad, pero el “como” hacerlas, es nuevo e
importantísimo.
Dice que ella debe “derramarse en Su Querer”. Según el Diccionario, el verbo “derramarse” significa, entre muchas
acepciones, lo siguiente: “desembocar un arroyo
o corriente de agua”.
Este concepto,
expresado en el volumen 11, es precursor al concepto, expresado en volúmenes
superiores, de que al vivir en Su Voluntad fluye a través de nosotros, como un
Rio de Luz, Su Misma Voluntad, que se ha extendido en no- sotros, y así Nos ha
incorporado a Él; Rio de Luz que arrastra y lleva consigo todo nuestro obrar y
se incorpora a la Voluntad Suprema, al Acto Único de Dios. Jesús ve en Luisa y
en nosotros, en este Cuerpo de Luz que ha formado para nosotros, al aceptar
nosotros vivir en Su Voluntad, como un pequeño Arroyo de Luz, en el que se
depositan los actos de Luisa, los que ha hecho y los que ahora hace, y cómo ese
“Arroyo de Luz” fluye a Dios, se “derrama” o “desemboca” en Dios Mismo.
Es de esta
manera, y solo de esta manera, unida al Querer Supremo, en la Luz de Su
Voluntad que fluye a través de ella, y arrastra lo que ella hace,
“derramándose” en Dios Mismo, como otro Jesús, que Luisa puede reparar como Je-
sús Le pide que lo haga. Solo así puede ella, con la Potencia de Su Mismo
Querer, publicar, extender universalmente la
noticia de su petición ante la Majestad Suprema, y ser atendida.
(2)
mi Amor
siente la irresistible necesidad, ante tantas ofensas de las criaturas, de que
al menos haya una, que interponiéndose entre Yo y ellas me dé reparaciones
completas, amor por todas, y arrebate de Mí gracias
para todas, y esto lo puedes hacer
sólo en mi Querer, donde me
encontrarás a Mí y a todas las criaturas. - Continúan
las extraordinarias Revelaciones de este Bloque, porque ya no se trata de saber
que debemos reparar universalmente como Él reparaba, que eso ya lo sabíamos,
sino que se trata de que sepamos, que no solo debemos, sino que se Nos exige, y
que conozcamos también, quién es el que exige que estas Reparaciones se hagan.
Es el Amor Divino, el que exige porque “siente la irresistible necesidad
de que al menos haya una” criatura que
lo haga. Esta exigencia del Amor Divino necesitamos explicarla un poco más.
Todo lo creado
tiene la naturaleza del Amor Divino, participa de esta naturaleza; las Tres
Divinas Personas están for- madas de “Amor Purísimo, Simplísimo, y
Comunicativo”. Esta comunicatividad del Amor, queda representada en la vinculación
que cada cosa o ser creado o formado por el Amor, tiene con toda otra cosa o
ser, creado o formado por el Amor.
Solo el ser humano, mal utilizando su libertad de voluntad, puede romper y de
hecho rompe, con esa vincu- lación, separándose del resto de las criaturas y de
Dios, con sus pecados y ofensas. El Amor Divino exige este “regre- so” a esta
vinculación por naturaleza, que Le es debida, y solo criaturas que viven en el
mismo Plano Divino en que el Amor existe, pueden lograr esta “restauración” de
la vinculación perdida.
Es necesario
pues, que al menos una criatura, se interponga entre Dios y ellas. No debemos
interpretar que “entre Yo y ellas” quiere decir, entre “Jesús y ellas”, puesto
que es Jesús, el que siempre se ha interpuesto entre la Divinidad y las criaturas ofensoras, y esa Misión nunca ha cesado; lo que ha
cambiado es como Jesús
las continua haciendo ahora
bilocado en Luisa y en nosotros, con lo que efectivamente Nos transforma en Él. Todo desemboca como siempre en el Conocimiento que tenemos de que las ofensas continúan, y por
tanto tienen que continuar las reparaciones que con- trarresten estas continuas
ofensas.
Al
interponernos ahora nosotros, transformados en Él, como lo hizo Luisa, Dios ve
a todo el género humano a través de nosotros, tal y como sucedió realmente
también en la Redención, para que se aplaque y cambie los castigos en Gracias
para beneficio de todos.
(3) ¡Oh! Con qué ansias estoy esperando que entres
en mi Querer para poder encontrar en
ti las compla- cencias y las reparaciones
de todas, pues sólo en mi Querer encontrarás todas las cosas en acto, porque Yo
soy motor, actor y espectador de todo. - Jesús Le hace saber cómo Él está a la
expectativa de que ella haga todo lo que aquí Le pide, y de la manera o modo en
que Le pide lo haga.
Sin embargo, no
debemos pensar que repite lo mismo dicho antes. El párrafo adquiere
características especiales que podemos entender si aplicamos lo dicho en el
párrafo 1. En efecto, el Señor habla aquí de lo que sucede una vez que hemos realizado
lo que Nos ha pedido. Lo que Él espera con ansias, es que el “Arroyo
de Luz” de Luisa, y el de cada
uno
de nosotros, se “derrame” en Su Querer, para “encontrar en ti”, o sea, en
el “Arroyo de Luz” que traes, “las complacencias y reparaciones de todos”.
Digamos todo esto de otra manera, y con esto recapitulamos lo que
hemos aprendido en este
Bloque. Dios espera que viviendo
en Su Voluntad, y actuando en Ella, “me dé reparaciones completas, amor por todas, y
arrebate de Mí, gra- cias para todas”. Estas Reparaciones completas, solo
pueden ocurrir, si transformados en Jesús, derramamos estas Reparaciones en Su Querer, y en este “Arroyo de Luz” que ahora somos y en el
que estamos, entramos en Su
Querer, y Dios puede encontrar en nuestro “arroyo de Luz”, “las
complacencias y reparaciones de todos”.
Por si no lo
habíamos comprendido, todo este Bloque trata del “método de entrega” de
nuestras Reparaciones Univer- sales porque las hacemos en Su Voluntad, y
Reparaciones completas, porque las hacemos transformados en Jesús, dejando que
nuestras Reparaciones entren en el “Arroyo de Luz” de Su Voluntad bilocada en
nosotros, y por tanto, como Jesús las hacía.
Pero
aun Jesús no ha terminado. Sus Palabras finales son de gran importancia y así
dice que “Él, como Dios que es, el Motor, el Actor y el Espectador de
todo”.
Como “motor” lo inicia todo, es causa de
todo, de cada Sugerencia, de cada Acción, de cada funcionamiento. Mas sobre
esto, y bien extenso por cierto en el próximo capítulo.
Como “actor”,
porque Su Voluntad Bilocada en nosotros, y Su Misma Acción Transformativa de
nosotros, es la que hace posible que nosotros todos, los que viven y los que no
viven, podamos actuar.
Como “espectador”,
porque observa todo lo que Él Mismo “motoriza” y “actúa”, con gran complacencia,
y muchas otras veces con gran Dolor.
* * * * * * *
Y comencemos ahora un breve análisis del Bloque (B).
Y mientras esto decía me he fundido en su Querer, ¿pero quién puede decir lo que veía? Me encontraba en contac- to con cada pensamiento de criatura, cuya vida de cada pensamiento venía de Dios, y yo en su Querer
me multiplicaba en cada pensamiento, y con la santidad de su Querer
reparaba todo, tenía
un gracias por todos, un amor por todos, y así me multiplicaba en las miradas, en las palabras y en todo lo demás,
¿pero quién puede decir cómo sucedía
todo esto? A mí me faltan las palabras, tal vez las mismas lenguas
angélicas serían balbucientes, por eso pongo punto.
Por la
descripción que hace Luisa de lo que sucedía cuando ella entra en Su Querer,
transformada en Jesús, podemos apreciar el proceso de transformación que sucede
en nosotros y en nuestros actos, realizados en Su Querer, en Su Voluntad
Bilocada y Obrante en nosotros, y como esos actos se tornan universales por la
Acción de Su Voluntad en Luisa y en nosotros.
* * * * * * *
El último
Bloque de este capítulo, Nos viene dado por una Recomendación de Nuestra
Señora, que refuerza aun más la
necesidad de transformarnos en Jesús, para así entrar en Su Querer como si
fuéramos Él. Esta Recomendación de Nuestra Señora queremos convertirla en una Oración que debemos repetir
frecuentemente, o por lo menos diariamen-
te, para recordarnos de lo que ya sucede al vivir en Su Voluntad, pero que
conviene tengamos siempre presente. Así es la Oración de la Transformación.
“Señor Jesucristo, Tu Madre Santísima nos ha hecho saber que la Oración
más potente sobre Tu Cora- zón, la que más Te enternece, es la Oración que hago revestido con todo lo que obraste y sufriste, y que ahora
es mío, porque Tú me lo has dado todo como Don. Revisto pues mi cabeza con Tus
Espinas, adorno mis ojos con Tus Lagrimas, impregno
mi lengua con Tu Amargura,
revisto mi alma con Tu San-
gre,
me adorno con Tus Llagas, traspaso mis manos y mis pies con Tus Clavos, y así transformado en Ti, entro en
Tu Querer, y me presento
ante Tu Divina Majestad
como otro Cristo. Quiero, Señor, conmover-
te, unido con Tu Santísima Madre, para que no puedas rehusarme nada porque vengo revestido con Tus Mismas Divisas y me acompaña tu Madre Santísima, Tu más Grande y Sublime Amor”.
Resumen del capítulo del 3 de Agosto de 1916: (Doctrinal) – Página 208 -
Continuando mi
habitual estado, mi amable Jesús se hace ver por un instante, o dice sólo
alguna palabrita y huye, o bien se oculta en mi interior. Recuerdo que un día
me dijo:
(A) “Hija mía, Yo soy el centro
y toda la Creación recibe vida de este centro, así que Yo soy vida de cada
pensamien- to, de cada palabra, de cada acción de todos, y las criaturas se
sirven de esta vida que les doy para tomar ocasión de ofenderme, Yo doy vida, y
si ellas pudieran me darían muerte”.
Recuerdo también
que rezando para que disminuyera los flagelos, me dijo:
(B) “Hija, ¿crees tú que sea Yo
quien quiere flagelarlos? ¡Ah no! Más bien es tanto el amor, que toda mi Vida
la con- sumé en rehacer lo que el hombre estaba obligado a hacer ante la
Majestad Suprema, y como mis actos eran divinos, los multipliqué en tantos para
rehacer por todos y por cada
uno, en modo de llenar
Cielo y tierra y
dejarlos en defensa del hombre, para hacer que la
Justicia no pudiera golpearlo, pero el hombre con el pecado rompe esta
defensa, y rota la defensa los
flagelos golpean al hombre”.
¿Pero quién
puede decir todas
las pequeñas cosas que me ha dicho?
Esta mañana
estaba rezando y me lamentaba con Jesús de que no me escuchaba favorablemente,
especialmente porque no termina
de castigar, y le decía:
“¿Para qué rezar si no quieres
escucharme favorablemente? Es más, dices que los males empeorarán”.
Entonces Él me dijo:
(C) “Hija mía, el bien es
siempre bien, es más, has de saber que cada oración, cada reparación, cada acto
de amor, cualquier cosa santa que hace la criatura es un paraíso de más que
adquiere, así que el acto más simple, santo, será un paraíso de más; un acto de
menos, un paraíso de menos, porque cada acto bueno viene de Dios, y por lo
tanto el alma en cada acto bueno toma a Dios, y como Dios contiene gozos
infinitos, innumerables, eternos, inmensos, tanto que los mismos
bienaventurados por toda la eternidad no llegarán a gustarlos todos, entonces
no es de asombrarse que cada acto bueno, tomando a Dios, Dios queda como
comprometido en sustituirlos por otros tantos contentos. Entonces si el alma
sufre también las distracciones por amor mío, en el Cielo su inteligencia
tendrá más luz y gustará tantos paraísos
de más por cuantas veces
sacrificó su inteligencia, y tanto
más comprenderá de Dios. Si sufre
las frial- dades por amor mío,
tantos paraísos gustará y de la variedad de los contentos que hay en mi Amor;
si sufre la oscuri- dad, tantos contentos de más en mi luz inaccesible, y así
de todo lo demás, esto es lo que significa una oración de más o de menos”.
* * * * * * *
Extraordinario
y complejo capítulo con sorprendentes Revelaciones en 3 Bloques diferentes, ya
que parece que Luisa recopila en este día, Revelaciones y Conocimientos que
Jesús Le da ha dado en varios días.
El Conocimiento
que el Señor Nos da en este Bloque es extremadamente conciso, y así debe ser
por su importancia, para que no haya malos entendidos. Todo tiene que ver con
un aspecto que en varias oportunidades hemos anuncia- do y discutido en las
clases, a saber, que lo que más ofende al Señor cuando decidimos hacer
lo que Él no quiere, es que Le forzamos a concurrir con el mal que hemos
escogido.
El verbo
concurrir puede parecernos excesivo pero no lo es, es exactamente preciso en la
descripción de lo que suce- de cuando nosotros decidimos hacer el mal. En la
medida que analicemos el Bloque (A),
nos percataremos de todo esto.
(1) Hija mía, Yo soy el centro y toda la Creación recibe vida de este
centro, -
Comienza anunciando lo más necesario para entender lo que ya hemos anunciado y que Él confirma con Sus Palabras
finales del párrafo 4. Jesús, la Plenitud del Ser Divino, es el Centro de todo, y todo lo
creado tiene vida, porque esa vida, esa existencia que tienen,
se las da Él.
Nada puede existir en lo que Él no intervenga, o sea, que Él no haya diseñado y
creado, y en el caso nuestro, la Sugerencia Amorosa con la que Nos guía en la
consecución de Sus Planes para con cada uno de nosotros.
De nuevo, cada
Sugerencia es un Acto de Amor, que viene a mí para hacerme saber lo que Dios
espera de mí. Mi decisión de escoger
lo que Él quiere que haga o no, se convierte también en un acto,
virtuoso o pecaminoso, al
que Él tiene que darle vida, porque por Decreto inalterable, Él permite que esa decisión mía se
convierta en realidad y exista. Al darle vida al acto mío, Él
necesita concurrir con lo que yo quiero hacer, porque si Él no concurriera,
nada, ni siquie- ra el mismo mal, podría existir.
(2)
así que Yo
soy vida de cada pensamiento, de cada palabra, de cada acción de todos, - Confirma lo
que hemos adelantado en la explicación anterior. “Él es vida de cada acción de todos”; y añadimos
nosotros, al ser vida de todas
nuestras acciones, incluyendo las ofensivas y pecaminosas, por necesidad
concurre con lo que queremos hacer, y le da vida a lo que queremos hacer.
Pensamos, que esta ofensa, la de tener que concurrir en el mal que ha- cemos,
es infinitamente más ofensiva, que la ofensa misma que hemos realizado.
(3)
y las criaturas se sirven de
esta vida que les doy para tomar ocasión de ofenderme, - Más aun, dice el Señor, la
totalidad de nuestra vida la utilizamos, muchas veces, para ofenderle, por lo
que en muchos casos, nada bueno logra Él que salga de Sus Manos;
más bien, todo es malo. ¿Queremos ofensa mayor que esta, de que no ha podido
hacer nada bueno con nosotros, a través de nosotros?
(4) Yo doy vida, y si ellas pudieran me darían muerte. – Dice que Nos vida, Nos da la existencia, y, ¿para
que la usamos? Para darle muerte, si
muerte pudiéramos darle.
* * * * * * *
El Bloque (B) es un tanto complicado porque
parece contradictorio. Cuando Nuestro Señor vino a la tierra a redimir- nos,
una de Sus Labores fue la de rehacer nuestras vidas, haciendo, por nosotros,
lo que todos y cada uno debíamos de haber hecho. Atención a esto:
esto que dice aquí hacía entre nosotros, nada tiene que ver con Sus Otras
Labores Redentoras, con las que reparaba y satisfacía por nuestras ofensas, y
restablecía la Amistad Divina con el hombre.
La labor de rehacer nuestras vidas, como todo lo que hacía, lo hacía en Su Voluntad, y de esta manera, todas nuestras vidas rehechas, con
nuestros actos rehechos, quedaban en acto de hacerse continuamente. Dicho de
otra manera. En Su Voluntad, cada una de nuestras vidas rehechas por Él,
compensaban a la Divina Justicia por lo que no hacíamos, por las desviaciones
de nuestras vidas que realizábamos. Una de las situaciones que menos
entendemos, es que aun- que no pequemos gravemente, no por eso hacemos lo que
Dios quiere de nosotros, ni nuestras vidas las vivimos co- mo Ellos quieren las
vivamos.
Mientras no
pecamos gravemente, nuestros actos rehechos por El, impiden cualquier acción
“castigante” por parte de la Justicia Divina, que Se “siente” y queda
compensada.
Y comencemos con el análisis
del Bloque (B), para comprender la aparente contradicción en Sus Palabras.
Luisa estaba
rezando para que disminuyera los flagelos, que en esta época de guerra, eran
muy numerosos. A lo que Jesús responde:
(1) Hija, ¿crees tú que sea
Yo quien quiere flagelarlos? ¡Ah no! Más
bien es tanto el amor (que Les
tengo a todos), que toda mi Vida la consumé en rehacer lo que el hombre
estaba obligado a hacer ante la Ma- jestad Suprema, - El Señor Le reafirma a Luisa,
que no es Él el que quiere flagelarnos, sino que en realidad, es la Divina
Justicia la que Nos flagela. De nuevo entendamos. Las consecuencias de nuestros
pecados, no quedan elimina- das por el Sacramento de la Reconciliación, sino
que quedamos expuestos y merecemos recibir,
una pena posterior, un castigo,
que o pagamos en la tierra, o pagamos en el Purgatorio. No es un castigo
o pena eterna, pero es pena que debemos sufrir para llenar los vacios
de Amor que nuestras acciones incorrectas y pecaminosas han dejado. En el
capítulo del 16 de Julio de 1901, volumen 4, Nuestro Señor Le dice a Luisa
estas Palabras:
“hoy te quiero decir una cosa
que te será de gran consuelo y que no has entendido: Debes saber que cada alma
du- rante todo el curso de su vida está obligada a amarme constantemente, sin
ningún intervalo, y no amándome siem- pre, quedan en el alma tantos vacíos por cuantos días, horas, minutos ha dejado de
amarme, y nadie podrá entrar al
Cielo
si no ha llenado estos vacíos, y sólo podrá llenarlos, o amándome doblemente el
resto de su vida, o si no al- canza los llenará a fuerza de fuego en el
purgatorio.”
(2) y como mis actos eran divinos, los multipliqué en tantos para rehacer
por todos y por cada uno, en modo de llenar Cielo y tierra – Pensábamos que todos los
actos de Jesús eran actos Divinos por ser hombre y Dios, pero no es esa la razón principal por la que eran Divinos.
Nos explicamos y decimos que la razón principal radica en que Jesús vivía en la
Divina Voluntad, como vivía Su Madre, y como ahora vive Luisa, y en virtud de
esa Vida Divi- na otorgada a Su Humanidad, Sus Actos, como ahora los de todos
los que viven en Su Voluntad, se divinizan al ser hechos. Ya sabemos, Su
Voluntad Bilocada y Obrante en nuestro Cuerpo de Luz, replica todos nuestros
actos y los ejecuta perfectamente, y los incorpora al Rio de Luz de la Voluntad
Suprema, que fluye a través de nosotros.
Los actos de Jesús en cuanto hombre, tenían un alcance limitado, el mismo
alcance que tienen todos los actos huma- nos. En cuanto Dios, Jesús no actuaba
como ser humano, pero la Voluntad Suprema bilocada y Obrante en Jesús, si podía
convertir los actos humanos de Jesús particulares, en actos Divinos
Universales, que se multiplicaban “para rehacer por todos y por
cada uno, en modo de llenar Cielo y tierra”.
(3)
y dejarlos en defensa del
hombre, para hacer que la Justicia no pudiera golpearlo, - En estos dos últi- mos
párrafos, Nuestro Señor Nos da otra razón más de porqué rehacía por todos, y
dejaba en acto de ser ejecutados esos actos que rehacían todos los nuestros.
Dice que los dejó para defensa del hombre, para defendernos a cada uno de
nosotros de los Embates de la Justicia Divina.
Comprendamos
que aunque no pequemos gravemente, sabemos que eso no quiere decir que no
estemos ofendiendo a Dios, particularmente, cuando nos desviamos de Su Plan de
Vida para con nosotros. Al elegir hacer algo que nos desvía de ese Plan Suyo, somos vulnerables a la acción de la Justicia Divina, puesto que el Objetivo de la Justicia Divi- na no es siempre castigar porque
ofendemos, sino castigar para que rectifiquemos. Dice por tanto, el Señor, que
en Su Infinito Amor y Misericordia
dejó para nuestro beneficio, para que el proceso de rectificación de nuestras
desvia- ciones fuera más leve, una Barrera Divina, la de Sus Actos, que hacen
por nosotros, lo que nosotros mismos no esta- mos haciendo por nosotros.
(4) pero el hombre con el pecado rompe esta defensa, y rota la defensa los
flagelos golpean al hombre. – Dice el Señor que esto que hizo ha sido aceptado por Su Justicia, pero que este “convenio” entre Jesús y Su Justicia lo rompemos nosotros mismos
cuando pecamos. Entonces, no ocurre un proceso rectificativo leve, sino fuerte,
que se convierte a su vez en el castigo inevitable merecido por esas ofensas.
* * * * * * *
Y comencemos
ahora con el análisis del Bloque (C). En
este día, Luisa estaba rezando, y pensaba que Jesús no la escuchaba
favorablemente, o sea, no hacía lo que ella Le estaba pidiendo, que como de
costumbre, particularmente en esta época de guerra mundial, era que no
castigara. Dicho esto, su disgusto va mas allá, y Le decía al Señor lo siguiente:
“¿Para qué rezar si no
quieres escucharme
favorablemente? Es
más, dices que los males empeorarán”.
Su Respuesta a este reclamo
de Luisa, constituye una de los más Bellos
Conocimientos que Nos ha dado, y que empe-
zó a dárnoslo en el volumen 8, y que hemos denominado con el titulo general de “Sembrar
el Bien”, que Él mismo Le diera.
(1) Hija mía, el bien es siempre bien, -
Todo lo que escogemos hacer en conformidad con lo que quiere de noso-
tros, está bien, y por tanto es un bien hecho. Podremos quizás
pensar que lo que hacemos es bueno, porque hay algo
intrínseco a eso que hacemos, que lo hace bueno. Error grande porque no es
así. Lo que hace bueno lo que
hacemos, es que lo hacemos respondiendo a una Sugerencia de Dios de que lo
hagamos. Si nos quedara dudas de esto, solo tenemos que observar como una mala
intención incorrecta y mala, destruye aquello que creíamos era “intrínsecamen-
te bueno”.
Así pues, la
acción más insignificante, hecha de conformidad con la Voluntad de Dios se
transforma en un Bien de valor incalculable, como Nos lo explicará el Señor en los párrafos que siguen, particularmente en el párrafo cumbre de este Bloque, el
párrafo 5.
Sin embargo, el Señor no se queda en estas, al impartirle
Enseñanza a Luisa, y básicamente Le
dice y Nos dice, que el Bien
así definido es siempre bien, y tendrá recompensa, aunque parezca que Él no Nos
ha oído.
(2) es más, has de saber que cada oración, cada reparación, cada acto de amor, cualquier cosa santa
que hace la criatura es un paraíso de más que adquiere, - Aunque la idea original de
Luisa era reclamarle al Señor porque no oía sus oraciones de que disminuyera
los castigos, el Señor expande el concepto a todo lo que ha- cemos, no solo
oraciones, siempre que se hagan para realizar lo que Él quiere de nosotros.
Dice en este
párrafo 2, que todo bien hecho es “un paraíso de mas que
adquiere”. Esto que dice no requiere mucha explicación, pero
ahondamos un poco. Cada acto que realizamos en conformidad con Él, no solo
libera los bienes en- cerrados en ese acto,
sin que nos proporciona un
cierto nivel de felicidad, y
felicidad distinta y correspondiente
al acto realizado. Por ejemplo,
no recibimos la misma felicidad cuando nos
alimentamos que cuando
hacemos una obra carita-
tiva sugerida por Él, sin embargo,
reconocemos que hemos recibido felicidad. Si eso ocurre aquí ahora, ¿Cómo podrá
ser distinto en el Cielo? La “visualización” por llamarla de alguna manera, o
quizás mejor, la “recreación” que tendre- mos
de nuestros actos buenos en el Cielo, provocará en nosotros una felicidad total mejorada, “a nivel de Paraíso”, de aquella felicidad que empezamos a
percibir en la tierra.
(3) así que el acto más simple, (si es) santo, será un paraíso de más; - El Señor Mismo articula esta
explica- ción nuestra anticipada a la de Él, diciendo que el acto más simple
santo, y añadimos nosotros, si es santo, hará que Él Nos dé en recompensa, un Paraíso de mas, o sea, un gozo
particular a ese acto santo, de magnitud tal, que aunque no hubiéramos hecho nada mas bueno, la felicidad que
ese acto bueno provocará, será suficiente para hacernos feli- ces para siempre.
De eso es de lo que habla el Señor. Imaginemos que será, cuando todos nuestros actos
buenos reciban igual recompensa.
(4) un acto de menos, (si no
es santo) un paraíso de menos,
- Los que
preparan estas Guías
de Estudio confie- san que
este es un párrafo difícil de comprender,
o mejor quizás, de aceptar. ¿En el Cielo, es posible ser menos felices por no haber hecho todo lo que Nos pidió hiciéramos? La
respuesta rápida, es que eso no es posible, porque estamos tan acondicionados a
la idea estereotipada de lo que es el Cielo, que ya no aceptamos otra
interpretación, ni aun las que da el Mismo Señor. No para confundir pues, sino
para aclarar y explicar, la respuesta correcta es que, en efecto, vamos a
tener paraísos de menos, o sea menos felicidad, en el Cielo de la que
hubiéramos tenido si hubiéramos he- cho, todo lo que debiéramos haber hecho. Abrumados por la felicidad que tendremos, ¿tendremos pesar por lo que no
hicimos? Creemos que no. El Señor no nos promete una vida eterna feliz, para
luego hacernos infelices por algo, pero al mismo tiempo, quiere que
sepamos que no queda sin recompensa lo que no hicimos, en este
caso, “una recompen- sa negativa” de no experimentar felicidades que debiéramos haber recibido. Todo sea, pensamos, para
incitarnos cada vez más a que hagamos
lo imposible por hacer Su Voluntad siempre, por lo que nos conviene en el
Cielo.
(5)
porque cada acto bueno viene
de Dios, y por lo tanto el alma en cada acto bueno toma a Dios, - Y al fin llegamos al párrafo grande del Bloque; la
razón por lo que el bien es siempre bien, y el que lo hace recibe un Pa- raíso
de mas. La explicación es relativamente fácil por lo que sabemos de los
volúmenes superiores, y gracias a ese Conocimiento podemos explicarlo mejor
ahora.
Nosotros no
obramos por nosotros mismos. Ya sabemos que todo lo que podemos hacer, lo
podemos hacer porque Dios lo ha diseñado para nosotros, como parte de un Plan
general de Vida que tiene para con cada uno. No podemos hacer un acto de mas,
ni uno de menos, lo único que podemos hacer, en virtud de la libertad de
voluntad que Nos ha emanado y poseemos, es hacer o no hacer lo que Nos sugiere;
hacer por tanto lo que quiere, y eso es bueno, o no hacerlo, y eso es malo, con
distintos matices de malo, desde lo inconveniente y defectuoso, hasta lo grave
y pecami- noso.
A Dios Le es igualmente fácil hacer un Universo, o diseñar
nuestro Plan de Vida. Podremos
pensar, porque lo medimos todo con nuestra incapacidad
esencial, que hacer un universo es mucho más difícil que diseñar el acto con el
que Me va a pedir que vaya a trabajar hoy, pero para Dios , ambos actos
encierran la misma dificultad, que por supuesto es ninguna.
Todo es
igualmente fácil de hacer, pero no porque sea fácil, quiere esto decir que Dios
está menos “comprometido” con un acto que con el otro. Es una Verdad aplastante
para nosotros, el que Dios vea a cada Acto Suyo que realiza como un Acto de
Valor Infinito, porque, y que Dios Nos perdone este coloquialismo, el “chiste”
para Dios no es hacer
algo, el
“chiste” para Dios, es que Dios se “motive” lo suficiente para hacer algo. Sólo
el Amor infinito que Nos tiene logra este Milagro de Milagros, el que Dios
quiera ocuparse de nosotros, se “motive” para ocuparse de nosotros, y Quiera
hacernos participes de Su Misma Felicidad.
Así pues,
entendamos, que significa tomar a Dios. Significa que lo que a nosotros Nos
llega como Sugerencia es la totalidad del Ser Divino, puesto que en esa
Sugerencia, en ese Acto, están envueltas Su Inteligencia, Su Amor y Su
Voluntad, con lo que todo lo Divino está comprometido.
(6) y como Dios contiene gozos infinitos, innumerables, eternos, inmensos,
tanto que los mismos biena-
venturados por toda la eternidad no llegarán a gustarlos todos, entonces no es
de asombrarse que cada acto bueno, tomando a Dios, Dios queda como comprometido
en sustituirlos por otros tantos contentos. – El Señor termina explicando
Su Afirmación de que cada acto bueno es un Paraíso de más; pero lo explicamos
de atrás para adelante. Si una Sugerencia Divina es un Acto de Dios que lo
envuelve a Él completamente, y Él se involu- cra totalmente en esa Sugerencia, y si nosotros hacemos
aquello que sugiere,
recibimos a Dios en Su Totalidad en esa
aceptación, y por tanto recibimos y acogemos al Ser Divino que es de por sí el
Paraíso completo.
Ahora bien, al
llegar a la eternidad, El Señor dice que tiene que “recuperarse” de esa entrega
que Nos hizo de Su Ser, que había “enviado” en la Sugerencia, y que ahora
nosotros tenemos “cautivo”, y “recupera Su Ser”, canjeándolo por Felicidades
sin fin, que corresponden a ese Acto rescatado, y Felicidad que ahora
gozaremos para siempre.
(7) Entonces si el alma sufre también las distracciones por amor mío, en el
Cielo su inteligencia tendrá más luz y gustará tantos paraísos de más por
cuantas veces sacrificó su inteligencia, y tanto más com- prenderá de Dios. - El concepto de distracción
que el Señor utiliza es muy interesante.
Dice el Diccionario que “distracción es apartar
la atención de aquello a lo que la mente estaba aplicada, para ocuparse de otra
cosa”.
La Distracción
pues a la que se refiere el Señor es a la distracción de nuestra atención
inmediata a algo que hubiéra- mos podido realizar legítimamente, para escoger
ocupar esa inteligencia nuestra en algo de Él, en algo que Nos pide; y todo esto por Amor a Él.
En efecto, toda
Sugerencia envuelve una decisión nuestra, y ya por otro capítulo memorable
sabemos, que al escoger algo, sacrificamos lo otro que no podemos hacer el
mismo tiempo, y este “sacrificio” el Señor lo considera como algo grande,
porque hemos sacrificado nuestra voluntad, y aunque inevitablemente
sacrificamos algo en lo que hacemos, para el Señor este “sacrificio” es de un
grandísimo valor.
Este sacrificio de nuestra inteligencia, esta distracción, otra manera de llamar, este sacrificio será recompensado gran- demente en el Cielo, porque Le
comprenderemos más.
Pero, no hemos
explicado todavía por completo, de qué forma Luisa sacrifica en este caso su
inteligencia, y así deci- mos que Luisa quisiera no ver los castigos que el
Señor Le presenta, y esta es la Sugerencia, para ocuparse de estar con Él, oírle
Sus Enseñanzas, etc. Al escoger
prestar atención a los castigos, Luisa sacrifica su inteligencia que quesera
estar ocupada con las Cosas Divinas, para ocuparse de los castigos.
(9) Si sufre las frialdades por amor mío, tantos paraísos gustará y de la
variedad de los contentos que hay en mi Amor; - La “frialdad” como concepto
en Boca del Señor siempre implica la distancia que a veces Él coloca entre
nosotros y Él, y al distanciarse, “enfría” nuestro fervor, esa sensación de
felicidad que tenemos cuando lo senti- mos cerca.
(10) si sufre la oscuridad, tantos contentos de más en mi
luz inaccesible, - La privación sensible de Él, no ya de las cosas de Él, sino de
Él Mismo, que no todos experimentan, y que puede
confundirse con el concepto anterior
de “frialdad”, será también motivo de regocijo en el Cielo, porque Él premiará esa “obscuridad”, “con los contentos de Su Luz
inaccesible”.
(11) y así de todo lo demás; esto es lo que significa una oración de más o
de menos. – Termina
con la co- nocida lógica circular, expresando lo dicho al principio, a saber,
el valor que tiene una oración dicha de mas o de me- nos, y que por supuesto,
ha extendido a todas las otras acciones humanas.
Resumen del capítulo del 6 de Agosto de 1916: (Doctrinal) – Página 210 -
Encontrándome en mi habitual
estado, mi dulce Jesús por un instante
vino y me dijo:
“Hija mía, mi
Amor siente una irresistible necesidad de que se multipliquen las almas que
viven de mi Querer, porque estas almas son los lugares de mis reencuentros. Mi Amor quiere hacer el bien a todos, pero
las culpas me impiden verter sobre ellas mis beneficios, por eso voy buscando a
estas almas, y como en estas almas no soy impedido de derramar mis gracias, las derramo, y por medio de estas almas toman
parte los pueblos y las personas que las circun- dan. Por eso, por cuantos más
encuentros de tal género tenga en la tierra, tanto más desahogo tiene mi Amor y
más se derrama en beneficios en pro de la humanidad”.
* * * * * * *
(1) Hija mía, mi Amor siente una irresistible necesidad de
que se multipliquen las almas que viven de mi Querer, porque estas almas son
los lugares de mis reencuentros. – La edición de la Librería Espiritual
habla de “los lugares de mis fiestas”, que introduce una connotación diferente
en el concepto. No creemos que esto sea tan importante. Lo que sí es importante
es el concepto que expresa el Señor sobre la “irresistible necesidad” de que el
número de las almas que vivan en Su Voluntad se multipliquen cada vez más, para
que Él pueda tener Sus Reencuen- tros con ellas, porque obviamente este
Reencuentro, de una intimidad incomprensible a nosotros, solo puede lograrse en ese ser
humano, ahora que Nos ha concedido vivir nuevamente en Su Voluntad. Somos,
en cierto sentido,
como un Oasis en donde Él
puede refugiarse de todas nuestras ofensas, y también podemos claramente
comprender que este Reencuentro es una Fiesta.
(2) Mi Amor quiere hacer el bien a todos, pero las culpas me impiden verter
sobre ellas mis beneficios, por eso voy buscando a estas almas, y como en estas
almas no soy impedido de derramar mis gracias, las derramo, - Con este Reencuentro,
Nuestro Señor busca beneficiarnos. Siempre quiere beneficiarnos; Nos ha creado
para que participemos de Su Felicidad, no solamente cuando lleguemos al Cielo,
sino ahora en la tierra, mien- tras vivimos. Ese siempre ha sido Su Plan, pero
las culpas, nuestras ofensas, Le habían impedido derramar sobre no- sotros,
como un total humano, los Beneficios que quería concedernos a todos.
Digamos esto de
otra manera. El Amor Divino quiere beneficiar a todas las almas, sin excepción,
dándoles Gracias de Felicidades, Gracias de Capacitación, Gozos espirituales y
materiales sin número, particularmente quiere darnos Cono- cimientos sobre las
Verdades Divinas; pero las ofensas de las almas, forman como una barrera al
Amor Divino, que impide que estas Gracias y Beneficios lleguen a ellos.
Este es un
punto difícil de comprender, porque en apariencia todo lo que Nos rodea Nos
beneficia, pero el punto que no entendemos bien, es que estos Beneficios de que
ahora gozamos son los Beneficios ordinarios, o como dice Nues- tra Santa Madre
Iglesia, son las Gracias Ordinarias. Estos Beneficios o Gracias ordinarios
pudiéramos decir son inhe- rentes a Su Responsabilidad como Nuestro Creador; de
hecho, es nuestra obligación recordarle Sus Obligaciones, cuando pueda
parecernos que se Le han “olvidado”. Dicho esto, sin embargo, las Gracias o
Beneficios extraordinarios, solo se dan a Sus Amigos, y nosotros, por muchos
años hemos sido Sus enemigos.
Pero, ¿qué
decir de los Santos? ¿No ha derramado en ellos estos Beneficios
Extraordinarios? Definitivamente, pero no por eso hay contradicción en lo que
dice, porque en realidad, Nuestro Señor habla aquí de otros Beneficios
extraordi- narios, que estaban destinados a los que vivieran en Su Voluntad, en
la intimidad original que tenia con nuestros pri- meros padres, Adán y Eva.
Ya sabemos
cuáles son estos otros Beneficios. Son las Revelaciones sobre las
Verdades Divinas que son el Beneficio más grande que puede darnos; aquel de
llegar a conocer Su Intimidad y Esencia.
Todo esto nos lleva a comprender cual es esta “irresistible
necesidad” que Nuestro
Señor siente de que haya cada vez mas almas viviendo en Su Voluntad, para poder
“derramar
sobre ellas” estas Gracias especiales y al derramarlas sobre ellas,
se desbordan en el resto de los hombres, para beneficiarlos a ellos también.
(3) y por medio de estas almas toman parte los pueblos y las personas que
las circundan. – Aunque no podemos lograr que otras almas vivan
en Su Voluntad, esto es un Regalo que debemos buscar
y recibir individualmen-
te, el Señor Les promete una
participación de lo que comparte con nosotros. No sabemos el alcance de esta
“partici- pación”, ni Él detalla como esto sucede, pero basta que Nos lo haga
saber, para que esto sea una realidad.
(4) Por eso, por cuantos más encuentros de tal género tengan en la tierra,
tanto más desahogo tiene mi Amor y más se derrama en beneficios en pro de la
humanidad. – Repite
que esta Participación y lo extensa que llegue a ser esta Participación de Sus
Beneficios con el resto de la humanidad, depende totalmente en el numero de los
que lleguen a vivir en Su Voluntad,
porque la entrega de estos Beneficios es, como
todo lo Divino, un Desahogo de Su
Amor hacia nosotros, y al haber más criaturas viviendo en Su Voluntad, mas
“recipientes” hay en los que desahogarse.
Resumen del capítulo del 10 de Agosto de 1916: (Doctrinal) – Página 211 -
Continuando mi habitual estado, me sentía amargada por la privación de mi
amable Jesús, y me lamentaba con Él de que cada privación que me hacía era una
muerte que me daba, y muerte cruel, pues mientras se siente la muerte, no se puede
morir, y decía: “¿Cómo tienes corazón
de darme tantas
muertes?”
Y Jesús viniendo por unos instantes me dijo:
“Hija mía, no
te abatas, mi Humanidad estando en la tierra contenía todas las vidas de las
criaturas, y todas estas vidas salían de Mí, pero, ¿cuántas no volvían a Mí
porque morían y se sepultaban en el infierno? Y Yo sentía la muerte de cada
una, en forma tal que se desgarraba mi Humanidad. Estas muertes fueron la pena
más dolorosa y cruel de toda mi Vida, hasta el último respiro. Hija mía, ¿no
quieres tomar parte en mis penas? La muerte que sientes por mi privación no es
otra cosa que una sombra de las penas de la muerte que sentí por la pérdida de
las almas, por eso dame tu pena para endulzar las tantas muertes crueles que
sufrió mi Humanidad, esta pena hazla correr en mi Volun- tad y ahí encontrarás
la mía, y uniéndose juntas correrán para bien de todos, especialmente por aquellas
que están por caer en el abismo; si la tienes sólo para ti, se formarán nubes
entre Yo y tú y la corriente de mi Querer quedará rota entre tú y Yo, tus penas
no encontrarán las mías y no te podrás difundir para bien de todos, y sentirás
todo el peso de tu pena. En cambio, si todo lo que puedas sufrir, piensas cómo
hacerlo correr en mi Querer, para ti no habrá nubes y las mismas penas te
llevarán luz y abrirán nuevas corrientes de unión, de amor y de gracias”.
* * * * * * *
(1)
Hija mía, no
te abatas, mi Humanidad estando en
la tierra contenía todas las vidas de las criaturas, y todas estas vidas salían de Mí, - A Jesús, como “cabeza de misión”, se
Le han entregado todas las almas, ya que Su encomienda era salvarlas a todas.
Todas las criaturas, pues, siguen el patrón de Su Humanidad. Él es el “modelo”
concebido en la Mente Divina, y de ese “modelo” salimos todos, o como dice en
un capítulo, “Yo solo creé un solo latido”. Antes de
ser concebidas, “nacen en Él, en el Diseño Divino, y renacen en el
seno materno”.
(2) pero, ¿cuántas no volvían a Mí porque morían y se sepultaban en el
infierno? – Mucho
se lamenta el Señor de esta situación que no puede impedir, porque quiere
respetar nuestra libertad de voluntad, mal ejercida, con la que deciden
separarse de Él en el momento de sus muertes, y se alejan de Él para siempre.
No es casualidad, ni recurso retorico
el uso del verbo sepultarse para indicar la suerte
de estas almas. Toda
alma tiene en sí misma, la Luz de la
Vida Eterna, tienen Su Voluntad Bilocada que llamamos alma, y es esa Luz la que
queda como enterrada en la Obscuridad eterna del infierno. Pero esto aun, no es
lo más importante y lo que viene a revelar- nos en este capítulo. Al no
regresar a Él esa alma que se Le había confiado, queda en Nuestro Señor un vacio,
y una pena inextinguible, una pena eterna que siempre está ahí, y que el resto
de nosotros, por mucho que hagamos no podemos hacerla desaparecer.
(3) Y Yo sentía la muerte de cada una, en forma tal que se
desgarraba mi Humanidad. Estas muertes fueron la pena más dolorosa y cruel de
toda mi Vida, hasta el último respiro. – Nuestro Señor confirma esta
realidad eterna: cada alma que se pierde desgarra Su Humanidad, porque
literalmente queda un vacio en esa Huma- nidad Santísima, que nada puede
“rellenar”. Es verdad que todas las vidas humanas han sido rehechas, y están
ence- rradas en Su Humanidad, aun las que se han perdido, pero comprendamos,
que no es lo mismo. La pena de perder- las, es “la pena más dolorosa y cruel de
toda Su Vida”.
Digamos todo
esto de otra manera. Si cada ser humano es un Acto de Dios, que Él quiere que
exista, cada ser hu- mano es un Acto Digno de que Dios lo quiera y por tanto lo
haga. Al irse al infierno, irremediablemente, ese Acto Su- yo, representado por
ese ser humano nunca se completa, porque nunca regresa a Ellos esa alma que se
pierde; el circulo de nuestra existencia no se cierra en Él, y queda como un
“hueco”, una especie de “espacio vacío” en el Ser Divino. El que Dios no pueda
ver completo un Acto Suyo es una Pena que nosotros no podemos ni siquiera
comenzar a comprender.
(4) Hija mía, ¿no quieres tomar parte en mis penas? La muerte que sientes
por mi privación no es otra cosa que una
sombra de las penas de la muerte que sentí
por la pérdida de las almas, - Él quiere compartir con
nosotros, esta Pena de la Privación de las almas que se sepultan en el
infierno, y para lograrlo, Él Nos privará de Él; Él hará para que sintamos en
nosotros mismos, como que Nos abandona, y así llegaremos a experimentar una
pequeña “dosis” de Su Mismo Penar.
Destacamos esta
Invitación que Le hace a Luisa y ahora a nosotros que leemos estas páginas. En
el próximo párrafo Nos dirá, como podemos “tomar parte” en estas Penas Suyas,
que como ya hemos dicho, podemos aliviar pero nunca extinguir. Por ahora,
repetimos, quiere que entendamos que toda privación que sintamos de Él, en
cada una de nues- tras vidas, está directamente relacionada con esta
Privación de las almas que se pierden.
(5) por eso dame tu pena para endulzar las tantas muertes crueles que sufrió
mi Humanidad, - Comienza esta descripción detallada de cómo podemos aliviar esta pena
inextinguible que Le embarga. La explicación es bellísi- ma y totalmente consistente con lo que luego
llegaremos a saber, si perseveramos en estos Estudios. Afortunadamen- te, al haber
estudiado ya un poco de los capítulos de los volúmenes superiores, podemos
llegar a entender plenamen- te la “manera” en la que quiere compartamos Sus
Penas con Él.
(6) esta pena hazla correr en mi Voluntad y ahí encontrarás la mía, - La explicación que el Señor
comienza a darnos ahora, solo puede entenderse plenamente en función del Rio de
Luz de Su Voluntad, al que el Espíritu Santo Nos incorpora cuando Nos concede
el Don de Vivir en Su Voluntad.
Ya sabemos por
los capítulos de los volúmenes superiores, que la concesión del Don implica la
formación de un Cuer- po de Luz en el que están bilocados todos los Componentes
del Ser Divino, y cuyo Cuerpo de Luz no es más que una extensión de la Vida de
Su Voluntad en cada uno de nosotros. Comoquiera que Su Voluntad es Una e
Indivisible, nuestra habitabilidad en Ella solo es posible por extensión de la
Suya en nuestro Cuerpo de Luz, y esta extensión se hace efectiva porque Su
Voluntad fluye ahora en nuestro Cuerpo de Luz, para luego regresar a Ella, de
la misma ma- nera que un río fluye y
riega otros campos con pequeños arroyuelos que se incorporan al río principal una vez que han fertilizado sus pequeños campos.
Por tanto, la expresión “hacer correr” es extremadamente significativa en este caso, porque
para poder “hacer correr” algo, yo tengo que
iniciar una acción de rodar algo, y de esa manera “hago correr” a
ese algo. Por supuesto, que yo pudiera pensar que “hacer correr” implica,
en este caso, que yo hable y exprese mi intención de darle mi pena, y
que esa pena mía llegue a Él a través del aire, pero no es esto lo que dice.
Dice que la tenemos que “hacer correr en Mi Voluntad”,
y esto solo podemos hacerlo, si al iniciar la acción de penar por Su Privación,
no hacemos lo necesario para que esa pena nuestra entre en este Río de
Su Voluntad que fluye a través de nosotros, porque, y aquí está lo interesante
de Su Afirmación, mi pena puede correr, porque la he lanzado a un Río que se
mueve y la arrastra.
Nunca habíamos entendido plenamente la importancia de la Expresión que el
Señor utiliza siempre para referirse a esta incorporación al Rio de Luz
de Su Voluntad que necesitamos hacer con todas nuestras actos, cuando Nos dice que “entremos en Su Voluntad”,
que ahora entendemos quiere decir que tanto nosotros mismos como nuestros ac-
tos deben entrar en Su Voluntad, y para que esto ocurra, debemos tener
conciencia de que este Río de Su Voluntad fluye en nosotros, y de que queremos
“hacer correr” nuestros actos en ese
Río.
Pero no termina
ahí lo que dice en este párrafo súper-concentrado en Conocimiento. Dice que al
hacer correr nuestra pena en el Río de Su Voluntad, que ahora la arrastra y la
va a hacer llegar al Ser Divino, nuestra pena se encuentra con las Suyas, o sea,
se encuentra con todas las Penas que Nuestro
Señor, ha sufrido,
sufre y sufrirá por la pérdida de las
almas, y ahora “corren” juntas, son “transportadas” juntas por el Río.
Estas Penas de que habla el Señor, Él tam- bién en cuanto Jesús, las ha sufrido
y las ha “hecho correr” en el Río de la Voluntad Suprema, que también corría y
corre en Él. Nada de lo que entra en el Río de Su Voluntad está sujeto a
cambiar o a desaparecer; muy por el contra- rio, están en ese Río para siempre.
(7)
Y uniéndose
juntas correrán para bien de todos, - Se hace necesario que destaquemos la
incomprensible realidad de esta Afirmación Suya. Entendamos bien. No parece tan
difícil de creer esta realidad de que nosotros, vi- viendo en Su Voluntad,
podamos hacer correr nuestras pequeñas penas en el Rio de Su Voluntad, y que
nuestras pe- nas, como que encuentren las Suyas. Después de todo, nuestras
penas están ahora en ese Río y es lógico que se en- cuentren con las de Él y
las “saluden”, y que por supuesto, se encuentren también con las de Su Madre
Santísima y con las de Luisa, etc., y también las “saluden”; lo que sí parece
difícil de entender es que ahora estas penas nuestras puedan unirse a las de
Él, como si nuestras penas al ser echadas a correr en el Rio de Su Voluntad, fueran iguales a las Suyas,
y a las de Su Madre Santísima, o sea, fueran de la misma “calidad” que las
Suyas, y lograran realizar los mismos efectos que las Suyas. Dice el Señor con
toda Su Autoridad, que las penas de Luisa unidas a las de Él, “corre-
rán para bien de
todos”
(8)
especialmente
por aquellas que están por caer en el abismo; - El Señor
singulariza el efecto benéfico que tienen Sus Penas y ahora las nuestras,
declarándolas capaces de ayudar a las almas que están por “caer en el
abis- mo”, para que no caigan.
Inesperadamente,
este párrafo declara que los efectos de la Misericordia Divina en las almas que
están por morir en pecado y caer en el infierno, descienden a nosotros porque
vienen a quedar concentrados en estas Penas Suyas, y ahora en las nuestras, que
se han unido a las de Él. El hecho de que Le haga saber todo esto a Luisa, y
por extensión a nosotros, implica que esto que Nos pide hagamos, es
absolutamente necesario. El Señor siempre habla con toda suavidad e insinúa,
sugiere, pero no por eso implica que Le es indiferente que hagamos o no lo que
Nos insinúa y sugiere; pero más aun, para los que escriben estas Guías de Estudio implica
también que esto es absolutamente nece- sario. A estas alturas también sabemos la razón por
la que esto es necesario. Ya Nos ha dicho en otro capítulo memo- rable, el del 15 de Marzo de 1912,
volumen 11, que todo lo que Él ha realizado,
por mediación nuestra a través de los tiempos, Él ha permitido se
realice en función de que algún día, los Hijos e Hijas de Su Voluntad lo
realizarían actuan- do en sus respectivas misiones o vocaciones. Así decía en
el capítulo mencionado que:
“Hija mía, mi Voluntad es la
Santidad de las Santidades, así que el alma que hace mi Voluntad, por cuanto
fuera pequeña, ignorante, ignorada, deja atrás a todos los demás santos, a
pesar de los portentos, de las conversiones estrepitosas, de los milagros que
hayan hecho, es más, confrontándolos, las almas que hacen mi Voluntad son
reinas, y todas las demás están como a su servicio. El alma que hace mi
Voluntad parece que no hace nada, pero hace todo, porque estando en mi
Voluntad obran a lo divino, ocultamente y en modo sorprendente, así que son luz que ilumina, son vientos que
purifican, son fuego que quema, son milagros que hacen hacer los milagros, y
quie- nes los hacen son sólo los canales, porque en ellas es donde reside la
potencia para hacerlos, así que son el pie del misionero, la lengua de los
predicadores, la fuerza de los débiles, la paciencia de los enfermos, el
régimen de los superiores, la obediencia de los súbditos, la tolerancia de los
calumniados, la firmeza en los peligros, el
heroísmo de los héroes, el valor de los mártires, la santidad de los santos, y
así de todo lo demás, porque estando en mi Vo- luntad concurren a
todo el bien que puede haber en el Cielo y en la tierra.”
(9)
si la tienes
sólo para ti, se formarán nubes entre Yo y tú y la corriente de mi Querer
quedará rota entre tú y Yo, tus penas no encontrarán las mías y no te podrás
difundir para bien de todos, y sentirás todo el peso de tu pena. – Tenemos que
entender la implicación de Sus Palabras cuando dice: “si las tienes
solo para ti”. En efecto, si no entendemos cabalmente esta necesidad de que
hagamos correr nuestras penas en el Rio de Su Voluntad para que las unamos a
las de Él, y de que en efecto declaremos que las queremos hacer correr en Su
Voluntad, entonces, estas penas nuestras no “pagan” el crédito que dio a los
seres humanos que lo necesitaban, cuando más lo necesitaban. Más aun, al no
unir nuestras penas a las de Él, en Su Voluntad, nuestras penas de priva- ción,
no compartidas, las sentiremos en todo su impacto.
Las
implicaciones son profundas y debemos declararlas con la mayor claridad
posible. Así decimos que Él ha hecho posible
que las almas
tuvieran la oportunidad de arrepentirse en los momentos
finales, porque algún
día, Luisa y noso-
tros haríamos posible esta Misericordia Suya. El Señor ha tomado prestado la
moneda de nuestras penas de privación futuras, para darle esas monedas a
aquellos que la necesitaban en su presente, para que pudieran pagar con esas
monedas sus ofensas, y hacer que Él las mirara con Misericordia y disposición
de perdonarlas.
Nunca antes
como ahora, ha declarado Nuestro Señor, el papel tan importante y crucial que
tenemos ahora nosotros, los que vivimos en
Su Voluntad. Somos Sus
colaboradores, no solo en la venida del Reino, sino en
todo lo que se rela- ciona con Su Benevolencia; en particular, todo lo relacionado con Su Misericordia en los momentos
finales. Hemos
hecho posible la Misericordia que ha tenido en el pasado con todos
los pecadores que morían, y hacemos
posible aho- ra y en el futuro, toda la acción de Su Infinita Misericordia para
con todos los pecadores a punto de morir y perderse.
(10) En cambio, si todo lo que puedas sufrir, piensas cómo
hacerlo correr en mí Querer, para ti no habrá nubes y las mismas penas te
llevarán luz y abrirán nuevas corrientes de unión, de amor y de gracias. – Inesperadamente
abre ahora el campo de las penas que antes eran causadas por Su Privación, a
todas nuestras otras penas. Nos dice que todo lo que podamos sufrir,
debemos “pensar”, o sea, debemos tener la intención de hacerlo correr en Su
Querer, y de esa forma a nuestras penas ya no serán penas, sino que Nos traerán
ríos de nueva Luz de Su Voluntad, y servirán para abrir “nuevas corrientes de unión, de amor y de gracias” entre Él y nosotros.
Resumen del capítulo del 12 de Agosto de 1916: (Doctrinal) – Página 212 -
Estaba fundiéndome en el Santísimo
Querer, y mi dulce Jesús me ha dicho:
“Hija mía, sólo
por quien vive en mi Querer me siento como correspondido por la Creación, por
la Redención y por la Santificación, y me glorifica en el modo como la criatura
debe glorificarme, por eso estas almas serán gemas de mi trono y tomarán en
ellas todos los contentos, la gloria que cada bienaventurado tendrá para sí
solo, estas almas esta- rán como reinas en torno a mi trono, y todos los
bienaventurados les estarán en torno, y como los bienaventurados serán tantos
soles que resplandecerán en la Jerusalén Celestial, las almas que habrán vivido
en mi Querer resplande- cerán en mi mismo Sol, estarán como fundidas con mi
Sol, y los bienaventurados verán a estas almas dentro de Mí mismo, pues es justo que habiendo vivido en la tierra unidas Conmigo, con mi
Querer, no habiendo vivido vida propia, es muy justo que en el Cielo
tengan un puesto diferente de todos los demás, y continúen en el Cielo la vida
que lleva- ron en la tierra, todas transformadas en Mí y sumergidas en el
océano de mis contentos”.
* * * * * * *
Este es un
importante capítulo doctrinal por lo que Nos revela sobre la “condición y
calidad de vida” de los que hayan vivido en Su Voluntad y hayan muerto
confirmados en la Vida en Su Voluntad. Por experiencia sabemos que todo lo que
el Señor Nos revela tiene siempre un significado aparente y otro oculto, y que
lo oculto lo descubrimos por Su alusión a ciertos acontecimientos futuros, o
por Su utilización de ciertos verbos o palabras claves.
Así pues, el
Señor elabora sobre el conocido tema de nuestro destino final, que esperamos
sea bienaventurado eter- namente, pero al mismo tiempo Nos revela la calidad de
esta vida eterna que poseeremos por haber vivido y muerto confirmados en Su
Voluntad. Aunque repite que tendremos un tratamiento especial, revelación
anunciada en capítulos anteriores, aquí da detalles sobre un aspecto de esta
Vida futura aquí en la tierra, porque sorpresivamente “amarra” esta Vida
futura bienaventurada con la Jerusalén Celestial. Pero no nos anticipemos
demasiado a Sus Palabras.
(1) Hija mía, sólo por quien vive en mi Querer me siento como correspondido
por la Creación, por la Re- dención y por la Santificación, - Sus Primeras Palabras
claramente delimitan el alcance y el
enfoque de Su Revela- ción, que como vemos va dirigida a aquellos que viven en
Su Querer. Para poner las cosas en la perspectiva correcta dice que ahora
mientras vivimos en la tierra, Él se siente correspondido por los que
denominará luego como Sus Tres Reinos, el Reino de la Creación, el Reino de la
Redención, y el Reino de la Santificación.
Aunque en los
volúmenes superiores, el 20 específicamente, hablará en detalle sobre estos
Tres Reinos, conviene que aquí expongamos su significado.
El Reino de la Creación, incluye a toda la Creación
inanimada, a todas las generaciones anteriores a Adán, y a nues- tros Primeros
Padres, Adán y Eva, así como incluye a toda la línea de creación subsiguiente
hasta Su Madre y Jesús. Este Reino de la Creación, existe y existe
permanentemente, porque Dios lo tiene como “encapsulado”; lo tiene ence- rrado
en una “burbuja” en la que el tiempo se ha detenido para siempre. Por ello,
puede decir apropiadamente, que criaturas viviendo en Su Voluntad, conocedoras
de estas Verdades que anunciamos, Le han correspondido en el Reino de la
Creación.
El Reino de la
Redención, Les incluye a Él y a Su Madre Santísima, ambos viviendo en Su
Voluntad, y también eterna- mente correspondiendo al Ser Divino como es debido.
Este Reino de los Redimidos, expresión con la que el Señor denomina ahora a Su
Redención, ahora que se ha cumplido en el tiempo, incluye, por supuesto, a
todos aquellos que han aceptado Su Redención, y viven y mueren perteneciendo a este Reino,
cuya última residencia es el Cielo.
Este
Reino de los
Redimidos, Le ha dado mucha y muy agradable correspondencia a Su Amor y
Benevolencia, pero no Le ha dado, por desconocimiento, la verdadera
correspondencia por Ellos esperada, y que los que viven en Su Voluntad pueden
dársela, porque conocen a la perfección los objetivos de este segundo de los
Reinos, y porque también están y
pertenecen a ese Reino; si no estuvieran en este Reino no podrían haber sido
santificados apropiadamente.
El Tercero de los Reinos, el de la Santificación, incluye a Jesús, Su
Madre y a Luisa, y después de Luisa, incluye a to- dos aquellos que siguen en
los pasos de Luisa, y han vivido y continúan viviendo en Su Voluntad, y que,
armados con los Conocimientos sobre lo que debemos hacer para corresponderle
verdaderamente, Le correspondemos tal y como
Él lo desea. Los que vivimos en este Reino, poco a
poco, vamos comprendiendo la
Totalidad del Plan Divino, y el
lugar que todo va ocupando en esta Concepción Suya, y al conocer todo este Plan
Gigantesco, apreciamos mas, y agrade- cemos mas, el que Nos haga participes de
todo esto, y de esta manera, Le damos Gloria, y “Él se siente
como corres- pondido”.
(2)
y me
glorifica en el modo como la criatura debe glorificarme, por eso estas almas
serán gemas de mi trono – El resultado “final” de toda correspondencia a Su Amor,
expresada al cumplir lo que Nos Sugiere que haga- mos, es el de glorificarlo
como Él espera ser glorificado por Sus criaturas. Como recompensa a esta
correspondencia, porque Dios no puede quedar atrás en Su Correspondencia, dice
que estas almas que viven en Su Voluntad “serán gemas en Su Trono”.
Si es
importante lo que dice seremos, mas importante aun es el hecho, de que Nuestro
Señor ha transferido Su Aten- ción del presente al futuro, conjugando el verbo
ser en el futuro, con lo que claramente habla de nuestra condición futura
cuando muramos confirmados en la Vida en Su Voluntad. Dicho de otra manera, inmediatamente
que mura- mos, estaremos en Su Mismo Trono, y como al morir llevamos
con nosotros al Cuerpo de Luz que ha alojado al Ser Divino durante nuestras
vidas terrestres, ese Cuerpo de Luz refulgirá en el Cielo como Gema que dará
mayor Luz al Trono Celestial.
(3) y tomarán en ellas todos los contentos, la gloria que cada
bienaventurado tendrá para sí solo, - Co- mienzan ahora las Revelaciones en forma de
promesas, de lo que sucederá, y la calidad de nuestra vida celeste, di- ciendo
que tomaremos, o mejor Nos dará, todos los contentos que los demás
bienaventurados tienen para sí mismos, en virtud de sus obras y virtudes. Es
difícil abrazar lo que dice el Señor, porque nos parece imposible que esto
pueda suceder, y esto mismo le pasaba a Luisa constantemente. Cuando oyó esto,
Luisa seguramente pensó: cómo puedo yo, Luisa, contener en mí, los mismos
contentos que estará experimentando un San Francisco, de un San Luis Gonza- ga,
etc., y estamos seguros que todos cuando leemos estas Palabras Suyas pensaremos
lo mismo; pero, lo dice el Señor, y es tal y como lo dice.
Más
incomprensible aun, pero igualmente cierto porque Él lo afirma, es el que
llegaremos a poseer la gloria y los con- tentos de todos los
bienaventurados.
(4)
estas almas
estarán como reinas en torno a mi trono, y todos los bienaventurados les
estarán en torno, - Continúa con Su Descripción de nuestra vida futura,
diciendo que seremos como Reyes y Reinas “en torno a Su Trono”. No
solamente seremos Gemas, sino que seremos Reyes y Reinas, con lo que da la
connotación de que seremos superiores en categoría a todos los demás
bienaventurados. De nuevo, nada de esto lo dice el Señor por decirlo, sino
porque quiere informarnos de la inevitabilidad de lo que va a suceder, y no nos “coja de sorpresa”. En este sentido, estas Revelaciones nos
recuerdan un poco a las Revelaciones referentes al final de los tiempos, cuando
Nos dice que nos lo informa para que estemos preparados y no nos asustemos por
lo que sucederá.
Pero, la Revelación
no termina todavía. Dice que estaremos “alrededor” de Su Trono como Gemas, como Reyes,
y que los otros Bienaventurados estarán “alrededor” nuestro, así como
nosotros estaremos “alrededor” del Trono Divino. Si pudiéramos visualizarlo, y
debemos visualizar lo que dice para tratar de entender Su Descripción, habrá en
el Cielo un Trono, el Trono Divino, el de las Tres Divinas Personas, Su
Voluntad, Su Amor, Jesús mismo, y Su Madre, y alrededor de este Trono,
concéntricamente, a todas las almas que hayan vivido en Su Voluntad, y
externamente a este Circulo Concéntrico nuestro, habrá otro Circulo concéntrico
formado por todos los demás Bienaventurados.
(5) y como los bienaventurados, serán tantos soles que resplandecerán en la
Jerusalén Celestial, las almas que habrán vivido en mi Querer resplandecerán en
mi mismo Sol, estarán como fundidas con mi Sol, - La situación ahora se complica grandemente, porque
el Señor introduce a la Jerusalén Celestial en esta Descrip-
ción de nuestro “futuro”. Para entender todo esto, es necesario que los que
siguen estas Guías de Estudio lean y
re-
lean la
Descripción final que hace San Juan de la Jerusalén Celestial en Su Libro
Profético del Apocalipsis, empezando en el capítulo 21, versículo 9.
Al mismo
tiempo, le indicamos al lector que ya de esto hablábamos un poco en nuestra
Descripción 98, basada en el capítulo del 20 de Octubre de 1917, volumen 23. En
esa Descripción adelantábamos nuestra especulación de que la Jerusalén Celestial anunciada en el Apocalipsis, sería construida, entre otras cosas
y otros portentos insospechados, en el Reino del Fiat Supremo, el Reino de la Santificación en la Divina Voluntad,
cuando fuera instaurado en la tierra.
Aquí en este volumen, todavía de los primeros, Nuestro Señor parece
convalidar un poco esta especulación nuestra.
Si seguimos con
nuestra visualización del Cielo, podríamos añadir que en algún momento, solo
por Ellos conocido, el Reino del Fiat Supremo quedará instaurado, y Nuestro
Señor y Su Madre Santísima vendrán a tomar posesión de este Reino que Ellos Nos traerán, y con Ellos vendrán también todos los que han muerto
en Su Voluntad, para acompañarlo en Su Trono. Esto nos parece
inevitable; porque una vez que lleguemos al Cielo habiendo sido confirmados en
Su Voluntad a la hora de la muerte, si
no antes, no podemos concebir que
estemos separados de Él, en los momentos de Su Mas Grande Triunfo y Gloria. Así pues, pensamos que todos
los que hayan muerto, Santificados en
Su Voluntad, resucitarán para poder
compartir con el Señor y con todos los demás
que estaban todavía vivos en esos momentos, la Labor Grandiosa a ser realizada en
este Reino del Fiat Supremo en la tierra.
Pensamos
que una de las labores más importantes a ser realizadas en el Reino, será la de
construir el Templo/Ciudad denominada en el Apocalipsis como la Jerusalén
Celestial. Esta Jerusalén Celestial será como la joya de este Reino. Leyendo el
Libro de las Crónicas del Antiguo Testamento, hay un pasaje en el que el Rey David instruye a su hijo Salomón,
para que construya el primero de los Templos, “un Templo al Señor, tu Dios”, y de
ese pasaje citamos una referencia
muy interesante. Dice así, (22,14-17): “Mira hijo, con grandes
sacrificios he ido reuniendo para el Tem- plo del Señor, treinta y cuatro mil
toneladas de oro, trescientas cuarenta mil toneladas de plata, bronce y hierro
en cantidad incalculable; además madera y piedra. Tú añadirás aun más. Dispones
también de gran cantidad de arte- sanos: canteros, albañiles, carpinteros y
obreros de todas las especialidades. Hay oro, plata, bronce y hierro de so-
bra. Pon manos a la obra y que Dios te acompañe”
No podemos
menos que pensar que esta Jerusalén Celestial será la culminación de todas las
fabricaciones anteriores del Templo destruido dos veces por los enemigos de Dios,
pero que ahora perdurará para siempre.
También
especulamos, que cuando el Reino del Fiat Supremo termine en la tierra, todo lo
que será construido en ese Reino, incluyendo
la Jerusalén Celestial, será “transportado” al Cielo a la espera del “fin de los
tiempos” anunciado por el
Señor y luego por el Apocalipsis. Está profetizado que la Jerusalén Celestial
bajara del Cielo, para ser la residencia de Jesús en la tierra, una vez que
todos Sus Enemigos, hayan sido puesto como escabeles a Sus Pies.
Ahora bien, uno
de los aspectos más interesantes de esta Jerusalén Celestial, es lo revelado
por San Juan, de que en esos tiempos de la Jerusalén Celestial, ya no hará
falta luz de sol, porque será de día permanente con la presencia de Nuestro
Señor entre nosotros, que lo iluminará todo con Su Propia Luz. Dice San Juan en
el capítulo 22 comenzando con el versículo 4:
“Verán Su Rostro y llevaran
Su Nombre en la frente. Noche ya no habrá,
no tienen necesidad
de luz de lámpara, ni de
luz del sol, porque
el Señor Dios los alumbrará y reinaran por los siglos de los siglos”.
Aquí el Señor
parece confirmar esta Revelación Apocalíptica, y que además de la Luz del
Señor, esta Ciudad quedará iluminada por la Luz de los Bienaventurados, y
particularmente por la Luz de los que hayan vivido en Su Voluntad, cuyas
“luces” se unirán a Su Luz.
(6) y los bienaventurados verán a estas
almas dentro de Mí mismo, pues es justo que habiendo
vivido en la tierra unidas
Conmigo, con mi Querer, no habiendo vivido vida propia, es muy justo que en el
Cielo tengan un puesto diferente de todos los demás, y continúen en el
Cielo la vida que llevaron
en la tierra, - Este párrafo nos recuerda a otro capítulo en el que
Luisa describe como ella veía a Nuestra Madre Santísima sumergi- da totalmente,
y tomando Su Lugar de Honor en el Ser Supremo. Así también nos verán los demás
bienaventurados, nos verán dentro de Jesús Mismo, pues como dice el Señor, es “pues justo que habiendo vivido en la tierra unidas
Conmigo, con mi Querer, no habiendo vivido vida propia, es muy justo que en el
Cielo tengan un puesto diferente de todos los demás, y continúen en el Cielo la
vida que llevaron en la tierra.”
Comentamos de manera particular, una Revelación que ya Nos ha dado en otros capítulos, de que “continuaremos
en el Cielo, la vida que llevamos en la tierra:”. Pensamos que a
esto se refería Luisa cuando decía que cuando estemos en el Cielo continuaremos
desarrollando perfectamente, la vida que imperfectamente llevamos en la tierra.
Dicho de otra manera, pensamos que en el Cielo llegaremos a saber con plenitud
todo lo que estudiamos en la tierra, ya que entonces no habrá secretos para
nosotros, y nuestras “mentes”, por fin, podrán entender perfectamente todo lo
que Él se digne enseñarnos de Si
Mismo.
(7) todas transformadas en Mí y
sumergidas en el océano de mis contentos.
– Cuando ya
parecía que termi- naban las
Revelaciones difíciles de entender, Nuestro Señor habla de que cuando estemos
en el Cielo, o sea, que nuestro futuro va a terminar quedando transformadas en
Él, y compartiendo Sus Contentos en el océano de ellos. No sabemos ni que
explicar en este caso; solo diremos, que pensamos que nuestra identificación
con el Señor, el Hom- bre/Dios, será tal que
1)
seremos Sus Gemas,
2)
seremos Reyes y Reinas, que gravitaremos a Su Alrededor, más cerca de Él que ninguna otra criatura,
3)
continuaremos desarrollando las vidas en Su Voluntad
que llevamos en la tierra,
4)
seremos soles unidos
a Su Sol Particular,
5)
iluminaremos junto con Él a la Jerusalén Celestial la cual hemos ayudado
a construir,
6)
y estaremos tan dentro de Él, tan sumergidos en Él, que quedaremos transformados en Él, y gozaremos con Él de Sus Mismos Contentos.
¿Qué más podemos añadir
a este “futuro” nuestro?
Resumen del capítulo del 8 de Septiembre de 1916: (Doctrinal) – Página 213 -
Esta mañana
después de la comunión, sentí que mi amable Jesús en modo especial me absorbía
toda en su Querer, y yo nadaba
dentro de Él, ¿pero quién puede decir lo que yo sentía? Yo no
tengo palabras para expresarme, y Jesús me dijo:
(A) “Hija mía, por cuanto tiempo
el alma está en mi Voluntad, tanto de Vida Divina puede decir que hace en la tierra.
¡Oh, cómo me
agrada cuando veo que el alma entra en mi Voluntad para hacer Vida Divina!
Mucho me agrada ver a las almas que repiten en mi Voluntad lo que hacía mi
Humanidad en Ella. Yo hice la comunión, me recibí a Mí mismo en la Voluntad del Padre, y con esto no sólo reparaba todo, sino que encontrando en la Divina Voluntad la inmensidad,
la omnividencia de todo y de todos, por eso Yo abrazaba a todos, me daba en
comunión a todos, y viendo que mu- chos no habrían tomado parte en el
Sacramento, y al Padre ofendido porque no querían recibir la vida, Yo daba al
Padre la satisfacción, la gloria, como si todos hubieran recibido la comunión,
dando al Padre por cada uno la satisfac- ción y la gloria de una Vida Divina.
También tú recibe la comunión en mi Voluntad, repite lo que hice Yo, y así no
sólo repararás todo, sino que me darás a Mí mismo a todos como Yo quería darme
a todos, y me darás la gloria como si todos hubieran recibido la comunión. Mi
corazón se siente enternecido cuando ve que la criatura no pudiendo darme nada
de ella que sea digno de Mí, toma mis cosas, las hace suyas, imita como las
hice Yo, y para agradarme me las da, y Yo en mi complacencia le voy repitiendo:
Bravo hija mía, has hecho precisamente lo que hacía Yo”.
Luego agregó:
(B) “Los actos en mi Voluntad
son los actos más simples, y porque son simples se comunican a todos. La luz
del sol, porque es simple, es luz de todo ojo, pero el sol es uno; un acto solo
en mi Voluntad, como luz simplísima se difunde en cada corazón, en cada obra,
en todos, pero el acto es uno, mi mismo Ser, porque es simplísimo, es un acto
solo, pero un acto que contiene todo, no tiene pies pero es el paso de todos, no
tiene ojos pero es ojo y luz de todos, da vida a todo, pero sin esfuerzo, sin
cansancio, pero da el acto de obrar a todos, entonces, el alma en mi Voluntad
se simplifica y junto Conmigo se multiplica en todos, hace bien a todos. ¡Oh,
si todos comprendieran el valor inmenso de los actos, aun los más pequeños
actos hechos en mi Voluntad, ningún acto dejarían escapar!”
Y analicemos el Bloque
(A).
* * * * * * *
(1) Hija mía, por cuanto tiempo el alma está en mi Voluntad, tanto de Vida
Divina puede decir que hace en la tierra. – Esta afirmación del Señor es muy importante
para todos los que vivimos en Su Voluntad. Ya en el capítulo anterior Nos ha
hablado de cual será nuestro “futuro”, si perseveramos en esta Vida en Su
Voluntad que Nos ha concedido. Ahora quiere hablarnos de cómo debemos
prepararnos para poder llegar a ese “futuro” que Nos anun- cia.
De la manera como el Señor habla, siempre da por hecho, que estamos
haciendo lo que dice, aunque en realidad no sabíamos con certeza, que en
efecto, lo hacíamos, o sea, que desde el primer instante en que Nos concede el
Don, estamos viviendo “vida divina”. Ahora
que lo sabemos, mas nos embullamos para que esto que Nos anuncia, conti- núe,
pero ahora con plena conciencia nuestra de que está sucediendo.
(2) ¡Oh, cómo me
agrada cuando veo que el alma entra en mi Voluntad para hacer Vida Divina! - Acumula
elogio y contentura ver como entramos en Su Voluntad para hacer Vida Divina. En
el párrafo anterior declinamos ha- cerlo, pero ahora es necesario que
entendamos mejor lo que significan los dos conceptos anunciados: Uno el “entrar en Su
Voluntad”, y el otro, “para hacer Vida Divina”.
Como de
costumbre, tratar de explicar estos dos conceptos, es complicado, aunque no lo
parece. De hecho, todos sabemos lo que es entrar en un lugar, y todos sabemos
lo que es vivir, pero, ¿entendemos realmente lo que es nece- sario entendamos?
Cuando entramos en un
lugar, consciente o
inconscientemente lo hacemos, para
realizar algo, o buscar algo, o encon-
trarnos con algo o alguien. Más aun, normalmente, entramos en un lugar con toda
libertad, sabiendo que podemos entrar o no. En muchísimos capítulos Nos ha
explicado que estamos autorizados y debemos entrar en Su Voluntad para
encontrarnos con Él, obrar con Él y como obra Él, asistirle y colaborar con Él
en la Labor que quiere realizar, y que siempre ha querido realizar con
nosotros. Pero resulta, también inevitablemente, que esa “actividad” de entrar
en Su Voluntad, solo puede
desarrollarse, si vivimos en Ella,
o sea, que entrando en Su Voluntad, vivimos; pero esta acti- vidad en esta
vida no es una actividad normal en una vida normal terrena, sino que
es Actividad Divina, y por
tanto es Vida Divina la que vivimos
cuando actuamos.
La enormidad e
incomprensibilidad de lo que dice, debiera ser apabullante; es más, los que
preparan estas Guías de Estudio piensan, que si de verdad, de verdad
comprendiéramos esto que Nos dice hacemos, entonces por fin, enten- deríamos la
Grandeza a la que Nos llama.
(3) Mucho me agrada ver a las almas que repiten en mi
Voluntad lo que hacía mi Humanidad en Ella. – Comienza con los detalles de esta Vida que dice hacemos. Lo primero
que anuncia es que hacemos lo que Su Humani- dad hacía en Su Voluntad, porque también Él vivía en Ella. Esto es lo que
significa cuando dice que “repetimos lo
que Su Humanidad hacia en Ella”.
Dicho de otra
manera, también Él entraba en Su Voluntad para vivir Vida Divina, y también la
Segunda Persona de la Santísima Trinidad, y de hecho, la totalidad del Ser
Divino, veía con gran alegría y contento a aquella criatura llamada Jesús, que
entraba en Su Voluntad para vivir Vida Divina. Difícil de entender pero
absolutamente lógico y deducido de Sus Mismas Palabras.
(4) Yo hice la comunión, me recibí a Mí mismo en la Voluntad del Padre, y
con esto no sólo reparaba to- do, sino que encontrando en la Divina Voluntad la
inmensidad, la omnividencia de todo y de todos, por eso Yo abrazaba a todos, me
daba en comunión a todos, y viendo que muchos no habrían tomado parte en el Sacramento, y al Padre
ofendido porque no querían recibir
la vida, Yo daba al Padre
la satisfacción, la gloria,
como si todos hubieran recibido la comunión, dando al Padre por cada uno la
satisfacción y la gloria de una Vida Divina. – Habla ahora Jesús de uno de
Sus Actos más trascendentes, más importantes de todos los Actos
que realizara entre nosotros, y debemos analizar
con cuidado cómo lo dice, para
que podamos entender esta
dualidad de actividad humana: la meramente humana y la Divina. Dice que:
a)
“Yo hice la Comunión” - Él preparó o hizo preparar humanamente, y con todo cuidado, la
Comunión, o sea, los elementos materiales necesarios a la Eucaristía. Al mismo tiempo, Su Voluntad
Bilocada y Obrante en Él
Mismo, o sea, en Jesús, replicaba
lo que el Jesús hombre realizaba, y transustanciaba, bilocaba en aquellos elementos materiales a Dios Mismo.
b) “Me recibí a Mi Mismo en la
Voluntad del Padre” – Inmediatamente después,
dice que, en Su Voluntad, se recibió a Si Mismo. De nuevo, Su Acto humano
de comulgar era replicado por Su Voluntad
Bilocada y Obrante, y era replicado en esa Misma
Voluntad Suprema de la que Su Voluntad Bilocada y Obrante no se separa ja- más,
porque Su Voluntad es Una, e Indivisible.
Dice
que al hacer esto con Su Voluntad,
y haciéndolo en el ámbito de Su Voluntad, Nuestro Señor lograba la
universa- lidad de Su Acción, universalidad que abarcaba todos los aspectos: la
actividad de todos, porque todos comulgaban como Él comulgaba. Además, reparaba
por todos los que no comulgarían, y por los que comulgarían sin las debidas disposiciones,
y de esa manera daba al Padre “satisfacción, la gloria, como si todos hubieran
recibido la comunión, dando al Padre por cada uno la satisfacción y la gloria
de una Vida Divina.”
(5) También tú recibe la comunión en mi Voluntad, repite lo que hice Yo, y
así no sólo repararás todo, sino que
me darás a Mí mismo a todos
como Yo quería darme a
todos, y me darás la gloria como si
todos hubieran recibido la comunión. –
Dice que
así como Él hizo, Luisa debe hacer, y ahora debemos hacer cada uno de nosotros.
Comprendamos que la Eucaristía trasciende nuestra propia vida, que aunque fue
hecha para mí, como si solo yo existiera, también se hizo para todos, como si
cada uno de los que existen, fuera el único que existiera. Todos estamos
obligados a amarle, a hacer lo que Él desea, pero sabe que no todos lo harán, y
Él acepta, en compensación, que algunos de nosotros, lo hagamos por todos, como
si todos estuvieran comulgando con cada uno de nosotros. Y esto, y aquí esta lo
verdaderamente grandioso de todo este proceso, es que eso de que todos
comulguen, no es una manera de hablar, sino que ocurre realmente, porque los
que expresamos este deseo de que todos comulguen, lo hacemos en Su Voluntad y
con Su Misma Voluntad, como Él lo hacía.
(6)
Mi corazón se siente enternecido
cuando ve que la criatura no pudiendo darme nada de ella que sea digno de Mí,
toma mis cosas, las hace suyas, imita como las hice Yo, y para agradarme me las
da, y Yo en mi complacencia le voy
repitiendo: Bravo hija mía, has hecho precisamente lo que hacía Yo. – Clara- mente detallada
queda, la Recompensa que Nos da. Él se complace con lo que hacemos, y queda
deudor nuestro, puesto que nada hace
a Dios más deudor del hombre, que
cuando un hombre hace lo que Él
quiere y Le imita y repite lo mismo que Él hizo.
* * * * * * *
Y analicemos ahora el Bloque
(B).
(1)
Los actos en
mi Voluntad son los actos más simples, y porque son simples se comunican a
todos. – Todo este
Bloque (B) trata del tópico de lo
que es simple. La palabra simple tiene muchas acepciones, pero en el sentido en
el que la utiliza el Señor, parece querer referirse a algo que no tiene
partes o componentes. No debemos confundir la palabra “simple” con la
palabra “único” o con la palabra “singular”. Una vez que
entendamos y aceptamos la definición
de simple, la situación se complica, porque no entendemos a que se refiere
cuando dice que “los Actos en
Su Voluntad son los actos más simples”.
Para comprender
un poco el contexto de Su Afirmación, podemos decir que los Actos en Su
Voluntad son simples, porque son producto de una Entidad que no tiene partes
o componentes. Ya Nos ha dicho y dirá que Su Voluntad es Luz y es Una, y es
Indivisible. También decimos que son simples, porque son producto de una
Voluntad Bilocada y Obrante en nosotros, que como es idéntica a la Suya, solo
puede producir actos simples, sin partes ni componentes. Son simples también,
porque cuando hacemos algo en Su Voluntad lo que hacemos es responder a una
Sugerencia y Gracia especificas al acto que Nos pide realizar, y aunque pueda
parecernos que el acto lo comienza Él y lo termina- mos nosotros, en realidad, para la Mente Divina
es un acto simple Suyo que se completa cuando nosotros lo hacemos.
(2) La luz del sol, porque es simple, es luz de todo ojo, pero el sol es
uno; un acto solo en mi Voluntad - Comienza el Señor a darnos la perspectiva Divina de lo que es simplicidad en el acto, que
nosotros hemos tratado de anunciar en el párrafo anterior.
Dice que la luz del sol es capaz de llegar a todos, porque también esa luz
del sol es un acto simple, “un
solo acto de Su Voluntad”.
Una vez que el sol comenzó a alumbrar nuestro sistema, ya no ha parado nunca de alumbrarnos. No
hay partes en
la luz del sol, no existen
continuaciones, es un solo acto que comenzó hace x años y no se ha detenido.
Entendamos esto bien. Lo que dice del sol, lo dice de cada uno de nosotros.
Nosotros podremos mirar a nuestra exis- tencia como una serie de etapas,
infancia, adolescencia, etc., y nuestras vidas como una serie de actos
intermitentes, pero para Dios, nuestras vidas individuales, aunque comenzaron
en un momento del tiempo dado, como es necesario ocurra con cada criatura,
nuestras vidas individuales, repetimos, son un acto simple, porque una vez
comenzadas, ya no tienen fin. Somos un Acto de Dios, y un Acto
Simple porque no tenemos partes o componentes.
Lo importante
de este proceso que llamamos vida humana, no es tanto lo que hacemos, ya que en
definitiva sólo ha- cemos lo que Él quiere que hagamos, lo importante es
comprender que cuando hacemos Su Voluntad, alineamos nuestro acto de vida simple con el Acto de Vida de
Él, que también es simple,
y en esta concordancia en la simplicidad podemos llegar a unirnos con
Él.
(3) un acto solo en mi Voluntad, como luz simplísima se difunde en cada
corazón, en cada obra, en to- dos, pero el acto es uno, - Todo lo que se hace en Su
Voluntad es universal; eso ya lo sabemos, pero no sabíamos la razón última por la que esto es así. Lo que
Nos sugiere que hagamos, es el
producto de Una Voluntad Simple, Indi- visible, y cuando realizamos lo que
Nos sugiere, lo que hacemos es completar lo que Él ha iniciado, pero como tam-
bién nosotros somos el resultado de un Acto simple de Su Voluntad, lo que
hacemos encaja perfectamente con lo que necesitamos encajar para que lleguemos
a ser la Unidad con Él, que Él siempre había pensado fuéramos. Un ejemplo
quizás ayude.
Nos regalan un
rompecabezas que tiene 300 componentes, pero no nos dan una muestra de cómo
debe lucir al final cuando lo armemos. El rompecabezas, ¿es uno, o son 300 piezas? En nuestra manera de pensar
anterior a estos
Escri- tos, hubiéramos dicho que el rompecabezas son 300 piececitas que
se convierten en una sola, cuando las 300 piezas se encajan correctamente.
Pero, bajo la perspectiva que ahora el Señor Nos da, el rompecabezas siempre ha sido uno, y las 300
piececitas hay que encajarlas correctamente, para que podamos ver el
rompecabezas original.
Así pues,
nuestras vidas individuales, no son el producto de un actuar sin sentido u
orientación, sino que son como el rompecabezas del ejemplo, vidas completas y
simples, porque cada vida está diseñada, pensada, y diseñada para que armonice
con las otras vidas, y nuestra actuación es necesaria, no para que Él vea el
rompecabezas, porque ya lo vio, sino para que nosotros veamos el
rompecabezas que Él había concebido.
Dicho todo esto
como preámbulo a Su Explicación de la Universalidad de los actos hechos en Su
Voluntad, añadamos algo más al preámbulo. Así decimos que siempre fuimos
diseñados para vivir en Su Voluntad, y que si dejamos de vivir
en Ella, por un corto tiempo, eso nada dice. Con todo esto entendido, decimos
ahora, que cada acto hecho en Su Vo- luntad, no solo sirve para que se complete
nuestro rompecabezas individual, y podamos vernos como Él ya Nos ha visto desde siempre, sino para que
comprendamos que al armar nuestro
rompecabezas individual, Él se sirve de nues- tros actos, para que
otros también puedan completar sus “rompecabezas de vida”, puesto que nada de
lo que hace- mos, lo hacemos para nosotros mismos con exclusividad, sino para
que sirva a otros a resolver sus propios rompeca- bezas. Y todo esto,
incomprensible en su magnitud, es, a su vez, un Acto Simple.
(4) mi mismo Ser, porque es simplísimo, es un acto solo, pero un acto que
contiene todo, - Llegamos al párrafo cumbre de este Bloque extraordinariamente complejo,
en el que Nos da Conocimientos sobre la Esencia Divi- na, que en realidad no
estamos preparados para recibir, y que si los recibimos, y algo entendemos, es
precisamente por esta Capacitación del don de Vivir en Su Voluntad, y la
Bilocación del Ser Divino en nosotros, para hacer que en- tendamos.
Todo, absolutamente todo, es un Acto Simple de Su Voluntad, y esto aplica
también el Ser Divino. La Existencia Divi- na, es pues un Acto Simplísimo. Esta
“redefinición” del Ser Divino como un Acto Simplísimo, implica que todo lo que
Dios es, diseña y realiza, es un “Acto Solo”, que
está “esperando” el “momento oportuno” para ser develado y com- pletado.
(5) no tiene pies pero es el paso de todos, no tiene ojos
pero es ojo y luz de todos, da vida a todo, pero sin esfuerzo, sin cansancio,
pero da el acto de obrar a todos, - Siguen las dificultades, pero ya se
van enten- diendo mejor. Si todo lo que nosotros podemos llegar a ser, está ya
encerrado en ese Acto Simplísimo, que es el Ser Divino, todo lo que hacemos es posible,
porque Él lo hace posible. Aunque
el Ser Divino no camina ni ve, sin embargo, puede hacer para que nosotros caminemos y veamos;
y todo esto dice el Señor, lo logra hacer “sin esfuerzo, sin can- sancio” alguno,
porque el “esfuerzo” y el “cansancio” ya lo tuvo, cuando diseñó lo que íbamos a
realizar.
(6) entonces, el alma en mi Voluntad se simplifica y junto Conmigo se
multiplica en todos, hace bien a todos. - Nuestra unidad con Él, ahora
entendemos, solo puede realizarse si comprendemos que hacemos lo mismo que Él
hace, y más importante aún, que
hemos sido diseñados para esta importante labor de ser una parte integral
de la vida de todos los otros. Entendamos que lo que se dice de mí,
se dice de cada uno, porque todos contribuimos a que los demás, logren realizar
lo que ellos deben realizar.
Aunque
incomprensible, aun después de explicado y “medio entendido”, esta es la
realidad de la universalidad. No es algo que debemos comprender porque es algo opcional,
porque es algo “bonito”, porque Le agradamos actuando a lo universal, no que
debemos comprender que la universalidad que Nos pide, es esencial a nuestro
ser, porque somos una parte integral de Su Acto Simplísimo, hemos sido diseñados como una parte integral del Ser Divino, y todo
para el Ser Divino, es un Acto Solo, un Acto Simplísimo, en el que no hay
partes ni componentes, sino un solo
acto que se está desenvolviendo, como se desenvuelve, y valga la expresión, una
alfombra en el piso.
(7) ¡Oh, si todos comprendieran
el valor inmenso de los actos,
aun los más pequeños
actos hechos en mi Voluntad, ningún
acto dejarían escapar! – Como de costumbre, Nuestro Señor se abaja
a nosotros para tratar de explicarnos y hacernos comprender, pero entendamos, si ya no
hemos entendido, que para Dios no hay actos peque- ños o grandes, sino que son los
actos que son, o sea los que están diseñados para que yo haga, y
nada es pequeño o grande en esta
cadena de actos por hacerse, porque sin los pequeños no se pueden hacer los
grandes, y los grandes necesitan ser seguidos por pequeños para que puedan
realizarse otros más grandes aun.
El valor de
cada acto es inmenso, es incomprensible a nuestra mente, porque no son actos
individuales, sino que son parte del rompecabezas de nuestro ejemplo,
piececitas que necesitan ser encajadas a las otras piececitas para que todo haga el sentido
que ya tiene en Dios. Es lógico que Dios quiera transmitirnos de alguna
manera, la importancia que cada uno tiene, y lo mucho que Le estorbamos cuando,
ahora que vivimos en Su Voluntad, no comprendemos esta realidad universal que
ha tratado de explicarnos.
Resumen del capítulo del 2 de Octubre de 1916: (Doctrinal) – Página 215 –
Esta mañana
recibí la comunión como Jesús me había enseñado, esto es, unida con su Humanidad,
Divinidad y Volun- tad suya, y Jesús
se hizo ver y yo lo besé y lo estreché a mi corazón, y Él devolviéndome el beso
y el abrazo, me dijo:
“¡Hija mía,
cómo estoy contento de que hayas venido a recibirme unida con mi Humanidad, mi
Divinidad y mi Volun- tad! Me has renovado todo el contento que sentí al
recibirme en comunión a Mí mismo, y mientras tú me besabas y me abrazabas,
estando en ti todo Yo mismo, contenías todas las criaturas, y Yo sentía darme
el beso de todas, los abrazos de todas, porque ésta era tu voluntad, igual que
fue la mía al recibirme en la comunión: rehacer al Padre por todo el amor de
las criaturas; y a
pesar de que muchos no lo amarían, el Padre se rehacía en Mí
del amor de todas las criaturas, y Yo me rehago en ti del amor de todas las
criaturas, y habiendo encontrado en mi Voluntad quien me ama, me repara,
etc., a nombre de todas, porque en mi Voluntad no hay cosa que
el alma no pueda darme, me siento amar
de las criaturas a pesar de que me ofendan, y voy inventando estratagemas de
amor en torno a los corazones más duros para convertirlos. Sólo por amor de
estas almas que hacen todo en mi Querer, Yo me siento como encadenado y raptado y les concedo los prodigios de
las más grandes conversiones”.
* * * * * * *
(1) ¡Hija mía, cómo estoy contento de que
hayas venido a recibirme unida con
mi Humanidad, mi Divini- dad y mi Voluntad! – Jesús Le ha enseñado a
Luisa, y a nosotros, como debemos comulgarle, y ahora que Luisa lo hace, Él le
hace ver Su Contento de que ella le esté haciendo el caso debido a Su
Sugerencia. Esta lección, al parecer sabida intelectualmente, debe convertirse
en una parte integral de nuestra vida diaria, o sea, saber que Él se regocija
cuando seguimos Sus Sugerencias, particularmente en estas aéreas tan
importantes como lo es la Recepción Eucarís- tica frecuente sino diaria.
De nuevo, es
una realidad el que cuando Le comulgamos estamos recibiendo a la totalidad de
Jesús, pero es realidad que necesitamos creer, y necesitamos comulgarle con el
respeto y conciencia de la magnitud de lo que hacemos, y de que lo estamos
haciendo, mientras vivimos en Su Voluntad, y todo esto no solo una vez, sino
cada vez que comulga- mos. Más aun, debemos hacerlo, sin aspavientos, sin
grandilocuencia fervorosa, basta solamente que queramos creer lo que Nos ha
dicho. Nuestros actos de fe, sino son actos de nuestra voluntad, no sirven.
La pregunta que necesitamos hacer ahora es la siguiente: ¿a quién se refiere Jesús,
cuando dice en este primer
párra- fo, “como estoy contento”?
¿Habla como Jesús hombre, o como Jesús Dios? La respuesta debe ser obvia para
todos. Habla de Jesús Dios.
(2) Me has renovado todo el contento que sentí al recibirme en comunión a
Mí mismo, y mientras tú me besabas y me abrazabas, estando en ti todo Yo mismo,
contenías todas las criaturas, y Yo sentía darme el beso de todas, los abrazos
de todas, -
Nos comunica una verdad, que al mismo tiempo debe servirnos para redoblar
nuestro esfuerzo de recibirle correctamente. Dice que también Él, en cuanto
Dios, se regocijó y se llenó de contento cuando Jesús en el Cenáculo, comulgó
al Jesús, que como Dios había creado, para encerrarse a sí mismo como hombre, y a Si Mismo en cuanto Dios. Al
Él comulgar a aquel Jesús creado en ese
instante, comulgaba a Dios, y de esa manera, un hombre, y después de Él, los
restantes hombres y mujeres de la historia, podrían recibir también a Dios,
porque Dios así lo quería. Todo esto, no porque lo “sepamos”, más o menos, o
porque lo hayamos discutido ampliamente en las clases, deja de ser una Verdad
dificilísima de explicar y de comprender. Talmente parece que ne- cesitamos
hablar en jeroglíficos. Una dualidad de Personas en una sola persona, en una
comunicación tan estrecha que es incomprensible a nosotros. Una de las
personas, Jesús, comunicándose con la otra, el Ser Divino, a través de actos
meramente humanos, y haciendo que la Otra, se regocijara con las acciones de la
Una. Pero aun esto debemos comprenderlo bien. Como ya sabemos por el volumen
16, no es solamente la Segunda Persona de la Santísima Trini- dad la que está
en Jesús, sino que en Él está, totalmente bilocado el Ser Divino, todos Sus
Componentes.
De cualquier
manera, explicado o no, esto mismo
sucede ahora con los que viven en Su Voluntad, y participan de este
mismo poder creativo, en cuanto a que podemos hacer todos nuestros actos, actos
Divinos, y porque podemos comu- nicárselos al Ser Divino, a través de nuestra
Voluntad Bilocada y Obrante, porque Ella misma ha replicado esos actos y los ha hecho perfectamente Divinos.
(3)
porque ésta
era tu voluntad, igual que fue la mía al recibirme en la comunión: rehacer al
Padre por todo el amor de las criaturas; y a pesar de que muchos no lo amarían,
el Padre se rehacía en Mí del
amor de todas las criaturas, - Enfatiza el
Señor que las “cosas” de las que Él habla suceden porque creamos en ellas, sino que suceden porque queremos
que sucedan. Igual pasa con Ellos. Las cosas solo suceden cuando el Ser Divino las “quiere”. En este párrafo, habla pues,
de uno de los Objetivos que quería conseguir, cuando instituyó la Eucaristía, y
se comulgó a Si Mismo. Dice que quería ”rehacer al Padre por todo el Amor
de las criaturas, y que las criaturas
no Le daban”. Dicho esto, entendamos, que Jesús, en cuanto hombre, podía
hacer todo esto, porque vivía en Su Volun- tad, y así ahora Luisa y nosotros
podemos hacer eso mismo, porque vivimos en Su Voluntad.
(4) y Yo me rehago en ti del amor de todas las criaturas, (que no Me dan),
y habiendo encontrado en mi Voluntad a
quien me ama, me repara,
etc., a nombre
de todas, porque
en mi Voluntad no hay cosa que el
alma no pueda darme, Me siento amar de las criaturas a pesar de que me ofendan,
- La
situación se ha complicado, porque el Señor dice, que así como el Padre,
recibió de Él, la satisfacción del amor no conseguido, así ahora Él, consigue
de Luisa y de nosotros, el Amor no conseguido. ¿Por qué hace esta distinción?
Bien pudiera haber dicho, que ahora debemos también nosotros resarcir
al Padre por el amor de todos, y sin embargo,
no habla del Padre y
habla de Sí Mismo. De nuevo, estos enigmas en Su Manera de hablar, son difíciles de descifrar, y
nuestra interpreta- ción se basa siempre en lo que ya conocemos.
Cuando Él
estaba en la tierra, Su Responsabilidad era la de reconciliar a Dios con el
hombre ofensor, y esto lo hizo y plenamente,
y sobre-abundantemente; y este Cumplimiento perfecto de Su Responsabilidad fue premiado, con la exal- tación de ese hombre Jesús, a
formar parte eternamente del Ser Divino, al
que tan bien había servido, y a
quien tanta gloria había dado.
Lo que decimos
a continuación, lo decimos con gran trepidación de corazón, porque puede ser
mal interpretado. Este concepto de
que un hombre sea exaltado y llegue a formar parte del Ser Divino, es como todo lo que estudiamos, una cuestión de grados. Ciertamente que
los griegos y los romanos en sus creencias religiosas, pensaban que esto era
perfectamente posible. Ciertamente
que esto pensaban de Hércules, que en la mitología griega, nació hombre, pero al final de su vida terrestre fue
exaltado y hecho otro Dios en el Olimpo. Entendamos. Mucho de lo que Dios
permite suceda, aun en las creencias religiosas a múltiples dioses, Dios lo
permite, porque esas creencias incorrectas pueden llegar a ayudar a esos otros,
a creer con más facilidad en estas Creencias nuestras que son las correctas. Y
si no, ¿Por qué Nuestra Señora se aparece como una mujer india y en estado de
embarazo a los aztecas? Pues porque con esa forma de Aparición, era mucho más fácil que los aztecas
se convirtieran, como lo hicieron, porque Nuestra Señora
venia a hacer realidad una profecía en
la que ellos creían. Dios se vale de todo, “estratagemas
amorosas” las llama, si con eso logra convencernos para que
vayamos al lugar que quiere llevarnos.
No nos extraña
el saber que cuando muramos y lleguemos al Cielo que hemos alcanzado por Sus
Esfuerzos y nuestra adhesión a Él, seremos parte del Ser Divino, veremos a Dios
tal cual es, y participaremos de Su Felicidad para siem- pre. No nos extraña cuando el Señor dice que Su Madre
es Divina por Gracia Suya, así como
Él es Divino por naturale- za. ¿Puede entonces extrañarnos, que la Humanidad
de Jesús fuera exaltada a la plenitud Divina, en virtud del cum- plimiento del
Contrato que como hombre había hecho con el Ser Divino? No debiera extrañarnos,
pero a veces lo pa- rece. ¿Cuántos son los que piensan que el Jesús Resucitado,
sigue siendo hombre, y ahora está sentado a la derecha del Padre, y que este
Jesús hombre es un Ser independiente del Ser Divino, pero al mismo tiempo es
una Parte inte- gral del Ser Divino del
que ahora forma parte inseparable, por
la Bilocación del Ser Divino en Él
y la exaltación total de Su Humanidad? No muchos lo
piensan de esta manera, pero debieran, y es precisamente parte de nuestro
“curricu- lum” de Enseñanzas en la Divina Voluntad, el que comprendamos esto a
la perfección.
(5) y voy inventando estratagemas de amor en torno a los corazones más
duros para convertirlos. – Co- mo resultado práctico de esto
que hacemos por Él, como Él
lo hacía por Su Padre, es que
Él ahora se siente motivado, como Su Padre, en su momento, se motivó, y se
“inventa” nuevas estratagemas de amor, para convencer y convertir a los corazones más duros.
Lo ha dicho en
otros capítulos anteriores, y lo dirá en los capítulos posteriores a este volumen
11. Los que vivimos en Su Voluntad, Le damos ocasión para que Él pueda ejercer
Su Misericordia con el resto de los hombres pecadores que no Le aman, y no
hacen, por tanto, Su Voluntad. Somos la razón de la existencia de todo, porque
en el análisis final que Sus Palabras provocan, todo lo creado se hizo para
utilidad de los hombres, pero hombres viviendo en Su Volun- tad, y si todas las
generaciones anteriores a Adán, disfrutaban de los Bienes de la Creación,
podían disfrutarlos, por- que eventualmente los hombres vivirían en Su Voluntad, y justificarían con su conducta a todas las generaciones ante- riores a ellos. Igualmente, todas
las generaciones después de Adán, usufrutuaron de los Bienes, porque
eventualmen- te Jesús y Su Madre Santísima vivirían en Su Voluntad, y
justificarían para todos, estos Regalos de Su Benevolencia. Y así ahora, todas
las generaciones posteriores a Jesús, usufrutuaron de los Bienes Divinos, es
porque Luisa y ahora nosotros justificamos todos estos regalos que los demás
disfrutaron sin merecerlos.
Ahora que ya
estamos terminando con este volumen 11, comprendemos que esta que acabamos de
explicar, es la Enseñanza más importante de todas, las que este volumen
presenta.
(6) Sólo por amor de estas almas que hacen todo en mi Querer, Yo me siento
como encadenado y rapta- do y les concedo los prodigios de las más grandes
conversiones. –
Existe una hermandad entre Jesús y los que
viven en Su Voluntad, que ahora estamos empezando a vislumbrar, y que debemos
atesorar. Si vivimos en Su Voluntad como Él vivió, todo se hace posible, porque
todo se ha hecho y se hace por nosotros. De nuevo, somos la justificación de Su
Actitud para con el resto de nuestros hermanos que desconocen de este regalo de
Su Voluntad, y de nosotros dependen las Gracias Extraordinarias de Conversión
en estos tiempos tan difíciles.
Resumen del capítulo del 13 de Octubre de 1916: (Doctrinal) – Página 216 -
Estaba haciendo
las horas de la Pasión,
y el bendito Jesús me dijo:
“Hija mía, en el
curso de mi Vida mortal, millones
y millones de ángeles cortejaban a mi
Humanidad y recogían todo lo que Yo hacía, los pasos, las obras, las palabras y aun los suspiros, las penas, las gotas de sangre, en suma, todo. Eran
ángeles destinados a mi custodia, a darme honor, obedientes a todas mis
señales, subían y bajaban del Cielo para llevar al Padre todo lo que Yo hacía.
Ahora estos ángeles tienen un oficio especial, y conforme el alma hace memoria
de mi Vida, de mi Pasión, de mi sangre, de mis llagas, de mis oraciones, se
ponen en torno a esta alma y recogen sus palabras, sus oraciones y condolencias
que me hacen, las lágrimas, los ofrecimientos, los unen con los míos y los lle-
van ante mi Majestad para renovarme la gloria de mi misma Vida, es tanta la
complacencia de los ángeles, que reve- rentes están en torno para oír lo que
dice el alma y rezan junto con ella, por eso con qué atención y respeto el alma
debe hacer estas horas, pensando que los ángeles están pendientes de sus
labios, para repetir junto a ella lo que ella dice”.
Luego ha agregado:
“Ante tantas amarguras
que las criaturas me dan, estas horas son
los pequeños sorbos dulces que las almas me dan,
pero ante tantos sorbos
amargos que recibo,
son demasiado pocos los dulces,
por eso, más difusión, más difusión”.
* * * * * * *
Si alguna vez Nuestro Señor hizo una
“promoción de ventas” por las
Horas de la Pasión, es esta. Tal es la belleza
de lo que dice ocurre, cuando
un alma lee las Horas de la Pasión, y forma y repite una vez más con palabras
lo que Le dic- tara a Luisa. Aunque no hay mucho que analizar, por lo claro que
Nos habla, vamos a desmenuzar Sus Palabras como de costumbre, para darles el
Realce y el Honor que merecen, y porque las Revelaciones que Nos hace sobre
detalles de Su Vida son siempre importantes.
(1)
Hija mía, en
el curso de mi Vida mortal, millones
y millones de ángeles cortejaban a
mi Humanidad y recogían todo lo que Yo hacía, los pasos, las obras, las
palabras y aun los suspiros, las penas, las gotas de sangre, en suma, todo. - Como
siempre, el Señor parece que exagera cuando habla de que “millones y
millo- nes de ángeles cortejaban Mi Humanidad”, pero una
vez que pensamos cual era la misión de cada uno de esos án- geles, comprendemos
que no exageraba en lo más mínimo.
Para el Señor,
y ya debiéramos saberlo bien, cada acto involuntario nuestro, como lo es cada
respiro, cada latido de corazón, cada pestañazo, etc., es un acto que podemos convertir
en voluntario, si decimos que lo hacemos, no porque no nos queda
más remedio hacerlo, sino porque Él quiere que lo hagamos, y nosotros queremos
lo que Él quiere; entonces, repetimos, son millones los actos que realizamos en el curso de nuestra vida mortal. Más aun, si ahondamos
más en esta Noticia, y la aplicamos al Señor, podemos comprender que cada uno
de Sus Actos en la tierra, tenía un valor incalculable que nosotros no podemos
llegar a comprender, entonces ¿por qué nos extraña que se necesitara un ángel
para transportar cada acto que Él realizaba?
La imaginación
aquí nos ayuda grandemente. Pudiéramos visualizar la situación diciendo que
había una larguísima fila de ángeles, todos ansiosos y todos honrados de que
los hubieran escogido para esta Misión tan importante, de reco- ger uno de los
actos del Señor. La Misión era tan importante, que aunque un ángel solo, hubiera
bastado para esta encomienda de atender al Señor, recoger Sus Actos y llevarlos
ante el Trono de la Santísima Trinidad, particularmente del Padre que
representaba a la Trinidad en el Contrato de Redención, Dios quiso que muchos
ángeles tuvieran este Honor de ser portadores de un acto del Dios Humanado.
Honor más grande no se Les podía dar, y estamos seguros, ya que el Señor
permite este desatino nuestro, de que muchos ángeles quedaron “disgustados” por
no haber podido ellos participar de esta Encomienda sublime.
Como detalle
curioso, y que de alguna manera puede ayudarnos a entender esto mejor, debemos
consignar que en tiempos de los Reyes de los siglos 16, 17 y 18,
particularmente de los Reyes franceses, había literalmente miles de cortesanos
que tenían “trabajitos” que hoy nos parecen ridículos, tales como ponerle la
zapatilla izquierda en el pie izquierdo del Rey, y otro cortesano que le traía
la zapatilla a ese que la ponía, así como otro estaba encargado de hacer las zapatillas. Había cortesanos
que ayudaban al Rey a montar su caballo, y, ¿para qué seguir? Había oficios
para cada una de las actividades del Rey, y por supuesto, otras tantas para la
Reina. Aunque pudiéramos pensar que esto era una vanidad inconcebible por parte de los Reyes,
lo cierto es que estas “costumbres”, la inventaron los Reyes,
para poder disfrutar de la compañía de esos amigos, y honrar de esta manera, a
aquellos que habían demostrado ser amigos del Rey, y con el “trabajito” que les
daban, justificaban tenerlos en la Corte, con el gasto enorme que aquello representaba.
(2)
Eran ángeles
destinados a mi custodia, a darme honor, obedientes a todas mis señales, subían
y ba- jaban del Cielo para llevar al Padre todo lo que Yo hacía. – Dice el
Señor que estos ángeles estaban “destina- dos a Mi Custodia”. Esta
Noticia que Nos da sobre los oficios particulares de los Ángeles, tampoco debe
extrañarnos. Sabemos que la particularidad de las Misiones Angélicas es real, y
que pudiéramos decir que Sus existencias se justifi- can en virtud de estas
Misiones que en algún “instante de tiempo” deben realizar. De estas Misiones
especiales sabe- mos algo, porque
conocemos bien la Misión del Arcángel Miguel, las de
Gabriel, las de Rafael, etc. Así conocemos aho- ra, que millones y millones de ángeles fueron creados para
que en el instante de tiempo necesario, vinieran a la tierra “para custodiar
a Jesús, darle honor, serle obedientes a todas Sus Señales”.
Lo más importante que hacían, sin embargo, era “llevar al Padre
todo lo que Yo hacía”. El Señor vivía en la Divina Voluntad, eso ya
lo sabemos por múltiples capítulos, particularmente en este volumen 11, y por
lo tanto, todos Sus Actos eran “transportados” al Padre en el Rio de Luz de Su Voluntad que fluía a través de Él, pero, por lo que aquí
dice, esta
“transportación” de Sus Actos la hacían los Ángeles también, no porque se
necesitara de esos ángeles para hacer esta labor, sino porque de esta manera,
Dios honraba a aquellas criaturas angélicas tan amadas por Él, y Les daba una
Labor digna de Sus Existencias.
(3) Ahora estos ángeles tienen un oficio especial, y conforme el alma hace
memoria de mi Vida, de mi Pasión, de
mi sangre, de mis llagas,
de mis oraciones, se ponen en torno a
esta alma y recogen sus pala-
bras, sus oraciones y condolencias que me hacen, las lágrimas, los
ofrecimientos, los unen con los míos y
los llevan ante mi Majestad para renovarme la gloria de mi misma Vida, - Continua con estas
Revelaciones tan intimas y tan bellas
diciéndonos, que esos Mismos
Ángeles tienen ahora el oficio especial de llevarle a
Él, la repeti- ción que hacemos de
aquellos actos que Él hacía.
Todo esto que
aquí el Señor anuncia
ha sido discutido ampliamente en las clases por otros motivos. El Señor ha queri- do utilizar la consignación escrita de Su Vida, de todos
Sus Actos, para recibir de nosotros la Gloria que liberamos cuando las leemos,
y cada vez que las leemos. Por un lado, siempre hay alguna criatura que renace
a esta Vida en Su Voluntad, y comienza a leer las Horas de la Pasión, y comienza a repetir lo que Él dijo, y comienza a entender la mag- nitud de lo que hizo, y de esa manera, Él recibe la Gloria
de que una nueva criatura
Le conozca, y comparta con Él, Su Labor entre nosotros. Por otro lado,
son también muchos los que ya están viviendo en Su Voluntad, y continúan le-
yendo estas Horas de la Pasión, no por obligación, sino porque comprenden que
siempre entienden un poco más, siempre pueden dar una Gloria renovada, una
Bendición más profunda, a un Dios
que tanto Les ha amado y Les ama.
Pues bien,
debemos saber que cada vez que leemos, cada vez que meditamos, cada vez que nos
acordamos de Su Pasión, por cualquier medio y manera en que lo hagamos, hay
esos mismos malles, millones de ángeles, recogiendo cada una de nuestras
palabras, nuestros pensamientos, nuestros actos de compañía, de
compadecimiento, de repara- ción, pero siempre y cuando, libre e
informadamente, querramos unir los nuestros a los de Él.
Ya hemos leído en el capítulo
del 10 de Agosto de 1916, de este
mismo volumen, cómo es que debemos “hacer correr nuestras penas en Su Voluntad para
unirnos a las de Él”. Todo lo que hizo Nuestro Señor está siempre
“en acto” de hacerse, por lo que esta Labor angélica nunca se ha detenido, y
siempre y en todo momento, estos Ángeles portan y vuelven a portar Sus Actos,
en esta continua Redención Suya. Lo que sucede nuevo ahora, es que al nosotros
entrar en esta Dimensión de Su Voluntad, porque Nos ha concedido vivir en Ella,
nuestra actuación que recuerda Su Vida, es digna también de ser transportada
por esos mismos Ángeles.
(4) Es tanta la complacencia de los ángeles, que reverentes
están en torno para oír lo que dice el alma y rezan junto con ella, por eso con
qué atención y respeto el alma debe hacer estas horas, pensando que los ángeles
están pendientes de sus labios, para repetir junto a ella lo que ella dice. – El énfasis
del Señor está en impartirnos este sentido o sensación de éxtasis en que están
todos los ángeles, a la expectativa de nuestros actos relacionados con las
Horas de la Pasión. Una de las lecciones más imperecederas de todas las que
estamos aprendiendo debe ser esta. Nos recuerda las Palabras proferidas por el
Papa, no recordamos su nombre, cuando San Aníbal le presentó el libro de las
Horas de la Pasión que acababa de publicar, y ambos empezaron a leerlo. Dice
San Aníbal que el Papa Le dijo: “Aníbal, tenemos que arrodillarnos, que está
hablando el Señor”. No creemos que esta misma disposición de ánimo sea posible
en nosotros, ojalá lo fuera, pero no creemos que el Señor necesite de esta
disposición externa, pero si requiere de nosotros “atención y
respeto”, como lo requiere de los Ángeles que están a la expectativa de nuestras repeticiones.
(5) Ante tantas amarguras que las
criaturas me dan, estas horas son los
pequeños sorbos dulces que las almas
me dan, pero ante tantos sorbos amargos que recibo, son demasiado pocos los
dulces, por eso, más difusión, más difusión. – El Señor se queja de que
estos “pequeños sorbos dulces que las almas Me dan” son muy pocos, aun de
nosotros mismos que debiéramos saber lo importante que es, el que las leamos
diariamente. Mu- cho más, por supuesto, de aquellas almas cristianas que desconocen que estas Horas de la Pasión de Luisa existen.
Es obvio que cualquiera puede meditar las Horas de la Pasión, por los
medios convencionales que estaban a nuestra dis- posición, pero es necesario
reconocer que, tristemente, la lectura y meditación de la Pasión del Señor ha
estado rele- gada a la época de la Cuaresma, y como que solo en esa esta época
debe recordarse.
Resumen del capítulo del 20 de Octubre de 1916: (Doctrinal) – Página 218 -
Estaba fundiéndome en la Divina Voluntad y me vino
el pensamiento de encomendar
especialmente a varias
personas, y el bendito Jesús me ha dicho:
(A) “Hija mía, la
particularización va ya de por sí misma, a pesar de que no se ponga ninguna
intención. En el orden de la gracia sucede como en el orden natural: El sol da
luz a todos, sin embargo no todos gozan los mismos efectos, pero esto no es por
parte del sol, sino por parte de las criaturas; una persona se sirve de la luz
del sol para trabajar, para
ingeniarse, para aprender, para apreciar las cosas, ésta se hace rica, se
constituye y no va mendigando el pan a los demás; otra persona
se está ociosa, no quiere ocuparse en nada, la luz del sol
la inunda por todos lados, pero para ella es
inútil, no quiere hacer nada, ésta es pobre, enfermiza, porque el ocio produce
muchos males, físicos y morales, y si siente hambre tiene necesidad de mendigar
el pan a los demás. Ahora, de éstas dos, y la causa de su diferente estado,
¿será tal vez el sol? O bien ¿qué a una da más luz y a la otra menos?
Ciertamente que no, la única diferencia está en que una se aprovecha en modo
especial de la luz y la otra no. Ahora, así en el orden de la gracia, la cual
más que luz inunda las almas, y
ahora se hace toda voz para llamarlas, voz
para instruirlas, para corregirlas, ahora se hace fuego y les quema las cosas
de acá abajo, y con sus llamas les pone en fuga a las criaturas los placeres;
con sus quemaduras forma los dolores, las cruces para dar al alma la forma de
la santidad que quiere de ella; y ahora se hace agua y la purifica, la
embellece y la llena toda de gracia; ¿pero quiénes son los que están atentos
para recibir todos estos flujos de gracias, quiénes son los que aceptan? ¡Ah,
demasiado pocos! Y luego se atreven a decir que a unos doy la gracia para hacerse santos y a otros no, casi como
queriendo echarme la culpa, y se contentan con llevar una vida ociosa, como si
la luz de la gracia no estuviera para ellos”.
Luego agregó:
(B) “Hija mía, Yo amo tanto a la
criatura, que Yo mismo me pongo como centinela de cada corazón para vigilarlo,
para defenderlo y trabajar con mis mismas manos su propia santificación. ¿Pero
a cuántas amarguras no me sujeto? Unos me rechazan, otros no me atienden y me
desprecian, otros se lamentan de mi vigilancia, otros me cierran las puertas en
la cara haciendo inútil mi trabajo, y no sólo me pongo Yo a hacerla de
centinela, sino que también para esto elijo a las almas que viven en mi Querer,
porque encontrándose en todo Yo, las pongo junto Conmigo como se- gundo
centinela en cada corazón, y estas segundas centinelas me consuelan, me
corresponden por cada uno y me hacen compañía
en la soledad a la que me obligan muchos
corazones, y me obligan a no dejarlos. ¡Gracia más grande no podría dar a las criaturas, que darles a estas almas
que viven de mi Querer, que son el portento de los portentos!”
* * * * * * *
Analicemos el Bloque (A).
(1)
Hija mía, la
particularización va ya de por sí
misma, a pesar de que no se ponga
ninguna intención. – Jesús Le explica a Luisa, que viviendo en Su Voluntad, el alma al rezar
no debe particularizar a nadie, porque no hace falta. ¿Por qué dice esto el
Señor? Porque para el Señor, cuando un alma vive en Su Voluntad, Él siempre interpreta
que el alma reza universalmente, porque sabe que debe rezar universalmente.
Esto ocurre automáticamente, aunque el alma no esté consciente en todo momento,
de que esa es la forma en que reza.
Dicho de otra
manera. Si por ejemplo, Luisa hubiera querido pedir por alguna gracia o favor
para esas personas, no hubiera tenido que mencionarlas a ellas, sino que debía
concentrarse en pedir universalmente por esa gracia o favor; y de esta manera, aquellas personas la
hubieran recibido. Así pues resulta, que no solo lo reciben esas personas en
específico, sino que lo reciben todos los que la necesitan.
En realidad, si
pedimos como Jesús Nos instruye, estamos acostumbrándonos a dejar de
preocuparnos limitadamente por las personas que nos interesan personalmente, y
no por los intereses de Él que siempre son universales. Así era como Él oraba a
Su Padre cuando estaba entre nosotros.
(2) En el orden de la gracia sucede
como en el orden natural: El sol da
luz a todos, sin embargo no todos
gozan los mismos efectos, pero esto no es por parte del sol, sino por parte de
las criaturas; - La Divina Voluntad es como el sol, que cubre a todos universalmente,
nadie queda excluido. Lo que hace posible que se reciban estos Beneficios por
todos aquellos a quienes llegan, es la disposición que cada uno tenga para
recibirlos y acogerlos; por eso, algunos
que están atentos, o sea, en comunicación con Dios, reciben,
y otros que están distraídos, o sea, que
no están en comunicación con Dios, no reciben.
El grado de atención que la criatura tenga respecto de Dios, es la
medida en la que recibe los Beneficios que se están esparciendo.
Dicho de otra
manera. En la medida que la criatura Le preste atención, así en esa misma
medida recibirá esos Benefi- cios universales, esas Gracias, que Él esparce
continuamente. La ley de la compensación, funciona a todos los niveles.
Un ejemplo
quizás ayude. Un gran rico se asoma al balcón de su casa, y comienza a esparcir
monedas de oro a los que estén en la
calle. Es lógico concluir que los que están más cerca del balcón, reciben más
monedas que los que están lejos, y por ende, distraídos. Los que están cerca de
la casa del rico, porque les gusta estar cerca y admiran la casa del rico,
tienen más derecho a recibir que los que están alejados del balcón porque no
aprecian al rico.
(3) una persona se sirve de la luz del sol para trabajar, para
ingeniarse, para aprender, para apreciar las cosas, ésta se hace rica, se
constituye y no va mendigando el pan a los demás; otra persona se está ociosa,
no quiere ocuparse en nada, la luz del sol la inunda por todos lados, pero para
ella es inútil, no quiere hacer nada, ésta es pobre, enfermiza, porque el ocio
produce muchos males, físicos y morales, y si
siente hambre tiene necesidad de mendigar el pan a los demás. – Una persona trata de buscar
a Dios, de seguir Sus Mandamientos, se esfuerza, día a día, por cumplir con sus
deberes; esa persona recibe Gracias, día a día, constantemente, porque está
atenta y es fiel a lo que Dios quiere de ella, y reconoce y agradece lo que recibe.
La otra persona hace todo lo contrario; no se esfuerza, no va en busca de
trabajo o de Dios, no hace las diligencias para trabajar, en fin, como dice
Jesús “se
está ociosa”. Esto trae como consecuencia un deterioro constante de
su salud física y espiritual. Día a día se siente más débil y enfermiza, y
acaba por tener que “mendigar el pan a los de- más”;
es decir, depender de la ayuda de los demás para poder subsistir.
(4) Ahora, de éstas dos, y la
causa de su diferente estado, ¿será tal
vez el sol? O bien
¿qué a una da más luz y a la otra menos? Ciertamente
que no, la única diferencia está en que una se aprovecha en modo especial de la luz y la otra no. – Ahora aquí, Jesús declara
inequívocamente, quien es el culpable de esta situación que puede observarse
día a día. ¿Es el sol que es injusto, que alumbra a unas y a otras no? No, no
es injusto. El sol da luz a todos por
igual, da la misma oportunidad, la única diferencia, es que algunas aprovechan al máximo la luz del sol, y las otras no.
(5) Ahora, así en el orden de la gracia, la cual más que luz inunda las
almas, y ahora se hace toda voz para llamarlas, voz para instruirlas, para
corregirlas, ahora se hace fuego y les quema las cosas de acá abajo, y con sus llamas les pone en fuga
a las criaturas los placeres; con sus
quemaduras forma los dolo-
res, las cruces para dar al alma la forma de la santidad que quiere de ella; y
ahora se hace agua y la pu- rifica, la embellece y la llena toda de gracia; - Lo que sucede en el orden natural, así también
sucede en el or- den de la Gracia. No es el primer capítulo en que Nos habla
sobre Su Gracia, y como esto que ha creado y con la que Nos manifiesta y
transmite Su Infinito Amor, Nos rodea a todos, sin excepción, como lo hace la
luz del sol. Multiforme como lo es Su Amor, Su Gracia toma todas las “figuras”
y “funciones” posibles, para que la acojamos en nuestras per- sonas, y nos
beneficiemos de los Beneficios que porta. Así dice que, a través de esta
Gracia, Nos inunda, Nos llama, Nos instruye, Nos corrige, quema nuestras
pasiones y deseos terrenos, y ahuyenta nuestros placeres incorrectos, for- ma
dolores, y se hace cruz para santificarnos, y agua para purificarnos y
embellecernos.
Todo esto que
dice ocurre al influjo de Su Gracia, ocurre para todos, pero los que viven en
Su Voluntad reciben Su Gracia para embellecer aun más la vida de Su Voluntad
que han encerrado en sí mismos.
(6) ¿pero quiénes son los que están atentos para recibir todos estos flujos
de gracias, quiénes son los que aceptan? ¡Ah, demasiado pocos! - Una vez que hemos
comprendido que Su Gracia, Nos Capacita para vivir ambas vidas, la natural y
la sobrenatural en Su Voluntad, también
comprendemos que no porque vivimos
en Su Volun- tad, vivimos con la plenitud por Él deseada. El Señor dedica
capítulos a los varios niveles
de santidad que existen en la
vida en Su Voluntad, como hay niveles de santidad en la vida natural virtuosa
cristiana. Lo que sí es igual para ambas vidas, es que la mayor o menor
santidad viene por nuestra apertura a lo que hace posible esta santificación.
En la vida
natural virtuosa cristiana Su Gracia se concentra en proveernos los elementos
básicos para nuestra salva- ción, en función de Su Palabra Evangélica, los
Sacramentos, y la custodia de Nuestra Santa Madre Iglesia con la que Nos
incorporamos a Su Redención. De todo esto podemos aprovecharnos al máximo o
podemos desperdiciarlo.
En la vida en
Su Voluntad, Su Gracia se concentra en proveernos los elementos básicos para
que desarrollemos este Cuerpo de Luz que Nos ha entregado, en función de estos Escritos,
y la práctica de aquello
que hemos aprendido
y
con lo que
colaboramos a la venida del Reino del Fiat Supremo en la tierra como en el
Cielo. De todo esto, también podemos aprovecharlo al máximo, o desperdiciar las
oportunidades que Su Gracia Nos brinda.
Dicho todo
esto, debemos dejar consignado, muy brevemente, que no porque no aprovechemos
todas las oportunida- des de ser mas santos en la vida natural virtuosa
cristiana, o en la vida sobrenatural de Su Voluntad, dejamos de ser cristianos,
o dejamos de vivir en Su Voluntad.
(7)
Y luego se atreven a decir
que a unos doy la gracia para hacerse santos y a otros no, casi como que-
riendo echarme la culpa, y se contentan con llevar una vida ociosa, como si la
luz de la gracia no estu- viera para ellos. – Vuelve a lamentarse Jesús de
lo que sucede cuando desaprovechamos la Gracia que Nos rodea, pero esta vez Su
Disgusto se concentra en las acusaciones que hacemos, sea consciente o
inconscientemente, de que El tiene la culpa de que no seamos más santos, Le
acusan de ser parcial a algunos, pero no miran a su interior para descubrir en
donde radica la culpa de lo que nos sucede.
El Señor
atribuye todo esto a que vivimos ociosamente, o por lo menos, tendemos a la
vagancia. Comoquiera que Su Benevolencia Nos da gratuitamente, sin que tengamos
que esforzarnos, un porcentaje grandísimo de nuestras necesi- dades, pensamos
incorrectamente, que debiéramos recibir más, debiéramos recibir todo lo que
necesitamos sin hacer nada, o mejor dicho, con solo pedirlo. Esto no es
posible, ni sucederá. Dios no discrimina, pero los Premios y Recom- pensas
grandes, tienen que estar reservados para aquellos que quieren trabajar y
trabajan para recibirlas. No existe fatalismo; Dios no determina de antemano lo
que cada uno va a recibir, sino que todos reciben según trabajan y se esfuerzan
por aprovechar lo que a Manos Llenas Nos da diariamente.
* * * * * * *
Y analicemos el Bloque (B).
(1)
Hija mía, Yo
amo tanto a la criatura, que Yo mismo me pongo como centinela de cada corazón
para vigilarlo, para defenderlo y trabajar con mis mismas manos su propia
santificación. ¿Pero a cuántas amarguras no me sujeto? – Una vez
que ha hablado sobre cómo Su Gracia Nos rodea, dice ahora, que también Él está
atento a cada uno de nosotros, y, “Nos rodea” de manera
tal, que se “pone como
centinela de cada corazón”, y Nos
vigila, Nos defiende, y trabaja para santificarnos. Dice además, que a cuantas
amarguras no está sujeto en esta labor que, por supuesto, hasta ahora todos
desconocíamos, y que seguirá siendo desconocida por la mayoría de los cristianos.
(2) Unos me rechazan, otros no me atienden y me desprecian, otros se
lamentan de mi vigilancia, otros me cierran
las puertas en la cara haciendo inútil mi trabajo, - este párrafo requiere que nos preguntemos: ¿Es necesario que Nuestro Señor realice este
trabajo que se ha auto-impuesto de ser centinela de cada alma? Para res-
ponder, debemos hablar sobre lo que significa ser centinela. El centinela es
necesario cuando existe un enemigo que puede atacar una ciudad, una fortaleza,
un reino, y los habitantes no quieren que se les agarre desprevenidos. Así
pues, la labor principal de Él como centinela, es la de vigilar y defendernos
contra posibles ataques exteriores al hom- bre, fundamentalmente de parte del
diablo y sus secuaces, particularmente lo que denominamos el “mundo” exterior
con sus tentaciones.
Sabemos que
nuestra conciencia moral nos previene cuando nos enfrentamos a una tentación
fuerte, para que la re- conozcamos y la rechacemos, pero, ¿será que esta
conciencia moral no existe como tal, sino que es un “disfraz” de Nuestro Señor,
que es el que Nos está ayudando y realizando esta Labor
preventiva? Por lo que parece, Él es en efec- to el que Nos protege, defiende
y advierte de posibles ofensas, y que eso de la conciencia era una manera de
hablar, porque no sabíamos la verdad.
Pero, no termina ahí Su “Oficio” de centinela, porque dice que Nos ayuda
también a santificarnos con “Sus Propias Manos”.
La creciente santificación que las almas experimentan en la vida virtuosa
cristina, viene a estar ayudada directamente
por Él que asume este trabajo personalmente. Ahora entendemos pues, que la santificación, ya sea en la vida virtuosa cristiana o ahora en
la vida en Su Voluntad, no es un proceso impersonal, misterioso, sino que como todo lo demás que sucede en nuestras
vidas, es un proceso que Él inicia, promueve y en el que participa activamente,
paso a paso.
(3) y no sólo me pongo Yo a hacerla de centinela, sino que también para
esto elijo a las almas que viven en mi Querer, porque encontrándose en todo Yo,
las pongo junto Conmigo como segundo centinela en cada corazón, - Las implicaciones de este párrafo son grandes y
extraordinarias, pero perfectamente compatibles con todo lo que Nos ha
manifestado en este Volumen 11, sobre el papel que juegan las almas que viven
en Su Volun- tad en todo el quehacer humano.
En este párrafo habla de que “Nos elige como segundos
centinelas de cada corazón”. Entendamos bien esto. No es ya opcional para nosotros, los que vivimos en Su Voluntad, el abogar, el pedir,
el reparar, por nuestros
hermanos, sino que debemos
visualizarnos ahora como centinelas de todos y cada uno de ellos;
debemos estar más atentos que nun- ca
a defenderlos y vigilarlos de esos enemigos que constantemente les están
alrededor para destruir lo que Dios tra- baja a través de Él Mismo, Sus
Ministros y Su Iglesia.
Así pues,
nuestra labor es la instruir, ayudar, prever, y santificar a cada uno de
nuestros hermanos, en la medida que esto nos es posible.
(4) Y estas segundas centinelas me consuelan, me corresponden por cada uno
y me hacen compañía en la soledad a la que me obligan muchos corazones, y me obligan a no dejarlos. – Si alguna
vez hemos obser- vado en películas o
sido nosotros centinelas, sabemos que rara vez, por no decir nunca, a un
centinela se le deja solo en su puesto avanzado, por muchas razones, pero en
particular para que pueda dormir mientras el otro monta guar- dia. En esa labor
solitaria en la que por lo menos dos centinelas comparten sus labores, surge
una camaradería y una unión solida, una amistad profunda, porque ambos
centinelas no solo cuidan a otros, sino que se cuidan a sí mismos, y se cuentan historias, se hacen bromas, y
se ayudan en toda esta labor bastante difícil e ingrata.
Ese “papel” que
el Señor Nos dice tenemos los que vivimos en Su Voluntad, es de extrema
importancia para todos nosotros, porque es un trabajo de confianza, es un
timbre de honor para nosotros, y regalo especial para los que cui- damos, como
leeremos en el próximo párrafo. Observemos que dice, que aunque a veces Él
quisiera abandonar el puesto de centinela por los muchos agravios que recibe,
los que viven en Su Voluntad y son centinelas como Él, Le hacen cambiar de
opinión, y por nosotros, continua la labor ingrata de ser Centinela de cada
criatura.
(5)
¡Gracia más
grande no podría dar a las criaturas, que darles a estas almas que viven de mí
Querer, que son el portento de los portentos! – Dice que
Gracia más grande no podría darle a las criaturas, que darnos a nosotros, los
que vivimos en Su Voluntad, como centinelas de todos ellos, porque “somos el
portento de los porten- tos”. De esta frase inconcebible
hablaremos un poco al final del análisis de este Bloque.
Ahora que hemos
terminado con el análisis del Bloque (B),
debemos detenernos unos momentos adicionales para reflexionar sobre todo esto,
y tratar de comprender mejor lo que anuncia.
Si partimos de
la premisa de que nada de lo que el Señor dice en estos Escritos lo dice por
decir cosas bonitas, o para hacernos sentir bien, entonces, tenemos que
concluir que esto que dice sobre el ser centinela de las otras almas que no
viven en Su Voluntad, es algo bien serio e importante. Como siempre hace,
parece decir que ya sabíamos que es- tábamos haciendo de centinelas, y que Él
simplemente está comentando sobre algo conocido; pero la realidad es que no lo
sabíamos, y más aun, ni siquiera hubiéramos podido imaginar que Nos había hecho
centinelas de los demás.
Pero la pregunta sigue
en los labios de cada uno
de los lectores, ¿Cómo puedo yo ser centinela? ¿En qué consiste
este trabajo? Pensamos, y ofrecemos esto como una interpretación de Sus
Palabras.
Cuando comienzo
a vivir en Su Voluntad, soy, y tengo entre otras labores, la de ser
el “guardián” de mi hermano en la
Fe, puesto que tengo que defenderlo, protegerlo, y ayudarlo a su santificación.
No es un título honorario, como lo es el
de esos Caballeros Católicos que se visten a la antigua y desfilan y cuidan en
las Procesiones de las estatuas de Nuestra Señora o de Jesús, sino un titulo
que conlleva verdaderas responsabilidades y trabajos. Somos centinelas, porque
ahora estamos conscientes de que lo somos, y por tanto, con nuestra intención,
y a veces con nuestras accio- nes, debemos realizar la labor que Él hace con nuestros
hermanos, según se nos presente la ocasión, o según Nos llegue Su Sugerencia de
que lo seamos. Aunque Él es centinela, también Él es, el único que puede
proteger realmen- te, al hermano que estamos custodiando, y cuando nosotros
damos la “voz de alarma”, Él se responsabiliza más que nunca para cuidar,
defender y proteger a ese hermano o hermana en peligro de ser avasallada por el
enemigo. Dicho esto entendamos, que Él espera que nosotros seamos también “voz
de alarma”. Cierto que esto suena como una in- tercesión mas, pero no lo es. Antes yo podía interceder, y quizás el Señor Me oyera, y quizás no, pero ahora que sé
que soy
Centinela de mi hermano o hermana, la situación cambia drásticamente. Ahora
dice, que cuando yo intercedo como centinela, Él siempre Me oye, porque al
oírnos a nosotros pedir por ese hermano o hermana, Él se oye a Si Mis- mo, y Él
siempre se oye a Si Mismo.
Debemos creer
con firmeza que esta intercesión nuestra, intercesión de centinela en la Divina
Voluntad, siempre va a ser atendida por Él, porque ¿para qué hacernos
centinelas, si después va a ignorar nuestras voces de peligro relativos a
un hermano o hermana nuestra en peligro?
Dijimos que
comentaríamos al final un poco más sobre esto de ser “portento de los
portentos”. Un portento es algo que ocurre y que es fuera de lo
ordinario, y provoca admiración en los que lo contemplan. Para todas las
criaturas angélicas y bienaventuradas, que son las que pueden vernos,
revestidos de Luz, con este Cuerpo de Luz que Nos ha sobre-impuesto, somos
una ocurrencia portentosa, algo que por mucho
que ya han visto
en estos años desde
la muer- te de Luisa, sigue
resultándoles portentoso. Ahora bien, al portento original que constituye el
concedernos el Don en préstamo en los primeros momentos
de nuestra incorporación a Su Voluntad, suceden portentos adicionales, y esto de ser Centinela de los demás seres
humanos, es un portento dentro del portento original.
Resumen del capítulo del 30 de Octubre de 1916: (De diario) – Página 220 -
Estaba
lamentándome con mí siempre amable Jesús, que en estos días pasados apenas por
unos instantes venía, es más, en cuanto yo advertía su sombra, Él huía. Y el
bendito Jesús me ha dicho:
“Hija mía, qué
pronto olvidas la causa por la que en estos días no vengo tanto y huyo de ti,
no es más que para que los castigos aprieten.
Las cosas empeorarán siempre más, ¡ah, el hombre
ha llegado a tal perversidad que para rendir- lo no basta con tocarle la piel,
sino que parece que me quiere hacer llegar a pulverizarlo! Por eso una nación invadirá a la otra y se herirán, la sangre correrá en los países como
agua, es más, en ciertas naciones se harán enemigos de ellos mismos y se
destruirán, se matarán, harán cosas de locos. ¡Ah, cuánto me duele el hombre!
Yo lo lloro”.
Ante el decir de Jesús he roto en llanto y le rogaba para que perdonara a la pobre Italia, pero Jesús me respondió:
“Italia,
Italia, ¡ah, si tú supieras cuánto de mal está preparando! ¡Cuántas conjuras
contra mi Iglesia! No le basta con la sangre que está derramando en batalla,
sino que está sedienta de más sangre, y quiere la sangre de mis hijos, la
sangre de los sacerdotes, se quiere manchar de tales delitos
en tal forma que se atraerá
la venganza del Cielo y de las demás naciones”.
Yo quedé
aterrorizada y temiendo
mucho, pero espero que el Señor se aplaque.
* * * * * * *
Como de
costumbre no hacemos comentarios sobre estos capítulos relacionados con los
castigos que sobrevienen a Italia por sus pecados, en virtud de la primera
guerra mundial.
Resumen del capítulo del 16 de Noviembre de 1916: (Doctrinal) – Página 221 -
Me estaba lamentando con mi dulce Jesús porque no me amaba como antes, y Él, todo bondad, me ha dicho:
(A) “Hija mía, no amar a quien
me ama me es imposible, es más, me siento tan atraído hacia ella, que al más
peque- ño acto de amor que me hace, Yo le respondo con amor triplicado y pongo
en su corazón una vena divina que le su- ministra ciencia divina, santidad y
virtud divina, y por cuanto más el alma me ama, tanto más esta vena divina
surge, e irrigando todas las
potencias del alma se difunde para bien de las demás criaturas. Esta vena la he
puesto en ti, y cuando te falte mi presencia y no oigas mi voz, esta vena
suplirá a todo y te será voz para ti y para las demás criatu- ras”.
Otro día estaba, según mi costumbre, fundiéndome toda en la Voluntad
del bendito Jesús,
y Él me ha dicho:
(B) “Hija mía, por cuanto más te fundes
en Mí, tanto más Yo me fundo en ti, así que el
alma su paraíso se lo forma en la tierra según se ha llenado de
pensamientos santos, de afectos, de deseos, de palabras, de obras, de pasos
santos, así va formando
su paraíso. A un pensamiento santo de más, a una palabra, corresponderá un contento de más y
tantas variedades de belleza, de
contentos y de gloria por cuanto
bien de más habrá hecho. ¿Y cuál no será
la sorpre- sa del alma cuando rota la cárcel del cuerpo se encuentre en el
océano de tantos placeres, felicidad, luz, belleza, por cuanto de bien hizo,
aunque haya sido un solo pensamiento?”
* * * * * * *
Aunque escrito
en el mismo día, por lo que dice Luisa, las Enseñanzas del Señor narradas aquí,
ocurrieron en dos oportunidades distintas, y Luisa las separa en dos Bloques.
Comencemos con el análisis
del Bloque (A).
(1) Hija mía, no amar a quien me ama me es imposible, es más, me siento tan
atraído hacia ella, que al más pequeño acto de amor que me hace, Yo le respondo
con amor triplicado y pongo en su corazón una vena divina que le suministra
ciencia divina, santidad y virtud divina, -
Como de
costumbre el Señor define en el medio del párrafo, que cosa es esta de amarle;
Sus Palabras nos llevan a concluir que necesitamos expresarle nuestro Amor en
una forma física, con besos y caricias, con halagos y actos virtuosos, y todo
esto en efecto Le expre- sa nuestro amor, pero no por lo que hacemos en
particular, sino porque cada una de esas expresiones de amor, es la respuesta
correcta a Su Sugerencia Amorosa de ese instante. Si lo decimos de otra manera
quizás se entienda mejor. El que no conoce de estas Verdades Divinas sobre lo
que es el Amor, puede pensar que solo Le amamos cuando ha- cemos un acto
amoroso, tal como bendecirlo, besarle, abrazarle, etc., pero no lo hacemos
cuando, por ejemplo, nos alimentamos, o respiramos, o trabajamos, etc. Como la
naturaleza de estos actos mencionados, no es amorosa en sí misma, concluimos
que no estamos “amándole”.
Pero, los que estudian
activamente estos Escritos
saben, que expresamos Amor, Le damos Amor, y nuestros actos son considerados como actos amorosos, siempre y cuando lo que
hagamos responda a una Sugerencia Amorosa Suya, porque toda Sugerencia Amorosa
Suya es un Acto de Amor Suyo, un Acto de Dios, un Fiat que debe pronunciar para
darnos la oportunidad de que Le obedezcamos, y de esa manera podamos completar
ese Acto de Amor que Él ha iniciado.
Todo acto
Suyo es un Acto de Amor, porque es a través del Amor Divino, que ese Acto
formado en la Mente Divina, y hecho realidad por el Amor Divino, llega a
nosotros, y podemos acogerlo y realizarlo.
El Amor Divino
es el Actor principal del Fiat expresado, y que va a ser comunicado a nosotros.
La incomprensible grandeza de una Sugerencia Amorosa, se nos escapa, pero no
puede escapársenos, por incomprensión, lo que Dios quiera realizar con
nosotros. Dios se comunica con nosotros a través de estas Sugerencias, se digna
hablar con noso- tros de lo que Él quiera hablarnos, y es nuestra obligación,
escuchar lo que dice y completar Sus Deseos. Entonces, y solo entonces, Le
amamos, porque hemos entrado a participar con, y a completar este Fiat
Omnipotente que el Amor Divino está ejecutando.
Siempre
es importante que Nos diga, cual es nuestra recompensa por haberle obedecido y
acogido Su Sugerencia Amorosa. Dice que “pongo en su
corazón una vena divina que le suministra ciencia divina, santidad y virtud
divi- na”. ¿Habla el
Señor alegóricamente? Nunca pensamos que lo hace en estos Escritos, a menos
que específicamente Él diga que lo que Nos va a decir ahora es un
ejemplo. Así pues, cuando dice que “pone una vena divina en nuestro corazón”, podemos
estar seguros de que eso es lo que hace. Pero, seguimos preguntando: ¿hace esto
con todas Sus criaturas? No, pensamos que estas Palabras solo aplican a los que
viven en Su Voluntad. Diferimos toda explicación adicional al párrafo 2.
(2)
Y por cuanto más el alma me
ama, tanto más esta vena divina surge, e irrigando todas las potencias del alma
se difunde para bien de las demás criaturas. Esta vena la he puesto en ti, y
cuando te falte mi presencia y no oigas mi voz, esta vena suplirá a todo y te
será voz para ti y para las demás
criaturas - Las venas permiten la circulación de la sangre en nuestro cuerpo, y el
propósito de esta circulación es llevar a cada célula del cuerpo los nutrientes
que necesita para reparar algún daño, o para que esa célula pueda reproducirse,
en este proceso de “muerte celular y renovación celular” que el Señor llama
“resurgimiento”. Cuando el área a ser irriga- da y alimentada por la sangre, es
muy pequeña, las venas se vuelven “capilares”, que son venas diminutas. Si
alguna área del cuerpo no recibiera esta sangre, esa sección se “gangrenaría”,
o se pondría “necrosa”, y dependiendo del área
en sí, la cuestión sería más o menos grave.
Apartándonos de
esta lección de medicina, para ver como lo que Nos dice el Señor aplica, ya
hemos hablado de que en nuestro
Cuerpo de Luz, la sangre que circula
es Luz, y esa Sangre de Luz
viene formada por los Conocimientos que
aprendemos, y los actos que realizamos con esos Conocimientos. Dice ahora
Nuestro Señor, que esta sangre puede circular, porque Él crea la red venosa y
arterial que es necesaria en el Cuerpo de Luz, y así, utilizando este sistema
venoso y arterial, esa Sangre de Luz pueda circular y llevar a todo el Cuerpo de Luz, los nutrientes
necesarios para que pueda irse
desarrollando.
Claramente, la
sangre necesita ser generada de continuo, y el sistema circulatorio necesario
para acarrear esa sangre también tiene que ser generado de continuo. Al
principio de nuestra Vida en Su Voluntad, somos recién nacidos, y nuestros Cuerpos
de Luz son pequeños como los de un
bebé, y ciertamente a un bebé no se le puede dar más alimen- to que el que puede tolerar, y
por tanto la cantidad de sangre que se necesita y el correspondiente sistema
circulato- rio es también “pequeño” relativo al de un adulto.
Pero, el bebe, como el
infante, como el adolescente, como al adulto y como al viejo, si no se le
alimenta apropiadamente, la sangre es insuficiente, y las venas defectuosas, y
ese cuerpo se gangrena.
Por último, a diferencia de nuestro cuerpo que no puede resistir una
generación de sangre excesiva, nuestro Cuerpo de Luz, no solamente resiste sino
que le da la bienvenida a todo exceso de sangre divina, porque ese sistema
circula- torio nuestro acoge ese exceso de sangre y lo “difunde para
bien de las demás criaturas”.
* * * * * * *
Y analicemos ahora el Bloque
(B).
(1)
Hija mía,
por cuanto más te fundes en Mí, tanto más Yo me fundo en ti, así que el alma su paraíso se lo forma en la
tierra según se ha llenado de pensamientos santos, de afectos, de deseos, de
palabras, de obras, de pasos santos, así va formando su paraíso. – Una vez más,
atendamos a lo que dice el Señor, y como lo que dice aplica a los que viven en
Su Voluntad, porque comienza diciendo que “por cuanto mas te fundes en Mí,
tanto más Yo me fundo en ti”.
Tenemos que recordar
una vez más lo dicho en las clases, a saber, que el hecho de que comencemos a
vivir en Su Voluntad, no implica que deje de darnos las Sugerencias Amorosas de
Acción con las que guía nuestra otra vida, la
corporal/espiritual. Nada ha cambiado en ese respecto; lo que cambia es lo que
sucede ahora que hemos aceptado vivir en Su Voluntad con nuestra
aceptación de Sus continuas Sugerencias Amorosas de Acción.
Dicho de otra manera,
y lo pongo en primera
persona para que se entienda
mejor.
Un instante
antes de comenzar a vivir en Su Voluntad, mí acogida a Sus Sugerencias
Amorosas, me ayudaban para que Él realizara el Plan que tenía para mí, para que
satisficiera mis necesidades corporales y espirituales, mis obliga- ciones para
con Él, y para que eventualmente me salvara y fuera al Cielo.
Un instante después de comenzar a vivir en
Su Voluntad, todo eso
que sucedía antes continúa
sucediendo, pero ahora mi acogida a Sus Sugerencias Amorosas, sirven además,
para que Él pueda desarrollar otros Planes que siempre ha tenido, y que ahora
puede llevar a cabo, con los que viven en Su Voluntad, particularmente, la
Venida del Reino del Fiat Supremo a la tierra como ya está en el Cielo. Así
pues, en adición a las Sugerencias Amorosas de siempre, ahora Me da nuevas Sugerencias Amorosas para que haga
cosas que antes
no me había pedido
hacer, porque solo las pide a los que viven en Su Voluntad; como por
ejemplo, leer diariamente las Horas de la Pasión, las visitas Espirituales al
Santísimo Sacramento, los Giros o Paseos en Su Voluntad, etc. Comprendamos:
nada de lo que debíamos hacer se ha eliminado, lo que ha sucedido es que se han
añadido Nuevas Sugerencias para realizar nuevas labores y tareas.
Ahora que comprendemos lo que quiere de los que viven en Su Voluntad,
también comprendemos, que desde el pri- mer instante en que vivimos en Su
Voluntad, comenzamos a formar un paraíso en la tierra, porque dice que “el alma, su paraíso se lo
forma en la tierra”. El desarrollo de este Cuerpo de Luz que
comienza en ese instante, y que even- tualmente, si persevero, también me lo
llevo al Cielo, es un desarrollo que yo he conseguido con mi fidelidad, es un
desarrollo de “pensamientos santos, de afectos, de deseos, de
palabras de obras, de pasos santos”, y este desarrollo dice el Señor
hace que Mi Paraíso, Mi Cielo, comience ahora, no cuando muera. Si
apartamos la idea de que emocio- nalmente vamos a sentirnos en el Paraíso mientras vivimos, cosa que quizás
algunos experimenten, pero la mayoría,
no, ¿puede
quedarnos alguna duda de
que al preocuparnos por estudiar
con asiduidad, con interés, y de practicar
con la mejor intención lo que Nos pide hagamos en Su Voluntad, que estamos, de
hecho, viviendo ya en el Paraíso?
(2)
A un
pensamiento santo de más, a una
palabra, corresponderá un contento
de más y tantas varieda- des de
belleza, de contentos y de gloria por cuanto bien de más habrá hecho. – Da un brinco
el Señor, y de hablar del presente, salta
al futuro, cuando en verdad estemos en el Paraíso prometido, y dice que a cada pensamien- to, cada
palabra santa de más, le “corresponderá un contento de mas y tantas
variedades de belleza, de contentos y de gloria por cuanto bien de más habrá
hecho.”.
Una última
observación. Sabiendo lo que ya sabemos sobre la posibilidad de que el Reino
del Fiat Supremo tenga Su Sede en el Paraíso Terrenal en el que se encontraba
Adán antes del pecado, ¿estará hablando el Señor de que sere- mos más felices,
etc., en este Paraíso “intermedio”, o estará hablando del Cielo después de la
muerte, con toda su eternidad? Aunque dejamos al lector la interpretación de
Sus Palabras, nosotros interpretamos que cuando venga el Reino y se establezca
en el Paraíso, Nuestro Señor traerá consigo a todos aquellos que han muerto
viviendo en Su Voluntad, y los traerá resucitados para que trabajen y disfruten
en este Reino que Le han ayudado a formar. Y, ¿qué sucederá con los que estén
vivos, viviendo en Su Voluntad, en estos momentos? Pues pensamos que se unirán
a Je- sús y a todos los que vienen del Cielo, pero en esos instantes sufrirán
una transformación, quedaran dormidos, para despertarse en esta nueva condición
gloriosa con la que morarán en el Reino; para todos los efectos como si
hubieran muerto y resucitado encerrados todos dentro de sus cuerpos de luz, que
será el “cuerpo” visible.
¿Y cuál no será la sorpresa del alma
cuando rota la cárcel del cuerpo se encuentre en el océano de tan- tos
placeres, felicidad, luz, belleza, por cuanto de bien hizo, aunque haya sido un
solo pensamiento? – Esta última observación del Señor parece invalidar
nuestra especulación anterior, por lo que dice “rota la cárcel del cuerpo”. Por otro
lado, quizás estemos en lo cierto, porque sabemos que no seremos nosotros
mismos, o sea, con estos mismos cuerpos que tenemos, los que estaremos en el
Reino del Fiat Supremo, sino que para vivir en este Reino, nuestro Cuerpo de
Luz saldrá fuera, y nosotros viviremos subsumidos dentro de ese Cuerpo, y
dentro de Nues- tro Jesús Bilocado que saldrá fuera para ser el actor principal
del Reino.
Resumen del capítulo del 30 de Noviembre de 1916: (Doctrinal) – Página 223 -
Estaba muy
afligida por la privación de mi adorable Jesús y lloraba amargamente, y como
estaba haciendo las horas de la Pasión, un pensamiento me atormentaba
diciéndome:
“Ve para qué te han servido las reparaciones por los demás, para hacer huir a Jesús”.
Y pensaba otros
desatinos, y el bendito Jesús movido a compasión de mis lágrimas me estrechó a
su corazón y me dijo:
“Hija mía, tú
eres mi aguijón, mi Amor se encuentra en aprietos con tus violencias. Si
supieras cuánto sufro al verte sufrir por causa mía, pero la Justicia que se
quiere desahogar y tus violencias mismas me obligan a esconderme, y como las
cosas empeorarán, por eso se necesita paciencia, y además has de saber que las reparaciones hechas por los demás te han servido muchísimo, porque
reparando por los demás tú querías hacer lo que hice Yo, y Yo reparaba por
todos y también por ti, pedía perdón por todos, me dolía por las ofensas de
todos, como también pedía perdón por
ti, y por ti también me dolía. Entonces, al hacer tú lo que hice Yo, vienes a
tomar juntas las reparaciones, el per- dón y el dolor que tuve por ti. ¿Y qué
te podría servir más, mis reparaciones, mi perdón, mi dolor, o los tuyos? Ade-
más, Yo no me dejo vencer nunca en amor, y cuando veo que el alma por amor mío
está toda atenta a repararme, a amarme, a pedir perdón por los pecadores, Yo,
para ponerme a la par, en modo especial pido perdón por ella, reparo y amo por parte suya, y voy embelleciendo
su alma con mi Amor, con mis reparaciones y perdón, por eso continúa reparando
y no suscites contrastes entre tú y Yo”.
* * * * * * *
Y comencemos con el análisis
de este capítulo.
(1)
Hija mía, tú eres mi
aguijón, mi Amor se encuentra en aprietos con tus violencias. – Como ya hemos leído, Luisa
se lamenta por la ausencia de Jesús y de que al hacer reparaciones por los
demás, a través de las Horas de la Pasión, lo que ha conseguido es ahuyentar a
Jesús. Y Jesús consolándola Le dice que, al contrario, Él se recuer-
da de ella constantemente, como uno recuerda el aguijón de una abeja
cuando nos pica; y pudiera haber dicho, como la espina de la Corona de Espinas que Le atormenta.
El párrafo que sigue es particularmente interesante. Dice que “mi Amor se
encuentra en aprietos con tus violencias”.
¿Qué quiere
decir el Señor con estas Palabras? Es obvio que el amor, como sentimiento
que llegan a tenerse dos per- sonas, en este caso un Matrimonio, se ve afectado
por las quejas de uno de los esposos, particularmente cuando, como en este caso, uno de los esposos no puede
resolver el motivo de las quejas, y al no poder resolver la queja, el
esposo se siente muy disgustado. Aunque ya explicado, Jesús vuelve a explicarle
todo esto a Luisa en el párrafo 2. Su explicación “si supieras
cuanto sufro al verte sufrir por causa Mía”, es la explicación más
perfecta de lo que sucede, porque uno de los Esposos es Dios Mismo, y ambos
esposos viven en la Divina Voluntad. Así pues, Nuestro Señor no solo no puede
resolver la queja de Luisa de que esté con ella más frecuentemente, sino que
tampoco puede escon- derse de ella con efectividad, porque ambos viven en la
Divina Voluntad, y están vinculados por el Amor Divino. En realidad, más que a
Jesús, a quien Luisa Le hace violencia, es al Amor Divino que se ve forzado por
la Justicia Divina, a “desvincularse”
de Luisa en apariencia, y por ende, a “desvincularla” de Jesús, también
aparentemente, y al que ahora se Le ordena que “revincule” a ambos Esposos,
para que Luisa quede complacida, aunque solo sea por unos minutos u horas.
Decimos aparentemente, porque esta “desvinculación” es solo sensorial, ya que
es imposible desunir realmente a dos seres que viven en la Divina Voluntad, a
menos que uno de los dos lo quiera. Más aun, en el caso de Luisa, una
vinculación permanente y estable, es esencial para todos los Planes Divinos con
todos nosotros.
Reforcemos
estos conceptos desde otro Angulo. Cuando en el plano humano, uno de los
esposos molesta a otro, casi continuamente, las consecuencias aunque
importantes, no pasan del plano humano, ni afectan a otros grandemente. Cuando
el esposo afectado es Dios Mismo, las consecuencias son de gran importancia, y
Nos afecta a todos. Sabemos que el Señor no escucha las Peticiones que no son
para nuestro bien, o sea, cuando “pedimos mal”; pero, ¿es esto siempre cierto?
El Señor ya ha hablado de esto, cuando pone el ejemplo de la viuda que
molestaba continuamente al juez para que le hiciera justicia, y el juez al fin
lo hace, porque teme que la viuda pueda agredirlo. Por este ejemplo, parece ser que
el Señor a veces accede a peticiones, que “Le hacen violencia”, sencillamente para quitarse de arriba al peticionario.
¿Es esta, una
estratagema amorosa más, de las muchas en el “arsenal” del Señor? Nos parece
que esto también es cierto. Y si no, observemos como el Señor, que no se
suponía viniera a ver a Luisa en este día, para evitar precisa- mente, que ella
Le impidiera a la Justicia Divina castigar, se ve forzado a hacerlo, pero no
para quitarse de arriba a Luisa, sino para impedir que las cosas empeoren más
de lo que ya están. Y, preguntaran muchos, ¿cómo es posible que empeoren? El
Señor mide a la perfección, el grado de frustración de Luisa, y sabe cuando esa
frustración puede llevarla a decir palabras de las que Luisa tendrá que arrepentirse,
y que pueden llegar a afectarle al Señor en forma inconcebible para nosotros.
Así, para evitar males mayores, diría yo, catastróficos, el Señor a veces
accede a males menores.
(2)
Si supieras
cuánto sufro al verte sufrir por causa mía, pero la Justicia que se quiere
desahogar y tus violencias mismas me obligan a esconderme, y como las cosas
empeorarán, por eso se necesita pacien- cia, - Además de
explicarle una vez más, las razones por las que esta situación se hace
necesaria, y de esto hablare- mos de inmediato, Jesús Le hace saber cuánto Él
sufre, viéndola sufrir a ella por “causa mía”, porque
aunque ella no Le vea, Él siempre, siempre, la ve y “sufre porque ella sufre”.
Ahora bien, ya
lo ha explicado en otras ocasiones, que el
Ser Divino no puede
quedar desequilibrado o “descompensa-
do” por las acciones humanas, y que llegado a cierto nivel de ofensas, Su
Justicia necesita intervenir para restablecer el equilibrio de Honor y Dignidad
Divinas que estaban perdiéndose, porque la tolerancia y el disimulo que Dios
tiene de nuestras ofensas, no puede
llegar nunca a que Le percibamos como indolente, flojo, despreocupado por
nuestra suerte, en una palabra: sin control.
El Antiguo Testamento tiene frecuentes alusiones a que nuestras ofensas, nuestras injusticias llegan a Sus
Oídos, y Le fuerzan a actuar para restablecer en nosotros este “santo temor de
Dios” que no puede nunca abandonarnos. Le pide paciencia, porque la situación
en estos años es particularmente grave y se ha necesitado de una guerra mundial
para resolver esta descompensación, guerra que puede empeorar porque no está
haciendo el efecto correctivo que busca.
Como ya lo ha explicado, si Luisa estuviera a Su Lado permanentemente, Le sería muy difícil castigar, porque ella que- rría
impedírselo, y en efecto lo lograría. Luisa no está como lo está Su Madre
Santísima, en perfecta armonía con Su Hijo, ni lo podrá estar nunca mientras
viva, “porque
la Obediencia al Confesor y la caridad con tus hermanos te lo impiden”, y
podríamos añadir nosotros a este párrafo sin equivocarnos: porque la Obediencia a Mi Madre te lo impi-
de. En las
clases, se nos ha preguntado por qué Nuestra Madre Santísima Le dice a Luisa
que se ponga siempre del lado nuestro, y que importune a Jesús a este respecto.
La respuesta, nos parece
ser, que Nuestra Madre quisiera estar siempre del lado nuestro, pero no
puede hacerlo, porque Ella juró nunca hacer su voluntad humana, “la ató a los
Pies de la Trinidad”, pero también Nuestra Madre Santísima sabe usar de
estratagemas amorosas, y lo que Ella ha jurado no hacer nunca, puede
sugerírselo a otra criatura para que lo haga. Además, al hacerla Madre de todos
nosotros, se Le ha dado permiso para
que sea Madre, y esta es una de las Prerrogativas Maternas, la de interceder
por Sus Hijos, disminuir nuestras faltas, cuando Él se ve impedido de hacerlo,
y esto hasta el punto de aceptar en el Cielo a almas que se condenarían por
faltarle el Bautismo, pero a las que Su Madre acoge en Sus Brazos, y los
Bautiza con Su San- gre. Leamos la Hora Séptima de la Pasión, para encontrar
este texto maravilloso.
(3)
y además has de saber que las reparaciones
hechas por los demás te han servido muchísimo, porque reparando por los
demás tú querías hacer lo que hice Yo, y Yo reparaba por todos y también por ti, pedía perdón por todos, me dolía por las
ofensas de todos, como también pedía perdón por ti, y por ti también me dolía.
– Jesús Le “hace saber”, el gran valor que tienen estas
Reparaciones hechas durante Su Pasión, que Luisa ha documentado tan
perfectamente, y que ha estado repitiendo. Así pues, cuando utilizando Sus
Reparaciones, Luisa quería reparar por los
demás, ella imitaba
al Señor, que cuando estuvo en la tierra, reparó
por todos, y “pedía perdón por todos”, y en este
“todos” estaba incluida Luisa, cuyas ofensas también Le duelen, y cuyas ofensas
también nece- sitaban de Su Perdón. Aunque no hemos hablado de todo esto con la
debida profundidad cuando explicábamos la “corrida de ensayo”, conviene ahora
que entendamos que en la “corrida de ensayo” suceden todas las transgresiones y ofensas humanas, como resultado del
ejercicio de cada libertad de voluntad, y que todas estas “desviaciones” de Sus Planes para con cada uno de nosotros, ya fueron contrarrestadas e incorporadas al Diseño Original de Sus Planes,
con el propósito de lograr que, en fin de cuentas, Sus Planes prevalecieran, y
se instaurara un Reino del Fiat Supremo como en el Cielo en la tierra.
De lo que no
habíamos hablado era de la Reparación que todas esas “desviaciones”
necesitarían, puesto que cada incumplimiento
de Su Voluntad, sea en materia
leve o grave, no puede quedar
sin la debida reparación. Esta Misión de reparar por aquellas “desviaciones” al
Plan que se habían visto ocurriendo en la “corrida de ensayo”, fue una de las
muchas Misiones de Jesús, cuando estuvo entre nosotros. Y entendamos esto: como
todas las generaciones humanas que Dios había previsto vivirían, hicieron sus
respectivas actuaciones en la “corrida de ensayo”, así también Dios sabía lo
que habría que reparar, no solo ya contrarrestar.
Es en este
sentido de la “corrida de ensayo”, y de la que sabemos por estos Escritos, que
podemos llegar a compren- der la Omnividencia Divina en criaturas a las que se
les ha dado la capacidad de hacer o no hacer lo que Él sugiere. También podemos
comprender mejor esta Revelación del Señor respecto a la Necesidad de que un
Hombre/Dios, satisfaga por todos delante
de la Divinidad en la figura del Padre, y para que un Hombre/Dios Nos perdone a todos los que han vivido, viven y vivirán, por
todas las ofensas que se Les harían, y que ya estaban previstas, en calidad y
can- tidad.
Una última
observación antes de terminar con este párrafo.
Nuestra existencia como “especie
de criatura” dependió en que
Dios, terminada la “corrida de ensayo”, decidió
que nuestra existencia “valía la pena”,
a pesar de todos
los disgus- tos, desafueros,
y ofensas que Le ocasionaríamos. En esta “balanza de justicia”, que eso es lo
que en definitiva es la “corrida de ensayo”, entraban en una de las dos
balanzas, todas las ofensas, las inconcebibles blasfemias, y profana- ciones de
todas clases, pero también en la otra balanza, se encontrarían Jesús, Nuestra
Madre Santísima, y tantos y tantos hombres santos y mujeres santas que harían
Su Voluntad, viviendo en Su Voluntad, y que Le darían Gloria compensatoria a la
falta de Gloria que todas las otras ofensas no Le darían.
(4)
Entonces, al hacer tú lo que
hice Yo, vienes a tomar juntas las reparaciones, el perdón y el dolor que tuve
por ti. ¿Y qué te podría servir más, mis reparaciones, mi perdón, mi dolor, o
los tuyos? –
Aquí el Se- ñor dirige Su Atención a un aspecto que Luisa no menciona en este
capítulo, pero que ha mencionado en capítulos anteriores a este, a saber, que
al ella estar ocupándose de otros y doliéndose por otros, no se duele por sí
misma, ni se ocupa de sí misma y de su propia salvación. Así pues, claramente
Le vuelve a decir que no se preocupe de ella, porque Él ya se ha ocupado de
ella, de perdonarle sus ofensas, mucho antes de que las cometiera realmente,
porque ya Él sabía que ella las cometería.
(5)
Además, Yo no me dejo vencer nunca en amor, y
cuando veo que el alma por amor mío está toda atenta a repararme, a amarme, a
pedir perdón por los pecadores, Yo, para ponerme a la par, en modo especial pido perdón por ella, reparo y amo por parte suya, y voy embelleciendo su alma con mi Amor,
con mis reparaciones y perdón, por eso continúa reparando y no suscites
contrastes entre tú y Yo. – Hay dos noticias o conceptos de gran importancia en
este párrafo 5.
La primera noticia viene dada por Su Afirmación de que “Él nunca se deja vencer en Amor”. Entendamos que si
Amor recibe Él por nuestro cumplimiento de Sus Sugerencias Amorosas, en
este caso la Sugerencia “de que reparemos y pidamos
perdón por los pecadores”, entonces Él “responde en
especie”, o sea, que Él se siente más motivado a reparar mas por
nuestras propias debilidades y transgresiones, a perdonarnos en forma especial,
a disimular mas nuestros defectos, y tolerar nuestros
propios incumplimientos; y todo esto con un solo fin ahora que hemos
renacido a Su Voluntad, la de
acelerar el día en que Nos conceda el Don en propiedad. Nada queda sin
recompensa, pero la re- compensa es siempre de la misma especie del acto que es
recompensado. No esperemos que por reparar y pedir per- dón por nuestros
hermanos, eso nos amerite recibir un millón de pesos; esa no es la recompensa
que debemos espe- rar de Él, sino la más infinitamente perfecta de hacernos cada vez más santos, y más merecedores de esta Vida en Su Voluntad que poseemos.
La segunda
noticia, es de que no luchemos con Él, que no le demos guerra, como se dice
vulgarmente, sino que Su Voluntad fluya en nosotros con toda suavidad, “sin
contrastes” entre lo que Él quiere de nosotros, y lo que nosotros debemos
responder a aquello que quiere; definitivamente debemos querer siempre lo que
Él quiere. No le demos, como dice C. S. Lewis, nuestro
tiempo y nuestros
actos como algo que
hacemos porque estamos
tributándole a Dios el
tiempo y los actos que Nos pide le demos, sino que debemos ver nuestra
actuación y el “tiempo” que se Nos ha con- cedido, como algo que es Suyo, y que
lo que hacemos, lo hacemos por agradarle, por complacerle, porque Le Ama- mos,
como Él Nos ama.
Resumen del capítulo del 5 de Diciembre de 1916: (Doctrinal) – Página 224 –
Estaba haciendo
la meditación y según mi costumbre estaba
fundiéndome toda en el Querer de mi dulce
Jesús. En ese momento, ante mi mente veía una
máquina que contenía innumerables fuentes que hacían brotar olas de agua, de luz, de
fuego, que elevándose hasta el Cielo
se derramaban sobre todas las criaturas; no había
criatura que no queda- ra inundada
por esas olas, la única diferencia era que algunas entraban dentro y otras
quedaban sólo por fuera, y mi siempre amable Jesús me dijo:
“¡Hija mía, la
máquina soy Yo! Mi Amor mantiene en movimiento a la máquina y en todos se
derrama; sólo que quien quiere recibir estas olas, está vacía y me ama, estas olas entran dentro, los demás quedan
tocados para disponerlos a recibir tanto bien, pero las almas que hacen y viven
en mi Voluntad están en la misma máquina, y como viven de Mí, pueden disponer
para bien de los demás las olas que brotan, y ahora son luz que ilumina, ahora
fuego que enciende, agua que purifica. ¡Qué bello es ver a estas almas que viven
de mi Querer que salen de dentro de mi máquina como otras tantas pequeñas
máquinas, difundiéndose para bien de todos, y luego vuelven en mi máquina y
desaparecen de entre las criaturas, y viven de Mí y sólo de Mí!”
* * * * * * *
Y comencemos con el análisis
de este capítulo.
(1)
¡Hija mía, la máquina
soy Yo! Mi Amor mantiene
en movimiento a la máquina y en todos
se derrama;
- Jesús Le hace ver a Luisa una maquina que produce innumerables fuentes de agua,
que se levantan como surtidores al Cielo para luego desbordarse sobre todas las criaturas. Luisa observa,
y esto es importante en toda la exposición del capítulo, que algunas criaturas se
quedaban dentro de las olas de agua que las habían inundado, mientras que otras
después de ser inundadas se quedaban fuera, como al descubierto.
Jesús Le aclara a Luisa que la “maquina” que
quiere producir esas olas, es Él
Mismo, pero que el ejecutor, el que hace posible que esas fuentes de
agua y esas olas se formen, eleven e inunden a todos, es el Amor Divino, el Hijo Primo- génito de Su Voluntad.
Él es el “encargado” de hacer que la maquina, en este
caso Jesús, se mueva, y que esa “agua” se derrame sobre todas las
criaturas.
Ya sabemos, que
El Amor Divino es el ejecutor de toda acción, que el Ser Divino decide hacer. Estas
fuentes que pro- ducen olas, y que son derramadas para todos, sin excluir a
nadie, son: Gracias o capacitaciones, Bienes tanto espiri- tuales como materiales, Beneficios, Dones, Correcciones, que vienen
encerrados dentro de Sus Sugerencias Amorosas.
Todas las
criaturas reciben Bienes de Dios diariamente, mediante Sus Sugerencias diarias,
para ayudarlas a su exis- tencia; no importa
si estas criaturas son buenas o malas, cristianas o no cristianas, todos
tienen oportunidad de recibir
por igual estos Bienes encerrados en Sus Sugerencias. Como ya decíamos sin
embargo, no todas quedan inundadas por estas olas de Amor, sino que muchas las
rechazan.
(2) sólo que quien quiere recibir estas olas, está vacía y me ama, estas
olas entran dentro, - La persona que está atenta a
Sus Sugerencias es aquella que quiere “recibir estas olas”. Esta alma, está
atenta, y consistente- mente trata de vaciarse, de todo lo mundano que pudiera
impedirle recibir las Sugerencias que Él Le envía; por lo tanto, la ola
penetra, “entran dentro”, llena su alma y ella obedece.
(3) los demás quedan tocados para disponerlos a recibir
tanto bien, - los que no se esfuerzan con constancia por estar vacios del
todo, o no le aman suficientemente, no pierden todo, porque algo van
percibiendo poco a poco. Con la perseverancia del Amor Divino, eventualmente,
se vaciarán de aquello que les impide estar atentos y escuchar Sus Sugerencias
y aprovechar todo lo que esas Sugerencias traen. En otras palabras. Poco a
poco, los va “disponien- do a recibir tanto bien”.
(4)
pero las
almas que hacen y viven en mi Voluntad están en la misma máquina, y como viven
de Mí, pueden disponer para bien de los demás las olas que brotan, - Las almas
que viven en Su Voluntad, y siguen Sus Sugerencias Amorosas, “están en la misma
máquina”, que es Jesús Mismo, viven fundidas en Él, Jesús está bilo- cado en
ellas, así que estas almas viven solo de Sus Sugerencias Amorosas, viven solo
de Su Voluntad, “viven de Mí”.
Por ejemplo, cuando reparamos por ciertas personas que otros nos han encomendado
a nuestras oraciones, y que no son más que Sugerencias, que Él les ha hecho a
esos otros que ahora nos piden recemos, y, cuando en efecto, noso- tros rezamos
y pedimos, pero no a la manera antigua en que lo hacíamos en que
particularizábamos, sino que lo ha- cemos reparando por la especie de ofensa
que esas personas puedan haber cometido, Nuestro Señor dice que esa Petición
nuestra es acogida y que esta Máquina de Su Amor en la que ahora participamos,
genera aquellas Sugeren- cias que son necesarias para que esas personas se
arrepientan y puedan pedir perdón por ellas mismas, porque esta “maquina” que es Él Mismo, “hace lo que la criatura quiere”, así como
la criatura ha hecho lo que Él quería
que hicie- ra. Esta Participación en
Su Actividad Creadora respecto de la creación de Sugerencias Amorosas de Acción
para con todas las criaturas, es algo que necesitamos creer, y por tanto hacer.
Ya nos ha hablado en capítulos anteriores acerca de nuestra participación en la custodia de Sus
criaturas, poniéndonos como centinelas de ellas, y ahora Nos dice que formamos
parte de esta Máquina de Crear Sugerencias Amorosas de Acción, con las que
reparte a todas Sus Criatu- ras, todos los Bienes que quiere compartir con
nosotros, y con los que quiere beneficiarnos.
(5)
y ahora son
luz que ilumina, ahora fuego que enciende, agua que purifica. ¡Qué bello es ver
a estas almas que viven de mí Querer que salen de dentro de mi máquina como
otras tantas pequeñas máqui- nas, difundiéndose para bien de todos, y luego
vuelven en mi máquina y desaparecen de entre las cria- turas, y viven de Mí y
sólo de Mí! – Los que
vivimos en Su Voluntad, hacemos lo
que Él hace, compartimos con Él Su Oficio, y como Él, somos “luz que
ilumina”, porque iluminamos
a las almas haciéndoles comprender lo
que tienen que hacer; somos “fuego que enciende”, porque
encendemos en sus almas el vivo deseo de seguir Sus Sugerencias; somos “agua que
purifica”, porque al seguir Sus Sugerencias, las criaturas culminarán
con la purificación de todo su ser.
Resumiendo. Les
hacemos comprender, les damos luz, encendemos el fuego de su entusiasmo, y
ayudamos a su purificación, para que sean cada vez más receptivas a las
Sugerencias Amorosas del Señor, con las que quiere dirigir sus vidas.
Este “oficio”
de participar con Él en el proceso de la creación de Sugerencias Amorosas para
nuestros hermanos y hermanas, es muy importante que lo entendamos y lo
empecemos a practicar. No es solamente reparar
con Él, lo que hacemos, que es muy encomiable, pero no da la explicación
de lo que Él quiere. Él quiere que seamos nosotros los que iniciemos, los que movamos la Maquina de Su Amor, para que Él se digne preparar las Sugerencias Amorosas que se
necesiten.
Resumen del capítulo del 9 de Diciembre de 1916: (Doctrinal) – Página 225 -
Estaba afligida
por la privación de mi dulce Jesús, y si viene, mientras siento que respiro un
poco de vida, quedo más afligida al verlo más afligido que yo y que no quiere
saber de aplacarse, pues las criaturas lo obligan, le arrancan otros flagelos; pero mientras flagela
llora por la suerte del mundo y se oculta dentro de mi corazón, casi para no
ver lo que sufre el hombre, parece que no se
puede vivir más en estos tristes tiempos, y además parece que se
está solo al prin- cipio de ellos.
Entonces mi dulce
Jesús, estando yo pensativa por mi dura y triste suerte de deber estar casi
continuamente privada de Él, vino y poniéndome un brazo al hombro me ha dicho:
“Hija mía, no
acrecientes mis penas con afligirte, son ya demasiadas, Yo no espero esto de
ti, es más, quiero que ha- gas tuyas mis penas, mis oraciones y todo Yo mismo,
de modo que pueda encontrar en ti otro Yo mismo, en estos tiempos quiero
grandes satisfacciones y sólo quien hace suyo a Mí mismo me las puede dar. Y lo
que en Mí encontró el Padre, es
decir, gloria, complacencia, amor, satisfacción, completas y perfectas, para
bien de todos, Yo lo quiero encontrar en estas almas, como otros tantos Jesús
que lo hagan a la par de Mí, y estas intenciones las debes repetir en cada hora
de la Pasión que hagas, en cada acción, en todo, y si no encuentro mis
satisfacciones, ¡ah, para el mun- do será el fin! Los flagelos lloverán a
torrentes. ¡Ah hija mía! ¡Ah hija mía!”
Y ha
desaparecido.
* * * * * * *
Importante capítulo
doctrinal. Analicémoslo.
(1) Hija mía, no acrecientes mis penas con afligirte, son
ya demasiadas, Yo no espero esto de ti, - La pri- vación de Jesús es
constante pena para Luisa, y aunque en estos tiempos de guerra, Él no se oculta
completamente, cuando viene, Luisa Le ve “mas
afligido que ella”. En una de
esas, Jesús comienza diciéndole estas Palabras: “Hija mía, no acrecientes mis
penas con afligirte, son ya demasiadas, Yo no espero esto de ti”. Lo que hace memorable esta “entrada en escena” de Jesús
son Sus Palabras finales: “Yo no espero esto de ti”. Todo esto,
por supuesto, en el caso de Luisa, y, ¿en el nuestro? Ahora que vivimos en Su
Voluntad como Luisa vivía, ¿no nos parece que también nosotros añadimos nuestras pequeñas dificultades y quejas
a las muchas que ya tiene? No nos equivoquemos: esta es una queja profunda de Nuestro
Señor, porque tampoco Él espera esto de nosotros.
Nos ha
concedido el Don más grande y la Prerrogativa más inconcebible, y, ¿seguimos
quejándonos de nuestros pro- blemas? En vez de preocuparnos por nuestros problemas, debemos enterrarlos en lo profundo
y concentrar toda nues-
tra atención a ayudarle en Sus Planes, y esto lo logramos dejando que Su
Voluntad fluya a través de nosotros, sin añadir nuestros problemas a los muchos
que ya tiene. Particularmente debemos comprender, que las quejas que Le damos
los que estamos más allegados a Él, tan allegados que vive bilocado en
nosotros, le producen un dolor más agudo, precisamente porque es inesperado.
(2)
es más,
quiero que hagas tuyas mis penas, mis oraciones y todo Yo mismo, de modo que
pueda en- contrar en ti otro Yo mismo, - No solo espera que no
acrecentemos Sus Penas, sino que quiere darnos las Suyas, porque hasta en las
penas, quiere encontrar en nosotros otro Él. Este Mandato que viene dándoselo a
Luisa desde los primeros días del Matrimonio Místico, a saber, “haz tuyas Mis
Cosas”, incluye también Sus Penas y Dolores. Enten- damos claramente
que no lo hace por mortificarnos, o para purificarnos, o para hacernos mejores,
lo que inevitable- mente ocurre cuando hacemos nuestras todas Sus Cosas, sino
que lo hace, porque tenemos que llegar a ser verdade- ros “Portadores de
Dios”, como lo es Él Mismo.
Este ser “Portadores de Dios” ha sido siempre Su Meta con nosotros; para que
pudiéramos serlo con toda efectivi- dad, se ha “inventado” esta manera de
hacernos participes de Su Divinidad, concediéndonos el Don de Vivir en Su
Voluntad, y actuar como Dios Mismo actúa. Claro está, cuando llegue
a hacer a muchos de nosotros, verdaderos “Por- tadores de
Dios”, entonces podrá hacer con nosotros un Reino de Su Voluntad en
la tierra como en el Cielo.
(3) en estos
tiempos quiero grandes
satisfacciones y sólo quien hace suyo a Mí mismo
me las puede dar.
-
La única manera de aliviarle con efectividad Sus Penas es viviendo en
Su Voluntad, y haciéndolas nuestras. Así dice ahora que:
a)
En estos tiempos
– Estos tiempos de qué habla son estos tiempos en los que ha
vuelto a concedernos el Don de Vivir en Su Voluntad.
b)
Quiero grandes satisfacciones - ¿De qué
satisfacciones habla el Señor? La única satisfacción posible en estos tiempos, es ver
cómo estamos ayudándole a restablecer el Reino del Fiat Supremo en la tierra como en el Cie- lo. Si esto lo empatamos con el otro Conocimiento que
ya Nos ha dado, de que es Él Mismo, cada una de Sus Bilocaciones en nosotros, que junto con cada uno
de nosotros, realizará las Labores propias
de este Reino una vez quede
instaurado, podemos llegar a comprender la necesidad absoluta y la urgencia que
tiene de que to- dos seamos “Portadores de Dios” como lo es
Él Mismo, “porque
solo quien hace suyo a MI Mismo me las puede dar”.
(4)
Y lo que en Mí encontró el Padre, es decir,
gloria, complacencia, amor, satisfacción, completas y per- fectas, para bien de
todos, Yo lo quiero encontrar en estas almas, como otro tanto Jesús que lo
hagan a la par de Mí, - Con mayor claridad aun que la que nosotros podemos
expresar, Nuestro Señor habla de que todo lo que Su Padre encontró en Él, y en
Él está para siempre, eso mismo quiere Él encontrarlo en cada uno de nosotros, “otros tantos
Jesús que lo hagan a la par de Mí”. Reflexionemos Sus Palabras una vez
más. Dice que quiere que ac- tuemos igual
que Él actuaba, y comoquiera que Él está bilocado en cada
uno de los que viven en Su Voluntad, resulta que lo que hacemos, lo
hacemos a la par de Él, porque Él replica cada uno de nuestros actos, y aunque
nuestras cir- cunstancias hacen ligeramente distintos nuestro caminar al de Él, pero eso
no importa porque Él también hace Suyo lo nuestro. Su Objetivo final, porque quizás esto aun se nos
escapa, es que el Jesús Verdadero, el que vivió entre noso- tros, y está
sentado a la Derecha del Padre, ese Jesús llegará a contener en Si Mismo, a
todas las acciones de criatu- ras viviendo en Su Voluntad, que obran
universalmente, y de esta manera totalmente incomprensible y misteriosa,
llegará en efecto a tener recopilado en Si Mismo a todas las criaturas, y
entonces podrá venir el Reino del Fiat Supre- mo a la tierra.
(5)
y estas
intenciones las debes repetir en cada hora de
la Pasión que hagas, en cada acción, en todo, y si no encuentro mis
satisfacciones, ¡ah, para el mundo será el fin! Los flagelos lloverán a
torrentes. ¡Ah hija mía! ¡Ah hija mía! – Nunca como hasta este
capítulo Nos ha hecho comprender que la única razón por la que no Nos ha
destruido ya; la razón por la que decidió darnos existencia después de la
“corrida de ensayo”, es precisa- mente que pudo “ver” que Sus Planes de
hacer que un numero suficientemente
completo de Sus Criaturas, llegarían a vivir en Su Voluntad, y serían “Portadores de
Dios”, se completaran, y de que por tanto, llegaría algún día a
encon- trar todas Sus Satisfacciones en ese Grupo de criaturas.
Resumen del capítulo del 14 de Diciembre de 1916: (Doctrinal) – Página 226 -
Estaba ofreciendo mi sueño a Jesús diciéndole:
“Tomo tu sueño y lo hago mío, y durmiendo con tu sueño quiero darte el contento como si otro Jesús durmiera”. Y sin dejarme terminar lo
que quería decirle, Él me dijo:
“Ah, sí hija
mía, duerme con mi sueño a fin de que mirándote pueda ver mi reflejo en ti, y
remirándote pueda encon- trar en ti a todo Yo mismo, y ya que duermes con mi
sueño, y a fin de que mirándote tú en Mí, podamos los dos estar de acuerdo en todo.
Quiero decirte porqué mi Humanidad se sometió a la debilidad del sueño: Hija mía, la criatura fue hecha por Mí, y como cosa mía la quería tener
sobre mi seno, en mis brazos, en continuo reposo, por tanto el alma debía
reposarse en mi Voluntad y Santidad, en mi Amor, en mi Belleza, Potencia,
Sabiduría, etc., todos estos, actos que constituyen el verdadero
reposo, ¡pero qué dolor! La criatura huye de mi seno, y esforzándose por soltarse de mis
brazos en los que la tengo abrazada, va en busca de vigilia: Vigilia son las
pasiones, el pecado, los apegos, los place- res; vigilia los temores, las
ansiedades, las agitaciones, etc., así que por cuanto la lloro y la llamo a
reposarse en Mí, no soy escuchado,
esta era una ofensa grande, una afrenta a mi Amor, que la criatura ni siquiera
considera y no se preocupa en lo más mínimo en reparar. He aquí porqué yo quise
dormir, para dar la satisfacción al Padre del reposo que no toman las almas en
Él, correspondiéndole por todos, y mientras reposaba impetraba para todos el
verdadero reposo, haciéndome Yo vigilante de cada corazón para librarlo de la
vigilia de la culpa, y amo tanto este reposo de la criatura en Mí, que no sólo
quise dormir, sino que quise caminar para darle reposo a sus pies, obrar para
darle reposo a sus manos, latir, amar, para darle el reposo al corazón, en
suma, quise hacer todo para hacer que el alma hiciera todo en Mí y tomara
reposo, y Yo hiciera todo por ella, siempre y cuando la tuviera al seguro en
Mí”.
* * *
* *
* *
Importante
capítulo doctrinal en el que el Señor se concentra en un aspecto que no ha
discutido mucho antes, posi- blemente nunca discutido que recordemos, sobre
dormir y la estrecha relación que guarda el dormir con el reposo. Excepto por
los que son muy “científicos”, casi todo el mundo equivale dormir a reposar,
pero curiosamente, cuando reposamos en el sueño diario,
nuestro cuerpo y nuestra alma, están en una actividad frenética de reparación celular, y reconexión
nerviosa que poco tienen que ver con reposar. Así pues, el reposo como lo
conocemos, y el reposo de que viene a hablarnos Nuestro Señor en este capítulo,
no tienen nada que ver con la inactividad del dormir, sino que tie- nen que ver
con la clase de actividad que tiene lugar, aun en el mismo dormir.
Ahondando un
poco en todo esto, pero desde el punto de vista que nos aproxime más a lo que
el Señor quiere expli- carnos en este capítulo.
Cuando estamos
despiertos, nuestra mente “consciente” dirige nuestra actividad corporal y
cerebral; actuamos, pen- samos, etc., conscientes de lo que hacemos y porqué lo
hacemos. Cuando dormimos, nuestra mente “sub-consciente” dirige nuestra
actividad corporal y cerebral, y en su más exacto sentido, nosotros nos
dejamos llevar, y no oponemos resistencia alguna a esta nueva actividad
de reparación celular y reconexión nerviosa. Dicho de otra manera, cuando dormimos no somos
responsables de nuestros “actos” porque no actuamos conscientemente, sino
inconscientemente. Independientemente de si Dios se comunica a veces, con
algunos de nosotros, a través de los sueños, lo cierto es, que por extravagantes o perversos que sean
nuestros sueños, o quizás pesadillas, no tenemos ni se nos imputa, res-
ponsabilidad moral alguna por lo que en esos sueños sucede.
Aplicando todo
este concepto a lo que el Señor dice en este capítulo, y aunque sea
adelantarnos un poco a la explica- ción que sigue, también es cierto que
cuando vivimos de Voluntad Divina, cuando seguimos Sus Sugerencias Amoro- sas
de Acción, estamos dejando que sea Él nuestra “mente sub-consciente”, que sea
Él, el que asuma la dirección de nuestras vidas, y al “dejarnos llevar”,
reposamos.
(1) Ah, sí hija mía, duerme con mi sueño a fin de que mirándote pueda ver
mi reflejo en ti, y remirándo- te pueda encontrar en ti a todo Yo mismo, y ya
que duermes con mi sueño, y a fin de que mirándote tú en Mí, podamos los dos estar de acuerdo en todo, quiero decirte
porqué mi Humanidad se sometió a la debilidad del sueño: - El párrafo es muy complejo,
y posiblemente no esté bien traducido. Creemos que, indepen- dientemente de
cómo está traducido, lo que Nuestro Señor Le comunica a Luisa, es que la unión
que existe entre ambos es tal, que esté Luisa despierta o durmiendo, Él se ve en ella, y ella
puede y debe verse en Él. Comoquiera
que a ella puede parecerle extraño, y lo es, el cómo es esto de que ella puede
verse en Jesús estando dormida, Nuestro Señor pasa a explicárselo.
La explicación es difícil de entender, y viene en dos partes
y una conclusión.
En la primera
parte de la explicación, párrafos 2, 3, y 4, Nuestro Señor anuncia y elabora lo
que tratamos de explicar brevemente en el prologo al capítulo, a saber, que
descansamos cuando vivimos de Su Voluntad, cuando hacemos lo que Nos sugiere.
La segunda
parte de la explicación viene dada en el párrafo 5, y trata de la Reparación
que Él realizaba para contra- rrestar esta ofensa prácticamente desconocida por
nosotros, cual es la de no vivir de Su Voluntad, no vivir de Sus Sugerencias
Amorosas.
La conclusión
de la explicación consiste en que ella debe verse reflejada en Jesús como una pequeña niña que se deja
conducir por Su Padre, y niña adornada con todos los agasajos y adornos que Su
Padre pone en ella, cuando así se deja conducir. Y es en este último punto, en
el que el Señor va a martillar en los próximos párrafos. Expliquemos un poco
más.
Cuando hacemos
lo que Nos sugiere, y nos dejamos llevar por Él, estamos haciendo penetrar en
nosotros, todos los Bienes de Belleza, Potencia, Santidad, Sabiduría, que
venían encerrados en esas Sugerencias que hemos acogido. Así, a cada instante
en que Jesús Nos “mira”, ve menos basura de la antigua que poseíamos, y mas y mas
cosas de los tesoros de Él Mismo en Luisa, y cada uno de nosotros. De ser un
reflejo Suyo, que eso somos al principio de nuestra vida en Su Voluntad, vamos
convirtiéndonos en otro Jesús paulatinamente, sin esfuerzo alguno de nuestra
parte, co- mo si estuviéramos durmiendo, porque vamos adquiriendo todo lo de Él, y así no dejamos entrar en nosotros,
nada
que no Le
pertenece. Esto lo entiende cualquiera, y es nuevamente la explicación del
Desplazamiento de lo malo para ser reemplazado por Su Gracia, que ya Nos diera
en los volúmenes anteriores a este volumen 11.
Pero no termina ahí la conclusión. Esto que El ve ahora en nosotros, pasa
a ser una parte integral de Su Persona. Al mirarnos, nuestra imagen,
es absorbida por Él en Si Mismo, pasa a ser una parte integral de Él Mismo,
porque en Su Voluntad somos uno con Él, y esta imagen de Luisa y de nosotros,
reposando en Él, y absorbiendo de Él a todo lo que Él es, es por un lado
inevitable al vivir en Su Voluntad, y
por el otro lado, es algo que Él desea suceda con todo Su Ser, como dirá en el próximo párrafo: “Hija
mía, la criatura fue hecha por Mí, y como cosa mía la quería tener sobre mi
seno…”
(2) Hija mía, la criatura fue hecha por Mí, y como cosa mía la quería tener
sobre mi seno, en mis brazos, en continuo reposo, por tanto el alma debía
reposarse en mi Voluntad y Santidad, en mi Amor, en mi Belleza, Potencia,
Sabiduría, etc., todos estos, actos que constituyen el verdadero reposo, - Como ya ha- bíamos anticipado en nuestro prólogo,
y en el párrafo 1, Nuestro Señor ataca de inmediato al concepto de Reposo que quiere darnos a conocer.
Para entender, tenemos que remontarnos a nuestra infancia y niñez. En
estos periodos de nuestras vidas, el Señor Nos tiene “sobre Su Seno, en Sus Brazos, en continuo reposo”, porque lo que hacemos
cuando somos niños, Él siem- pre lo ve, como si estuviéramos en
Su Seno y en Sus Brazos. En un capitulo memorable anterior, en volúmenes ante-
riores, Nuestro Señor habla de que Él
ha decretado que los infantes y los niños no tienen responsabilidad o culpa por
lo que hacen, y por tanto desde “Su Punto de Vista”, el único que vale, los
niños están viviendo de Su Voluntad, y en reposo, Él dirige Sus Vidas y los
niños, aunque a veces no lo parece por lo travieso que son, actúan siguiendo Sus
Sugerencias Amorosas.
Su Predilección
por los niños es extraordinaria, y Su Amor por nosotros en cuanto niños, es a
veces incomprensible, porque pudiéramos pensar que los niños no hacen nada
importante, que hacen naderías, que todo se les va en jugar, y vivir
“despreocupados”, y sin embargo, bíblicamente, y ahora en estos Escritos, Él da
al periodo de nuestra niñez un valor inconcebible. ¿Por qué? Pues porque es el
periodo de nuestras vidas en que más Nos dejamos conducir por Él, mas puede
guiarnos, más puede formarnos en lo que después quiere que seamos.
Pensemos y
preguntémonos por un momento. ¿Cuándo es que los médicos piensan en ser
médicos? Cuando son ni- ños. ¿O acaso no vemos como los futuros médicos
empiezan a jugar a ser médicos cuando son todavía unos niños? Decimos más.
Decimos que las vocaciones todas, las misiones que luego desarrollaremos en
vida, comienzan en la niñez, de eso no debe cabernos la menor duda. El que
recordemos o no, los momentos en que esas vocaciones o misiones fueron “descubiertas”
por nosotros, eso no importa, ya que posiblemente nadie las recuerda. Lo que sí
nece- sitamos comprender es que, en esa niñez, mientras estábamos en Su Seno y
en Sus Brazos, es cuando más cerca estábamos de Él, y más podía hablarnos
bajito al oído, para expresarnos Sus Deseos para con nuestras vidas; y tam-
bién es el tiempo en que más y mejor Le oíamos, también sin percatarnos de que
estábamos haciéndolo.
Es también este
periodo de la niñez en la que más abiertos estamos a recibir de Él los Bienes
que son Sus Atributos y con los que Nos embellecía. En un plano más profundo y escondido, muchas veces hemos pensado, después de haber
leído aquel capitulo y ahora
este, que es porque en todo momento existen millones de niños que “oyen a Su Creador”, que Nos tolera a todos
cuando somos adultos pecadores, porque Nos recuerda siempre como fuimos.
(3)
¡pero qué
dolor! La criatura huye de mi seno, y esforzándose por soltarse de mis brazos
en los que la tengo abrazada, va en busca de vigilia: Vigilia son las pasiones,
el pecado, los apegos, los placeres; vigi- lia los temores, las ansiedades, las
agitaciones, etc., - Aunque no habla en función de tiempo transcurrido, pero, ¿cuándo es que la “criatura huye
de Su Seno”? Pues, huye cuando deja de ser niño, para volverse
adolescente y luego adulto, y luego
anciano, y ya no quiere “reposarse en Él”, sino que
quiere despertarse del sueño, y entrar en actividad, y “va en busca de
vigilia, cuales son las pasiones, el pecado, los apegos…”, etc.
Por si no Nos
habíamos dado cuenta, con otras Palabras, y con otras imágenes, en este párrafo
y en el siguiente, el Señor vuelve a relatar la parábola del Hijo Prodigo, el
hijo díscolo que abandona los Brazos
de Su Padre, y quiere des- pertarse
a la vigilia de la maldad con la que lo tientan, el demonio, el mundo, y su
propia naturaleza concupiscente. Hacemos como
el niño que gime y hace violencia física, cuando quiere zafarse de los brazos del
padre o la madre, que lo tiene cargado y protegido, para seguir sus propios deseos. Al zafarse de la protección de Dios, huyéndole
a Su Vo-
luntad para hacer la suya, va en busca de problemas, porque sigue su propia naturaleza dañada, que la inclina
al mal, a las pasiones, al
pecado.
(4)
así que por
cuanto la lloro y la llamo a reposarse en Mí, no soy escuchado, - ¿Entendemos
todos? Nos quiere otra vez como niños, pero no como en los textos bíblicos, en
los que quiere enfatizar mayormente la inocencia del niño, sino que ahora
quiere enfatizar la necesidad absoluta de que “reposemos en Sus Brazos”, y nos
dejemos llevar.
Todo esto nos hace recordar lo que sucede
en la visión relatada por San Josemaría Escrivá, el Santo de la Vida Ordina-
ria, el fundador del Opus Dei, cuando se angustiaba tratando de concretar sus
ideas sobre la Misión que él sabía el Señor tenia para él, y cómo en esa
visión, el santo se ve rodeado por hombres y mujeres uniformados con sus diver-
sas misiones y vocaciones, y ve al Señor, afanado en Sus Labores como
carpintero en Nazaret, que Le mira, y Le dice solamente estas Palabras: “¿Has
entendido?”
El Señor quiere que Le escuchemos, pero “no soy escuchado”.
(5)
esta era una
ofensa grande, una afrenta a mi Amor, que la criatura ni siquiera considera y
no se preocupa en lo más mínimo en reparar. – Esta era, y
siempre ha sido, una ofensa grande, diríamos sin exagerar, que es una ofensa
mayor que la misma ofensa del pecado, porque en realidad el pecado, y todo lo
malo que puede hacer el hombre, sucede porque “dejamos de escucharle”.
Esto nos lleva a un punto que es de capital importancia en todos estos
estudios sobre Su Voluntad que hacemos. Es necesario que entendamos lo que es esta afrenta de que habla,
que “la criatura ni
siquiera considera, ni se preocupa en lo más mínimo en reparar”.
La afrenta es que no acabamos de comprender que hemos sido creados para reposar
en Sus Brazos, para cumplir con el Plan que ha trazado para cada uno, y que en
este Reposo que es todo actividad, y Actividad Divina, Él llegará a hacer, junto con nosotros, cosas que no quería
hacer solo, cosas que quería hacerlas con nosotros, y en Su Compañía. Eso es lo
que quería que el Santo Escrivá comprendiera, y que creemos comprendió.
(6)
He aquí porqué yo quise
dormir, para dar la satisfacción al Padre del reposo que no toman las almas en
Él, correspondiéndole por todos, y mientras reposaba impetraba para todos el
verdadero reposo, ha- ciéndome Yo vigilante de cada corazón para librarlo de la vigilia
de la culpa, - El Señor ahora resume todo lo
que Nos ha enseñado en este capítulo, en la forma secuencial, maravillosa, con
la que explica. Vamos a capsulizar para
entender mejor.
a) El quiso dormir – al dormir dejamos de
actuar conscientemente, y eso mismo hacemos cuando vivimos de Su Voluntad, de
Sus Sugerencias Amorosas de Acción. Al dormir Él, Él Nos representaba a todos,
que no vivimos de la Voluntad de Su Padre, de Su Voluntad.
b) Da satisfacción al Padre del reposo – satisfacer es reparar, es dar
a alguien lo que nadie le había dado y se Le debía, en este caso, Le daba al
Padre este “dejarse llevar” de Su Padre.
c)
Correspondiéndole por todos – hacía lo que no hacemos;
y Él, a nombre de todos, lo hacía.
d) Impetraba para todos el verdadero reposo – pedía por nosotros, para que algún
día llegáramos a entender es-
ta obligación que todos tenemos
de “dejarnos llevar”.
e) Se hacía vigilante de cada
corazón –
no utiliza el Señor la expresión de “centinela” que ha estado usando en todo
este volumen 11, para designarse a Si Mismo, pero el significado es el mismo.
Con todos, pero particu- larmente con los que viven en Su Voluntad, Él se hace
centinela, se hace vigilante de cada corazón humano, para que comprenda y se
“deje llevar”. En este aspecto de vigilante, vemos mucho y más ahora que antes,
a Jesús como nuestra “conciencia moral”. Ya lo decíamos en ocasión al capítulo
del 20 de Octubre de 1916, de este mismo volumen 11: eso que llamamos
conciencia ahora debemos llamarlo Jesús Centinela, Jesús Vigilan- te.
f)
Librarlo de la vigilia de la culpa – En su papel de conciencia moral, Nuestro
Señor trata de librarnos de la vigi- lia que destruye el reposo. La Vigilia de
nuestras pasiones, de nuestros pecados, es totalmente destructiva, y el reposo
es lo único que verdaderamente construye y renueva. Es en este sentido en el
que el sueno natural
que ocurre en nuestras vidas,
es el reparador, el constructor, y el renovador de nuestro cuerpo/espíritu,
cuer- po/espíritu que hemos estado destruyendo durante el día con nuestras
actividades.
(7)
y amo tanto este reposo de la criatura en Mí,
que no sólo quise dormir, sino que quise caminar para darle reposo
a sus pies, obrar para darle reposo
a sus manos, latir, amar, para darle el reposo
al corazón,
- Inesperadamente, el Señor extiende
ahora el concepto de reposo, a toda nuestra actividad humana, que es también
por supuesto fruto de Sus Sugerencias Amorosas de Acción. Si en todo hacemos lo
que Él Nos pide que hagamos, en todos y cada uno de los instantes de nuestra
existencia, resulta que estamos como cuando éramos niños, totalmente reposando
en Su Seno y Brazos. Y Jesús, para lograr que el Padre encontrara una criatura,
que estuviera reposando siempre en Su Seno y en Sus Brazos, se volvió niño en
ese sentido, y todo lo hizo siempre, como niño que se deja llevar de Su Padre.
(8) En suma, quise hacer todo para hacer que el alma hiciera todo en Mí y
tomara reposo, y Yo hiciera todo por ella, siempre y cuando la tuviera al
seguro en Mí”. – Este último párrafo, es la
perfecta entrada para el próximo capítulo, que hemos subtitulado la
“replicación de los Actos”.
Dice el Señor,
que Él quiso hacerlo todo, para poner todos los actos humanos en el “Banco de
Su Voluntad”, para que no solo Sus Actos, sino el Modo con el que hacía Sus
Actos, quedara preservado y “en acto” para siempre; para que no solo el acto, sino el modo de hacerlo,
pudiera ser replicado, y la satisfacción que nosotros debíamos dar al Padre y a
Él, pudiera ser dada, sin darnos cuenta, hasta ahora que nos damos cuenta.
Ahora bien. Dice que este “hacer todo por ella”, por la criatura, solo sucede cuando
la criatura “está al seguro
en Él”, o sea, cuando logra que viva en Su Voluntad, y se
entere de todo esto, y comience a actuar de acuerdo con lo que ahora sabe.
Resumen del capítulo del 22 de Diciembre de 1916: (Doctrinal) – Página 228 – La replicación de los actos
-
Habiendo recibido
la comunión estaba
uniéndome toda con Jesús y fundiéndome toda en su Querer, y le decía:
“Yo no sé hacer
nada ni decir nada, por eso siento la gran necesidad de hacer lo que haces Tú y repetir tus mismas
palabras; en tu Querer encuentro presentes
y como en acto los actos que Tú mismo hiciste al recibirte
Sacramentado, y yo los hago míos y te los repito”.
Y así trataba
de entretejerme en todo lo que había hecho Jesús al recibirse Sacramentado, y
mientras esto hacía me dijo:
“Hija mía,
quien hace mi Voluntad y todo lo que hace lo hace en mi Querer, me obliga a
hacer junto con ella lo que ella hace. Así que si recibe la comunión en mi
Querer, Yo repito los actos que hice al comulgarme, y renuevo el fruto completo
de mi Vida Sacramental; si reza en mi Querer, Yo rezo con ella y renuevo el
fruto de mis oraciones; si sufre, si obra, si habla en mi Voluntad, Yo sufro
junto y renuevo el fruto de mis penas, obro y hablo junto y renuevo el fruto de
mis obras y palabras, y así de todo lo demás”.
* * * * * * *
Analicemos este importante capítulo doctrinal. La lección más importante del
capítulo es Su Afirmación de que Él repli- ca todos y cada uno de
los actos de una criatura que vive en Su Voluntad. Esto es importante porque
necesitábamos confirmación Suya de que en efecto esta replicación está
ocurriendo constantemente. Jesús Bilocado en nosotros, y el Ser Divino que Le
acompaña en este Cuerpo de Luz que ahora poseemos, replica todos y cada uno de
nuestros actos, y produce los mismos efectos.
Aunque no es
motivo de este capítulo, en el que la atención de toda esta replicación, es
para que comprendamos la Renovación de Sus Propósitos Santificadores y la
Renovación de Su Benevolencia y Redención, no debemos olvidar que la replicación de actos en Su Voluntad,
sirve en manera preeminente para que
se llegue al número de actos nece- sario para que el Reino del Fiat Supremo
venga a la tierra.
(1) Hija mía, quien hace mi Voluntad y todo lo que hace lo hace en mí
Querer, me obliga a hacer junto con ella lo que ella hace.
– Luisa estaba ofreciéndole a Jesús la repetición de Sus
Actos en Su Voluntad, y en espe-
cífico, aquel
Acto que hizo cuando al instituir el Sacramento de la Eucaristía, se comulgó a
Si Mismo; es decir, se reci- bió sacramentado.
Esto mismo que Luisa quiere hacer, Jesús lo replica, lo repite. Atención a
esto: dice que “Le obliga a hacer junto con ella, lo que
ella hace”. Todo lo que un ser humano Le pide, o quiere
hacer, en Su Voluntad, y a
través de Su Voluntad Bilocada y Obrante, el Señor lo repite, lo replica. No
solo esto, sino que esta Replicación es simultanea, o sea, en el mismo
instante en que la criatura lo está pidiendo o haciendo. Una vez que el alma
entra en el Ámbito de Su Volun- tad, Jesús está obligado a repetir o replicar
lo que esa criatura quiere.
(2)
Así que si
recibe la comunión en mí Querer, Yo repito los actos que hice al comulgarme, y
renuevo el fruto completo de mi Vida Sacramental;
- Si la criatura comulga, viviendo
en Su Voluntad, Jesús “repite los actos que hice al
comulgarme”, porque esa Voluntad Bilocada y Obrante en la criatura, Le
obliga a hacerlo. ¿Por qué Le obliga? Jesús Le explica a Luisa en otros
capítulos que Él no puede ir
en contra de Si Mismo; no puede contradecirse a Si Mismo. Por lo tanto, al replicar el
acto de Luisa, Jesús renueva todos los frutos que estaban encerrados en Su
Vida Sacramental. Todo lo que Él hizo y consiguió en aquellos
momentos, los “renueva”, es decir, vuelven a surgir para Luisa, y para
nosotros, los efectos de esos frutos. Esos frutos son encerrados en el
Cuerpo de Luz de Luisa, y también en
el de nosotros, y es a través de Luisa, y ahora de nosotros,
que esos mismos frutos surgen
para beneficio del resto de las criaturas.
(3) si reza en mí Querer, Yo rezo con ella y renuevo el fruto de mis
oraciones; - Lo
que ocurre en la Recep- ción Eucarística ocurre en cualquier acto que la
criatura haga en Su Querer, viviendo en Su Querer. Si reza oraciones que
conocía anteriormente, o reza lo que ha aprendido a través de estos Escritos,
Él también reza, y replica lo que la criatura reza, y todo porque, de nuevo, esa criatura vive en Su Voluntad, en el Mismo Ámbito en el
que Él vive. El acto básico de rezar, de comunicarse con Dios, Jesús
lo replica, y se
replican los frutos que Él ha encerrado
en todo acto de
rezar, y que por tanto, también Él liberaba, cuando Él rezaba en Su Voluntad, viviendo en Su Voluntad.
Los Beneficios, Gracias, o frutos que se derivaban
de Su Rezo, no los conocemos completamente, pero debemos tener
la seguridad de que se liberan nuevamente para
beneficio de todos, porque es Jesús
en la tierra, nuevamente, y a
través de nosotros, el que reza.
(4)
Si sufre, si
obra, si habla en mi Voluntad, Yo sufro junto y renuevo el fruto de mis penas,
obro y ha- blo junto y renuevo el fruto de mis obras y palabras, y así de
todo lo demás. – Continúa el
Señor abundando en el concepto. Dice que si la criatura “sufre, obra,
habla en Su Voluntad”, que Él “sufre, obra y habla, y renueva el fruto de Sus
Obras y Palabras”.
Jesús Le da al
acto de cada criatura que vive en Su Voluntad, el mismo valor que Le da a un
Acto Suyo. Podemos afirmar, porque Él lo afirma, que Su Voluntad Bilocada y
Obrante, bilocada en la criatura y bilocada en Él, hace que Él vuelva a sufrir,
vuelva a hablar, vuelva a actuar. La importancia de todo esto, es que al
renovar Jesús, en cada día, todos Sus Actos, surgen los frutos, beneficios o
bienes que todos necesitamos diariamente. Su Benevolencia se renue- va, Su
Redención se renueva, todo lo que Él logró para nosotros, se renueva y se
replica a todos por igual. Todo se renueva: lo que sufrió, vuelve a sufrirse,
lo que habló se vuelve a hablar, lo que obró se vuelve a hacer, y todo se
vuelca para beneficio de los que ahora viven y lo necesitan.
Una última
observación. Todo este importantísimo Conocimiento sobre la Recepción Eucarística
que debemos hacer pensando en que Jesús, cuando nosotros comulgamos, Él vuelve
a comulgarse a Si Mismo, y nosotros recibimos en nuestro Cuerpo de
Luz los frutos renovados de Su Comunión, el Señor lo continua en el ultimo
capitulo de este volu- men 11, Capitulo del 24 de Febrero de 1917, y que
estudiaremos en su momento,
Resumen del capítulo del 30 de Diciembre de 1916: (Doctrinal) – Página 229 – El Sufrimiento en Su Voluntad -
Continuando mi
estado, yo pensaba en las penas de mi amable Jesús, y ofrecía mi martirio interior unido a las penas de Jesús, y Él
me ha dicho:
“Hija mía, los
verdugos pudieron lacerar mi cuerpo, insultarme, pisotearme, etc., pero no
pudieron tocar ni mi Volun- tad, ni mi Amor, estos los quise libres a fin de
que como dos corrientes pudieran correr, correr sin que ninguno pudie- ra
impedirlas, vertiéndome para bien de todos, aun de los mismos enemigos. ¡Oh,
cómo triunfaba mi Voluntad, mi Amor en medio de mis enemigos! Ellos me
golpeaban con los flagelos y Yo golpeaba sus corazones con mi Amor, y con mi Voluntad los encadenaba; ellos me
pinchaban la cabeza con espinas, y mi Amor encendía la luz en sus mentes
para hacerme
conocer; ellos me abrían llagas, y mi Amor sanaba las llagas de las almas de
ellos; ellos me daban muerte y mi Amor les restituía la vida, tanto, que
mientras expiraba sobre la cruz, las llamas de mi Amor, tocando sus corazones
los constriñó a postrarse ante Mí y a confesarme por verdadero Dios; nunca fui
tan glorioso y triunfador como lo fui en las penas en el curso de mi Vida
mortal acá abajo. Ahora hija mía, a mi semejanza doté al alma de libertad en la
voluntad y en el amor, de manera que los demás pueden adueñarse del obrar
externo de la criatura, pero del obrar interior, de la voluntad y del amor,
¡ninguno, ninguno! Y Yo mismo la quise libre en esto, a fin de que, libremente, no forzada, pudieran
correr esta voluntad y este
amor hacia Mí, y sumergiéndose en Mí pudiera ofrecerme los actos más nobles y
puros que la criatura puede darme, y siendo Yo libre y ella también, podemos
verternos mu- tuamente y correr, correr hacia el Cielo para amar y glorificar
al Padre, y morar juntos con la Trinidad Sacrosanta, correr hacia la tierra
para hacer el bien a todos, correr en los corazones de todos para golpearlos de Amor, y con la Voluntad encadenarlos y
hacer de ella una conquista, así que dote más grande no podía dar a la
criatura; pero, ¿dón- de la criatura puede hacer desahogo de esta libre
voluntad y de este amor? En el sufrir. En el sufrir el amor crece, se engrandece
la voluntad y como reina se rige a sí misma, ata mi corazón, y sus penas como
corona me circundan, me apiadan y me hago dominar, así que no sé resistir a las
penas de un alma amante, y como reina la tengo a mi lado, y es tanto el dominio
de esta criatura en las penas, que le hacen adquirir modos nobles, dignos,
insinuantes, heroicos, desinteresados, semejantes a mis modos, que las demás
criaturas hacen competencia para hacerse dominar por esta alma. Y por cuanto
más el alma obra Conmigo, está unida Conmigo, se funde en Mí, tanto más me
siento absorbido por el alma, así que conforme piensa, me siento absorber mi
pensamiento en su mente; conforme mira, conforme habla, conforme respira, así
me siento absorber la mirada, la voz, el respiro, la acción, el paso, el
latido, todo me ab- sorbe, y mientras me absorbe hace siempre adquisición de
mis modos, de mi semejanza, y Yo voy continuamente mirándome en ella y me
encuentro a Mí mismo”.
* * * * * * *
Leyendo este
capítulo por primera vez, llegó a nuestra mente la idea de que el Señor
disfrutó mucho dictándoselo a Luisa. Ciertamente que es un capitulo que revela
Intimidades de Su Persona, que van mucho más allá de la usual comunicación de
Conocimientos a la que nos tiene acostumbrados. Es difícil expresar lo que se
siente cuando se lee. Trataremos de explicar un poco de que se trata este
desbordamiento de sentimiento en Nuestro Señor.
El capitulo viene en dos partes. En la primera parte, de los párrafos del
1 al 9, el Señor revela estas Intimidades de que hablábamos, y con las que
podemos obtener resultados sorprendentes; y nada más decimos esperando
explicarlo todo en el análisis a continuación. En la segunda parte, que
comienza en el párrafo 10, Nuestro Señor Nos enseña el valor que tiene el
sufrir “de
un alma amante” en Su Voluntad, puesto que solo un alma amante
conocedora de este capítulo, puede hacer suyos los Modos con los que Jesús
quiere ser amado, y con los que podemos colaborar con Él, con toda efectividad.
(1) Hija mía, los verdugos pudieron lacerar mi cuerpo, insultarme,
pisotearme, etc., pero no pudieron tocar ni mi (Libertad de) Voluntad, ni mi Amor, - Siempre es
difícil entender cualquier aspecto de la Humanidad de Nuestro Señor, pero más difícil de entender aun, es
el que Su Humanidad, como la nuestra, había sido dotada
de la misma libertad de
voluntad que tenemos cada uno de nosotros. Tenía Libertad de Voluntad para
decidir como Dios, y la tenía, en igual medida, para decidir como criatura.
Asimismo comprendamos, que una Libertad de Voluntad para actuar es inefectiva,
sino está acompañada por el Amor Divino que libremente también, pueda ejecutar
aquello que Dios o la criatura han decidido hacer.
(2) estos los quise
libres a fin de
que como dos corrientes pudieran
correr, correr sin que
ninguno pudie- ra impedirlas,
vertiéndome para bien de todos, aun de los mismos enemigos. – Ya sabemos que nada de lo
que hacemos tiene valor, a menos que sea decidido y ejecutado con conocimiento
y con libertad. Por eso, aunque lo que sucedió en Su Vida había sido planeado
cuidadosamente para que sucediera, y cada aspecto de esa Vida Suya tenía un
significado, Él tenía que decidir cada acto, y realizar cada acto, con entera
libertad.
Dicho de otra
manera. Desde el principio, estos dos “aspectos” del Ser Divino, Su Libertad de
Voluntad y el Amor Di- vino como fiel ejecutor de Su Libertad de Voluntad,
fueron preservados, de manera tal, que nada ni nadie pudiera impedir que la
Labor de Redención, planeada por el Ser Divino, fuera ejecutada perfectamente
por Jesús, ya que Je- sús en cuanto hombre poseía la Misma Libertad de Voluntad
que Dios mismo tiene, y podía ejecutarla ayudado por el Amor Divino, tal y como
Ellos la habían anticipado.
La Redención
tenía que ser realizada completamente, y para bien de todos, aun de los mismos
enemigos. Los obs- táculos iban a ser muchos, y no necesariamente eran
obstáculos que los enemigos le ponían delante, sino que esos obstáculos
vendrían, muchas veces, de Sus mismos amigos y seguidores.
(3) ¡Oh, cómo triunfaba mi Voluntad, mi Amor en medio de mis enemigos! – Es innegable la alegría que
el Señor manifiesta en este capítulo, particularmente en los primeros 3
párrafos; alegría por la labor realizada en medio de inconcebibles sufrimientos
y ofensas, y manifestada ahora a todos nosotros, los que vivimos en Su
Voluntad, para que la compartamos con Él. Para el Señor, y así debiera ser en
cada uno de nosotros, la alegría de conseguir Sus Ob- jetivos, el de
santificarnos en Su Voluntad, y el de Perdonar y Redimirnos a todos, aun a esos
mismos enemigos, era superior a todos los contratiempos, insultos y tormentos.
Pero, y ahí está la clave de esta Alegría Suya, el Objetivo se conseguía
queriéndolo libremente, y queriéndolo libremente a cada instante.
(4) Ellos me golpeaban con los flagelos y Yo golpeaba sus
corazones con mi Amor, y con mi Voluntad los encadenaba; ellos me pinchaban la
cabeza con espinas, y mi Amor encendía la luz en sus mentes para hacerme
conocer; ellos me abrían llagas, y mi Amor sanaba las llagas de las almas de
ellos; ellos me da- ban muerte y mi Amor les restituía la vida, tanto, que
mientras expiraba sobre la cruz, las llamas de mi Amor, tocando sus corazones
los constriñó a postrarse ante Mí y a confesarme por verdadero Dios; - Jesús describe aquí la lucha feroz y encarnizada que desataron Sus enemigos contra Él, en cada aspecto
de Su Pasión. Habla de que al golpearle, Él aprovechaba ese acto
cruel para repararlo, haciendo el acto contrario que se oponía a la ofensa.
Así, los enemigos, con odio Le
golpeaban, y Él, libremente, Les devolvía un Acto
Bueno y Amoroso, “golpeaba sus
corazones con mi Amor”, con lo que contrarrestaba el acto malo, y al hacerlo
creaba las condiciones para perdo- nar esa ofensa, y todas las futuras ofensas
similares en especie, y este Perdón Suyo quedaba a la espera de arrepen-
timiento. Su Acto prevalecía, y de esa manera daba el fruto de Sus Actos a Sus
enemigos. Es como cuando en una discusión, el que gana es aquel que tiene la
última palabra, porque ha dejado sin habla al contrario.
Sus Actos era
siempre basados en los mismos actos humanos que Le hacían sufrir, y eran
específicos a la parte de Su Cuerpo o Espíritu que recibían esas ofensas y
sufrimientos, porque Su Humanidad, conectada con la nuestra, hacía posible que
nuestra humanidad recibiera de la Humanidad de Jesús, el efecto que Él quería
recibiéramos en cada par- te de nuestro cuerpo y sentidos. El sufrimiento de
las Espinas en Su Cabeza, por ejemplo, está conectado con nuestra cabeza, y
recibimos a cambio el bien de aclarar nuestros pensamientos perforados con las espinas
de Su Luz.
Aproximémonos a
todo esto desde otro punto de vista. Decimos que no creemos haber leído antes,
con la precisión que el Señor utiliza en este
capítulo y particularmente en este párrafo, como es que cada
acto de violencia que desen-
cadenaban contra Él, era transformado para reparar la ofensa que se le
causaba en aquel momento, y devolver a aquellos que lo hacían la posibilidad de
ser Perdonados, y un Perdón especifico a la misma especie de pecado. No sabemos
si los que leen esto han entendido a cabalidad el proceso del Perdón Divino que
el Señor anuncia en este párrafo, con lo ya dicho, por lo que lo enfatizamos.
Así decimos,
que debemos “ver”, como Nuestro Señor, con Su Voluntad, e internamente,
agarraba el látigo que Le golpeaba, y tiraba de ese látigo para atraer a Sí
Mismo a aquel que Le golpeaba y lo
abrazaba y lo encadenaba a Él, y en ese abrazo estrecho ofrecía Su Perdón.
Nuestro Señor transforma el acto ofensivo y lo convierte en un acto que
repara y, al mismo tiempo, perdona. Es, si se nos
permite la comparación, como si el Señor transformara cada latigazo que
recibía en una flor, que con la que Él “flagelaba” con Amor a aquel que así Le
flagelaba con odio.
De igual manera
habla, como Le pinchaban la cabeza con espinas, y esas espinas vegetales las
convertía Él, en espi- nas de Luz con las que Él hería las cabezas de aquellos
que Le pinchaban.
Le abrían
llagas, y Él transformaba esas Llagas Suyas, en medicina que curaba las
llagas de las almas que así Le he- rían.
Le daban
muerte, y Él transformaba esos actos que Le mataban, en actos de vida,
que restituía la vida a aquellos que Le mataban.
Dice por fin,
que aquellos que Le humillaron, Él transformó sus humillaciones, y les obligó
a ellos, a humillarse delante de Él, y de esa manera Les perdonaba.
Mientras y más
variadas son las ofensas que cometemos, más variada y segura es la posibilidad
de Su Perdón. Es como si alrededor
de cada pecador estuvieran todos
esos Actos de Amor
Suyos que rodean al pecador, esperando que abrace uno de esos posibles Actos Redentores, y
de esa manera, Le dé Su Perdón.
(5) Nunca fui tan glorioso y triunfador como lo fui en las penas en el
curso de mi Vida mortal acá abajo. – Las ofensas causan penas, pero, esas penas son
ocasión para que Él pueda transformarlas en actos gloriosos, y triunfantes. Atención a esto:
Inesperadamente, habla de que las penas son la ocasión que Le permite hacer
como hombre, y por tanto recibir como Dios, la más grande gloria y triunfo. De
esta manera, comienza el Señor a ahondar más en el tema principal del capítulo,
o sea, el valor que tiene el sufrimiento como instrumento o herramienta para
darle a Dios Su Gloria y nuestro triunfo, particularmente ahora que nosotros
los que vivimos en Su Voluntad, y el Ser Divino vive, bilocado en nosotros.
Tenemos que saber aprovechar el sufrimiento pequeño o grande que Nos envía o
permite que otros nos den, para convertir
ese sufrimiento en motivo
de Gloria para Él, puesto que al
sufrir nosotros en Su Voluntad, Le
damos ocasión para que Él replique nuestro sufrimiento a favor y en ayuda de
nuestras hermanos y hermanos, que se encuentran en necesidad continua de
Redención. Si esto hemos aprendido hoy, hemos aprendido una inconcebiblemente
importante Lección Divina.
(6)
Ahora hija mía, a mi
semejanza, doté al alma de libertad en la voluntad y en el amor, de manera que
los demás pueden adueñarse del obrar externo de la criatura, pero del obrar
interior, de la voluntad y del amor,
¡ninguno, ninguno! – El Señor confirma con estas Palabras, algo que los que preparan estas
Guías de Estudio han creído y enseñado por años, a saber, que el obrar interno
del hombre, no puede ser forzado por Él, y eso lo sabíamos, pero tampoco puede
ser forzado por nuestros enemigos, y eso no lo sabíamos con claridad. Todos
pue- den influenciar nuestras decisiones, pero nadie puede forzarnos a
hacer algo que no querramos hacer.
Cada instante
en el que actuamos es libre en sí mismo, y es libre de cualquier influencia
externa, y ciertamente de cualquier influencia que pueda surgir por nuestra
actuación anterior. Todos pueden influenciarnos, pero ninguno pue- de hacernos
obrar. El hecho de que hayamos sido malos y pecadores hasta ahora, en que se me
presenta una nueva ocasión de pecar, no quiere decir que mi pasado pecador,
fuerza este presente, y que tengo que seguir siendo malo, porque fui malo hasta
ahora. Cada instante es libre, y por tanto cada instante ofrece la posibilidad
de hacer un acto soberano, irrepetible, y transformador de toda una vida
anterior de pecado. Esa es la conversión que Dios Nos ofrece a cada instante
en el que estamos
en pecado, para que ese instante libremente escogido y hecho bueno, sea capaz de reversar, por sí solo, todo lo malo
que hemos hecho anteriormente, con toda libertad. Ahondemos un poco más en
esto. Aunque nuestra conversión necesita llegar a ser total, y nuestro
arrepentimiento necesita llegar a abarcar a toda nuestra anterior vida
pecaminosa en todos sus aspectos, lo cierto es, que el proceso de conversión
empieza con el dolor de un pecado o pecados de una misma especie.
Esa es la puerta de entrada de la conversión: un pecado que Él envuelve con Su
propio Acto Redentor y con ese Acto Suyo abraza al pecador, lo entrega a ese
pecador, y con ese Acto Suyo lo convierte.
(7) Y Yo mismo la quise libre en esto,
a fin de que, libremente, no forzada, pudieran
correr esta voluntad y este amor hacia Mí, y sumergiéndose en Mí pudiera
ofrecerme los actos más nobles y puros que la criatura puede darme, - Aunque Su Misma Libertad de
Voluntad fue emanada en nosotros, para darnos lo más noble, lo mas Divino, que
Dios puede darnos, lo que Ellos querían conseguir dándonos este Supremo Don,
era darnos ocasión de que pudiéramos correr hacia Ellos, libremente, nuestros actos, y de esta manera, dar a Dios los actos más nobles
y puros posibles, porque esos actos se hacían con la Característica, con el
Aspecto Divino más importante de todos. Mas que el Conocimiento de su
Existencia y Atributos, lo que Dios quiere que sepamos de Él, en manera pre-
eminente, es que son Libres de Decisión, que todo lo que hacen, lo hacen producto de una
Decisión ponderada y justa
y amorosa.
(8) y siendo Yo libre y ella también, podemos verternos mutuamente y
correr, correr hacia el Cielo para amar y glorificar al Padre, y morar juntos
con la Trinidad Sacrosanta, correr hacia la tierra para hacer el bien a todos,
correr en los corazones de todos para
golpearlos de Amor, y con la Voluntad encadenarlos y hacer de ella una
conquista, - Estamos
llegando al párrafo cumbre de este capítulo, porque no creemos que pueda haber
una Verdad Divina más extraordinaria que la que aquí Nos hace saber.
Habla de la
esencia del Don de Vivir en Su Voluntad, y lo hace en cinco (5) partes
fundamentales. En Su Caracteriza- ción de esta Vida en Su Voluntad, dice que Él
y cada uno de nosotros:
a)
nos vertemos y corremos juntos al Cielo para amar
y Glorificar al Padre, - Cada palabra dicha en este párra- fo tiene un significado especial. Cuando decimos que algo se vierte en
otro, se refiere al proceso de fundición, de unión que existen entre
dos sustancias similares. Nosotros nos vertemos en Su Voluntad, y en Él Mismo,
y “corremos”, porque todo este
proceso de vivir en Su Voluntad, es una carrera vertiginosa de acción y logros, y en este
proceso de hacer y colaborar con Él en Su Magna Obra de la Venida del Reino del
Fiat Supremo a la tierra como en el Cielo, damos el más perfecto
Amor, la más perfecta
de las correspondencias y agradecimien-
tos que podemos darle a Nuestro Padre,
el Suyo y el nuestro,
y así haciendo Le damos la perfecta
Gloria, “por el Padre exigida, pero que no siempre se Le
da, por parte de nosotros, Sus criaturas”.
b)
y morar juntos,
con la Trinidad Sacrosanta – Es integra a esta Vida en Su Voluntad,
el que en efecto creamos que estamos
morando junto con Jesús, y con la Trinidad Sacrosanta en el Ámbito de Su
Voluntad.
c)
correr
hacia la tierra para hacer el bien a todos, - Con las obras que hacemos en
conjunto, yo y Jesús, hace- mos para que corra el bien a la tierra para
beneficio de todos. Cada acto que hacemos en Su Voluntad, y que el Ser Divino
replica en nuestro Cuerpo de Luz, y en la Voluntad Suprema, es un beneficio que
hacemos a to- das las criaturas, que básicamente derivan
el Beneficio que tienen de lo que nosotros hacemos, viviendo en Su
Voluntad.
d)
correr en
los corazones de todos para golpearlos de Amor, - Los actos que hacemos que se relacionan con Su Vida, Pasión y Muerte, son actos
todos redentores, que “golpean de Amor los corazones de todos”. Esta
imagen ya la utilizó en el párrafo 4 para indicar el efecto redentor de Su Acto
original cuando era flagelado. Así
ahora cuando leemos las Horas de la Pasión y releemos el pasaje de la
Flagelación, hacemos que Él repli- que ese acto, y reactive el acto original
que está en Su Voluntad, y ese acto eterno vuelva a salir de nuevo a golpear de
Amor a todos los que están con pecado de impureza.
e)
y con la Voluntad encadenarlos y hacer de ella una
conquista, - Y así como lo hiciera en su momento históri- co, así ahora
vuelva a encadenar a estos pecadores a Él y
a Su Voluntad, e iniciar la salvación
y conversión de todos.
(9)
Así que dote más grande no podía
dar a la criatura; - Y
todo esto que sucede puede suceder, porque Él Nos
ha dado Su Misma Libertad de Voluntad, que es el “don más grande que podía darle a
la criatura”. Recordemos que para Jesús, por ejemplo, el acto de la
Encarnación es el acto más grande que hizo, pero no porque el de morir en la
Cruz fuera inferior a ese, sino porque si no se hubiera encarnado, no hubiera
podido redimirnos. De igual manera, si no hubiera
emanado en nosotros, Su Libertad de
Voluntad, no hubiera podido concedernos el
poder vivir en Su Volun- tad, porque
una cosa precede a la otra. Dicho de otra manera. No hubiera podido hacer que
viviéramos en Su Volun- tad, si con este Don Divino de Su Libertad de Voluntad,
no decidiéramos a lo Divino, y le dijéramos
que “Sí, quiero vivir en Tu Voluntad”.
(10) ¿Pero dónde la
criatura puede hacer desahogo de
esta libre voluntad y de este amor? En
el sufrir. – Comienza
ahora el Señor la segunda parte de este capítulo. Entendamos que quiere decir
con “hacer desahogo de esta libre voluntad”. Hacer
desahogo de esta libre voluntad quiere decir que en los actos de sufrimiento
que recibi- mos de Él o de otros que Él permite nos ocurran, es cuando mejor y
más efectivamente podemos ejercitar nuestra libertad de voluntad, para que el
acto resultante sea “más divino” que cualquier otro que pudiéramos hacer
con esa misma Libertad de Voluntad que tenemos. La razón es clara y sencilla.
Cuando acogemos libremente el sufrimiento, viviendo en Su Voluntad, damos
ocasión a Nuestro Señor para que
replique la especie de actos más importante, bella y en una palabra, redentores, que esa criatura y Él
Mismo, pudieran haber realizado. Pero, no
es esta la única explica- ción; nos falta otra parte de la explicación que es igualmente importante. Esta
explicación es la que va a comenzar a elaborar en el próximo párrafo 11.
(11)
En el sufrir el amor crece, se engrandece la
Voluntad y como reina se rige a sí misma, ata mi cora- zón, y sus penas como
corona me circundan, me apiadan y me hago dominar, así que no sé resistir a las
penas de un alma amante, y como reina la tengo a mi lado; y es tanto el
dominio de esta criatura (sobre Mí) en las penas, que le hacen adquirir modos nobles, dignos,
insinuantes, heroicos, desinteresados, se- mejantes a mis modos, que las demás criaturas hacen competencia para
hacerse dominar por esta alma.
Y por cuanto más el alma obra Conmigo, está unida Conmigo, se funde en Mí,
tanto más me siento ab- sorbido por el alma; así que conforme piensa, me siento
absorber mi pensamiento en su mente; confor- me mira, conforme habla, conforme respira,
así me siento absorber la mirada, la voz, el respiro, la ac-
ción, el paso, el latido,
todo me absorbe, y mientras me absorbe hace siempre adquisición de mis modos, de mi semejanza, y Yo voy
continuamente mirándome en ella, y (en ella) me
encuentro a Mí mismo. - Hasta ahora, la
atención de todo el capitulo la había recibido uno de los dos Componentes o Características de las que
quiere hablarnos en este capítulo, o sea, Su Atención había estado centrada en
describir a Su Libertad de Voluntad en nosotros.
Ahora necesita
hablarnos con igual profusión, de lo que ocurre con el Amor Divino y con Su
Voluntad, que Nos ha formado esta nueva
Vida en Su Voluntad, que Nos trae las Sugerencias Amorosas que ese Amor ha preparado bajo las órdenes de
la Trinidad Santísima, y que Nos vincula con Él y con toda Su Creación.
Por tanto,
examinemos las Palabras del Señor para descubrir lo que sucede cuando un alma
sufre, viviendo en Su Voluntad. Así dice Jesús, que en el sufrir, o en el
estado de sufrimiento:
El Amor crece – Pudiera muy bien haber
dicho Su Gracia, pero este término está como que reservado para la vida
cristiana virtuosa. Necesita que comprendamos que en esta Segunda Vida en Su
Voluntad, el Amor Divino que está bilocado en esa criatura, crece en función
del sufrimiento, porque el Amor Divino da forma y crea a esos actos de
sufrimiento que la criatura hace y el Señor replica.
Se engrandece
la Voluntad – La Voluntad que se ha bilocado y obra en los que
viven en Su Voluntad, va creciendo porque se va alimentando a Sí Misma con
estos nuevos actos realizados por la criatura.
Y como Reina se rige a Si Misma, - La
Vida de Su Voluntad que se ha formado y reside en la criatura, tiene como Reina
a Su Voluntad bilocada y obrante en esa criatura, y conduce a esa criatura, en
forma independiente de cómo otras criaturas, también viviendo en Su Voluntad,
se están desarrollando, y de la Misma Voluntad Suprema que se engrandece a Si
Misma con los Actos continuos que la Trinidad Sacrosanta realiza independiente
a nosotros. Aunque el resultado del
obrar de cada criatura que vive en Su Voluntad, “va a parar” a la Voluntad
Suprema, transportados esos actos por el Rio de Su Voluntad que fluye en cada
uno de los que viven en Su Voluntad; sin embargo, eso no quita para que cada
criatura se está rigiendo por la Bilocación de Su Voluntad, y se está
desarrollando independiente- mente de todas las otras.
ata al Corazón de Jesús
- cada sufrimiento ata al Corazón
de Jesús es como si dijera, que cada acto de sufrimiento
es una cuerda que amarra Su Corazón, o sea, amarra a la Persona del Jesús que
está bilocado también en esa criatu- ra.
Le circunda con esas penas sufridas
– Dice que esos amarres lo circundan. Imaginemos con estas Palabras Su-
yas, cómo cada sufrimiento es una cuerda que lo va envolviendo, que lo va “circundando”, como una
araña envuelve a su presa.
Nuestra comparación parece irrespetuosa, pero no lo es, por lo que el Señor
continua diciendo en los pró- ximos párrafos.
Infunden Piedad en Él por todos nosotros – Nada
hay que infunda mas Piedad, Compasión en Él, que el recuer- do de aquellos
sufrimientos que tuvo, y la contemplación actual de los actos que nosotros Le
damos ocasión de hacer nuevamente, porque los replica.
Se deja dominar – Dice que este
enternecimiento que provocan nuestros actos de sufrimiento, y que Él replica,
lo debilitan al punto, que se deja dominar de la criatura, y nada puede negarle.
así que no sabe resistir a las penas de un alma (que libremente es) amante, y como Reina la tiene a Su Lado – Es tal y
tanto el dominio
que tiene sobre Él, esa criatura que sufre viviendo
en Su Voluntad, que no sabe resis-
tirse a ella, y la hace Reina y la tiene a Su Lado.
Adquiere modos nobles, dignos, insinuantes,
heroicos, desinteresados, semejantes a Mis Modos, - Se hace difícil aceptar todo esto que dice,
porque inevitablemente pensamos siempre, que el Señor está describiendo a que
cada uno de nosotros, está adquiriendo todos estos Modos Divinos al
sufrir, y esto no es compatible con la imper- fección que
percibimos en nosotros mismos. Sin embargo, el Señor no está hablando
estrictamente de nosotros como estamos ahora, sino que está hablando del
nosotros que llegaremos a ser eventualmente, si continuamos desarrollan- do, perseverantemente, esta Vida de Su Voluntad que ha encerrado en nosotros. El Señor
habla de esta segunda vida, que es ahora nuestra, y cómo esta segunda vida está transformando nuestra primera vida inevitablemente.
¿Qué pue-
de importarle
al Señor, nuestro estado imperfecto, momento a momento, cuando Él sabe, y ha
visto, y se complace con el final de esta imperfección nuestra?
Las demás criaturas hacen competencia para
hacerse dominar por esta alma. – Este
párrafo es más difícil de entender
que los otros. Pensamos que puede
referirse o bien a otros
seres humanos como nosotros, o a los anima- les y
plantas, o a ambos. No sabemos qué pensar, pero podemos especular que en cuanto
a los seres humanos este “dejarse dominar” implica que se sentirán atraídos por nosotros, y siguiendo nuestro ejemplo querrán también vivir en Su Voluntad. En cuanto a los
animales y plantas pensamos que este “dejarse dominar” puede resultar en que
seamos buenos haciendo crecer plantas y flores, y que los animales no nos
mostrarán hostilidad. Y ponemos punto a esta especulación.
Y mientras más el alma obra Conmigo y está unida Conmigo, (más) se funde en Mí, - Volvemos a terreno conocido. Hay un creciente
proceso de fusión con Jesús, fusión
que se realiza a través de los actos
que conjuntamente hacemos.
Esta es una fusión de objetivos, de colaboración íntima a todos los niveles, el
Redentor y el Santificador.
Me siento absorbido por el alma, - Dice
el Señor que se siente absorbido por el alma. Mientras más me fundo yo con Él,
mas se siente Él esta atracción a estar junto al alma, y dejarse dominar por
ella, ser absorbido en esa alma para hacer juntos lo que Él Mismo sugiere a esa
alma.
Así que conforme piensa, me siento absorber mi pensamiento en su mente;
- Comienza
la relación de qué constituye esta absorción que hacemos de Él. Su Pensamiento
pasa a ser nuestro pensamiento cuando en Él pensa- mos; siente Sus propios
pensamientos “fluir” a través de esa criatura.
Conforme mira, conforme
habla, conforme respira,
así me siento absorber la mirada, la voz,
el respiro, la acción, el paso, el latido, todo me absorbe - Todo lo que esta criatura
hace, Él lo replica, y es como si lo que la criatura habla, Él lo habla; lo que la criatura
respira, Él lo respira, etc. No
es algo que debiera
extrañarnos, puesto que si seguimos todo lo que Nos sugiere,
es inevitable que lo que hacemos, Él lo reconozca como Suyo, y que por tanto,
cuando replica lo que ha sugerido y nosotros hacemos, se ve a sí mismo
hablando, respirando, oyendo, pestañeando, latiéndole el corazón.
Hace siempre adquisición de mis modos, de mi semejanza, - este es un aspecto
particularmente importante de Su Sugerencia, que no solamente Nos dice
lo que quiere que hagamos, sino el modo como debemos hacerlo. Esto a veces es
desconcertante, porque aunque esta Vida en Su Voluntad, estrictamente hablando,
es la menos ritualista de todas las vidas religiosas que conocemos, incluyendo
la católica, lo cierto es que requiere de nosotros ciertos hábitos de oración y
de acción que necesitan ser hechos del Modo como Él quiere se realicen. Decimos
estrictamente hablan- do, porque lo
que se requiere de nosotros en esta Vida en Su Voluntad viene
exclusivamente de los Escritos. Así pues, no debemos ver el asistir a Misa
diariamente como un requisito de la Vida en Su Voluntad, sino como un requisito
de nuestra vida cristiana, católica, virtuosa,
que necesitamos absolutamente continuar, porque la Vida
en Su Voluntad, no quita, sino
que añade nuevas prácticas y deberes a los que ya teníamos.
Y, mirándome en ella, me encuentro
a Mí mismo. - El párrafo final que abarca a todos los anteriores, porque,
¿Qué puede
haber de mas importante, de más
satisfactorio, que el Señor
pueda decir que se encuentra a Si Mismo en
nosotros, cuando Él Nos mira?
Resumen del capítulo del 10 de Enero de 1917: (Doctrinal) – Página 231 -
Esta mañana
mi amable Jesús me ha dicho:
“Hija mía, la santidad está formada de pequeñas
cosas, así que quien desprecia
las pequeñas cosas no puede ser san- to, sería como quien
desprecia las pequeñas semillas de los granos que unidas forman la masa del
grano, y que si no se tuviera cuidado de unirlas faltaría el alimento necesario
y cotidiano de la vida humana. Así a quien no cuida de unir juntos tantos
pequeños actos, le faltará el alimento a la santidad, y como sin alimento no se
puede vivir, así sin el alimento de los pequeños actos faltaría la verdadera
forma de la santidad y la masa suficiente para formar la santi- dad”.
* * * * * * *
Por años, los
que preparan estas Guías de Estudio, han esperado un capitulo que validara lo
que tantas veces hemos expresado sobre la necesidad de hacerlo todo en Su
Voluntad, hasta los más pequeños actos, muchos de ellos invo- luntarios, por lo
importante que son. No se trata de que este capítulo sea novedoso, porque es
capitulo que reafirma lo ya dicho; el Señor Le dedica muchos capítulos a este aspecto, pero
en casi ninguno ofrece, como hoy, la explicación ultima de porqué esto es
necesario. Su explicación es diáfana y al punto. Comencemos el análisis.
(1) Hija mía, la santidad está formada de pequeñas cosas, así que quien
desprecia las pequeñas cosas no puede
ser santo, - Como
de costumbre, el titular en estilo periodístico. Una idea similar a esta, y
prácticamente con las mismas palabras, la ofrece Nuestra Madre del Cielo, en el
libro de la Virgen María en el Reino de la Divina Vo- luntad. Muchos de los
santos de nuestra Iglesia Católica, han forjado sus santidades de altar en las
pequeñas cosas que hacían, como Santa Teresita, San Martin de Porres, etc. Así
que, nuevamente, la Afirmación Divina en este caso, convalida esta noción que
comparten muchos católicos practicantes.
Dicho esto, sin
embargo, ¿qué son estas “pequeñas cosas” de
que habla el Señor? Como ya sabemos, las “pequeñas cosas” son actos, muchos de
ellos involuntarios, que no tienen una trascendencia mayor, que tienen un
propósito específico y limitado, y que pasan desapercibidos, o porque no nos
damos cuenta de que los estamos haciendo, o porque, aun dándonos cuenta,
los consideramos irrelevantes dentro del diario
vivir. Es típico pues,
que nos acordemos de una limosna que le dimos a un pobre, porque es acto
virtuoso, pero que no nos acordemos, al cabo de un rato, de lo que hicimos diez
minutos antes de darle esa limosna al pobre, porque fueron “pequeñas cosas”.
Adelantándonos
un tanto a la explicación, debiéramos pensar de inmediato, que esas pequeñas
cosas tenían una im- portancia insospechada, puesto que si no hubiéramos realizado
esas pequeñas cosas, y realizado bien, no hubiéramos podido salir a la calle
para realizar el acto virtuoso. Nada puede hacer un ser humano que no sea
secuencial, o sea, todo nuestro actuar está encadenado en una sucesión que, si
se “rompe”, ciertos actos futuros que estaban en esa sucesión que hemos “roto”
o descontinuado, no llegarán a ser realizados jamás. Siguiendo nuestro ejemplo,
si no nos hubiéramos levantado de la cama, aseado, vestido,
desayunado, y salido
a la calle, no hubiéramos podido encontrar al infeliz que necesitaba nuestro auxilio
caritativo. Pensemos un poco. Digamos que yo no hubiera desayunado, y hubie- ra
salido a la calle sin desayunar, pues el pobre del ejemplo estaría caminando
todavía para “tropezarse” conmigo a la puerta de la casa, y yo no hubiera
podido “tropezarme” con él, y darle la limosna que Nuestro Señor, a través de
mí, quería darle a ese infeliz.
Así pues, y esto es extremadamente importante, si no vemos el acto
caritativo, como la culminación de una serie de actos inconsecuentes y
“pequeñas cosas”, una serie de “diocidencias”, con las que Nuestro Señor Nos ha
estado sugi- riendo la vida que quiere de nosotros, como parte de nuestro Plan de vida diario, entonces sí que habremos perdido el significado profundo de nuestras existencias, porque habremos
perdido la conexión mas intima de Dios con cada uno de nosotros, el “espíritu
de continua oración”, que es una conexión de actuación, una conexión
ininterrumpida de Sugerencias Amorosas con las que Nos guía.
Estamos llegando
al final del volumen 11, y este es uno de los muchos capítulos en los que este
vivir de Su Voluntad se explica, una y
otra vez, con una urgencia cada vez mayor. No podemos avanzar
en santidad, como dirá en el
párra- fo 3, si no entendemos perfectamente, la manera, el Modo, con el que el
Señor quiere que vivamos, nuestras dos vidas.
(2) sería como quien desprecia las pequeñas semillas de los granos que
unidas forman la masa del grano, y que si no se tuviera cuidado de unirlas
faltaría el alimento necesario y cotidiano de la vida hu- mana. – El ejemplo que utiliza
Nuestro Señor para explicar toda esta necesarísima sucesión de actos, es muy
fácil de entender. El pan que comemos diariamente, incluyendo el tan
trascendente pan eucarístico, está formado por peque- ños granos de trigo que
cuando se unen, con cierta cantidad de agua, forman la masa de la que hacemos
el pan. Aunque parezca que cada grano es insignificante, cada grano de trigo
tiene que ser formado por la planta, y su creci- miento guiado por Su Voluntad
Bilocada en esa planta. La espiga de
trigo tiene muchos granos,
pero cada uno necesi- ta ser formado individualmente,
no se forman por casualidad. Cada grano de trigo es de una complejidad
abrumadora en sus características, en sus componentes orgánicos más simples. Si
nos tomáramos el trabajo de estudiar cada creación Divina, que son “pequeñas cosas”,
quedaríamos abrumados ante la complejidad de esa insignificante criatura.
Hay un detalle
en Sus Palabras que necesitamos enfatizar, porque junto a la poca atención que
le prestamos a las “cosas pequeñas”, corre una cierta cantidad, mayor o menor,
de desprecio por esa cosa pequeña. Y no creamos que este desprecio es cosa
que solo tienen gentes sin fe, o religiosidad, o gente malvada; muy
por el contrario, corre en
casi todos
nosotros, de una forma u otra, y es un defecto que debemos tener en cuenta, y
luchar para eliminarlo de nuestras mentes y actuación. Entiéndase claramente
que el Señor habla del desprecio que podamos llegar a tener a algo,
porque nos parece sin importancia, y este desprecio es irracional desde el
punto de vista de la Lógica Suprema, porque todo lo que Dios permite que exista
es importante; existe, porque tiene utilidad, y es un Acto de Dios, en el que
ha intervenido la totalidad del Ser Divino. Así que cuando despreciamos las
“pequeñas cosas”, inevitablemente, despreciamos a Dios.
(3) Así a quien no cuida de unir juntos tantos pequeños actos, le faltará
el alimento a la santidad, y co- mo sin alimento no se puede vivir, así sin el
alimento de los pequeños actos faltaría la verdadera forma de la santidad y la
masa suficiente para formar la santidad. - ¿De qué santidad habla el Señor? De la
santidad única que Le interesa en estos “tiempos”, la Santidad que representa
esta Vida en Su Voluntad, que por todo lo que
ya hemos aprendido, es la santidad máxima a la que podemos aspirar como
criatura; entendiendo por santidad, la unión intima y más perfecta posible, de
una criatura con Su Creador y Señor.
Lo que en
definitiva Nuestro Señor busca con este capítulo, y otros similares a este, es
que comprendamos que toda nuestra vida corporal/espiritual ha sido una sucesión
de actos, con la que Nos llevaba al momento cumbre, al acto de pedirle vivir en Su Voluntad. Nos ha estado
guiando de la mano, no siempre en forma derecha, pero siempre en forma
segura, para que llegara a nosotros, y pudiéramos “tropezarnos” con ese momento
culmen de nuestra existencia te- rrenal: el momento en el que Nos ofreció el
Modo más perfecto de unirnos a Él, ahora y aquí.
Ahora bien. De igual manera que Nos condujo hasta ese momento, ahora
continúa guiándonos para que continuemos “formando la santidad” que Nos otorgó como una semilla
que necesitaba crecer. Todos nuestros actos, a partir de esa aceptación
inicial, contribuyen a esta “formación de santidad” en
Su Voluntad, y no podemos desatender nin- guno, ni despreciar ninguno, sino que
debemos acoger y realizar todo lo que Su Voluntad Nos sugiere.
Resumen del capítulo del 2 de Febrero de 1917: (Doctrinal) – Página 232 - La Sugerencia Amorosa de Su Pasión -
Encontrándome
en mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma, y he encontrado a mi
siempre amable Jesús, toda chorreando sangre, con una horrible corona
de espinas, y con dificultad me miraba por entre las espinas, y me dijo:
“Hija mía, el
mundo se ha desequilibrado porque ha perdido el pensamiento de mi Pasión. En
las tinieblas no ha en- contrado la luz de mi Pasión que lo ilumine, que
haciéndole conocer mi Amor y cuántas penas me cuestan las almas, pueda reaccionar
y amar a quien verdaderamente lo ha amado, y la luz de mi Pasión, guiándolo, lo
ponía en guardia de todos los peligros; en la debilidad no ha encontrado la
fuerza de mi Pasión que lo sostenga; en la impaciencia no ha encontrado el
espejo de mi paciencia que le infunda la calma, resignación, y ante mi
paciencia, avergonzándose tenga como un deber dominarse a sí mismo; en las
penas no ha encontrado el consuelo de las penas de un Dios, que sosteniendo las
suyas le infunda amor al sufrir; en el pecado no ha encontrado mi santidad, que
haciéndole frente le infunda odio a la
culpa. ¡Ah! en todo ha
prevaricado el hombre porque
se ha separado en todo
de quien podía ayudar- lo, por eso el mundo ha perdido el equilibrio, ha
hecho como un niño que no ha querido conocer más a su madre, como un discípulo
que desconociendo al maestro no ha querido escuchar más sus enseñanzas ni
aprender sus leccio- nes, ¿qué será de este niño
y de este discípulo? Serán
el dolor de sí mismos
y el terror y el dolor de la sociedad.
Tal se ha hecho el hombre, terror y dolor, pero dolor sin piedad, ¡ah, el
hombre empeora, empeora siempre más y Yo
lo lloro con lágrimas de sangre!”
* * * * * * *
(1) Hija mía, el mundo se ha desequilibrado porque ha perdido el
pensamiento de mi Pasión. – No es primera vez que Jesús utiliza el término de
“equilibrio” o el de “desequilibrio” en la criatura, para definir el estado que
ocurre cuando una criatura, total o ocasionalmente, se aparta de Su Pasión,
como el “Centro” alrededor del cual, la criatura debe girar para obtener
dirección estable y segura. Confirmando con el Diccionario averiguamos que el
Dic- cionario define equilibrio como el “estado
de un cuerpo, cuando encontradas fuerzas que obran en el, se compensan destruyéndose
mutuamente”. Pensamos volver a esta definición una y otra vez, cuando estudiemos los párrafos 2 al 7, y en el resumen que haremos al final
del capítulo.
Dicho de otra
manera más convencional, la criatura pierde el equilibrio cuando deja de actuar
correctamente, a la Luz de Su Pasión, cuando deja de tenerla como guía
constante de todo su actuar.
(2) En las tinieblas no ha encontrado la luz de mi Pasión que lo ilumine,
que haciéndole conocer
mi Amor y cuántas penas me
cuestan las almas, pueda reaccionar y amar a quien verdaderamente lo ha amado,
- Comienza
el Señor a definir el estado de desequilibrio anunciado con 6 desequilibrios,
los más importantes para Él, aunque luego en el párrafo
8, el Señor extenderá Su Atención a todos los posibles desequilibrios que pueden acaecerle a un ser humano, llamándonos
“prevaricadores”. El adjetivo suena bastante feo, y lo es.
Hemos hablado
muchas veces del Bien que viene encerrado en cada acto que hacemos, y que
liberamos, cuando si- guiendo Su Sugerencia Amorosa, realizamos el acto. Pues
bien, Nuestro Señor se ha propuesto inundarnos con Suge- rencias Amorosas
relativas a Su Pasión, porque Él ha encerrado en las múltiples variaciones del
“acto” que constituye Su Pasión, a todos los Bienes que nosotros podremos
llegar a necesitar para ir al puerto seguro de la Salvación, o de la Santificación en la Divina Voluntad. La
Pasión es como una grandiosa pieza orquestal que Nuestro Señor ha com- puesto,
y que tiene un solo tema, e infinitas variaciones.
Cuando los
nuevos “alumnos” de este Apostolado nos han preguntado, de cuál es la cosa más
importante en este Apostolado, siempre, invariablemente, nos referimos a Su
Pasión como lo más importante a estudiar, porque, y esta es la gran lección
de este capítulo, en Su Pasión está el fundamento de todo lo que el Señor quiere entregarnos con el
Don de Vivir en Su Voluntad.
Dicho de otra
manera; vivir en Su Voluntad no tiene directamente nada que ver con Su
Pasión, pero indirectamente, tiene todo que ver con Su Pasión. Es
imposible vivir en Su Voluntad, y pretender que estamos desarrollándola, si es-
tamos separados de Su Pasión. Es como muchas veces dice el Señor, Su Pasión es
mano sin ser mano, es pie, sin ser el pie.
En este primer desequilibrio habla de que vivimos en tinieblas, y que esas
“tinieblas” se verían disipadas si pensára- mos en Su Pasión y la recordáramos
frecuentemente, porque Su Pasión es “luz que ilumina”. Entendamos
bien esto. No se trata de que tengamos que hacer nosotros algo para que nos
ilumine la luz de Su Pasión; la Luz brota de Su Pasión en forma
inextinguible, y solo con acercarnos a Ella, por el mero hecho de pensar en Ella, cosa que
Nos sugiere ahora
directamente, quedamos iluminados por Ella y se Nos aclara el camino a seguir.
Esto es casi imposible enten- derlo intelectualmente, pero de seguro afirmamos
que es lo que se experimenta.
Siguiendo
la manera de pensar que anunciamos en este párrafo, veamos cuales son los
Bienes que encierra esta pri- mera “variación” de la sinfonía de Su Pasión.
Dice que “haciéndole
conocer mi Amor y cuántas penas me cuestan las almas, pueda reaccionar y amar a
quien verdaderamente lo ha amado”; y este Bien de hacernos conocer Su
Amor, Nuestro Señor lo realiza a través de la Luz que emana de Su Pasión y con
la que Nos ilumina.
Decíamos cuando
hablábamos de desequilibrio, que las tinieblas en las que vivimos, son la
fuerza que pretende sacar- nos de nuestro Centro que debe ser Jesús, y que Su
Pasión es la Luz contrarrestante que destruye la fuerza de las tinieblas, y
restablece el equilibrio.
Dicho
de otra manera más rápida, en esta Luz que nos ilumina, Nos da a conocer Su
Amor, de una manera incontro- vertible, de la manera más palpable y directa
que es posible concebir. Más aun, al no recibir esta Luz, continuamos en las
tinieblas y estamos desequilibrados. En un capitulo que contiene frases Suyas
memorables, esta que dice: “para que pueda reaccionar, y volver a equilibrarse, y vuelva a amar a quien verdaderamente la ha amado”,
es, ciertamen- te,
una de las más memorables.
(3) y la luz de Mi Pasión, guiándolo, lo ponía en guardia de todos los
peligros; - No
es suficiente que la Luz disipe las tinieblas en las que nos encontramos, sino
que es necesario que se convierta en Guía de nuestros pasos futuros. Aunque
parece que el Señor habla de la misma “clase” de Luz en los párrafos 2 y 3, lo
cierto es que en el párrafo 2, la Luz es disipadora de tinieblas, y en el
párrafo 3, la Luz es Faro que guía,
que ilumina los mares cuando las tinieblas le impide
a los marineros ver el rumbo que necesitan llevar
para llegar a puerto
seguro. No solo hace
falta que Nuestro Señor disipe nuestras tinieblas, es necesario que
también Nos guie.
De nuevo, el nuevo Bien contrarrestante que encierra el “acto de Su Pasión”,
cuando lo hacemos,
es de ser un Faro
que Nos ilumina
y Nos guía.
(4) en la debilidad no ha encontrado la fuerza
de mi Pasión que lo sostenga;
- Necesitamos
fuerza para ven- cer nuestra debilidad, y cuando pensamos en Su Pasión,
siguiendo Su Sugerencia Amorosa de que lo hagamos, reci- bimos uno de los
infinitos Bienes que Él ha encerrado en el “acto de Su Pasión”, cual es la fuerza
para vencer nuestra debilidad frente a las asechanzas y peligros en los que nos
envuelven nuestros enemigos. Esta fuerza se contrapone a nuestra debilidad y
restablece el equilibrio de nuestras vidas.
De nuevo recordamos a todos,
que no se trata de hacer nada en especifico respecto
de Su Pasión, basta sencillamente el que “pensemos en Su
Pasión”, y esto hacemos cuando la leemos, porque dice Jesús en el primero de
los párrafos de este capítulo, que “el
mundo, nosotros, hemos perdido el pensamiento de Mi Pasión”. No debe
extrañarnos, el que el primero de los libros de Luisa publicados por San Aníbal
haya sido la Pasión, y que fuera, a través de las Horas de la Pasión, que San
Aníbal se unió a Luisa en este Apostolado, y pudo llegar a comprender el
Mensaje de Nuestro Señor expresado en los Escritos.
(5) en la impaciencia no ha encontrado el espejo de mi paciencia que le
infunda la calma, resignación, y ante mi paciencia, avergonzándose tenga como
un deber dominarse a sí mismo; - Nuestro Señor destaca la impaciencia, como una de
los más grandes contribuyentes de
desequilibrio en nuestras vidas. A veces olvidamos, pero aquí está el Señor para recordárnoslo, que la falta de
resignación y calma, debe atribuirse muchas veces a la impa- ciencia. Pensemos
un poco.
Cuando ocurren sufrimientos, contrariedades, dificultades que pueden
agobiarnos y desequilibrarnos, nos olvidamos frecuentemente que todo eso viene
como resultado, mayormente, de la interacción con otras criaturas, que con sus
libertades de voluntad nos causan estos problemas. El Señor permite que estas
situaciones Nos sucedan por varias razones. La primera, porque al darnos a
todos libertad de voluntad para actuar, no puede impedir que otros la mal
utilicen para nuestro sufrimiento e incomodidad, directa o indirectamente. La
segunda, porque muchas veces estos contratiempos son remedio saludable y
correctivo para nuestra actuación incorrecta. La tercera, porque de esa mane-
ra siempre misteriosa, Nos asocia a Sus Propios Contratiempos, Sufrimientos,
etc., “honor
más grande no podía dar- les”, y que otros también Le daban,
utilizando mal sus libertades de voluntad.
Volviendo al
punto. Aunque el Señor permita que estas cosas sucedan por las razones
expuestas, no quiere por eso decir, que, en la “corrida de ensayo”, no hayan
preparado acciones positivas que contrarresten esas acciones negati- vas con
las que otros nos hacen sufrir, pero estas acciones contrarrestantes toman
un poco de tiempo para llevarse a cabo, por lo que hay que tener paciencia, porque de nuevo,
Nuestro Señor tiene
que lograr Sus Objetivos sin hacernos
excesiva violencia, y eso lleva tiempo. Un ejemplo quizás ayude a
entender esto.
Perdemos el
trabajo, porque otros quieren eliminar nuestro puesto para ahorrar dinero. El
Señor no puede, o mejor dicho, no quiere violentar la libertad de voluntad
de aquel o aquellos que han decidido despedirnos, y permite que nos despidan, pero al mismo
tiempo, inicia una serie de nuevas sugerencias a otros, para que eventualmente
me ofrezcan un trabajo igual, o posiblemente mejor que el que tenia. Esto lo
simplifica el famoso refrán español: “no hay mal que por bien no venga”. Así
pues, la paciencia es necesaria para conseguir lo que el Señor ha preparado
para nosotros, y esa paciencia donde más abundantemente se consigue es pensando
en la Pasión de Nuestro Señor. Después de todo,
¿no esperó Él 33 años, y con gran paciencia, por ese solo
día?
Los que
preparan estas Guías de Estudio piensan, con una sonrisa, que cuando agobiamos
al Señor con peticiones para que Nos resuelva un problema, Él a veces quisiera
contestarnos diciendo: No ves que estoy trabajando en el problema. Ten
paciencia que ya estamos llegando.
¿Cuál es el
Bien que se obtiene en esta “variación” de la Pasión del Señor? Se consigue
paciencia y dominio de sí mis- mo que contrarresta el desequilibrio causado por
nuestra impaciencia.
(6) en las penas no ha encontrado el consuelo de las penas
de un Dios, que sosteniendo las suyas le in- funda amor al sufrir; - Y, ¿Qué
sucede cuando las Penas no se van, no se contrarrestan, cuando con paciencia
es- tamos esperando a que el Señor
Nos las quite de arriba, pero
no se van? Pues entonces, hay que
aguantar y resignar- se, y también
pensando en la Pasión se recibe el Bien de la resignación, porque Nuestro Señor
Nos “infunde
amor al sufrir”, viendo como Él amaba el sufrir. Este Bien de “amar el
sufrir”, viene encerrado en esta “variación” de Su Pa- sión, y que contrarresta
la fuerza de “odiar el sufrir” que muchos de nosotros, por desgracia, tenemos.
De nuevo,
queremos enfatizar Sus Palabras “amar el sufrir”. Sabiendo lo que ya sabemos
por otros capítulos, sobre el valor que tiene el sufrir, unido al de Él en Su
Voluntad, no debemos desperdiciar ninguna oportunidad para aceptarlo, puesto
que estas Penas, que Él Replica, se multiplican en beneficios incalculables
para las demás criaturas.
(7) en el pecado no ha encontrado mi santidad, que
haciéndole frente le infunda odio a la culpa.
– ¿Cuál es el Bien de que Nos habla respecto del pecado? En una
forma indirecta Nos dice, que es el pecado humano el cau- sante directo de Su
Pasión, y que si Le amamos, y
comprendemos esto, debemos
desarrollar en nosotros este “odio a la culpa”, este odio
a aquello que ha causado, que lo ha puesto a Él, en las condiciones
infrahumanas de Su Pasión. Entendamos esto bien. No es suficiente no querer
hacer algo en contra de Su Voluntad, no es suficiente querer ser buenos,
debemos desarrollar en nosotros un “sano odio”, un “sano aborrecimiento” a la culpa
del pecado, al pecado en sí, y a
aquello que nos ha llevado a pecar; y todo esto lo conseguimos con el solo
pensar en Su Pasión. Es inevita- ble, y es la fuerza contrarrestante más fuerte
para llegar a “odiar la culpa”, y encontrar la fuerza contrarrestante para
rechazar toda tentación.
(8)
¡Ah! en todo
ha prevaricado el hombre porque se ha separado en todo de quien podía ayudarlo,
por eso el mundo ha perdido el equilibrio, ha hecho como un niño que no ha
querido conocer más a su ma- dre, como un discípulo que desconociendo al
maestro no ha querido escuchar más sus enseñanzas ni aprender sus lecciones,
¿qué será de este niño y de este discípulo? Serán el dolor de sí mismos y el
te- rror y el dolor de la sociedad. – El párrafo cumbre, porque apela
ahora a nuestros sentimientos, más que a nues- tro análisis e inteligencia. El hombre prevarica “porque se ha separado en todo, de
quien podía ayudarlo”. Este es un
párrafo extraordinario y de un impacto grande: Cuando prevaricamos, nos
separamos del único que puede ayudarnos de verdad.
Demos un paso
atrás. Prevaricar, según el Diccionario es: “actuar injustamente a
sabiendas, o por ignorancia inexcu- sable”. Esta es la condición
humana del ser humano que se ha separado de Dios, y del cristiano que se ha
separado de Jesucristo. Somos como un
niño que se separa de las enseñanzas de su madre, y como el discípulo que
desconoce a su maestro. Y esto no es una manera de hablar del Señor, como
algunos puedan pensar; por el contrario, es una verdad meridiana. Toda la maldad
humana descontrolada empieza en la casa cuando todavía estamos sujetos a nues-
tros padres, y los desoímos, o cuando estamos en las escuelas y desoímos y nos
burlamos de nuestros maestros. To- dos esos que son ahora terror y dolor de la
sociedad, fueron niños alguna vez, y desde que
eran niños comenzaron a descarriarse; ¿o es que esto se nos ha olvidado?
Pues bien, dice
ahora el Señor, si queremos actuar justamente a sabiendas, y no seguir en esta
ignorancia inexcusa- ble, pensemos en Su Pasión, y dejaremos de prevaricar.
(9)
Tal se ha
hecho el hombre, terror y dolor, pero dolor sin piedad, ¡ah, el hombre empeora,
empeora siempre más y Yo lo lloro con lágrimas de sangre! – El
sufrimiento y dolor no pueden evitarse, pero si puede evitarse un “dolor sin
piedad”, pero no para Jesús solamente, sino para el hombre mismo.
Este es un dolor que no está mitigado por la resignación, y por la comprensión.
Y de esta manera, no pensando en Su Pasión, el “hombre empeora, empeora siempre
más”, y Jesús “llora con lagrimas de sangre”.
* * * * * * *
No queremos
terminar sin dar un gran resumen de los Bienes que conseguimos cuando seguimos
Su Sugerencia de que leamos las Horas de la Pasión diariamente, y de que
pensemos en Ella frecuentemente.
Luz para disipar las tinieblas
Faro que nos guía y Nos pone en guardia contra
los peligros Fuerza que
sostenga nuestra debilidad
Paciencia y Calma en medio de nuestras impaciencias Paciencia y Resignación para
dominio de sí mismo Consuelo en el sufrir y amor al sufrir
Santidad que infunde
el odio a la culpa
Unión profunda
al Único Ser que puede ayudarnos de
verdad.
* * * * * * *
Resumen del capítulo del 24 de Febrero de 1917: (Doctrinal) – Página 234 -
Habiendo recibido
la comunión, tenía
estrechado a mi corazón a mi dulce Jesús y le decía:
“Vida mía, cuánto quisiera hacer lo que hiciste Tú mismo cuando te recibiste Sacramentado, a fin de que Tú puedas
encontrar en mí tus mismos contentos, tus mismas oraciones, tus reparaciones”. Y mi siempre amable Jesús me
ha dicho:
“Hija mía, en
este breve giro de la hostia Yo encierro todo, y por esto quise recibirme a Mí
mismo, para hacer actos completos que glorificaran al Padre dignamente, porque
las criaturas recibían a un Dios, y daba a las criaturas el fruto completo de mi Vida Sacramental, de otra manera habría sido incompleto para la gloria del Padre y para el bien de las criaturas, y por eso en cada hostia están mis oraciones,
mis agradecimientos, y todo lo demás que se necesitaba para glorificar al
Padre, y lo que la criatura debía hacerme; así que si la criatura falta, Yo en
cada hostia continúo mi labor como si por cada alma me recibiera otra vez a Mí
mismo, entonces el alma debe transformarse en Mí y hacerse una sola cosa
Conmigo, y hacer suya mi Vida, mis oraciones, mis gemidos de amor, mis penas,
mis latidos de fuego con los que
quisiera hacerlas arder, pero no encuentro quien se deje en poder de mis
llamas. Y Yo en la hostia renazco, vivo y muero, y me consumo, pero no
encuentro quien se consuma por Mí, y si el alma repite lo que hago Yo, me
siento repetir como si otra vez me hubiera recibido a Mí mismo, y encuentro
gloria completa, contentos divinos, desahogos de amor a la par de Mí, y doy
gracia al alma de consumarse en mi misma consumación”.
* * * * * * *
Este capítulo ya lo habíamos estudiado extensamente como el Matiz No. 39, que habíamos titulado el Giro de la Hos- tia Sacramentada
en la Divina Voluntad.
Lo que
discutimos entonces, lo transferimos a este capítulo para que la explicación y
análisis del volumen 11 quede completo.
En este
capítulo del 24 de Febrero de 1917, Volumen 11, Jesús responde a un deseo de
Luisa y Le da importantes lecciones sobre Sus Acciones consecuentes a la
Institución a la Eucaristía, particularmente en este caso, respecto a la
necesidad de comulgarse a sí mismo. En dos capítulos anteriores en este mismo
Volumen 11, el del 13 de Noviembre de 1915, (Descripción 26 de la Guía de
Estudios de los capítulos descriptivos de la Divina Voluntad), y el del 22 de
Diciembre de 1916, Jesús comenzó a enunciar todo lo concerniente a este
Conocimiento ahora confirmado por Sus Palabras, de que El se comulgó a Si
Mismo.
En cada uno de
estos capítulos, Jesús anuncia distintos aspectos sobre Su Comunión de Si
Mismo. En el del 13 de Noviembre de 1915, dice las principales razones, desde
el punto de vista de Decoro y Dignidad Divinas, por las que esto tenía que
ocurrir, y así dice:
“Mi Humanidad, a nombre de toda la familia
humana tomó el empeño por todos y dio la habitación en Sí misma a
cada hostia, y mi
Divinidad, que era inseparable de Mí, circundó cada hostia sacramental con
honores, alabanzas y bendiciones divinas para hacer digno decoro a mi Majestad,
así que cada hostia sacramental fue depositada en Mí y contiene la habitación
de mi Humanidad y el cortejo de los honores de mi Divinidad; de otra manera,
¿cómo podía descender en la criatura? Y fue
sólo por esto que toleré los sacrilegios, las frialdades, las irreverencias,
las ingratitudes, porque habiéndome recibido a Mí mismo puse a salvo mi decoro,
los honores, la habitación que se necesitaba a mi misma persona. Si no me
hubiera recibido a Mí mismo, Yo no habría podido descender en ella, y a ella le
habría falta- do el camino, la puerta, los medios para recibirme…”
“Así es mi costumbre en todas mis obras, las hago una vez
para dar vida a todas las demás veces que se repetirán, uniéndolas al primer
acto como si fuera un acto solo, así que la
potencia, la inmensidad, la Omnividencia de mi
Volun- tad me hicieron abrazar todos los siglos, me hicieron presentes
todos los comulgantes y todas las hostias sacramenta- les, y me recibí otras
tantas veces a Mí mismo, para hacer pasar de Mí a Mí mismo a cada criatura.
¿Quién ha pensado jamás en tanto amor mío, que para descender en los corazones
de las criaturas, Yo debía recibirme a Mí mismo para poner a salvo los derechos
divinos, y poder dar a ellas no sólo a Mí mismo, sino también los mismos actos
que Yo hice al recibirme, para disponerlas y darles casi el derecho de poderme
recibir?"
Como vemos, además del Decoro y
Dignidad Divinas, si El no se hubiera comulgado a Si Mismo, no tendríamos el
permiso necesario para recibir a Dios en nosotros, careceríamos de la
autorización necesaria para efectuar un acto que, sencillamente, por la
naturaleza de lo Recibido, nos sería imposible hacerlo.
Seguidamente,
en el capítulo del 22 de Diciembre de 1916, Jesús manifiesta como cada Hostia
Sacramental contiene el fruto
completo de Su Vida Sacramental, con lo que manifiesta, que El tenia que
comulgarse a sí mismo, para ence-
rrar en cada Hostia, todo lo que El hizo, y de esa manera poder transmitirlo a aquellas
criaturas que vivan en Su Vo- luntad. Observemos que no habla del
católico “normal” que comulga, sino del católico que vive en Su Voluntad. Y así
leemos:
“Hija mía,
quien hace Mi Voluntad, y todo lo que hace, lo hace en Mi Querer, Me obliga a
hacer junto con ella lo que ella hace. así que si recibe la Comunión en Mi
Querer, Yo repito los actos que hice al comulgarme, y renuevo el fruto
completo de Mi Vida Sacramental; si reza en Mi Querer, Yo rezo con ella y
renuevo el fruto de Mis Oraciones; si sufre, si obra, si habla en Mi Voluntad,
Yo sufro junto con ella y renuevo el fruto de Mis Penas, obro y hablo junto con
ella, y renuevo el fruto de Mis Obras y Palabras, y así de todo lo demás”.
Este concepto,
ya de por si extraordinario, lo que significa en realidad es que si El no se
hubiera comulgado a Si Mis- mo, esa Comunión no serviría para el desarrollo
de la Vida de Su Voluntad Bilocada, concepto que conocemos por el Capitulo
sobre los Sacramentos del 5 de Noviembre de 1925, volumen 18, y el del 12 de
Mayo de 1905, volumen 6.
Ahora, en este capítulo, Jesús desea que entendamos lo que
ocurre en el momento de la Comunión
en Su Voluntad, a través de este Giro especialísimo de la Comunión, que
El mismo se encarga de enseñarle a Luisa.
* * * * * * *
Y comencemos
con el análisis. Como vemos, el capitulo comienza con Luisa estrechando a Jesús
en su corazón, y diciéndole que quisiera hacer lo que El mismo hiciera cuando,
al instituir la Eucaristía, se comulgó a Si Mismo. En la manera en como Luisa
se expresa, hay un reconocimiento de su ignorancia, y una súplica para que
Jesús le enseñe a hacer lo que El mismo hizo, a comulgar como El se comulgó,
para así recibir ella lo mismo que El recibió.
Como ya
sabemos, Luisa conocía ya, que Jesús se había comulgado a Si Mismo, pero ahora quería saber lo que El hizo, para hacerlo
en otros momentos en los que no está comulgando. Básicamente, Luisa quiere
información para poder reflexionar, meditar sobre lo que El hizo, pero eso que llamamos reflexión y
meditación, para la criatura que vive en Su Voluntad, se le llama Giro.
Esto que Luisa
hace, debe servirnos también de lección para aprender que debemos pedirle ayuda
a Jesús para comprender lo que quiere de nosotros, en esta nueva vivencia en Su
Voluntad. Si tenemos que pedir querer hacer siempre Su Voluntad, más aun,
tenemos que pedir instrucción para vivir en Su Voluntad.
A esta suplica de Luisa,
Jesús comienza Su instrucción diciendo: “Hija
mía, en este breve giro de la hostia Yo encierro todo”.
Ya estamos
acostumbrados a esta manera de hablar, y por tanto, entendemos que en lo que va
a decirnos a continuación, radica lo que El expresó cuando se comulgó a Si
Mismo, y que eso que El hizo fue una Oración, una Alocución, pero que El decide
llamar Giro, breve pero al punto.
Es
extraordinario, que ya en 1917, Jesús utilice esta palabra de Giro, para
expresar Su Forma de Orar, que como ya sabemos
es la forma de orar que
quiere de Sus Hijos renacidos en la Divina Voluntad. Van a pasar años todavía, hasta el
1925, volumen 18, en el que expandirá Sus Enseñanzas sobre los Giros en la
forma tan completa como lo hace en los volúmenes 17 y 18. Dice además, que en
este breve Giro, “lo encierra todo”, con lo que anuncia no solo la totalidad que hiciera en aquel momento,
sino la totalidad que alcanzan todos los que ahora, en Su Voluntad, repiten, lo que El nos va a decir que hizo.
Comoquiera que
para nosotros, el Conocimiento impartido debe traducirse en una acción correspondiente,
hemos preparado un Giro, modelado en Sus Palabras, para que todos los que leen
estas Guías de Estudio puedan realizarlos frecuentemente, y así actuar
acorde con esta Vida en la Divina
Voluntad, vida de acción y práctica de lo que Nos
enseña.
Y continuemos ahora con el análisis de Sus Palabras.
Y por esto quise recibirme a Mí mismo, para
hacer actos completos que glorificaran al Padre; - Una nota aclaratoria
antes de proseguir con el
análisis del párrafo. Sólo se Glorifica a Dios a través de nuestros actos, y el grado de Glorificación depende de la
perfección con que se haga el acto. Por eso Jesús, enfatiza la palabra
“completo” a lo que El hace. Una vez mencionado esto, repetimos lo dicho
anteriormente: nosotros fuera de Su Voluntad, jamás po- dremos hacer nada
perfectamente, pero viviendo en Su Voluntad, si podemos, porque es esa Misma
Voluntad Suya Bilocada en nosotros, la que se encarga de hacerlo.
Una vez dicho esto, enumeramos los motivos de Sus Acciones:
1) para poder dar al Padre,
como Hijo Suyo, la Gloria completa de todos Sus Actos completos, que solo un
Dios humanado podía darle.
2) Para preparar así, un patrón
de Sus Actos completos que El entregaría a las criaturas que los habrían de
reci- bir. Solo de esta manera se podía abrir la vía de comunicación entre Dios y las criaturas, a través de la cual, El
podría entregar a todos, los Bienes encerrados en Su Vida Sacramental. Y,
¿Cuáles son esos actos que Jesús menciona? Parte de ellos están mencionados en
este capítulo, a saber, Sus oraciones y Sus agradecimientos, el resto de sus acciones no las menciona porque
recordemos que está realizando un giro breve,
pero debemos tener la
seguridad de que fueron todos los actos necesarios para que el proceso de
Glorificación a través de Su Vida
Sacramental sea completo.
(Quise recibirme a Mi mismo) dignamente,
porque las criaturas recibían (en Mi) a un Dios, - Una vez que declara en el
primero de los párrafos
que debía El, como hombre perfecto,
dar Gloria completa
a Su Padre, ahora dice,
que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad que cohabitaba con Su
Humanidad, debía también recibir los Home- najes del hombre perfecto, y solo
El, Jesús, podía otorgar a esa Segunda Persona Divina, la dignidad necesaria,
por- que recordemos una vez más, que cuando comulgamos recibimos a Dios.
Y (al recibirme
a Mi mismo) daba a las criaturas el fruto completo de mi Vida Sacramental,
- La tercera de las
Justificaciones de porqué tuvo que recibirse a Si Mismo: para poder dar a las
criaturas todos los frutos de Su Vida Sacramental que El mismo incorporaba a Su
Misma Persona, con el grandioso objetivo de poder pasar esa nueva realidad
de Su Persona a todas las criaturas que lo recibirían. Todo esto requiere
una explicación que trataremos de enunciar en las próximas líneas. En un
principio, todo tiene que ver con el concepto de Orden, con el concepto de
diseño Divino.
Cuando nosotros
diseñamos una silla para sentarnos,
no se nos ocurriría diseñarla sin
patas, porque el diseño seria de un objeto que es todo menos
silla. En el diseño de algo está envuelto lo esencial que se necesita poner en
la cosa diseñada para que cumpla el objetivo buscado. Es necesario que
entendamos, a la luz de estos Escritos y de los Con- ceptos que Jesús enumera
una y otra vez, que el Sacramento de la Eucaristía, es también el Orden de la
Eucaristía, porque así como en el Orden de la Creación, Dios diseñó todo lo
necesario para que esa Creación tuviera “sentido de diseño”, así también en el
sublime diseño de la Eucaristía, Dios puso todo lo necesario para que la
Eucaristía tuviera “sentido de diseño”. En estos escritos hemos comenzado a
entender poco a poco, todo lo que El diseñó y que por tanto encerró en el acto
Eucarístico, porque si no se encerraba integralmente, en el momento de
diseñarlo, lo que ese Acto Eucarístico debería contener, ya después no hubiera
sido posible añadirle nada. Además, no es esa la forma co- mo Él dice que
actúa, ya que siempre dice que Ellos todo lo hacen perfectamente completo desde
el momento de la “arrancada”, en su acto primero.
Una vez dicho
esto, y con el Orden de la Eucaristía diseñado perfectamente, con todo los
Bienes y Gracias que debía contener, El quiere hacer hincapié, en que en este
Orden está envuelta también la creación de Su Presencia Real en ese pedazo de
pan y gotas de vino. Esta creación completa, Bienes, Gracias y Su Presencia
Real, es lo que Jesús su- cintamente llama en este párrafo, Su Vida
Sacramental, que va a quedar encerrada en esa Hostia y en ese Vino, y sobre
cuya Hostia pronuncia ahora el Fiat Creador. Una vez pronunciado, este Fiat
Creador se actualiza en un Jesús que es creado, renace, vive, muere y resucita;
el Jesús Sacramentado, es ahora el
vehículo para la entrega de los Bienes y Gracias diseñados y encerrados.
Repetimos. Si atendemos a lo que dice, Su Vida Sacramental, una parte integral
del diseño del Orden de la Eucaristía, es la que encierra todos los bienes del
diseño total e integro, y es a su
vez, la que porta, la que trae
a la criatura todos los frutos de esos Bienes que la criatura va a recibir cuando comul- gue.
Sigue la lógica
del proceso, porque todavía esto no ha terminado. Ya está diseñada la
Eucaristía, están diseñados to- dos los Bienes que va a encerrar, está diseñado
el vehículo que encierra y porta esos Bienes y frutos de esos Bienes a la
persona que comulga, pero el Diseño, el Orden de la Eucaristía, no tiene
todavía realidad, no se ha pronunciado el Fiat que da Vida a aquella Presencia
Real que también ha sido creada con el otro Fiat Creador. Es solamente cuando
Jesús ejecuta un Acto, que ese acto cobra la vida del Fiat, Vida Divina; todos
los Bienes cobran vida, y quedan capaci- tados para liberar los frutos que
encierran. Así que en el instante en que se comulgó a Si Mismo, fue en el
instante en que todo Su Diseño cobró vida para nosotros, y todos los Bienes se
pusieron a nuestra disposición. Y todo esto que hizo con la Primera de las
Hostias de Vida Sacramental, lo hizo con todas y cada una de las Hostias que
habrían de sacramentarse a partir de ese momento, hasta el final de los
tiempos. No puede haber ya nada extraño en esto para nosotros, sino, por el contrario, debe sernos perfectamente lógico, el que El haya tenido que dar Vida y
capacitación a todos los Bienes Diseñados y encerrados en cada hostia,
comulgándolas una por una.
El Jesús que
recibimos en el acto Eucarístico, no es el Mismo Jesús de antes de la
institución de la Eucaristía, al con- trario, es un Jesús “aumentado” al máximo
posible, porque Su Humanidad encierra ahora, al comulgarse a Si Mismo,
todos los Bienes “futuros” que Él mismo había diseñado para todos nosotros en
el Orden de la Eucaristía, y que ahora también son parte de Él, y cuyos bienes
son liberados al consumir nosotros Su Presencia Real, y cuyos frutos se Nos entregan.
Es muy conveniente a estas alturas,
que enumeremos algunos
de los Bienes que ha
encerrado en esta Vida Sacramen- tal, y que conocemos. La lista completa
de esos Bienes es imposible
enumerarlas ahora, puesto que los
Conocimientos de Su Vida Sacramental están esparcidos a través de todos
los volúmenes, y porque solamente en estos volúmenes recibimos confirmación de
los Bienes que El quiere conozcamos. Como ya sabemos, muchos de estos Bienes
han sido diseñados para aquellas almas que vivan en Su Voluntad, y solo surten
efecto cuando esa alma conoce y recibe la Comunión con ese conocimiento intimo
del Bien o Bienes que “vienen” en la Comunión que hace. Dicho en otras pala-
bras, recibimos los Bienes según las Disposiciones, no morales que esas
ya están sobreentendidas, sino según nuestra
Disposición de Conocimiento.
Algunos de los Bienes que conocemos ahora son:
1)
Para alimento de los seres
humanos, ayuda diaria en el esfuerzo de salvación, para combatir con efectividad
al maligno, a través de la participación en Su Cuerpo, Sangre, Alma y
Divinidad, que aunque por pocos minutos, es suficiente para que esta ayuda sea
supremamente efectiva.
2)
Para la salvación
de las almas y resurrección de sus cuerpos
en el día final; y esto para las almas que perseve- ran en una vida virtuosa y
cumplidora de Su Voluntad.
3)
Para aquellas almas que no solo perseveran, sino que pidan vivir en Su
Voluntad, esta Comunión de Jesús le servirá,
no solo para salvar su alma, sino como El bien ha dicho
ya en otros capítulos, para otorgarle el Don de Vivir
en la Divina Voluntad en propiedad; y una vez otorgado, servirse de cada
comunión adicional, las mismas
ya realizadas por El en su momento en el tiempo, para hacer crecer y
desarrollar la Divina Voluntad Bilocada en el alma de la criatura.
De otra manera habría sido incompleto para
la gloria del Padre y para el bien de las criaturas, - Si Jesús no se hubiera recibido a Si Mismo en la Comunión,
todo hubiera estado incompleto, habría faltado el elemento divino que solo Él
podía “traspasarle” a la Hostia, y por tanto el Padre no hubiera podido recibir
la Gloria completa que debe existir en todo Orden, ni las criaturas hubieran
podido recibir todos los Bienes o Beneficios que El había diseñado en ese Orden
de la Eucaristía, y que ya hemos tratado de explicar en las secciones
anteriores.
Y por eso en cada hostia están mis
oraciones, mis agradecimientos, y todo lo demás que se necesitaba para
glorificar al Padre, y lo que la criatura debía hacerme; - Jesús Nos
deja saber una parte de lo que El en- cerró en la Primera Hostia y en todas las
restantes Hostias que serian comulgadas hasta el final de los tiempos. Aquí
Jesús menciona Sus Oraciones, Sus Agradecimientos, y cuando Nos dice: “todo lo
demás…”, podemos referirnos al Capitulo del Volumen 1, en el cual Le
deja saber a Luisa, la labor comenzada en ese momento, y que todavía conti-
núa, y continuará, mientras está presente en el Sacramento, a saber: Expiación,
Reparación, Inmolación y Adoración
Perpetua al
Padre Celestial. En adición a todo esto, que era lo requerido de El por Su
Padre, para poderle dar “permi- so” para establecer el Orden de la Eucaristía,
El encerró también en el Orden Eucarístico, todo lo que la criatura debía
realizar diariamente, es decir, el cumplimiento de los siete Deberes de
Justicia, que se cumplen perfectamente con nuestra comunión, y que de esa
manera quedan hechos diariamente, según es necesario se hagan.
así que si la criatura falta, Yo en cada hostia continúo mi labor como
si por cada alma me recibiera otra vez a Mí mismo, - Si la criatura no hace lo
que se espera de ella, al El haberse comulgado a Si Mismo, El suple en cada
comunión por lo que la criatura no hace, y el efecto producido es, que en cada
Hostia, independiente de nuestra participación, están encerrado todo los Bienes
que El quiso encerrar, y por tanto repite la Glorificación completa al Padre, y
la Divinidad completa debida a Él como Dios.
Entonces el alma debe transformarse en Mí y hacerse una
sola cosa Conmigo, y hacer suya mi Vida, mis oraciones, mis gemidos de amor,
mis penas, mis latidos de fuego con los que quisiera hacerlas arder, - Aquí Jesús cambia el tono de Su Pronunciamiento, y se dirige ahora a aquellas almas que viven en Su Voluntad, y dice que El espera que el alma se transforme en El y “se haga una
sola cosa con Él”. Es un
fundirse en El, es un entrar en el Orden de la Gracia, en alas del Orden de la
Eucaristía, y de esa manera pueda concurrir con El en todo lo que El hizo y
sintió en aquel momento sublime de la Primera Comunión.
Quiere Jesús que el alma, unida a Él en Su Voluntad,
participe plenamente de aquello que El hizo, es decir de que su alma arda en
Sus Propios latidos de fuego.
Pero no encuentro quien se deje en poder de
mis llamas. – Aunque lo dice en el presente de indicativo, Jesús se refiere
al acto eternamente “en presente” de Su Primera
Comunión, y como no pudo encontrar en aquel momento, un alma capaz de poder consumirse en Sus Llamas
de Amor. Recordemos que para poder llegar a este encuentro con El, se requiere de un alma que posea el Don de Vivir en Su Voluntad, y en aquel momento de
la Primera Comunión, no había nadie
de la estirpe común, viviendo en Su Voluntad. (Nuestra Madre Santísima es un
caso aparte, y aunque vivía perfectamente en la Voluntad de Dios, no es de la
“estirpe común”, porque fue concebida sin mancha original).
Y Yo en la hostia renazco, vivo y muero, y
me consumo, pero no encuentro quien se consuma por Mí, - Continúa Jesús con
la explicación cada vez más profunda de la clase de identificación que El
espera de la criatura. No solamente arde de Amor sino que se “consuma en la
Hostia”. Repetimos lo dicho anteriormente. En aquel momento de la Primera Eucaristía, El se crea a Si Mismo, y hace que ese
nuevo Jesús renazca, encierra en Él toda Su Vida, y así consuma a ese nuevo Jesús en el Amor
Eucarístico, hace que ese Jesús muera y eventualmente resucite.
y si el alma repite lo que hago Yo, me siento repetir como si otra vez
me hubiera recibido a Mí mismo, y encuentro gloria completa, contentos divinos,
desahogos de amor a la par de Mí, - pero ahora la situación ha
cambiado totalmente, porque ahora, al concederle a Luisa el Don, y hacerla la
promotora del Don para todas las generaciones, a través de los Escritos, con
los que Jesús promulga la Ley de la Divina Voluntad, puede El encontrar a un
alma capaz de repetir lo que hizo El, y en más de un sentido, Luisa consigue
que eternamente, ella esté al lado de Él en
el momento de la Primera
Comunión. Y esto que concede a Luisa, en grado menor,
pero con igual efectividad,
lo concede a todos aquellos Hijos espirituales de Luisa, que también piden y se
les concede el Don de Vivir en la Divina Voluntad.
Y doy la gracia al alma de consumarse en mi
misma consumación. – Nunca podremos entender esto a pleni- tud en esta vida
terrena, pero la Gracia de consumarse en El, como El se consumó a Si Mismo, por
nuestro Amor, en esa Primera Comunión. Prestemos mucha atención a este último
punto, puesto que como ya Nos ha dicho en otra oportunidad, es necesario cuando
percibimos y entendemos una Gracia, y en este caso la Gracia
especialísima de con- sumarnos en El, que debemos iniciar el eco de nuestra
correspondencia a la gracia percibida. Gracias pues debemos darle en cada
Comunión que hagamos en Su Voluntad, por esta Gracia tan especial de que nos
permita consumarnos en El.
GIRO DE LA HOSTIA
SACRAMENTADA EN LA DIVINA VOLUNTAD
Padre Santo,
vengo a entrar en el Orden de la Gracia, para fundirme en Tu Querer, y darte en
cada Hostia Sacramentada, la Gloria completa, digna de Ti, y exigida por Ti, la
Gloria que Jesús encerró en cada una de Ellas al comulgarse a Si Mismo.
Recibe también
de mí, tu hija, (o tu hijo), mis oraciones, mis agradecimientos por mí, y por
todos aquellos que no lo hacen. Humildemente
te pido que los acojas,
con el mismo cariño con el
que acogiste a los de Tu Hijo Amado,
Nuestro Señor.
Quiero ahora,
renacer en cada Hostia, vivir, morir y consumarme por Jesús, y en Jesús, porque
El Me ha hecho saber que El deseaba
ardientemente encontrar, al menos un alma, que en aquellos momentos, se
consumara por El, para poder así, consumada en El, darle al Padre la Gloria
completa, los contentos Divinos, y los desahogos de Amor que Su Humanidad
recibió y que esa alma hubiera también recibido junto con El, si entonces
hubiera vivido en Su Voluntad.
Esto que no fue
posible antes, ahora es posible para esta hija (o hijo) tuya renacida en Tu
Voluntad; y consumada en el Amor de Nuestro Señor, Padre Santo, quiero
transformarme en Jesús y fundirme con Él, hacer mía Su Vida, Sus oraciones, Sus
gemidos de amor, Sus penas, Sus latidos de fuego con los que quiere hacerme
arder, y así agradecerte, por hacerme
merecedora de Tus Agradecimientos, y pedirte, con todo mi corazón, que venga
pronto, el Reino de Tu Voluntad, como en el Cielo en la tierra.
REFLEXIONES PARA LA HORA DE LA COMUNION
Como una parte
esencial de los Conocimientos que hemos derivado del estudio de este Capítulo,
conviene que agrupemos los conceptos principales, para que puedan ser
utilizadas como elementos de reflexión y ayuda en nuestras próximas Comuniones Eucarísticas, y de esa manera todo
quede reenfocado al sentido profundo encerrado
en el capitulo.
Es importante,
por tanto, reflexionar en los cuatro aspectos fundamentales expuestos por
Nuestro Señor, relativos al Gran Diseño Eucarístico, el Orden de la
Eucaristía, ya que a través de esa
reflexión comprendemos mejor Sus Razones para comulgarse a Si Mismo, por primera vez, y
subsiguientemente, en Su Voluntad, para comulgarse tantas veces, por cuantas
Hostias serían Sacramentadas hasta el final de los tiempos.
Primera
reflexión: En la Primera Hostia Sacramental, y por extensión, en todas las
Hostias Sacramentales, El encerró todos los Bienes que pensó eran necesarios
para “resolver” los múltiples Objetivos que se necesitarían “resolver” después
de Su Partida “oficial” de la tierra. Encerró asimismo todos los Actos Suyos
necesarios para que, al darle al Padre Celestial toda la Gloria posible en la
Institución Eucarística, se Le “otorgara el Permiso” para Su Institución, y se
“garantizara” su permanencia entre nosotros. Pocas veces se reflexiona en cómo,
para que una institución humana, sea cual fuere, esté “plantada” sólidamente y
tenga continuidad, esa institución debe estar “plantada” en el deseo de darle
Gloria a Dios, lo más fundamental y completamente posible. La Divinidad protege
todo aquello que los seres humanos diseñamos para Su Mayor Gloria, y se
“desentiende” de toda obra humana hecha por otros fines, y al “desentenderse”
de ella, está obra humana está condenada a la extinción.
Segunda
reflexión: Era necesario que esta Primera Hostia Sacramental fuera
dignamente recibida, y por extensión, todas la Hostias Sacramentales, fueran
igualmente recibidas con toda la dignidad posible. Una vez que se Le dado la
Gloria Requerida al Padre por el Orden Eucarístico, y el Padre ha concurrido y
dado permiso y protección al Orden Eucarístico instituido, se hace necesario
ahora, por parte de la criatura, que reconozca la Dignidad de lo que sucederá
cuando se comulgue. Recibir dignamente a la Hostia Sacramentada, es tener
conciencia de que se recibe a Dios, de que el Todo viene a la nada. Conociendo
esto mejor que nadie, El necesitaba comulgarse a Si Mismo, para dignamente reconocer, con la mayor de las
Divinidades posibles, lo que había instituido.
Tercera
reflexión: Nuestra atención debe dirigirse ahora a la Creación de la
Presencia Real de Jesús, Dios y Hombre, en la Hostia de Pan, y el Vino de
la Vida, en los que se concreta, toma existencia, la Concurrencia, el
Permiso, y la creación misma de todos aquellos Bienes que Jesús ha diseñado
para ser encerrados en el Orden Eucarístico, y a los que acompañan Sus Propios
Actos. Todo esto tiene que tomar realidad en un Vehículo que los Porte a las
criaturas, la Hostia y el Vino. No solo Jesús crea Su Presencia Real, se da a
Si Mismo una existencia de pocos minutos, sino que crea también todos los Bienes que necesita
encerrar en esos Vehículos
Sacramentales. Milagro tan extraordinario este, que nuestra mente
escasamente puede entenderlo, y que rivaliza en portento milagroso a la entrega
del Don de la Divina Voluntad, ya que como sabemos el Bien más importante que
ha encerrado en este Orden Eucarístico, es el de darnos, en propiedad, el Don
de Vivir en Su Voluntad.
Cuarta
reflexión: Por último, reflexionemos ahora en como al comulgarse a Si
Mismo, Jesús activaba todos los
Bienes y Actos que habían sido
encerrados y existían ya en la Hostia y el Vino, pero que no podían cumplir
todavía Su Cometido. En el acto de comulgarse a Si Mismo, se completaba la
cadena de actos necesarios para que el Orden Eucarístico fuera una Realidad, ya
que, al comulgar, activaba y liberaba los Bienes para que realizaran la Labor
que a cada uno se le había encomendado, según nuestras disposiciones de
Conocimiento. Comoquiera que cada Hostia Sacramental repite todo esto
que se realizara en la Primera de las Hostias, Jesús tenía que crear cada una
de ellas individualmente para poner en cada Una, la Gloria Completa, la
Dignidad del Reconocimiento; debía crear, en cada una, Su Presencia Real y
todos los Bienes y Actos que debían ser encerrados, y por último, debía activar
cada Hostia comulgándola El mismo, y una vez comulgada, depositar cada Hostia
en el Cofre especial que hay en Su Humanidad para estos tesoros, a la espera,
en el tiempo, a que cada criatura la comulgara, y pudieran ser liberados para
ella, los Bienes que Él siempre había querido recibiéramos.
* * * * * * *
Queremos
ofrecer otro punto de vista, otras reflexiones que ayuden a comprender, en la
medida que esto nos es posible, la importancia que tiene este Misterio de Su
Amor.
A cada uno de
nosotros se le ha dado un número determinado de actos, una serie de años, si se
quiere, en los que esos actos deberán realizarse. Esos actos pudieran
clasificarse de muchas maneras, pero para los
efectos de esta explicación, los vamos a clasificar en actos de vida corporal,
actos de vida espiritual, actos de vida profesional o de nuestro oficio.
Una vez
clasificados pudiéramos hablar de mi vida corporal, y definirla diciendo que
nací en tal fecha y morí en tal otra, y que fui hijo de fulano y mengana, y
padre de zutano o zutana.
Pudiéramos
también hablar de mi vida espiritual y diríamos que nací de padres católicos,
que fui bautizado en tal fecha, en tal y mas cual iglesia, que recibí una
educación religiosa en tal colegio, que hice mi primera comunión en tal día,
que me casé en tal otra, y que me dieron los santos oleos al final, y eso
define mi vida espiritual.
Asimismo
pudiéramos hacer mi biografía profesional, y definir mi vida a través de mi
profesión u oficio. No creemos necesario entrar en mayores detalles para
establecer el punto de que vivimos muchas “vidas” en el tiempo que se nos ha
dado, y que cada una de esas “vidas” ha tenido un propósito especifico.
Esto que decimos de todos nosotros,
también lo podemos
decir de Nuestro
Señor Jesucristo. El también tuvo:
Una “vida”
corporal, los 33 años de
vida;
Una “vida”
espiritual, definida en función de Su Circuncisión, Su presentación en el
templo, Su Bar Mitzvah, Su Bautismo;
Su graduación rabínica, y otros actos de naturaleza espiritual propios a Su
condición judía.
Una “vida” profesional, carpintero y maestro
rabínico itinerante, predicando una extraordinaria conducta
moral, y
validándola con innumerables milagros;
Una “vida”
santificadora, con la que preparaba la futura vida en Su Voluntad que
eventualmente Nos concedería nuevamente a través de Luisa.
Una “vida”
redentora, misión única para la que se prepara durante toda Su Vida, y que
ocurre prácticamente toda en las últimas 24 horas de Su Vida.
Una “vida” de
Amor que el Amor Divino Le facilita, para que en dicha vida, todos viviéramos
la vida que la Santísima Trinidad había
diseñado para cada uno de nosotros; y por último,
Una “vida”
sacramental, cuyas características únicas son las que motivan estas últimas
consideraciones, y que pasamos a esbozar ahora.
Claro está que pudiéramos decir, que todas estas “vidas”
de Nuestro Señor, no son más que matices o maneras de ver
a lo que es esencialmente una sola Vida, pero preferimos
este concepto de diferentes vidas, porque está mas acorde
con lo que Él
menciona que necesitamos renacer en las aguas bautismales, y de que necesitamos
renacer en Su Voluntad, y con lo que dice sobre Su Vida Sacramental.
Cuando
primero menciona este concepto, lo hace en la conversación que tiene con
Nicodemo, (Juan 3, 1-21), en la Nicodemo le dice a Jesús: “¿cómo puede uno nacer siendo
ya viejo? ¿Puede
acaso entrar otra vez en el seno de su madre
y nacer?”, a lo que
el Señor replica diciendo, que “el que no nazca de agua y de
Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios”.
Siguiendo pues
con nuestra creencia de que debemos ver estos aspectos de Su Vida, como vidas
separadas, a diferencia de las otras “vidas” que vivió Nuestro Señor, esta Vida
Sacramental iba a desarrollarse en el futuro, o sea, sería vivida por Él,
cuando Él ya hubiera muerto; sería una continuación de Su Vida que había que
preparar cuidadosamente en el presente, para que Él pudiera tener “a la mano”,
y valga la expresión, lo que Él necesitaría en ese futuro, no solo para Sí
Mismo, sino para Sus Criaturas, porque en definitiva, para beneficio de esas
criaturas Suyas, era que la estaba preparando y quería vivirla.
Esta Vida Sacramental debía “comenzar”
a vivirse, con un Jesús adulto,
en el momento en que
Crucificado y alzado en la Cruz, comienza Sus Tres Horas de Agonía de Muerte en
la Cruz, y en ese estado existencial permanecería para siempre, a menos que sea
comulgado, que por supuesto, es la razón por la que se le ha dado existencia a
esta Vida Sacramental. Como diremos más adelante, en este estado consagrado
pero no comulgado, Nuestro Señor está perorando nuestra causa ante el Padre
Celestial, “impetrando Misericordia para que Nos perdone”.
Volviendo al punto, una vez que Le comulgamos, y en el breve espacio de tiempo
que está en nuestras personas, Nuestro Señor termina Su Agonía en la Cruz, y
muere cuando las especies quedan consumidas, y una vez muerto, resucita para
volver al Cielo. Todo esto, como un motivo adicional de reflexión, nos lleva a
decir y a preguntar: Y, ¿Qué sucede con todas estas Vidas Sacramentales, que no
pueden desaparecer; todos estos Jesús que han sido creados para que en ellos
resida esta Vida Sacramental? Dejamos el punto como interrogante.
Volvemos al
tópico original. Aunque preparada, o sea, diseñada en Su presente, esta Vida
Sacramental nueva debía estar anclada firmemente en Su Pasado, o sea en Sus
otras vidas, tal y como las hemos descrito, puesto que no se trataba de crear a
un nuevo Jesús, sino que se trataba de continuar Su existencia entre nosotros;
de que continuara realizando las Mismas Labores que ya había estado realizando,
más otras obras nuevas que pensaba realizar.
Así que esta Vida Sacramental, no quita
nada, sino que añade, y aquello
que añade no es para uso presente, sino para uso
futuro. Y, ¿qué es lo que añade para uso futuro? Pues añade todas las Gracias,
o sea, las capacitaciones necesarias para recibir los Bienes propios a esta
Vida y que Nuestro Señor detalla a través de estos Escritos, particularmente en
el volumen 1. La lista es interminable, y no la seguimos, porque no es la
descripción de esas Gracias y Bienes lo que nos ocupa ahora en esta
explicación. Lo que importa es dejar claramente establecido, que creó para esta Vida Sacramental, todo lo
que es necesario para conducirlo todo, y conducirnos a todos a Él, si Le
dejamos hacer Su Labor de Redención, y para el establecimiento del Reino del
Fiat Supremo como en el Cielo en la tierra.
Todos estos
Bienes y Gracias había que crearlos pero no podían ser utilizados todavía, y
tenían que ser guardados en alguna parte, puestos al seguro, para cuando se
necesitaran. Estos Bienes y Gracias que todos recibiríamos en el futuro, no podían quedarse “en el aire”, no podían quedarse
en mero diseño,
sino que tenían que cobrar realidad, y no fuera de Él,
sino en Él Mismo, creados por Él, y guardados
por Él en Él Mismo; de otra manera, hubiera existido una “discontinuidad” en Su
Existencia, una “ruptura” en el Ser Divino que es imposible e inaceptable.
El acto de
comulgarse a Sí Mismo, era pues necesario, para que esas Gracias y Bienes
cobraran existencia; en realidad, el
acto de Comulgarse a Sí Mismo, es el Fiat Creador. Era también necesario
comulgarse, para que esas Gracias y Bienes creados en ese instante, fueran
aplicados a Él Mismo, para que fueran una parte indivisible de Su Existencia
como hombre, y para que todos esos Bienes y Gracias pudieran ser resguardados y
puestos al seguro dentro de Su Misma Humanidad, que ahora contenía, no solo
todo lo ya hecho, sino también todo lo que quedaba por hacer. De hecho sabemos
que la Vida Sacramental viene a estar representada por el instante en que Jesús
es Crucificado y colgado en la Cruz, instante de vida que todavía no había
ocurrido cuando instituye la Eucaristía, pero escogido por Él, para que todo,
el pasado, el presente, y el futuro de Su Existencia estuviera anclado en el
momento más sublime de todos los momentos de Su Vida, el más importante de todos. Y, dirán algunos,
¿cómo sabemos que es
el más importante de todos? Porque fue el momento que Él escogió, para que la
totalidad del Perdón y Satisfacción Trinitaria, tuvieran lugar y Su Vida
cobrara sentido completo.
Pero esto, con ser ya incomprensiblemente extraordinario, no era todo lo
que necesitaba hacer. Tenía que también comulgar cada una de las Hostias que
cada criatura recibiría en el futuro, porque esas Gracias y Bienes que había
creado, necesitaban aplicarse a cada criatura que comulgaría, en el momento en
que comulgaría. Todo tiene que ser especifico para que sirva con efectividad al
propósito buscado. Ya sabemos que lo hacía también para recibirse decorosa y
dignamente, y suplir por nuestras deficiencias, pero eso no explica la
verdadera y completa necesidad de porqué tenía que comulgar cada Hostia.
Creemos que lo hizo, como acabamos de explicar, para activar en ese momento, y
en cada Hostia, la Vida Sacramental Suya que aquella criatura necesitaría en el
futuro. Traspasaba a esa Hostia que comulgaba, por decirlo de alguna manera, la
“porción” de Gracias y Bienes que esa criatura necesitaría, de la totalidad de
Gracias y Bienes que había depositado en Su Humanidad, en el momento de
comulgarse a Si Mismo. Creamos pues, que cuando comulgamos, recibimos
exactamente lo que necesitamos para ese momento en que comulgamos, porque ya Él
ya sabía lo necesitaríamos. Hagamos un ejemplo rápido para que esto se entienda
mejor. Si Él “quiere consolar
al que quiere ser consolado” recibiéndolo sacramentalmente, Él tenía
que crear bienes de consuelo para ese que necesitaba ser consolado, para que
los recibiera en aquel día específico que comulgaba, y ese consuelo deber ser
único a esa criatura, distinto a cualquier otro consuelo que otra criatura
pudiera necesitar.
Aunque el
Sacerdote pronuncie las Palabras Consagratorias, y pueda parecernos que es en
ese instante en el que Jesús se transustancia en esa Hostia, en realidad, ya
esa Hostia fue creada por Él, y esa transubstancian ya ha ocurrido, y esa
Hostia ya creada por Él, y con Su Vida Sacramental encerrada en Ella, ya Él la
ha comulgado, para de esa manera guardarla en Él, con las Gracias y Bienes
necesarios que nosotros necesitaríamos. Las Palabras Consagratorias son pues
una “llamada” a Él para que extraiga de dentro de Él y deposite en las manos sacerdotales, las Hostias que ya
estaban dentro de Él; que haga como un intercambio entre esas hostias que están
en el altar sin consagrar, y las hostias que ya estaban en Él, y que ahora
“descienden” a sus manos sacerdotales.
Mientras mas
nos adentramos en este Misterio, más comprendemos el porqué de las 33 Visitas
Espirituales a Jesús Sacramentado. Observemos que cuando dice que quiere que
nos unamos a Él, con Sus Mismas Intenciones, de expiración, reparación,
inmolación y adoración perpetua a Su Padre Celestial, nos estamos uniendo a un Jesús
que está esperando pacientemente, a que Su Vida Sacramental sea completada por
aquellos que Le comulguen, y que mientras tanto, preso como está, crucificado y
colgado en la Cruz como está,
continúa Su Vida en el Sacramento, realizando perpetuamente lo que hizo en
aquel momento, “perorar nuestra causa ante el Padre”, y así también, cuando sea
comulgado, realizar la otra labor para la que se había sacramentado.
Esta Vida
Sacramental es para Él, Su Vida más importante, puesto que no solamente agrupa
a todas Sus Vidas Pasadas, sino que define la Vida “futura”, la que Él necesita
vivir para poder realizar lo que queda por hacer. De ahí podemos comprender
Su Insistencia de que en esta etapa post-redentora Le veamos como el Jesús
Sacramentado, porque viéndolo así, y reconociéndolo así, le damos a entender,
Le confirmamos, que estamos unidos a Él en estos nuevos logros cuya Vida
Sacramental permite.
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FIN DE ESTA GUIA DE ESTUDIOS DEL VOLUMEN 11

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