VOLUMEN 11 ESTUDIO PRIMERA PARTE VOLUMEN UNDECIMO DE LOS ESCRITOS DE LUISA PICARRETA


 



 

 

 



GUIA DE ESTUDIO

 

 


 

 

Volumen 11 13 de Noviembre de 1915 - La Divina Voluntad y la Comunión de Jesús

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Empezado en: Junio 2010 Terminado en: Septiembre 2011




 

El adiós de la tarde a Jesús Sacramentado.

 

¡Oh Jesús mío! Prisionero celestial, ya el sol está en el ocaso y las tinieblas invaden la tierra, y Tú quedas solo en el tabernáculo de amor. Me parece verte triste por la soledad de la noche, no teniendo en torno a Ti la corona de tus hijos y de tus tiernas esposas, que al menos te hagan compañía en tu voluntario cautiverio.

 

Oh mi prisionero divino, también yo siento que el corazón se me oprime por tener que alejarme de Ti, y me veo forza- da a decirte adiós, pero qué digo, ¡oh Jesús!, nunca jamás adiós, no tengo ánimo de dejarte solo, adiós te digo con los labios pero no con el corazón, más bien mi corazón lo dejo junto Contigo en el sagrario, contaré tus latidos y te corresponderé, por cada uno, con un latido de amor; numeraré tus afanosos suspiros, y para darte consuelo te haré descansar en mis brazos; seré tu vigilante centinela, estaré atenta para ver si alguna cosa te aflige o te da dolor, no sólo para no dejarte nunca solo, sino para tomar parte en todas tus penas.

 

¡Oh, corazón de mi corazón! ¡Oh amor de mi amor! Deja ese aire de tristeza y consuélate, no resisto verte afligido. Mientras con los labios te digo adiós, te dejo mis respiros, mis afectos, mis pensamientos, mis deseos y todos mis movimientos, que enlazando entre ellos continuos actos de amor, unidos a los tuyos te formarán una corona, te ama- rán por todos. ¿No estás contento? ¡Oh! Jesús. Parece que me dices que sí, ¿no es verdad?

 

Adiós, ¡oh! amante prisionero, pero aún no he terminado, antes de irme quiero dejar también mi cuerpo ante Ti, in- tento hacer de mi carne, de mis huesos, tantos diminutos pedazos para formar tantas lámparas por cuantos sagrarios existen en el mundo, y de mi sangre hacer tantas llamitas para encender estas lámparas, y en cada sagrario quiero poner mi lámpara, que uniéndose a la lámpara del sagrario que te ilumina la noche, te dirá: “Te amo, te adoro, te bendigo, te ofrezco reparación y te doy las gracias por mí y por todos”.

 

Adiós, ¡oh! Jesús, pero escucha una última cosa: “Hagamos un pacto, y el pacto sea que nos amemos más; Tú me darás más amor, me encerrarás en tu amor, me harás vivir de amor y me sepultarás en tu amor; estrechemos más fuertemente el vínculo del amor”. Sólo estaré contenta si me das tu amor para poder amarte de verdad.

 

Adiós ¡oh! Jesús, bendíceme, bendice a todos, estréchame a tu corazón, aprisióname en tu amor, y dándote un beso en el corazón te dejo, adiós, adiós.

 

Los buenos días a Jesús Sacramentado.

 

¡Oh Jesús mío! Dulce prisionero de amor, heme aquí Contigo de nuevo, te dejé con decirte “adiós”, y ahora vuelvo a Ti diciéndote: “Buenos días”. Me consumía el ansia de volverte a ver en esta prisión de amor para darte mis amorosos saludos, mis latidos afectuosos, mis respiros encendidos, mis deseos ardientes, y toda yo misma para infundirme toda en Ti y dejarme toda en Ti en perpetuo recuerdo y prenda de mi amor constante hacia Ti.

 

¡Oh, mi siempre adorable amor Sacramentado!, ¿Sabes? Mientras he venido para entregarme toda yo misma a Ti, he venido también para recibir de Ti todo Tú mismo, yo no puedo estar sin una vida para vivir, y por eso quiero la tuya, pues a quien todo da todo se le da, ¿no es cierto oh Jesús? Así pues, hoy amaré con tu latido de amante apasionado, respiraré con tu respiro afanoso en busca de almas, desearé con tus deseos inconmensurables tu gloria y el bien de las almas; en tu latido divino correrán todos los latidos de las criaturas, las tomaremos todas, las salvaremos, no deja- remos que escape ninguna, aun a costa de cualquier sacrificio, aunque tenga que sufrir yo todas sus penas. Si Tú me echases de tu presencia, me arrojaré aún más adentro, gritaré más fuerte para implorar junto Contigo la salvación de tus hijos y hermanos míos.

 

¡Oh mi Jesús! Mi vida y mi todo, cuántas cosas me dice este voluntario cautiverio tuyo, pero el emblema con el cual te veo todo marcado es el emblema de las almas, y las cadenas que tan fuerte te atan son el amor. Las palabras almas y amor parece que te hacen sonreír, te debilitan y te obligan a ceder en todo, y yo, valorando bien estos tus excesos amorosos, estaré siempre en torno a Ti, y junto Contigo, con mi estribillo de siempre: “Almas y amor”. Por eso en este día te quiero a Ti, siempre junto conmigo, en la oración, en el trabajo, en los gustos y en los disgustos, en el alimento, en cada paso, en el sueño, en todo, y estoy segura que no pudiendo obtener nada por mí misma, Contigo obtendré todo, y todo lo que haremos servirá para aliviarte cada dolor, endulzarte cada amargura, repararte cualquier ofensa,


compensarte por todo y conseguir cualquier conversión, aunque fuese difícil y desesperada. Iremos mendigando a todos los corazones un poco de amor para hacerte más contento y más feliz, ¿no está bien así, oh Jesús?

 

¡Oh amado prisionero de amor, átame con tus cadenas, séllame con tu amor! ¡Ah!, muéstrame tu bello rostro. ¡Oh Jesús, qué hermoso eres!, Tus cabellos rubios atan y santifican todos mis pensamientos; tu frente calmada y serena en medio de tantas afrentas, me da la paz y me deja en la más perfecta calma, aun en medio de las más grandes tempestades, en medio de tus mismas privaciones, y de tus caprichos que me cuestan la vida. ¡Ah! Tú lo sabes, pero sigo adelante, esto te lo dice el corazón que te lo sabe decir mejor que yo. ¡Oh amor! tus bellos ojos azules, refulgen- tes de luz divina me raptan al Cielo y me hacen olvidar la tierra, pero, ¡ay de mí! con sumo dolor mío se prolonga mi destierro todavía. Pronto, pronto, ¡oh Jesús! Sí, eres bello oh Jesús, me parece verte en ese tabernáculo de amor, la belleza y majestad de tu rostro me enamora y me hace vivir en el Cielo; allá, tu boca graciosa me da sus besos en cada momento; tu voz suave me llama e invita a amarte en cada momento, tus rodillas me sostienen, tus brazos me estrechan con vínculo indisoluble, y yo mil y mil veces pondré mis besos ardientes sobre tu rostro adorable. Jesús, Jesús, sea uno nuestro querer, uno el amor, único nuestro contento, no me dejes nunca sola que soy nada, y la nada no puede estar sin el Todo, ¿me lo prometes, oh Jesús? Parece que me dices que sí. Y ahora bendíceme, bendice a todos, y en compañía de los ángeles, de los santos, y de la dulce Mamá y de todas las criaturas te digo: “Buenos días,

¡oh! Jesús, buenos días”.

 

Ahora, después de haber escrito las oraciones anteriores bajo el influjo de Jesús, en la noche al venir Jesús me hacía ver que el adiós y los buenos días los tenía conservados en su corazón, y me ha dicho:

 

“Hija mía, estas oraciones han salido del fondo de mi corazón, y quien las rece con la intención de estar- se Conmigo, como está expresado en ellas, Yo lo tendré Conmigo y en Mí haciendo lo que hago Yo, y no sólo los enfervorizaré en mi Amor, sino que cada vez que lo haga aumentaré mi amor hacia el alma, ad- mitiéndola a la unión de la vida divina y de mis mismos deseos de salvar a todas las almas”.

 

Quisiera a Jesús en la mente, a Jesús en los labios, a Jesús en mi corazón, quisiera mirar sólo a Jesús, escuchar sólo a Jesús, estrecharme sólo con Jesús, quiero hacer todo junto con Jesús, amar con Jesús, sufrir con Jesús, jugar con Jesús, llorar con Jesús, escribir con Jesús, y sin Jesús no quiero ni siquiera respirar, me estaré como una bebita llorona sin hacer nada, a fin de que Jesús venga a hacer todo junto conmigo, contentándome con ser su juguete, abandonán- dome a su Amor, a sus castigos, a sus cruces y a sus amorosos caprichos siempre y cuando todo lo haga junto con Jesús. ¿Sabes ¡oh! mi Jesús? Esta es mi voluntad y no me cambiaré, ¿lo has oído? Así que ahora ven a escribir conmi- go.

 

* * * * * * *

 

Un breve comentario solamente. Hemos destacado las Palabras de Jesús que contienen una Promesa importantísima para todos los que vivimos en Su Voluntad. Dice que: “y quien las rece con la intención de estarse Conmigo, como está expresado en ellas, Yo lo tendré Conmigo y en Mí haciendo lo que hago Yo”,

 

Recordamos a todos los lectores que Nuestro Señor Le pidió a Luisa que Le hiciera 2 visitas espirituales especiales, una por la mañana, la de los Buenos Días, y otra por la noche antes de acostarse a dormir, la de las Buenas Tardes. Luisa comenzó a hacerlas desde entonces, alrededor de 1889, pero ahora a instancias de Su Confesor, Don Genaro de Gennaro, las escribe para nuestro beneficio. Francamente, aunque Nuestro Señor dice que sean dos de las 33 visitas espirituales al Santísimo Sacramento que Nuestro Señor Nos pide desde el volumen 1, creo que debemos hacerlas en adición a las 33 Visitas Espirituales que ya hacemos.


Resumen del capítulo del 14 de Febrero de 1912: (Doctrinal) - Página 12 - La Santa Indiferencia -

 

Este capítulo ya lo habíamos hecho una parte integral de los Capítulos Descriptivos de la Divina Voluntad que comen- záramos a preparar desde el año 2006. De hecho, es el capítulo con el que comenzamos la serie. Y así ahora transcri- bimos, no solo el capítulo, sino las explicaciones y comentarios que en aquel momento Nos suscitara su lectura.

 

Descripción No. 1: - El valor de todas las cosas en la Divina Voluntad: La Santa Indiferencia.

 

En el capítulo del 14 de Febrero de 1912, Volumen 11, Luisa describe cómo Jesús Le hace sobre el Valor de las Cosas en la Divina Voluntad, y constituye la primera de las Descripciones que haremos en esta Serie.

 

Como veremos, Jesús hace hincapié en lo siguiente:

 

1)       Todo tiene valor en Su Voluntad, o sea, todo lo que hacemos en Su Voluntad, con las debidas disposiciones (Sus Modos) El lo atesora.

 

2)       Todo lo que tiene valor en Su Voluntad, tiene el mismo valor para El. No existen actos más valiosos que otros. Importante concepto para aquellos que se cuidan de hacer solamente aquello que creen más importante a los ojos de Jesús y descuidan otros actos pensándolos menos valiosos.

 

3)       El acto repetido nos parece que va perdiendo valor con cada repetición, porque lo hacemos rutinariamente. Otras personas pudieran pensar que al repetir nuestros actos estos ganan valor, se hacen actos valiosos “per- fectos”. Jesús nos revela que esto no es así para El. Sin entrar en detalles en esta introducción, la “rutina” en que pensamos caen nuestros actos, es provocada por El mismo, y no causa los efectos de disminución o au- mento de valor como pensamos.

 

Y comencemos con la trascripción del Capítulo.

 

Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido y le he dicho:

 

“Dime, ¡oh! Jesús, ¿cómo es que después de que has dispuesto al alma a sufrir, y de que ella, conociendo el bien que hay en el sufrir, ama el sufrir y sufre casi con pasión, y cuando cree que su patrimonio es el sufrir, viviendo ella lo más bello, Tú le quitas este tesoro?”

 

Y Jesús:

 

(A)     “Hija mía, mi Amor es grande, mi régimen es insuperable, mis enseñanzas son sublimes, mis instrucciones son divinas, creadoras e inimitables. Entonces, para hacer que todas las cosas, sean grandes o pequeñas, sufrir o gozar, naturales o espirituales, adquieran un solo color y tengan un solo valor, permito que cuando el alma se ha adiestrado a sufrir y llega a amarlo, Yo le hago pasar el sufrir como propiedad en la voluntad, así que cada vez que Yo le mande el sufrir, teniendo la propiedad, las disposiciones en la voluntad, se encontrará siempre dispuesta a sufrir y a amar el sufrimiento. Así que Yo miro las cosas en la voluntad, y entonces es para el alma como si siempre sufriera, a pesar de que no sufra; y a fin de que el gozar tenga el mismo valor que el sufrir, y el rezar, el obrar, el comer, el dormir, en suma, todo, porque el todo está en si las cosas son de mi Voluntad; para hacer que cualesquiera que sean las cosas tengan un solo valor, permito que el alma se adiestre a todas las cosas en mi Voluntad con santa indiferencia. Así que para el alma parece que mientras Yo le doy una cosa, luego se la quito, pero no es verdad, más bien es que en un principio, cuando el alma no está bien adiestrada, siente la sensibilidad en el sufrir, en el rezar, en el amar, pero cuando con el adiestrarse pasan como propiedad en la voluntad, cesa la sensibilidad, pero al llegarle la ocasión de tener necesidad de servirse de estas propiedades divinas que le he hecho adquirir, con paso firme y con ánimo imper- turbable se pone a ejercitarse en la ocasión que se presenta, como por ejemplo: ¿Se presenta el sufrir? Entonces en- cuentra en ella la fuerza, la vida del sufrir; ¿debe rezar? Encuentra en ella la vida de la oración, y así de todo lo de- más”.

 

Según lo que dice Jesús, a me parece así:

 

Supongamos que yo haya recibido un don; mientras no me decida dónde debo guardar y conservar ese don, lo miro, lo aprecio y siento una cierta sensibilidad en amar aquel don; pero si lo conservo bajo llave, no viéndolo más la sensibilidad cesa, pero no por esto puedo decir que el don ya no es mío, al contrario, ciertamente es más mío porque lo tengo bajo llave, mientras al principio estaba en peligro de que me lo robaran.

 

Jesús ha continuado:

 

(B)    “En mi Voluntad todas las cosas se dan la mano entre ellas, todas se asemejan, todas están en sumo acuerdo, así que el sufrir da su lugar al gozar y dice: “He hecho mi parte en la Voluntad de Dios, haz ahora la tuya, y sólo cuando Jesús lo quiera me pondré de nuevo a obrar”. El fervor dice a la frialdad: “Tú serás más ardiente que yo si te conten- tas con estar en la Voluntad de mi eterno Amor”. Y así la oración al trabajo, el sueño a la vigilia, la enfermedad a la salud, todas, todas las cosas entre ellas, parece que una cede su puesto a la otra para estar en acto, pero todas tie- nen su puesto distinto. Además, quien vive en mi Voluntad no es necesario que haga el camino para ponerse en acti- tud de hacer lo que Yo quiero, sino que como cable eléctrico se encuentra ya en Mí haciendo lo que Yo quiero”.

 

* * * * * * *

 

Como siempre sucede con estos capítulos doctrinales, Jesús “aprovecha” una duda de Luisa para impartirle una nueva lección doctrinal, muchísimo más abarcadora que la simple respuesta a la duda. Decimos que “aprovecha”, porque en realidad Jesús, y así se lo dice a Luisa en otras oportunidades, introduce estas dudas en Luisa, para esclarecerle a ella y a nosotros algo que El cree de particular importancia. La duda de Luisa es doble:

 

1)       ¿Por qué le parece a ella que ya no siente tanta satisfacción y gusto al sufrir como sentía antes?

 

2)       ¿Por qué Le quita el amor al sufrir, que es lo más valioso que ella realiza en su vida?

 

Y ahora vienen las respuestas de Jesús, y como siempre analizaremos los bloques de conocimientos que Nos imparte, empezando con el bloque (A).

 

Hija mía, mi Amor es grande, mi régimen es insuperable, mis enseñanzas son sublimes, mis instruccio- nes son divinas, creadoras e inimitables. – En esta introducción a la enseñanza doctrinal, Jesús establece sin equívoco que todo lo Suyo es Sublime, Incomparable, etc., nada hay que sea poco importante, ni tampoco nada que sea más importante. Indirectamente amonesta a Luisa que ha llegado a pensar que lo más importante que ella hace en la Divina Voluntad, o que El hizo en la tierra cuando vivía con nosotros, era sufrir. No se trata el que, de hecho, su vida haya sido una vida de sufrimientos de todo tipo, “varón de dolores”, se trata de establecer que no era esa la acti- vidad más importante por asidua que fuera.

 

Entonces, para hacer que todas las cosas, sean grandes o pequeñas, sufrir o gozar, naturales o espiri- tuales, adquieran un solo color y tengan un solo valor, permito que cuando el alma se ha adiestrado a sufrir y llega a amarlo, Yo le hago pasar el sufrir como propiedad en la voluntad, - En este párrafo revelato- rio, Jesús nos informa a todos que así como en El todo es uniformemente importante, así también El ha determinado hacer con las actividades humanas: todas las cosas, todas las emociones, todos las actividades que la criatura pueda realizar normalmente o, particularísimamente en Su Voluntad, tengan un mismo color y un mismo valor, uniformemen- te importantes. Y añade ahora que la repetición de nuestras actividades, lo que Él llama adiestrarse, no implica que adquieren un mayor o menor valor, lo que ocurre es que El permite que nosotros poseamos esas actividades que re- petimos, como si fueran propiedad nuestra, y que las guardemos en nuestra voluntad. Este concepto de que una cosa suya es nuestra es un concepto que ya hemos estudiado anteriormente. En este caso no se trata de hacer nuestro algo para poder devolvérselo como correspondencia. Aquí se trata de lo siguiente: (vamos a usar la actividad de sufrir como ejemplo)

 

1)       cuando a la criatura Jesús le presenta la oportunidad de sufrir por El, en imitación de Su Vida, esta actividad tiene un contenido, cual es el sufrimiento que se nos envía, una duración, cuánto tiempo este sufrimiento de- be o puede durar, una intensidad, el sufrimiento puede ser de poca o mucha intensidad y un propósito mani- fiesto, bien sea de purificación, de castigo, de imitación a los Suyos, etc.

 

2)       Estas características de la actividad de sufrir, cuando ocurren por primera vez, al ser nuevo el sufrimiento, la criatura sufre más por anticipación que por el mismo sufrimiento, y lo magnifica; está híper-sensibilizada a ese sufrimiento.


3)       En el proceso de la repetición o adiestramiento como Jesús lo llama, la criatura ya “sabe” las características del sufrimiento, las ha ido abrazando y ha ido haciendo suyas esas características y “sabe” a qué atenerse cuando suceden de nuevo. Y si no suceden, ya veremos cuando estudiemos los próximos párrafos de Jesús, como le pasa a Luisa, el conocimiento de las características del sufrimiento están presentes, y pueden ser re- creados y de hecho son recreados por el que los ha sufrido anteriormente. Todo bajo el absoluto control de Jesús, que utiliza nuestra memoria para entregarnos ese sufrimiento “en propiedad”.

 

Así que cada vez que Yo le mande el sufrir, teniendo la propiedad, las disposiciones en la voluntad, se encontrará siempre dispuesta a sufrir y a amar el sufrimiento. - Todo el que haya experimentado un sufri- miento producido por un catarro, como ejemplo, sabe a qué atenerse, tiene como propias las características del cata- rro, conoce el contenido de la enfermedad, su duración, su intensidad y el propósito no siempre manifiesto, pero sabe que ocurre y tiene que ocurrir. No se asusta por el catarro, lo soporta con relativa facilidad, y como que parece que ya no sufre lo mismo, no tiene el mismo valor como sufrimiento. Sin embargo, Jesús dice que al estar depositadas en nuestra voluntad las características del sufrimiento, la criatura está dispuesta a sufrir y amar el sufrimiento, particu- larmente la característica del propósito manifiesto del sufrimiento.

 

Así que Yo miro las cosas en la voluntad, y entonces es para el alma como si siempre sufriera, a pesar de que no sufra; - Confirma Jesús, que como el alma se ha adiestrado en el sufrimiento, y lo posee en propiedad, para El es lo mismo que sufra o que no sufra, o sea que para El tiene el mismo valor.

 

Y a fin de que el gozar tenga el mismo valor que el sufrir, y el rezar, el obrar, el comer, el dormir, en su- ma, todo, (porque el todo está en si las cosas son de mi Voluntad; para hacer que cualesquiera que sean las cosas tengan un solo valor), permito que el alma se adiestre a todas las cosas en mi Voluntad con santa indiferencia. – Este es el párrafo clave del Pronunciamiento: aunque las actividades humanas tengan distinto valor, según el observador de la actividad, en Su Voluntad, El hace que todas las cosas que provienen de Él, de Su Voluntad, tengan un solo valor, y por tanto todas las cosas en Su Voluntad están en Santa Indiferencia. Jesús aquí excluye de este proceso de igualdad, de santa indiferencia, a todas las actividades humanas que son producto de pe- cado, del demonio y del mundo. Las consecuencias prácticas son extraordinarias. Para el que quiere vivir en la Divina Voluntad, el proceso de adiestramiento en todas las actividades que realiza, debe proporcionarle una sensación de que todo es Producto de Su Voluntad, que si quiere que sufra es tan bueno como el de pasar un rato agradable. Todo debe percibirlo con santa indiferencia.

 

Así que para el alma parece que mientras Yo le doy una cosa, luego se la quito, pero no es verdad. Más bien es que en un principio, cuando el alma no está bien adiestrada, siente la sensibilidad en el sufrir, en el rezar, en el amar, pero cuando con el adiestrarse pasan como propiedad en la voluntad, cesa la sensi- bilidad, - Jesús está preparando el razonamiento en lógica circular, y añade la palabra sensibilidad que ya hemos tratado de utilizar en nuestra explicación.

 

Pero al llegarle la ocasión de tener necesidad de servirse de estas propiedades divinas que le he hecho adquirir, con paso firme y con ánimo imperturbable se pone a ejercitarse en la ocasión que se presenta, como por ejemplo: ¿Se presenta el sufrir? Entonces encuentra en ella la fuerza, la vida del sufrir; ¿debe rezar? Encuentra en ella la vida de la oración, y así de todo lo demás. – Jesús adopta un tono coloquial, con- versacional, para explicarnos como debemos reaccionar a medida que nos adiestramos. Nuestra actitud debe ser, recobrar de nuestra memoria, las propiedades divinas adquiridas en la actividad, sea cual sea ésta. Una vez, recorda- das, y dándonos la fuerza del adiestramiento, volvemos a hacer el acto que ahora Nos pide que hagamos.

 

* * * * * *

 

Luisa intercala ahora su propia interpretación de las palabras de Jesús, concentrándose en la propiedad de la activi- dad. Habla de cómo ahora, esa actividad la tiene bajo llave, y aunque no parezca que es de ella, si lo es, y está mucho más segura que antes de esta posesión.

 

Y continuemos con el segundo bloque, bloque (B)

 

En mi Voluntad todas las cosas se dan la mano entre ellas, todas se asemejan, todas están en sumo acuerdo, así que el sufrir da su lugar al gozar y dice: “He hecho mi parte en la Voluntad de Dios, haz ahora la tuya, y sólo cuando Jesús lo quiera me pondré de nuevo a obrar”. - Como ha ocurrido en otras opor-


tunidades, la tentación es grande de concentrarnos en este Bloque (B) y omitir el bloque (A). El bloque (A) es como la teoría en una clase, en la que el alumno encontrando dificultad en entender, le pide al maestro que le ponga un ejemplo, a ver si así lo entiende. Pero la tentación hay que resistirla porque se pierde el conocimiento del mecanismo divinamente psicológico de la Santa Indiferencia. Este ceder una actividad a otra el puesto de mando del momento, el estar en el asiento del chofer por así decirlo, aturde a la mente. Todo es indiferente en Su Voluntad, porque todo es Magnifico, Sublime, Grandioso. El tiempo que se Nos ha dado para que hagamos nuestra sucesión de actos, ahora resulta que es uniformemente importante y grandioso, no por lo que hacemos, sino donde lo hacemos.

 

El fervor dice a la frialdad: “Tú serás más ardiente que yo si te contentas con estar en la Voluntad de mi eterno Amor”. Y así la oración al trabajo, el sueño a la vigilia, la enfermedad a la salud, todas, todas las cosas entre ellas, parece que una cede su puesto a la otra para estar en acto, pero todas tienen su pues- to distinto. – La reafirmación de lo expresado anteriormente, todo es distinto pero es uniforme en Su Voluntad, por- que todo ha comenzado con Su Voluntad, y todo termina en Su Voluntad, en donde todo es igualmente importante.

 

Además, quien vive en mi Voluntad no es necesario que haga el camino para ponerse en actitud de hacer lo que Yo quiero, sino que como cable eléctrico se encuentra ya en Mí haciendo lo que Yo quiero. - El proceso es uno de inconsciencia, una vez que la criatura ha decidido aceptar la invitación de Jesús de Vivir en Su Divi- na Voluntad. Como todo lo que hacemos, lo hacemos en Su Voluntad, ya no hay necesidad de emprender el camino, ya estamos en el lugar al que El nos ha permitido entrar, haciendo lo que El desea, con santa indiferencia.

 

Resumen del Capítulo de Febrero de 1912: (Doctrinal) (No se encuentra en la edición de la Librería Espiritual)

 

Continuando mi habitual estado, mi adorable Jesús se hacía ver crucificado y con un alma junto a Él, la cual se ofrecía víctima a Jesús, y Jesús le ha dicho:

 

“Hija mía, te acepto como víctima del dolor. Todo lo que puedas sufrir lo sufrirás como si estuvieras Conmigo en la cruz, y con tus sufrimientos me consolarás; muchas veces se te escapa esto de consolarme con tus sufrimientos, de- bes saber que Yo fui víctima y hostia pacífica y así también tú, no te quiero víctima oprimida, sino pacífica y alegre, serás como un corderito dócil y tu balar, esto es tus oraciones, tus sufrimientos, tus obras, servirán para endulzar mis amargas llagas”.

 

Resumen del Capítulo del 18 de Febrero de 1912: (Doctrinal) – Página 15 -

 

Encontrándome en mi habitual estado, siempre y todo amable Jesús ha venido y me ha dicho:

 

(A)    “Hija mía, todo lo que haces por Mí, aún un respiro, entra en Mí como prenda de tu amor por Mí, y Yo en corres- pondencia te doy mis prendas de amor, así que el alma puede decir: “Yo vivo de las prendas que me da mi amado Jesús”.

 

Después ha agregado:

 

(B)    “Hija amada mía, viviendo tú de mi Vida, se puede decir que tu vida ha terminado, que no vives más, así que no viviendo más tú, sino Yo en ti, todo lo que te hacen, agradable o desagradable, Yo lo recibo como hecho propiamente a Mí; y esto lo puedes comprender porque ante eso que te hacen, agradable o desagradable, tú no sientes nada, esto significa que debe ser otro quien siente ese gusto o ese disgusto, ¿y quién otro lo puede sentir sino Yo que vivo en ti y que te amo tanto, tanto?”.

 

* * * * * * *

 

Interesante capítulo doctrinal. En el pequeño Bloque (A), Nuestro Señor habla en un sentido bien generalizado de la correspondencia a Sus Sugerencias Amorosas. Qué diferencia, y grande, de cómo hablará de este tópico en los volú- menes superiores a este. El concepto de la Sugerencia está implicado, pero el énfasis está más bien aquí, en el acto involuntario que se convierte en voluntario, cuando Luisa, o nosotros, queremos ofrecérselo, y al decir que “quiero ofrecerlo”, lo hemos transformado de involuntario a perfectamente voluntario y querido por nosotros, y acepto a Él.

 

Lo importante es, que a este ofrecimiento El siempre corresponde con Sus Prendas de Amor, que son Bienes infinita- mente más valiosos que nuestro pobre respiro.


 

En el segundo de los Bloques, el Bloque (B), habla de un concepto ya sabido, y otro totalmente desconocido por no- sotros.

 

El concepto conocido, es que una vez que hemos decidido vivir de Su Vida, esto es, de Su Voluntad, y que esto lo hacemos viviendo en Su Voluntad, ya dejamos de vivir nuestra vida anterior con exclusividad, “se puede decir que tu vida ha terminado”, y empezamos a vivir Su Vida, o sea, empezamos a compartirla con esta nueva vida en Su Volun- tad a la que hemos renacido. En términos prácticos, ya sabemos que esto quiere decir, que empezamos un proceso, en el que mas y mas de nuestra vida se desarrolla en el plano sobrenatural de la Vida en Su Voluntad, y menos y me- nos en el plano de las vidas natural y espiritual que antes vivíamos con exclusividad.

 

Y ahora comienza el Conocimiento nuevo que quiere comunicarnos a todos. Una de las consecuencias de este progre- sivo vivir en Su Voluntad, es que todo lo que nos “sucede”, bien sea directamente sugerido por El, o sugerido por otros con Permiso Suyo, no va dirigido a esas otras dos vidas anteriores, sino que debemos creer y aceptar que va dirigido directamente a Él, en quien ahora vivimos, porque vivimos como El vive en Su Voluntad.

 

Si vemos, atención a esto, que nada de lo que nos ocurre nos perturba, cuando es desagradable, o nos alegra, cuando es agradable, sino que lo recibimos todo con un creciente desapego, con “santa indiferencia”, no es ahora como resul- tado del adiestramiento de que Nos hablaba en el capítulo de la Santa Indiferencia, sino que a quien perturba o alegra es al Mismo Dios. Somos como un filtro que todo deja pasar, y mientras más seamos filtro efectivo, o sea, mientras mas y mas, nos “resbale” todo lo que nos sucede, mas y mas estamos viviendo en Su Voluntad.

 

Dicho de otra manera. Como recompensa inevitable al haber rendido nuestra voluntad a la de Él, en forma mas y mas completa, El intercepta todo lo que viene a nosotros del exterior nuestro, y lo asume y absorbe El Mismo, de manera tal, que aquello que sucede, bueno o malo, nos resulta perfecta y santamente indiferente.

 

Resumen del Capítulo del 24 de Febrero de 1912: (Doctrinal) – Página 16 El Temperamento de Jesús

 

Este capítulo también lo hemos analizado y comentado como la Descripción No. 3 de los Capítulos Descriptivos de la Divina Voluntad, serie comenzada en el año 2006. Pensamos que los comentarios que entonces hicimos tienen la misma validez hoy que la que tuvieron en el año 2006, y por tanto lo incluimos aquí.

 

Descripción No. 3: La Divina Voluntad y el Temperamento de Jesús

 

En los capítulos del 24 de Febrero de 1912, y el 3 de Marzo de 1912, Volumen 11, Jesús continúa con Su Descripción de la Divina Voluntad. La idea central de estos capítulos está en la descripción que Nos hace de Su Temperamento, o mejor aún, de la dualidad de Sus Temperamentos. Es importante que sepamos, que como parte del proceso de Vivir en Su Voluntad, El hace que “perdamos” nuestro temperamento para “ganar” los de Él, y al mismo tiempo Nos hace saber que esto ocurre, porque es del todo imprescindible que ocurra así, si queremos Vivir en Su Divina Voluntad en plenitud.

 

Antes de comenzar la transcripción de los capítulos, tenemos que descubrir el significado del concepto de Tempera- mento. Dice el Diccionario, que Temperamento es:

 

“Constitución particular de cada individuo que resulta del predominio fisiológico de un sistema orgánico, como el ner-

vioso o el sanguíneo, o de un humor como la bilis o la linfa”.

 

Esta es la definición tradicional que nos viene desde los tiempos griegos, de los primeros “médicos”, Hipócrates y Ga-

len (de cuyo nombre se deriva el conocido apelativo de galeno, para referirse a los doctores en Medicina).

 

En esta definición está encerrada la idea de que nuestra constitución y temperamento espirituales vienen condiciona- dos por el predominio fisiológico de uno de nuestros sistemas orgánicos: el sanguíneo (corazón y circulación de la sangre), el bilioso o colérico (el hígado y el páncreas), el flemático (el sistema linfático), y el melancólico (sistema nervioso). Cada uno de estos temperamentos, pues, influencia nuestra conducta y eventualmente moldea nuestra personalidad, al influir en nuestra vocación, y la Misión que Dios ha preparado para nosotros.


Dicho de otra manera, el temperamento consiste en aquellas características con las que nacemos. Es nuestra armazón genética. Se diferencia de la personalidad, que es una combinación del temperamento más las experiencias ganadas como resultado de nuestras vivencias en los distintos estados de vida, y en el cumplimiento de nuestra vocación y misión específica de vida. Los términos temperamento y personalidad se usan indistintamente, pero como vemos son apreciablemente diferentes. El temperamento viene determinado por nuestras características fisiológicas, y al contrario de la personalidad, el temperamento no se puede desechar o cambiar por otro, para buscar uno nuevo. El que nace zurdo, por ejemplo, siempre tendrá preferencia por el uso de la mano izquierda para todas las operaciones manuales, aunque con el tiempo, pudiera llegar a entrenarse en el uso de la mano derecha. Si a un zurdo, se le fuerza a usar la mano derecha, solo provocará en esa persona frustración y disgusto. Si uno tiene preferencia por ser espontáneo y flexible, y no de ser organizado y metódico, el tratar de alterar estas características básicas por completo, solo sirve para ocasionar frustración y depresión psicológicas, que pueden llegar a ser clínicamente patológicas.

 

De todo esto, hay libros, tratados, y modernamente se ha utilizado esta antiquísima teoría por el Dr. Kirsey para expli- car los temperamentos orientados a la personalidad, o sea, el temperamento en acción. Así el Dr. Kirsey distingue el temperamento/personalidad de guardián, artesano, idealista y razonador.

 

Es preciso entender que si estos conceptos no se manejan con cuidado, es posible llegar a pensar que el temperamen- to condiciona irremediablemente a nuestra conducta, con lo que rápidamente llegamos al determinismo y a la nega- ción del libre albedrío. En este determinismo o predestinación, se fundamenta también, la antigua creencia astrológica, que como sabemos, pretende describir nuestro comportamiento y futuro en virtud de los signos zodiacales, que no son más que una descripción detallada de los cuatro temperamentos clásicos. Así, los doce signos zodiacales, no son más que tres grupos por cada uno de los cuatro temperamentos, o sea, que para el temperamento sanguíneo hay tres signos zodiacales, y así de los demás. También el grupo de doce animales en el “Zodiaco” chino, tratan de describir las características de doce clases de animales, y como los seres humanos “siguen” esas características.

 

Es necesario pues, consignar rápidamente en esta discusión previa, que el Temperamento es la herramienta que Dios utiliza para crear seres humanos distintos entre sí; que Nos crea en esta forma única, para poder llevar a cabo la Vo- cación a la que Nos ha destinado. Este temperamento nos condiciona, pero no nos obliga a ser de una forma determi- nada o a actuar sin libertad. Lo único que hace, y es absolutamente una muestra más de la Misericordia Divina, es hacernos más fácil y agradable, la ejecución de la vocación y misión que Nuestro Señor quiere que hagamos viviendo en una sociedad de otros seres humanos. Un ejemplo quizás ayude:

 

¡Qué tortura seria para nosotros que tenemos que comer tres veces al día, si la comida fuera desagradable! Este mar- tirio de tener que comer algo desagradable, día tras día, año tras año, no lo resistiríamos. Otro ejemplo. Como Dios Nos manda reproducirnos para perpetuar la especie humana y Sus Planes, ha hecho del proceso reproductivo, una de las experiencias más agradables que podemos experimentar. En otras palabras, lo que El quiere y estamos obligados a hacer inexcusablemente, El ha hecho que sea agradable y nos resulte poco o nada disgustoso. ¿Qué desastre resulta- ría si los llamados a ser doctores de medicina no pudieran ver el derramamiento de sangre?

 

Dios, pues, no se ha equivocado al crearnos con temperamentos distintos. Definitivamente, El no quiere cambiar nues- tro temperamento. Muy por el contrario, El quiere utilizar ese temperamento para conseguir Sus Fines. Es Voluntad Suya el que ese temperamento nuestro esté ordenado a Él, enfocado a lo que Su Voluntad quiere de cada uno de nosotros.

 

Cuando escogió a San Pedro para ser cabeza de la Iglesia, no trató de cambiarlo, y vaya si San Pedro en su comienzo no necesitaba que lo cambiaran. De nuevo, Jesús no trató de cambiarlo, lo amonestaba, lo corregía, redirigía las po- tencias de aquel Apóstol maravilloso, y las ordenaba a Él, pero no lo cambiaba. Si lo hubiera cambiado, habría resulta- do un desastre como Guía Espiritual de la Iglesia Naciente. Hacía falta la fuerza, la impetuosidad, la acometida de aquel gran hombre, todos rasgos de su temperamento, y luego de su personalidad. Lo mismo sucedió con San Pablo: su conversión no cambió ni su temperamento ni la personalidad de San Pablo, simplemente, las re-orientó para Sus Fines. El Apóstol de los Gentiles no podía ser un hombre pusilánime, o flemático, o melancólico; muy por el contrario, tenía que ser impetuoso, generoso con su tiempo y bienes, con tesón hasta la testarudez en la persecución de la con- versión de los pueblos.

 

Asimismo quiere hacer con cada uno de nosotros. No quiere cambiarnos de temperamento, Nos ha creado perfectos, siempre y cuando “nos ponemos al bien” como Le dirá a Luisa en este capítulo; o sea, si ordenamos nuestro tempe- ramento, a seguirlo a Él en los dictados de Su Voluntad genérica y específica.


 

A pesar de lo dicho, es curioso que para abrazar a la perfección a la que Nos llama de Vivir en la Divina Voluntad, El sí habla de “perder” el temperamento que Nos ha dado, para “adquirir” o “ganar” el Temperamento Suyo, pero nunca cambiarlo.

 

¿Por qué usa Jesús ahora del concepto de Temperamento para describir Su Divina Voluntad en estos dos capítulos?

¿Por qué no usa la expresión tan conocida de que debemos imitarlo en todo, de que nos adentremos en Su Humani- dad, para pasar luego a Su Divinidad? Creemos que lo hace por dos razones fundamentales:

 

1)       porque quiere que entendamos que no es suficiente la Imitación de Su Vida, sino que es necesario que nos

identifiquemos tanto con El, que “perdamos” nuestro temperamento para “ganar” el de Él.

 

2)       Porque Jesús quiere cementar cada vez más el concepto de que El es un hombre igual que nosotros, que Su Humanidad estuvo sujeta a las mismas características personales que nos condicionan a todos, que Jesús te- nía como nosotros, un temperamento como lo hemos estado definiendo. Su Formación Genética contribuyó a desarrollar en El la personalidad que era esencial para que también El viviera en la Divina Voluntad, y final- mente, para que Su Humanidad actuara con los Modos Divinos con los que El tenía que actuar. O sea, Su Es- tructura Genética, Su Temperamento tenían que ser consistentes con la Divinidad que Le animaba. La estabi- lidad de Su Madre y la constitución genética que de ella heredaba, y de toda Su Ascendencia hasta Noé, facili- taban Su Misión. ¿Podemos quizás, imaginar a Jesús como un hombre de temperamento irascible, colérico, flemático, excesivamente sensible y melancólico? Ciertamente que no; esas características no hubieran repre- sentado en modo alguno al Mesías Salvador. Estos conocimientos tan, pero tan extraordinarios que Nuestro Señor Nos da sobre Su Humanidad y Divinidad, solo sirven para entenderlo mejor y por tanto, amarlo más, que en definitiva es Su Objetivo.

 

Cuando analicemos y comentemos los capítulos, veremos el esfuerzo que Jesús hace para describir Su Temperamento, y lo que significa el concepto de “perder” nuestro temperamento, para “ganar” el de Él; no para cambiarlo, sino para “perderlo”.

 

* * * * * * *

 

Y comencemos ahora con la trascripción del capítulo del 24 de Febrero de 1912. Volumen 11. Habiendo visto varias almas alrededor de Jesús, especialmente una muy sensible, Jesús me ha dicho:

“Hija mía, las almas de temperamento sensible, si se ponen al bien, hacen más progreso que las otras, porque su sensibilidad las lleva a empresas grandes y arduas”.

 

Yo le he rogado que le quitara ese resto de sensibilidad humana que le quedaba, que la estrechara más a Él, que le dijera que la amaba, pues al oírse decir que la amaba la conquistaría del todo; verás que lo lograrás, ¿no me has ven- cido a así, diciéndome que me amabas tanto, tanto?

 

Y Jesús: “Sí, sí, lo haré, pero necesito su cooperación, necesito que huya cuanto más pueda de las personas que le excitan la sensibilidad”.

 

Entonces yo he agregado: Amor mío, dime, y mi temperamento, ¿cuál es?”

 

Y Jesús: “Quien vive en mi Voluntad pierde su temperamento y adquiere el mío. Así que en el alma que hace mi Vo- luntad se descubre un temperamento afable, atrayente, penetrante, digno y a la vez sencillo, de una sencillez infantil, en suma, me asemeja en todo. Más bien, más todavía, tiene en su poder el temperamento como lo quiere y como se necesita, pues como vive en mi Voluntad toma parte en mi Potencia, por lo tanto tiene las cosas y a sí misma a su disposición, así que según las circunstancias y las personas con las que trata, toma mi temperamento y lo desarrolla”.

 

Y yo: “Dime, ¿me das un primer puesto en tu Querer?”

 

Jesús sonriendo: “Sí, sí, te lo prometo, de mi Voluntad no te haré salir jamás, y tomarás y harás lo que quieras”.


Y yo: “Jesús, quiero ser pobre, pobre y pequeña, pequeña; de tus mismas cosas no quiero nada, mejor que las tengas

mismo, yo sólo te quiero a Ti, y conforme necesite las cosas me las darás, ¿no es verdad, ¡oh!, Jesús?”

 

Y Jesús: “Bravo, bravo a mi hija, finalmente he encontrado una que no quiere nada; todos quieren alguna cosa de Mí, pero no el Todo, esto es, a Mí mismo; en cambio tú, con no querer nada has querido todo, y aquí está toda la fineza y la astucia del verdadero amor”.

 

Yo he sonreído y Jesús ha desaparecido

 

* * * * * * *

 

En este capítulo hay dos secciones muy interesantes para estudiar. La primera se relaciona con las almas que Luisa observa gravitan alrededor de Nuestro Señor, que presumimos que quiere decir, que ella las veía “muy cerca” de Je- sús, como personas de conducta recta y justa. Hay particularmente un alma que Luisa describe como muy sensible, y Jesús se adelanta a comenzar con los conocimientos claves del capítulo. Jesús comienza a hablar del temperamento, como algo que no hay que ni siquiera discutir. Y así le dice a Luisa que no se asombre por esta condición sensible de esa alma. Implícito está el concepto de que El la ha creado así, y que así, con ese temperamento sensible, ha creado muchas otras almas, porque El necesita que hagamos, como seres humanos, empresas grandes y arduas, y a las al- mas de temperamento sensible les es mucho mas “fácil” que a muchas otras almas con otras clases de temperamento realizar, lo que a ellas les es más fácil realizar.

 

El alma sensible está atenta a todo lo que sucede con una intensidad y percepción mayor de las normales; sus cinco sentidos están más agudizados que los de otras personas. Sienten más a lo vivo las cosas y los acontecimientos que suceden a su alrededor. Sufren más que los demás, porque sus sentimientos son más intensos. Sin entrar a estudiar lo que es el temperamento sensible, porque no es ese el objetivo del capítulo ni las palabras de Jesús, aceptemos sola- mente el hecho de que El ha creado el temperamento sensible para que esas personas, así acondicionadas, puedan realizar con mayor facilidad, obras grandes y difíciles. Sin embargo, sí añade, y luego recalcará, que para que esto ocurra, tienen que ponerse a bien, o sea, ordenar su actividad a Él.

 

Entonces Luisa , pensando que está haciéndole un favor a esa alma que ella observa, le pide a Jesús que le quite el resto de sensibilidad humana que tiene, o sea, que quiere que básicamente Jesús la “cambie”, y que El puede hacerlo con solo hacerle manifiesto Su Amor, como se lo ha manifestado a Ella. Pero Jesús, minimiza la petición de Luisa di- ciéndole que en realidad El no quiere cambiar nada en ella, que lo que quiere es su cooperación, alejándose de las ocasiones que excitan su sensibilidad y la llevan a un comportamiento no querido por El. O sea, El quiere redirección con nuestra cooperación, que nos “pongamos a bien” y que realicemos lo que quiere que realicemos de la manera que El desea.

 

Este aspecto de la excitación que Jesús menciona es necesario analizarlo con mayor detalle.

 

Dice el Diccionario que excitante es “aquello que produce un cambio a nivel celular, que afecta el equilibrio material y

dinámico de la personalidad de la persona excitada”.

 

Hay sustancias químicas catalíticas que provocan reacciones químicas en otras sustancias; reacciones que son necesa- rias, y que sin la intervención del “agente catalítico”, como se le llama, la “creación” de un nuevo compuesto químico no podría realizarse. De igual manera hay o existen personas cuya labor, no la única pero importante, es la de excitar las almas sensibles a actuar. Estas personas son capaces por su propio temperamento, de provocar un cambio en el equilibrio emocional y espiritual de la persona con temperamento sensible. Este cambio puede ser grandemente bene- ficioso, pero también grandemente perjudicial, siempre que con su influencia, apartan al alma sensible de Él, de Su Paz, de Sus Planes para con ella.

 

Aquí Jesús Nos empieza a dar la clave también de que quiere El decir cuando dice: “perder nuestro temperamento”.

Como vemos, no se trata de echarlo a un lado, se trata de re-orientarlo a Él y Su Reino.

 

Seguidamente Luisa, al oír hablar de temperamento, y de que esa alma tenía un temperamento sensible, Le pregunta a Jesús, que cual es su temperamento. Cosa natural que ella pregunte sobre un concepto muy nuevo para ella. Jesús no responde directamente a la pregunta, y no llega a manifestarle a Luisa, cual es su temperamento humano. Estu- diemos lo que dice con cuidado.


 

Quien vive en mi Voluntad pierde su temperamento y adquiere el mío. - La primera lección que Le da a Lui- sa, es que para el que vive en Su Voluntad, El le hace perder su temperamento humano, y Le da a cambio, el suyo.

¿Por qué? Porque en Su Divina Voluntad solo puede entrar un alma que esté totalmente afinada a Él, y porque como dirá en el tercer párrafo de este Pronunciamiento, al adquirir Su Temperamento humano y Su Divinidad, adquirimos todos los temperamentos, por lo que podremos hacer lo que El hace, y nos permite desarrollar con la Potencia de Su Temperamento las obras que Nos encomiende.

 

Así que en el alma que hace mi Voluntad se descubre un temperamento afable, atrayente, penetrante, digno y a la vez sencillo, de una sencillez infantil, en suma, me asemeja en todo. – Aquí Jesús Nos muestra algunas de las características de Su Temperamento, a saber, El es:

 

1)       afable - agradable, dulce, suave en la conversación o trato.

 

2)       Atrayente - que inclina a otros a Su Voluntad.

 

3)       Penetrante que entra mucho en alguna cosa, es profundo

 

4)       Digno - merecedor de algo

 

5)       Infantilmente sencillo que no tiene artificio ni composición.

 

Y aquí dice Jesús, que el que nos observa, descubre, se le hace manifiesto y patente, que tenemos un temperamento con todas esas cualidades.

 

Más bien, más todavía, tiene en su poder el temperamento como lo quiere y como se necesita, pues co- mo vive en mi Voluntad toma parte en mi Potencia, por lo tanto tiene las cosas y a sí misma a su dispo- sición, así que según las circunstancias y las personas con las que trata, toma mi temperamento y lo desarrolla. – Cuando entramos a Vivir en la Divina Voluntad, Jesús Nos dice que Nos da en préstamo Su Tempera- mento; Nos dice que lo tenemos en nuestro poder, como lo queremos y como lo necesitamos, y por ello, participamos de Su Potencia, y podemos utilizar las cualidades y características de Su Temperamento según lo necesitemos para nuestra propia Misión, y para una evangelización efectiva.

 

Todo este concepto tan extraordinario, de que adquiriendo Su Temperamento, en la práctica, Nos ayuda para nuestras relaciones con otros, para influenciar en otros de la manera más efectiva posible, no debe parecernos tan extraño cuando lo reflexionamos un poco. En su forma inimitable, ya San Pablo lo decía, cuando decía que El se había hecho todo por todos, para ganar aunque solo fuera a uno a la Causa de Nuestro Señor. El que oía a San Pablo, que se había revestido de Cristo y adquirido Su Temperamento, podía percibir a un hombre transformado, con cualidades y caracte- rísticas que no eran las suyas propias, sino prestadas. Aunque San Pablo, no se le haya concedido en el tiempo, el Don de Vivir en la Divina Voluntad, sus conocimientos sobre este Vivir en la Divina Voluntad eran extraordinarios, y su comportamiento más afín a lo que conlleva esa Vivencia.

 

En las palabras finales de Luisa en este capítulo, se revela la profundidad del conocimiento que Luisa ha adquirido y continúa adquiriendo, particularmente como resultado de este capítulo. Y así Le dice a Jesús, que ella no quiere nada en específico, sino que lo quiere a Él, básicamente a Su Temperamento, porque así El sabrá darle y ella sabrá tomar, lo que le hace falta a cada instante. Luisa hace suyas las palabras finales de Jesús, “así que según las circunstancias, y las personas con las que se trata, toma Mi Temperamento y lo desarrolla”.

 

Jesús aplaude lo dicho por Luisa, alabando la astucia y fineza del amor de Luisa, que no quiere una parte de Él, sino que lo quiere todo.

 

Resumen del Capítulo del 26 de Febrero de 1912: (Doctrinal) – Página 18  


El verdadero Amor continuación -

 

Regresando mi todo y siempre amable Jesús, me ha dicho:

 

“Hija mía, Yo soy Amor, e hice a las criaturas todo amor: los nervios, los huesos, las carnes, son tejidos de amor; y después de haberlas tejido de amor hice correr en todas sus partículas, como cubriéndolas con un vestido, la sangre,


para darles vida de amor, así que la criatura no es otra cosa que un complejo de amor, y no se mueve por ninguna otra cosa sino sólo por amor; a lo más puede haber diversidad de amores, pero siempre por amor se mueve, puede haber amor divino, amor de sí misma, amor de criaturas, amor perverso, pero siempre amor, no pude hacer de otra manera porque su vida es amor, creada por el Amor Eterno, por lo tanto, llevada por una fuerza irresistible al amor, así que la criatura, aún en el mal, en el pecado, en el fondo debe tener un amor que la empuja a hacer ese mal. ¡Ah, hija mía! ¿Cuál no será mi dolor al ver en las criaturas la propiedad de mi Amor que he puesto en ellas, profanado, contaminado en otro uso? Yo, para custodiar este amor salido de Mí y dado a las criaturas, me estoy en torno a ellas como un pobre mendigo, y conforme la criatura se mueve, late, respira, obra, habla, camina, le voy mendigando todo, y le pido, le suplico y le ruego que me todo a Mí diciéndole: “Hija, no te pido sino lo que te he dado, es por tu bien, no me robes lo que es mío: El respiro es mío, respira sólo para Mí; el latido, el movimiento son míos, late y muévete sólo por Mí, y así de todo lo demás”. Pero con sumo dolor soy obligado a ver que el latido toma un camino, el respiro otro camino, y Yo, el pobre mendigo, me quedo en ayunas, mientras que el amor de sí misma, de las criaturas, de las mismas pasiones, quedan saciados; ¿puede haber injusticia mayor que ésta? Hija mía, quiero desahogar contigo mi Amor y mi dolor, pues sólo quien me ama me puede compadecer”.

 

* * * * * * *

 

Y comencemos con el análisis de este capítulo, que continúa las lecciones sobre el verdadero Amor, Una vez que lo estudiemos, comprenderemos que es el capítulo complementario al capítulo del 3 de Diciembre de 1900, volumen 4, que ya hemos estudiado, pero que citaremos en la explicación de éste.

 

Hija mía, Yo soy Amor, - Sabemos que en el Antiguo Testamento, Dios se identifica a Si Mismo, diciendo que Él es Yahvé, el que es o existe. Ahora, sin embargo, Jesús se identifica, se ecualiza, no con Su eterna existencia, sino con el Amor Eterno, utilizando nuevamente el verbo ser para expresar esta identidad. Creemos que con esta nueva defini- ción, quiere que conozcamos mejor la Actividad constante del Ser Divino, y que esa Actividad, respecto de nosotros, es más importante aun que Su mera Existencia. Dicho de otra manera más concisa: Dios prefiere que Le conozcamos por Sus Obras y no tanto por Su Existencia.

 

Dos elementos a considerar en la definición, a saber, el concepto de Amor y el concepto de Ser.

 

Desde el volumen 4 hasta este del 11, y estamos seguros en volúmenes superiores al 11, Nuestro Señor discute con todo detalle, el concepto del Amor, como el Ente Divino, el Hijo Primogénito de Su Voluntad, que da “vida”, o sea, da forma y funcionalidad a todo lo Diseñado por la Santísima Trinidad. Habla de que “la Naturaleza Divina es una natu- raleza formada por el Amor, y que es naturaleza Purísima, simplísima y comunicativa”

 

Para entender el concepto de ser, debemos referirnos a las múltiples definiciones que nos da el Diccionario, y así de- cimos que:

 

a)       Es un verbo sustantivo que denota esencia o naturaleza.

 

b)       Es un verbo sustantivo que afirma del sujeto lo que significa el atributo.

 

c)        Haber o existir

 

d)       Servir, aprovechar o conducir para una cosa. Ejemplo: Pedro no es para esto

 

e)       Estar en un lugar o situación

 

f)        Suceder o acontecer. Ejemplo: ¿Cómo fue ese caso?

 

g)       Pertenecer a la posesión o dominio de uno. Ejemplo: este jardín es del Rey.

 

h)       Corresponder, tocar. Ejemplo: este proceder no es de hombre de bien.

 

i)         Formar parte de una corporación o comunidad. Ejemplo: es de la Academia.

 

j)         Tener principio, origen o naturaleza, hablando de los lugares o países. Ejemplo: Antonio es de Madrid.


 

k)       Afirma o niega lo que se dice o pretende.

 

l)         Da a entender, que por ser quien somos, podemos o debemos hacer una cosa, o portarnos de tal o cual ma- nera.

 

m)      Ser uno de otro.

 

n)       Ser muy conforme o parecidos en la condición, las costumbres, por lo que se entenderán fácilmente.

 

o)       Ser uno quien es.

 

Como ya dijimos, Jesús Nos ha dejado saber que “Nuestra Naturaleza está formada de Amor purísimo, simplísimo y

comunicativo”. (b)

 

En este caso, cuando Jesús dice: “Soy” afirma que El es aquello Mismo que Él menciona, es decir, Amor. El Amor Di- vino lo forma, El Amor Divino Le sirve a Ellos y a Su Voluntad. (d)

 

Crea cosas semejantes a Él, o sea, al Amor, y es conducido o guiado por las Tres Divinas Personas. (d). El Amor está en Ellos, en el Ámbito de Su Voluntad. (e)

El Amor Divino forma parte de Ellos, es posesión y dominio de Ellos. (g) El Amor no tiene origen, es eterno, como son Ellos. (j)

El Amor Divino mediante Sus Obras, afirma Su Naturaleza Divina y da a entender que por ser quienes es, pueden comportarse de esa forma. (k)

 

El Amor Divino y Dios son el uno del otro; son inseparables. (m) Son muy conformes entre Ellos, se entienden fácilmente. (n)

Cada uno es quien es; tienen diferentes funciones, y todos concurren entre sí con lo que hacen: el Amor Divino, las Tres Divinas Personas y Su Voluntad, pero todos son uno. (o)

 

(2)    E hice a las criaturas todo amor: - Todas las criaturas fueron dotadas de Su misma naturaleza. Esto ya lo co- nocemos por lo que Nos dice en el volumen 4: “Y la naturaleza del verdadero amor tiene esto de propio, que produ- ce de él, imágenes todas semejantes a si, en la fuerza, en la bondad y en la belleza, y en todo lo que el contiene;”. Además de esto, Jesús confirma, el rol dual que tienen la Trinidad Sacrosanta, por un lado, y la Voluntad Suprema y el Amor por el otro lado; a saber, dice claramente que El hizo, con lo que implica, que El diseñó, e hizo que se crearan criaturas con la misma naturaleza del Amor, y cómo, de inmediato, Su Voluntad, vía el Amor, creó perfectamente aquello que la Trinidad Sacrosanta había diseñado.

 

(3)    Los nervios, los huesos, las carnes, son tejidos de amor; - Jesús utiliza la expresión “tejido’, que implica que todos los órganos humanos pueden visualizarse como un entretejido celular, que mantiene su cohesión a través de la energía atómico/molecular, y que es este entretejido el mismo que existe en toda la Creación.

 

(4)    y después de haberlas tejido de amor hice correr en todas sus partículas, como cubriéndolas con un vestido, la sangre, para darles vida de amor, - La sangre es otra Creación que El ha diseñado, y a la que el Amor Le ha dado forma y funcionalidad. No es el único componente móvil del cuerpo humano; porque tenemos la saliva, y otras secreciones basadas en el agua, pero si es el único que suministra a todos los demás, lo que les es necesario para tener vida y actividad. La sangre es la parte fisiológica del “Aliento de vida” del Génesis, mientras que la Voluntad Bilocada, que llamamos alma, provee la parte espiritual.

 

(5)    así que la criatura no es otra cosa que un complejo de amor, y no se mueve por ninguna otra cosa sino sólo por amor; - La materia prima de la cual está compuesta la criatura, que es el Amor, la predispone a hacer


algo, a actuar. Ninguna creación tiene sentido si no es para ser una creación funcional. Dios no crea cosas inútiles. El ser humano no es la excepción, es más, es lo más cercano a la Regla de todo, que es Dios mismo, que es Actividad constante. Si no fuera así, ¿Cómo podría seguir un ser humano las Sugerencias Amorosas de Dios? Es como un “instin- to” que la impele a actuar, porque la naturaleza del Amor es impeler o impulsar a la acción.

 

(6)    A lo más puede haber diversidad de amores, pero siempre por amor se mueve, puede haber amor divino, amor de sí misma, amor de criaturas, amor perverso, pero siempre amor, no pude hacer de otra manera porque su vida es amor, creada por el Amor Eterno, - Dice el Señor que El no se extraña, ni debe ex- trañarnos a nosotros lo que dice, a saber, que la criatura siempre actúa impulsada por su misma naturaleza. Cuando abandonamos el concepto de Amor como una emoción humana, o como una Cualidad Divina, podemos empezar a entender lo que Nos dice. Así si leemos en la palabra Amor, la palabra naturaleza, comprendemos que es nuestra na- turaleza actuar, y que ese actuar puede ser o no conforme a Su Voluntad, y por tanto nuestra naturaleza puede ser santa o perversa, pero sigue siendo nuestra naturaleza.

 

Sus Palabras son extremadamente precisas e inequívocas. Dice: “no pude hacer de otra manera porque su vida es

amor, creada por el Amor Eterno”.

 

En primer lugar dice que “no pude hacer de otra manera”, porque tenemos que entender que la única herramienta de Creación “ad-extra”, que la Trinidad Sacrosanta posee es la herramienta de creación en la que el Amor está íntima- mente involucrado. Mirado desde este punto de vista, la acción del hombre, sea cual fuere su objetivo o intención, no puede estar separada de lo que hace intrínsecamente posible a esa acción.

 

En segundo lugar dice, “porque su vida es amor, creada por el Amor Eterno”, con lo que claramente identifica al Amor, el Hijo primogénito de Su Voluntad, como el Ente o Ser Ejecutor del Plan Divino de Creación.

 

(7)    Por lo tanto, llevada por una fuerza irresistible al amor, así que la criatura, aún en el mal, en el peca- do, en el fondo debe tener un amor que la empuja a hacer ese mal. – Necesitamos parafrasear un poco el párrafo, con el nuevo entendimiento que vamos adquiriendo, decimos:

 

Por lo tanto, llevada por una fuerza irresistible a la acción, así que la criatura, aún en el mal, en el pecado, en el fondo debe tener una fuerza de actividad que la empuja a hacer ese mal.

 

Repetimos. La inclinación, el apego, a todo lo que nos rodea, y que nos impele a actuar, viene como consecuencia de haber sido creado por ese Amor Divino, que es Amor de Acción.

 

El Amor Divino crea cosas semejantes a Él, y siguiendo los Mandatos de la Voluntad Suprema, Le da forma y funciona- lidad a toda criatura, y la crea, con un apego o inclinación, “un amor a la Voluntad Divina” con la que necesariamente está vinculada la criatura. En nuestro principio como línea de creación, esta Voluntad Divina era inseparable de Adán, regia, dominaba y controlaba su vida. En el momento en que Adán con el pecado, rechaza esa Voluntad Divina obran- te en él, la naturaleza humana queda trastornada, defectuosa, pero la inclinación o el apego no desaparecen de la naturaleza humana, porque nada puede separarnos de nuestra naturaleza y pretender que permanezcamos lo que ahora somos sin ella.

 

La única diferencia es que, nuestra voluntad humana, ahora desligada de la Divina, se ha vuelto defectuosa, incomple- ta, ya no puede controlar perfectamente lo que hace, o sea, lo que ama, y es susceptible a ser impulsada a “amar”, a hacer, aquello que puede apartarla de Dios. Así es como el enemigo entra en acción, y nos presenta toda clase de tentaciones, para que la separación original sea cada vez mayor, y el impulso cada vez más fuerte, para que se ape- gue más y más a todo lo que la separa de Dios.

 

(8)    ¡Ah, hija mía! ¿Cuál no será mi dolor al ver en las criaturas la propiedad de mi Amor que he puesto en ellas, profanado, contaminado en otro uso? – La criatura Le causa un dolor constante a Su Creador, cuando mal usa la cualidad principal de esta naturaleza de Amor que ha puesto en ella. Y, ¿cuál es esa cualidad o propiedad de la que habla Jesús? Es la cualidad de hacer cosas semejantes al Mismo Amor, y por tanto semejantes a lo que Ellos mismos hacen, “en la fuerza, en la bondad y en la belleza”.

 

Si el Acto que sale de Ellos hacia nosotros, en forma de Sugerencia Amorosa, y que quieren que completemos, es un Acto conforme a Su Misma Naturaleza, en la fuerza, en la bondad, y en la belleza, ¿cual no será el dolor Divino al ver


que no completamos la fuerza, la bondad y la belleza que existen en Su Sugerencia? Más aun, desvirtuamos esas cua- lidades para hacer cosas débiles, malvadas y feas, que profanan Su Intención original.

 

(9)    Yo, para custodiar este amor salido de Mí y dado a las criaturas, me estoy en torno a ellas como un pobre mendigo, y conforme la criatura se mueve, late, respira, obra, habla, camina, le voy mendigando todo, y le pido, le suplico y le ruego que me dé todo a Mí diciéndole: “Hija, no te pido sino lo que te he dado, es por tu bien, no me robes lo que es mío: El respiro es mío, respira sólo para Mí; el latido, el mo- vimiento son míos, late y muévete sólo por Mí, y así de todo lo demás”. – Todo lo que Dios hace con noso- tros, está basado, como sabemos, en un Plan de Vida individual, que debe desarrollarse en forma sucesiva, con nues- tra cooperación. Cada Sugerencia Amorosa de Acción, está diseñada para que, día a día, ese Plan se desarrolle en cada uno de nosotros. Cada vez que recibimos una Sugerencia Suya, para que hagamos algo, por involuntario que parezca, no deja de ser menos cierto que todo, aun eso involuntario, es un Acto de Amor Suyo que quiere complete- mos. Dice Jesús claramente: Criatura, el respiro es Mío, es decir, Yo te Sugiero que respires, te doy los medios para hacerlo, y lo único que quiero de ti, es que respires, que completes la respiración que te he dado, consciente tú de que lo haces porque Yo lo quiero, y porque haciéndolo, Me das el Honor y la Gloria que espero de ti.

 

Ataquemos el punto en otra dirección. Aunque no lo menciona en este capítulo, no podemos olvidarnos que para todo este proceso de Completación de Su Acto de Amor, se vale de Su Gracia, que es según Sus Palabras, “la manifestación sensible del Amor de Dios”; es decir, Su Gracia es la capacitación que Nos envía para que podamos completar el Acto de Amor que Nos envía en Su Sugerencia Amorosa. Esta capacitación, está llamada a robustecer nuestras potencias anímicas, para que nos sea posible completar lo que Nos pide que hagamos.

 

En otros capítulos Nos habla de cómo Su Gracia, rodea constantemente a las criaturas, de cómo trata de hacerse sen- tir, de manifestarse, de sugerirle lo que El espera de Sus criaturas. Dice que la criatura le cierra las puertas, pero El hace como el rayo de luz, se cuela por cualquier rendija, por cualquier resquicio que vea abierto en el alma de la cria- tura.

 

Con Su Gracia, Le pide que Le de lo que a Él le pertenece, que la criatura complete el acto de Amor iniciado por El, que es por su propio bien, porque todo lo que sale de Él es bueno.

 

(10)    Pero con sumo dolor soy obligado a ver que el latido toma un camino, el respiro otro camino, y Yo, el pobre mendigo, me quedo en ayunas, - No puede extrañarnos que diga que ve desviado el “camino” que todo lo que El sugiere toma. Toda Sugerencia Suya viene a nosotros, inevitablemente, en Palabras, y viene acompañada por la Gracia necesaria para su ejecución. Este “camino de comunicación” que trae la Sugerencia, permanece “abier- to”, para que por ese mismo “camino” regrese a Él Su Acto, completado por nosotros.

 

Cuando esto no sucede, El se queda “en ayunas”, porque el Amor encerrado en Su Sugerencia, no ha regresado a Él, por el mismo “camino” por el que lo envió, como tampoco han regresado a Él, el Honor y la Gloria que El había ence- rrado en ese Acto, que ha quedado incompleto.

 

Como ya estudiaremos en otros capítulos, todo esto que a Él no ha regresado como El hubiera querido, queda “en suspenso”, esperando que otras almas, viviendo en Su Voluntad, acojan todas las Sugerencias cuya ejecución ha que- dado “suspendida”, y las “regresen” a Él, tal y como El esperaba sucediera, no sucedió, pero ahora sí suceden.

 

(11)     Mientras que el amor de misma, de las criaturas, de las mismas pasiones, quedan saciados;

¿puede haber injusticia mayor que ésta? – Saciarse de amor, aunque sea saciarse de perversidad, es el concepto que Nuestro Señor ha venido desarrollando, porque es esencial que entendamos la naturaleza del verdadero Amor. Nuestra naturaleza es naturaleza de Amor, naturaleza de acción, ya eso lo ha declarado, y por tanto debe actuar siempre, para bien o para mal. En la Trinidad Sacrosanta, la Acción viene a ser controlada por la Infinita Sabiduría de las Tres Divinas Personas, por Su Justicia, que siempre es correcta. Al crearnos en esta Participación de Su Misma Naturaleza, adornada como estaba, por Su Misma Sabiduría y Justicia, Adán hubiera desarrollado su naturaleza amo- rosa, de una manera similar a como se desarrolla en el Ser Divino, toda sabia, toda controlada por un sentido de lo que es correcto y bueno.

 

Al perder el Factor Divino en su personalidad, la naturaleza de Adán, y la nuestra, sigue siendo una naturaleza amoro- sa como la de Su Creador, pero al no tener la ayuda especial que la dirige a hacer lo que es justo, correcto y propor-


cionado, ha caído en manos de otro “director”, el diablo, que intenta y consigue desviar nuestra acción, no a satisfacer al Creador, sino a satisfacernos a nosotros mismos.

 

Claramente habla el Señor, de que no puede haber una injusticia mayor que esta, porque en efecto lo que hacemos es injusto, porque hemos perdido el sentido de la justicia, que es dar a Dios lo que es de Dios.

 

(12)    Hija mía, quiero desahogar contigo mi Amor y mi dolor, pues sólo quien me ama me puede compa- decer”. – Aunque este párrafo no puede entenderse adecuadamente hasta que leamos y analicemos los volúmenes superiores, particularmente el 22, pudiéramos parafrasearlo ahora diciendo que “pues solo quien Me ama, me puede compadecer y devolverme todo aquello que ha quedado suspendido porque tomó un camino incorrecto, y a Mi nunca llegó”

 

Desahoga con Luisa Su Amor y Dolor, es decir, desahoga con Luisa Su Amor, porque Luisa siempre atiende a lo que el Señor Le pide, y de esa manera completa el Acto de Amor que El tiene con ella. Desahoga con Luisa Su Dolor, porque por primera vez, en una criatura de la estirpe común, puede El manifestar las causas de Su Disgusto y Dolor que son infinitamente más profundas que lo que hasta ahora conocíamos.

 

Resumen del Capítulo del 28 de Febrero de 1912: (Doctrinal) – Página 20 El Verdadero Amor continuación -

 

Esta mañana al ver a mi adorable Jesús le he dicho:

 

“¡Oh! corazón mío, vida mía y todo mío, ¿cómo se puede conocer si se ama sólo a Ti, o se ama otras cosas o perso- nas?”

 

Y Él:

 

“Hija mía, si el alma está toda llena de Mí hasta el borde, hasta derramarse fuera, esto es, no piensa, no busca, no habla, no ama sino a Mí solo, y todo lo demás parece que no exista para ella, más bien todo lo demás la aburre, la fastidia y a lo más le cede la escoria y el último lugar a lo que no es Dios, como por ejemplo un pensamiento, una palabra, un acto para una cosa necesaria de la vida natural, esto no es otra cosa que dar la escoria a la naturaleza, esto lo han hecho los santos, lo hice también Yo Conmigo, con los apóstoles dando algunas disposiciones, dónde se debía pernoctar, qué comer, etc.; entonces dar esto a la naturaleza no daña ni al amor ni a la santidad verdadera, y esto es señal de que me ama sólo a Mí. En cambio si el alma está con mezcla de varias cosas, ahora piensa en Mí, ahora en otra cosa; ahora habla de Mí y después habla largamente de otras cosas, y así de lo demás, es señal de que no me ama sólo a Mí y Yo no estoy contento, en fin, si el último pensamiento, la última palabra, un último acto es sólo para Mí, es señal de que no me ama, y si me da alguna cosa no es más que la escoria que me da, y sin embargo esto es lo que hace la mayoría de las criaturas. ¡Ah hija mía! Los que me aman están unidos Conmigo como las ramas es- tán unidas al tronco del árbol, ¿puede haber separación, olvido, alimento diferente entre las ramas y el tronco? Una es la vida, una su finalidad, de ambos los frutos; es más, el tronco es la vida de las ramas, y las ramas son la gloria del tronco, uno y las otras son la misma cosa. Así son Conmigo las almas que me aman”.

 

* * * * * * *

 

Y comencemos con el análisis de este nuevo capítulo sobre el Verdadero Amor. Cuando empezamos este análisis, habíamos decidido desmenuzar Su Pronunciamiento, y al principio así lo hicimos, pero después de terminada nuestra explicación del primero de los párrafos, los que preparan estas Guías de Estudio decidieron que las interpretaciones del Pronunciamiento estaban completas, a saber, la obvia y conocida, y la escondida y bastante desconocida.

 

Empezamos.

 

Como decíamos en el párrafo anterior, hay dos maneras de analizar lo que Nos dice en este primer párrafo. La primera manera es la más convencional, y si seguimos esta interpretación Nuestro Señor está reafirmando el concepto del Primer Mandamiento, a saber, “Amarle sobre todas las Cosas, con toda nuestra mente, con todo nuestro corazón, con todas nuestras fuerzas, y al prójimo como a nosotros mismos”.

 

Pudiéramos también interpretar correctamente que de esto es lo que habla Nuestro Señor cuando dice en este párra- fo, a saber, no piensa, no busca, no habla, no ama sino a solo, y todo lo demás parece que no exista para ella,


más bien todo lo demás la aburre, la fastidia”. Asimismo pudiéramos interpretar, que todo aquello que también de- bemos hacer es como escoria y que si la hacemos es porque tenemos que hacerla, porque es “como cosa necesaria a la vida natural”, y esta interpretación es también correcta, pero deja de ser una interpretación correcta y completa, por Su expresión final, cuando dice: “le cede el último lugar a lo que no es de Dios”.

 

La que sigue, pues, es la segunda manera en la que podemos interpretar Sus Palabras, y es la interpretación que que- remos desarrollar en este capítulo porque Nos da una faceta adicional e importantísima sobre lo que es el Amor Ver- dadero.

 

Para los que vivimos en Su Voluntad y leemos estos Escritos, esta última frase debe ponernos en guardia, porque ¿es posible que exista algo que no sea de Dios? Por supuesto que no. ¿Cómo interpretar entonces lo que dice? No será más bien, que el énfasis de Nuestro Señor está en el término último lugar”, O más bien, la interpretación más correc- ta, la que quiere que sigamos sea decir que todo es de Él, y que nada debe tener el último lugar en nuestra actividad, sino que todo debe tener un primer lugar en nuestra actividad.

 

No hay duda de que mirándolos convencionalmente, a nadie se le ocurriría interpretar que un respiro o el latido del corazón son cosas religiosas como tal; sin embargo, ahora sabemos que los actos involuntarios pueden elevarse en rango, y convertirse en voluntarios, mediante nuestro ofrecimiento voluntario, en Su Voluntad, de esos actos involun- tarios. Definitivamente ahora también comprendemos, que si no los ofrecemos y de esa manera los convertimos en actos voluntarios, ”las cosas necesarias para la vida natural”, son escoria, y deben con toda lógica verse relegados al último lugar de nuestra actividad. Es más, debemos relegarlos al último lugar, para ocuparnos principalmente de lo que es “bueno y santo”.

 

Pero, seguimos preguntando: ¿es eso lo que el Señor quiere de Sus Hijas e Hijas en Su Voluntad, de aquellos que Le profesan un Amor Verdadero? Ciertamente que no.

 

Aunque no lo dice en este párrafo, sino en el párrafo 4, El sólo está contento cuando el alma está llena de Él, “hasta el borde”. Pero, ¿qué quiere decir esto de estar llena de Él hasta el borde?

 

Sigamos explicando.

 

Cada día que vivimos, es un Milagro Extraordinario de Su Omnipotencia, y para todos los Efectos Divinos, el día que vivimos es único. Lo que Nos sugiere hagamos cada día, lo involuntario sirviendo de soporte a lo voluntario, puede tener repercusiones extraordinarias para todos nuestros hermanos viadores, porque en Su Voluntad, la magnitud de lo que podemos hacer es Divino.

 

Si aceptamos que esto es así, tenemos que comprender, que lo que Nos sugiere hoy, y que Nos permite hacer hoy, solo es posible hacerlo porque Él así lo ha diseñado; y si queremos que esté contento, no solo debemos acoger Su Sugerencia y completar Su Acto de Amor, sino que debemos hacerlo como si fuera “lo primero, la Primicia” de nuestra correspondencia. Debemos tener la actitud de que cada acto, que Nos Sugiere hagamos, es como si fuera el primero y el único de los actos que vamos a realizar en el día de hoy, como de hecho muchos son los primeros que hacemos hoy.

 

El quiere recibir, como recibía de Abel, a quien tanto amó, lo primero que salía de sus cosechas, porque con esa acti- tud, Abel tenía a Dios en el primer lugar de su vida. Para que este pensamiento se entienda mejor, entendamos que no se trata de ofrecerle lo que a nosotros nos pudiera parecer “mejor”, sino de ofrecerle, lo primero que sale de nues- tra actividad, porque de esa manera Él entiende, que nosotros lo tenemos a Él en el primer lugar.

 

Varios ejemplos validan esta situación.

 

1)       El caso de Abel, ya indicado, seguido por la insistencia de Nuestro Señor de que lo primero que hagamos en el día, sea darle los “Buenos Días al Jesús Sacramentado”. Nuestra primera visita a Jesús Sacramentado, debe ser nuestra primera acción del día. Es notable también, que lo único que quiere de nosotros al finalizar el día, sea darle las “Buenas Noches a Jesús Sacramentado”. Actuando de esta manera, nunca Le damos escoria, porque Le damos lo primero y lo último, lo mejor de nuestra actividad. Al ofrecerle el sueño, que es lo último


que hacemos, sellamos toda nuestra actividad del día completo. En el capítulo 14 del Volumen Primero, Nues- tro Señor instruye a Luisa con estas Palabras:

 

“Tu primer pensamiento a la mañana, debes hacer que vuele a Mi, prisionero de Amor, para darme tu pri- mer saludo de Amor por Mi, y de ahí la primera visita confidencial, en la que tu a Mi, y Yo a ti, Nos pre- guntemos mutuamente, como hemos pasado la noche, y nos animaremos mutuamente; y así, tu ultimo pen- samiento y afecto de la noche, será venir nuevamente a Mi, a fin de darte la Bendición, y te haga reposar en Mi, conmigo y por Mi; y tu entre tanto, Me darás el último beso de Amor, con la promesa de unión conmigo Sacramentado. Las otras visitas, Me las harás como mejor se presente la ocasión más propicia para concen- trarte toda en Mi Amor”.

 

2)       Otro ejemplo notable lo encontramos en el Apocalipsis, cuando se le revela a San Juan, como Dios veía a Sus Primeras Iglesias, y en particular, a la Iglesia de Éfeso, cuando dice, y parafraseamos: “Extraño tu primer amor”. Para entender esta Añoranza del Señor, tenemos que comprender que las Iglesias primitivas del Asia Menor, fueron formadas a raíz de las primeras predicaciones de San Pablo y sus compañeros, y que esas con- versiones iniciales fueron de varios cientos o miles de personas, todas de un golpe, en un mismo día. El cla- mor de ese “Primer Amor” saliendo de varios cientos o miles de personas, que ahora abandonaban sus prácti- cas pecaminosas e idólatras, para empezar una vida cristiana, en la que todos cumplían Su Voluntad consis- tentemente, debe haber sido extremadamente grato a Nuestro Señor y Dios, pero aparentemente no fue un Amor que durara mucho tiempo, por lo que Nuestro Señor dice que lo extraña.

 

3)       Nada de esto debe extrañarnos, el que Dios quiera ser primero en todo lo que la criatura hace. Es el primero y más importante de todos los Mandamientos, y en este Primer Mandamiento no hace distinción alguna entre lo involuntario y lo voluntario.

 

4)       En uno de los pasajes más conmovedores de las Horas de la Pasión, Jesús habla de Su Disgusto, porque pos- ponemos a Dios en todo momento y ocasión. Dice Nuestro Señor en la Hora 16: Mírame de nuevo Padre mío,

¿se puede dar insulto mayor? Me han pospuesto al más grande malhechor, y Yo quiero repararte todas las posposiciones que se hacen, ¡ah, todo el mundo está lleno de posposiciones! Quien nos pospone a un vil in- terés, quien a los honores, quien a las vanidades, quien a los placeres, a los apegos, a las dignidades, a las crápulas y hasta al mismo pecado, y en modo unánime todas las criaturas, aún a cada pequeña tontería nos posponen, y Yo estoy dispuesto a aceptar ser pospuesto a Barrabás para reparar las posposiciones de las criaturas.”

 

Digamos todo esto de otra manera. No existe “escoria” en nuestra actividad, sino que la escoria de nuestra naturaleza

la podemos convertir, en Su Voluntad, en algo extremadamente valioso mediante nuestro ofrecimiento “primario”.

 

Observemos que sucede, si al despertarnos por la mañana, Le hacemos a Jesús Sacramentado, la primera de las visi- tas que El quiere, y que está reflejada en la oración preparada por Luisa, con la que “abre” este volumen 11.

 

Todo lo que es involuntario: nuestro pensamiento, latidos de corazón, respiros, la formulación de palabras mentales que conlleva esta primera visita del día, actos que antes eran escoria, subordinados al acto principal de darle los Bue- nos Días a Jesús Sacramentado, son ahora hechos valiosos, y con el mismo valor, por nuestra intención, de ofrecerlos como necesarios para poder llegar a hacer el acto principal. “Tu primer pensamiento a la mañana, debes hacer que vuele a Mi”. Ya no es el acto principal el único valioso, porque es el abanderado y marcha al frente, sino que ahora todos los actos involuntarios han apresurado el paso, y se han puesto al frente junto con el abanderado, y todos ocu- pan el mismo lugar en la línea. Ya no es un acto principal y los demás secundarios; todos son ahora actos principales. Ya no es una fila de actos; sino una línea de actos que dan Honor y Gloria a Su Creador.

 

Y así, cada acto que se haga en el día, debe hacerse como si fuera el primero que uno ha hecho en su vida. Por eso, para Él todo es primicia, porque es como si solo hubieras vivido y actuado ese día. Si actuamos así, Él está contento, y si no actuamos así, como dice, Él no está contento.

 

Tu primera búsqueda debe ser buscarlo a Él. Tú primer hablar debe ser hablar con Él. Tu primer Amor cuando haces cada actividad que Te sugiere, es y debe ser para Él.

 

Resumen del capítulo del 3 de Marzo de 1912: (Doctrinal) - Página 21 - El Temperamento de Jesús (continuación)


 

Este es el segundo de los capítulos sobre el Temperamento de Jesús que se encuentran en este volumen 11. Lo estu- diamos conjuntamente con el del 24 de Febrero de 1912, en la Descripción No, 3, y ahora presentamos la transcrip- ción y los comentarios que entonces hiciéramos.

 

* * * * * * * Continuando mi habitual estado, ha venido mi adorable Jesús y me ha dicho:

(A)    “Hija mía, quien hace mi Voluntad pierde su temperamento y toma el mío, y como en mi temperamento hay tan- tas músicas que forman el paraíso de los bienaventurados, esto es: música es mi temperamento dulce, música es la Bondad, música la Santidad, música la Belleza, la Potencia, la Sabiduría, la Inmensidad, y así de todo lo demás de mi Ser, entonces el alma tomando parte en todas las cualidades de mi temperamento, recibe en ella todas las variedades de estas músicas, y conforme va haciendo aun las más pequeñas acciones, me hace una música y Yo al oírla conozco inmediatamente que es música que el alma ha tomado de mi Voluntad, esto es de mi temperamento, y corro y la voy a oír, y me agrada tanto que quedo recreado y resarcido por todas las afrentas que me hacen todas las demás criatu- ras.

 

(B)    Hija mía, ¿qué será cuando estas músicas pasen al Cielo? Al alma la pondré frente a Mí, Yo haré mi música y ella la suya, nos saetearemos recíprocamente, el sonido de uno será el eco del sonido de la otra, las armonías se confundi- rán, y con toda claridad se conocerá por todos los bienaventurados que esta alma no es otra cosa que fruto de mi Querer, portento de mi Voluntad, y todo el Cielo por ella gozará de un paraíso de más.

 

(C)    Estas son las almas a las cuales voy repitiendo: “Si no hubiera creado el Cielo, por ti sola lo crearía”. Distiendo el cielo de mi Querer en ellas, y en ellas hago mis verdaderas imágenes, en estos cielos me voy espaciando, divirtiéndo- me y entreteniéndome con ellas; a estos cielos les repito: “Si no me hubiera quedado en el Sacramento, por ustedes solas me quedaría”. Porque ellas son mis verdaderas hostias, y Yo, así como no podría vivir sin un Querer, así tampo- co puedo vivir sin estos cielos de mi Voluntad; es más, no sólo son mis verdaderas hostias, sino mi Calvario y mi mis- ma Vida.

 

(D)    Estos cielos de mi Querer me son más queridos y son más privilegiados que los tabernáculos y que las mismas hostias consagradas, porque en la hostia, con el consumirse las especies, mi Vida termina, en cambio en estos cielos de mi Querer mi Vida no termina jamás, más bien me sirven de hostias en la tierra y serán hostias eternas en el Cielo. A estos cielos de mi Querer agrego: “Si no me hubiera encarnado en el seno de mi Madre, por estas almas me habría encarnado, por éstas habría sufrido la Pasión; porque en ellas encuentro el verdadero fruto completo de mi Encarna- ción y de mi Pasión”.

 

Y comencemos ahora con el análisis de este Pronunciamiento de Jesús dedicado exclusivamente a Su Temperamento. En primer lugar diremos que la división del Pronunciamiento en varios párrafos no está en el original. Como de cos- tumbre, Luisa no introduce puntos y aparte. La división la hemos efectuado para una mayor claridad en los compo- nentes del Pronunciamiento.

 

Bloque (A)

 

Hija mía, quien hace mi Voluntad pierde su temperamento y toma el mío, y como en mi temperamento hay tantas músicas que forman el paraíso de los bienaventurados, esto es: música es mi temperamento dulce, música es la Bondad, música la Santidad, música la Belleza, la Potencia, la Sabiduría, la Inmensi- dad, y así de todo lo demás de mi Ser, entonces el alma tomando parte en todas las cualidades de mi temperamento, recibe en ella todas las variedades de estas músicas, y conforme va haciendo aun las más pequeñas acciones, me hace una música y Yo al oírla conozco inmediatamente que es música que el alma ha tomado de mi Voluntad, esto es de mi temperamento, y corro y la voy a oír, y me agrada tanto que quedo recreado y resarcido por todas las afrentas que me hacen todas las demás criaturas. –

 

Esta es una explicación extremadamente detallada de que es lo que pasa cuando perdemos nuestro temperamento y ganamos el Suyo.


Lo primero que debemos destacar es que Jesús habla de que todas Sus Cualidades humanas, reflejo de Sus Atributos Divinos, le dan forma a Su Temperamento. Recordemos en primer lugar que la Humanidad de Jesús, aunque naturale- za separada y distinta, está conformada, guiada, sostenida muy específicamente por Su Divinidad. De ahí El dice en otro capítulo, que al estar unida Su Divinidad a Su Humanidad y coexistir con ella, no podía haber en Su Humanidad ni “siquiera la sombra de pecado”. De igual manera, toda Su Humanidad estaba desbordante de Sus Atributos Divinos y se reflejaban en Su Humanidad en forma de cualidades y virtudes visibles a simple vista. Recordemos que la Persona- lidad es la suma del Temperamento más las acciones realizadas acordes con ese Temperamento, guiados por el Tem- peramento y condicionados por ese Temperamento. Igual Le pasa a Jesús. Su Personalidad final se va formando a través de todos Sus Actos realizados bajo la guía de Su Temperamento.

 

Lo segundo que Nos dice es que Su Temperamento contiene Música que encanta a todos en el Paraíso. Y así dice que cada una de Sus Cualidades Humanas, reflejo de Sus Atributos, forma una música especial que “canta” a todos la belleza de esa cualidad de Su Temperamento. Así La Dulzura de Su Temperamento forma una música especial que canta Su Dulzura y la hace conocer a todos sin palabras. Y así va revisando las cualidades más importantes de Su Temperamento para anunciar que cada una hace música que canta a todos esa cualidad especial en El.

 

Lo tercero que dice es que el alma que “gana” Su Temperamento, o sea, lo toma para sustituir el suyo que ha “per- dido”, hace la misma Música que hacen Sus Cualidades.

 

Lo cuarto que Nos dice es que El, al oír esa Música que sale de todas nuestras acciones, por pequeñas que sean, Le hacen oír la misma Música que El oye, y que todos oyen, cuando El actúa. Más interesante aun, es el hecho de que Jesús asocia toda acción nuestra con las cualidades de nuestro temperamento, y asimismo sucede cuando tomamos el temperamento de Jesús para obrar, tomamos las cualidades de Su Temperamento.

 

Lo quinto que Nos dice es que cuando El “oye” la música de nuestras acciones en Su Temperamento, El corre a oírla porque no hay música que pueda agradarle más que la música que El hacía cuando estaba con nosotros. En un senti- do muy amplio está implicando también con estas palabras Suyas, que El mismo no oía cuando vivía, la música que generaban Sus Acciones y que ahora si las oye perfectamente, por primera vez, como cuando las hacía.

 

Lo sexto que Nos dice es que El queda recreado y reparado por todas las ofensas que las otras criaturas Le hacen y Le resarcimos por lo que otros no Le dan.

 

* * * * * * *

 

Y pasemos ahora al estudio del Bloque (B)

 

Hija mía, ¿qué será cuando estas músicas pasen al Cielo? Al alma la pondré frente a Mí, Yo haré mi mú- sica y ella la suya, nos saetearemos recíprocamente, el sonido de uno será el eco del sonido de la otra, las armonías se confundirán, y con toda claridad se conocerá por todos los bienaventurados que esta alma no es otra cosa que fruto de mi Querer, portento de mi Voluntad, y todo el Cielo por ella gozará de un paraíso de más.

 

En este nuevo Bloque (B), da un paso adelante para manifestarnos lo que ocurrirá en el Cielo cuando lleguemos. Dice Jesús que El hará Música y el alma hará la suya, y mutuamente se saetearan. Hay en este párrafo, entre otras cosas, una alusión clara a la práctica española de la Saeta que le cantan los andaluces a la Virgen en tiempo de Se- mana Santa. El concepto es el mismo que tantas veces Jesús ha enunciado y desarrollado. La correspondencia del Alma a Su Amor, y la correspondencia de El al alma, no se interrumpirán porque hayamos muertos y estemos en el Cielo. Allí continuaran por toda la eternidad, esta vez tomando la Correspondencia, que como ya hemos oído forma una música con la que se “saetearán” el alma y El en competencia; como los andaluces y los miembros de las distintas cofradías, compiten entre sí a ver quien Le dice a La Virgen cosas más bellas.

 

Dice además que todos conocerán la razón de este “saeteo” entre un alma y El, y se percatarán de que esa alma vivió en la Divina Voluntad aquí en la tierra. Y todos participarán, como ya sabemos por otros capítulos de este nuevo acto de Amor entre Dios y Sus Criaturas.

 

* * * * * * *


Y pasemos ahora al estudio del Bloque (C)

 

Estas son las almas a las cuales voy repitiendo: “Si no hubiera creado el Cielo, por ti sola lo crearía”. Dis- tiendo el cielo de mi Querer en ellas, y en ellas hago mis verdaderas imágenes, en estos cielos me voy espaciando, divirtiéndome y entreteniéndome con ellas; a estos cielos les repito: “Si no me hubiera que- dado en el Sacramento, por ustedes solas me quedaría”. Porque ellas son mis verdaderas hostias, y Yo, así como no podría vivir sin un Querer, así tampoco puedo vivir sin estos cielos de mi Voluntad; es más, no sólo son mis verdaderas hostias, sino mi calvario y mi misma Vida.

 

En este Bloque (C) tan extraordinario, Jesús reafirma lo dicho en los capítulos que componen nuestra Descripción No. 2 – La Divina Voluntad es la Santidad de las Santidades, a saber, que todo lo haría por aquellas almas que quisie- ran y de hecho vivieran en Su Divina Voluntad, y todo esto hasta por una sola de ellas. Estas almas son Su Verdadero Contento, Se Entretiene, Se Divierte con ellas. Reafirma una vez más lo dicho, que solo por estas almas que habrían de consagrarse en Su Voluntad, El habría instituido la Eucaristía, para consagrarlas a través de la Eucaristía Y dice una cosa que muchas veces se nos olvida, y que es un aspecto casi nunca discutido cuando hablamos de este Sublime Sacramento: El quería quedarse con nosotros, a pesar nuestro, a pesar de que muchos no se interesarían, desprecia- rían Su Infinito Valor. El quería quedarse con nosotros, porque preveía que algunos de nosotros vivirían en Su Divina Voluntad, y con esos algunos y algunas Él quería quedarse, y consagrarlos en Su Voluntad. Y así como El no puede vivir sin Su Querer, tampoco sabría vivir sin estas almas, que no solo son Sus Verdaderas Hostias, sino que son tam- bién Su Calvario y toda Su Vida. El mismo concepto: si hubiera tenido que morir por redimir a una sola, y que esa sola conociera y aceptara vivir en Su Divina Voluntad, El hubiera ido al Calvario. Si hubiera tenido que vivir todos los 33 años de sufrimientos y humillaciones por una sola alma, y esa sola conociera y aceptara vivir en Su Divina Voluntad, El hubiera vivido esa Vida.

 

* * * * * * *

 

Y pasemos ahora al estudio del Bloque (D)

 

Estos cielos de mi Querer me son más queridos y son más privilegiados que los tabernáculos y que las mismas hostias consagradas, porque en la hostia, con el consumirse las especies mi Vida termina, en cambio en estos cielos de mi Querer mi Vida no termina jamás, más bien me sirven de hostias en la tie- rra y serán hostias eternas en el Cielo. A estos cielos de mi Querer agrego: “Si no me hubiera encarnado en el seno de mi Madre, por estas almas me habría encarnado, por éstas habría sufrido la Pasión; porque en ellas encuentro el verdadero fruto completo de mi Encarnación y de mi Pasión”.

 

Ahonda aún más en la explicación para que no pensemos que Luisa ha escrito algo alocado o no totalmente entendi- do. Acumula detalle sobre detalle para que no quepa duda, tanto al lector “iletrado” teológicamente, como al lector “bien letrado”, en este caso los muchos sacerdotes teólogos que en algún momento, como está ocurriendo en estos momentos, leerían estos escritos. Las Hostias Consagradas en la Divina Voluntad, y consagradas a través de la Misma Eucaristía en la plenitud de la Vida en Su Voluntad, son más queridas por El, porque esta consagración en Su Voluntad es permanente, no sujeta a la desaparición por concepto del consumo de las especies sacramentales. Su contento con ellas es permanente, Su Vida en ellas no desaparece, siempre las tiene presente, y culmina con una nueva hipér- bole de lo que hubiera hecho para conseguir este objetivo de vivir en Su Voluntad. Dice estas palabras clarísimas:

 

“Si no me hubiera encarnado en el seno de mi Madre, por estas almas me habría encarnado, por éstas habría sufrido la Pasión; porque en ellas encuentro el verdadero fruto completo de mi Encarnación y de mi Pasión”.

 

Resumen del Capítulo del 8 de Marzo de 1912: (Doctrinal) Página 24 -

 

Esta mañana se ha ofrecido víctima el Padre G. a Nuestro Señor, y yo estaba pidiendo y ofreciéndolo para que lo aceptara, y mi amable Jesús me ha dicho:

 

“Hija mía, Yo lo acepto de buen grado, dile que su vida no será más la suya sino la mía; es más, lo elijo víctima de mi Vida oculta. Mi Vida oculta fue víctima de todo el interior del hombre, así que dio satisfacción por los pensamientos, deseos, tendencias, afectos malos. Todo lo que el hombre hace exteriormente, no es otra cosa que el desahogo de su interior, y si tanto mal se ve en el exterior, ¿qué será del interior? Así pues, bastante me costó el rehacer el interior del


hombre, basta decir que en eso empleé la prolijidad de treinta años; mi pensamiento, mi latido, el respiro, los deseos, estaban siempre dedicados a correr hacia el pensamiento, el latido, el respiro, el deseo del hombre para repararlos, para santificarlos y para dar satisfacción por ellos; es así como lo elijo a él víctima para este punto de mi Vida oculta, así que quiero todo su interior unido Conmigo y ofrecido a Mí para darme satisfacción por el interior malvado de las demás criaturas; y muy a propósito lo elijo para esto, pues siendo él sacerdote conoce más que los demás el interior de las almas, el fango, la podredumbre que hay dentro de ellas, y por esto puede conocer mejor cuánto me costó este mi estado de víctima, en el que quiero que tome parte, y no sólo él, sino también los demás que él conoce y trata. Hija mía, dile que le hago una gracia grande aceptándolo como víctima, porque el hacerse víctima no es otra cosa que un segundo bautismo, más bien, más que el bautismo, porque se trata de resurgir en mi misma Vida, y debiendo la víctima vivir Conmigo y de Mí, me es necesario lavarla de toda mancha, dándole un nuevo bautismo y reafirmarla en la gracia para poder admitirla a vivir Conmigo, así que de ahora en adelante todo lo que él haga no dirá que es cosa suya, sino mía, así que si reza, si habla, si obra, dirá que son cosas mías”.

 

Después de esto parecía que Jesús miraba en torno a mí, y le he dicho:

 

“¿Qué miras, oh Jesús? ¿No estamos solos?”

 

Y Él:

 

“No, hay otras personas, las atraigo en torno a ti para tenerlas más estrechadas Conmigo”.

 

Y yo:

 

“¿Las amas mucho?”

 

Y Él:

 

“Sí, pero las quisiera más desenvueltas, más confiadas, más audaces y más íntimas Conmigo, sin ningún pensamiento de ellas mismas, porque deben saber que las víctimas no son más dueñas de ellas mismas, de otra manera anulan el estado de víctima”.

 

Entonces yo, teniendo un poco de tos le he dicho:

 

“Jesús, hazme morir de tisis, pronto, pronto, hazme ir, llévame Contigo”.

 

Y Jesús:

 

“No me hagas ver que quedas descontenta, pues así Yo sufro. Sí, morirás de tisis, pero falta todavía un poco, y si no mueres de tisis corporal morirás de tisis de amor. ¡Ah!, no salgas de mi Voluntad, porque mi Voluntad será tu paraíso, más bien el paraíso de mi Querer; por cuantos días estés en la tierra, otros tantos paraísos más te daré en el Cielo”.

 

* * * * * * *

 

Interesante capítulo de diario, pero con suficientes nuevos conocimientos sobre el rol de alma víctima, que merece sea considerado como doctrinal.

 

El Padre G, o sea, el Padre Genaro di Gennaro fue Confesor de Luisa por casi 22 años, y el que le dio a Luisa la obe- diencia de escribir este diario que constituyen Sus Escritos, en el año de 1899, quiere ofrecerse a Dios como alma víctima, influenciado seguramente porque Luisa también lo era. Comoquiera que nadie puede ofrecerse directamente como alma victima al Señor, sino que tiene que ser por “recomendación” de otro, Luisa intercede con el Señor para que Le conceda a Don Genaro su petición.

 

Y comencemos a analizar en detalle Su Pronunciamiento

 

(1)    Hija mía, Yo lo acepto de buen grado, dile que su vida no será más la suya sino la mía; es más, lo elijo víctima de mi Vida oculta. - El Señor contesta que lo acepta con agrado, pero, y esto son dos noticias nuevas


respecto del estado de alma víctima. Dice que, primero, “su vida no será más la suya sino la mía”, y segundo, “lo elijo víctima de mi Vida oculta”.

 

Aparentemente el estado de alma victima ha implicado siempre, pero solo ahora conocemos este dato, que el alma victima pierde su vida para adquirir la Vida de Jesús. Por la Hora 24 de las Horas de la Pasión sabemos, que Nuestra Madre Santísima intercambia Su Vida con la de Su Hijo Jesús, y asume ella el mismo papel de alma victima que Jesús tenía mientras estuvo con nosotros en la tierra. Sabemos por otros capítulos que siempre han existido en este periodo post-redentor almas victimas en la tierra, y que sin la intervención directa de esas almas, ya Su Justicia hubiera des- truido la tierra. Ahora sabemos porqué con más claridad. El alma victima asume la vida misma de Jesús, por lo que la Justicia Divina cuando mira a la tierra, ve a Jesús “viviendo” entre nosotros, en otro cuerpo, eso sí, pero viviendo en- tre nosotros.

 

La segunda noticia novedosa es la siguiente. Parece ser que el estado de alma victima puede estar “dirigido” a aspec- tos particulares de la Vida de Jesús. En este caso, Jesús acepta a Don Gennaro como alma victima de su vida oculta. Obviamente, Luisa es alma victima total, incluyendo Su Vida pública, puesto que Luisa sufre innumerables veces las Penas de Su Vida externa, particularmente lo acontecido en Su Pasión.

 

(2)    Mi Vida oculta fue víctima de todo el interior del hombre, así que dio satisfacción por los pensamien- tos, deseos, tendencias, afectos malos. Todo lo que el hombre hace exteriormente, no es otra cosa que el desahogo de su interior, y si tanto mal se ve en el exterior, ¿qué será del interior? – Jesús Nos da una nueva revelación. Muchas veces nos hemos preguntado: ¿Qué habrá hecho Jesús en Su Vida oculta? Poca información teníamos al respecto, hasta ahora, en que leyendo estos Escritos nos encontramos esta revelación. Si analizamos y recordamos lo que hemos leído en las Horas de la Pasión, en donde Nos dice, particularmente en la Hora 7ma, cómo El reparaba por cada acto pecaminoso, nos damos cuenta de que las circunstancias de donde y como se desarrolla ese acto de reparación, tienen que ser similares a las circunstancias de cómo y dónde se comete ese pecado en particu- lar.

 

Así podemos afirmar que todas las obras malas del hombre, en las cuales ha utilizado sus tres potencias anímicas solamente, sin utilizar los cinco sentidos, son obras ocultas, porque no salen al exterior, donde pueden verse por los demás. Es en el interior de un Hombre-Dios, en el único “lugar” donde podía repararse nuestro interior.

 

Por tanto, todo el proceso que ocurre con las acciones internas del hombre, es un proceso oculto, y las obras ocultas,

solo “vistas” y conocidas por Dios y por aquel que las ejecuta.

 

Dice Jesús, que todo acto que vemos, es un acto exteriorizado, es un acto público, es un “sacar fuera” lo que llevamos dentro, pero todo tiene su comienzo en un acto oculto. Más importante aún, si entendemos lo que dice el Señor, por lo general, el acto exteriorizado, es siempre una parte ínfima de lo que queda por dentro y que las criaturas no hemos sacado fuera. Es como si dijéramos de los actos ocultos y de los públicos, que solo estamos viendo la punta del ice- berg, pero no vemos la profundidad interna, lo que queda oculto en el mar. Y si no creemos esto, y nos fuera dado ver el interior de un asesino, por ejemplo, veríamos que la profundidad del odio que lleva en su alma hacia aquel que ha asesinado premeditadamente, no se satisfaría, a menos que pudiera matar a ese otro, mil veces. “Y si tanto mal se ve en el exterior, ¿qué será del interior?”

 

(3)    Así pues, bastante me costó el rehacer el interior del hombre, basta decir que en eso empleé la proli- jidad de treinta años; mi pensamiento, mi latido, el respiro, los deseos, estaban siempre dedicados a correr hacia el pensamiento, el latido, el respiro, el deseo del hombre para repararlos, para santificarlos y para dar satisfacción por ellos; - Por lo que dice anteriormente, y por nuestros comentarios al respecto, pode- mos quizás comprender que reparar un acto de asesinato, no es tan fácil, como decirlo, sino que requiere el Quehacer de un Dios, que necesita reparar todo el interior de ese ser humano que lo ha llevado a cometer esa especie de acto, y así de todos los demás actos pecaminosos externos, de los que solo vemos una pequeña parte, o la punta del ice- berg como decíamos en el párrafo anterior.

 

Así pues, ahora comprendemos que lo que Jesús hacía en Su Vida Oculta, era reparar por lo oculto de cada una de Sus criaturas; era un rehacimiento interno, con lo que nos hacía criaturas nuevas, y Nos santificaba en Su Humanidad. Y no nos equivoquemos en esto. Podemos afirmar que los 3 años de la Vida Pública de Jesús, son como la punta del iceberg de Su Vida total, y que los 30 años de vida oculta, son la base interna que hizo posible la Redención externa.


En las Horas de la Pasión, en la Hora 7ma, la tercera de Agonía en el Huerto, dice Jesús, “de cómo El tenia que reha- cer al hombre en todo”.

 

Pero, ¿ocurrió ahí, en esa Hora, el Proceso de rehacer al hombre en todo, o lo que ocurrió en realidad, fue que Él completó el proceso que había comenzado y llevado a cabo por 30 difíciles años de vida oculta? Creemos ahora, después de leer este capítulo, que la Obra Divina de la redención se realizó, en su mayor y más difícil parte, en Su Vida Oculta, y que se completó, se selló, en la Tercera Hora de Agonía en el Huerto.

 

Ataquemos el punto desde otro ángulo. Una vida completa de criatura, para poder ser rehecha completamente, inclu- ye todo el Plan individual que Dios tiene para con cada criatura, las que ya han vivido en el pasado antes del naci- miento de Jesús, las que vivían contemporáneas a Jesús, y las que vivirían en la etapa post-redentora. El proceso completo incluye pues, rehacer las obras pecaminosas, las obras omitidas, las Sugerencias no seguidas ni completa- das, y las obras buenas, pero manchadas por la propia estima, y la voluntad humana a la que se le ha “dado vida”. La Labor de Jesús era grande y difícil, porque todo, todo comienza en el interior del hombre.

 

(4)    es así como lo elijo a él víctima para este punto de mi Vida oculta, así que quiero todo su interior unido Conmigo y ofrecido a Mí para darme satisfacción por el interior malvado de las demás criaturas; y muy a propósito lo elijo para esto, pues siendo él sacerdote conoce más que los demás el interior de las almas, el fango, la podredumbre que hay dentro de ellas, y por esto puede conocer mejor cuánto me costó este mi estado de víctima, en el que quiero que tome parte, - Una vez que ha aceptado la recomenda- ción de Luisa, Jesús ahora elige al Padre Genaro como alma victima en este aspecto particular de Su Vida, la Vida Oculta. Para que pueda ser alma victima efectiva, dice Jesús, todo su interior tiene que estar unido a Su Interior, y ofrecerle su propia vida “para darle satisfacción por el interior malvado de las demás criaturas”. En términos prácti- cos Jesús quiere de Don Genaro sus tres potencias anímicas, para ocuparse de Él y de Sus cosas con su inteligencia; su memoria para recordar lo que ha aprendido de Jesús como sacerdote y ahora como confesor de Luisa, y su volun- tad para querer lo mismo que El quiere: reparar por lo oculto del hombre, porque al ser sacerdote y confesor de al- mas, puede efectuar esta labor interna de reparación con mayor efectividad que cualquiera otra alma, víctima o no. De esta manera, Jesús tendrá en Don Genaro un alma que comprende su lucha oculta, y su trabajo oculto, y puede proseguir con el trabajo que Jesús comenzara: rehacer, en Su Voluntad, todo el interior de las criaturas con las que tenga contacto. Esto se lo dirá más apropiadamente en el párrafo 5 siguiente.

 

(5)    y no sólo él, sino también los demás que él conoce y trata. En este párrafo ambivalente, Jesús declara

dos “misiones” para Don Genaro como alma victima de la Vida Oculta de Jesús.

 

La primera, es que aunque su labor de reparación debe ser universal en su aplicación, sin embargo, es importante que este “trampolín” universal se haga a través de las almas, reparando por aquellas, con las que Don Genaro estará en contacto, particularmente en el Confesionario.

 

La segunda misión de Don Genaro, es la de servir de “recomendado” de otros sacerdotes con los que también trata, para que también puedan llegar a convertirse en almas victimas de Su Vida Oculta.

 

(6)    Hija mía, dile que le hago una gracia grande aceptándolo como víctima, porque el hacerse víctima no es otra cosa que un segundo bautismo, - Comienza ahora Jesús, con la segunda serie de Revelaciones de este capítulo respecto de una alma víctima. Se trata de que cuando una criatura es aceptada como alma víctima, recibe un segundo bautismo.

 

Jesús parece ser muy cuidadoso aquí con Sus Palabras. Observemos que no utiliza la expresión “renacido” para indicar este cambio de vida en sus almas victimas, sino que habla de recibir un segundo bautismo, y con este segundo bau- tismo, como dirá en el próximo párrafo, su alma victima resurge a Su Misma Vida, y comienza a vivir con Jesús, en este aspecto particular de alma víctima.

 

De cualquier manera, Jesús quiere que Luisa Le diga a Don Genaro, que esta es una gran Gracia que Le hace, y ya sabemos que esto significa, no solo que destaca a Don Genaro para hacer una labor muy importante, sino que al mismo tiempo lo capacita para poder realizarla, y que esa capacitación sea también “gracia grande”.

 

(7)    más bien, más que el bautismo, porque se trata de resurgir en mi misma Vida, y debiendo la víctima vivir Conmigo y de Mí, me es necesario lavarla de toda mancha, dándole un nuevo bautismo y reafirmar-


la en la gracia para poder admitirla a vivir Conmigo, - El objetivo de este Segundo Bautismo es similar al objeti- vo de nuestro primer Bautismo. Es necesario purificar el interior del alma víctima, pero no para recibir el Espíritu Santo que después de nuestro Bautismo pasa a morar en nosotros, sino que la purificación es necesaria para poder recibir adecuadamente la misma Vida de Jesús, y Su Mismo hacer, en aquello para lo que ha sido aceptado como alma vícti- ma.

 

(8)    así que de ahora en adelante todo lo que él haga no dirá que es cosa suya, sino mía, así que si reza, si habla, si obra, dirá que son cosas mías. – Al mismo tiempo que Le informa sobre la Capacitación que Le ha dado para poder vivir la misma Vida Oculta de Jesús en sus propios actos, también Le autoriza para que, de ahora en adelante, sepa él, y haga saber a otros, que él es ahora un “doble” de Jesús, y que todo lo que hace, dice, piensa, etc., es como si lo hiciera, dijera o pensara el Mismo Jesús.

 

* * * * * * *

 

Transcribimos nuevamente lo que sucede a continuación en el capítulo para comentarlo. Después de esto parecía que Jesús miraba en torno a mí, y le he dicho:

“¿Qué miras, oh Jesús? ¿No estamos solos?”

 

Y Él:

 

“No, hay otras personas, las atraigo en torno a ti para tenerlas más estrechadas Conmigo”.

 

Y yo:

 

“¿Las amas mucho?”

 

Y Él:

 

“Sí, pero las quisiera más desenvueltas, más confiadas, más audaces y más íntimas Conmigo, sin ningún pensamiento de ellas mismas, porque deben saber que las víctimas no son más dueñas de ellas mismas, de otra manera anulan el estado de víctima”.

 

Es aparente que a Luisa se le permite ver a muchas otras almas victimas, quizás victimas en situaciones especiales de la Vida de Jesús, y que Nuestro Señor no detalla. Sin embargo, ahora que sabemos mas detalles de la naturaleza del “trabajo” de alma víctima, no debe extrañarnos que haya mucha “subdivisión” de trabajo, en el trabajo que Jesús realizaba mientras estuvo con nosotros.

 

Jesús Le da, indirectamente, la encomienda de que les diga a estas otras almas victimas, que tengan más confianza en El, que En las está capacitando para que realicen la labor particular de alma victima que El les tiene encomendada. En más de un sentido, estas almas deben comprender que así como los profetas de la antigüedad ya no controlaban sus vidas, sino que hacían lo que Dios Les pedía que hiciera, así también El, es ahora dueño de ellas mismas, porque si así no se ven a sí mismas, pueden llegar a “anular el estado de víctima”

 

* * * * * * *

 

Por último, Luisa cuenta que en este día tenía un poco de tos, y como era la enfermedad, desgraciadamente, “de mo- da” en las primeras décadas del siglo XX, la tuberculosis, o la tisis, inmortalizada por los escritores románticos, pero terrible en sus consecuencias y en los estragos que ha causado entre nosotros. Como siempre, Luisa aprovecha para pedirle a Jesús que se la lleve con la tisis que piensa que ya tiene, y Jesús, una vez más Le dice, que todavía no mue- re, pero que morirá de tisis, o de una enfermedad pulmonar, lo cual en efecto sucedió, 36 años después.

 

Resumen del Capítulo del 13 de Marzo de 1912: (Doctrinal) Página 26 -

 

“Hija mía, el bautismo del nacimiento es de agua, por eso tiene virtud de purificar, pero no de quitar las tendencias,

las pasiones; en cambio el bautismo de víctima es bautismo de fuego, por eso tiene virtud no sólo de purificar sino de


consumar cualquier pasión y tendencia mala; es más, Yo mismo la voy bautizando parte por parte: Mi pensamiento bautiza el pensamiento del alma, mi latido su latido, mi deseo su deseo y así de todo lo demás. Este bautismo se desarrolla entre Yo y el alma a medida que ella se da a y no vuelve a tomar lo que me ha dado, he aquí porqué hija mía no adviertes malas tendencias ni otras cosas, esto te sucede por el estado de víctima, y te lo digo para tu consue- lo, por eso di al padre G. que esté bien atento, que ésta es la misión de las misiones y el apostolado de los apostola- dos, dile que siempre conmigo lo quiero y todo atento a Mí”.

 

* * * * * * *

 

En el capítulo anterior, Nuestro Señor anuncia, pero no explica, la necesidad de que Don Genaro, el Confesor de Luisa sea bautizado de nuevo, y de esa manera tome efecto su nueva misión de alma victima de la Vida Oculta de Jesús. En este capítulo, Nuestro Señor explica, en qué consiste este nuevo Bautismo.

 

(1)    Hija mía, el bautismo del nacimiento es de agua, por eso tiene virtud de purificar, pero no de quitar las tendencias, las pasiones; en cambio el bautismo de víctima es bautismo de fuego, por eso tiene vir- tud no sólo de purificar sino de consumar cualquier pasión y tendencia mala; - Nuestro Señor explica con claridad que el Bautismo del nacimiento al Cristianismo, es de agua, y por ello purifica el pecado original y cualquier otro pecado voluntario, dependiendo de cuando se recibe, si de infante o de adulto, pero no quita la concupiscencia que heredamos a causa de ese mismo pecado.

 

Dice el Señor ahora, que este Bautismo de Victima es un Bautismo de Fuego, por lo que quema, consume, y destruye toda pasión y tendencia mala. Aunque lo dirá también claramente en el párrafo 3, este Bautismo de Fuego no ocurre en un solo acto, como lo es el Bautismo de agua, sino que es un Bautismo paulatino, y ya explicaremos más cuando lleguemos al párrafo 3.

 

(2)    es más, Yo mismo la voy bautizando parte por parte: Mi pensamiento bautiza el pensamiento del alma, mi latido su latido, mi deseo su deseo y así de todo lo demás. – Dice Jesús, que es Él mismo el que va bautizando al alma víctima, poco a poco, y como es Bautismo de Fuego, podemos decir que es Bautismo de Fuego del Amor Divino.

 

¿Cómo se efectúa este Bautismo de Fuego? Por lo que dice Nuestro Señor parece ser que el alma victima recibe Suge- rencias Amorosas de Acción que corresponden a su nuevo estado, y que son Sugerencias directamente dirigidas a unir al alma víctima, en este caso a Don Genaro, al estado de alma victima de Nuestro Señor, mientras vivía ocultamente.

 

A partir del momento en que se lo anuncia, Don Genaro ahora pensará, pero debe comprender que ahora piensa co- mo pensaba Jesús cuando vivía ocultamente; debe comprender que cuando late su corazón, late como latía el de Je- sús en Su Vida Oculta, y así paulatinamente, Nuestro Señor se va sustituyendo en Don Gennaro, y Don Gennaro va perdiendo su identidad, en la medida en la que asume la identidad de Jesús.

 

(3)    Este bautismo se desarrolla entre Yo y el alma a medida que ella se da a Mí y no vuelve a tomar lo que me ha dado, - Este intercambio de personas, que Jesús anuncia, es en todo similar al ocurrido entre Él y Su Madre Santísima, en la Hora 24 de las Horas de la pasión, con la única diferencia que con Nuestra Madre, el intercam- bio solo duró unos minutos, mientras que el intercambio con otras almas victimas, puede tomar días o semanas, se- gún se va presentando la ocasión, y al alma víctima, se le va sugiriendo los cambios necesarios.

 

(4)    he aquí porqué hija mía no adviertes malas tendencias ni otras cosas, esto te sucede por el estado de víctima, y te lo digo para tu consuelo, - Nuestro Señor vuelca Su Atención al caso de Luisa, que como alma víctima, también ha sido sometida al mismo Bautismo. Sin embargo, hay una excepción en el caso de Luisa, por cuan- to Nuestro Señor le anuncia a Luisa en otro capítulo que Él a ella, le había suprimido el ‘fómite”, o sea, la tendencia a pecar, a ser influenciada por malas tendencias y pasiones, desde su nacimiento.

 

¿Cómo compatibilizar esta afirmación de que haya nacido sin el “fómite”, cuando sucede que perder el “fómite”, es

prerrogativa de toda alma víctima, pero Luisa no fue aceptada como alma víctima hasta su juventud?

 

Pensamos que la contradicción es solo aparente. La respuesta es que Luisa nació sin “fómite”, en previsión de que eventualmente Luisa sería aceptada como alma víctima, muchos años después de su nacimiento.


(5)    por eso di al padre G. que esté bien atento, que ésta es la misión de las misiones y el apostolado de los apostolados, dile que siempre conmigo lo quiero y todo atento a Mí. – Palabras finales de aliento para el Padre Don Genaro, anunciándole la importancia de este estado, y lo califica como la misión de misiones, y el apostola- do de apostolados, y lo es, porque es Jesús mismo quien camina, respira, habla, etc., en la tierra, como cuando estu- vo en ella.

 

Resumen del Capítulo del 15 de Marzo de 1912: (Doctrinal) Página 27 La Santidad de las Santidades -

 

Este capítulo ya lo hemos analizado y comentado como la Descripción No. 2 de los Capítulos Descriptivos de la Divina Voluntad, serie comenzada en el año 2006. Pensamos que los comentarios que entonces hicimos tienen la misma validez hoy que la que tuvieron en el año 2006, y por tanto lo incluimos aquí.

 

Descripción No. 2: - La Divina Voluntad es la Santidad de las Santidades

 

Continúa Jesús con la descripción de la Divina Voluntad. En esta nueva descripción, Jesús enfatiza que la Divina Volun- tad es la Santidad de las Santidades. Es una forma hiperbólica de hablar, necesaria en este caso para que compren- damos que hasta que El no concediera este Don a Luisa, la Santidad de la criatura estaba limitada a la santidad de las virtudes, o sea, a la Santidad de hacer Su Voluntad, tanto en lo genérico como en lo especifico. Dicho de otro modo, la Santidad de las Virtudes, es la Santidad de los actos virtuosos realizados en cumplimiento del plan específico y ge- neral para cada persona. Cuando esa Santidad es heroica, la Iglesia declara a esas personas “santas”, pero sabemos que todo aquel que se salva, también es Santo, forma parte de esa misma Santidad de las Virtudes, y que la fiesta de los santos Bienaventurados, la Iglesia la celebra el 1 de Noviembre de cada año.

 

Ahora Jesús quiere elevar esa Santidad y declararla Santidad de las Santidades a la Santidad de los que hacen Su Voluntad, en el ámbito, o sea, dentro de Su Divina Voluntad, acogiéndose al Don que ha investido en Luisa.

 

Esto en un principio puede sorprendernos y hasta resultarnos un poco chocante. Estamos tan acostumbradas a pensar en términos “democráticos”, que esta idea de que hay un trato preferencial para aquellos que se acojan a este Grandí- simo Don y quieran vivir en la Divina Voluntad, nos puede parecer injusta. Sin embargo, toda la Revelación nos dice, desde la primera hasta la última de sus páginas, que Dios no es “democrático” en Sus Recompensas. Es “democrático” al extremo, en cuanto a que todos somos invitados, y El Nos da a todos, todas las Gracias y ayudas necesarias para salvarnos, porque Nos quiere a todos con El; pero ahí se detiene su “Democracia”: los galones de mando hay que ganarlos, y mientras más esfuerzo ponemos en seguirlo, mayor es la recompensa.

 

El otro aspecto a destacar es que estos merecimientos extraordinarios de la Santidad de las Santidades, no se consi- guen por lo que nosotros hacemos en sí. En nuestra manera de pensar deberíamos ganar mayores méritos aquellos de nosotros que realizamos grandes obras caritativas, o somos grandes maestros y predicadores, o grandes misioneros, etc. Sin embargo, Jesús es bien específico en que no se trata de la magnitud de la obra en sí, sino que lo que hace a la obra grande es porque se realiza en Su Divina Voluntad.

 

* * * * * * *

 

Y comencemos ahora con la transcripción del capítulo del 15 de Marzo de 1912, volumen 11.

 

Continuando mi habitual estado, me sentía un gran deseo de hacer la Voluntad Santísima de Jesús bendito, y El al venir me ha dicho:

 

(A)    “Hija mía, mi Voluntad es la Santidad de las Santidades, así que el alma que hace mi Voluntad, por cuanto fuera pequeña, ignorante, ignorada, deja atrás a todos los demás santos, a pesar de los portentos, de las conversiones es- trepitosas, de los milagros que hayan hecho, es más, confrontándolos, las almas que hacen mi Voluntad son reinas, y todas las demás están como a su servicio. El alma que hace mi Voluntad parece que no hace nada, pero hace todo, porque estando en mi Voluntad obran a lo divino, ocultamente y en modo sorprendente, así que son luz que ilumina, son vientos que purifican, son fuego que quema, son milagros que hacen hacer los milagros, y quienes los hacen son sólo los canales, porque en ellas es donde reside la potencia para hacerlos, así que son el pie del misionero, la lengua de los predicadores, la fuerza de los débiles, la paciencia de los enfermos, el régimen de los superiores, la obediencia de los súbditos, la tolerancia de los calumniados, la firmeza en los peligros, el heroísmo de los héroes, el valor de los


mártires, la santidad de los santos, y así de todo lo demás, porque estando en mi Voluntad concurren a todo el bien

que puede haber en el Cielo y en la tierra.”

 

(B)    “He aquí porqué puedo decir que son mis verdaderas hostias, pero hostias vivas, no muertas, porque los acciden- tes que forman la hostia no están llenos de vida ni fluyen a mi Vida, en cambio el alma está llena de vida, y haciendo mi Voluntad fluye y concurre a todo lo que hago Yo, he aquí por qué me son más queridas estas hostias consagradas por mi Voluntad que las mismas hostias sacramentales, y si tengo alguna razón de existir en éstas, es para formar las hostias sacramentales de mi Voluntad. Hija mía, es tanto el placer que tomo de mi Voluntad, que al sólo oír hablar de Ella me estremezco de alegría y llamo a todo el Cielo a hacer fiesta; imagínate tú misma qué será de aquellas almas que la hacen. Yo encuentro todos los contentos en ellas y doy todos los contentos a ellas, su vida es la vida de los bienaventurados, solamente dos cosas les interesan, desean, añoran: Mi Voluntad y el Amor. Poco tienen que hacer, mientras hacen todo, las mismas virtudes quedan absorbidas en mi Voluntad y en el Amor, así que no tienen más qué hacer con ellas, porque mi Voluntad contiene, posee, absorbe todo, pero en modo divino, inmenso e interminable; esta es la vida de los bienaventurados”.

 

* * * * * * *

 

Expliquemos un poco el Pronunciamiento de Jesús, empezando con el Bloque (A). Para entender mejor el Bloque, nos vemos en la necesidad de parafrasearlo, por cuanto al parecer, Jesús habla de Su Voluntad, de hacer Su Voluntad y de Vivir en Su Voluntad confusamente. Independientemente de la traducción que posiblemente sea literalmente co- rrecta, el Bloque (A) necesita ser ampliado para su mejor comprensión. Las palabras en otro tipo de letra y en más pequeñas de las que estamos usando ahora, nos van a servir para que el lector pueda observar claramente lo que hemos añadido.

 

“Hija mía, mi Voluntad es la Santidad de las santidades, así que el alma que hace mi Voluntad, viviendo en Mi Volun- tad, por cuanto fuera (un alma) pequeña, ignorante, ignorada, deja atrás a todos los demás santos, a pesar de los portentos, de las conversiones estrepitosas, de los milagros que (esos santos) hayan hecho, es más, confrontándo- los, o sea, cuando las almas que hacen Mi Voluntad, y las que hacen Mi Voluntad en la Divina Voluntad se ponen en frente las unas de las otras, las almas que hacen mi Voluntad, viviendo en Mi Divina Voluntad son reinas, y todas las demás (almas) están como a su servicio. El alma que hace mi Voluntad, viviendo en Mi Divina Voluntad, parece que no hace nada, pero hace todo, porque estando en mi Voluntad obran a lo divino, ocultamente y en modo sorprendente, así que son luz que ilumina, son vientos que purifican, son fuego que quema, son milagros que hacen hacer los milagros, y quienes los hacen son sólo los canales, porque en ellas, o sea, en las almas de las que hacen Mi Voluntad viviendo en la Divina Voluntad, es donde reside la potencia para hacerlos, así que son el pie del misionero, la lengua de los predicadores, la fuerza de los débiles, la paciencia de los enfermos, el régimen de los superiores, la obediencia de los súbditos, la tolerancia de los calumniados, la firmeza en los peligros, el heroísmo de los héroes, el valor de los mártires, la santidad de los santos, y así de todo lo demás, porque estando, o sea, vi- viendo en mi Voluntad concurren a todo el bien que puede haber en el Cielo y en la tierra.”

 

Y ahora parafraseemos el Bloque (B).

 

“He aquí porqué puedo decir que son mis verdaderas hostias, pero hostias vivas, no muertas, porque los accidentes que forman la hostia no están llenos de vida ni fluyen a mi Vida, en cambio el alma está llena de vida, y haciendo mi Voluntad mientras vive en Mi Voluntad, fluye y concurre a todo lo que hago Yo, he aquí por qué me son más queri- das estas hostias consagradas por mi Voluntad que las mismas hostias sacramentales, y si tengo alguna razón de existir en éstas, o sea, en las hostias sacramentales, es para formar las hostias sacramentales de mi Vo- luntad. Hija mía, es tanto el placer que tomo de mi Voluntad, que al sólo oír hablar de Ella me estremezco de alegría y llamo a todo el Cielo a hacer fiesta; imagínate misma qué será de aquellas almas que la hacen mientras viven en Ella. Yo encuentro todos los contentos en ellas y doy todos los contentos a ellas, su vida es la vida de los bienaventu- rados, solamente dos cosas les interesan, desean, añoran: Mi Voluntad y el Amor. Poco tienen que hacer, mientras hacen todo, las misma virtudes quedan absorbidas en mi Voluntad y en el Amor, así que no tienen más qué hacer con ellas, con las Virtudes, porque mi Voluntad contiene, posee, absorbe todo, pero en modo divino, inmenso e intermi- nable; esta es la vida de los bienaventurados que ya están en el Cielo, y la vida de los que viven en la Divina Vo- luntad aquí en la tierra”.


El Bloque (A) parafraseado es el que vamos a utilizar para nuestras explicaciones adicionales. Las palabras resaltadas en negro son las palabras textuales de Jesús, y las palabras resaltadas en negro y con distinto estilo, son las que he- mos añadido para un mejor entendimiento.

 

Hija mía, mi Voluntad es la Santidad de las santidades, - Como de costumbre, Jesús anuncia de lo que quiere hablar, y que debemos destacar apropiadamente de la siguiente manera:

 

1)       La Santidad, propiamente hablando, pertenece solo a Dios, y Dios es Su Voluntad.

 

2)       La Santidad más excelsa, por tanto, es la Santidad de la Voluntad de Dios.

 

3)       Esta Santidad viene definida por el Fiat Divino, la expresión de la Santa Voluntad de Dios

 

4)       Este Fiat, inicia, da vida y mantiene a toda otra realidad creada que no es Dios.

 

5)       La Santísima Trinidad posee esta Divina Voluntad, y es la Ejecutora del Fiat Divino, a través del Amor, el Pri- mogénito de la Divina Voluntad.

 

La Santísima Trinidad dirige todo lo que ha creado con el Fiat Omnipotente. El Amor lo sugiere todo, lo inicia todo, y espera de todo lo creado, particularmente de la creación animada, la Correspondencia a Sus Iniciativas de Amor.

 

Así que el alma que hace mi Voluntad, viviendo en Mi Voluntad, por cuanto fuera (un alma) pequeña, igno- rante, ignorada, deja atrás a todos los demás santos, a pesar de los portentos, de las conversiones es- trepitosas, de los milagros que (esos santos) hayan hecho, - Después del anuncio hecho en el primer párrafo, este Portento de Su Divina Voluntad, se sigue, también, como necesariamente cierto que toda alma, creada por Dios, que corresponde a Su Amor haciendo Su Voluntad, y viviendo en Su Divina Voluntad, de conformidad con el Don que Le ha otorgado a Luisa, y a sus seguidores, tenga esa Santidad de Santidades, y por eso dice, que “deja atrás a todos los demás santos”. No importa en realidad, cuan pequeño o imperfecto sea, cuan ignorante de todo e ignorada por todos sea, los supera a todos, no en virtud de lo que hace, sino en virtud de donde lo hace.

 

Es más, confrontándolos, o sea, cuando las almas que hacen Mi Voluntad, y las que hacen Mi Voluntad en la Divina Voluntad se ponen en frente las unas de las otras, las almas que hacen mi Voluntad, viviendo en Mi Divina Voluntad son reinas, y todas las demás (almas) están como a su servicio. – Sigue el tratamiento hiper- bólico de esta Santidad de Santidades, al decir Jesús, que cuando El “ve” a esas almas, unas en frente de las otras, El “ve” la gran diferencia que hay entre ambas, y Nos dice que las que Viven en Su Voluntad, son Reinas, y todas las otras almas santas, que solamente hacen Su Voluntad, están como al servicio de las Reinas. Pero, la hipérbole de las almas que viven en Su Voluntad no ha terminado, continúa en forma creciente en los próximos párrafos.

 

El alma que hace mi Voluntad, viviendo en Mi Divina Voluntad, parece que no hace nada, pero hace todo, - Continúa reforzando la idea de que las almas que viven en la Divina Voluntad, parece como que no hacen nada. Esto es particularmente cierto cuando esta expresión se le aplica a Luisa, que en su pequeñez y encerrada en un cuartito y postrada en cama, parece como que no hace nada. Pero, dice Jesús, estas almas lo hacen todo.

 

Porque estando en mi Voluntad obran a lo divino, ocultamente y en modo sorprendente, así que son luz que ilumina, son vientos que purifican, son fuego que quema, - De nuevo. El concepto de que en efecto, por- que viven en Su Voluntad, estas almas obran a lo divino. Como la Santísima Trinidad obra, así lo que estas almas ha- cen, y los Modos con que las hacen, son “luz que ilumina, vientos que purifican, y fuego que quema”.

 

Son milagros que hacen hacer los milagros, - Continúa la hipérbole de la Santidad del Divino Querer, y ahora lo hace con el primero de sus párrafos sorprendentes. (Pronto seguirá con un segundo párrafo aun más sorprendente). En este párrafo Nos dice, que estas almas son Milagros de Su Omnipotencia, y como tales, son las almas que están detrás de todos los otros milagros. Y continúa con más sorpresas.

 

Y quienes los hacen son sólo los canales, porque en ellas, o sea, en las almas de las que hacen Mi Voluntad viviendo en la Divina Voluntad, es donde reside la potencia para hacerlos, - Una sorpresa mayor aun. Dice ahora, que los santos que hacen milagros, esos milagros que los distinguen y los hacen llegar a los altares, son solo los instrumentos de las almas que Viven en la Divina Voluntad, porque en realidad son ellas las que hacen que los


otros santos hagan los Milagros. En estas almas reside la potencia para que los otros santos puedan realizar sus mila- gros sorprendentes.

 

Así que son el pie del misionero, la lengua de los predicadores, la fuerza de los débiles, la paciencia de los enfermos, el régimen de los superiores, la obediencia de los súbditos, la tolerancia de los calumnia- dos, la firmeza en los peligros, el heroísmo de los héroes, el valor de los mártires, la santidad de los san- tos, y así de todo lo demás, - Con estos ejemplos maravillosos, Nuestro Señor Le explica a Luisa que ella es en realidad, el pie que permite al misionero adentrarse en tierras lejanas para poder convertir a los infieles; que ella es, en realidad, la lengua que permite a los Predicadores llevar el Evangelio a otros; que ella es, en realidad, la que da fuerza a los débiles de espíritu para que resistan las tentaciones del enemigo, y así continua hasta llegar al final de la lista de ejemplos. Y dice que la Santidad de Luisa es la que hace posible la santidad de los demás santos.

 

Porque estando, o sea, viviendo en mi Voluntad concurren a todo el bien que puede haber en el Cielo y en la tierra.” – Y, ¿Cómo es posible que todo lo que Jesús explica puede suceder? Pues, porque el alma que Vive en la Divina Voluntad, está presente, y por tanto concurre con la decisión de una de las Personas y pronuncia el Fiat Creador el “Fiat que hace posible todo el Bien que puede haber en el Cielo y en la tierra”. Esto constituye el segundo conocimiento sorprendente de los Conocimientos sorprendentes de este Bloque.

 

Ya sabemos que los actos de los que Viven en la Divina Voluntad tienen la capacidad de multiplicarse para bien de todos, y cuando en esa Divina Voluntad expresamos nuestra intención de obrar con Sus Mismas Intenciones, estamos en efecto, concurriendo con lo que Ellos hacen, y uniendo nuestros pequeños actos a los actos de Ellos, uniendo nues- tros actos al “Acto Único” de la Divina Voluntad, con palabras que usará Jesús en el Volumen 19 para explicar más ampliamente estos conceptos.

 

Resumiendo lo dicho hasta ahora:

 

1)       Las almas que hacen la Voluntad de Dios mientras viven en la Divina Voluntad, son los beneficiarios del Gran Don de Vivir en la Divina Voluntad que Dios quiere conceder, en estos tiempos, a los seres humanos, para res- tablecer su Plan original.

 

2)       Estas almas concurren con Nuestro Señor, y El con ellas, para producir todos los bienes posibles e imaginables que Dios quiere conceder a todas las criaturas. Parte de esos bienes, que la Divinidad quiere dar a todas las almas son la participación activa en Sus Virtudes (Su Humanidad) y Sus Atributos (Su Divinidad). En esta par- ticipación activa en Sus Virtudes, muchas almas llegan a ser Santas en sus virtudes heroicas, y otras llegan a ser “santas” normales porque perseveran y se salvan. De ahí se puede comprender que las almas que viven en la Divina Voluntad, son causa de que el resto de las almas puedan participar de los bienes que las harán santas.

 

3)       Sus actos, por insignificantes que sean, quedan divinizados por la Voluntad Divina que los ha iniciado, y en la que han sido ejecutados, con Modos todos divinos.

 

4)       Por tanto, esos actos pasan ahora a formar parte, y toman su lugar de honor en la Divina Voluntad, como si El Mismo, o mejor aún, como si Ellos Mismos, los hubieran realizado.

 

* * * * * * *

 

Y pasemos ahora a analizar el Bloque (B). De nuevo, tenemos que añadir algunos párrafos adicionales y parafrasear el Bloque para su mejor entendimiento.

 

En este Bloque Jesús continúa con la explicación de porqué la Santidad de Su Voluntad, y por consiguiente, la Santi- dad de los que Viven en Su Divina Voluntad, es tan trascendente e importante.

 

Ahora se va a referir a un aspecto que no había conectado anteriormente con la claridad que lo hace ahora. Se trata de conectar el Don de Vivir en la Divina Voluntad con el Don de la Eucaristía. La conexión es evidente desde un princi- pio: Ambas comunican la Vida Divina de una manera real y necesaria para todo lo que somos y hacemos. Sin la Euca- ristía estamos totalmente indefensos frente al enemigo; no tenemos la fuerza Divina para participar de Sus Virtudes, ni de Su Amor Benevolente y Amistoso.


 

Sin querer anticiparnos demasiado, podemos adelantar que la conexión que Jesús establece entre ambas, eleva aun más, el Valor de la Eucaristía en estos tiempos del Fiat Voluntas Tuas. ¿Es esto posible? Pues aunque nos parezca increíble, así es.

 

Y comencemos.

 

He aquí porqué puedo decir que son mis verdaderas hostias, pero hostias vivas, no muertas, porque los accidentes que forman la hostia no están llenos de vida ni fluyen a mi Vida, en cambio el alma está llena de vida, y haciendo mi Voluntad mientras vive en Mi Voluntad, fluye y concurre a todo lo que hago Yo, he aquí por qué me son más queridas estas hostias consagradas por mi Voluntad que las mismas hostias sacramentales, y si tengo alguna razón de existir en éstas, o sea, en las hostias sacramentales, es para formar las hostias sacramentales de mi Voluntad. – Para entender este párrafo, hay que fijarse en dos conoci- mientos importantes, y uno extremadamente importante y extraordinario. Los dos conocimientos importantes son:

 

1)       Las especies sacramentales que El consagra, transubstancian la materia de trigo y vino en Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, y El, las consagra para darnos Su Vida, para alimentarnos. Su objetivo principal al instituir la Eucaristía fue éste; Su Vida fluye a nosotros pero hacia El no regresa, porque la materia de que están com- puestas las hostias sacramentales, no está espiritualmente viva, y así eventualmente, al consumirse las espe- cies, Su Vida desaparece; en realidad, El retira de nosotros Su Presencia Real. En las Hostias Vivas de los que hacen Su Voluntad, mientras viven en Su Voluntad, esa alma posee Su Vida, la que El le comunica al estar en Su Voluntad, y por tanto, estas nuevas Hostias Verdaderas pueden fluir hacia El, y darle a Él, el alimento que El mas aprecia de nosotros, nuestra Voluntad, y la sustancia de la que están hechas estas nuevas Hostias Ver- daderas no desparece jamás, y por tanto, El nunca se retira de ellas.

 

2)       Porque estas nuevas Hostias Verdaderas tienen Su Vida, ellas pueden concurrir con El en todo lo que El hace, refuerzan, por así decirlo, Su Labor, lo acompañan y lo consuelan en todo momento, y por eso, son Hostias más queridas por El que esas otras hostias sacramentales, en las que solo permanece por un rato.

 

3)       Jesús instituyó la Eucaristía por todas las razones conocidas por Nuestra Santa Madre Iglesia, y que también nosotros conocemos. Sin embargo, en este capítulo, añade el tercero de los conocimientos nuevos que Nos da. Va a decirnos cuál es la verdadera razón, la razón más escondida de todas, pero no por ello menos cierta, de por qué la instituyo. Para entender mejor esto, tenemos que retroceder un poco para que la explicación sea completa.

 

Si yo quisiera hacer una pintura al óleo para satisfacer un encargo de un cliente, tendría necesidad de varias cosas para llevar a cabo esta encomienda. Sin entrar en muchos detalles, porque no es ese el objetivo, diría que me hace falta conocer el tema que el cliente quiere que le pinte, pinceles, cánvas, etc.; o sea, materiales de trabajo, un lugar o estudio donde pintarla, y lo necesario para empacar y entregar la obra al que me la ha encargado, cuando la haya terminado, para que el cliente pueda disfrutarla en su casa o en su oficina.

 

Igual le pasa a Jesús. El tiene un Plan; lo ha tenido desde siempre, pero nuestro comportamiento ha impedido que el Plan pueda realizarse. Este Plan es que las criaturas vivamos libremente en Su Divina Voluntad aquí en la tierra, como se vive allá en el Cielo. Así quería que viviera nuestro primer padre Adán, y de hecho así vivió el por un tiempo inde- terminado, y así quería que todos, siguiendo su ejemplo, viviéramos. El Plan no ha cambiado, y como es un Plan Di- vino, jamás va a cambiar o va a dejar de ejecutarse. Como bien dice Jesús, es todo “cuestión de tiempo”. Para volver a “encarrilar” el Plan que Adán “descarriló” con su rebeldía, Jesús, y quien dice Jesús dice por supuesto la Santísima Trinidad, Dios Mismo, tenía que tomar los pasos necesarios para que se pudiera regresar a las condiciones originales de Amistad. En forma amplísima, Jesús tenía que:

 

1)       Restablecer la Paz y la Amistad entre la Divinidad y los seres humanos; de ahí, la Redención.

 

2)       Esa Redención tenía que darla a conocer para que los seres humanos la aceptaran, actuando conforme a Su Voluntad expresa, haciéndola consistentemente, ayudados por los Sacramentos instituidos para garantizarnos nuestra aceptación y confirmar nuestra decisión y ayudarnos en el proceso.


3)       Una vez redimidos, El tenía que darnos a conocer el Gran Plan Original en todos sus detalles, y para ello esco- ge a Luisa Picarreta, a la que Le da todos los conocimientos necesarios, y la prepara para que pueda ser la primera, entre muchos, que conocerán de este Gran Regalo y de Su Plan.

 

4)       Luisa tenía que aceptar este Don que Dios Le quiere conceder, y de hecho así lo hizo, y aceptándolo abrió las puertas para que todos los seres humanos podamos también conocer y aceptar este Don, y ser parte de este Plan.

 

5)       Todos los que, siguiendo a Luisa, llegamos a conocer estos escritos y lo que Nuestro Señor quiere darnos, y a través de este conocimiento lleguemos a amar y desear ardientemente este Gran Don, El nos ha autorizado para que se Lo pidamos. Solo tenemos para ello, que ponernos en las condiciones adecuadas exigidas por El, para poder recibir el mismo Don que Luisa recibió.

 

6)       A diferencia de Luisa, que supo cuando la Santísima Trinidad le otorgó este Don, nosotros, con toda probabili- dad, no llegaremos a saber nunca si se Nos ha concedido o no este Don. Debemos pedirlo con insistencia, y debemos pedirlo diariamente. Debemos también pedir diariamente, que venga el Reino de la Divina Voluntad, no solo para nosotros, sino para todos nuestros hermanos. Así pedía el pueblo judío con insistencia diaria, la venida del Redentor. Cuando lleguemos al Cielo, sabremos con certeza si se nos fue concedido o no este Don. Pero, el que no lo sepamos con certeza si lo vamos a recibir o no, y cuando lo vamos a recibir, no implica que actuemos descuidadamente, como sin fe de que El Nos lo va a conceder. Muy por el contrario, debemos com- portarnos en todo momento, como si ya Nos lo hubiera otorgado.

 

7)       Y llegamos al tercer punto, quizás el más importante, ciertamente el más novedoso, de toda la enseñanza doctrinal de este capítulo. ¿En qué forma, si es que alguna vez Nos lo da, se Nos entregará este Don Maravi- lloso? ¿Cuál es el “sistema de entrega” de este gran Don? No creemos que Jesús vaya a utilizar a la Federal Express para notificarnos. Por tanto, ¿Qué acto Suyo utilizará la Santísima Trinidad para hacer efectivo el Don de concedernos Vivir en Su Voluntad? La respuesta Nos la da Jesús en este párrafo, con unas pocas palabras. Después de decirnos que las Hostias Consagradas por Su Voluntad son más agradables a El que las mismas Hostias Sacramentales, Nos dice que si El ha tenido alguna razón de existir en estas, o sea en las Hostias sa- cramentales, es porque de esa forma, utilizando a esas Hostias Sacramentales, El podía formar las Hostias Consagradas de Su Voluntad. En otras palabras, cada vez que las almas a las que El quiere conceder el Don de Vivir en la Divina Voluntad, comulgan, la oportunidad existe para que El pueda utilizar esa Comunión es- pecifica, en ese día en particular, para que El, no solo les de Su Vida Sacramental como de costumbre, sino también aprovechar la oportunidad para que ese día, en esa Comunión, entregarles la Vida de Su Voluntad, convirtiendo a esa alma en Hostia Consagrada.

 

Ahora pues, resulta, que además de todas las Razones que tuvo para instituir la Eucaristía, existe una razón más, y extremadamente poderosa: Si tiene alguna razón de existir la Eucaristía, o sea, aunque esta fuera la única razón para la existencia de la Eucaristía, esta razón hubiera sido suficiente para instituirla. Nuestro Se- ñor, previendo en Su Plan, que eventualmente El concedería de nuevo este Don a las criaturas, a través de Luisa, decidió utilizar este Maravilloso Sacramento como el Vehículo más apropiado para entregarnos Su Vo- luntad en propiedad.

 

Repitiendo: Cuando El decida darnos este don de Vivir en Su Divina Voluntad, Nos lo va a conceder en una de nuestras Comuniones Sacramentales. En ese instante, en este acto nuestro de recibirlo Sacramentalmente, y en virtud de Su Fiat Omnipotente, nos convertiremos en las Hostias Sacramentales de Su Voluntad, en Sus Hostias Consagradas, y entraremos de lleno, a vivir en la Divina Voluntad, como en el Cielo en la tierra.

 

Continuemos diciendo esto con otro énfasis distinto. Si Jesús dice que la forma en que efectivamente se reali- za la entrega del Don de Vivir en la Divina Voluntad, es a través de la Eucaristía, ¿Cuál ha de ser ahora nues- tra nueva actitud y atención en el momento de comulgar? ¿Cuál ha de ser ahora nuestra más importante peti- ción después del agradecimiento que Le debemos por venir a nosotros? Ciertamente, la de pedirle, que hoy, en esta Comunión que hago, Te dignes concederme el Don de Vivir en Tu Divina Voluntad en propiedad.

 

Otro resumen más:


Para las criaturas en su estado cristiano normal, la Eucaristía comunica Su Vida a los que Le reciben con las debidas disposiciones. Para los que han conocido, pedido y se les ha concedido el Don de Vivir en la Divina Voluntad, la Euca- ristía transmite este don y lo consagra en esas almas, y por ello, esas almas se convierten en las nuevas hostias ver- daderas. La Eucaristía, pues, se convierte en la “herramienta” de transmisión de este gran Don. Dice aun mas, sorpre- sa tras sorpresa, dice que si instituyó la Eucaristía, lo hizo en previsión de que en algún momento histórico, El utilizaría esta “herramienta” para Consagrar permanentemente a las almas que quisieran vivir en Su Divina Voluntad, para “im- ponerles las manos”, por así decirlo. Dicho aun de otro modo, cuando pedimos vivir en Su Divina Voluntad, y El, en algún momento de esta petición continua, nos concede este Don, lo hace en efecto, en la próxima Comunión Sacra- mental que hagamos. A partir de ese momento, nos convertimos en Hostias Verdaderas y Permanentes, porque en esa Comunión Sacramental especialísima, el Espíritu Santo Nos otorga la Vida de Su Voluntad en propiedad, y a partir de ese momento, la Vida de Su Voluntad en nosotros fluye hacia El, y concurre con todo lo que El hace.

 

Y ahora estudiemos el último párrafo de este Pronunciamiento de Jesús.

 

Hija mía, es tanto el placer que tomo de mi Voluntad, que al sólo oír hablar de Ella me estremezco de alegría y llamo a todo el Cielo a hacer fiesta; imagínate tú misma qué será de aquellas almas que la hacen mientras viven en Ella. Yo encuentro todos los contentos en ellas y doy todos los contentos a ellas, su vida es la vida de los bienaventurados, solamente dos cosas les interesan, desean, añoran: Mi Voluntad y el Amor. Poco tienen que hacer, mientras hacen todo, las misma virtudes quedan absorbidas en mi Voluntad y en el Amor, así que estas almas que viven en Mi Volun- tad, no tienen más qué hacer con ellas, con las Virtudes, porque mi Voluntad contiene, posee, absorbe todo, pero en modo divino, inmenso e interminable; esta es la vida de los bienaventurados que ya están en el Cielo, y la vida de los que viven en la Divina Voluntad aquí en la tierra”.

 

Hija mía, es tanto el placer que tomo de mi Voluntad, que al sólo oír hablar de Ella me estremezco de alegría y llamo a todo el Cielo a hacer fiesta; - Cuando Jesús Nos oye hablar de Su Divina Voluntad, cuando leemos estos escritos, y El nos escucha, El toma tal contento de oír Sus Propias Palabras en nuestras bocas, que se estremece de alegría, y llama a todos los bienaventurados a que participen de esta fiesta y de estos conocimientos que al nosotros decirlos, los recreamos, y les damos nueva vida en El.

 

Imagínate tú misma qué será de aquellas almas que la hacen mientras viven en Ella. Yo encuentro todos los contentos en ellas y doy todos los contentos a ellas, su vida es la vida de los bienaventurados, - Ahora nos dice que cuando El ve que no hablamos solamente de Ella, sino que Le pedimos y de hecho vivimos en Su Divina Voluntad, El encuentra todos los contentos en esas almas, y Les da, y nos da, de Sus Mismos Contentos, y hace que nuestras vidas sean como vida de bienaventurados, o sea, ya comenzamos a vivir en el Paraíso cuando aun estamos en la tierra.

 

Solamente dos cosas les interesan, desean, añoran: Mi Voluntad y el Amor.- Esto ocurre, dice Jesús, porque a esas almas solo les interesa, desean y añoran, o sea, tienen nostalgia de Su Voluntad, y de Su Amor. Ya en otros capítulos hemos estudiado que Jesús dice que en el Cielo, solo existen Su Voluntad y El Amor.

 

Poco tienen que hacer, mientras hacen todo, las mismas virtudes quedan absorbidas en mi Voluntad y en el Amor, así que estas almas que viven en Mi Voluntad, no tienen más qué hacer con ellas, con las Virtu- des, porque mi Voluntad contiene, posee, absorbe todo, pero en modo divino, inmenso e interminable; esta es la vida de los bienaventurados que ya están en el Cielo, y la vida de los que viven en la Divina Voluntad aquí en la tierra. - Ya esas almas que viven en Su Voluntad, aunque siguen practicando actos virtuosos, esos actos no quedan ya depositados en sus voluntades humanas, sino que quedan incorporadas, absorbidas en Su Voluntad, y en Su Amor, y Nos hace conocer que ya esas almas no tienen más que hacer con esas virtudes, o sea, como que ya no le dan la misma importancia que antes, porque están conscientes de que al hacer todo en Su Voluntad, sienten que todo queda absorto en esa Divina Voluntad en la que viven.

 

Resumen del capítulo del 20 de Marzo de 1912: (Doctrinal) Página 29 -

 

Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se hacía ver todo doliente y me ha dicho:

 

“Hija mía, no lo quieren comprender, que el todo está en darse todo a Mí y hacer en todo y siempre mi Querer; cuan- do Yo he obtenido esto, Yo mismo voy empujando a las almas diciéndole a cada una: “Hija mía, toma este gusto, esta comodidad, este consuelo, este descanso”, con esta diferencia, que antes de darse toda a y de hacer en todo y


siempre mi Voluntad, si se los tomaba eran humanos, en cambio después son divinos, y Yo, siendo cosas mías, ya no me dan celos y digo entre Mí: “Si toma el lícito placer lo toma porque lo quiero Yo, si trata con personas, si lícitamente conversa, es porque lo quiero Yo, y si Yo no lo quisiera ella está dispuesta y lista a dejarlo todo”, y por esto Yo pongo las cosas a su disposición, porque todo lo que hace es todo efecto de mi Querer, no más del suyo. Dime ¡oh! hija mía,

¿qué cosa te ha faltado desde que te diste toda a Mí? Te he dado mis gustos, mis placeres y todo Yo mismo para tu contento, esto en el orden sobrenatural, y en el orden natural tampoco te he hecho faltar nada, confesores, comunio- nes, y todo lo demás, es más, queriéndome sólo a Mí no querías a los confesores tan frecuentemente, pero Yo que- riendo que abundase de todo quien de todo se quería privar por Mí, no te he prestado atención. Hija, ¡qué dolor siento en mi corazón al ver que las almas no lo quieren comprender, ni siquiera las almas que se dicen las más buenas!”.

 

* * * * * * *

 

Analicemos este importante capítulo doctrinal.

 

(1)   Hija mía, no lo quieren comprender, que el todo está en darse todo a y hacer en todo y siempre mi Querer; - Jesús se lamenta diciendo, que las criaturas no acaban de comprender, no lo quieren aceptar lo que El Les pide que hagan. El quiere de nosotros un rendimiento completo de nuestra voluntad humana en todo lo que hagamos, día a día, hora por hora, minuto por minuto, segundo a segundo.

 

Por tanto, como acabamos de indicar, esto incluye, en primer lugar, todos nuestros actos involuntarios o los que tam- bién llamamos instintivos o inconscientes, como lo son todas las funciones de nuestro cuerpo. Ya sabemos que todos estos actos involuntarios podemos convertirlos en voluntarios, diciendo que queremos ofrecérselos como si fueran voluntarios, como si tuviéramos control voluntario de ellos. En segundo lugar, están todos nuestros actos voluntarios, aquellos que vienen Sugeridos por Dios amorosamente para que completemos Sus Actos de Amor en cada día, acorde a Su Plan para con cada uno.

 

Esto, dice Jesús, es el todo de la actuación de la criatura respecto de Su Dios y Creador. Esto es lo esencial, lo im- prescindible, en una palabra, “el todo” de lo que espera de nosotros. No quiere más, pero tampoco acepta menos. Pero, no es solamente, el que hagamos, lo que Nos sugiere, sino que quiere de nosotros que nos acerquemos a cada día, con la actitud de querer hacer bien lo que quiere, porque de esa manera, aun lo imperfectamente hecho, se con- vierte en perfecto con nuestra actitud de querer hacerlo todo perfectamente. Esta actitud Jesús la expresa con Sus Palabras: hacer en todo y siempre mi Querer”.

 

(2)    cuando Yo he obtenido esto, Yo mismo voy empujando a las almas diciéndole a cada una: “Hija mía, toma este gusto, esta comodidad, este consuelo, este descanso”, (pero esto ahora lo hago) con esta di- ferencia, que antes de darse toda a Mí y de hacer en todo y siempre mi Voluntad, si se los tomaba eran humanos, en cambio después son divinos, - Dice el Señor, que una vez que ha logrado de nosotros, esta actitud de querer hacer siempre lo que Nos Sugiere que hagamos, seguido por una ejecución lo más perfecta posible de eso que Nos ha Sugerido, que El puede ahora comenzar a Sugerirnos cosas que Nos sean muchísimo más fáciles hacer, e inclusive quiere, que la ejecución de estas nuevas Sugerencias nos resulte agradable. La Vida que el Señor ha planea- do para cada uno de nosotros, es una vida “balanceada”, si se nos permite esta expresión; pero este “balance” quiere ser Él el que lo Sugiera, no quiere que nosotros pensemos que lo hacemos por nuestra cuenta, porque en el punto y momento en que así pensamos, dejamos de estar afinados a El cómo hijos que lo esperan todo de la Providencia de Su Padre, y nos convertimos en siervos, que solo ven a Dios como un Amo prepotente al que hay que tener apacigua- do, pero que no tiene el menor interés de darnos alguna satisfacción o gusto, y por tanto, tenemos que procurarnos lo agradable por nosotros mismos.

 

Damos un ejemplo de lo que implica esta situación que Él describe y que nosotros estamos tratando de explicar. Dios Nos da un día particularmente difícil, con obligaciones complicadas, numerosas y agotadoras. Al terminar el día, nos damos un buen baño, nos sentamos a descansar con un libro o la televisión, y nos recompensamos por la labor hecha. El Señor quiere que entendamos, que cuando estamos rendidos a Él, tanto las Sugerencias que Nos llevaron a hacer lo complicado, como las Sugerencias de que hagamos algo fácil y agradable, son todas Sugerencias Suyas, igualmente válidas, y su ejecución igualmente agradable a Él, porque es Él el que Nos las Sugiere y facilita. Si así lo entendemos, Le vemos como un Padre Benévolo que sabe balancear la vida de Su Hijo, y le facilita todo. Si así no lo entendemos, Le vemos como un Tirano que solo quiere de nosotros que hagamos lo desagradable, y que una vez que realizamos lo desagradable, nos las tenemos que agenciar para buscarnos lo agradable por nosotros mismos, porque de Él no po- demos esperar nada agradable.


 

Esta ultima actitud prevalece en muchos de nosotros, porque solo vemos la Voluntad de Dios como restrictiva, como la Voluntad que exige siempre, ya sean los 10 Mandamientos, que no son nada fácil de cumplir, y que gravitan sobre nosotros como piedras de molino, ya sean las distintas misiones que Nos envía y quiere de nosotros.

 

¿Quiere esto decir que Dios va a dejar de ser Benévolo y Providente, porque usurpamos Sus Bienes, no reconociendo que es Él el que lo facilita todo? Por supuesto que no, pero no nos equivoquemos y pensemos que estamos haciendo todo lo que quiere si persistimos en esta actitud.

 

(3)    y Yo, siendo cosas mías, ya no me dan celos y digo entre Mí: “Si toma el lícito placer lo toma porque lo quiero Yo, si trata con personas, si lícitamente conversa, es porque lo quiero Yo, y si Yo no lo quisiera ella está dispuesta y lista a dejarlo todo” – La Actitud Divina es siempre tan “humana” que nos desconcierta. Pero así lo dice. Si nuestra actitud es la de que estamos totalmente rendidos a Él, todo lo que Nos da, lo ve como cosa Suya, y se siente feliz. Si nuestra actitud no es la de estar rendidos a Él, Él todo lo ve como usurpación y robo de Sus Bienes.

 

Dicho esto, tenemos que hacer hincapié en Sus últimas Palabras. Dice Él que todo lo descrito, Él lo ve como parte de nuestra aceptación y rendimiento, y que está “convencido” de que si Él dictaminara algo distinto, o suprimiera aquello que es ahora agradable, también Su Criatura lo aceptaría.

 

(4)    y por esto Yo pongo las cosas a su disposición, porque todo lo que hace es todo efecto de mí Querer, no más del suyo. – Reafirma el Señor, que cuando tenemos la actitud y ejecución correctas, Él lo proporciona todo, porque sabe que Su Hijo o Hija lo toma todo como Bondad y Paternidad Suya, no porque ella como criatura merece algo, sino porque es Su Responsabilidad el cuidar de nosotros, y Él se toma muy en serio esta Responsabilidad, hasta el punto de que permite nos apropiemos de lo Suyo, sin ni siquiera pensar en Él.

 

(5)    Dime ¡oh! hija mía, ¿qué cosa te ha faltado desde que te diste toda a Mí? Te he dado mis gustos, mis placeres y todo Yo mismo para tu contento, esto en el orden sobrenatural, y en el orden natural tampo- co te he hecho faltar nada, confesores, comuniones, y todo lo demás, es más, tú queriéndome sólo a Mí no querías a los confesores tan frecuentemente, - Jesús ahora se dirige a Luisa, para darle con el ejemplo de su propia vida en Su Voluntad, lo que hasta ahora había dicho de todos.

 

(6)    pero Yo queriendo que abundase de todo quien de todo se quería privar por Mí, no te he prestado atención. – Muchas veces Luisa se ha quejado de que no se siente sufrir fuertemente, o lo que es lo mismo, que se sentía bien, porque comparado con lo que la pobrecilla sufría, el no sufrir activamente, era como un gran alivio. Re- cordamos también, que en cierta oportunidad Nuestro Señor no solo Le ordenó comer, sino que por un tiempo no vomitaba la comida, y en ese capítulo ella se queja de que se ha vuelto muy golosa, a lo que el Señor, en ese capítulo, Le dice palabras similares a estas. Por esta razón, aquí Le dice, que a pesar de que ella no quería, como Él sí quería, entonces ha continuado enviándole Sugerencias de cosas agradables como el recobrar el gusto por la comida y las golosinas.

 

(7)    Hija, ¡qué dolor siento en mi corazón al ver que las almas no lo quieren comprender, ni siquiera las almas que se dicen las más buenas! – El párrafo no requiere explicación, solamente quiere que sintamos Su Dis- gusto por nuestra incomprensión.

 

Resumen del capítulo del 4 de Abril de 1912: (Doctrinal) Página 30 -

 

Esta mañana mi siempre amable Jesús ha venido y me ha dicho:

 

“Hija mía, (en el alma) mi Voluntad es el centro, las otras virtudes son la circunferencia. Imagínate una rueda en la que en el centro están concentrados todos los rayos, si uno de estos rayos quisiera separarse del centro, ¿qué sería de él? Primero que haría el ridículo, y segundo quedaría inoperante, porque no estando más unido al centro no recibiría más vida y quedaría muerto, y la rueda al rodar se desharía de él, así es para el alma mi Voluntad; mi Voluntad es el centro, cualquier cosa, aun santa, virtudes, obras buenas que no son hechas en mi Voluntad y sólo para cumplir mi Querer, son como rayos separados del centro de la rueda, y son obras y virtudes sin vida, por tanto jamás pueden agradarme, más bien hago de todo para deshacerme de ellas y castigarlas”.


* * * * * * *

 

Hemos introducido las palabras “en el alma” en el Pronunciamiento de Jesús, porque de otra manera uno no com- prende que está hablando de nosotros, y pensaríamos que está hablando de Él. Dicho esto, el importante Conocimien- to de este capítulo confirma lo que hemos pensado y enseñado en las clases, a saber, que solo es virtud agradable a Él, aquella virtud que adquirimos haciendo lo que Nos pide. Explicamos más.

 

La virtud no tiene sentido a menos que esté asociada a una obra especifica. Aunque académicamente podamos co- menzar a hablar y discutir sobre cualquier virtud, por ejemplo, la virtud de la Caridad, casi de inmediato tenemos que discutirla en función de algo que se hace por alguien, y ese algo hecho, redunda en provecho de algún prójimo, cer- cano o lejano. Así, igualmente, no podemos adquirir virtud en abstracto, sino que solo podemos adquirirla a través de obras que saquen a relucir, saquen fuera, la virtud encerrada en el acto.

 

Por lo dicho hasta ahora concluimos que un acto de caridad es siempre virtuoso, pero dice el Señor, que esa virtuosi- dad es aparente, porque si hacemos algo que no Nos ha pedido que hagamos, aunque sea obra buena, virtuosa, y lo es, como no parte de Su Voluntad el que la hagamos, es como el rayo de la rueda que se separa del centro, y la rueda al rodar se deshace de ese rayo. Dice el Señor con palabras desacostumbradamente duras, que “son obras y virtudes sin vida, por tanto jamás pueden agradarme, más bien hago de todo para deshacerme de ellas y castigarlas”.

 

Esto que pudiera aplicar a todos los cristianos que quieren vivir virtuosamente, aplica particularmente a los que quie- ren y viven en Su Voluntad. El sello de reconocimiento, la insignia, que debemos ostentar cada uno de nosotros que vivimos en Su Voluntad, debe empezar y terminar con este sencillo párrafo que ya aprendimos en la lección anterior del 20 de Marzo de 1912, cuando dice Jesús que: “Hija mía, no lo quieren comprender, que el todo está en darse todo a y hacer en todo y siempre mi Querer”; y añadimos nosotros, a manera de énfasis, que ese hacer en todo y siempre Mi Querer, viene reflejado en las Sugerencias Amorosas que constituyen el Plan de Vida diario que tiene para con cada una de Sus criaturas, pero particularmente con Sus Hijos e Hijas renacidos en Su Voluntad.

 

La pregunta obligada de siempre es: ¿Cómo puedo saber yo, cuales son las Sugerencias Amorosas Suyas, que perte- necen a Su Plan para conmigo, y cuáles no lo son? La respuesta a esta pregunta, como ya hemos discutido en otras ocasiones, tiene mucho que ver con el estado al que Nos ha conducido y conduce, y a la misión particular que Nos ha sugerido y espera de nosotros. Mientras más específica es esa misión, y mientras más especifico es ese estado al que Nos ha conducido, más fácil se hace discernir lo que viene de Él, y lo que viene del enemigo, en todas sus variedades.

 

Nuestro estado de vida va siendo determinado, como ya sabemos, por nuestro temperamento por un lado, y por nuestra vocación especifica por el otro, aparte de otros factores que son pertinentes, como nuestro estado civil, nues- tra edad cronológica, etc. Si Él nos ha dotado con todas estas capacidades y nos ha conducido al estado de vida en el que podemos ejercitar y utilizar todas esas capacidades, ¿no nos parece sensato e inteligente, que todo lo que Dios continua sugiriéndonos es para que desarrollemos más y más aquello que ya hemos comenzado? ¿En qué cabeza cabe el pensamiento, de que Él vaya a sugerirle a un arquitecto que de repente abandone su profesión, para dedicarse a otra labor, a otro estado de vida, para el que no ha sido capacitado? ¿Y no es también cierto, que en lo poco de bueno que pueda hacer en ese otro estado de vida para el que no ha sido capacitado, “no hará el ridículo”, como dice el Señor, y hasta “quedará inoperante”?

Si Nos ha concedido el Don de Vivir en Su Voluntad, ¿no nos parece lógico que todas Sus Sugerencias Amorosas sean Sugerencias Amorosas para desarrollar al máximo posible esta nueva Vida a la que hemos renacido? ¿Cómo puedo yo pensar que El va a sugerirme algo, que me aparte de aquello que con tanto trabajo y esfuerzo Suyo ha conseguido de mí?

 

Como decíamos. En la medida en la que Dios Nos va afinando más y más a Su Plan original para con cada uno de nosotros, mas y mas tenemos que comprender cuales son las Sugerencias Amorosas que parten de Su Voluntad, y cuáles son las que no tienen su centro en Su Voluntad. ¿Podemos tener alguna duda, de que el Plan Original que tenía para con cada uno de los que ahora viven en Su Voluntad, era, de que, en efecto, viviéramos en Su Voluntad? Por algunos ha esperado 20 años, por otros 30, por otros 40, por otros 50, por otros 60, pero todo lo que Nos ha sugerido hasta el presente, todo lo que hemos hecho, nos conducía al día, hora, minuto y segundo en el que Nos sugirió que Le pidiéramos vivir en Su Voluntad


¿Quiere esto decir, que nuestras otras dos vidas, la corporal y la espiritual, ya no cuentan? Por supuesto que cuentan, pero entendamos, que esas otras dos vidas, la corporal y la espiritual están ahora supeditadas a la Vida Sobrenatural de Su Voluntad, y que cualquier idea que nos venga a la mente para “mejorar” nuestras otras dos vidas, a expensas de la Vida Sobrenatural de Su Voluntad que ahora tenemos, no es una Sugerencia que viene de Él, sino que viene del enemigo que quiere apartarnos de vivir en Su Voluntad a cualquier costo.

 

Repetimos. Nuestra vida corporal y nuestra vida espiritual están ahora supeditadas a la Vida Sobrenatural, y así como debemos rechazar todo aquello que trata de apartarnos de esta Nueva Vida, así debemos aceptar como Suyas todas aquellas Sugerencias dirigidas a ayudarnos a desarrollar al máximo nuestro potencial en Su Voluntad, aunque en un principio no lo parezcan. Como dice en el capítulo anterior “Si toma el lícito placer lo toma porque lo quiero Yo, si trata con personas, si lícitamente conversa, es porque lo quiero Yo, y si Yo no lo quisiera ella está dispuesta y lista a dejarlo todo”

 

La “vara de medir” debe ser siempre: ¿esto que se me presenta como Sugerencia que viene de dentro o viene fuera de mi, va a ayudarme a desarrollar mi Vida en Su Voluntad, o va a perjudicar a esa Vida? Si ayuda viene de Él, si no ayuda viene del enemigo.

 

Para finalizar, contestemos a la siguiente pregunta: ¿Cómo queremos llegar al Juicio personal, con una Vida de Su Voluntad vivida y desarrollada al máximo posible, o con una vida, al parecer muy virtuosa, pero virtud adquirida a expensas de haber abandonado la Vida en Su Voluntad? Como diría un norteamericano, no debemos querer perder el doughnut, por el hueco del doughnut.

 

Resumen del capítulo del 10 de Abril de 1912: (Doctrinal) Página 32 -

 

Continuando mi habitual estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:

 

“Hija mía, las almas que más resplandecerán, como refulgentes gemas en la corona de mi Misericordia, son las almas que tienen más confianza, porque por cuanta más confianza tienen, tanto más dan campo al atributo de mi Misericor- dia para derramar cualquier gracia que esas almas quieran; en cambio quien no tiene verdadera confianza, ella misma me encierra las gracias dentro de Mí y permanece siempre pobre y desprovista, y mi Amor queda contenido en Mí y sufro grandemente, y para no sufrir tanto y para poder más libremente desahogar mi Amor, trato más con las almas que tienen confianza que con las otras, porque con éstas puedo desahogar mi Amor, puedo jugar, puedo tomar amo- rosos contrastes, porque no tengo que temer que se enfaden, que se dejen llevar por el temor, más bien se hacen más atrevidas y en todo encuentran como amarme más. Así que las almas con confianza son el desahogo y el entre- tenimiento de mi Amor, son las más agraciadas y las más ricas”.

 

* * * * * * *

 

Continúa Jesús en este capítulo, con la serie de capítulos que comenzara el 20 de Marzo de 1912, de este volumen, y en los que quiere destacar los muchos y variados aspectos de nuestra Relación con Él, viviendo en Su Voluntad. En este capítulo, Jesús habla de un requisito esencial en esa Relación, cual es la Confianza en Él, sin cuya Confianza la criatura no recibe las Gracias que busca, “porque encierro las Gracias dentro de Mi y la criatura permanece siempre pobre y desprovista”.

 

Como todo Buen Padre, Benévolo y Compasivo, A Jesús Le conmueve ver a un alma “confiada” en Él, que con la con- fianza del niño en Su Padre, Le pide Gracias, o sea favores, que se traducen en Manifestaciones sensibles de Su Amor para con alguien en particular. Defraudar a un alma confiada en Él, negándole lo que pide, no está en Su Naturaleza Divina que es toda Amor.

 

Este comportamiento confiado que Él espera de nosotros, puede tomar muchos y variados aspectos, puesto que son muchas las necesidades de Sus Criaturas, que Él quiere resolver para ellas, y es labor nuestra, los que vivimos en Su Voluntad, estar plenamente afinados a estas necesidades de nuestro prójimo, e interceder por ellas, particularmente cuando sabemos que es Voluntad Suya el querer ayudarlas.

 

En este capítulo, en particular, Nuestro Señor habla de Su Misericordia, el Atributo del Perdón Divino, respecto de la Gracia de Conversión con la que se resuelve Su Misericordia para con cada uno de aquellos, que necesiten de esa conversión, o sea, la Gracia del Perdón Divino.


 

Aunque pudiera parecer en una primera instancia que Nuestro Señor habla de algo conocido, a saber, que El espera de todos nosotros que Le pidamos e intercedamos por los pecadores que necesitan convertirse, no es esa en realidad la razón del capítulo. La razón del capítulo está en Su énfasis en la Confianza ilimitada en Él. Nuestro Señor espera de nosotros, los que vivimos en Su Voluntad, que tengamos en Él la confianza grande, más aun, la Confianza atrevida que pide Gracias de Conversión por los casos bien difíciles, mientras más difíciles, mejor. Dice que aunque los que vivan en Su Voluntad, tendrán recompensas especiales en el Cielo, por haber vivido en Su Voluntad, también aquí dice que aquellas que con más confianza Le hayan pedido Misericordia para sus hermanos y hermanas, con el atrevimiento y heroísmo productos de una confianza ilimitada, “serán como refulgentes gemas en la Corona de Su Misericordia”

 

Mientras más confiadamente Le pidamos gracias de Misericordia, más Gracias de Conversión, tanto más se siente Él motivado a derramar sobre esos pobres pecadores, las gracias de Conversión que esos necesiten, sin importar la con- dición desastrosa en la que puedan encontrarse. Dios quiere que todos Nos salvemos, y es labor nuestra, los que vi- vimos en Su Voluntad, que sin descuidar nuestras otras obligaciones para con los purgantes y los justos, insistamos con Él para que esos pecadores se salven.

 

Resumen del capítulo del 20 de Abril de 1912: (Doctrinal) - Página 33 - La Felicidad y el Gusto -

 

Continuando mi habitual estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:

 

“Hija mía, la naturaleza es llevada por una fuerza irresistible hacia la felicidad, y esto con razón, pues ha sido hecha para ser feliz, y de una felicidad divina y eterna; pero con gran daño suyo se va apegando, quién a un gusto, quién a dos, quién a tres y quién a cuatro, y el resto de la naturaleza queda, o vacía y sin gusto, o bien amargada, fastidiada y nauseada, porque los gustos humanos y aún los gustos santos están mezclados con un poco de humano, no tienen la fuerza de absorber toda la naturaleza y de arrollarla toda en el gusto, mucho más que Yo voy amargando estos gustos para poder darle todos mis gustos, porque siendo ellos innumerables tienen fuerza para absorber toda la naturaleza en el gusto. ¿Se puede dar amor más grande, que para dar lo más les quito lo poco, y para dar el todo les quito la nada? Sin embargo este mi obrar es tomado a mal por las criaturas”.

 

* * * * * * *

 

Este es un capítulo que necesita mucho parafraseo porque es complicado en sí mismo, y la sintaxis de Nuestro Señor no ayuda. Una vez que logramos entender Su uso de las Palabras que utiliza, el capítulo encierra extraordinarias En- señanzas de cómo debe ser nuestro comportamiento con Él.

 

Y empecemos con el parafraseo de Sus Palabras. Lo que hemos añadido para una mayor comprensión, lo hemos sub- rayado y escrito normalmente.

 

Hija mía, la naturaleza es llevada por una fuerza irresistible hacia la felicidad, y esto con razón, pues ha sido hecha para ser feliz, y de una felicidad divina y eterna; pero con gran daño suyo, la criatura  se va apegando, quién a un gusto, quién a dos, quién a tres y quién a cuatro; o sea, ejecuta actos no originados en Mi Voluntad y que repite desarrollando gustos que lo van apegando a lo que Yo no quiero para esa criatura, y el res- to de su naturaleza queda, o vacía y sin gusto, o bien amargada, fastidiada y nauseada, porque la criatura no practica ni repite, nada de lo que Yo he dispuesto para ella. Además, a lo que se ha apegado, no deja espacio ni lugar para lo Mío, y esto ocurre porque los gustos humanos y aún los gustos santos están mezclados con un poco de humano. Gran suerte es para la criatura el que estos gustos a los que se han apegado, no tienen la fuer- za de absorber toda su naturaleza, y de arrollarla toda en el gusto total que esa criatura puede percibir, por- que Yo no dejo que esto suceda mucho más que Yo voy amargando estos gustos extraños a Mi, a los que se ha apegado para poder darle todos Mis gustos, y rescatarlas de la infelicidad en la que se ven inmersas, porque siendo ellos, Mis Gustos, innumerables, tienen fuerza para absorber toda la naturaleza de esa criatura en el gusto que ella es capaz de percibir y que constituye su felicidad. ¿Se puede dar amor más grande, que para dar lo más les quito lo poco, y para dar el todo les quito la nada? Sin embargo este mi obrar, es tomado a mal por las criaturas.

 

Creemos que este parafraseo puede ayudar a entender este capítulo. Sin embargo, queda por explicar bastante sobre ciertos conceptos claves que Nuestro Señor utiliza en este capítulo, y que son básicos si queremos entendernos a no- sotros mismos, como Dios Nos “entiende” y Nos ha creado.


 

Dice en el primero de los párrafos, en un párrafo perfecto en su sintaxis y significado, que cuando lo creó, Dios dotó al ser humano de Su Misma Naturaleza, por lo que el ser humano es capaz de ser feliz, “y con una felicidad divina y eterna”. Esta felicidad viene al ser humano, cuando actúa siguiendo las Sugerencias Amorosas que Le envía, y así desarrolla sus capacidades, tanto la intelectual como la afectiva.

 

Tal y como Dios los ha diseñado, los actos que un ser humano puede realizar son múltiples y diferentes, y la primera vez que se realizan, siembran en el alma de ese ser humano, la semilla de la felicidad que cada uno contiene, semilla que luego va fructificando con la repetición de esos actos en días sucesivos. Así, por ejemplo, si en el primer día de la vida de Adán, comió, trabajó, caminó. etc., Dios sembró en Adán la semilla de la felicidad que Dios había encerrado en cada uno de esos actos, esa semilla de felicidad fructificó dándole más felicidad en días sucesivos, cuando Adán volvió a comer, trabajar, caminar, etc. Esta fructificación de felicidad Dios la llama y nosotros la llamamos también, por su- puesto, adquirir gusto por una cosa.

 

Dicho de otra manera: el gusto por una actividad que nos da felicidad, ocurre con la repetición de actos iguales en esa actividad, para los que Dios Nos ha capacitado.

 

La situación se complica rápidamente, cuando nos percatamos de que el gusto por el trabajo que hacemos, siempre se desarrolla independientemente de si ese trabajo es bueno o malo, agradable o desagradable a Dios. El gusto, que no es más que la felicidad percibida cuando repetimos el acto una y otra vez, no depende de la bondad o maldad de nuestra intención, sino que es intrínseco al acto diseñado por Dios. Por eso dice el Señor, y esto es anticiparnos aun- que ya lo leímos, que Él no altera la felicidad encerrada en el acto y hace al acto infeliz cuando el ser humano Le des- obedece, sino que lo que altera es el gusto que percibimos con la repetición de esos actos. Dice que va “amargan- do” la felicidad percibida, y al mismo tiempo hace que el ser humano añore la felicidad que ha dejado de percibir no haciendo lo que Le había pedido que hiciera.

 

Dios quiere enviarnos Sugerencias amorosas diferentes para que diariamente hagamos actos diferentes, desarrollando nuevos gustos por estas nuevas actividades que Nos pide, y así Le resulte a Él más fácil, “absorber nuestra naturale- za” en estos nuevos gustos Divinos, y a nosotros nos resulte progresivamente más fácil hacer lo que Nos pide. Es uno de los sistemas de retroalimentación más efectivos posibles, el que desarrollemos gusto por las actividades que dia- riamente necesita hagamos para conseguir Sus Objetivos más elevados. Un ejemplo ayuda. Si la Comunión diaria es de los actos más efectivos para nuestra preservación y desarrollo físico, espiritual y sobrenatural, quiere Dios que lle- guemos a “cogerle gusto” a la Eucaristía, para que nos sea más fácil, más agradable el realizar este acto de tanta importancia para nosotros. Igual sucede con el alimento corporal. Ha creado miles y miles de sabores, texturas, olo- res, en los alimentos, para que no nos sea una tortura diaria el comer, sino que por el contrario, comamos con gusto.

 

La situación inversa es también importante. Si Dios nos sugiriera trabajar en una ocupación distinta todos los días, nunca desarrollaríamos gusto por el trabajo para el cual Nos ha capacitado. Si Dios Nos enviara Sugerencias para practicar un deporte para el que no Nos ha capacitado, no podríamos nunca desarrollar gusto por ese deporte, no importa cuántas veces lo practiquemos. Todo juega una cosa con la otra, la capacitación con el gusto, y por tanto, la capacidad de ser felices, y entendamos bien, Dios quiere hacernos felices, y ha creado los mecanismos necesarios para que tengamos felicidad, y de hecho la tenemos, pero nos negamos a sentirla, y a veces solo la sentimos cuando la perdemos, desarrollando gustos por actividades que no son las queridas por Él.

 

Nuestro Señor quiere rescatarnos de la infelicidad que estamos recibiendo de continuo por nuestro apego a activida- des que nos dan gusto incompatible con Su Plan de Felicidad para con nosotros. El tiene innumerable gustos que dar- nos, particularmente cuando nos adentramos cada vez más en los misterios sublimes de Su Divinidad. La práctica y repetición de lo aprendido, Nos da un gusto especial por cada uno de Sus Conocimientos; pero, para lograr esto, te- nemos que dejarle que nos despoje de los gustos incorrectos a los que nos hemos apegado.

 

Resumen del Capítulo del 23 de Abril de 1912: (Doctrinal) Página 34 -

 

Encontrándome en mi habitual estado, brevemente el bendito Jesús ha venido y me ha dicho:


“Hija mía, algunas veces permito la culpa en alguna alma que me ama para estrecharla más fuertemente a Mí y para obligarla a hacer cosas mayores para mi gloria, porque por cuanto más le doy, permitiendo1 la misma culpa para en- ternecerme más de sus miserias y para amarla mayormente colmándola de mis carismas, tanto más la obligo a hacer cosas grandes por Mí; estos son los excesos de mi Amor. Hija mía, mi Amor por la criatura es grande, mira cómo la luz del sol invade la tierra, si tú pudieras deshacer esa luz en tantos átomos, en aquellos átomos de luz oirías mi voz me- lodiosa, que te repetirían uno tras otro: “Te amo, te amo, te amo”. De modo que no te darían tiempo para numerar- los, quedarías ahogada en el amor. Y en realidad te amo: te amo en la luz que llena tus ojos, te amo en el aire que respiras, te amo en el murmullo del viento que llega a tus oídos, te amo en el calor y en el frío que siente tu cuerpo, te amo en la sangre que corre en tus venas, te amo en el latido de tu corazón te dice mi latido, te amo te repito en cada pensamiento de tu mente, te amo en cada movimiento de tus manos, te amo en cada paso de tus pies, te amo en cada palabra, porque nada sucede dentro y fuera de ti si no concurre un acto mío de amor hacia ti, así que un te amo mío no espera al otro; y de tus te amo, ¿cuántos son para Mí?”

 

Yo he quedado confundida, me sentía ensordecida dentro y fuera de mí por el te amo, a plenos coros de mi dulce Jesús; y mis te amo eran tan escasos, tan limitados que he dicho:

 

“Oh, mi amante Jesús, ¿quién podrá jamás igualarte?”

 

Pero a pesar de todo lo que he dicho, parece que no he dicho nada de lo que Jesús me hacía comprender. Después ha agregado:

“La verdadera santidad está en el hacer mi Voluntad y en reordenar todas las cosas en Mí; así como Yo tengo todo ordenado para la criatura, así la criatura debería ordenar todas las cosas para Mí y en Mí, mi Voluntad hace estar en orden todas las cosas”.

 

* * * * * * *

 

Y procedamos a analizar este capítulo que aporta nuevas Revelaciones, sorprendentes en extremo, sobre la Relación Divina con nosotros.

 

(1)    Hija mía, algunas veces permito la culpa en alguna alma que me ama para estrecharla más fuerte- mente a Mí y para obligarla a hacer cosas mayores para mi gloria, - Al parecer, Nuestro Señor permite, en el alma que Le ama, el pecado contra Él, y la consiguiente culpa en la criatura. Repetimos que esto solo sucede en el alma que Le ama, y que esa alma que Le ama, o sea, esa alma que hace Su Voluntad, vive en Su Voluntad. ¿Por qué Jesús permite esto? El Mismo da la respuesta en el próximo párrafo.

 

(2)    porque por cuanto más le doy, permitiendo la misma culpa para enternecerme más de sus miserias y para amarla mayormente colmándola de mis carismas, tanto más la obligo a hacer cosas grandes por Mí; estos son los excesos de mi Amor. - Como ya hemos anunciado antes, todos estos capítulos tratan de la relación que Dios tiene con nosotros, y como ha condicionado la psicología humana para que esa relación pueda tener lugar, muchas veces sin darnos cuenta. Nos explicamos más.

 

Si Dios quiere una relación de amor con nosotros, o sea, una relación en la cual Él actúa Benevolente, Compasivo, Misericordioso, provee para todo, se responsabiliza de todo como buen padre de familia, y de nosotros espera que cooperemos con Él, y Nos dejemos cuidar por Él. A veces se hace necesario en esta relación, motivar más al hijo o hija, particularmente cuando el hijo o hija no tiene la misma dedicación que el padre tiene para conservar intacta a la familia, y conducirla para que cada uno de sus miembros alcance sus objetivos. Realmente, no es labor del hijo o hija pensar de esta manera, es la labor del padre y la madre, el pensar de esta manera.

 

Esta motivación extra no es fácil, y muchas veces el padre, y particularmente la madre, tienen que inventarse nuevas maneras de mantener el estimulo y el interés de los hijos e hijas en esta cooperación que se espera de ellos. Podría


1 En los manuscritos de Luisa se encuentran múltiples correcciones y añadiduras de Anivele di Francia, para muestra están el volumen 01, cuya traducción consta de más de 120 páginas en el corregido por Aníbal, y sólo 77 en la traducción del manuscrito. El otro es el volumen 17, donde se omitieron páginas y en ocasiones capítulos enteros. En la presente traducción hemos tenido un cuidado extremo para poner solamente lo que Luisa escribió, y tal como lo escribió, con una sola excepción, que es ésta: La palabra que estaba originalmente donde Aníbal puso “permitiendo”, fue tachada de tal modo que resulta imposible saber qué decía originalmente, y por eso hemos dejado la que agregó el beato Aníbal di Francia. Dios quiera y con el tiempo se pueda descifrar dicha palabra.


decirse que para asegurar o consolidar lo que ya han conseguido de su hijo o hija, tienen que excederse, y de esa manera conseguir que el futuro de ese hijo o hija se mantenga con el mismo impulso que tenía, o quizás más, porque lo que queda por delante es más arduo y riesgoso.

 

Esta es solo una parte de lo que Nuestro Señor Nos dice en este capítulo, que como todos los otros capítulos que he- mos estado estudiando, bregan con la psicología humana que Él ha inventado para nosotros. La parte más extraordi- naria, pues, repetimos, no es la parte psicológica de Su Actuación, sino que lo más extraordinario de Su Actuación, es cuando dice, en esta oración subordinada del párrafo 2: permitiendo la misma culpa para enternecerme más de sus miserias y para amarla mayormente colmándola de mis carismas”

 

Miremos todo este párrafo desde otro punto de vista, el punto de vista de una Madre Amorosa, porque jamás pode- mos olvidarnos de Su Madre Santísima, que “hombro con hombro” trabaja con Su Hijo y con el Espíritu Santo por nuestra Santificación.

 

Una madre tiene un hijo o hija buena que la ama y a quien ella ama mucho, El hijo o hija goza de muy buena salud, rara vez se enferma, y el hijo o hija ha terminado su bachillerato y va a entrar pronto en la universidad, para estudiar una carrera difícil. En esas, ocurre un accidente, y la madre aunque no quisiera que hubiera ocurrido y llevada por su naturaleza toda amor para ese hijo o hija, en cierto sentido se alegra, porque así puede redoblar mas sus cuidados. Lo vigila mas, lo consuela; en otras palabras, se siente motivadísima para ayudarlo a recuperarse y que salga del acciden- te con mejor salud que la que tenía antes. Todo se lo facilita para que pueda regresar a una vida normal, y para que vaya bien preparado para acometer los nuevos estudios universitarios. Así es Nuestra Madre Santísima con nosotros.

 

Muchas veces no estimamos en su justo valor el valor psicológico de la adversidad que Dios permite, particularmente la adversidad que no resistimos y caemos en la culpa del rechazo, o el sufrimiento que nos agobia y que nos hace rebelarnos contra Él. No queremos comprender, pero ahora si comprendemos, que de todo se vale el Señor, particu- larmente de aquello que es innato en nosotros para Sus Propios Fines, y muchas veces, y de ahí los Excesos, para querernos aun mas en nuestra fragilidad.

 

Tanto es este Actuar de Él para con nosotros, que los próximos dos párrafos, Nuestro Señor hace un despliegue tal de Poesía Divina, que Nos deja apabullados.

 

(3)    Hija mía, mi Amor por la criatura es grande, mira cómo la luz del sol invade la tierra, si tú pudieras deshacer esa luz en tantos átomos, en aquellos átomos de luz oirías mi voz melodiosa, que te repetirían uno tras otro: “Te amo, te amo, te amo”. De modo que no te darían tiempo para numerarlos, quedarías ahogada en el amor. - En otro capítulo similar a este, en que el Señor despliega la naturaleza de Su Dedicación a nosotros, y a nuestro bienestar, que Le dice a Luisa, que si Él se descuidara y Le mostrara Su Amor por ella, “la incine- raría”. Aquí Le habla de que si Él no escondiera esta profusión de Amor, quedaría ahogada en Su Amor.

 

(4)    Y en realidad te amo: te amo en la luz que llena tus ojos, te amo en el aire que respiras, te amo en el murmullo del viento que llega a tus oídos, te amo en el calor y en el frío que siente tu cuerpo, te amo en la sangre que corre en tus venas, te amo en el latido de tu corazón te dice mi latido, te amo te repito en cada pensamiento de tu mente, te amo en cada movimiento de tus manos, te amo en cada paso de tus pies, te amo en cada palabra, - Sus primeras Palabras de este párrafo, Nos recuerda un poco a la expresión que usa el diablo escrutopo con su sobrino, cuando le dice que en el instante mismo en que ellos, los demonios, puedan llegar a descubrir el porqué Dios Nos ama tanto a nosotros Sus Criaturas, porque le dice al sobrino, “que es realmente cierto que los ama tanto”, los demonios tendrían ganada la pelea y podrían vencer a Dios.

 

Nuestro Señor Le dice a Luisa, que “en realidad Te amo”, y la profundidad y trascendencia de estas Palabras se nos escapa, porque por mucho que el Señor describa como ese Amor Suyo se traduce en nuestras existencias, nunca lle- garemos a entenderlo completamente. Aunque no lo dice aquí, pero pudiera haber añadido, que Su Amor es tal, que Nos permite vivir en Su Voluntad, siendo criaturas imperfectas como somos.

 

(5)   Porque nada sucede dentro y fuera de ti si no concurre un acto mío de amor hacia ti, Inesperadamen- te, en este penúltimo párrafo, abandona el Señor toda abstracción, toda Poesía, para comunicarnos, con Palabras sencillas y perfectas, esta Verdad Divina de la que tantas veces hemos hablado: Todo lo que Nos sucede, individual y colectivamente, es un Acto de Amor que sale de Él, en forma de Sugerencia, hacia cada uno de nosotros para que lo completemos.


 

Si dejamos a un lado toda la Poesía del párrafo 4 nos percatamos de que en cada una de las cosas a través de las cuales Nos dice que la ama, está envuelta una funcionalidad perfecta para mostrarnos, alternativamente, según sea necesario, Su Compasión, Su Misericordia, Su Paciencia, Su Belleza, en suma, Su Divinidad, y al hacernos participes de todo lo que Él es, a través de esas cosas, Nos hace partícipe de Su Felicidad y Gloria, que son los Objetivos fundamen- tales de Su Intención al crearnos.

 

(6)    Así que un te amo mío no espera al otro; y de tus te amo, ¿cuántos son para Mí? – En el párrafo final, Jesús siempre aprovecha la oportunidad para alentarnos a hacer, para alentarnos a colaborar con Él; y a veces, lo hace para recriminarnos un poco nuestra inhabilidad de relacionarnos con Él, como Él se relaciona con nosotros. Este es uno de estos casos. Por mucho que Luisa, o nosotros, podemos hacer lo que Nos pide, que incluye decirle que Le amamos, nunca podamos igualarle en la frecuencia y valor de Sus “te amo”

 

Resumen del capítulo del 9 de Mayo de 1912: (Doctrinal) Página 36 Consumación en el verdadero Amor -

 

Esta mañana encontrándome en mi habitual estado, estaba pensando cómo nos podemos consumar en el amor, y el bendito Jesús al venir me ha dicho:

 

“Hija mía, si la voluntad no quiere otra cosa que a Mí solo, si la inteligencia no se ocupa de otra cosa que de conocer- me a Mí, si la memoria no se recuerda de otra cosa sino sólo de Mí, he aquí consumadas las tres potencias del alma en el amor. Así también de los sentidos: Si habla sólo de Mí, si escucha sólo lo que se refiere a Mí, si se gustan sólo las cosas mías, si se obra y se camina sólo por Mí, si el corazón me ama sólo a Mí, si los deseos me desean sólo a Mí, he aquí la consumación del amor formada en los sentidos. Hija mía, el amor tiene un dulce encanto y hace al alma ciega a todo lo que no es amor, y la vuelve toda ojo a todo lo que es amor, así que para quien ama, cualquier cosa que la voluntad encuentra, si es amor, se vuelve toda ojo, si no, se vuelve ciega, tonta y no comprende nada; así la lengua, si debe hablar de amor se siente correr en su palabra tantos ojos de luz y se hace elocuente, si no, se vuelve balbuceante y termina por enmudecer; y así de todo el resto”.

 

* * * * * * *

 

Analicemos este importante capítulo. Jesús continua con Sus Lecciones sobre cómo se desenvuelve Su Relación con nosotros. En este capítulo dirige Su Atención a las herramientas básicas con las que Nos ha dotado para que podamos entenderle, entender la Relación que quiere tener con nosotros, y poner de nuestra parte lo necesario para que esa Relación fructifique.

 

Hija mía, si la voluntad no quiere otra cosa que a Mí solo, si la inteligencia no se ocupa de otra cosa que de conocerme a Mí, si la memoria no se recuerda de otra cosa sino sólo de Mí, he aquí consumadas las tres potencias del alma en el amor. - De lo primero que habla es de las tres potencias anímicas, y Nos hace com- prender que estas tres potencias las infundió en nosotros para que pudiéramos conocerle – inteligencia -, para que pudiéramos recordarnos de Él y de Sus Beneficios memoria -, y por último, para que pudiéramos querer hacer lo que Él sugiere – voluntad -.

 

Continua diciendo, que cuando el alma se aproxima, o llega a este estado, en el que solo quiere lo que quiere Él, no se recuerda de nada mas sino de Él, y solo vive para conocerle más a Él y a Sus Cosas, el alma está en la Relación perfecta con Él, la Relación que siempre ha querido tener con nosotros, una Relación de Consumación en el Amor.

 

Así también de los sentidos: Si habla sólo de Mí, si escucha sólo lo que se refiere a Mí, si se gustan sólo las cosas mías, si se obra y se camina sólo por Mí, si el corazón me ama sólo a Mí, si los deseos me desean sólo a Mí, he aquí la consumación del amor formada en los sentidos. – Lo mismo que sucede con las tres potencias, así debe ser con los cinco sentidos corporales, que son los que dan “entrada” a todo lo que viene de Él, y sirven de apoyo para que el ser humano pueda entrar en esta Relación intima con el Señor. De igual manera que con las tres potencias, si el alma utiliza todos sus sentidos corporales para llegar a una Relación perfecta, entonces también el ser humano ve reforzada esta Consumación en el Amor Divino.

 

Hija mía, el amor tiene un dulce encanto y hace al alma ciega a todo lo que no es amor, y la vuelve toda ojo a todo lo que es amor, - El alma consumada ya, o en vías de consumación, en el Amor Divino, es aquella que ha desarrollado gusto por las Cosas de Él, y sólo es feliz con las Cosas de Él. La Actividad que Él sugiere, y que sale de Él como un Acto de Amor hacia nosotros, tiene un atractivo especial, “un dulce encanto”, para esa alma, y logra en efecto, que esa alma esté cada vez mas apegada a esta Relación que ha comenzado.

 

Tenemos que reafirmar nuestro entendimiento, que hasta Luisa, la única Relación que podía tener con nosotros se desenvolvía a la sombra de Su Redención, y que esta Relación desembocaba, o tenía como Objetivo final, el que Nos salváramos y cumpliéramos una parte de la Vocación Divina a la que hemos sido llamados, en este caso, el Objetivo de nuestra salvación, de que lleguemos a estar siempre con Ellos en Su Realidad, la Realidad Divina de Su Voluntad en el Cielo.

 

Ahora, en estos Escritos, particularmente en estos capítulos, Nos revela, que existe otra Relación, empezada con Su Madre Santísima, pero hecha conocer ahora con Luisa, y es una Relación de Vida en Su Voluntad. Tenemos pues que visualizar la Vida en Su Voluntad de esta manera, a saber, que esta Vida Nos ofrece la extraordinaria oportunidad de entrar en una Relación aun mas especial con Él; Relación que tiene un Objetivo intermedio: la Venida del Reino del Fiat Supremo, Objetivo que Dios quiere que alcancemos juntos.

 

Para que lleguemos a esta Relación en Su Voluntad que quiere de nosotros, Nuestro Señor concede a las almas una sensibilidad especial para todo aquello que proviene de Él, y una actualización especial para todo lo que sale de nosotros en virtud de lo que viene de Él.

 

Así que para quien ama, cualquier cosa que la voluntad encuentra, si es amor, se vuelve toda ojo, si no, se vuelve ciega, tonta y no comprende nada; así la lengua, si debe hablar de amor se siente correr en su palabra tantos ojos de luz y se hace elocuente, si no, se vuelve balbuceante y termina por enmudecer; y así de todo el resto. – Al alma que vive en Su Voluntad, se le concede como un “filtro de Amor”, para que actualice esta Relación tan especial. Cada instancia de vida, cada cosa que entra en nosotros a través de los sentidos corporales, es filtrada por este Filtro de Amor, y si viene de Dios, el alma lo ve, lo oye, lo palpa, lo gusta, lo habla, lo siente, y si no viene de Dios, el alma no lo ve, no lo oye, no lo palpa, no lo gusta, no lo habla ni lo siente. Este rechazo, vuelve al alma desapegada y este rechazo y desapego se convierten en un proceso casi automático. Así como antes lo fácil era verlo todo, oírlo todo, sentirlo todo, apegarse a todo, ahora lo fácil es lo contrario; lo fácil es rechazar todo lo que no percibimos viene de Él, porque lo que viene se mide por este Filtro: Esto que viene, ¿me ayuda a desarrollar esta Relación Especial que Me ha concedido de Vivir en Su Voluntad, o entorpece esta Vida que Me ha concedido?

 


22 de Mayo de 1912 


El verdadero Amor y el descontento – Armonía 

Encontrándome en mi habitual estado, brevemente ha venido el bendito Jesús, y sintiendo en mí un cierto desconten- to me ha dicho:

 “Hija mía, el verdadero amor no está sujeto a descontentos, más bien, de los mismos descontentos toma ocasión para cambiarlos en los más bellos contentos por virtud del amor, mucho más, que siendo Yo el contento de los contentos, no puedo tolerar algún descontento en el alma que me ama, pues sintiendo Yo su descontento como si fuera más mío que suyo, estoy obligado a darle la cosa que la vuelve contenta para tenerla toda uniforme a Mí, de otra manera ha- bría algunas fibras, latidos, pensamientos discordantes, desemejantes, que harían que se perdiera lo más bello de nuestra armonía, y Yo no puedo tolerar todo esto en quien verdaderamente me ama. Además, el verdadero amor por amor obra y por amor no obra, por amor pide y por amor cede, así que el verdadero amor hace terminar todo en el amor, por amor muere y por amor resurge”.


Y yo:


“Jesús, parece que quieres rehuirme con este hablar, pero debes saber que yo no cedo; por ahora por amor cede a mí, hazme un acto de amor y cede a lo que me es tan necesario y que a tanto estoy obligada, del resto cedo todo ante Ti, de otra manera me quedaría descontenta”.

 

Y Jesús: “Quieres vencer por caminos de descontentos”.

 

Ha sonreído y ha desaparecido.

 

* * * * * * *


 

Continúan las lecciones sobre la Relación entre Dios y el ser humano. Esta vez, Nuestro Señor se concentra en un aspecto que conocemos algo, pero desde nuestro punto de vista, no desde el punto de vista Divino. Hablamos, por supuesto, del descontento que, según el Diccionario, puede surgir en nosotros por algún disgusto o desagrado.

 

Hija mía, el verdadero amor no está sujeto a descontentos, más bien, de los mismos descontentos toma ocasión para cambiarlos en los más bellos contentos por virtud del amor, - Muchos son los capítulos que ya hemos estudiado sobre la naturaleza del verdadero Amor, y este es uno más en esta larga serie. Aquí el Señor habla, de que la naturaleza del verdadero Amor, el Ente Divino, no puede estar “sujeta a descontentos”, o sea, no puede estar nunca descontenta. No muy frecuentemente, llegamos a conocer a otra persona que está siempre contenta, que no parece verse afectada por las cosas que disgustan y desagradan, y si llegan a experimentar algún descontento, poco les dura, y en esta característica y actitud optimistas, en este desahogo de su naturaleza verdaderamente amo- rosa, podemos apreciar mas del interior de esa persona que leyendo docenas de resultados de pruebas de personalidad.

 

Es más, como dice el Señor, esas personas generan alegría en otras, porque pronto cambian posibles motivos de des- contento, en oportunidades para sacar a relucir esta actitud optimista, esta actitud que como los magos alquimistas de la antigüedad, cambian el hierro del disgusto por el oro de la contentura.

 

Mucho más, que siendo Yo el contento de los contentos, no puedo tolerar algún descontento en el alma que me ama, - Todo lo dicho por Jesús hasta ahora va dirigido a los seres humanos, que han sido creados en este estado de optimismo, de alquimia emocional. No se trata aquí de la característica del aspecto psicológico definido por la felicidad, sino que se trata del aspecto psicológico que tienen todas las criaturas de estar contentas frente a las adversidades, o de recobrar su contento con mucha rapidez después de un episodio de disgusto o desagrado. Este aspecto de la naturaleza del verdadero Amor en que han sido creadas, queda por supuesto, desvirtuado por el pecado original, que hace que el hombre no solo sufra descontentos, sino que lo hace incapaz de recobrarse de estos episo- dios de descontento con gran facilidad.

 

Ahora el Señor dirige Su Atención a Si Mismo, diciendo que Su Humanidad, con la naturaleza perfecta e inviolada del Verdadero Amor en que fue creada, es el “contento de los contentos”, y que en virtud de esa Condición humana Suya, no tolera descontentos en aquellos que Le aman, o sea, en aquellos que hacen Su Voluntad, viviendo en Su Voluntad, por supuesto.

 

Pues sintiendo Yo su descontento como si fuera más mío que suyo, estoy obligado a darle la cosa que la vuelve contenta para tenerla toda uniforme a Mí, - Dice que siente el descontento de Sus Hijos e Hijas renaci- dos en Su Voluntad, mucho más agudamente de lo que lo podemos sentir nosotros mismos. Su unión con nosotros, en Su Voluntad, es tal, que nada nos sucede que Él no lo sienta con muchísima más intensidad que la que podemos sentir nosotros. En virtud de ese descontento, no propio, pero sentido por Él, en su afinidad con nosotros en Su Volun- tad, Él se ve obligado a tratar de arreglar o resolver la causa del descontento que ese Hijo o Hija Suya tiene, para que así se restablezca rápidamente la afinidad que existía anteriormente. Él tiene que resolver cualquiera situación que provoque alejamiento de Él, cualquier cosa que rompa el “encentramiento” que esa criatura tiene con Él en esta nueva vida a la que la ha llamado.

 

Este es un aspecto emocional del que no teníamos noticias; esta “simpatía” emocional con Sus Hijos e Hijas renacidos en Su Voluntad, quedan aquí confirmadas por Él, y con estos detalles. Para los que tenemos la fortuna de leer este capítulo, esta Enseñanza resulta ser una de las más consoladoras Enseñanzas que hemos leído en estos Escritos: el saber que Nuestro Señor mira y resuelve todo lo que pueda darnos disgusto o desagrado, porque no quiere que nada nos desvíe de la Unidad con Él, en Su Voluntad, aunque solo sea por poco tiempo.

 

De otra manera habría algunas fibras, latidos, pensamientos discordantes, desemejantes, que harían que se perdiera lo más bello de nuestra armonía, - Continúa con Sus Explicaciones de por qué se ve obligado a actuar así, para preservar, escuchemos con atención, para preservar “lo más bello de nuestra armonía”. Observemos que no dice: preservar nuestra armonía, sino que dice: preservar lo más bello de nuestra armonía. Este pensamiento de Jesús es necesario explorarlo con todo cuidado.

 

El concepto de armonía, estrictamente hablando, se refiere al “sonido resultante de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes”. En la definición el Diccionario enfatiza que los sonidos que forman la armonía son simultáneos, pero


diferentes, y lo que los hace armoniosos es que están acordes. En la práctica se dice que varios instrumentos distin- tos, producen un sonido armonioso, porque simultáneamente todos son producidos en el mismo tono musical.

 

Para aquellos que puedan pensar que la armonía implica belleza, entendamos por esta definición que la belleza no entra a jugar en la armonía como un factor esencial o causal, sino que es un factor resultante. Puede haber armonía en un sonido que no es placentero o agradable al oído; por ejemplo, puede haber armonía en el sonido que producen las maquinarias en una fábrica. Sólo la pericia del compositor es lo que hace posible que el sonido sea armonioso y bello.

 

Esto que se aplica al sonido, el Diccionario lo extiende a otras situaciones existenciales, y así la segunda y más conve- niente definición para nuestro capitulo sería la de que “armonía es conveniente proporción y correspondencia de unas cosas o personas con otras”. De nuevo observemos que el Diccionario se abstiene de asignar a esta relación armonio- sa la connotación de que la armonía tiene que ser bella, sino que dice que tiene que ser conveniente.

 

La Armonía de la que Nuestro Señor habla, es, como todo lo relacionado con Él, una Armonía en proceso, una rela- ción, la palabra clave de todos estos capítulos, en la que todo entre nosotros y Él, se va acoplando en las debidas proporciones, empieza a haber una verdadera correspondencia entre lo que Él quiere y lo que nosotros hacemos, que va produciendo un ambiente de paz, de serenidad, de armonía en Su Relación con nosotros, armonía que Él experi- menta, y nosotros también vamos experimentando. Pero, todavía falta mucho, para que esa Relación pueda Él llamar- la, una Relación “bella”. Una Relación Bella, usando como siempre el Diccionario, implica una Relación en el que las partes de esa Relación se sienten inclinadas a amarla, a desearla, porque infunde en las relaciones un gran deleite espiritual. Dicho más llanamente. Una Relación Bella para Nuestro Señor es una Relación que Él goza teniendo, que la anticipa día a día, que la busca activamente. Así como nosotros Le damos los Buenos Días al Jesús Sacramentado por las mañanas, así busca, anticipa, como dicen los americanos, “looks forward”, o como diríamos nosotros, “está loco” porque nos despertemos para poder Él reanudar Su Relación con nosotros. Dormidos no hacemos mucho, y lo que hacemos no es tan importante; despiertos, es mucho lo que podemos hacer, y mucho lo que Él puede disfrutar vién- donos hacerlo.

 

Todo lo que pueda perturbar esta anticipación de Su Relación con nosotros, este nosotros hacer lo que Él Nos pide y que conduce a la venida del Reino, tiene que ser removido de nuestra existencia para que la bella armonía de Su Re- lación con nosotros, Sus Hijos e Hijas renacidos en Su Voluntad, se restablezca y todo proceda como antes, pero más aún.

 

Y Yo no puedo tolerar todo esto en quien verdaderamente me ama. - Dice que no puede tolerar esta situación perturbante, y ya entendemos por qué. El que verdaderamente Le ama, es el único que puede tener esta Relación, bellamente armoniosa.

 

Además, el verdadero amor por amor obra y por amor no obra, por amor pide y por amor cede, así que el verdadero amor hace terminar todo en el amor, por amor muere y por amor resurge.- Parafraseemos este párrafo que resulta confuso por el uso de la palabra amor pero con significados distintos. Así decimos que:

 

Además, el alma que vive en Mi Voluntad y posee el verdadero amor, si Yo lo quiero y sugiero obra y si Yo lo quiero y sugiero no obra; si Yo lo quiero pide y si Yo no lo quiero cede, así que el alma que vive en Mi Voluntad y posee el verdadero amor, completa y hace terminar en el amor todo lo que Yo Le sugiero, porque en el mismo Amor Mío todo fue sugerido. Esa alma, completando Mi Acto de Amor, muere e inmediatamente, en Mi Mismo Amor resurge.

 

Resumen del capítulo del 25 de Mayo de 1912: (Doctrinal) Página 37 La Flexibilidad -

 

Esta mañana, mi siempre amable Jesús, viéndome muy oprimida me ha hecho beber de su corazón y luego me ha dicho:

 

“Hija mía, si un objeto es duro y se le quiere hacer un hoyo o darle otra forma, se arruina o queda hecho pedazos, en cambio, si es blando o de algún material moldeable se puede hacer el hoyo, se le puede dar la forma que se quiere sin temor que se pueda romper, y si se quisiera darle de nuevo su forma original, sin ninguna dificultad el objeto se pres- taría a todo; así es el alma en mi Voluntad, es un objeto moldeable, y Yo hago de ella lo que quiero: Ahora la hiero,


ahora la embellezco, ahora la engrandezco y en un instante la rehago de nuevo, y el alma se presta a todo, no se

opone a nada y Yo la llevo siempre en mis manos y me complazco de ella continuamente”.

 

* * * * * * *

 

Continúa Nuestro Señor explicándonos las características de esta Relación con nosotros en Su Voluntad. En este capí- tulo la característica que destaca es la de la flexibilidad, nuestra adaptabilidad a todo lo que Nos pide.

 

En los primeros años de Luisa, renacida en Su Voluntad en el año de 1889, el Señor destaca por encima de todo la disponibilidad de Luisa, y como la urge para que esté siempre disponible a vivir como alma víctima, viviendo en Su Voluntad. Dice el Señor claramente, y no es necesario explicar mucho mas al respecto, porque Sus Palabras son claras y directas, que “así es el alma en mi Voluntad, es un objeto moldeable, y Yo hago de ella lo que quiero: ahora la hiero, ahora la embellezco, ahora la engrandezco y en un instante la rehago de nuevo, y el alma se presta a todo, no se opone a nada y Yo la llevo siempre en mis manos y me complazco de ella continuamente”.

 

En la medida en que rehusamos acoger algunas de Sus Sugerencias Amorosas, nos vamos haciendo inflexibles, “por- que cuando un objeto es duro, querer darle otra forma, lo arruina o lo hace pedazos”.

 

Resumen del capítulo del 30 de Mayo de 1912: (Doctrinal) - Pagina 37 - Jesús Bilocado y desarrollándose en la criatu- ra que vive en Su Voluntad-

 

Continuando mi habitual estado, me sentía oprimida por la privación de mi siempre amable Jesús, y viniendo me ha dicho:

 

(A)    “Hija mía, cuando estés privada de Mí sírvete de mí misma privación para duplicar, triplicar, centuplicar los actos de amor hacia Mí, de manera de formarte un ambiente, dentro y fuera de ti, todo de amor, de manera que en este ambiente me encontrarás más bello y como renacido a nueva vida, porque donde hay amor ahí estoy Yo, y por eso para el alma que verdaderamente me ama no puede haber separación, más bien formamos una misma cosa, porque el amor parece que me crea, me da vida, me alimenta, me hace crecer; en el amor encuentro mi centro y me siento recreado, renacido, mientras que soy eterno, sin principio y sin fin, pero esto es por causa del alma que me ama; me agrada tanto el amor que me siento como rehecho.

 

(B)    “Además de esto, en este amor Yo encuentro mi verdadero reposo, se reposa mi inteligencia en la inteligencia que me ama, se reposa mi corazón, mi deseo, mis manos, mis pies, en el corazón que me ama, en el deseo que me ama y me desea sólo a Mí, en las manos que obran por Mí, en los pies que caminan sólo por Mí, así que parte por parte Yo voy reposando en el alma que me ama, y el alma con su amor me encuentra en todo y por todas partes, y se reposa toda en Mí, y en mi Amor queda renacida, embellecida y crece en modo admirable en mi mismo Amor”.

 

* * * * * * *

 

En la primera lectura que hicimos de este capítulo extraordinario, se suscitaron las siguientes ideas que transcribimos ahora. No siguen un patrón particular ni siguen estrictamente el orden usual de nuestro análisis, pero pensamos que ofrecen una perspectiva espontanea de lo que este capítulo representa para nosotros.

 

Jesús aclara que Él es eterno, sin principio ni fin, pero se siente obligado a rehacerse, a nacer de nuevo, en el alma que vive estrechamente ligada a Él. Esta alma le da nueva vida. Él quiere recrearse “parte por parte” en el alma del que actúa solo por Él, es decir que Le ama. Se quiere recrear en la inteligencia del que piensa solo en Él, Es decir, se siente duplicar en esa inteligencia de la criatura. El alma del que vive en Su Voluntad Le sirve de madre espiritual a Jesús.

 

Jesús se siente reposar, encuentra Su Paz en esa alma que vive para atender a Sus Sugerencias Amorosas, y el alma cuando Jesús reposa en ella, también ella puede llegar a reposar en Jesús. Encuentra su paz, su centro.

 

Jesús va recreándose en el alma a medida que esta va actuando con sus sentidos y potencias, siguiendo Sus Sugeren- cias Amorosas. La Virgen Madre actuó siempre siguiendo las Sugerencias Amorosas de Dios, y por eso creó en Su alma un cielo de Voluntad Divina, donde pudiera descender el Verbo. Así como ahora Jesús quiere recrearse en la


criatura que vive en Su Voluntad, así también Jesús se creó a Si Mismo en Ella, porque Su Madre Le presentaba el ambiente propicio para que Él pudiera venir a habitarlo.

 

Y comencemos ahora con el análisis formal de este capítulo. Muchos son los Conocimientos que Nuestro Señor Nos brinda. Es difícil comprenderlo porque lo que está describiendo es difícil visualizarlo. Vayamos por partes. Analicemos primero el Bloque (A).

 

Hija mía, cuando estés privada de Mí sírvete de mí misma privación para duplicar, triplicar, centuplicar los actos de amor hacia Mí, de manera de formarte un ambiente, dentro y fuera de ti, todo de amor, de manera que en este ambiente me encontrarás más bello y como renacido a nueva vida, porque donde hay amor ahí estoy Yo. - En varios capítulos anteriores en los que el sufrimiento por Su privación es la razón princi- pal del disgusto de Luisa, Nuestro Señor Le ha explicado las razones de esta Privación, Le ha pedido que las acepte, que las utilice como reparación, y se conforme con esto que Su Voluntad quiere de ella. Aquí, sin embargo, la urge para que utilice Su Privación para crear múltiples actos de amor, como respuesta a esta continua Sugerencia Amorosa que Le hace de que acepte Su Privación como necesaria. Los cientos o miles de actos de amor que conlleva Su Priva- ción contadas en segundos, minutos, horas o días, necesitan ser correspondidos por cientos o miles de completaciones de esos actos de Amor, cuando ella acepta esas Privaciones de segundos, minutos, horas o días.

 

Dicho esto, sin embargo, ya sabemos que todo acto de Amor sugerido por Dios tiene un objetivo dentro del Plan ge- neral que Dios tiene para con ese individuo. Si esto es así, ¿cuál es el objetivo de estas innumerables completaciones de actos de Amor Suyos que conllevan las Privaciones de Él que sufre Luisa? Si Luisa no las va a utilizar para los moti- vos habituales que conocemos, o sea, consolarlo, acompañarlo en el dolor que Le causamos, reparar por los que Le ofenden, ¿para qué quiere Jesús que Luisa los utilice?

 

Él Mismo da la respuesta cuando dice que los utilice para “formarte un ambiente, dentro y fuera de ti, todo de

Amor”.

 

En esta respuesta, Jesús introduce nuevas dificultades. ¿Qué quiere decir con formarte un ambiente? La dificultad de entender este concepto de ambiente se resuelve con lo que dice seguidamente, porque habla de que en ese “ambien- te”, Luisa podrá “encontrarle más bello y como renacido a nueva vida”. El ambiente de Amor de que habla Jesús es como el útero para el feto, porque en ese ambiente de amor, que como el útero materno es todo propicio para la ges- tación del feto, Jesús quiere renacer, crecer y desarrollarse. Rápidamente decimos, sin perder nada del profundo signi- ficado de Sus Palabras, que Jesús quiere renacer, crecer y desarrollarse dentro de Luisa, así como también se ha for- mado, crece y se está desarrollando la Voluntad Bilocada y Obrante que el Espíritu Santo ha encerrado en nosotros cuando Nos concede el Don.

 

Es como si Le dijera a Luisa lo siguiente: Mira Luisa, cuando te veas privada de Mi, del Jesús que tú conoces y que quisieras ver constantemente, utiliza esas Privaciones de Mi, para formar dentro de ti, y fuera de ti, un ambiente pro- picio en el que Yo pueda renacer, crecer y desarrollarme en ti.

 

Obviamente, la pregunta consecuente que Luisa podría hacerse, sería esta: ¿para qué quiero yo otro Jesús dentro de mí, cuando ya yo tengo un Jesús que me visita, al que acompaño, al que consuelo, con el que sufro, y al que amo con todo mi corazón?

 

La respuesta es clarísima, y Jesús la expone de inmediato, al decirle que de este Jesús que has ha hecho renacer en ti, el que se está desarrollando en ti, a la par que se desarrolla la Vida de Mi Voluntad que Te he donado, de ese Je- sús, Luisa, nadie te puede separar, porque este Jesús Lo has creado tu misma con los sufrimientos de Privación del otro Jesús que Te habla.

 

En este punto de la explicación comprendamos, que nada de lo que Jesús Le pide a Luisa, y a nosotros, es opcional, como algo que se Le ocurre a Él en este momento para consolar a Luisa una vez más. Este “recrearle a Él en Luisa y en todos los que viven en Su Voluntad” es esencial a esta Relación con Él en Su Voluntad, y ha sido “pensada” como una parte integral de esta Relación que quiere tener con nosotros.

 

Dicho de otra manera y ampliando aun más el concepto. En esta tercera Vida en Su Voluntad que Nos regala, nuestra tercera vida, son muchas las Entidades que están viviendo con nosotros. En un estudio que hemos hechos separada- mente de este aspecto, titulado: “Protagonistas Divinos en la Vida en la Divina Voluntad”, hablamos en detalle de


cómo las Tres Divinas Personas, El Amor, Jesús y Su Madre Santísima toman parte bilocándose en ese ser humano, como se biloca Su Voluntad. Todos por así decirlo, “renacen” junto con ese ser humano para desarrollarse conjunta- mente con él o ella.

 

Ahora bien. Si así lo entendemos, entendamos también que en el momento de nuestra muerte, todos estos Protago- nistas Divinos habrán llegado a alcanzar el grado de desarrollo querido por Ellos, y que corresponde al Diseño que la Trinidad Sacrosanta tenía en “Su Mente” para cada una de estas vidas que Nos concede a los seres humanos en Su Voluntad. Dicho de otra manera. El Jesús que se desarrolló en Luisa es distinto al que se está desarrollando en cada uno de nosotros, pero inevitablemente será el Jesús que Dios quiso siempre se desarrollara en cada uno de nosotros; y así será de todos y cada uno de los Protagonistas Divinos envueltos.

 

Esta Vida en Su Voluntad no es una Vida aislada del Ser Divino, de todos estos “Protagonistas”, sino que es una Rela- ción indisoluble con todos Ellos; Relación que empieza a vivirse ya aquí en la tierra, que no va a esperar a ser “vivida” en el Cielo cuando muramos, y Relación que crecerá aun mas cuando estemos en el Cielo.

 

Todo lo que sigue en el próximo párrafo, es una recapitulación de lo que ha dicho hasta ahora, pero que seguiremos comentando porque añade nuevos factores a lo descrito.

 

Y por eso para el alma que verdaderamente me ama no puede haber separación, más bien formamos una misma cosa, porque el amor parece que me crea, me da vida, me alimenta, me hace crecer;

en el amor encuentro mi centro y me siento recreado, renacido, mientras que soy eterno, sin principio y sin fin, pero esto es por causa del alma que me ama; Me agrada tanto el amor que me siento como rehe- cho. – Solo comentaremos una Información adicional que el Señor Le da a Luisa y a nosotros, y que es de gran im- portancia pare redondear el Conocimiento que Nos ha dado.

 

Nos referimos al párrafo:en el amor encuentro mi centro y me siento recreado, renacido, mientras que soy eterno, sin principio y sin fin, pero esto es por causa del alma que me ama”

 

Para entenderlo bien tenemos que parafrasearlo y reordenarlo de atrás para adelante. Así decimos que:

 

Aunque soy eterno, sin principio y sin fin, el alma que me ama, es causa, Me “obliga” a recrearme, a renacer en ella, y siguiendo Mis Ordenes, el Amor así lo hace, Me recrea, Me hace renacer, y ahora Yo en esa alma Me encuentro como en mi Centro, que es Centro de Amor.

 

Pero aun no han terminado las Enseñanzas que podemos derivar de este extraordinario capitulo. Es necesario que ahondemos más en cómo podemos recrear en nosotros mismos, este Ambiente de Amor, de Vida, que Jesús quiere encontrar, pero que también quieren encontrar los otros Protagonistas Divinos para poder también Ellos desarrollar en la criatura, la Imagen que de Ellos Mismos quieren ver en esa criatura para siempre.

 

En la medida que desarrollamos ahora estas nuevas ideas, queremos que el lector piense de manera un poco distinta de lo que su actuación en Su Voluntad logra y realiza. Ya sabemos que los actos que realizamos en Su Voluntad, los involuntarios que hemos convertido en voluntarios, y los voluntarios que hacemos siguiendo Sus Sugerencias Amoro- sas, sirven en Su Voluntad para múltiples y variados propósitos que no es necesario volver a explicar. Después de estudiar este capítulo, ahora debemos visualizar y comprender que nuestras acciones en Su Voluntad desarrollan las “vidas” renacidas de todos los Protagonistas Divinos, “Vidas” que ahora moran y se desarrollan en este Vida Sobrena- tural que poseo.

 

Siguiendo este Conocimiento podemos clasificar todas nuestros actos en Su Voluntad en tantas categorías como Protagonistas Divinos existen. No quiere decir esto, que algunos de nuestros actos desarrollan exclusivamente a uno de los Protagonistas Divinos, sino que algunos de nuestros actos van dirigidos mas exclusivamente a ciertos Protagonis- tas. No podemos quizás evaluar y clasificar todo lo que hacemos ahora, pero en la medida que nuevos actos nos sean sugeridos, debemos tratar de clasificarlos, para apropiadamente canalizar este nuevo Conocimiento. Así clasificamos algunos de nuestros actos de la siguiente manera:

 

a)       Actos hechos para desarrollar la Voluntad Suprema que se ha bilocado y obra en mi persona. En esta catego- ría entran ciertos Giros, aquellos no directamente dirigidos a desarrollar la Vida del Padre, la Primera Persona de la Santísima Trinidad, y que clasificaremos enseguida. Entran, en manera preeminente, todos los actos de


Lectura de los Escritos, en los que el Espíritu Santo Nos imparte los Conocimientos que vamos adquiriendo so- bre Su Divinidad. Entra también la Eucaristía diaria, ya que Nuestro Señor Nos dice en el capitulo en que habla sobre los Sacramentos, que una vez que se Nos ha otorgado el Don de Vivir en la Divina Voluntad en présta- mo, las subsiguientes Eucaristías sirven para desarrollar la Voluntad Bilocada y Obrante en nosotros.

 

b)       Actos hechos para desarrollar la Vida del Padre, la Primera Persona de la Santísima Trinidad que habita y obra en nosotros. En esta categoría entran todos los Giros que podemos hacer y tengan que ver con la Acción Creadora de Dios Padre, acción que se ha arrogado a Si Mismo. Estos son los Giros que normalmente llama- mos Giros de la Creación. Asimismo pueden clasificarse aquí todas las lecturas que hagamos del Antiguo Tes- tamento, y que relacionan a Dios Padre como Yahvé, todo lo relativo al Génesis y los otros 4 Libros del Penta- teuco. En otras palabras, cada vez que recordamos y repetimos la Obra Creadora de Dios, estamos desarro- llando la Vida del Padre en nosotros.

 

c)        Actos hechos para desarrollar la Vida del Jesús embriónico que se ha bilocado en nosotros, y que al estar uni- do hipostáticamente a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, estamos simultáneamente haciendo por la Segunda Persona de la Trinidad. En esta categoría entran todos los actos que realizamos en las lecturas de las Horas de la Pasión, las Lecturas Evangélicas, Los Salmos que se relacionan con Él, las lecturas proféticas que profetizan Su Venida, etc. Entran también en esta clasificación, las 33 Visitas Espirituales al Santísimo Sacra- mento, las oraciones relativas a las almas que todavía residen en el Purgatorio de Su Humanidad. De nuevo repetimos, el hacer estos actos dirigidos a Él, con el propósito de crear en nosotros el ambiente propicio para que Él se desarrolle, y se haga realidad en nosotros, la Imagen Suya que Él siempre ha querido tener y ver en nosotros cuando Nos mira.

 

d)       Actos hechos para desarrollar la Vida del Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad que mora y obra en nosotros. En esta categoría entra todo lo que hagamos para enseñar y de esa manera propagar la Santificación en Su Voluntad que el Espíritu Santo quiere desarrollar en todos Sus Hijos e Hijas, como ya lo ha hecho en nosotros. Entra en esta categoría también, todo lo que hagamos por Su Iglesia, la Iglesia que Él conduce admirablemente, y como “contra viento y marea” la preserva para que realice Su Función entre noso- tros. Entra en esta categoría también, la vida de los Sacramentos entre nosotros, Sacramentos instituidos por Nuestro Señor pero administrados ahora con todo cuidado por el Espíritu Santo.

 

e)       Actos hechos para desarrollar la Vida de Nuestra Madre Santísima que también se ha bilocado en nosotros, para custodiar esta Preciosa Vida que el Espíritu Santo Le entrega para que Ella sea el Canal a través del cual esta Vida se Nos entrega. En esta categoría entra las lecturas del libro de la Virgen María en el Reino de la Di- vina Voluntad. Entran también todas las Devociones Marianas, como el Rosario, el Santo Escapulario, activida- des que ahora debemos reordenar con el fin de desarrollar la Imagen de Nuestra Madre que Dios quiere ver de Ella en nosotros.

 

f)        Actos hechos para desarrollar la Vida del Amor que también se ha bilocado en nosotros y vincula a todos los Protagonistas con nosotros, los nuevos Hijos e Hijas renacidos en Su Voluntad. En el Amor de Dios todos los actos humanos quedan concebidos, y en “alas del Amor” todos llegan a nosotros para que los completemos. El Amor lo desarrollamos en cada acto de Amor Divino que completamos, y formamos el ambiente propicio para que todo lo que Jesús ha dicho en este capítulo suceda.

 

* * * * * * * Y ahora para terminar este capítulo, analicemos el Bloque (B).

Además de esto, en este amor Yo encuentro mi verdadero reposo, se reposa mi inteligencia en la inteli- gencia que me ama, se reposa mi corazón, mi deseo, mis manos, mis pies, en el corazón que me ama, en el deseo que me ama y me desea sólo a Mí, en las manos que obran por Mí, en los pies que caminan sólo por Mí, así que parte por parte Yo voy reposando en el alma que me ama, y el alma con su amor me en- cuentra en todo y por todas partes, y se reposa toda en Mí, y en mi Amor queda renacida, embellecida y crece en modo admirable en mi mismo Amor. – Jesús añade un concepto interesante en esta interacción que quiere con nosotros, mientras recrea y rehace Su Persona en nosotros que vivimos en Su Voluntad. Dice que cuando Él actúa, o sea, cuando Él prepara los Actos de Amor que quiere realicemos, y Nos los envía en forma de Sugerencias Amorosas, Él está activamente trabajando, mientras que esa criatura reposa, esperando por esta Sugerencia Amorosa


de Acción; y en ese reposo en Él y en el Amor, dice Jesús, “la criatura queda renacida, embellecida y crece en modo admirable en Su Mismo Amor”. En cuanto Él envía la Sugerencia Amorosa y la criatura que vive en Su Voluntad la acoge y comienza a ejecutarla, Él entonces reposa, “reposa en la inteligencia del que Le ama, se reposa Su Corazón en el corazón de la criatura que Le ama”, y así de todo lo demás.

 

Resumen del capítulo del 2 de Junio de 1912: (Doctrinal) Pagina 39 -

 

Continuando mi habitual estado me lamentaba con Jesús de sus privaciones, y Él me ha dicho:

 

“Hija mía, cuando en el alma no hay nada extraño a Mí o que no me pertenezca, no puede haber separación entre Yo y el alma; más bien te digo que si no hay ningún pensamiento, afecto, deseo, latido que no sea mío, Yo tengo al alma Conmigo en el Cielo, o bien permanezco con ella en la tierra. Solamente esto me puede dividir del alma, si hay cosas extrañas a Mí, y si esto no lo adviertes en ti, ¿por qué temes que me pueda separar de ti?”

 

* * * * * * *

 

Este es un capitulo complementario al anterior, en el que Jesús añade un detalle nuevo importantísimo al proceso de desarrollo de Su Bilocación en el alma de la criatura que vive en Su Voluntad. Este detalle lo amplificará grandemente en el volumen 20 donde Nos da los primeros detalles de cómo será el Reino del Fiat Supremo en la tierra como en el Cielo. Por ahora, se contenta aquí con expresar que “Yo tengo al alma Conmigo en el Cielo, o bien permanezco con ella en la tierra”, porque el alma que vive en Su Voluntad, todo lo de esa criatura es de él, y esa criatura no piensa, ni desea, ni tiene afecto por nada que no sea de Él. De esa alma, dice Jesús, nada Le puede separar.

 

Resumen del capítulo del 9 de Junio de 1912: (Doctrinal) Pagina 39 -

 

Sintiéndome un poco sufriente estaba diciendo a mi siempre amable Jesús:

 

“¿Cuándo me llevarás Contigo? ¡Ah, pronto Jesús, haz que la muerte me quite esta vida y me reúna Contigo en el Cielo!”

 

Y Jesús:

 

“Hija mía, para el alma que hace mi Voluntad y vive en mi Querer no hay ni existen muertes. La muerte está para quien no hace mi Voluntad, porque debe morir a tantas cosas: a sí mismo, a las pasiones, a la tierra; pero quien hace mi Voluntad no tiene a que cosa morir, ya está habituado a vivir de Cielo, no es otra cosa que dejar sus harapos, co- mo uno que dejara los vestidos de pobre para vestirse con las vestiduras de rey para dejar el exilio y llegar a la patria, porque el alma que hace mi Voluntad no está sujeta a la muerte, no tiene juicio, su vivir es eterno, lo que debía hacer la muerte lo ha hecho anticipadamente el amor, y mi Querer la ha reordenado toda en Mí, de manera que no tengo de qué juzgarla. Por eso estate en mi Voluntad, y cuando menos lo pienses te encontrarás en mi Voluntad en el Cielo”.

 

* * * * * * *

 

Para Luisa, morir es vivir, y vivir es morir, porque la vida sin Jesús, parcialmente privada de Él, es una muerte conti- nua; mientras que morir sería empezar a vivir junto con Jesús para siempre.

 

A Luisa se le olvida fácilmente, porque lo que no se padece no se recuerda, que el Señor Le ha hecho fácil el vivir despojada de todo: nace sin concupiscencia, vive aislada de todo y de todos, excepto lo más necesario para la vida corporal, y todo esto mientras vive en Su Voluntad en propiedad, desde los 24 años. Por otro lado, como solo tiene a “Su Jesús”, no debe extrañarnos, ni podremos nunca comprender la dimensión de su dolor por la privación temporal de Su Presencia.

 

El Señor Le da más importancia a morir a todo aquello que ella no padece, pero nosotros sí, que a la muerte física que tanto tememos. Para el Señor es más difícil el que nosotros muramos a nuestro ser enfermizo por las pasiones e incli- naciones desordenadas, que a nuestro cuerpo físico, porque la muerte física la controla Él, pero la muerte espiritual depende de nosotros, con Su Ayuda ciertamente, pero depende en su mayor parte de nosotros mismos. La muerte natural no separa a la criatura de Dios, muy por el contrario la reúne a Él para siempre, mientras que la muerte espiri- tual nos aleja de Él para siempre.


 

Con estas palabras preliminares, analicemos ahora este capítulo que habla sobre la situación del alma que muere en Su Voluntad. Como hace a menudo, la palabra muerte o morir no tiene un significado único, y esto hace al párrafo siempre interesantemente complicado. Vayamos por partes.

 

Hija mía, para el alma que hace mi Voluntad y vive en mi Querer no hay ni existen muertes. Al Jesús usar la palabra muerte en plural nos da indicios de que no habla de la muerte física solamente, sino que habla tam- bién de lo que Él denomina muerte a los afectos, muerte a las malas inclinaciones, muerte a todo lo que pueda apar- tarle de Él. Dice que para esas almas no existen ninguna de estas muertes. En seguida explicará el por qué esas muertes ya no tienen efecto en esa criatura a la hora de su muerte.

 

La muerte está para quien no hace mi Voluntad, porque debe morir a tantas cosas: a sí mismo, a las pa- siones, a la tierra; - No es posible, como ya sabemos y Jesús lo manifiesta muchas veces en estos Escritos, para un alma entrar en el Cielo con el lastre de todas estas “cosas de tierra” que a la tierra la atan y no la dejan remontar el vuelo hacia Él. Esta es una de las labores del Purgatorio, el purgar de esa alma todas esas malas inclinaciones, esos apegos que todavía puedan existir y existen en estas almas que no han hecho Su Voluntad consistentemente y que no han vivido en Su Voluntad.

 

Pero (para) quien hace mi Voluntad no tiene a que cosa morir, ya está habituado a vivir de Cielo, (la muerte) no es otra cosa que dejar sus harapos, como uno que dejara los vestidos de pobre para vestirse con las vestiduras de rey para dejar el exilio y llegar a la patria, - Nuestro Señor es bien explicito en esta cuestión de que cuando hacemos Su Voluntad, viviendo en Su Voluntad, vamos dando “muerte” a todas nuestras pa- siones, malas inclinaciones, etc. Todo lo que es de tierra se va desvaneciendo en nosotros, para ser reemplazado por Sus Cosas. Por eso dice, que nos habituamos a “vivir de Cielo”, porque nada queremos hacer que no sea lo que Él Nos envía y sugiere. Habla de que nos despojamos de los harapos que teníamos, para irnos vistiendo, día a día, con las nuevas vestiduras reales de Su Voluntad, y cuando morimos físicamente, ya estamos vestidos con ropas de la Patria Celestial.

 

Porque el alma que hace mi Voluntad no está sujeta a la muerte, no tiene juicio, su vivir es eterno, - Tres cosas dice del que vive en Su Voluntad.

 

1)       Dice que no está sujeto a la muerte, pero en este caso no habla de la muerte física, que inevitablemente su- cede, sino a la muerte espiritual que debe ocurrir en toda otra criatura en circunstancias normales.

 

2)       Dice que no tiene juicio, y añadimos nosotros juicio final, porque ya Nos ha hecho conocer en otros capítulos que el alma que vive en Su Voluntad va siendo llamada a muchos mini-juicios en su vida, mini-juicios o citato- rios en los que el alma va purgando las muchas imperfecciones que la aquejaban. El encuentro con el Señor en ese momento final de nuestras vidas, ya no será un juicio como tal, sino una entrevista de Bienvenida a la Patria Celestial.

 

3)       Dice que su vivir es eterno. Desde el mismo instante en que Nos concede el Don en préstamo, hasta el mo- mento en que Nos concede el Don en propiedad, mucho antes de nuestra muerte física, o en el momento de nuestra muerte física, como ya hemos estudiado, esa criatura empieza a vivir vida de eternidad.

 

Lo que debía hacer la muerte lo ha hecho anticipadamente el amor, y mi Querer la ha reordenado toda en Mí, de manera que no tengo de qué juzgarla. – Al seguir consistentemente Sus Sugerencias Amorosas, y completado Sus Actos de Amor, ese Mismo Amor nos ha estado moldeando, purificando, desplazando todo lo que antes constituía nuestra vida, para convertirla ahora en vida de Dios. Además de eso, Su Voluntad ha ido reordenando todas nuestras intenciones para afinarnos a Sus Intenciones, ha ido reordenando todos nuestros

Conocimientos para convertirlos en Conocimientos Suyos. Todo lo vemos ahora como lo ve Él. Por esto dice, que ya no tiene de que juzgarnos, porque Su Amor y Su Voluntad nos han cambiado en la criatura que Él siempre quiso fué- ramos, como siempre quiso que fueran Adán y Eva y toda su descendencia.

 

Por eso estate en mi Voluntad, y cuando menos lo pienses te encontrarás en mi Voluntad en el Cielo. - Termina Jesús, como casi siempre termina, exhortando a Luisa para que permanezca en Su Voluntad, para que los mini-juicios continúen, para que Su Amor la siga transformando, para que Su Voluntad pueda continuar impartiendo


Sus Lecciones y Sus Conocimientos, y de esta manera, en cuanto ella menos lo piense se encontrará en Su Voluntad en el Cielo.

 

Resumen del capítulo del 28 de Junio de 1912: (Doctrinal) Pagina 40 -

 

Continuando mi habitual estado, mi bendito Jesús ha venido y me ha dicho:

 

“Hija mía, el alma que hace mi Voluntad es cielo, pero cielo sin sol y sin estrellas, porque el Sol soy Yo y las estrellas que embellecen este cielo son mis mismas virtudes. ¡Qué bello es este cielo, de hacer enamorar a cualquiera que lo pueda conocer! Y mucho más quedo Yo enamorado, porque como Sol me pongo en el centro de este cielo y lo voy saeteando continuamente de nueva luz, de nuevo amor, de nuevas gracias. Bello este cielo al verse si resplandece el Sol, esto es cuando me manifiesto y acaricio al alma y la colmo de mis carismas, la abrazo, y tocado por su amor des- fallezco y me reposo en ella, todos los santos vienen en torno a Mí mientras reposo y quedan sorprendidos al mirar este cielo donde Yo soy el Sol, y quedan extasiados por este portento prodigioso, que ni en la tierra ni en el Cielo se puede encontrar cosa más bella, más agradable para y para todos. Bello este cielo si el Sol se esconde, esto es si la privo de Mí, ¡oh! Cómo se admira entonces la armonía de las estrellas, porque el aire de este cielo no está sujeto a nubes, a temporales, a tempestades, porque el Sol escondido está escondido en el centro del alma, y su calor es tan ardiente que destruye las nubes, temporales y tempestades. El aire de este cielo es siempre tranquilo, sereno, aromá- tico, las estrellas que más resplandecen son paz perenne y amor sin término. Escondida, o ella en el Sol, y desapare- cen las estrellas; o el Sol en ella, y entonces se ve la armonía de las estrellas. Bello en todos modos, este cielo es mi contento, mi reposo, mi amor, mi paraíso”.

 

* * * * * * *

 

En el capítulo del 30 de Mayo de 1912, de este volumen, Jesús declara que necesita crecer y desarrollarse en un am- biente de Amor propicio, que el alma que vive en Su Voluntad necesita crearle, así como un embrión o feto necesita desarrollarse en el ambiente propicio del útero de una madre.

 

Ahora Nos dice que cuando Él se biloca en el alma que vive en Su Voluntad, Él hace al alma cielo, y Él se hace sol para iluminarla. Así como Él embriónicamente necesita desarrollarse con los Actos de Amor que la criatura completa, en Su Voluntad; así, esos mismos actos de Amor hacen que Él como sol, se haga más incandescente.

 

Ahora bien, cuando el sol que es Él deja de iluminar al alma, por las razones que ya sabemos, sean estas Privaciones como en el caso de Luisa, o desgano espiritual en el caso nuestro, Él aprovecha esos momentos para mostrar en nuestro cielo sin sol, el tachonado de estrellas que son las Virtudes que Le adornan. Dicho de otra manera. En Su Voluntad, nunca estamos separados de Él, ni como Segunda Persona de la Santísima Trinidad, ni como el Jesús glorifi- cado, puesto que o vemos al Sol que Él es, o vemos las estrellas que son Sus Virtudes. Este espectáculo “celestial” Él lo ve, y Él lo disfruta, y lo ven también los Santos del Cielo que quedan extasiados ante este “portento prodigioso”. Este espectáculo resulta porque Sus actos de Amor que completamos, resuenan en Sus Virtudes, y las hacen estrellas. Nosotros también podemos verlo ahora que Nos lo describe, con los Ojos de la Fe, porque creemos.

 

Y ponemos punto porque es difícil analizar más, lo que describe tan maravillosamente. Resumen del capítulo del 4 de Julio de 1912: (Doctrinal) – Pagina 42 -

Esta mañana, después de la comunión estaba diciendo a mi siempre amable Jesús:

 

“¡A que estado me he reducido, parece que todo me huye, sufrimientos, virtudes, todo!”

 

Entonces Jesús:

 

“Hija mía, ¿qué tienes? ¿Quieres perder el tiempo? ¿Quieres salir de tu nada? Ponte en tu puesto, en tu nada, a fin de que el Todo pueda tener su lugar en ti. Has de saber que toda tú debes morir en mi Voluntad, el sufrir, las virtudes, todo; mi Querer debe ser la tumba del alma y así como en la tumba la naturaleza se consume hasta en realidad desa- parecer, y de esa misma consumación resurgirá a vida más bella y nueva, así el alma sepultada en mi Voluntad como dentro de una tumba, morirá al sufrir, a sus virtudes, a sus bienes espirituales y resurgirá en todo a la Vida Divina.


¡Ah! hija mía, parece que quieres imitar a los mundanos que son llevados a lo que está en el tiempo y termina, y a lo que es eterno no lo toman en cuenta. Amada mía, ¿por qué no quieres aprender a vivir sólo de mí Querer? ¿Por qué no quieres vivir sólo de la vida del Cielo aun estando en la tierra? Mi Querer es el Amor, lo que no muere jamás, así que para ti el sepulcro debe ser mi Voluntad, la lápida que te debe encerrar, lapidar, sin darte la esperanza de salir es el amor. Y además, cada pensamiento que se refiere a sí mismo, aun sobre las mismas virtudes, es siempre un ganar para sí mismo y huir de la Vida Divina; en cambio, si el alma piensa sólo en Mí, me ve sólo a Mí, toma en ella la Vida Divina, y tomando la Vida Divina huye la humana y toma todos los bienes posibles. ¿Nos hemos entendido?”

 

* * * * * * *

 

Inicia el Señor aquí, una serie de capítulos sobre cómo debemos vivir en Su Voluntad, en forma continua, no esporádi- ca, porque vivir en Su Voluntad es labor a “tiempo completo”.

 

Aunque lo que dice Luisa al comenzar este capítulo no parece ser muy distinto, ni más ni menos quejoso, de lo que dice en otros capítulos, sobre los sufrimientos ocasionados por Su Privación, provoca en el Señor una reprimenda des- acostumbradamente fuerte. Los que preparan estas Guías de Estudio piensan que podemos aprovechar lo que Le dice a Luisa para descubrir nuevos Conocimientos sobre cómo debe ser nuestra vida en Su Voluntad en esta forma conti- nua que anunciamos en el párrafo anterior. Así analicemos lo que dice:

 

(1)    Hija mía, ¿qué tienes? ¿Quieres perder el tiempo? ¿Quieres salir de tu nada? – Empiezan las lecciones prácticas para Luisa y para nosotros, que no debemos ver como regaño, sino como lección provechosa.

 

La primera pregunta: ¿Quieres perder el tiempo? Debemos cambiarla en afirmación, y así cambiamos el regaño en lección. Así podría decir el Señor que pierdes tu tiempo cuando te preocupas, examinas o te duele lo que te sucede, más allá de lo que es necesario para encontrar solución a la situación que te aqueja, suponiendo que lo que te aqueja tenga alguna solución de tu parte. Es obvio que pocas soluciones podía ella encontrar a los pocos problemas que la aquejaban; eran problemas profundos pero eran pocos, por el estado de aislamiento en el que ella vivía, y los pocos que tenía estaban directamente relacionados con la Vida en Su Voluntad en la que vivía. No ocurre así con nosotros, que no podemos separarnos de lo que nos rodea, pero si podemos “no perder el tiempo” dedicándole más esfuerzo y tiempo que el necesario, buscando soluciones a esos problemas.

 

A la segunda pregunta podemos darle el mismo “tratamiento” poniendo en boca del Señor lo siguiente: Luisa, no quie- ro que salgas de tu nada, quiero que el tiempo que le dedicas a la queja, a preocuparte, a examinar lo que sucede para buscar tu una solución por ti sola, sea un tiempo mínimo, preferiblemente que no le dediques tiempo alguno, porque la solución a tus problemas debes buscarla en Mi, que soy tu todo.

 

(2)    Ponte en tu puesto, en tu nada, a fin de que el Todo pueda tener su lugar en ti. Lo importante, Luisa, es dejar que Yo, que soy el Todo, pueda tener siempre el lugar preponderante en tu vida, y eso solo se consigue po- niéndote en tu puesto, que en este caso, es confiar en Mi, y no en ti; morir a todo lo que no es Mío o viene de Mi, para vivir solo de lo que de Mi sale para ti.

 

(3)    Has de saber que toda tú debes morir en mi Voluntad, el sufrir, las virtudes, todo; mi Querer debe ser la tumba del alma y así como en la tumba la naturaleza se consume hasta en realidad desaparecer, y de esa misma consumación resurgirá a vida más bella y nueva, así el alma sepultada en mi Voluntad como dentro de una tumba, morirá al sufrir, a sus virtudes, a sus bienes espirituales y resurgirá en todo a la Vida Divina. – La situación comienza a complicarse en este párrafo, porque Nuestro Señor destaca, que toda ella debe morir en Su Voluntad, y en ese todo de Luisa, se encuentran las virtudes practicadas y el sufrimiento expe- rimentado. Para el que comienza esta Vida en Su Voluntad que Le han concedido en préstamo, esta es una de las enseñanzas más difíciles de aceptar. Tan acostumbrados estamos a mirar nuestra vida como una vida en la que se adquieren virtudes, que mientras más adquirimos mejor; y que este tesoro adquirido es lo más precioso que podemos llegar a poseer, que se nos olvida que la adquisición de las virtudes solo tiene sentido si la vemos como una de las maneras que tenemos para acercarnos más a Jesús, a Nuestro Dios, de ser mas como Él es.

 

La virtud es nada fuera de este contexto, o mejor dicho, es algo humanamente deseable, pero no divinamente acep- table, porque antes, fuera de Él como meta de Salvación, y ahora, fuera de esta Vida en Su Voluntad, toda actividad humana es “paja”, como ya hemos aprendido en el capítulo del 26 de Julio de 1917, volumen 22.


Pero esto no es lo principal del párrafo. Jesús deja las preguntas para iniciar la comparación que ahora lleva hasta el final del capítulo, de que “Su Querer debe ser la tumba del alma, y el Amor la lápida”. Nuestro Señor explica, que el que está en la tumba, muere al sufrir, muere a las virtudes, muere a todos los bienes espirituales y materiales que poseía en vida, así nosotros, en vida, debemos actuar como si ya estuviéramos en la tumba, porque ese es uno de los aspectos que definen lo que significa para Él vivir en Su Voluntad: morir a nuestra vida anterior.

 

El que ha muerto, ya no desea, ya no pide, lo único que puede hacer, y nos excusamos por la incongruencia macabra, es dejarse llevar a la tumba sin protestar. Hay un cuento macabramente cómico, en el que un amigo le dice al otro que está agonizando que cuando el muera, el piensa quedarse con sus libros, a lo que el agonizante responde: “haz lo que quieras, yo no voy a protestar”. Una de las razones más profundas por las que Nuestro Señor actuaba como ac- tuaba mientras estuvo con nosotros, y particularmente en las Horas de la Pasión, es porque Él vivía en la Tumba de la Voluntad de Su Padre, y por eso se dejaba llevar, sin protestar por nada de lo que Le sucedía, como el cordero es llevado al matadero sin protestas.

 

La Vida sobrenatural que Nos prepara, viviendo o no en Su Voluntad, es una Vida que no depende de nosotros para ser todo lo satisfactoria y gozosa posibles, porque ese es Su Regalo Eterno para nosotros. Decía San Agustín “que en el Cielo todos seremos todo lo felices que somos capaces de ser”. Dicho de otra manera, desde un punto de vista sub- jetivo, la felicidad que experimentaremos en el Cielo será el máximo de felicidad que cada uno de nosotros puede experimentar, y esa capacidad, obviamente, depende de los “tesoros que hemos acumulado en el cielo”, es decir, cómo nuestras acciones en la tierra, han ensanchado nuestra capacidad para gozar en el Cielo. Por tanto, es justo que la “cantidad” de felicidad que recibe un Santo de altar, sea objetivamente, mucho más grande que la que va a recibir otro mortal cualquiera.

 

Desde este punto de vista, dice el Señor en el párrafo 5, que cuando vivimos en Su Voluntad, vivimos más de la Vida del Cielo aun cuando todavía estamos en la tierra, con lo que significa, que aunque pueda no parecérnoslo, ya esta- mos disfrutando de la Felicidad que Él ha preparado especialmente para aquellos que vivan en Su Voluntad; pero, de nuevo, esa Felicidad no depende de nosotros, sino de Él. A nosotros lo que nos toca es vivir en Su Voluntad, dejar que la Vida que quiere vivamos, fluya en nosotros sin ninguna interrupción, sin altos ni bajos, sencillamente que fluya, como fluye la Vida Divina.

 

(4)   ¡Ah! hija mía, parece que quieres imitar a los mundanos que son llevados a lo que está en el tiempo y termina, y a lo que es eterno no lo toman en cuenta. – Continúa Nuestro Señor con la larga lista de recrimina- ciones, al parecer necesarias para volver a “encarrilar” a Luisa en el camino correcto; pero como siempre ocurre, tam- bién nos sirve a todos nosotros que puede olvidársenos, con la misma frecuencia, cual es ahora el camino correcto a seguir en Su Voluntad.

 

Sin embargo, no debemos pasar adelante sin comprender lo mejor posible, que quiere decir el Señor cuando dice que “a lo eterno no lo toman en cuenta”. Es fácil la explicación y podemos anunciarla diciendo que lo mundano es lo que nosotros queremos hacer, y lo eterno es lo que Él quiere que hagamos. ¿Por qué? Sencillamente, porque lo que viene de Él, en forma de Sugerencia Amorosa, independientemente de si vivimos o no en Su Voluntad, es un Acto de Amor Suyo que completamos y por tanto es acto que lleva semilla eterna que Él puede recibir y atesorar. Lo que no viene de Él, sino de otros, o que nos inventamos nosotros mismos, es paja que nada porta de Él, y por tanto no puede ate- sorarse, y se tolera porque siempre hay la esperanza que cambiemos de manera de actuar, y empecemos a actuar como Él quiere.

 

(5)    Amada mía, ¿por qué no quieres aprender a vivir sólo de mí Querer? ¿Por qué no quieres vivir sólo de la vida del Cielo aun estando en la tierra? – Si como hemos hecho en los primeros párrafos, cambiamos Su Pregunta por una Afirmación, los párrafos que resultan son la Enseñanza mas condensada que existe para que todos entendamos lo que estamos haciendo; de lo que empezamos a hacer cuando nos comprometimos a vivir en Su Volun- tad y se lo pedimos.

 

Tenemos que vivir solo de Su Querer, siguiendo Sus Sugerencias siempre.

Aunque estamos en la tierra, tenemos que aprender a vivir sólo de la vida del Cielo que esperamos.

 

(6)    Mi Querer es el Amor, lo que no muere jamás, así que para ti el sepulcro debe ser mi Voluntad; la lápida que te debe encerrar, lapidar, sin darte la esperanza de salir es el amor. - La Voluntad de Dios, el Querer de Dios, viene expresado en el Acto de Amor que Nos sugiere, y ese Acto de Amor no está sujeto a morir o


desaparecer; a lo mas, puede quedar incompleto a la espera de que algún día nosotros lo completemos, o aquí en la tierra, o en el Purgatorio. Para los que viven en Su Voluntad, los Actos de Amor que Nos sugiere y que completamos, quedan encerrados en el “Sepulcro” de Su Voluntad, y a cada acto de Amor completado, el Mismo Amor Le pone una lapida. Nos atrevemos a decir, porque Él es el que usa la analogía, y no nosotros, que esa lapida lleva inscrito el mo- mento en que el acto fue completado, y el valor que ese acto tiene eternamente, así como la lapida de nuestros se- pulcros lleva inscrita las fechas de nuestro nacimiento y muerte, y algunas veces, aquello por lo que nos hemos “dis- tinguido”.

 

(7)    Y además, cada pensamiento que se refiere a sí mismo, aun sobre las mismas virtudes, es siempre un ganar para sí mismo y huir de la Vida Divina; - Quiere el Señor remachar más aun el concepto de que nada le sirve a Él lo que hacemos por nuestra cuenta, vivamos o no en Su Voluntad, porque lo que logramos, si algo logra- mos, es ganar para nosotros mismos un sentido de logros humanos, y que como dice en el texto Evangélico no que- dan sin recompensa en la tierra, porque a magnánimo no hay quien le gane, pero no en el Cielo que es donde debe- mos querer que Nos recompense.

 

(8)    en cambio, si el alma piensa sólo en Mí, me ve sólo a Mí, toma en ella la Vida Divina, y tomando la Vida Divina huye la humana y toma todos los bienes posibles. ¿Nos hemos entendido? – Lo más notable de este párrafo es Su Afirmación de que en la medida que dejamos que Su Amor fluya en nosotros, a través de los Actos que Nos sugiere que hagamos, vamos tomando Su Vida Divina y reemplazándola, desplazando, la anterior vida huma- na, que vamos poco a poco, dejando atrás. No es este un proceso instantáneo, sino que es un proceso de vida, en el que mas y mas hacemos lo que Él quiere, sin trepidaciones, sin excesivas preocupaciones, confiando en que Él Nos guía, y que lo que sucede en cada día, es parte de ese Plan de Vida en el que Nos ha puesto, porque se lo hemos pedido; y porque se lo hemos pedido se responsabiliza con darnos lo que necesitamos hacer, cada día, para que ese Plan se cumpla.

 

Resumen del capítulo del 19 de Julio de 1912: (Doctrinal) Pagina 43 nuevas lecciones sobre el verdadero Amor -

 

Esta mañana encontrándome en mi habitual estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:

 

(A)    “Hija mía, siento tu aliento y recibo consuelo, y no sólo cuando me estoy junto a ti tu aliento me da consuelo, sino también cuando los demás hablan de ti y de las cosas dichas por Mí para bien suyo, siento por medio de ellos tu alien- to y me complazco, y mi consuelo se duplica y digo: “También por medio de los demás mi hija me envía su consuelo, porque si no hubiera estado atenta en escucharme, jamás habría podido hacer el bien a los demás, por eso es siempre ella que me da este consuelo”. Por eso te quiero más y me siento inclinado a venir a conversar contigo”.

 

Después ha agregado:

 

(B)    “El verdadero amor debe ser solo; en cambio cuando está apoyado en algún otro, aunque sea santo, aunque sea persona espiritual, me da nausea y en lugar de contento me da amargura y fastidio, porque el amor, sólo cuando es solo, me da completo dominio y puedo hacer lo que quiero del alma; además el ser solo es de la naturaleza del verda- dero amor. En cambio cuando no es solo, una cosa se puede hacer, pero otra no; es un dominio restringido que no me da plena libertad, y por lo tanto el amor se encuentra a disgusto y restringido”.

 

* * * * * * *

 

Antes de comenzar con el análisis del Bloque (A), debemos consignar inmediatamente el significado de la palabra consuelo, que es el tema central del Bloque. Es palabra conocida que nos viene a los labios frecuentemente, pero que conviene sepamos exactamente lo que significa. Así dice el Diccionario que consuelo es “descanso y alivio de la pena, molestia o fatiga, que aflige y oprime al ánimo”. Dice que es “gozo y alegría”, y dice que es “misericordia”. Y analice- mos ahora el Bloque (A).

 

Hija mía, siento tu aliento y recibo consuelo, -Jesús Le comunica a Luisa que el sentir su aliento cuando la visita, Le sirve de gran consuelo. Luisa es una de las almas victimas en la tierra con la cual Él puede compartir Sus Penas, y es la única en la tierra a la que está comunicando las Verdades sobre Su Divinidad, y los Conocimientos de cómo vivir en Su Voluntad. Ella es la única capaz de recibir todos Sus Bienes, porque ella ha sido capacitada por Él Mismo para recibirlos viviendo en Su Voluntad. Así que en la tierra hay ahora un pequeño Paraíso llamado Luisa, como antes lo tenía con Su Madre Santísima cuando ella estaba entre nosotros.


 

y no sólo cuando me estoy junto a ti tu aliento me da consuelo, sino también cuando los demás hablan de ti y de las cosas dichas por Mí para bien suyo; siento por medio de ellos tu aliento y me complazco, y mi consuelo se duplica y digo: “También por medio de los demás mi hija Me envía su consuelo, - Extiende ahora el Señor esta recepción de consuelo, primero cuando oye a otros en Corato que hablan de ella, y repiten “las cosas dichas por Mi para bien suyo”; y segundo, cuando nos reunimos para leer estos Escritos, analizarlos y discutir- los, en cualquier parte del mundo en que nos reunamos porque estamos hablando por boca de Luisa, y Jesús recibe el mismo consuelo que recibiera cuando venía a visitarla, y oía a Sus Ministros y al pueblo en Corato hablar de Luisa, y de lo que de ella aprendían.

 

Sus Palabras son extremadamente alentadoras para todos, que sin saberlo, y por años hemos estado estudiando estos Escritos. Entre los miles de Bienes que hemos recibido y continuaremos recibiendo, este aspecto de que somos el Consuelo de Jesús, en medio de tantas tribulaciones como todos Le ocasionamos, se destaca como pocos. Dicho esto, debemos comprender que es Luisa la que Le da consuelo a través de nosotros, y no nosotros directamente. Cuando alguno de nosotros lee lo que Luisa escribió, está repitiendo el acto de Luisa, y añadiendo nuestro acto al acto de ella. Por todo esto, Luisa continúa recibiendo en el Cielo, la gloria de sus actos aquí en la tierra, porque todos la reconoce- mos como nuestra madre espiritual, y la persona que con su obediencia, ha hecho posible que podamos vivir en Su Voluntad, y la persona que ha hecho posible que Jesús reciba consuelo, y consuelo creciente, en medio de una socie- dad humana cada vez mas apartada de Él.

 

Porque si no hubiera estado atenta en escucharme, jamás habría podido hacer el bien a los demás, por eso es siempre ella que me da este consuelo. – También Jesús quiere alentar a Luisa, y lo hace de esta manera indirecta, hablando como de tercera persona, pero bellísima en su contenido. Si ella no hubiera estado atenta a escu- charle, y luego a escribir lo que oía, día a día, por más o menos 40 años, jamás podría haber Él dado este Bien de Vivir en Su Voluntad a los demás.

 

Por eso te quiero más y me siento inclinado a venir a conversar contigo – Por esta razón, dice el Señor, la quiere más, y se siente más inclinado a venir a conversar con ella, porque ella Le “responde”. Queremos que el Señor esté con nosotros, pero no aprendemos la lección. Está con nosotros si le respondemos.

 

El consejo implícito es que se mantenga en paz y atenta, para que Su Consuelo continúe, y para que Jesús continúe viniendo a impartirle los Conocimientos que tanto la consuelan, y Le consuelan.

 

Una última observación. En la última acepción de la definición de “consuelo”, consignábamos que el Diccionario la asocia con Misericordia. ¿Es posible que este consuelo que recibe, de Luisa en este caso, y de otros como Santa Faus- tina, que se lo da por otras razones, sea una de las causas principales de Sus Excesos de Misericordia en estos tiem- pos tan tristes? No tenemos respuesta, y lo ofrecemos como una especulación que mucho desearíamos fuera verdad, el que el Consuelo que Jesús recibe por esto que Luisa y Santa Faustina escribieron, sea una de las razones por las que Nuestro Señor se excede ahora en Su Misericordia para con todos.

 

Y analicemos ahora el Bloque (B).

 

El verdadero amor debe ser solo; en cambio cuando está apoyado en algún otro, aunque sea santo, aun- que sea persona espiritual, me da nausea y en lugar de contento me da amargura y fastidio, - Jesús Le explica que el verdadero amor es aquel que recibe de una criatura que recibe Su Sugerencia Amorosa de acción, y la realiza, o sea, actúa sin analizar excesivamente, sin protestar, sin comentar con otras personas, por buenas y santas que sean, incluyendo a los sacerdotes. Esto es lo que el Señor quiere decir con su expresión de que “el verdadero amor debe ser solo”. Un ejemplo o analogía quizás nos ayude a entender este concepto. Vamos a salir a la calle para nuestra labor diaria, que no es más que una Sugerencia de Él de cómo debemos emplear hoy nuestro tiempo prove- chosamente, para nosotros, nuestra familia, y Él, y vemos que está lloviendo. No creo que se nos ocurra entrar otra vez en la casa, decirle a todo el mundo que está lloviendo, preguntarle a todos que vamos a hacer con tanta lluvia, y consultar con todos que debemos hacer en este caso. Probablemente si tuviéramos una línea telefónica con el mismo Jesús, Él Nos diría que agarremos un paraguas porque si no, nos mojamos de pies a cabeza. El ejemplo es extremo, pero aplica. En cuanto el Señor Nos envía una Sugerencia Amorosa de que hagamos algo que se salga un poco de lo ordinario, como que nos desencuadernamos, y empezamos pedirle consejo a todo el mundo de lo que debemos hacer. Esto también es un ejemplo extremo pero también aplica. Si todo lo que consideramos ordinario en el día de hoy, lo


hacemos porque hay que hacerlo, ¿Qué diferencia hay entre eso, y eso otro que nos parece extraordinario? ¿Pensa- mos acaso que eso extraordinario viene de otra persona y no de Él Mismo?

 

A Luisa, en forma muy particular, todo esto le aplica. Luisa actuaba directamente bajo las ordenes de Jesús, y cuando venia la Sugerencia Amorosa a través de terceros, y no directamente de Él, ella sabía que eso, Él también lo quería de ella, y no preguntaba mucho lo que tenía que hacer. Ese es el sentido en que ella siempre utiliza el concepto de obe- diencia. En realidad, la mayoría de las veces que ella necesitaba de otros para poder hacer algo, era ella la que tenía que “convencer” a su confesor y esos otros, para que la ayudaran o facilitaran hacer lo que Jesús Le pedía.

 

El Señor es bien específico en lo relativo a la interpretación de lo que Él quiere de nosotros. ¿Cómo podemos pensar, dirá Él, que hay alguna excepción a lo que Yo les pido? O, ¿es que pensamos que Él solo quiere el 90% de nuestra actividad diaria, y no el 100%? Ya no se trata de eventualmente hacer lo que Nos pide, porque eso está bien, pero no pensemos que estamos amándole verdaderamente cuando así hacemos. Nuestro obrar, o sea, nuestro amor, está salpicado de amargura y fastidio, que en Su Lenguaje, significa nausea.

 

Porque el amor, sólo cuando es solo, me da completo dominio y puedo hacer lo que quiero del alma; - Jesús quiere que entendamos que cuando actuamos como Nos pide, solos con Él, sin intermediarios, Le damos com- pleto dominio sobre nuestras personas, que es lo que Le hemos prometido y donado, y entonces es cuando Él puede hacer Su Plan completo para esa alma, particularmente ahora que vive en Su Voluntad.

 

Además el ser solo es de la naturaleza del verdadero amor. – Destacamos este párrafo por su importancia. El Amor, que no es más que el ejecutor de la Creación, o sea, el que da forma y funcionalidad a todo lo Diseñado por la Santísima Trinidad, concentra Su atención individual con cada uno de nosotros. El Amor, Ente Divino, no actúa en grupos, sino de uno a uno.

 

En cambio cuando no es solo, una cosa se puede hacer, pero otra no; es un dominio restringido que no me da plena libertad, y por lo tanto el amor se encuentra a disgusto y restringido. - De nuevo, cuando ac- tuamos siguiendo Sus Sugerencias Amorosas, sin pedir a otros ayuda y consejo, sino con la firme convicción y fe de que esto que Nos pide es parte de Su Plan de Vida en Su Voluntad que está desarrollando para nosotros, entonces El Amor tiene un dominio completo sobre nosotros. De otra manera, Su dominio es restringido, “una cosa se puede ha- cer, otra no”, y esto Le disgusta.


Resumen del capítulo del 23 de Julio de 1912: (De diario) Pagina 44 -

 

Encontrándome con mi siempre amable Jesús, me lamentaba con Él de que además de sus privaciones sentía mi po- bre corazón insensible, frío, indiferente a todo y como si no tuviera ya vida. ¡Qué estado tan lamentable es el mío! No obstante yo misma no sé llorar mi desventura, y ya que yo misma no sé tener compasión de mí misma, ten Tú com- pasión de este corazón, que has amado tanto y que tanto te prometía recibir.

 

Y Jesús:

 

(A)    “Hija mía, no te aflijas por cosas que no merecen ninguna aflicción, y Yo en vez de tener compasión de estos la- mentos y de tu corazón, me complazco en ellos y te digo: Alégrate conmigo porque he hecho perfecta adquisición de tu corazón, y no sintiendo más nada de tus mismos contentos y de la vida de tu corazón, vengo Yo mismo a gozar de tu contento y de tu misma vida. Entonces, debes saber que cuando no sientes nada de tu corazón, Yo pongo tu cora- zón en mi corazón y lo tengo reposando en dulce sueño y me lo voy gozando; si después lo sientes, entonces el gozo es entre los dos juntos. Si tú me dejas hacer, Yo, después de haberte dado reposo en mi corazón y haber gozado de ti, vendré a reposar en ti y te haré gozar de los contentos de mi corazón.

 

¡Ah! hija mía, este estado es necesario para ti, para Mí, y para el mundo”.

 

(Es necesario) Para ti: Si tú estuvieras despierta habrías sufrido mucho al ver los castigos que estoy mandando y los otros que mandaré, por eso es necesario adormecerte para no hacerte sufrir tanto”.

 

Es necesario para Mí: Cuánto habría sufrido si no te contentara, si no hubiera condescendido a lo que tú quieres, y tú no me hubieras permitido que Yo mandase los castigos, entonces era necesario adormecerte. En ciertos tiempos tris- tes y de necesidad de castigos, es necesario elegir el camino intermedio para hacernos menos infelices.

 

Es necesario para el mundo: Si Yo quisiera desahogarme contigo y hacerte sufrir como lo hacía anteriormente, y por eso contentarte no dando al mundo los castigos, la fe, la religión, la salvación, habrían casi desaparecido del mundo, especialmente como se encuentran dispuestos los ánimos en estos tiempos.

 

¡Ah! hija mía, déjame hacer a Mí, cuando te deba tener despierta y cuando adormecida; ¿no me has dicho que haga

de ti lo que Yo quiera? ¿Quieres acaso retirar tu palabra?”

 

Y yo:

 

“Jamás ¡oh! Jesús, más bien temo que yo me haya hecho mala y por eso me sienta en este estado”.

 

Y Jesús:

 

(B)    “Escucha hija mía, ¿acaso ha entrado en ti algún pensamiento, afecto, deseo, que no sea para Mí? Si algo de esto hubiera entrado deberías temer, pero si nada de esto hay, es señal de que tu corazón lo tengo en Mí y lo hago dormir. Vendrá, vendrá el tiempo en que lo haré despertar, y entonces verás que tomarás la actividad de antes, y como has estado en reposo la actividad será mayor”.

 

Después ha agregado:

 

“Yo hago de todos los modos, hago las adormecidas de amor, las ignorantes de amor, las locas de amor, las doctas de amor, ¿pero de todo esto sabes cuál es la cosa que más me importa? Que todo sea amor, todo lo demás que no es amor ni siquiera es digno de una mirada”.

 

* * * * * * *

 

Interesante capitulo de diario, pero con importantes consideraciones doctrinales. Antes de comenzar, sin embargo, queremos exponer algunas ideas de lo que sucede, a manera de prologo.


Todo el capitulo se desenvuelve con la explicación de reposo, y como en el reposo suceden cosas que son tan impor- tantes como las que suceden cuando hay actividad. Eso de que reposando suceden cosas, no aplica por supuesto al que reposa, sino al que observa al que reposa.

 

Así podemos decir en términos generales, que cuando Jesús actúa, Luisa reposa, y cuando Luisa actúa, Jesús reposa. Expliquemos esto con más detalle.

 

Luisa y Jesús reposan en dos circunstancias distintas.

 

En la primera manera, el reposo de Luisa y la Actividad de Jesús ocurren, cuando Jesús está activamente impartiendo Sus Conocimientos, y ella se encuentra en el proceso de escucharlos. La actividad de Luisa y el Reposo de Jesús ocu- rren cuando ella rumia esos Conocimientos, y ayudada por Su Voluntad Bilocada y Obrante, va entendiéndolos y se prepara para ponerlos en práctica, y el Reposo de Jesús ocurre cuando Él observa la actividad de Luisa, y goza y se complace por las lecciones bien aprendidas.

 

En la segunda manera, y este es el caso que estudiamos, el reposo de Luisa y la Actividad de Jesús ocurren, porque Él se ha llevado toda la vida de Luisa, vida que en ese momento no está ni oyendo Conocimientos, ni rumiando o practi- cando conocimientos anteriores, para gozar activamente del perfeccionamiento espiritual de Luisa que siempre está en proceso, como resultado de las otras Intervenciones Suyas. Por el contrario, cuando Luisa actúa, sufriendo, que- jándose, reclamándole que no castigue, etc., Jesús reposa de su constante actividad respecto de Luisa, para disfrutar lo que ya ha conseguido con ella.

 

Analicemos primero el Bloque (A).

 

(1)    Hija mía, no te aflijas por cosas que no merecen ninguna aflicción, y Yo en vez de tener compasión de estos lamentos y de tu corazón, me complazco en ellos y te digo: Alégrate conmigo porque he hecho perfecta adquisición de tu corazón, y no sintiendo más nada de tus mismos contentos y de la vida de tu corazón, vengo Yo mismo a gozar de tu contento y de tu misma vida. – Luisa preocupada, como de costum- bre, por la situación que atraviesa. Primero que todo, no está recibiendo las visitas de Jesús, por lo que algo malo debe estar sucediendo en ella. Segundo, no sentía los sufrimientos normales de Su Privación, sino que por el contra- rio, no advierte nada en sí misma, no percibe ningún sentimiento de los que antes sentía. Si antes se sentía sensitiva, impactada por lo que ocurría ahora se sentía indiferente a todo, como si estuviera en un estado vegetativo, “como si no tuviera ya vida”. Este es un estado que la asusta y Le pide a Jesús que se mueva a compasión por ella, y que la cambie a como siempre había estado.

 

Jesús no manifiesta ninguna molestia por el estado de Luisa, “porque son cosas que no merecen ninguna aflicción” y Le informa que, muy por el contrario, este estado Le complace; es más, Le dice que se alegre con Él, porque este estado anímico de frialdad e insensibilidad para todo significa que Él ha hecho perfecta adquisición de su corazón. Es como si Le dijera: Luisa, no puedes sentir nada porque todo lo que tú sentías, e inclusive tu capacidad de sentir, Yo me la he llevado conmigo, y, lo tengo ahora en Mi corazón. Me he llevado prestado tu corazón, y lo tengo ahora Con- migo, gozando Yo de tus contentos de tus sufrimientos, de toda tu vida.

 

(2)    Entonces, debes saber que cuando no sientes nada de tu corazón, Yo pongo tu corazón en mi cora- zón y lo tengo reposando en dulce sueño y me lo voy gozando; - Jesús Le hace saber qué es lo que está suce- diendo cuando ella se encuentra en este estado de frialdad y desconcierto, Es Su Manera de Actuar que Se goza con Sus Logros en ella, mientras ella “reposa en dulce sueño”.

 

Aunque sea anticiparnos a lo que diremos a manera de resumen al final del análisis, este capítulo enseña, de una vez por todas, lo que sucede con muchas almas que experimentan este estado de no-fervor, de no-sentirse acompañadas de Él, como Le sucediera a Santa Teresa de Ávila, y a muchos otros santos y santas que experimentaron estas “no- ches negras” del alma, mientras que por otro lado, eran santas y santos activísimos persiguiendo los Objetivos Básicos del Señor, tales como, la conversión de las almas, la propagación de Su Evangelio, la caridad con el prójimo, etc.

 

Es importante que ya ahora todos sepamos, que este aparente “descuido de nuestras personas”, cuando mas creemos debiera estar ocupándose de nosotros, es una Muestra de Su Gran Amor, y de la Complacencia que siente por lo que estamos llegando a ser; y esta Complacencia solo puede conseguirse, si nos hace detenernos, más o menos frecuen-


temente, en una actividad que puede ser bastante absorbente y frenética, para así poder Él, en este estado de “repo- so”, gozar de Su Labor con cada uno de nosotros.

 

Repetimos lo dicho en el prologo. Este proceso nada tiene que ver con la actividad y reposo necesarios para que Él imparta Sus Conocimientos, y repose viéndonos actuar sobre esos Conocimientos. De lo que se trata aquí es de nues- tras otras actividades, que van siendo condicionadas, imperceptiblemente, pero con toda seguridad, por esos Conoci- mientos que vamos adquiriendo, y por la intimidad y unión que vamos alcanzando con el Señor, y en el Señor.

 

(3)    si después lo sientes, entonces el gozo es entre los dos juntos. – Párrafo que hemos querido separar, por el significado aun mas oculto de lo que significa devolverle el corazón de Luisa que Le había “quitado”. No cabe duda de que Luisa aprecia y está contenta, diríamos delirante de sentirse sufriendo, porque se siente “útil”, y este sentirse “útil” a Jesús, le da a Luisa un gran contento. Entonces, ambos sienten gozo, ella porque piensa que ha recobrado el favor y el Amor de Su Jesús, aunque sabemos nunca lo pierde, y Jesús, porque ahora, después de este breve “repo- so”, puede Él continuar con Sus Lecciones, con el Perfeccionamiento constante que hace de Luisa, en su vivir diario, y en la adquisición de los Conocimientos Divinos.

 

Si tú me dejas hacer, Yo, después de haberte dado reposo en mi corazón y haber gozado de ti, vendré a reposar en ti y te haré gozar de los contentos de mi corazón. - Pero no es solo lo que Él disfruta viendo a Luisa crecer en Su Voluntad, sino que dice que Él activamente Le hará ver a ella, los contentos de Su Corazón, que no son únicamente los que experimenta con Luisa, sino cono todas aquellas otras almas, a las que Luisa ha “convertido” a esta Vida en Su Voluntad.

 

(4)      ¡Ah! hija mía, este estado es necesario para ti, para Mí, y para el mundo”. – Cambia ahora Jesús el tono y contenido de Sus Razonamientos respecto del estado en que cambia a Luisa. Dice que además de placentero, esto que hace es necesario, y necesario para ella, para Él, y para el resto de toda la humanidad. Dicho de otra manera. Este estado de Luisa se hace necesario por otras razones de igual importancia para todos los que están envueltos.

 

(5)    (Es necesario) Para ti: Si tú estuvieras despierta habrías sufrido mucho al ver los castigos que estoy mandando y los otros que mandaré, por eso es necesario adormecerte para no hacerte sufrir tanto. – Ya se lo ha dicho muchas veces, que el estado de adormecimiento, de sentirse nulificada, Él lo provoca cuando quiere castigar, y no quiere que Luisa sufra innecesariamente; innecesariamente, porque sus peticiones, sus suplicas, no van a hacerle “cambiar de opinión”, y el castigo, una vez Decretado, viene irremediablemente.

 

(6)   Es necesario para Mí: Cuánto habría sufrido si no te contentara, si no hubiera condescendido a lo que tú quieres, y tú no me hubieras permitido que Yo mandase los castigos, entonces era necesario adorme- certe. En ciertos tiempos tristes y de necesidad de castigos, es necesario elegir el camino intermedio para hacernos menos infelices.- Este aspecto de la psicología de Nuestro Señor, de cómo Él actúa, con que finura y Amor lo hace, es siempre sorprendente. Expongamos Su Razonamiento completamente. Si Él no se escondiera de ella, poniéndola en este estado de adormecimiento, de frialdad, de nulificación, Él tendría que escucharla. Si la escu- chara, sabiendo que no puede complacerla, Le haría sentirse muy mal, porque Él no puede resistirse a un alma que como Luisa, rendida a Él, le pide algo en beneficio de sus hermanos, Hijos de Dios, beneficios que el mismo Jesús, siempre anhela ardientemente para nosotros, pero que en el caso de Justicia Decretada, “ya nada se puede hacer”. Por si no lo habíamos entendido, y aunque esta Lógica de Jesús pueda perturbarnos momentáneamente, Él, como nosotros hacemos diariamente enfrentados a situaciones difíciles, toma el camino, y elige el mal menor.

 

(7)    Es necesario para el mundo: Si Yo quisiera desahogarme contigo y hacerte sufrir como lo hacía ante- riormente, y por eso contentarte no dando al mundo los castigos, la fe, la religión, la salvación, habrían casi desaparecido del mundo, especialmente como se encuentran dispuestos los ánimos en estos tiem- pos. – Jesús da Su Razonamiento de que el castigo no solo es Decretado e inmutable, sino que conviene que así sea, para la salvación del resto de nosotros. Dice, y esto es incomprensible, y al mismo tiempo mortificante en grado sumo, de que Su Letra, como la del maestro de escuela antiguo, “con sangre entra”. Cuántos de nosotros no hemos aprendi- do las tablas de multiplicar a fuerza de incesantes repeticiones, y castigos correspondientes de escribirlas y escribirlas hasta que la aprendiéramos. Así hace Jesús; dice que si no fuera por estos castigos, todo el Hacer Trinitario entre nosotros, la Fe, la Religión, la misma Salvación “habrían casi desaparecido del mundo”, y miles, o millones de almas se perderían. Estas son palabras terribles, máxime cuando conocemos a profundidad lo frágiles que somos, y como ese Castigo Divino tiene que estar dosificado de una manera extraordinaria para que no sea un castigo extremo, y quede alguien para que reflexione sobre estos castigos, y se enmiende de sus malas acciones.


 

¡Ah! hija mía, déjame hacer a Mí, cuando te deba tener despierta y cuando adormecida; ¿no me has di- cho que haga de ti lo que Yo quiera? ¿Quieres acaso retirar tu palabra? – Le pide a Luisa, una vez más, que Le deje hacer, y Le recuerda, y Nos recuerda a todos que, ¿no hemos rendido nuestra voluntad a la Suya, en el mo- mento en que le dijimos: “sí, quiero vivir en Tu Voluntad?”. No son muchas las veces que Le recuerda este ”sí” original de Luisa, a Luisa, pero la ocasión parece ser extremadamente importante, porque ya Luisa está muy avanzada en esto de vivir en Su Voluntad, y ya pronto, Luisa va a ser retirada de su estado de alma víctima, para dedicarse a tiempo completo, a los quehaceres de los Escritos y a desarrollar el Reino de Su Voluntad en Luisa.

 

* * * * * * *

 

Y analicemos ahora el Bloque (B), que responde a las dudas de Luisa que piensa que se ha vuelto mala.

 

Escucha hija mía, ¿acaso ha entrado en ti algún pensamiento, afecto, deseo, que no sea para Mí? Si algo de esto hubiera entrado deberías temer, pero si nada de esto hay, es señal de que tu corazón lo tengo en Mí y lo hago dormir. Vendrá, vendrá el tiempo en que lo haré despertar, y entonces verás que tomarás la actividad de antes, y como has estado en reposo la actividad será mayor. – Jesús Le asegura una vez más que mire a su interior y Le diga si ha entrado en ella algún pensamiento, afecto o deseo que no sea para Él. Si hubiera entrado, dice, debieras temer, pero si no, es señal de que todo lo que Le ha estado explicando sobre el adormecimien- to en Su Persona, en Su Corazón, es correcto y verdad.

 

Yo hago de todos los modos, hago las adormecidas de amor, las ignorantes de amor, las locas de amor, las doctas de amor, ¿pero de todo esto sabes cuál es la cosa que más me importa? Que todo sea amor, todo lo demás que no es amor ni siquiera es digno de una mirada. - Jesús Le da a Luisa otro Conocimiento nuevo sobre como Él actúa con Sus almas predilectas, en una alusión directa a que también otras almas quedan adormecidas en Su Corazón, pero por distintas razones. Las hay “adormecidas de amor” como lo está Luisa, que no siente nada; las hay “las adormecidas pero ignorantes de amor”, en cuya categoría, pudiéramos referirnos a Santa Teresita del Niño Jesús, a San Francisco de Asís, que sentían y actuaban en el amor, pero no tenían ese conocimiento profundamente teológico del Amor; tenemos a las “locas de amor”, como Santa Teresa de Ávila, que se sentía envuel- ta por el Amor Divino, lo comprendía, y la volvía loca, es decir, la sacaba de su razón humana para envolverla en la Razón Divina, y esto la hacía sentir como una locura espiritual; las doctas de amor, como Santa Catalina de Siena, llevada a este adormecimiento de amor por su talento analítico. Todos estos santos y santas, y muchos otros, que han experimentado este adormecimiento dentro de sus cualidades y temperamentos.

 

Lo importante, dice el Señor, es que independientemente de cómo las tengo adormecidas, estas almas tienen el co- mún denominador de que están adormecidas en Su Amor, está gozando del grado de perfeccionamiento espiritual y sobrenatural al que las ha hecho llegar con Su Actividad en ellas.

 

Resumen del capítulo del 12 de Agosto de 1912: (Doctrinal) Pagina 47 -

 

Esta mañana, en cuanto ha venido mi siempre amable Jesús me ha dicho:

 

“Hija mía, mi Amor está simbolizado por el sol: El sol surge majestuoso, pero mientras parece que surge, él está siem- pre fijo y no surge nunca, con su luz invade toda la tierra, con su calor fecunda todas las plantas, no hay ojo que de él no goce, se podría decir que casi no hay bien que sobre la tierra se encuentre que no venga de su benéfico influjo,

¿cuántas cosas no tendrían vida sin él? No obstante hace todo sin estrépito, sin decir ni siquiera una palabra, sin pre- tender nada, no da fastidio a ninguno, es más, no ocupa espacio alguno de la misma tierra que invade con su luz; el hombre puede hacer lo que quiera con ella, es más, mientras gozan del bien del sol no le ponen ninguna atención y lo tienen inobservado en medio de ellos. Así es mi Amor simbolizado por el sol: Como sol majestuoso surge en medio a todos, no hay mente que no esté iluminada con mi luz, no hay corazón que no sienta mi calor, no hay alma que no esté abrazada por mi Amor. Más que sol me estoy en medio a todos, pero, ¡ay!, cuán pocos Me ponen atención, estoy casi inobservado en medio de ellos, no soy correspondido y continúo dando luz, calor, amor; pero si algún alma me pone atención, entonces Yo me vuelvo loco, pero sin estrépitos, porque mi Amor, siendo sólido, fijo, veraz, no está sujeto a debilidades. Así quisiera tu amor hacia Mí, y si así fuera vendrías a ser también sol para Mí y para todos, por- que el verdadero amor tiene todas las cualidades del sol, en cambio el amor no sólido, no fijo, no veraz, es símbolo del fuego de acá abajo, sujeto a variedad, su luz no es capaz de iluminar a todos, y es una luz muy débil, mezclada con humo, su calor es limitado, y si no se alimenta con la leña se apaga y se vuelve cenizas, y si la leña es verde hace


estrépito y humo. Así son las almas que no son todas para Mí, ni mis verdaderas amantes, si hacen un poco de bien es más el estrépito que hacen y más el humo que sale de sus acciones que la luz, y si no son alimentadas con algún afán humano, aun bajo aspecto de santidad, de conciencia, se apagan y se vuelven frías, más que cenizas, su característica es la inconstancia: Ahora fuego, ahora cenizas”.

 

* * * * * * *

 

Ya estamos acostumbrados a oír a Jesús mencionar al sol, usándolo como la analogía más perfecta de Su Amor por nosotros. Entre todas las cosas creadas, el sol, es el máximo exponente, en cuanto a calidad y cantidad, de Sus Cuali- dades Divinas, particularmente Su Acción Providente a favor nuestro.

 

No creemos podamos añadir mucho a Sus Palabras con las que describe Su Actividad Providente, amorosa. Él ha puesto en el sol, con la limitación que tiene todo lo creado, todo lo que Él es, respecto de nosotros.

 

Si queremos hacer hincapié, en lo que nos parece ser el otro tema del capítulo, a saber, el Dolor de Jesús por la falta de correspondencia, la indiferencia misma, con la que actúan la mayoría de las criaturas respecto de Él y de esta Acti- vidad Suya a favor nuestro.

 

Habla de aquella alma que Le presta atención, “y Él se vuelve loco por ella, pero sin estrepito, porque Su Amor,

siendo solido, fijo y veraz, no está sujeto a debilidades”

 

Estas cualidades de Su Amor, la de ser solido, fijo y veraz, las adquieren las almas que Le prestan atención, las que viven en Su Voluntad.

 

Resumen capítulo del 14 de Agosto de 1912: (Doctrinal) Pagina 49 -

 

Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús me había dicho:

 

(A)    “Hija mía, para que el alma pueda olvidarse de sí misma, debe hacer de manera que todo lo que hace y que le es necesario, lo haga como si Yo lo quisiera hacer en ella: Si reza debe decir, es Jesús que quiere rezar, y yo rezo junta- mente con ella; si debe trabajar, es Jesús que quiere trabajar, es Jesús que quiere caminar, es Jesús que quiere tomar alimento, que quiere dormir, que quiere levantarse, que quiere divertirse, y así de todo lo demás de la vida. Sólo así puede el alma olvidarse de sí misma, porque no sólo hará todo porque lo quiero Yo, sino que, porque lo quiero hacer Yo, me necesita propiamente a Mí”.

 

Ahora, un día estaba trabajando y pensaba:

 

“¿Cómo puede ser que mientras yo trabajo es Jesús que trabaja en mí, y que sea Él mismo quien quiere hacer este trabajo?”

 

Y Jesús:

 

(B)    “Precisamente Yo, y mis dedos, que están en los tuyos, trabajan; hija mía, cuando Yo estuve en la tierra, ¿mis manos no se abajaban a trabajar la madera, a martillar los clavos, a ayudar en los trabajos de carpintería a mi padre putativo José? Y mientras esto hacía, con esas mismas manos, con esos dedos, creaba las almas, a otras las llamaba a la otra vida, divinizaba todas las acciones humanas, las santificaba dando a cada una un mérito divino, en los movi- mientos de mis dedos llamaba a todos los movimientos de tus dedos y de los de todas las demás criaturas, y si Yo veía que los harían por Mí o porque Yo los quería hacer en ellas, Yo continuaba mi vida de Nazaret en ellas y me sen- tía como pagado por parte de ellas por los sacrificios, las humillaciones de mi vida oculta, dándoles a ellas el mérito de mi misma Vida. Hija, la vida oculta que hice en Nazaret no es valorizada por los hombres, sin embargo no podía ha- berles hecho más bien que con esa vida, después de la Pasión, porque abajándome Yo a todos aquellos actos peque- ños y bajos, a aquellos actos que los hombres hacen en su vida diaria, como el comer, el dormir, el beber, el trabajar, el encender fuego, el barrer, etc., actos todos que nadie puede dejar de hacer, Yo hacía correr en sus manos una monedita divina y de precio incalculable. Así que si la Pasión los redimió, mi vida oculta cortejaba cada acción huma- na, aun la más indiferente, con mérito divino y de precio infinito.


(C)    Mira, mientras trabajas, trabajando porque Yo quiero trabajar, mis dedos corren en los tuyos, y mientras traba- jo en ti, en el mismo instante con mis manos creadoras, ¿a cuántos estoy sacando a la luz de este mundo? ¿A cuántos otros los llamo? ¿A cuántos otros santifico, a otros corrijo, a otros castigo, etc.? Entonces, tú estás también junto Conmigo creando, llamando, corrigiendo y demás, y así como tú no estás sola obrando, tampoco lo estoy Yo en mi obrar. ¿Te podría dar honor más grande?”

 

Pero ¿quién puede decir lo que comprendía, el bien que se puede hacer tanto a nosotros como a todos los demás haciendo las cosas porque Jesús las quiere hacer en nosotros? Mi mente se pierde y por eso pongo punto.

 

* * * * * * *

 

Este es uno de los capítulos más importantes de este Volumen 11, y posiblemente de todos los Escritos, porque des- cribe perfectamente, uno de los dos “componentes” necesarios para que nuestra Vida en Su Voluntad sea todo lo efectiva que Él necesita sea.

 

A este primer componente, lo hemos conocido siempre como el “invitar a Jesús” para que Nos acompañe en toda nuestra actividad diaria, tanto la involuntaria como la voluntaria, y es un componente que todos conocemos por algu- nas de las oraciones que hacemos en el librito del Encuentro con el que nos iniciamos todos en esta Vida en Su Volun- tad. Estas oraciones se justifican todas en lo que Jesús Le dice a Luisa en este capítulo.

 

Para que quede completo el pensamiento, y muy simplificadamente mencionamos, que el segundo componente de nuestra Vida en Su Voluntad, viene dada por Su Invitación de que hagamos todo en Él y en Su Voluntad, así como Él quiere hacerlo todo en nosotros, y lo ha estado haciendo, porque Le hemos invitado para que lo haga.

 

Y procedamos al análisis detallado de este capítulo, empezando con el Bloque (A).

 

(1)    Hija mía, para que el alma pueda olvidarse de sí misma, debe hacer de manera que todo lo que hace y que le es necesario, lo haga como si Yo lo quisiera hacer en ella: - Ahora que hemos estado estudiando algo de los volúmenes superiores, podemos apreciar la importancia que tienen estas primeras Palabras Suyas: “para que el alma pueda olvidarse de sí misma”. Este aspecto de “olvidarse de uno mismo”, está en el corazón mismo de la Vida en Su Voluntad, porque nuestro compromiso debe comenzar con este “quiero rendir mi voluntad humana a la Tuya, Señor, para vivir solo de Tu Voluntad Divina, y en Tu Voluntad”.

 

Dicho de otra manera. Sin este compromiso diario, la Vida en Su Voluntad es imposible, y para que este compromiso sea efectivo, nosotros debemos día a día, tratar de olvidarnos de nosotros mismos, para pensar solo en Él.

 

Hay dos aspectos en este “pensar solo en Él”. En este párrafo Nuestro Señor nos instruye del primero de estos dos aspectos. En el párrafo 3, Nos da el segundo. Vayamos por partes, y analicemos ahora el primero de estos dos aspec- tos.

 

Jesús quiere de nosotros, en primer lugar, la actitud de estar pensando en Él todo el tiempo. En segundo lugar, quiere que comprendamos que todo lo que hacemos, y que nos es necesario, con lo que incluye las acciones llamadas invo- luntarias, o sea, aquellas que son necesarias para nuestra vida corporal diaria, las hagamos como si Él quisiera ha- cerlas en nosotros”.

 

Por nuestros estudios avanzados sabemos que esta manera de hablar, no es figurativa o alegórica como puede pare- cerlo, sino que en realidad es una parte integral de esta Vida en Su Voluntad que Nos concede. En adición a Su Volun- tad Bilocada y Obrante en nosotros, también Jesús está bilocado en nosotros, por lo que el desarrollo de Su Persona, renacida también en nosotros, requiere de nuestros actos diarios, para Su Desarrollo diario en nosotros.

 

(2)    Si reza debe decir, es Jesús que quiere rezar, y yo rezo juntamente con ella; si debe trabajar, es Je- sús que quiere trabajar, es Jesús que quiere caminar, es Jesús que quiere tomar alimento, que quiere dormir, que quiere levantarse, que quiere divertirse, y así de todo lo demás de la vida. - Todo acto natural que hacemos, involuntario o voluntario, no podemos ya mirarlos como los mirábamos, como algo exclusivo nuestro. A partir del momento en que comenzamos a vivir en Su Voluntad, no podemos, repetimos, pensar que somos nosotros los que deseamos, pensamos o ejecutamos, sino que es el Jesús Bilocado en nosotros, que necesita actuar en noso- tros, y con nosotros. Un ejemplo quizás ayude. Nosotras las mujeres podemos entender esto mejor que los hombres.


Cuando una mujer está en estado, esa mujer deja de pensar en sí misma, y toma la actitud de pensar en todo mo- mento, en lo que ese hijo o hija necesita, y lo hace, como también anticipa lo que ese hijo o hija va a necesitar en el transcurso del día, y también lo planea para tenerlo todo preparado cuando sea necesario. La vida de la futura madre cambia 180 grados. Ya no piensa en ella, se olvida de ella, para pensar y planear lo que su hijo o hija necesita, y esto lo hace a tiempo completo, sin descanso. Otro ejemplo. Si nos enfermamos, por el tiempo que dure esa enfermedad, nos vemos obligados a cambiar nuestro estilo de vida, nuestra dieta, etc., porque estamos conscientes del mal que nos aqueja, y pensamos casi exclusivamente en esa enfermedad.

 

Resumiendo un poco lo dicho hasta ahora. Jesús quiere:

 

1)       Un cambio en nuestra actitud respecto de Él, en virtud del nuevo compromiso que con Dios contraemos al aceptar esta vida en Su Voluntad. Esto no es nada distinto al cambio de actitud que se hace necesario, cuando después de una conversión profunda, nos aprestamos a vivir una vida cristiana.

 

2)       Un estar atento a todo lo que nos sucede como parte de Su Plan para el desarrollo de esta vida en Su Volun- tad que Nos concede. Debemos visualizar ahora todo lo que nos sucede, como sugerido por Él, como la futura madre todo lo ve ahora en función de ese hijo o hija que lleva dentro de sí.

 

3)       Un estar pronto a pensar que todo eso que Nos sugiere y que quiere hagamos, lo hagamos ahora pensando que es como si Él mismo se lo sugiriera a Él Mismo, de que Él quiere hacerlo, y por eso Nos lo sugiere para que cooperemos con Él haciéndolo.

 

4)       Si todo esto está sucediendo en forma creciente, en un proceso continuo, el ser humano que vive en Su Vo- luntad, va olvidándose de él mismo, y va “viviendo” mejor, más perfectamente, en Su Voluntad, como Él lo desea.

 

Esta manera de vivir es inevitable, porque el ser humano no puede hacer dos cosas al mismo tiempo. Si se ocupa de Dios, se desocupa de sí mismo. Si se acuerda solo de Dios, y de que Dios todo quiere hacerlo con nosotros y en noso- tros, necesariamente se olvida de sí mismo.

 

(3)    Sólo así puede el alma olvidarse de sí misma, porque no sólo hará todo porque lo quiero Yo, sino que, porque lo quiero hacer Yo, me necesita propiamente a Mí. – Ahora bien, dice Jesús, se puede pensar y decir con palabras, eso de que Jesús quiere obrar en mi, y yo lo invito para que venga a hacerlo, pero puedo pensar que puedo hacerlo como lo hacía antes, con mis modos y maneras antiguas. Dicho de otra manera. Es posible olvidar- se de uno mismo, para ocuparse de Él y de lo que Él quiere, pero haciéndolo a mi manera. Esto no es lo que Jesús quiere. Jesús quiere que Le invitemos y hagamos como si Él quisiera hacerlo, pero hay que hacerlo con Sus Modos. Este es el segundo de los aspectos que necesitaba explicar respecto del “olvidarse de sí mismo”: Si vamos a hacer lo que Él quiere, hay que hacerlo con Sus Modos. Dos ejemplos vienen a la mente de inmediato. En las Horas de la Pa- sión, Luisa repara siempre con Sus Modos, o sea, repite lo que Jesús hace para acompañarlo en cualquiera de las Reparaciones que Él hace en las distintas Horas. Cuando Le recomienda a Luisa que se prepare lo mejor que pueda, Le añade que Le pida que sea Él mismo el que la prepare.

 

Siguiendo nuestro ejemplo de la futura madre, que piensa en su hijo o hija y come, pero no come como lo requiere el desarrollo de ese hijo o hija que se está desarrollando en ella. Come con sus modos antiguos, y esto le hace más daño que bien a ese hijo o hija suya.

 

Dicho aun de otra manera. Jesús no quiere que yo me olvide de mi mismo, tomando la actitud y queriendo hacerlo todo porque Él quiere hacerlo en mí, sino que quiere, además, que lo hagamos con Sus Modos, o sea, que lo necesi- tamos a Él, para que Nos indique como es que El lo hace todo.

 

En este último párrafo, Nuestro Señor no solo Nos pide que hagamos lo que Él quiere, lo que Él sugiere, lo que Él manda, sino que quiere que lo hagamos imitándolo a Él, pensando cómo es que Él lo haría, para hacerlo lo más cerca posible a este ideal en nuestra actuación.

 

* * * * * * *

 

Luisa queda extrañada por lo que Jesús Le ha dicho, y comenta para sí:


 

“¿Cómo puede ser que mientras yo trabajo es Jesús que trabaja en mí, y que sea Él mismo quien quiere hacer este

trabajo?”

 

Antes de comenzar el análisis de este párrafo que constituye el Bloque (B) del Pronunciamiento de Jesús en este capí- tulo, debemos reordenar Sus Palabras, para que Sus Conceptos se entiendan mejor. Así reordenamos:

 

Hija mía, cuando Yo estuve en la tierra, ¿mis manos no se abajaban a trabajar la madera, a martillar los clavos, a ayudar en los trabajos de carpintería a mi padre putativo (tenido por padre no siéndolo) José? Y mientras esto hacía, con esas mismas manos, con esos dedos, creaba las almas, a otras las llamaba a la otra vida, divinizaba todas las acciones humanas, las santificaba dando a cada una un mérito divino, en los movimientos de mis dedos llamaba a todos los movimientos de tus dedos y de los de todas las demás criaturas, y si Yo veía que los harían por Mí o porque Yo los quería hacer en ellas, Yo continuaba mi vida de Nazaret en ellas y me sentía como pagado por parte de ellas por los sacrificios, las humillaciones de mi vida oculta, dándoles a ellas el mérito de mi misma Vida. Hija, la vida oculta que hice en Nazaret no es valorizada por los hombres, sin embargo no podía haberles hecho más bien que con esa vida, después de la Pasión, porque abajándome Yo a todos aquellos actos pequeños y bajos, a aquellos actos que los hombres hacen en su vida diaria, como el comer, el dormir, el beber, el trabajar, el encender fuego, el barrer, etc., actos todos que nadie puede dejar de hacer, Yo hacía correr en sus manos una monedita divina y de precio incalculable. Así que si la Pasión los redimió, mi vida oculta cortejaba cada acción hu- mana, aun la más indiferente, con mérito divino y de precio infinito.

 

El lector observará que nuestro reordenamiento ha consistido en remover la oración: “Precisamente Yo, y mis dedos, que están en los tuyos, trabajan”, que estaba al principio, para colocarla al comienzo del Bloque (C), porque es donde mejor encaja con el resto de lo que dice en ese Bloque.

 

Si observamos cuidadosamente, en este Bloque (B), Jesús expone que cuando Él estaba en la tierra actuando como ser humano, como Jesús, Su Divinidad, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad que cohabitaba en Él, trabajaba, simultáneamente dentro de Él, haciendo lo que la Divinidad siempre hace respecto de nosotros. Asimismo dice, cuan- do explica el Bloque (C), que Él ahora hace con Luisa, lo que Luisa y todo ser humano hacen, mientras que simultá- neamente dentro de ella, un Jesús totalmente integrado a Su Divinidad por Su Resurrección, trabaja haciendo lo que la Divinidad continúa necesitando hacer respecto de nosotros.

 

Y comenzamos.

 

(1)    Hija mía, cuando Yo estuve en la tierra, ¿mis manos no se abajaban a trabajar la madera, a martillar los clavos, a ayudar en los trabajos de carpintería a mi padre putativo (tenido por padre no siéndolo) José? – Hemos incluido entre paréntesis la definición de la palabra putativo que es poco usual, y que necesita ser compren- dida. En estos Escritos, Jesús nunca dice algo por gusto o innecesario; es labor nuestra, el tratar de entender porqué lo dice. Pregunta, retóricamente como es Su Costumbre, ¿si ella no sabe que cuando Él estuvo en la tierra, trabajó la madera como carpintero, ayudando a José, su padre putativo? Varios elementos están envueltos en este párrafo. Son incidentales al punto que está explicando, pero tienen gran importancia.

 

Primero: Habla de Su Oficio o Profesión, con lo que indica implícitamente, que todos los seres humanos están en la tierra para hacer algo especifico que los distingue de los demás seres humanos; oficio o profesión con el que “se gana la vida”, y contribuye a la sociedad en la que vive. En Su caso, Su Profesión era la de carpintero como lo era San José. En la sociedad judaica de entonces, los hijos generalmente seguían la profesión del padre. Los judíos de aquella época no se apartaban de su clan familiar, ni de la Tribu en la que habían nacido. Al seguir la profesión del padre, el hijo tenía garantizada la “clientela”, y por tanto su diario vivir.

 

Segundo: habla implicando, que Él no trabajó de carpintero un día, sino treinta años de Su Vida, para poder comer diariamente, porque en aquella sociedad judaica del siglo primero, el sustento había que trabajarlo y ganarlo diaria- mente. Como sabemos, San José murió antes de que Él comenzara Su Vida Pública, no sabemos cuando en realidad, pero por todos esos años en que Él y Su Madre Santísima estuvieron solos, Él tenía que proveer diariamente para ella y para Él.


Quizás ahora entendamos mejor lo que dice en el Padre Nuestro respecto del pan de cada día, pero que para Su gente no necesitaba explicarlo: Lo que Jesús pide en el Padre Nuestro es que Dios, nuestro Padre, nos de trabajo hoy, para que podamos comer hoy.

 

Tercero: habla de que ayudaba a San José. Una tradición antigua anuncia que José trabajaba, cuando era necesario, como uno de los muchos carpinteros del Templo de Jerusalén. Un Templo-ciudad como aquel era, necesitaba de mu- chos artesanos para añadir, reparar su infra-estructura gigantesca, además del prestigio que ganaba el que allí traba- jaba. Es casi seguro, que también Jesús trabajó en el Templo de Su Padre del Cielo, y de esa manera, tampoco estuvo Él muy lejos de Su Propia Casa.

 

(2)   Y mientras esto hacía, con esas mismas manos, con esos dedos, creaba las almas, a otras las llamaba a la otra vida, divinizaba todas las acciones humanas, las santificaba dando a cada una un mérito divino, en los movimientos de mis dedos llamaba a todos los movimientos de tus dedos y de los de todas las demás criaturas, - Como anunciamos al principio, mientras Jesús hacía Sus acciones humanas, utilizando todo lo que es propiamente humano, simbolizado por Sus Manos, simultáneamente, Su Divinidad hacia las funciones Divinas básicas respecto de nosotros, a saber, y detallamos:

 

a)       Creaba las almas: En el momento de la concepción del feto, Su Divinidad creaba un alma para esa criatura. Por nuestros estudios avanzados sabemos, que toda cosa creada tiene Su Voluntad Bilocada con la que el Amor, el Hijo Primogénito de Su Voluntad, garantiza la forma y funcionalidad de aquello que se ha creado. Nuestro Componente espiritual, nuestra alma, es una Bilocación de Su Voluntad, con la que el ser humano re- cibe sus tres potencias anímicas, características del ser humano, y con la que se garantiza nuestra naturaleza como seres humano. Dicho de otra manera. El alma, que es Su Voluntad Bilocada, no obra en nosotros, sino que nos permite obrar, nos capacita para ser seres humanos.

 

Esta es una distinción de gran importancia, porque la Voluntad Bilocada que Nos concede cuando Le pedimos al Espíritu Santo vivir en Su Voluntad, no es una Voluntad capacitadora como lo es el alma, sino que es una Voluntad Obrante, Regente y Dominadora que está en nosotros; y actúa con nosotros, tal y como la Voluntad Suprema lo hace con la Trinidad Sacrosanta.

 

b)      A otras, las llamaba a la otra vida. Cada uno de nosotros está llamado a realizar un cierto número de ac- tos, no de días, sino de actos. Cuando ese número se alcanza, la criatura llega a su fin, y es llamada a la otra vida, que como sabemos, es vida de eterna felicidad, o de eterna condenación. Es interesante como el “mo- rir”, Jesús lo resuelve diciendo, que Él atrae hacia Sí, a aquella Voluntad Bilocada, a aquella alma, que hasta ese instante animaba a la criatura, para reunificarla con Su Voluntad Suprema. La partícula, la chispa que salió de Su Voluntad, vuelve a Ella para quedar unificada a Ella para siempre.

 

c)       Divinizaba a todas las acciones humanas. Cuando Dios diseñó el ser humano, diseñó también el conjunto de actos que esos seres humanos iban a poder realizar, con las tres potencias anímicas, los cinco sentidos, y los órganos que soportan esos cinco sentidos: los oídos, las manos, la vista, la lengua (el paladar) y la nariz. Aunque como sabemos hay una variedad inmensa en lo que podemos oír, tocar, ver, gustar y olfatear, lo cier- to es que todo viene a resolverse con estos cinco órganos corporales, los cinco sentidos. y las tres potencias anímicas. Todas las acciones humanas, por asombrosas que sean y lo son, siguen siendo acciones de criatu- ras, que como todo lo creado tiene sus limitaciones propias, y definitivamente no tienen nada de Divino. Dicho esto, al crear a Adán, viviendo en Su Voluntad desde el momento que abriera sus ojos, Dios quiso elevarle, y dice que le elevó, a Su Mismo Nivel Divino, para que pudiera participar adecuadamente de la Felicidad de Su Mismo Creador.

 

Para lograr esto en Adán, Jesús tenía que preparar Su Humanidad, a través de las acciones cotidianas que realizaba, para que Su Humanidad pudiera ser puesta a este Nivel de Perfección Divina. Por esta razón, mien- tras el Jesús hombre realizaba por primera vez, cada una de las acciones del “catalogo de actos”, Su Divinidad las hacia junto con Él, y las iba divinizando una a una. El ser humano es un ser integrado, que no fue diseña- do para morir, sino para ser llamado a otra vida superior, una vez que hubiera realizado la labor que el Crea- dor Le había impuesto aquí en la tierra; y este “dormirse” en esta realidad para “despertarse” en la otra, se hubiera llevado a cabo en su totalidad. El cuerpo no iba a “quedarse atrás”, sino que ambos, cuerpo y alma, hubieran entrado en esta otra Realidad, Realidad Divina, para estar con Su Dios y Creador para siempre. Ese era el Plan, y sigue siendo el Plan. Ahora bien, el hecho de que Jesús divinizara las acciones humanas cuatro


mil años después de que Adán fuera creado, no tiene la mayor importancia para Dios, por lo que cuando Adán las hizo, antes del pecado, viviendo en Su Voluntad, sus acciones quedaban divinizadas, en previsión de que algún día, Jesús las haría, como parte de Su Plan para instaurar el Reino del Fiat Supremo como en el Cielo en la tierra; Reino que se formaba con la ayuda de Adán y su descendencia, todos viviendo en Su Voluntad. El Plan ha sido modificado, y somos ahora nosotros, todavía descendientes de Adán y restablecidos en el orden primero, en la persona de Luisa, los que estamos realizando el Plan, y todas nuestras acciones en Su Voluntad siguen divinizadas por Él, cuando tuvo que venir a rescatarnos hace 2000 años.

 

d)      las santificaba dando a cada una un mérito divino. –Siempre que Jesús utiliza el verbo santificar en es- tos Escritos, significa la Labor Creadora que Él y el Espíritu Santo realizan para hacer posible el que cada acto humano hecho en Su Voluntad, por criaturas que viven en Su Voluntad, sea digno de entrar a formar parte del Acto Único de Dios. Por lo tanto, lo que dice en esta oración gramatical, es que Él, en cuanto Dios, santificaba cada acto humano que Jesús hacía para que esos Actos pudieran entrar a formar parte del Acto Único de Dios, y de esa manera, darnos a cada criatura que viva en Su Voluntad, el Mismo Mérito Divino que la Huma- nidad de Jesús recibió haciéndolos. Mérito es valor de algo hecho, y es también recompensa por ese algo que se ha realizado, y que como sabemos, solo recibe mérito aquel que los realiza.

 

e)       en los movimientos de mis dedos llamaba a todos los movimientos de tus dedos y de los de todas las demás criaturas. – Ya ha dicho que divinizaba el cuerpo humano y todo el “catalogo de acciones” que los seres humanos íbamos a poder realizar. Una vez divinizadas los patrones de cada acción humana, como si estuvieran en una “vitrina”, santificaba a cada acto realizado por Jesús siguiendo ese patrón, y de esa manera, estos Actos Suyos podían entrar a formar parte del Acto Único de Dios. Ahora dice, que necesitaba llamar a Él todos los actos de Luisa, y debemos entender los actos de todos los que vivirían en Su Voluntad, para que también esos actos de ella, y los nuestros, pasando por el “filtro” de Su Humanidad, recibieran, como ya ha dicho antes, el mismo Mérito Divino que Él recibiera.

 

(3)    y si Yo veía que los harían por Mí o porque Yo los quería hacer en ellas, Yo continuaba mi vida de Nazaret en ellas y me sentía como pagado por parte de ellas por los sacrificios, las humillaciones de mi vida oculta, dándoles a ellas el mérito de mi misma Vida. Como parte de este proceso de Divinizar, Santificar, incorporar en Él todo lo que Él hizo, y lo que Luisa y nosotros haríamos, y darles el Mérito Divino correspondiente, también Jesús podía “ver”, con Su Omnividencia, a todos aquellos que como Luisa, los harían por Él, y porque Él que- ría hacerlos en ellas. A esos todos, Jesús declara que “le damos ocasión” de continuar Su Vida de Nazaret en ellos, y se siente como “pagado” por todos los sacrificios, humillaciones y contrariedades de Su Vida Oculta, y ha decretado darles a todos esos, el “Mérito total de Su Misma Vida”. Jesús habla aquí no de méritos individuales por acciones he- chas, sino el Mérito total ganado por Él, durante Su Vida en la tierra, que obviamente, es mucho más importante que el mérito individual conseguido con cada acto Suyo.

 

Dicho de otra manera. Jesús podía ver a aquellas almas que eventualmente vivirían en Su Voluntad, y harían todos los actos que Él les iba a sugerir que hicieran como parte de esa Vida en Su Voluntad a la que habían renacido, y podía ver también, repetimos, que “siguiéndole”, ahora en Su Voluntad, Él podría continuar Su Labor Redentora y Santifica- dora a través de esas almas, y declara que Él se sintió feliz y recompensado, y Sus esfuerzos correspondidos. Por todo ello, dice que ha querido que los que así se comporten, participen de los méritos de Su Misma Vida, concepto este que en definitiva significa, que llevaremos con nosotros cuando muramos, el Mérito Infinito de la totalidad de la Vida de Jesús, que es mayor que cualquiera de los méritos que nosotros podamos alcanzar por nuestra cuenta.

 

(4)    Hija, la vida oculta que hice en Nazaret no es valorizada por los hombres, - La extraordinaria dimensión de la Vida oculta de Jesús no se ha conocido hasta ahora que leemos este capítulo; por lo tanto, ni Su Iglesia, ni noso- tros, podíamos darle el valor que merece. En capítulos anteriores, ha hablado algo de Su Niñez, y continuará hablando de esa vida oculta en otros capítulos y volúmenes, pero no creemos que en esos otros capítulos hable con la profundi- dad con la que habla aquí de Su Labor entre nosotros. Ahora que Nos narra algo de lo que hacía, podemos empezar a valorizarlo, y podemos comenzar a apreciar el beneficio de esta Vida Oculta Suya. Sabemos por capítulos posteriores, que Sus Acciones todas, estaban siendo utilizadas para formar el Reino del Fiat Supremo en Su Humanidad, Reino al que ahora, todos continuamos contribuyendo y colaborando, pero que esencialmente, ya ha sido hecho por Él.

 

(5)    sin embargo no podía haberles hecho más bien que con esa vida, después de la Pasión, - Dice clara- mente, que mas hizo Él en Su Vida Oculta por ganarnos el derecho de llegar, eventualmente, a vivir en Su Voluntad, que lo que hiciera en la Pasión Redentora. Uno, por supuesto, no puede estar sin el otro, pero cada época de Su Vida,


fue encaminada a alcanzar para nosotros Bienes específicos que habíamos perdido, y en Su Vida Oculta nos gana nuevamente la Amistad Divina y la posesión de la Vida en Su Voluntad.

 

(6)    porque abajándome Yo a todos aquellos actos pequeños y bajos, a aquellos actos que los hombres hacen en su vida diaria, como el comer, el dormir, el beber, el trabajar, el encender fuego, el barrer, etc., actos todos que nadie puede dejar de hacer, Yo hacía correr en sus manos una monedita divina y de precio incalculable. - Al abajarse a hacer todos aquellos actos pequeños y bajos, que inevitablemente todos tenía- mos que hacer, para poder “funcionar” como seres humanos, ganaba para nosotros muchísimas monedas divinas y de precio incalculable.

 

(6) Así que si la Pasión los redimió, mi vida oculta cortejaba cada acción humana, aun la más indiferen- te, con mérito divino y de precio infinito. – Ha dejado para el final, uno de los aspectos más “simpáticos” de Su Actuación entre nosotros, al hablarnos de que “cortejaba” cada acción humana, y Les daba “mérito divino y precio infinito”. El uso del verbo cortejar ya lo hemos conocido en capítulos del volumen 22, porque usándolo, Jesús Nos da como una película de un gran coleccionista que tiene muchos objetos preciosos en sus anaqueles, y que uno a uno los va sacando de su puesto, para observarlos, valorarlos, maravillarse de lo bello que son, limpiarlos, hacerlos brillar, para que queden adornados y merecedores de estar en su colección. Cuando Jesús usa este verbo de “cortejar cada acción humana”, Nos da esa impresión, y es impresión imborrable, de un Dios que Nos considera tan valiosos como para dedicarnos Su Atención individual, y para que lo que hacemos no sea paja, sino que tenga “mérito divino y pre- cio infinito”.

 

* * * * * * * T comentemos ahora el último Bloque de este capítulo, el Bloque (C).

(1)    Precisamente (es así, mira ahora cómo) Yo, y mis dedos, que están en los tuyos, trabajan. – La oración gramatical que habíamos desplazado del Bloque (B), y con la que ahora comenzamos este Bloque (C), cobra ahora todo su sentido, porque ya Le ha explicado como Su Voluntad, Su Divinidad, actuaba en Su Humanidad, y ahora pasa a explicarle, como Él hace eso mismo con ella. De nuevo, todas Sus Palabras indican que Él está bilocado en ella, y animando con Su Misma Vida, los órganos y los sentidos de su cuerpo, para que puedan, en este caso, trabajar, pero que obviamente se extiende a todas las acciones de Luisa.

 

Además de enfatizar el concepto de la Bilocación de Su Persona, este primer párrafo se presenta como el sinónimo de lo que Su Divinidad hacía en Su Humanidad cuando Él estaba en la tierra. Dice en el párrafo 2 del Bloque (B): “en los movimientos de mis dedos llamaba a todos los movimientos de tus dedos y de los de todas las demás criaturas”, y aquí comienza diciendo que “y aquí comienza diciendo que “Yo, y Mis Dedos, que están en los tuyos, trabajan”.

 

(2)    Mira, mientras tú trabajas, trabajando porque Yo quiero trabajar, mis dedos corren en los tuyos, y mientras trabajo en ti, en el mismo instante con mis manos creadoras, ¿a cuántos estoy sacando a la luz de este mundo? ¿A cuántos otros los llamo? ¿A cuántos otros santifico, a otros corrijo, a otros castigo, etc.? – Este párrafo 2 continúa paralelizando al párrafo 2 del Bloque (B) con dos notables excepciones. Pero, primero destaquemos las que son iguales. El lector observará que utiliza una oración sinónima para indicar que con Jesús, Su Divinidad “creaba las almas”, y ahora con Luisa, Él “saca a la luz de este mundo”. Asimismo en el otro párrafo 2, Jesús habla de que con Jesús, Su Divinidad “llamaba a otras a la vida”, y aquí dice que ahora con Luisa, Él, “a otros llama”. En el párrafo 2 del Bloque (B) dice que “santificaba sus acciones dándoles a cada una un merito divino”, y ahora dice sencillamente que “a otros santifico”.

 

Y ahora las excepciones. Observemos que en el párrafo 2 del Bloque (B) dice que “divinizaba a todas las acciones humanas”, y aquí omite este paralelo con Luisa. ¿Por qué? Porque una vez divinizadas por Él, ya no puede volverse a divinizar el “catalogo de las acciones humanas”, y porque además, Luisa no tiene la potestad para hacer lo que solo Dios puede hacer.

 

La segunda excepción la observamos cuando dice que con Luisa, Él “a otros corrijo, a otros castigo”, acciones todas que Su Divinidad no podía realizar en la Humanidad de Jesús, porque en Jesús nada había que corregir y nada había que castigar.


Entonces, tú estás también junto Conmigo creando, llamando, corrigiendo y demás, y así como tú no estás sola obrando, tampoco lo estoy Yo en mi obrar. ¿Te podría dar honor más grande? – Dice que ahora Luisa, con Él, y porque Él así lo quiere, puede también crear, llamar, corregir, etc., de forma tal que la colaboración no puede ser más estrecha. Menciona que “no podía darle Honor mas grande” que este a una criatura.

 

Resumen del capítulo del 16 de Agosto de 1912: (Doctrinal) Pagina 51 -

 

Esta mañana, mi siempre amable Jesús me ha dicho:

 

“Hija mía, el pensar en vosotros mismos ciega la mente y os forma una especie de encanto humano, y este encanto humano forma una red en torno al hombre; esta red está formada de debilidad, de opresiones, de melancolías, de temores y de todo lo que de mal contiene la naturaleza humana, y por cuanto más se piensa en sí mismo, aun bajo aspecto de bien, más densa se hace la red y más ciega queda el alma. En cambio, el no pensar en mismo, sino pen- sar sólo en Mí, sólo en amarme, cualesquiera que sean las cosas, es luz a la mente y en ella se forma un dulce encan- to divino, y este encanto divino también teje en la mente su red, y esta red está formada toda de luz, de fortaleza, de gozo, de confianza, en suma, de todos los bienes que poseo Yo mismo, y cuanto menos se piensa en sí mismo, más densa se forma esta red, así que no se reconoce más. ¡Cómo es bello ver al alma envuelta en esta red que en ella ha tejido el encanto divino, cómo es agradable, graciosa y amada por todo el Cielo!; lo contrario para el alma que piensa en sí misma”.

 

* * * * * * *

Este capítulo no solo continúa las Enseñanzas del anterior sino que vuelve a tomar casi que las mismas palabras del capítulo del 9 de Mayo de 1912, en el que dice:

 

“Hija mía, si la voluntad no quiere otra cosa que a solo, si la inteligencia no se ocupa de otra cosa que de cono- cerme a Mí, si la memoria no se recuerda de otra cosa sino sólo de Mí, he aquí consumadas las tres potencias del alma en el amor. Así también de los sentidos: Si habla sólo de Mí, si escucha sólo lo que se refiere a Mí, si se gus- tan sólo las cosas mías, si se obra y se camina sólo por Mí, si el corazón me ama sólo a Mí, si los deseos me desean sólo a Mí, he aquí la consumación del amor formada en los sentidos. Hija mía, el amor tiene un dulce encanto y hace al alma ciega a todo lo que no es amor, y la vuelve toda ojo a todo lo que es amor”.

Y comencemos con el análisis del capítulo.

 

Hija mía, el pensar en vosotros mismos ciega la mente y os forma una especie de encanto humano, y este encanto humano forma una red en torno al hombre; esta red está formada de debilidad, de opre- siones, de melancolías, de temores y de todo lo que de mal contiene la naturaleza humana, - Muchas pá- ginas Le dedica el Señor al problema que todos afrontamos, unos mas y otros menos, de pensar en nosotros mismos. A veces lo hacemos para “saborear” nuestros logros y éxitos, otras lo hacemos con la excusa de que si pensamos en nosotros, en lo que nos pasa, y en lo que pudiera suceder en el futuro, podremos enfrentarnos mejor a esos proble- mas futuros que anticipamos. No se trata aquí de dedicarle el tiempo necesario al planeamiento del día, y todo otro elemento de plan que se pueda hacer necesario, y del que somos responsables; se trata de dedicarle excesivo tiempo a nuestras cosas, con detrimento del tiempo que debemos dedicarle a la actividad por excelencia de pensar en Jesús.

 

Dice Jesús, que esto de ocuparnos excesivamente de nosotros mismos, esta “actividad” va formando en nosotros una especie de “encanto humano”. Jesús prefiere no usar otro término que sería quizás más adecuado, porque saca fuera mejor las características negativas que el Señor describe. La palabra sería un “hechizo”. Nos hechizan nuestros logros, nuestras preocupaciones, nuestros planes. Dice un viejo refrán ingles y traducimos, que si queremos ver a Dios reírse, hablémosle de nuestros planes.

 

Este encanto, este hechizo, “viene formado por debilidad, opresión, melancolía, temor, y todo lo malo que contiene la naturaleza humana”. Y dice el Señor que este “encanto” es como una red que nos va maniatando, e imposibilitan- do cualquier acción positiva que podamos emprender siguiendo Sus Sugerencias Amorosas. No debe extrañarnos nada de esto en lo más mínimo. Esta clase de introvertimiento como diría un psicólogo, nos hace entrar en un mundo mal- sano, pequeño, sin fronteras, que conduce solamente a la depresión clínica, y al alejamiento de todo otro ser humano, para concentrarnos, para “enredarnos” cada vez más en nuestros propios problemas.

 

Y por cuanto más se piensa en mismo, aun bajo aspecto de bien, más densa se hace la red y más ciega queda el alma. Pasa ahora el Señor a explicarnos que esta red no solamente está formada por elementos negati-


vos en mismos, sino que puede estar formada de elementos positivos, pensando que estamos ocupándonos del bien de otros y no de nosotros. Esta situación la describe admirablemente C. S. Lewis, cuando el diablo Escrutopo le acon- seja a su sobrino diablo Orugario lo siguiente, y parafraseamos un poco. “Haz, Orugario, que tu apadrinado se ocupe del bien en general y nunca de ningún bien en particular, que se ocupe de la humanidad en general, y nunca de nin- gún ser humano en particular, que se ocupe de la paz del mundo, pero nunca de su propia paz individual”.

 

Cuando nos ocupamos del Bien del mundo en mayúscula, estamos poniendo nuestra atención en un producto de nuestra propia imaginación, porque tal cosa no existe; pero, cuando nos ocupamos del bien de uno de nuestros her- manos o hermanas, entonces salimos de nosotros para ocuparnos de Jesús, en las personas de esas hermanas o her- manos nuestros.

 

Dice Jesús, que la red se hace más densa, porque ahora, parece que nos estamos ocupando de los demás, pero ese “demás”, es un producto de nuestra propia mente, y no algo que en realidad existe fuera de nosotros, como si lo es la necesidad de un hermano, el bien espiritual que podemos llevarle con nuestras palabras, o la paz de Cristo que pode- mos infundir en otros con nuestros consejos enraizados en Cristo.

 

En cambio, el no pensar en sí mismo, sino pensar sólo en Mí, sólo en amarme, cualesquiera que sean las cosas, es luz a la mente y en ella se forma un dulce encanto divino, - Jesús comienza a exponer lo que hemos tratado de anticipar en los primeros párrafos. Volvemos al punto de la actitud como la primera adquisición que debe- mos hacer en esta lucha por dejar de ocuparnos de nosotros mismos, para ocuparnos de Él. Si tenemos, o estamos adquiriendo, la actitud de pensar en Él siempre, de amarle solo a Él, ejecutando siempre lo mejor posible lo que Nos pide, entonces dice Jesús, se va formando en nosotros como un “dulce encanto divino”.

Es interesante Su uso de la expresión, “cualesquiera que sean las cosas”. El Señor lo dice porque quiere remachar la lección anterior, de que debemos pensar en Él, y hacer todo lo que Nos manda, no lo que creemos es importante, y despreciar lo que es involuntario o que nos parece sin importancia. Estamos acostumbrados a pensar a lo humano, y el humano piensa que solo lo que es grande, poderoso, fantástico, es importante, y como que Dios también piensa de esa manera. Ya sabemos, que esto es incorrecto. Lo que es grande, poderoso, fantástico para el Señor, es lo que Él quiere que hagamos, en el momento que quiere lo hagamos.

 

Y este encanto divino también teje en la mente su red, y esta red está formada toda de luz, de fortaleza, de gozo, de confianza, en suma, de todos los bienes que poseo Yo mismo, - Dice que así como el encanto humano forma una red asfixiante, así también este Encanto Divino, esta creación mental Suya, también asfixia, Nos cubre por completo con Bienes de Luz, de fortaleza, de gozo, de confianza en Él; en suma, a esa criatura le “pasa” en ese Encanto Divino, todo lo que es propio de Él.

 

Y cuanto menos se piensa en sí mismo, más densa se forma esta red, así que no se reconoce más. Una de las características finales de verse poseído por una de las dos redes, la humana o la divina, es de que uno llega a parecerse en todo a la misma red que se ha tejido alrededor. Si es la red del encanto humano, ya Jesús no reconoce a esa criatura como suya. No debe extrañarnos esto. Si nosotros compráramos una porción de una red de tejido en una tienda de telas, y nos envolviéramos en ella, nuestra familia se vería en dificultades para reconocernos dentro de esa red.

 

Si por el contrario, la red es de Encanto Divino, lo que Jesús ve en nosotros a Si Mismo, es a Él Mismo. Se reconoce a Si Mismo, porque Nos ve adornados con Sus Mismos Bienes, con Su Mismo Amor, expresado en los actos realizados siguiendo Sus Sugerencias Amorosas.

 

¡Cómo es bello ver al alma envuelta en esta red que en ella ha tejido el encanto divino, cómo es agrada- ble, graciosa y amada por todo el Cielo!; lo contrario para el alma que piensa en sí misma. – Termina Je- sús, como es Su Costumbre, dándonos el necesario estimulo, el mejor de los estímulos para que empecemos a dejar de pensar en nosotros, para pensar en Él, diciéndonos como es que Él nos ve desde dentro de esa red formada por el Encanto Divino. Quiere estimularnos para que comience a ocurrir en nosotros este cambio tan necesario, para que esta Vida en Su Voluntad que Nos concede, sea efectiva.

 

Resumen del capítulo del 17 de Agosto de 1912; (Doctrinal) Pagina 52 -

 

Orando, mi bendito Jesús me ha dicho:


 

“Hija mía, el pensamiento de sí mismo empequeñece al alma, y desde su pequeñez mide mi grandeza, y casi quisiera restringirme, en cambio quien no piensa en sí mismo, pensando en Mí se engrandece en mi inmensidad y me da el honor a Mí debido”.

 

* * * * * * *

 

Hija mía, el pensamiento de sí mismo empequeñece al alma, y desde su pequeñez mide mi grandeza, y casi quisiera restringirme, - Parece necesario para Jesús ahondar en este tópico de “pensar en sí mismo”, en lugar de pensar en Él y en lo que Él quiere de nosotros. En el capitulo anterior hablaba de cómo nos vamos “enredando” en una red asfixiante cuando pensamos en nosotros mismos, y aquí dice que queremos como que “meterlo a Él” en nues- tra propia fantasía, en nuestro propio “encanto humano”.

 

Si estamos pensando en nosotros mismos todo el tiempo o mejor aún, con excesiva frecuencia, lógico es que también a Él queramos darle lugar en nuestra fantasía. ¿Creemos que esto no es así? ¿Qué creemos que pasa, en un alma excesivamente preocupada de sí misma, cuando excepcionalmente se olvida de sí misma para pensar en otros, y Le pide a Dios por otros, hace algo por otros, etc.? No pide lo que querría hacer Jesús por esa otra criatura, sino que pide lo que esa alma enredada piensa que es necesario pedirle a Jesús para resolver el problema de esa otra alma necesi- tada. Intentamos, de hecho, a restringir a Jesús en Su Acción. Esto no ocurre en realidad, porque Jesús no hace el más mínimo caso a esta clase de petición, pero el hecho cierto es que intentamos restringir Su Providencia en nues- tras propias mentes, con nuestras peticiones.

 

Más aun, cuando vemos lo que Jesús finalmente decide hacer, que no es lo que nosotros hemos pedido, nos disgus- tamos, porque no vemos la solución de Jesús como la solución correcta, sino que Jesús no ha hecho lo que Le hemos pedido. Cuanta verdad hay en las palabras de Santiago, de que “no recibimos porque pedimos mal”.

 

En una manera totalmente oculta, comenzamos a comprender, este otro Conocimiento nuevo y extraordinario, a sa- ber, que no debemos pedir, sino “presentar” la situación, como el que le manda una nota recordatoria a un amigo para que participe de un evento que a nosotros nos interesa mucho. No le decimos, “ven al evento”; sino que le man- damos un recordatorio de que este evento va a tener lugar tal día, y en tal lugar. La invitación va implicada, pero solo como Sugerencia de Acción. Así actúa la criatura que sólo piensa en Él, y así como el Señor Nos sugiere lo que tene- mos que hacer, pero respeta nuestra libertad de voluntad, y deja que hagamos lo contrario de lo que Nos pide, así también nosotros debemos sugerirle al Señor la situación que requiere Su Atención, y de esa manera respetar noso- tros también, Su propia Libertad de Voluntad de hacer lo que Él crea adecuado.

 

En cambio quien no piensa en sí mismo, pensando en Mí se engrandece en mi inmensidad y me da el honor a Mí debido. – Nuestro Señor agradece con una recompensa extraordinaria el que nosotros pensemos en Él, y Le demos Su Lugar, “engrandeciéndolo en Su Inmensidad por el Honor a Él debido”.

 

 Capítulo del 20 de Agosto de 1912: (Doctrinal) Pagina 53 -

 

Continuando, mi siempre amable Jesús apenas se ha hecho oír y me ha dicho:

 

(A)    Hija mía, cuánto me desagrada ver al alma encogida en sí misma, verla obrar sola, mientras estando Yo junto a ella la miro, y viéndola muchas veces que no sabe hacer bien lo que hace, Yo estoy esperando que me llame y me diga: “Quiero hacer esta cosa y no sé hacerla, ven Tú a hacerla junto conmigo, y todo sabré hacer bien”.

 

Por ejemplo: “Quiero amar, ven junto conmigo a amar; quiero rezar, ven Tú a rezar junto conmigo; quiero hacer este sacrificio, ven Tú a darme tu fuerza pues yo me siento débil”. Y así de todo lo demás, y Yo con mucho gusto, con su- mo placer mío me prestaría a todo.

 

Yo soy como un maestro que habiendo dado el tema a un alumno suyo, se está junto a él para ver qué hace su discí- pulo, y el alumno no sabiéndolo hacer bien se enoja, se afana, se turba, quizá llora, pero no dice: “Maestro, enséñame cómo debo hacer esto”. ¿Cuál no será la mortificación del maestro viéndose tratado por el alumno como una nada? Tal es mi condición”.

 

Después ha agregado:


 

(B)    “Se dice: “El hombre propone y Dios dispone”. En cuanto el alma se propone hacer un bien, ser santa, Yo inme- diatamente dispongo a su alrededor las cosas que se necesitan: Luz, gracias, conocimiento de Mí, desapegos, y si con esto no lo logro, entonces por vía de mortificaciones; nada le hago faltar para darle la cosa que el alma se ha pro- puesto, pero, ¡oh, cuántas por la fuerza se salen de este trabajo que mi Amor les ha tejido alrededor! Pocas son las que resisten, y Me hacen cumplir Mi trabajo”.

 

* * * * * * *

 

Continua con las lecciones de los últimos tres capítulos, que como recordamos se relacionan con el pensar en sí mis- ma, con el obrar en sí misma, y no con Él.

 

El contenido de este es un capítulo que hay que estudiarlo con cuidado porque aplica a todos por igual, pero particu- larmente aplica a aquellos que han pedido vivir en Su Voluntad, y han empezado a conocer, no solo los Conocimien- tos, sino la manera como Jesús quiere que vivamos en esa Vida en Su Voluntad que nos ha regalado, practicando y propagando esos Conocimientos que vamos adquiriendo.

 

Ya hemos experimentado esta situación anteriormente; a veces, para entender mejor Sus Palabras, debemos estudiar primero el Bloque (B), y de esa manera se entiende mejor el Bloque (A). Y así procedemos estudiando el Bloque (B).

 

(1)    Se dice: “El hombre propone y Dios dispone”. - Este viejo aforismo, que de una manera u otra está en todos los idiomas, se interpreta, casi siempre, como que uno no debe hacer muchos planes de vida, porque esos planes no son necesariamente los planes de Dios. También se interpreta, pero no tan a menudo, como que Dios dispone las cosas para ayudar a nuestros planes.

 

Como veremos de inmediato, esta última interpretación del aforismo, es la de Jesús. El verbo disponer en este caso, no implica una actitud autoritaria por parte de Él, que ignora lo que proponemos hacer, porque El tiene otros planes, sino que muy por el contrario, El endosa nuestro plan y dispone las cosas para que podamos realizar aquello que nos proponemos hacer, siempre y cuando nuestro plan responde a una Sugerencia Amorosa Suya. Hay, por tanto, un elemento que precede al plan que nos proponemos hacer, y es este: Todo siempre comienza por una Sugerencia Amorosa Suya, por lo que El Señor lo que está describiendo con este aforismo es, que El dispone todo, para que noso- tros podamos realizar lo que nos proponemos a hacer, porque en definitiva lo único que hacemos es seguir Su Suge- rencia inicial, completar el acto del Amor Divino envuelto en esa Sugerencia Amorosa.

 

Su Plan, que es nuestro plan, Nos lo manifiesta de muchas maneras, pero principalmente El Nos guía, a través de nuestras capacidades vocacionales, de misiones especiales, y en todo momento Nos da las Sugerencias necesarias para implementar esas capacidades vocacionales y esas misiones específicas.

 

(2)    En cuanto el alma se propone hacer un bien, ser santa, Yo inmediatamente dispongo a su alrededor las cosas que se necesitan: Luz, gracias, conocimiento de Mí, desapegos, - Antes de proseguir, entendamos una vez más, que seguir una Sugerencia Amorosa, puede ser cosa rápida, de minutos, horas, quizás días, pero hay también otras Sugerencias que una vez acogidas, necesitan de muchos años, a veces toda la vida que nos quede, para llevarlas a cabo. Entendamos también, que Jesús no habla aquí solamente de la Sugerencia Amorosa de que logremos la realización de nuestras vocaciones normales de vida, sino que habla de las Vocaciones más importantes para El; la Vocación Divina de salvarnos, y ahora después de Luisa, la Vocación Divina de vivir en Su Voluntad y cola- borar con Ellos en la venida del Reino del Fiat Supremo. Proseguimos.

 

Ahora pasa a confirmar lo que hemos tratado de explicar, enfatizando que si el hombre se propone hacer un bien, santificarse con sus actos, cosas todas que El mismo sugiere, El acude de inmediato para disponerlo todo para que ese ser humano pueda realizar lo querido.

 

Primero lo dispone todo con gracias positivas, diríamos que “por las buenas”, porque no es parte de Su Plan original el que nosotros sufriéramos viviendo y actuando; y aun ahora después del pecado original, tampoco es interés Suyo el que estemos haciendo todo lo que El Sugiere, y consiguientemente, lo que nosotros nos proponemos hacer, con gran- des dificultades y penurias innecesarias.


(3)    Y si con esto no lo logro, entonces por vía de mortificaciones; nada le hago faltar para darle la cosa que el alma se ha propuesto, - Dice, sin embargo, que si no logra ayudarnos a realizar lo propuesto por las bue- nas, o sea, si “flaqueamos” en la persecución de lo empezado por El, entonces lo hace “por la malas”, o sea con morti- ficaciones y sufrimientos, con las que Nos da a entender claramente Su desilusión con nuestra falta de seguimiento en los buenos propósitos comenzados. Esta es pues, otra manera de comprender la realidad y la razón de ser de las cru- ces que a veces Nos envía, cruces con las que reclama nuestra atención a nuestra negligencia, y busca que reem- prendamos el camino descontinuado.

 

Lo que sí es seguro, es de que una vez que empezamos, El hace todo lo que sea necesario para que lo terminemos, respetando nuestra libertad de voluntad, pero influenciando fuertemente a Su Favor. Dice que “nada la hago faltar”, para mantenernos en el camino empezado; por tanto, nada debe extrañarnos de lo que pueda sucedernos si decidi- mos desviarnos.

 

No todos los que se salvan son santos de altar, pero si podemos tener la seguridad de que todos los que se salvan han terminado, con Su Ayuda, lo que empezaron, o sea, el proyecto de su propia salvación, y esto lo han hecho mu- chas veces a las buenas, y muchas otras a las malas.

 

De igual manera, no todos los que son invitados a vivir en Su Voluntad, viven con la perfección de Luisa, o de San Aníbal, o de los muchos otros que ya han vivido en Su Voluntad con grandes logros, pero si podemos tener la seguri- dad de que todos los que terminan sus vidas viviendo en Su Voluntad, las terminan Con Su Ayuda; muchas veces a las buenas, y otras también a las malas.

 

El se toma muy en serio el compromiso que contraemos con Él, y espera que nosotros también tomemos en serio, lo que emprendimos. Tenemos libertad de voluntad para aceptar o no la Sugerencia Amorosa Suya de este cambio de estado, pero una vez que la aceptamos, Su Colaboración se hace sentir suavemente, y cuando es necesario, con gran fuerza.

 

(4)    Pero, ¡oh, cuántas por la fuerza se salen de este trabajo que mi Amor les ha tejido alrededor! – Dice con obvio Dolor, Desilusión y Tristeza, que, a pesar de todos Sus Esfuerzos, muchos se salen del trabajo que Su Amor Le ha tejido alrededor, primero con la Sugerencia Amorosa Inicial, y después con las múltiples Sugerencias para que esa Salvación, o esa Vida en Su Voluntad, fuera llevada a cabo con toda efectividad.

 

(5)    Muy pocas son las que resisten y me hacen cumplir Mi trabajo. - ¡Que complicado es Nuestro Señor a veces, pero siempre con razón! Los que preparan estas Guías de Estudio, pensamos de inmediato al leer este párrafo, que Nuestro Señor quiso decir persistir en vez de resistir. Sin embargo, no lo hemos hecho porque si Nuestro Señor hubiera querido decir persistir en vez de resistir, ese es el verbo que hubiera utilizado.

 

Dice el Diccionario que resistir es “oponerse un cuerpo a la acción de otro”, y dice también mas significativamente,

que resistir es “repugnar, contrariar, rechazar, contradecir; tolerar, aguantar o sufrir”.

 

Dice el Diccionario que persistir es “insistencia, constancia en el intento o ejecución de una cosa”.

 

A partir del pecado original, e independientemente del Amor de Participación que Dios tiene por los seres humanos, y lo mucho que quiere reintegrarnos a la dignidad original perdida, lo cierto es que al crearnos con la capacidad de re- chazar Sus Sugerencias Amorosas, Su Trabajo con nosotros tiene características adversariales; o sea, brega con noso- tros anticipando oposición. Nuestra voluntad humana es capaz de resistirle, de oponerse a Su Acción, lo que constitu- ye la definición de resistir que habíamos anunciado.

 

Por tanto, en la ejecución de la Vocación de salvarse, o en la ejecución de la Vocación de vivir en Su Voluntad, son dos los que trabajan: por una parte, el ser humano, con su libertad de voluntad y su voluntad humana, y por otra parte Dios. Dios hace la mayor parte del trabajo, y nosotros lo que hacemos es decidir libremente si queremos hacer lo que El quiere o no, y, por tanto, nuestra voluntad, que es la que protege y custodia a nuestra libertad de voluntad, hace lo que nuestra libertad de voluntad ha decidido.

 

Ahora bien, si nuestra labor es decidir libremente lo que El quiere que hagamos, y Nos permite que decidamos en contra Suya, debemos resistir primero, y por encima de todo, la tentación de no querer hacer lo que El quiere.


En forma simplificada decimos: tenemos que resistir la tentación de resistirnos a Él.

 

En efecto, como dice la definición, nuestra voluntad debe oponerse siempre, debe resistirse siempre, a la acción de nuestra libertad de voluntad de querer hacer lo contrario a lo que Dios sugiere. Si uno resiste la tentación de rechazar lo que El quiere, y lo hace consistentemente, entonces al llegar al final de su vida, ese ser humano puede decir que ha persistido, que ha perseverado, “ha sido constante en la ejecución de una cosa”, pero solo porque, momento a mo- mento, ha resistido la tentación de desobedecerle.

 

Pero aquí no termina la explicación. Dice que no solo debemos resistir la tentación de decidir “no hacer”, sino que debemos pedirle que haga Su Trabajo, y que lo haga bien; debemos pedirle con insistencia que “cumpla Su Trabajo”. Dice claramente: “Muy pocas son las que Me hacen cumplir Mi Trabajo”.

 

Un ejemplo quizás ayude a entender este punto tan importante. Todo padre o madre que cría a un hijo o hija, conoce de la creciente resistencia que ese hijo o hija pone a todo lo que su padre o madre sugieren. Por mucho que ame a ese hijo o hija, la actitud de esos padres es, casi automáticamente, una actitud adversaria frente a su hijo o hija. Sa- ben que sus sugerencias, sus consejos, pueden ser desobedecidas, y de hecho lo son muchas veces. Al mismo tiempo, rápidamente conoce el hijo o hija, que puede resistir obedecer las sugerencias u órdenes que le dan sus padres, con un mínimo de consecuencias. Quizás de vez en cuando le darán su nalgada, o lo castigaran privándolo de algún gusto, pero en términos generales, el hijo o hija sabe que “puede escaparse con la suya”, sin mayores consecuencias.

 

Esta situación adversaria puede durar por años, los de la dependencia de ese hijo o hija en sus padres, y aun después, el hijo o hija puede continuar rechazando los consejos que sus padres le dan. Los padres pueden llegar a cansarse de esta pelea continua, pueden descorazonarse, y pueden llegar al punto de desear dejar de ser padres, y dejar que el hijo o hija “se las arregle como pueda”. Nuestro Señor básicamente Nos dice, que debemos pedirle que no se canse de ser Nuestro Padre, a pesar de que le damos mucha guerra y no atendemos Sus Sugerencias. Si dejara de ser Nues- tro Padre, estaríamos perdidos.

 

Pongamos un ejemplo final que organice coherentemente todos estos pensamientos que hemos escrito, y vamos a concretarnos en el ejemplo a la Vocación de vivir en Su Voluntad. Pudiéramos hablar de otra situación, pero preferi- mos usar esta porque es la más importante para nosotros ahora.

 

Nos sugiere que vivamos en Su Voluntad. Aceptamos esta sugerencia inicial. El continúa Sugiriéndonos lo que tene- mos que hacer, leer, rumiar, practicar, propagar los Conocimientos, en un proceso diario. Para que podamos realizar todo esto, Su Voluntad Bilocada, Obrante, Regidora y Dominadora, nos da toda clase de luces, de ayudas, las acepta- mos, y empezamos el largo camino de Vida en Su Voluntad, y, si en algún momento, nos ve que nos desaplicamos, primero Nos reconduce por las buenas, y si esto no es suficiente, “mete mano”, y empieza a mortificarnos para que regresemos al comportamiento correcto anterior. Debemos resistir la tentación gravísima de salirnos de esta Vida, y debemos resistir la tentación de continuar haciendo aquello que hacíamos antes en nuestra vida virtuosa. El Señor sabe que nos es difícil, pero es necesario, porque hemos aceptado un cambio de vida, y lo que antes hacíamos sigue siendo bueno y santo, pero no ayuda para nuestra vida renacida. Por último, debemos pedirle con insistencia, “hacer que cumpla con Su Trabajo”, que siempre Nos ayude, que siempre sea Nuestro Padre, y así Nos haga llegar a la meta perseguida de vivir en Su Voluntad, y colaborar así a la Venida del Reino del Fiat Supremo.

 

Finalmente, parafraseemos Su Párrafo diciendo:

 

Muy pocas son las que resisten la tentación frecuente de no hacer aquello que he preparado para ellas, y, por tanto, persisten conmigo en lo comenzado, y, de esta manera, me hacen cumplir Mi trabajo, el trabajo de salvar- las, o el trabajo de desarrollar la Vida de Mi Voluntad Obrante en ellas.

 

* * * * * * *

 

Y comencemos a estudiar el Bloque (A) este importante capítulo doctrinal.

 

(1)    Hija mía, cuánto me desagrada ver al alma encogida en sí misma, verla obrar sola, - ¿Habla Jesús de un alma en particular cuyo comportamiento está observando en esos momentos? ¿Habla Jesús, de las muchas almas que diariamente El ve que obran solas, sin contar con Él, y por tanto, El las ve encogidas? ¿Habla Jesús de almas vir- tuosas, que todavía no están consientes de la importancia que tiene el que El las ayude a sobrellevar los problemas


diarios, y se aferran todavía a querer resolver las cosas por si solas? ¿Habla Jesús de almas que han comenzado a vivir en Su Voluntad, y no Le piden ayuda para dejar lo anterior y dedicar más y más tiempo a las nuevas condiciones exis- tenciales en las que las ha puesto?

 

Creemos que habla de todas las descritas con nuestras preguntas.

 

Ya Nos ha dicho en el Bloque (B), y por esa razón lo estudiamos primero, que El quiere ayudarnos en todo, por las buenas o por las malas, y que quiere Le pidamos, le “hagamos cumplir Su Trabajo” con nosotros. Todo este párrafo habla de Sus “experiencias” con nosotros, cuando nosotros no lo dejamos ayudarnos.

 

El concepto de encoger es extraordinariamente importante. Aun cuando hayamos aceptado y acogido la Sugerencia Amorosa Suya inicial, en el camino a la meta, puede haber etapas en las que “obramos solos”, sin contar con Él, y nos “encogemos”. Conociendo como conocemos, el concepto del resurgimiento de cada ser en cada nuevo ciclo de vida, comprendemos que lo que el Señor Nos dice, es que la criatura resurge menos de lo que era, encogida en sus dimen- siones espirituales, y todo esto, porque obra sola. En cada ciclo de vida diario, ya que ese es el ciclo de vida preferido del Señor, si no solicitamos y acogemos Su Ayuda, y decidimos obrar solos, por nuestra cuenta, nos encogemos delan- te de Él. Podremos quizás pensar que estamos mejor, pero más tarde o más temprano, lo que pensábamos habíamos “avanzado”, lo retrocedemos y nos encogemos.

 

(2)    Mientras estando Yo junto a ella la miro, y viéndola muchas veces que no sabe hacer bien lo que ha- ce, Yo estoy esperando que me llame y me diga: - De nuevo el tono triste, perplejo, desilusionado. Está junto a esas almas, ¿cómo puede no estarlo?, y las mira, y sabe que no pueden hacer bien lo que se han propuesto hacer, y El espera a que lo llamemos, porque no quiere violentar nuestra libertad de voluntad.

 

(3)    “Quiero hacer esta cosa y no sé hacerla, ven Tú a hacerla junto conmigo, y todo sabré hacer bien”. – Este es uno de los párrafos claves para el alma principiante en la Vida en la Divina Voluntad. El aspecto inicial debe ser uno en que invitamos al Señor a que haga todo con nosotros, porque solo así la ejecución puede ser todo lo perfecta que lo es la intención. Esta es una de las razones fundamentales por la que nuestro ciclo diario de vida, debe comen- zar con el ofrecimiento de nuestros actos de ese día, pero hechos con la ayuda de Jesús, porque El quiere que Le invitemos a hacerlo todo con nosotros, y por tanto, lo hagamos bien, porque El no sabe hacer nada mal hecho.

 

(4)    Por ejemplo: “Quiero amar, ven junto conmigo a amar; quiero rezar, ven Tú a rezar junto conmigo; quiero hacer este sacrificio, ven a darme tu fuerza pues yo me siento débil”. Y así de todo lo demás, y Yo con mucho gusto, con sumo placer mío me prestaría a todo. - Este es el párrafo que ha motivado la ora- ción inicial que hacemos en el Ofrecimiento del Día, y no repetimos ahora, pero es conveniente que sepamos que las oraciones del Encuentro o del Ofrecimiento del Día, todas están motivadas en alguna enseñanza de Jesús en alguno de los capítulos.

 

(5)    Yo soy como un maestro que habiendo dado el tema a un alumno suyo, se está junto a él para ver qué hace su discípulo, y el alumno no sabiéndolo hacer bien se enoja, se afana, se turba, quizá llora, pero no dice: “Maestro, enséñame cómo debo hacer esto”. – Abunda sobre el mismo tema que es tan impor- tante. El quiere que completemos el Acto de Amor con el que ha formado la Sugerencia Amorosa de acción para cada uno de nosotros. La única forma de completar ese acto, es si El Nos ayuda, porque no siempre la ejecución es fácil, porque no siempre están “claras” las instrucciones y los modos en cómo debemos llevarlo todo a cabo. Su ejemplo del maestro que “habiendo dado el tema a un alumno suyo”, claramente Nos dice que El da la Sugerencia, en este caso, el Tema de nuestras Vidas y espera que Le pidamos ayuda, para que El pueda “cumplir Su Trabajo”, y cerrar el círculo del Acto de Amor original.

 

¿Cuál no será la mortificación del maestro viéndose tratado por el alumno como una nada? Tal es mi condición. – No podemos esperar nada más que disgusto y mortificación en el Señor, “tal es Mi condición”, cuando ve que no Le tenemos en cuenta poco o nada; y tampoco podemos pensar que esa Mortificación Suya no nos las pase a nosotros, provocando en nosotros esas mismas mortificaciones que a Él le damos, con el objeto de que Le dejemos ayudarnos.

 

Resumen del capítulo del 28 de Agosto de 1912: (Doctrinal) Pagina 54 (Mas lecciones sobre el Verdadero Amor.

 

Continuando mi habitual estado, en cuanto ha venido mi siempre amable Jesús me ha dicho:


 

(A)    “Hija mía, las otras virtudes, por cuan altas y sublimes sean, hacen siempre distinguir a la criatura y al Creador, sólo el amor es lo que transforma al alma en Dios y la forma una sola cosa con Él. Así que sólo el amor es lo que triunfa sobre todas las imperfecciones humanas, el único que consume lo que impide que el alma llegue a tomar Vida Divina en Dios. Pero no puede haber verdadero amor si no recibe vida, alimento de mi Voluntad, así que mi Voluntad unida al amor es la que forma la verdadera transformación Conmigo, pues el alma está en continuo contacto con mi Potencia, con mi Santidad y con todo lo que Yo soy, así que puede decir que es otro Yo. Todo es precioso, todo es santidad para aquella alma; se puede decir que su respiro, el contacto con la tierra que pisa es precioso, es santo, porque no son otra cosa que efectos de mi Querer”.

 

Después ha agregado:

 

(B)    “¡Oh! si todos conocieran mi Amor y mi Querer, dejarían de apoyarse en ellos mismos, y mucho más en los de- más, los apoyos humanos terminarían. ¡Oh! cómo los encontrarían insignificantes, dolorosos, incómodos, todos se apoyarían solamente en mi Amor, porque siendo espíritu purísimo, no conteniendo materia, se encontrarían muy a gusto apoyados en Mí, y los efectos queridos por ellos.

 

(C)    Hija mía, el Amor quiere encontrar a las almas liberadas de todo, de otra manera no puede vestirlas con el vestido del amor, sucedería como a alguien que queriendo ponerse un vestido lo encuentre lleno de estorbos por dentro, por lo tanto no se lo puede poner, quiere sacar un brazo y encuentra un estorbo, así que el pobrecito, o debe dejar de intentarlo o hace el ridículo. Así el Amor, cuando quiere vestir al alma de Sí, si no encuentra al alma escombrada del todo, amargado se retira”.

 

* * * * * * *

 

Y analicemos el Bloque (A).

 

(1)    Hija mía, las otras virtudes, por cuan altas y sublimes sean, hacen siempre distinguir a la criatura y al Creador, sólo el amor es lo que transforma al alma en Dios y la forma una sola cosa con Él. – Jesús se refiere a las virtudes humanas que conocemos, como “las otras virtudes”, las que practicamos todos los que quere- mos ser buenos y llegar al grado de santidad que se consigue imitando a Jesús. Dice Jesús claramente que por bien que se practiquen y por mucho que nos asemejemos a Él, “siempre se distingue a la criatura del Creador”, porque, y ahora lo comprendemos, estas virtudes se practican en el plano humano, en esta segunda vida espiritual, y no en la vida sobrenatural de la Divina Voluntad.

 

Ahora bien, las verdaderas virtudes, que son las mismas virtudes, porque no hay otras, son aquellas que se realizan viviendo en Su Voluntad. Cuando vivimos en Su Voluntad, todo el proceso de la recepción de la Sugerencia Amorosa, la ejecución del acto sugerido, y la adquisición de la virtud correspondiente, es realizada conjuntamente por la Volun- tad Bilocada y Obrante en nosotros y por el Amor Divino que cohabita con nosotros y que transforma todas esos actos y virtudes practicadas en actos realizados por el mismo Dios en nosotros. En numerosos capítulos el Señor declara, que no existe diferencia alguna entre nuestros actos hechos viviendo en Su Voluntad, y los Suyos Propios.

 

Esto que decimos de las Sugerencias Amorosas que vienen dirigidas a nuestra vida corporal/espiritual, aplica aun mas a aquellas Sugerencias que Nos llegan para hacer actos que correspondan a los Conocimientos adquiridos en estos Escritos, puesto que estas Sugerencias solo pueden ser realizadas en esta Vida sobrenatural que Nos ha concedido, y por tanto comienzan a ser actos Divinos desde el primer instante, porque solo pueden ser realizados en el Ámbito de Su Voluntad, y se hacen en conjunto con todos los Protagonistas Divinos bilocados en nosotros.

 

(2)   Así que sólo el amor es lo que triunfa sobre todas las imperfecciones humanas, el único que consume lo que impide que el alma llegue a tomar Vida Divina en Dios. – Solo el Amor Divino, bilocado en nosotros, es el que puede hacer posible este milagro de transformación de todas las imperfecciones humanas inherentes a todo lo que hacemos, para que el acto y el alma “lleguen a tomar Vida Divina en Dios”. El “Oficio” del Amor Divino es con- sumar todo lo que es humano en la criatura, y lo consuma, consumiendo, extinguiendo todo lo que de humano pudie- ra haber tenido nuestro acto, y de esa manera puede consumarlo, sumarlo, al Acto Único de Dios.

 

Dicho de otra manera. El Diccionario define a consumar diciendo que es “llevar, al cabo de todo, en todo, a una cosa”. Definición un poco confusa, porque utiliza la expresión “llevar a cabo de todo”, para indicar que se lleva a una cosa


hasta su fin posible, con lo que podemos parafrasear la definición diciendo que consumar es llevar a una cosa hasta su fin posible, en todo lo que esa cosa puede ejecutar. Al despegar al acto de todo estorbo humano, el Amor triunfa por- que extingue lo imperfecto del acto humano, y lo lleva hacia su finalidad de origen, la de ser acto Divino hecho en Dios Mismo. El acto, pero más importante aún, el alma del que vive en Su Voluntad va adquiriendo mas y mas linea- mientos Divinos que la asemejan a Su Creador, por lo que no solo sus actos, sino él mismo, van haciéndose más divi- nos.

 

(3)    Pero no puede haber verdadero amor si no recibe vida, alimento de mi Voluntad, así que mi Voluntad unida al amor es la que forma la verdadera transformación Conmigo, - De nuevo la afirmación directa de que solo puede haber verdadero amor en el acto y en el alma del que ejecuta el acto, “si no recibe el alimento de Su Vo- luntad”. Si traemos a este capítulo algunos del Conocimientos que hemos adquirido por nuestros estudios de los volú- menes superiores, particularmente el 23, sabemos que el Alimento de Su Voluntad que recibimos cuando vivimos en Su Voluntad, es la Verdad Divina, pero sin esta Verdad Divina como alimento, viviendo en Su Voluntad, el acto sugeri- do carece del elemento indispensable para poder ser alimento de Su Voluntad.

 

Más interesante aun que lo que dice al principio de este párrafo 3, es lo que “desliza” casi sin percatarnos, a saber, la dualidad de Su Voluntad y el Amor, como dos Entes separados; uno, el Amor Divino, como el extinguidor de imperfec- ciones en el acto, y Su Voluntad, como la “hacedora” del acto así transformado y limpio de toda imperfección humana.

 

(4)    Pues el alma está en continuo contacto con mi Potencia, con mi Santidad y con todo lo que Yo soy, así que puede decir que es otro Yo. – Continúa con la explicación de por qué todo esto ocurre. Al vivir en Su Vo- luntad, estamos en contacto, estamos cohabitando con Su Potencia, Su Santidad, y todo lo que Él es, en virtud de la Divina Voluntad que ha bilocado en nosotros.

 

(5)    Todo es precioso, todo es santidad para aquella alma; se puede decir que su respiro, el contacto con la tierra que pisa es precioso, es santo, porque no son otra cosa que efectos de mí Querer. - recapitula los conceptos conocidos, diciendo que todo acto, aun los involuntarios, los “corporales” se santifican en Su Voluntad, por- que son actos que resultan hechos en Su Querer y por Su Querer cohabitando con nosotros. De nuevo, el concepto de que el acto en si no es el que tiene el merito absoluto que Él Busca, sino que lo que le da al acto su valor, es donde y por quien se realiza.

 

* * * * * * *

 

Y comencemos ahora con el análisis del Bloque (B).

 

¡Oh! si todos conocieran mi Amor y mi Querer, dejarían de apoyarse en ellos mismos, y mucho más en los demás, los apoyos humanos terminarían. ¡Oh! cómo los encontrarían insignificantes, dolorosos, in- cómodos, todos se apoyarían solamente en mi Amor, porque siendo espíritu purísimo, no conteniendo materia, se encontrarían muy a gusto apoyados en Mí, y los efectos queridos por ellos. – No hemos queri- do subdividir más este Bloque, porque se refiere totalmente al apoyo. Uno se apoya cuando recurre a otro, ya sea cosa o persona, con el objeto de poder realizar lo que se quiere o se necesita realizar. Todo esto tiene una aplicación práctica, que ya hemos estudiado en las clases, pero que conviene ahora resaltar.

 

En el capítulo del 16 de Julio de 1912, de este mismo volumen que ya hemos estudiado, Nos dice que: El verdadero amor debe ser solo; en cambio cuando está apoyado en algún otro, aunque sea santo, aunque sea persona espiritual, me da nausea y en lugar de contento me da amargura y fastidio…”.

 

El Señor se repite en este capítulo. El apoyo en algo o alguien que no sea Él, no Le es aceptable, particularmente para los que viven en Su Voluntad. No continuamos porque sería repetir lo que ya dijimos en ese capítulo, en la página 60 de nuestra Guía de Estudios.

 

* * * * * * *

 

Y analicemos ahora el Bloque (C).

 

Hija mía, el Amor quiere encontrar a las almas liberadas de todo, de otra manera no puede vestirlas con el vestido del amor. Sucedería como a alguien que queriendo ponerse un vestido lo encuentre lleno de


estorbos por dentro, por lo tanto no se lo puede poner, quiere sacar un brazo y encuentra un estorbo, así que el pobrecito, o debe dejar de intentarlo o hace el ridículo. Así el Amor, cuando quiere vestir al alma de Sí, si no encuentra al alma escombrada del todo, amargado se retira. - Continúa con el tema de que el Amor quiere encontrarnos a todos, particularmente a los que viven en Su Voluntad, liberados de toda otra vestimenta, vestimenta que nos darían por los consejos de otros, cuando debemos vestirnos de Dios.

 

Resumen del capítulo del 31 de Agosto de 1912: (Doctrinal) Pagina 56

 

Rezando por una persona, el bendito Jesús me ha dicho:

 

“Hija mía, al Amor, simbolizando por el sol, le sucede como a aquellas personas que mientras tienen los ojos dirigidos a lo bajo, la luz del sol desciende suavemente sobre sus ojos, por eso pueden hacer muy bien sus acciones, pero si quieren fijar los ojos en el sol, especialmente si es mediodía, la vista queda deslumbrada y se ven obligados a bajar- los, de otra manera estarían obligados a cesar en sus acciones, y el daño sería para ellos, al sol no le harían ningún daño, continuaría con majestad su curso. Así es hija mía para quien me ama de verdad, el amor para ellos es más que sol majestuoso, imponente; las personas, si lo miran de lejos, la luz del amor desciende suave sobre sus ojos, por eso pueden hacer proyectos, tramar insidias, hablar mal de ellos, pero si hacen por acercarse a él, fijarlo, la luz del amor resplandecerá en sus ojos y terminarán con alejarse del mal y de sí mismas, y por no pensar más en el mal ni en sí mismas, el alma amante continuará su camino sin ni siquiera pensar si la miran o no la miran, porque sabe que el amor la defenderá de todo y la tendrá al seguro”.

 

* * * * * * *

Una nueva lección sobre el Verdadero Amor, y el alma que verdaderamente lo posee. En esta lección, el Señor enfati- za cómo el alma que verdaderamente Le ama, tiene puestos sus ojos en el Amor, o sea, en el deseo de querer hacer siempre lo que Dios quiere, de seguir Sus Sugerencias Amorosas, y aunque la cercanía mas y mas creciente de ese Amor la deslumbre, la criatura no cesa de mirarlo, de complacerlo, y de esa manera se aleja del mal que antes trama- ba, y deja de pensar en sí misma. Es inevitable que ya no tenga ojos más que para ese Amor que, como sol de me- diodía, la deslumbra.

 

Hay un aspecto interesantísimo en Sus Palabras de este capítulo, que refuerza todo lo dicho, y que queremos destacar especialmente, y se encuentra en esto que dice: “pero si hacen por acercarse a él, fijarlo, la luz del amor resplande- cerá en sus ojos”.

 

Si no fuera porque hemos ya estudiado lo que Nos dice en el capítulo del 21 de Septiembre de 1927, volumen 23, sobre que “todas las cosas creadas están fijas en Él”, este aspecto de “fijar al Amor” se nos escaparía. Cuando nos fijamos en algo, no significa que nos estamos fijando en ese algo con exclusividad o con muchísima atención, sino que lo que el Señor dice es que lo estamos asegurando, afirmándolo, lo estamos anclando en nosotros, no dejándolo ya escapar de nosotros; en una sola palabra, poseyéndolo por completo; y este poseer al Amor, es el principio de una Vida en Su Voluntad plena y fructífera.


Resumen del capítulo del 2 de Septiembre de 1912: (Doctrinal) - Pagina 57 -

 

Estaba diciendo a mi siempre amable Jesús:

 

“Mi único temor es que me pudieras dejar, retirándote de mí”.

 

Y Jesús:

 

(A)    “Hija mía, no puedo dejarte porque tú no haces ninguna reflexión sobre de ti misma, ni tomas ningún cuidado de ti; las reflexiones, los cuidados personales aun sobre el bien, para quien me ama de verdad son tantos vacíos que forma al amor, por lo tanto mi Vida no llena toda, toda el alma, estoy como al margen, en un rincón y me dan así ocasión de darme mis escapadas; en cambio quien no es llevado a las reflexiones de los cuidados propios, y piensa sólo en amarme, y toma cuidado sólo de Mí, Yo lo lleno todo, no hay punto de su vida en que no encuentre la mía, y queriendo darme mis escapadas debería destruirme a Mí mismo, lo cual no puede ser jamás.

 

Hija mía, si supieran las almas el mal que hacen las reflexiones propias, encorvan al alma, la abajan, la hacen tener el rostro vuelto hacia sí mismas, y mientras más se miran más humanas se vuelven, más reflexionan, más sienten las miserias y más empobrecen, en cambio el solo pensamiento de Mí, en amarme, en estarse toda abandonada en Mí, hace recta al alma, y con tener el rostro dirigido a mirarme sólo a Mí, se elevan y crecen; más me miran más divinas se hacen, mientras más reflexionan sobre Mí más se sienten ricas, fuertes y valerosas”.

 

Después ha agregado:

 

(B)    “Hija mía, las almas que están unidas con mi Querer y que me hacen hacer mi Vida en ellas y piensan sólo en amarme, están unidas Conmigo como los rayos al sol; ¿quién forma los rayos? ¿Quién les da vida? El sol; si el sol no pudiera formar los rayos no podría extender su luz ni su calor, así que los rayos ayudan al sol a hacer su curso y lo embellecen de más. Así Yo, sólo por medio de estos rayos que forman una sola cosa Conmigo, me extiendo sobre todas las regiones y doy luz, gracia, calor, y me siento más embellecido que si no los tuviera.

 

Ahora, ¿se podría preguntar a un rayo de sol cuántos caminos han hecho, cuánta luz, cuánto calor ha dado? Si tuviera razón respondería: “No me quiero ocupar de esto, lo sabe el sol y basta; pero si hubiera otras tierras a las cuales dar luz y calor los daría, porque el sol que me da vida, a todo puede llegar”. Y si el rayo quisiera reflexionar, volverse ha- cia atrás a lo que ha hecho, perdería su curso y se oscurecería. Así son mis almas amantes, son mis rayos vivientes, no reflexionan sobre lo que hacen, estarse en el Sol Divino es toda su intención, y si quisieran reflexionar les sucedería a ellas como al rayo del sol y mucho perderían”.

 

* * * * * * *

 

Extraordinario capitulo que comienza con Luisa confesándole a Dios el dolor de Su Privación, y que ya esa Privación no sea temporal sino permanente. Sin embargo, ahora el Señor no le contesta directamente, como hace otras veces, sino que indirectamente reorienta la atención de Luisa al hecho de que ella no se ocupa de nada sino de Él.

 

Dicho de otra manera, y conviene entenderlo lo mejor posible: no es Él el que la deja, sino que Luisa no lo deja a Él. La conclusión inevitable, aun en el plano meramente humano: ¿Cómo podemos alejarnos y abandonar a alguien, que no quiere, ni puede alejarse o abandonarnos?

 

P ero empecemos con el análisis del Bloque (A).

 

(1)    Hija mía, no puedo dejarte porque tú no haces ninguna reflexión sobre de ti misma, ni tomas ningún cuidado de ti; - A lo que ya habíamos dicho en el pequeño prologo a la explicación, el Señor Le añade esta pequeña coletilla que nosotros omitimos para que fuera Él el que Nos la dijera con todo su impacto. ¿Cómo puedo dejarte Lui- sa, si tu no tomas cuidado de ti?”; y podría añadir pero implica esta imposibilidad: ¿Cómo podría ser Yo tan cruel con alguien que se ha hecho desvalida por Mi Amor?

 

¿Aplica esto también a nosotros? Por supuesto que sí, pero solo en la medida en que vamos llegando al estado de total desvalimiento en el que se encuentra Luisa. Sin llegar a esos extremos, sí podemos decir, que ¿cómo Dios no va


a ocuparse de nosotros, cuidar de nosotros, que estamos tratando de dejar de pensar en nosotros, para pensar en Él y en Su Reino?

 

(2)    las reflexiones, los cuidados personales aun sobre el bien, para quien me ama de verdad, son tantos vacíos que forma al amor, - Al decir: “aun sobre el bien”, Jesús continúa enfatizando esta total ruptura con nues- tra vida anterior, que se basaba en cuidar de nosotros y de los nuestros, hacer el bien, ser virtuosos a todo trance, y aun este afán de virtuosidad, sólo de “part-time” porque hay otras cosas importantes que hacer también, sin tomar en cuenta si el bien que hacíamos y la virtud que perseguíamos, venía de Él; sino que hacíamos el bien, por el bien mis- mo; como si lo que es bueno fuera bueno por sí mismo, y no porque Él Me sugiere qué es lo que es bueno para mí. Ahora sabemos mejor que antes, que solo es bueno lo que Él ha diseñado para que nosotros lo hagamos. No solo no existe el bien por sí solo, sino que ni siquiera lo que es bien para mí, lo es para otro.

 

(3)    por lo tanto mi Vida no llena toda, toda el alma, - Si no fuera por esta pequeña oración gramatical, nos parecería que habla de todas Sus Criaturas, pero al decir: “Mi Vida no llena toda, toda al alma”, sabemos de inme- diato que habla de los que vivimos en Su Voluntad, que tenemos Su Vida bilocada en nosotros, pero no Le dejamos desarrollarla plenamente y con todo fruto.

 

(4)    estoy como al margen, en un rincón y me dan así ocasión de darme mis escapadas; - Nuestro Señor no deja de sorprendernos continuamente. Dice que si nos ocupamos de nosotros mismos, y no de Él, y en adición, no dejamos que sea Él el que Nos cuide, y se preocupe de nosotros, pues Él se da “sus escapadas”, y como que Nos deja muy ocupados en ocuparnos de nosotros mismos.

 

Este concepto de la “escapada” no es solo sorprendente, sino que nos deja un tanto perplejos. Por un lado sabemos, que Él nunca nos deja solos, como los papas que se van a comer y al cine, y como “que se escapan”, pero queda con nosotros una “babysitter”, a la que la madre no deja de llamar a cada rato, para ver si todo está bien por casa.

 

Dicho todo esto, sin embargo, dice que Se escapa, y por tanto, Se escapa, y eso definitivamente no es nada bueno para nosotros, porque lo que perdemos no es cuantificable, pero sí de extrema importancia; porque no podremos llegar a saber lo que perdemos en ese “tiempo” que no está con nosotros. Esta última nos parece que es la explicación del concepto de “escapada”. Expresemos todo esto con mayor amplitud.

 

Si uno de Sus Objetivos fundamentales, es el de hacernos participes de Su Felicidad, de Su Amor, de Su Gloria, lógico es que tenga que ocuparse en darnos esa Participación, todo el tiempo que tenemos. Ya sabemos que por ahora, lo que necesita hacer es plantar “semillas de Verdades” en nosotros, para desarrollarlas plenamente en el Cielo. Si no hacemos que “cumpla con este Trabajo Suyo” todo el tiempo que dure nuestra existencia, y Le permitimos que se nos escape de vez en cuando, y deje de darnos activamente esa Participación, perdemos por el tiempo en que está esca- pado, los “detalles” de esta Participación. Ese “tiempo perdido” no lo recobramos mas. ¿Quiere esto decir que seremos menos felices? Sí, seremos menos felices, pero no nos daremos cuenta, porque cuando estemos con Él en el Cielo, Su Gran Bondad no va a darnos la infelicidad de saber lo que hemos perdido. Así dice San Agustín, que “seremos todo lo felices que somos capaces de ser”, pero nunca llegaremos a saber cuál era la “capacidad de felicidad” planeada para nosotros, o sea, el grado de participación que quería tener con nosotros en esta Vida en Su Voluntad, y luego en el Cielo, porque no Le dejamos desarrollarla en nosotros, y tendremos que conformarnos con algo menos de lo planea- do.

 

(5)    en cambio quien no es llevado a las reflexiones de los cuidados propios, y piensa sólo en amarme, y toma cuidado sólo de Mí, Yo lo lleno todo, no hay punto de su vida en que no encuentre la mía, y que- riendo darme mis escapadas debería destruirme a mismo, lo cual no puede ser jamás. - Como ya hemos dicho y sabemos, Nuestro Señor siempre cuida de nosotros, esa es Su Responsabilidad, y no puede eludirla comple- tamente, a lo más dice, que se da Sus escapadas. Sin embargo, lo interesante de este párrafo, es que dice que con la criatura que vive en Su Voluntad, y “hace” estas tres cosas, las dos primeras conocidas, y la segunda no tanto, al me- nos en la forma dicha, a saber:

 

a)       no es llevado a las reflexiones de los cuidados propios, - el tema ya conocido de “no pensar en sí mismo”, pero con diferente expresión semántica, porque dice: la que no es dada a reflexionar sobre sus ciudades pro- pios.


b)       piensa sólo en amarme, - Otro tema conocido. Como no piensa en sí misma, piensa solo en Él, y en amarle, o sea, en hacer lo que Él le sugiere que haga.

 

c)        y toma cuidado sólo de Mí - En una primera lectura, parce como un tema nuevo, sorpresivo y totalmente desconcertante. “Cuidar solo de Él”. ¿Cómo podemos nosotros cuidar de Él; Él, que todo lo puede, que todo lo sabe? A poco que profundizamos no es tan sorprendente lo que dice, porque de lo que se trata no es de cuidarlo a Él, lo cual es imposible, sino que es cuidar de Sus Cosas, o sea, de Sus Planes, de Sus Objetivos, de Su Gente, porque todos esos son criaturas Suyas, y como tales, están sujetos a las dificultades propias de to- do lo creado en medio de un ambiente hostil.

 

Si nosotros, y repetimos, hacemos estos tres deberes, entonces dice Él que no puede escaparse, dice mas, dice que tratar de escaparse “sería equivalente a destruirse a Si Mismo, lo que no puede ser jamás”.

 

(6)    Hija mía, si supieran las almas el mal que hacen las reflexiones propias, encorvan al alma, la abajan, la hacen tener el rostro vuelto hacia sí mismas, y mientras más se miran más humanas se vuelven, más reflexionan, más sienten las miserias y más empobrecen, - Sin comentarios, ¿Qué podemos añadir a esto?

 

(7)    en cambio el solo pensamiento de Mí, en amarme, en estarse toda abandonada en Mí, hace recta al alma, y con tener el rostro dirigido a mirarme sólo a Mí, se elevan y crecen; más me miran más divinas se hacen, mientras más reflexionan sobre Mí más se sienten ricas, fuertes y valerosas.- Tampoco podemos añadir nada que explique esto de lo claro que está.

 

* * * * * * *

 

Y analicemos ahora el Bloque (B). Importante lección en este Bloque que nos invita a no detenernos en lo ya hecho, para examinarlo, felicitarnos por lo hecho, por lo que hemos conseguido, o entristecernos por lo no realizado o reali- zado mal. En el mismo momento que lo hagamos, perderíamos el rumbo; nos volveríamos atrás y perderíamos todo lo ganado y ganaríamos todo lo perdido. La clave está en cómo debemos actuar, lo que hemos subrayado en el párrafo 6: “no reflexionar sobre lo que hacemos”.

 

Dicho esto, entendamos que el Bloque tiene dos partes importantes. En la primera parte, del párrafo 1 al 4, Nuestro Señor habla del papel que jugamos en Sus Planes para con la línea de creación de Adán, que siempre fue pensada viviendo en Su Voluntad. En la segunda parte, del párrafo 5 al 6, Nuestro Señor “piensa por nosotros”, o sea, quiere que sepamos lo que debiéramos pensar siempre, mientras vivimos en Su Voluntad.

 

Hija mía, las almas que están unidas con mi Querer y que me hacen hacer mi Vida en ellas y piensan sólo en amarme, están unidas Conmigo como los rayos al sol; - Tres condiciones en esta Vida en Su Voluntad.

 

1)       debemos estar unidos con Él en la actitud de querer siempre lo que Él quiere.

 

2)       debemos comprender el Poder Divino que Nos da, de que “Le hacemos hacer Su Vida en nosotros”. “Hacerlo hacer” es una forma suave, amorosa, de expresar esta Obligación que ha contraído con nosotros, por puro Amor que Nos tiene. No lo hace porque está forzado por nosotros a hacerlo, sino porque es Él mismo el que se obliga a hacerlo.

 

3)       Debemos comprender que solo podemos pensar en amarle, cumpliendo Sus Sugerencias Amorosas, y expre- sando nuestro amor en función de Su Amor por nosotros, o sea, amarle con Su Mismo Amor.

 

Si estas tres cosas hacemos, podemos tener la seguridad de que estaremos unidos a Él, como los rayos del sol al sol.

 

La explicación que sigue de esta relación es impresionante, porque confirma en mucho la certeza que tienen los que preparan estas Guías de Estudio, de que la Bilocación de Su Voluntad en nosotros, es como una extensión de Su Voluntad en nosotros. Esa es la manera en que Nuestra Madre Santísima la explica, una y otra vez, en el libro de la Virgen María en el Reino de Su Voluntad. Dicho esto, y para que el concepto no quede incompleto, también el Señor dice en el volumen 36, que Él forma una Vida de Su Voluntad y Nos la entrega, con lo que implica no una extensión sino una vida de Su Voluntad separada, o sea, una Bilocación de Su Voluntad en nosotros.


(2)    ¿quién forma los rayos? ¿Quién les da vida? El sol; si el sol no pudiera formar los rayos no podría extender su luz ni su calor, - Una vez que ha establecido las condiciones de vida en Su Voluntad, pasa a explicar- nos los resultados prácticos de esa Asociación en Su Vida. Dice que el sol da la vida a los rayos, o sea, los rayos se forman en el sol, y son los vehículos a través de los cuales, el sol extiende a todos su luz y calor. Sin esta capacidad que Él le ha dado al sol de proyectar la luz, y por tanto el calor, el sol seria una bola de fuego sin función útil.

 

(3)    así que los rayos ayudan al sol a hacer su curso y lo embellecen de más. - Dice el Señor que de esta ma- nera, los rayos que el mismo sol forma, le ayudan a realizar su función útil, pero curiosamente añade, que no solo es una función útil sino bella. Es que Dios no le gusta hacer cosas puramente utilitarias, sino que las hace bellamente utilitarias.

 

(4)    Así Yo, sólo por medio de estos rayos que forman una sola cosa Conmigo, me extiendo sobre todas las regiones y doy luz, gracia, calor, y me siento más embellecido que si no los tuviera. – Una vez termina- da la alegoría del Sol, Nuestro Señor describe que así hace Él con nosotros, los que vivimos en Su Voluntad. Somos los rayos formados en El y extendidos por Él Mismo, y de esta manera puede extenderse a todos, y darles a todos lo que necesitan.

 

Este tópico de que Le ayudamos a ejercer Su Función Benefactora, porque cooperamos con Él en hacer resurgir todo lo creado por referencia nuestra, aquí lo anuncia, para explicarlo más extensamente en los volúmenes 17 y 18.

 

El tópico que es nuevo, es el de que con nosotros, y a través de nosotros, Él se siente “embellecido”, y lo hace todo mas bellamente. Como dirá en el volumen 24, capitulo del 7 de Julio de 1928, página 110 de la edición de la Librería Espiritual, todo quiere hacerlo con Su Corte, con Sus Ministros, y sin esos Ministros, Él es como Rey sin Reino Verda- dero.

 

Dicho de otra manera. Así como Él Nos da la vida, no solo la que teníamos, sino esta nueva vida en Su Voluntad, el Sol, que es Él, no podría llevar a cabo Su Labor sin nosotros; más aun, se siente más embellecido, más glorificado, por esta cooperación nuestra con Sus Objetivos y Planes.

 

(5)    Ahora, ¿se podría preguntar a un rayo de sol cuántos caminos han hecho, cuánta luz, cuánto calor ha dado? Si tuviera razón respondería: “No me quiero ocupar de esto, lo sabe el sol y basta; pero si hubiera otras tierras a las cuales dar luz y calor los daría, porque el sol que me da vida, a todo puede llegar”. – Comienza ahora la segunda parte de este Bloque, en el que “empieza a pensar por nosotros”. Vamos a parafrasear el párrafo para que se vea más claramente lo que hace.

 

Ahora, el rayo del sol pudiera ocurrírsele preguntar: ¿Cuántos caminos he hecho, cuánta luz, cuánto ca- lor he dado? A esta pregunta, el rayo de sol debe responder: ‘No me quiero ocupar de esto, el Sol sabe lo que yo he hecho y basta; pero si hubiera otras tierras a las cuales dar luz y calor las daría, porque el sol que me da vida, a todo puede y quiere llegar’

 

Tres aspectos en lo que dice y que hemos parafraseado:

 

Primero, Esta pregunta que pudiera ocurrírsenos, debemos tratarla como una tentación mas, y como tal debemos resistir hacérnosla.

 

Segundo, Si por un acaso se nos ocurriera, y recurriera con fuerza, debemos de inmediato responder: No me quiero ocupar de esto, el Sol sabe lo que he hecho y basta.

 

Tercero. Aunque no me interesa detenerme en lo que he hecho, si estoy preparado para hacer lo que se me pida en un futuro, porque Él lo quiere, y yo quiero cooperar con Él.

 

(6)    Y si el rayo quisiera reflexionar, volverse hacia atrás a lo que ha hecho, perdería su curso y se oscu- recería. Así son mis almas amantes, son mis rayos vivientes, no reflexionan sobre lo que hacen, estarse en el Sol Divino es toda su intención, y si quisieran reflexionar, les sucedería a ellas como al rayo del sol y mucho perderían. - Más aun, y este es el cuarto aspecto que debemos tener en cuenta. Si cayéramos en la tenta- ción de reflexionar sobre lo ya hecho, por qué y cómo lo ha hecho, o para tratar de hacerlo mejor, o para satisfacerse porque lo hizo bien, o para lamentarse de que pudiera haberlo hecho mejor, dice el Señor, que perderíamos lo que


hemos avanzado en esta Vida en Su Voluntad, porque no “debemos reflexionar sobre lo que hacemos”, sino que nuestra intención debe ser estar en el Sol Divino, y cooperando con Él.

 

Resumen del capítulo del 6 de Septiembre de 1912: (Doctrinal) Pagina 59 -

 

Continuando mi habitual estado, en cuanto el bendito Jesús ha venido me ha dicho:

 

“Hija mía, Yo estoy con las almas, dentro y fuera, pero ¿quién experimenta los efectos? Quien se acerca con su volun- tad a la mía, quien me llama, quien reza, quien conoce mi Poder y el bien que puedo hacerle. De otra manera sucede como a aquél que tiene agua en su casa pero no se acerca para tomarla y beber, a pesar de que está el agua no goza del beneficio del agua y arde por la sed; así si siente frío, y a pesar de que hay fuego no se acerca a él para calentar- se, no gozará el beneficio del calor, y así de todo lo demás. ¡Cuál no es mi desagrado, que mientras quiero dar no hay quien tome mis beneficios!”

 

* * * * * * *

 

Y analicemos el capitulo.

 

Hija mía, Yo estoy con las almas, dentro y fuera, pero ¿quién experimenta los efectos? Quien se acerca con su voluntad a la mía, quien me llama, quien reza, quien conoce mi Poder y el bien que puedo hacer- le. - Continúa el Señor con el tema que anunciara en el capítulo del 20 de Agosto de 1912, de este mismo volumen y que ya hemos estudiado. En ese capítulo Le decía, y transcribimos:

 

“Hija mía, cuánto me desagrada ver al alma encogida en misma, verla obrar sola, mientras estando Yo junto a ella la miro, y viéndola muchas veces que no sabe hacer bien lo que hace, Yo estoy esperando que me llame y me diga: “Quiero hacer esta cosa y no sé hacerla, ven Tú a hacerla junto conmigo, y todo sabré hacer bien”.

 

Aunque en este capítulo el tema es parecido, el énfasis en éste lo pone en que solo el que se acerca a Él, en Su Volun- tad, puede llegar a conocer plenamente que Él quiere ayudarnos en todo y darnos los efectos totales de esta proximi- dad e intimidad con Él. ¿Cómo lo sabemos? Por dos frases muy significativas. En la primera dice que “quien se acerca con su voluntad a la Mía”, y en la segunda cuando dice que “quien conoce Mi Poder y el Bien que puedo hacerle”. Empecemos con la primera.

 

“quien se acerca con su voluntad a la Mía”. Aunque es posible acercarnos con nuestra voluntad a la de Él en una vida cristiana desconocedora de estos Escritos y del Don que quiere concedernos, la probabilidad de que esto suceda es poca, porque desconocemos o minimizamos la importancia que juega Su Voluntad en su relación con nosotros Sus criaturas.

 

En efecto, para el cristiano desconocedor, su objetivo principal es salvarse, en esto pone todo su esfuerzo, y para conseguir esta meta, trata, con gran dificultad, de hacer Su Voluntad como la conoce, o sea, cumpliendo los Manda- mientos, imitando al Señor en todo lo que Nos enseñó con Su Palabra y con Su Ejemplo cuando estuvo entre nosotros, y tomando muy en consideración las interpretaciones oficiales de Sus Enseñanzas tal y como nos las enseñan San Pedro, San Juan y San Pablo y otros en sus cartas y comentarios, y lo que Nos enseña el Magisterio de la Iglesia por boca de los Papas y los diferentes Concilios Obispales.

 

Poco conoce el cristiano normal, del Objetivo y los Planes Divinos originales respecto a Adán, ni la forma en que Adán fue creado y vivía en Su Voluntad, ni del Reino del Fiat Supremo que Dios quería establecer en la tierra a través de los esfuerzos de Adán y Eva y toda su descendencia viviendo en Su Voluntad. Tampoco sabe que este Plan no ha sido abandonado, sino que fue demorado para recomenzarlo con Luisa y sus descendientes espirituales.

 

Poco sabe el cristiano normal de lo que significa realmente ser creado a Su Imagen y Semejanza, porque piensa que el hombre se asemeja a Dios y es Imagen de Dios, cuando cumple Su Voluntad y no peca, o sea, que cuando su alma es pura y sin mancha de desobediencia es cuando es imagen y semejanza de Dios, mientras que nosotros sabemos que no es el hombre en general, el que es imagen y semejanza de Dios, sino que es Adán el que es creado a imagen y semejanza de Dios, porque fue creado para poseer la Voluntad Divina y vivir en el Ámbito de Su Voluntad, desde el primer instante de su existencia.


Poco sabe el cristiano normal de que Adán no es el primer hombre, estrictamente hablando, puesto que Adán es crea- do en medio de otros hombres, diríamos civilizaciones enteras, pero sí es el primer hombre de una línea de creación, en cuya línea de creación, todos, tanto Adán, Eva, y todos sus descendientes tendrían la posesión de Su Voluntad y vivirían en Su Voluntad desde el primer instante de su existencia; todo esto, en la medida en la que una criatura pue- de poseer y participar del Ser Divino.

 

Por último, y para no extendernos demasiado en estas diferencias fundamentales poco sabe el cristiano normal de “los prodigios y la Potencia de Mi Santísimo Querer”, como Le dice a Luisa en el próximo capítulo de este volumen 11, y que estudiaremos a continuación.

 

Estudiemos ahora la segunda frase que utiliza. “quien conoce Mi Poder y el Bien que puedo hacerle.”

 

Poco conoce el cristiano normal del Poder Divino, porque poco conoce de Él. Lo tiene como un Dios lejano, exigente, difícil de complacer, al que es muy fácil ofender, y al que hay que pedirle todo porque se olvida fácilmente de noso- tros. Sabe que es Misericordioso y que perdona y se olvida de sus pecados, pero a veces quisiera, el cristiano normal, que no fuera tan difícil seguirle, y así no tener que ser perdonado tantas veces. No sabe el cristiano normal el Poder Transformador que tiene esta Vida en Su Voluntad, cómo apaga las pasiones, cómo al dejar de pensar en nosotros mismos, para pensar solo en Él, en Sus Objetivos y Sus Planes, nuestros problemas, nuestras debilidades y malas tendencias van desapareciendo, y cómo llegamos a ser lo que queríamos ser, buenos y santos, no por nuestros es- fuerzos baldíos, sino porque Él Nos hace tolerablemente buenos y santos a Sus Ojos, como recompensa a esta fideli- dad que le tenemos a esta nueva vida en Su Voluntad,

 

De otra manera sucede como a aquél que tiene agua en su casa pero no se acerca para tomarla y beber, a pesar de que está el agua no goza del beneficio del agua y arde por la sed; así si siente frío, y a pesar de que hay fuego no se acerca a él para calentarse, no gozará el beneficio del calor, y así de todo lo de- más. ¡Cuál no es mi desagrado, que mientras quiero dar no hay quien tome mis beneficios! – La única manera, dice el Señor, en que podremos llegar a conocerle a Él, conocer Su Potencia, conocer el Bien que siempre ha querido hacer a nuestra línea de creación empezada con Adán, es a través del restablecimiento del Don de Vivir en Su Voluntad que habíamos perdido, y ahora hemos recobrado por Su Intervención en la tierra, la de Su Madre, y ahora la de Luisa. No podemos recibir todo el Bien que quiere darnos, porque no nos acercamos a Él como Él quiere, porque pensamos que podemos acercarnos a Él, haciendo Su Voluntad solamente, y no poseyendo este Don de Vivir en Su Voluntad; pero, no podemos realmente. Esta ansiedad innata en nosotros, de estar con Dios, solo puede satisfacerse con la proximidad a Jesús, pero viviendo en Su Voluntad.

 

Resumen del capítulo del 29 de Septiembre de 1912: (Doctrinal) Pagina 60 -

 

Escribo cosas pasadas. Estaba pensando entre mí:

 

Jesús”. Y mi amable Jesús al venir me ha dicho:

(A)    “Hija mía, ¿sabes quién ha sido la más preferida por Mí? El alma a la cual he manifestado los prodigios, la poten- cia de mi Santísimo Querer. Todas las demás cosas son parte de Mí, en cambio mi Voluntad es el centro y la vida, la rectora de todo; así que mi Voluntad ha dirigido la Pasión, ha dado vida a mi corazón, ha sublimado la cruz, mi Volun- tad abarca y comprende todo, aferra todo y da efecto a todo, así que mi Voluntad es más que todo, por consecuencia a quien he hablado de mi Querer, ella ha sido la más preferida de todos y sobre de todo. ¡Cuánto deberías agrade- cerme por haberte admitido en los secretos de mí Querer! Mucho más, quien está en mi Voluntad es mi Pasión, es mi corazón, es mi cruz, y es mi misma Redención, no hay cosas disímiles entre Yo y ella, por eso toda en mi Voluntad te quiero si es que quieres tomar parte en todos mis bienes”.

 

Para quien obra en la Divina Voluntad, Jesús dispone las intenciones.

 

Otra vez estaba pensando cómo sería mejor ofrecer nuestras acciones, oraciones, etc., si como reparaciones, como adoraciones, etc. Y mi siempre benigno Jesús me ha dicho:



(B)    “Hija mía, quien está en mi Voluntad y hace sus cosas porque las quiero Yo, no es necesario que disponga ella sus intenciones, estando en mi Voluntad, conforme obra, reza, sufre, así Yo mismo las dispongo como más me place, ¿me place la reparación? Las tomo por reparación; ¿me place por amor? Lo tomo como amor. Siendo Yo el dueño hago con ellas lo que quiero; no así con quien no está en mi Voluntad, disponen ellos y Yo quedo a voluntad de ellos”.

 

Uso de los bienes naturales en la Divina Voluntad.

 

Otro día, habiendo leído en un libro de una santa, que primero casi no tenía necesidad de alimento y después tenía que comer frecuentemente y era tanta la necesidad que llegaba a llorar si nada le daban, yo me he quedado pensativa meditando en mi estado, pues antes tomaba poquísimo alimento y era obligada a devolverlo, pero ahora tomo más y no lo devuelvo, y decía para mí:

 

“Jesús bendito, ¿cómo es eso? Esto para lo tengo como falta de mortificación y es mi maldad la que me lleva a estas miserias”.

 

Y Jesús bendito al venir me ha dicho:

 

(C)    “Hija mía, ¿quieres saber el porqué? Heme aquí para contentarte. Primero, al alma para hacerla toda mía, para vaciarla de todo lo sensible y ponerle todo lo celestial, lo divino, la alejo aun de la necesidad del alimento, de modo que casi no tiene necesidad de éste, así que encontrándose en estas condiciones, toca con la mano que sólo Jesús basta, que nada más le es necesario, y el alma se eleva a lo alto, desprecia todo, no se preocupa de nada, su vida es celestial. Después de haberla fundado bien por años y años, no teniendo Yo más temor de que lo sensible le lleve la sombra de las impresiones, porque después de haber gustado lo celestial es casi imposible que el alma guste los desechos, el estiércol, Yo entonces la restituyo a la vida ordinaria, porque quiero que mis hijos tomen parte en las cosas creadas por Mí por amor de ellos según mi Voluntad, no según la de ellos, y es sólo por amor de estos hijos que estoy obligado a alimentar a los otros; y no sólo esto, sino que es para Mí la más bella reparación por todos aquellos que no usan de las cosas naturales según mi Voluntad, el ver a estos hijos celestiales tomar las cosas necesarias con sacrificio, con desapego y según mi Voluntad. ¿Cómo quieres decir tú que por esto hay maldad en ti? Nada en absolu- to, ¿qué mal hay en el tomar un poco de más o de menos en mi Voluntad de lo que no es sino escoria? Nada, nada. En mi Voluntad nada puede haber de mal, sino siempre bien, hasta en las cosas más indiferentes”.

 

* * * * * * *

 

Este es un capitulo doctrinal con tres Bloques, y al parecer fueron dictados por el Señor en diferentes días, y Luisa dice que los escribe ahora como cosas pasadas.

 

Luisa quiere saber cuál ha sido el alma mas preferida por Jesús..

 

(1)    Hija mía, ¿sabes quién ha sido la más preferida por Mí? El alma a la cual he manifestado los prodi- gios, la potencia de mi Santísimo Querer. – Jesús repite la pregunta de Luisa, y como de costumbre, la contesta en Su primera oración gramatical. Dice Jesús que muchas son las almas a las cuales Él les ha manifestado parte de Su Vida, de Sus Modos, pero que la más preferida de todas ellas, es el alma a la cual Él le ha hablado acerca de los Pro- digios y la Potencia de Su Querer.

 

(2)    Todas las demás cosas son parte de Mí, en cambio mi Voluntad es el centro y la vida, la rectora de todo; - Dios no es solamente aquellas manifestaciones de Sus Cualidades o Atributos que conocemos, Sus Partes, sino que como dice en este capítulo, el “todo”, que incluye a Sus Partes, es Su Voluntad. Su Voluntad es Su Centro y Su Vida, y lo rige, gobierna, y lo dirige todo. Ya sabemos por múltiples capítulos que Dios es Movimiento, Acto Ince- sante, y que este Acto Incesante se manifiesta, según sea necesario, ahora Justiciero, ahora Misericordioso; sin em- bargo, en todo movimiento, es necesario llegar a comprender quien es el que inicia el movimiento observado, porque el que inicia el movimiento es el elemento más importante del proceso. Así ocurre con Su Voluntad y Sus Atributos o Cualidades, que el mismo Señor confiesa que cuando Su Voluntad no lo quiere, ninguno de Sus Atributos “funcionan”, pero que cuando Su Voluntad lo quiere, Sus Atributos se manifiestan. Aunque no es estrictamente pertinente al punto que quiere enfatizar, también sabemos, que Su Voluntad quiere lo que la Trinidad Sacrosanta quiere, por lo que po- demos decir, que en última instancia, Su Voluntad solo se “mueve”, si Ellos Tres quieren que se “mueva” .


Dicho todo esto, comprendemos también, que la Trinidad solo puede expresar Su Decisión de ser Misericordioso o Justiciero, porque tienen una Voluntad que hace posible que Ellos puedan decidir ser todo lo Misericordioso o Justicie- ro que quieran ser.

 

(3)   Así que mi Voluntad ha dirigido la Pasión, ha dado vida a mi corazón, ha sublimado la cruz, mi Volun- tad abarca y comprende todo, aferra todo y da efecto a todo, - Hasta ahora Jesús había hablado como el Dios que es, pero ahora, habla como el Jesús que también es, y Le explica a Luisa la gran importancia que ha tenido Su Voluntad en Su Conducta y Rol humanos, y se detiene en tres aspectos de esa Vida Humana Suya, que quiere desta- car. Dice que Su Voluntad:

 

a)       Ha dirigido Su Pasión – En el libro de las Horas de la Pasión, describe con todo detalle, cómo Su Voluntad era la que lo dirigía todo. “Yo he venido para hacer la Voluntad de Mi Padre”, es Su expresión favorita para describir el proceso de Su Vida entre nosotros, Su Pasión incluida, pero muchas veces el significado ultimo de esta expresión Suya se nos escapa, porque ponemos nuestra atención en el Padre y no recordamos la Volun- tad. Quizás sería conveniente parafrasear esta Expresión Suya diciéndola de esta manera: Yo he venido por- que Nosotros Tres decidimos que se efectuara la Redención del Hombre con un Plan especifico de Vida para una criatura que llamamos Jesús, y que Yo, como Segunda Persona de la Trinidad, debía animar y conducir en la ejecución de ese Plan decidido. En base a estos Objetivos Nuestros, Nuestra Voluntad y el Amor ejecutaron Nuestro Plan, y lo dirigieron, paso a paso, para que se cumplieran todos nuestros Objetivos. Como ya hemos anunciado, Ellos Tres deciden, pero una vez que deciden, Su Voluntad toma las riendas del Proceso, y se en- carga completamente de la ejecución de dicho Plan. Sólo Su Voluntad es capaz de llevar a cumplimiento, y cumplimiento perfecto, aquello que Ellos deciden hacer.

 

b)       Ha dado Vida a Mi Corazón - Cuando Nuestro Señor habla de Su Corazón, generalmente se refiere a Su Persona. Ya sabemos que el Amor, el Hijo Primogénito de Su Voluntad, es el que da forma y funcionalidad a todo lo creado, y Jesús como criatura, también ha recibido del Amor, Su Forma y Su Funcionalidad humanas, y Le ha dado Vida. Es Su Voluntad, vía el Amor Divino, el que hace posible Su Vida Humana entre nosotros.

 

c)        Ha sublimado la Cruz – Sublimar significa según el Diccionario, “engrandecer, exaltar, ensalzar o poner en altura algo”. Así pues dice Jesús, que esa Cruz, ese pedazo de madera de por si insignificante, y que todos mi- raban con desprecio, por ser utilizada como castigo de muerte para personas indignas, ahora, después de Su Muerte en ella, cumpliendo obedientemente lo que la Voluntad Divina Le indicaba hiciera, ha quedado “subli- mada”, o sea, engrandecida, exaltada, y ensalzada; puesta a la altura misma de Dios. Tal es así, que a la sola vista de la Cruz, inmediatamente la asociamos con Jesús, el Dios humanado y Su Redención. Más aun, solo podemos salvarnos asociados a Su Cruz, y todo lo que esa Cruz representa.

 

(4)    Así que mi Voluntad es más que todo, por consecuencia a quien he hablado de mi Querer, ella ha sido la más preferida de todos y sobre de todo. – Si Su Voluntad es Todo, es lógico pensar, que a aquella que Le habla de Su Querer, tiene por necesidad que ser, la criatura preferida de todos, y sobre de todo. Y si lo dice de Luisa, tenemos que entender que lo dice de nosotros también. En adición a toda otra consideración, entendamos, que para poder vivir en Su Voluntad tenemos que conocer de Su Voluntad, tenemos que conocer de Su Verdad, por lo que re- sulta que todos los que viven en Su Voluntad, en virtud de que conocen de Su Voluntad y de Él, tienen que ser los preferidos, pero no por ellos mismos, sino por lo que ahora portan o contienen en sus personas: el Conocimiento de Su Verdad, y la Vida de Su Voluntad Bilocada y Obrante en ellas.

 

(5)    ¡Cuánto deberías agradecerme por haberte admitido en los secretos de Querer! Mucho más, quien está en mi Voluntad es mi Pasión, es mi corazón, es mi cruz, y es mi misma Redención, no hay cosas di- símiles entre Yo y ella; por eso toda en mi Voluntad te quiero, si es que quieres tomar parte en todos mis bienes. - El punto que Jesús quiere hacer, es que una vez que conocemos de Él, y Nos concede el Don, ya no hay diferencia entre Él y nosotros, por cuanto Nos ha incorporado a Él, y participamos ahora de Él, en la medida en que una criatura puede participar de Su Voluntad y Divinidad..

 

* * * * * * *

Y continuamos con la explicación del Bloque (B).

 

(1)    Hija mía, quien está en mi Voluntad y hace sus cosas porque las quiero Yo, no es necesario que dis- ponga ella sus intenciones, estando en mi Voluntad, conforme obra, reza, sufre, así Yo mismo las dis-


pongo como más me place, - Aquí Nos da un Conocimiento que conocíamos por haber leído este capítulo mucho antes de ahora que lo analizamos, y por tanto, es Conocimiento que hemos utilizado frecuentemente en las clases, porque, al principio de nuestra vida en Su Voluntad, sentíamos gran ansiedad por hacerlo bien, por vivir bien en Su Voluntad. Pensábamos también, que en la vida virtuosa que hasta ahora llevábamos, nosotros éramos los que iniciá- bamos la acción virtuosa que practicábamos. De igual manera, ahora pensamos, que debemos ser nosotros los que dirijamos las acciones hechas en Su Voluntad, de la manera que nos parezca más apropiada.

 

En estos Escritos aprendemos casi de inmediato, que no estamos en control de nada, y que lo único que “controla- mos” es nuestra decisión de hacer lo que Él Nos sugiere hagamos. Eso si lo controlamos: podemos, o no, hacer lo que Nos pide, pero hasta ahí llega nuestro “control” de la situación. Cuando el Señor Nos da Su Sugerencia Amorosa de Acción, Él sabe perfectamente, porqué nos pide lo que Nos pide, y también sabe perfectamente, como va a utilizar aquello que Nos ha pedido hagamos.

 

(2)    ¿me place la reparación? Las tomo por reparación; ¿me place por amor? Lo tomo como amor. Siendo Yo el dueño hago con ellas lo que quiero; - La implicación es clara, Si Su Decisión original cuando Nos envía la Sugerencia, es de que Le demos reparación, entonces Él, siempre de acuerdo con Él mismo, la recibe, “la toma” como reparación. La implicación es también clara, que si esa no era Su Intención en la Sugerencia enviada, entonces Él hace a un lado nuestra intención, y asume que nosotros le habíamos entendido perfectamente, y la toma tal y como Él la había pensado.

 

(3)    No así con quien no está en mi Voluntad, disponen ellos y Yo quedo a voluntad de ellos. – Ahora, cuando el ser humano no vive en Su Voluntad, comoquiera que esas criaturas no han prometido rendir su voluntad a la de Él, para vivir solo de Su Voluntad, condición esencial de la vida en Su Voluntad, entonces Él no puede cambiar la intención expresada por esa alma virtuosa, y se ve obligado por la libertad de voluntad que Nos ha dado, a hacer lo que Le pedimos. Todo esto siempre entendiendo, que lo que esa alma que no vive en Su Voluntad intenta hacer con lo que Le pide, no sea algo incorrecto o indecoroso.

 

* * * * * * *

 

Y continuamos ahora con la explicación del Bloque (C).

 

Aquí Nos da otro Conocimiento que también conocíamos por haber leído este capítulo mucho antes de ahora que lo analizamos, y por tanto, es conocimiento que utilizamos frecuentemente en las clases, porque responde a otra inquie- tud que los que comienzan esta Vida en Su Voluntad, “trasladan” de su vida virtuosa anterior, y que les causa igual ansiedad, como nos causaba también a nosotros.

 

Todo tiene que ver con la presunción de que algo malo hay en nosotros, cuando deseamos y disfrutamos de cosas terrenas, mientras vivimos en una vida terrena, en Su Voluntad, y que trata de ser una imitación de la Suya. Presumi- mos también que Jesús nunca tuvo momentos en los que disfrutaba de la compañía de Sus Discípulos y amigos, y que no hubo momentos de genuina alegría terrena al utilizar aquello que Él mismo había creado para Su beneficio y el nuestro. Estamos empeñados en ver solamente al Jesús de la Pasión, “el varón de dolores”, que nos olvidamos de que no todo fue dolor y penar en Su Vida; ¿cómo podía serlo, cuando estaba en la compañía de Su Madre Santísima?

 

Dice Luisa que: “ella se he quedado pensativa meditando en mi estado, pues antes tomaba poquísimo alimento y era

obligada a devolverlo, pero ahora tomo más y no lo devuelvo”.

 

(1)    Hija mía, ¿quieres saber el porqué? Heme aquí para contentarte. Primero, al alma para hacerla toda mía, para vaciarla de todo lo sensible y ponerle todo lo celestial, lo divino, la alejo aun de la necesidad del alimento, de modo que casi no tiene necesidad de éste, así que encontrándose en estas condiciones, toca con la mano que sólo Jesús basta, que nada más le es necesario, y el alma se eleva a lo alto, des- precia todo, no se preocupa de nada, su vida es celestial. Lo que Jesús hace con Luisa, obviamente no lo hace con nosotros, ni en la calidad del desapego, ni en la cantidad del sufrimiento que ese desapego pueda traernos. Con Luisa, Él llega a extremos que nosotros no necesitamos para las misiones que Nos da. Dicho esto, sin embargo, no podemos pensar que en su afán de perfeccionarnos, nos da un nivel de incomodidad que espera aceptemos. Su Objetivo, expresado claramente, es que en esas mortificaciones, desapegos, contrariedades, o sea, encontrándose en estas condiciones, toca con la mano que sólo Jesús basta, que nada más le es necesario, y el alma se eleva a lo alto, desprecia todo, no se preocupa de nada, su vida es celestial”.


 

(2)    Después de haberla fundado bien por años y años, no teniendo Yo más temor de que lo sensible le lleve la sombra de las impresiones, porque después de haber gustado lo celestial es casi imposible que el alma guste los desechos, el estiércol, - Este proceso de ”fundación”, de crear cimientos de roca en nosotros, puede ser un proceso de años. Él quiere que “lo sensible no nos lleva la sombra de las impresiones”, expresión ex- traordinaria con la que Nos hace comprender que cuando nosotros hayamos “gustado lo celestial”, y sepamos distin- guir y separar en las cosas que nos rodean, lo espiritual y duradero, de lo que es puramente externo, pura materia, sin valor alguno, “estiércol”, entonces, El puede restituirnos a una “vida ordinaria”, como Nos dirá en el próximo párrafo.

 

Y, preguntamos nosotros, ¿qué es esto celestial que gustamos? Obviamente, son estos Escritos lo celestial que disfru- tamos, y que Nos hacen saber, mejor que nada, mejor que ningún sufrimiento o contrariedad, lo que es el Cielo que Nos tiene prometido. Después de leer y estudiar con asiduidad y compromiso este Lenguaje de Cielo, ¢como podemos nosotros dejarnos impresionar y alterar este nuevo curso que ha tomado nuestra existencia, por todo lo otro que nos sucede, sea bueno o sea malo?

 

(3)    Yo entonces la restituyo a la vida ordinaria, porque quiero que mis hijos tomen parte en las cosas creadas por por amor de ellos según mi Voluntad, no según la de ellos, - Lo importante de todo el proceso es que entendamos que si es Voluntad de Él, el que disfrutemos de algo terreno, que Su Bondad y Providencia ha creado por amor nuestro, y que Nos Sugiere utilicemos, todo es bueno, porque, valga la redundancia, es Voluntad Suya que lo disfrutemos. No debe haber temor alguno en Luisa el que esto suceda, como tampoco debe haber temor nuestro cuando esto sucede.

 

(4)    y es sólo por amor de estos hijos que estoy obligado a alimentar a los otros; - Comoquiera que Luisa destaca el hecho de que ella come ahora y no devuelve la comida como antes, Jesús Le dice ahora, unas Palabras similares a las que usara cuando, en otra ocasión, Luisa le dice a Jesús que se había vuelto “muy golosa”. Esta es una grande Revelación que Nos da una magnitud del Amor Providente que tiene Dios por todos, en función de una sola criatura a la que quiere favorecer. También en otra ocasión, Nuestro Señor refiriéndose al trigo y la uva, que nunca faltan a los pueblos, y que no les faltan, porque con ese mismo trigo que comen como pan, y esa misma uva que be- ben como vino, se prepara la Hostia y el Vino de la Transubstanciación Eucarística.

 

(5)    y no sólo esto, sino que es para Mí la más bella reparación por todos aquellos que no usan de las co- sas naturales según mi Voluntad, el ver a estos hijos celestiales tomar las cosas necesarias con sacrifi- cio, con desapego y según mi Voluntad. – Otra Revelación extraordinaria. Cuando Nuestro Señor ve a Luisa, y a todos los que vivimos en Su Voluntad, utilizar todo lo creado que necesitamos, en este caso, los alimentos, según Su Voluntad, siguiendo Sus Sugerencias Amorosas, Él se siente reparado por ofensa que otros muchos Le hacen usur- pando Sus Alimentos, según su propia voluntad humana, y hasta desordenados en pecados de gula y otros excesos alimenticios.

 

(6)    ¿Cómo quieres decir tú que por esto hay maldad en ti? Nada en absoluto, ¿qué mal hay en el tomar un poco de más o de menos en mi Voluntad de lo que no es sino escoria? Nada, nada. En mi Voluntad nada puede haber de mal, sino siempre bien, hasta en las cosas más indiferentes. – Hasta ahora había ha- blado de que lo que hacemos siguiendo Su Voluntad, no puede ser malo. Ahora vuelve Su Énfasis a decirnos que

¿Cómo puede haber alfo de malo, si esto hacen los que viven en Su Voluntad? Y la respuesta es sencilla. Nada de lo que se hace en el Ámbito de Su Voluntad, puede ser malo, porque esto es imposible; en Su Voluntad todo es siempre bueno y santo, hasta lo indiferente e involuntario.

 

Resumen del capítulo del 14 de Octubre de 1912: (Doctrinal) Pagina 63 -

 

Encontrándome en mi habitual estado me lamentaba con Jesús bendito de mi pobre estado, y decía:

 

“¿De qué me sirve que en el pasado me hayas hecho tantas gracias, habiendo llegado hasta a crucificarme Contigo, si ahora todo ha terminado?”

 

Y Jesús:


“Hija mía, ¿qué dices? ¿Cómo, nada te sirve? ¿Todo ha terminado? Falso, te engañas, nada ha terminado y todo te es útil. Tú debes saber que todo lo que hago al alma está sellado con el sello de lo eterno, y no hay potencia que pueda quitar al alma lo que mi gracia ha obrado. Así que todo lo que he hecho a tu alma, todo existe y tiene vida en ti, y te da alimento continuo, así que si te he crucificado, la crucifixión existe y existe por cuantas veces te he crucificado. Yo muchas veces me deleito en obrar en las almas y poner todo en depósito en ellas, y después renuevo mi obrar sin quitar lo que he hecho antes. Entonces, ¿cómo puedes decir que nada te sirve y que todo ha terminado? ¡Ah, hija mía, los tiempos son tan tristes que mi Justicia llega a rechazar las almas que toman los castigos sobre ellas y les impiden caer sobre el mundo! Éstas son mis más queridas víctimas de mi corazón, y el mundo me empuja a tenerlas casi inac- tivas, pero no es inactividad la suya, porque estando en mi Voluntad, mientras parece que no hacen nada hacen todo, más bien abrazan lo inmenso, lo eterno, sólo que el mundo por su maldad no goza todos los efectos”.

 

* * * * * * *

 

(1)    Hija mía, ¿qué dices? ¿Cómo, nada te sirve? ¿Todo ha terminado? Falso, te engañas, nada ha termi- nado y todo te es útil. - Luisa se queja de que el Señor le ha quitado su labor de alma víctima, y de que ya no reci- be de Él, las gracias que antes recibía. Luisa piensa, que los actos que ella y Jesús hacían con anterioridad, tuvieron su efecto en el pasado, pero que esos efectos, beneficios, ya han desaparecido. En un cierto sentido, y todos quizás compartíamos esta creencia antes de conocer estos Escritos y la Divina Voluntad, Luisa piensa que solo vale lo que hace hoy, y que lo ya hecho no vale.

 

Jesús es rápido en desaprobar este pensamiento y creencia, empezando con el próximo párrafo.

 

(2)    Tú debes saber que todo lo que hago al alma está sellado con el sello de lo eterno, y no hay potencia que pueda quitar al alma lo que mi gracia ha obrado. En Su Voluntad, todo lo que Dios hace por un alma en un momento determinado, en la secuencia de los actos que esa criatura está llamada a realizar, actos que Él va sugi- riendo y ella va aceptando, todos estos actos realizados, repetimos, liberan Bienes, que no solo van revistiendo al alma con su utilidad, sino que sellan al alma con el sello de lo que es eterno, y no puede Él, ni quiere Él, destruir este “sello” que Él mismo ha impuesto a esa alma en cada uno de esos actos. Dice Jesús, que no hay potencia que pueda quitar al alma lo que mi gracia ha obrado”.

 

Ahondando más. El Diccionario dice que sellar es: “estampar o imprimir, o dejar señalado una cosa en otra, comuni- cándole un determinado carácter o apariencia. Dice también que sellar es: “cerrar, tapar, cubrir”, y también “concluir, poner fin a una cosa”.

 

Así pues, un Acto de Amor Suyo, encerrado en esa Sugerencia Suya que nos envía, cuando se completa por la acepta- ción de la criatura que lo recibe, viviendo en Su Voluntad, “sella” ese acto, lo hace eterno, lo hace Divino, capaz de unirse al Acto Único de Dios, porque en su sentido más estricto, es un Acto de Dios Mismo.

 

(3)    Así que todo lo que he hecho a tu alma, todo existe y tiene vida en ti, y te da alimento continuo, así que si te he crucificado, la crucifixión existe y existe por cuantas veces te he crucificado. – Jesús enfatiza que todo lo que ha hecho por Luisa, todo existe y tiene vida en ella, y le da alimento continuo. Su Amor se manifiesta concediéndole la Gracia de la Crucifixión. Dicho de otro modo y mejor. Lo más grande que puede darle a una criatura es una participación de Su Vida, particularmente, de Su Pasión en la Hora de la Crucifixión, pero para que pueda parti- cipar de este Bien, tiene que capacitarla, con Su Gracia, para que pueda soportarla. Ahora bien, este Bien que recibe es cumulativo, puesto que lo recibe en cada Crucifixión, y más importante aún, es que todos estos Bienes que todas estas Crucifixiones le han valido a Luisa, están todas en su persona, son fuente de vida para ella, y un alimento conti- nuo.

 

(4)    Yo muchas veces me deleito en obrar en las almas y poner todo en depósito en ellas, y después re- nuevo mi obrar sin quitar lo que he hecho antes. Entonces, ¿cómo puedes decir que nada te sirve y que todo ha terminado? – Lo que dice en todos estos párrafos del 2 al 4, se comprenderá mejor cuando estudiemos el capitulo del 2 de Noviembre de 1912, tres capítulos más adelante. De lo que se trata es de que para Luisa que vive en Su Voluntad, todo lo que Luisa hace, como lo hace conjuntamente con Él, Él pone en eso que hacen un sello eterno que garantiza la permanencia de la Gracia y los Bienes que esos actos han conseguido. (Párrafo 2). Además, dice que todo eso que hacen conjuntamente le da Luisa alimento continuo. (Párrafo 3). Por último dice, que él pone todo en depósito en Luisa, y lo que pone en depósito, a veces, son Sus Verdades. Una vez logrado esto, renueva el Ciclo diario


de este obrar conjuntos, pero no quita nada de lo que ya hicieran en días anteriores. (Párrafo 4). Ya sabemos que lo que dice de Luisa, lo dice de todo aquel o aquella que vive en Su Voluntad.

 

(5)    ¡Ah, hija mía, los tiempos son tan tristes que mi Justicia llega a rechazar las almas que toman los castigos sobre ellas y les impiden caer sobre el mundo! – Este es un párrafo difícil y novedoso sobre la dinámi- ca de la Justicia Divina; decimos novedoso, porque Jesús esto no lo había explicado antes de esta manera.

 

Creemos que solo puede entenderse bien, si lo ponemos en función de una narrativa que ilustra lo que posiblemente suceda entre Jesús y la Justicia Divina. Así diríamos que, normalmente, cuando Jesús ve que la Justicia Divina está pronta a castigar por las ofensas que Le damos a Dios, Jesús presenta a un alma víctima, en este caso a Luisa, bus- cando permiso para castigarla a ella, en lugar de castigar a muchos, o a todos. Normalmente también, la Justicia Divi- na acepta la ofrenda del alma victima como sacrificio expiatorio por lo que los otros Les ofenden. A veces, sin embar- go, la Justicia Divina rechaza a cuanta alma victima Jesús quiera presentarle, e insiste en castigar. “Los tiempos son tan tristes que mi Justicia llega a rechazar las almas que toman los castigos sobre ellas y les impiden caer sobre el mundo!”

 

(6)   Éstas son mis más queridas víctimas de mi corazón, y el mundo me empuja a tenerlas casi inactivas,- Jesús se lamenta de que la situación haya llegado a tanto, que ni siquiera Sus almas victimas pueden ayudarlo a re- solver esta situación de Justicia, y se ve forzado a mantenerlas inactivas, cuando la razón de ser y existir de estas almas victimas es la de tomar sobre sí mismas, los castigos que todos merecemos.

 

(7)    Pero no es inactividad la suya, porque estando en mi Voluntad, mientras parece que no hacen nada hacen todo, más bien abrazan lo inmenso, lo eterno, sólo que el mundo por su maldad no goza todos los efectos. –- En el caso de Luisa, que es alma victima viviendo en Su Voluntad, Él compensa esta inactividad en su rol de alma víctima, realizando con ella, otras labores que son necesarias para la venida del Reino; y vuelve a lamentarse, de que no puede lograr utilizar todo el potencial que ha puesto en Luisa, que es en este caso, la única alma victima que vive en Su Voluntad, en esos momentos históricos. En su rol de alma víctima, los actos de Luisa no son compen- satorios solamente, sino que son perpetuamente compensatorios.

 

Resumen del capítulo del 18 de Octubre de 1912: (De diario) - no aparece en la Edición de la Librería Espiritual -

 

Esta mañana, en cuanto ha venido mi siempre amable Jesús, todo afligido y lloroso, yo he llorado junto con Él, y des- pués me ha dicho:

 

“Hija mía, ¿qué es lo que nos hace llorar y nos oprime tanto? La causa del mundo, ¿no es verdad?”

 

Y yo: “Sí”.

 

Y Él: “Es por una causa tan santa y tan desinteresada que nosotros lloramos, no obstante, ¿quién es el que lo toma en cuenta? Más bien se burlan de la aflicción que sentimos por causa de ellos. ¡Ay, las cosas aún están al principio! Lim- piaré la faz de la tierra con la sangre de ellos mismos”.

 

Y yo veía esparcirse tanta sangre humana que he dicho: “¡Ah! Jesús, ¿qué haces? Jesús, ¿qué haces?”

 

* * * * * * * *

 

Siempre nos abstenemos de hacer comentarios en aquellos capítulos en los que el Señor discute con Luisa la necesi- dad de castigar, y este no es una excepción. No nos parece que podamos añadir nada a lo que el Señor dice.

 

Resumen del capítulo del 1 de Noviembre de 1912: (De diario) Pagina 64

 

Estando muy afligida por la privación de mi adorable Jesús, estaba rezando y reparando por todos, y en mi extrema amargura he dirigido el pensamiento hacia mí y he dicho:

 

“Piedad de mí, Jesús perdona a esta alma, tu sangre, tus penas ¿no son también mías? ¿Valen acaso menos para mí?”

 

Y mientras esto decía, mi amable Jesús desde dentro de mi interior me ha dicho:


 

(A)    “¡Ah!, hija mía, ¿qué haces pensando en ti? Tú así desciendes y de dueña, te reduces a la mísera condición de pedir, pobre hija, con pensar en ti misma te empobreces, pues estando en mi Voluntad tú eres dueña y por ti misma puedes tomar lo que quieras; si hay algo que hacer en mi Voluntad es rezar, reparar por los demás”.

 

Y yo:

 

“Dulcísimo Jesús, amas tanto que quien está en tu Voluntad no piense en mismo, y ¿piensas en ti mismo?”

(Que pregunta tan disparatada)

 

Y Jesús:

 

(B)    “No, no pienso en Mí mismo, piensa en sí mismo quien tiene necesidad de alguna cosa, Yo no tengo necesidad de nada, Yo soy la misma santidad, la misma felicidad, la misma inmensidad, altura, profundidad, nada, nada me falta, mi Ser contiene en Sí mismo todos los bienes posibles e imaginables. Si algún pensamiento me pudiera ocupar es el pensamiento del género humano, que habiéndolo sacado de Mí quiero que regrese a Mí, y en tales condiciones pongo a las almas que quieren hacer verdaderamente mi Voluntad, son una sola cosa Conmigo, las vuelvo dueñas de mis bienes, porque en mi Voluntad no hay esclavitud, lo que es mío es de ellas, y lo que quiero Yo, lo quieren ellas. En- tonces, si uno siente necesidad de alguna cosa, significa que no está en verdad en mi Voluntad, o bien que se da sus escapadas, como estás haciendo tú ahora, ni más ni menos. ¿No te parece extraño que quien ha formado una sola cosa, un solo querer Conmigo, me pida piedad, perdón, mi sangre, mis penas, mientras que la he constituido dueña junto Conmigo? Yo no sé qué piedad, qué perdón darle, pues le he dado todo, a lo más debería tener piedad, perdo- narme a Mí mismo de alguna falla, lo que no puede ser jamás. Por tanto te recomiendo que no salgas de mi Voluntad, y que continúes no pensando en ti misma sino en los demás, como has hecho hasta ahora, de otra manera vendrías a empobrecer y a sentir necesidad de todo”.

 

* * * * * * *

 

Capitulo difícil en dos partes. En el Bloque (A), Nuestro Señor vuelve sobre el tópico de lo que sucede cuando nos ponemos a pensar en nosotros mismos. Así dice:

 

¡Ah!, hija mía, ¿qué haces pensando en ti? Tú así desciendes y de dueña, te reduces a la mísera condi- ción de pedir, - Aunque continua con el mismo tema de los 15 o más capítulos anteriores en este volumen, sin em- bargo, aquí quiere enfatizar que al pensar en nosotros, e implicando, al no pensar en Él, descendemos de la altura en la que Él se encuentra, como Dueño y Señor de todo, a la condición normal nuestra de pedigüeños, que es, general- mente, un estado miserable, y en el que no debemos estar, ni quiere Él que estemos, particularmente si vivimos en Su Voluntad. Dicho de otra manera, porque vivimos en Su Voluntad, Él Nos ha elevado por Gracia Suya, a Su misma Con- dición de Dueño y Señor, por lo que hemos abandonado nuestra anterior condición de pedigüeños.

 

Pobre hija, con pensar en ti misma te empobreces, pues estando en mi Voluntad tú eres dueña y por ti misma puedes tomar lo que quieras; - Este concepto ya lo ha expresado con anterioridad, pero quizás sea conve- niente aprovechar la oportunidad que este parrafito nos brinda para aclarar que significa este expresión bastante fre- cuente del Señor, y parafraseamos: Viviendo en Mi Voluntad, el alma es dueña de todo, y puede tomar lo que quiere.

 

Al leer esto que dice el Señor, y al principio de esta Vivencia, nos quedamos dudosos, porque nuestro concepto de bienes es aquellas “cosas” que nos resuelven los problemas, nos hacen la vida fácil y próspera; salud, buena situación familiar, seguridad, etc. Nuestra idea de los bienes materiales y espirituales descritos, es correcta, pero muchas veces está distorsionada porque no deseamos tener lo necesario y un poco de lo superfluo, sino que queremos lo necesario y muchísimo de lo superfluo, y esa no es la idea del Señor de lo que Él está obligado a darnos.

 

Dicho esto, sin embargo, de los Bienes que habla el Señor y que poseemos, y que los otros seres humanos que no viven en Su Voluntad, no poseen, son Bienes Sobrenaturales, Bienes Divinos, empezando con Sus Verdades, expresa- das en Conocimientos, la Participación que quiere y autoriza tengamos en el proceso de creación, que resurge conti- nuamente y en cuyo resurgimiento participamos con nuestros Giros, y los poseemos como si toda la Creación hubiera sido hecha para nosotros solos. Nuestra actuación, en Su Voluntad, es universal y abarca a todos, y hace posible que todos los demás perciban lo que perciben, por nuestra actuación conjunta con el Señor. Compartimos la Labor Divina por referencia a ella, cuando reparamos, agradecemos, imploramos por nosotros y por todos.


 

Si hay algo que hacer en mi Voluntad es rezar, reparar por los demás. - El Señor destaca en este parrafito final, una de las labores más importantes que debemos realizar en Su Voluntad, y que al mismo tiempo es uno de nuestros mayores Bienes, a saber, la oportunidad de rezar por los que no rezan, y de reparar por las culpas de los que Le ofenden.

 

* * * * * * *

 

En el Bloque (B), Nuestro Señor responde a una pregunta ilógica, que ella misma percibe como ilógica llamándola disparatada. ¿Pensará el Señor en Si Mismo?

 

La respuesta del Señor responde a lo obvio, o sea, que, por supuesto, Él no piensa en Si Mismo, pero lo interesante no es que diga que Dios no piensa en Si Mismo por ser Dios, sino porque Dios no necesita de nada. Examinemos Sus Palabras.

 

(1)    No, no pienso en Mí mismo, piensa en sí mismo quien tiene necesidad de alguna cosa, Yo no tengo necesidad de nada, Yo soy la misma santidad, la misma felicidad, la misma inmensidad, altura, profun- didad, nada, nada me falta, mi Ser contiene en Sí mismo todos los bienes posibles e imaginables. – Como habíamos comentado, nada necesita, porque todos los Bienes, los posibles y los imaginables, ya Él los posee. Todo lo que podamos pensar como posible, ya está en la Mente Divina, todo lo que pudiéramos imaginar posible, también está en la Mente Divina. Lo sabe Él, y ahora lo sabemos nosotros. Todo lo que Dios saca fuera, lo hace porque ya estaba dentro de Él.

 

(2)    Si algún pensamiento me pudiera ocupar es el pensamiento del género humano, que habiéndolo sa- cado de Mí quiero que regrese a Mí, y en tales condiciones pongo a las almas que quieren hacer verda- deramente mi Voluntad, son una sola cosa Conmigo, las vuelvo dueñas de mis bienes, porque en mi Vo- luntad no hay esclavitud, lo que es mío es de ellas, y lo que quiero Yo, lo quieren ellas. – Párrafo de sinta- xis complicada particularmente en el punto crucial. Así pues, parafraseamos el párrafo.

 

Si algún pensamiento me pudiera ocupar es el pensamiento del género humano, que habiéndolo sacado de Mí quiero que regrese a Mí, y para que el alma que vive en Mi Voluntad se ocupe de lo mismo que Me ocupo Yo, en tales condiciones pongo a las almas que quieren hacer verdaderamente mi Voluntad, viviendo en Mi Voluntad. Estas almas son una sola cosa Conmigo, las vuelvo dueñas de mis bienes, porque en mi Voluntad no hay esclavitud, lo que es mío es de ellas, y lo que quiero Yo, lo quieren ellas. – En el Bloque anterior, Nuestro Señor termina con una exhortación a que “si hay algo que hacer en mi Voluntad es rezar, reparar por los demás”. En este habla de que esa es la única preocupación o pensamiento que tiene, y es porque quiere que los seres humanos que ha sacado fuera de Sí, regresen a Él, y comoquiera que los que viven en Su Voluntad, tienen que com- partir todo con Él, “lo que quiero Yo, lo quieren ellas”, también tienen que compartir esta preocupación Suya.

 

(3)    Entonces, si uno siente necesidad de alguna cosa, significa que no está en verdad en mi Voluntad, o bien que se da sus escapadas, como estás haciendo ahora, ni más ni menos. – Continúan las complicacio- nes sintácticas, al decir que si Luisa o nosotros, tenemos “necesidad” de algo, cuando Nos acaba de decir que no te- nemos necesidad de nada, que somos dueñas de todos Sus Bienes, es porque esa “necesidad”, esa ansiedad y preo- cupación, es “invento” de nuestra voluntad humana, que se quiere dar sus “escapadas” de Él, de estar con Él, de nuestras obligaciones en Su Voluntad, y de desear lo que Él quiere.

 

(4)   ¿No te parece extraño que quien ha formado una sola cosa, un solo querer Conmigo, me pida piedad, perdón, mi sangre, mis penas, mientras que la he constituido dueña junto Conmigo? Yo no sé qué pie- dad, qué perdón darle, pues le he dado todo, - Jesús comenta ahora lo que ha motivado este capítulo. Posible- mente a Luisa ya se le había olvidado lo que dijo al principio, y lo repetimos:“Piedad de mí, Jesús, perdona a esta alma, tu sangre, tus penas ¿no son también mías? ¿Valen acaso menos para mí?”. Pero, a Jesús nada se le olvida, particularmente comentarios ociosos, comentarios que a veces Luisa y nosotros, Le dirigimos a Dios, en nuestro afán de querer estar más con Él. La respuesta de Jesús en este párrafo 4, no es desconcertante en lo más mínimo, porque básicamente dice, que no es posible estar más cerca de Él, que cuando se vive en Su Voluntad, porque Nos revela Sus Verdades, Nos revela Su Comportamiento en todas las cosas, Nos revela el Amor Verdadero que Nos tiene, nos reviste de Él como dirá en el próximo capítulo. ¿Qué mas queremos de Él”, y más importante aún, ¿Qué más podemos darle, nosotros que nada tenemos, sino reconocer y regresarle lo mismo que Él Nos da?


 

(5)    a lo más debería tener piedad, perdonarme a Mí mismo de alguna falla, lo que no puede ser jamás. – Comoquiera que este Bloque (B) contiene dificultades sintácticas, necesitamos parafrasear también este párrafo, y así decimos:

 

“a lo más debería tener piedad, perdonarme a Mí mismo de que Nosotros hayamos fallado en comunicarles algo, o no acceder a darles algo de lo que teníamos pensado darles acceso y darles, lo que no puede ser jamás, porque una vez que decidimos hacer algo, ya no Nos es posible echarnos para atrás”.

 

Por tanto te recomiendo que no salgas de mi Voluntad, y que continúes no pensando en ti misma sino en los demás, como has hecho hasta ahora, de otra manera vendrías a empobrecer y a sentir necesidad de todo. – Termina el Bloque (B) como terminara el Bloque (A), con una exhortación a que no piense en ella, sino que piense en las mismas “preocupaciones” que Él tiene, a saber, el prójimo en necesidad de ayuda Divina, que quiere darla a través de los que viven en Su Voluntad. Si esto hace Luisa, y esto hacemos nosotros, no nos empobreceremos y empezaremos a “sentir necesidad de todo”, con lo cual el Señor hace una perfecta introducción para nuevas revela- ciones extraordinarias en el próximo capítulo.

 

 Resumen del capítulo del 2 de Noviembre de 1912: (Doctrinal) Pagina 66 -

 

Continuando mi aflicción decía entre mí:

 

“No me reconozco más, dulce vida mía, ¿dónde estás? ¿Qué cosa debería hacer para reencontrarte? Faltando Tú, amor mío, no encuentro la belleza que me embellece, la fortaleza que me fortifica, la vida que me vivifica, me falta todo, todo es muerte para mí, y la misma vida sin Ti es más desgarradora que cualquier muerte, ¡ah, es siempre mo- rir! Ven Jesús, no puedo más. ¡Oh luz suprema, ven, no me hagas esperar más! Me haces sentir los toques de tus manos, y mientras hago por asirte me huyes; me haces ver tu sombra, y mientras hago por mirar dentro de la sombra la majestad, la belleza de mi Sol Jesús, pierdo sombra y Sol. ¡Ah, piedad, mi corazón está atormentado, está desga- rrado en pedazos, no puedo vivir más! ¡Ah, si pudiera morir al menos!”

 

Mientras esto decía, en cuanto ha venido mi siempre amable Jesús me ha dicho:

 

(A)    “Hija mía, estoy aquí dentro de ti, si quieres reconocerte ven en Mí, y dentro de Mí ven a reconocerte; si vienes en Mí a reconocerte te pondrás en el orden, porque en Mí encontrarás tu imagen hecha por Mí y semejante a Mí, encon- trarás todo lo que se necesita para conservar y embellecer esta imagen, y viniendo a reconocerte en Mí, reconocerás también al prójimo en Mí, y viendo cómo te amo a ti y cómo Yo amo al prójimo, te elevarás al grado del verdadero amor divino, y todo, dentro y fuera de ti, las cosas tomarán el verdadero orden, que es el orden divino.

 

(B)    En cambio, si te quieres reconocer dentro de ti, en primer lugar no te reconocerás en verdad, pues te faltará la luz divina; en segundo lugar, todas las cosas las encontrarás en desorden y reñirán entre ellas; la miseria, la debilidad, las tinieblas, las pasiones y todo lo demás, será el desorden que encontrarás dentro y fuera de ti, que no sólo te harán la guerra a ti, sino también entre ellas para ver cuál te hace más mal, e imagínate tú misma en qué orden te pondrán al prójimo. Y no sólo quiero que debas reconocerte en Mí, sino que si quieres recordarte de ti debes venir a hacerlo en Mí, de otra manera si quieres recordarte de ti sin Mí, harás más mal que bien”.

 

* * * * * * *

 

Este es un capitulo extremadamente importante por la profundidad de Sus Revelaciones sobre esta Relación con Él, que ha venido explicando en por lo menos, quince o más de los capítulos anteriores de este volumen 11, y que ya hemos estudiado. La Relación de qué hablamos se fundamenta en olvidarnos de nosotros mismos, no pensar en noso- tros mismo, para recordar y pensar en Él, y con Él.

 

Dicho esto, además de importante, este capítulo es en extremo complicado, empezando con lo que dice Luisa, y se- guido por lo que dice el Señor como respuesta.

 

Ella dice que “No me reconozco más, dulce vida mía,” e inmediatamente continúa diciendo: ¿dónde estás?”. Si par- padeamos se nos va todo el sentido del capítulo, pero al Señor no se le escapa el sentido de lo que ella dice, y por tanto del capítulo. ¿Qué quiere decir Luisa con este “No me reconozco más”? Obviamente, Luisa se siente distinta de


cómo se sentía unos días atrás, o unas horas atrás, o quizás hasta unos minutos atrás, y al sentirse distinta, no se reconoce ya a sí misma. Nos pasa a todos. Un ejemplo. Comenzamos a apartarnos del Señor, y un buen día nos mi- ramos al espejo, u ocurre algo que nos hace mirar nuestro interior, y nos extrañamos de lo que vemos, y no nos reco- nocemos, no nos vemos como antes nos veíamos. Usualmente esto lleva o a una conversión renovada, o a un aleja- miento mayor del que teníamos, que eso ya no es tan importante para los efectos de este capítulo, lo que es impor- tante es que no nos reconocemos. Igual le sucede a Luisa pero por diferentes motivos. Ella vive en un estado de abandono en Él, y unida a Él, de una intimidad que ni siquiera podemos entender, y cuando se siente distinta, no se reconoce. En el caso de Luisa, sin embargo, la razón por la que ella se siente distinta y no se reconoce, ella la atribuye a la ausencia de Jesús, y a que esta ausencia de Jesús obedece a que algo anda mal en ella. Así dice, y re- transcribimos:

 

¿dónde estás? ¿Qué cosa debería hacer para reencontrarte? Faltando Tú, amor mío, no encuentro la belleza que me embellece, la fortaleza que me fortifica, la vida que me vivifica, me falta todo,

 

Lo primero que hace Jesús en el Bloque (A), es rebatir la creencia de Luisa, y establecer con toda claridad, el por qué ella se siente así y no se reconoce; que por supuesto, como ya hemos leído, no tiene nada que ver con Su Ausencia, sino que tiene que ver con que ella está mirando hacia dentro de sí, y no está mirando hacia Él. Dicho de otra manera, la Privación de Jesús la lleva a examinarse a sí misma, y a quejarse y pensar que esta Privación se debe a su compor- tamiento que no es bueno, y al examinarse a sí misma para descubrir qué está haciendo mal, comienza a no pensar en Él, deja de serle “fiel y atenta”.

 

Además de rebatir esta noción incorrecta, el Señor Nos da una visión extraordinaria del proceso de “transformación” de un ser humano, que eventualmente desemboca en esta vida en Su Voluntad. Usamos el término de “transforma- ción” que hasta ahora habíamos usado, aunque ya no nos gusta mucho, por lo que el Señor Nos revela en este capítu- lo; pero, lo seguimos usando por ahora hasta que terminemos con el análisis del Bloque (B).

 

Y así comenzamos con el análisis. Vamos a transcribir el Bloque en su totalidad, para luego desmenuzarlo apropiada- mente, destacando lo que sucede, paso a paso, en el Proceso de “Transformación”.

 

Hija mía, estoy aquí dentro de ti, si quieres reconocerte ven en Mí, y dentro de Mí ven a reconocerte; si vienes en Mí a reconocerte te pondrás en el orden, porque en Mí encontrarás tu imagen hecha por Mí y semejante a Mí, encontrarás todo lo que se necesita para conservar y embellecer esta imagen, y vinien- do a reconocerte en Mí, reconocerás también al prójimo en Mí, y viendo cómo te amo a ti, y cómo Yo amo al prójimo, te elevarás al grado del verdadero amor divino, y todo, dentro y fuera de ti, las cosas tomarán el verdadero orden, que es el orden divino. – Vamos a estudiar, paso a paso, la maravilla que es esta Revelación de Jesús.

 

“Hija mía, estoy aquí dentro de ti”. Sin ahondar mucho sobre el punto, esta expresión de que Él está dentro de ella, es de los Conocimientos más importantes que Luisa necesita conocer. Su importancia radica en que es el primer paso en este proceso de “transformación” que ha estado realizando en Luisa, desde su nacimiento, pero más específica- mente, desde que era una adolescente, y cómo con este proceso de “transformación” la ha estado “preparando” para su misión de Promotora del Reino de la Divina Voluntad. El Señor todavía no habla hasta el volumen 19, sobre la Bilo- cación de Su Voluntad Obrante, y de Su propia Bilocación en el ser humano que vive en Su Voluntad. Esta expresión de que “estoy dentro de ti”, es lo más cercano que puede usar para hablar de esta Bilocación, sin usar el término de bilocación que quizás Luisa no está preparada todavía para oír.

 

“ven en si quieres reconocerte”.- La expresión “ven en Mí”, implica dos significados. Con el verbo “ven”, Jesús Le dice a Luisa que se acerque a Él; y con la expresión “en Mí”, Nuestro Señor invita a Luisa a que se acerque y entre dentro de Él; no de un Jesús lejano a ella, sino de un Jesús que está dentro de ella, bilocado en ella. Ahora bien Lui- sa, dice Jesús, cuando estés dentro de Mí, te podrás reconocer; y anticipando una posible pregunta de Luisa, tal co- mo: ¿Señor, y cómo voy a reconocerme?, Le dice ahora:

 

“porque en encontrarás tu imagen hecha por y semejante a Mí,”- Lo que Luisa va a encontrar dentro del Jesús que está dentro de ella, es una imagen de Luisa, una imagen “hecha por Mí”, y no solamente hecha por Él, sino “semejante a Mí”.


El concepto de “crearnos a Su Imagen y Semejanza” que está como esculpido en el entendimiento y memoria de todo cristiano, continúa apareciendo en estos Escritos, y aunque creemos haberlo ya explicado en las clases, se hace ahora imperativo, que los que lean estas Guías de Estudio, comprendan exactamente lo que Nos dice.

 

El ser humano que fue creado a Su Imagen y Semejanza fue Adán, el primer hombre con el que Dios empieza esta línea de creación de seres humanos que tendrían Su Voluntad Bilocada y Obrante en ellos, y de esa manera, y sola- mente de esa manera, podían convertirse en Su Imagen y Semejanza, porque solo en posesión de Su Voluntad, ac- tuando con Su Voluntad Bilocada y Obrante, y en el Ámbito de Su Voluntad, podían ser la Imagen y Semejanza del hombre “ideal”, “perfecto” que la Trinidad Sacrosanta tenía en Su Mente. Pero, la situación no termina ahí. Antes de crear a Adán en esas condiciones, Dios instruye al Amor Divino para que Le de forma y funcionalidad a ese ser hu- mano “ideal” y “perfecto” que había “diseñado”, del que se había “enamorado”, “Su Hijo” y que se llamaría Jesús; ser humano que la Segunda Persona animaría para darle la perfección esperada. Más aun, esa misma forma y funcionali- dad que quería tener para Sí Mismo, cuando se encarnara de Su Madre Santísima en persona de Jesús, es la forma y funcionalidad que Le da a Adán al crearlo, y es la forma y funcionalidad que tendrían todos los descendientes de Adán, con las variaciones genéticas, porque “el Amor Divino no se repite en Su Creación”.

 

Así pues, son dos, las imágenes y semejanzas que tendría Adán y toda Su Descendencia, presumiendo que Adán sal- dría victorioso de la prueba a la que se le iba a someter.

 

La primera y más importante de las Imágenes que Adán tendría y en virtud de la cual, seria Semejante a Su Dios y Creador, es la Imagen del ser humano que se llamaría Jesús, cuando, eventualmente, la Segunda Persona de la Santí- sima Trinidad se encarnara, naciera y viviera entre nosotros.

 

La Segunda Imagen y como consecuencia de la primera, sería la de un ser humano que al vivir en la Divina Voluntad, y actuar conjuntamente con Su Voluntad Bilocada y Obrante, sería capaz de realizar actos en Su Voluntad dignos de ser incorporados al Acto Único de Dios y dignos y capaces de utilizarse en la edificación de una Sociedad terrena per- fecta que después Dios Mismo, en la persona de Jesús, vendría a presidir y reinar junto con Su Madre Santísima.

 

Dicho esto, entendamos, lo que hubiera pasado de Adán haber salido exitoso de la prueba a la que fue sometido. La Segunda Persona de la Santísima Trinidad, pensaba desarrollar en Si Mismo, y guardar en Si Mismo, o sea en la Per- sona de Jesús, una Imagen del Adán, de la Eva, y de cada uno de sus descendientes, que Ellos habían visualizado llegarían a tener cada una de esos descendientes viviendo en Su Voluntad. Esa Imagen de cada uno de ellos, es el “Blueprint de vida” de cada uno, es la Imagen del ser humano que Ellos iban a desarrollar desde el instante en que cada uno de esos seres humanos salieran a la existencia.

 

Al no haber pasado Adán la prueba, Dios continua enviando Sus Sugerencias Amorosas para desarrollar en nosotros esa Imagen que tiene de nosotros en Él, pero como ahora no vivimos en Su Voluntad, este desarrollo no puede ser nunca el deseado, por lo que la Imagen nuestra final, la Imagen que tendremos a la hora de nuestra muerte, será una Imagen tolerablemente parecida a la Imagen que de nosotros tiene Él en Si Mismo. Debemos recordar que ya Jesús rehízo nuestras vidas perfectamente, y guarda en Sí Mismo todas y cada una de estas Imágenes perfectas, por lo que la Trinidad Sacrosanta y la Justicia Divina se ven satisfechas y pueden aceptarnos con nuestra tolerable imperfección.

 

Así pues, ahora con Luisa, aunque Nos concede nuevamente el Don perdido, no por ello, podremos llegar a desarrollar perfectamente la Imagen que de nosotros tiene, porque no hemos vivido la totalidad de nuestra existencia en Su Vo- luntad. Quizás esto cambie, con la expansión de estos escritos y de este Apostolado, y mas y mas seres humanos vivan en Su Voluntad desde su infancia, y así lleguen a tener la oportunidad de que Jesús pueda desarrollar estas vidas lo más cercanas a la Imagen que de ellas tiene. Esto es todo especulación, con base, pero especulación. Lo que si es necesario reafirmar, es que solo viviendo en Su Voluntad, podemos llegar a ser Imagen y Semejanza de Jesús, porque llegamos a parecernos tolerablemente a la Imagen que Él tiene guardada de nosotros en Su Humanidad.

 

Dice Jesús en uno de esos capítulos memorables, que solo podemos ser Imagen y Semejanza de Dios, viviendo en Su Voluntad, por lo que en todos estos siglos hasta el momento del nacimiento de Su madre Santísima, de Él Mismo, y luego de Luisa, ningún hombre había estado viviendo en Su Imagen y Semejanza, aunque pensemos lo contrario. En otro capítulo, también memorable, habla de que todo ser humano primero nace en Él y luego renace en el seno de su madre biológica.


No debe pues extrañarnos que El haya hecho una Imagen de Luisa en todo semejante a Él, porque Luisa es la primera criatura de la estirpe común que vive en Su Voluntad, y por tanto, la única que, en esos instantes históricos, puede llegar a adquirir esa Imagen y esa Semejanza con Su Creador humanado. Tampoco debe extrañarnos que de cada uno de nosotros, tenga también Él, una imagen de cada uno de nosotros, porque eso es precisamente lo que quiere decir en el parrafito que dice: “reconocerás también al prójimo en Mí”.

 

“encontrarás todo lo que se necesita para conservar y embellecer esta imagen,” - Para que Luisa pueda preservar y embellecer más aun, esta Imagen de sí misma, que ha encontrado en Jesús, Luisa necesita “alimentar” esa imagen, con actos en Su Voluntad idóneos a ese desarrollo que el Señor quiere. En otras palabras, Nuestro Señor ha hecho ya Su Labor de crear la Imagen, y ahora espera que nosotros hagamos la nuestra desarrollándola.

 

“si vienes en Mí a reconocerte te pondrás en el orden,” – Esta Imagen de Luisa hecha por Él, dice el Señor, está, necesariamente, en orden a Él; con lo que quiere decir, que esa Luisa que está dentro de Él, está totalmente afinada a Él, y no puede haber desacuerdo alguno entre ellos.

 

“y viniendo a reconocerte en Mí, reconocerás también al prójimo en Mí, “– Así como Luisa podrá reconocer su ima- gen en Él, así también podrá encontrar en Él, la imagen del prójimo, o sea, de los otros seres humanos. Esta es otra de esas Revelaciones que nos deja estupefactos, pero solo por unos instantes, porque es eminentemente lógico pen- sar que lo que hace con Luisa no puede ser una excepción, sino que es parte de la regla, y que por tanto, el Señor tiene en Si Mismo, la imagen y semejanza de todos y cada uno de nosotros. Vamos a decirlo de otra manera, y quizás lo complicamos más. El Señor, sabiendo los que van a vivir en Su Voluntad, hace de cada uno, una Imagen y las en- cierras en Él. Recordemos nuevamente que el Plan original era que Adán y toda su descendencia iba a vivir en Su Voluntad, y obviamente, por lo que dice en este capítulo, de todos y cada uno de esos descendientes, el Señor había formado una Imagen que se asemejaba a Él, a Jesús. Al pecar Adán, esas imágenes de todos nosotros no desapare- cen, están ahí y estarán siempre porque todos seguimos teniendo la oportunidad de vivir en Su Voluntad nuevamente, aunque no todos aceptaremos la Invitación.

 

“y viendo cómo te amo a ti, y cómo Yo amo al prójimo, te elevarás al grado del verdadero amor divino, y todo, den- tro y fuera de ti, las cosas tomarán el verdadero orden, que es el orden divino.” – Es necesario que Luisa se vea a Si Misma, y vea a todos nosotros también, porque ella necesita quedar vinculada a todos, como nuestra madre espiritual, y al vincularse, se pone en el grado del verdadero Amor Divino, que todo lo vincula, y todo pues estará en orden en ella, y todas las cosas tomaran el verdadero orden respecto de ella, que es como Dios Nos ha creado.

 

Una observación adicional, y toda una línea de pensamiento nueva suscitada por este Bloque (A) de tanta importan- cia. Así exponemos el tema haciendo dos preguntas:

 

Primera pregunta: Jesús tiene la Imagen de todos nosotros en Sí Mismo, pero. ¿Quién tiene la imagen de Jesús, por- que como ser humano también Él tiene una Imagen que alcanzar?

 

Primera respuesta: Su Imagen, como el ser humano perfecto, la tiene la Santísima Trinidad.

 

Segunda pregunta: ¿Ha llegado Jesús a convertirse efectivamente, en la Imagen que de Él mismo, como el ser hu- mano perfecto, tiene la Santísima Trinidad?

 

Segunda respuesta: En las clases hemos expresado nuestra creencia de que Jesús alcanza la Imagen del Ser Humano Perfecto en el momento de Su Resurrección. Después de mucha reflexión, ahora creemos que, aunque a muchos re- sulte sorprendente, esta Imagen Jesús la alcanzara cuando Él Mismo traiga a la tierra, el Reino del Fiat Supremo, que ya está encerrado en Su Humanidad.

 

* * * * * * *

 

Y analicemos el tremendamente importante Bloque (B).

 

(1)    En cambio, si te quieres reconocer dentro de ti, en primer lugar no te reconocerás en verdad, pues te faltará la luz divina; - El concepto de reconocer implica, en su aspecto más básico, el poseer un entendimiento o inteligencia, y una memoria que nos capacitan para que podamos reconocernos. Sin esta inteligencia, ayudada por la memoria, ¿cómo podríamos reconocernos con nuestra inteligencia, y comparar lo que vemos, con la imagen anterior


nuestra, si la memoria no nos ayuda? Estas Potencias anímicas, son la Luz Divina que Le faltará a Luisa, para que pueda reconocerse, y lo que se dice de Luisa, se dice de nosotros.

 

(2)    en segundo lugar, todas las cosas las encontrarás en desorden y reñirán entre ellas; la miseria, la debilidad, las tinieblas, las pasiones y todo lo demás, será el desorden que encontrarás dentro y fuera de ti, - Este es el párrafo que encierra la segunda e igualmente sorprendente verdad que Nos da a conocer en este ex- traordinario capitulo. Se hace difícil explicarla rápidamente al punto, pero lo intentamos.

 

Al principio de este capítulo dijimos que íbamos a explicar el porqué ya no nos gusta el concepto de “transformación” para indicar este proceso de hacernos tolerablemente perfectos, o sea, y ahora podemos expresarlo más correctamen- te, el proceso de desarrollar nuestra vida, para que llegada a su final, la Imagen de nuestra vida que desarrollamos en Él, sea tolerablemente parecida a la Imagen que Él tiene de nosotros mismos dentro de Él.

 

Dice ahora, que en el mismo instante en que queremos reconocernos a nosotros mismos, dentro de nosotros mismos, lo único que encontraremos es todo aquello que pensamos había desaparecido, pero que ahora comprendemos, ha continuado existiendo, pero recubierto, tapado, por Su Redención, si en ese nivel queremos estar o continuar, por esta nueva Vida en Su Voluntad que Nos ha concedido.

 

Siempre hemos hablado en las clases, de que esta Vida en Su Voluntad es una tercera vida sobrenatural que Nos con- cede, y que corre paralelamente con nuestras otras dos vidas, la corporal y la espiritual. Condiciona las otras dos, las subsume, las sumerge, como si se hubieran desaparecido, pero ahora entendemos más que nunca, que en efecto, no han desaparecido, sino que en cualquier momento en que nos apartáramos de esta Tercera Vida Sobrenatural que Nos ha concedido, pueden reaparecer, y con la misma fuerza, o mayor fuerza aun, que la que tenían.

 

Así que en efecto, lo que está manteniendo a raya nuestro interior más o menos perverso, más o menos desordenado, más o menos pecaminoso, es esta Vida en Su Voluntad que Nos cubre, que se ha extendido en nosotros, que no nos deja ver ese interior de maldad que sigue existiendo en nosotros.

 

Podríamos preguntar: ¿Una vida virtuosa, una vida nuestra redimida por Él, no logra los mismos resultados? Si, lo logra, pero solo parcialmente, porque el objetivo de la vida virtuosa, es intrínsecamente egoísta, lograr nuestra salva- ción, mientras que el objetivo de la Vida en Su Voluntad, es intrínsecamente altruista, colaborar con Él en Sus Planes de la venida del Reino, olvidándonos de nosotros mismos, para pensar solo en lo que Él quiere, en lo que Él necesita, porque sabemos con una Fe absoluta, que este Reino no puede llegar sin nuestra colaboración, y que necesita de pilares que la sustenten que sean más “ tolerablemente perfectos” que los pilares que conseguiría con criaturas que solo piensan en salvarse.

 

Ya conocíamos las aplicaciones prácticas de todo esto, pero ahora sabemos a ciencia cierta, porqué estas aplicaciones prácticas eran necesarias. Y, ¿cuáles son esas aplicaciones prácticas? Sabíamos que teníamos que colaborar, estu- diando los Escritos, practicando los Conocimientos adquiridos, haciendo que cada uno de nuestros actos hechos en Su Voluntad, contaran para la venida del Reino. Ahora sabemos también, que nuestra misma existencia va justificándose, porque solo justificamos nuestra existencia como un Acto de Dios, si hacemos todo lo mas que podamos para desarro- llar en nosotros, la Imagen que Él tiene de nosotros en Él. Sabemos también ahora, que en el mismo instante en que cejamos en este esfuerzo de salvarnos, y ahora mejor, de colaborar con Él para la Venida del Reino, todo este abismo de maldad que pensábamos habíamos “transformado”, está ahí, agazapado en nosotros, esperando a que dejemos de verle a Él, que dejemos de reconocernos en Él, para salir fuera con una fuerza mayor que antes y destruirnos.

 

Como dirá en el capítulo del 14 de Diciembre de 1912, volumen 11, dos capítulos más adelante: “Prueba a salir de mi Voluntad y verás cuantos enemigos te lloverán encima. Quien está en mi Voluntad lleva siempre en alto la bandera de la victoria, y de los enemigos ninguno osa hacer frente a esta bandera inexpugnable”

 

Que no sólo te harán la guerra a ti, sino también entre ellas para ver cuál te hace más mal, e imagínate tú misma en qué orden te pondrán al prójimo. – En Su estilo inimitable, Nuestro Señor dice rápidamente y con toda efectividad, lo que nos cuesta tanto trabajo expresar. El desorden que todavía existe en nosotros, que no ha desaparecido, sino que ha quedado apagado, adormecido, sin fuerzas para hacernos la guerra que nos hacían, vuel- ven a reaparecer para continuar e incrementar la guerra que nos hacían. Y dice el Señor, todas se pondrán en compe- tencia a ver cuál es la que más daño nos hace; y no solo esto, sino que también el prójimo, o sea, todas las otras


criaturas que nos rodean y que antes como que no nos “veían”, ocultos como estábamos por la Extensión de Su Vo-

luntad en nosotros, ahora nos ven, y también nos hacen guerra.

 

Y no sólo quiero que debas reconocerte en Mí, sino que si quieres recordarte de ti debes venir a hacerlo en Mí, de otra manera si quieres recordarte de ti sin Mí, harás más mal que bien. – Las palabras del Señor son muy precisas, dada la importancia del tema. Dice el Señor que Nos permite que nos recordemos de nosotros, no de que nos reconozcamos a nosotros. ¿Por qué es importante la distinción? Porque el que se recuerda de algo, lo hace para establecer alguna clase de comparación con el pasado, pero no necesariamente piensa en sí mismo, sino solo se recuerda de lo que fue. La línea que diferencia el recordar de reconocer es una línea muy fina, y se brinca fácilmente. Pero, recordar no solo es permitido sino beneficioso en extremos, porque el objetivo de que Nos permite recordar lo que fuimos, es para que Le agradezcamos esta Bondad Divina, esta Providencia que Nos tiene de cubrirnos con el Manto de Su Voluntad, de dejarnos vivir otra vez como vivieran Él, Su Madre Santísima, Adán y Eva, y Luisa, y de esa manera hacernos participe de Sus Planes, de que podamos colaborar con Él, pero nada más. Si cruzamos la línea, “harás más mal que bien”.

Resumen del capítulo del 25 de Noviembre de 1912: (De diario) pagina 68 -

 

Este capítulo de diario, viene en tres partes, claramente identificadas con la separación de los asteriscos. Aunque de diario, contiene importantes consideraciones doctrinales, particularmente en la última sección. Y comenzamos con la transcripción.

 

* * * * * * *

 

Esta mañana mi siempre amable Jesús parece que ha venido según la costumbre de antes, si bien me ha parecido como si fuera sólo de pasada, y tenía ansia de verme y de entretenerse conmigo a lo familiar. Yo, viéndolo tan bueno, dulce y benigno he olvidado todos sus contrastes, las privaciones, y viéndolo con una corona de espinas grande y muy tupida, Le he dicho:

 

“Dulce amor mío y vida mía, hazme ver que continúas amándome, esta corona que te ciñe la cabeza quítala de Ti y pónmela a con tus mismas manos”.

 

Y el amable Jesús de inmediato se la ha quitado y con sus mismas manos la ha colocado y oprimido en mi cabeza.

¡Oh, cómo me sentía feliz con las espinas de Jesús, punzantes, sí, pero dulces!

 

Él me miraba con amorosa ternura, y yo, viéndome tan tiernamente mirada, tomando ánimo he agregado:

 

“Jesús, corazón mío, no me bastan las espinas para estar segura que me quieres como antes, ¿no tienes los clavos para crucificarme? Pronto, ¡oh! Jesús, no me tengas más en duda, pues la sola duda de no ser siempre más amada por Ti, me da muerte continua, ¡crucifícame!”

 

Y Él: “Hija mía, no encuentro clavos, pero para contentarte te traspasaré con una lanza”.

 

Y así, tomando mis manos me las ha desgarrado, y después los pies; yo sufría, sí, sentía que nadaba en una mar de dolor, pero también de amor y dulzura al mismo tiempo, y parecía que Jesús no podía separar de mí sus tiernas y amorosas miradas, y poniéndome y cubriéndome toda con su manto real me ha dicho:

 

“Dulce hija mía, deja ya toda duda sobre mi Amor por ti; es más, te digo para darte ánimo, que en cualquier modo en que me muestre, ya sea que me veas airado, o que me veas como relámpago, o que no te hable, recuerda que basta- rá sólo con una renovación de espinas, de clavos que te haga, para ponernos de nuevo en las estrecheces amorosas e intimidades más aún que antes, por eso quédate contenta, y Yo continuaré con los flagelos en el mundo”.

 

* * * * * * * *

 

Vamos a comentar esta primera sección. Luisa recibe esta mañana la visita de Jesús, y lo ve dulce y amable, y como queriendo compartir Sus Sufrimientos con ella, porque Le veía con una corona de espinas bastante grande y tupida. Luisa Le pide que le clave la corona de espinas, y después Le ruega que la haga sufrir la Crucifixión completa. Pero, esto no sucede porque dice Jesús que Le faltan los clavos, pero la traspasa con una lanza.


 

Jesús le asegura que no importan las circunstancias, o la manera en como ella Le vea, Su Amor por ella nunca cambia. Tampoco es indicio de falta de amor, el que Él no la haga participe de toda la crucifixión, puesto que basta solo una parte cualquiera de los sufrimientos asociados a la Crucifixión, para que Él los tome como si la hubiera crucificado completamente. Así resumiendo, Jesús Le da a saber que no importan Sus estados de ánimo, si Le ve o no Le ve, si viene como relámpago o se queda con ella más tiempo, si la hace sufrir mucho o poco, Su Amor por ella, no se altera, ni disminuye; tiene que estar y quedarse contenta, porque Él tiene mucho que hacer castigando al mundo.

 

Y continuamos con la transcripción de la segunda parte del capítulo.

 

* * * * * * *

 

Me ha dicho otras cosas, pero la fuerza de los dolores no me deja recordarlas bien. Entonces me he quedado de nue- vo sola, sin Jesús y me he desahogado con mi dulce Mamá llorando y pidiéndole que hiciera volver a Jesús, y mi Ma- má me ha dicho:

 

“Dulce hija mía, no llores, debes agradecer a Jesús cómo se comporta contigo y la gracia que te da, que en estos

tiempos de flagelos no te hace separarte de su Santísima Voluntad, gracia más grande no podría darte”.

 

* * * * * * *

 

Las Palabras de Nuestra Madre Santísima son altamente reveladoras y bastante asombrosas. Hasta ahora sabíamos que Jesús no separaba a Luisa de vivir en Su Voluntad, porque como que no podía hacerlo. Una vez que el Don es concedido, pensábamos, ya no puede quitarse. Ahora, esto sigue siendo cierto, pero solo parcialmente cierto. Por lo que dice Nuestra Señora, es posible que el Señor pueda separarnos de Su Voluntad por un espacio de tiempo, por ciertos y determinados motivos. Precisamente porque Nuestra Madre Le dice a Luisa que debe estarle muy agradecida a Su Hijo de que nunca la separe de Su Voluntad cuando castiga, podemos comprender ahora que mientras ella está en Su Voluntad, el castigo no es nunca todo lo severo que podría ser si la separara de Su Voluntad.

 

Dicho de otra manera, aunque se Le esconde para castigar, como nunca la separa de Su Voluntad, ella siempre está consiguiendo que los castigos no sean tan severos. Esto Luisa no lo sabía, y la Virgen se lo revela, para que compren- da más aun, el grande amor y consideración que Su Hijo tiene por ella. Decimos incidentalmente que cuando Nuestra Madre Santísima Le revela algo de Jesús, ella queda mucho más tranquila, que si Jesús mismo se lo dijera. Parece extraño pero este comportamiento de Luisa, es totalmente lógico, porque es Nuestra Señora, la que Le explica a Luisa todo lo que Jesús Le dice y ha quedado confuso en su mente, y aunque esto no es muy conocido, sabemos que Nues- tra Señora conversaba con Luisa diariamente, a eso de las 3 de la tarde, y probablemente en esas oportunidades dia- rias, Luisa comprendía mas perfectamente, y quedaba más tranquila por lo que Le sucedía.

 

Y continuamos con la transcripción del capítulo.

 

* * * * * * * Después ha regresado Jesús, y viéndome que había llorado me ha dicho:

“¿Por qué has llorado?”

 

Y yo:

 

“He llorado con mi Mamá, no es que haya llorado con algún otro, y he llorado porque no estabas”.

 

Y Jesús tomando mis manos en las suyas parecía que me mitigaba los dolores, y luego me ha hecho ver dos escaleras altas de la tierra al Cielo, en una había mucha gente y en la otra poquísima. En la que h había pocos era de oro maci- zo y los pocos que subían por ella parecía que eran otros tantos Jesús, así que cada uno de ellos era un Jesús; en la otra, donde había más gente, parecía de madera, y se distinguía quiénes eran las personas, casi todas bajas y sin gran desarrollo.

 

Y Jesús me ha dicho:


 

“Hija mía, en la escalera de oro suben aquellos que hacen su vida en mi Vida, así que puedo decir: “Son mis pies, mis manos, mi corazón, todo Yo mismo”. Como tú ves, porque son otros Yo, ellos son todos para y Yo soy vida de ellos, sus acciones son todas de oro y de precio incalculable, porque son divinas, su altura nadie la podrá alcanzar jamás, porque son mi misma vida, casi ninguno los conoce porque viven escondidos en Mí, sólo en el Cielo se tendrá perfecto conocimiento de ellos. La escalera de madera en la cual hay más gente, son las almas que caminan por el camino de las virtudes, sí, pero no con la unión de mi Vida y con la conexión continua con mi Voluntad, sus acciones son de ma- dera, porque únicamente la unión Conmigo forma la acción de oro, por lo tanto son de precio mínimo, son bajas de altura, casi raquíticas, porque en sus acciones buenas, muchos fines humanos mezclan, y los fines humanos no dan crecimiento; son conocidas por todos porque no viven escondidas en Mí, sino viven en ellas mismas, por lo que nadie las cubre, al Cielo no harán ninguna sorpresa pues eran conocidas aun en la tierra. Por eso hija mía toda en mi Vida te quiero, nada en la tuya, y te recomiendo a los que tú sabes y ves, que se mantengan fuertes y constantes en la esca- lera de mi Vida”.

 

Y me señalaba a algunos que yo conozco, y ha desaparecido. Sea todo a gloria suya.

* * * * * * *

 

(1)    Hija mía, en la escalera de oro suben aquellos que hacen su vida en mi Vida, así que puedo decir: “Son mis pies, mis manos, mi corazón, todo Yo mismo”. – Jesús comienza a explicarle la visión de las dos esca- leras, empezando con la de oro. Le dice que esta escalera de oro purísimo, es la escalera por donde suben las almas que viven en Su Voluntad, pero usa los términos que en estos momentos Luisa puede entender mejor, y por eso Le dice: “aquellos que hacen su vida en Mi Vida”. Ahora añade, que también Él, Jesús, vive en ellos, porque dice que somos “Sus pies, Sus manos, Su corazón, todo Él Mismo”, y de esta manera anuncia ya desde estos capítulos del volumen 11, la pluralidad de estas Bilocaciones en la persona que vive en Su Voluntad.

 

Comoquiera que hemos estudiado bastante el capitulo anterior en el que habla de que Él tiene dentro de Él, la imagen de cada uno de nosotros, que Él ha diseñado, Él trabaja desde dentro de nosotros, para que lleguemos a ser la Ima- gen que Él tiene de nosotros. Bien es verdad, que al no vivir siempre en Su Voluntad, como se había diseñado origi- nalmente, sino que ahora solo podemos aproximarnos a esa Imagen, pero nuestra labor debe ser entender que Él Nos conduce, viviendo en Su Voluntad, a la Imagen más tolerablemente cercana, a la Imagen perfecta que guarda en Si Mismo.

 

Digámoslo aun de otra manera. Cuando cumplimos Sus Sugerencias Amorosas, viviendo en Su Voluntad, nuestros actos, van desarrollando Su Plan, y ese Plan conduce a desarrollar lo más perfectamente posible, la Imagen que Él quiere llegar a ver en nosotros. Por eso, Le invitamos y dejamos que sea Él, el que haga todo en nosotros con Sus Modos Divinos, pero viviendo en Él, en Su Voluntad, y de esa manera, Él Nos ve como siempre ha querido vernos.

 

(2)    Como tú ves, porque son otros Yo, ellos son todos para Mí y Yo soy vida de ellos, sus acciones son todas de oro y de precio incalculable, porque son divinas, - Ahora bien, como ya sabemos también por otros estudios de los volúmenes superiores, nuestros actos sirven para mucho más que para desarrollar esta Imagen nues- tra en Su Voluntad. Al ser actos Divinos, actos de oro, se incorporan al acto Único de Dios, y cuentan para la venida del Reino.

 

(3)    Su altura nadie la podrá alcanzar jamás, porque son mi misma vida, - Cuando habla de altura, entende- mos, que se refiere a la belleza, maravilla, etc., de esos actos. Así entendemos que no solamente son de oro estos actos nuestros, lo más valiosos posibles, sino que además, la belleza, maravilla de esos actos, nadie que no viva en Su Voluntad, podrá superarla con sus propios actos; su altura será superior a la altura de todos los actos de los demás, que no viven en Su Voluntad, porque escuetamente, son Sus Propios Actos, y Sus Actos contienen Su Vida Divina.

 

(4)    Casi ninguno los conoce porque viven escondidos en Mí, - En este párrafo 4, y hasta el final, comienza con una serie de Conocimientos nuevos sobre los que vivirán en Su Voluntad. En este párrafo habla de que los “que hacen su vida en Mi Vida”, viven escondidos en Él. Quizás más importante que saber que vivimos escondidos en Él, es saber por qué Nos esconde. Lo primero que nos viene a la mente, es que lo hace para protegernos, porque ya Nos ha dicho en varias oportunidades, que el enemigo no puede hacernos daño, mientras vivimos encerrados en Él, pensando solo


en Él, en estas Verdades que Nos comunica. No solamente el transito le está prohibido, sino que el diablo mismo no quiere estar alrededor de un alma que vive en esa Voluntad Divina que él tanto odia. Este tema lo desarrolla amplia- mente en el próximo capítulo del 14 de Diciembre de 1912.

 

Pensamos también que Nos esconde, para que tengamos la tranquilidad, la paz espiritual necesaria para centrarnos en Él y en estos Escritos, y podamos estudiarlos sin excesivas dificultades.

 

Definitivamente, el vivir en Su Voluntad no requiere publicidad, ni Él quiere que nos conozcan muchas personas, para proteger además la pureza de nuestra intención, de nuestros actos; pero, Él si Nos conoce. En esta Vida en Su Volun- tad, como en la vida virtuosa cristiana, es necesario que nos encerremos en el “aposento interno” de nuestras perso- nas, en donde solo tienen entrada Él y nosotros.

 

(5)    Sólo en el Cielo se tendrá perfecto conocimiento de ellos. – En la tierra no habrá reconocimiento de estas criaturas que vivan en Su Voluntad, pero en el Cielo todos los Bienaventurados conocerán quienes son esas almas y su recompensa será una Gloria mayor y muy especial.

 

(6)    La escalera de madera en la cual hay más gente, son las almas que caminan por el camino de las virtudes, sí, pero no con la unión de mi Vida y con la conexión continúa con mi Voluntad, - Hasta Luisa, la única manera que conocíamos para poder subir al Cielo era haciendo Su Voluntad expresada en los Mandamientos, el Amo a Dios y al prójimo, y la practica esforzada de las virtudes. Este es la esencia del mensaje evangélico, y Jesús aquí lo confirma, afirmando que son las que transitan por una escalera de madera.

 

Asimismo implica que las Verdades Divinas de estos Escritos, particularmente lo relativo a la Vida en la Divina Volun- tad estaban escondidas, retenidas en Su Humanidad, a la espera de Luisa; y por tanto, estas almas no estaban unidas con Su Vida, como Jesús, y no estaban conectadas por Su Voluntad en forma continua.

 

Esta situación persiste y continuará persistiendo, para todos aquellos que habiendo nacido después de Luisa, están en vías de redención, pero no conocen o no quieren conocer estos Escritos.

 

Sus acciones son de madera, porque únicamente la unión Conmigo forma la acción de oro, - En la alegoría de las dos escaleras, no debe olvidársenos, que ambas escaleras conducen al Cielo, y esto es importante que lo enfa- ticemos, porque Nuestro Señor quiere que comprendamos el punto de que la Vida de las Virtudes, aunque es inferior a la Vida en Su Voluntad, es inferior solamente desde el punto de vista de la naturaleza de los actos realizados por los que viven en una vida u otra. En la Vida de las Virtudes, falta la unidad de voluntades que se alcanza cuando la criatu- ra vive en Su Voluntad, y esta Unidad logra que la acción del que vive en Su Voluntad sea una acción de oro.

 

Mas y mas comprendemos la necesidad de repetir nuestra afirmación en el capitulo anterior, de que la vida de las Virtudes es una vida intrínsecamente egoísta, que solo busca la salvación personal, no necesariamente porque la cria- tura quiera ser egoísta, sino porque la criatura no conoce más allá que esto; piensa solamente que su vocación princi- palísima, es la de acogerse a la Salvación que Nuestro Señor ha alcanzado para todos nosotros, y que todo su esfuer- zo debe ser salvarse, asociándose al Misterio Pascual.

 

Esta es la “vocación divina” como lo afirma la Constitución Pastoral Gaudium et Spes, en su capítulo 22:

 

“Ciertamente urgen al cristiano la necesidad y el deber de luchar contra el mal, a través de muchas tribulaciones y de sufrir la muerte; pero, asociado al Misterio Pascual y configurado con la Muerte de Cristo, podrá ir al encuentro de la resurrección, robustecido por la Esperanza”.

 

“Todo esto es válido no solo para los que creen en Cristo, sino para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la Gracia de una manera invisible; puesto que Cristo murió por todos, y una sola es la vocación ulti- ma de todos los hombres, es decir, la vocación divina, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos los hombres la posibilidad de que, de un modo que solo Dios conoce, se asocien a Su Misterio Pascual”.

 

En estos escritos Nuestro Señor Nos presenta otra alternativa, muchísimo más valiosa, muchísimo más noble que la envuelta en el llegar a salvarse. La alternativa es de total colaboración, con un Dios que Nos necesita para poder llevar a cabo, un Plan de instauración de un Reino Suyo en la tierra, cuya importancia es tal, que Nuestro Señor declara una y otra vez que es lo más importante para Él que puede existir o suceder.


 

Por lo tanto son de precio mínimo, son bajas de altura, casi raquíticas, porque en sus acciones buenas, muchos fines humanos mezclan, y los fines humanos no dan crecimiento; - Continua enfatizando que la dife- rencia no está en el individuo como tal, sino que la diferencia está en los actos que un mismo individuo puede realizar antes y después de Vivir en Su Voluntad. Antes, cuando transitaba solamente por el camino de las Virtudes, sus actos eran de un precio mínimo, bajos de altura, casi raquíticos, porque en sus acciones había una gran motivación egoísta, motivación de fines humanos, y esos fines humanos entorpecen el crecimiento. Después, cuando conoce la posibilidad de Vivir en Su Voluntad, y la abraza con todo su corazón, entonces esas mismas acciones que antes eran raquíticas, ahora son poderosas, capaces de dar vida a todos, porque son acciones realizadas conjuntamente con Él y con Su Voluntad, persiguiendo un fin altruista para el hombre, porque es el fin de Señor.

 

Digamos todo esto desde otro punto de vista.

 

Comparadas ambas acciones, las acciones humanas hechas por almas virtuosas, y las acciones humanas hechas con Sus Modos Divinos, en conexión continua con Su Voluntad, dentro de Él, y con Él, se diferencian fundamentalmente, alcanzando las acciones hechas en Su Voluntad, la categoría de Actos Divinos, además de que son actos que ayudan a la venida del Reino, que es el Objetivo Primario que debemos perseguir todas las criaturas.

 

Son conocidas por todos porque no viven escondidas en Mí, sino viven en ellas mismas, - Los seres huma- nos que suben la escalera de madera, son conocidos de todos, porque Él no las esconde en Si Mismo, sino que esos seres humanos “viven en ellos mismos”. Esta es sin lugar a dudas, una expresión extraordinario, porque el Mismo Señor corrobora nuestra afirmación de que la Vida de las Virtudes, es una Vida intrínsecamente egoísta, Vida de cria- turas que viven en ellas mismas, la definición más perfecta de egoísmo.

 

Por lo que nadie las cubre, al Cielo no harán ninguna sorpresa pues eran conocidas aun en la tierra. Dice el Señor que al estar expuestas sus obras virtuosas, “porque nadie las cubre”; es decir, porque Él no las cubre y esconde, esas acciones, y las criaturas que las hacen son conocidas de todos, tanto lo que viven en la tierra, como los que moran en el Cielo.

 

Por eso hija mía toda en mi Vida te quiero, nada en la tuya, y te recomiendo a los que tú sabes y ves, que se mantengan fuertes y constantes en la escalera de mi Vida”. – Cuando ya pensábamos que había ter- minado con Su Exhortación usual, categoriza y diferencia aun de otra manera, la Vida de las Virtudes con la Vida en Su Voluntad, enfatizando aun mas, que la Vida de las Virtudes es nuestra vida, y que la Vida en Su Voluntad, es la Suya, y por primera vez alude al hecho de que ya la predicación y los testimonios de Luisa y de sus confesores, han empezado a lograr la evangelización en este nuevo Apostolado de Su Voluntad de muchas otras personas, a las que Luisa tiene que cuidar como un nuevo Pastor de almas que viven en Su Voluntad.

 

Resumen del capítulo del 14 de Diciembre de 1912: (De diario) Pagina 72 -

 

Esta mañana mi siempre amable Jesús al venir me ataba con un hilo de oro diciéndome:

 

(A)    “Hija mía, no te quiero atar con sogas y cadenas; con los rebeldes se usan cuerdas y cadenas de hierro, pero con los dóciles, con quienes no quieren otra vida que mi Voluntad y no toman otro alimento que mi Amor, apenas un hilo se necesita para tenerlos unidos Conmigo, y muchas veces ni siquiera me sirvo de este hilo, pues están tan adentra- dos en Mí que forman una sola cosa Conmigo, y si lo uso es casi para entretenerme en torno a ellos”.

 

(B)    Entonces, mientras Jesús me ataba yo me he encontrado en el mar interminable de la Voluntad de mi dulce Jesús, y por consecuencia en todas las criaturas, e iba extendiéndome en la mente de Jesús, en los ojos de Jesús, en la bo- ca, en el corazón, y así, en la mente, en los ojos y en todo lo demás de las criaturas y hacía todo lo que hacía Jesús.

¡Oh! cómo con Jesús se abraza todo, no queda excluido ninguno. Después Jesús ha agregado:

(C)    “Quien está en mi Voluntad abrazando todo, rezando y reparando por todos, toma en sí sola el amor que tengo por todos, así que el amor que tengo por todos lo encierra ella sola, y por cuanto la amo, otro tanto me es querida, otro tanto bella, así que todo deja atrás de ella”.


Entonces yo, habiendo leído que quien no es tentado no es agradable a Dios, y pareciéndome que desde hace mucho tiempo no sé qué sea tentación, se lo he dicho a Jesús y Él me ha dicho:

 

(D)    “Hija mía, quien está del todo en mi Voluntad no está sujeto a tentaciones, porque el demonio no tiene el poder de entrar en mi Voluntad, y no sólo esto, sino que el demonio mismo no quiere entrar, porque mi Voluntad es luz, y el alma ante esta luz conocería muy bien sus astucias, por lo tanto se burlaría del enemigo, el cual no tolera estas burlas y le son más terribles que el mismo infierno, y con todas sus fuerzas las rehúye. Prueba a salir de mi Voluntad y verás cuantos enemigos te lloverán encima. Quien está en mi Voluntad lleva siempre en alto la bandera de la victoria, y de los enemigos ninguno osa hacer frente a esta bandera inexpugnable”.

 

* * * * * * *

 

Este es un capitulo bastante largo. Aunque lo hemos clasificado como “de diario”, quizás debiéramos clasificarlo como doctrinal, puesto que está repleto de Conocimientos de gran importancia. Consta de cuatro Bloques de Conocimientos. Analicemos el Bloque (A).

 

La idea fundamental de este Bloque es la “división de labores” que hace entre la Voluntad Suprema y el Amor Divino. Esta división es de gran importancia porque Nos explica cómo funcionan la Voluntad y el Amor relativo a las criaturas que viven en Su Voluntad.

 

Como mas adelante explicará y como ya sabemos por otros capítulos, Su Voluntad, al bilocarse en las criaturas que viven en Su Voluntad, Les proporciona y las inicia en esta Vida Sobrenatural; pero, toda vida, sea la corporal o espiri- tual, y ahora esta sobrenatural, necesita alimento.

 

Un comentario entre paréntesis. En repetidas oportunidades hemos hablado sobre estas 3 Vidas que ahora podemos llegar a vivir. Estas son la vida corporal, la vida espiritual, y ahora la vida sobrenatural en Su Voluntad. Puede que exista alguna confusión en la nomenclatura que utilizamos porque a lo que nosotros llamamos vida espiritual cristiana, siempre le hemos llamado la Vida Sobrenatural de la Gracia. Sin embargo, para los efectos de estas Guías de Estudio, preferimos llamarla Vida espiritual, para distinguirla de la Vida Sobrenatural en Su Voluntad. De otra manera, si siguié- ramos llamándola Vida Sobrenatural de la Gracia, tendríamos que llamar a la Vida en Su Voluntad, como la Súper- Sobrenatural en Su Voluntad, lo que nos parece un poco rimbombante.

 

Volviendo al tema del alimento. Su función principal, como sabemos, es la de hacer crecer al objeto de la alimenta- ción, para que este llegue a alcanzar el desarrollo deseado, y al mismo tiempo, preservar el desarrollo ya obtenido.

 

No es necesario ahondar mucho en el alimento de la vida corporal porque todos lo conocemos. El alimento de la vida espiritual, depende mucho de qué clase de vida espiritual estamos hablando. Es distinta para los budistas, para los musulmanes, para los hindúes, etc., que el alimento espiritual de los cristianos. En la vida cristiana, el alimento viene dado por las Lecturas de la Palabra, las obras virtuosas realizadas siguiendo Sus Sugerencias Amorosas, los actos de culto, y la práctica de los Sacramentos instituidos por el Señor, particularmente la Eucaristía. En La vida Sobrenatural de Su Voluntad, el alimento viene dado por las Lecturas y Estudio que hagamos de las Verdades Divina que están encerradas en los Escritos de Luisa, y en la práctica de esos Conocimientos sobre esas Verdades Divinas.

 

Como vemos, toda alimentación requiere de actos humanos, voluntarios e involuntarios, que son los que llevan a cabo la alimentación deseada.

 

Así como no podemos decir que el alimento corporal alimenta directamente a nuestra vida espiritual, así tampoco po- demos decir que nuestra vida espiritual, o la sobrenatural, no están impactadas favorable o desfavorablemente por el alimento corporal, y por tanto, la vida espiritual, y la sobrenatural, dependen indirectamente de nuestra alimentación corporal. Si entendemos esto, entendemos también que nuestra alimentación corporal no debe ser nunca detrimental para nuestras tres vidas. Por ejemplo, el beber alcohol en cualquiera de sus formas, es beneficioso si se bebe juicio- samente, y es dañino si se bebe en exceso.

 

La alimentación es pues jerárquica, así como las vidas son jerárquicas. La Vida Sobrenatural en Su Voluntad, es para nosotros ahora, los que vivimos en Su Voluntad, la más importante de las tres Vidas que poseemos, y por lo tanto, todo alimento que ingiramos en las otras dos vidas, debe ayudar y ser beneficioso a esta Vida Sobrenatural que ahora poseemos. Debemos tener también amplia conciencia de cómo esos alimentos de las otras dos vidas, están afectando


la Vida Sobrenatural de Su Voluntad. Esta es una de las labores principales que Nuestro Señor tiene en estos Escritos, el hacernos saber cómo cada alimento afecta la Vida Sobrenatural que Nos regala.

 

Basado en todo lo dicho anteriormente comprendemos ahora, que en su sentido más estricto, no solo la alimentación corporal es alimento de la Vida Espiritual y ahora de la Vida Sobrenatural, sino que todo acto realizado en las dos vi- das jerárquicamente inferiores, resultan ser alimento de la Vida Sobrenatural de Su Voluntad que poseemos.

 

Cuando el Señor dice que el alimento de esta Vida Sobrenatural es el Amor, deja mucho sin explicar, cosa que inten- taremos hacer ahora. En el alimento resultante de todos nuestros actos, que el Amor Divino Nos proporciona a través de las Sugerencias Amorosas, hay tres componentes principales:

 

1)       Los actos involuntarios son componentes corporales de la alimentación de la Vida Sobrenatural de Su Volun- tad, si los convertimos en voluntarios con nuestro ofrecimiento e intención. Aunque involuntarios, responden todos a Sugerencias Amorosas de Acción, que Dios envía para que preservando la vida corporal, y preserván- dola correctamente, sirva de soporte a una creciente vida espiritual y simultáneamente, a la vida sobrenatural. Debemos recordar que nuestras tres vidas se viven simultáneamente, por lo que si el 90 o más porciento de nuestra vida corporal se compone de actos involuntarios que la sostienen, ese mismo porcentaje sostiene a las otras dos vidas, si lo ofrecemos como sostén y alimento de esas otras dos vidas. Todo esto lo desconocíamos, casi totalmente, antes de leer y estudiar estas Revelaciones de Nuestro Señor en los Escritos de Luisa.

 

2)       Los actos que alimentan directamente a la vida espiritual contienen una dimensión adicional, también desco- nocida hasta la lectura de los Escritos que estudiamos. Así, la práctica de las Virtudes, por ejemplo, contienen elementos de alimentación adicionales, por cuanto, ayudan a otros y los atraen a unirse a nosotros, y a Jesús, en la petición de esta Vida Sobrenatural que quiere regalarnos. Todo esto, siempre y cuando entendemos que además de practicar la virtud como alimento de nuestra vida espiritual, también alimentamos la vida sobrena- tural, si con el acto virtuoso, ponemos la intención de atraer a otros a este Apostolado. Asimismo, por ejem- plo, cuando recibimos la Eucaristía, nos provee de alimento para la vida espiritual cristiana que vivo, dándome fuerzas para resistir las tentaciones, para recibir la Vida de Jesús, y hacerme uno con esa Vida de Él, pero al mismo tiempo, dice Nuestro Señor, que cada Eucaristía recibida, viviendo en Su Voluntad, desarrolla directa- mente esta Vida Sobrenatural de Su Voluntad; es más, fue la razón última, por la que la Eucaristía fue institui- da, para servir de alimento a la Voluntad Bilocada y Obrante que poseemos.

 

3)       Los actos que alimentan directamente a la Vida Sobrenatural de Su Voluntad, parecen al observador casual, como los mismos actos que hacemos para la vida espiritual, pero sabemos esto no es correcto. Sin embargo, debemos aceptar el que puede parecerlo. Así pues, en este caso, no es el acto en sí, lo que alimenta directa- mente a la Vida Sobrenatural de Su Voluntad en nosotros, sino que es el contenido del acto, lo que alimenta directamente a la Vida Sobrenatural.

 

Un ejemplo quizás ayude. Si leemos pasajes evangélicos en la Biblia, alimentamos directamente nuestra vida espiritual, e indirectamente alimentamos también a la Vida Sobrenatural. Más aun, el mero hecho de sentar- nos a leer el pasaje evangélico, como acto humano corporal, también alimenta indirectamente a la Vida So- brenatural. Ahora bien, si el mismo tema evangélico lo encontráramos en uno de los capítulos de los Escritos de Luisa, ese mismo pasaje evangélico, pero ahora con la interpretación del Mismo Jesús en el capitulo, se convierte en alimento directo y exclusivo de la vida Sobrenatural. Parece confuso, y reconocemos que puede parecerlo, particularmente, porque no parece a nuestros ojos, o a los ojos de los demás, que hay alguna dife- rencia, pero la hay y grandísima.

 

Dicho esto, también existen en los Escritos Conocimientos sobre Verdades Divinas, que no aparecen en ningu- na otra Comunicación Divina anterior a estos Escritos. No se encuentran en la Biblia, ni en los Textos Evangé- licos, ni en las Cartas Apostólicas, y por supuesto, ni siquiera con carácter especulativo en los Escritos de los Padres de la Iglesia, ni en las Constituciones Apostólicas, sino que Dios se las reservó para hacérnoslas cono- cer en estos Escritos.

 

Es afán de muchos de los que empiezan en este Apostolado, el tratar de “validar” lo que el Señor dice en las anteriores Comunicaciones Divinas, desperdiciando así un tiempo precioso que no podrán recuperar. Pierden el tiempo que pudieran haber dedicado a estudiar los Escritos, porque esa validación no la van a encontrar. Quizás en la raíz de esta “búsqueda” infructuosa, está agazapada una falta de Fe profunda y bien escondida,


porque lo que dudan en realidad, es que estos Escritos hayan sido escritos por el Mismo Jesús, por mano de Luisa. Si por el contrario, se acercan a estos Escritos, con la “intima persuasión de la Verdad”, de que estos Escritos son Revelación Divina directa, podrán asimilar lo que el Señor quiere decirles, y con lo que quiere ali- mentarles. El Señor es bien explicito en esto. Nada de lo que Él dice en estos Escritos de Luisa, podrán encon- trarlo en ningún otro lugar, porque la Trinidad Sacrosanta no había decidido, hasta Luisa, hacer conocer estos Misterios que envuelven la Vida Sobrenatural de Su Voluntad que Nos quiere regalar ahora, y por eso, es que ahora, la da a conocer.

 

En este Bloque (A), Nuestro Señor también habla sobre la docilidad utilizando la alegoría del hilo de oro con la que ata a Luisa, y afirma que algunos de los que viven en Su Voluntad, Luisa, se han adentrado tanto en Ella, que ya no hace falta amarrarlos mucho, y que si lo hace es para “entretenerse” estando “en torno a ellas”.

 

Esto lo vamos comprobando en nosotros mismos, en la medida en que nos vamos “adentrando” cada vez más en Su Voluntad, dedicándole mas y mas tiempo al Estudio y Practica de las Verdades Divinas que leemos en los Escritos; por ejemplo, la lectura diaria de las Horas de la Pasión, las Visitas Espirituales al Santísimo Sacramento, etc. Digamos, que el día se está acabando, y se nos ha olvidado leer las Horas de la Pasión para acompañar al Señor en Su Dolor, y de repente sentimos que nos hemos olvidado de hacerlo. No creamos que es un reflejo inconsciente como diría un psicó- logo, pensemos mas bien, que es el Señor que nos tira del hilo de oro con el que Nos tiene amarrados a Él y Nos re- cuerda cariñosamente que nos estamos “olvidando” de Él y de nuestras obligaciones en Su PAGINA110

 

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